La mayoría de los militares rusos que ocuparon la planta nuclear de Chernóbil, en el norte de Ucrania, tras la invasión del país han abandonado ya esas instalaciones, según un comunicado de la agencia nuclear ucrania, Energoatom, publicado este jueves. Esta entidad ha publicado también la fotografía de un documento que recoge, según afirma, la transferencia de la planta de nuevo a las autoridades locales.
Los soldados emprendieron en dos columnas el camino hacia el norte, donde se encuentra la frontera con Bielorrusia, apenas a una decena de kilómetros de la central. Según el testimonio de los empleados de la planta, que han permanecido en el interior durante semanas, este jueves apenas quedan ya tropas ocupantes. Las instalaciones fueron ocupadas por Rusia pocos días después del inicio de la guerra, el 24 de febrero.
Chernóbil, escenario en 1986 de la mayor catástrofe nuclear de la historia, sigue representando una pesadilla para los ucranios. Es todavía hoy una de las zonas más contaminadas del mundo y, en medio de la actual guerra, supone un lugar estratégico y sensible para ambas partes. De hecho, fue uno de los primeros objetivos sobre los que se lanzaron las tropas del Kremlin nada más invadir la antigua república soviética. La posterior toma de control por parte de Rusia de la mayor planta nuclear de Europa, situada en Zaporiyia, al sur de Ucrania, elevó las alarmas ante una posible catástrofe.
Mientras, una nueva columna de militares del Kremlin se está formando este jueves en los alrededores de la localidad de Slavutich, donde residen los trabajadores de Chernóbil, con la intención de emprender también camino hacia Bielorrusia, siempre según el texto de la agencia nuclear ucrania, hecho público a través de la red social Telegram. Como prueba de la recuperación del control de las instalaciones, Energoatom ha publicado la foto de un documento titulado Acta de Transferencia de Protección de la Planta Nuclear de Chernóbil, con fecha de 31 de marzo y la firma de un general ruso.
Al tiempo que Ucrania anunciaba la retirada de soldados de Chernóbil, en otros puntos del país han continuado los bombardeos. Las tropas rusas prosiguen los ataques en la disputada zona de Donbás, en el este, con armamento pesado, y persiste la ofensiva en los alrededores de Kiev y en otras importantes ciudades como Chernihiv (norte) y Járkov (este). Las distintas administraciones regionales aseguran que prácticamente todo el país sufre ataques, pese al anuncio de Moscú de que disminuiría su ofensiva sobre la capital y otras urbes, informó la agencia Urkrinform.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
En el caso de Lugansk, donde separatistas prorrusos controlan parte de la zona fronteriza con Rusia, las autoridades aseguran que todo el territorio ha sufrido bombardeos durante la noche del miércoles con armamento pesado —siete personas han perdido la vida—. En esta zona, la ciudad de Lisichansk ha sido el centro de la ofensiva rusa durante los últimos dos días, lo que ha causado también decenas de heridos. En esta ciudad, una refinería de petróleo se encontraba este jueves en llamas, indicó la agencia ucrania.
En la región de Donetsk, donde los secesionistas también controlan una autoproclamada república, los rusos bombardearon Mariinka con proyectiles de fósforo, según denunció Ucrania, y varios lanzacohetes fueron disparados contra otras poblaciones como Avdiivka, Heorhiivka, Novokalinove y Ocheretine.
Varios misiles rusos alcanzaron también un depósito de petróleo en la región de Dnipropetrovsk, en el centro del país, y una planta de fabricación de asfalto en la cercana Novomoskovsk. En este caso, no hubo víctimas mortales.
El bombardeo de las zonas residenciales de Járkov, en el este, también se mantiene, y en la noche del miércoles los ataques dañaron un gasoducto y provocaron un incendio que fue extinguido. En esta ciudad, los rusos bombardearon el distrito de Derhachi, donde murió al menos una persona. Las autoridades regionales indicaron que resulta imposible evacuar a la población debido a los constantes bombardeos, mientras que decenas de voluntarios tratan de entregar ayuda humanitaria.
Ante estos movimientos de Moscú, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ha expresado de nuevo la desconfianza ante los anuncios del Kremlin: “Hemos oído las declaraciones recientes de que Rusia rebajará sus operaciones militares en Kiev y el norte de Ucrania. Pero Rusia ha mentido continuamente sobre sus intenciones. Así que solo podemos juzgar a Rusia en función de sus acciones, no de sus palabras. Según nuestra inteligencia, las unidades de Rusia no se están retirando, sino recolocándose”, ha señalado en una rueda de prensa en Bruselas. “Rusia está tratando de reagrupar, reabastecer y fortalecer su ofensiva en la región de Donbás. A la vez, Rusia mantiene la presión en Kiev y otras ciudades. Podemos esperar acciones ofensivas adicionales que traerán incluso más sufrimiento. Rusia debe terminar esta guerra sin sentido, retirar todas sus tropas y unirse a las conversaciones con buena fe”, ha añadido Stoltenberg.
La ciudad más castigada por los bombardeos de Moscú, la sitiada Mariupol, está a la espera de que un convoy integrado por medio centenar de autobuses pueda acceder en las próximas horas para sacar a ciudadanos atrapados, después de que el Kremlin anunciara un alto el fuego en la localidad. Este jueves por la tarde, Moscú ha informado de que el viernes se abrirá un corredor humanitario entre Mariupol y Zaporiyia, según la agencia Tass. La vice primera ministra de Ucrania, Irina Vereshchuk, anunció que 45 autobuses se dirigían ya a la ciudad portuaria, después de que el Comité Internacional de la Cruz Roja confirmara que Rusia había accedido a abrir un corredor humanitario. Un total de 5.000 personas han muerto y unas 170.000 permanecen atrapadas, según datos de la alcaldía de esta ciudad, situada a orillas del mar de Azov y asediada desde hace semanas por las tropas rusas.
Los soldados ucranios siguen librando combates defensivos en Chernihiv, donde el miércoles los rusos bombardearon los suburbios de la ciudad. Y en la región de Kiev, las detonaciones y explosiones se han sentido mucho menos en las últimas horas en torno al frente noroeste de la capital, pero localidades como Irpin o Bucha siguen en disputa, pese a que el Gobierno anunció el lunes que había logrado desalojar de la primera a los militares rusos.
En las localidades ucranias que caen en manos del ejército ruso, la prioridad es evacuar en primer lugar a los vivos, especialmente los heridos para que puedan ser atendidos. Los muertos no corren tanta prisa. Vasil, de 63 años, ha logrado salvar la vida, pero no su pierna derecha. Afirma que en la noche del 16 al 17 de marzo los militares invasores ordenaron a los hombres ponerse en fila y que él recibió a sangre fría un disparo a la altura de la tibia por llegar con retraso. Tardó dos días en ser trasladado desde Bohdanivka hasta el hospital de Brovari, al este de Kiev, a una distancia de solo una veintena de kilómetros.
“Llevo más de 20 años de profesión y no he visto daños como los que he visto estos días”, comenta Volodímir Andriiets, de 44 años y subdirector del centro médico. El tiempo parece haberse congelado en las estancias de este edificio decorado con plantas, muebles, tapetes de ganchillo y teléfonos que parecen traídos de un museo, pero donde los equipos médicos brillan por su ausencia. Algunos de los entrevistados, como el propio Vasil, reconocen, sin embargo, que el haber conseguido ser trasladados aquí les permite ahora mirar hacia delante, aunque en su caso sea con un par de muletas que ahora descansan junto al cabecero de la cama.
Zina, de 62 años y con experiencia como enfermera, controla que la medicación de su marido acabe de caer por el gotero antes de darle de comer una sopa. El relato de Vasil coincide con el de otros desplazados internos que han logrado escapar de esos pueblos, pero estremece verlo hablar sin alterar el tono de voz con el muñón sobre la cama.
