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En Rusia hay dos tipos de héroes: los militares y los cosmonautas. La conquista del espacio y la Gran Guerra Patria han sido las dos grandes gestas que han marcado su historia reciente, sendos motivos de orgullo nacional para generaciones pasadas, presentes y venideras. Por ello, la aparición de tres astronautas rusos en la Estación Espacial Internacional con los colores de Ucrania, mientras a cientos de kilómetros tiene lugar la ofensiva sobre Kiev, ha provocado una nueva polémica en el país, aún en vilo por conocer cuál será el futuro de la periodista de la televisión rusa que irrumpió en pleno directo con un cartel contra la guerra.

Oleg Artémiev, Denís Matvéyev y Serguéi Korsakov son los primeros cosmonautas rusos en llegar a la plataforma espacial desde que comenzó el conflicto el pasado 24 de febrero. Sus trajes amarillos con detalles azules y la bandera rusa no pasaron desapercibidos, y cuando saludaron a tierra explicaron superficialmente su elección. “Era nuestro turno de elegir color. De todas formas teníamos mucho material amarillo, por lo que teníamos que usarlo”, afirmó Artémiev sin aclarar si llegaron a caer en la cuenta de que podría asociarse su vestimenta con la bandera ucrania.

El director de la agencia espacial rusa, Dmitri Rogozin, felicitó a los cosmonautas sin entrar en más polémicas “por la larga misión que comienzan” en la estación junto con dos rusos más que ya estaban allí, Antón Shkaplerov y Piotr Dubrov.

Además, el jefe de Roscosmos publicó justo después un vídeo donde leía un monólogo de la novela Taras Bulba, del escritor ruso Nikolái Gógol, nacido en lo que hoy es Ucrania. Antes “escuchaban de padres y abuelos cómo nuestra tierra honraba a todos”, decía Rogozin decía a los ucranios, con diferentes paisajes de aquel país, entre ellos uno que emulaba su bandera con el azul del cielo y el amarillo de los campos, de fondo.

Más de tres semanas después de comenzar la guerra, Rogozin insistía en que “no hay vínculo más sagrado que la camaradería”. “Había camaradas en otras tierras, pero no había camaradas como en la tierra rusa”, recitaba el directivo. Hace unas semanas, dijo, vio en la invasión de Ucrania “oportunidades únicas para restaurar la cooperación histórica entre Roscosmos y las empresas ucranias de la antigua industria espacial y militar soviética”.

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Por su parte, la prensa rusa ha pasado de puntillas sobre los colores de los cosmonautas. La mayoría de los medios se ha limitado a informar del atraque exitoso de la nave Soyuz MS-21 en la Estación Espacial Internacional “a las 22.12, hora de Moscú”.

Sí abordó la polémica el medio ultraconservador Tsargrad, que en un pequeño editorial apuntó a que todo ha sido una coincidencia y criticaba al diario The New York Times por “tratar de encontrar un subtexto político en todo lo que sucede”.

La controvertida aparición de los cosmonautas con los colores azul y amarillo ha tenido lugar pocos días después de que una redactora de la principal televisión rusa, Pervy Kanal, irrumpiese en directo y en horario de máxima audiencia con un cartel contra la guerra de Ucrania.

Todavía se desconoce qué futuro le aguarda a Marina Ovsianikova. La periodista fue condenada a una multa de unos 250 euros por llamar a la protesta en un vídeo grabado anteriormente. Sin embargo, su acción en la televisión podría suponerle hasta una pena de cárcel de varios años si finalmente es juzgada con la nueva ley “contra la desinformación” y “el descrédito del ejército” que aprobó el Gobierno ruso a la semana de comenzar el conflicto.

La cooperación espacial internacional también se ha visto golpeada por la guerra. Se han anulado lanzamientos al espacio y Moscú amenaza con no suministrar cohetes a Estados Unidos. Asimismo, la Agencia Espacial Europea suspendió la misión ExoMars-2022, destinada a explorar la presencia de vida pasada en el planeta rojo en colaboración con Rusia. Este país debía aportar la plataforma de aterrizaje Kazachok mientras que el bloque comunitario se encargaba del vehículo Rosalind Franklin. “¿Necesitamos algún tipo de rover allí? No es necesario porque el módulo de aterrizaje ya es en sí una estación de investigación científica”, afirmó el jefe de Roscosmos, aunque reconoció que la misión se retrasaría “unos años”.

