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Rusia ha amenazado este jueves con adoptar “medidas técnico-militares” si fracasa la negociación con Estados Unidos sobre Ucrania y una nueva arquitectura de seguridad internacional. La advertencia figura en el documento de respuesta del presidente ruso, Vladímir Putin, a las propuestas que envió Estados Unidos para evitar un enfrentamiento bélico y que difundió EL PAÍS. La respuesta constituye un mensaje de fuerza tras varios días en los que el Kremlin ha tratado de dar una imagen de distensión, sustentada en el anuncio de una retirada parcial de tropas en la frontera con Ucrania.

En la respuesta, de diez páginas y difundida por la agencia Interfax, Moscú subraya que no ve un compromiso total de Washington respecto al llamado principio de indivisibilidad de la seguridad, por el cual el refuerzo militar de un país no debe amenazar al resto. Moscú cree que un hipotético ingreso de Ucrania en la OTAN, que no está en el horizonte, acercaría la región a un escenario de guerra, ya que la antigua república soviética intentaría retomar Crimea, anexionada por Rusia en 2014, y para ello contaría con la ayuda de los países aliados, vinculados en la defensa de sus socios.

Más allá de esas dos ideas, Rusia exige a Washington la retirada de todas las unidades y armas de las zonas europeas más próximas a Rusia, entre ellas el este y los países bálticos. Es en este contexto en el que advierte de que, si no ve una intención de llegar a un acuerdo, “se verá obligada a implementar medidas técnico-militares”. Moscú considera factible este escenario: “La retórica de los funcionarios estadounidenses refuerza nuestras dudas legítimas de que Washington esté realmente comprometido con solucionar la situación de la seguridad europea”, señala.

Una de las quejas rusas es que la OTAN interpreta “de manera bastante vaga” las disposiciones de su pacto de 1997 para evitar “un despliegue permanente de fuerzas de combate sustanciales”. Según la Alianza Atlántica, los cuatro grupos multinacionales presentes en las naciones bálticas y Polonia suman 4.500 soldados, a lo que se suma una brigada más en Rumania.

La respuesta de Washington a las peticiones de Moscú contemplaban limitar el despliegue de misiles, nuevos sistemas de verificación y ejercicios militares más reducidos junto a las fronteras. La Casa Blanca exige, entre otros puntos, que Rusia retire las más de 100.000 tropas desplegadas junto a Ucrania.

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Exigencias para la desescalada

El Gobierno ruso expone también sus condiciones para retirar sus fuerzas desplegadas junto a Ucrania: “Obligar a Kiev a cumplir el paquete de medidas de Minsk; detener su suministro de armas; retirar de allí todos los asesores e instructores occidentales; no hacer maniobras conjuntas entre sus fuerzas armadas y cualquier país de la OTAN; y sacar de Ucrania todas las armas extranjeras entregadas previamente a Kiev”.

La posición oficial del Kremlin es que el Gobierno ucranio debe conceder un estatus especial a la zona separatista de Donetsk y Lugansk, como figura en el acuerdo de paz de 2015. Es una reclamación que Kiev rechaza aduciendo que no se cumplen ninguno de los otros protocolos firmados y que la región está bajo control ruso de facto. Este jueves, el portavoz de Putin repitió que el cumplimiento de los acuerdos es la única vía para solucionar el conflicto, aunque el mandatario ha recibido esta misma semana una propuesta de la Duma Estatal para valorar si reconoce o no la independencia de las autoproclamadas repúblicas, un reconocimiento que supondría la voladura de estos acuerdos.

“No es un proyecto de ley, es una iniciativa del Partido Comunista que no es apoyada por la formación principal, Rusia Unida”, dijo Dmitri Peskov. No obstante, el partido de Putin votó una propuesta similar cuya diferencia radicaba en que fuera revisada antes por el Ministerio de Exteriores, Sergué Lavrov, en lugar de por el propio presidente.

En la contestación a Estados Unidos, Rusia niega ser responsable tanto de haber provocado la guerra en 2014 —pese a las numerosas pruebas de haber enviado armas a la zona separatista— como de la escalada iniciada en noviembre, cuando los servicios de espionaje estadounidenses revelaron el inicio de la acumulación de soldados, carros y aviones junto a las fronteras ucranias.

“La pérdida de integridad territorial por parte del Estado ucraniano es el resultado de los procesos que han tenido lugar dentro de él”, afirma el Kremlin para justificar su incumplimiento del Memorándum de Budapest de 1994, por el que Kiev renunció a sus armas nucleares a cambio de que se respetara su integridad territorial.

