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Nuevo escándalo en el Ejército: capturaron a 5 militares en Nariño por presunta corrupción

Autoridades investigan presunto tráfico de municiones de uso restringido y privativo de las Fuerzas Armadas.

Noticias Nariño.

Cinco militares del Ejército Nacional y un civil, cuya identidades se mantienen en la más completa reserva, fueron capturados por unidades de inteligencia de la Fuerza de Tarea Hércules que opera en Tumaco.

La investigación se adelanta desde hace varios meses por un fiscal del grupo de crimen organizado de la Fiscalía.

Señalan que los uniformados son investigados por presuntos delitos como concierto para delinquir agravado; peculado por apropiación en concurso homogéneo y sucesivo y tráfico, fabricación y porte de armas, municiones de uso restringido y privativo de las Fuerzas Armadas.

de los militares
Este es el comunicado que emitió la Fuerza de Tarea Hércules.

La información fue entregada por el propio el comandante de la Fuerza de Tarea conjunta de Estabilización y Consolidación Hércules, general Jaime Alonso Galindo.

Enfatizó en que los capturados de inmediato fueron puestos a disposición de un juez con función de control de garantías quien definirá su situación judicial

“Estas acciones se generan con el propósito de coadyuvar en el fortalecimiento de la política institucional de transparencia y de adelantar acciones de prevención y detección de comportamientos delictivos”, sostuvieron.

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De acuerdo con los padres de familia y estudiantes de la institución, el agresor sería otro alumno del centro educativo. «Agarró por la fuerza a mi hermanita de 14 años e intentó abusar de ella en el baño de los hombres», denunciaron.

Noticias Bogotá.

Un nuevo escándalo relacionado con un presunto caso de abuso o agresión sexual sacude nuevamente una institución educativa en la ciudad de Bogotá.

Los hechos denunciados tuvieron lugar este jueves 17 de marzo en el Colegio El Ensueño IED, en la localidad de Ciudad Bolívar.

El caso fue dado a conocer por una joven que reportó a través de redes sociales que su hermana de 14 años de edad, estudiante de dicha institución, había sido víctima de violencia sexual por parte de otro alumno.

La situación desencadenó una fuerte protesta.

Las denuncias de la hermana de la víctima

El caso fue dado a conocer a través de redes sociales, allí, la hermana de la víctima realizó una publicación en donde resumía parte de la denuncia.

  • «Quiero hacer una denuncia pública en contra de Andrés F., alias ‘Rangel’, quien en las horas de la mañana intentó abusar sexualmente de mi hermanita de 14 años de edad».
  • «(…) ella se encontraba comiéndose una mandarina cuando Andrés F. de noveno B la coge la coge del cuello y la mete al baño de hombres. Empieza a tocarle todas sus partes íntimas, a besarla y a intentar penetrarla».

Explica que su hermana le exigía parar, se defendió, rasguñó la cara y logró escapar.

  • «Llega mi hermana a bañarse llorando y le cuenta a mamá cómo sucedieron los hechos».

Manifiesta que al llegar a la institución a denunciar los hechos con los docentes, uno de ellos se comportó de manera violenta. Intentaron explicar al coordinaron y éste les contestó: «sigan el conducto regular de una violación».

Al tratar de hablar con la psicóloga y la rectora de la institución el tema no habría sido diferente, «todos nos dieron la espalda».

Denuncian les impidieron el ingreso al colegio, negaban los hechos que reportaban «y protegían a Andrés asegurando que él no era ningún violador. Todo sin investigar», relataron.

Lo que dijo la Alcaldía sobre las denuncias

Sobre los hechos, desde El Tiempo indicaron que «la Alcaldía de Bogotá se refirió al caso mediante una comunicación oficial».

«El presunto agresor está en el centro zonal ICBF y la víctima se encuentra bajo valoración médica, y en proceso de restablecimiento de derechos».

Frente a la intervención del ESMAD y las denuncias de violencia

  • «No hay confrontación equipos en terreno, sin embargo seguimos en monitoreo permanente».
  • «La denuncia de abuso está siendo atendida por la Secretaría de Educación, Personería e ICBF, en articulación con la Secretaría de Seguridad y la Alcaldía Local de Ciudad Bolívar», publicó el medio.

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Alias Matamba no aparece en La Picota donde lo tenían, escándalo en medio del escándalo por presunto fraude electoral
‘Matamba’ es considerado, por los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, un narcotraficante con un extenso poder, pues tenía el control del 10 % de los cultivos ilícitos de la región oriental.

‘Matamba’ cuenta con un extenso prontuario delictivo; lleva más de 20 años cometiendo innumerables crímenes, sobre todo, en Nariño según la investigación judicial.

Noticias Nariño.

Otro caso de corrupción volvió a rondar al Inpec y la cárcel La Picota, con la fuga de Juan Larrison Castro Estupiñan, alias ‘Matamba’, jefe del Clan del Golfo y mano derecha de alias ‘Otoniel’.

Estos hechos se presentan en medio del escándalo por presunto fraude electoral, lo cual ha desatado todo tipo de reacciones.

Según el Ministerio de Justicia, el hombre se habría fugado del pabellón de extraditables, con la complicidad de un guarda del INPEC.

Las primeras versiones indican que ‘Matamba’ habría salido en horas de la madrugada.

Y según se conoció, el hombre no estaba recluido en el pabellón de alta seguridad, pese a ser uno de los principales criminales del país y a donde se había pedido, lo llevaran.

En un primer conteo de los internos, el narcotraficante —cuyo caso destapó una olla de corrupción con militares y exmilitares— no apareció.

En otro patio apareció otro interno que al parecer sería ‘Matamba’ y se le estaban tomando las huellas dactilares para hacer las verificaciones legales del caso, pero se trataría de otro hombre.

Ante esta nueva fuga, de inmediato se activó el plan candado, con colaboración de la Policía Nacional.

Duque se pronunció

Frente a este hecho, el presidente Iván Duque se mostró indignado por la fuga.

“Ya hablé con el fiscal general de la nación para que se hagan todas las capturas que sean necesarias a los que propiciaron esa fuga por parte de la guardia del centro de reclusión ya no hay más acciones de paños de agua tibia frente al Inpec”. dijo.

Anunció además que propondrá una reforma integral administrativa del sistema penitenciario y carcelario de Colombia.

“Es muy importante que nosotros tengamos claro que el sistema no puede seguir teniendo esas conductas sin que hayan sanciones ejemplarizantes (…) Son muchos fenómenos que se han presentado así en Colombia, pero ya no más. Ya se nos llenó la coronilla”, aseveró el presidente.

‘Matamba’ es considerado, por los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, un narcotraficante con un extenso poder, pues tenía el control del 10 % de los cultivos ilícitos de la región oriental y contaba con cerca de 140 hombres bajo su mando.

También cuenta con un extenso prontuario delictivo, con más de 20 años cometiendo innumerables crímenes, sobre todo, en Nariño. Su vida delictiva comenzó en la década de los 90, cuando se enroló en las Farc.