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Mientras ya iba acumulando tropas y armamento en la frontera con Ucrania, el pasado 15 de noviembre Rusia disparó un misil con el que destruyó su satélite Kosmos-1408, una reliquia soviética lanzada en 1982. La prueba causó una gran polémica internacional al haber producido una nube de residuos que puso en peligro a astronautas y otros aparatos. A la vez, el disparo fue un claro recordatorio de la importancia esencial del espacio en la vida contemporánea y, por tanto, del equilibrio de fuerzas entre potencias.

El espacio tiene un enorme interés por motivos estratégicos y económicos, sobre todo debido a su papel central en la recolección y flujo de datos. Los satélites son neurálgicos para actividades como las telecomunicaciones o la geolocalización, claves tanto para fines comerciales, como de espionaje y militares. Las fuerzas armadas modernas dependen en gran medida de sistemas espaciales para desarrollar sus operaciones ofensivas o defensivas. En paralelo, el espacio es importante por motivos tan diversos como las posibilidades de investigación científica que abre o las perspectivas futuras de minería.

En este contexto, el mundo asiste a una renovada carrera espacial, de características muy distintas de las que marcaron el pulso entre Estados Unidos y la URSS en el siglo pasado. Entonces era una lucha entre superpotencias. Ahora, hay decenas de Estados con programas espaciales, pero además hay un enorme fermento en el sector privado —no solo grandes empresas como las de Elon Musk, Jeff Bezos y Sir Richard Branson, sino también de menor tamaño o start-ups— o en el educativo —con la actividad de algunas universidades—.

El fermento es considerable. Por un lado, se registra “un enorme incremento en la actividad de lanzamiento de satélites en los últimos años”, señala Jonathan McDowell, experto de la Universidad de Harvard que sigue atentamente el sector. “Además del incremento, es notable cómo ha cambiado el equilibrio entre actividad gubernamental y privada. Ahora, a diferencia del pasado, esta última es la mayor”. De los alrededor de 5.000 satélites activos en órbita actualmente según el recuento de McDowell —cuya labor de catalogación es una referencia en el sector—, unos 2.000 los ha lanzado SpaceX, la empresa de Musk, que tiene previsto lanzar decenas de miles en los próximos años.

Por otra parte, hay actividad estatal de exploración espacial muy consistente. Estados Unidos tiene en marcha el proyecto Artemis, que prevé volver a enviar astronautas a la luna (en 2024) a través de una estación en órbita alrededor de la luna (Gateway), desarrollado en cooperación con varios países socios. China avanza en ambiciosos programas, desde el próximo estreno de su estación espacial, Tiangong (este año), hasta un proyecto de cooperación con Rusia para instalar una base en la luna (de horizonte temporal lejano y muy incierto).

El equilibrio de fuerzas

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¿Cuál es la relación de fuerzas en esta nueva carrera espacial? “En términos de capacidades, Estados Unidos sigue siendo la potencia preeminente”, considera Mark Hilborne, jefe del grupo de investigación sobre la seguridad espacial del King’s College de Londres. Por experiencia, tecnología, medios, contexto empresarial, Washington mantiene una significativa ventaja sobre competidores y adversarios. A finales de 2019, Washington activó la Fuerza Espacial, un servicio específico dentro de sus Fuerzas Armadas. Al margen de esto y de la misión lunar, estudia o desarrolla multitud de planes, entre ellos sistemas para mejorar las defensas de satélites, por ejemplo dotándolos con propulsión nuclear.

La ventaja de Washington sigue, pues, clara, “pero China tiene una enorme ambición, un enorme potencial y empieza a desafiar EEUU en varias áreas”, prosigue el experto. “En sus documentos de planificación se detecta un tono agresivo y competitivo, con la intención de convertirse en potencia dominante a mediados de los años cuarenta de este siglo”, dice. Al igual que en otras áreas, el liderazgo chino dirige un esfuerzo poderoso para reducir distancias con su gran adversario estratégico —y superarlo—.

Rusia, señala Hilborne, cuenta con el activo de una larga experiencia en el sector. “Entienden el espacio”, dice. El disparo contra el Kosmos-1408 ejemplifica el asunto: la antigua URSS ya hizo pruebas de ese tipo, igual que EEUU (y, en este siglo, China e India). Moscú es un miembro importante de proyectos internacionales como la Estación Espacial, y es muy activo en lo que en jerga se conocen como operaciones de proximidad, es decir acercamiento a satélites adversarios. Pero el Kremlin no compite al mismo nivel que Washington o Pekín. “Las capacidades están significativamente limitadas por falta de tecnologías (aquí las sanciones occidentales importan) y de capital humano, debido a limitaciones financieras y baja eficiencia económica”, dice Pavel Luzin, experto en asuntos de Defensa, Seguridad y Política rusa.

