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Los socialistas franceses se preparan para la peor derrota electoral de su historia moderna y Anne Hidalgo, su candidata, para un futuro como alcaldesa de París que puede acabar lastrado por este fracaso. Las expectativas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el 10 de abril, son catastróficas para Hidalgo: entre el 2 y el 3% de votos, por debajo incluso del candidato comunista, Fabien Roussel.

Si se confirman las expectativas, será un resultado peor que el de 1969, cuando Gaston Defferre el candidato de la SFIO, antecedente del Partido Socialista (PS), sacó un 5% de votos. No alcanzar el 5% dejaría al PS sin la financiación de casi la mitad de los gastos de campaña que reciben los que han superado este umbral. Y dejaría a los socialistas, que todavía disponen de una sólida implantación municipal, al borde de la irrelevancia en la política nacional, y en riesgo de desaparición como marca electoral.

“El Partido Socialista va a morir”, anticipa el politólogo Gérard Grunberg, coautor de L’ambition et les remords: le socialistes français et le pouvoir, libro de referencia sobre la historia del PS. “Pienso que es el final”.

Los previsibles malos resultados de Hidalgo –una socialdemócrata europeísta, ecologista y municipalista– planean sobre su futuro en la alcaldía de París. Salió reelegida con comodidad en las municipales de 2020, y el mandato dura hasta 2026, pero sus oponentes ya afilan los cuchillos. “La noche de la primera vuelta se abrirá una crisis de legimitidad profunda”, vaticinó en Le Figaro la conservadora Rachida Dati, su rival en las últimas municipales. “Ante tal rechazo, Anne Hidalgo no podrá dirigir una de las mayores metrópolis de Europa”.

El politólogo Grunberg sostiene que lo que ocurre ahora es la culminación de lo que comenzó en 2017, cuando el centrista Emmanuel Macron conquistó el poder. Un proceso que también ha debilitado hasta el extremo a Los Republicanos (LR), el partido de la derecha moderada que, junto al PS, estructuró durante casi medio siglo la política francesa. La candidata de LR en estas presidenciales, Valérie Pécresse, aunque en mejor posición que Hidalgo, tiene pocas opciones para clasificarse para la segunda vuelta. Los sondeos le dan en torno al 10% de votos.

El declive del PS —el partido de François Mitterrand, y heredero de figuras míticas como Léon Blum o Jean Jaurès— es más grave. Hace cinco años, controlaba aún buena parte de los resortes del poder en Francia: la presidencia de la República, el Gobierno, la Asamblea Nacional, grandes ciudades. Era aún el primer partido de la izquierda. Ahora solo le quedan las ciudades; la hegemonía en la izquierda está en manos del populista Jean-Luc Mélenchon.

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Grunberg ve razones de fondo en la actual agonía socialista. “En 2017″, dice, “el Partido Socialista ya recibió un golpe casi mortal, porque su electorado de centroizquierda se marchó con Macron, y la otra parte se fue con Mélenchon”. En las presidenciales de 2012, el socialista François Hollande había sacado un 28,7% de votos en la primera vuelta. En 2017, el candidato del mismo partido, Benoît Hamon, sacó un 6,4% de votos.

Carteles electorales de la candidata socialista Anne Hidalgo, del actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, y del comunista, Fabien Roussel, en Ciboure.
Carteles electorales de la candidata socialista Anne Hidalgo, del actual presidente de Francia, Emmanuel Macron, y del comunista, Fabien Roussel, en Ciboure.Bob Edme (AP)

“Cuando se cae tan bajo y de forma tan brutal”, analiza Grumberg, “es muy difícil recuperarse. El Partido Socialista había perdido su credibilidad gubernamental y su electorado”. Grunberg apunta a otro motivo más inmediato por el descalabro. “Aunque ahora sea un partido electoralmente pequeñito”, sostiene el politólogo, “sigue estando dividido: no ha habido una reflexión común sobre qué había que hacer en estas elecciones”.

