La celebración del carnaval en la ciudad de La Louvière, en Valonia, la región francófona de Bélgica, ha acabado en tragedia en la madrugada de este domingo. Un coche ha embestido a gran velocidad a un grupo de entre 150 y 200 personas que se estaban reuniendo para comenzar la fiesta y ha matado a seis personas, ha herido gravemente a otras 10 y ha dejado a decenas más con contusiones. El autor del atropello y su acompañante han sido detenidos. El fiscal adjunto a la investigación ha señalado que en este momento no es prioritaria la hipótesis de que se trate de un atentado terrorista, según han informado los principales medios de comunicación belgas.
El atropello se ha producido sobre las cinco de la mañana cuando los participantes en el carnaval, una fiesta muy tradicional y arraigada en la zona que se celebraba por primera vez en dos años por la pandemia, se estaban reuniendo cerca de un polideportivo de Strépy-Bracquegnies, una localidad perteneciente al municipio valón de La Louvière, para comenzar la marcha. En ese momento, un coche con dos ocupantes ha embestido al grupo que se estaba congregando. “Un coche que circulaba a gran velocidad se lanzó contra la multitud que se había congregado para asistir [al carnaval]”, ha declarado el alcalde de la localidad, Jacques Gobert, quien ha señalado que la fiesta se suspendía. En principio, el carnaval comenzaba este domingo y se prolongaba hasta el martes.
“El balance actual es de seis personas que fallecieron en el lugar, 10 heridos graves, 10 heridos menos graves y 17 heridos leves. Hay alrededor de setenta personas que estaban presentes durante el incidente. Ahora están reunidos en el polideportivo para ser atendidos por la unidad de ayuda psicomédica y social“, ha explicado un director médico de urgencias de la zona a una televisión local.
“Noticias horribles de Strépy-Bracquegnies. Una comunidad que se preparaba para celebrar una fiesta fue golpeada en el corazón”, ha lamentado el primer ministro belga, Alexander De Croo, en la red social Twitter. “Mis pensamientos están con las víctimas y sus seres queridos”, ha añadido. A lo largo del día está previsto que De Croo acuda a visitar La Louvière. También lo harán los reyes de los belgas, Felipe y Matilde.
Horrible nouvelle depuis Strépy-Bracquegnies. Une communauté qui se rassemblait pour faire la fête a été frappée en plein cœur.
Mes pensées vont aux victimes et leurs proches. Tout mon soutien va aussi aux services d’urgence pour leur aide et l’assistance apportées.
— Alexander De Croo 🇧🇪🇪🇺 (@alexanderdecroo) March 20, 2022
Los dos detenidos, nacidos en 1988 y 1990, son naturales de La Louvière. “Las dos personas detenidas aún no han sido interrogadas. No son conocidas por las autoridades judiciales por hechos similares. Todavía habrá que realizar diversas diligencias en la investigación para esclarecer esta tragedia y en particular una reconstrucción, que permitirá establecer la ruta exacta del vehículo y, eventualmente, determinar el motivo del autor o autores”, ha explicado el fiscal adjunto en una rueda de prensa a las 11 de la mañana.
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“Me gustaría destacar, tras la información aparecida en ciertos medios, que en el momento actual, no hay nada en la investigación que sugiera que estos hechos se produzcan tras una persecución con la policía. No hubo persecución y la policía no fue informada de los hechos hasta más tarde”, ha continuado el fiscal, rebatiendo el rumor del que se hacían eco varios medios de comunicación locales. “En el estado actual de la investigación, la pista terrorista no es prioritaria”, ha apuntado, en referencia a ataques terroristas vistos con anterioridad en Europa en los que los delincuentes han cargado con un vehículo contra la multitud.
La ciudad de La Louvière se encuentra al suroeste de Bélgica, hacia la frontera con Francia, entre Charleroi y Mons, dos ciudades más grandes de la zona. En esta región los carnavales son una fiesta con mucho arraigo y, de hecho, en la localidad cercana de Binche, esta fiesta tiene la calificación de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Los participantes en la celebración suelen disfrazarse de un personaje llamado Gilles.
La vida de la periodista Valeria Ratnikova, de 22 años, dio un vuelco en apenas cinco minutos. El tiempo que tardó en comprar un pasaje de avión de Moscú a Estambul. “Tuve que actuar muy rápido porque apenas quedaban billetes”, relata. Empaquetó deprisa el equipaje (ropa de entretiempo, un par extra de zapatos, productos de higiene, el portátil, la tableta y cargadores), cerró la puerta de su apartamento y se fue hacia el aeropuerto. Atrás quedaban sus pertenencias y toda una vida. Y la duda de no saber si podrá regresar. “Ha sido una decisión muy dura. Jamás pensé en abandonar Rusia”.
Ratnikova terminó su carrera universitaria hace tres años y se presentó enseguida en Dozhd TV porque quería dedicarse al periodismo político y hacerlo en uno de los pocos medios autónomos respecto de las directrices del Kremlin que existían en su país. No fue fácil: el año pasado, este canal de televisión, como muchos otros medios y periodistas independientes, fue declarado “agente extranjero”, lo que implica que deben publicar sus contenidos bajo esa etiqueta, además de sufrir mucho más control por parte de las autoridades. “Nuestro canal era uno de los pocos que cubría la guerra en Ucrania de forma objetiva y nuestra audiencia creció mucho. Eso al Gobierno no le gustó, y a los seis días bloqueó nuestra web porque decían que publicábamos bulos. Lo cual es mentira. Al mismo tiempo aprobaron la ley que condena a prisión a quienes diseminen información no oficial; por eso decidimos irnos”, afirma.
Casi todos los medios independientes han sido cerrados y hasta 300 periodistas rusos han elegido la vía del exilio, explica otra periodista refugiada en Estambul que pide que no se publiquen sus datos. Por llamarle guerra a la guerra (en lugar de “operación militar especial”) pueden caer hasta 15 años de cárcel, más que por asesinar a alguien.
Valeria es solo una de las decenas de miles de compatriotas que han escapado de la Rusia de Vladímir Putin en las últimas semanas. Opositores rusos elevan esta cifra a 300.000. Desde el inicio de la invasión de Ucrania, en el país se han disparado las búsquedas en internet de términos como “emigración”, “vuelos”, “visados”, “asilo político”…
Los cerca de 50 aviones que aterrizaban diariamente en Estambul procedentes de Moscú, San Petersburgo y otras ciudades rusas se han ido reduciendo progresivamente a apenas 15: los operados por Turkish Airlines y alguna pequeña aerolínea rusa. De ahí que los precios se hayan elevado hasta superar los 1.500 euros, en un momento en que el rublo ha perdido más de un cuarto de su valor. Aun así, los vuelos desde Rusia aterrizan en Turquía llenos de pasajeros desde hace semanas. Lo mismo ocurre en los países vecinos que aún mantienen las conexiones aéreas: a Georgia han llegado varios miles de ciudadanos rusos, y en Armenia están aterrizando unos 6.000 al día, según un miembro del Parlamento. Y en Israel han aterrizado otros 2.000. Hay quienes están optando también por Asia o países del golfo Pérsico, pero Estambul ofrece una vida más asequible, según apunta una joven rusa, y buenas conexiones con Europa Occidental, objetivo final de muchos de estos emigrados.