Los países europeos, por su parte, disponen de altas capacidades tecnológicas y un sector privado bastante vibrante. Pero su pujanza tecnológica y su activismo en el segmento civil/comercial vienen acompañados de circunstancias que limitan su capacidad de proyección en la cada vez más descarnada arena internacional, especialmente la falta de unión política en la materia y la menor atención militar al asunto comparado con otras potencias.

Por un lado, está la cuestión de la visión. “Estados Unidos ve el espacio, en primer lugar, como un instrumento de dominación. Luego también tiene un interés comercial, pero lo otro es lo principal. Europa, a diferencia de otras potencias, no tiene esa aproximación, la suya es de perfil económico y científico. En ello, tiene una posición bastante única. En ese marco, la vertiente militar supone nada más de un 10-15% de las actividades”, comenta Jean-Jacques Tortora, director del Instituto Europeo del Política Espacial.

Por el otro, está la cuestión de la vertebración. “La Agencia Espacial Europea es un activo tremendo, muy respetada internacionalmente”, dice Tortora. “Pero obviamente no es un actor político. Por otra parte, la Unión Europea no tiene competencias de peso en la materia. Las instituciones comunitarias querrían avanzar, pero hay reticencias de países miembros en ese sentido. Así, en un entorno cada vez más competitivo y congestionado, los Gobiernos se dan cuenta que es necesario tomar posiciones, y asistimos a un florecer de iniciativas nacionales al respecto, creación de agencias espaciales nacionales, regulaciones, lanzamientos. Me parece previsible que esa dinámica seguirá”.

En esa línea, cabe destacar que el Gobierno español acaba de dar luz verde a principios de año a la constitución de una Agencia Espacial nacional, anunciada en mayo del año pasado, y que será dirigida por el exministro de Ciencia y astronauta Pedro Duque. En términos militares, Francia creó en 2019 la unidad de Comando del Espacio.

Las alianzas

Europeos, estadounidenses y otros países occidentales desarrollan una estrecha cooperación desde hace tiempo. El proyecto lunar Artemis liderado por la NASA, por ejemplo, cuenta con una amplia red de colaboración. Estas sinergias permiten grandes ventajas con un reparto eficiente del trabajo en ciertos emprendimientos. Las alianzas también constituyen redes de seguridad en casos de emergencia o ataque. Un cortocircuito de capacidades satelitares tendría efectos diferentes contra un país con aliados dispuestos a apoyar que contra otro sin las complicidades suficientes con otras potencias espaciales como para recibir esa ayuda.

Durante las últimas décadas, los países occidentales han cooperado también con Rusia en algunas iniciativas, con el proyecto de la Estación Espacial Internacional quizá como emblema. Pero esta perspectiva se reseca a pasos agigantados en un escenario geopolítico de conflicto entre Moscú y Occidente.

En ese marco, se replica en el espacio el acercamiento entre Rusia y China que también avanza en otros sectores, como ha evidenciado la reunión mantenida entre Xi Jinping y Vladímir Putin el viernes en Pekín. Los dos países desarrollan diversas iniciativas conjuntas en el espacio. Hay elementos lógicos de peso para esa convergencia: Moscú tiene la experiencia, Pekín las finanzas; ambas recelan de Occidente. Sin embargo, hay motivos para dudar del potencial real de esa cooperación.

“No hay suficiente confianza entre Rusia y China para una cooperación a plena escala”, argumenta Luzin. “Además, la colaboración de Moscú con Occidente se apoyaba en la idea de interdependencia. La estrategia de China, en cambio, no contempla ningún tipo de interdependencia. Rusia ayudó al programa espacial chino en los noventa y a principio de los 2000. China no está interesada ahora en replicar, en ser un donante. Por tanto, solo es posible un nivel limitado de cooperación. Aun así, Rusia usa la retórica de la alianza con China como elemento de presión con Occidente”. Al respecto, McDowell, de Harvard, incide en que esa colaboración “de momento, es más un asunto retórico que sustancial”.