En la mesa estaba la opción de una candidatura conjunta con los ecologistas. Se descartó. Y, para salvar los muebles, o intentar el milagro, el partido recurrió a la figura con mayor proyección nacional: la alcaldesa de París. “El problema”, juzga Grunberg, “es que Anne Hidalgo ha sobrestimado sus cualidades y su posición”. Pero matiza: “Ni siquiera un buen candidato habría hecho más del 3, 4 o 5%”.

Serge Raffy, biógrafo de Hidalgo y de otras figuras políticas y editorialista del semanario L’Obs, apunta: “Anne Hidalgo estaba en el vagón de un tren que iba al precipicio. No es ni su personalidad ni su campaña lo que está en cuestión. Es el hecho de que ella, a su pesar, encarna el hundimiento del Partido Socialista en Francia”. Raffy desconfía de los obituarios precipitados del PS. “No sabemos qué ocurrirá”, dice. “Lo seguro es que hoy ya hay maniobras para retomar el Partido Socialista y crear una fuerza política”.

Uno de los que ha dado un paso al frente para tener un papel en el nuevo PS es el expresidente Hollande. “Hay mucho para reconstruir, incluso más allá de las elecciones”, dijo a EL PAÍS en febrero. En la misma entrevista, declaró: “Soy socialista, votaré por el candidato socialista”.

Otro expresidente, Nicolas Sarkozy, no ha seguido el mismo camino y estos días concentra toda la atención, porque a una semana de la elección, todavía no ha declarado su apoyo a Pécresse, la candidata de LR, el partido que él fundó. A Sarkozy nunca le gustó perder.

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La Registraduría Nacional del Estado Civil tendrá abiertas las inscripciones de cédulas para las elecciones presidenciales hasta el próximo 29 de marzo de 2022.

En Buga este proceso se realizará en la Registraduría ubicada en la calle 4 # 10-58 de lunes a viernes entre las 8:00 am y las 4:00 pm y en el Centro Comercial Buga Plaza de lunes a sábado de 11:00 am a 8:00 pm.

Los ciudadanos pueden realizar el proceso de inscripción de sus cédulas si nunca han votado o para cambiar de puesto de votación, para ello deberán presentar la cédula original.


El candidato presidencial colombiano Sergio Fajardo y su fórmula vicepresidencial, Luis Gilberto Murillo.
El candidato presidencial colombiano Sergio Fajardo y su fórmula vicepresidencial, Luis Gilberto Murillo.CORTESÍA

A los aspirantes que sobreviven en la larga campaña por llegar a la Casa de Nariño les ha llegado el momento de destapar sus cartas a la vicepresidencia. Sergio Fajardo, el candidato por la coalición de centro que salió debilitada de las elecciones legislativas del domingo, ha sido el primero en elegir a su fórmula, el exministro de Ambiente Luis Gilberto Murillo, en busca de retomar el impulso perdido. El político y académico afrocolombiano declina así su propia aspiración presidencial por el movimiento Colombia Renaciente, que se había mantenido al margen de las tres grandes alianzas que encumbraron también a Gustavo Petro en la izquierda y a Federico Gutiérrez en la derecha.

“Luis Gilberto Murillo tiene todas las condiciones para ser presidente de Colombia”, subrayó Fajardo, quien al hacer el anuncio este jueves destacó el tema ambiental como una condición para el desarrollo de un país en el que las regiones “no se ven desde el centro”, así como la necesidad de incluir “con dignidad” a los grupos que no han tenido voz. Ambos políticos coincidieron como gobernadores de sus departamentos, Chocó en el caso de Murillo, y Antioquia en el de Fajardo. “Necesitamos implementar el acuerdo de paz con decisión”, el único en el mundo que tiene un capítulo étnico, para mejorar la seguridad en las regiones, apuntó a su turno el exministro de Ambiente.

