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Triple frontera entre Kaliningrado (Rusia), Lituania y Polonia. El cartel, en territorio ruso, advierte de que está prohibida la entrada.
Triple frontera entre Kaliningrado (Rusia), Lituania y Polonia. El cartel, en territorio ruso, advierte de que está prohibida la entrada.Albert Garcia (EL PAÍS)

Aleksandra apenas tenía ocho años cuando aprendió en la escuela que no vivía en un lugar de Europa como cualquier otro. “Entonces no entendía bien por qué, pero al pasar a secundaria empecé a darme cuenta de que era un problema, sobre todo al ver que Putin gobernaba en Rusia y aprender la historia de la URSS”, cuenta tras 25 años de vida en Suwalki, la ciudad del noreste de Polonia que da nombre al frágil pasillo fronterizo entre su país y Lituania que, en estos días de guerra en la vecina Ucrania, no solo preocupa a los habitantes de la zona, sino también a la OTAN y la UE.

El “problema” de este talón de Aquiles europeo no es el barrio, sino los vecinos. La única conexión terrestre entre los países bálticos y el resto de la OTAN y la UE son 65 kilómetros en línea recta embutidos entre el enclave ruso de Kaliningrado (un antiguo territorio prusiano que no suponía un problema estratégico durante la Guerra Fría, cuando pertenecía a la URSS y Polonia estaba en el Pacto de Varsovia), al oeste, y una Bielorrusia cada vez más indistinguible del Kremlin, al este. Justo los dos países a los que la OTAN responsabilizó expresamente de la agresión a Ucrania en el comunicado final de la cumbre que celebró el pasado jueves en Bruselas. Si la escalada de tensión con Occidente se descontrolase y Moscú se atreviese a atacar territorio de la OTAN y de la UE, Suwalki sería un primer paso lógico desde la perspectiva militar. Una pinza desde Kaliningrado y Bielorrusia (donde hay 30.000 militares rusos) podría bloquear la frontera en pocos días y aislar por tierra a Lituania, Letonia y Estonia de sus cordones umbilicales militar y político.

El propio presidente lituano, Gitanas Nauseda, mencionó esta preocupación ante la prensa en la última cumbre de Bruselas: “Queremos que el corredor de Suwalki esté defendido por ambas partes. Queremos que [la OTAN] esté adecuadamente preparada para su posible corte por ambos lados”. Nauseda pidió “más campos de entrenamiento, más dinero que gastar en infraestructuras para poder albergar muchas más tropas y, lo más importante, más equipamiento militar”, sobre todo para formar “un paraguas defensivo aéreo”.

La belleza del lugar es, a la vez, una bendición y una maldición para la defensa de sus habitantes. A uno y otro lado de la linde, se ve un lago cada pocos kilómetros, casi todos coronados por una capa de hielo. Brilla un sol de invierno, pero es una de las regiones más frías de Polonia y las decenas de riachuelos, espesos bosques de pinos y caminos embarrados por la lluvia o el deshielo convertirían una invasión tradicional ―con soldados, blindados y artillería― en un dolor de cabeza.

Lago en las proximidades del corredor de Suwalki.
Lago en las proximidades del corredor de Suwalki. Albert Garcia (EL PAÍS)

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La maldición, en cambio, es que solo hay dos carreteras ―que discurren paralelas de norte a sur― con al menos un carril por sentido. Una está tan desierta como aburridos los guardas de fronteras que la vigilan, mientras que la otra se colapsa a media tarde por una hilera de camiones de mercancías. Es en la que convergen una vía desde la capital, Vilnius, y otra desde Klaipeda, el único puerto del país, uno de los pocos sin hielo en Europa septentrional y enclave importante para el transporte de bienes. Un bombardeo con artillería de ambas carreteras, y de la única vía férrea en la zona, cortaría fácilmente las comunicaciones terrestres, limitando el envío de refuerzos a los bálticos a helicópteros y embarcaciones, justo a través de un mar en el que Moscú tiene gran potencial naval. El resto de caminos son estrechos, algunos sin pavimentar y con casas de tejados a dos aguas desperdigadas. Al caer el sol, se escucha más el trino de las aves que el paso de vehículos.

Cola de camiones en Lituania, a la entrada de la frontera con Polonia.
Cola de camiones en Lituania, a la entrada de la frontera con Polonia.Albert Garcia (EL PAÍS)

En el extremo más occidental del corredor, un monolito marca la triple frontera entre Polonia, Lituania y Rusia. Entre una gran valla gris coronada por alambre de espino y otra verde más pequeña, un cartel advierte en ruso, inglés, polaco y lituano: “Detente, esta es una frontera de la Federación Rusa. Prohibida la entrada”. Varios mensajes avisan de la importancia de no pisar por error territorio ruso y unos guardas de fronteras previenen por megafonía a quien se acerca demasiado.

En 2018, el Center for European Policy Analysis, un think tank con sede en la ciudad de Washington, publicó un detallado análisis en el que describía el corredor de Suwalki como un lugar en el que “convergen numerosas debilidades de la OTAN” y explicaba que la estrategia de defensa se basaba en la asunción de que los soldados, paramilitares y reservistas locales, más las escasas tropas aliadas desplegadas, lograrían contener el ataque lo suficiente para que las fuerzas aliadas acudiesen con fuerza y velocidad. El problema, agregaba, eran los “numerosos condicionales”: que la Alianza Atlántica no dudaría a la hora de aplicar el Artículo 5 (que obliga al resto de países miembros a acudir en defensa del agredido), que los servicios de espionaje habrían alertado del ataque, que las tropas rusas no lograrían un avance relámpago sobre el terreno a partir del cual sentarse a negociar el mapa de la paz…

Cuatro años después, y tras un mes de guerra que el Kremlin se ha visto obligado a limitar principalmente al Donbás ante la falta de avances contra un rival inferior, uno de los autores del informe, el teniente general retirado del Ejército estadounidense Ben Hodges, se muestra más optimista. “Estamos mucho mejor preparados ahora. Creo que fracasarían en la misión de cortarlo”, asegura por teléfono. “El lugar es vulnerable solo por lo estrecho que es, pero en términos de preparación no es el que más de la OTAN”. Hodges argumenta que la orografía haría “muy difícil” a Moscú introducir fuerzas móviles y que Rusia está mostrando en Ucrania una “sorprendente incapacidad de hacer operaciones conjuntas y falta de preparación logística”. También cree que Noruega y Suecia ayudarían, pese a no estar en la OTAN, y destaca el despliegue de la Alianza Atlántica y el incremento de las capacidades militares de Lituania, Letonia y Estonia en los últimos años, pese a sumar solo seis millones de habitantes y 175.000 kilómetros cuadrados.