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Daniil, un técnico que trabajaba con organismos oficiales y temía por su seguridad en Moscú dada su participación en las protestas contra la guerra, denuncia: “Todo está cambiando muy rápidamente en Rusia. Después del día 24 de febrero nos despertamos en un país diferente. Cada día se aprueban nuevas leyes, cada vez más duras. Antes la represión era ocasional; ahora es masiva. Antes sabías que quizás podías terminar en prisión por tus ideas políticas, ahora sabes que vas a terminar en la cárcel, cien por cien seguro. Tenía miedo de que algún compañero me delatase por algo que he dicho o hecho”.
El temor no es infundado a tenor de los últimos discursos de Putin. El miércoles, el presidente ruso denunció a los “quintacolumnistas” que “viven mentalmente” en Occidente: “El pueblo ruso siempre será capaz de distinguir a los verdaderos patriotas de la escoria y los traidores, y escupirlos de la misma forma que se escupe un mosquito que accidentalmente te entra en la boca”.
Un porteador turco transporta edredones y ropa de cama a una de las viviendas alquiladas por el proyecto Kovcheg para acoger a rusos que han huido de su país por el deterioro de la situación política, pero tienen dificultades para acceder a sus fondos por las sanciones.Andrés Mourenza
El éxodo no es únicamente de periodistas o individuos significados con la oposición. Académicos, artistas, técnicos, programadores, diseñadores y otros empleados del creciente sector tecnológico también se han unido. Alexei Levinson, analista del Centro Levada de Moscú, explica: “Se trata de profesionales con un nivel educativo alto. Hay quienes se marchan porque se sienten en peligro debido a la situación política y quienes lo hacen por la situación económica”.
“Rusia”, añade Alexei, “está a las puertas de una situación económica muy mala. Debido a las sanciones, muchas compañías están marchándose o cerrando porque no pueden proveer servicios o mercancías. Y este déficit de profesionales va a empeorar aún más las cosas”. El que los dirigentes rusos califiquen de “traidores” a quienes emigran tiene como objetivo, según este analista, detener esta fuga de cerebros.
Anna, experta en marketing y empleada en una de estas empresas, relata: “En mi avión a Yereván estaba claro, por la pinta, que todo era gente de las tecnológicas y de la intelligentsia. El vuelo se retrasaba y entró un hombre con un distintivo del FSB [servicio de seguridad interior ruso] a hacer comprobaciones. Alrededor del avión había además hombres con uniforme militar, lo cual era muy raro. Fue muy estresante. Así que cuando aterricé en Yereván suspiré aliviada”. En la capital de Armenia se alojó durante unos días, sin parar de encontrarse rusos por todas partes: “Incluso se han marchado compañeros que eran de esos que no se despegan del ordenador y odian viajar”.
Muchos no saben qué será de ellos porque trabajaban en proyectos gestionados desde Rusia, pero destinados a empresas de Europa o Norteamérica. Además, se enfrentan a un problema: solamente disponen del dinero que pudieron retirar antes de irse. Las sanciones occidentales han hecho que sus tarjetas bancarias dejen de funcionar y la desconexión del sistema SWIFT hace prácticamente imposibles las transferencias. El diario turco Dunya publicó esta semana que se ha notado un gran incremento de la apertura de nuevas cuentas en bancos turcos por parte de ciudadanos rusos.
Anna, por ejemplo, ha tenido que echar mano de la tarjeta de su novio, que lleva años residiendo en el Reino Unido; pero otros no tienen ese apoyo. Asociaciones de periodistas en Turquía se han organizado para acoger a sus colegas rusos. Otras iniciativas, como la denominada Kovcheg (El Arca), financiada por el magnate exiliado Mijaíl Jodorkovski, tratan de ayudar también a los rusos que escapan.
Brecha generacional
Tres voluntarios rusos ayudan a un porteador turco a cargar los edredones, sábanas y almohadas que acaban de comprar en una bocacalle del barrio de Yenikapi. Arrastrando su carretilla, el porteador enfila las empinadas cuestas hasta el apartamento que los miembros de Kovcheg han encontrado: un alquiler decente por seis habitaciones, que les permitirá alojar a 12 personas. Quienes se acogen a esta ayuda deben solicitarlo, y la asociación comprueba su historia para certificar que corren riesgo si permanecen en Rusia, puntualiza Eva Rapoport, una antropóloga que residía en Estambul y se ha unido al proyecto como voluntaria: “Yo no estaba involucrada en ningún movimiento de protesta, pero esta guerra ha superado cualquier línea roja. Y no podía quedarme de brazos cruzados. Así que ayudo a estas personas que se han quedado entre la espada y la pared, entre Putin y las sanciones”.
Daniil y Sasha son los primeros en llegar al piso, recién aterrizados desde Uzbekistán. “Teníamos mucho miedo de no poder salir, de que se cancelasen todos los vuelos al exterior”, explica Sasha: “Nos ocurrió varias veces que no pudimos comprar los vuelos porque se cancelaban en medio del proceso. Y cada vez hay más rumores de que cerrarán las fronteras para que no se vaya nadie”.
Daniil y Sasha huyeron de Rusia y llegaron a Estambul a través de Uzbekistán, temerosos de ser detenidos por su participación en las protestas contra la guerra.Andrés Mourenza
Una pequeña Moscú en Estambul
Otra académica, que prefiere no dar su nombre, explica su huida en que no quería quedarse en “un Estado que se está convirtiendo en totalitario”. En su caso ha roto, además de con su patria natal, con su familia: “Mi madre me dijo que soy una traidora y que me avergonzaré de mi decisión. Lo peor es que tiene parientes en Ucrania. Yo ya he renunciado a convencerla. El problema es la televisión, mis padres se pasan el día con la televisión encendida y la propaganda estatal es como una secta: les dice que les van a mentir y que son objeto de una conspiración, y ellos se creen que es la única verdad. No han aprendido a buscar diferentes fuentes de información”.
No es la única. “Mis padres no apoyan lo que está pasando, pero tampoco entienden abandonar el país. Así que hemos llegado al acuerdo de no hablar de las noticias. Además, podría ser peligroso para ellos”, asegura Anna poco antes de despedirse de la entrevista. Son casi las 10 de la noche del martes y va a empezar el concierto: cientos de personas esperan pacientemente a que les permitan entrar a Kadiköy Sahnesi, la sala donde va a actuar el popular rapero ruso Oxxxymiron. El 11 de marzo anunció en las redes sociales su actuación en Estambul bajo el lema Rusos contra la guerra, cuyos ingresos se dedicarán a ayudar a los refugiados ucranios.
Las entradas se agotaron en pocas horas. En la sala, los asistentes, casi todos rusos, corean frases contra Putin y a favor de Ucrania; y en escena, el rapero dice que, pese a haber escrito su nuevo álbum antes de la invasión, sus letras “resuenan más ahora”: “Puedes respirar atemorizado y quedarte mirando al cielo / Si resistes la mierda que nos rodea, no lo hagas con cara triste / Todo se repetirá, más de una vez. Pero estamos vivos por ahora / Es demasiado pronto para que fertilicemos la negra tierra”.
Varios de los rusos emigrados temen que la “rusofobia” desatada por la actuación de su Gobierno termine por afectarles, aunque en Turquía todavía no se han dado casos como sí ha ocurrido en Georgia o en países de Europa Occidental. “Nuestra misión es explicar que no todos los rusos apoyan la guerra. Es una tarea muy importante”, sostiene la periodista Valeria Ratnikova. Sobre todo porque no saben cuánto durará su exilio.
