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El jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Colombia, Lorenzo Caraffi, en Bogotá.
El jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Colombia, Lorenzo Caraffi, en Bogotá.Carlos Ortega (EFE)

En muchas regiones de Colombia todavía arde la guerra que el acuerdo de paz con la extinta guerrilla de las FARC buscaba extinguir. Cinco años después de la firma de ese histórico pacto, los desafíos humanitarios persisten, la violencia se ha recrudecido y ha aumentado el número de conflictos armados internos, señaló este miércoles el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) al entregar su balance anual. Uno de esos seis conflictos que persisten, de acuerdo con el análisis de la organización humanitaria, es el enfrentamiento entre las dos principales facciones disidentes que se apartaron de los acuerdos, que por primera ocasión entra en esa categoría. El escenario puede ser peor en este 2022.

“En 2021, la población afectada por el confinamiento, el desplazamiento masivo y los artefactos explosivos aumentó considerablemente, llegándose a registrar el nivel más alto de los últimos cinco años”, señaló Lorenzo Caraffi, jefe de la delegación del CICR, que lleva más de 50 años operando sobre el terreno en el país. “Nos preocupa la tendencia al alza que observamos frente al número de víctimas y a la profundización de distintos fenómenos, particularmente porque en los primeros meses de este año la situación humanitaria en Colombia ha seguido empeorando. En 2022, el panorama podría ser aún más complejo de lo que fue el año pasado”, agregó.

A pesar del desarme de las otrora Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –hoy convertidas en un partido político con representación en el Congreso–, todavía sigue activo un desordenado archipiélago de grupos armados, con estructuras más fracturadas. “Las comunidades son las que sufren más. Cuando había un número más limitado de actores armados, a nivel territorial para las comunidades era más fácil manejar la situación”, ha dicho Caraffi. “En Colombia tradicionalmente se habla del conflicto, en singular. Pero los conflictos [en plural] tienen partes, y las partes tienen la obligación de respetar el DIH [Derecho Internacional Humanitario] en sus enfrentamientos y hacia la población civil”, explicó.

En varias regiones de Colombia, donde existen todo tipo de economías ilegales, la salida de las extintas FARC dejó un vacío que han venido copando otros actores armados, ante la falta de respuesta estatal. El principal fenómeno en el balance del año pasado ha sido la reestructuración de los grupos armados y la lucha por el control territorial, con un marcado aumento de la conflictividad, ha señalado la organización humanitaria.

De acuerdo con el análisis del CICR, persisten al menos seis conflictos armados no internacionales actualmente en Colombia. Tres de ellos son entre el Gobierno y algún actor armado: el Ejército de Liberación Nacional (ELN), las autodenominadas Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) –más conocidas como el Clan del Golfo, golpeadas por la captura de alias ‘Otoniel’– y las antiguas estructuras de las FARC que no se acogieron al proceso de paz.

Los otros tres, que se incluyeron en el estudio de lo ocurrido en 2021, son el enfrentamiento entre el ELN y las AGC, además de los que ocurren entre esas estructuras que se apartaron de las negociaciones, bajo el mando de Gentil Duarte e Iván Mordisco, con otras dos facciones que se consideran herederas de las FARC. Por un lado, la llamada Segunda Marquetalia, el grupo de disidentes que retomaron las armas bajo el mando de Iván Márquez, el jefe negociador de los rebeldes en los diálogos de La Habana. Y por otro, los Comandos de la Frontera, en un conflicto que ha sacudido el selvático departamento de Putumayo, fronterizo con Ecuador y Perú.

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De acuerdo con los datos de la Misión de Verificación de la ONU y del mismo Gobierno, más del 90 por ciento de los firmantes del acuerdo de paz, unos 13.000 exguerrilleros, han cumplido sus compromisos, se mantienen en la legalidad y avanzan en su proceso de reincorporación. Aunque nunca hubo una desbandada, el fuego de las distintas disidencias ha estado alimentado por nuevas dinámicas de reclutamiento forzado, a menudo de menores de edad.

El año pasado la violencia contra la población civil se agudizó en varias regiones del país, lo que generó un “sufrimiento indescriptible”, ha señalado el CICR. Ese deterioro se evidenció, entre otras, con el aumento de las víctimas de artefactos explosivos, así como con el desplazamiento y el confinamiento de poblaciones. Los problemas humanitarios se sobreponen con mucha frecuencia, ha detallado Caraffi, el jefe de la delegación.

Muchas de las cifras consignadas en el informe encienden las alarmas. Casi 53.000 personas se desplazaron de manera masiva en 11 departamentos, lo que representa un incremento del 148% respecto a 2020. En Nariño, Chocó, Cauca y Valle del Cauca, los departamentos que se ubican sobre el corredor del Pacífico, se presentó el 71% de esos eventos de desplazamiento masivo. Además, cerca de 80.000 personas se desplazaron individualmente, que tiende a convertirse en un movimiento más permanente. Por otra parte, los confinamientos afectaron a más de 45.000 personas, un 60 % más con respecto al año pasado.

A pesar de que los esfuerzos de desminado están contemplados en los acuerdos de paz, las 486 víctimas de minas antipersonal y otros tipos de artefactos explosivos en 2021 son el número más alto de los últimos cinco años, la mayoría en Norte de Santander, Cauca, Chocó, Antioquia y Arauca.

En un país donde el Centro Nacional de Memoria Histórica ha registrado más de 80.000 desaparecidos y el Instituto de Medicina Legal ha calculado hasta 200.000 cuerpos por exhumar, “el fenómeno de la desaparición no es cosa del pasado”, ha recordado también el CICR, que ha apoyado históricamente la búsqueda de los familiares y documentó 168 casos el año pasado, lo que equivale a una desaparición cada dos días.

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La Alianza del Atlántico Norte se creó con dos propósitos básicos: evitar una gran guerra en Europa y, en caso de que esto fracasara, gestionar la escalada. Lamentablemente, con la guerra de Ucrania, ha fracasado en ambos aspectos. Si no fuera por la fortaleza del pueblo ucranio y el apoyo de algunos aliados, las tropas rusas estarían ya concentradas en la frontera de la OTAN con misiles apuntando a sus ciudades. Los líderes de la OTAN, que se reúnen esta semana, tienen la oportunidad de redimir a la Alianza y ayudar a los ucranios a terminar la guerra en términos favorables. Pueden hacerlo sin implicarse directamente en la lucha, pero tendrán que liberarse de dos dogmas autodestructivos: que la defensa colectiva de la Alianza empieza y termina en su territorio y que cualquier acción sería una escalada que llevaría a la Tercera Guerra Mundial.

Lo más importante es que los líderes de la OTAN corrijan un error estratégico: dejar que el ruido de sables nuclear de Vladímir Putin quede fuera de control. Un solitario Putin sentado a 10 metros de su ministro de Defensa y de su jefe del Estado Mayor dándoles instrucciones para poner a las fuerzas nucleares rusas en disposición de combate será una de las imágenes definitorias, aunque macabras, de esta guerra. Si el mensaje de Putin fue alto y claro, la respuesta de la OTAN resultó preocupantemente silenciosa, salvo una contestación cortante del ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, que recordó a Putin que “la OTAN también es una potencia nuclear”. La idea, especialmente en Washington, parece ser que la mejor respuesta es ignorar el ruido de sables nuclear de Putin. Sin embargo, la temeraria incursión de las fuerzas rusas contra la mayor central atómica de Ucrania (y de Europa) demuestra que el aviso nuclear de Putin debe tomarse en serio.