“Lo único que hace más peligrosa la situación es que ahora hay tropas rusas en Bielorrusia”, matiza Hodges. Son 30.000 y, el pasado febrero, pocos días antes de la invasión de Ucrania, el Gobierno de Aleksandr Lukashenko anunció que se quedarían de forma indefinida, en vez de regresar tras unas maniobras militares, como estaba inicialmente previsto. Es el mayor despliegue militar de Moscú en territorio bielorruso desde el final de la Guerra Fría.

Ya iniciada la guerra, Lukashenko organizó además un referéndum para aprobar el fin de la neutralidad y la condición de Estado no nuclear que tenía el país desde la desintegración de la Unión Soviética en 1991, y lanzó un mensaje a Occidente: “Si ustedes llevan armas nucleares a Polonia o Lituania, a nuestras fronteras, entonces me dirigiré a Putin para recuperar las armas nucleares que entregué sin condiciones”. A esto se suma una ambigua declaración este mes de Putin en apoyo del anhelo de Bielorrusia, que carece de salida al mar, de tener “presencia en el Báltico”, un ajetreada ruta de paso de contenedores comerciales.

Un guarda de frontera lituano realiza un control en un paso fronterizo con Polonia.
Un guarda de frontera lituano realiza un control en un paso fronterizo con Polonia.Albert Garcia (EL PAÍS)

“Sin el corredor, seríamos en realidad una isla. Y si miras al balance de fuerzas, favorece a Rusia”, señala Tomas Jermalavicius, responsable de análisis del Centro Internacional para la Defensa y la Seguridad, con sede en Tallin, la capital estonia. Jermalavicius insiste en que el bloqueo del corredor ya no tendría “grandes implicaciones de seguridad energética”, un tema clave por las conexiones con Moscú heredadas de la época soviética. Los bálticos llevan años en una carrera contrarreloj para reducir esta dependencia. En 2014, Lituania empezó a evitar el único gasoducto ―ruso― que llegaba a su territorio gracias a una terminal de gas natural licuado sobre un buque. En lo que va de año, el país ni siquiera ha importado ya gas ruso, señala Jermalavicius.

William Alberque, director de Estrategia, Tecnología y Control de Armas en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, admite que la frontera es “muy vulnerable”, pero ve al Kremlin poco capaz de desplazar ahora tropas a la zona. “Hace un año, habría dicho que tardarían entre 72 y 96 horas en cortar el corredor. Mucha gente está recalculando esto, visto el desempeño en Ucrania”, añade. En 2014 y 2015, unos juegos de guerra del centro de análisis RAND Corporation situaban a las fuerzas rusas en las afueras de Tallin y Riga en, como mucho, 60 horas. “No sé si es el mayor talón de Aquiles, pero desde luego es la mayor concentración de capacidades militares por metro cuadrado”, subraya. Y destaca que uno de los problemas de Moscú es que, “como ha vuelto a demostrar el caso de Ucrania”, en la guerra moderna “siguen haciendo falta tropas sobre el terreno”, pese a la importancia de drones, satélites y misiles.

No ha ayudado a la calma un vídeo reciente, que se hizo viral en las redes sociales, en el que un alto mando militar ruso retirado explicaba con un mapa en la televisión estatal cómo bloquear el corredor desde Kaliningrado. Hoy, 40.000 militares operan en Europa bajo mando directo de la OTAN, con cinco formaciones de portaviones aliados navegando por el Báltico y el Mediterráneo. Las unidades de combate en Polonia y los bálticos han duplicado sus dimensiones.

Una mujer hace la compra a primera hora de la mañana en el mercado municipal de la ciudad polaca de Suwalki.
Una mujer hace la compra a primera hora de la mañana en el mercado municipal de la ciudad polaca de Suwalki.Albert Garcia (EL PAÍS)

Hasta 2014, no había en los países bálticos fuerzas de otros miembros de la OTAN. La anexión rusa de Crimea y el inicio de la guerra en el Donbás llevaron a la Alianza a aprobar pocos meses más tarde, en su cumbre en Gales, el refuerzo de la defensa aérea, la vigilancia y las maniobras militares. En 2016 se desplegaron en Polonia y los tres países bálticos cuatro batallones de combate con unas 4.500 tropas. Son similares a los cuatro en Eslovaquia, Hungría, Rumania y Bulgaria a los que dio luz verde la Alianza el pasado jueves. No suponen técnicamente una presencia permanente a las puertas de Kaliningrado, sino rotatoria que se va prorrogando, para no vulnerar el acuerdo de cooperación con Moscú que firmó en 1997 y cuyo segundo párrafo suena estos días extemporáneo: “La OTAN y Rusia no se consideran adversarios el uno al otro”.

En 2017, la OTAN efectuó por primera vez maniobras militares centradas en defender el corredor de Suwalki. Ese mismo año, Rusia y Bielorrusia exhibieron músculo militar con Zapad 2017, unas opacas maniobras que incluían un Kaliningrado que ―recuerda Jermalavicius― está “muy militarizado”, con una potente fuerza naval y una base aérea. Alberga además misiles Iskander, que pueden llevar carga nuclear, aunque los expertos están divididos sobre la presencia de armamento atómico en el enclave.

