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Arturo Mcfields Yescas, en un acto en Wasghington en noviembre de 2019.
Arturo Mcfields Yescas, en un acto en Wasghington en noviembre de 2019.Juan Manuel Herrera (OAS)

La obediencia de Arturo McFields hacia el régimen de Daniel Ortega se convirtió este martes en una bomba que explotó con fuerza sobre la diplomacia nicaragüense. El hasta hoy embajador de Managua ante la Organización de Estados Americanos (OEA) dio un mazazo que puso en alerta y descolocó al Gobierno, que inició, según fuentes de Cancillería, una paranoica cacería de brujas para determinar cómo fue posible lo que ya consideran una “traición” de McFields. El embajador denunció los desmanes de lo que ha catalogado como una dictadura que viola los derechos humanos y abogó por la liberación de los más de 170 presos políticos. Un desahogo cuyas consecuencias están por verse, pero que vuelve a poner la crisis de Nicaragua en la discusión internacional. “No tengo valor, tengo miedo, pero creo que es importante vencer el miedo. Siento que me quité un yugo del alma”, dice un aliviado McFields en entrevista telefónica con EL PAÍS.

El embajador —su cargo sigue activo hasta que su destitución sea publicada de forma oficial en el diario del Estado en Nicaragua— narra a este periódico cómo tomó la decisión que ha puesto de cabeza al Gobierno de Ortega. “Es una decisión que no surge de la noche a la mañana. Es una decisión que ha estado torturándome por mucho tiempo. Pero lo que me llena de esperanza es saber que no soy el único en esta lucha interna por hacer algo, por manifestarte, por ayudar a los presos políticos. Esto es de miles de funcionarios a niveles altos, a niveles intermedios y a niveles bajos”, afirma.

McFields afirma que había expresado su descontento por la situación en la que están encarcelados los presos políticos del régimen y que incluso llegó a proponer que se liberara a de mayor edad y a los enfermos, pero que nadie escuchó su propuesta. Al contrario, recibió amenazas por expresarla. “Tener presos políticos a los que están tratando tan mal, ignorando cualquier principio internacional sobre el trato digno trasciende cualquier ideología política. Sin embargo, como he dicho, en el Gobierno nadie escucha. Pero lo que es más triste, nadie habla. Veníamos de una paliza moral en la OEA, entonces convocan a una reunión de emergencia. Yo creí que esa reunión era para analizar dónde estábamos, para evaluar nuestros aciertos, errores y hacer cambios dignos para descomprimir la situación sociopolítica. Cambios con cierto nivel de legitimidad; de hacer una pequeña concesión en favor del bienestar de los presos. Pero era una reunión para salirnos de la OEA. Yo abogué por liberar a presos de la tercera edad, pero no me escucharon… Es que tener presos en condiciones infrahumanas debilita moralmente a las bases (sandinistas)”, afirma.

Su decisión de irrumpir en la reunión del Consejo Permanente de la OEA para denunciar lo que considera una “dictadura” ha sido catalogada como valiente tanto en el seno de ese organismo como desde la oposición nicaragüense en el exilio. En los últimos años, la experiencia ha demostrado que alzar la voz contra el Gobierno o criticarlo puede ser pagado con la vida, la cárcel o el exilio en la Nicaragua de Daniel Ortega. Un temor que sigue recorriendo el espinazo del diplomático. “No soy un superhéroe, pero uno no puede dejar que sus miedos sean más grandes que sus convicciones. Sin embargo, no te voy a mentir, sentí mucho miedo cuando hablé en la sesión. Como una persona de carne y hueso, que tiene miedo por su familia. Miedo por mi integridad física y la de mi familia”.

Poco después de que las declaraciones de McFields se hicieran públicas, el Gobierno de Nicaragua emitió un comunicado en el que dijo que no le reconocía como su representante diplomático. Esta situación deja al periodista en un “limbo jurídico” en Estados Unidos, como él mismo reconoce. “No puedo trabajar, no puedo hacer nada, soy un desempleado. Técnicamente, por estos días, sigo siendo embajador, pero un embajador en el limbo”, dice desde Washington.

Algunas de las mayores críticas de McFields van dirigidas contra la vicepresidenta Rosario Murillo de quien asegura que dirige la política exterior del país sin tener una mínima idea de diplomacia, con una estrategia basada en la obediencia absoluta de parte de diplomáticos y funcionarios. “De acuerdo a la estructura del Gobierno, la cartera diplomática la maneja una persona: la primera dama. Una diplomacia sin alma ni cerebro”, acota.

