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El sismógrafo de la política italiana llevaba muchas semanas sin registrar movimientos. Las constantes crisis del gobierno transalpinas han pasado a un segundo plano en medio del conflicto de Ucrania. Pero, justamente, a cuenta del gasto militar pactado en el seno de la OTAN a raíz de esta guerra, se ha vuelto a abrir una brecha importante en el Consejo de Ministros que amenaza con provocar la primera gran crisis del año. El Movimiento 5 Estrellas (M5S) amenaza ahora con votar este jueves en el Senado en contra del aumento de la partida de Defensa hasta el 2% del PIB, como ya ha anunciado que se hará el primer ministro, Mario Draghi. Se trata de dar cumplimiento a las directrices acordadas en la OTAN, fijadas como máximo para 2024. Pero el líder del M5S ha asegurado que este objetivo no es una prioridad para los italianos y amenaza con fracturar la mayoría de Gobierno. Draghi valoraba por la tarde del miércoles si usar el mecanismo de la moción de confianza en la Cámara de Diputados.

El M5S es el partido con mayor representación parlamentaria en el Ejecutivo de unidad italiano. Giuseppe Conte, su líder, perdido en el día a día de la política desde que se puso al frente del partido populista, intenta ahora recuperar perfil oponiéndose a la aprobación de este decreto. El problema es que su propio relato político no le acompaña. El ex primer ministro gastó más en armamento que el actual jefe del Gobierno —en 2021 hubo un aumento del 17% de la inversión pública en esa partida respecto a la de 2018—, pero las encuestas señalan que los italianos no quieren ahora invertir ese dinero en defensa y prefieren hacer frente a otras prioridades. “Un aumento del gasto militar ahora sería impropio. Nuestra seguridad no depende de 10.000 o 14.000 millones de euros más. Seguiremos debatiendo sobre esto”, dijo Conte tras reunirse el martes en Roma con Draghi.

Los grillinos, necesitados de un empujón en los sondeos, señalan en público que esos recursos deberían destinarse a frenar el alza de los precios energéticos o a inversiones sanitarias. Pero en privado muchos de ellos reconocen de que hay una estrategia política detrás de una negativa que podría provocar una crisis de gobierno. “Es un tema complicado y tampoco hay unanimidad dentro del partido. Pero es evidente que la jugada va más allá del contenido del decreto”, señala un diputado del M5S. Efectivamente, el gasto militar no se encuentra en el Decreto Ucrania que ha aprobado el Ejecutivo, y debería rechazarse a través de otros mecanismos. El partido tiene ahora mismo un 13% en intención de voto en las encuestas, algo más de 20 puntos menos que el resultado obtenido en las elecciones de marzo de 2018. Conte, además, no logra hacerse con el control de la formación y su liderazgo se pone en cuestión en cada movimiento político que hierra.

La amenaza del líder grillino causó enorme malestar en el actual primer ministro, que se marchó inmediatamente después a explicar la situación al presidente de la República, Sergio Mattarella. En el Palacio Chigi, sede del Ejecutivo, aseguran que lo hizo porque el jefe del Estado también lo es de las fuerzas armadas y, además, es el garante de los acuerdos internacionales asumidos por Italia. Las mismas fuentes muestran cierto malestar por una maniobra que consideran falta de sustancia (10 países europeos ya lograron el objetivo en 2021). “Italia tiene un compromiso de llevar gradualmente el gasto militar al 2% del PIB. Un recorrido realizado por todos los presidentes del Consejo. El año pasado ya lo hizo Draghi con el mismo grado de aumento. Por eso Draghi ha dicho que no se pueden cuestionar los compromisos internacionales tomados por Italia. Rediscutirlos pone en riesgo el pacto de la coalición”, señalan fuentes de la presidencia del Consejo de Ministros a este periódico.

El entorno de Draghi valoraba este miércoles si someter la medida a una moción de confianza. Un mecanismo parlamentario que permite medir la solidez del Ejecutivo y de la mayoría que lo conforma. En caso de votos contrarios, se abriría una crisis política en un momento de extrema volatilidad para Italia. Algo que, al menos de puertas hacia afuera, ha sido muy criticado por el líder del Partido Democrático, Enrico Letta. “Italia dejaría atónito al mundo entero si abriese ahora mismo una crisis de gobierno. Sería perjudicial para nosotros, para todos nosotros. Y sería tremendamente negativa para el proceso de paz y para quien sufre la guerra. Trabajamos para evitarla”. El Ejecutivo, en ningún caso, podría caer en estos momentos, justo cuando se diseña la ley de presupuestos e Italia intenta buscar una solución a la crisis energética asumiendo un papel más relevante la crisis ucraniana. Draghi, precisamente el miércoles por la tarde, mantuvo una conversación telefónica con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, que duró alrededor de una hora.