El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, dijo hace semanas que Lituania, Letonia y Estonia serán los siguientes objetivos de Putin. Al hablar de los bálticos, se suelen mencionar sus notables minorías rusófonas, como las que Moscú acudió a rescatar de un “genocidio” en Donbás. Aleksandra Kuczynka-Zronik, experta en los países bálticos y minorías nacionales de la Universidad Católica Juan Pablo II y del Instituto de Europa Central, ambos en la ciudad polaca de Lublin, insiste en que no son ningún caballo de Troya y recuerda que en Lituania, por ejemplo, solo suponen el 6% de la población. “Son comunidades muy integradas que no están a favor de Rusia”, señala.

Volvamos a la zona y a Aleksandra en Suwalki (prefiere no dar su apellido). Aquí, la vulnerabilidad no es ningún secreto que susurrar como si Moscú no la conociese. Tanto en el lado polaco como en el lituano de la frontera, incluso quienes peor hablan inglés suelen conocer la expresión “Suwalki gap”. Es el término que emplea la OTAN para referirse al corredor, con una palabra que, en este contexto, significa “grieta” de seguridad.

“Aquí estamos más asustados que en Cracovia o Varsovia. Es que está tan cerca…”, dice. “Tienes a Putin en la puerta de al lado y a Bielorrusia al otro lado. Y nuestra historia con Rusia es muy complicada. Aquí hasta los niños entienden lo que está pasando. Los polacos somos muy patriotas y no nos gusta Rusia. A mí me tranquiliza mucho saber que estamos en la UE y la OTAN, pero soy joven y sé que estar en ellas es algo importante. Mi abuela, sin embargo, no se lo cree e insiste en que Estados Unidos y el Reino Unido dijeron que nos ayudarían en la Segunda Guerra Mundial y no lo hicieron”.

Witold Liszkowski es el alcalde de Punsk, una tranquila localidad polaca a tres kilómetros de la frontera en la que el 75% de sus 1.200 habitantes son culturalmente lituanos. “Si los rusos nos separasen, Lituania, Letonia y Estonia dejarían de existir. Estamos conectados no solo geográficamente, también en identidad”, apunta el alcalde, quien recuerda que la Comisión Europea detuvo a principios de mes, con motivo de la invasión de Ucrania, un programa transfronterizo de partenariado que incluía también a Rusia, principalmente en construcción de carreteras. De un tablón a su lado cuelga un calendario del programa para el periodo 2014-2020 y casi parece una metáfora.

Una mujer, en el exterior de su vivienda en la localidad polaca de Punsk.
Una mujer, en el exterior de su vivienda en la localidad polaca de Punsk.Albert Garcia (EL PAÍS)

“La situación sigue igual, pero con Putin nunca se sabe, porque de la noche a la mañana se volvieron asesinos”, dice Natalia, junto a su novio Patrick, ambos de 17 años. El joven Piotr Pietruszkiewicz, empleado en logística en la filial lituana de una empresa de transporte, confirma que el día a día en Punsk “no ha cambiado mucho” desde que empezó la guerra, pero sí “en el aspecto mental”. “No puedes evitar pensar en ello”, apunta. Su padre tiene un terreno agrícola al otro lado de la linde y ―confiesa con una sonrisa― sus amigos que usan aplicaciones de citas no hacen ascos a los matchs al otro lado de la linde.

Patrick y Natalia, estudiantes de 17 años, en Punsk.
Patrick y Natalia, estudiantes de 17 años, en Punsk.Albert Garcia (EL PAÍS)
Piotr Pietruszkiewicz, en Punsk.
Piotr Pietruszkiewicz, en Punsk.Albert Garcia (EL PAÍS)

El tráfico de personas es, por lo general, de la parte lituana a la polaca. Cruzan a comprar porque es más barato, incluso tras perder un poco en el cambio de euros a eslotis. “En fin de semana puedo atender unos 200 lituanos al día”, explica Paulina en la farmacia en la que trabaja, enmarcada en un centro comercial en el acceso a Suwalki desde Lituania.

En Kalvarija, una localidad de 5.000 habitantes ya en el lado lituano del corredor, Karol entra a un supermercado aún con la equipación del partido de fútbol que viene de jugar. En el parking hay un vehículo de transporte de tropas. “Tratamos de no pensar mucho en la posibilidad de quedarnos aislados, porque si no te vuelves paranoico. Pero no tenemos miedo de Rusia. Estamos en la OTAN y solo Polonia ya podría con Bielorrusia”, afirma. Frente al Ayuntamiento de la localidad de Lazdijai, también en Lituania, se ve un detalle inhabitual en otros países comunitarios: junto a las banderas local, nacional y de la UE, ondea la de la OTAN. En la plaza central hay una instalación con las letras de la palabra libertad en lituano decoradas con la bandera de Ucrania.

A pocos kilómetros está la antigua verja fronteriza entre la entonces república soviética de Lituania y Polonia. Mide apenas dos metros y se conservan algunas partes como recuerdo, con lacitos con los colores de la bandera lituana anudados. El paso fronterizo de Lazdijai ―el único entonces― fue escenario de un momento histórico en 1990, en el aniversario del acuerdo secreto Ribbentrop-Molotov por el que la Alemania nazi y la URSS se repartieron territorios como Lituania. Una multitud se manifestó pacíficamente con el lema “Volvamos a Europa” para denunciar que los soldados soviéticos controlasen los accesos. Los numerosos pinos que rodean la valla recuerdan otro simbólico hecho posterior: en apenas cuatro días de 2003, entre la firma del acuerdo de entrada en la UE y el referéndum para confirmarlo, se plantaron miles para resaltar que, con Polonia y Lituania ya en la UE, la valla era cosa del pasado.

