Mostrando entradas con la etiqueta Mariupol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mariupol. Mostrar todas las entradas


Mariupol es un punto clave en el mapa de la ofensiva rusa. Se encuentra entre la península de Crimea, controlada por Rusia desde 2014, y la región separatista del Donbás, donde el presidente ruso Vladímir Putin ha declarado que centrará los esfuerzos de su invasión a partir de ahora. Mariupol es el “puente de tierra” entre las dos zonas, es decir, la conexión entre estas áreas separadas. Y, además, tiene un puerto en el mar de Azov.

A través de seis imágenes de satélite se puede observar el impacto de la invasión sobre esta ciudad, donde se han registrado 5.000 muertes en poco más de un mes como resultado de los ataques, según las autoridades locales.

8 de enero | Los focos de calor en la capital del acero

Un mes y medio antes de la invasión, los satélites Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea y Landsat de la NASA mostraban Mariupol como lo que era en tiempos de paz: una ciudad portuaria con una industria metalúrgica que le valía el sobrenombre de “capital del acero” de Ucrania. Los sensores de estos aparatos permiten captar focos de calor en la ciudad que normalmente se asocian a incendios o industrias cuya actividad emite calor visible, por ejemplo, en chimeneas.


Focos de calor procedentes

de la actividad industrial

Fábrica metalúrgica

de Azovstal

Focos de calor

procedentes de

la actividad industrial

Fábrica metalúrgica

de Azovstal


En la imagen se aprecian esos puntos en un día cotidiano en los altos hornos ubicados al norte y en la extensa fábrica de Azovstal, a orillas del mar de Azov, mientras en las zonas residenciales no se detecta nada. Tras el comienzo de la guerra, los focos de calor se han convertido en un diario de los bombardeos, explosiones y fuegos que rodean al conflicto.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

9 de marzo | Asedio y bombardeos

Los primeros pasos de las tropas rusas evidenciaron su avance hacia Mariupol desde diferentes direcciones. Según Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), el 26 de febrero ya habían tomado la vecina ciudad de Berdiansk, al oeste, y las localidades de Pyschevik y Pavlopol ubicadas al este, en el camino desde el Donbás. A lo largo de este mes, la intensa nubosidad sobre la región impidió las mediciones del satélite.


Primeros focos de calor fruto

de la guerra

Rusia se acerca por el este,

Livoberezhnyi comienza a

recibir ataques

Ataque al hospital

materno-infantil

El 9 de marzo se detectan los

primeros focos de calor fruto

de la guerra

Las tropas rusas se acercan

por el este y el distrito de

Livoberezhnyi comienza a

recibir ataques

Ataque al hospital

materno-infantil


A inicios de marzo, los primeros claros dejaron patente cerco a la ciudad y arreciaron los bombardeos dirigidos a infraestructuras críticas y zonas residenciales. El ISW interpretó esta estrategia como un intento de destruir la urbe o forzar la rendición de sus habitantes. El día 9, durante el alto al fuego que debía facilitar las evacuaciones en los corredores humanitarios pactados por Kiev y Moscú, las bombas alcanzaron un hospital materno-infantil. Tres personas murieron en el ataque, entre ellas un niño.

Una mujer entre las ruinas del hospital. Evgeniy Maloletka.

Una sanitaria en el interior del edificio. Evgeniy Maloletka.

14 de marzo | Brutalidad sin avances

Rodeada la ciudad, los rápidos progresos rusos de las semanas anteriores dieron paso a un tenso paréntesis impuesto por los arduos esfuerzos de ambos bandos en el ataque y defensa de la ciudad portuaria. Las tropas rusas lograron pequeños avances sobre el territorio. Uno de ellos fue la toma de la fábrica de Azovstal, que sufrió un intenso bombardeo cuatro días más tarde. El líder checheno, Ramzan Kadyrov, afirmó el 14 de marzo que 5.000 de sus soldados están luchando cerca de Mariupol.

Un análisis de imágenes satelitales de la misma fecha publicado por UNOSAT cifraba en 773 los edificios dañados en el transcurso del conflicto en los distritos de Livoberezhnyi y Zhovtnevyi Districts. Entre estos hay ocho colegios y cuatro hospitales.


Landsat 8 captura la estela de un avión y su sombra. Se ha interpretado como el rastro de un posible bombardeo

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

El 14 de marzo Landsat 8 capturó la estela de un avión y su sombra. Algunos expertos lo han interpretado como el rastro de un posible bombardeo

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

Misiles lanzados contra las instalaciones de Azovstal el 18 de marzo (destacados en amarillo).
azov.org.ua

19 de marzo | Destrucción del teatro de Mariupol

La completa desaparición de la actividad industrial en la ciudad se aprecia con claridad en la imagen del 19 de marzo. Las mayores concentraciones de focos de calor se ubicaban entonces en el centro, donde tres días antes se erguía el teatro de Mariupol. El bombardeo a este edificio se saldó con la muerte de unas 300 personas que se refugiaban en su interior, según las autoridades locales.

De acuerdo con el ISW, las tropas rusas se encontraban el 18 de marzo a diez kilómetros del centro y los barcos de guerra que cruzaban el Bósforo hacia el mar Negro era indicio de la proximidad de una operación anfibia pensada para rodear la ciudad por completo.


No se observa ninguna actividad en los complejos industriales

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad

No se observa ninguna actividad en los complejos industriales

Los ataques rusos alcanzan también el oeste de la ciudad



Vista del teatro de Mariupol (Ucrania). El 19 de marzo (a la izquierda) y el 14 de marzo.

Vista del teatro de Mariupol (Ucrania) el 19 de marzo (a la izquierda) y el 14 de marzo. AFP.

21 y 22 de marzo | Lento avance, constante bombardeo

Las imágenes superpuestas de los días 20 y 21 de marzo muestran una intensidad de la actividad bélica que, sin embargo, no se tradujo en progresos notables de las tropas rusas sobre el terreno. Lo que sí es apreciable es la huella de las deflagraciones: las áreas donde que los satélites ubican focos de calor aparecen al día siguiente oscurecidas por el fuego.

Imágenes publicadas en las redes sociales situaban entonces a los soldados chechenos en las inmediaciones del complejo industrial de Azovstal, y el ISW señalaba que el ejército de Putin estaba reforzando sus posiciones de artillería al noreste de Mariupol.


Las tropas rusas refuerzan sus posiciones de artillería

Las tropas rusas refuerzan sus posiciones de artillería


Vista aérea de Mariupol el 23 de marzo

29 de marzo | Caída inminente

El cambio de estrategia anunciado por Rusia el 25 de marzo, un día después de que las tropas entrasen en el centro de Mariupol, no redujo la intensidad de los ataques sobre la ciudad. Durante la última semana, las fuerzas rusas han continuado su avance, calificado como “lento y probablemente doloroso” por el ISW.

De acuerdo con las últimas estimaciones de las autoridades locales, 140.000 residentes habían abandonado la ciudad antes del comienzo del asedio y otras 150.000 se marcharon después, con lo que aún seguirían ahí unas 170.000 personas sin acceso a alimentos, agua, electricidad, calefacción o atención médica. El 24 de marzo, un ataque ucranio complicó la llegada de refuerzos enemigos al hundir dos barcos rusos que se encontraban en la vecina localidad de Berdiansk. Pese a la resistencia local, la caída de Mariupol se considera inminente desde hace días y un 90% de sus edificios han sido dañados, según la alcaldía.


El 24 de marzo las tropas rusas penetran en el centro de la ciudad

El 24 de marzo las tropas rusas penetran en el centro de la ciudad


Una profesora y un trabajador metalúrgico cocinan en la entrada de un sótano el 30 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Un soldado prorruso camina entre las ruinas de un edificio residencial el 30 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Una mujer monta en bicicleta ante los restos de un autobús quemado el 29 de marzo.Alexei Alexandrov (AP).

Un convoy prorruso en una carretera que lleva a Mariupol el 28 de marzo. Alexander Ermochenko (Reuters).

Metodología:

Los sensores de los satélites Sentinel-2 de la Agencia Espacial Europea y Landsat 8 de la NASA ‘ven’ más allá de las bandas espectrales que percibe el ojo humano. Gracias a estos sistemas, una imagen parecida a la que tendríamos desde la ventana de un avión se amplía con bandas espectrales adicionales que permiten obtener medidas como la vitalidad de la vegetación o, en este caso, los focos de calor visibles sobre el terreno.