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Colegio MaryMount
Denuncian que un grupo de exalumnas, padres y abogados se presentaron a la institución en anteriores años, sin embargo no se procedió como se debía en ese momento, el Colegio MaryMount ya tendría indicios de los presuntos abusos y no habrí actuado.

Tras la difusión del caso  por redes sociales por parte de exalumnas del prestigioso Colegio MaryMount, que denuncian que los abusos se daban «de manera sistemática», destituyeron a la rectora.

Noticias Bogotá.

El pasdo jueves estalló un escándalo por la denuncia de un presunto caso de abuso sexual en el prestigioso Colegio MaryMount, ubicado al occidente Bogotá, donde al parecer un docente agredió sexualmente a una de las estudiantes.

Este no sería el primer caso de abuso, y en el que señalan a Mauricio Zambrano.

La denuncia al docente del reconocido colegio privado, generó polémica y rechazo, y ante ello, el docente fue retirado de la institución.

A la primer denuncia, a través de redes sociales exalumnas señalaron que los abusos por parte de este profesor «ocurrieron de manera sistemática en los últimos 15 años».

Muchos denunciaron que «es preocupante que la situación ha ocurrido por más de 10 años y la institución no ha se ha pronunciado si no hasta ahora».

Además, también señalan que un grupo de exalumnas, padres y abogados se presentaron a la institución en anteriores años, sin embargo no se procedió como se debía.

Ahora tras el escándalo, varias alumnas y exalumnas presentaron sus casos  demás de inconformidad a través del hashtag #MaryMountNoMásSilencio.

En redes se difunde una imagen que sería el comunicado emitido por la comunidad que denuncia.

A demás, una docente que habría trabajado en la institución, a través de su cuenta de Twitter, denunció que ella puso en conocimiento que en la institución estaban ocurriendo estos casos, pero no hicieron nada.

El Colegio MaryMount se Pronunció

El colegio, el día 22 de febrero mediante un comunicado a padres de familia, informó que una vez conocida la situación se activaron los protocolos de protección e iniciaron las investigaciones disciplinarias.

En el comunicado dicen que: “Desde el primer momento hemos adelantado las investigaciones con total rigurosidad y el acompañamiento de asesores experto, siguiendo con los protocolos del caso y poniendo las alertas ante las instancias correspondientes, con el fin de atender la situación y evitar que los comportamientos bajo investigación se vuelvan a presentar…”.

El docente involucrado, presentó renuncia voluntaria.

Se conoció que el 22 de febrero se puso en conocimiento el caso ante la Fiscalía.

Esta denuncia se hizo inicialmente a través de la W Radio.

Sin embargo, se han ido conociendo más detalles, este fin de semana se conoció que la rectora de la institución privada y una de las más prestigiosas en Bogotá, fue destituida del cargo.

Hasta ahora se desconoce cómo quedaría vinculada a la investigación, puesto que presuntamente, a ella se le informó en varias ocasiones de los comportamientos del docente, pero no hubo respuestas ni acciones.

 





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El respeto a la figura de Isabel II, mucho más en el año en que conmemora el 70º aniversario de su reinado, ha llevado a partidos políticos y medios de comunicación a taparse la nariz al saber que la reina pagará con parte de su patrimonio el acuerdo extrajudicial de su hijo, el príncipe Andrés, en el proceso al que se enfrentaba por abusos sexuales a una menor. El primero en señalar la cifra total del acuerdo alcanzado entre el equipo jurídico del duque de York y los abogados de la demandante, Virginia Giuffre, era el diario The Daily Telegraph, que sugería un montante de más de 14 millones de euros. Otros medios han rebajado a 12 millones la cantidad, pero hay un consenso general sobre la cifra aproximada. Y con la calculadora en la mano, resulta inconcebible que Andrés haya podido lograr de su propio bolsillo el dinero necesario para zanjar el asunto. Oficialmente, cobra 24.000 euros anuales de pensión como veterano de la Armada Real. Y el pasado enero vendió el chalet que tenía en los Alpes suizos, valorado en unos 20 millones de euros pero con una carga hipotecaria de 15 millones.

La presión del Palacio de Buckingham para que Andrés cerrara cuanto antes el asunto era muy grande. 2022 es el año del Jubileo de Platino de Isabel II. Una ocasión que se prolongará durante meses con actos y celebraciones públicas y que la casa real británica contemplaba como la estrategia perfecta para mejorar la imagen de la monarquía. La reina vive su mejor momento de popularidad, a pesar de una pandemia que la mantuvo encerrada en Windsor casi dos años. Y la ciudadanía británica ha aceptado ya la sucesión de Carlos de Inglaterra en el trono, junto a la continuidad que representa su hijo, el príncipe Guillermo. Un asunto turbio como el que suponía un juicio por abusos sexuales a una menor amenazaba con contaminar cualquier esfuerzo de relaciones públicas y estropear un año clave para consolidar la estabilidad de la institución.

Isabel II ha decidido tirar de chequera, y ha contado con la notable ayuda de la prensa conservadora, dispuesta a señalar como único culpable de esta humillación al propio Andrés. Apenas se ha escuchado alguna voz crítica ante la idea de que la Casa de Windsor pague con dinero el silencio de una víctima de abusos sexuales. “Los contribuyentes tienen el derecho a saber de dónde sale el dinero para ese acuerdo [extrajudicial], que debemos asumir que será de varios millones, si no decenas de millones de libras”, ha denunciado Graham Smith, de la minoritaria pero activa organización antimonárquica Republica. A través de internet han logrado recabar más de 3.000 firmas de ciudadanos que exigen una explicación de las cuentas. El líder de la oposición laborista, Keir Starmer, ha decidido sin embargo no hacer leña de la noticia del acuerdo, que “pone fin a un lamentable capítulo”, aunque ha pedido que no se olviden las víctimas de abusos sexuales: “Hay muchas de ellas por todo el mundo, y nunca debemos olvidar esa perspectiva”, ha dicho.

La mayoría de los lujosos gastos del hijo favorito de Isabel II proceden de los ingresos del Ducado de Lancaster. Es una entidad que concentra todos los activos de tierras, patrimonio inmobiliario urbano e inversiones financieras de la reina. Aunque a lo largo de los años ha aumentado el control público de este patrimonio, sigue proporcionando a Isabel II pingües beneficios anuales. La última cifra registrada, en marzo de 2021, era de más de 26 millones de euros. Aunque el Palacio de Buckingham no ha querido hacer ningún comentario al respecto, cualquier ayuda a Andrés, tanto para pagar las costas de su defensa jurídica como para hacer frente al pago del acuerdo extrajudicial, ha tenido que salir necesariamente de ese fondo privado de la reina.

