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El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, lanzó este miércoles una carga de profundidad contra algunas empresas señeras del capitalismo francés que, a su juicio, son cómplices de crímenes de guerra rusos en Ucrania. Zelenski, en un discurso por videoconferencia ante la Asamblea Nacional y el Senado de Francia, instó a estas empresas —entre las que citó al fabricante de automóviles Renault y a las cadenas comerciales Auchan y Leroy Merlin— a abandonar Rusia.

Las reacciones de algunos de los aludidos no tardaron en llegar. El grupo Renault anunció en un comunicado que suspendía de forma inmediata sus actividades en la fábrica que tiene en Moscú. También declaró que “estudiará todas las opciones disponibles” respecto a su filial rusa, Avtovaz, “actuando con responsabilidad con sus 45.000 empleados en Rusia”.

“Las empresas francesas deben abandonar el mercado ruso: Renault, Auchan, Leroy Merlin y otras deben cesar de ser patrocinadores de la maquinaria de guerra de Rusia”, dijo Zelenski desde un despacho en Ucrania y vestido con la habitual camiseta militar que lleva desde que hace un mes su país fue invadido por Rusia. El presidente añadió: “Deben dejar de financiar el asesinato de mujeres y niños y las violaciones. Todo el mundo debe recordar que los valores valen más que los beneficios”.

La acusación es grave. Coincide con las críticas al gigante francés energético Total Energies para que, como han hecho otras multinacionales del sector, se retire completamente de Rusia. El candidato ecologista a las elecciones presidenciales del 10 y el 24 de abril en Francia, Yannick Jadot, ha acusado a Total de “complicidad en crímenes de guerra”. Total ha denunciado a Jadot por “difamación”. El presidente de Total, Patrick Pouyanné, declaró en la cadena RTL que la decisión de cortar el suministro energético proveniente de Rusia corresponde a los Gobiernos europeos, y no a su empresa.

La presión crece sobre las empresas francesas que se resisten a abandonar Rusia. El ministro ucranio de Exteriores, Dmitro Kuleba, había llamado al boicot de Renault. Tras el bombardeo por Rusia, el domingo, de una tienda de Leroy Merlin en Kiev, el ministro de Defensa de Ucrania escribió en la red social Twitter: “Leroy Merlin se ha convertido en la primera empresa del mundo que financia el bombardeo de sus propias tiendas y el asesinato de sus propios empleados. Codicia horrible, inhumana”.

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En un comunicado publicado por la agencia France Presse, Adeo —empresa propietaria de Leroy Merlin— rechazó la petición de Zelenski ante los parlamentarios franceses y declaró que seguirá en Rusia, aunque ha suspendido las nuevas inversiones en ese país. Adeo sostiene que cerrar las puertas en Rusia equivaldría a “una quiebra premeditada” que “abriría la vía a una expropiación que reforzaría a los medios financieros de Rusia”.

Como en otros discursos a Parlamentos de otras democracias (el Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Israel, Italia), el presidente ucranio apeló ante la Asamblea Nacional y el Senado a la historia del país al que se dirigía. En el caso francés, a la batalla de Verdún durante la Primera Guerra Mundial, al lema republicano de la “libertad, igualdad, fraternidad” e incluso a una figura de la cultura popular como el actor Jean-Paul Belmondo.

Zelenski también se dirigió el miércoles al Parlamento de Japón. Y adaptó su mensaje a ese país. Para alertar de la amenaza nuclear y química en Ucrania, invocó la memoria de la catástrofe en la central nuclear de Fukushima en 2011 y al ataque con gas sarín en el metro de Tokio en 1995.

Ante los parlamentarios franceses, Zelenski criticó a los políticos del país, algunos de ellos sentados en el hemiciclo, “que esconden la cabeza bajo la arena y buscan dinero en Rusia”. Era una alusión, sin citarla, a Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha a las elecciones presidenciales de abril, que en el pasado financió su campaña con un préstamo de un banco ruso. También elogió al presidente francés, y candidato a la reelección, Emmanuel Macron: “Ha hecho prueba de un verdadero liderazgo, nos comunicamos constantemente”.

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Que Francia quiere retirar sus tropas de Malí hace tiempo que dejó de ser un secreto. Lo que falta son los detalles: el cuándo y cómo y el después. Eso es lo que el presidente francés, Emmanuel Macron, ha discutido este miércoles en una cena informal con los dirigentes del Sahel y algunos de los países europeos implicados en las diversas misiones en la zona, a cuya continuidad afectará la decisión francesa, en vísperas de la Cumbre UE-Unión Africana que empieza el jueves en Bruselas.