El restaurante Istanbul 1924, anteriormente Rejans, fue fundado por rusos que escaparon de su país tras la Revolución y la guerra civil en los años veinte del pasado siglo. Se convirtió en un centro de las tertulias y la cultura rusa en Estambul.Andrés Mourenza
Al final de un callejón que parte de la avenida Istiqlal, subiendo unas estrechas escaleras, hay un restaurante que parece de otro tiempo. Lo es. Las sillas de madera, la pianola, los candelabros, mantienen la elegancia de hace un siglo. Se llama Istanbul 1924, antes se llamó Rejans. Y es uno de los vestigios de la comunidad rusa de Estambul: aquí los emigrados rusos enseñaron a los turcos a beber vodka con limón, a apreciar nuevas artes escénicas… El local se convirtió en uno de los centros de tertulias políticas y culturales de los años veinte, cuando más de 200.000 rusos blancos escaparon de su país tras la Revolución y la guerra civil, entre ellos el pintor Pável Chelishchev, la familia Smirnov (que estableció su destilería de vodka en Estambul durante cuatro años) o un niño llamado Vladímir Nabókov [tiempo después autor de la novela Lolita, entre otras]. Años más tarde, también eligió esta ruta hacia el destierro otro ruso de renombre: León Trotski.
“Muchos rusos llegan a Estambul como escala para obtener un visado e irse a otro país. Pero algunos se quedarán, porque está cerca de Rusia”, opina la antropóloga Eva Rapoport: “Así que Estambul podría convertirse en un foco de cultura rusa no putiniana, que muestre que Rusia es mucho más que apoyo a la guerra”.
Vladímir Putin se ha dado un baño de masas en defensa de la guerra contra Ucrania. Con motivo del aniversario de la anexión de Crimea en 2014 tras un referéndum ilegal, y bajo el lema “Por Rusia, por un mundo/paz sin nazismo” (Mir significa ambas palabras), el Kremlin ha organizado un concierto en el estadio de la final del Mundial de 2018 donde se han podido ver las gradas repletas hasta la bandera. Allí, en un atrio alejado del resto de los participantes por varios metros de distancia y coreado por el público, el mandatario resaltó que su ofensiva es una misión “libertadora”.
Decenas de miles de seguidores han arropado al mandatario en un recinto que cuenta con un aforo de 81.300 personas, y miles más veían el concierto-mitin en una carpa en el exterior del estadio a tenor de las imágenes. Según las autoridades, más de 200.000 espectadores siguieron el acto en directo. “El objetivo principal de la operación militar en Donbás y Ucrania ha sido liberar a la población del genocidio”, afirmó Putin sobre la ofensiva emprendida por las fuerzas armadas rusas desde la frontera bielorrusa al mar Negro y que ha puesto bajo asedio tanto la capital, Kiev, como la mayor ciudad rusoparlante del país, Járkov.
La retransmisión quedó abruptamente interrumpida durante la intervención en directo de Putin. Según su portavoz, Dmitri Peskov, un error técnico provocó que en pleno discurso desapareciese el mandatario y se repitiesen momentos previos de la actuación. Un corresponsal del diario Nóvaya Gazeta que fue testigo directo del acto afirmó que Putin “acabó tranquilamente con sus ideas y abandonó el escenario”.
“No hay mayor amor que dar el alma por los amigos”, afirmó el presidente ruso, quien subrayó que sus militares “se cubren unos a otros en Ucrania”. “No habíamos tenido esta unidad desde hace mucho tiempo”, puntualizó ante el público. La cifra total de víctimas rusas en Ucrania es desconocida. El único dato publicado hasta ahora por el Ministerio de Defensa se remonta al 2 de marzo, cuando reveló 498 fallecidos en sus filas. Putin citó a un célebre almirante ruso, Fiodor Ushakov, al afirmar que “todas las tormentas van a mayor gloria de Rusia”. “Así fue, así es hoy, y así será siempre”, puntualizó.
En el acto no faltaron ni banderas ni el símbolo de los defensores de la guerra, la “zeta”, que se hizo viral antes de comenzar la invasión por aparecer pintada en los tanques y camiones desplegados por los rusos en la frontera junto a Ucrania. El distintivo para diferenciar a amigos de enemigos fue uno de los indicios de la inminencia del ataque que más virales se hicieron en las redes sociales. Posteriormente fue adoptado por las autoridades y por los medios estatales rusos como un símbolo para promocionar el lema “por la victoria” (Za pobedu, en ruso) y el apoyo a Putin (”za presidenta”).
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Hoy, es un símbolo controvertido que divide a los rusos y una de las formas de propaganda más utilizadas por el Kremlin en este conflicto: desde camisetas a la venta en las tiendas de los canales estatales a filas de niños que forman “zetas” en las escuelas.
Ambiente en el estadio de Loujniki de Moscú, este viernes.Reuters
“Escoria y traidores”
Putin hizo otras polémicas declaraciones este miércoles en las que diferenció entre quienes apoyan al Kremlin, al que identificó con Rusia, y quienes traicionan al país. Durante una videoconferencia en la que se abordaban nuevas medidas frente a la crisis desatada por las sanciones, el presidente dijo que el pueblo ruso “será siempre capaz de distinguir a los patriotas de verdad de la escoria y los traidores, y simplemente los escupirá como un insecto en su boca, los escupirá en la acera”.
El mandatario vaticinó una “autodesintoxicación natural y necesaria de la sociedad” que, en su opinión, reforzará a su país “ante cualquier desafío que se presente”. Un día después, su portavoz, Dmitri Peskov, puntualizó que esta supuesta limpieza no solo se refería a empresarios “que ganan dinero aquí en nuestro país, pero viven allí”, como dijo Putin, sino también a todos los rusos que rechazan lo que está sucediendo. “Alguien que renuncia a su puesto de trabajo, alguien que abandona el servicio activo, alguien que deja el país y se muda a otro Estado. Así es como sucede esta purificación. Alguien que infringe la ley y es castigado de acuerdo a las decisiones judiciales”, señaló el portavoz en referencia también a los manifestantes.
Putin ha participado por segundo año consecutivo en el concierto-mitin del estadio Luzhnikí. En 2021 ofreció otro discurso ante miles de personas pese a las restricciones por la pandemia contra el coronavirus. Aquel evento de masas fue una excepción, pues otras manifestaciones, como las protestas surgidas tras la detención del opositor Alexéi Navalni, no habían sido autorizadas con el pretexto de la pandemia.
En el concierto han participado cantantes como Grígori Leps y Liubé, y algunos grupos de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, los territorios separatistas de Ucrania que el Kremlin reconoció para justificar su casus belli contra Kiev. ”Yo crecí en la URSS, mi vida está en la URSS. Cohetes, el mejor ballet, las chicas más guapas del planeta y la victoria en la Segunda Guerra Mundial”, cantaba una de las bandas a coro con el público, mientras que otros grupos interpretaban viejas canciones bélicas. “¡Adelante, Rusia! ¡Fuente de fuerza!”, era otra de las canciones coreadas.
Decenas de miles de personas volvieron a salir este sábado a las calles de ciudades europeas como París, Londres, Roma, Zúrich o Hamburgo para protestar contra la guerra lanzada por el presidente ruso, Vladímir Putin, contra Ucrania y para demostrar su solidaridad con la población de este país asediado.
