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El presidente de la República de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, inició este martes la ronda de audiencias con los ocho partidos que han logrado representación en el Parlamento en las elecciones anticipadas celebradas el domingo. El contagio por coronavirus del primer ministro, António Costa, que se someterá a un aislamiento de siete días, le impedirá acudir a la audiencia del miércoles en el Palacio de Belém. Durante la campaña, el candidato socialista participó en numerosos actos y arruadas (paseos) con simpatizantes.

La expectación que generaba la ronda de consultas de Rebelo de Sousa en un escenario de gobierno minoritario, como vaticinaban las encuestas, ha desaparecido tras la mayoría absoluta del Partido Socialista. El presidente de la República pidió estabilidad política en su discurso de Año Nuevo y las urnas se la han concedido: “Una Asamblea de la República y un Gobierno con legitimidad renovadas para los próximos cuatro años”.

Desaparecida la inestabilidad, a Rebelo de Sousa se le reclamará ahora que ejerza de contrapeso para evitar los excesos que pueda cometer un Gobierno con las manos libres como el que tendrá António Costa tras lograr la segunda mayoría absoluta que alcanza el socialismo portugués desde 1975 [ha habido otras cuatro de la derecha]. Hasta ahora, la convivencia entre ambos, a pesar de que se sitúan en familias políticas antagónicas (Rebelo de Sousa fue líder del conservador Partido Social Demócrata), ha sido tan buena que los socialistas apoyaron la reelección presidencial de Rebelo de Sousa hace un año en detrimento de la candidata socialista, Ana Gómez. Esto no impide que haya habido fricciones entre Belém, sede de la Presidencia de la República, y São Bento, residencia del primer ministro, como ocurrió hace meses a propósito del relevo en la cúpula de la Armada.

En la noche electoral, António Costa tendió la mano al diálogo a los otros partidos, pero también fue claro sobre las líneas que marcarán su mandato: “Seremos fieles al programa socialista, sobre todo aquello que constaba en los Presupuestos del Estado que no fueron aprobados”. El apego de Costa al documento presupuestario frustrado quedó claro en campaña, cuando lo mostró en el plató de televisión al final de su debate con el candidato del PSD, Rui Rio, para señalarlo como el camino que seguiría si ganaba los comicios. Aunque respetaba el equilibrio presupuestario (las famosas “contas certas”, cuentas correctas), había concesiones a los antiguos socios de la geringonça (el acuerdo parlamentario con el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués) en materia social y salarial y que fueron insuficientes para llegar a un acuerdo.

Entre las decisiones más inmediatas que el nuevo Gobierno podría tomar figuran la rebaja fiscal en la tributación de la renta para un millón y medio de hogares, el aumento de las pensiones más bajas o la gratuidad progresiva de las guarderías, así como medidas laborales acordadas con empresarios y sindicatos en la llamada Agenda del trabajo digno. En campaña Costa prometió poner en marcha reformas en materia de justicia y, sobre todo, en la economía para intentar sacar al país del furgón de cola de la UE. Aunque la cifra de paro es baja (6,1%), la tasa de riesgo de pobreza en 2019 era del 16,2%. En diciembre el Gobierno presentó una estrategia nacional para tratar de rebajar ese porcentaje al 10% (algo más de un millón de personas) antes de 2030. La subida de los sueldos es una de las medidas para atajar la pobreza entre trabajadores en activo. El salario mínimo para 2022 es de 705 euros, uno de los más bajos de Europa.

Los fondos de recuperación europeos (16.600 millones de euros) son el oxígeno que el Gobierno luso quiere trasladar a la economía para cambiar su modelo, con el refuerzo de las exportaciones, la apuesta por la energía verde y la transformación digital. “En Portugal conviven dos Portugales: el que se formó antes de 1974 en un sistema deficiente y el que lo hizo después con un modelo educativo bueno. Para cambiar el modelo económico necesitamos hacer una transformación digital y no queremos dejar a nadie sin un mínimo de competencias tecnológicas para evitar la exclusión social y económica”, explicaba días atrás en una entrevista a este diario el secretario de Estado para la Transición Digital, André de Aragão Azevedo. Un 23% de los portugueses nunca había utilizado internet en 2019. El porcentaje es ahora del 16%.

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En el ámbito social, Costa ha asegurado que quiere apuntalar el Sistema Nacional de Salud, exhausto tras la pandemia y renqueante desde los recortes de la troika. Más de un millón de portugueses no tienen médico de familia. En varios hospitales ha habido dimisiones en bloque por la falta de recursos y el agotamiento del personal. En educación, donde los indicadores han mejorado en los últimos años, se perfila como un problema grave la falta de profesores para cubrir las jubilaciones futuras.

