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Egrán, la aldea donde vivía el pequeño Rayan, amaneció este domingo casi vacía. Tres chiquillos sacaban seis cabras a comer a las nueve de la mañana. Los últimos periodistas iban recogiendo sus enseres. El monte estaba lleno de pequeños envases vacíos de botellas de agua, uno de los pocos rastros que dejaron los cientos de jóvenes que acompañaron el rescate durante varias noches. A un lugar de gente pobre estuvieron llegando pobres de todas partes de Marruecos. Y muchos encontraron cobijo para dormir. Pero ahora, el hogar del niño que sacaron muerto tras pasar cuatro días enterrado en un pozo parecía más vacío que nunca. La familia había desaparecido, exhausta tras tantas noches en vela.

Quedaba en la casa de Rayan algún miembro de las fuerzas auxiliares de gendarmería. El hombre charlaba con quienes iban llegando, les mostraba la inmensa brecha que se abrió en cuatro días y hasta sujetó a un reportero para que no pisara justo encima del agujero de 45 centímetros de diámetros por el que cayó Rayan. El pozo estaba pegado a la casa, junto a una pared. Y ahora, bajo la vivienda queda un enorme terraplén de más de 30 metros donde da miedo hasta asomarse.

Todo ese paisaje que se ve desde la casa de Rayan, esas montañas del Rif donde la gente malvive con la siembra del hachís, está lleno de barrancos empinados, de carreteras de polvo muy estrechas, de lugares donde puede sobrevenir un gran susto en cualquier momento. La vida es dura en lugares como Egrán. Y Marruecos está lleno de aldeas como esa, donde la gente vive al día, con su horno de piedra en la puerta de casa.

Tal vez por eso, porque saben que la familia de Egrán es una de tantas que luchan por el pan de cada día, muchos marroquíes se tomaron el rescate de Rayan como algo propio, como si el niño les tocase algo. Hasta el último minuto, incluso cuando los socorristas sacaron su cuerpo sin vida, el sábado a las 21:32, los cientos de jóvenes que estaban allí creían que había salido con vida. Pero enseguida los medios marroquíes difundieron el mensaje del Palacio Real en el que el rey Mohamed VI transmitía sus condolencias a la familia.

El mensaje decía que “Su Majestad” había seguido muy de cerca el rescate y había dado instrucciones para emplear “todos los esfuerzos posibles” para salvar al niño. “Pero la voluntad de Dios es imparable y el niño ha respondido a la llamada del Altísimo”, señalaba. El monarca agradeció el despliegue de “solidaridad” mostrado hacia la familia del niño.

En la casa de Rayan, a las 11 de la noche del sábado una mujer de la familia comenzó a gritar y dos hombres la agarraron y la metieron dentro de una habitación. Tras la noticia de la muerte, el sufrimiento se llevaba en silencio. Todo el mundo en ese momento intentaba ayudar en la aldea de Rayan al que tenía al lado. Ya fuera ofreciéndose para llevar a alguien en coche al pueblo más cercano, a unos 15 kilómetros, o aportando un cargador de teléfono, o simplemente sonriendo al desconocido.

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Buena parte del país pareció inmerso durante los cuatro días de rescate en ese sentimiento de fraternidad. Los jugadores marroquíes internacionales como el exmadridista Ashraf Hakimi escribían mensajes en las redes sociales. Desde Argelia, el país con el que Marruecos sostiene un conflicto diplomático que se ha agravado en el último año, el rescate era la noticia más seguida. Jugadores argelinos famosos como Youcef Belaili, Riyad Mahrez e Ismaël Bennacer enviaron mensajes de apoyo a la familia. La política de hostilidades entre Argelia y Marruecos seguirá su curso. Nadie puede esperar otra cosa, de momento. Pero la solidaridad entre pueblos muy próximos también persiste.

Mensaje del Papa

Desde la otra orilla del Mediterráneo también llegaban los mensajes. Este domingo, mientras tres niños de la aldea recogían en un saco la basura, muy lejos de allí, en la plaza de San Pedro, de Roma, el papa Francisco enviaba en francés un mensaje de agradecimiento a la nación: “Todo el pueblo estaba allí para salvar a un solo niño”. Llegaron también los pésames de casi todas las embajadas en Marruecos, así como un mensaje del presidente francés Emmanuel Macron dirigido a la familia de Rayan y al pueblo marroquí, donde decía que compartía la pena.