El primer argumento que menciona es, según su versión, un golpe de Estado en Maidán en 2014 pese a que el propio Putin reconoció la presidencia legítima de Petró Poroshenko tras las elecciones de mayo de aquel año. Asimismo, subraya que “la cuestión de la pertenencia de Crimea está cerrada”, puesto que Moscú da legitimidad al referéndum de marzo de aquel año pese a que Putin reconoció el 9 de marzo de 2015 que ordenó a sus servicios de inteligencia la operación “de retornar Crimea”, lo que incluyó el envío de tropas sin identificación a la península.

Todo o nada

El Kremlin reitera que Estados Unidos no ha dado respuesta a sus principales preocupaciones, que también incluyen el regreso de la OTAN a sus fronteras de 1997, cuando se firmó el acuerdo entre ambas partes para una expansión pacífica que a la postre incluiría a países como Polonia, Rumania y los bálticos. Tampoco encuentra el Kremlin respuestas satisfactorias al veto que reclama un despliegue de misiles que puedan alcanzar territorio ruso.

“Las propuestas rusas son un paquete y debe ser considerado como un todo sin diferenciar entre sus componentes individuales”, advierten las autoridades rusas, aunque destacan varios puntos donde podría llegarse a un consenso, entre ellos el control de armamentos.

El Kremlin reclama a la Casa Blanca que desmantele su infraestructura para el despliegue rápido de armas nucleares en Europa y propone un nuevo acuerdo que deje en el olvido el tratado sobre los misiles de medio y corto alcance, el cual vetaba los proyectiles con un radio de 500 a 5.500 kilómetros. Moscú acepta que se verifique que no tiene cohetes 9M729 cerca de Europa, los que llevaron a la ruptura del pacto, mientras que Estados Unidos haría lo mismo con sus plataformas Aegis en Polonia y Rumanía.

Respecto a limitar las maniobras, Rusia considera “poco realista” observar sus intenciones a través de sus ejercicios militares y reclama a Estados Unidos y sus aliados que abandone la política de contención en su contra.

Por otro lado, Moscú reclama que las propuestas sobre la indivisibilidad de la seguridad no sean entregadas de forma colectiva por la Unión Europea y la OTAN, sino país a país, lo que podría ahondar en las diferencias entre los aliados. “Pedimos una respuesta a nivel nacional”, recalca la misiva, aunque la respuesta del bloque comunitario ha sido hasta ahora unánime: “La seguridad europea es indivisible y las nociones de esferas de influencia no tienen lugar en el siglo XXI”, advirtió a finales de enero el alto representante de la UE, Josep Borrell.

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El portavoz del Pentágono, John Kirby, ha afirmado este miércoles que los documentos confidenciales publicados en exclusiva por EL PAÍS —que incluían las respuestas de Washington y la OTAN a las peticiones de Rusia— “muestran la voluntad de negociación” de Estados Unidos con el Kremlin con el fin de solventar la crisis de Ucrania. Kirby se ha referido a esta documentación motu proprio en su discurso inicial antes de una rueda de prensa en el Departamento de Defensa. “Nosotros no hicimos público este documento, pero ahora que lo es, confirma al mundo entero lo que siempre hemos dicho: no hay diferencia entre nuestras declaraciones públicas y nuestras conversaciones privadas”, señaló. “La OTAN y sus socios están unidos en su decisión de abrir una diplomacia seria y constructiva. Estados Unidos está haciendo el último esfuerzo por encontrar una solución diplomática”, concluyó.

Poco después, a preguntas de un periodista, Kirby ha señalado que no iba a abundar sobre la propuesta de negociación de Estados Unidos en público. “Un medio de comunicación europeo la ha publicado y puede verla ahí”, ha respondido en referencia a la publicación de EL PAÍS. “Demuestra que lo que hemos dicho en público es lo que hemos dicho a los rusos en privado, que estamos dispuestos a abordar las preocupaciones de seguridad en Europa de forma recíproca”.

Por su parte, Moscú, destinataria de los documentos enviados por EE UU y la OTAN, ha reaccionado con cautela a la publicación de los mismos. La única declaración al respecto de un alto cargo ruso este miércoles ha sido la del portavoz del presidente Vladímir Putin: “Nosotros no hemos difundido nada, no quiero comentar esto”, ha contestado Dmitri Peskov al ser preguntado por el contenido de las cartas. El portavoz subrayó ante la prensa que el Kremlin había prestado especial atención al material, aunque evitó profundizar en ello y se ciñó a las palabras pronunciadas un día antes por Putin.