Fue a la una de la madrugada del jueves 17 de marzo. Una veintena de vecinos se encontraban refugiados en una vivienda, todos juntos. “Vinieron a la casa y un oficial dijo que los hombres tenían 10 segundos para ponerse en fila enfrente de él. Llegué con retraso y me disparó directamente a la pierna. Quería dispararme en la segunda, y yo le dije: ‘Pues dispara’. Pero se fueron”, rememora el hombre. “Pusimos el vendaje. Teníamos antibióticos, analgésicos y pusimos el torniquete. No pudimos salvar la pierna, pero sí la vida”, explica ella, sentada en la cama de al lado. Añade la mujer que los propios militares rusos que contemplaron la escena “entendieron que su oficial no estaba bien de la cabeza y nos dejaron salir” hasta otro pueblo cercano. Aleksandr, el yerno de Vasil, también ha tenido que salir de Bohdanivka con su mujer y los niños. Al llegar al hospital a visitar a su suegro, cuenta que en su barrio han tenido que enterrar ya a dos vecinos en la calle y que hay tres cadáveres pendientes de recoger.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Enfermeras en el hospital de Brovary, al este de Kiev, este domingoLuis de Vega
Bohdanivka, a unos 50 kilómetros del centro de Kiev, llevaba ya días en manos de las tropas del Kremlin, que no lograban avanzar hacia la capital y sufrían problemas de abastecimiento y logísticos. Por eso, los vecinos huidos ahora en Brovari coinciden al describir escenas de pillaje y abusos. Vasil, obrero de la construcción ya jubilado, lo recuerda como si se tratara de una película que ha tenido que vivir en primera persona: “Al lado de cada casa había uno o dos tanques, transportes blindados de personal y equipos. Teníamos mucho miedo. Habían ocupado todas nuestras casas y guardaban sus equipos en los patios. Rompían, destruían, robaban, no se salvaba nada. Robaban toda la ropa de hombre, toda, y la de mujer también. Sacaban todos los electrodomésticos”. Zina apunta: “Menos en las casas que ocuparon parar vivir, que allí sí los usaban. El oro. Toda la comida que había en el frigorífico. Se llevaban las bicicletas de los niños, los patinetes, porque tenemos a cuatro nietos, las motos y las montaban”.
En el hospital no se ven escenas de caos ni hay carreras con heridos llegando cada poco. El subdirector detalla que en los últimos días, coincidiendo con el repliegue de tropas rusas, apenas llegan cuatro o cinco heridos civiles cada día.
En otra de las habitaciones se recupera Yuri, de 47 años, integrante de los grupos de defensa civil de la localidad de Dimerka. El hombre se señala la pierna y el vientre, donde se le quedaron incrustados fragmentos de una bomba de racimo, armamento prohibido por más de un centenar de países, pero no para Rusia, que no ha ratificado la Convención sobre Municiones de Racimo. Yuri resultó herido el pasado 8 de marzo y fue operado nada más llegar a Brovari. “Yo estaba corriendo de mi casa al refugio para esconderme y de camino recibí el disparo de un fragmento del proyectil. La bomba de racimo pasó por todo el pueblo y cayó en una de las casas, quemándola. Pero los fragmentos salieron disparados y explotaron por todos sitios. Al principio no me enteré de que estaba herido. Noté algo, pero pensé que a lo mejor era la onda expansiva, luego me puse malo y vi que tenía un agujero en el vientre”.
Rina, la mujer de Vasil, que también está siendo atendido de daños en el colon, tira de sorna: “El gran ejército ruso, pura pobreza”. Y se despacha a gusto: “Queremos que se vayan, que se vaya hasta el último. Quiero que toda Europa sepa qué tipo de Ejército es. No es un Ejército, son vagabundos. Y van vestidos peor que los vagabundos. Sin ducharse dos meses, sucios, grasientos. Sin ropa, vestidos con nuestra ropa”.
Nueve hombres forman fila en sillas de ruedas ante el coronel general Alexánder Fomin, viceministro de Defensa de Rusia. La imagen, divulgada el pasado sábado 26 de marzo —un mes y dos días después del comienzo de la ofensiva contra Ucrania—, mostraba a un grupo de mutilados de guerra, miembros de una generación de rusos a la que el conflicto que asola Ucrania dejará secuelas de por vida, como ya les pasó a sus mayores en Afganistán en los años ochenta y en Chechenia en los noventa. Aquellos conflictos eran dramas que los soldados condecorados solo conocían gracias a viejas imágenes de televisión. Ahora, su realidad se hace hueco poco a poco en las pantallas de los hogares rusos. Este fin de semana, aún convalecientes por la amputación de sus piernas y brazos, los nueve militares fueron distinguidos con medallas al valor y el coraje en un acto donde nadie esbozó ninguna sonrisa.
El homenaje fue difundido por la televisión pública en una insólita exhibición de las consecuencias del conflicto. Las amputaciones y heridas que se intuían en las mangas vacías de los pijamas de hospital llamaban poderosamente la atención, ya que este tipo de imágenes son una rara excepción en los medios rusos, y más aún en Pervy Kanal, la principal televisión estatal de la nación. Muchos otros medios, incluido Nóvaya Gazeta —el último diario totalmente independiente que no había sido bloqueado y que este lunes ha anunciado que suspende su actividad hasta el final de la guerra— también se hicieron eco de la ceremonia.
“Camaradas combatientes, ustedes, verdaderos hombres, verdaderos militares, verdaderos continuadores de la gloriosa tradición de nuestros padres y abuelos, no han defraudado en ningún momento al Estado, cumplieron sus misiones al 100%”, dijo Fomin al comienzo de su discurso en el hospital clínico-militar Vishnev.
En las imágenes retransmitidas del acto se puede observar el gesto adusto y la mirada perdida de un hombre al que el general condecora y da la mano tras perder una pierna. Sus compañeros aplauden al mismo tiempo con gestos taciturnos. Poco después, otro combatiente, el único que se sostenía en pie, también es galardonado por sus acciones en Ucrania. El hombre, al que le falta un brazo, se mantiene ausente, con el ceño fruncido y la mirada en otro lado, mientras le colocan la medalla y es abrazado.
De izquierda a derecha, Serguéi Rudskoi, representante del Alto Estado Mayor del Ejército ruso; el portavoz del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov; y Mijail Mizintsev, jefe del centro de control de Defensa Nacional, en una rueda de prensa el 25 de marzo. NATALIA KOLESNIKOVA (AFP)
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
El número de militares rusos muertos y heridos en la guerra es uno de los datos más sensibles para el Kremlin. El Ministerio de Defensa ruso actualizó la semana pasada la cifra de bajas en el segundo recuento hecho público desde que comenzó la guerra. Según las informaciones oficiales de Moscú, sus Fuerzas Armadas han contabilizado 1.351 fallecidos y 3.825 heridos hasta el 25 de marzo. El Kremlin atribuyó a Ucrania hasta 30.000 bajas —“14.000 muertos y 16.000 irrecuperables”, en la jerga que emplea el Gobierno ruso—. Sin embargo, Ucrania asegura que las pérdidas rusas rondan las 17.000 víctimas, entre muertos y heridos.
“No esperaba recibir esta condecoración… por la lucha contra el nazismo”, decía en el reportaje uno de los soldados, Yégor Vereschagin, tomando aire antes de hacer alusión al pretexto que ha esgrimido Rusia para desatar la guerra. Además de los condecorados, el canal ruso también entrevistó a otros dos militares galardonados que yacían en sus camas sin apenas poder mover más que la cabeza. El comandante de artillería Maksim Okolota, herido en un combate contra tanques ucranios, aseguraba que los civiles les habían recibido bien. “La población no era agresiva, nos daban cigarrillos y comida”, afirmaba.
Pasada la primera semana de la guerra, cuando el ejército ucranio frenó el avance ruso, Putin anunció una nueva paga para las familias de los muertos y heridos en combate. Al pago único de 7,4 millones de rublos (68.000 euros), previsto como seguro de vida, se han sumado otros 5 millones (46.000 euros) a repartir mensualmente por la pérdida del combatiente. En el caso de resultar herido grave, la compensación extra es de 3 millones de rublos (27.500 euros).
La prolongación del conflicto, que ya va por su segundo mes, conlleva cada vez más actos de homenaje públicos a heridos y caídos. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, visitó otro hospital el 11 de marzo para entregar otras condecoraciones. Uno de los militares recibió el título de Héroe de la Federación de Rusia por la toma de la presa que ocho años después ha vuelto a abrir sus compuertas para enviar agua a la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014. Antón Starostin resultó herido por un misil antitanque Javelin durante la defensa de un puente.