En este análisis se han combinado las imágenes que muestran el color verdadero del terreno con los puntos de calor que se detectan combinando rangos espectrales de infrarrojo cercano y de onda corta.

Fuentes:

Sentinel-2 (Agencia Espacial Europea), Landsat 8 (NASA), Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), Center for Information Resilience (Cen4InfoRes)

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Contenido exclusivo para suscriptores

Lee sin límites





Source link


Unas 300 personas murieron en el bombardeo contra el Teatro Dramático de Mariupol, según las autoridades locales, lo que convertiría el ataque al edificio, que cientos de personas usaban como refugio en la ciudad portuaria sitiada por las fuerzas rusas desde hace semanas, en el más mortífero conocido hasta ahora de la guerra de Rusia contra Ucrania. Kiev denuncia que el edificio, que se avisaba con grandes letras blancas en el suelo que albergaba “niños”, fue atacado por un misil ruso.

La ONU calcula en 1.081 los civiles muertos desde el inicio de la invasión, aunque asume que la cifra está subestimada. En Mariupol, en el mar de Azov, donde se libran feroces batallas entre las tropas ucranias y rusas, la población sigue en situación catastrófica. El Ayuntamiento asegura que unas 150 personas sobrevivieron al ataque al teatro el día 16, y citó a testigos presenciales para contar los fallecidos, aunque no especificó cómo había llegado a la estimación o si los servicios de emergencia han terminado de excavar en las ruinas del edificio en una ciudad que se ha convertido en símbolo de los ataques contra la población civil.

Naciones Unidas ha declarado este viernes que tiene cada vez más evidencias de fosas comunes en Mariupol, entre ellas, evidencias de imágenes por satélite. El asedio y los ataques indiscriminados y constantes contra inmuebles civiles en una ciudad ahora casi reducida a escombros hacían imposible enterrar a los muertos.

La oficina de derechos humanos de la ONU está investigando informes de que las fuerzas rusas dispararon y mataron a civiles en sus automóviles mientras huían de Mariupol, decenas de casos de desapariciones de funcionarios y periodistas ucranios en varios puntos del país y el movimiento forzado de civiles al territorio controlado por Rusia. El Kremlin niega que haya atacado civiles y ha llegado a acusar a Ucrania de fabricar las acusaciones, incluso en el ataque a la maternidad de la ciudad.

Mientras cientos de civiles tratan de salir desesperadamente de Mariupol, rodeada por las fuerzas rusas, y otros muchos quieren entrar en la ciudad a llevar ayuda y evacuar a sus seres queridos. La situación es cada vez más dramática en la ciudad, donde las fuerzas del presidente ruso, Vladímir Putin, controlan ya el puerto y tres barrios. Las fuerzas rusas han hecho un progreso lento pero constante en Mariupol y entraron en el centro de la ciudad el 24 de marzo. Las autoridades locales se habían replegado para coordinar la evacuación.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

El Gobierno ucranio estima en unos 100.000 los civiles que quedan en la ciudad. “Cada vez más muertes por inanición”, ha alertado el Ayuntamiento de Mariupol en una publicación en Telegram. “Cada vez más personas se quedan sin alimentos. Y todos los intentos de lanzar una operación humanitaria a gran escala para salvar a la gente de Mariupol están bloqueados por la parte rusa”.

Este viernes, un alto cargo de la policía ucrania que estuvo en la ciudad portuaria en 2014 durante la guerra de la región del Donbás, cuando las tropas de Kiev vencieron allí a los separatistas prorrusos apoyados e impulsados por el Kremlin, ha ofrecido entregarse a las fuerzas rusas allí a cambio de un paso seguro para los niños que aún quedan en la ciudad sitiada. “Hoy, muchos niños permanecen en la ciudad completamente destruida, y si no se salvan ahora, morirán en los próximos días”, escribió en Facebook el comandante de policía Vyacheslav Abroskin.

Dos vecinos sentados en un banco delante de edificios destruidos por los bombardeos en Mariupol, el 25 de marzo.
Dos vecinos sentados en un banco delante de edificios destruidos por los bombardeos en Mariupol, el 25 de marzo. ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

“El tiempo se está acabando. Hago un llamamiento a los ocupantes rusos: den la oportunidad de sacar a los niños de Mariupol. En lugar de niños vivos, me ofrezco a mí mismo”, ha añadido Abroskin, que ha pedido tres días dentro de la ciudad para encontrar al mayor número de menores posible y organizar su evacuación. “En el último punto de control durante el viaje de regreso con los niños, me rendiré. Esta es mi iniciativa personal. Mi vida me pertenece solo a mí y la ofrezco a cambio de las vidas de los niños que aún permanecen en Mariupol”, dijo.

Es en el sur de Ucrania donde Rusia —que tiene sus tropas estancancadas en muchos puntos y ahora está repensando y rebajando sus objetivos militares al afirmar que su intención era solo controlar la región del Donbás en el este— ha logrado sus mayores logros. El Kremlin ha asegurado un corredor terrestre parcial entre la península ucrania de Crimea, que Moscú se anexionó ilegalmente en 2014, hasta los territorios de Donbás que controla a través de los separatistas prorrusos. Y lo tendría completo a falta de Mariupol.

El Ministerio de Defensa ucranio ha reconocido este viernes que las fuerzas del Kremlin han tenido un “éxito parcial” al asegurar suficiente territorio alrededor de la sitiada ciudad portuaria de Mariupol para mover tropas y suministros entre Crimea y Rusia.

Si logra hacerse con esta ciudad, Putin podría replantearse la ofensiva. Es un logro que puede vender en casa, no solo por el corredor y porque Mariupol está en Donbás (y casa con su retórica de la “operación especial en Donbás”), sino también por su simbolismo: la urbe es sede del batallón Azov de orígenes ultranacionalistas y uno de los batallones de voluntarios que en 2014 se sumaron a la batalla ante las carencias del Ejército ucranio. Desde entonces se ha reformado, tiene nuevos miembros y ahora es un brazo más del Ejército, parte de la guardia nacional. Sin embargo, su derrota en su territorio podría casar también con la retórica de Putin de “desnazificación” y podría también presentarlo en casa como una victoria, pese a las enormes pérdidas de Rusia, que por primera vez en semanas ha informado este viernes de sus bajas: 1.351 militares muertos y 3.825 heridos. Ucrania, que no ha publicado sus cifras, estima en 15.000 los soldados rusos muertos.

Mientras el Kremlin habla de sus objetivos en Ucrania y asegura que todo va “conforme al plan”, siguen los feroces ataques. Este viernes, un ataque con misiles ha alcanzado una instalación militar en Dnipró, una ciudad estratégica en el centro del país, para la logística y el transporte. Además, las fuerzas rusas están endureciendo los ataques contra Járkov, la segunda ciudad del país y de mayoría rusófona, donde han atacado un edificio en el que se repartía ayuda alimentaria. Hay seis muertos y 15 heridos en una localidad muy castigada ya por las bombas.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Mariupol va camino de convertirse en una de las ciudades borradas casi hasta los cimientos: Gernika, Coventry, Alepo, Grozni. Este domingo, después de semanas de un estrechísimo y virulento cerco a la ciudad portuaria, de intensos bombardeos y de un asedio feroz, Rusia ha dado un ultimátum a las fuerzas ucranias: que entreguen lo que queda de Mariupol, se rindan y abandonen la localidad antes de las cinco de la mañana (hora de Moscú, cuatro de la mañana hora de Ucrania y tres de la mañana hora peninsular española). El Ministerio de Defensa ruso remarca que en en la ciudad se está produciendo una “catástrofe humana” y culpa de ello a las “fuerzas nacionalistas”. Moscú ha acusado a Kiev de utilizar “nazis”, “mercenarios extranjeros” y “bandidos” para mantener como rehenes a centenares de civiles en la ciudad. “Bajen las armas. Todos los que lo hagan tienen garantizado un paso seguro fuera de Mariupol”, ha exigido el director del Centro Nacional Ruso para la Gestión de la Defensa, Mijail Mizintsev en una sesión informativa este domingo. “Las autoridades de Mariupol ahora tienen la oportunidad de tomar una decisión y pasarse al lado del pueblo, de lo contrario, el tribunal militar que les espera es solo un poco de lo que merecen por sus terribles crímenes, que la parte rusa está documentando cuidadosamente”, ha añadido.