El sector privado

El desarrollo de la actividad privada es en muchos sentidos asombroso. No solo SpaceX de Elon Musk es el principal lanzador de satélites, sino que empresas como las de Bezos y Branson han dado enormes pasos adelante y empiezan a hacer realidad el turismo espacial. La aceleración es extraordinaria, y estas compañías dominan tecnología que hasta hace muy poco parecía impensable que fueran dominadas por actores no estatales. Los intereses económicos son considerables, pero además es importante lo que el trabajo de compañías privadas aporta a las capacidades acumuladas de un Estado u otro.

Es evidente que EE UU goza en esta área de una ventaja considerable. El Gobierno ha alentado el crecimiento de estas compañías y cuenta con ellas para el desarrollo de ciertos proyectos. Tanto McDowell como Hilborne consideran que China cuenta con un sector menos visibilizado que el estadounidense pero crecientemente pujante. “En este apartado, en cambio, Rusia, se halla completamente rezagada”, dice el experto del King’s College.

Las normas

El texto de referencia es el Tratado del Espacio Ultraterrestre, acordado en el marco de la ONU y en vigor desde 1967. “Es un buen documento legal”, considera Tortora. “Fijó los principios, no es irrelevante”. Pero, más de medio siglo después, el escenario ha cambiado radicalmente, y esto plantea serios problemas. “La vida evoluciona y el derecho puede quedarse desfasado. Normalmente, la jurisprudencia ayuda a superar estos problemas con su interpretación, pero en el espacio estos es imposible porque no existe una autoridad jurídica”.

Las perspectivas para reformulaciones de fondo y vinculantes son prácticamente nulas a la vista de los posicionamientos políticos mayoritarios. “El escenario puede dividirse en tres bloques”, explica Tortora. “Las grandes potencias, que sustancialmente no quieren asumir compromisos vinculantes que limiten su capacidad de acción; los emergentes, que quieren tener la misma libertad que tuvieron los pioneros; y luego un grupo de potencias medianas, como los europeos o Japón, que sí contemplaría un nuevo marco normativo, pero están en minoría. En el corto-medio plazo, no soy optimista, pero a largo creo que, como en el medioambiente, se irá consolidando la idea de que son necesarios compromisos comunes acordes al desarrollo de los acontecimientos”.

Otros actores

La actividad es intensa, la pluralidad de actores, creciente. No solo están previstos decenas de miles de lanzamientos de satélites, sino que también la actividad lunar tiene ahora protagonistas impensables hasta hace no mucho. Entre ellos, cabe por ejemplo destacar el proyecto de Emiratos Árabes Unidos, que planea colocar en la luna su aparato Rachid. El programa cuenta con ayuda de tecnología japonesa para el alunizaje, y el lanzamiento correría a cargo de SpaceX. Muchas otras naciones dan pasos cada vez más decididos. La nueva carrera espacial es concurrida. La competición celestial tiene un gran impacto en los equilibrios terrestres.

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Acróbata que salió expulsado de la atracción mecánica.

El administrador del circo atribuye el accidente a una supuesta fatiga del artista.

Noticias Colombia.

Momentos de zozobra y angustia vivieron tanto asistentes al Circo Americano como los artistas que brindaban el espectáculo para las familias en la ciudad de Valledupar.

Uno de los acróbatas que realizaba una demostración de destreza y concentración en el «Péndulo Espacial» cayó desde lo alto de esta atracción mecánica.

«Péndulo Espacial».
Vea: Video: El escalofriante momento en que un león ataca a su entrenador en un circo

En un video grabado por una de las personas que asistió a la función en horas de la noche del jueves 20 de enero. En las imágenes se observa cuando el trapecista pierde el control de su cuerpo y cae al suelo desde una altura aproximada de 8 metros.

Al percatarse de lo ocurrido, varias personas de logística intentaron socorrerlo así como también su compañero de escena.

Este artista de circo que responde al nombre de Jhon Fredy G. N., natural de Cartagena del Chairá, departamento del Caquetá, fue llevado de inmediato al Hospital Erasmo de Valledupar, a donde los galenos lo atendieron. Tras realizársele algunas pruebas de Rayos X se determinó que el acróbata padece de varias fracturas en su columna y en una de sus piernas.

«El paciente ingresó con situación de paraplejía en miembros inferiores, se tomaron radiografías donde se evidenció fractura en T8, donde se le ve compromiso a nivel medular. En el momento está siendo atendido por su EPS, y estamos esperando que nos digan si autorizan atención aquí o en otra IPS», informó la Coordinadora del mencionado centro asistencial en diálogo con un portal local.