Las reacciones a la muerte de los soldados por parte de sus familias se adecúan al relato oficial. La versión rusa del canal alemán Deutsche Welle publicó este fin de semana una entrevista a la madre de un soldado fallecido en Ucrania. “Esto es así, con palabras simples: si no hubiéramos bombardeado nosotros, los ucranios nos hubieran bombardeado a nosotros. Un bombardeo hubiera sido necesario, aquí no había alternativa. Por supuesto, nadie esperaba esto”, decía dolida por la pérdida de su hijo a principios de marzo.
Además de los actos oficiales, las redes sociales rusas también se han volcado en homenajear a los soldados caídos, lo que unido a las noticias de los diarios locales supone un goteo constante de noticias dramáticas sobre la invasión de Ucrania. En VKontakte, la alternativa nacional a Facebook propiedad del monopolio estatal Gazprom, algunas comunidades, como Operación especial en Ucrania, libro de la memoria, publican a diario imágenes de jóvenes que han perdido la vida en el frente. Las fotografías van acompañadas de una breve biografía y palabras de aliento a sus familiares. “Murió en el transcurso de la operación emprendida en Ucrania para la defensa de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, la patria y el cielo sobre Rusia”, es el epitafio de muchos de ellos. La mayoría, nacidos entre los años 1996 y 2000, eran bebés durante la segunda guerra de Chechenia, la primera que ordenó Vladímir Putin tras ser elegido por Boris Yeltsin como su sucesor al frente del país.
Mis queridos amigos rusos: algunos de vosotros de hace años, otros más recientes, algunos que no conozco personalmente, amigos del espíritu y de la mente. Los tiempos son difíciles para vosotros también en este momento. Me he comunicado con muchos de vosotros durante el último mes. Al igual que las vidas de todos los ucranios, las vuestras, nunca sencillas, se están viendo trastocadas por completo. Muchos de vosotros estáis huyendo de Rusia. Y muchos de vosotros me habéis expresado sentimientos de culpa, de vergüenza, por lo que vuestro país está haciendo a vuestro vecino. Por lo que le están haciendo a Ucrania en vuestro nombre.
Algunos de vosotros, los activistas, habéis estado machacados durante mucho tiempo, y os habéis estado preparando para el golpe final. El 4 de marzo escribí a Aleksandr Cherkasov, un viejo amigo de [la asociación] Memorial. “Te cuento luego más tarde”, respondió Sasha en su habitual tono lacónico. “Ahora mismo, tras el registro, vagamos entre ruinas (Ordenadores destripados. Cajas fuertes reventadas)”. Otros de vosotros, personalidades de la cultura, artistas, críticos, escritores, estáis aturdidos por el colapso repentino de vuestro frágil mundo. A ninguno de vosotros os gusta Putin ni su régimen de ladrones y fascistas, la mayoría los odiáis. Pero, seamos sinceros: salvo muy pocos de vosotros (los que trabajáis con Memorial, Novaya Gazeta, EkhoMoskvy, Meduza, la organización de Navalni y unos pocos más), ¿cuántos habéis hecho algo para resistir a ese régimen? ¿Aparte de sumarse a las manifestaciones, cuando las hubo? ¿Podría ser, entonces, que vuestros sentimientos de vergüenza y culpa no sean solo algo abstracto? ¿Podrían deberse también a vuestra propia apatía, a vuestra larga indiferencia ante lo que ocurría a vuestro alrededor y a vuestra complicidad pasiva, que seguramente sentís ahora en vuestros huesos y en vuestra alma?
No siempre fue así. Durante un tiempo, en la década de 1990, tuvisteis algo de libertad y democracia, turbias, incluso sangrientas, pero reales. Así y todo, 1991 acabó como 1917. ¿Por qué cada vez que por fin tenéis vuestra revolución, acabáis con tanto miedo a la “época de problemas” que volvéis a cobijaros bajo los faldones de un zar, llámese Stalin o Putin? No importa a cuántos mate, os parece más seguro, en cierta manera. ¿A qué se debe? Es cierto que se cometieron errores. En lugar de irrumpir en los archivos del KGB y exponerlos a la luz del día, como hicieron los alemanes con la Stasi, os dejasteis distraer por la estatua de Dzherzinski, y permitisteis que el KGB pasara desapercibido, se reagrupara, se reconstruyera y se hiciera con el control de vuestro país. Cuando se os dio a elegir entre el saqueo del país o el regreso de los comunistas, no luchasteis por imponer una tercera vía y consentisteis el saqueo. En 1998, vuestra economía se derrumbó, y eso supuso prácticamente el fin de las grandes manifestaciones por una mayor justicia social o contra la guerra de Chechenia. La supervivencia se convirtió en la preocupación primordial.
Y entonces trajeron a Putin. Joven, audaz, agresivo, prometiendo la destrucción de los terroristas y un giro de la economía. Pocos de vosotros os lo creísteis, pero o le votasteis o no fuisteis a votar. Y cuando empezó a arrasar Chechenia por segunda vez, la mayoría de vosotros cerrasteis los ojos y os disteis la vuelta. Recuerdo muy bien aquellos años. Estaba trabajando en Chechenia, prestando ayuda a las innumerables víctimas de la “operación antiterrorista” de Putin, recorriendo las ruinas de Grozni y Katyr-Yurt e Itum-Kale y muchas otras ciudades. A veces, regresaba a Moscú para descansar y me iba de fiesta con vosotros, mis amigos. Bebíamos, bailábamos y luego intentaba contaros los horrores que veía allí, los civiles torturados, los niños asesinados, los soldados que vendían los cuerpos de los muertos a sus familias. Y vosotros me decíais: “Jonathan, estamos hartos de tu Chechenia”. Recuerdo muy bien esas palabras. Y me enfurecía con vosotros: “Oye, que no es mi Chechenia, es vuestra Chechenia. Es vuestro puto país, no el mío. No soy más que un estúpido extranjero aquí. Es vuestro Gobierno el que está bombardeando una de vuestras ciudades, matando a vuestros conciudadanos”. Pero no, era demasiado complicado, demasiado doloroso, no queríais saberlo.
Luego llegó la gran expansión económica de mediados de la década de 2000, impulsada por el aumento de los precios del petróleo y la voluntad de Putin de permitir que parte del dinero robado cayera en cascada sobre la clase media. Muchos de vosotros ganasteis dinero, algunos mucho, e incluso los más pobres de vosotros conseguisteis pisos nuevos y mejores trabajos. Los precios subieron, pero no importaba, Moscú estaba radiante, resplandeciente, elegante, era divertida. Cuando asesinaron a los opositores (Yuri Shchekochijin, Anna Politkóvskaia, Aleksandr Litvinenko y otros), expresasteis horror y conmoción, pero la cosa no pasó a mayores. Cuando Putin, después de dos mandatos, entregó la presidencia a su primer ministro y ocupó el puesto de este, apenas os disteis cuenta, por lo que pude ver. Cuando Rusia, a los pocos meses de la presidencia de Medvédev, invadió Georgia, la mayoría de vosotros lo pasasteis por alto o callasteis. Y en los años siguientes, ¿con cuántos de vosotros me encontré en las pistas de esquí de Gudauri, haciendo senderismo por Kazbegi o disfrutando de los cafés y los baños de vapor de Tiflis mientras vuestro Ejército ocupaba parte del país? Tampoco nosotros, aquí en Occidente, hicimos mucho, si es que hicimos algo. Unas cuantas quejas, unas cuantas sanciones; pero, ¿qué importaban las atroces violaciones del derecho internacional en comparación con el atractivo del petróleo, el gas y el mercado interior de Rusia?