Una de las mayores concentraciones se registró en Zúrich, donde unas 40.000 personas exigieron, bajo el lema “la paz ahora” y entre banderas ucranias, un alto el fuego inmediato, negociaciones diplomáticas y la retirada de las tropas rusas, informa la agencia suiza ATS. También en la ciudad alemana de Hamburgo se congregaron unas 30.000 personas para reclamar “paz en Ucrania y seguridad en Europa”, según Reuters. La semana pasada, hasta 100.000 personas salieron a la calle en Berlín a protestar por una guerra que ha provocado ya la huida de más de 1,3 millones de refugiados en dirección a la Unión Europea.
En París, 16.000 personas, según la prefectura de policía citada por Le Monde, se concentraron en la plaza de la República en “apoyo a la resistencia ucrania”, como se leía en la pancarta azul y amarilla —los colores de la bandera de Ucrania— de la cabecera de la manifestación, sostenida por personalidades políticas de diversos campos, entre ellos dos candidatos presidenciales: la socialista Anne Hidalgo y el ecologista Yannick Jadot.
“Tenemos que mostrar que Putin está aislado, que no tiene ningún espacio posible, que hemos comprendido que lo que busca es atacar los valores de Europa. Estamos hoy aquí para responderle”, dijo Hidalgo a periodistas mientras avanzaba en la marcha, en la que también participaron las exministras de Justicia Christiane Taubira, que esta semana se retiró de la carrera presidencial en la que se había postulado como alternativa de la izquierda, y la conservadora Rachida Dati, entre otros.
En representación del presidente Emmanuel Macron, que acaba de oficializar su candidatura para repetir mandato, desfiló el delegado general del partido La República en Marcha, Stanislas Guerini. Según declaró, la manifestación envía un “mensaje claro, sencillo: no abandonaremos a los ucranios, seguiremos presionando a Rusia, reforzaremos las sanciones si es necesario, seguiremos ayudando a los ucranios sobre el terreno enviando armas, acogiendo a los refugiados”.
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Sindicatos y el Partido Comunista de Francia (PCF) del también candidato presidencial Fabien Roussel concentraron en otra manifestación en París a varios cientos de personas más como Evelyne, una periodista jubilada y “pacifista, sindicalista y miembro del PCF” para quien Putin es “un dictador de la peor especie que no tiene nada que ver con el comunismo”, subrayó. A su lado, Consuelo González, hija de republicanos españoles exiliados en Francia durante la Guerra Civil, contaba que las imágenes que ve ahora por televisión desde Ucrania le recuerdan lo que su madre le contaba de niña sobre la huida de los republicanos que escapaban del avance de las tropas de Franco.
Aunque en menor volumen, los franceses también salieron a protestar contra la guerra de Ucrania en otro centenar de manifestaciones convocadas por todo el país. Según la Agencia France Presse, la policía había calculado un total de 25.000 manifestantes en toda Francia.
En Londres, el rechazo a la agresión ordenada por Putin sacó a la calle a varios centenares de personas que se reunieron en Trafalgar Square para pedir el fin de la invasión rusa en Ucrania y rezar por la paz, mientras portaban banderas y pancartas con lemas como “Putin mata” y “Embargo a Rusia”. Otra “manifestación por la paz” similar tuvo lugar en Roma, donde varios miles de personas respondieron a la llamada a protestar de diversos sindicatos y oenegés.
“Esta es quizás una de las primeras manifestaciones reales por la paz. Aquí nadie cree que la paz se hace con las armas, enviando armas a una de las partes”, dijo a la AFP el dibujante, actor y escritor italiano Vauro Senesi, rodeado de miles de personas.
Autoridades indicaron que hoy a primeras horas del día adelantarán un censo para cuantificar las pérdidas materiales en San Bernardo.
Noticias Nariño
Una emergencia se registró en el municipio de San Bernardo, Nariño, luego de que una avalancha arrasara varias viviendas.
En vídeos se aprecia la magnitud de la situación que dejó a varias familias en la ruina.
“Mire, mire, le arrastró la casita, ayúdenlos. Que por favor los alerten”, manifestaban algunos residentes en medio de la situación.
Frente a esta emergencia, la Administración departamental enfatizó en que las fuertes lluvias incrementaron el caudal de las quebradas Pailón, La Mina y El Rollo.
Por esta razón, fue necesario evacuar familias asentadas en las veredas Pueblo Viejo y Mirador la Playa.
Así mismo, recalcaron que ya se adelanta la evacuación preventiva de unas 50 viviendas ubicadas en zonas urbanas y rurales.
Entre tanto, desde la Administración local indicaron que desde tempranas horas del día, se hará un censo para establecer las afectaciones.
«Estamos en calamidad y por ello declaramos Urgencia Manifiesta. Nos hemos visto afectados por todas lluvias. Pese a esta situación, los damnificados están con vida», expresaron.
Enfatizaron en que mañana se contará con la presencia del gobernador para evaluar los riesgos que se han presentado.
Cartel que prohíbe la extracción artesanal de oro en Zemse, Burkina Faso.
Al menos 59 personas fallecieron y decenas resultaron heridas este lunes tras una fuerte explosión en un pueblo minero situado en el suroeste de Burkina Faso, según confirmó Antoine Douamba, comisario de la provincia de Poni, a la televisión pública. La detonación se produjo a causa de un incendio en el mercado que se fue propagando por los puestos de venta y que alcanzó a una tienda de dinamita que se utiliza para la minería de oro artesanal. Entre los fallecidos hay muchas mujeres y niños que se encontraban cerca del mercado en el momento de la explosión.
El accidente se produjo este lunes después del mediodía en la explotación minera de Gomgombiro, a pocos kilómetros de la ciudad de Gaoua, capital de la región de Suroeste próxima a la frontera con Ghana. Un habitante del pueblo aseguró a la televisión nacional que “las víctimas murieron por una explosión provocada por un incendio en un área de almacenamiento de cartuchos de dinamita de contrabando” que también funciona como tienda. El vecino aseguró que la explosión había dejado un “gran cráter” en el lugar, así como numerosos daños materiales.
Los muertos y heridos fueron trasladados a distintos puestos de salud y sobre todo el hospital regional de Gaoua. Una fuente sanitaria aseguró este lunes a la agencia France Press que el balance final podría ser aún peor. “Muchos heridos se encuentran en estado crítico y su pronóstico vital está seriamente comprometido”, dijo. Las autoridades han anunciado la apertura de una investigación judicial para aclarar las circunstancias de la tragedia y depurar las posibles responsabilidades. Un fiscal se personó este lunes en Gomgombiro para iniciar las pesquisas.
El Gobierno de Burkina Faso ha intentado en numerosas ocasiones limitar o incluso prohibir la extracción ilegal de oro, pero más de un millón de personas se dedican a esta actividad según las últimas estimaciones oficiales del Ministerio de Minas, una cifra enorme comparada con los 15.000 empleos directos que supone la explotación controlada. Hundimientos de las galerías excavadas por los mineros y fallecimientos por asfixia son habituales en este negocio. Las consecuencias sanitarias y ambientales también son dramáticas: la separación del oro de la tierra se realiza con mercurio y este material tóxico penetra en los cuerpos de quienes lavan el mineral sin protección y contamina los acuíferos y los terrenos.