El caso de Rayan ha sacado a la luz, también entre muchos marroquíes, el rescate de Julen, el 26 de enero de 2019 en Totalán (Málaga). Rayan tenía cinco años y Julen, dos. El diámetro del pozo de Julen medía 25 centímetros y el de Rayan, 45. El agujero de Rayan tenía una profundidad de 32 metros y el de Julen, alrededor de 100. La operación de salvamento del niño marroquí duró cuatro días y la del español, trece. La autopsia definitiva de Julen, difundida tres meses después de su rescate, reveló que el niño había muerto por dos golpes sufridos al precipitarse por el pozo. Falleció el día mismo de la caída, el 13 de enero. Rayan, sin embargo, se encontraba con vida cuando cayó el pasado martes, según indicaron a este diario varios familiares, que habían conseguido grabarle en vídeo introduciendo un teléfono con una cuerda.

Los dramas en Marruecos, como en todas partes, siempre existieron. El pasado 24 de enero, por ejemplo, fallecieron calcinados tres niños nigerianos, todos ellos menores de siete años, cuando ardió la chabola en la que se encontraban, en las afueras de Nador, frente a Melilla. La madre, que se encontraba con ellos, murió solo días después a causa de las quemaduras.

Sin embargo, ha sido el drama de Rayan el que ha mantenido al país en vilo. Y el que ha sacado lo mejor de cada uno.

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Los servicios de rescate estaban preparados y dispuestos en la tarde del sábado para sacar al pequeño Rayan del pozo de 32 metros donde cayó el martes alrededor de las dos de la tarde. Cientos de curiosos han llegado desde todos los puntos del país para presenciar la operación. Pero la noche del sábado ha empezado a caer sobre la aldea de Egrán. Y era muy difícil tener noticias solventes sobre su estado.

Los técnicos marroquíes han acabado la última fase de excavación horizontal para llegar al pequeño. Equipos de socorristas y sanitarios han entrado en el túnel. Fuera del pozo aguarda una ambulancia equipada y un helicóptero de la Gendarmería Real para trasladar al pequeño si fuera necesario.

En la zona hay un amplio dispositivo de seguridad y varios técnicos, y efectivos de la Protección Civil, Ingeniería Civil, expertos en Topografía, además de efectivos de la Gendarmería Real y las Fuerzas Auxiliares, que han formado una barrera de seguridad para evitar que los cientos de ciudadanos congregados se acerquen al lugar de rescate.

Todo el país vive este sábado pendiente de lo que pasa en esta comarca situada a cinco horas y media en coche de la capital. De repente, a las 17.18 empezaron a oírse gritos de “Alá es grande, Alá es grande”. Antes ya se habían oído aplausos. Parecía que los socorristas iban a sacar al niño de un momento a otro. Las fuerzas auxiliares, con sus chalecos amarillos de la Gendarmería real había despejado el camino de salida del pozo desde el mediodía.

Los aplausos y los vítores comenzaban a hacerse más sonoros a partir de las cinco y media. Pero aún no había ninguna noticia cierta sobre el estado del niño. El padre, Jalid, y la madre, se encontraban al pie del pozo, junto a una ambulancia. Otros familiares como Munir Ajorra, de 38 años, aguardaban en la casa de Rayan. “Llevamos sin dormir cuatro días, desde que nos enteramos de que se había caído”.

Munir contó que Jalid, el padre de Rayan, estaba intentando sacar agua de ese pozo. “El pozo estaba seco desde hace 10 años. Y este año hay una gran sequía. Jalid traía el agua con una manguera desde la casa de su padre, que está un poco más arriba”, contaba Munir Ajorra.

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La policía no deja acceder a Egrán con vehículo desde la localidad más próxima de Tamorot, a 18 kilómetros. Pero la gente ha encontrado caminos de tierra para meter el coche o se iban directamente caminando. Mohamed, un vecino de Chauen, de 35 años, había pasado la noche del viernes sin dormir en Tamorot. Otros llegaron desde Fez, Rabat… Unos se subían en árboles y la mayoría rodeaban el perímetro de seguridad que había dispuesto la gendarmería alrededor del pozo.