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Refugiados ucranios esperan un transporte tras alcanzar el paso fronterizo de Medika en Polonia. Sergei Grits (AP)
Sin embargo, a finales de 2011, vosotros, mis amigos rusos, despertasteis. Cuando Putin volvió a cambiar de asiento con Medvédev, colocándose de nuevo en el sillón presidencial, muchos de vosotros decidisteis que con ese truco sucio se había pasado de la raya, y salisteis en masa a protestar. Navalni se convirtió en un nombre conocido y durante seis meses llenasteis las plazas, metiendo miedo al régimen y haciendo que se tambalease. Entonces, el régimen devolvió el golpe. Primero organizó contramanifestaciones, luego aprobó más leyes represivas y empezó a llenar sus cárceles. Detuvieron a miles de personas. Algunos fueron condenados a penas muy largas. Y el resto os rendisteis y os fuisteis a casa. “¿Qué podríamos haber hecho?” Escuché esto muchas veces, y sigo escuchándolo ahora. “El Estado es muy fuerte, y nosotros somos muy débiles”. Bueno, mirad a los ucranios. Mirad lo que hicieron, dos años después de vosotros. Una vez que ocuparon Maidán, en su rabia por un presidente prorruso que había traicionado su promesa de más Europa, nunca la abandonaron. Montaron una ciudad de tiendas de campaña, totalmente autoorganizada y dispuesta a defenderse. Cuando la policía fue a intentar disolverla, se defendieron con palos, barras de hierro y cócteles molotov. Al final, la policía abrió fuego. Pero en lugar de huir, los de Maidán cargaron. Muchos de ellos murieron, pero ganaron. Fue Yanukóvich el que salió corriendo, y los ucranios recuperaron su democracia, su derecho a elegir a sus dirigentes y a echarlos cuando no hacen bien su trabajo.
A Putin no le hizo ninguna gracia lo de Maidán. Era un mal ejemplo. Así que se apoderó de Crimea mientras todo el mundo estaba todavía desconcertado. Muy pocos de vosotros también protestasteis por ello, pero en vano. Muchos estaban entusiasmados. El 91% de los rusos aprobó la anexión, me parece. “¡Maravilloso, maravilloso! ¡Crimea es nuestra!”, coreaban vuestros conciudadanos, súbitamente ebrios de gloria imperial. No me refiero solo a la gente más pobre de los recovecos asolados del país, donde el límite de la política lo marcan el vodka y las patatas, sino a algunos de vosotros, amigos míos, amigos personales. Escritores. Editores. Intelectuales. Lo mismo ocurrió con Donbás. Novorossia, la Nueva Rusia. De repente se erigió un nuevo mito, y algunos de vosotros, que habíais despreciado a Putin y a su camarilla, de repente cambiasteis de opinión y lo adorasteis. No sé por qué, ya que rápidamente dejamos de hablar después de eso. En cuanto a los demás, los que seguíais siendo mis amigos, os mantuvisteis principalmente en silencio. “No me interesa la política”, decíais. Y volvíais a la literatura, o al cine, o a los catálogos de Ikea, o a disfrutar de los flamantes parques con los que el alcalde de Moscú había sembrado la ciudad desde 2012, con sus cómodos pufs y su wifi gratuito y sus cafés hipster. Sí, Donbás quedaba lejos, y Moscú molaba, cada vez más.
De Siria apenas os disteis cuenta siquiera. En cualquier caso, todos eran terroristas, ¿verdad? Daesh o lo que fuera. Incluso el editor moscovita que publicó mi libro sobre Siria lo criticó después en una entrevista, diciendo que yo no entendía nada de lo que estaba pasando en Siria. Bueno, al menos yo había estado allí, viendo cómo niños de la misma edad que los míos eran asesinados a sangre fría por francotiradores del régimen en las calles de Homs. Los únicos rusos que fueron allí fueron los de vuestro Ejército, que en 2015 empezaron a bombardear a miles de civiles y a practicar para su próxima guerra seria.
Seguro que muchos de vosotros conocéis las famosas palabras del pastor Martin Niemöller: “Primero vinieron a por los socialistas, y no dije nada, porque yo no era socialista. Luego vinieron a por los sindicalistas, y no dije nada, porque yo no era sindicalista. Y luego vinieron a por los judíos, y no dije nada, porque yo no era judío. Luego vinieron a por mí, y ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí”.
¿Cuántos de vosotros habéis hablado en favor de los chechenos, los sirios o los ucranios? Algunos lo hicisteis. Pero demasiados callasteis. Algunos, es cierto, habláis ahora, gente como Dmitri Glujovsk, Mijaíl Shishkin, Mijaíl Zygar, Maksim Osipov, otros también. La mayoría habla desde fuera del país, unos pocos desde dentro, como Marina Ovsyannikova, arriesgándose a que la manden a unirse a Navalni en su gulag. En cuanto al resto, entendéis en qué país vivís, mejor que la mayoría. Y por eso estoy seguro de que comprendéis esto: cuando Putin acabe con los ucranios (pero aún más si no es capaz, como parece probable, de acabar con ellos) vendrá a por vosotros. A por todos vosotros, amigos míos: a por los que habéis salido a protestar con valentía, pero en la mayoría de los casos de forma individual, y que por ahora solo habéis sufrido condenas leves, pero que pronto serán mucho más duras. A por los miles de personas que habéis firmado peticiones, que habéis expresado vuestra desaprobación en las redes sociales (quizá solo con un cuadrado negro en Instagram), o que habéis hablado en privado con vuestros compañeros de trabajo. Los días en los que uno recibía 10 años de privación de libertad por una broma, o incluso 25, no están tan lejanos en el pasado, y ahora también están en vuestro futuro, muy probablemente. ¿Y quién hablará entonces por vosotros? ¿Quién quedará?
Bomberos extinguen el incendio tras un ataque ruso Járkov.Pavel Dorogoy (AP)
Los ucranios, ahora incluso más que en 2014, están dando un ejemplo aterrador para el régimen de Putin: están demostrando que se le puede combatir, y que si uno es inteligente, y está motivado, y es valiente, incluso se le puede parar, sin importar su abrumadora superioridad sobre el papel. Claro que, aparentemente, casi nadie en Rusia es consciente de esto, y ni siquiera de que hay una guerra. Pero vosotros, amigos míos, sabéis lo que está pasando. Leéis las noticias extranjeras en Internet, todos tenéis amigos o incluso familiares en Ucrania a los que enviáis mensajes. Y Putin sabe que vosotros lo sabéis. Así que tened cuidado. Sabéis hacia dónde va esto. Los días de la buena vida a cambio de vuestro silencio se han acabado. Vuestras elecciones son una farsa; vuestras leyes, salvo las represivas, no valen ni el papel en el que están escritas; vuestros últimos medios de comunicación libres han desaparecido; vuestra economía se hunde más rápido de lo que puedo escribir; ya no tenéis ni siquiera tarjetas de crédito para comprar un billete de avión de ida, si es que quedan vuelos. Ahora Putin no se va a conformar con vuestro silencio; querrá vuestra aquiescencia, vuestra complicidad. Y si no le dais lo que quiere, podéis intentar iros, de alguna manera, o ser aplastados. Dudo que veáis otra opción.
Pero hay una. Que es derrocar a este régimen de una vez por todas. Probablemente se necesitaría menos de lo que pensáis, en la situación actual. Pensad en ello. La chispa no vendrá de vosotros: con el colapso económico que está a punto de golpear a Rusia, lo más probable es que venga de las provincias, de las ciudades menos importantes; allí, cuando los precios se disparen y se dejen de pagar los salarios, todos aquellos que votaron a Putin todos estos años, porque querían pan y paz, se echarán a las calles. Putin lo sabe, y les tiene mucho más miedo que a los intelectuales y a la clase media de Moscú y San Petersburgo, que sois vosotros, queridos amigos. Pero si cada ciudad se manifiesta por su cuenta, como ya ha sucedido ocasionalmente, a Putin no le costará moverse y reprimirlas. Habrá que coordinar y organizar las cosas. Habrá que convertir a la turba en masa. Tenéis esa magnífica y mágica herramienta llamada Internet, que el régimen puede obstaculizar, pero a la que se puede hacer funcionar independientemente de casi cualquier circunstancia. La organización de Navalni ha sido desmantelada, pero se pueden formar otras, más informales, más descentralizadas. Sois muy numerosos, sois millones. La policía de Moscú puede manejar 30.000 personas en la calle, incluso 100.000. Con más de 300.000, estarían desbordados. Tendrían que llamar al Ejército, pero a la hora de la verdad, ¿lucharía este Ejército por Putin? ¿Después de lo que les ha hecho hacer en Ucrania, de lo que les ha hecho?