Murillo (San Juan, Chocó, 55 años) vivió hasta enero en Washington, es investigador asociado del MIT y está muy bien conectado con sectores afroamericanos del partido demócrata en la capital estadounidense. Oriundo de un pequeño pueblo en el selvático departamento del Chocó, el más pobre de Colombia, estudió becado ingeniería de minas en la antigua Unión Soviética, y después regresó a Colombia para participar en el movimiento estudiantil que desembocó en la Constitución política de 1991. Ha sido elegido gobernador en dos ocasiones y vivió una década refugiado en Estados Unidos luego de haber sufrido un secuestro. Durante el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018), encabezó el programa presidencial para la región Pacífico, una de las más olvidadas del país, y la cartera de Ambiente.

La concurrida campaña presidencial comenzó a despejarse el domingo, cuando los tres grandes bloques de derecha, centro e izquierda escogieron a sus candidatos únicos en sendas consultas que coincidieron con las elecciones legislativas. Fajardo es el primero de los tres en escoger a su fórmula, a la espera de los anuncios de Petro, que encabeza el Pacto Histórico, una alianza de izquierdas hecha a su medida, y Fico Gutiérrez, quien intenta reagrupar a la derecha en torno a su figura.

La elección de Murillo encierra la paradoja de que atenúa y acentúa al mismo tiempo la falta de diversidad que ha lastrado a la Coalición Centro Esperanza. Aunque le aporta un nuevo componente regional y étnico, que de alguna manera obliga a Petro a mover ficha, es un fórmula masculina que se suma a una alianza en la que concurrieron cinco precandidatos hombres entre los que triunfó Fajardo, pero con una votación ostensiblemente menor a la de sus rivales a la izquierda y a la derecha. Mientras Petro obtuvo más de cuatro millones de votos en el Pacto Histórico, y Gutiérrez más de dos en el Equipo por Colombia, Fajardo se impuso en su alianza con apenas 723.000.

El flamante candidato vicepresidencial de centro tiene el reto de emocionar con un discurso sobre abrir espacios a los “olvidados” del país, “que compense la exigencia tácita que existía de que la fórmula de los candidatos debía ser mujer para sostener el discurso de equidad de género”, apunta el analista y consultor Andrés Segura, quien destaca su incidencia en las comunidades del Pacífico normalmente olvidadas desde los centros de poder.

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La búsqueda de vicepresidentas

En una campaña donde han escaseado las candidaturas femeninas con opciones reales, escoger a una mujer como segunda abordo se antojaba casi como una necesidad estratégica. A la espera de la decisión de Petro y Gutiérrez, que todavía no agotan el plazo para inscribir a su fórmula, Fajardo ha desafiado esa lógica.

En el Pacto Histórico, en particular, la decisión ha provocado fricciones. En un principio, el bloque de izquierdas se había comprometido en público a darle al segundo en la consulta la llave para acompañar a Petro, el favorito con distancia de todas las encuestas. A pesar de que la líder ambiental afro Francia Márquez se convirtió el domingo en un fenómeno electoral –superando en votos incluso a Fajardo–, eso no le ha garantizado ser la elegida.

“Dejar de lado a Márquez sería un gran error para Petro, aunque no puede permitirse el lujo de convertirla en vicepresidenta, ya que necesita proporcionar a los centristas y los partidos tradicionales una participación en su campaña. Esta será la decisión más importante a tomar en este momento”, sostiene un análisis de la consultora Colombia Risk Analysis. “Yo no tengo afán por ocupar un cargo, mi afán es por lograr un cambio para este país, eso significa un proyecto de construcción colectiva que hemos venido construyendo con el Pacto”, ha dicho Márquez –quien deslizó que Fajardo la había buscado, aunque este la desmintió– en un intento por zanjar la controversia dentro de su coalición.

En el caso del Equipo por Colombia, en el que se impuso Gutiérrez, hay pocas pistas. La pregunta que ronda es si va a escoger a una figura que le permita morderle votantes al alicaído centro político o una que le permita afianzar sus credenciales más conservadoras, que lo asocian a la continuidad del Centro Democrático, el partido de Gobierno fundado por el expresidente Álvaro Uribe. “Colombia no va a cambiar si nos quedamos atrapados en esas dos posiciones, Petro-Uribe, o el que diga Uribe con el disfraz de la temporada”, aseguró Fajardo al presentar a Murillo y revindicar que son la mejor alternativa a la polarización en un país “mayoritariamente de centro”.