El documento presentado ante el juez estadounidense por las partes, un principio de acuerdo que debe ser ratificado en el plazo de un mes, logra satisfacer las pretensiones del príncipe Andrés y de la demandante, Virginia Giuffre. Sin embargo, el duque de York es claramente el mayor perjudicado en el tribunal que, a todos los efectos, preocupa más al Palacio de Buckingham: el de la opinión pública. El hijo de la reina admite que Giuffre (hoy Roberts de apellido, con 38 años, casada y residente en Australia) “ha sufrido tanto como una demostrada víctima de abusos como por el resultado de los ataques públicos recibidos”, “lamenta su asociación con Epstein [el millonario pedófilo estadounidense] y celebra la valentía que ha tenido Giuffre y otras supervivientes al defenderse a sí mismas y a los demás”. Es decir, aunque evita reconocer expresamente cualquier atisbo de culpabilidad en los presuntos abusos sexuales sufridos por Giuffre, admite su condición de víctima —algo que llevaba años resistiéndose a hacer— y ofrece resarcimiento moral a la manera estadounidense: con una ingente cantidad de dinero. El importe se dividirá en tercios: una parte para la demandante, otra para cubrir la minuta de su abogado David Boies y el equipo que ha trabajado con él y otra tercera para la fundación Victims Refuse Silence (Las Víctimas Rechazan el Silencio) presidida por Giuffre, que ayuda a los supervivientes de abusos sexuales a contar su historia.

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Una mujer usa un móvil ante la sede de NSO, fabricante del programa Pegasus en Herzliya (Israel).
Una mujer usa un móvil ante la sede de NSO, fabricante del programa Pegasus en Herzliya (Israel).JACK GUEZ (AFP)

El escándalo sobre el uso policial ilícito del programa espía Pegasus ha levantado el vuelo en Israel. El software que se apropia de los datos de los móviles sin hacerse apenas notar es fabricado por la compañía israelí NSO, incluida en la lista negra del Departamento del Tesoro de Estados Unidos por exportarlo a países con regímenes autoritarios que lo han utilizado para intervenir dispositivos de opositores, periodistas o defensores de los derechos humanos. La información sobre el ciberespionaje sin orden judicial a altos cargos y ciudadanos de a pie aireada desde hace un mes por Calcalist, diario económico de referencia, ha sacudido a Israel.

La policía desmintió al principio todas las informaciones, pero nuevas revelaciones han mostrado indicios de que los agentes que investigaron a partir de 2015 al entonces primer ministro, el conservador Benjamín Netanyahu, en varios casos de corrupción se extralimitaron y sobrepasaron los términos de una autorización judicial para pinchar móviles de un alto cargo. Entre las decenas de teléfonos intervenidos figuran el de Avner Netanyahu, hijo del anterior jefe de Gobierno, y el del ex director general del Ministerio de Telecomunicaciones, Shlomo Filber, convertido en testigo de cargo clave tras haber alcanzado un pacto con los fiscales para librarse de una larga condena.

La declaración de este arrepentido es la base de la acusación en el llamado caso 4.000 o caso Bezeq, por el nombre del grupo gigante de telecomunicaciones israelí. También fueron presuntamente intervenidos sin el aval de un tribunal los móviles de directivos y periodistas del portal informativo Walla —al que Netanyahu reclamaba coberturas favorables y el de Iris Elovitch, esposa del propietario del medio digital y principal accionista de Bezeq.

En medio del torrente de revelaciones periodísticas, el ministro de Seguridad Pública, Omer Barlev, responsable de la policía, y el jefe del Ejecutivo, Naftali Bennett, han anunciado la creación de una comisión de investigación oficial. Ambos aguardan el resultado de las indagaciones emprendidas por la Fiscalía General con la asistencia del Shin Bet y el Mosad, los servicios de inteligencia interior y exterior, respectivamente, bien conocidos por su dominio del ciberespionaje.

El tribunal de Jerusalén que juzga a Netanyahu desde 2020 por las acusaciones de soborno, fraude y abuso de poder ha dejado además en suspenso el proceso desde la semana pasada a la espera de que se aclare la legalidad de las pruebas obtenidas mediante pinchazos policiales.

Michael Birnhack, jurista experto en derecho a la intimidad y tecnología, reconoce que “la normativa que regula las intervenciones de la policía israelí es caótica”. “Hay una ley para las búsquedas informáticas, otra para los metadatos y otra que regula las escuchas telefónicas”, precisa en un intercambio de correos electrónicos este profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Tel Aviv, “pero ninguna autoriza el uso de programas espía”.

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Además de altos cargos o familiares de Netanyahu, la sombra de Pegasus se ha proyectado también sobre alcaldes o activistas de la sociedad civil, según las revelaciones de Calcalist. Los agentes arrancaban sus búsquedas aleatoriamente sin permiso judicial. Se intervenían los teléfonos de los supuestos sospechosos con el programa Pegasus, que captura los datos del móvil. Si lograban pescar alguna prueba, solicitaban la autorización del tribunal para blanquear el caso y regularizar la investigación retroactivamente.

“Existe un amplio consenso en Israel sobre la necesidad de aclarar por ley los límites de las investigaciones de la policía. Obviamente, los responsables policiales reclaman mejores herramientas tecnológicas para perseguir a los delincuentes, lo que también va en favor del interés público. Sin embargo, hay que establecer limitaciones y no se debe permitir el uso de todas las tecnologías posibles”, advierte Birnhack, exmiembro del Consejo Público Israelí para la Protección de Datos.

El consejero delegado de NSO, Shalev Hulio, aseguró el pasado verano que el programa espía no estaba diseñado para operar en los teléfonos de Israel. Lo garantizó poco después de que una investigación periodística internacional informara de que medio centenar de gobiernos lo habían usado para controlar a disidentes y reporteros. NSO sostiene que sus empleados no operan Pegasus y se limitan a “suministrar tecnología a agencias de inteligencia estatales” en la lucha contra el terrorismo o el crimen organizado, contando siempre con autorización del Gobierno israelí.

Doctrina del “fruto del árbol envenenado”

En un informe preliminar, la Fiscalía General avanzó el domingo ante el tribunal de Jerusalén que juzga a Netanyahu que no ha observado una intervención de teléfonos ilegal por parte de la policía. Se trata de los primeros datos de la investigación ordenada en enero por el fiscal general, con el asesoramiento del Shin Bet y el Mosad, cuyos resultados está previsto que se presenten el miércoles.

“Si se demuestra que alguna evidencia se obtuvo de manera ilegal o sin autorización, esa prueba específica puede declararse inadmisible. No obstante, se pueden permitir otras búsquedas basadas en esos mismos indicios”, sostiene el profesor Birnhack. En Israel no se aplica la doctrina jurídica del “fruto del árbol envenenado”, que establece que una prueba obtenida por medios ilícitos es también ilícita y no puede tener validez en el proceso, surgida hace un siglo en EE UU.

“La incorporación de las evidencias obtenidas mediante tecnologías de software espía queda a discreción del tribunal en un juicio penal”, aclara el profesor de la Universidad de Tel Aviv. “Es pronto para decir si hubo una actuación policial ilícita y si proporcionó pruebas relevantes en el proceso de Netanyahu”, concluye.

