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La candidata socialdemócrata en las elecciones del Sarre, Anke Rehlinger, este domingo en Saarbrucken.
La candidata socialdemócrata en las elecciones del Sarre, Anke Rehlinger, este domingo en Saarbrucken.RONALD WITTEK (EFE)

El partido del canciller alemán, Olaf Scholz, se ha apuntado una victoria rotunda en las elecciones del pequeño Estado del Sarre, en la frontera con Francia, al obtener un 43,7% de los votos, según las proyecciones de la televisión pública ARD. Los socialdemócratas arrebatan así este land de casi un millón de habitantes a los democristianos, que lo han gobernado los últimos 22 años. Los comicios en el Sarre son los primeros desde que Scholz se puso al frente de la Cancillería a finales del año pasado. El resultado supone un espaldarazo a la gestión del tripartito al poco de haber cumplido sus primeros 100 días.

La candidata del SPD, Anke Rehlinger, ha obtenido un éxito contundente al pasar del 29,7% de las anteriores elecciones, en 2017, al 43,7% que le dan ahora las estimaciones —el resultado final tras el recuento puede variar en alguna décima—, por lo que previsiblemente se convertirá en la primera presidenta socialdemócrata del Sarre desde 1994, en aquel entonces con el carismático Oskar Lafontaine al frente. A la espera del recuento definitivo, el SPD contaría con una mayoría absoluta que le permitiría gobernar en solitario.

Los conservadores del actual presidente, Tobias Hans, han obtenido un 28,1%, una debacle para un partido que en 2017 superó el 40% de los votos y que lideró ininterrumpidamente todos los gobiernos en el Sarre desde el año 2000. En esta última legislatura formó una gran coalición con el SPD, lo que ha permitido a la candidata socialdemócrata darse a conocer desde su puesto de número dos del Ejecutivo.

La izquierda de Die Linke también se ha hundido al perder más de 10 puntos porcentuales. Con un 2,5% de sufragios, la formación no tendrá representación en el Parlamento regional. El descalabro se atribuye casi enteramente al abandono de su hombre fuerte y fundador, Oskar Lafontaine, que se marchó del partido entre críticas a su formación.

Los comicios en el Sarre inauguran el año electoral alemán, que tendrá otras tres citas más: en el pequeño land fronterizo con Dinamarca de Schleswig-Holstein, el 8 de mayo; en Renania del Norte-Westfalia, el Estado más poblado del país, el 15 de mayo, y en Baja Sajonia el 9 de octubre. El Sarre era también la primera prueba para el nuevo líder de los democristianos, el derechista Friedrich Merz, que fue elegido el pasado enero en un giro conservador que pretende romper con los 16 años de centrismo de Angela Merkel.

El resultado de las otras formaciones que tendrán representación en el Parlamento de Saarbrücken las sitúa muy lejos de los dos principales partidos. Los Verdes han obtenido un punto porcentual más, en este caso decisivo porque al superar el 5% de los votos consiguen entrar en el hemiciclo. Los liberales del FDP están en este momento en el límite para obtener escaños, con el 4,9% de los votos. La formación de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) baja medio punto con respecto a su resultado de 2017 y consigue el 5,7% de los sufragios.

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El primer ministro saliente ha asegurado que los resultados son “amargos” y ha asumido “toda la responsabilidad en la derrota” de su formación. “Aceptaré las consecuencias que se deriven”, ha añadido en la televisión pública en la tradicional ronda con los candidatos. Hans no había ganado las elecciones anteriores para la CDU. Llegó al cargo después de que su antecesora, Annegret Kramp-Karrenbauer, fuera nombrada ministra en el último Ejecutivo de Angela Merkel, en 2018, y abandonara la presidencia del Sarre.

La CDU gobernaba en coalición con el SPD de Rehlinger, que ocupaba la cartera de Economía desde 2014 y había conseguido forjarse una muy buena imagen entre los votantes. Hans, en cambio, era un candidato más débil al que también ha perjudicado la estrepitosa derrota de su formación en las elecciones generales de septiembre del año pasado. Peter Matuschek, investigador del instituto demoscópico Forsa, cree que los candidatos han sido decisivos en estos comicios, ya que se ha votado fundamentalmente en clave regional. En conversación con EL PAÍS previa a las elecciones, Matuschek anticipaba la victoria del SPD y recordaba que el Sarre es un “land pequeño pero interesante y peculiar” que además es la primera cita electoral del año y una prueba tanto para Scholz como para Merz.