La principal agencia de noticias estatal rusa, RIA Novosti, comprobó la veracidad de los documentos con sus propios contactos diplomáticos. “Sí’, dijo la fuente cuando se le preguntó si podía confirmar la autenticidad del documento”, según publicó el medio en una escueta noticia de párrafo y medio.

En su comparecencia, el portavoz de Putin recordó que el presidente ruso “hizo una valoración general” de la misiva estadounidense en la rueda de prensa posterior a su encuentro con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Peskov repitió las declaraciones del jefe del Kremlin en las que había afirmado sentirse “engañado” porque la OTAN “prometió no expandirse”, pero posteriormente amplió sus miembros en el este de Europa.

Preguntado sobre cómo valoraba la noticia publicada por EL PAÍS y si consideraba que los documentos habían sido filtrados de forma interesada, el portavoz de Putin evitó pronunciarse. “No lo sabemos, y no es nuestra labor adivinar a través de los posos del café, por lo que lo dejo aquí sin comentarios. Nada que comentar”, subrayó Peskov.

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El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, había dado por hecho el pasado 27 de enero que el contenido de las cartas sería público algún día. “Nuestros colegas americanos nos dijeron que si bien preferían que estos documentos quedasen en un diálogo diplomático confidencial, habían sido consensuados con todos los aliados de Estados Unidos y con la parte ucrania, por lo que no tengo ninguna duda de que a corto plazo se filtrarán”, dijo Lavrov.

A mediados de noviembre del pasado año, fue el propio Ministerio de Exteriores ruso el que filtró varias páginas con conversaciones confidenciales con Berlín y París sobre las fuerzas separatistas del este de Ucrania. Estos diálogos tuvieron lugar en el contexto del formato de Normandía, del que forman parte esos tres países y Ucrania para encontrar una solución a la guerra iniciada en 2014.

En las negociaciones actuales sobre las garantías de seguridad que pide el Kremlin, una de las propuestas de Estados Unidos y la OTAN es que tanto occidente como Rusia no desplieguen fuerzas militares en Ucrania. Sobre esta iniciativa, Peskov hizo suya la tesis de Putin de que una Ucrania miembro de la OTAN “puede considerar posible atacar a Rusia, por ejemplo, invadir la región rusa de Crimea”. “Y después nos enfrentaríamos a la amenaza de una guerra entre Rusia y el bloque de la OTAN”, agregó.

Respecto al rechazo de la OTAN a renegar de su principio básico de mantener las puertas abiertas a la adhesión de cualquier nación, el portavoz de Putin insistió en el argumento del Kremlin de que esa política “no figura” en los documentos fundacionales de la OTAN, aunque él mismo reconoció que nada impide aceptar en su seno a Ucrania o Georgia. “El artículo 10 de la Carta (de la Alianza Atlántica) dice que se pueden admitir nuevos miembros, pero en ninguna parte se habla de puertas abiertas”, opinó el portavoz de Putin.

También se pronunció sobre la contestación de la Casa Blanca el primer vicepresidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma, el Parlamento ruso, Viacheslav Níkonov. “La impresión general es que la respuesta es, por supuesto, descarada. Hablando claro, no he visto tantas acusaciones contra Rusia en mucho tiempo. Automáticamente achacan a Rusia todos los problemas que provocan Estados Unidos y sus aliados en el mundo”, dijo Níkonov a la agencia Interfax. No obstante, el político admitió que son buenas algunas propuestas como abordar la prórroga del acuerdo de armas nucleares START-3; y crear un sistema de verificación para que la parte rusa compruebe que no hay misiles de crucero Tomahawk en los emplazamientos de defensa antimisiles de Rumania y Polonia, pues estos pueden alcanzar el territorio de la Federación de Rusia.

Otro miembro de la Duma, el primer vicepresidente de la cámara baja, Dmitri Novikov, advirtió por su parte de que el despliegue de miles de tropas estadounidenses en Polonia y Rumania revelado este miércoles podría provocar una ruptura de las negociaciones. “A menos que esto sean noticias falsas para consumo interno, es un paso totalmente destructivo”, apuntó antes de señalar que “complica la situación en torno a Ucrania” y “boicotea el frágil proceso de negociación de las garantías de seguridad”.