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A pesar de su futuro incierto, el embajador afirma que no se arrepiente de lo que hizo este miércoles, cuando escribió líneas en la historia de la diplomacia de la OEA, siempre tan anodina. Espera que su decisión cale hondo en los funcionarios del Estado, que aceptan la humillación de seguir trabajando para un régimen que los manipula. “Tengo esperanzas en los funcionarios públicos, civiles y militares, porque los he oído hablar. Hablan en voz baja. Incluso hablan funcionarios del más alto nivel político, civil y militar, pero cuando se tratan de declaraciones oficiales callan. Callan porque tienen miedo. En los últimos meses varios funcionarios públicos se están yendo, pero se van calladitos por el mismo miedo. Ahora mi futuro es incierto, pero me siento libre. Siento que me quité un yunque de mi alma”.

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Con gesto serio, barba de dos días, exhausto y vestido con una camiseta militar y una chaqueta polar verde, Volodímir Zelenski miró fijamente a la cámara: “Esta noche, en todos los frentes, el enemigo utilizará todas las fuerzas disponibles para romper nuestra resistencia”, dijo en un mensaje a la nación tras el primer día de ataques del presidente ruso, Vladímir Putin, a Ucrania. “Fuerza vil, cruel e inhumana. Esta noche asaltarán”, añadió. Casi 24 horas antes, cuando los peores pronósticos aún no se habían cumplido, se dirigió a la ciudadanía rusa y les suplicó que impidieran la agresión. “Escuchen la voz de la razón. El pueblo ucraniano quiere paz”, les dijo en ruso. No funcionó. Durante tres días, el jefe del Kremlin ha ordenado una ofensiva por tierra, mar y aire contra Ucrania, un país que considera ficticio, fruto de costurones históricos y diplomáticos.

Antiguo actor cómico y empresario hecho a sí mismo, Zelenski echa por tierra gran parte de la propaganda del Kremlin sobre Ucrania y su Gobierno, al que describe como un “hatajo de drogadictos y neonazis”, donde hablar ruso está prohibido y los ciudadanos del Donbás son víctimas de un “genocidio”. Nació hace 44 años en Krivyi Rih, una ciudad del cinturón metalúrgico de la región de Dnipro, en el seno de una familia “judía soviética”, como la describió una vez —es decir, no demasiado religiosa en un régimen en el que la religión estaba reprimida— en la que se usaba más el ruso que el ucranio.

De eso habló a la ciudadanía rusa esta semana en otro de esos mensajes emotivos, uno en el que llamaba a evitar la ofensiva. También les habló de su abuelo, Semyon Ivanovich Zelenski, veterano del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Y de Ucrania, que “dio más de ocho millones de vidas por la victoria contra el nazismo”.

Desde la antesala de la invasión rusa, Zelenski, que había perdido popularidad en porcentajes mayúsculos por sus políticas a veces erráticas y algunas salpicaduras a su entorno de casos de corrupción, ha crecido. El antiguo actor cómico, que maneja a la perfección el lenguaje y la escenografía de la televisión y las redes sociales, ha dado un paso al frente con sus informaciones puntuales a los ucranios, los emocionales vídeos que publica en internet y los mensajes patrióticos que le han devuelto la popularidad. “Lucharemos el tiempo que sea necesario”, ha dicho este sábado, tras la amenaza del Kremlin de recrudecer los ataques.

También ha sacado repetidamente los colores a los líderes europeos por abandonar Ucrania a la amenaza de Putin. “Si ustedes, mis queridos líderes mundiales, líderes del mundo libre, no ayudan con fuerza a Ucrania hoy, mañana la guerra tocará a sus puertas”, advirtió en una de esas intervenciones. El presidente ucranio ha dado la vuelta a las narrativas del Kremlin y comparó a Rusia con la Alemania nazi. “Rusia atacó vilmente nuestro Estado esta mañana temprano, tal como lo hizo la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial”, dijo el líder ucranio. “Nuestros países se encuentran en diferentes lados de la historia mundial. Rusia está en el camino del mal”.

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Zelenski, a quien se percibió en un principio como un peso ligero de la política y como un objetivo fácil de Putin, se convirtió con el paso de los meses en un halcón de la política exterior. Ahora, encarna ya en toda esencia al comandante en jefe de un país en guerra, que resiste la dura ofensiva de un Estado con armas nucleares y cuyo ejército lo dobla en tropas y medios. Un país con una ciudadanía con ánimos cada vez más patrióticos, que se está armando en masa para recibir a un enemigo que ha tratado de vender en casa que sería recibido con música y flores.

Ucrania está sufriendo fuertes ataques. La capital está bajo asedio. Las fuerzas enviadas por Putin avanzan por el norte, el este y el sur. Y la amenaza del Kremlin se intensifica. Los servicios secretos ucranios y estadounidenses advierten de que uno de los objetivos prioritarios del Kremlin es descabezar al Gobierno y poner a un régimen títere de Moscú. Y para eso hay que derribar a Zelenski. Estados Unidos le recomendó salir del país o, como poco, de la capital. Pero el líder ucranio asegura que permanece —él y también su familia— en Kiev.