Las crisis internas, la pérdida de su figura más representativa y la debilidad de una candidata poco conocida, Barbara Spaniol, han condenado a la irrelevancia a Die Linke, la izquierda poscomunista. No hace tanto (en 2009) el partido llegó a superar el 20% de los votos en el Sarre, un Estado peculiar, que no perteneció a Alemania hasta 1957. La invasión de Ucrania ha dado la puntilla a la formación. Lafontaine, el fundador del partido a partir de una escisión del SPD y del partido heredero del comunismo, se retiró de la formación —y de la política— la semana pasada entre acusaciones de tibieza contra la actual cúpula. El que fuera presidente del SPD, ministro de Hacienda del canciller Gerhard Schröder y presidente del Sarre se marcha convencido de que Die Linke tendría que haber rechazado de plano el rearme del Ejército alemán que ha anunciado el canciller Scholz en respuesta al ataque ruso.

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El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión de este miércoles en el Bundestag.
El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión de este miércoles en el Bundestag.MICHELE TANTUSSI (REUTERS)

La presión de otros socios de la Unión Europea sobre Alemania para acordar mayores sanciones energéticas contra Rusia no está haciendo efecto. Al menos por ahora. El canciller, Olaf Scholz, se mantiene firme en su decisión de no renunciar de forma inmediata al suministro energético de Moscú. Alemania no se lo podría permitir, aseguró este miércoles Scholz en el Bundestag. La economía alemana podría entrar en recesión y eso “no beneficiaría a nadie”, añadió. El canciller recordó, en la primera sesión dedicada a los presupuestos, que las sanciones no deberían “golpear más a los Estados europeos que a los líderes rusos”.

La Unión Europea sopesa incluir el sector energético en las sanciones contra Rusia, pero quiere asegurarse de que ese paso no rompa la férrea unidad que han mantenido los Estados miembros desde que empezó la invasión rusa de Ucrania, el pasado 24 de febrero. Alemania y otros países también muy dependientes de los hidrocarburos rusos argumentan que sus economías quedarían muy tocadas si se prohibiera la importación de gas o de petróleo. El 55% del gas que alimenta la industria y las calefacciones alemanas procede de Rusia. También un tercio del petróleo.

Cambio de modelo energético

El Gobierno alemán está decidido a acelerar un cambio radical en su política energética para acabar con la dependencia de Rusia, pero Scholz recordó que no es tarea que pueda hacerse “de la noche a la mañana”. El canciller anunció que los puertos para desembarcar y regasificar el gas natural licuado con el que se sustituirá el que llega por gasoducto desde Rusia se construirán “mucho más rápido que antes”, en referencia a los múltiples trámites burocráticos y administrativos que suelen comportar este tipo de instalaciones en Alemania. Los procedimientos para homologar aerogeneradores y campos solares se acelerarán para evitar las largas esperas que hasta ahora acumulaban estos proyectos.

Scholz inició su discurso asegurando a Ucrania que puede contar con la solidaridad de Alemania. Se dirigió directamente al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que la semana pasada intervino en el Bundestag para afear a Alemania haber priorizado las relaciones económicas con la Rusia de Putin. Entonces Scholz no le respondió. Los diputados aplaudieron puestos en pie al líder ucranio antes y después de su discurso, pero nadie intervino para darle la réplica. Scholz asegura este miércoles en una entrevista en Die Zeit que es lo que marca la tradición cuando un estadista extranjero habla en el hemiciclo, pero reconoce que no fue lo correcto.

Alemania ha estado suministrando armas a Ucrania desde el inicio de la invasión, pero se desconoce cuántas han llegado efectivamente a su destino. El embajador ucranio en Alemania, Andrej Melnik, ha criticado que Berlín no esté enviando los suministros que pidió Kiev, que incluyen carros blindados y aviones de combate. En su alocución en el Bundestag, Scholz evitó precisar qué armas alemanas ha recibido Ucrania.