Lino Rojas y Yudith Pérez ante la estatua de Alejandro Magno, en octubre en Salónica, en una fotografía cedida por ellos.Cedida
José y Reinaldo jamás tuvieron entre sus planes llegar a Estambul. Y, sin embargo, aquí están: sin pasaportes, sin dinero, sin su ropa, y con las esperanzas de reconstruir su vida fuera de Cuba truncadas a medio camino. “Durante el camino tuvimos miedo al atravesar Serbia y Macedonia [del Norte]. Al llegar a Grecia pensamos, ya está, la Unión Europea, defensores de los derechos humanos y la democracia. Y no es así. Cuando te crees ya a salvo en Grecia, es cuando peor la pasas, cuando tu vida ya no vale nada”. Aún, tres meses después de lo sucedido, les es difícil encontrar un sentido a lo que les ha pasado, a cómo han sido forzados a vivir indocumentados en Turquía tras ser expulsados ilegalmente por Grecia. Aún les cuesta digerir el trauma, las palizas sufridas y la indefensión a la que se les ha sometido.
Debido al desplome de la economía cubana durante la pandemia y, especialmente, después de la represión de las protestas sociales del pasado verano, miles de cubanos han abandonado la isla. Con numerosas rutas aéreas canceladas por la covid-19 y ante la imposibilidad para los cubanos de lograr visados para la mayoría de países, muchos han decidido tratar de alcanzar Europa vía Moscú. Fue lo que hicieron José y Reinaldo después de vender sus respectivos apartamentos en La Habana. No solo buscaban una vida mejor, sino que también temían la persecución por haber participado en las protestas que comenzaron el 11 de julio: Reinaldo asegura que perdió su último trabajo por no inscribirse en una lista de voluntarios para reprimir a los manifestantes (los nombres de ambos han sido modificados porque temen que sus familias en Cuba sufran represalias).
Tras un mes en Rusia buscando diferentes vías, el 28 de octubre volaron a Serbia, de allí atravesaron caminando la frontera con Macedonia del Norte y, en un taxi, llegaron hasta la frontera griega, que también cruzaron irregularmente a través de las montañas. En Polikastro (Grecia) tomaron un autobús a Salónica y, de allí, otro a Atenas. Sin embargo, siete minutos después de partir, la policía ordenó detener el vehículo y arrestó a Reinaldo, José y un tercer conciudadano que viajaba con ellos, además de a otra familia cubana de cuatro miembros que también iba en el autobús y a un paquistaní. “Nos pidieron los teléfonos y los pasaportes. Les dijimos que estábamos en Grecia para solicitar asilo político y un policía nos aseguró que era un mero trámite y que al día siguiente quedaríamos libres. Nunca más volvimos a ver nuestros teléfonos ni nuestros documentos”, explica José.
Entonces estaban demasiado cansados —llevaban 48 horas de viaje ininterrumpido sin dormir, casi 700 kilómetros, más de 50 kilómetros a pie— para darse cuenta de que habían entrado en un complejo mecanismo de deportaciones masivas puesto en marcha por las autoridades griegas, que incumple todos los parámetros de la legislación nacional, europea e internacional. Un sistema que, según los testimonios recabados por este diario, por organizaciones de derechos humanos y por investigaciones independientes, se compone de numerosos sitios de detención oficiales e irregulares gestionados por agentes de policía y militares a lo largo de más de 400 kilómetros en el norte de Grecia, donde los migrantes sufren palizas y robos por parte de las propias fuerzas del orden y se les despoja de documentos y teléfonos móviles para evitar que quede rastro de estas prácticas.
Los detenidos fueron transportados durante algo más de media hora hasta un calabozo donde pasaron la noche. En las siguientes horas llegó una veintena más de detenidos, la mayoría sirios y afganos, aunque también otra familia cubana con un niño de tres años. “Pedimos telefonear a un abogado, pero nos lo negaron. Tampoco nos hicieron firmar un documento conforme a que estábamos detenidos. Lo tienen todo bien pensado para que, a partir de ahí, dejes de existir”, apunta Reinaldo.
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Al día siguiente, sin dejarles recoger sus mochilas —tampoco los medicamentos que Reinaldo necesita para tratarse una enfermedad crónica—, cargaron a todos los detenidos en una furgoneta blanca sin ventanas ni distintivo (similares a las que este periodista ha visto en la zona fronteriza entre Grecia y Turquía y que son utilizadas para llevar a cabo las devoluciones ilegales de migrantes). “Íbamos muy apretados y conducían muy rápido, nos dábamos golpes contra los lados y no se podía apenas respirar”, asegura José. Al cabo de dos horas de recorrido, se detuvieron, cambiaron de furgonetas y separaron a los cubanos del resto. Siguieron otros 45 minutos de trayecto y llegaron a lo que identifican como un campamento militar cercano a Alejandrópolis, según pudo ver José en los carteles de la autopista a través de una rendija en la furgoneta: “Era un lugar con un gran portón, con un muro alto de hormigón que impedía ver hacia afuera. Los militares llevaban pulóver verde olivo y pantalones de camuflaje. Se pusieron pasamontañas y no les pudimos ver la cara”, añade.
Según el relato de ambos cubanos —que coincide con otros testimonios del grupo recabados por la ONG Josoor—, los agentes griegos apartaron en una sala a las mujeres y el niño de tres años con su padre, e hicieron desnudarse al resto, dejando las ropas en un montón. Cuando se desnudaron comenzaron a golpearles entre varios agentes con bastones de plástico y varas de madera. “Me quitaron el reloj, los aretes, las cadenas, las manillas (pulseras) y un anillo. Tengo un piercing en la tetilla, pero no podía desenroscarlo y entonces me acercaron una especie de taser eléctrico (arma de electrochoque). Uno me preguntó: ¿Eres cristiano o musulmán? Cuando les dije cristiano no lo prendieron”, narra Reinaldo, y José añade: “A los que respondían ‘musulmán’, era como si mentasen al diablo. Era increíble cómo les pegaban, una escena muy desagradable, algo que yo únicamente había visto en películas”.
Otro grupo de cuatro cubanos que fue expulsado de Grecia en una fecha anterior denunció un trato similar y publicó en las redes un vídeo en el que se percibe la espalda y la cabeza de uno de ellos con numerosos hematomas, incluidos varios de ellos con heridas abiertas y una mano completamente hinchada, todo ello supuestamente resultado de los golpes de los agentes griegos.
Tras la paliza, los agentes obligaron a José, Reinaldo y al resto a vestirse rápidamente con lo primero que encontrasen en el montón de ropa, pero ni siquiera les permitieron enfundarse los abrigos o calzarse, tampoco recuperar su dinero: 7.680 euros que, según su testimonio, llevaban para continuar su ruta hasta España. Los volvieron a meter en furgonetas y siguieron rumbo al Este. Un joven sirio que se introdujo en la furgoneta de los cubanos, trató de calmarles diciendo que iban a ser devueltos a Turquía, que él ya sabía el procedimiento, porque era la cuarta vez que lo sufría. “Yo no le creía. ¿Qué tiene que ver Grecia con Turquía? No entendía nada. Siempre pensamos que nos iban a llevar a un aeropuerto para deportarnos a Cuba o a Macedonia del Norte, que era por donde habíamos entrado”, dice José.
