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Los paneles electrónicos que reclaman a la OTAN que cierre el espacio aéreo conviven en las calles de Kiev con los carteles que siguen anunciando el concierto del 29 de mayo de Iron Maiden y que el conflicto ha obligado a suspender. La capital de Ucrania es una ciudad en la que apenas se ven ya niños superado el mes de la invasión rusa, que comenzó el 24 de febrero pasado. Aproximadamente la mitad de los tres millones de habitantes se han marchado huyendo de la guerra. Los hombres de entre 18 y 60 años han de quedarse, pero muchas mujeres y menores han ido saliendo de forma escalonada. Forman parte de los diez millones de ucranios que han huido de los bombardeos, 3,5 millones fuera del país y 6,5 millones como desplazados internos. La capital de Ucrania ha aprendido en el último mes a convivir con el estruendo de los combates que se escuchan de fondo, los sonidos de las alarmas, las noches en los refugios y las calles medio desiertas. Este es el testimonio de algunos de los vecinos que siguen en Kiev.

Alexei, repartidor de Glovo con chaleco antibalas y casco: “La gente tiene miedo de abrir las puertas de sus casas”

Alexei, de 36 años, repartidor de Glovo en las calles de Kiev.
Alexei, de 36 años, repartidor de Glovo en las calles de Kiev.Luis de Vega

Es una imagen fantasmal que recuerda al cierre de la vida pública en todo el mundo por la pandemia de covid. La estampa de los riders por las calles de Kiev en plena guerra es para algunos el símbolo del avance irrefrenable y sin piedad del capitalismo en la exrepública soviética. Su presencia entre avenidas medio desiertas y zigzagueando entre las barricadas recuerda a aquellos días de confinamiento impuesto por el virus, pero aquí los repartidores pedalean entre los zambombazos del Ejército de Ucrania y el de Rusia. La aplicación que regula los pedidos y repartos de Glovo se bloquea en cuanto empiezan a sonar las alarmas que advierten de un posible ataque en la capital ucrania. Alexei, de 36 años (prefiere no dar su apellido), no acaba de acostumbrarse a esos parones, pero lo lleva con resignación. Reconoce que la empresa les paga un poco más por cada viaje por el peligro que supone trabajar estos días. “Si ya estoy de camino cuando suena la alarma, no tiro el pedido”, señala con cierta sorna. Explica que lo lleva a destino y espera a que la normalidad, si es que puede decirse así, se retome para esperar nuevos encargos.

Hace tres años que este padre soltero de una hija de diez años se gana así la vida, como repartidor a tiempo parcial. Estos días de conflicto lo hace sobre todo en la zona centro, que es la más tranquila y se mantiene alejada de los combates, aunque “se escuchan los ecos de las explosiones de otras partes de la ciudad y hay tensión”, señala. Por eso, cuando ha de ir a zonas más alejadas o conflictivas asegura que lo hace con el casco y el chaleco antibalas que ha obtenido como miembro de los grupos de defensa civil en los que se ha enrolado. Cuenta que lo que más está llevando a los clientes es tabaco, cereales y pan, pero que el clima bélico tras un mes de conflicto ha enrarecido a la población. “La gente tiene miedo, tiene miedo de abrir las puertas de sus casas. Si antes tocabas el timbre y te abrían, ahora tienes que llamar por teléfono antes. Te hacen preguntas y a veces tienes que enseñar los documentos”, comenta con las manos apoyadas en el manillar y la mochila amarilla a los hombros.

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Dice que muchos de los repartidores se han ido de la ciudad o se han unido a los grupos de defensa, por eso han quedado pocos. Además, añade, la cantidad de los pedidos ha disminuido porque la ciudad tiene ahora una población menor. Pero haciendo un balance, a él la carga de trabajo no se le ha hundido porque antes de la guerra realizaba unos 10 pedidos al día, y ahora en las jornada que considera buenas, sin muchas alarmas, hace en torno a siete u ocho. Pero en las malas, con muchas advertencias de seguridad, apenas uno o dos. En definitiva, tiene menos pedidos pero cobra algo más por cada uno de ellos en concepto de riesgo. Si antes sacaba una media de entre 1.000 o 1.500 grivnas al día (30-45 euros), ahora obtiene una cantidad de entre 1.000 y 1.200 (30-37 euros). Pero Alexei insiste en que, más allá de la bicicleta y Glovo, su papel ahora mismo es más el de defender a su pueblo y para ello se apoya en su madre, que es quien se hace cargo de su hija.