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El canciller trazó un límite claro en su compromiso con Kiev: “La OTAN no se convertirá en parte de esta guerra”, aseguró, reiterando su rechazo a establecer una zona de exclusión aérea garantizada por la Alianza. La ayuda a los refugiados será “integral”, prometió. “Todavía no está claro cuántas mujeres, hombres y niños de Ucrania buscarán refugio entre nosotros. Lo único que sabemos es que serán muchos y son bienvenidos aquí”, señaló. El Gobierno federal todavía está discutiendo con los Estados federados cómo repartir la carga económica que supondrá el alojamiento, la manutención, la escolarización y la sanidad que va a garantizar a los refugiados ucranios.

Advertencia a Putin

El canciller alemán ha revelado en una entrevista publicada este miércoles por el semanario Die Zeit que ha advertido directamente al presidente ruso contra el uso de armas químicas y biológicas en Ucrania, algo que sería “imperdonable”. Scholz afirma que hay que mantener abiertos los canales diplomáticos y estar al teléfono para hablar con Putin en cualquier momento. Sobre la larga conversación que mantuvo con él antes de que iniciara el ataque, ha contado que le sirvió para tener una impresión directa de él, aunque nunca se hizo ilusiones sobre sus intenciones: “En Moscú, no respondió a una pregunta muy clara: ¿Me puede asegurar que no invadirá Ucrania?”.

A la pregunta de si impondría más sanciones si Putin usara este tipo de armas, Scholz ha contestado: “En una conversación directa le advertí [a Putin] contra su uso. Las afirmaciones rusas de que Ucrania está desarrollando armas biológicas y químicas o de que Estados Unidos tiene la intención de usarlas son falsas y me parece que son una amenaza implícita de que el propio Putin está considerando usarlas. Por eso era importante para mí decirle clara y directamente: eso sería inaceptable e imperdonable. Nadie debería siquiera pensar en eso”.

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German Chancellor Olaf Scholz said Saturday that “now is the moment of truth” to determine whether Iran’s 2015 nuclear deal with world powers can be salvaged, and the Iranian leadership needs to make a choice.

Iran’s foreign minister, though, said that it’s up to Western countries to show flexibility and “the ball is now in their court.”

Negotiators from Iran and the remaining parties to the agreement — Britain, France, Germany, Russia and China — are working in Vienna to restore life to the accord, which granted Iran sanctions relief in exchange for curbs on its nuclear program.

The United States has participated indirectly in the talks because it withdrew from the deal in 2018 under then-President Donald Trump. President Joe Biden has signaled that he wants to rejoin the deal.

Under Trump, the U.S. reimposed heavy sanctions on Iran. Tehran has responded by increasing the purity and amounts of uranium it enriches and stockpiles, in breach of the accord — formally known as the Joint Comprehensive Plan of Action, or JCPOA.

Scholz told participants at the annual Munich Security Conference on Saturday that Iran nuclear talks have come a long way over the past 10 months and “all elements for a conclusion of the negotiations are on the table.” But he also criticized Iran for stepping up its enrichment and restricting inspections by monitors from the U.N. nuclear agency.

“We now have the opportunity to reach an agreement that makes it possible for sanctions to be lifted,” Scholz said. “At the same time, it’s the case that if we don’t succeed very quickly in this, the negotiations threaten to fail.”

“The Iranian leadership now has a choice,” the chancellor said. “Now is the moment of truth.”

Speaking a few hours later at the same Munich conference, Iranian Foreign Minister Hossein Amirabdollahian said that “we are ready to achieve a good deal at the earliest possible time — if the other side makes the needed political decision.”

Amirabdollahian insisted that “we are in a hurry” to reach a deal. But he made clear that the issue of guarantees from the U.S. about a restored deal’s future remains a sticking point.

“We have never been this close to a deal,” he said. “It is the Western side that has to present its initiatives and show flexibility … they have not shown any flexibility so far.”

Iran so far has declined to talk directly to the United States. The foreign minister suggested that direct talks would only make sense if the U.S. lifts some sanctions or releases some Iranian assets frozen in foreign banks.

Iran long has insisted its nuclear program is peaceful. But the country’s steps away from its obligations under the 2015 accord have alarmed its archenemy Israel and world powers.

Tehran has since started enriching uranium up to 60% purity — a short technical step from the 90% needed to make an atomic bomb, and spinning far more advanced centrifuges than those permitted under the deal.