Habrá un peligro terrible, por supuesto. Algunos tendréis miedo, y los que tengáis hijos estaréis aterrados de que les pueda pasar algo. Esto es natural, es normal. Yo también, en vuestro lugar, tendría miedo. En Siria, y ahora en Ucrania, Putin trató de mostraros, mediante el ejemplo, lo que le ocurre a un pueblo que se atreve a desafiar a su jozein, a su amo y señor, que se atreve no solo a pedir la libertad, sino a intentar tomarla. Pero, si no hacéis nada, muchos estaréis perdidos de todos modos. Y lo sabéis. Uno de vuestros hijos hará una broma en un chat de videojuegos y será detenido; una de vuestras hijas expresará su indignación en Internet y será arrestada; un querido amigo vuestro cometerá un error y morirá en una celda húmeda molido a palos por la policía. Esto es lo que lleva ocurriendo desde hace años, y es lo que seguirá ocurriendo, cada vez a mayor escala. Así que no tenéis elección. Si no hacéis nada, ya sabéis cómo acabará. Ahora es el momento de vuestro propio Maidán. Sed inteligentes, sed estratégicos y encontrad la manera de hacerlo realidad.
El Ejército de Ucrania también logra avances en el este de Kiev que se suman a los conseguidos en los últimos días en el noroeste. Las tropas rusas están perdiendo posiciones en las dos principales vías que han tratado de abrir desde que comenzó la invasión el pasado 24 de febrero para intentar llegar al corazón de la capital. Una base militar atacada entonces a la entrada de Brovari, en la orilla oriental del río Dnieper y a las puertas de Kiev, es el recuerdo del rápido avance ruso en los primeros días de contienda. Pero nunca lograron pasar de ahí y en el último mes no han hecho más que perder terreno. En medio de ese estancamiento, Moscú ha dado un giro en su intención inicial de asestar un golpe rápido a Kiev y al Gobierno del presidente Volodímir Zelenski y asegura ahora que su objetivo es tomar solo la región de Donbás, al este del país, y que los separatistas prorrusos controlan en parte desde hace ocho años.
En la zona de Brovary y Borispyl, al este de Kiev, “el enemigo se está moviendo” pero no está listo “para una ofensiva”, dijo este viernes Oleksandr Hruzevich, vicejefe de las Fuerzas Terrestres de Ucrania, durante una comparecencia pública. Pese a que se ha superado ya el primer mes de guerra, el centro de Kiev, objetivo principal ruso, sigue lejos de estar en la línea de fuego. En todo caso, las tropas rusas “todavía tienen fuerzas para atacar y lo van a hacer en un futuro próximo”, apuntó Hruzevich. Los contraataques ucranios y los problemas de suministro de las fuerzas rusas “han permitido a Ucrania volver a ocupar ciudades y posiciones defensivas hasta a 35 kilómetros al este de Kiev”, según datos de las autoridades del Reino Unido citados por la agencia Reuters.
“Hemos salido con nuestro coche de Shevchenkove por un pasillo humanitario que organizó el Gobierno. Al salir pasamos por tres controles con los rusos armados que revisaban los documentos”, relata Volodímir, de 68 años. “Un matrimonio joven de mi pueblo que trabajaba en el mercadillo ha sido fusilado a tiros por los soldados rusos, el coche con todo lo que estaba dentro destrozado, les hemos enterrado”, añade.
Volodímir es uno de los que espera su turno junto a varias decenas de personas para registrarse en la plaza central de Brovari ante las dependencias municipales. Algunos están enojados porque quieren recibir mejores ayudas. Son ciudadanos que han escapado o han sido evacuados en los últimos días de localidades en disputa entre los dos ejércitos.
“Bohdanivka estaba toda llena de soldados rusos”, cuenta Irina, de 58 años, otra de las que hace cola para registrarse y que fue evacuada a Brovari en la noche del pasado 23 de marzo. “Hemos dejado las casas abiertas para que no rompan nada al querer entrar, porque están destruyendo las ventanas y las vallas”. Irina, acogida en casa de una hermana, lamenta no haber recibido todavía nada y critica que el ritmo de la atención no es el que ella esperaba. “Prometen ayuda para la gente con enfermedades oncológicas, como yo, medicinas, ayuda humanitaria, productos y ayuda material de 2.000 grivnas por persona (unos 70 euros al cambio) y 3.000 (unos 105 euros) para personas con discapacidad, como es mi caso”.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Algunos milicianos armados ordenan en la plaza el flujo de las peticiones de ayuda mientras la sirena que alerta de un posible ataque desde el aire dirige a algunos de los refugiados a un refugio próximo. Otros no se dan por aludidos. “Estaban bombardeando los almacenes y la calle central. En la casa de un amigo han destruido la puerta de entrada. Eran las dos de la madrugada y menos mal que los niños estaban en el sótano, porque los rusos entraron a la casa y tiraron una granada al dormitorio. Quemaban las casas”, rememora Volodímir, que llegó a Brovari el 20 de marzo desde Shevchenkove.
Una columna de humo sobre el cielo de Kiev este viernes.Luis de Vega
Unas 20.000 personas han abandonado Borispol, un suburbio al este de Kiev cerca de donde se encuentra el aeropuerto de la capital, para facilitar las tareas del Ejército ucranio frente al ruso, según explicó el alcalde, Volodímir Borisenko, a la agencia Reuters.
La estrategia del Ejército local es dificultar la llegada de suministros a los rusos y tratar de rodear cerca de Kiev a sus tropas una vez desabastecidas, según un portavoz militar. Calcula que el Kremlin tiene desplegados unos 19.000 hombres en el noroeste de la capital ucrania, que ha sido el principal objetivo militar y político del presidente ruso, Vladímir Putin, desde que ordenó la invasión. Las fuerzas de tierra que comanda el general Oleksandr Sirskii llevan días logrando frenar el avance de las tropas del Kremlin al noroeste de la capital en torno a las disputadas localidades de Irpin, Gostomel, Bucha y Makariv.
Al este de la principal orbe del país, desde la entrada de la base militar de Brovari, se observa que los daños son evidentes en distintos edificios tras el ataque ruso al comienzo de la guerra. Varios vehículos destrozados en la refriega, entre ellos un blindado del Ejército ucranio, sirven ahora de barricada para ralentizar el paso de los vehículos por la carretera. Uno de los que controla el lugar es Serguéi, de 27 años, empleado de una empresa tecnológica de EE UU al que le han permitido unirse a la defensa civil de su país y, al mismo tiempo, seguir percibiendo el mínimo de su sueldo. El joven, armado y pertrechado con toda la parafernalia militar, no escucha de fondo más disparos que los de sus compañeros que realizan prácticas de tiro dentro de las instalaciones militares.
Polonia ha dado este miércoles un paso más en la línea dura contra Moscú que abandera, al anunciar la expulsión de 45 diplomáticos rusos ―en torno a la mitad del personal de la Embajada en Varsovia― por sospechas de espionaje. Los 45 tienen “distintos estatus diplomáticos” y un máximo de cinco días para abandonar el país, salvo uno, que solo goza de 48 horas, ha señalado el portavoz de Exteriores, Lukasz Jasin, en una rueda de prensa en el Ministerio. El anuncio se produce la víspera de que se cumpla un mes de guerra en Ucrania y horas antes de que aterrice en Europa el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que visitará Polonia tras participar en tres cumbres internacionales en Bruselas. Pawel Jablonski, vicesecretario de Estado de Exteriores polaco, ha precisado a este periódico que la expulsión es “una decisión preparada antes y coordinada con otros países”.
Jasin ha señalado dos motivos para la fulminante expulsión: que “cometieron actividades contrarias a la ley polaca” y que “vulneraron las normas de la Convención de Viena”, el texto de 1961 que regula las relaciones e inmunidad diplomáticas. Poco antes de que se hiciera pública la orden, el portavoz de los servicios especiales, Stanislaw Zaryn, había anunciado que la agencia de seguridad interior había identificado a 45 personas que trabajaban como espías para Moscú o estaban relacionadas con esos miembros de los servicios secretos.