Algunos grupos de jóvenes, al caer la noche, han comenzado a encender hogueras. Otros se plantean volver caminando a Tamorot, el pueblo más cercano, a 18 kilómetros. Y muchos otros están dispuestos a pasar la noche en vela, como ya pasaron la madrugada del viernes al sábado.

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Los equipos de rescate han excavado ya un túnel de 32 metros para sacar a Rayan, el niño de cinco años que cayó en un pozo de esa profundidad el pasado martes. Este viernes por la mañana los socorristas intentaban acceder a Rayan a través de un túnel horizontal. Todo el país estaba pendiente de ese agujero donde cayó el martes alrededor de las dos de la tarde. El lugar se encuentra en una pequeña aldea llamada Igrán (Ighrane, en francés), perteneciente a la comuna de Tamorot, en la provincia norteña de Chauen.

El padre del niño comentó el miércoles al sitio digital Le360, cuando el niño llevaba 25 horas atrapado: “Es mi pozo, yo estaba reparándolo y Rayan estaba a mi lado. En un momento dado él se cayó y yo no me di cuenta. Alertamos a las autoridades y todos los vecinos han venido a apoyarnos. Todo el mundo ha hecho lo máximo para que él salga con vida y que yo pueda cogerlo entre mis brazos esta noche. Pero no les oculto que tanto su madre como yo estamos destrozados y muy nerviosos”.

El portavoz del Ejecutivo marroquí, Mustafa Baitas, indicó en la rueda de prensa del jueves posterior al Consejo de Ministros, que el Gobierno se había movilizado “fuertemente”. Aclaró que no habría ningún problema en pedir ayuda, pero que el Estado contaba con la capacidad y la experiencia para desarrollar la operación de rescate.

Baitas señaló las alternativas que se habían barajado para rescatar al niño. La primera consistía en alargar el diámetro del pozo. “Pero teníamos miedo de que las piedras y la tierra cayeran sobre el niño”. Después pensaron también en que descendiera un socorrista. “Ha habido tentativas, pero no han funcionado”, aclaró.

Finalmente, la tercera técnica consistió en excavar un pozo paralelo al agujero de 32 metros donde se encontraba el niño. Baitas recordó que los equipos de socorro habían trabajado día y noche. Y que el gran desafío al que se enfrentaban era la propia naturaleza del suelo, que hacía difícil la intervención de las máquinas. En la operación de rescate han intervenido decenas de operarios y cinco máquinas pesadas.

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Decenas de empleados de protección civil trabajan día y noche en el pueblo de Igrán, de la provincia norteña de Chauen, para sacar con vida a Rayan, un niño de cinco años que cayó a un pozo de 32 metros de profundidad el pasado martes, alrededor de las dos de la tarde. Los operarios intentan abrir un túnel paralelo con cinco máquinas excavadoras que han logrado ya perforar hasta una profundidad de 19 metros, según informaba la agencia oficial MAP a primeras horas de la mañana de este jueves.

Una asociación local de espeleología ha intentado sin éxito acceder hasta el niño. Las autoridades y los vecinos llevan dos noches alrededor del pozo luchando contra reloj por rescatarlo. Mientras las máquinas avanzan en la excavación del túnel paralelo al niño, se le ha hecho llegar por el mismo pozo en el que se ha caído agua azucarada, víveres y una máscara de oxígeno.

El padre del niño habló con el sitio digital Le360 el pasado miércoles, cuando el niño llevaba 25 horas atrapado: “Es mi pozo, yo estaba reparándolo y Rayan estaba a mi lado. En un momento dado, él se cayó y yo no me di cuenta. Alertamos a las autoridades y todos los vecinos han venido a apoyarnos. Todo el mundo ha hecho lo máximo para que él salga con vida y que yo pueda cogerlo entre mis brazos esta noche. Pero yo les oculto que tanto su madre como yo estamos destrozados y muy nerviosos”.

Este jueves, a las siete de la mañana, se interrumpieron los trabajos de excavación para abrir otro túnel al otro lado del pozo. Un equipo médico del hospital provincial de Chauen, con reanimadores y anestesistas, aguardaba junto a la excavación. La gendarmería había emplazado también un helicóptero. Y las autoridades habían solicitado a los vecinos que despejaran la zona y dejasen trabajar a los profesionales.

A las dos de la tarde el niño aún seguía atrapado. Pero ya solo quedaban nueve metros para llegar hasta él.

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