Olaf Scholz (izquierda) y Volodímir Zelenski, este lunes en Kiev.
Olaf Scholz (izquierda) y Volodímir Zelenski, este lunes en Kiev.VALENTYN OGIRENKO (REUTERS)

El canciller alemán, Olaf Scholz, ha afirmado este lunes en Kiev, en plena tensión con Rusia, que, actualmente, no existen “planes” de admitir a Ucrania en la OTAN. “Es un tanto peculiar observar que el Gobierno ruso está haciendo de algo que prácticamente no está en la agenda (la adhesión de Ucrania a la Alianza) el tema de grandes problemas políticos”, ha indicado el canciller tras reunirse con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en Kiev. El socialdemócrata también ha afirmado que espera acciones concretas de Moscú que permitan una desescalada de la tensión.

“Esperamos pasos claros hacia una desescalada de las actuales tensiones”, ha señalado el canciller alemán en una rueda de prensa tras reunirse durante casi dos horas con Zelenski. Scholz ha reiterado que Alemania está “estrechamente al lado de Ucrania”. “Coincidimos en nuestra gran preocupación por la situación actual en la frontera entre Rusia y Ucrania. La actividad militar en la frontera ucrania no tiene ninguna justificación para nosotros. No hay motivos razonables para tal despliegue militar”, ha recalcado.

Zelenski, por su parte, ha defendido los planes de que Ucrania entre en la OTAN, subrayando que la membresía en la Alianza podría hacer que el país estuviera más “seguro”, aunque ha reconocido que, desafortunadamente, “no todo depende” de Kiev.

Scholz, canciller desde el pasado diciembre, ha subrayado que la soberanía y la integridad territorial de Ucrania “no son negociables para Alemania”. Para Berlín “está claro que una nueva agresión militar contra Ucrania tendría graves consecuencias políticas, económicas y geoestratégicas para Rusia”, ha añadido, al tiempo que ha asegurado que llevará este mismo mensaje el martes a Moscú, donde se reunirá con el presidente ruso, Vladímir Putin. “En caso de una escalada militar, estamos listos para sanciones a gran alcance y eficaces”, ha enfatizado. Si Rusia violara de nuevo la integridad territorial de Ucrania, “sabremos qué hacer”, ha asegurado.

La OTAN y Estados Unidos ya han enviado sus respuestas a las garantías de seguridad que exige el Kremlin para evitar una mayor expansión de la Alianza Atlántica hacia el este, ha recordado Scholz, quien ha recalcado que ahora Occidente espera una respuesta de Rusia. Moscú, según el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, tiene un documento de “unas diez páginas” para contestar a Washington y a la Alianza.

Scholz ha ofrecido a Ucrania otros 150 millones de euros en ayuda económica, que se suman a otros 150 millones ya comprometidos pero que todavía Berlín no ha pagado. En total, Alemania ha destinado a Ucrania más de 2.000 millones de euros.

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Sobre la negativa de Berlín a suministrar armas a Kiev, algo que causa malestar en el Gobierno ucranio, Scholz solo ha dicho que su país revisa siempre todas las solicitudes y lo seguirá haciendo también en el futuro.

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El canciller alemán, Olaf Scholz, se embarca este lunes en un nuevo esfuerzo diplomático para tratar de desescalar la crisis que amenaza con desembocar en un conflicto armado en Ucrania. Viajará el lunes a Ucrania para hablar con el presidente Volodímir Zelenski y el martes a Moscú para entrevistarse con Vladímir Putin. Si se hace caso a la información obtenida por los servicios estadounidenses de espionaje, que apuntan a una invasión rusa en torno al 16 de febrero, el intento alemán sería el último antes de la temida fecha, a la que también la OTAN da credibilidad. “Lo que estamos viendo en este momento es una amenaza muy, muy grave para la paz en Europa”, dijo este domingo Scholz.

Estados Unidos lleva días repitiendo que los más de 100.000 soldados movilizados por Moscú podrían realizar una incursión en cualquier momento. Rusia niega que tenga planes de atacar y mantiene sus tesis de que permanece vigilante para ver qué ocurre en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk. “Quiero averiguar cómo podemos asegurar la paz en Europa”, aseguró el canciller en Berlín tras la ceremonia de reelección del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, respecto al objetivo de su viaje.