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Las perspectivas de solución diplomática en la crisis entre Rusia y Ucrania se ensombrecen. Justo un día después de que la OTAN y Moscú se vieran las caras en un encuentro “difícil y abierto”, el desencuentro ―verbal, por ahora― ha aumentado mucho. El régimen de Vladímir Putin habla ya de “punto muerto” en el proceso, en palabras del viceministro de Exteriores Serguéi Riabkov, que no ve motivos para seguir dialogando con Occidente. El Kremlin asegura que hará todo lo necesario para “eliminar” lo que considere como “amenazas inaceptables a su seguridad nacional”. En el otro lado, las palabras no son menos duras: “El riesgo de guerra en la región es ahora mayor que en cualquier otro momento de los últimos 30 años”, ha avisado Zbigniew Rau, nuevo presidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Este jueves se celebraba la última reunión de esta semana, que ha tenido una agenda cargada de encuentros para tratar de empezar a rebajar la tensión entre Rusia, por un lado, y Ucrania y Occidente, por otro. Era la tercera y, en esta ocasión, el foro era la OSCE, el único en el que Ucrania tiene representación. Ahí han llegado las declaraciones de Rau, también ministro de Asuntos Exteriores de Polonia, uno de los países que miran con más recelo cada movimiento de Moscú. Pero no ha sido el único que ha hablado, también lo ha hecho el representante de Rusia en la organización, Aleksandr Lukashevich: “Si Moscú no escucha en un tiempo razonable una respuesta constructiva a las propuestas que ha hecho, y si la conducta agresiva hacia Rusia continúa, se tomarán todas las medidas necesarias para asegurar un equilibrio estratégico y eliminar las amenazas inaceptables a la seguridad nacional”.

La opción bélica está sobre la mesa. El pasado 21 de diciembre, el presidente Vladímir Putin amenazó con “medidas de represalia técnico-militares” a cualquier iniciativa “hostil” de la OTAN. Entre estas supuestas amenazas figura el despliegue de armas en Ucrania porque, en opinión de Putin, ello empujaría a Kiev a intentar retomar Crimea ―que Rusia se anexionó con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional en 2014― o la región del Donbás, donde tropas separatistas apoyadas por el Kremlin y el Ejército ucranio se enfrentan desde hace ocho años.

Esta jornada, el viceministro Ryabkov subrayó esta idea en una entrevista del canal RTVI. “Los especialistas militares, como se ha dicho oficialmente, ofrecen variantes continuamente al presidente por si empeora la situación”, subrayó el alto cargo. “Esto es un tema difícil, no se debe agitar en el espacio público porque la situación ya es inestable; se debe dar una oportunidad a la diplomacia”, agregó Ryabkov, que el lunes encabezó la delegación rusa en las negociaciones bilaterales con Estados Unidos que tuvieron lugar en Ginebra.

Estrategia aliada

Pero si llega ese momento, Moscú sabe que se tendrá que enfrentar a “sanciones enormes”, según suelen decir con cierta retórica grandilocuente las autoridades occidentales, en el campo económico, político y diplomático. Esos castigos planeados para cuando llegue el caso no se han dado a conocer como parte de la estrategia aliada. No obstante, este jueves el Alto Representante para la Política Exterior de la Unión Europea, Josep Borrell, ha sugerido algunas de las cosas que estarían sobre la mesa. “Ciertamente hay un vínculo entre la situación militar en Ucrania y esta infraestructura [el gaseoducto Nord Stream 2]. Es obvio”, ha contestado el político español cuando se le ha preguntado específicamente sobre el tema.

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La puesta en marcha de este gaseoducto, que une Rusia y Alemania a través del mar Báltico sin atravesar otro país, está ahora suspendida por exigencia del regulador alemán. Así lo ha recordado Borrell, quien ha advertido que esta es una “infraestructura privada” y que “no contribuye a la autonomía energética de Europa”, motivo por el que la Comisión no la ha señalado como “prioritaria”, pese a la clara apuesta alemana por este gaseoducto y el gas natural procedente de Rusia.

No será fácil reconducir las negociaciones entre todos los actores. Las condiciones de partida que plantea Moscú son algo más que una posición de máximos para ir reduciendo las exigencias durante la negociación. De hecho, fuentes diplomáticas europeas las ven como una excusa que le permita justificar que se levantan de la mesa. Rusia demanda que la OTAN cese en su adhesión de nuevos miembros y vuelva a sus fronteras de 1997, justo antes de la inclusión de Polonia, los países bálticos y otras naciones de Europa del este. La Alianza Atlántica y el Kremlin firmaron aquel año un acuerdo para la expansión pacífica de la OTAN. Esto, tanto para la Alianza Atlántica como para los demás actores, es inasumible porque supone cercenar la soberanía de aquellos países que quieran ingresar en la organización militar occidental y, además, volver a la lógica de esferas de influencia y Estados satélites que imperaba en la Guerra Fría.