No dar marcha atrás y restablecer un cierto equilibrio estratégico en la retórica nuclear es dejar que Putin siente un precedente muy peligroso. ¿Qué le impedirá utilizar potencialmente armas nucleares la próxima vez que se proponga atacar otro territorio europeo? Esto no solo resulta preocupante para Europa. Algunos aliados del Indo-Pacífico deben preguntarse cuál sería la respuesta de Estados Unidos si China utilizara el manual de tácticas nucleares de Putin para apoderarse de algunos islotes. Los líderes de la OTAN deben utilizar su voz colectiva para decir tres cosas: la OTAN es una alianza nuclear. No tiene intención de utilizar armas atómicas en este conflicto. Sin embargo, el uso de armas nucleares cambiará fundamentalmente la naturaleza del conflicto, con consecuencias devastadoras para todos. Este lenguaje simple pero inequívoco debería ayudar a la OTAN a redibujar una línea roja. Lo mismo puede decirse de las armas químicas o de cualquier otra arma de destrucción masiva.

En segundo lugar, los aliados de la OTAN deben ampliar la cantidad y calidad del armamento enviado a las fuerzas ucranias. La guerra está llegando a su cenit. Zelenski tiene que resistir y aumentar el coste de la campaña de Putin. Esto debe comenzar con los grandes aliados, especialmente los de Europa occidental, para aumentar significativamente sus envíos de armas. Si los aliados de Europa del Norte y central están en su tercera o incluso cuarta oleada de envío de armas, los de Europa occidental se encuentran rezagados. Este desequilibrio supone un doble riesgo de sembrar divisiones entre los aliados —los del Este sienten cada vez más que están asumiendo una carga desproporcionada—, pero también de debilitar el suministro de armas críticas en un momento en el que Zelenski necesita reforzar su posición tanto militar como diplomáticamente.

En relación con esto, la calidad de esos envíos también debe evolucionar a medida que las tácticas en la guerra cambian: los rusos utilizan cada vez más su fuerza aérea y sus misiles para causar destrucción y muerte de forma indiscriminada. Tras haber fracasado en decapitar al Gobierno, la campaña militar de Putin busca ahora poner de rodillas a la población ucrania. Para ello, las fuerzas ucranias necesitan más medios para derribar los cazas y misiles rusos y proteger los centros de población y las infraestructuras clave, especialmente en el oeste de Ucrania. Necesitan sistemas de defensa aérea de medio alcance, como los S-300 de fabricación rusa que emplean Grecia, Bulgaria y Eslovaquia. Estados Unidos, con su sistema Patriot, y otros países, como Francia, Italia y Reino Unido, que disponen de sistemas equivalentes de medio alcance, podrían reforzar a esos aliados de primera línea. Proporcionar esa capacidad defensiva a las fuerzas ucranias les dará una oportunidad razonable contra la maquinaria de guerra de Putin y les ayudará a crear un santuario en el espacio aéreo de Ucrania occidental. Será menos controvertido y logísticamente complicado de operar que proporcionar aviones de combate, pero podría hacer verdadera mella en las fuerzas aéreas y de cohetes rusas.

Esperar y hacer grandes declaraciones sin aumentar la presión militar sobre Putin también reduciría las posibilidades de éxito en el frente diplomático. Ahora que Zelenski ha mostrado su voluntad de no solicitar el ingreso en la OTAN, ello también ha hecho que la implicación de la Alianza sea menos evidente. Los dirigentes de la OTAN deberían pedir a los mandos de la Alianza que actualicen los planes para asegurar el acceso continuo a los mares Negro y Báltico, así como los planes cibernéticos para proteger activamente las infraestructuras de la OTAN. En clave, estas medidas enviarán un claro mensaje a Moscú: estamos dispuestos a aumentar la presión en los dominios críticos para Rusia.

Estas decisiones no están exentas de riesgo, pero todas se mantienen por debajo del umbral de la implicación militar directa. La OTAN tiene la obligación moral y estratégica de actuar. Hacer demasiado poco, como es ahora el caso, presenta el riesgo inaceptable de una Ucrania subyugada y un Vladímir Putin listo para su próximo movimiento revanchista. El fracaso también tendrá consecuencias duraderas para la credibilidad y el propio propósito de la Alianza. De hecho, ¿qué valor tiene una defensa colectiva sólida como una roca si una parte cada vez más grande del continente europeo está bajo ocupación y en abierto conflicto con Rusia?

Putin nunca ha estado tan cerca del fracaso. Lo que empezó como un intento de cambio de régimen fulminante en Ucrania podría acabar desencadenando un cambio de régimen de larga duración en la propia Rusia. Aunque la OTAN no participe directamente en la lucha, es una guerra que puede ganarse o perderse en función de nuestras decisiones.

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El ejército ruso es un tigre de papel. Es lo suficientemente fuerte como para defenderse eficazmente y suponer una amenaza y es lo suficientemente fuerte como para una intervención limitada, pero las fuerzas armadas rusas carecen de la fuerza que todo el mundo supone que tienen, las fuerzas armadas rusas tienen serios defectos, todos los cuales han sido expuestos en este conflicto.

1: Fallos logísticos

Rusia tiene un sistema ferroviario impresionante. Dadas las enormes distancias de Rusia, se requiere una compleja y avanzada red ferroviaria para que las cosas funcionen.

Los militares rusos han aprovechado al máximo esta red ferroviaria para abastecer a sus fuerzas armadas. Sinceramente, se les da muy bien mantener las fuerzas abastecidas siempre que dispongan de su red ferroviaria.

Pero no hay ferrocarriles que Rusia pueda utilizar en Ucrania. Lo PRIMERO que hicieron las unidades ucranianas fue destruir todas las redes ferroviarias rusas que entraban en Ucrania. Ahora tiene que abastecer a sus hombres utilizando camiones, lo que es mucho más difícil.

Así que los suministros se llevan a los depósitos de suministros en la frontera, principalmente por tren y también por aire. Luego, estos suministros se cargan en camiones que forman un convoy y se dirigen a las líneas del frente para reabastecer a las unidades de combate.


 

Pero Rusia no tiene suficientes camiones. Esto puede parecer sencillo, pero es cierto. Rusia puede llevar fuerzas y suministros a la frontera ucraniana muy rápidamente, pero luego tiene dificultades para llevar esos suministros al frente. Sólo en esta primera semana de guerra, hemos visto este hecho.