La situación es “extremadamente crítica”

Scholz ha devuelto a la primera línea los esfuerzos diplomáticos alemanes tras unas primeras semanas de perfil bajo por las que ha recibido críticas de la oposición. La semana pasada viajó a Washington para verse con el presidente estadounidense, Joe Biden, y subrayar la unidad entre los socios occidentales. Ahora se dirige al Este, donde podría convertirse en el último político occidental que se reúne en el Kremlin con Putin antes de la ofensiva militar, si esta se produce. Su visita llega en el momento más delicado de las últimas semanas. La situación en Ucrania se ha evaluado como “extremadamente crítica y muy peligrosa”, según fuentes gubernamentales.

El canciller comerá con Putin el martes y le dejará claro que una invasión tendría “consecuencias muy graves” para Rusia, aunque también subrayará la necesidad de seguir manteniendo el diálogo, añadieron estas fuentes. En círculos gubernamentales se descartan las especulaciones sobre una posible moratoria de la expansión de la OTAN que impediría a Ucrania unirse a la alianza durante un periodo de tiempo.

“Es necesario ser claro y decir claramente que la agresión militar contra Ucrania, que pone en peligro su integridad territorial y su soberanía, dará lugar a duras reacciones y sanciones, que nosotros, junto con nuestros aliados en Europa y en la OTAN, hemos preparado cuidadosamente y que podemos poner en práctica inmediatamente”, aseguró Scholz. Al mismo tiempo, añadió, hay que “aprovechar las oportunidades de hablar que tenemos”. Y mencionó los diversos formatos en los que la diplomacia occidental conversa con Rusia para evitar el conflicto: con Estados Unidos, con la OTAN, en el marco de la OSCE y en el llamado formato de Normandía (Rusia, Ucrania, Francia y Alemania).

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“Ucrania puede estar segura de que mostraremos la solidaridad necesaria, como lo hemos hecho en el pasado”, subrayó el canciller durante su breve comparecencia ante los medios tras la elección de Steinmeier. Scholz recordó que Alemania es el país que más ayuda financiera ha aportado para la estabilización económica de Ucrania. “Continuaremos haciéndolo”, añadió y se refirió a la “doble estrategia” de los aliados: “Anuncios claros sobre lo que sucederá en caso de agresión militar y, al mismo tiempo, usar todas las formas posibles para intentar una salida pacífica de la crisis y que Rusia desescale la situación”.

Ofensiva diplomática

Fuentes gubernamentales aseguraron que desde Berlín no hay expectativas concretas con respecto al viaje, que llega después de una semana cargada de encuentros y conversaciones como la cita que tuvieron Putin y Macron o la charla telefónica del ruso con el presidente Biden. Scholz se reunió la semana pasada con los tres jefes de estado bálticos y el presidente del Consejo de la UE, Charles Michel, y el sábado habló con el presidente francés Emmanuel Macron después de su llamada telefónica con Putin. El presidente ruso y el canciller, que tomó posesión hace dos meses, solo se han reunido brevemente en eventos como las cumbres del G20, pero todavía no se han entrevistado de forma individual.

En las últimas semanas, el canciller ha sido criticado, tanto dentro como fuera de Alemania, por mostrar cierta tibieza con respecto a Moscú. Sobre todo, por sus silencios en referencia a la posible cancelación de la puesta en marcha del gasoducto Nord Stream 2, que llevaría gas de Rusia a Alemania sin pasar por Ucrania. Biden se ha mostrado muy contundente respecto a la paralización de la infraestructura en caso de ataque ruso. Ucrania también ha manifestado su disgusto por la negativa de Berlín a enviar armas.

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En su primera visita a la Casa Blanca, el canciller alemán, Olaf Scholz, trató de disipar cualquier duda sobre la unidad de los aliados occidentales ante el conflicto en Ucrania. Aseguró que hablan “con una misma voz”, que han preparado “una reacción conjunta” en caso de que Rusia decida invadir Ucrania y que están de acuerdo en las “gravísimas consecuencias” que tendría para Moscú violar las fronteras de la antigua república soviética. Pero esa unidad no se tradujo en un mensaje unitario sobre el controvertido Nord Stream 2, el gasoducto rusoalemán que los estadounidenses esgrimen como principal amenaza contra el presidente Vladímir Putin.