Zelenski arrasó en las elecciones presidenciales de 2019 en todo el país frente a Petró Poroschenko, un magnate de la confitería que había mantenido una postura férrea contra Moscú. Lo hizo con un discurso anticorrupción y en cierta manera antisistema. Prometió poner fin a la guerra en el Este, contra los separatistas prorrusos apoyados por el Kremlin, que drenaba el país y ha causado ya 14.000 muertes. Poroschenko, su antecesor, había prometido ganarla.

El líder ucranio, que se rodeó de un grupo de amigos fieles de Krivyi Rih, y de sus compañeros del grupo de teatro de la adolescencia Kvartal 25, que con los años convirtió en una productora de éxito, lanzó políticas brillantes al principio de su mandato. El Gobierno, que tenía una amplia mayoría, abrió el mercado de tierras agrícolas, hizo una enorme campaña de digitalización e inauguró un programa enorme de construcción de carreteras para renovar las precarias rutas terrestres, en muy mal estado en todo el país.

Sin embargo, sus problemas con los medios, su falta de organización en los equipos y medidas polémicas, como una con la que se daría al Gobierno control sobre el Tribunal Constitucional, y otra conocida como “desoligarquización”, que apunta a limar la influencia de los superricos de Ucrania, pero que también puede poner en la diana a sus enemigos, rebajaron las esperanzas que la ciudadanía ucrania tenía en él. Pese a las reformas, Ucrania sigue siendo el tercer país más corrupto de Europa, después de Rusia y Azerbaiyán, según Transparencia Internacional. También le salpicaron las políticas de Donald Trump. Fue una llamada del entonces presidente estadounidense con su homólogo ucranio la que desencadenó el proceso de impeachment. Trump, que llevaba un tiempo congelando la ayuda en materia de defensa para Ucrania, pidió en esa conversación a Zelenski el “favor” de que abriese una investigación contra Hunter Biden y su padre, el exvicepresidente Joe Biden, precandidato demócrata entonces para la carrera presidencial de 2020.

Zelenski apareció entonces como un presidente débil. Y el episodio preocupó a muchos al inicio de la crisis rusa, cuando Moscú empezó a acumular soldados a lo largo de las fronteras con Ucrania y elevó las amenazas a Kiev, por su intención de entrar en la OTAN, y contra la alianza atlántica. También ha habido dudas sobre su equipo. Y el presidente Zelenski ha recibido duras críticas sobre su gestión por parte de la oposición. Críticas guardadas ahora en un cajón, cuando la oposición (excepto el escaso grupo de prorrusos), se ha centrado en apoyar a Zelenski en sus conversaciones con los aliados para tratar de empujarlos a imponer más sanciones a Rusia y recibir más armas.

Mientras, Zelenski se sigue dirigiendo a los ciudadanos, a los que ha animado a salir a las calles a echar el resto para defender el país, con armas, con cócteles molotov o lo que puedan alcanzar: “Estén preparados para apoyar a Ucrania en las plazas de nuestras ciudades”.

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Hombre que le lanzó un casco a un opresunto ladrón.

Este hecho hizo recordar aquella reacción de un ayudante de un camión en Cartagena para evitar que sus compañeros fueran asaltados.

Noticias Internacionales.

‘Cascoman’, un ciudadano bajó de la moto a un presunto ladrón lanzándole un casco de moto, el cual atinó a pegárselo en el cuerpo propinándole la caída al sujeto.

El hombre que estaba parqueado en una esquina esperó el momento preciso hasta que el presunto ladrón apareció en la vía y le lanzó el objeto con vehemencia.

 

El delincuente cayó al suelo de manera estrepitosa, mientras que su victimario se apartó de la escena para evitar ser agredido por el individuo al que señalaron de hurtar la moto en la que se movilizaba.

Vea: Alias ‘Candela’ y con detención domiciliaria fue el ladrón golpeado con un cilindro en Cartagena

A pesar de ser reducio, amagó con sacar un arma u objeto contundente para que no lo lincharan y emprendió la huida corriendo.

Sujeto amaga con sacar un arma.

Al parecer, este hecho ocurrió en México. Aunque algunos creen que pudo haber sido en territorio brasileño y no azteca.

A continuación el video:

Este caso hizo recordar uno muy sonado en Colombia ocurrido a comienzos del 2020, cuando un trabajador de una camión le lanzó un cilindro de oxígeno a un ladrón que pretendía atracar a los ocupantes del automotor.

El empleado se percató del robo y no dudó dos veces en tirarle encima el pesado material. El presunto delincuente no tuvo más remedio que huir.

En redes sociales aplaudieron la actitud valiente del joven al que ‘bautizaron’ como ‘Cilindroman’.

Nunca más se supo de él ya que se mantuvo la reserva de su identidad para protegerlo de cualquier posible agresión por parte de su «víctima».

Foto de portada: Captura de video

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