Los plazos son distintos para los demás candidatos que no hicieron parte de ninguna alianza, quienes ya inscribieron a sus fórmulas. Rodolfo Hernández fue el primero en anunciar a una compañera a mediados de febrero, la periodista Paola Ochoa, pero ella declinó su aspiración a los pocos días en un episodio que mostró una campaña errática. El anuncio del nombre de Ochoa había provocado titulares en momentos en que el exalcalde de Bucaramanga competía por atención, en medio de los debates de las alianzas. A comienzos de este mes, Hernández se inclinó por Marlene Castillo, vicerrectora académica de la Universidad Minuto de Dios en Bogotá.

También Ingrid Betancourt, que abandonó la Coalición Centro Esperanza en medio de desencuentros, ya inscribió a su fórmula vicepresidencial. La política del partido Verde Oxígeno, que pasó largos años en la selva secuestrada por la extinta guerrilla de las FARC, se decidió por el coronel José Luis Esparza, que participó en la operación militar que la liberó a ella y otros 14 secuestrados el 2 de julio del año 2008.

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Gustavo Petro llama a las puertas de la presidencia de Colombia. El líder de la izquierda se ha impuesto con contundencia en las primarias de las coaliciones y ha colocado al Pacto Histórico como primera fuerza del Senado. La consulta de la izquierda, con más de cinco millones de votos, logró casi el mismo apoyo que el centro y la derecha juntos. Federico Fico Gutiérrez tratará de frenar a Petro desde la derecha. Una batalla ya conocida en un país profundamente polarizado y en el que nunca ha gobernado la izquierda. Gutiérrez se impuso con holgura y sale fortalecido de la cita electoral de este domingo frente a un centro desdibujado, con unos apoyos muy mermados, que le dieron a Sergio Fajardo la victoria. La cita electoral de este domingo se considera un termómetro para la primera vuelta de las presidenciales, que se celebran el próximo 29 de mayo.

Los colombianos acudieron a votar en las elecciones legislativas con las primarias en la cabeza. En un país tan presidencialista, los nombres de los candidatos le robaron todo el protagonismo al Congreso, aunque su función como aliado o contrapeso del Ejecutivo es clave para la gobernabilidad del país.

La izquierda toma impulso en todos los frentes para la carrera presidencial, que arranca oficialmente este lunes después de haber definido a los aspirantes. Hace cuatro años, cuando Petro perdió en la segunda vuelta frente a Iván Duque, candidato del uribismo, su partido apenas logró tres escaños en el Senado, frente a los 17 de ahora, según las proyecciones. Aquellas elecciones de 2018 se convirtieron en un todos contra Petro, un escenario que el líder de la izquierda quiere evitar a toda costa con una victoria en la primera vuelta, para la que necesitaría superar el 50% de los votos.

Los tres candidatos vencedores de las primarias se unen a aquellos que concurren en solitario. Se trata de Rodolfo Hernández, la sorpresa de esta precampaña y que se aupó al tercer puesto de las encuestas; Ingrid Betancourt, la política que pasó seis años en la selva secuestrada por las FARC, y Óscar Iván Zuluaga, el candidato de un uribismo en horas bajas. Los sondeos han ofrecido hasta ahora una imagen aún muy distorsionada por la cantidad de precandidaturas —hasta 15— que reunían las coaliciones.

La derecha también sale reforzada de la noche electoral con una coalición marcada por la ausencia del Centro Democrático, el partido del expresidente Álvaro Uribe, que lleva manejando los hilos del poder en Colombia desde hace dos décadas. La baja popularidad de Iván Duque acabó por hundir el uribismo hasta el punto de que parte de sus figuras han dado su apoyo públicamente a Gutiérrez frente a su propio candidato. A Zuluaga no se le espera mayor recorrido. Y Fico, al que muchos han señalado como el valedor de Uribe en la sombra, cuenta con la simpatía del expresidente. Con estos apoyos, el ya candidato del Equipo por Colombia tratará de pasar a la segunda vuelta para movilizar a su alrededor todo el antipetrismo que genera el líder de la izquierda.