  1. Decenas de avanzados (y costosos) tanques y vehículos blindados rusos fueron abandonados a un lado de la carretera sin gasolina
  2. Unidades rusas solitarias vagando por el campo en busca de suministros
  3. Cuerpos enteros de Rusia paralizados por falta de suministros, incapaces de seguir siendo eficaces en el combate
  4. Tropas rusas saqueando Ucrania en busca de necesidades básicas como alimentos
  5. Soldados rusos hambrientos rindiéndose a los ucranianos
  6. El gran convoy ruso se vio obligado a detenerse en múltiples ocasiones debido a la falta de suministros

Profundicemos aquí. Las unidades rusas están suficientemente equipadas para operar de forma independiente durante unos 3-5 días. Después de ese tiempo, necesitan suministros. Los expertos informan que las unidades rusas no pueden operar eficazmente a más de 90 millas de un depósito de suministros. Por eso Rusia TIENE que tomar Kiev. Kiev, con sus numerosos aeropuertos, serviría de enorme depósito de suministros para las fuerzas rusas en su avance hacia Ucrania.

Ucrania lo sabe y por eso está concentrando toda su mano de obra en proteger Kiev. Además, las fuerzas especiales ucranianas están atacando a los convoyes y Ucrania está diciendo a sus civiles que ataquen a los convoyes. Ucrania es muy consciente de esta debilidad y la aprovecha al máximo.

Ahora las unidades rusas utilizan lo que se denomina un sistema logístico "basado en el empuje", en comparación con Estados Unidos, que utiliza un sistema "basado en el tirón".

  • El sistema "pull" significa que las unidades solicitan el reabastecimiento y esos suministros se envían, es decir, los suministros se envían al lugar donde se utilizan
  • El sistema "push" significa que los suministros son controlados por un mando central y enviados a donde el alto mando considere necesario. Esto significa que algunas unidades tienen prioridad sobre otras.
    • Por eso algunas unidades rusas son extremadamente móviles y activas, mientras que otras (como las de Sumy) están muertas en el agua

En resumen, Rusia tiene los recursos en bruto y puede llevarlos a la frontera utilizando su avanzada red ferroviaria. Sin embargo, Rusia carece de los camiones y de la capacidad táctica para llevar esos suministros desde la frontera hasta el frente.

2: Fallos en la formación

Rusia ha tenido que seguir el ritmo de EE.UU. militarmente durante algún tiempo. Esto es muy difícil si se tiene en cuenta que Rusia gasta el 10% de lo que Estados Unidos gasta en su ejército anualmente.

Así que Rusia recorta gastos. Algunos Cuerpos están mal abastecidos, el equipo más antiguo rara vez se retira, el material se produce de forma barata, las unidades dependen más de armas baratas y menos técnicas, y Rusia utiliza reclutas.

Los reclutas son personas obligadas a entrar en el ejército. Estas personas apenas reciben formación, sólo se les paga 30-40 dólares al mes y siempre están mal abastecidas.


 

Muchos de los hombres que están en el frente ahora mismo son reclutas y, para sorpresa de nadie, estos soldados se están rindiendo rápidamente y son extremadamente ineficaces.

Los Estados Unidos utilizan un ejército de voluntarios, lo que significa que todos los miembros del ejército están allí por elección. Esto significa que las tropas estadounidenses son mucho más efectivas simplemente debido a la moral.

Ahora bien, ¿por qué utilizar reclutas? Bueno, Rusia cree que estos hombres lucharían duro si su patria estuviera amenazada (como en la Segunda Guerra Mundial). Esto puede ser cierto, pero Rusia no está amenazada y, en cambio, está invadiendo una nación soberana prácticamente sin razón. Así que estos soldados poco entrenados y hambrientos están confundidos, enfadados y asustados, lo que tiene todo el sentido del mundo.

3: Falta de capacidad táctica

Rusia acabó ganando la guerra de Chechenia, de la que hablaré con más detalle en otra ocasión. Sin embargo, Rusia perdió un poco la primera guerra de Chechenia cuando las milicias chechenas retomaron la capital de las fuerzas rusas y obligaron a Rusia a un alto el fuego.

Cuando Putin llegó al poder por primera vez, hubo un ataque terrorista masivo en Chechenia. Putin declaró la guerra total e invadió Chechenia.

Sin embargo, esta vez Putin no repetiría los errores del pasado. Lanzó una lenta y brutal campaña en la que las unidades rusas se desplazaron lentamente hacia el sur de Chechenia bombardeando todas las ciudades, pueblos y aldeas hasta dejarlas en el olvido.

Sólo cuando Chechenia estaba en escombros ganó Rusia.

Ahora bien, esto era Chechenia, una región extremadamente pequeña que tenía una población de menos de un millón de habitantes en ese momento.

Ucrania es una gran nación moderna con 45 millones de habitantes.

Rusia esperaba que unos pocos ataques militares quirúrgicos con unidades altamente entrenadas harían que las fuerzas ucranianas se desmoronaran. En realidad, los ucranianos están firmemente comprometidos con la defensa de su nación y los intentos de Rusia por ganar el conflicto fracasaron rápidamente.

Así que ahora Rusia tiene que librar una gran guerra tradicional. Tienen que hacerlo con todos los problemas que he enumerado anteriormente. A diferencia de Chechenia, Rusia no puede arrasar ciudades enteras. Hacerlo supondría, casi con toda seguridad, incitar a la comunidad internacional a la acción militar.

Así que las fuerzas rusas, mal abastecidas y poco entrenadas, tienen que enfrentarse ahora a defensores decididos.

En realidad, Rusia no ha perdido ninguna batalla tradicional ni nada parecido. Las unidades rusas han retrocedido en algunos frentes y se han enfrentado a fuertes pérdidas, pero el ejército ruso sigue avanzando y ha conseguido algunos avances en la semana anterior.

Sin embargo, Rusia ha perdido muchos hombres hasta ahora en los combates. Si creemos los informes rusos (y no deberíamos hacerlo) unos 500 soldados rusos han muerto sólo esta semana. Compárese con la invasión estadounidense de Irak, en la que murieron 197 soldados de la Coalición en las primeras seis semanas de combate.

Si creemos en otros informes, quizás hasta 4.000 rusos han muerto ya luchando.

¿Qué ha ganado Rusia a cambio de todos esos cadáveres? Una ciudad menor en el sur.


 
Rusia tiene un largo camino que recorrer para conquistar Ucrania y, siendo la resistencia ucraniana la que es, puede acabar costándole a Rusia más de lo que puede permitirse.

 


hio de Jorge 40 en el Caribe
Jorge Rodrigo Tovar, electo para curul por Circunscripción Especial de la Paz.

El hijo del paramilitar ‘Jorge 40’, habló tras la polémica elección por la curul de la Circunscripción Especial de Paz, que es para víctimas de entre otros, su padre.

Noticias Caribe.

El pasado 13 de marzo se llevaron a cabo las elecciones de representantes a la Cámara y Senado en Colombia, que incluyero la elección histórica de 16 curules de Paz, que estaban destinadas para las víctimas del conflicto armado.

Un de esas curules ha estado en medio de la polémica, desde la candidatura.

Estas curules fueron creadas por el Acuerdo de Paz para las víctimas del conflicto armado en la Cámara de Representantes, por ello, una de esas curules está en el centro del debate.