Los investigadores de la Fiscalía General han examinando unos 1.500 móviles supuestamente afectados por el ciberespionaje a través de una base de datos interna que ha sido facilitada por la empresa NSO, según anunció el domingo el Ministerio de Justicia israelí, citado por Reuters. La compañía fabricante de Pegasus ha asegurado que el registro de control que ha aportado ofrece información exacta sobre qué teléfonos fueron intervenidos.

El veterano columnista Nahum Barnea recuerda que el uso de este tipo de tecnología coincidió con la llegada a la policía, a partir de 2015, de mandos procedente del Shin Bet, habituados al ciberespionaje masivo en Palestina. “Se transformó en una especie de Stasi”, reflexiona Barnea en las páginas de Yedioth Ahronoth, “una organización que espiaba a cualquiera que no le cayera en gracia [en Alemania oriental]”. Las críticas sobre el empleo de programas de ciberespionaje israelíes en el resto del mundo apenas habían captado la atención de la opinión pública. Hasta ahora.

El Mosad pidió ayuda a NSO para pinchar móviles

A pesar de contar con sus propias herramientas de espionaje de comunicaciones, el Mosad ha intervenido también móviles y dispositivos desde Israel con el programa Pegasus, según informaba el diario Haaretz, que citaba confidencialmente a empleados del grupo NSO. Agentes del servicio de inteligencia exterior solicitaron a técnicos del fabricante de Pegasus que accedieran a algunos teléfonos en su nombre, presumiblemente porque no lograban hacerlo con sus propios programas o para no dejar rastro de su intervención.

Responsables del Mosad solían visitar la sede central de NSO en Herzliya (norte de Tel Aviv) junto con delegaciones extranjeras, en particular de países árabes y africanos, interesadas en adquirir el programa Pegasus. Tras haber servido como herramienta para la expansión de la ciberdiplomacia israelí, la tecnología de espionaje telefónico diseñada por empresas como NSO ha pasado a formar parte del estricto sistema de seguridad interna del Estado de Israel.

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Invitados a la fiesta realizada en la cima del Tepuy Kusari, en Venezuela.
Invitados a la fiesta realizada en la cima del Tepuy Kusari, en Venezuela.RR. SS.

La lujosa celebración de una fiesta de cumpleaños en la cima del Tepuy Kusari, dentro del parque nacional Canaima, en la Amazonia venezolana, ha terminado en escándalo por el grave impacto ambiental que ha provocado en un espacio natural que es patrimonio mundial. Grupos ambientalistas han protestado por los daños que ha causado esta fiesta multitudinaria que incluía la instalación de carpas para pasar la noche y la llegada de los invitados en helicóptero, poniendo en riesgo un frágil y rico ecosistema. Canaima es uno de los destinos turísticos más valorados en Venezuela y desde 1994 es patrimonio mundial por la Unesco.

El cumpleañero era Rafael Oliveros Russián, un empresario local vinculado al turismo con importantes intereses en esa zona además de en la Isla de Margarita. Los invitados, alrededor de una veintena de personas, llegaron a la intrincada zona en helicóptero. Las crónicas sociales destacaron que el código de vestimenta para los hombres era traje formal y el de las mujeres, traje largo. Se sirvió fondue y sopa goulash. Al caer la tarde, se brindó con champaña. Las críticas han sido tan numerosas que el fiscal general, Tarek William Saab, se ha visto obligado a anunciar una investigación por los posibles daños ambientales causados por el ágape.

Un ecosistema único en el mundo

Los tepuy son gigantescas mesetas de pendientes abruptas y cimas planas, con un delicado y casi único ecosistema de fauna y flora. Están considerados uno de los tesoros de la Amazonia. Se trata de formaciones geológicas antiquísimas, únicas el mundo, pertenecientes al denominado Macizo Guayanés. A sus entrañas solo llegan deportistas extremos y escaladores. La mayoría de los tepuy que existen en el mundo están en Venezuela. En el seno Auyantepuy, el más grande de todos, está el Salto Ángel, la caída de agua en cascada más alta del planeta.

Durante los últimos años, la Amazonia venezolana está siendo vulnerada por la incesante actividad minera promovida por el Gobierno de Nicolás Maduro con la ayuda de las Fuerzas Armadas, lo que ha causado serios daños en cabeceras de ríos y destrozos ambientales. Las zonas selváticas del parque nacional Canaima, amenazadas por la voracidad extractiva, constituyen un exótico destino de descanso símbolo del turismo premium del país.

Vista aérea del Tepuy Roraima, en Venezuela.
Vista aérea del Tepuy Roraima, en Venezuela.

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La ONG SOS Orinoco denunció que el evento constituye “un abuso contra el patrimonio ecológico del país”. “El viernes 4 de febrero tuvo lugar una fiesta privada con pernocta para celebrar los 50 años del director general de Campamento Canaima, en la cima del Kusari Tepuy (Cerro Venado), ubicado justo frente a la Laguna de Canaima. Este tipo de actividades en parques nacionales, más aún, en un sitio que es patrimonio mundial como Canaima, viola los reglamentos que están diseñados para proteger la fragilidad ecológica de este lugar único en el planeta”, añaden.

Periodistas, políticos, activistas ambientales, caricaturistas, escritores y académicos, algunos desde el exilio, han criticado y ridiculizado con ferocidad la fiesta, un episodio que tiene lugar en un contexto turbulento y de crisis en Venezuela. Karen Brewer –hija del famoso explorador y naturalista Charles Brewer Carías- se mostró indignada en las redes sociales: “Nuestros indígenas tienen mercurio en sus cuerpos. El Arco Minero del Orinoco [el proyecto extractivo de Maduro en la zona] destruye nuestros ecosistemas, acaba con la biodiversidad y contamina nuestros ríos. Estamos siendo testigos de la destrucción de nuestro país por la avaricia y la indiferencia. Estamos obligados a comprender las consecuencias de este crimen ecológico, social y cultural”.

Oliveros Russián, un empresario sin militancia política, es familiar de Clodosvaldo Russián, fallecido hace unos años, un militante histórico de la izquierda venezolana y contralor (funcionario encargado de controlar los gastos de la administración pública) durante los mandatos de Hugo Chávez. Oliveros Russián se ha desempeñado como representante del sector turístico en el denominado Consejo Nacional de Economía Productiva, organizado por Miraflores con el empresariado en los últimos años.

Los asistentes a la fiesta del Tepuy Kusari eran casi todos personalidades del mundo de la moda, empresarios o influencers. Entre ellos estaba Osmel Sousa, el famoso zar de la belleza, celebridad nacional y durante décadas jefe de la exitosa organización de Miss Venezuela.

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Rara vez llega al poder el primero en levantar la daga, pero el hecho de que lo haga el ministro de Economía, el puesto con más poder en el Gobierno británico después del de primer ministro, sugiere que Boris Johnson se está acercando a sus idus de marzo. Rishi Sunak, con una aparente candidez, cuestionó públicamente el pasado jueves el comportamiento de su jefe, al ser preguntado por la presunta calumnia que Johnson lanzó a principios de la semana contra el jefe de la oposición. A Sunak se le ha unido este viernes el ministro de Sanidad, Sajid Javid, que ha elogiado a Keir Starmer.