El dibujo del nuevo Senado consolida, además de al Pacto Histórico, a los dos partidos tradicionales: Conservador y Liberal. La hegemonía del Centro Democrático de Uribe, primera fuerza en la pasada legislatura con 19 escaños, llega a su fin En las últimas semanas, el mismo Petro había arengado a los suyos a votar masivamente por el Pacto en el Congreso para poder hacer las reformas “que necesita el país”. El tipo de mensajes que pone en alerta a sus competidores.

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El centro fue el gran damnificado de la noche electoral. La coalición no cumplió nunca con las expectativas de su nombre -Coalición Centro Esperanza- y su paso por la campaña se convirtió en un camino accidentado en el que terminaron estrellándose este domingo. La coalición fue la que menos votos sumó de las tres. Fajardo se impuso a otras opciones de la coalición como al líder del Nuevo Liberalismo, Juan Manuel Galán, y al académico Alejandro Gaviria, que pese al entusiasmo de la élite bogotana nunca logró despegar y es un desconocido para la gran Colombia.

Los resultados dejan al centro medio descabalgado del escenario de la batalla presidencial, en el que una izquierda fortalecida tratará de vencer a una derecha que, a tenor de los resultados, no estaba tan muerta como parecía. Una encuesta de septiembre del año pasado aseguraba que el 71% de los votantes colombianos se considera de centro, pero la Coalición Centro Esperanza hasta ahora no ha logrado atraer a esos electores, cansados del uribismo y temerosos de un líder populista como Petro. Las constantes divisiones y peleas internas de la coalición impidieron que llegaran con propuestas claras a la sociedad, siempre enzarzados en una cuita que miró más a su ombligo que al exterior. Ahora que la pelea por el liderazgo ha terminado, Fajardo tiene que cerrar filas a su alrededor para tratar de despegar y mejorar sus números. Gaviria, hasta ahora su mayor enemigo interno, aseguró el domingo que contaba con todo su apoyo.

El lunes empieza a abrirse otro escenario. El de los apoyos y las alianzas que logren los candidatos ya definidos. El Partido Liberal, del expresidente César Gaviria, no tiene aspirante propio y su apoyo se rifa por la enorme cantidad de votos que mueve, incluso por el mismo Petro, que ya ha hecho algún acercamiento. Fajardo, sin embargo, siempre se ha negado a un pacto con cualquiera de las grandes formaciones tradicionales.

La verdadera campaña empieza ahora con la mirada en el 29 de mayo y la duda de qué tiene más fuerza: el petrismo o el antipetrismo. Las elecciones tienen un claro protagonista.

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Los tres candidatos en el debate de Prisa Media: Gustavo Petro, Roberto Pombo (presentador), Federico Gutiérrez y Sergio Fajardo.
Los tres candidatos en el debate de Prisa Media: Gustavo Petro, Roberto Pombo (presentador), Federico Gutiérrez y Sergio Fajardo.

Diez millones de colombianos encendieron esta mañana la radio y el ordenador y se encontraron debatiendo a tres hombres que quieren ser presidentes. Cada uno a su manera, claro. Gustavo Petro, el favorito, usó ese tono solemne de quienes se ven a las puertas de ser el jefe-jefe. Por la derecha trató de ridiculizarlo Federico Gutiérrez, Fico. Le punteó todas las intervenciones y levantó el dedo varias veces para tratar de parar el discurso de un político granítico, a prueba de bombas. Sergio Fajardo, el moderado, el centrado, el hombre tranquilo, también le soltó algún mandoble. Y eso que todavía no eran ni las siete y media de la mañana.