Como consecuencia de ello, Jhon Fredy deberá ser sometido a una cirugía lo más pronto producto de la gravedad de una de las lesiones en la cadera.

«Tiene un nivel de paraplejía, fractura también en la clavícula. En estos momentos está recibiendo la medicación indicada, está despierto, colabora, habla y a la espera de que la médula pueda desinflamarse para cirugía», indicó la funcioanria del hospital de la capital del Cesar.

José Miguel Acero, administrador del circo dialogó con el periódico EL TIEMPO, y en al charla atribuyó la caída a un aparente cansancio del artista.

«Lo que vinimos a saber ahora es que el artista había jugado un partido de fútbol en la noche anterior y al día siguiente había estado nadando en el río Guatapurí. El estado físico lo traicionó y le jugó una mala pasada en las piernas», dijo.

A su vez, el cirquero aseguró que todos sus espectáculos cuentan con unos protocolos de seguridad pero siempre existe el riesgo de que algo inesperado pueda ocurrir.

«Es un show que cuenta con todos los protocolos de bioseguridad y seguridad. Pero hasta a un panadero se le quema el pan. Esto se presenta debido a exceso de ejercicio y yo tenía que haberlo tenido más en cuenta», expresó.

Se conoció que el circo cuenta con un seguro contra accidentes el cual hasta el menonto está cubriendo todos los gastos médicos del trapecista.

Foto de portada: Captura de video

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Lea: El Ejército tiene su circo y divierte a los habitantes de Timbío, Cauca





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Rusia enviará equipo a la ISS para rodar la primera película en el espacio

El film será un «drama espacial», según la agencia espacial Roscosmos. La actriz Yulia Peresild y el director se someterán a un entrenamiento especial, que incluye pruebas en una centrífuga y vuelos en gravedad cero.

Deutsche Welle

13.05.2021

La agencia espacial rusa Roscosmos anunció este jueves (13.05.2021) que enviará a la actriz Yulia Peresild y al director Klim Shipenko a la Estación Espacial Internacional (ISS) para grabar allí la primera película de ficción rodada en el espacio.

«La partida de la expedición está prevista para el 5 de octubre de 2021 desde el cosmódromo de Baikonur, a bordo de la nave espacial Soyuz MS-19″, apuntó Roscosmos en un comunicado, aunque no dio detalles sobre la historia de la película y el papel que tendrá Peresild.

El filme, dirigido por Shipenko (autor de KholopSalyut-7 y Text), ya tiene el título provisional de El desafío y será un «drama espacial», según la agencia.

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Peresild, de 36 años, y Shipenko, de 37, se someterán a un entrenamiento especial, que incluye pruebas en una centrífuga y vuelos en gravedad cero, a partir del 1 de junio a más tardar.

La película «es parte de un proyecto científico y educativo a gran escala, que también incluye una serie de documentales sobre las empresas de la industria espacial y de cohetes», detalla Roscosmos en su página web.

También incluirá «especialistas involucrados en la fabricación de vehículos de lanzamiento, naves espaciales e infraestructura espacial terrestre».

El proyecto está coproducido por Dmitri Rogozin, el director de Roscosmos. 


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Deutsche Welle

02.05.2021

Cuatro astronautas, tres estadounidenses y un japonés, abandonaron el sábado la Estación Espacial Internacional (EEI) a bordo de una nave de SpaceX, tras más de 160 días en el espacio que deberían finalizar con un amerizaje frente a Florida, en el sureste de Estados Unidos.

La cápsula Crew Dragon se desprendió de la ISS según lo previsto (a las 20H35 del sábado en la costa este de Estados Unidos, ooH35 GMT del domingo). Se calcula que el vuelo de regreso a la Tierra dure unas seis horas y media.

Está previsto que los cuatro astronautas americen a las 02H57 locales del domingo en el Golfo de México (06:57 GMT). El lugar previsto es frente a la ciudad Panamá (Florida), pero se han designado otros lugares alternativos en caso necesario.

«Hemos estado practicando para recuperar a las tripulaciones de día o de noche», aseguró Steve Stich, jefe del programa de vuelos comerciales de la NASA, entrevistado poco antes de la salida de la cápsula.

«Los barcos tienen mucha iluminación (…) estarán en la cápsula unos 10 minutos después del amerizaje», aseguró, al precisar que habrá luz de Luna y que las condiciones meteorológicas eran hasta ahora favorables, con un mar en calma.