Julia, reportera del canal 1+1: “El frente es ahora mi casa”

Julia Kyriienko, de 34 años, reportera del canal 1+1.
Julia Kyriienko, de 34 años, reportera del canal 1+1.Cedida por Canal 1+1

El bautizo como reportera de guerra de Julia, de 34 años, tuvo lugar en 2014 en el este de su país, en la región del Donbás. Allí, separatistas prorrusos llevan todo este tiempo desafiando a las tropas ucranias. Ahora, a Julia Kyriienko, periodista del canal de televisión 1+1, la guerra le pilla a las puertas de casa, en los alrededores de Kiev. Además, su marido, hasta hace unas semanas vendedor de teléfonos móviles, se ha ido al frente con el Ejército mientras que el hijo de ambos, de dos años, se ha refugiado en el oeste del país con la abuela. “En el Donbás, sabías dónde estaba la línea del enemigo, de dónde podían salir los tiros”, pero “ahora estamos todos bajo fuego, no importa si estás en casa, en el trabajo o en el frente. Mi vida personal ha cambiado desde el 24 de febrero porque el frente es ahora mi casa”.

Julia forma parte de los equipos de periodistas ucranios a los que se permite estar empotrados con las tropas de su país, algo que apenas consiguen los medios extranjeros. “Muchas veces tenemos que seguir trabajando hasta cuando se encienden las sirenas, estando en la calle o camino a rodar. El riesgo es máximo”, relata durante una entrevista a primera hora de la mañana en la sede del canal 1+1, que forma parte del grupo de siete medios que se ha unido bajo la guerra para, entre todos, emitir de manera ininterrumpida las 24 horas del día. De esta forma, explica Julia, mantienen informada a la población de manera permanente y, al mismo tiempo, hacen frente a la falta de personal, pues muchos trabajadores se han ido por seguridad de Kiev.

Cada canal se encarga de una franja horaria que va rotando cada día. “El trabajo del periodista no ha cambiado, solo que el tiempo que tenemos que cubrir en antena ha aumentado a unas tres horas cada día”. A veces Julia coincide con su marido en los alrededores de la línea del frente, pero no puede acompañarlo porque “está en una división que no permite trabajar junto a él”. En cuanto a la implicación que pueda tener la guerra en su forma de cubrir la actualidad señala: “Entendemos qué es lo que está haciendo Rusia y cómo intenta hacer nuestra nación desaparecer. Llevamos ocho años de guerra. Los rusos se están hundiendo en sus fake news y todo el mundo lo puede ver, no tenemos este problema de tener que desmontar sus mitos. Todo el mundo se está riendo de ellos”. La reportera muestra en su móvil algunas imágenes del frente, entre ellas, un selfi en el que de fondo aparece un perro comiéndose el cadáver de un militar ruso.

Volodímir, conductor de una empresa funeraria: ”Cuando hay un niño muerto no lo puedes comprender”

Tumbas en el cementerio del crematorio de Kiev
Tumbas en el cementerio del crematorio de KievLuis de Vega

Cada día al llegar a casa Volodímir trata de “cambiar el chip” y pensar en otra cosa que no sea su trabajo. Cientos de vasijas con cenizas se acumulan ordenadas por orden alfabético en las dependencias del crematorio del cementerio de Baikove de Kiev. El humo negro que sale por la chimenea impregna el entorno. Muchas familias no acuden estos días a buscar los restos de sus seres queridos por la guerra. En las últimas semanas, los operarios han abierto nuevas cavidades en el terreno para tratar de aligerar el proceso de sepultura, pero no pueden avanzar sin que se cumplimenten los trámites burocráticos. Como en muchas otras profesiones, la de conductor de vehículos fúnebres también se ha visto afectada con el conflicto. “Después del 24 de febrero, algunos cuerpos se quedan en las morgues. Es imposible sacarlos por el pánico, mucha gente ha huido y el proceso se ralentiza. El trabajo es el mismo que antes, lo único es que falta gente”, explica Volodímir, de 34 años y conductor desde hace 12 en una empresa mixta de titularidad pública y privada.