António Costa pretende también abordar la reforma territorial, con un nuevo referendo sobre la división de la parte continental del país en cinco regiones. Ha prometido una consulta en 2023. En la anterior, realizada en 1998, la regionalización recibió un rechazo del 63%.

Para acometer los cambios el líder socialista ya avisó en campaña de que haría un Gobierno más reducido. El actual tiene 19 ministerios y 50 secretarías de Estado.

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El Partido Socialista (PS) portugués obtuvo ayer una inesperada mayoría absoluta de diputados (117/230, con el 41,8% de los votos; 108 en 2019). En otras palabras, la inmensa mayoría de los sondeos publicados en las dos últimas semanas, en particular los últimos del 28 de enero de 2022, daban una situación de empate técnico entre el PS, en ligero descenso, y el PSD (centro-derecha, liberal), en constante crecimiento, así como un empate técnico entre la izquierda y la derecha. La imagen que ofrecían las encuestas era, por tanto, que todo estaba abierto, pero la mayoría absoluta era un espejismo improbable; podía haber una mayoría de izquierdas en el Parlamento, que requería acuerdos para formar gobierno, o una mayoría de derechas, ídem.

Sin embargo, aunque los votos de las dos circunscripciones de la emigración (con dos escaños cada una, generalmente repartidos entre el PS y el PSD) aún no se han contabilizado, ya sabemos hoy que el PS obtuvo una inesperada mayoría absoluta y gobernará en solitario. Los izquierdistas radicales perdieron muchos votos y escaños: el Bloque de Izquierda (BE) pasó de 19 a 5 diputados; los comunistas y su satélite los verdes (PCP-PEV), de 12 a 6, con el PEV fuera del parlamento y los comunistas, con una larga presencia, también; el Partido de las Personas, los Animales y la Naturaleza (PAN), de cuatro a uno; la excepción fue LIVRE, que mantuvo un escaño). En la derecha, la situación es más compleja. El PSD aumentó ligeramente sus votos: pasó de 79 a 76 escaños. El histórico partido de derecha conservadora, cercano a la democracia cristiana (el CDS-PP) se quedó fuera del Parlamento por primera vez desde 1975. Pero hay dos estrellas en ascenso: la derecha populista radical, Chega, que pasó de uno diputado a doce y ahora es el tercer grupo parlamentario. Y la Iniciativa Liberal, un nuevo partido, fuertemente liberal en las tres grandes dimensiones del liberalismo, que ha pasado de uno a ocho escaños.

Portugal sigue siendo una excepción en el sur de Europa tras la Gran Recesión: a pesar de la fluidez del sistema de partidos, su formato se mantiene cercano al bipartidismo imperfecto (PS y PSD suman el 83,9% de los escaños y el 69% de los votos), lejos de la fragmentación y el gobierno compartido típicos del sur de Europa. Pero, ¿qué explica esta inesperada mayoría absoluta para el PS? ¿Y qué hay de la incapacidad del PSD para liderar una mayoría alternativa de derecha? Aquí solo puedo lanzar algunas hipótesis explicativas que deben explorarse más a fondo con encuestas postelectorales y otros métodos.

La primera hipótesis es que las encuestas se equivocaron y nos engañaron. No lo creo: las encuestas portuguesas suelen tener un buen comportamiento en el tiempo, especialmente las más cercanas a las elecciones. Parece más plausible pensar que la situación de cercanía que dibujan las encuestas, con la posibilidad de que gane el PS o el PSD, con mayoría de izquierdas o de derechas, puede haber llevado a muchos votantes de la izquierda radical a concentrar su voto en el PS en el último momento, para evitar una victoria de la derecha (con privatizaciones, supuesta privatización de la sanidad, bajada de impuestos a las empresas, y después a los trabajadores, etc.).

La segunda hipótesis sería que la campaña electoral del PS habría sido un éxito y la del PSD desastrosa. Este no es el caso en absoluto. La campaña del PS fue un caso de estudio de lo que no se debe hacer: empezó diciendo que podía renegociar con la izquierda, luego que solo una mayoría absoluta daría estabilidad, y finalmente que aceptaría cualquier veredicto popular y negociaría con todos para gobernar, si fuera necesario. El PSD, por el contrario, siempre mantuvo las puertas abiertas para un gobierno de derechas, con acuerdos por escrito, y por tanto con una mayor estabilidad esperada.