Jorge Rodrigo Tovar, hijo de paramilitar Jorge 40, obtuvo una en el Cesar por el movimiento de “Asociación Paz Es Vida Pa-Vida”, él dice, que también es una víctima.

Representará a víctimas del Magdalena, Cesar y La Guajira.

La polémica elección de su representación se hizo debido a que fue demandada por el Consejo Nacional Electoral.

Se considera “una afrenta” con las víctimas y una “revictimización” de ellas ya que es hijo de uno de los principales victimarios de las zonas que conforman la Circunscripción.

Víctimas, «somos todos»

Tovar, que siempre ha tenido un tono conciliador a pesar de los reclamos en su contra, dijo que, «yo hago parte de las víctimas, de las víctimas reales del conflicto armado. Yo tengo mis manos limpias, yo no elegí la guerra que me tocó vivir», dijo a EL TIEMPO.

Así mismo expresó en Noticias Caracol, que fue elegido porque así lo pidieron las principales víctimas, incluso se considera víctima de su padre.

«Víctimas somos todos, quizá soy la primera víctima de mi padre», expresó, también dice querer aportar su voz por las víctimas que no tienen la oportunidad.

Se le cuestionó en qué manera va a representar a las víctimas de su padre, a lo que respondió: «Voy ser su voz, voy exigir justicia en nombre de ellos, que es lo que me han pedido».

Sin embargo las víctimas de Jorge 40 no reconocen a su hijo como representante, por lo que pone en duda su curul.

Aún así, expresó que ejecutará acciones para poder ayudar a las personas de la zona urbana y rural con respecto a sus indemnizaciones y demás.

 





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La ministra de Interior de Chile, Izkia Siches, habla con la prensa en Ercilla, región de la Araucanía, donde desconocidos dispararon al aire al paso de su comitiva.
La ministra de Interior de Chile, Izkia Siches, habla con la prensa en Ercilla, región de la Araucanía, donde desconocidos dispararon al aire al paso de su comitiva.@mop_chile

A solo cuatro días de que Gabriel Boric asumiera el Gobierno chileno el pasado viernes, la comitiva de la ministra del Interior y Seguridad Pública, Izkia Siches, fue atacada este martes por la mañana en La Araucanía, en el sur del país, con disparos al aire, cortes de ruta, barricadas y mensajes de amedrentamiento. Era su primera visita como ministra a la región afectada por el conflicto entre el Estado chileno y el pueblo mapuche por las tierras ancestrales, que se ha complejizado con otros elementos, como el tráfico de madera, el narcotráfico y otros delitos. Con al menos 1.200 atentados en 2021 y ocho homicidios este año, la nueva Administración busca solucionar esta crisis de violencia sin militarización y con diálogo.

El ataque se registró cuando Siches intentaba ingresar a la comunidad mapuche Temucuicui, una zona del municipio de Ercilla donde no puede entrar ni la policía; una especie de Estado dentro de otro Estado. Es un hecho inédito en democracia un ataque de este tipo a un ministro —ni en La Araucanía ni en otro lugar del país— y la primera crisis en el Gobierno de izquierda de Boric, en uno de sus diseños centrales ante uno de los grandes problemas que enfrenta Chile: la violencia en el sur. La comitiva de la ministra, que no resultó lesionada, tuvo que retroceder en un camino de tierra rural. Algunos de sus colaboradores, según muestran los vídeos, intentaron apaciguar los ánimos desplegando una bandera mapuche, lo que no tuvo éxito. La autoridad debió resguardarse en una subcomisaría de Carabineros cercana.

Horas más tarde, fue la propia Siches la que comentó lo sucedido en un ataque que no registró heridos. “Siempre hemos sabido que este trabajo no iba a ser fácil y que requería de lo mejor de lo nuestro. Se equivocan quienes creen que lo íbamos a resolver desde Santiago. Teníamos que estar acá, en el territorio, y es lo que nos ha pedido nuestro presidente. Esta zona ha tenido profundos problemas: abandono. El Gobierno no va a retroceder en el plan. Seguiremos con todo nuestro itinerario en busca de diálogo y reencuentro. Lo que ocurre es violencia, pero también falta de Estado decidido, que cuando ocurren eventos como los de hoy, no arrancan a la capital”, aseguró la médico de 36 años, que adelantó que no será la última visita del Gobierno a La Araucanía y sus regiones aledañas y que hoy se reunió con víctimas de diferentes sectores, mapuche y no mapuche.

Siches se refirió a lo que poco antes había anunciado la vocera del Gobierno, Camila Vallejo. Que, pese a la gravedad de lo sucedido, La Moneda insistirá en no renovar el estado de excepción el próximo 26 de marzo, cuando termine la última extensión aprobada por el expresidente Sebastián Piñera. Lo que busca la Administración de Boric apunta a una desescalada de la militarización, para incentivar el diálogo con todos los grupos que busquen la paz, en una medida polémica y resistida en una región como La Araucanía donde en las últimas presidenciales ganó el candidato de la derecha extrema, José Antonio Kast, por un 60% contra un 39% de Boric. La petición de mantener el estado de excepción no viene solo de la derecha, sino que de la centroizquierda.

La ministra Siches, de gran popularidad, quería ingresar a Temucuicui para sostener una reunión con la familia de Camilo Catrillanca, un joven mapuche asesinado por las fuerzas policiales en noviembre de 2018, durante una operación militar al comienzo del Gobierno de Sebastián Piñera. Este hecho frustró tempranamente el plan de la Administración de derecha en la zona. El padre del joven muerto, Marcelo Catrillanca, lideraba hoy en su coche la comitiva de la ministra Siches en su ingreso a la comunidad mapuche. Pero fue el propio Catrillanca quien criticó el despliegue del nuevo Gobierno, al ser consultado por los periodistas que participaban junto a Siches de la visita. “Quiero saludar a la ministra, porque creo que hay buena intención del Gobierno y eso nosotros lo valoramos. Lo que haya pasado en el camino, eso debemos resolverlo dentro de la comunidad, entre nosotros vamos a conversar. Pero no puedo decir lo que pasó, porque no tengo idea. Lo que sí, la visita fue muy improvisada. No podemos decir nosotros que esto se hizo con tiempo”, aseguró el padre de la víctima, que evitó condenar lo sucedido.

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Apenas se conoció la noticia del ataque, en el Palacio de La Moneda de inmediato se llevó a cabo una reunión de emergencia entre el presidente Boric y su equipo político, como la portavoz Camila Vallejo, que corrió hasta la oficina del mandatario. Desde la sede de Gobierno, la ministra argumentó que los ataques de este martes se producen justamente con un estado de excepción —con las Fuerzas Armadas desplegadas en la zona—, en referencia a que la presencia militar no ayuda a la pacificación. Ratificó que el Gobierno impulsa una retirada del Ejército.

“El camino que hemos decidido seguir para enfrentar la situación crítica en el Wallmapu [territorio mapuche] y especialmente la Araucanía, sabíamos que iba a ser difícil. El camino del diálogo sabemos que no va a estar exento de dificultades y que probablemente hay muchos que no quieran el diálogo. Quien pretenda intimidar a la ministra Izkia Siches está muy equivocado”, aseguró Vallejo, que insistió en que el Gobierno se mantendrá en su plan “con perseverancia”, porque se tiene la convicción de que se trata del camino correcto para alcanzar la paz en la zona. Lo mismo ratificó otro de los ministros centrales del Gobierno, Giorgio Jackson, que lidera el ministerio de la Secretaría General de la Presidencia.