Ha acudido hasta el crematorio a trasladar el cadáver de un hombre que murió una semana antes de un disparo mientras ayudaba a evacuar a civiles en su coche de Irpin, en la línea del frente a las afueras de la capital. En las dos pequeñas capillas los procesos son rápidos, ceremonias de apenas unos minutos. Algunos religiosos despiden incluso a algunos de los finados dentro de la misma furgoneta en la que llegan. Abren el féretro, ondean un pequeño incensario y listo. Volodímir asegura que también faltan enterradores y que los ataúdes empiezan a escasear porque no hay quien los fabrique dentro de Kiev. Pese a sus años de experiencia, reconoce: “Me asustan las muertes que no son naturales, como estos días cuando están matando a la gente. Cuando hay un niño muerto no lo puedes comprender, el cerebro te explota y piensas ¿por qué? Últimamente he visto a niños y gente joven a la que han disparado durante la evacuación de Irpin, de Bucha…”. Por eso, al final de la jornada laboral trata de dejar el trabajo en la puerta y dedicarse a cuidar de su mujer y su hijos.

Roman, acogido en un hogar para personas sin techo: “No me hablo con mi familia. No tengo a nadie”

Roman, de 43 años, en la casa para personas sin techo donde está acogido en Kiev.
Roman, de 43 años, en la casa para personas sin techo donde está acogido en Kiev.Luis de Vega

Roman, de 43 años, muestra el refugio subterráneo con cinco literas que, en la actual coyuntura, se ha erigido como la estrella de la humilde casa de acogida donde habita junto a una veintena de mujeres y hombres sin techo en Kiev. “Llevo en este lugar unas dos semanas, un poco después de haber empezado la guerra”, explica mientras ordena las pocas pertenencias de las que dispone. Desde 2008, cuando fue desahuciado por impago, anda dando tumbos y ahora se ha visto obligado a buscar amparo en una organización humanitaria porque los toques de queda prohíben permanecer en la calle a los ciudadanos. Roman tiene exmujer y un hijo. Sabe que están en la región de Kiev, pero no mantiene contacto con ellos. “No me hablo con mi familia. No tengo a nadie”.

En la vivienda, además del sótano, hay dos dormitorios donde duermen separados mujeres y hombres. A la casa se entra por una estancia que hace las veces de pequeño salón y cocina. Varios hombres matan ahí el tiempo cocinando o limpiando. Lo más emocionante del relato de Roman son los paseos “de tres kilómetros” para traer agua porque, afirma, la del grifo no pueden beberla. Al enterarse de que el reportero es español, cuenta de inmediato con cara de sorpresa que su madre vive desde hace dos décadas en Avilés. Asegura que le gustaría irse de Kiev, pero la ley obliga a todos los varones de entre 18 y 60 años a quedarse a defender el país y él mismo reconoce que no tiene “adónde ir”, pues ni siquiera puede encontrar un trabajo. Le acompañan tres hombres armenios, Georgi, de 53 años, Aram, de 52, y Tigram de 39, cuyas circunstancias son similares. Se han quedado atrapados en la capital ucrania sin poder salir.

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En venganza repartidor atropelló a adolescente de 14 años: Le quisieron robar su casco

El adolescente se mantiene grave e internado. Por su parte, el repartidor fue detenido y está a disposición de la justicia.

24Horas.cl Tvn

10.06.2021

Una fuerte discusión entre tres jóvenes y un repartidor de delivery en Iquique, terminó con un joven de 14 años siendo atropellado por una moto mientras yacía inconsciente en la calle.

El hecho ocurrió el calle Sargento Aldea cuando un grupo de tres jóvenes comenzó a discutir con el repartidor a quien intentaron robarle el casco.

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En ese contexto, se inició una pelea en la que uno de los jóvenes, de 14 años, cayó inconsciente en medio de la calle.

Fue en ese momento en que el repartidor volvió a su moto para retornar donde estaba el menor y pasarle por encima. Por las lesiones que sufrió, el adolescente se mantiene grave con ventilación mecánica en la UCI del Hospital Regional de Iquique.

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Al respecto, el Teniente Coronel Jaime García, de la primera Comisaría de Iquique, indicó que «se logró la detención del autor del atropello, poniéndolo a disposición de tribunales de justicia».