Antigua valla que separaba Lituania y Polonia.
Antigua valla que separaba Lituania y Polonia.Albert Garcia (EL PAÍS)

En las conversaciones aquí a veces se desliza una comparación histórica: Berlín Occidental durante la Guerra Fría. Un territorio rodeado de enemigos (como le sucedería a los bálticos sin acceso al corredor) cuya población sobrevivió a casi un año de cerco terrestre de la URSS en 1948 y 1949 gracias a decenas de miles de vuelos en el famoso puente aéreo aliado.

Más cerca que Berlín, a unos 300 kilómetros de aquí, estaba otro corredor más presente en los libros de historia: el de Danzig. Su invasión por los nazis en 1939 marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Dividía a la República de Weimar de Prusia Oriental, que fue troceada tras la guerra, con la ciudad de Königsberg rebautizada por la URSS como Kaliningrado. Fue escenario de una de las terribles expulsiones de la minoría alemana bendecidas en la Conferencia de Yalta de 1945.

La historia trágica de la zona se aparece a cada poco. Un monumento “a las víctimas del terror estalinista” recuerda la muerte y desaparición de cientos de miembros de organizaciones clandestinas anticomunistas en 1945. “Murieron por ser polacos”, reza una inscripción en granito acompañada de decenas de cruces de madera y de un “roble papal”, crecido a partir de semillas consagradas por el polaco Juan Pablo II.

Aún se pueden ver 13 búnkeres alemanes de la época, mientras que en el Cementerio de las Siete Confesiones de Suwalki la parte judía (casi un tercio de su población antes de la Segunda Guerra Mundial) es un gran llano vacío, solo interrumpido por un monumento conmemorativo formado con trozos de lápidas. Fue destruido durante la ocupación nazi y los miles de residentes judíos que no lograron huir, exterminados.

Búnker de la Segunda Guerra Mundial, en Bakalarzewo (Polonia).
Búnker de la Segunda Guerra Mundial, en Bakalarzewo (Polonia).Albert Garcia (EL PAÍS)

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Los ataques lanzados por Rusia desde el viernes en la parte occidental de Ucrania, el último a solo 25 kilómetros del territorio de la OTAN, han elevado el riesgo de un “incidente” que desencadene una peligroso agravamiento del conflicto. Fuentes aliadas señalan que el principal temor es que la proximidad del frente derive en la caída en territorio de la OTAN de algún misil ruso. El percance, intencionado o no, colocaría a EE UU y sus aliados ante el dilema de responder militarmente, a riesgo de provocar una escalada bélica de proporciones catastróficas.

Fuentes aliadas reconocen que respiraban con cierta tranquilidad ante el hecho de que la ofensiva rusa se concentrase en la parte oriental de Ucrania en los primeros compases de la guerra. Esas posiciones, alejadas de las fronteras de la UE y de la OTAN, evitaban un choque fortuito entre fuerzas aliadas y rusas o un ataque inesperado a alguno de los aliados occidentales. Pero el desplazamiento de la violencia al oeste del río Dniéper aumenta el riesgo de escalada, según reconocen fuentes aliadas.

“Cuanto más cerca de la frontera occidental, mayor riesgo de que un simple error de cálculo provoque un incidente”, apuntan esas fuentes. También indican que, a medida que se prolonga la guerra, Rusia se ve forzada a utilizar armamento menos preciso porque el de máxima tecnología es mucho más caro. “El riesgo de un error de cálculo es así mayor”, añaden.

Estados Unidos ha enfatizado este domingo que la Alianza Atlántica responderá “con toda su fuerza” si la ofensiva alcanza territorio aliado. La advertencia la ha lanzado el asesor de seguridad nacional estadounidense, Jake Sullivan, que ha explicado que cualquier ataque activaría el artículo 5 de la OTAN, según el cual una agresión a un aliado se considera una agresión a todos. “Si hay un ataque militar en el territorio de la OTAN, provocaría la invocación de este artículo, y utilizaríamos toda la fuerza de la alianza para responder”, ha señalado en una entrevista a la cadena CBS.

El viernes ya se produjo “un incidente”, como lo ha definido la OTAN, todavía no aclarado, con la caída de un dron de fabricación rusa en plena capital de Croacia. El aparato, de seis toneladas y habitual en las fuerzas armadas ucranias, impactó en un parque público de Zagreb. El dron atravesó el espacio aéreo de tres países de la OTAN (Rumania, Hungría y Croacia) sin que fuera detectado ni interceptado.

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La aparente negligencia ha disparado las alarmas entre los países vecinos y el Gobierno croata, indignado, ha exigido explicaciones a la OTAN por la falta de información. Stoltenberg habló el sábado por teléfono con el primer ministro croata, Andrej Plencovik, y se acordó investigar el incidente para aclarar lo sucedido.

El presidente de EE UU, Joe Biden, advirtió el mismo viernes que un ataque ruso contra algún aliado de la OTAN supondría el inicio de la III Guerra Mundial. Y el secretario general de la organización militar, Jens Stoltenberg, subrayaba ese día que la Alianza ya ha doblado su presencia en los aliados del este, con miles de tropas y cientos de aviones y buques de guerra desplegados en el flanco oriental.

Las advertencias aliadas pretenden disuadir al presidente ruso, Vladímir Putin, de cualquier tentación de comprobar la reacción occidental con alguna incursión en Polonia, Letonia o Rumania. Pero el riesgo de un contacto entre las fuerzas aliadas y el Ejército de Moscú ha aumentado tras los ataques rusos del viernes contra la base aérea ucrania de Lutsk, a 80 kilómetros de la frontera polaca, y el de este domingo contra una base militar en la región de Lviv, a solo 25 kilómetros de la misma frontera.