El ultimátum llega tras días de un asalto cada vez más brutal a la ciudad y que se ha agudizado en las últimas horas. Y cuando el Kremlin, en otra exhibición de músculo militar utilizó por primera vez sus nuevos misiles hipersónicos. Lo ha hecho contra áreas civiles en el oeste de Ucrania, no demasiado lejos de territorio de la OTAN. Mientras, los combates en Mariupol son durísimos. A horas de expirar el plazo límite dado por el Kremlin, las tropas de Vladímir Putin, que invadieron Ucrania el 24 de febrero, ya controlan tres barrios y están luchando en el centro de la localidad, una zona en llamas y con edificios arrasados hasta los cimientos. Además, se han hecho con el control del puerto. Mientras, la ciudadanía de la que fue una vez una próspera urbe industrial, trata de salir como puede de la ratonera de Mariupol a través de los corredores humanitarios, bajo el fuego de artillería y dejando toda su vida atrás; en muchas ocasiones también dejando atrás a familiares y seres queridos de los que tras 25 días de guerra ya nada saben. Mariupol se ha convertido también en la ciudad de los desparecidos.

Muchos de los que pudieron escapar antes de lo que puede ser la ofensiva final vagan por el circo estatal de Zaporiyia, en el centro-sur del país, convertido en un lugar de primera acogida para desplazados por la invasión. Un circo que ya no es un circo. Ya no están los “payasos divertidos”, que anuncia el colorido cartel de la función que debía representarse estos días: “Expresión”. Tampoco “bola de coraje, una atracción única e inimitable donde motociclistas realizan trucos locos y encantadores dentro de una bola de metal”. Ahora, el circo de Zaporiyia es un núcleo de vidas rotas por la guerra de Putin contra Ucrania. De personas evacuadas que tratan de escapar de las bombas que fulminan ciudades como Mariupol y que temen qué más puede padecer la ciudad cuando expire el ultimátum del Kremlin. De personas que buscan, que revisan las decenas de carteles caseros pegados a la entrada rastreando pistas a sus seres queridos: una madre que quedó atrás en la huida, un hermano con quien se perdió el contacto hace semanas en medio de los ataques, un esposo que se cree capturado por las fuerzas de ocupación rusas, un padre que puede ser uno de esos cadáveres que yacen sin recoger y sin enterrar en las calles de lo que queda de la ciudad del mar de Azov, asediada por las tropas del Kremlin.

Un cartel con la fotografía de un chico: “Atención, residentes de Mariupol: un equipo de artistas de Ucrania, familiares y amigos buscan al artista gráfico Daniil Sergeevich Nemirovski (1993), que estuvo en el refugio de la Academia Nacional de Bellas Artes hasta el 1 de marzo y salió para buscar a sus abuelos insulinodependientes. Desde entonces no se sabe nada de él”. Vladímir lleva un buen rato de pie, muy quieto, leyendo todos los mensajes. Busca a su esposa, Alexandra, de 32 años. “Estábamos separados desde hace unos meses, pero quiero saber cómo está, dónde, no sé nada de ella”, cuenta. Él escapó de Mariupol el jueves en coche con varios compañeros de trabajo. Se unieron a un convoy humanitario y ahora busca y busca en el circo de Zaporiyia.

Cada nombre, cada letra en esas decenas de mensajes es una historia. Y quizá una decena de personas que la extrañan y buscan. O más. Cuánta gente se daría cuenta si un día faltáramos. El viernes, una mujer con dos chiquillos pequeños pegó un cartel con su nombre, su teléfono y un mensaje en el que pedía pistas de su esposo. Los soldados rusos se lo llevaron seis días antes. No le volvió a ver. Cómo se escapa de un infierno cuando se deja atrás, en el horror, a un ser querido.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Con el avance de las tropas del Kremlin algo estancadas en la ofensiva, las fuerzas de Putin se aplican con ferocidad contra objetivos civiles y refuerzan el asedio a Mariupol, pieza clave para Rusia. Desde que Rusia la cercó, unas 24.000 personas habían logrado hasta el sábado salir de la ratonera en la que se ha convertido la localidad portuaria (con unos 400.000 censados antes de esta guerra), que lleva semanas estrangulada, bombardeada, sin agua, luz, gas o calefacción, donde escasean los alimentos y los fármacos.

Un cadáver cubierto por una manta en una calle de Mariupol, este domingo.
Un cadáver cubierto por una manta en una calle de Mariupol, este domingo. ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

Pero se cree que todavía pueden quedar allí, en medio de los fuertes combates, unas 300.000 personas en una situación que las organizaciones sanitarias, como Médicos sin Fronteras o la Cruz Roja, con personal sobre el terreno, describen como “catastrófica”. Uno de los regimientos ucranios que lucha en la ciudad, el batallón Azov (que empezó en 2014 como una milicia voluntaria de corte ultranacionalista hasta que las Fuerzas Armadas la absorbieron como parte de la guardia nacional), afirma que cuatro buques de guerra han bombardeado la ciudad desde el mar, que ya controlan por completo. También, la planta metalúrgica AzovStal, la mayor de Europa.

Mientras se abren camino en la conquista de Mariupol, las tropas de Putin, que como parte de ese ultimátum ofrecen también un alto el fuego hasta las 10 de la mañana de Moscú (las 8.00 hora peninsular española) para organizar evacuaciones de la ciudad, han implantado la estrategia de capturar a población civil y deportarla en contra de su voluntad a Rusia, aseguran las autoridades ucranias. Y de derivar algunos de los corredores humanitarios para escapar del infierno de una ciudad en llamas al país agresor. “Lo que los ocupantes están haciendo hoy es familiar para la generación anterior, que vio los horribles eventos de la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis capturaron a la fuerza a las personas”, ha denunciado el alcalde de Mariupol, Vadym Boychenko, en una publicación en su canal de Telegram. “Es difícil imaginar que en el siglo XXI las personas sean deportadas a la fuerza a otro país”. La política de las detenciones también se repite en las ciudades ocupadas con alcaldes, concejales, periodistas y personas que han organizado marchas contra la invasión y las tropas rusas. Las fuerzas de Putin han conquistado Berdiansk, Jersón, Melitopol y otras. Pero tienen que conservarlas. No solamente frente al Ejército ucranio: allí la ciudadanía no les ha recibido con flores.

Ataque a una escuela de arte

Los ataques son constantes en Mariupol. Este domingo, mientras los servicios de emergencia buscaban supervivientes del ataque el jueves al Teatro Dramático de la ciudad, donde según las autoridades se refugiaban cientos de personas y solo se ha rescatado por ahora a 130, un nuevo bombardeo estalló en una escuela de arte, en el este de la urbe, donde se escondían unas 400 personas, según el Ayuntamiento. Kiev ha acusado a Rusia de ese nuevo ataque indiscriminado contra la población civil en su estrategia de tierra quemada. Moscú asegura que no ataca objetivos civiles y a su vez acusa a las autoridades ucranias y al Ejército de Kiev de montar farsas para culpar al Kremlin y de bombardear a sus propios ciudadanos.

Unos 4.000 civiles han muerto en Mariupol, según las autoridades locales, desde que comenzaron los combates. La ciudad es geoestratégicamente muy importante para Putin porque permitiría crear un corredor terrestre desde Crimea (que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014) a los territorios del Donbás, que Moscú controla a través de los separatistas prorrusos. Pero también es muy simbólica porque es sede del batallón Azov.

Esos 4.000 muertos, sin embargo, son solo una estimación. Al principio los funcionarios de Mariupol llevaban un recuento —incluso un pequeño mapa— con la intención de organizar la recogida de los cuerpos. Después se hizo imposible. Hay fosas comunes con personas sin identificar. Quizá uno de esos nombres de los carteles del circo de Zaporiyia. O de los grupos de Telegram en los que los vecinos se intercambian desesperadamente cualquier información útil. Y vídeos de la ciudad. Y fotos en las que se puede ver la destrucción de sus casas.

Viktoria Káshpor ha puesto un cartel en el circo de Zaporiyia para buscar a sus abuelos, a su hermana y a su sobrino. Llegó el viernes a la ciudad con su esposo, sus dos hijos y su yerno. “No sé dónde está el resto de mi familia. Ni lo que necesitan. Sé que mis abuelos se quedaron en su garaje, pero no pudimos llegar allí. Bombardearon mi casa y desde el 4 de marzo nos escondimos en el sótano con otras personas. No salimos durante dos semanas y media. Mi hija vino a buscarme, me agarró de la mano y simplemente corrimos”, relata. Pasaron 19 controles. Varios de ellos de las tropas rusas, que ya se han hecho con el control de una buena franja del sureste del país.