En un país que se levanta antes de que amanezca y lo primero que hace es encender el transistor, no resulta extravagante que un debate con los principales líderes de las coaliciones colombianas organizado por Prisa Media comenzara a las siete de la mañana. Un presidente, en una ocasión, dijo que esta hora para él era ya el mediodía. Así que ya íbamos tarde. Fajardo, el más aplicado de la clase, llegó el primero. Se sentó en unos mullidos sofás color café para repasar sus apuntes. Unos minutos después apareció Fico a bordo de una camioneta. Se bajaron de ella tres Ficos, hombres en chaqueta, sin corbata, elegantes pero informales, con el pelo repeinado hacia atrás. Solo uno era el verdadero. Petro ajustó el tiempo, tanto que puso nerviosos a los productores. Pero a dos minutos de la hora en punto estaba sentado en la mesa del debate, con los auriculares puestos, la diadema por detrás de las orejas para no arruinar el peinado.

Pronto quedó claro que el rival era Petro. Ahora sí, este parece su tiempo, macerado a fuego lento, como López Obrador en México. El que resiste gana. El que fuera alcalde de Bogotá se quedó por el camino en 2010 y perdió con Iván Duque hace cuatro años. Está en campaña desde entonces. Con ese aplomo se sentó firme en la silla, la espalda recta, las manos cruzadas. El veterano. Con suficiencia, ni se dirigió a sus rivales al comienzo. Siente que solo él puede perder lo que lleva su nombre. Pero al cabo de los minutos le quedó claro que no sería una mañana sencilla. Fico se lanzó a hablar de expropiaciones, el libre mercado, las empresas, los populismos. El debate duraba una hora y Fico no quería perder tiempo.

El moderador, el periodista Roberto Pombo, tuvo que lidiar con tres miuras. No era fácil contenerlos y mover el turno de palabra. Le dijeron a Petro que si se daba por aludido por el tema de las expropiaciones y se ofendió: “Es perverso, no sé qué tiene que ver conmigo”. Sonaba enfadado. Ahí se agrió el debate. La respuesta de Petro fue contundente, el único que ha expropiado ha sido Duque, que se cargó 600.000 empresas. Se refería en realidad a las que habían quebrado durante la pandemia. Fico, tan centrado en Petro, no la vio venir y por ahí le atacó Fajardo: “El suyo es el mismo cuento que Iván Duque, que no ha funcionado”.

Nadie quiere asociar su nombre a un presidente con una popularidad tan baja, ni el uribismo, que fue quien lo impulsó. Fico, exalcalde de Medellín, se defendió asegurando que él no tiene nada que ver con Uribe, una sospecha que no termina de despejar del todo. Y él, por esa vía, se vendió como alguien nuevo, no como los que tenía a su lado, que ya habían perdido más de una vez.

Los tres se enzarzaron a cuenta del petróleo, el narcotráfico, la violencia en algunas zonas del país como Arauca. Siempre sin perder los papeles. Hubo dureza pero no golpes bajos. Para acabar con la corrupción, una de las grandes preocupaciones del país, cada uno mostró una manera distinta. Petro habló de combatir la mafia incrustada en el Estado y de paso impulsar una reforma tributaria que haga pagar impuestos de verdad a los ricos. Fico utilizó entonces un tono moralizador, casi franciscano: los valores se aprenden en familia, en casa, donde se enseña a los hijos el no robarás.

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Llegó después el momento Petro. Fue en el apartado de seguridad. Se ajustó las gafas con un dedo y comenzó una larga exposición sobre un concepto suyo (“un concepto mío”) llamado seguridad humana. El tiempo quedó en suspenso. Fajardo y Fico, aturdidos. Los presentes aprovecharon para rellenarse las tazas de café y echarle un vistazo a Twitter. Años más tarde, Petro seguía a lo suyo. Subió los voltios con los falsos positivos, plomo candente en Colombia, pero el tema languideció. Fico levantó el dedo. Fajardo carraspeó. En una tercera dimensión, continuó Petro. Y Fico no se pudo aguantar: “Ya vamos por la tercera dimensión…” El debate estaba a punto de alcanzar el espacio.