La tercera hipótesis es que los partidos de la izquierda radical habrían sido penalizados por haber rechazado el presupuesto, mientras que el PS se habría beneficiado. Esta hipótesis tiene dos problemas fundamentales: por un lado, durante la legislatura 2019-2022, el PS rechazó un acuerdo de legislatura por escrito con el BE, que hubiera dado estabilidad a la legislatura, y se dedicó a hablar de entendimientos de izquierdas, pero votando mayoritariamente con el PSD en el Parlamento (alrededor del 60% de las votaciones; la simetría de lo que había ocurrido en la legislatura 2015-2019 en la que las izquierdas gobernaron unidas); por otro lado, el PAN ayudó a aprobar todos los presupuestos del PS entre 2019 y 2022, pero también tuvo graves pérdidas (3/4 del grupo parlamentario se esfumó). Por todo ello, la primera hipótesis me parece la más plausible, aunque tampoco se puede descartar que una parte de los votantes de la izquierda se haya adherido a la narrativa (propuesta por el PS y los grandes medios de comunicación) asociada a la tercera hipótesis.

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La contundente victoria de António Costa en Portugal en las elecciones anticipadas del domingo causó asombro. “La mayoría de la sorpresa absoluta”, resumió el diario Público. Incluso puede que cogiera a traición al propio líder socialista, que en la última semana había dejado de pedir un apoyo tan rotundo a los portugueses, a la vista del retroceso que vivía el Partido Socialista en las encuestas. En su discurso de agradecimiento dijo que los votantes habían mostrado “una tarjeta roja” a las crisis políticas. “Los portugueses han mostrado su deseo de tener estabilidad, certidumbre y seguridad”. La emoción del domingo de Costa, abrazado a su mujer y a su hija, indica el impacto que el triunfo tuvo para el propio político, que ha logrado la segunda mayoría absoluta del Partido Socialista desde 1975. “Uno de mis objetivos es reconciliar a los portugueses con la mayoría absoluta”, proclamó.

La economista y analista política Maria João Marques se explica con más facilidad la victoria socialista que las encuestas que no la vieron venir: “La gobernación de António Costa ha sido bastante al centro, y cuando el PS gobierna así, tiene éxito. A pesar de tener el apoyo del Bloco de Esquerda y del Partido Comunista, era un Gobierno con un centro claro, que eran as contas certas (las cuentas ajustadas). En estos seis años la gente vio que no iba a disparatarse como en la etapa de [José] Sócrates [primer ministro socialista entre 2005 y 2011]”. Y añade: “Lo que menos desean los portugueses es volver al tiempo de la austeridad. Por otro lado, el PSD [Partido Social Demócrata, conservador] es visto como un partido al que solo le preocupa lo tecnocrático y económico; eso puede funcionar en momentos de crisis económica. Ahora estamos saliendo de una, pero la sociedad sabe que ha sido por la pandemia y no por culpa del Gobierno”.

Las encuestas que reflejaban una paridad entre PS y PSD estimularon en parte el voto a Costa, a juicio de Marques. “Pero ya en las municipales fallaron mucho, no consigo explicar qué ocurrió con las encuestas. No son responsables de las derrotas ni de las victorias, pero influyen”, comenta por teléfono.

Costa estrenó su campaña pidiendo una mayoría absoluta, pero rebajó sus expectativas cuando vio que perdía apoyo en beneficio de su rival del Partido Social Demócrata, Rui Rio. La distancia entre ambos se fue acortando hasta que llegaron a la recta final en una situación de igualdad que hacía pensar que el cambio de ciclo político en Portugal estaba a la vuelta de la esquina. Llegó a publicarse a una semana de las elecciones una encuesta en la que Rio aventajaba por seis décimas al socialista. En otras, la ventaja de Costa no superaba los cuatro puntos.

Políticos, periodistas y ciudadanos se creyeron las encuestas. Y eso en sí mismo es un factor que influye sobre parte del electorado a la hora de votar. “Entre las encuestas y lo que ocurrió el domingo está el propio impacto de esas encuestas en el comportamiento electoral”, reflexiona José Santana Pereira, profesor de Ciencias Políticas del Instituto Universitario de Lisboa, una universidad pública, que identifica dos posibles efectos. “Por un lado, el posible empate entre los dos principales partidos llevó a una movilización del voto deseoso de influir para desempatar. El aumento de la participación electoral tiene que ver con esto”, explica por teléfono. El domingo votaron casi 300.000 personas más que en 2019, a pesar de que entonces no había pandemia y a pesar de que la ómicron está causando cifras históricas de contagios. Unos 800.000 electores estaban en aislamiento por estar enfermos o ser contactos de riesgo de positivo. El Gobierno les permitió romper el aislamiento para votar.