El primer ministro había acusado a Starmer de haber evitado investigar al pedófilo Jimmy Savile durante el tiempo en que ocupó el puesto de Fiscal General del Estado. Para entender la gravedad del golpe bajo, es necesario recordar la conmoción nacional y el dolor que provocó la noticia de que el popular presentador de programas musicales de la BBC había abusado sexualmente de al menos 500 menores y mujeres. Varios diputados conservadores han tomado la decisión de reclamar abiertamente la dimisión de Johnson después de que el primer ministro se negara a rectificar sus palabras. Cuando finalmente lo hizo, el jueves pasado, su explicación fue más una excusa para justificarse a sí mismo que un perdón en toda regla a su rival político. “Entiendo que no tuvo nada que ver personalmente con la decisión (…) Me refería a su responsabilidad al frente de la organización”, intentó aclarar Johnson.

Su reticencia a dar marcha atrás debidamente provocó que Munira Mirza, la directora de Estrategia Política de Downing Street y fiel asesora de Johnson durante 14 años, abandonara el barco después de enviar una demoledora carta de dimisión a Johnson. “Eres mucho mejor hombre de lo que jamás entenderán muchos de tus detractores, y por eso resulta tan desesperadamente triste que te hayas rebajado a ti mismo al hacer una acusación tan injuriosa contra el líder de la oposición”, explicaba Mirza, frustrada porque su jefe y amigo no hubiera atendido su petición de que se disculpara como era apropiado.

Pero los dos golpes políticos más preocupantes para Johnson se los proporcionaron dos de los ministros que aspiran a sucederle y a ocupar su puesto. “Para ser honesto, yo nunca habría dicho eso, y me alegra que el primer ministro haya aclarado sus palabras”, había dicho Sunak. Poco después, el ministro de Sanidad, Sajid Javid, elogiaba públicamente el historial del laborista Starmer: “Cuando dirigió la Fiscalía hizo un buen trabajo, y merece todo nuestro respeto. Es un trabajo muy duro, merece un respeto absoluto. Y por eso el primer ministro ha salido a aclarar sus palabras”, ha dicho Javid en SkyNews. A partir de los códigos conspirativos que se han vuelto a activar en las últimas semanas en Westminster y Whitehall (como se conocen al Parlamento y a la zona donde se concentran los departamentos del Gobierno británico), mucho más importante que el elogio a las aclaraciones de Johnson es el hecho de que dos de sus ministros con mayor peso político se desmarquen públicamente de su desafortunado ataque al líder de la oposición.

La foto de la cerveza

La imposibilidad de cerrar definitivamente a principios de la semana la investigación sobre las fiestas ha provocado un continuo goteo de filtraciones que mina la credibilidad de Johnson. El informe de la funcionaria Sue Gray, a pesar de su demoledora condena a los “fallos en el liderazgo”, el “incumplimiento de los estándares éticos” y el “consumo excesivo de alcohol” en Downing Street, no pudo dar detalles sobre los 16 eventos denunciados. Doce de ellos se hallan aún bajo las pesquisas de Scotland Yard, y la policía exigió a Gray que no revelara detalles que pudieran comprometer la investigación. El Daily Mirror asegura en su edición de este sábado que en al menos una de las casi 300 fotos que han llegado a manos de los agentes encargados del caso aparece Johnson con una cerveza en la mano. Se trataría de la fiesta sorpresa del 19 de junio de 2020, en pleno confinamiento, celebrada en el Cabinet Room de Downing Street, la sala con la mesa ovalada donde se reúne el Gobierno en pleno. Fue un evento organizado por Carrie Symonds, la esposa de Johnson, que concentró a cerca de 30 personas. La foto, según el tabloide, muestra al primer ministro con una lata de Estrella Damm, la cerveza catalana, en la mano. Junto a él está el propio Sunak, aunque en su caso se limita a tomar un refresco sin alcohol.

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Más de una docena de diputados conservadores han anunciado ya públicamente su decisión de enviar una “carta de retirada de confianza” al histórico Comité 1922, que organiza oficialmente los procesos de elección de líder del Partido Conservador. El número de cartas recibidas se mantiene en secreto, pero si alcanza la cifra mágica de 54 (el 15% del grupo parlamentario), se activaría automáticamente la moción de censura interna para cuestionar el liderazgo de Johnson.

Son pocas las voces, en las últimas horas, que defienden sin matices a Johnson. Y algunas de las que lo hacen resultan casi contraproducentes para su causa. Nadine Dorries, la ministra de Cultura que entró en la última remodelación de Gobierno, se ha lanzado a defender a su jefe en los medios con un ardor que ha provocado sonrojo entre sus colegas conservadores. Su argumento: todo el escándalo de las fiestas es una conspiración con la que los partidarios de permanecer en la UE y contrarios al Brexit intentan revertir esa decisión.

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El desesperado intento de Boris Johnson por desviar la atención del escándalo de las fiestas en Downing Street le ha jugado una mala pasada y ha causado este jueves cuatro dimisiones en su equipo por el desafortunado ataque lanzado contra el líder de la oposición. Se trata del director de Comunicación de Johnson, de una importante asesora del primer ministro, del jefe de Personal y de su principal secretario privado.

El episodio que ha motivado al menos una de estas salidas ocurrió el pasado lunes, cuando el primer ministro británico acusó en la Cámara de los Comunes a su rival, el laborista Keir Starmer, de haber renunciado a procesar al pedófilo Jimmy Savile cuando era Fiscal General del Estado. En esa época, entre 2008 y 2012, salieron a la luz hasta 500 casos de abusos sexuales a menores y mujeres por parte del conocido presentador de la BBC, que falleció en 2011 sin ser juzgado por sus crímenes. Está más que demostrado que Starmer, quien dio órdenes de que se investigara a conciencia lo sucedido, no tuvo nada que ver con la indolencia inicial con que policía y fiscales desecharon las primeras acusaciones contra Savile. Sin embargo, en las redes sociales ha corrido la consigna contra Starmer, a la que Johnson ha querido aferrarse. “El Partido Conservador es el partido de Winston Churchill. Ahora su líder repite como un loro las consignas de unos violentos fascistas”, dijo el miércoles Starmer en la Cámara de los Comunes mirando a la bancada del Gobierno. Al menos tres diputados tories anunciaron poco después su petición de dimisión al primer ministro, entre ellos el presidente de la Comisión de Defensa del Parlamento, Tobias Ellwood.

Johnson ha intentado finalmente este jueves matizar sus palabras, con una explicación que sonaba más una justificación de sus errores que una disculpa: “Entiendo que no tuvo nada que ver personalmente con esas decisiones”, ha dicho, “Me refería a su responsabilidad al frente de la organización”.

El error de Johnson no ha dejado de pasarle factura. Su ministro de Economía y potencial rival por el liderazgo del partido, Rishi Sunak, llegaba a reprochar al primer ministro sus palabras en público. “Para ser honestos, yo no lo habría dicho. Y me alegra que el primer ministro lo haya aclarado”, ha dicho Sunak.