El silencio de Scholz sobre el futuro de esta infraestructura fue muy revelador. El canciller se mantuvo fiel a su línea de no precisar qué sanciones estaría dispuesto a imponer a Rusia, pese a la insistencia de los periodistas presentes en la rueda de prensa conjunta con el presidente estadounidense, Joe Biden.

El Nord Stream 2 —terminado en septiembre, pero aún sin licencia para funcionar por no cumplir los trámites regulatorios europeos— lleva meses en el centro de la polémica. Washington siempre se ha opuesto a su construcción porque considera que aumenta la dependencia energética de Moscú y deja en una situación muy vulnerable a Ucrania, tradicional país de tránsito del gas ruso hacia Europa. La postura alemana es muy distinta. Hasta hace pocas semanas, Berlín seguía negando la importancia geoestratégica del gasoducto al calificarlo de simple proyecto empresarial privado. El 55% del gas que consume Alemania es de procedencia rusa. El Nord Stream 2 doblaría la capacidad del Nord Stream 1, ya en funcionamiento, para transportarlo a través del Báltico sin pasar por Ucrania.

Biden fue muy contundente respecto al futuro de la infraestructura. “No habrá Nord Stream 2″ si Rusia invade Ucrania, dijo. “Le pondremos fin”, añadió. Scholz, en cambio, ni siquiera nombró el gasoducto. Y eso pese a las insistentes preguntas de los periodistas, que querían saber si el canciller alemán había dado algún tipo de garantía a Biden de que efectivamente la infraestructura no obtendrá los permisos de funcionamiento en caso de ataque ruso. Impertérrito y con una leve sonrisa en los labios, Scholz se limitó a repetir lo que viene diciendo en las últimas semanas: “Hemos dejado claro que si Ucrania es atacada, habrá graves consecuencias para Rusia”. “Rusia pagará un alto precio”, añadió. “El mensaje es muy claro y también Rusia lo ha entendido”, dijo también.

Scholz dejó claro que no piensa aclarar qué hará Berlín con el gasoducto si Putin cumple sus amenazas, ni siquiera bajo la presión de una visita observada con lupa por los aliados occidentales, que en las últimas semanas han criticado la falta de liderazgo alemán en la crisis y se han preguntado si sigue siendo un aliado fiable. Por contraste, la contundencia de Biden resultó sorprendente. Un periodista llegó a preguntarle cómo piensa parar el Nord Stream 2 cuando es Alemania quien lo controla, no EE UU. “No se preocupe, lo haremos”, respondió enigmático el presidente estadounidense. A su lado, un imperturbable Scholz escuchaba sin hacer un solo gesto que dejara traslucir si está de acuerdo con Biden o no.

La indefinición de Berlín tampoco se despejó este martes durante la reunión que mantuvo Scholz con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el polaco, Andrzej Duda, sobre la situación en Ucrania. Los tres mandatarios señalaron que su objetivo común “es evitar una guerra en Europa”, en palabras del alemán, durante una comparecencia sin preguntas a última hora de la tarde.

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Scholz, Macron y Duda apelaron a la “unidad” de los europeos para prevenir un conflicto bélico y coincidieron en que la situación es muy delicada. Los tres países que representan ejercen las presidencias de turno de la UE, en el caso de Francia, del G-7 (Alemania) y de la OSCE (Polonia). “La paz y la estabilidad del continente europeo son nuestro tesoro y considero que nuestro deber es hacer todo lo necesario para preservarlas”, señaló Macron. El presidente francés prometió “encontrar formas y medios para participar en este importante y exigente diálogo con Rusia”. Este diálogo, coincidieron los tres, debe ser prioritario para reducir el riesgo de una escalada de tensión. “Todavía es posible evitar una guerra en Europa”, dijo Duda.

La reunión de los tres mandatarios se enmarca dentro del formato llamado Triángulo de Weimar, una iniciativa creada en 1991 por Alemania, Francia y Polonia para tratar cuestiones de cooperación. De los tres países, el que habitualmente manifiesta las mayores diferencias con los otros es Polonia, que reclama una actitud más firme frente a Rusia. Frente a la apuesta de Francia y Alemania por la vía diplomática para resolver el conflicto, Polonia defiende un aumento de la presencia militar de la OTAN en la región como estrategia de disuasión. Varsovia ha sido también uno de los socios europeos que más ha presionado a Berlín para detener la construcción de Nord Stream 2, al que considera una amenaza para la seguridad de la UE.