Pero no había tiempo y olía a empate. Había tanto que hablar que duró 20 minutos de más. Fico estuvo punzante, atrevido, pero Petro no acabó acorralado. Se fue vivo y avisando de que derrocará el régimen de la corrupción. Fico, que no ceja en su empeño, añadió que acabará con los corruptos y los violentos. Fajardo, extremo centro, dijo que cerrará la puerta a los radicalismos. Ni uno ni otro.

Ese fue el punto final. Eran casi las ocho y media de la mañana y Colombia tenía sobre la mesa tres visiones distintas del país. Se había hecho tarde, el día estaba a punto de llegar a su fin.

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Los candidatos a la presidencia de Colombia toman posiciones en medio de un escenario aún muy incierto. A cuatro meses de que se celebre la primera vuelta, el próximo 29 de mayo, solo el izquierdista Gustavo Petro tiene despejado su camino a las urnas como líder de la coalición Pacto Histórico. El primer debate electoral de PRISA Media ha reunido este jueves a Petro y a los dos candidatos con mayores opciones, según las encuestas, de ganar las consultas del resto de coaliciones para continuar en la carrera hasta la presidencia: Federico Gutiérrez (derecha) y Sergio Fajardo (centro). Los precandidatos han evidenciado sus enormes diferencias y han evitado tender puentes entre ellos, en una imagen que muestra la enorme fragmentación política que atraviesa el país. Solo han coincidido en una cosa. Los tres se presentan como el cambio que necesita Colombia.

El encuentro, moderado por el periodista Roberto Pombo, ha tratado de destapar las propuestas de los políticos, pero la precampaña colombiana aún está inmersa en despejar la incógnita de qué nombres irán sobre las papeletas. Los ataques cruzados han protagonizado el debate. Petro, como líder de las encuestas y único aspirante a la presidencia claro, es a estas alturas el gran rival para todos. Gutiérrez fue el primero en poner distancia con el izquierdista: “Unos pretenden expropiar, nosotros proteger; unos proponen subir aranceles, yo creo en libre empresa”. Fajardo, que lidera los sondeos para imponerse en la Coalición Centro Esperanza, fue más tibio en los ataques y trató de desmarcarse y desacreditar a los dos por igual, a los que se refirió como “el continuismo y el populismo”.

Petro se defendió tratando de alejar los fantasmas del modelo económico que quiere para el país. ”¿Qué tienen que ver las expropiaciones conmigo?, protestó, consciente del temor que sus recetas generan entre un amplio sector de la sociedad colombiana, que nunca ha tenido un presidente de izquierdas. Petro cargó en sus intervenciones contra Gutiérrez, al que junto a Fajardo trató de exhibir como el candidato del uribismo en la sombra.

Gutiérrez es en estos momentos el aspirante mejor posicionado, aunque por una diferencia mínima, para liderar la conocida como coalición de los alcaldes, que arrastra un enorme poder territorial. Tanto Petro como Fajardo han exprimido la idea de que él, que se proclama independiente, es el candidato en la sombra del expresidente Álvaro Uribe, cuyo partido atraviesa su momento de popularidad más bajo en dos décadas. “Lo que le escucho a Federico es lo mismo que le escuché hace cuatro años a Iván Duque”, dijo Fajardo, en referencia al actual mandatario, aupado por el uribismo. “El mayor expropiador es el actual presidente, el del Gobierno de Federico”, increpó Petro. Gutiérrez se defendió: “Yo no soy continuismo de nada”.

Esa aparente sintonía entre Fajardo y Petro no fue más que un espejismo. Los candidatos buscaron en todo momento marcar distancias entre ellos, especialmente con Petro, al que la mayoría de analistas ya vislumbran en una más que segura segunda vuelta. El descrédito del uribismo, después de 20 años designando presidentes, lleva a todos los candidatos a presentarse como el cambio que necesita el país. Petro defendió su modelo como el verdadero quiebre y aseguró que si llega a la presidencia “derrocará el régimen de la corrupción”. Fajardo sostiene que su coalición, por la que compiten otros seis precandidatos, representa el “cambio serio”.