Las primeras bajas tras las fiestas

El director de Comunicación de Downing Street, Jack Doyle, ha anunciado su dimisión este jueves por la tarde. Era una de las cabezas que, previsiblemente, iba a rodar como parte de la remodelación en profundidad de su equipo que Johnson pensaba hacer para zanjar el escándalo de las fiestas.

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Sin embargo, su cese tiene algo de más deshonroso, porque parece tapar el fiasco de la falsa acusación contra Starmer. Y porque se produce justo después de que una asesora de extrema confianza del primer ministro, que le acompaña desde su época como alcalde de Londres, haya renunciado a su puesto en protesta por la calumnia lanzada contra el líder de la oposición. “No había ninguna base razonable para afirmar algo así, y no era simplemente el toma y daca habitual en política” ha escrito en su carta de despedida Munira Mirza, hasta ahora directora de Estrategia Política en Downing Street. “Fue algo improcedente y partidista, y usó un caso horrible de abusos sexuales a menores”.

La ya exasesora exigió a Johnson que pidiera disculpas públicas. Después de escuchar sus explicaciones este jueves, no se ha dado por satisfecha y ha abandonado el barco.

Horas más tarde se conoció a que a esas bajas se sumaban otras dos: la del jefe de Personal, Dan Rosenfield, y la de su principal secretario privado, Martin Reynolds.

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Diputados, ministros, periodistas… todos lo que se mueven en la “burbuja política” de Westminster Whitehall, en Londres, permanecen paralizados desde primera hora de este miércoles, a la espera que la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete, Sue Gray, entregue su informe final de la investigación en torno a las fiestas prohibidas en Downing Street. Hay un consenso general que señala que las próximas horas serán cruciales para el futuro político de Boris Johnson. El primer ministro ha comparecido este miércoles en la sesión de control de la Cámara de los Comunes para hacer frente a una nueva batería de duras críticas de la oposición laborista, sobre todo después de que en las últimas horas se conociera la decisión de la Policía Metropolitana de Londres de iniciar por su cuenta una investigación de las polémicas fiestas, en medio del confinamiento. Johnson comparece sin que el informe se haya conocido aún, porque resulta inconcebible que anuncie él mismo sus conclusiones sin haber dado tiempo a los diputados a examinarlo con detalle. Lo que ha hecho, sin embargo, es escudarse en la actual crisis de Ucrania para restar importancia al escándalo que le acosa.

La decisión del momento en que el texto se entrega corresponde a Gray, pero Downing Street se reserva la prerrogativa de revisarlo y anular aquellas partes que puedan comprometer la seguridad personal de los funcionarios implicados. Si en algún momento el equipo de Johnson se planteó publicar solo un sumario del informe, la presión de los últimos días ha hecho que se replantearan esa estrategia y anunciaran su voluntad de publicarlo íntegramente.

El líder de la oposición laborista, Keir Starmer, ha señalado la escalada de gravedad de todo el escándalo que supone el hecho de que la policía haya decidido abrir su propia investigación. Johnson, con el mismo tono desafiante que ha decidido adoptar en las últimas horas, se ha escudado en que el informe aún no es público, y que por tanto no puede comentar nada al respecto. A cambio, ha reprochado a Starmer que insista en el asunto de las fiestas mientras hay otros asuntos más importantes sobre la mesa, como la crisis de Ucrania. “El Gobierno del Reino Unido y su primer ministro está logrando unir a todo Occidente en la preparación del paquete de sanciones más duro que sea posible contra Rusia”, ha presumido Johnson. No se ha dejado ni un argumento de ataque en el cajón. Acusaba a Starmer de estar en contra del Brexit o de haber obstaculizado el fin del confinamiento o el despliegue de la campaña de vacunación. Y contaba con el respaldo del puñado de diputados conservadores fieles que mantiene, que no han cesado de gritar y abuchear a la bancada contraria.

Gran parte de los otros diputados conservadores, los que habían expresado su hartazgo con Johnson, optaron finalmente por esperar a la aparición del informe de Gray, antes de decidir si enviaban a la dirección del grupo parlamentario una “carta de retirada de la confianza”. Según los estatutos del Partido Conservador, cuando la dirección del histórico Comité 1922 (el órgano que organiza a los parlamentarios sin cargo en el Gobierno) recibe un número de cartas equivalente al 15% de los diputados, que actualmente supone 54, se activa automáticamente el mecanismo de moción de censura interna. Sería el modo de derribar, en el caso de que prosperara, a Johnson.

El político conservador y su equipo han dado señales en los últimos días de que no están dispuestos a tirar la toalla. Johnson comparecerá en la Cámara de los Comunes de inmediato, una vez publicado el informe de la investigación, para volver a pedir disculpas a la nación e intentar controlar “el relato final de todo lo sucedido”, según han explicado fuentes de Downing Street. Sue Gray no tenía ni competencia ni autoridad para declarar a Johnson inocente o culpable, y se ha limitado a plasmar en su texto una relación completa de los hechos y su contradicción con las normas vigentes para combatir la pandemia. Pero también ha transmitido parte de su información a la Policía Metropolitana de Londres.

Su directora, Cressida Dick, anunciaba este martes la apertura de una investigación sobre varias de las fiestas prohibidas durante el confinamiento. Johnson se verá obligado a declarar ante los agentes que conducen las pesquisas, bien en calidad de testigo, bien en calidad de investigado (con presencia de abogado y previa advertencia de que “no está obligado a declarar en su contra”). La última vez que ocurrió algo así fue en 2006, cuando Tony Blair fue interrogado como testigo en el escándalo del intercambio de títulos honoríficos por dinero. El primer ministro conservador querrá convencer a los suyos de la necesidad de pasar página cuanto antes y concentrarse en asuntos más urgentes, como la crisis de Ucrania y Rusia, o el complicado invierno que atraviesa el país con la inflación disparada y un notable incremento del coste de la vida para muchos hogares británicos.

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El temor, expresado por varios diputados conservadores, reside en que la investigación policial se alargue, y el Gobierno esté todo ese tiempo en un estado de semiparálisis que deteriore aún más la credibilidad de Johnson y del Partido Conservador. “Esto va a arrastrarse durante varios meses, y la mayoría de nosotros quisiéramos dejarlo atrás y volver a la normalidad política. No será posible mientras Johnson permanezca en su puesto”, ha dicho el diputado conservador Robert Syms, otro de los que ya ha expresado públicamente que se está planteando enviar a la dirección del grupo parlamentario una nueva “carta de retirada de la confianza”.