El otro movimiento electoral que han podido desencadenar los sondeos ha sido la concentración del voto de la izquierda alrededor del PS. “El electorado de izquierdas ha considerado que lo mejor para impedir un gobierno de derechas, sería reforzar al Partido Socialista, ya que la actual crisis política demostró que eso podría no ocurrir con el voto dividido. El resultado es que se ha fomentado el voto útil en la izquierda”, plantea Santana. El nuevo mapa político demuestra, en su opinión, el recelo de los electores de izquierdas ante la llegada al poder de la derecha y al mismo tiempo la desconfianza en el entendimiento de las formaciones que habían integrado la geringonça en el pasado (PS, Bloco de Esquerda y Partido Comunista Portugués). Su división ante la votación de los Presupuestos de 2022, que por vez primera fueron tumbados desde 1975, abrió la puerta a la crisis política que desembocó en el anticipo electoral.

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El politólogo no considera que las encuestas puedan considerarse fallidas. “La literatura científica muestra que algunos electores son muy sensibles a las encuestas. Nunca sabremos si estaban equivocadas o no porque las encuestas retrataban lo ocurrido a mediados de la semana pasada”, indica.

Lo cierto es que en las dos últimas citas electorales de Portugal, las previsiones demoscópicas han estado lejos de la realidad. En las elecciones municipales de septiembre de 2021, ningún sondeo atisbó el cambio de ciclo político en Lisboa, donde el candidato del PSD, Carlos Moedas, arrebató la alcaldía al PS, que llevaba gobernando 14 años. La previsión de que el socialista Fernando Medina podría lograr la mayoría absoluta llevó a la prensa a subestimar a Moedas hasta el extremo de que ninguna cadena de televisión acudió a cubrir el acto de cierre de campaña del antiguo comisario europeo de Investigación, Ciencia e Innovación entre 2014 y 2019. “Ganamos contra todo y contra todos”, proclamó Moedas tras su inesperada victoria.

Filipe Teles, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Aveiro, no reprocha el trabajo demoscópico: “No creo que hayan fallado de forma significativa. Vemos que todas las tendencias relativas a los partidos más pequeños se han cumplido”. La sorpresa, para Teles, es “la dimensión” de la victoria de António Costa, que ningún sondeo anticipó. “Tal vez sea importante destacar que las encuestas realizadas antes del inicio de la campaña se han revelado siempre como más acertadas”, agrega en un correo electrónico.

El tamaño de las muestras utilizadas es uno de los factores técnicos que influyen en la disparidad entre la previsión y la realidad, que cita Mariana Carmo Duarte, doctoranda en Ciencias Políticas en el Instituto Universitario Europeo de Lisboa. Si las muestras son pequeñas, sus márgenes de error se agrandan. La investigadora considera que pesan más en el desfase aspectos “no técnicos”. “Por un lado”, indica por correo, “los propios encuestados a veces aportan incertidumbre. Normalmente, cuando son interrogados sobre su participación electoral es muy raro que revelen que no van a votar. Incluso muchos que afirman votar a determinado partido acaban por abstenerse, lo que distorsiona los resultados de las encuestas”.

Por otro, cita la influencia de los sondeos en la decisión del votante. “Considero reductor decir que las encuestas fallan. ¿No serán los votantes influenciados por los resultados de las encuestas? La divergencia entre el empate técnico que daban las encuestas en Portugal y los resultados que dieron la mayoría absoluta al PS pueden indicar que los votantes tuvieron en cuenta los sondeos para decidir sobre su voto”, apunta Mariana Carmo.