Ya era de noche cuando los desembarcaron en una zona boscosa junto al río Evros. “Íbamos en fila, por grupos de a 10, descalzos, con un agente con uniforme azul [el de la policía griega] custodiándonos delante y otro detrás. Había un chico sirio, muy joven, al que no dejaron vestirse, ni siquiera los calzoncillos. Iba con sus manos tapándose. Esa imagen no se me va a olvidar. No solo el frío que pasaba, sino todo lo que le hicieron. Le metían la cara contra una alambrada de púas, le metieron la cabeza al río varios minutos, le daban golpes, sobre todo un policía en particular. Sin necesidad. Por gusto. ¿Por qué tuvieron que hacerle eso?”, rememora José, y se estremece al recordarlo: “Los policías iban con la mano en la pistola, y yo pensé que nos llevaban ahí para matarnos. Después de todo lo ocurrido, pensé que nos mataban. Así que le dije a mi amigo: ‘Si sacan la pistola, echamos a correr por el bosque”. Pero no, lo único que querían los agentes griegos era deshacerse de ellos enviándolos a Turquía: los montaron en botes hinchables, por turnos y en absoluto silencio para burlar la vigilancia de los turcos, y los trasladaron a la orilla oriental del río. Desde allí estuvieron vagando varias horas hasta que los militares turcos los descubrieron y les indicaron cómo llegar a Estambul, donde llevan tres meses viviendo de manera absolutamente irregular.
“Un negocio bien montado”
No son los únicos, en los últimos meses, la ONG Josoor ha documentado la deportación ilegal de 35 cubanos de Grecia a Turquía. Y cada semana siguen siendo expulsados más: hombres y mujeres de todas las edades e incluso familias con niños menores de edad, pese a las frías temperaturas que, esta semana, provocaron que 19 personas murieran de hipotermia durante la travesía del río Evros.
La modelo Tsunami Valiente, residente desde hace 14 años en Turquía y que ha organizado a la comunidad cubana de Estambul para ayudar a sus compatriotas indocumentados, afirma que hay más de 50 de los que ella tiene noticias: “Están aterrorizados, llegan psicológicamente traumatizados porque los agreden, los encierran y aparecen en un lugar que no conocen sin saber lo que les ha pasado. Yo entiendo que han entrado ilegalmente a Grecia, porque escapan de la dictadura cubana, pero para deportar a alguien hay que seguir unas normas, y Grecia está violando las leyes europeas y los derechos humanos”.
Entre los últimos en ser deportados están Yudith Pérez Álvarez y Lino Antonio Rojas Morell, que llegaron a Grecia irregularmente, por la misma vía que José y Reinaldo. Después de tres meses residiendo en Salónica, con ayuda de una amiga de nacionalidad griega decidieron entregarse a las autoridades helenas para iniciar el proceso de solicitud de asilo en Grecia. El jefe de policía de la Unidad de Extranjería de Salónica, Dimitrios Savvidis, dio instrucciones de que se desplazaran hasta el centro de internamiento de migrantes de Fylakio, en la provincia de Evros (fronteriza con Turquía). Explicaron su caso a los oficiales a cargo del centro, pero inmediatamente fueron detenidos y despojados de sus teléfonos, sus zapatos, sus medicinas e incluso de la compresa de higiene íntima que llevaba puesta Yudith, para alojarlos en una celda en la que pasaron la noche. Al día siguiente, fueron trasladados en barcas a través del río Evros.
“Un oficial me tomó la billetera con 375 euros y únicamente me devolvió los documentos, dos estampitas y una foto de mi nieto. El resto se lo metió en el bolsillo”, dice Lino: “A mí esto me parece un negocio bien montado por ellos. Porque a mi amiga de Salónica le dijo la policía que podíamos llevar dinero, que en ese campo se vendían cosas, que había quioscos de alimentos. Y nosotros pedimos a parientes que nos girasen dinero. Es un negocio preparado para robarte, porque las personas cuando llegan ahí desaparecen, no quedan registrados”. Sin embargo, en el caso de Lino y Yudith ambos tienen documentación que prueba su paso por Grecia: fotografías en Salónica, la compra de tarjetas SIM con su número de pasaporte, y una inscripción en la oficina de Médicos Sin Fronteras para recibir la vacuna contra la covid-19 a través de un organismo oficial griego.
Grecia niega de plano la existencia de estas prácticas, pese a que incluso el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y el Consejo de Europa se han quejado de ellas (en este caso, el Ministerio de Migración no respondió a las preguntas planteadas por EL PAÍS). Al quedarse los migrantes sin teléfonos móviles y sin documentos resulta muy difícil probar su paso por Grecia. “Pero, ¿cómo puede ser que yo, sin papeles, termine en Turquía, un país que exige visado a los cubanos?”, pregunta José de forma retórica.
Desde 2020, la Red de Monitorización de la Violencia Fronteriza (BVMN en sus siglas inglesas), en la que participan una docena de ONG y asociaciones europeas, ha documentado más de un centenar de casos en los que unas 8.000 personas fueron devueltas ilegalmente de Grecia a Turquía, la mayoría a través del río Evros. Natalie Gruber, portavoz de Josoor, asegura que en el 98 % de las deportaciones que documentaron en 2021 desde Grecia “hubo violencia”.
Una fuente del Gobierno turco, que contabilizó 16.000 devoluciones de refugiados y migrantes el pasado año, asegura que se ha empezado a detectar también el envío a territorio turco de personas que entraron a Grecia por un tercer país, como es el caso de los cubanos: “Grecia debe cumplir sus responsabilidades internacionales y poner fin a los pushback y expulsiones colectivas, y tratar a los solicitantes de asilo como seres humanos con derechos. Repetimos constantemente nuestras quejas en los foros internacionales. Por desgracia, ni Grecia ni la Unión Europea nos han hecho caso”.
Ruta de los Balcanes para llegar a España
Los grupos de Facebook de cubanos en Rusia, están repletos de mensajes de personas que ofrecen rutas aparentemente fáciles para llegar desde Moscú a Grecia y España: «Manden privado y les explico». Y otros tantos, de personas denunciando haber sido estafados tratando de hacer esas rutas. “Hay algunos a los que les ofrecen pasaje en un supuesto tren de Moscú a Madrid que no existe por 4.000 dólares (3.500 euros)”, explica José.
Hay quienes intentan llegar a la UE a través de la frontera rusa con los países bálticos o a través de la frontera entre Bielorrusia y Polonia, pero la mayoría se inclina por la llamada “ruta de los Balcanes” (de Turquía y Grecia a Europa Central), si bien en sentido contrario al utilizado desde la crisis de los refugiados de 2015. Aquel año, cerca de un millón de refugiados y migrantes llegaron a la UE a través de esa ruta, pero el control fronterizo se ha reforzado desde entonces y los cruces irregulares se han reducido drásticamente.
Desde Moscú, los cubanos vuelan a Serbia, otro de los países que no les exige visado. Luego, cruzando las fronteras de manera irregular atraviesan Macedonia del Norte —donde en los últimos tres meses han sido detenidos unos 200 cubanos sin papeles— o Kosovo y Albania, para llegar a Grecia en extenuantes caminatas a través de las montañas. Desde ahí intentan llegar a Italia en ferri o en avión, o directamente a España usando documentos falsos y aprovechando la menor vigilancia dentro del espacio Schengen. En octubre, un centenar de cubanos fueron detenidos cuando trataban de tomar un vuelo hacia Milán en la isla griega de Zante (las embajadas de Cuba en Grecia y Turquía no han respondido a las preguntas de EL PAÍS).