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El popular historiador Peter Hennessy forjó en su día la teoría del “gobierno de la buena gente”. Venía a decir que en un sistema como el británico, que carece de Constitución escrita y se rige por usos y costumbres centenarios, es importante que los gobernantes respeten el espíritu de la ley y tengan interiorizada la idea de que determinados límites son infranqueables. Por eso, resulta sorprendente que la irrupción en la escena política de un personaje como Boris Johnson haya llevado a Hennessy a replantearse sus convicciones, y a pensar que determinadas cosas, como el hecho de que un primer ministro que miente al Parlamento tenga que dimitir de inmediato, deben quedar claramente establecidas por escrito, para que no haya equívocos. “No tiene la menor idea de lo que supone un comportamiento apropiado, ni un procedimiento apropiado. Desconoce las limitaciones necesarias para que el sistema funcione. Si algo le molesta, simplemente intenta deshacerse de ello”, describe el historiador a Johnson en la revista Prospect.

El primer ministro británico se ha embarcado en una intensa ronda de conversaciones telefónicas personales con la mayoría de los parlamentarios conservadores durante el fin de semana, para intentar convencerles de que le permitan seguir en su puesto. Y ha recuperado al equipo de aliados que le ayudaron a lanzar en 2019 su campaña para el liderazgo del partido para poner en marcha otra operación. Esta vez, de supervivencia.

Son muchos los diputados que estos días han expresado su hastío con el político que, paradójicamente, les proporcionó una espectacular victoria electoral en diciembre de 2019. Y en la mayoría de las críticas estaba el reconocimiento implícito de que Johnson fue útil para superar el eterno laberinto del Brexit, que había dividido durante años a la sociedad británica, pero nadie había pensado en él como un gestor capacitado para llevar las riendas del país. “Nunca hicimos primer ministro a Johnson por su meticulosa comprensión de un montón de leyes tediosas, pero lo ocurrido ha sido escandaloso, y los ciudadanos tienen razón en estar furiosos”, admitía esta semana en la BBC Steve Baker.

Este ingeniero aeronáutico, consultor y exfinanciero, con un profundo desdén hacia la UE y una creencia cuasi religiosa en el neoliberalismo, maniobró en la sombra, a finales de 2018, para recabar los votos necesarios que pusieron en marcha la moción de censura interna contra la entonces primera ministra, Theresa May. El corresponsal del diario EL PAÍS le ha escuchado admitir que Johnson no le entusiasmaba, pero podía resultar útil para sacar adelante el Brexit duro que los euroescépticos perseguían desde su victoria en el referéndum de 2016.

El escándalo de las fiestas prohibidas en Downing Street durante el confinamiento ha convertido a Johnson en un juguete roto, aunque aún dispone de una última doble ventaja frente a los intentos de derrocarle que han surgido en el Partido Conservador. Las reglas internas prohíben que se repita, al menos hasta que pase un año, una moción de censura contra el líder. Si los diputados rebeldes lograran reunir el número de las llamadas cartas de retirada de confianza, 54, que activa automáticamente el proceso de expulsión, Johnson ya ha anunciado su disposición a pelear por su supervivencia con uñas y dientes. Su predecesora, Theresa May, logró aguantar el envite de los euroescépticos, y obtuvo 200 votos de apoyo frente a los 117 en su contra. La dimensión del rechazo interno fue tan elocuente, sin embargo, que la primera ministra anunció su dimisión poco después. El entorno de Johnson ya ha dejado claro que ese no sería su caso, si logra evitar la derrota.

Las diferentes tribus que hoy componen el grupo parlamentario conservador no comparten tampoco el mismo grado de ansiedad ante la crisis actual. Muchos de ellos temen que una nueva carrera por el liderazgo del partido sumiera al país en un periodo de parálisis, justo cuando intenta salir de la pandemia, recuperarse económicamente y afrontar un duro invierno en el que el coste de la vida va a apretar el presupuesto de muchos hogares.

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Algunos diputados han preferido esperar a que concluya la investigación sobre las fiestas de Downing Street antes de tomar una decisión definitiva. Sue Gray, la vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete, debería tener listas las conclusiones de su informe a mediados de la semana que viene. En los últimos días se han ido acumulando nuevas pruebas contra Johnson y su equipo que Gray ha debido incorporar a la causa. Su retraso en anunciar el resultado de las pesquisas lleva a sospechar que, al contrario de lo que Downing Street pudo haber calculado en un principio, puede ser un golpe duro para Johnson. Gray no tiene capacidad para señalar responsabilidades penales, y se pensará muy mucho la idea de lanzar una acusación directa contra el primer ministro para el que trabaja, pero la presión política sobre ella es de tal intensidad que tampoco se puede permitir la mínima indulgencia.

David Gauke, quien fuera ministro de Justicia en el anterior Gobierno conservador, y uno de los críticos más acérrimos de Johnson, ya ha pedido a sus colegas conservadores que no se dejen engañar, y que pongan el nivel de exigencia lo más alto posible a la hora de escuchar las conclusiones factuales de Gray y las posteriores explicaciones del primer ministro en el Parlamento.

La venganza de Cummings

El ideólogo de la campaña a favor del Brexit en el referéndum de 2016 y exasesor estrella de Johnson, Dominic Cummings, está detrás de muchas de las revelaciones sobre las fiestas que han puesto en la picota al primer ministro. Su salida de Downing Street, humillado y por la puerta de atrás, después de perder su batalla personal contra la esposa de Johnson, Carrie Symonds, alimentó un profundo resentimiento en un hombre introvertido, excéntrico y arrastrado por sus obsesiones. El peor enemigo posible.

Ha sido capaz de explicar en una comparencia ante una comisión parlamentaria cómo entendió desde el principio que Johnson no estaba preparado para el cargo que desempeñaba, y que él mismo intentó, desde su puesto en Downing Street, corregir todas sus torpezas. Utiliza su blog personal, publicado a través de la página web de pago por suscripción Substack, para ir filtrando datos y fechas, e incluso orientar las informaciones e interpretaciones periodísticas que van surgiendo para que no se desvíen del objetivo pretendido: acabar con la carrera política de su enemigo. Por ejemplo, la foto del 15 de marzo de 2020 que publicó el diario The Guardian, en la que Cummings compartía mesa, con vino y queso, junto a Johnson, su esposa Carrie y el secretario del primer ministro, Martin Reynolds, en los jardines de Downing Street, “no era, obviamente, una fiesta, sino una reunión de trabajo”, ha escrito el asesor. La invitación, cinco días después, enviada a más de 100 personas, para que trajeran “su propio alcohol (Bring Your Own Booze)” a otro encuentro en ese mismo jardín, era, sin embargo —también según Cummings—, un evento ilegal del que advirtió a Johnson.

Son bastantes los parlamentarios conservadores que quisieran ganar tiempo, y esperar a las elecciones locales de mayo, para comprobar si finalmente, como sugieren las encuestas, la magia electoral de Johnson se ha desvanecido del todo. El problema de esa estrategia es que ya nadie se fía de que el daño pueda contenerse. Cuando el líder de los conservadores en Escocia, Douglas Ross, decidió abandonar el barco, al comenzar a conocerse el escándalo de las fiestas, tuvo una conversación telefónica con Johnson. Le preguntó, simplemente, si podía asegurarle que no habría más noticias comprometedoras. El primer ministro fue incapaz de hacer esa promesa.