En un intento de evitar que la marcha gala suene a estampida unilateral al estilo de lo ocurrido en Afganistán, París busca consensuar al máximo una decisión que justifica, por un lado, con la actitud antifrancesa de las autoridades golpistas de Malí, que no están invitadas a la cita, pero también alegando un cambio de estrategia por la evolución de la amenaza terrorista en toda la región. La cuestión es si los demás países, especialmente los socios europeos que también tienen tropas desplazadas en la zona, acaban compartiendo esa visión —aunque por el momento algunos, como España, abogan por que las decisiones se tomen a nivel europeo— o si París al final tendrá que asumir solo su decisión.

La salida de las fuerzas francesas obligará a revisar la presencia de la misión militar europea en Malí, incluida la participación de España y Alemania que, aunque no forman parte de Takuba, son los principales contribuyentes de la veterana misión EUTM-Malí, liderada por España y que instruye al Ejército maliense para enfrentarse a los terroristas. Ambos países se han mostrado dispuestos a revisar su presencia en Malí, aunque España no es muy partidaria de la retirada.

La respuesta se conocerá previsiblemente en la mañana del jueves, en una rueda de prensa que Macron ha convocado en París antes de partir a Bruselas tras la cena del miércoles, en la que están invitados Mauritania, Chad y Níger, los países del Golfo de Guinea, la Unión Africana (UA) y el alto representante de la Coalición para el Sahel, Djimet Adoum. También asistirán los presidentes del Consejo Europeo y de la Comisión Europea, así como al alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, Josep Borrell. Los grandes ausentes serán Malí y Burkina Faso, excluidos por estar suspendidos de la UA. Tampoco habrá representación de España aunque sí ha sido invitada.

Una concurrida cita, en cualquier caso, que resulta clave para la imagen de “convergencia” que busca mostrar el Gobierno francés que, a menos de dos meses de las elecciones presidenciales, no quiere que los aspirantes al Elíseo de la oposición usen la retirada de Malí, donde empezó la intervención militar gala hace nueve años, como arma arrojadiza contra Macron, que debe oficializar pronto su candidatura a un segundo mandato.

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En total, en el Sahel hay, según el Elíseo, unos 25.000 efectivos internacionales, de los que 4.300 son franceses. De ellos, 2.400 están en Malí en el marco de la operación antiyihadista Barkhane y la Takuba, la misión de fuerzas especiales de varios países de la UE acordada en enero de 2020 y que apoya, bajo mando francés, a las fuerzas armadas malienses en operaciones antiterroristas en el país. Francia, que ha perdido en sus nueve años de operaciones en el Sahel a más de medio centenar de militares, ya recompuso su dispositivo en Malí en 2021, reduciendo su presencia militar en el norte del país y priorizando las operaciones de Takuba, recuerda la Agencia France Presse.

Ahora se trata de dar el paso definitivo y confirmar la retirada de su presencia militar, en pleno deterioro de las relaciones con Bamako tras dos golpes de Estado y la presencia cada vez mayor de mercenarios de la empresa rusa Wagner. “Seguir en un lugar no es un fin en sí. Hay que seguir, pero solo donde podamos tener las palancas para actuar. Y donde no se reúnen las condiciones para una acción eficaz sobre los grupos terroristas, no hay que buscar seguir a toda costa”, decía una fuente diplomática francesa hace una semana, cuando se incrementaron los rumores de una inminente salida gala de Malí.

Se espera que el contingente galo sea trasladado al vecino Níger, aunque París advierte de que no busca una mera transferencia de tropas de un país a otro, sino un replanteamiento más amplio de su presencia en la región, que no será ya “la de una operación exterior clásica, con bases militares y un estado mayor regional”, subrayan las fuentes, sino que buscará “adaptarse a las necesidades de cada país” en vista de la evolución de la amenaza terrorista en la zona en estos últimos años.

“Necesitamos reinventar nuestra alianza militar” en el Sahel, insiste el Elíseo. “No se trata de desplazar lo que se hace en Malí a otra parte, sino de reforzar lo que hacemos en Níger y apoyar más el flanco sur”, agrega.

Las cada vez más deterioradas relaciones de París con las fuerzas golpistas de Bamako sufrieron una fractura clave con la expulsión a finales de enero del embajador francés en Malí, Joël Meyer. París no obstante insiste en que la “trayectoria de ruptura con las autoridades de transición” malienses afecta al “conjunto” de los socios de la región y a los europeos que apoyan las diversas operaciones en el Sahel. De ahí la necesidad, insisten fuentes del Elíseo, de “reunir a los países implicados en el Sahel para ver qué consecuencias hay que sacar” de la situación y de la actitud de Bamako.

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