Por otra parte, desde la Fiscalía de Iquique, Guillermo Arriaza, explicó que «se logró recuperar una grabación parcial de las cámaras de seguridad municipal que dieron la alerta a personal de carabineros y que permitieron que hasta el día de hoy se siguieran realizando diversas diligencias tendientes a esclarecer los hechos».

El acusado del atropello está detenido y a la espera de una citación judicial.



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Repartidor de delivery muere tras ser colisionado por conductor ebrio en Conchalí

Según informó Carabineros, el conductor de la camioneta no prestó auxilio a la víctima. Además circulaba con 1.64 grados de alcohol por litro de sangre, por lo que fue inmediatamente detenido por conducción en estado de ebriedad con resultado de muerte.

24Horas.cl Tvn

04.05.2021

Un fatal accidente de tránsito se registró en la comuna de Conchalí, luego de que un conductor en estado de ebriedad impactara contra un motociclista que se encontraba realizando labores de delivery, perdiendo lamentablemente la vida en el lugar.

De acuerdo con antecedentes preliminares entregados por el capitán Luis Muñoz González, oficial de ronda de la Prefectura Santiago Norte,los hechos ocurrieron en la intersección de las calles Fermín Vivaceta con Teniente Ponce cerca de las 23:30 de la noche, cuando el motociclista se encontraba realizando labores de reparto de alimentos.

Según indicó una vecina, quien fue la que encargó el pedido, el joven de nacionalidad venezolana no podía dar con su domicilio hasta que lograron que la viera y le pudiera entregar su encargo. Tras esto ingresó a su domicilio, mientras el repartidor se quedó revisando su celular en la calle.

Es tras esto, cuando la mujer se dispone a hervir agua que siente un fuerte estruendo, similar a como si se hubiera volcado un vehículo que circulaba a alta velocidad, ya que en el sector esto es recurrente, así como también lo es que los conductores no vean un lomo de toro ubicado en la zona.

En ese momento, según indica Carabineros, es cuando el motociclista fue embestido por el conductor de una camioneta marca Mitsubishi, y arrastrado por varios metros, falleciendo instantáneamente en el lugar.

Cabe mencionar que el conductor de la camioneta no prestó auxilio a la víctima y que solo se detuvo porque la motocicleta evitó que continuara su marcha.

El sujeto circulaba con 1.64 grados de alcohol por litro de sangre, por lo que fue inmediatamente detenido por conducción en estado de ebriedad con resultado de muerte.

Por su parte, la víctima que se encontraba realizando labores de delivery no portaba su documentación, por lo que los funcionarios de la institución se pusieron en contacto con familiares, logrando determinar su identidad.

Foto: Rodrigo Pérez



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Repartidor de delivery es asesinado en Peñalolén: autor esperó que parara en luz roja

Se trata de un joven venezolano de 31 años, quien fue atacado con un cuchillo en su cuello mientras entregaba un pedido.

Un joven repartidor de delivery fue asesinado la noche de este domingo en la comuna de Peñalolén.

De acuerdo a los primeros antecedentes recopilados por la Policía de Investigaciones (PDI), la víctima, un ciudadano venezolano de 31 años, conducía su moto por avenida Grecia hacia el oriente, pasado Tobalaba, cuando tras detenerse por una luz roja fue atacado con una arma corto punzante en su cuello.

Testigos del hecho intentaron prestarle auxilio, sin embargo, debido a la gravedad de las heridas murió en el lugar.

La primera línea investigativa indica que la víctima habría sostenido una discusión con otro motociclista unas calles antes, por lo que el atacante lo habría seguido y, al ver que éste frenó ante un semáforo en rojo, lo atacó.

El subcomisario Gabriel Alarcón, de la Brigada de Homicidios de la PDI, dijo que “cuando este motociclista hace la detención por la señalética del sector, es agredido por otra persona que lo sigue, en otro móvil pequeño, sin mediar provocación lo agrede y aborda el móvil nuevamente, dándose a la fuga”.

En tanto, sus compañeros de trabajo lamentaron el hecho y aseguraron que la víctima era una persona tranquila, trabajadora y que no mantenía problemas con nadie.

Hasta ahora, no hay detenidos por el crimen y se busca intensamente al autor del hecho.



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