Los políticos mostraron enormes diferencias en todos los temas que se pusieron sobre la mesa, desde el modelo económico hasta la seguridad. Gutiérrez defendió su discurso de “orden y seguridad” frente al populismo tanto en el terreno económico, como en el combate a la corrupción o en la necesidad de frenar la violencia. Petro incidió en la “economía popular”, el alza de impuestos a las importaciones para favorecer el producto local y en la transición energética para reducir el peso del carbón y el petróleo en la economía. Por su parte, Fajardo centró sus intervenciones en el impulso a la educación como eje vertebrador de su programa.

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Las próximas semanas son claves para que se dilucide el panorama electoral. El 13 de marzo se celebrarán las consultas de las coaliciones para designar a los candidatos presidenciales. Ni Gutiérrez ni Fajardo tienen su pase asegurado todavía y otros nombres podrían ocupar esas cartas. Si ocurre, el debate será otro.

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El largo camino a la Casa de Nariño

Recordemos algunas fechas. La campaña electoral de Colombia se encamina a un pulso de coaliciones. Los tres grandes bloques (izquierda, centro y derecha) definen a sus candidatos en unas consultas interpartidistas (una suerte de primarias) que se votan el 13 de marzo, coincidiendo con las elecciones al Congreso. Esa es la próxima gran cita, aunque con panoramas disimiles.

Ningún observador duda que Gustavo Petro será el candidato de un Pacto Histórico hecho a su medida, y Sergio Fajardo aún conserva una ventaja considerable en la Coalición Centro Esperanza, que ha mostrado fisuras. El Equipo por Colombia no tiene un favorito tan claro, aunque Federico Gutiérrez sigue en búsqueda de consolidarse como líder de una alianza de derecha con varios exalcaldes que le cerró la puerta al candidato del uribismo.

Todos buscan no solo hacerse con la candidatura única de su bloque, también llegar con impulso a la primera vuelta del 29 de mayo. Si ningún candidato logra más de la mitad de los votos, como parece ahora mismo, los dos primeros disputan una segunda vuelta el 19 de junio.



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Keiko Fujimori acusa «irregularidades» en elecciones presidenciales

La candidata presidencial aseguró que ha habido una «estrategia» para distorsionar los resultados.

24Horas.cl Tvn

07.06.2021

La candidata presidencial de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, ha acusado durante esta jornada, y previo a que se conozcan los resultados finales, «una serie de irregularidades».

Aseguró que «hemos notado que ha habido una estrategia de parte de Perú Libre para distorsionar los resultados que reflejan la voluntad popular».

En ese sentido, detalló que se refiere a las «impugnaciones de actas» o votos.

En la conferencia de prensa, junto a su comando, presentaron casos, con videos e imágenes, de supuestos fraudes en distintas partes del país.

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Argumentaron con casos en donde, por ejemplo, se presentaban actas donde la candidata no tenía ningún voto a su favor, asegurando que «estadísticamente» no era posible y señalando que personeros de Fujimori, al ir a revisar el local de votación, se habrían encontrado otras mesas aledañas donde la situación era diferente.

En este contexto, dijeron desde el equipo de Fujimori que esperarán los resultados, pero que «han aparecido más votos de los que corresponde» y que se «han impugnado un montón de actas que no corresponde».

Hicieron un llamado a la ciudadanía a que realicen las denuncias correspondientes si es que fueron testigos de alguna situación irregular.

Hacia el final de la conferencia, la candidata de Fuerza Popular aseguró que «aquí se trata de defender la democracia y el futuro de nuestro país».

Dijo que en estos casos hay una «clara intención de violar la voluntad popular» y que las pruebas presentadas están siendo usadas para realizar impugnaciones.

Revisa parte de las declaraciones:


 



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Finalmente respecto a la confianza en las instituciones un 55% confía en la convención constituyente, superando significativamente al gobierno (23%) y al Congreso (15%).

Revisa la encuesta completa:



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