Poland’s Internal Security Agency (#ABW) has identified 45 individuals – Russian secret services officers and persons related to them enjoying diplomatic status in Poland.
Their expulsion from the territory of Poland is requested by the Head of the ABW.https://t.co/8KHIWzC45H
“Rusia es nuestro vecino, no va a desaparecer del mapa de Europa, pero la agresión a Ucrania prueba que es un Estado inamistoso, e incluso hostil, con Polonia”, ha agregado el portavoz. Jasin ha señalado que en cualquier caso la representación diplomática rusa no era “acorde” con el estado actual de las relaciones bilaterales entre Polonia y Rusia, históricamente complejas y marcadas por una desconfianza que se ha acrecentado tras la invasión de la vecina Ucrania.
También ha señalado Jasin en su comparecencia que las “actividades ilegales de estos diplomáticos pueden representar una amenaza” para los refugiados ucranios. Desde el inicio de la guerra han llegado a Polonia 2,1 millones de personas procedentes de Ucrania —de los 3,6 millones que han huido a los países vecinos en el éxodo de refugiados más rápido en Europa desde el fin de la II Guerra Mundial—, según los últimos datos de la agencia de refugiados de la ONU, Acnur, del pasado martes. Se calcula que unos 1,8 millones de esos refugiados permanecen en territorio polaco.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
El embajador ruso en Varsovia, Sergey Andreev, fue convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores polaco y aseguró a las puertas de la sede que las acusaciones contra los 45 diplomáticos carecen de base. Aclaró que se marcharán en el plazo establecido porque es una “decisión soberana” a la que “tiene derecho” Polonia, pero advirtió de que su país también tiene derecho a tomar decisiones, sin especificar cuáles adoptará.
Los países bálticos y Bulgaria han tomado medidas similares desde que comenzó la guerra, pero Polonia es el país más importante de la zona y uno de los que más aprietan para que la OTAN y la UE endurezcan su postura hacia Moscú.
Por una parte, cara a la reunión de los Vientisiete de este viernes, Varsovia propone dejar ya de comprar hidrocarburos a Rusia, un paso sobre el que no existe consenso en la UE. Además, en la reunión de la OTAN va a proponer formalmente enviar una misión de paz a Ucrania. Esta idea cuenta con muy pocos amigos por el rechazo de la Alianza a desplegar militares en un Estado que no pertenece a la organización a fin de defenderlo de una potencia nuclear.
Varsovia lanzó esta propuesta a la OTAN por primera vez el pasado día 15 de forma un poco sui generis: no de boca del primer ministro, Mateusz Morawiecki, sino del vice primer ministro y líder del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), Jaroslaw Kaczynski. Fue durante el viaje sorpresa en tren a Kiev que hicieron los dos con los jefes de Gobierno de República Checa, Petr Fiala; y Eslovenia, Janez Jansa; en una iniciativa de la que se distanció Bruselas. “Creo que es necesario tener una misión de paz. De la OTAN, posiblemente una estructura internacional más amplia, pero una misión que sea capaz de defenderse y que opere en territorio ucranio”, dijo Kaczynski en la rueda de prensa posterior a su reunión con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.
Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, fue preguntado al respecto y respondió que sería “una decisión muy temeraria y extremadamente peligrosa”. Todo contacto entre fuerzas rusas y de la OTAN “podría tener claras consecuencias que serían difíciles de reparar”, agregó. La Alianza mantendrá este jueves una reunión de emergencia en Bruselas en la que estará Biden. También asistirá allí a las del G7 y la UE, de las que saldrá una nueva ronda de sanciones contra Rusia. El presidente de Estados Unidos volará un día más tarde a Polonia, en un claro gesto de apoyo a un país que teme ser la próxima víctima de Rusia, pese a pertenecer la OTAN. El artículo quinto de la Alianza obliga a los países que forman parte de la organización a acudir en defensa de cualquiera de sus miembros si es agredido. El sábado, Biden se reunirá en Varsovia con el presidente de Polonia, Andrzej Duda.
El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión de este miércoles en el Bundestag.MICHELE TANTUSSI (REUTERS)
La presión de otros socios de la Unión Europea sobre Alemania para acordar mayores sanciones energéticas contra Rusia no está haciendo efecto. Al menos por ahora. El canciller, Olaf Scholz, se mantiene firme en su decisión de no renunciar de forma inmediata al suministro energético de Moscú. Alemania no se lo podría permitir, aseguró este miércoles Scholz en el Bundestag. La economía alemana podría entrar en recesión y eso “no beneficiaría a nadie”, añadió. El canciller recordó, en la primera sesión dedicada a los presupuestos, que las sanciones no deberían “golpear más a los Estados europeos que a los líderes rusos”.
La Unión Europea sopesa incluir el sector energético en las sanciones contra Rusia, pero quiere asegurarse de que ese paso no rompa la férrea unidad que han mantenido los Estados miembros desde que empezó la invasión rusa de Ucrania, el pasado 24 de febrero. Alemania y otros países también muy dependientes de los hidrocarburos rusos argumentan que sus economías quedarían muy tocadas si se prohibiera la importación de gas o de petróleo. El 55% del gas que alimenta la industria y las calefacciones alemanas procede de Rusia. También un tercio del petróleo.
Cambio de modelo energético
El Gobierno alemán está decidido a acelerar un cambio radical en su política energética para acabar con la dependencia de Rusia, pero Scholz recordó que no es tarea que pueda hacerse “de la noche a la mañana”. El canciller anunció que los puertos para desembarcar y regasificar el gas natural licuado con el que se sustituirá el que llega por gasoducto desde Rusia se construirán “mucho más rápido que antes”, en referencia a los múltiples trámites burocráticos y administrativos que suelen comportar este tipo de instalaciones en Alemania. Los procedimientos para homologar aerogeneradores y campos solares se acelerarán para evitar las largas esperas que hasta ahora acumulaban estos proyectos.
Scholz inició su discurso asegurando a Ucrania que puede contar con la solidaridad de Alemania. Se dirigió directamente al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que la semana pasada intervino en el Bundestag para afear a Alemania haber priorizado las relaciones económicas con la Rusia de Putin. Entonces Scholz no le respondió. Los diputados aplaudieron puestos en pie al líder ucranio antes y después de su discurso, pero nadie intervino para darle la réplica. Scholz asegura este miércoles en una entrevista en Die Zeit que es lo que marca la tradición cuando un estadista extranjero habla en el hemiciclo, pero reconoce que no fue lo correcto.
Alemania ha estado suministrando armas a Ucrania desde el inicio de la invasión, pero se desconoce cuántas han llegado efectivamente a su destino. El embajador ucranio en Alemania, Andrej Melnik, ha criticado que Berlín no esté enviando los suministros que pidió Kiev, que incluyen carros blindados y aviones de combate. En su alocución en el Bundestag, Scholz evitó precisar qué armas alemanas ha recibido Ucrania.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
El canciller trazó un límite claro en su compromiso con Kiev: “La OTAN no se convertirá en parte de esta guerra”, aseguró, reiterando su rechazo a establecer una zona de exclusión aérea garantizada por la Alianza. La ayuda a los refugiados será “integral”, prometió. “Todavía no está claro cuántas mujeres, hombres y niños de Ucrania buscarán refugio entre nosotros. Lo único que sabemos es que serán muchos y son bienvenidos aquí”, señaló. El Gobierno federal todavía está discutiendo con los Estados federados cómo repartir la carga económica que supondrá el alojamiento, la manutención, la escolarización y la sanidad que va a garantizar a los refugiados ucranios.
Advertencia a Putin
El canciller alemán ha revelado en una entrevista publicada este miércoles por el semanario Die Zeit que ha advertido directamente al presidente ruso contra el uso de armas químicas y biológicas en Ucrania, algo que sería “imperdonable”. Scholz afirma que hay que mantener abiertos los canales diplomáticos y estar al teléfono para hablar con Putin en cualquier momento. Sobre la larga conversación que mantuvo con él antes de que iniciara el ataque, ha contado que le sirvió para tener una impresión directa de él, aunque nunca se hizo ilusiones sobre sus intenciones: “En Moscú, no respondió a una pregunta muy clara: ¿Me puede asegurar que no invadirá Ucrania?”.