El riesgo de un peligroso roce se eleva, además, por la amenaza rusa de atacar cualquier convoy europeo que suministre armamento a las fuerzas ucranias. Los bombardeos junto a la frontera polaca, así como el de un aeropuerto (Ivano-Frankivsk) a 150 kilómetros aliados, parecen destinados, precisamente, a frenar la llegada de ayuda militar y humanitaria procedente de los aliados europeos.

Polonia y Rumania son los dos miembros de la OTAN con más territorio fronterizo con Ucrania, más de 500 kilómetros. Rusia es consciente de que las armas y los suministros occidentales entrarán con toda probabilidad en Ucrania por esos dos países. De los otros dos aliados limítrofes con Ucrania, Hungría ha prohibido el paso de armamento y la frontera con Eslovaquia no llega a 100 kilómetros y puede ser vigilada con más facilidad por Moscú.

La OTAN ha negado una y otra vez cualquier intención intervenir en el conflicto y ha descartado la presencia sobre el terreno de tropas o fuerzas occidentales. La Alianza también ha rechazado la petición de establecer una zona de exclusión aérea como reclama el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para librarse de los ataques con misiles rusos.

La OTAN considera que esa zona de exclusión requeriría la destrucción de las fuerzas antiaéreas de Putin, tanto en Ucrania como en Rusia, y el derribo de los aviones rusos que no respetasen la exclusión. Ese choque supondría, según la OTAN, una guerra total en Europa con la participación de cuatro potencias nucleares como son Rusia, EE UU, Reino Unido y Francia. La OTAN también hizo caso omiso de la decisión de Putin de poner en alerta sus sistemas de armamento nuclear, una bravuconada ignorada en Bruselas para no alentar la escalada.

“Tenemos la responsabilidad de asegurar que este conflicto no tiene una escalada más allá de Ucrania”, señalaba Stoltenberg el viernes en un mensaje dirigido a Polonia para celebrar el 23º aniversario del ingreso de ese país en la Alianza. El secretario general avisaba de que esa escalada sería “aun más peligrosa, destructiva y mortal” que la actual guerra de Putin contra Ucrania.

La OTAN reconoce, no obstante, que la violencia de Putin apunta más allá de Ucrania, como demuestran sus amenazas a Suecia y Finlandia si optan por ingresar en la Alianza. “Se trata de negar a cualquier nación en Europa el derecho a elegir su propio camino y convertirse en miembro de la OTAN”, ha señalado el secretario general de la organización.

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Irpin, una localidad a tan solo 24 kilómetros de la capital, Kiev, es una de las zonas que más está sufriendo los bombardeos por parte del ejército ruso. Las tropas ucranias se vieron obligadas a dinamitar la semana pasada el puente que la une con Kiev para evitar el avance de Rusia, pero esto también ha dificultado la evacuación de los civiles. En el vídeo que acompaña a esta noticia puede ver la crónica en primera persona del periodista Jorge Said desde el interior de uno de los autobuses que diariamente alejan a los vecinos de Irpin de las bombas que Rusia lanza constantemente sobre sus casas. En la secuencia, Said capta varias de estas explosiones, a pocos metros de cientos de civiles, sobre todo mujeres y niños, que tratan de huir.

El domingo, varios proyectiles de mortero cayeron en la misma carretera por la que se evacúa a pie a los residentes de Irpin, provocando la muerte de varios civiles a lo largo del día. Atraviesan en su camino por esa vía el único puente que permite alejarse de su ciudad por carretera y que se halla en el vecino municipio de Stoyanka. Allí, en la ladera asomada al cauce del río Irpin, afluente del Dnieper, un retén militar con dos carros de combate, un puesto de mando y las trincheras cavadas, sirve para controlar en la distancia lo que ocurre sobre el puente. Uno de los uniformados explica a EL PAÍS que ya han adosado a los pilares del puente las cargas explosivas necesarias para hacer saltar por los aires la infraestructura en el momento en que vean acercarse al Ejército ruso. Mientras tanto, apuran el tiempo para que pasen cuantos más coches, mejor.

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Una de las víctimas del bombardeo de Irpin, abatida cuando trataba de huir junto a su familia con su maleta.
Una de las víctimas del bombardeo de Irpin, abatida cuando trataba de huir junto a su familia con su maleta.Diego Herrera (Europa Press)

Las tropas rusas se están aplicando con fuerza este lunes en el sur de Ucrania, donde han bombardeado la ciudad de Mikolaiv, entre la capturada Jersón y Odesa, la principal urbe en la costa del mar Negro. Mikolaiv, de 480.000 habitantes y con uno de los tres puertos más grandes del país, ha estado bajo ataque desde hace días, aunque el viernes el Ejército ucranio logró repeler una ofensiva rusa. Esta mañana, las tropas de Vladímir Putin han lanzado un nuevo ataque de artillería contra la ciudad, cuya captura sería un avance importante en su camino hacia Odesa y otro punto más de control de la costa.

Los ataques se han cebado también con Járkov, al norte del país, mientras se estrecha el cerco contra Kiev, que se prepara para resistir. Por su parte, Rusia ha anunciado que mantendrá un alto el fuego temporal este lunes para que la población de la capital y de otras localidades como Mariupol, Járkov o Sumi salgan en corredores humanitarios, si bien la mayoría de las rutas conducirán a ciudades rusas, según el Ministerio de Defensa. Un portavoz del presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha señalado este lunes que sus compatriotas deberían tener derecho a ser evacuados al territorio del país.

El Gobierno de Kiev ha asegurado que tiene información de que Rusia está preparando grandes ataques este lunes contra el corazón de ciudades, ante la pérdida de efectivos y el avance más lento de lo esperado. Kiev denuncia bombardeos a objetivos civiles y crímenes de guerra. Una de las urbes que está padeciendo más ataques es Mikolaiv, situada en el flanco izquierdo de la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014 y que ha convertido en fortaleza militar y lanzadera para la invasión.