Zbigniew Rau, este jueves en Viena.
Zbigniew Rau, este jueves en Viena. ALEX HALADA (AFP)

En cualquier caso, tras esta intensa semana de reuniones parece haberse agotado la vía del diálogo, según Ryabkov. “Estados Unidos y sus aliados nos dicen ‘no’ en elementos clave de los textos, y donde dicen ‘sí, discutamos más’ son historias secundarias a que la OTAN no se expanda”, aseguró Ryabkov, quien no encuentra un motivo para más reuniones: “Sin aclararse si hay algún margen de flexibilidad en el otro lado para trabajar en temas serios, no veo ninguna razón para sentarnos en los próximos días, para reunirnos y comenzar de nuevo con estas mismas discusiones”. Esas “historias secundarias” a las que se refiere fueron detalladas el miércoles por el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, cuando habló de “transparencia en los movimientos” y discutir sobre los arsenales.

El fantasma de una guerra abierta en Ucrania volvió a avivarse en noviembre, cuando la inteligencia estadounidense detectó el despliegue de más de 110.000 soldados rusos, blindados y artillería alrededor de sus fronteras. “Sobre los movimientos en nuestro territorio, qué rutas nos recomiendan usar los americanos, no creo que sea necesario explicar que estas exigencias son inaceptables”, afirmó esta misma jornada el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov. El jefe de la diplomacia rusa respondió que las negociaciones han ido “cómo esperábamos” y tachó de “arrogante” y “sin compromiso” a la parte occidental.

El ministro de Exteriores ucranio, Dmitro Kuleba, ha hecho balance de las negociaciones de esta semana y ha resaltado la “unidad inquebrantable” mostrada por Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea, “lo que destruyó las esperanzas de Rusia de hacer pactos con Washington “al margen de las partes interesadas”. El jefe de la diplomacia ucrania también ha destacado que Kiev espera “desarrollar aún más sus lazos con la OTAN” y fijó en rojo la próxima cumbre de Madrid en junio, que “deberá reforzar el compromiso de la alianza para defender su política de puertas abiertas”. A esa unidad también se ha referido Borrell cuando ha subrayado los más de 100 contactos por diferentes canales que se han producido entre Estados Unidos y sus aliados desde noviembre para intercambiar información sobre la situación y sus puntos de vista sobre esta crisis.

Momento crucial

“Ahora viene el momento más crucial”, ha apuntado Kuleba, que ha advertido de que Rusia continúa reforzándose junto a sus fronteras y en la región separatista del Donbás. “[Occidente] no debe escatimar esfuerzos para garantizar que Rusia reduzca la escalada. Las consecuencias de una nueva invasión rusa de Ucrania serían devastadoras para Europa”, ha valorado el ministro, que ha solicitado a sus aliados que no preparen solo un paquete de sanciones económicas y medidas políticas, sino que también envíen material bélico defensivo a sus fuerzas armadas.

Precisamente, este miércoles, otro viceministro de Exteriores ruso Aleksandr Grushkó ha señalado tras su reunión con los miembros de la OTAN en Bruselas que la condición para la desescalada militar rusa en torno a Ucrania es que la Alianza retire sus instructores del país y cese de enviar armamento.

Pese a la falta de diálogo, el Ministerio de Exteriores ruso ha anunciado que la ministra de Exteriores alemana, Annalena Baerbock, se reunirá con Lavrov en Moscú el próximo martes. Una de las cuestiones que abordarán será el gasoducto Nord Stream 2, completado a finales de diciembre, aunque aún inoperativo por no haber sido certificado por Bruselas.

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Liz Truss, el 16 de diciembre durante una entrevista en Madrid.
Liz Truss, el 16 de diciembre durante una entrevista en Madrid.ALEX ONCIU

El Partido Conservador del Reino Unido dispone solo de un martillo —llamado Brexit— para hacer política, y todos los problemas se le antojan clavos. La relación de Londres con Bruselas ha vuelto a convertirse en el rehén de las refriegas políticas domésticas. La nueva ministra de Asuntos Exteriores, Liz Truss, que mantiene desde hace más de un año su posición de favorita para suceder al primer ministro entre los afiliados tories, según la página web ConservativeHome, ha retomado un discurso de tono duro para dirigirse a la Comisión Europea, en referencia a la estancada y astillosa negociación sobre el Protocolo de Irlanda del Norte. Después de la dimisión, a finales del pasado año, de David Frost como ministro para la UE, Truss asumió personalmente la interlocución con Maros Sefcovic, vicepresidente de la Comisión.

