El Instituto Colombiano de Ballet dará inicio a su temporada de ‘Domingos infantiles’ este próximo 3 de abril con la función ‘Colombia majestuoso al ritmo del folclor’ a cargo de los estudiantes del programa de Danza Nacional.
En la presentación se podrá ver el talento de los niños y jóvenes de III, IV, V y VI grado de la línea de Promoción Cultural de la Escuela de Danza Colombiana. «Son niños y jóvenes que están estudiando para ser grandes promotores del folclor y poder llevarlo a todas partes de Colombia», afirmó Ricardo Cosme, docente de Danzas Folclóricas de Incolballet.
La invitación es para programarse el domingo 3 de abril en el Teatro Caliteatro a las 4:00 pm.
Unas 300 personas murieron en el bombardeo contra el Teatro Dramático de Mariupol, según las autoridades locales, lo que convertiría el ataque al edificio, que cientos de personas usaban como refugio en la ciudad portuaria sitiada por las fuerzas rusas desde hace semanas, en el más mortífero conocido hasta ahora de la guerra de Rusia contra Ucrania. Kiev denuncia que el edificio, que se avisaba con grandes letras blancas en el suelo que albergaba “niños”, fue atacado por un misil ruso.
La ONU calcula en 1.081 los civiles muertos desde el inicio de la invasión, aunque asume que la cifra está subestimada. En Mariupol, en el mar de Azov, donde se libran feroces batallas entre las tropas ucranias y rusas, la población sigue en situación catastrófica. El Ayuntamiento asegura que unas 150 personas sobrevivieron al ataque al teatro el día 16, y citó a testigos presenciales para contar los fallecidos, aunque no especificó cómo había llegado a la estimación o si los servicios de emergencia han terminado de excavar en las ruinas del edificio en una ciudad que se ha convertido en símbolo de los ataques contra la población civil.
Naciones Unidas ha declarado este viernes que tiene cada vez más evidencias de fosas comunes en Mariupol, entre ellas, evidencias de imágenes por satélite. El asedio y los ataques indiscriminados y constantes contra inmuebles civiles en una ciudad ahora casi reducida a escombros hacían imposible enterrar a los muertos.
La oficina de derechos humanos de la ONU está investigando informes de que las fuerzas rusas dispararon y mataron a civiles en sus automóviles mientras huían de Mariupol, decenas de casos de desapariciones de funcionarios y periodistas ucranios en varios puntos del país y el movimiento forzado de civiles al territorio controlado por Rusia. El Kremlin niega que haya atacado civiles y ha llegado a acusar a Ucrania de fabricar las acusaciones, incluso en el ataque a la maternidad de la ciudad.
Mientras cientos de civiles tratan de salir desesperadamente de Mariupol, rodeada por las fuerzas rusas, y otros muchos quieren entrar en la ciudad a llevar ayuda y evacuar a sus seres queridos. La situación es cada vez más dramática en la ciudad, donde las fuerzas del presidente ruso, Vladímir Putin, controlan ya el puerto y tres barrios. Las fuerzas rusas han hecho un progreso lento pero constante en Mariupol y entraron en el centro de la ciudad el 24 de marzo. Las autoridades locales se habían replegado para coordinar la evacuación.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
El Gobierno ucranio estima en unos 100.000 los civiles que quedan en la ciudad. “Cada vez más muertes por inanición”, ha alertado el Ayuntamiento de Mariupol en una publicación en Telegram. “Cada vez más personas se quedan sin alimentos. Y todos los intentos de lanzar una operación humanitaria a gran escala para salvar a la gente de Mariupol están bloqueados por la parte rusa”.