Muy cerca está Jersón, cuyo alcalde, Oleksandr Senkevich, ha advertido de que la ciudad ha sufrido importantes ataques contra edificios residenciales. “Hay muchos proyectiles sin explotar”, ha dicho en una publicación de Facebook, “no se acerque, no los levante y no intente moverlos”. Los ataques aéreos se concentraron durante la noche en esta ciudad del noreste del país, fijándose como objetivo central un complejo deportivo de una universidad local y edificios civiles, según el testimonio de un periodista de France Presse en la zona. Mientras, en el mar de Azov, en el flanco derecho de Crimea, Rusia ya ha ocupado Berdiansk y asedia Mariupol.

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Kiev amanece con la misma calma tensa de los últimos días. El peso de la incertidumbre sigue lastrando el ánimo de los que no saben cuál va a ser la reacción del presidente ruso Vladímir Putin ante la resistencia que está encontrando tanto en la capital como en otras ciudades. La batalla en el corazón de Kiev no ha comenzado todavía y todo son conjeturas sobre qué va a hacer Putin, pues la guerra va camino de las dos semanas y su principal objetivo, tomar la capital e imponer un gobierno a su antojo, no está ni mucho menos cerca.

Mientras, la población que no ha abandonado la principal urbe ucrania se prepara para la posibilidad de un largo asedio, con todo lo que eso significa a nivel logístico, físico y emocional. En la calle se ven pocos movimientos de tropas y carros de combate, centrados en la periferia de Kiev, donde sí está habiendo fuertes combates desde hace días. Es ese el principal punto de inestabilidad y desde donde están escapando decenas de miles de civiles que ya no aguantan en poblaciones como Irpin o Bucha, golpeadas cada día por los enfrentamientos y con importantes zonas afectadas por la falta de suministros de electricidad, agua y gas.

Trabajadores retiran los escombros de un colegio destruido por los bombardeos en Ucrania
Trabajadores retiran los escombros de un colegio destruido por los bombardeos en UcraniaReuters

Precisamente en la salida de Irpin más directa hacia la capital —una ruta que han utilizado los ucranios que trataban de huir hacia Kiev como lugar más seguro en el que resguardarse mientras buscan una salida hacia el este— se produjo este domingo un ataque con varios morteros que causó la muerte de, al menos, tres personas y un herido grave. Según varios testigos que se encontraban en el enclave, todo apunta a que se trató de un ataque deliberado del Ejército ruso contra la población civil.

Mientras, el Gobierno del presidente Volodímir Zelenski sigue apostando por quedarse en Kiev y hacer frente a la amenaza rusa pese al ofrecimiento de países como EE UU para ser evacuado. Zelenski advirtió el domingo por la noche en un vídeo publicado en la red social Telegram, según informa Europa Press citando a la agencia de noticias Unian, de que Rusia, que está tratando de capturar infraestructura crítica —como centrales nucleares y plantas de suministro— planea lanzar ataques a los principales sitios de producción del país, que están en ciudades densamente pobladas.

Salida de ciudadanos de Irpín, cerca de Kiev.
Salida de ciudadanos de Irpín, cerca de Kiev.luis de vega

En el llamado “domingo del perdón”, que se conmemora según la tradición ortodoxa, Zelenski avisó a Rusia de que Ucrania no perdonaría los crímenes. “No perdonaremos los edificios residenciales bombardeados, no perdonaremos el cohete que nuestra defensa aérea derribó hoy sobre Okhmatdet y más de otros 500 cohetes similares que golpearon nuestra tierra, Ucrania, nuestra gente, niños. No perdonaremos las ejecuciones sin armas. No perdonaremos las casas destruidas. Ni más de quinientos misiles similares que golpean nuestra tierra. En toda Ucrania golpean a nuestra gente y niños”, recalcó en emotivo discurso difundido por las redes sociales. “Es asesinato, simplemente asesinato”, dijo. Además, el Ejecutivo de Ucrania sigue reclamado ayuda militar urgente a los países occidentales.

Tercera ronda de negociaciones

Tras los duros ataques del fin de semana, con los que el Ejército ruso no ha hecho grandes avances por tierra, se espera que las delegaciones ucrania y rusa se reúnan por tercera vez en una mesa de diálogo en Bielorrusia, cerca de la frontera con Ucrania; aunque los representantes ucranios no son demasiado optimistas con obtener algún logro y han declarado que solo informarán de los resultados cuando haya pasos concretos “para evitar la presión”.

Las negociaciones se producen tras la noticia de que el Ejército ruso abrirá esta mañana corredores humanitarios en varias ciudades ucranias para permitir la salida de civiles, según el Ministerio de Defensa ruso citado por la agencia de noticias Interfax. Estos corredores incluirán la capital, Kiev, además de ciudades como Járkov, Mariupol y Sumi, y se establecerán a partir de las 10.00, hora de Moscú (8.00, hora española). Desde Kiev y Járkov, el Kremlin solo plantea evacuaciones a Rusia —desde la capital, primero pasando por Bielorrusia y luego por vía aérea— donde quienes lleguen se instalarían en “centros temporales”. Y desde Mariupol y Sumi han anunciado dos corredores, uno con destino el centro de Ucrania y otro, Rusia.

Moscú ha recalcado que el presidente ruso, Vladímir Putin, ha decretado esta medida tras una petición personal de su homólogo francés, Emmanuel Macron, con el que conversó este domingo. Los altos para Mariupol y para otra ciudad sureña, que debían permitir a cientos de miles de personas salir de las zonas asediadas a otros puntos del centro de Ucrania, fracasaron este fin de semana en medio de duros ataques de las fuerzas del Kremlin, que también lanzaron ataques de artillería durante una evacuación de miles de personas en Irpin, una ciudad dormitorio de Kiev, en ruinas por las bombas. Kiev y Moscú se acusan mutuamente de romper el alto el fuego.