Con la entrada de Siches a Temucuicui se habría marcado un gran triunfo político, porque ni las autoridades de Gobierno ni la policía pueden ingresar, ni siquiera para ejecutar órdenes de la Justicia. En enero de 2021, por ejemplo, murió un detective de la policía que participaba de un allanamiento en la comunidad mapuche.

La gira de la ministra del Interior era su primera actividad de importancia desde que asumió el cargo el viernes. Llegó la noche del lunes a la Araucanía a sostener diversas reuniones en la zona y, junto a otros ministros, tomar decisiones para el plan de desescalada militar. Llegó acompañada de la ministra de Defensa, Maya Fernández; de Obras Públicas, Juan Carlos García; de Desarrollo Social, Jeanette Vega; Educación, Marco Antonio Ávila; y de Salud, María Begoña Yarza, que se trasladaron hasta la Araucanía –a unos 700 kilómetros al sur de Santiago– para trabajar en un nuevo plan “integral” para atajar el conflicto.

El encuentro entre Siches y la familia Catrillanca finalmente se realizó en otro sitio y lo informó la propia ministra en redes sociales: “Conversamos con Marcelo Catrillanca, padre de Camilo, en una reunión importante dentro de la jornada en la que buscamos establecer diálogo con víctimas, territorios y autoridades. Con más convicción que nunca reafirmamos nuestro camino. La violencia no nos detendrá”.

El fiscal de Alta Complejidad de la región, César Schibar, se trasladó a Temucuicui para investigar los hechos. Los antecedentes indican que hubo premeditación. Cerca del lugar de los disparos se encontró un lienzo dirigido a Siches, en rechazo al diálogo: “Izkia Siches, mientras existan presos políticos mapuche no habrá diálogo. Por Kamilo Katrillanca y todos los caídos en combate en Wallmapu. No aceptaremos ningún soborno de un Estado asesino. Fuera forestales latifundio. No más militarización. Resistencia Mapuche”, asegura el escrito.

Las reacciones han sido transversales. Desde el Congreso en Valparaíso, el diputado por la Araucanía, Miguel Mellado, del partido de oposición Renovación Nacional, aseguró: “Había caminos cortados y la recibieron a balazos. Hay que proteger a la región de La Araucanía de estos terroristas que atacan con armas de fuego. Esta gente es peligrosa”. Y luego hizo una sentida petición al mandatario: “Presidente Boric, no retire el estado de excepción de la región. La candidez lo lleva a hacer algo que la gente cree que está en el centro de Santiago, pero ese sector es casi otro Chile. No dejan entrar a nadie que ellos no quieran. Y menos ahora dejan entrar a una ministro de Estado”.

Tras el ataque a Siches, se ha abierto en Chile un caluroso debate sobre la pertinencia de sacar a los militares de una zona roja del conflicto. Y, de paso, una discusión sobre las medidas de seguridad con que viajó la ministra a una zona muy peligrosa. La diputada comunista Karol Cariola, muy cercana al Gobierno, aseguró tras los hechos: “No hay que pecar de confiados, porque acá hubo evidentemente situaciones que no se previeron”. Aunque la propia ministra del Interior desechó las críticas –dijo que hubo un equipo de avanzada y negó la improvisación–, Carabineros le advirtió que era una zona peligrosa, pero Siches pidió ir solo con su escolta, policías de civil y sin vehículos blindados.

La Coordinadora Arauco-Malleco, una organización político-militar que desde fines de los años noventa busca la recuperación de las tierras mediante la violencia, tras la elección de Boric en diciembre emitió un comunicado en el que rechazaba el “paternalismo” de la izquierda “hippie, progre y buena onda”, manifestando que como pueblo mapuche tienen su propio ordenamiento político-militar desde antes de la conformación del Estado de Chile.

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Transcurridas apenas 24 horas de la cumbre que la Unión Europea clausuró el pasado viernes en Versalles, el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, se esmera en explicar por qué, en su opinión, esta cita marcará un hito en la historia común. Este exprimer ministro belga, de 46 años, no escatimó tiempo a los periodistas de EL PAÍS, el diario italiano La Repubblica, el francés Le Figaro y el belga Le Soir (miembros de la alianza LENA) durante la entrevista concedida este sábado en un hotel de París. Michel defiende con vehemencia los grandes pasos que ha dado la UE en la crisis de la covid y en la crítica situación actual. No lo cita, pero su discurso entronca sin duda con esa tradición que Jean Monnet, uno de los padres fundadores de la Unión, resumió en una frase ya tópica y manida, incluso desgastada, pero desgraciadamente actual: “Europa se hará en las crisis y será la suma de las soluciones que a esas crisis se den”.

A ese discurso también han vuelto expresiones olvidadas hace décadas. Michel era un adolescente de 15 años cuando cayó el muro de Berlín. Aquel final de la Guerra Fría desterró una retórica —y unos miedos— que ahora estremecen de nuevo: “Mundo libre”, “amenaza nuclear”, “tercera guerra mundial”. Esos peligros y su lenguaje han regresado con la invasión de Ucrania por Rusia y el presidente del Consejo Europeo los conjuga.

Pregunta. ¿La UE ha estado a la altura de las circunstancias en Versalles?

Respuesta. Esta cumbre permanecerá en los anales de la UE. Puede que no lo veamos ya, pero estoy convencido de que es un impulso a una Europa más soberana e independiente. Hemos decidido abordar con espíritu de soberanía europea temas que son fundamentalmente nacionales [como la energía o la defensa]. Es una elección de los 27 jefes de Estado y de Gobierno que compromete a sus democracias.

P. ¿Ucrania tiene razones para creer que Europa responde de acuerdo a la gravedad del momento?

R. Estoy en contacto constante con [el presidente] Volodímir Zelenski: comprende el paso político dado en esta cumbre. Es cierto que deseaba más. Pero la ampliación es una cuestión delicada, sobre la que no todos los países europeos opinan igual. También debemos considerar a los países con los que se ha iniciado ya el proceso de adhesión [Serbia, Albania, Macedonia y Montenegro]. Debemos apoyar a nuestros socios que miran al mundo libre y no quieren caer en el mundo de los autócratas. Los acuerdos de asociación tienen un enorme potencial que está subestimado.

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P. Por el momento, las sanciones no han tenido efecto en la guerra, ¿debe Europa dejar de comprar gas y petróleo rusos?

R. Sabíamos que no iban a detener la guerra en un chasquido de dedos. Hemos calibrado los primeros cuatro paquetes de sanciones para que sean dañinos para el régimen de [Vladímir] Putin y tengan el menor impacto posible sobre nosotros. Hay impacto: ahora hay negociación directa entre Ucrania y Rusia. No somos ingenuos, no es suficiente, y hay dudas sobre la sinceridad de las negociaciones. ¿Hay alguna opción adicional? Sí. Examinaremos cuándo activarla de manera concertada.