«En Atenas deben haber llegado unos 1.000», explica un cubano que pasó por Grecia y ahora se halla en España; una cifra que confirma otro migrante cubano que logró montarse en un avión hacia España tras 20 intentos infructuosos: “Yo tuve suerte, pero cada vez está más difícil salir de Grecia”. Según confirman varias fuentes, la vigilancia ha aumentado y las policías griega y española han iniciado investigaciones sobre las redes de tráfico de personas que, en su opinión, manejan este nuevo flujo migratorio. Los cubanos entrevistados, sin embargo, aseguran haber empleado la ayuda de los traficantes solo en algunos tramos de la ruta y que la mayor parte del camino la hacen siguiendo los consejos de otros compatriotas y guiándose por Google Maps.
Pese a las dificultades de la ruta y a que muchos pierden sus ahorros a manos de traficantes sin escrúpulos o policías con aún menos criterios éticos, las imágenes de aquellos que lo consiguen, posando orgullosos en España en sus publicaciones de Facebook, seguirán animando a otros a intentarlo.
La capitana de la Guardia Costera de Florida, Jo-Ann F. Burdian, comparece este jueves ante la prensa en Miami.CHANDAN KHANNA (AFP)
La historia del último drama migratorio de Estados Unidos, ejemplificado en la foto de un hombre a la deriva encaramado sobre los restos de un naufragio, se cierra este jueves con la caída del sol. La Guardia Costera de Florida ha decidido dar por terminada a esa hora la búsqueda de nuevas víctimas en el mar tras hallar en las últimas horas cuatro cadáveres más, que se suman al notificado este miércoles. Aún quedan 34 migrantes por localizar.
Cuarenta partieron el sábado de Bimini, cadena de islas en las Bahamas a unas 55 millas (88 kilómetros) al este de Miami. Iban en una barcaza de ocho metros de eslora rumbo a Estados Unidos. Una tormenta los sorprendió durante la travesía, que habían emprendido sin chalecos salvavidas a bordo. El martes, una embarcación privada avistó a unos 70 kilómetros del puerto de Fort Pierce, en Florida, la figura de un hombre, cuya nacionalidad no trascendió inicialmente, sobre el esqueleto de un bote. Fue entonces cuando la Guardia Costera inició la búsqueda en un área de aproximadamente 135 millas (218 kilómetros), superficie que las autoridades compararon con la del “Estado de Nueva Jersey”.
Imagen facilitada por la Guardia Costera de Estados Unidos del barco volcado aproximadamente a 70 kilómetros de Fort Pierce, en Florida, con un superviviente encaramado a sus restos.HANDOUT (AFP)
Investigadores de Seguridad Nacional citados por la agencia AP han reiterado este jueves las sospechas iniciales: que el caso se está tratando como una operación de contrabando de personas. “Nuestro objetivo es identificar, arrestar y enjuiciar al criminal u organización criminal que haya organizado, facilitado o sacado provecho de esta empresa condenada al fracaso”, dijo el agente al cargo, Anthony Salisbury. La ley federal contempla condena de muerte para esos delitos, si implican la muerte de personas.
La capitana de la Guardia Costera Jo-Ann F. Burdian, al mando de la operación, ha explicado que la decisión de dejar por imposible la búsqueda no ha sido fácil: “Hemos peinado la zona una y otra vez. Contábamos con buena visibilidad y sabemos que estamos buscando en el área correcta. Hemos encontrado más muertos. Y eso nos hace pensar que probablemente no haya supervivientes”.
Según cálculos de las autoridades, el único pasajero hallado de momento con vida estaba a unos 160 kilómetros de donde se cree que volcó la embarcación. La Corriente del Golfo, cuyas aguas aparentemente plácidas son temidas por los marineros, lo empujó hacia el norte.
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Si se confirmara la muerte del resto de sus compañeros de viaje se trataría de una de las tragedias migratorias más graves de los últimos años en el Caribe. Desde 2014, al menos 967 migrantes han desaparecido en estas aguas, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dependiente de las Naciones Unidas.
Según The Washington Post, la Guardia Costera ha rescatado a 802 haitianos y 586 cubanos desde el pasado 1 de octubre. La comparación de estas cifras con las del total del año (1.527 haitianos y 838 cubanos) da una idea de que el aumento del uso de estas rutas para llegar a Estados Unidos. Se trata además de un problema que no solo afecta a la Costa Este. El pasado mes de mayo, al menos cuatro personas murieron y otras 25 han resultado heridas después de que una embarcación volcara frente a San Diego, al sur de California.
Según la OIM, alrededor de 5.000 haitianos trabajan legalmente en las Bahamas. Entre 20.000 y 50.000 se hallan ilegalmente en el archipiélago de 700 islotes (39 de ellos habitados), situados a 80 kilómetros al sureste de la costa de Florida, próximos a Jamaica, Cuba y Haití. El país es a menudo empleado como trampolín por quienes quieren llegar a Estados Unidos.
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Un estudiante camina delante de un cartel en honor de los niños indígenas que sobrevivieron a los albergues, sus familias y comunidades en Ottawa.BLAIR GABLE (REUTERS)
Canadá sigue topándose con los estragos del colonialismo. Líderes de la reserva indígena de Williams Lake (habitada por miembros del pueblo shuswap) anunciaron este martes el hallazgo de decenas de tumbas sin marcar en terrenos del antiguo internado St Joseph’s Mission, ubicado en la provincia de Columbia Británica, a unos 500 kilómetros de Vancouver. En rueda de prensa, Willie Sellars, jefe de esta reserva, señaló: “Hubo reportes durante décadas de negligencia y abuso en este internado, y lo que es peor: hubo reportes de niños que murieron o desaparecieron”. Sellars agregó: “No se les dio credibilidad alguna”.
El internado St Joseph’s Mission fue fundado en 1886 por los misioneros oblatos de María Inmaculada. Cerró sus puertas en 1981 y fue demolido 26 años después. Esta institución formó parte de los internados para niños indígenas que operaron en Canadá de 1883 a 1996. El financiamiento de esta red corrió a cargo del Gobierno federal, mientras que su administración estuvo en manos de comunidades religiosas (católicas en su mayoría). Unos 150.000 menores autóctonos vivieron por la fuerza en estos centros para su asimilación.
Whitney Spearing, responsable del equipo de investigación, indicó que las pesquisas se llevaron a cabo en 14 de las 470 hectáreas vinculadas al antiguo internado, en una zona que fue designada como “de interés” para estos trabajos, tras consultar archivos y escuchar diversos testimonios. Ahí fueron halladas 93 “tumbas potenciales”. Spearing dijo que algunos de estos descubrimientos pueden estar relacionados con un viejo cementerio, pero que al menos 50 parecen no estar asociados al camposanto. Los hallazgos fueron posibles gracias a un radar de penetración terrestre y sensores LIDAR. La experta afirmó que será necesario llevar a cabo excavaciones para una plena confirmación. Willie Sellars expresó que su comunidad está consciente que muchos de los restos de los niños que murieron en el internado jamás puedan recuperarse. “Sus cuerpos fueron arrojados al río, abandonados en el fondo de lagos, lanzados a incineradoras como basura”, declaró.