Una rareza en el panorama europeo

La mayoría absoluta del socialista António Costa en Portugal el pasado domingo supone una rareza en un continente cada vez más acostumbrado a los gobiernos en coalición. De los 27 países miembros de la Unión Europea, solo Grecia y Malta cuentan con Parlamentos donde un único partido suma, al menos, la mitad más uno de los escaños.
En Grecia, Nueva Democracia (centroderecha) ganó los comicios de 2019 con el 33,1% de los votos, un resultado que convirtió a su líder, Kyriakos Mitsotakis, en primer ministro. En Malta, desde 2020 gobierna también con mayoría absoluta Robert Abela, líder del Partido Laborista (centroizquierda), cuya formación obtuvo 37 de los 67 diputados que conforman la Cámara.
Portugal, Grecia y Malta no son, sin embargo, los únicos países con un solo partido al frente del Gobierno. Hay otros Ejecutivos liderados por una sola formación, aunque no obtuvieron mayoría absoluta, por lo que requieren de apoyos externos para sacar adelante sus políticas. Son Dinamarca y Suecia, con Gobiernos socialdemócratas, y Chipre, con los conservadores de DISY.
Hay otros dos países europeos, fuera del grupo comunitario, que también cuentan con Gobiernos de mayoría absoluta. Son los casos de Albania, donde en 2021 ganaron los socialistas de Edi Rama, y Moldavia, donde gobierna el Partido Acción y Solidaridad (centroderecha) de Natalia Gavrilita. / PATRICIA R. BLANCO

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El socialista António Costa ha ganado las elecciones en Portugal con una mayoría absoluta, que se puede considerar histórica en un país poco dado a dar victorias aplastantes a un solo partido. Es la segunda vez que el socialismo logra superar los 116 escaños, la barrera de la mayoría absoluta en una Cámara de 230. La anterior ocurrió en 2005, bajo el liderazgo de José Sócrates, y nadie del actual equipo de Costa tiene interés en recordarla. Sócrates está pendiente de ser juzgado por varios delitos relacionados con la corrupción durante su mandato. “Una mayoría absoluta no es el poder absoluto, no es gobernar solos, es una responsabilidad para gobernar para todos los portugueses”, proclamó Costa en su discurso en el hotel de Lisboa donde celebraron el triunfo este domingo. “Uno de mis objetivos es reconciliar a los portugueses con la mayoría absoluta y con el hecho de que son buenas para la democracia”, dijo casi al final de su intervención. En ese momento, el Partido Socialista (PS) ya daba por seguros los 117 diputados.

Aunque están pendientes de escrutarse parte de los sufragios procedentes del exterior (más de 1,55 millones de portugueses emigrados pueden participar), con el 99% ya computado, el PS había logrado el 41,6% de los votos frente al 27,8% del Partido Social Demócrata (PSD, conservador). Una diferencia entre ambos de 734.000 apoyos, que ninguna de las encuestas de los últimos días pronosticó. Casi todas daban un empate entre sus líderes y alguna llegó a colocar al candidato del PSD, Rui Rio, por delante del socialista. Lo que ninguna vaticinó fue que el respaldo a Costa sería tan contundente que le permitiría alcanzar la mayoría absoluta que le dará la estabilidad parlamentaria que buscaba. A título personal, el triunfo es un hito que le convertirá en el primer ministro que más tiempo permanezca en el cargo desde la Revolución de los Claveles. Superará así al conservador Aníbal Cavaco Silva, que gobernó 10 años, entre 1985 y 1995.

“Se han juntado a los socialistas muchos portugueses de distintas ideas que entienden que en este momento somos el partido que puede garantizar las condiciones de estabilidad”, señaló en un guiño hacia los votantes que ha podido captar tanto en los caladeros de la izquierda, porque les han decepcionado los dos partidos de la geringonça ―los socios parlamentarios minoritarios del PS, Bloco de Esquerda (BE) y Partido Comunista Portugués (PCP)―, como del centro. Ofreció diálogo a todos los grupos parlamentarios, pero también avisó de que gobernará con fidelidad al programa socialista y a las medidas que figuraban en el proyecto de Presupuestos de 2022, tumbados en la Asamblea por sus aliados, BE y PCP.

La tercera legislatura de Costa, que ha ido creciendo en cada cita en las urnas (como ya le ocurrió en los tres mandatos que se presentó a la Cámara Municipal de Lisboa), será mucho más cómoda que las dos anteriores, aunque enfrente tendrá una Cámara más hostil, con dos formaciones de derechas en ascenso más beligerantes que el PSD, el ultraderechista Chega y la Iniciativa Liberal. Ambas fuerzas han crecido a costa de las fugas del PSD, que ha perdido ocho escaños (de 79 a 71), y de la extinción del Centro Democrático Social (CDS), una formación de largo historial en Portugal y experiencia de gobernación. Por vez primera en 47 años de democracia se quedó fuera del Parlamento, lo que llevó a su líder, Francisco Rodrigues dos Santos, a dimitir y reprochar el escaso apoyo interno: “Nunca tuve tregua de mis opositores”.