Un hombre miraba el tablón de anuncios donde las personas que han huido de Mariupol buscan noticias sobre sus familiares y amigos desaparecidos.
Un hombre miraba el tablón de anuncios donde las personas que han huido de Mariupol buscan noticias sobre sus familiares y amigos desaparecidos.María Sahuquillo

Viktoria se pudo duchar el viernes por primera vez en tres semanas. Y dormir en un apartamento (prestado), en una cama, con cristales en las ventanas. Pero también dice que aunque ahora no esté bajo los bombardeos constantes, tenga calefacción, agua, gas y comida, no puede descansar porque no sabe qué ha sido de sus seres queridos. “Traté de hacerles llegar mensajes de que estamos aquí, se lo digo a todo el mundo, a cada persona que me encuentro, por si alguien les conoce o se los encuentra, o sabe qué ha sido de ellos. Puede que incluso ellos lleguen y ya no tengan teléfono móvil, pero lean estos mensajes”, dice la mujer, de 45 años, que ahora es una de los 10 millones de personas que han tenido que dejar sus casas por la guerra de Putin.

Como un matrimonio mayor, de Enerhodar, donde las tropas rusas ocuparon la central nuclear, que come un plato de sopa en el centro de diversiones de Zaporiyia, donde las taquillas son ahora un punto de registro y el puesto de palomitas —dulces y saladas—, una improvisada farmacia. El circo ha atendido ya a unas 4.500 personas que han huido de distintas ciudades del sudeste del país, explica Vladislav Moroco, concejal de cultura de la ciudad y ahora uno de los responsables del centro. En los percheros del guardarropa cuelgan abrigos y jerséis donados. En el suelo, un rosario de botes de conservas. Un poco más allá, decenas de pares de zapatos que esperan la llegada de los desplazados que aún no han logrado salir tras numerosos corredores humanitarios fallidos.

Un cartel en picuda letra cursiva entre los anuncios del circo, dice: “Atención, pistas de Nosurov Vladímir y Ludmila Nosurova (91 años); Goltvenko Natalia (92 años); Gotvenko Alexander (91 años)”. ¿Los padres de alguien? ¿Tíos? ¿Abuelos? Otro anuncio con una dirección de Mariupol muestra la fotografía de una mujer sonriente, de cabello corto y vestido de verano: “Borisova Natalia Evgenievna (1964). No se sabe nada de ella desde el 2 de marzo”. Otro más, en boli azul y letra apresurada: “Busco a mi madre, Svetlana Baranovich (64). Desaparecida en Mariupol desde el 1 de marzo”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



Las tropas rusas continúan con sus ataques contra la población civil. Según ha denunciado el Ayuntamiento de Mariupol en un mensaje de Telegram, Moscú bombardeó este sábado la escuela de Arte G12 de la ciudad portuaria del mar de Azov donde se escondían unos 400 civiles, la mayoría, mujeres, niños y ancianos. Aunque se desconoce el número de víctimas, el Consistorio asegura que el edificio ha sido destruido y que hay “gente bajo los escombros”.

“El sitio de Mariupol pasará a la historia por la responsabilidad rusa en crímenes de guerra”, denunció este sábado por la noche el presidente ucranio, Volodímir Zelenski. Unas 400.000 personas han estado atrapadas en Mariúpol durante más de dos semanas en medio de intensos bombardeos que han cortado los suministros centrales de electricidad, calefacción y agua, según las autoridades locales, que calculan que solo han podido escapar unas 20.000 personas.

Los bombardeos, de acuerdo con las autoridades ucranias, han estado dirigidos también contra objetivos civiles. El pasado jueves, el Ayuntamiento de Mariupol denunció el bombardeo contra el Teatro Dramático de la ciudad, que daba refugio a centenares de personas —hasta 1.300, en función de las fuentes—. Hasta el momento, solo han podido ser rescatadas 130 personas, según el Consistorio, ya que los equipos de rescate no pueden seguir retirando escombro como consecuencia del fuego de artillería y de los constantes bombardeos rusos.

Deportaciones a Rusia

La Defensora del Pueblo de Ucrania, Ludmila Denisova, ha denunciado este domingo que en los últimos días varios miles de residentes de la ciudad asediada de Mariupol han sido deportados a Rusia. Se trata, ha dicho, de personas, en su mayoría mujeres y niños, que se escondían de los “constantes bombardeos” en el refugio antiaéreo de un club deportivo de la ciudad, ha dicho en su canal de Telegram. “Sabemos que los residentes de Mariupol capturados fueron llevados a campos de filtración, donde los soldados rusos revisaron sus teléfonos móviles y documentos. Después de la inspección, algunos fueron trasladados a la ciudad rusa de Taganrog [a orillas del mar de Azov] y desde allí enviados por ferrocarril a varias ciudades económicamente deprimidas de Rusia”, ha señalado.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

“A nuestros ciudadanos [ucranios] se les ha hecho entrega de unos documentos que les obligan a residir en una ciudad concreta. No van a tener derecho a abandonar esas localidades durante al menos dos años, con la obligación de trabajar en un lugar determinado que se especifica en ese documento. La suerte de los demás se desconoce”, ha añadido Denisova. La defensora del pueblo ha acusado a Rusia de violar las leyes internacionales, incluyendo la convención de Ginebra, y ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional a incrementar las sanciones.

Aunque los combates continúan en Mariupol, el Ejército ucranio no cree posible enviar refuerzos. Según ha señalado Olexij Arestowystsch, asesor de Zelenski, “actualmente no hay solución militar para Mariupol”, que ya ha perdido el control del puerto. “No es solo mi opinión, es también la opinión de los militares”, ha señalado.

Este mismo domingo, el Kremlin ha asegurado haber utilizado de nuevo misiles hipersónicos, lanzados desde Crimea y que habrían destruido “un gran almacén de combustible” en Konstantinovka, en el sur del país. El sábado fue la primera vez que Rusia usó este armamento capaz de burlar las defensas antiaéreas, tal y como anunció Moscú y más tarde confirmaron fuentes estadounidenses a la televisión CNN.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Tropas prorrusas con uniformes sin insignias conducían este sábado un vehículo blindado por Mariupol.
Tropas prorrusas con uniformes sin insignias conducían este sábado un vehículo blindado por Mariupol.STRINGER (REUTERS)

Serguéi Zozulya les pidió a los médicos que trataran de salvarle la mano. Que le dieran “una oportunidad”. Tumbado en una camilla del hospital regional de Mariupol, sin agua, sin calefacción, con las ventanas sin vidrios apenas cegadas con láminas de madera y de cartón, Zozulya cerró los ojos y con el estómago encogido trató de no mirar. Los fármacos escaseaban incluso allí y hacía días que la anestesia general se había acabado, le dijeron los sanitarios. Le durmieron el brazo y parte del torso “con algo”, cuenta. Y le cosieron como pudieron.

Horas antes, cuando trataba de calentar una cacerola con sopa en una fogata del patio de su edificio, donde los vecinos cocinaban como podían, sintió un fortísimo golpe en el brazo y una explosión. “Caí al suelo y vi que mi mano ya no era una mano”, relata en voz baja y tono tranquilo. Después, carreras, un torniquete y al hospital. Allí, tumbado en la sala de operaciones —una sola para varios pacientes para economizar la electricidad del generador que permite al centro seguir funcionando en una ciudad convertida en escombros y sin suministros básicos— oyó que llevaban a una mujer embarazada, con el pie amputado desde el tobillo y una herida abierta en el vientre. “Ya no había bebé. Las enfermeras comentaron que los aviones rusos habían bombardeado dos hospitales. Uno, la maternidad de Mariupol. Era el 9 de marzo”, dice Serguéi.


Anexionada por

Rusia en 2014

Nota: ¿Qué es control? Mantener influencia física sobre un área para evitar su uso por el enemigo. Puede lograrse ocupándola o dominándola con armas. No implica gobernanza ni legitimidad. Fuentes: Institute for the Study of War y American Enterprise Institute’s Critical Threats Project (para avances y zonas controladas); Inteligencia del Reino Unido (ciudades cercadas); EL PAÍS y otras fuentes (combates y bombardeos).