El intercambio de papeles coincidió con la sensación —así se interpretó en Bruselas— de que el Gobierno de Johnson, agobiado con sus crisis internas y la amenaza de la variante ómicron, rebajaba sus exigencias y se mostraba dispuesto a buscar el pragmatismo y la conciliación en sus negociaciones con Bruselas. El próximo jueves Sefcovic y Truss tendrán su primer encuentro cara a cara, en Chevening House, la residencia campestre en el condado de Kent que suele utilizar como lugar de descanso o sede de encuentros políticos el titular de Exteriores de turno.

En una tribuna de opinión publicada en el periódico de referencia de los conservadores, The Sunday Telegraph (la edición dominical de The Daily Telegraph), Truss pone sus cartas sobre la mesa, para que las vean en la UE, pero también todos aquellos euroescépticos del ala dura del partido cada vez más frustrados por el modo en que se ha desinflado la conquista del Brexit. Y los unionistas de Irlanda del Norte, tradicionales aliados de la derecha británica, que encaran unas elecciones autonómicas complicadas en mayo, en las que sus votantes están convencidos de que el Protocolo de Irlanda del Norte fue una traición que les alejó aún más del Reino Unido.

“Tal y como está hoy redactado, el Protocolo ha perdido el respaldo de la comunidad unionista, por su miedo a que Irlanda del Norte se esté separando del resto del Reino Unido”, ha escrito Truss. “Estoy dispuesta a trabajar día y noche para negociar una solución. Pero voy a ser muy clara: no firmaré nada que impida que los ciudadanos de Irlanda del Norte puedan beneficiarse de las mismas decisiones en materia de impuestos o de gasto que afecten al resto del Reino Unido, o que imponga controles en las mercancías que circulan por nuestro país”. La ministra recupera la amenaza de invocar el artículo 16 del Protocolo, que permite suspender unilateralmente parte de sus disposiciones si se producen “dificultades económicas, sociales o medioambientales graves”. Y vuelve a exigir que se arrebate al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) cualquier papel supervisor sobre el comercio en Irlanda del Norte. Exactamente las mismas demandas que esgrimió su supervisor, y que llevaron a la irritación a la UE, hasta el punto de que Londres y Bruselas se situaran al borde de una guerra comercial. “Los problemas que han surgido fueron provocados por el Brexit, y no por el Protocolo [de Irlanda del Norte]. El Protocolo ha intentado mitigar los problemas creados en la región con el tipo de Brexit que se eligió”, ha dicho a Sky News el embajador de la UE en Londres, Joao Vale de Almeida. “Ya hemos escuchado antes este discurso. No nos impresiona, pero tampoco consideramos útil estar agitando constantemente el artículo 16″.

Truss exige que se rebajen prácticamente a cero los controles aduaneros de las mercancías que viajan de Gran Bretaña a Irlanda del Norte, y que los problemas que surjan sean sometidos a un arbitraje independiente, y no supervisados y resueltos por el TJUE. El Protocolo de Irlanda, un tratado internacional anejo al Acuerdo de Retirada de la UE que firmaron Londres y Bruselas, y con la misma fuerza vinculante, fue la fórmula que permitió desenredar el nudo gordiano del Brexit. Al salirse del mercado interior de la UE, la frontera terrestre entre el Reino Unido y la Unión Europea era la separación entre la República de Irlanda (socio comunitario) e Irlanda del Norte, territorio británico. Pero el establecimiento de cualquier control aduanero, cualquier tipo de frontera en la isla, ponía en peligro la paz alcanzada por el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que puso fin a décadas de terrorismo y violencia sectaria. El acuerdo creó la acertada idea de una frontera invisible, por la que católicos y protestantes, republicanos y unionistas, cruzan libremente cada día bajo la ilusión de que viven en una sola isla llamada Irlanda. Para preservar esa estabilidad, Londres y Bruselas acordaron que el control aduanero se establecería en el mar de Irlanda, y que Irlanda del Norte, de facto, seguiría formando parte del mercado interior de la UE.