Este viernes, un alto cargo de la policía ucrania que estuvo en la ciudad portuaria en 2014 durante la guerra de la región del Donbás, cuando las tropas de Kiev vencieron allí a los separatistas prorrusos apoyados e impulsados por el Kremlin, ha ofrecido entregarse a las fuerzas rusas allí a cambio de un paso seguro para los niños que aún quedan en la ciudad sitiada. “Hoy, muchos niños permanecen en la ciudad completamente destruida, y si no se salvan ahora, morirán en los próximos días”, escribió en Facebook el comandante de policía Vyacheslav Abroskin.
Dos vecinos sentados en un banco delante de edificios destruidos por los bombardeos en Mariupol, el 25 de marzo. ALEXANDER ERMOCHENKO (REUTERS)
“El tiempo se está acabando. Hago un llamamiento a los ocupantes rusos: den la oportunidad de sacar a los niños de Mariupol. En lugar de niños vivos, me ofrezco a mí mismo”, ha añadido Abroskin, que ha pedido tres días dentro de la ciudad para encontrar al mayor número de menores posible y organizar su evacuación. “En el último punto de control durante el viaje de regreso con los niños, me rendiré. Esta es mi iniciativa personal. Mi vida me pertenece solo a mí y la ofrezco a cambio de las vidas de los niños que aún permanecen en Mariupol”, dijo.
El Ministerio de Defensa ucranio ha reconocido este viernes que las fuerzas del Kremlin han tenido un “éxito parcial” al asegurar suficiente territorio alrededor de la sitiada ciudad portuaria de Mariupol para mover tropas y suministros entre Crimea y Rusia.
Si logra hacerse con esta ciudad, Putin podría replantearse la ofensiva. Es un logro que puede vender en casa, no solo por el corredor y porque Mariupol está en Donbás (y casa con su retórica de la “operación especial en Donbás”), sino también por su simbolismo: la urbe es sede del batallón Azov de orígenes ultranacionalistas y uno de los batallones de voluntarios que en 2014 se sumaron a la batalla ante las carencias del Ejército ucranio. Desde entonces se ha reformado, tiene nuevos miembros y ahora es un brazo más del Ejército, parte de la guardia nacional. Sin embargo, su derrota en su territorio podría casar también con la retórica de Putin de “desnazificación” y podría también presentarlo en casa como una victoria, pese a las enormes pérdidas de Rusia, que por primera vez en semanas ha informado este viernes de sus bajas: 1.351 militares muertos y 3.825 heridos. Ucrania, que no ha publicado sus cifras, estima en 15.000 los soldados rusos muertos.
Mientras el Kremlin habla de sus objetivos en Ucrania y asegura que todo va “conforme al plan”, siguen los feroces ataques. Este viernes, un ataque con misiles ha alcanzado una instalación militar en Dnipró, una ciudad estratégica en el centro del país, para la logística y el transporte. Además, las fuerzas rusas están endureciendo los ataques contra Járkov, la segunda ciudad del país y de mayoría rusófona, donde han atacado un edificio en el que se repartía ayuda alimentaria. Hay seis muertos y 15 heridos en una localidad muy castigada ya por las bombas.
Desde 1961, el Instituto Internacional del Teatro de la Unesco ha venido celebrando cada 27 de marzo el Día Mundial del Teatro; la primera vez buscaba lograr una comunión entre países después de finalizar la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, 59 años después en Cali, el Teatro vuelve a convocar al público, a compartir en las salas y disfrutar del florecimiento cultural con las propuestas de las diferentes salas de la ciudad.
Esta es una fecha para destacar una de las artes escénicas que acompaña la humanidad desde los siglos V y VI antes de la era cristiana.
Por ese motivo, la Secretaría de Cultura de Cali comparte la oferta teatral en el marco de esta celebración en 11 salas, dos de las cuales tendrán entrada libre el domingo 27 de marzo.
Teatro La Concha
Disfruta de las 2 últimas funciones de El Encanto de lo Póstumo, este viernes 25 y sábado 26 de marzo a las 7:30 pm.
Dirección: calle 4 # 10-48
Espacio T
Con una nueva dirección en San Antonio, el formato de micro teatro aparece en la escena.