Anexionada por

Rusia en 2014

Nota: ¿Qué es control? Mantener influencia física sobre un área para evitar su uso por el enemigo. Puede lograrse ocupándola o dominándola con armas. No implica gobernanza ni legitimidad. Fuentes: Institute for the Study of War y American Enterprise Institute’s Critical Threats Project (para avances y zonas controladas); Inteligencia del Reino Unido (ciudades cercadas); EL PAÍS y otras fuentes (combates y bombardeos).

Anexionada por

Rusia en 2014

Nota: ¿Qué es control? Mantener influencia física sobre un área para evitar su uso por el enemigo. Puede lograrse ocupándola o dominándola con armas. No implica gobernanza ni legitimidad. Fuentes: Institute for the Study of War y American Enterprise Institute’s Critical Threats Project (para avances y zonas controladas); Inteligencia del Reino Unido (ciudades cercadas); EL PAÍS y otras fuentes (combates y bombardeos).

Es el día 24 de la guerra del presidente ruso, Vladímir Putin, contra Ucrania y la familia Zozulya ya no tiene casa. Serguéi ni siquiera sabe si conservará la mano. Lleva el brazo derecho en cabestrillo con una apretada venda que ha visto días mejores y que necesitaría un lavado urgente. Pero el hombre, de 47 años, su esposa, Oksana, y sus dos hijos, están vivos y han escapado del horror. Han huido de Mariupol, una ciudad convertida en ruinas humeantes.

Unas personas caminaban el viernes por las calles devastadas de Mariupol.
Unas personas caminaban el viernes por las calles devastadas de Mariupol.STRINGER (REUTERS)

No saben cuánto durará, pero por primera vez en semanas pueden estirar las piernas al aire libre más de cinco minutos sin tener que correr a acurrucarse en el sótano por los bombardeos. Aunque sea en el aparcamiento de un anodino centro comercial de Zaporiyia (en el todavía no demasiado atacado centro-sur de Ucrania), transformado en un punto de primera respuesta para atender a desplazados por la invasión del Kremlin. Sobre todo de Mariupol, de donde se calcula que a duras penas han escapado unas 20.000 personas, según las autoridades. Gente que lo ha perdido casi todo. Como ellos, que hasta hace un mes pensaban en el horizonte de las vacaciones, de los paseos familiares por la playa bajo el sol. De otro día de trabajo para Serguéi, que se dedica al alquiler de bungalows en el mar de Azov. De otra carantoña para el pequeño Nikita, un chiquillo rubio y mofletudo de un año y ocho meses, o de las buenas notas de Igor, de 13 años, que camina como una fierecilla desenjaulada por el recinto.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Los Zozulya han tardado casi un día en llegar a lo que todavía y pese a ataques puntuales parece un puerto seguro. Han llegado en coche, con Serguéi al volante, cambiando de marchas como pudo, con una sola mano, la izquierda. Salieron el viernes de Mariupol, cuando un bombardeo alcanzó su edificio y fulminó en un suspiro el tercer y el cuarto piso y las llamas empezaron a devorar el resto. “Llevábamos viviendo en el sótano con los vecinos semanas porque los bombardeos y los disparos eran constantes”, suspira Oksana mientras trata de tranquilizar a Nikita, que llora a ráfagas mientras mira alrededor desconfiado. “Escriba usted que los aviones rusos están bombardeando la ciudad sin rumbo fijo. Los misiles y los cohetes caen en cualquier lugar. Incluso en una guardería”, pide Serguéi. “Nos liberan de no se sabe quién”, dice irónicamente Oksana. Viste dos o tres jerséis y un abrigo, pero aún así, la mujer parece menuda y frágil. “Ahora los rusos ya están en la ciudad y están tratando de borrarla hasta los cimientos. No hay remedio. Solo marcharse”, dice la mujer de 43 años, encogiéndose de hombros.

Tras semanas de intensos combates, Ucrania ha perdido el control del mar de Azov. Las tropas del Kremlin se han hecho con el puerto de Mariupol, el principal de esas aguas, y han entrado ya en la estratégica ciudad. Con algo más de 400.000 habitantes, la urbe portuaria, es una de las piezas clave de las aspiraciones de Putin. Su control permitiría a Moscú una mejor logística de suministros y refuerzos a las unidades del Ejército ruso que están más al oeste y facilitaría una operación para hacer una pinza con la que rodear a las fuerzas ucranias alrededor del Donbás. Pero sobre todo, allanaría el camino para completar un corredor desde la península ucrania de Crimea, que Moscú se anexionó ilegalmente en 2014, hasta los territorios de Donetsk y Lugansk, controlados por el Kremlin a través de los separatistas prorrusos, a los que sustenta desde hace ocho años y que son la base del argumentario de lo que Putin ha llamado “operación militar especial” para “desnazificar” Ucrania y proteger a la población rusófona del Donbás, región a la que pertenece la asediada Mariupol.

Una ciudad simbólica para el Kremlin también porque su conquista significaría la derrota del batallón Azov, de corte ultranacionalista, y ahora parte de la guardia nacional de Ucrania, en su propia base, su sede, su cuartel general, comenta Alexéi, un joven programador, que acaba de llegar con su esposa, su suegra y el hijo de cuatro años de esta a Zaporiyia. “Las luchas son brutales dentro de la ciudad. Los rusos disparan y los azov responden. Desde cualquier lugar. Desde dentro de la ciudad, desde pisos, desde edificios de apartamentos. Y nosotros en medio de todo”, dice. “Hay disparos de artillería y bombardeos cada media hora. Te duermes con bombas y te despiertas con bombas”, relata. Un sonido que cala hasta el tuétano. Como el miedo.

Alexéi, un joven de grandes ojos almendrados y mirada tímida, cuenta su infierno punto por punto. Casi minuto a minuto. Con una precisión cronológica inquietante. Desde el día que Putin lanzó la invasión y que tenía una entrevista de trabajo que nunca se celebró. Cuando una bomba destruyó el piso de su suegra, Viktoria. Cuando perdió el contacto con los amigos con coche que debían pasar a recogerles a él y a Tatiana, de 26 años. Cuando metieron todas sus cosas en unas cuantas bolsas y salieron de su piso para no volver. Primero, en el vehículo de unos conocidos. Después, en autostop. Cuando se lavaron la cara y las manos, después de tres semanas. “Hemos dejado atrás todo. Todos nuestros recuerdos. Las fotografías…”, dice el joven, de 27 años. En los 24 días de invasión ha forjado recuerdos nuevos. Tantos como para llenar varias vidas. Muchos recuerdos y grandes pesadillas. “Ya no queda nada de Mariupol. Todo se ha convertido en polvo”, se lamenta.

Danilo Yevmanchuk y Valeria Moscovtsova huyeron del infierno a pie. Metieron lo que pudieron en tres maletas y echaron a correr. Llevaban 22 días sin agua, sin electricidad y sin calefacción. Caminaron más de cinco kilómetros desde su refugio de Mariupol hasta que un coche con otras personas que huían les paró. Se apiñaron siete en el vehículo hasta un pueblo cercano Y de allí, autostop a otro punto. Pasando por controles rusos en los que los soldados de Putin les revisaron el móvil en busca de algún tipo de pista, y rastrearon el cuello, los brazos, los hombros, las rodillas, en busca de tatuajes “de tipo nacionalista”, cuenta Danilo. Después, otro coche. Otra ayuda. Y otro más. Hasta el anodino centro comercial de Zaporiyia, donde el bucólico mobiliario de jardín, que aún tiene el precio, y los anuncios de ofertas de yogures y colchas de dos por el precio de uno contrastan con los rostros cansados y angustiados de decenas de personas que apuran tratan ahora de decidir qué hacer con lo que queda de su vida.

Unos desplazados de Mariupol llegaban este sábado a Zaporiyia.
Unos desplazados de Mariupol llegaban este sábado a Zaporiyia.STRINGER (REUTERS)

El asedio es como un cinturón cada vez más ancho y apretado. Un cordel que estrangula. O como una serpiente que ondula para tratar de atrapar a su presa. Y Danilo y Valeria, de 25 y 23 años, llevan huyendo de esa serpiente desde hace semanas. Primero, un proyectil cayó en su edificio y se mudaron al sótano. Después, preocupados por los abuelos de ella, que apenas podían salir a buscar agua, a calentar la comida, se mudaron a su apartamento. “Ahí todavía vivíamos como gente normal, como personas, dormíamos con colchones sobre el suelo, incluso en pijama. Luego todo se convirtió en un infierno. Los aviones empezaron a sobrevolar nuestra zona. A disparar. Y tuvimos que bajar al sótano. Hemos estado 10 días. 10 días bebiendo nieve y zumo”, dice Valeria. Cuenta que se han marchado dejando a la familia atrás. Los abuelos, octogenarios, no les dejaron opción. “Ya casi no había agua. Sabían que si nos quedábamos probablemente todos moriríamos”, se lamenta la joven, que lleva sobre los cabellos castaños un cómico gorrito rosa con orejas de oso. Otro contraste entre el espanto.