El candidato del PSD, Rui Rio, tras el discurso donde reconoció su derrota, en Lisboa.
El candidato del PSD, Rui Rio, tras el discurso donde reconoció su derrota, en Lisboa. STRINGER (REUTERS)

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También el presidente del PSD, Rui Rio, abrió la puerta a su salida aunque sin ser muy explícito: “Si se confirma que el PS tiene mayoría absoluta y, por lo tanto, un horizonte de gobierno para cuatro años, no veo cómo puedo ser útil en este marco, pero el partido decidirá”. Rio reconoció al Partido Socialista como el gran vencedor al movilizar el voto útil de la izquierda. “En la derecha no hubo la misma unión, se dispersó. Y nosotros no alcanzamos, ni de lejos ni de cerca, los objetivos que queríamos”, sostuvo.

Las dos fuerzas tradicionales de la derecha, PSD y CDS, pierden peso empujadas por dos partidos nuevos, que entraron por vez primera a la Asamblea en 2019 con un solo escaño y un discurso más radical. El Chega logró convertirse en la tercera fuerza, con el 7,15% de los votos, que le dieron 12 parlamentarios. El salto le permitió desbancar al Bloco de Esquerda, que era uno de los principales objetivos de su líder, André Ventura. Del otro, sobrepasar el listón del 10%, se quedó lejos. En una noche de euforia, Ventura criticó al PSD, su partido hasta 2018, y avisó a los socialistas: “La derecha no ha sabido estar a la altura de sus responsabilidades. Pasó todo el tiempo diciendo que no haría acuerdos con el Chega y el resultado está ahí. ¡António Costa, ahora voy a por ti!”. La consolidación de Ventura acaba con la excepcionalidad portuguesa en Europa, ya que ha sido uno de los últimos países en asistir al crecimiento de un partido de extrema derecha.

Iniciativa Liberal, que ha pasado de uno a ocho diputados, se convierte en la cuarta fuerza y da un gran espaldarazo a su líder, João Cotrim de Figueiredo, que defiende un liberalismo a ultranza en la economía (propone eliminar la progresividad fiscal en favor de una tasa única del 15%, entre otras medidas). La diferencia con Chega reside más en la posición ante nuevas reivindicaciones sociales, como la eutanasia o la gestación de vientres de alquiler, que los ultras rechazan.

Los votantes han castigado duramente a los socios minoritarios del Partido Socialista que habían formado en 2015 la geringonça, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués. Ambas formaciones votaron en contra del Presupuesto de 2022 por discrepancias con el PS en materias como la subida del salario mínimo o el refuerzo del Sistema Nacional de Salud, y parecen haber sido responsabilizados por los electores. El Bloco, que se mantenía como tercera fuerza desde 2015, con 19 diputados, ha sufrido un varapalo mayúsculo y solo ha logrado retener cinco escaños, su peor resultado desde 2002. Tras una sangría de 252.000 votos, pasa a ser la sexta fuerza, por detrás de la coalición formada por comunistas y Los Verdes (CDU), que pierde la mitad de los representantes (de 12 a 6), aunque su fuga de votos es más contenida que la del Bloco. Al retroceso comunista también ha podido contribuir que su candidato, Jerónimo de Sousa, se tuvo que retirar de la campaña para someterse a una intervención de urgencia y solo se reincorporó en los últimos días.

Lo cierto es que a los comunistas les ha ido mal en las urnas cuando han apoyado a los socialistas, como en la primera legislatura de la geringonça, y cuando los han dejado en la estacada, como ahora. El electorado del Bloco, sin embargo, se ha comportado de forma distinta. En 2019 le concedió el mismo apoyo que en 2015, cuando sumaron fuerzas al Partido Socialista y al Partido Comunista Portugués para presentar una moción de censura contra Pedro Passos Coelho (PSD), que había ganado las elecciones con un margen estrecho. Esa primera legislatura, Costa contó con la complicidad permanente de sus socios para dar estabilidad institucional y presupuestaria al país.

El entendimiento se torció a partir de la segunda legislatura, en 2019, hasta llegar a la ruptura final del pasado noviembre, cuando el Gobierno no pudo aprobar los Presupuestos. La incertidumbre política decidió al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, a disolver la Cámara y convocar elecciones anticipadas. A partir del martes, Rebelo de Sousa comenzará a recibir a los líderes políticos en el palacio de Belém antes de encargar la formación de Gobierno.

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