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El presidente de EE UU, Joe Biden, presenta este lunes su propuesta de presupuestos para 2023 en la Casa Blanca.
El presidente de EE UU, Joe Biden, presenta este lunes su propuesta de presupuestos para 2023 en la Casa Blanca.Oliver Contreras / POOL (EFE)

La realidad de la guerra de Ucrania se ha colado en los presupuestos de Estados Unidos para 2023, por valor de 5,8 billones de dólares, con un aumento del 4% del gasto militar junto a numerosos programas sociales. El aumento de impuestos a las rentas más altas sufragará en parte el desembolso del Gobierno federal, en un contexto de incertidumbre por la alta inflación y las turbulencias geopolíticas internacionales, del curso de la contienda al precio y el suministro del petróleo.

La propuesta del presidente Joe Biden para el año fiscal 2023 puede reducir el déficit “en más de 1,3 billones este año”, según ha adelantado la directora de la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca, Shalala Young, en una llamada con periodistas. Para revitalizar su agenda y recortar el déficit en un billón en la próxima década, la Administración propondrá un gravamen a los estadounidenses más ricos. La presión se aplicaría a los hogares con rentas superiores a 100 millones de dólares, mediante un nuevo impuesto mínimo del 20% sobre los ingresos, así como sobre el valor de activos líquidos como las acciones, que actualmente se tributan solo al venderse.

El aumento fiscal, con todo, no es una novedad, sino una idea planteada desde los primeros compases de la presidencia demócrata para costear sus ambiciosos planes de infraestructuras. El nuevo impuesto para millonarios reducirá el déficit en 361.000 millones de dólares (328.315 millones de euros), mientras que las inversiones y reformas adicionales supondrán una rebaja de 1,413 billones de dólares (1,285 billones de euros).

El segundo presupuesto de la presidencia de Biden —una declaración de intenciones que luego será adelgazada por el Congreso, como sucedió el año pasado—, persigue promover la seguridad en el país y en el mundo, además de realizar las inversiones necesarias para “construir un EE UU mejor” (Build Back Better, el lema de su mandato), ha adelantado la Casa Blanca. En concreto, destina a las inversiones internas 1,6 billones de dólares, un incremento del 7%, en partidas tan dispares como la financiación adicional de viviendas asequibles, iniciativas contra la violencia armada y el apoyo a la industria local para paliar la congestión de la cadena de suministros, uno de los factores que han espoleado la inflación. Enfriar la presión de los precios, en máximos históricos, es otro de los objetivos que sobrevuela la propuesta. La ampliación de los programas de salud pública elevará, en cambio, el déficit en 365.000 millones de dólares (331.953 millones de euros).

Biden solicitará también al Congreso unos 813.000 millones en defensa, 31.000 millones más, o el 4%, con respecto al presente año fiscal, que concluye el 30 de septiembre. Entre las inversiones militares, se incluye el fomento de la investigación y el desarrollo de sistemas de alerta antimisiles, ante potenciales amenazas de países como Corea del Norte o Irán, y en medio de una coyuntura geopolítica al rojo vivo por la guerra en Ucrania y la incógnita de la respuesta final de Rusia.

Según el documento publicado este lunes por la Casa Blanca, el Gobierno federal estima que el déficit se reducirá en 2023 en 1,3 puntos porcentuales, hasta representar el 4,5% del producto interior bruto (PIB). Las cuentas prevén que el déficit presupuestario sea de 1,15 billones de dólares (1,05 billones de euros) en el conjunto de 2023, frente a los 1,415 billones (1,29 billones de euros) previstos este año. Este nivel de déficit es el resultado de registrar ingresos fiscales a nivel federal por valor de 4,638 billones de dólares (4,22 billones de euros) y 5,792 billones (5,27 billones de euros) de gastos.

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Pese a la abultada reducción del déficit en 2023 respecto a 2022, las previsiones para la próxima década se estancan en una tasa crónica en torno al 4,5%. Lo mismo sucede con la ratio de deuda pública sobre el PIB, que cerrará 2023 en casi el 102% y durante la próxima década continuará por encima del umbral del 100%. La deuda pública superó en 2021 los 30 billones de dólares por el sobrecoste de combatir la pandemia. El Gobierno federal destinó cinco billones, financiados con préstamos, a paliar los estragos de la crisis sanitaria, por lo que, en un contexto económico incierto —alta inflación y crisis energética—, la reducción es prioritaria.

“Los presupuestos son una declaración de objetivos, y el presupuesto que estamos presentando hoy envía un claro mensaje de que valoramos la responsabilidad fiscal, la seguridad en casa y en todo el mundo y las inversiones necesarias para continuar con nuestro crecimiento justo y construir un Estados Unidos mejor”, ha subrayado el presidente del país, Joe Biden, en la presentación.

El mandatario recupera su agenda doméstica tras la polémica diplomática por un comentario presuntamente favorable a desalojar a Vladímir Putin del poder, este fin de semana. Si desde el primer día de su mandato la recuperación económica y la reconstrucción del país tras la pandemia han sido prioritarias —con inversiones millonarias en infraestructuras, gasto social y energías limpias—, la guerra de Ucrania le ha obligado a corregir el paso.



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