Valeria desearía que todo lo que se ha dicho de Mariupol fuese mentira: que derriten nieve para poder beber; que cocinaban, hasta que los bombardeos se hicieron continuos, en hogueras en la calle; que ya no hay comida, ni medicamentos; que además de los vecinos que rompieron las ventanas de los supermercados y las farmacias para coger lo que necesitaban para subsistir hubo saqueadores que se llevaron televisiones, incluso en una ciudad sin electricidad. Que los cadáveres, en el mejor de los casos, se entierran en fosas, o en los parques y jardines, otros, yacen sin recoger por las calles: “El cementerio principal está fuera de Mariupol y es imposible llegar por los bombardeos. Pero incluso pudiendo: quién gastaría combustible que se reserva para poder huir para eso. Si fuese mi cuerpo yo no querría que otro se arriesgase. Así es la guerra. Hay que sobrevivir”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


La expectación con la que se saludó los avances en la negociación que anunciaron Kiev y Moscú el miércoles han quedado en un espejismo frente a la realidad de la guerra sobre el terreno. Ucrania ha perdido en las últimas horas el control del mar de Azov ante el estrechamiento del férreo cerco al que las tropas del Kremlin están sometiendo a la ciudad de Mariupol, estratégica para que Rusia conecte bajo su poder la península de Crimea, anexionada ilegalmente en 2014, con la región del Donbás, en el este. Al mismo tiempo, el Ministerio de Defensa ruso ha reconocido haber usado por primera vez misiles hipersónicos indetectables por los sistemas de defensa que ha tenido como objetivo un almacén de armas subterráneo en el oeste del país, según anunció la agencia oficial Ria Novosti.

Ese bombardeo, a un centenar de kilómetros de la frontera con Rumania, afianza la amenaza del Kremlin en la que hasta hace unos días se consideraba la zona más segura de la antigua república soviética. Mientras, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, sigue apelando a la necesidad de avanzar en las negociaciones para que su país recupere la integridad territorial, algo de lo que se aleja cada día más su homólogo ruso, Vladímir Putin.

El principal objetivo ruso después de 24 días de invasión sigue siendo rodear la capital, Kiev, así como alcanzar en el este las regiones de Donetsk y Lugansk, donde milicias prorrusas combaten a fuerzas ucranias desde 2014, y extender sus operaciones en la zona oriental del país, según el portavoz del Ministerio de Defensa ucranio, Oleksandr Motuzniak. Hasta este sábado, Rusia habría llevado a cabo un total de 1.403 ataques aéreos, según datos revelados por Motuzniak.

Moscú controla desde última hora del viernes el puerto de Mariupol, sitiada y asfixiada desde hace más de dos semanas. “Los invasores han tenido un éxito parcial en el distrito operativo de Donetsk, privando temporalmente a Ucrania del acceso al mar de Azov”, ha señalado el Ministerio de Defensa ucranio este sábado en un comunicado. “No queda nada del centro de la ciudad. No hay un pequeño pedazo de tierra que no tenga señales de guerra”, dijo horas antes el alcalde de Mariupol, Vadym Boychenko, a la BBC, que comunicó que las tropas rusas ya habían llegado al centro, donde más del 80% de los edificios de viviendas están dañados o destruidos y donde la población está sin agua ni electricidad.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Los combates calle a calle en el centro de Mariupol están impidiendo el rescate de las “cientos de personas” atrapadas en el refugio aéreo instalado en el sótano del teatro de la ciudad, que fue brutalmente bombardeado por las tropas rusas el pasado miércoles. Boychenko ha asegurado este sábado en declaraciones a la BBC que los equipos de rescate solo podrán seguir retirando escombros y ayudando a los supervivientes a salir si se produce una pausa en la lucha. “Hay tanques, bombardeos de artillería, y todo tipo de armas están siendo disparadas en la zona”, ha dicho tras advertir que las fuerzas ucranias están haciendo todo lo posible por mantener su posición, pero que “las fuerzas del enemigo” son, “por desgracia”, más numerosas que las suyas.

Boychenko no ha dado una estimación de cuántas personas han logrado rescatar en las últimas 24 horas de las ruinas del teatro ―usado como refugio por cientos de habitantes de Mariupol desde que se intensificó la ofensiva militar rusa hace más de dos semanas―. El viernes, las autoridades informaron de que 130 personas habían logrado salir y que más de 1.000 seguían atrapadas en ese sótano, que resistió el ataque. Moscú niega que sus fuerzas apunten contra objetivos civiles. También rechaza que hayan llevado a cabo el ataque aéreo contra el teatro de Mariupol y culpa a las fuerzas ucranias de hacerlo estallar como una “provocación sangrienta”.

El Ministerio de Defensa del Reino Unido ha alertado este sábado de que Rusia “ha sido forzada a cambiar su operativo y busca ahora una estrategia de desgaste. Esto seguramente supondrá el uso indiscriminado de la fuerza que incrementará el número de víctimas civiles, la destrucción de infraestructuras ucranias y la intensificación de la crisis humanitaria”, señalan en su informe de inteligencia sobre la situación en la guerra en Ucrania. “El Kremlin ha fallado de momento en sus objetivos originales. Ha sido sorprendido por la escala y ferocidad de la resistencia ucrania”, dice.

El cuerpo de una persona muerta como consecuencia de los ataques de las tropas rusas en la ciudad portuaria de Mariupol.
El cuerpo de una persona muerta como consecuencia de los ataques de las tropas rusas en la ciudad portuaria de Mariupol.ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)

Mariupol se ha convertido en símbolo del ensañamiento de las tropas rusas con los civiles en Ucrania. Según datos municipales, al menos 350.000 residentes (antes de la guerra, la urbe contaba con unos 450.000 habitantes) continúan escondidos en almacenes y sótanos “ante el continuo bombardeo de las fuerzas de ocupación rusas”, que lanzan, como media, “de 50 a 100 bombas aéreas por día”, mientras la Cruz Roja se ha visto obligada a abandonar la urbe. Por primera vez esta semana se pudo evacuar a unos 30.000 civiles. Su población ha tenido que improvisar fogatas en la calle para cocinar y ha enterrado a los muertos en fosas comunes ante la gran cantidad de fallecidos. La ciudad lleva días siendo uno de los principales objetivos de los ataques de los soldados rusos, que en varias ocasiones han impedido que se cumpla la promesa de facilitar corredores humanitarios para permitir la salida de la población. La urbe ya fue escenario la semana pasada de un ataque sobre un hospital materno-infantil.

Ofensiva en el oeste

Desde hace días, Rusia ha expandido sus ataques también a la parte oeste del país. Este sábado el Ministerio de Defensa ruso ha asegurado que ha empleado misiles hipersónicos rusos Kinzhal para destruir un almacén subterráneo ucranio “que contenía misiles y municiones de aviación”, en Deliatin, en el oeste de Ucrania. Las instalaciones, a 108 kilómetros de la frontera con Rumania, miembro de la OTAN, han quedado “destruidas”, según el portavoz de Defensa, Igor Konashénkov.

Esta tecnología, que Rusia posee desde 2018, tiene capacidad de evitar las defensas antiaéreas y es lanzado desde un caza. El nivel hipersónico alcanza una velocidad de al menos cinco veces la del sonido, más de 6.000 kilómetros por hora. Hay de dos tipos, los planeadores y los de crucero. Ambos se pueden maniobrar para modificar su trayectoria en vuelo, y son virtualmente imparables a vuelo bajo.

Este viernes, el objetivo de los ataques ruso fue la que hasta ahora había sido una de las zonas más seguras de Ucrania y el principal paso de quienes huyen de la guerra. El Ejército ruso lanzó varios misiles sobre el aeropuerto de la ciudad de Lviv, a 70 kilómetros de Polonia —país miembro de la OTAN y de la UE—, aunque sin causar víctimas mortales, en el que fue el primer bombardeo en la principal urbe del oeste del país desde que comenzó la guerra y el primer objetivo no militar. La región de Lviv sí había sido objeto de los misiles rusos en los últimos días. El pasado domingo, al menos 35 personas murieron en el ataque a una base militar en Yavoriv, a unos 40 kilómetros de Lviv, y el viernes de la semana pasada otras seis personas perdieron la vida en el bombardeo de una base aérea de Lutsk, a 87 kilómetros de Polonia.