La crisis desatada en Downing Street ha dejado al país y al Gobierno en el limbo. Uno a uno, los ministros que aspiran a suceder a Johnson, han evitado mojarse por él. Rishi Sunak, el titular de Economía; Liz Truss, la de Exteriores; Sajid Javid, el de Sanidad. Son algunos de los nombres que ya circulan ante una nueva carrera por el liderazgo del Partido Conservador. Todos han tenido tibias palabras de apoyo a su jefe, se han limitado a pedir paciencia hasta que concluya la investigación de lo ocurrido, y hasta han querido recordar que la tradición —esa que Johnson suele ignorar— impone que el miembro del Gobierno —primer ministro incluido— que miente al Parlamento está obligado a dejar su cargo.

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Boris Johnson, en noviembre de 2020, seguido por su secretario privado, Martin Reynolds, autor del correo electrónico que invitaba a cien personas a una fiesta en Downing Street.
Boris Johnson, en noviembre de 2020, seguido por su secretario privado, Martin Reynolds, autor del correo electrónico que invitaba a cien personas a una fiesta en Downing Street.JUSTIN TALLIS (AFP)

Los errores, verdades a medias y excusas de Boris Johnson han ido regresando en las últimas semanas, para desplegar una estrategia de acoso y derribo contra el político conservador. El escándalo de las fiestas prohibidas en Downing Street, cuando el resto del país sufría un severo confinamiento por la pandemia, acumula pruebas contundentes cada día que pasa. Y la última de esas fiestas, celebrada el pasado 20 de mayo ―cuando en toda Inglaterra estaba prohibido que más de dos personas de núcleos de convivencia distintos se juntaran en el exterior― viene con carga añadida, porque son numerosos los testigos que afirman que estuvieron en ella Johnson y su pareja, Carrie.

La cadena de televisión ITV ha tenido acceso al correo electrónico del secretario privado del primer ministro, Martin Reynolds, en el que invitaba a cerca de cien personas a una fiesta privada en los jardines de Downing Street: “Hola a todos, después de lo que ha supuesto un periodo de mucho trabajo, he pensado que estaría bien sacar partido de este tiempo tan maravilloso y tomar unas copas, con la distancia social debida, en el jardín del Número 10 [de Downing Street] esta tarde. Sumaos a partir de las seis de la tarde, y ¡traed vuestro propio alcohol!”, escribía el alto funcionario. Una invitación que le sitúa en el punto de mira de la investigación de todo el escándalo de las fiestas que lleva a cabo Sue Gray, segunda secretaria permanente de la Oficina del Gabinete del Primer Ministro. Su jefe, y responsable máximo de la Administración Pública británica, Simon Case, tuvo que abandonar las pesquisas cuando se reveló que también en su oficina se había celebrado uno de los polémicos eventos.

La Policía Metropolitana, conocida como New Scotland Yard, ha pedido información a la oficina de Gray como primer paso antes de decidir si abre formalmente una investigación sobre el asunto. “El Servicio de la Policía Metropolitana ya es consciente de las informaciones ampliamente difundidas, en referencia a presuntas violaciones de las regulaciones protectoras de la salud pública, ocurridas el 20 de mayo de 2020 en Downing Street, y está en contacto con la Oficina del Gabinete”, ha asegurado un portavoz policial.

Al menos cuarenta de los destinatarios del correo electrónico acudieron a la fiesta, de las que en la jerga británica se denominan BYOB (Bring Your Own Bottle, Trae tu propia botella). Entre ellos estaban, según han afirmado diversos testigos, tanto Johnson como la que entonces aún era solo su novia, Carrie Symonds. Cuando los medios intentaron este lunes que el primer ministro confirmara o desmintiera su presencia en la fiesta, el político conservador se limitó a echar balones fuera y a apuntar a las investigaciones en curso: “Hay un proceso independiente en marcha analizando todo esto, a cuyo frente está Sue Gray. No puedo hacer más comentarios al respecto”, se escudaba Johnson.

Las descripciones de la fiesta que han ido recabando los diferentes medios británicos hablan de largas mesas de pícnic distribuidas por el jardín de Downing Street, con bebidas, patatas fritas y otro tipo de aperitivos propios de un refrigerio al aire libre. Pero sobre todo, abundante alcohol. Ese mismo día, una hora más tarde, en la rueda de prensa casi diaria en la que los ministros se turnaban para informar de las novedades y datos de la pandemia, el entonces titular de Cultura, Oliver Dowden, recordaba una vez más las reglas a la ciudadanía: “Solo pueden reunirse con una persona de fuera de su domicilio en exteriores, en un lugar público, y manteniendo los dos metros de distancia”, recalcaba el político, ignorante de la fiesta que tenía lugar en el jardín de la principal sede del Gobierno británico.

La venganza de Cummings

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Gran parte de las actuales desdichas de Johnson, fruto indudable de sus propias acciones, provienen de una peligrosa, casi mortal, venganza: la de quien fuera su asesor estrella y principal ideólogo del Brexit, Dominic Cummings, obligado a salir por la puerta de atrás de Downing Street en noviembre de 2020, tras un prolongado enfrentamiento con la esposa de Johnson (también ella exasesora de comunicación del Partido Conservador).

Cummings conserva información sensible y privada de los primeros meses de la pandemia que filtra ahora a su propia conveniencia. “El miércoles 20 de mayo, una semana después de la primera foto [en la que Johnson y él parecían celebrar una reunión de trabajo en una mesa de la terraza exterior de Downing Street], un alto funcionario del Número 10 [en referencia a Reynolds] invitó al personal a beber en el jardín, con la distancia social debida. Yo, y al menos otro asesor, afirmamos que todo esto iba contra las normas y no debería celebrarse”, aseguraba Cummings este fin de semana en su blog. El exasesor, que siempre relata los desastres de Downing Street desde una perspectiva moralista en la que él siempre estaba en el lado correcto, tiene aún capacidad para hacer daño a Johnson. Su afán de venganza se da por descontado, pero hasta ahora nunca ha mentido sobre los hechos revelados.

La oposición laborista ha cargado duramente contra Johnson, a quien acusa de “intentar que los funcionarios caigan por culpa de sus propios errores”, como ha señalado la número dos del principal partido de la oposición, Angela Rayner. Los diputados conservadores que, antes de fin de año, comenzaron a organizarse para mostrar su rechazo ante los escándalos del Gobierno de Johnson, han vuelto a rebelarse con inquietud al saber que la policía se plantea abrir una investigación sobre la fiesta. Sue Gray tiene fama de dura y profesional, y todo el mundo está a la espera de ver cuántas cabezas ruedan una vez publique las conclusiones de su investigación, pero algunas voces han exigido al primer ministro una respuesta política: “Voy a decir esto de un modo amable. No está nada claro por qué el primer ministro necesita esperar a la publicación del informe de Sue Gray para averiguar si él mismo estuvo en una fiesta en su propio jardín”, ha escrito en Twitter Gavin Barwell, quien fuera jefe de Gabinete de la predecesora de Johnson en el cargo, Theresa May.

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