En 2019, la Comisión de la Verdad y la Reconciliación estableció que 4.134 menores fallecieron en estos internados. Sin embargo, algunos expertos calculan más de 6.000 decesos. El hallazgo en St Joseph’s Mission es el cuarto de su tipo. El pasado mayo, 215 tumbas sin marcar fueron descubiertas en Kamloops (Columbia Británica). En junio, se anunció el descubrimiento de 751 en el antiguo internado de Marieval (Saskatchewan). Pocas semanas después, se sumaron 182 en terrenos de St. Eugene’s Mission (Columbia Británica). Todos estos descubrimientos han sido resultado de iniciativas de comunidades indígenas. El Gobierno federal y algunas provincias han puesto a disposición recursos para estas tareas, aunque expertos los catalogan como insuficientes.
Tras el anuncio de este martes, RoseAnne Archibald, jefa de la Asamblea de Primeras Naciones de Canadá, declaró: “Seguimos presionando a todos los niveles para que se rindan cuentas y se actúe para ayudar a traer justicia y sanación a nuestros pueblos”. Justin Trudeau, primer ministro canadiense, reaccionó en Twitter. Dijo que la noticia es sumamente dolorosa, pero que es necesario proseguir por el camino de la reconciliación y sacar a la luz “las verdades que los pueblos autóctonos conocen desde hace tiempo”. Algunas comunidades efectúan actualmente trabajos de búsqueda en otras instituciones que formaron parte de la red federal. Trudeau afirmó en julio pasado: “El mayor error que ha cometido este país es la asimilación forzosa de los menores indígenas a través de los internados”.
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Al menos 42 personas han muerto y más de 100 han resultado heridas este viernes tras un bombardeo atribuido a la coalición militar liderada por Arabia Saudí contra un bastión de los rebeldes Huthi en una prisión en Saada (ciudad ubicada al norte de Yemen) en la madrugada, según han informado a Efe fuentes de la Dirección provincial de Salud del país. Aún se sigue contabilizando la cifra de víctimas tras el ataque. Residentes de la ciudad dijeron que se efectuaron tres bombardeos, pero la alianza capitaneada por Riad aún no ha confirmado esta acción militar, aunque sí ha asumido otros ataques en la noche de este jueves contra la ciudad de Al Hodeida, al suroeste de Yemen.
Tras los bombardeos, el canal de televisión local Al Masirah, dirigido por los Huthi, difundió imágenes de hombres tratando de apartar los escombros del edificio de dos plantas con sus manos para poder rescatar a quienes se encontraban atrapados y llevarlos hacia el hospital de Al-Jamhuri. El ministro de Salud del Gobierno de los Huthi, Taha al Mutawakil, dijo al canal de televisión que los cuerpos recuperados hasta el momento ascendían a 65 y que los heridos ascienden a 138.
Asimismo, hizo un llamamiento a través de la emisora afiliada al movimiento insurgente para que las organizaciones internacionales y ONG envíen suministros médicos, equipos y aviones medicalizados para atender y evacuar a los heridos, ya que la ciudad no tiene la infraestructura sanitaria suficiente para responder a la emergencia. Entre las víctimas, hay personas provenientes del Cuerno de África que se encontraban en el centro de detención en su paso por Yemen. Pese a la guerra, muchos africanos siguen atravesando el país para intentar migrar hacía Arabia Saudita y otros países ricos del Golfo.
Los ataques recientes también han bloqueado parte de las comunicaciones en el país. El bombardeo en Hodeida ocasionó una caída de internet en todo Yemen, con excepción de la ciudad sureña de Adén. El mismo día, la alianza liderada por Arabia Saudí había anunciado una operación contra las capacidades militares Huthi. Además, se había referido al uso de plataformas de lanzamiento de misiles balísticos en la provincia de Bayda (al centro de Yemen), y ataques dirigidos a objetivos militares en Saná, la capital del país controlada por los Huthi.
Frente a las ofensivas, las autoridades de Emiratos Árabes Unidos (EAU) han recalcado este viernes que tienen “el derecho legal y moral” de defenderse contra los Huthi, en respuesta al ataque perpetrado por los rebeldes este lunes contra la capital del país, Abu Dabi, y que se saldó con al menos tres muertos y seis heridos. El secretario de Estado para Asuntos Exteriores de EAU, Anuar Gargash, ha trasladado al enviado especial de Naciones Unidas para Yemen, Hans Grundberg, que el país “ejercerá su derecho a defenderse y a evitar actos terroristas por parte de los Huthi”. Por su parte, Grundberg ha expresado una gran preocupación ante la escalada militar y ha instado a ambas partes a “ejercer la máxima moderación”.
El conflicto, en el que intervino la coalición en marzo de 2015, después de que los Huthi expulsaron al gobierno internacionalmente reconocido de Saná, ha matado a cerca de 377.000 personas, según un informe de la ONU publicado a finales de 2021. La guerra en Yemen también ha desplazado a millones de familias, forzado a más de dos millones de niños a abandonar las escuelas y empujado a más de 16 millones de personas al borde de la hambruna.
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Supervivientes del ataque recibían este sábado asistencia en un centro médico de Dedebit, en la región de Tigray, al norte de Etiopía.STRINGER (REUTERS)
Un ataque aéreo en la región etíope de Tigray mató el viernes por la noche al menos a 50 personas, incluidos niños, e hirió a otras 30 en un campamento para desplazados por el conflicto que azota la zona, según dos trabajadores humanitarios citados por la agencia Reuters. Los empleados del centro, una escuela reconvertida de la localidad de Dedebit, a pocos kilómetros de la frontera con Eritrea, señalaron que las autoridades locales habían difundido que eran 56 las víctimas mortales. El Gobierno no se pronunció sobre la tragedia.
Getachew Reda, portavoz del grupo rebelde Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés), acusó del ataque en su cuenta de Twitter al Ejército etíope y señaló que el bombardeo se había realizado con aviones no tripulados. “La parte más triste de la historia es que las víctimas son personas desplazadas del oeste de Tigray por la campaña genocida del régimen”, tuiteó Reda.
El gerente de un hospital de Mekele, la capital de Tigray, en el norte del país, dijo a France Presse que a un centro médico de la localidad de Shire habían llegado más de 150 víctimas del ataque, de las que 55 habían muerto.
”No había escapatoria”
Uno de los trabajadores humanitarios aseguró que había estado visitando a los heridos en Shire. “Me dijeron que las bombas caían en plena noche. Estaba totalmente oscuro y no había escapatoria”, comentó.
Reuters y France Presse destacaron que no pudieron verificar la cifra de muertos de manera independiente. Según fuentes diplomáticas consultadas por la agencia Bloomberg, desde el pasado mes de octubre más de 140 personas han fallecido en estos bombardeos.
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El ataque del viernes llega en un momento de inercia favorable para el Ejército etíope, que ha logrado que los rebeldes retrocedan a la región de Tigray, después de meses en los que ocuparon localidades de las vecinas Amhara y Afar. El conflicto estalló en noviembre de 2020 después de que el primer ministro, Abiy Ahmed, premio Nobel de la Paz en 2019, acusara al TPLF de atacar dos bases militares provocando numerosos daños y fallecidos, ataques que los rebeldes niegan.
Horas antes del bombardeo del viernes, el Gobierno de Ahmed anunció el indulto de varios antiguos líderes del TPLF.