A la pregunta de si impondría más sanciones si Putin usara este tipo de armas, Scholz ha contestado: “En una conversación directa le advertí [a Putin] contra su uso. Las afirmaciones rusas de que Ucrania está desarrollando armas biológicas y químicas o de que Estados Unidos tiene la intención de usarlas son falsas y me parece que son una amenaza implícita de que el propio Putin está considerando usarlas. Por eso era importante para mí decirle clara y directamente: eso sería inaceptable e imperdonable. Nadie debería siquiera pensar en eso”.
Una de las principales armas que está utilizando la Unión Europea para golpear la economía rusa es una lista de casi mil nombres. La integran periodistas, militares, políticos, empresarios y ministros, pero también un puñado de oligarcas, personas enriquecidas al calor del Kremlin que tienen acceso directo al núcleo duro del poder en Rusia.
EL PAÍS ha identificado 40 de estos magnates en la lista europea de sanciones y ha analizado sus propiedades, inversiones y vínculos societarios en Europa: aparecen 45 inmuebles, 16 yates, 13 inversiones en empresas y 10 aviones privados, además de 27 vinculaciones a sociedades offshore en jurisdicciones opacas que permiten hacer negocios y mover dinero en secreto.
De entre los 40 nombres, hay 14 personas que forman parte del círculo de confianza más estrecho del presidente de Rusia, Vladímir Putin.
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejec. de Rostec
(empresa de
armas de la
Fed. Rusa)
Dueño de
S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de
Dacha Ozero
(principal grupo de
influencia del
entorno de Putin)
Accionista de
Alfa Bank
(mayor banco
privado
de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de
petróleo y gas
controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como
uno de los
principales
financieros
de Rusia
Fundador de
Volga Group
(grupo inversor
en sectores clave
de la economía
rusa).
Confidente
de Putin
Magnate, dueño
de empresas
de metalurgia y
telefonía.
Testaferro
de Putin
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Director general
de EuroChem
Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Presidente del
grupo de presión
Unión Rusa de
Industriales y
Empresarios
y de una gran
empresa minera
Presidente y
mayor accionista
del Rossiya Bank,
conocido como
el banquero
de Putin
Violonchelista
y financiero.
Según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejec. de Rostec
(empresa de
armas de la
Fed. Rusa)
Dueño de
S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de
Dacha Ozero
(principal grupo de
influencia del
entorno de Putin)
Accionista de
Alfa Bank
(mayor banco
privado
de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de
petróleo y gas
controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como
uno de los
principales
financieros
de Rusia
Fundador de
Volga Group
(grupo inversor
en sectores clave
de la economía
rusa).
Confidente
de Putin
Magnate, dueño
de empresas
de metalurgia y
telefonía.
Testaferro
de Putin
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Director general
de EuroChem
Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Presidente del
grupo de presión
Unión Rusa de
Industriales y
Empresarios
y de una gran
empresa minera
Presidente y
mayor accionista
del Rossiya Bank,
conocido como
el banquero
de Putin
Violonchelista
y financiero.
Según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejec. de Rostec
(empresa de armas
de la Fed. Rusa)
Dueño de S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de Dacha
Ozero (principal
grupo de influencia
del entorno de Putin)
Accionista de Alfa
Bank (mayor banco
privado de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Fundador de Volga
Group, (grupo
inversor en sectores
clave de la
economía rusa).
Confidente
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de petróleo
y gas controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como uno
de los principales
financieros de Rusia
Director general de
EuroChem Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Magnate, dueño
de empresas de
metalurgia y
telefonía. Habría
sido testaferro
de Putin
Presidente del grupo
de presión «Unión
Rusa de Industriales
y Empresarios y de
una gran empresa
minera
Violonchelista y
financiero, según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
Presidente y mayor
accionista del Banco
Rossiya, conocido
como «el banquero
de Putin»
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejecutivo
de Rostec
(empresa de
armas de la
Fed. Rusa)
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Dueño de
S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de
Dacha Ozero
(principal grupo de
influencia del
entorno de Putin)
Accionista de
Alfa Bank
(mayor banco
privado
de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de petróleo
y gas controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como uno
de los principales
financieros de Rusia
Fundador de
Volga Group
(grupo inversor
en sectores clave
de la economía
rusa).
Confidente
de Putin
Magnate, dueño
de empresas
de metalurgia y
telefonía.
Testaferro
de Putin
Presidente del
grupo de presión
Unión Rusa de
Industriales y
Empresarios
y de una gran
empresa minera
Director general
de EuroChem
Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Violonchelista
y financiero.
Según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
Presidente y
mayor accionista
del Rossiya Bank,
conocido como
el banquero
de Putin
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas son empresarios que usan su poder económico para conseguir mejores leyes y contratos para sus empresas. La mayoría están entre las 10.000 personas (el 0,01% de la población) que concentran el 12% del patrimonio de Rusia, según el World Inequality Database. Todo esto en el país más desigual del continente europeo: el 10% más rico posee el 74% del patrimonio (la media continental no llega al 60%). El origen de su fortuna suele encontrarse en los rápidos procesos de privatización tras la caída de la Unión Soviética.
¿Qué buscan entonces en Europa? “Rusia es un país europeo, y los oligarcas quieren vivir en Europa al estilo de Europa. Quieren que sus familias estén en Europa y estudiar en escuelas europeas”, señala Serguéi Guriev, economista ruso y docente en el Instituto de Estudios Políticos de París. “Por eso las sanciones europeas son particularmente dolorosas para ellos”. Pero también para Putin: “Si los oligarcas acaban desconectados de las oportunidades de negocio occidentales, les irá mal en Rusia. Y Putin tendrá menos dinero para su guerra”, añade Guriev.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
No es fácil identificar las propiedades de un oligarca, tal y como ha reconocido el Gobierno español esta semana. Tienen empresas, barcos y viviendas que no están legalmente registrados a su nombre. Cuando se sospecha de que algún sancionado los posee o simplemente los controla, estos bienes se retienen hasta aclararlo. La Abogacía del Estado española lo ha permitido con un informe que avala operar contra estos bienes sin una investigación judicial: con que los disfruten de manera consistente o influyan sobre ellos es suficiente.
A continuación se muestran los más de 80 bienes que se pueden vincular a los 40 oligarcas a través de fuentes públicas hasta la entrada en vigor de las sanciones. Todo apunta a que es solo la punta del iceberg de sus intereses en el Viejo Continente.
Las vinculaciones en Europa
de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Acciones de DIA e inversión en BNext
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes
Británicas y Caimán
Las vinculaciones en Europa
de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Acciones de DIA e inversión en BNext
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes
Británicas y Caimán
Las vinculaciones en Europa de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Propiedades en Luxemburgo
Propiedades en la Costa Azul
Usmánov invirtió 25 millones de dólares en la financiera BNext.
Fridman y Aven controlaban DIA a través de LetterOne
Chemezov está vinculado a una villa en Estepona y a otra en Castell-Platja d’Aro (Girona)
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes Británicas y Caimán
Las vinculaciones en Europa de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Cuatro son de Roman Abramóvich
Propiedades en Luxemburgo
Usmánov invirtió 25 millones de dólares en la financiera BNext.
Fridman y Aven controlaban DIA a través de LetterOne
Chemezov está vinculado a una villa en Estepona y a otra en Castell-Platja d’Aro (Girona)
Propiedades en la Costa Azul
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes Británicas y Caimán
Joyas inmobiliarias por Europa
Entre sus 45 residencias europeas destacan pisos en el centro de Londres, mansiones en la costa Azul y villas en la isla italiana de Cerdeña, pero también algunas de las más lujosas viviendas de Alemania, Suiza, Croacia o Mónaco.
A Serguéi Chemezov, que compartió con Putin sus tiempos en el KGB y hoy es el número uno de la mayor empresa pública rusa de armamento, se le conocen al menos dos propiedades en España.