La primera misión regular de retorno

Los estadounidenses Michael Hopkins, Victor Glover, Shannon Walker y el japonés Soichi Noguchi se convirtieron en noviembre en los primeros astronautas de una misión «operativa» en ser transportados a la ISS por la compañía espacial de Elon Musk, que se ha erigido en socio clave de la NASA.

Otros dos estadounidenses ya hicieron el viaje de ida y vuelta a bordo de Dragon en 2020, durante una misión de prueba de dos meses a la estación. Se trató del primer vuelo a la ISS lanzado desde Estados Unidos desde el fin de los transbordadores espaciales en 2011, y el primero efectuado por una empresa privada con astronautas a bordo.

Esta vez, se trata de la primera misión regular que es transportada de regreso a la Tierra por SpaceX.

Para el amerizaje final, los astronautas estarán a bordo de la misma nave espacial Dragon, llamada «Resilience», que los llevó a la órbita, y que SpaceX planea reutilizar para otras misiones, después de reacondicionarla.

La salida de esta tripulación, Crew-1, se produce tras la llegada a bordo de la ISS, la semana pasada, de una segunda misión regular, Crew-2, llevada a cabo por la compañía estadounidense.


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Hasta el momento, China ha puesto otras dos estaciones espaciales en órbita. Sin embargo, Tiangong-1 y Tiangong-2 eran estaciones de prueba, módulos simples que solo permitieron estancias de astronautas relativamente cortas.

La nueva estación Tiangong, de múltiples módulos y 66 toneladas, está programada para estar operativa al menos 10 años.

Pieza clave

Tianhe es el componente central de la estación. Mide 16,6 metros de longitud y 4,2 metros de anchura. Suministrará energía y propulsión e incluye las tecnologías y las habitaciones necesarias para los astronautas que la visiten.

Pekín planea realizar al menos 10 lanzamientos similares, para transportar al espacio todo el equipamiento adicional, antes de que se complete la estación el año que viene.

Orbitará la Tierra a una altura de 340 a 450 kilómetros.

Centro de lanzamiento espacial de Wenchang, en China
China emprendió más tarde que otras potencias la exploración espacial.

La única estación especial actualmente en órbita es la EEI, producto de una colaboración entre Rusia, Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón, en la que se vetó a China.

La EEI se retirará después de 2024, lo que potencialmente dejará Tiangong como la única estación espacial en la órbita de la Tierra.


El orgullo de Pekín

Análisis de Stephen McDonell, corresponsal de la BBC en China

El programa espacial de China se ha convertido en un tema de frecuente aparición en los videos de propaganda del país y, de alguna manera, ¿por qué no debiera ser así?

Después de una puesta al día a toda velocidad con otros países, ahora tiene audaces ambiciones más allá de la Tierra.

Tras ser vetada del programa de la EEI por Estados Unidos, Pekín simplemente decidió construir su propia estación.

Cuando la estación Tiangong esté operativa y en marcha, posiblemente tan pronto como el año que viene, aunque solo sea un cuarto del tamaño de la estación internacional, China será el único país con su propio laboratorio espacial en órbita.

Se habla de misiones a Marte y una estación lunar con Rusia.

Sin duda se puede establecer una comparación con la carrera espacial de la Guerra Fría: ambiciones científicas legítimas mezcladas con desconfianza internacional, la potencial militarización del espacio y la aclamación de proyectos clave como nuevos hitos para justificar las grandes cantidades de dinero invertidas.


El «sueño espacial» de China

Chen Lan, analista especializado en el programa espacial de China, le dijo a la agencia de noticias AFP que el proyecto es «un asunto importante».

«Este será el proyecto de cooperación espacial internacional más grande para China, así que es significativo», señaló.

Sonda china sobre la Luna
La sonda china Chang’e-5 trajo con éxito rocas y «tierra» que recogió de la Luna.

China no ha mantenido en secreto en los últimos años sus ambiciones espaciales.

Ha invertido significativas cantidades de dinero en sus esfuerzos espaciales y en 2019 se convirtió en el primer país que lanzó una sonda sin tripulantes a la cara oscura de la Luna.

El presidente de China, Xi Jinping, también mostró su apoyo a los anhelos espaciales del país y los medios estatales chinos a menudo presentan el «sueño espacial» como un paso en el camino al «rejuvenecimiento nacional».


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