Lviv es el principal lugar de paso por el que unos tres millones de personas han escapado de la guerra como refugiados hacia otros países. “Este ataque confirma que [los rusos] no están en guerra con el Ejército ucranio, están en guerra con el pueblo, las mujeres, los niños, los refugiados. No hay nada sagrado para ellos”, denunció el responsable de la administración regional militar de Lviv, Maksym Kozytsky, que lo consideró “un golpe” a un “refugio humanitario”.

Mientras, en Mikolaiv, al sur, proseguían este sábado las tareas de rescate un día después del bombardeo de una escuela militar que dejó decenas de cadáveres entre las instalaciones destruidas. Esta es otra de las ciudades sobre las que Putin desarrolla en los últimos días una campaña de terror porque la considera un punto estratégico para extender su control a orillas del mar Negro y en torno a la ciudad de Odesa.

Los equipos de rescate seguían ayer sacando muertos y heridos entre los cascotes de la escuela sobre la que impactaron seis misiles al amanecer del viernes, como comprobó la agencia France Presse. “No menos de 200 soldados dormían en el cuartel”, contó Maxim, un soldado de 22 años, que llegó desde otro puesto cercano, y que observaba la escena atónito. “Se han extraído al menos 50 cuerpos, pero no sabemos cuántos quedan bajo los escombros”, añadió el joven militar.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



Qué ha pasado en las últimas horas en Ucrania

En el 23º día de la guerra iniciada por Rusia contra Ucrania, estos son los datos clave a las 20.00 de este viernes 18 de marzo:

Al menos uno de cada cinco ucranios ha tenido que abandonar su hogar por la guerra. La Organización Internacional para las Migraciones de la ONU calcula que el número de ucranios que se han convertido en desplazados dentro de su país ha pasado de 1,9 millones de personas a 6,5, lo que supone que al menos uno de cada cinco ucranios ha tenido que abandonar su hogar. La ONU también ha confirmado la muerte de al menos 816 civiles en Ucrania desde el inicio del ataque ruso, aunque reconoce que la cifra real será mucho mayor.

Putin defiende su guerra ante decenas de miles de rusos. Vladímir Putin se ha dado un baño de masas en defensa de la guerra contra Ucrania. Con motivo del octavo aniversario de la anexión de Crimea, y bajo el lema “Por Rusia, por un mundo/paz sin nazismo”, el Kremlin ha organizado un concierto donde se han podido ver las gradas repletas hasta la bandera. Putin también ha hablado este viernes con el presidente francés, Emmanuel Macron, quien ha manifestado su “extrema preocupación” por la situación en Mariupol, según el Elíseo.

Continúan las negociaciones, con posiciones que se acercan, según Rusia, y sin avances para Ucrania. Dentro de las conversaciones para alcanzar un alto el fuego, el negociador ruso, Vladímir Medinski, ha asegurado que Moscú y Kiev han acercado posturas en lo referente a la neutralidad ucrania, pero el negociador ucranio, Mijaílo Podoliak, ha indicado que sus «posiciones no han cambiado».

“El conflicto y la confrontación no convienen a nadie», advierte Xi a Biden. El presidente chino, Xi Jinping, ha mantenido este viernes una reunión telemática con el estadounidense, Joe Biden, para hablar de Ucrania. “El conflicto y la confrontación no convienen a nadie. La paz y la seguridad son los mayores tesoros”, ha subrayado Xi, a quien Biden había anunciado que procuraría disuadir de que su país se alinee con Rusia.

«Todavía hay cientos de residentes de Mariupol bajo los escombros», asegura Zelenski. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha dado el último parte sobre el estado de las labores de rescate en el teatro de Mariupol, que el miércoles fue objeto de un bombardeo ruso, según informaron las autoridades ucranias. «Todavía hay cientos de residentes de Mariupol bajo los escombros. A pesar de las dificultades, continuaremos las labores de rescate», ha dicho Zelenski. Horas antes, las autoridades locales habían informado del rescate de 130 personas, aunque 1.300 permanecían refugiadas en los sótanos del recinto, según la Defensora del Pueblo ucrania, Liudmila Denisova.      

Expulsión de diplomáticos rusos del Parlamento Europeo y los países bálticos. Roberta Metsola, presidenta del Parlamento Europeo, ha anunciado la prohibición del acceso a sus instalaciones de diplomáticos rusos y bielorrusos. «No hay sitio en la casa de la democracia para los que quieren destruir el orden democrático», ha asegurado. Esta acción coincide con la expulsión de 10 diplomáticos rusos decretada por los tres países bálticos, Letonia, Lituania y Estonia. Bulgaria también ha anunciado que expulsará a otros 10 diplomáticos de esa nacionalidad.

Más presión «a todos los niveles» sobre Rusia. «Seguiremos ejerciendo presión a todos los niveles, incluyendo sanciones, ayuda letal y medidas diplomáticas» contra Putin, ha asegurado el premier británico, Boris Johnson, tras hablar con el líder ucranio, Volodímir Zelenski. El Departamento de Comercio de EE UU, por su parte, investiga 100 aeronaves que pueden haber violado las normativas sobre las exportaciones a Rusia.



Source link


“Mariupol es el infierno”, cuenta Tatiana. Ella y su familia han pasado 15 días bajo asedio ruso en Mariupol. Sin luz, sin agua, sin calefacción, sin ningún tipo de conexión con el mundo exterior. Sin más noticias que el frío y las detonaciones constantes de misiles y disparos. Tatiana relata que los rusos comenzaron a disparar sobre las viviendas primero desde los tanques. Después pasaron a bombardear la ciudad desde el aire. El miércoles abrieron fuego sobre la ciudad desde los barcos atracados en el mar de Azov. Tatiana, que tiene 65 años, fue la persona que hace varios veranos me llevó al Teatro Dramático de Mariupol a ver El piso de Zoika, de Mijail Bulgakov. El Teatro Dramático ha sido destruido en un bombardeo este miércoles a pesar de que su sótano servía de refugio a cientos de personas. Tatiana es ahora una refugiada a la que le tiembla la voz. Hace solo un mes, el teatro era un enorme edificio blanco con butacas rojas de terciopelo ante el escenario y Tatiana era solo mi tía abuela.

Ahora mismo es muy difícil contactar con alguien que esté dentro del cerco brutal que Mariupol vive desde hace más de dos semanas. La escasa información que se abre paso desde allí, aparte de la que dan el alcalde y unos pocos medios internacionales, es de los relatos de los que han huido o la que, como breves destellos en medio de la oscuridad, van colgando en Telegram los habitantes asediados. Hasta hace un mes, en la ciudad vivían 430.000 personas. Y donde antes hubo vida, playas, enormes avenidas llenas de álamos que en verano soltaban una pelusilla blanca que se arremolinaba sobre las aceras, ahora solo quedan escombros y troncos quemados.

Fue el 2 de marzo cuando dejamos de recibir noticias de Tatiana y su familia. Al principio pensamos que sería algo temporal, una caída de red como la que vivimos durante cuatro días en los que no tuvimos noticias de mis abuelos porque habían derribado una torre de comunicaciones. Pero los días pasaban y no había ninguna señal de vida. Ni un wasap, ni una llamada, ni un mensaje de texto. Entre todos, comenzamos a buscar información de ellos en los grupos de Telegram de la ciudad esperando, al mismo tiempo, que sus fotos, la foto de su casa, no estuviera entre las que se publicaban. En este momento, el grupo Mariupol seichas (Mariupol ahora, en castellano) es una de las pocas rendijas abiertas al mundo por la que se cuela el horror que está viviendo la ciudad. Los administradores reúnen mensajes que consiguen hacerles llegar los habitantes con algo de conexión sobre el minuto a minuto de Mariupol.