En el selecto asentamiento de S’Agaró (Girona) se levanta una villa con hechuras de castillo que, de acuerdo con una investigación del Proyecto de Denuncia de la Corrupción y el Crimen Organizado (OCCRP, según sus siglas en inglés) y como ha comprobado EL PAÍS en el registro de la propiedad, está a nombre de su hijastra. La compró por 2,9 millones de euros, un quinto de su valor real, a una offshore registrada en Liechtenstein con muchos clientes rusos. La hijastra del empresario también adquirió en 2014 una sociedad irlandesa entre cuyos activos se encuentra una finca de 800 metros cuadrados en Estepona, según revelaron los Papeles de Pandora que publicó este periódico junto al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés).
En Italia, las autoridades locales ya se han incautado de al menos tres inmuebles sardos vinculados a los empresarios Alisher Usmánov y Petr O. Aven y al presentador de televisión Vladímir Soloviev. En Croacia, la villa Carolina, construida por el emperador austriaco Francisco José I en el siglo XIX, ha sido bloqueada en virtud de sus vínculos con la familia del empresario Nikolái Tokarev, que también coincidió con el presidente ruso en la policía secreta soviética. En el Reino Unido aún no se han comunicado medidas contra las numerosas residencias que los sancionados concentran en Londres (11 mansiones) y otras zonas del país. El diputado inglés Chris Bryant ha acusado a Roman Abramóvich de estar apresurándose a vender sus propiedades en el país.
Inversiones millonarias
Los 40 oligarcas identificados participan o invierten en al menos 13 empresas con intereses en Europa. Destacan dos casos: el primero es el Chelsea de Abramóvich, que busca comprador y puede quedarse sin vender entradas para el partido de abril contra el Real Madrid por las sanciones del Reino Unido. El segundo involucra a cuatro multimillonarios del círculo de confianza de Putin: Mijaíl Fridman, Petr O. Aven, German Khan y Alexéi Kuzmichev. Son socios de LetterOne, grupo inversor con sede en Luxemburgo que controla el 77% de la cadena de supermercados DIA y participa en otras empresas con sede en Europa como la telefónica Veon (Países Bajos). Los cuatro han dejado sus cargos en la sociedad tras la ofensiva rusa. Las compañías en las que participa el grupo inversor se esfuerzan en dejar claro que ninguno de ellos, especialmente Fridman o Aven, ostentan el control.
A España han llegado también las inversiones del fondo de capital de riesgo USM Holdings de Alisher Usmánov, “uno de los oligarcas preferidos de Vladímir Putin” según la UE. En 2019 aportó 22 millones de euros al neobanco Bnext, con sede en Madrid.
Europa importa incluso como mercado para los que necesitan vender su gas, petróleo y metales. La prohibición a las importaciones afecta directamente a oligarcas como el multimillonario Alexéi Mordashov, accionista de Severstal, el cuarto mayor productor de acero de Rusia, que exporta unos tres millones de toneladas anuales a países de la UE.
Aviones en tierra
Entre las propiedades de los todopoderosos rusos sancionados figuran al menos 10 aviones privados, tres de ellos de Usmánov y otros tres de Abramóvich, operados por una compañía luxemburguesa.
Las restricciones del espacio aéreo europeo han dejado a estas aeronaves pocas alternativas. La isla de Man, territorio dependiente del Reino Unido y refugio habitual de las élites que buscan minimizar sus impuestos sobre sus aviones privados, ha eliminado esta semana de sus registros al menos 18 aparatos relacionados con Rusia. Entre ellos figura un Gulfstream G650 valorado en unos 60 millones de euros y atribuido al magnate Dimitri Mazepin. Dichas aeronaves pierden así la posibilidad de sobrevolar con libertad el Reino Unido y la Unión Europea.
El intento de sortear las sanciones también ha provocado una suerte de éxodo entre estos vehículos: Seychelles y Dubái (Emiratos Árabes Unidos) se han convertido esta semana en un destino habitual para los aviones de los sancionados.
Dos aviones Gulfstream GVI G650 GLF6 en Zúrich.ARND WIEGMANN (Reuters)
Yates: de la atracción local a la huida
Igor Sechin es íntimo amigo de Putin y máximo responsable de Rosneft, la petrolera estatal rusa. Esta semana las autoridades europeas le han inmovilizado provisionalmente dos yates, uno en Tarragona y otro en la costa azul francesa. España ha retenido otras dos embarcaciones de lujo, en Barcelona y Mallorca, al sospechar que pertenecen a Chemezov y Alexander Mijeev, director general de la exportadora de material de defensa Rosoboronexport. Italia retuvo otras dos naves; Lady M, atribuida a Mordashov, y Lena, a Gennady Timchenko.
Los puertos europeos son destino habitual de las embarcaciones de recreo de varios de los oligarcas sancionados. Cada verano eran un atractivo más de los puertos del Mediterráneo, con apariciones en la prensa local que avisaban de que “el yate más grande del mundo” estaba amarrado cerca.
El ‘Eclipse’, de Roman Abramóvich.Mark Thomas (Cordon Press)
Inmovilizar todos estos yates se complica también por la prisa que se han dado algunos en soltar amarras. Así ha ocurrido con el Eclipse, atribuido a Abramóvich, que ha cruzado el Atlántico desde las Antillas Neerlandesas y que ahora navega por el Mediterráneo, cerca del otro superyate atribuido al popular magnate, el MY Solaris, en dirección al este. Parecen seguir la estela de otro buque, el Sea Rhapsody del banquero Andrei Kostin, atracado en Barcelona hasta que a mediados de febrero zarpó rumbo a Seychelles.
Sociedades ‘offshore’, el agujero legal para evitar sanciones
Los 40 oligarcas identificados por este periódico están vinculados a 27 sociedades offshore activas que aparecen en fuentes públicas. El uso de estos instrumentos, sin ser fenómeno exclusivo de Rusia, sí es extremadamente llamativo en este país. Un estudio de 2018 calculaba que el patrimonio offshore de los rusos representa el 85% de lo que todos los residentes de Rusia ganan en un año: “La riqueza rusa en el extranjero ―en Reino Unido, Suiza, Chipre u otras jurisdicciones que les dan ventajas― es tanta como la que los ciudadanos tienen dentro de sus fronteras”.
EL PAÍS ha identificado al menos cinco en Chipre, cuyos bancos han sido un refugio seguro para los rusos más ricos durante décadas. En cuanto se hicieron públicas las sanciones y gracias a una sociedad en esta isla, Alexéi Mordashov vendió su tercio del gigante del turismo alemán TUI a una sociedad en Islas Vírgenes Británicas de la que no se sabe nada. Islas Vírgenes Británicas es uno de los territorios con mayor secretismo societario que existe.
Por medio de estos entramados resulta muy fácil sortear las sanciones de forma legal (usar sociedades offshore no es ilegal per se). Para que fueran efectivas y auditadas, como sugerían esta semana el Observatorio Fiscal Europeo y los economistas Thomas Piketty y Gabriel Zucman, sería necesario un registro europeo de bienes que reuniese la información disponible y actualizada en bases de datos nacionales e internacionales. Un registro de este tipo dejaría menos agujeros por los que escaparse a los oligarcas rusos y a los de cualquier otro país.
Oligarcas contra las sanciones (e incluso contra el conflicto)
Muchos de los oligarcas rusos (que hemos clasificado como tales según las definiciones de la UE y de Open Sanctions) han expresado su disconformidad con las sanciones. Algunos incluso se han mostrado contrarios a la guerra en Ucrania.
Mordashov, el magnate que vendió las acciones de TUI, ha sido uno de los que más contundentes se han posicionado en contra de la ofensiva. “No comprendo cómo estas sanciones en mi contra pueden contribuir a un acuerdo que acabe con el conflicto”, expone Mordashov. “Lo que ocurre es una tragedia para dos naciones hermanas. Es terrible que ucranios y rusos estén muriendo, que la gente sufra y que la economía se esté derrumbando. Espero que se pueda resolver el conflicto cuanto antes y detener este derramamiento de sangre”, ha asegurado en declaraciones recogidas por la agencia rusa de noticias Tass.
“Necesitamos la paz de manera urgente”, ha indicado el magnate de los fertilizantes Andrei Melnichenko. Mijaíl Fridman, de origen ucranio, expuso tras conocer que era sancionado por la UE: “Me siento muy unido al pueblo ucranio y al ruso, y veo el conflicto como una tragedia para ambos. La guerra no puede ser nunca la solución”.