La temporada estará disponible hasta el 23 de abril
Dirección: carrera 6 # 4-80
Obras:
Sala 1: El Ascensor, de Iván Tula
Dirige: Aicardo Bonilla
Actúan: Dayana Chaparro y Alexis Carvajal
Sala 2: Abracadabra, de Julie de Grandy
Dirige: Johan Philipp
Actúan: Karla González, Johan Philipp y Alexander Jiménez
Sala 3: Tres Heridas, de Víctor Hugo Enríquez
Dirige: Víctor Hugo Enríquez
Actúan: Víctor Hugo Enríquez y Carolina López
Teatro del Presagio
Este viernes 25 de marzo, regresa Tungurahua, una historia basada en los amores entre Tungurahua y Chimborazo, poderes ancestrales de las comunidades Incaicas y cómo estos son castigados por Tata Inti, El sol, debido al robo de una Ofrenda sagrada.
Dirección: Avenida 9A # 10N-50
Fundación AEscena
¿Se han puesto a pensar que los momentos no nos pertenecen sino hasta que se vuelven recuerdo?
Con esta premisa se presenta la obra Navegantes.
Todo somos navegantes de esta vida y tú estás preparado para descubrir cómo es vivir.
Dirección: carrera 37a # 5E-07
Colectivo Teatral Infinito
Viernes 25 de marzo.
El Hilo de la Crisálida o Azul, una obra supersensorial escrita y dirigida por el director Harold Molina. Representa el concepto del teatro sicológico, ya que narra cómo es la vida, desde el vientre de una joven que se caracteriza por tener un cromosoma más.
Sábado 26 de marzo
La noche del horror, obra interpretada por las niñas y jovencitas del Taller de Formación Juvenil.
Dirección: calle 5b # 26-46
Domingo 27 de marzo
El Rey que se enamoró de la luna
Teatro La Máscara
25 y 26 de marzo
Obra: Tito
Dirección: carrera 10 # 3-40
TEC
25 y 26 de marzo
Obra: El corregidor de Arroyondo
Dirección: calle 7 # 8-63
Teatro El Telón
Obra: Guerreros de la noche
Dirección: Urbanización Aguacatal, diagonal 14 oeste T10-23
Teatro Salamandra
26 de marzo
Lectura dramática El Olor de los Naranjos
Entrada gratuita
Dirección: carrera 36 # 4A-31
Fundación Escénica Cali Teatro
Domingo 27 de marzo
Obra: Lo que callan los fantasmas
Dirección: carrera 12 #4-51
Teatro y Títeres Castillo Sol y Luna
Domingo 27 de marzo
El conejo gris que era infeliz
Dirección: Vereda Los Limones, corregimiento La Castilla
Entrada gratuita
Visita la ruta del teatro en Cali: https://cutt.ly/wAOB1Xq
Mariupol se ha convertido en símbolo del ensañamiento de las tropas rusas con los civiles en Ucrania. Los equipos de rescate buscan este jueves supervivientes del bombardeo, 24 horas antes, de un teatro en el que se habían refugiado cientos de personas del asedio al que están sometidos desde hace 13 días. Dos grandes letreros, visibles desde el aire, con la palabra “niños” en ruso no detuvieron el ataque que destruyó el Teatro Dramático de la ciudad. Aunque todavía se desconoce el número de muertos y heridos, un halo de esperanza ha llegado este jueves al conocerse que el refugio antiaéreo del teatro resistió el ataque. “Ahora se están retirando los escombros. Hay supervivientes. Todavía no sabemos el número de víctimas”, ha dicho el asesor de la alcaldía de Mariupol, Petro Andrushchenko, a la agencia Reuters por teléfono, tras señalar que se están realizando trabajos de rescate.