La mayoría de los archivos son vídeos y fotografías de barrios residenciales arrasados. “Distrito 21″, cuelga alguien acompañado de las fotos de varios edificios de nueve pisos con todas las ventanas destrozadas, las cortinas flotando en el aire. “El centro de la ciudad, ahora”, escribe otra persona y acompaña el texto de un vídeo en el que se ven joyerías, librerías y locales con perchas con ropa que ahora escupen humo negro por sus ventanas. Otros mensajes son gritos desesperados de los que desde hace dos semanas no encuentran a los suyos. Nikolay cuelga uno en el que escribe: “Busco a Pavel Batselev, 80 años. Vivía en la calle Talalijina 55″. La calle de la que habla ha quedado reducida a escombros. Igor escribe en otro mensaje: “¿Alguien sabe cómo está el refugio de la maternidad del distrito Orilla izquierda? Allí está mi hija con mis nietas”. Casi ninguno recibe respuesta.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

“Hay barrios en ruinas. Han nivelado la ciudad con el suelo. Mariupol ya no existe”, relata Tatiana. La ciudad que vieron por última vez sus ojos es una urbe de carreteras destruidas, edificios de viviendas ennegrecidos, comercios en los que apenas queda alguna letra en la fachada que hace suponer que allí hubo una vez una panadería o una peluquería. El teniente de alcalde de Mariupol, Sergey Orlov, ha afirmado en una entrevista a Forbes que entre el 80% y el 90% de la ciudad ha sido bombardeada. “No hay ningún edificio intacto”, ha asegurado.


Imágenes satélite de los destrozos causados por bombardeos rusos el 8 de marzo sobre Mariupol en zonas residenciales y centros comerciales.

Centro comercial dañado / Maxar

Centro comercial reducido a cenizas / Maxar

Barrio residencial / Maxar

Barrio residencial bombardeado / Maxar

Imágenes satélite de los destrozos causados por bombardeos rusos el 8 de marzo sobre Mariupol en zonas residenciales y centros comerciales.

Centro comercial dañado / Maxar

Centro comercial reducido a cenizas / Maxar

Barrio residencial / Maxar

Barrio residencial bombardeado / Maxar

Durante los 15 días de asedio, Tatiana y su familia cocinaron sobre una fogata improvisada con ladrillos y las ramas de los árboles. También pudieron beber agua de un pequeño arroyo que pasa cerca de su casa. Cuando le pregunto si pasaron hambre, se queda en silencio. No hay necesidad de decirlo con palabras. Al salir de la ciudad en uno de los últimos corredores humanitarios abiertos, decidieron parar en un pequeño quiosco que vendía algo de comida. Mientras hacían cola, un proyectil cayó cerca del coche. En un pestañeo, todos los que se habían quedado cerca de los vehículos aparcados yacían en el suelo. Apenas un instante separa a una persona viva de ser contabilizada como cadáver. El coche quedó fuertemente dañado por la metralla y las ruedas desinfladas. Por suerte, pudieron contactar con un conocido que vivía cerca y que les remolcó hasta el pueblo más cercano y tranquilo donde están refugiados ahora.

Una mujer ante edificios en llamas en Mariupol, el pasado 13 de marzo.
Una mujer ante edificios en llamas en Mariupol, el pasado 13 de marzo.Evgeniy Maloletka (AP)

En los sótanos de Mariupol se refugian ahora miles de personas. La vida se ha trasladado bajo tierra, donde los habitantes de la ciudad intentan sobrevivir con lo último que les queda. Los que tuvieron tiempo se llevaron toda la comida que pudieron de sus casas antes de que fueran destruidas. Otros entraron en las casas que habían abandonado sus vecinos por lo que habían dejado atrás. Hace ya días que no queda agua en la ciudad y los convoyes humanitarios llevan casi dos semanas tratando de entrar con suministros pero siempre acaban dando media vuelta por culpa de los disparos. Los habitantes han estado derritiendo nieve para poder cocinar y beber y vaciando las tuberías de la calefacción en un intento de conseguir al menos un vaso de agua.

Bajo tierra hay también mujeres embarazadas que han dado a luz a niños prematuros y muertos a los pocos minutos de nacer. La expresión “dar a luz” nunca tuvo tan poco sentido. Clavada en la retina queda la imagen de la maternidad principal de la ciudad bombardeada hace una semana. De las dos mujeres embarazadas que salieron en los medios, una tuvo una niña y se encuentra bien. La otra murió después de parir a un bebé muerto.

Aliona quedó sepultada con sus hijos en uno de los refugios, un simple sótano debajo de un edificio de hormigón de nueve pisos construido en los años setenta. Con ayuda de hombres que se resguardaban también allí, consiguieron salir de entre los escombros y escapar de la ciudad a pie hasta llegar a casa de unos familiares a las afueras de la ciudad. Durante los días que estuvo allí, relata que llegaron a recoger agua de lluvia para poder beber. “Ya he aprendido que en la guerra te beberás hasta el agua de los charcos”, cuenta. En su voz no hay ni rastro de metáfora. Ahora Aliona vive con 17 personas más en la misma casa. Por culpa del shock, es incapaz de contar nada más.

Anastasia Erashova llora con su hijo en brazos en un hospital de Mariupol. Sus otros dos hijos acababan de morir en un bombardeo ruso, el pasado 11 de marzo.
Anastasia Erashova llora con su hijo en brazos en un hospital de Mariupol. Sus otros dos hijos acababan de morir en un bombardeo ruso, el pasado 11 de marzo.
Evgeniy Maloletka (AP)

Al igual que Aliona, Natalia también escapó a pie de la ciudad la noche del martes con sus hijos. Con miedo de ser disparados y con la desesperación del hambre por quedarse en un lugar en el que desde hace mucho no queda comida en las tiendas, fueron andando por la carretera hasta que un camión se paró a recogerlos. Se subieron en la parte trasera descubierta del vehículo, desde donde hicieron todo el camino. No recuerda casi nada. “Me puse a llorar. De pronto me puse a llorar y no podía parar. He llegado a Zaporiyia descalza, con la ropa que llevaba, sin nada más que ponerme. Cuidaos mucho. Esto da muchísimo miedo. Os abrazo a todas”, escribió en su grupo de trabajo, en el que antes compartía recetas y fotos de las flores de sus macetas.

No hay cifras fidedignas de la cantidad de personas que han muerto desde que comenzó el asedio. Los últimos datos aportados por el teniente de alcalde de la ciudad indican que ya hay 2.358 fallecidos, pero las imágenes de la destrucción de la ciudad equiparan Mariupol a Alepo o a Grozni, ciudades ya bombardeadas por Vladímir Putin en el pasado, y hacen sospechar que, si algún día tenemos un recuento oficial, la cifra actual será anecdótica. Se cavan zanjas en la tierra helada para enterrar decenas de cadáveres en fosas comunes. Algunos entierran a sus muertos bajo la hierba de los parques de la ciudad. Muchos cuerpos yacen en medio de la calle desde hace días: los disparos constantes hacen que sea imposible siquiera pensar en un funeral.

Hasta la tarde de este jueves, han salido de Mariupol 30.000 personas, según datos de la Administración local. La mayoría lo ha hecho en coches que van en dirección a Zaporiyia con cintas blancas atadas en todos los retrovisores y enormes inscripciones con la palabra “NIÑOS” en los cristales en un intento de evitar que les disparen. Dentro viajan adultos y dos o tres niños por coche sentados en sus rodillas. Tantos como quepan en el vehículo, no es el momento de respetar las normas de tráfico. Algunos niños que llegan de Mariupol han perdido el habla.

Es difícil asimilar que una ciudad con una cifra similar de habitantes a la de Murcia, que contaba con 64 colegios y 86 guarderías, las tres principales fábricas siderúrgicas del este del país, un gran puerto, parques de atracciones, cines y grandes centros comerciales, ahora mismo esté reducida a escombros. Una ciudad que antes producía el 5,5% del PIB de Ucrania, que ahora está sitiada y sobre la que pesa desde hace días una nube negra por culpa del humo de los bombardeos y las ruinas aún humeantes.

Después de 15 días de horror, Tatiana asegura que aún le tiemblan las rodillas, aunque ahora ya está en un lugar seguro. “No hacía otra cosa que rezar, todo el día rezando, una y otra vez”, cuenta. “Estábamos escondidos cada uno en una esquina de la casa por si caía una bomba, esperando que al menos aguantaran las vigas maestras”, explica. También asegura que jamás volverá a la ciudad aunque su casa siga en pie. Su casa nunca volverá a ser un hogar, sino el lugar en el que se refugió de las bombas y los disparos, en el que pasó hambre, frío y sed y un terror que le impide dormir más de una hora seguida. El último mensaje que me mandó acaba así: “Desde ahora, para mí, todos los rusos son asesinos de niños y mujeres. No tienen perdón y nunca lo tendrán”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link

top