El encuentro de los tres líderes europeos se produce un día después de la visita de Scholz al presidente estadounidense y de la larga cita que mantuvo Macron con Putin en Moscú. El canciller alemán ha iniciado una intensa agenda diplomática con la que quiere volver a situar a Alemania en el mapa internacional después de unas semanas de perfil bajo. Scholz tiene previsto verse con los tres mandatarios de los países bálticos esta semana y la próxima viajará a Kiev, primero, y después a Moscú para entrevistarse con Putin.

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Unos soldados rusos participaban este miércoles en unas maniobras militares en la región de Rostov.
Unos soldados rusos participaban este miércoles en unas maniobras militares en la región de Rostov.SERGEY PIVOVAROV (REUTERS)

Un canal diplomático para rebajar la tensión en Ucrania se abrió este miércoles en París. Francia y Alemania reactivaron el diálogo entre Rusia y Ucrania con una reunión de los asesores de los líderes de los cuatro países. Se trataba de buscar una “desescalada” ante la acumulación de tropas y armamento ruso junto a las fronteras ucranias.

En un comunicado publicado tras ocho horas y media de reunión, los representantes de los cuatro países, que la jerga diplomática denomina el Formato de Normandía, coincidieron en “el respeto incondicional del alto el fuego” en el conflicto entre Kiev y los separatistas protegidos por Moscú de la región de Donbás, en Ucrania oriental. Desde 2014 la guerra ha dejado más de 13.000 muertos. Los cuatro países se comprometieron en “atenuar los desacuerdos actuales” en próximas reuniones. Se dieron cita dentro de dos semanas en Berlín, lo que, al menos sobre el papel, podría alejar la hipótesis de un ataque inminente de Rusia a Ucrania.

“El objetivo era enviar una señal de distensión o de desescalada en un contexto con muchas interrogaciones sobre las intenciones rusas y una tensión persistente en las fronteras entre Ucrania y Rusia”, dijo al término de la reunión una fuente del palacio del Elíseo que pidió anonimato. La misma fuente señaló que la reunión buscaba “poner a prueba la voluntad de los rusos” de negociar en un momento de nervios y escalada.

El comunicado es un avance, según el equipo de Macron, pues es la primera vez desde 2019 que los cuatro se ponen de acuerdo sobre un texto conjunto. Y aunque en la reunión no se abordaron cuestiones como la creciente presencia militar rusa cerca de las fronteras de Ucrania, el compromiso “es importante hoy, cuando todo el mundo se interroga sobre las intenciones de[l presidente ruso] Vladímir Putin”, según la citada fuente.

La partida se juega en varias bandas. Países de la OTAN han enviado o contemplan enviar tropas y armamento a antiguos países de la órbita ruso-soviética como señal de disuasión ante una posible invasión de Ucrania por parte de Rusia. Tanto la UE como EE UU han indicado tener preparadas medidas punitivas en caso de agresión.

Al mismo tiempo, todos mantienen abiertos múltiples canales de diálogo. Uno es precisamente el Formato de Normandía. Lo integran Francia, Alemania, Rusia y Ucrania y se creó en junio de 2014, poco después de que Moscú se anexionase con un referéndum considerado ilegal la península ucrania de Crimea y secesionistas prorrusos tomasen el control de regiones del este del país. Los cuatro países firmaron posteriormente los Acuerdos de Minsk —que incluían la implementación de un alto el fuego— para tratar de poner fin al conflicto.

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En la reunión de este miércoles, en el Elíseo, participaron el francés Emmanuel Bonne y el alemán Jens Plötner, respectivamente, consejeros diplomáticos del presidente Emmanuel Macron y del canciller Olaf Scholz. También Dimitri Kozak, vicejefe de Gabinete del presidente Putin; y Andriy Yermak, director de la oficina del presidente ucranio, Volodímir Zelenski. La reunión “es una señal fuerte de la predisposición a una solución pacífica”, declaró Yermak antes de entrar en el Elíseo.

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