La ministra de Exteriores ha decidido ahora mantener la línea dura de su predecesor y exigir la revisión de un protocolo que, sin embargo, Johnson no tuvo ningún reparo en firmar en su momento para sacar adelante su anhelado Brexit. Truss, que durante el referéndum de 2016 defendió claramente la postura favorable a permanecer en la UE, se cayó poco después del caballo y es ahora una de las más firmes defensoras de las potenciales promesas que supone que el Reino Unido sea de nuevo un actor solitario en la escena internacional. Promesas, sobre, todo para su propia ascendente carrera política en el Partido Conservador.

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Personal de seguridad inspecciona un camión de la Policía Nacional destruido por un artefacto explosivo en Cali, Colombia, el 8 de enero de 2022.
Personal de seguridad inspecciona un camión de la Policía Nacional destruido por un artefacto explosivo en Cali, Colombia, el 8 de enero de 2022.PAOLA MAFLA (AFP)

La última guerrilla activa en Colombia ha vuelto a hacerse sentir. La oleada de violencia que desató el ELN en su enfrentamiento con las disidencias de las FARC sacudió el inicio de la semana –y del nuevo año–, con 27 asesinatos en el departamento de Arauca, fronterizo con Venezuela. Y la semana acabó el viernes con el enésimo atentado de la insurgencia contra la fuerza pública, un ataque con explosivos contra un camión de la policía en la ciudad de Cali que dejó 13 uniformados heridos.

“Es claro su interés de incidir en el proceso electoral de este año con el apoyo de dictaduras socialistas y comunistas”, declaró este sábado el presidente Iván Duque tras el atentado del ELN, rechazado por todas las fuerzas políticas. El país tiene elecciones legislativas en marzo y presidenciales en mayo. “Colombia no se doblega ni se doblegará jamás ante el terrorismo”, añadió el mandatario sobre una guerrilla que con sus acciones ha dificultado cualquier tipo de negociación durante su mandato.

El vacío de poder que dejaron las FARC tras la desmovilización de 13.000 de sus integrantes se ha llenado no solo por disidencias y otros grupos paramilitares que tienen en jaque a varias poblaciones de Colombia, sino que ha dado paso a que el autodenominado Ejército de Liberación Nacional se instale como el principal grupo ilegal del país. Pero, además, como afirma el centro de pensamiento InSight Crime, es una organización criminal que se disputa tanto en Colombia como en Venezuela “todas las principales economías criminales”, en especial la minería ilegal de oro y el tráfico de drogas.

El ministro de Defensa de Colombia, Diego Molano , tercero por la izquierda, observa junto a la cúpula militar y de policial los datos causados por el ataque de este sábado en Cali.
El ministro de Defensa de Colombia, Diego Molano , tercero por la izquierda, observa junto a la cúpula militar y de policial los datos causados por el ataque de este sábado en Cali. Policía Nacional de Colombia (EFE/Policía Nacional de Colombia)

De raíces católicas y fundada en 1964, inspirada en la revolución cubana, la guerrilla del ELN presenta ahora una dimensión internacional, advierten varios analistas. “El ELN ha transitado a convertirse en una suerte de ejército binacional. Su objetivo ya no es tanto la toma del poder en Colombia, sino la defensa de la revolución bolivariana” en Venezuela, asegura Jorge Mantilla, director de Dinámicas del Conflicto de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

Aunque no todos coinciden, reconocen su presencia del otro lado de la extensa y porosa frontera con Venezuela. “Esa presencia es similar a la que tienen en otras regiones, controlando negocios como la minería ilegal en la faja del río Orinoco, básicamente para captar rentas, y no de carácter ideológico”, afirma Martha Márquez, directora del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep).

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Ningún informe se atreve a dar certeza del actual número de combatientes del ELN ni del porcentaje de ellos que está del lado venezolano. Sin embargo, el general Luis Fernando Navarro, comandante de las Fuerzas Armadas de Colombia, ha calculado que la guerrilla contaba en 2021 con 2.350 combatientes, de los cuales 1.200 se mueven en los estados venezolanos de Táchira, Apure, Zulia y Amazonas. Navarro dijo a la agencia Reuters que en la frontera hay también cerca de 700 de los más de 2.000 combatientes de grupos disidentes de las extintas FARC que no se sumaron al proceso de paz.