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La OTAN sigue sin fiarse de Rusia, a pesar de que Moscú insiste en que está retirando parte de las tropas acumuladas junto a la frontera de Ucrania. “Nosotros no hemos visto ninguna retirada de fuerzas rusas”, ha señalado este miércoles el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. El dirigente de la Alianza cree que los movimientos van más bien en dirección contraria a lo que asegura el Kremlin. “Estamos vigilando muy de cerca lo que hace Rusia en Ucrania y alrededor de Ucrania”, ha dicho Stoltenberg poco antes de presidir en Bruselas una reunión de los ministros de Defensa de la OTAN. Y la conclusión de ese análisis no deja lugar a dudas, según el secretario general: “Están aumentando el número de tropas y hay más tropas de camino. Hasta ahora no hay desescalada”.

Los ministros de Defensa han acordado iniciar el estudio para desplegar fuerzas en el flanco oriental de la Alianza, con batallones en Rumania y Bulgaria, que se sumarían a los que ya operan en Polonia y en los países bálticos. Stoltenberg ha lamentado, al término de la reunión, que Rusia haya impuesto “una nueva normalidad, en la que ha demostrado que puede comprometer los principios fundamentales de nuestra seguridad”. El secretario general de la Alianza cree que el empeño de Moscú en “intimidar” a los países vecinos obliga a los aliados occidentales a reforzar su defensa frente a posibles agresiones.

La reunión de los ministros, prevista desde hace semanas, ha comenzado el mismo día que los servicios de espionaje de EE UU habían apuntado como posible arranque de un ataque ruso contra Ucrania. Desde que Washington compartió esa información el viernes, la OTAN se ha mantenido en alerta permanente y la UE ha acelerado los preparativos de posibles sanciones contra Rusia.

Al término de la reunión, Stoltenberg ha acusado a Rusia de llevar a cabo la mayor movilización militar desde el final de la Guerra Fría. Y de disponer “de una fuerza masiva con capacidad de invadir Ucrania”. El secretario general ha recordado que las advertencias occidentales sobre la acumulación de tropas, lanzadas por primera vez a finales de 2021, se han cumplido. Y que aunque los aliados nunca han tenido certeza sobre las intenciones del presidente ruso, Vladímir Putin, el hecho de disponer de tal fuerza acumulada hace factible un desenlace violento. “No sabemos lo que va a pasar, pero sabemos lo que ha pasado otras veces”, ha dicho Stoltenberg en alusión a los ataques de Rusia contra Ucrania en 2014 o a la presencia de tropas rusas en territorio de Georgia y Moldavia sin permiso de las autoridades de esos países.

El secretario general ha destacado que las imágenes de satélite analizadas por distintos servicios de espionaje muestran que por el momento no se ha producido una retirada de tropas rusas. “La información que estamos compartiendo [entre los aliados] también se puede contrastar en fuentes de dominio público, con imágenes de satélites comerciales”, ha agregado el noruego.

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La jornada de este miércoles ha arrancado con máxima tensión en el este de Europa y con la novedad de un ciberataque contra Ucrania. Pero el avance de las horas evidenciaba que Moscú no preparaba un golpe militar inmediato. “Las guerras en Europa rara vez empiezan un miércoles”, ironizaba el representante permanente de Rusia ante la UE, Vladímir Chizhov, en un comentario para el diario alemán Die Welt. Desde Moscú se criticaba el pronóstico de Washington de un ataque el 16 de febrero como “la cúspide de la propaganda occidental”.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, este miércoles en Bruselas.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, este miércoles en Bruselas.POOL (REUTERS)

Pero la tensa calma de este miércoles no ha llevado a los occidentales a bajar la guardia. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha convocado una cumbre europea extraordinaria para el jueves con el fin de analizar la situación en Ucrania. Michel ha aprovechado que los 27 líderes de Gobierno de la UE, incluido el español, Pedro Sánchez, se encuentran en Bruselas para asistir a la cumbre de la UE con la Unión Africana, que se celebra jueves y viernes. Michel ha anunciado asimismo que convocará una conferencia internacional de donantes para ayudar a Kiev. Bruselas reconoce ya que los 1.200 millones de euros ofrecidos por la Comisión Europea no serán suficientes para apuntalar las cuentas del Estado ucranio.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, también ha expresado sus dudas sobre la supuesta rebaja en la tensión por parte de Moscú. “Daríamos la bienvenida a una desescalada, pero faltan señales tangibles por parte de Rusia”, ha señalado la dirigente comunitaria tras una conversación telefónica con el primer ministro italiano, Mario Draghi. Ambos han comentado las posibles sanciones a Rusia y los planes de contingencia para paliar los daños colaterales. Italia es uno de los países europeos más dependientes del gas ruso.

Rusia anuncia la retirada de tropas de Crimea

El mismo día en el que los aliados occidentales ponían en duda la voluntad rusa de rebajar la tensión, Moscú anunció que da por finalizadas sus maniobras en Crimea, la península ucrania anexionada a Rusia en 2014, y que inicia la retirada de los soldados, según la agencia de noticias AFP. 

El Kremlin dice además estar preparado para retirar de Crimea más equipamiento militar, según información de la agencia Interfax. El ministro ruso de Defensa, Serguéi Shoigú, publicó un vídeo que mostraba una columna de tanques y de vehículos militares que abandonaban Crimea a través de una línea de ferrocarril. Y añadió que otras tropas también volverán a sus bases permanentes. 

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El atentado habría dejado hasta el momento a tres personas lesionadas tras ser alcanzadas por las esquirlas.

Noticias Cauca.

El pánico y el miedo volvió nuevamente a apoderarse del municipio de Caloto, en el norte del departamento del Cauca.

Hoy nuevamente la explosión de una motobomba ha causado terror en la zona. El hecho se presentó sobre la 1:45 de la tarde de este lunes 14 de febrero.