La situación es desesperada para los habitantes de Mariupol, sitiada por las tropas rusas desde hace más de dos semanas, sin calefacción ni agua corriente, y que por primera vez esta semana pudo evacuar a unos 20.000 civiles. Ubicada a orillas del mar de Azov, lleva días siendo uno de los principales objetivos de los ataques de los soldados rusos, que en varias ocasiones han impedido que se cumpla la promesa de facilitar corredores humanitarios para permitir la salida de la población. La urbe ya fue escenario la semana pasada de un ataque sobre un hospital materno-infantil.
Después de que este miércoles el ministro de Exteriores de Ucrania, Dmitro Kuleba, calificara de “crimen de guerra” el bombardeo del teatro “en el que se escondían cientos de civiles inocentes” ―según el vicealcalde de Mariupol, Serhii Orlov, entre 1.000 y 1.200 personas― y asegurara que “los rusos no podían ignorar que se trataba de un refugio de civiles”, las autoridades rusas desmintieron que su país haya llevado a cabo un bombardeo desde el aire sobre ese edificio, según fuentes del Ministerio de Defensa citadas por la agencia RIA. Este jueves, la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zakharova, calificó la acusación de los ucranios de “mentira”. “Las fuerzas armadas de Rusia no bombardean pueblos y ciudades”, ha sostenido, una afirmación que el Kremlin realiza de forma sistemática.
El teatro de Mariupol, antes y después del bombardeo.
La situación en Mariupol ha sido descrita como “apocalíptica” por la Cruz Roja por la falta de suministros básicos que la gente necesita para sobrevivir y los constantes bombardeos rusos. La población ha tenido que improvisar fogatas en la calle para cocinar y ha enterrado a los muertos en fosas comunes ante la gran cantidad de fallecidos. El número de decesos asciende a 2.500 civiles y 200.000 personas necesitan ser evacuadas con urgencia, según las autoridades ucranias.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
La ciudad, que tenía unos 400.000 habitantes antes de que comenzar la invasión rusa el pasado 24 de febrero, es clave para Vladímir Putin, ya que es la última gran localidad en manos ucranias con salida al mar de Azov. Si Moscú se hace con ella, podría crear un corredor desde la zona del Donbás, donde están los territorios prorrusos de Donetsk y Lugansk, hasta la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014 de forma ilegal tras un referéndum que la comunidad internacional no reconoce.
El fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan, que visitó este miércoles el oeste de Ucrania y Polonia para evaluar sobre el terreno las consecuencias del conflicto, mandó un mensaje “muy claro” a “todos aquellos que están participando en las hostilidades”. Advirtió de que su oficina está facultada para tomar medidas que garanticen que quienes no hayan actuado respetando la convención internacional de derechos humanos y hayan cometido crímenes internacionales, rindan cuentas de conformidad con lo establecido en el Estatuto de Roma. Khan trasladó que ya están recopilando “de forma activa” evidencias para poder cumplir con ese objetivo, y remarcó que realizan su trabajo de forma independiente e imparcial. “Es esencial que la Federación de Rusia participe activamente en esta investigación y estoy dispuesto a reunirme con ellos”, dijo en un comunicado.
“Si los ataques se dirigen intencionadamente contra la población civil, es un crimen de guerra que mi oficina puede investigar y enjuiciar. Si los ataques se dirigen intencionadamente contra objetivos civiles, incluyendo los hospitales, es un crimen que mi oficina puede investigar y enjuiciar. Aquellos que tomen parte en este tipo de hostilidades, ya sea como miembros de las fuerzas armadas, milicias o en grupos de autodefensa, deben saber que aunque vistan uniforme o porten armas, no están exentos de responsabilidad y, de hecho, tiene una responsabilidad legal extra”, indicó.
Ni Ucrania ni Rusia son signatarios del Estatuto de Roma, la convención fundacional del TPI, por lo que, en principio, quedan fuera de la jurisdicción de esta corte. Sin embargo, Kiev ha facultado al tribunal para que investigue los posibles crímenes cometidos desde 2014, con la anexión rusa de Crimea.