La localización de 27 cadáveres en distintos puntos de Arauca ha vuelto a poner la mirada en esta guerrilla. Aunque en principio se habló de enfrentamientos armados entre el ELN y el frente 10 de las disidencias, el fiscal general de Colombia, Francisco Barbosa, aseguró que todas las víctimas recibieron disparos a corta distancia, “en la modalidad de sicariato”. Es decir, no se trató de combates. Las víctimas, agregó, fueron obligadas a salir de sus viviendas, algunas llevadas a Venezuela, asesinadas y posteriormente trasladas a territorio colombiano. El ministerio de Defensa ha señalado que ocho de los fallecidos tenían antecedentes judiciales por distintos delitos, y dos de ellos eran cabecillas de las disidencias.

La presencia del ELN en una zona atravesada por dos importantes oleoductos ha sido histórica. “El ELN no existe sin Arauca. Ha estado allí incluso antes de que el petróleo fuera estratégico. Y en los noventa, cuando se descentralizan las regalías se dan cuenta de que esta es una de las regiones más ricas del país y desarrollan una estrategia de cooptación de la democracia local”, explica a EL PAÍS Juan David Gutiérrez, profesor asociado de la Universidad del Rosario y experto en las relaciones entre conflicto armado y petróleo.

El comandante del ELN Uriel, fotografiado en 2017 durante una entrevista en el departamento del Chocó. Murió en 2020 durante un operativo militar.
El comandante del ELN Uriel, fotografiado en 2017 durante una entrevista en el departamento del Chocó. Murió en 2020 durante un operativo militar.LUIS ROBAYO (AFP)

Esas alianzas con alcaldes locales y gobernadores han marcado también los equilibrios y las tensiones con otros grupos armados. “En las confrontaciones entre el ELN y las FARC entre 2004 y 2010, termina prevaleciendo el ELN por sus relaciones con la política”, coincide Mantilla. El actual gobernador de Arauca fue enviado a la cárcel por presuntos nexos con esa guerrilla.

Durante años, el ELN se caracterizó por destruir oleoductos y secuestrar trabajadores de las petroleras. Uno de sus peores ataques fue la voladura de un oleoducto que mató a 70 personas en Antioquia, así como secuestros masivos e impactantes como el de un avión con 46 pasajeros o el plagio de 170 personas de la iglesia La María, cerca de Cali.

Gutiérrez no cree que las actuales confrontaciones tengan relación con las rentas del petróleo y otros analistas han hablado de discrepancias por rutas de narcotráfico y de manejo de control social durante la pandemia. “Hay también una dimensión internacional de ese conflicto, con la interacción de actores geopolíticos como Venezuela y, en otra época, Estados Unidos”, indica. El analista recuerda que Arauca fue altamente militarizada durante el Plan Colombia y que varias compañías petroleras hicieron lobby ante Estados Unidos para que los recursos militares de ese plan, que originalmente era contra los cultivos de coca, también se destinaran a la protección de los oleoductos.

Militarización, otra vez

La respuesta del Gobierno de Iván Duque ante la actual crisis ha sido también enviar dos batallones con 625 hombres. Durante su mandato las fuerzas militares han dado golpes contra algunos de los jefes del Frente de Guerra Occidental del ELN, en el Chocó. Entre ellos alias Uriel, una de sus figuras más mediáticas.

Pero estos golpes no han supuesto una protección para las comunidades que sufren desplazamientos. De acuerdo con el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), en los últimos cinco meses los enfrentamientos armados con participación de esa guerrilla han aumentado sostenidamente. Por eso a través de la iglesia y otras organizaciones, en zonas como Chocó, Cauca o Nariño, piden acercamientos de paz.

Las posibilidades son lejanas. Desde que ese grupo atentó contra una escuela de cadetes en Bogotá y dejó 22 muertos, en enero de 2019, el presidente Duque cerró las puertas a la vía negociada. El mandatario ha exigido también a Cuba que expulse a varios de los representantes del Comando Central del ELN (COCE) que permanecen en La Habana, desde cuando el expresidente Juan Manuel Santos (2010-2018) comenzó acercamientos con ellos.

El carácter federado, la presencia regional diferenciada y la autonomía de sus frentes dificultan la negociación, confirman analistas. “En el documento ¿Por qué es tan difícil negociar con el Eln? planteamos que eso podría incluso llevar a la división de esta guerrilla en caso de que no hubiera un consenso de todos los frentes y señalamos que dentro del COCE hay una línea fuerte guerrerista en cabeza de alias Pablito”, explica Márquez, directora del CINEP, sobre el documento que produjo el sacerdote Fernán González. Para ella y otros analistas hay que insistir en acuerdos de paz que entiendan la lógica de regionalización del ELN.

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