Precisan desde el municipio que el atentado tuvo lugar enseguida de la estación de Policía, allí fue dejada la motocicleta.

La motobomba explotó enseguida de la Estación de Policía de Caloto, norte del Cauca.

La explosión ha dejado hasta el momento a tres personas lesionadas. Quienes habrían sido alcanzadas por esquirlas o recibido golpes de objetos que salieron disparados por la explosión.

A través de redes sociales se han conocido varios vídeos en los que se observa el resultado de la explosión y los daños provocados.

Otro angulo:





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De camino a Estados Unidos, México o Chile; en los últimos años son varios los casos de colombianos que perecieron viajando a países a los que se dirigían buscando un mejor futuro.

Noticias Colombia.

«Sueño americano», «una mejor vida» o «vamos por el futuro familiar»; son algunas de las frases con las que colombianos se marchan a otros países en busca de una mejor vida, sin embargo, en muchas ocasiones estas historias no terminan con finales felices sino en tragedia. Tal como sucedió con Claudia Marcela Pineda, María Camila y Juan Esteban Montoya, nacionales que perdieron la vida cuando buscaban llegar a los Estados Unidos.

Son dos historias diferentes de la migración ilegal colombian.

Partieron desde sus viviendas en Colombia con destinos de paso o intermedio, el plan final era llegar a norteamerica.

Tocaron sus tierras, sintieron sus aguas; pero sus trágicas historias marcaron a sus familias.

Claudia y su hija murieron en el Desierto de Arizona

En agosto del año pasado Claudia Marcela Pineda, de 37 años, decidió irse a vivir con sus hijos María José y Cristián, de 10 y 3 años, a Estados Unidos, la colombiana se encontraría con su pareja, pero no hubo reencuentro.

El objetivo de la familia era conseguir un mejor futuro, el Desierto de Arizona no les dio chance de salir con vida luego de ser abandonados por el coyote que los estaba cruzando.

Para poder ingresar a Estados Unidos, viajó hasta México.

Desde allí el plan era cruzar el Desierto de Arizona, con un calor infernal y cientos de kilómetros sin nada alrededor.

Un territorio que ha cobrado varias vidas de migrantes, muchos niños han perecido solos, juntos a sus padres y otros familiares. Pero el hecho de que el pequeño Cristián haya quedado vivo fue un verdadero milagro.

Pese a que el padre de su hijo, Victor Hugo Morales, años atrás había logrado llegar a Estados Unidos por la misma ruta, Claudia y María José no resistieron ese viaje y fallecieron.

Sus cuerpos fueron encontrados en el condado de Yuma, en el área de Levee Road y County en Arizona.

Cristián sobrevivió, fue rescatado por las autoridades estadounidenses, hospitalizado y luego se reencontró con su padre.

Noticia relacionada:

Se reencontró con su padre el niño colombiano que sobrevivió al desierto de Arizona, donde murió su hermana y su mamá

Claudia alcanzó a pedir ayuda

En su momento Telemundo sacó a la luz un angustiante audio que corresponde a la llamada de Claudia al 911.

Dicha comunicación refleja la desesperada petición de ayuda que hizo la mujer a las autoridades para que la rescatara a ella y sus hijos tras ser abandonados por la persona que los estaba ayudando a cruzar la frontera. El ‘coyote’.

– Marcela Pineda: “Por favor ayúdeme”.

– Agente del 911: “¿Cuántas personas vienen con usted?”

– Marcela Pineda: “dos niños, por favor ayúdeme, me voy a desmayar”.

Fueron fragmentos de la comunicación que mantuvo la colombiana con la persona que atendía la línea telefónica de emergencias.

Al fondo se escucha un desgarrador grito de la niña María José que le decía a su madre entre llanto que tenía hambre.

“¡Mami, tengo hambre!”, gritó la niña, a lo que Marcela le dice: “Ya mi amor”.

De inmediato, el agente del 911 le preguntó si tenía WhatsApp. Posteriormente, le pidió revisar la aplicación porque le había enviado un mensaje, “para que acepte compartir las coordenadas”.

Lamentablemente, el equipo de ayuda no pudo llegar a tiempo, ya que al apagarse el celular, se perdió el rastro de la mujer y sus hijos. Tenía muy poca carga en su celular.

Juan único sobreviviente y María entre las víctimas del naufragio

La trágica noticia del naufragio de una embarcación en los Estados Unidos había pasado desapercibida hasta que se conoció que dos de sus pasajeros eran colombianos.

Ambos fueron identificados como Juan Esteban y María Camila, dos jóvenes vallecaucanos que se subieron el pasado sábado 22 de enero en horas de la noche a la embarcación que se hundió.

Según la Guardia Costera, aproximadamente a 45 millas -72 kilómetros- al oriente de Fort Pierce Inlet, en La Florida.

En ella iban en total 38 personas, de las cuales fallecieron 38 y solo Juan sobrevivió. Salieron desde Bahamas.

Él se aferró a parte de la embarcación y fue rescatado por otro bote comercial.

«Mamá, mi hermana se murió»

Tanto María Camila como Juan Esteban son hijos de Marcia y Edwin M., ella vive en los Estados Unidos y él, labora en la empresa Aguas de Buga S.A. E.S.P.

Su madre confirmó que luego del rescate fue trasladado a un centro médico de La Florida, en donde se encuentra fuera de peligro, pero en poder de las autoridades norteamericanas.

Ella detalló que el momento en el que Juan le confirmó el fallecimiento de su otra hija fue bastante doloroso, algo que ha partido su corazón en dos: «Mamá, mi hermana se murió», le alcanzó a manifestar desde el hospital.

Anoche en Guacarí todo giró en torno a ellos dos, hubo oraciones, velatón y una concurrida celebración religiosa.

La comunidad se unió para pedir por la pronta aparición del cuerpo de la joven, el retorno de Juan, el reencuentro de la familia y poder darle cristiana sepultura a su ser querido.

 



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