P. ¿Qué pasará con la cercanía de la UE a Ucrania, si esta es derrotada y Putin instala un Gobierno títere?

R. Tenemos condiciones para colaborar con gobiernos comprometidos con la democracia, las libertades, los derechos humanos… Hoy hay una Ucrania libre y democrática, el desafío es luchar con ella para que siempre sea así. Intentamos apoyarlos en lo posible, incluso rompiendo tabúes, como los 1.000 millones que destina el fondo europeo para armas, y con fuertes sanciones económicas. Estamos haciendo lo máximo posible sin agravar el conflicto. Rusia es una potencia nuclear y somos muy conscientes de que si este conflicto se convierte en el de la OTAN contra Rusia, caeremos en la tercera guerra mundial.

P. Y entregar armas, ¿no convierte a Europa en cobeligerante?

R. La Unión Europea no está en guerra con Rusia. Apoyamos a Ucrania con medios militares, humanitarios y financieros. Putin está perdiendo la batalla de la comunicación. Quería mostrar un conflicto latente entre Rusia y la Unión Europea y la OTAN. Pero el mundo es más amplio. Fue fundamental movilizarse, junto con Zelenski, para la resolución de las Naciones Unidas. Esto a corto plazo puede parecer que no cambia el juego, pero sí lo hace. En el área del Pacífico, en Latinoamérica, en África, se entiende cada vez más que es una guerra de Putin, no una guerra de Rusia contra Ucrania. Las mentiras, las fábulas para justificar la guerra no resistieron. A menudo se dice que las democracias son débiles frente a la propaganda, pero las democracias europeas y nuestros socios han abierto los ojos del mundo sobre los verdaderos motivos de esta guerra.

P. ¿Ha hecho China todo lo posible para detener la guerra?

R. No votó con Rusia en las Naciones Unidas. Puede que no sea suficiente, hubiera sido mejor si hubiera votado con los europeos, cierto. Pero que China no vote [con Moscú] es un punto interesante. China está en una posición intermedia: no es un apoyo incondicional a Rusia ni es un apoyo total para Ucrania. Aunque no nos equivoquemos: sería un error que los europeos se descartaran a sí mismos [como interlocutores]. Lo que está sucediendo es un problema mundial, pero es, ante todo, asunto de los europeos. Lo que está en juego es la situación de Europa. No podemos subcontratar este asunto, ayer a Estados Unidos, o mañana a otro.

P. La relación con Putin, ¿está en un punto de no retorno destinado a terminar ante la justicia internacional?

R. Abogo por el pragmatismo. Hoy está Vladímir Putin en el Kremlin. ¿Cuál será la situación mañana? Nadie lo sabe. Hay temas inmediatos a discutir: acceso humanitario, centrales nucleares y, por supuesto, una posible negociación de paz. Necesitamos hablar con quien está en el Kremlin hoy. Pero es la Unión Europea la que dice que si existe el derecho internacional y —existe—, entonces hay necesidad de justicia internacional. No hay ley sin justicia.

P. Para usted, ¿hay crímenes de guerra?

R. Corresponderá a los organismos internacionales decirlo. En cualquier caso, cuando hay disparos que parecen ser deliberados contra civiles, en un hospital de maternidad, creo que deben calificarse como crímenes de guerra, incluso si corresponde hacerlo al sistema de justicia internacional.

P. ¿Ha sido Europa ingenua con Putin?

R. No. Las democracias deben hablar con países que no son democráticos. ¿Ha sido esto desencadenado por el acuerdo de asociación [de la UE con Ucrania]? No lo creo. Es un cóctel de elementos. Está la plaza del Maidán. Es el pánico de un autócrata frente a la libertad y la democracia. Estos son países con poblaciones de habla rusa: si ven cuál es la realidad democrática, la realidad del mundo libre… Él ve la democracia como una pandemia. Teme el contagio.

P. Usted habló con él…

R. Frecuentemente.

P. ¿Se siente engañado?

R. Que yo sea uno de los que han hablado con él regularmente me da acceso y me permite, por ejemplo, abordar la cuestión humanitaria o nuclear. Hay una historia de nuestra relación que permite ahora que hablemos entre nosotros entendiendo los puntos de vista. No es que los compartamos, pero entendemos qué ángulo es el suyo y él debe entender el nuestro. Podemos repetir que queremos la paz, pero eso no va a traerla. La traerá el cambio en el equilibrio de poder y la negociación.

P. ¿Teme que Rusia use armas atómicas?

R. Si hablamos de la tercera guerra mundial, si hablamos de un conflicto entre la OTAN y Rusia, es porque es un país con armas nucleares. Todos los conflictos y guerras son dramáticos, extremos y a menudo difíciles. Pero cuando el agresor tiene el botón nuclear, hay una dimensión de una naturaleza diferente.

P. ¿Requerirán estos desafíos un nuevo fondo de deuda mancomunada en la UE?

R. Primero hay que identificar los objetivos comunes. Esto se estructura en tres partes. Primero, tenemos una debilidad energética. Segundo, en defensa, no es ningún secreto que hace apenas semanas hubo diferencias, pero Putin ha contribuido involuntariamente a concienciar sobre la necesidad de tomar en serio esto en un marco europeo. Ahora todos entendemos que reforzar la defensa europea significa reforzar la OTAN. El tercer punto es la economía, con sus debilidades: lo vimos cuando carecíamos de mascarillas, lo vemos hoy con microchips.

P. ¿Con qué instrumentos?

R. Estamos solo al comienzo del periodo presupuestario europeo, reforzado con el fondo de recuperación. Podemos examinar cómo ajustar la ejecución de este fondo para que coincida mejor con nuestros objetivos. Segundo, hay que estudiar cómo alinear mejor el capital privado con nuestros objetivos. Tercero, no revelo ningún secreto al decir que hay un debate sobre el Pacto de Estabilidad.

P. Europa tiene un problema de deuda abultada y envejecimiento. ¿Cómo conjugarlo todo?

R. Somos una potencia económica. Tenemos la capacidad financiera, como se demostró en la crisis de la covid. No todos los Estados miembros tienen el mismo nivel de deuda sobre PIB, pero la UE es un proyecto de convergencia.

P. ¿Será necesario otro préstamo conjunto?

R. Pensamos en un esquema de movilización de los medios ya disponibles. Sobre la hipótesis de desplegar recursos adicionales —públicos y privados— y de qué manera, se expresaron diferentes opiniones [en Versalles]. La Comisión también tendrá presentar opciones, y los Estados miembros decidirán.

P. ¿Son profundas las diferencias?

R. En absoluto. Tomamos una decisión inteligente: primero definir objetivos y luego ajustar instrumentos. Esto se debatirá en las próximas semanas.

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El embajador de Nicaragua en España, Carlos Midence, en una fotografía de archivo.
El embajador de Nicaragua en España, Carlos Midence, en una fotografía de archivo.Emilio Naranjo (EFE)

La relación diplomática entre España y Nicaragua está en un punto crítico después de que el Gobierno de Daniel Ortega decidiera retirar este jueves a su embajador Carlos Midence de la legación en Madrid. Managua alega supuestas “presiones y amenazas injerencistas” que hacen “imposible el ejercicio de la labor diplomática”. Sin embargo, el régimen sandinista no menciona que desde hace casi seis meses impide regresar a Managua a la embajadora española en Nicaragua, María del Mar Fernández-Palacios. Este culebrón diplomático tiene como contexto la atropellada relación entre ambos países por las críticas del Gobierno español ante las violaciones a los derechos humanos cometidas en el país centroamericano, los procesos judiciales espurios contra presos políticos y la consolidación de un régimen de partido único en las pasadas elecciones de noviembre de 2021.

El Gobierno de Ortega no ha dado ninguna justificación para que Fernández-Palacios no pueda ingresar a Managua en todo este tiempo, según ha revelado el medio independiente nicaragüense Divergentes. De acuerdo con esta publicación, la diplomática vivió una situación parecida en 2020, cuando la aerolínea en la que viajaba le comunicó que no podía abordar porque no lo había autorizado Managua. El 11 de agosto de 2021, después de que Fernández-Palacios fuese llamada a consultas por Madrid, su ingreso volvió a ser desautorizado sin fundamentos.

Esta nueva movida en las fricciones diplomáticas fue confirmada por el ministerio de Exteriores español a otro medio independiente, Despacho 505, en un comunicado que permite entender por qué ahora Nicaragua retira a su embajador de ese país: “El Ministerio de Asuntos Exteriores ha convocado hoy al Embajador de Nicaragua en España ante la negativa de aceptar la vuelta a Managua de la Embajadora de España. Dada la asimetría existente, se anunció al Embajador que se aplicaría el principio de reciprocidad, con lo que tomaron la decisión de retirar su Embajador con carácter inmediato”, se lee en el texto citado por el medio.

En febrero pasado, el secretario de Estado para Iberoamérica y el Caribe de España, Juan Fernández Trigo, habló de una “novedad en sus relaciones con Nicaragua” después que el Gobierno español llamara a consulta a la embajadora Fernández-Palacios, a causa delas “graves e infundadas acusaciones” del régimen contra España.

Unos meses antes, en agosto de 2021, el Gobierno de Ortega publicó una nota de prensa en la que acusaba a España por “la cínica y continua, intromisión, injerencia e intervención en nuestros Asuntos Internos, impropias de Gobiernos Democráticos, impropias también de Regímenes que incumplen continuamente con los Derechos de sus Pueblos a la Autonomía o a Procesos Autonómicos de Independencia, que tanto sufrimiento han costado ya, a Familias enteras de Pueblos que se niegan a seguir siendo sometidos a arbitrarios dictados monárquicos”.

Antes, la cancillería de Managua ya había atacado con virulencia a la ministra de Asuntos Exteriores de España, Arancha González Laya, quien manifestó su preocupación por las violaciones a los derechos humanos en ese país. “Mostrando una ignorancia atrevida, y una ferocidad impropia para la diplomacia, la señora González se dirige al presidente de un pueblo libre y soberano, con voz de alguacil, sin percatarse en su perorata delirante de trasnochada mandamás que llevamos siglos sin dominio español, además de nunca haber reconocido bondad alguna en esos furibundos crímenes hispánicos, crímenes de lesa humanidad”, dijo el Gobierno de Ortega.

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Cuerpo diplomático bajo ataque

Fuentes diplomáticas consultadas por EL PAÍS en Managua coincidieron en que los embajadores están bajo ataque por parte del régimen Ortega-Murillo. El golpe más reciente lo sufrió el Nuncio apostólico Waldemar Stanisław Sommertag, quien fue conminado a salir del país. De acuerdo con una publicación de Confidencial, el embajador de El Vaticano abandonó su misión el domingo 6 de marzo, después de que un contingente policial lo siguiera a la salida de su residencia.

Sin declararlo non grato de forma oficial, según Confidencial, la salida de Sommertag se fraguó como consecuencia de al menos cuatro incidentes provocados por el Gobierno. Los dos más relevantes fueron que el nuncio usó en una entrevista la expresión “presos políticos” para referirse a los opositores que son juzgados a puertas cerradas en la prisión de El Chipote, lugar donde sufren malos tratos y torturas. El otro encontronazo fue que el nuncio no asistió a la aislada toma de posesión de la pareja presidencial el pasado 10 de enero, ya que viajó a Roma. Ambas cuestiones generaron fuertes reclamos del régimen.

Sommertag era uno de los pocos intermediarios que quedaban en Nicaragua entre el oficialismo y la oposición, entre ellos familiares de las víctimas de la represión. No obstante, Monseñor Carlos Herrera, presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) señaló —tras la salida intempestiva del nuncio— que las relaciones entre el régimen de Ortega y el representante del papa Francisco se habían deteriorado.

Otro detalle hilarante que causó la furia de los Ortega Murillo fue que, en febrero pasado, de acuerdo con el relato de fuentes diplomáticas, Sommertag organizó una despedida al embajador de Colombia, Alfredo Rangel Suárez, quien fue expulsado por los Ortega-Murillo y declarado non grato ese mismo mes.

Las fuentes diplomáticas consultadas por este diario consideran absurdo haber expulsado Sommertag, ya que el papa Francisco nunca ha criticado públicamente al régimen. Sin embargo, con esta decisión la pareja se aísla un poco más de la comunidad internacional.

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Los ministros de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y ucranio, Dmitro Kuleba, tienen previsto reunirse por primera vez este jueves en Turquía para tratar de buscar una salida al conflicto desatado por la invasión rusa de Ucrania. En principio, lo harán en la ciudad sureña de Antalya y en un formato a tres, con la presencia de su homólogo turco, Mevlüt Çavusoglu. “Nuestro objetivo más urgente es el cese de los combates”, explicó el jefe de la diplomacia turca al anunciar la cita, que consideró un “paso importante” hacia la paz y la estabilidad. Posteriormente, la portavoz de Exteriores rusa, María Zajarova, confirmó a la agencia TASS la participación rusa en la reunión.

La iniciativa es el resultado de los esfuerzos diplomáticos de Turquía, cuyo presidente, Recep Tayyip Erdogan, ha hablado por teléfono con una veintena de jefes de Estado y de Gobierno desde el inicio de la guerra, incluida una conversación este domingo con su par ruso, Vladímir Putin, y varias con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. El ministro de Exteriores turco ha mantenido a su vez 40 reuniones telemáticas con sus homólogos para preparar el terreno, entre ellas seis con Kuleba y cuatro con Lavrov. “Eso sin contar los mensajes que nos enviamos continuamente”, añadió.

Turquía es uno de los miembros de la OTAN con más pedigrí —entró a formar parte en 1952—, pero en los últimos años ha preferido negociar su expansión exterior directamente con el Kremlin. Ha comprado a Rusia un sistema de misiles que puede suponer una amenaza para aeronaves de la Alianza Atlántica y, sin embargo, también ha vendido armas a Ucrania, especialmente drones que están castigando las columnas militares rusas. Cómo combinar todas estas variables se ha convertido en la cuadratura del círculo para el Gobierno de Erdogan al iniciar Rusia la guerra en Ucrania: Ankara condenó “la invasión ilegal”, pero se abstuvo en la votación sobre la expulsión de Rusia del Consejo de Europa; ha cerrado los estrechos al paso de buques militares rusos, pero rechaza secundar las sanciones de la UE y EEUU. Una de cal y otra de arena.

La razón es que se trata de uno de los países —fuera de los directamente implicados— que más puede perder a raíz del conflicto. “Turquía sigue una política de equilibrio. La principal razón es que los dos estados que están combatiendo son vecinos importantes, con los que Turquía mantiene relaciones de carácter estratégico y un elevado volumen comercial”, afirma Muhittin Ataman, analista del centro de estudios progubernamental SETA.

Erdogan se ha acostumbrado en los últimos años a hablar de tú a tú con su homólogo ruso, Vladímir Putin, con quien le resulta más fácil llegar a acuerdos que a través de la farragosa institucionalidad que implican los tratos con sus socios occidentales, en cuyas negociaciones siempre aparecen referencias a los derechos humanos, la imparcialidad judicial y otros asuntos, a su juicio, molestos. A la vez, el Gobierno turco teme enfadar a Rusia y que esta le pague desestabilizando aquellos escenarios como Siria, Libia y el Cáucaso, donde la sintonía entre ambos líderes ha permitido que cada país conserve su esfera de influencia. Pocos días antes del inicio de la invasión de Ucrania, el viceministro de Exteriores de Rusia, Mijail Bogdanov, explicó que las conversaciones entre los militares rusos desplegados en Siria y su contraparte turca estaban “muy avanzadas”, y pocos desean que se reanuden las hostilidades. En el recuerdo queda el bombardeo de hace dos años —que numerosos analistas achacan a la aviación rusa— que mató a 34 soldados turcos en Siria, pero que Ankara evitó atribuir a Moscú. “Turquía y Rusia han conseguido atemperar sus diferencias. Hay temas en los que no están de acuerdo, pero tratan de que eso no empañe sus relaciones”, defiende Emre Ersen, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Mármara.

La prudencia turca también se explica por razones económicas. Turquía compra a Rusia un tercio del gas y un cuarto del petróleo que consume, y una empresa rusa construye la primera central nuclear turca. El 80% del trigo que importa Turquía proviene de Rusia y Ucrania, y lo mismo ocurre con otros cereales y el aceite de girasol. El encarecimiento en las materias primas puede tener un efecto nocivo en una Turquía donde los precios se han doblado en apenas un año. Ersen subraya, además, que las sanciones contra Rusia y el propio conflicto pondrán en aprietos dos métodos turcos para obtener divisa: el turismo (rusos y ucranianos son el 27% de los visitantes a Turquía) y la construcción en el exterior (empresas turcas tienen proyectos por valor de 18.000 millones de euros en Rusia).

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Alianza estratégica con Ucrania

A pesar de esta aparente posición neutral, hay un gran enfado turco con Rusia por su ataque a Ucrania, asevera Yörük Isik, analista del think-tank estadounidense Middle East Institute y director de la consultora estambulí Bosphorus Observer, especializada en temas marítimos. Erdogan se reunió con Zelenski en Kiev solo tres semanas antes de la intervención rusa: firmaron un tratado de libre comercio y el líder turco se ofreció a mediar ante Moscú. “Turquía es el principal inversor extranjero en Ucrania, y allí hay cientos de empresas y miles de ciudadanos turcos. Esta relación tiene un aspecto militar muy importante, porque son dos países que se complementan perfectamente. Lo que Turquía necesita desesperadamente, por ejemplo motores y tecnología aérea, lo tiene Ucrania, y viceversa”, apunta Isik.

Ucrania ha comprado vehículos militares a Turquía, ha encargado la construcción de corvetas y ha recibido al menos una docena de drones artillados Bayraktar TB2. La semana pasada llegó un segundo lote, ya en plena guerra, pero el Gobierno turco se escudó en que son acuerdos comerciales llevados a cabo por una empresa privada (empresa, eso sí, que pertenece a la familia de un yerno de Erdogan). Estos drones se han mostrado efectivos frente al avance ruso, tanto que en las redes sociales se ha popularizado una canción en honor al arma de fabricación turca. Además, empresas militares turcas habían llegado a acuerdos con la fábrica ucraniana Motor Sich para manufacturar los motores de los nuevos helicópteros de ataque turcos, de los drones TB2 y de un modelo superior, el Akinci. Esa fábrica está situada en Zaporiyia, cerca del frente de combate, y, cree Isik, “probablemente se convertirá en un objetivo de Putin”.

Teniendo en cuenta esto se entiende que Turquía haya invocado la Convención de Montreux y haya prohibido el tránsito por los estrechos del Bósforo y los Dardanelos (a través de los que se comunican el Mediterráneo y el mar Negro) a los barcos militares rusos, una medida exigida por Kiev desde el primer día de ofensiva. La pasada semana, el ministro de Exteriores turco, Mevlüt Çavusoglu, anunció que se había pedido a Moscú retirar una petición de paso de cuatro buques. Según Reuters, se trataba de dos destructores, una fragata y un navío de reconocimiento.

“Esto son palabras mayores”, dice Isik, que asegura que durante varias semanas esta flotilla estuvo compuesta por siete naves, parte de ellas de la flota rusa del Pacífico y una armada con misiles de crucero, y estuvo dando vueltas en el norte del mar Egeo hasta que varios buques partieron hacia el sur, lo que indicaría que “Turquía presionó a Rusia incluso antes de aplicar Montreux para evitar que esos buques entrasen al mar Negro”. Para endulzar el mal trago a Rusia, Çavusoglu ha hecho extensible la prohibición del paso de buques militares por los estrechos “a todos los estados”, algo que no está recogido en la Convención de Montreux, que se ciñe únicamente a los estados beligerantes. Lo interesante, resalta el experto naval, es que la OTAN sacó sus naves del mar Negro a finales de enero, cuando es habitual que siempre haya alguna en patrulla rotatoria: “Probablemente, alguien en Bruselas tomó la decisión de no dar a Rusia la oportunidad de buscar provocaciones que utilizar como excusa”.

El cierre de los estrechos turcos no tendrá gran efecto en la ofensiva en Ucrania a corto plazo, puesto que ya hay una importante presencia naval rusa en el mar Negro, incluidos seis buques de sus flotas del Norte y el Báltico. Pero, sostiene el profesor Ersen, a medio-largo plazo podría afectar a la comunicación con el despliegue ruso en Siria, ya que obliga a que todos los suministros lleguen por vía aérea.

Otro efecto del conflicto, si no se detiene pronto, puede ser que Turquía refuerce su cooperación con países del Este de Europa como Bulgaria, Rumanía y Polonia si se siente “amenazada” por Rusia, opina Ataman. E igualmente, podría resultar en la normalización de las relaciones entre Turquía y la OTAN, toda vez que Ankara está mostrando “su valor estratégico para la seguridad en Europa”.

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