Los avances que este miércoles han sacado a relucir los equipos negociadores de Kiev y Moscú en torno a las conversaciones de paz contrastan con la cruda realidad de la guerra sobre el terreno. Dos incidentes han teñido de tragedia una jornada en la que se han cumplido las tres semanas desde que el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenara a sus tropas invadir y atacar Ucrania. Por un lado, un grupo de civiles que esperaba su turno para comprar el pan ha sufrido un ataque en la localidad de Chernígov, al noreste de Kiev, según han denunciado fuentes diplomáticas de Estados Unidos. Por otro, un teatro de la ciudad de Mariupol donde desde hace días se refugiaban cientos de vecinos ha sido bombardeado, según denuncian las autoridades locales. Kiev ha culpado de las agresiones a Moscú, que niega su responsabilidad en ambos casos.
El Gobierno de Kiev ha calificado de “crimen de guerra” el bombardeo sobre el teatro de Mariupol “en el que se escondían cientos de civiles inocentes”, según ha denunciado el ministro de Exteriores, Dmitro Kuleba, a través de su cuenta de la red social Twitter. El tuit va acompañado de una fotografía del edificio antes de ser atacado y de una segunda en la que, supuestamente, aparecen las mismas instalaciones completamente destruidas. Hasta el momento no se ha hecho ningún balance oficial de víctimas. “Los rusos no podían no saber que se trataba de un refugio de civiles”, ha añadido el jefe de la diplomacia ucrania.
Another horrendous war crime in Mariupol. Massive Russian attack on the Drama Theater where hundreds of innocent civilians were hiding. The building is now fully ruined. Russians could not have not known this was a civilian shelter. Save Mariupol! Stop Russian war criminals! pic.twitter.com/bIQLxe7mli
Las autoridades rusas, que niegan sistemáticamente que estén llevando a cabo ataques contra civiles en la antigua república soviética, han desmentido que su país haya llevado a cabo un bombardeo desde el aire este miércoles sobre ese teatro, según fuentes del Ministerio de Defensa citadas por la agencia RIA.
Fuentes del Parlamento de Ucrania dicen desconocer si hay supervivientes y añaden que en los alrededores del edificio se desató una fuerte batalla y que nadie puede acceder a la zona, informa la agencia Efe. Serhii Orlov, vicealcalde de Mariupol, aseguró que en el teatro se escondían entre 1.000 y 1.200 personas. La ciudad, a orillas del mar de Azov, lleva días siendo uno de los principales objetivos de los ataques del Ejército ruso, que en varias ocasiones ha impedido que se cumpla la promesa de facilitar corredores humanitarios para permitir la salida de la población. Mariupol ya fue escenario la semana pasada de un ataque de las tropas del Kremlin sobre un hospital.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
En el otro gran ataque que ha marcado la jornada del miércoles, 10 personas han muerto mientras esperaban su turno para abastecerse de pan en la ciudad de Chernígov, próxima a la frontera con Bielorrusia y a unos 140 kilómetros al noreste de Kiev. “Hoy, las fuerzas rusas dispararon y mataron a 10 personas que hacían cola para el pan en Chernígov. Esos horribles ataques deben acabarse. Estamos considerando todas las opciones disponibles para garantizar la rendición de cuentas por cualquier crimen atroz que se cometa en Ucrania”, señaló la Embajada de Estados Unidos en Kiev en un informe publicado en sus perfiles de Twitter y Facebook.
“A las diez de la mañana, soldados rusos dispararon contra la gente que hacía cola para comprar pan cerca de una tienda de comestibles en una zona residencial de Chernígov. Según el primer balance, 10 civiles fueron asesinados”, denunció la Fiscalía en un comunicado, informa la agencia France Presse. Se ha abierto una investigación por “asesinatos premeditados” cometidos con la ayuda de “armas de fuego”, agregó la misma fuente.
Como en el ataque sobre el teatro de Mariupol, ha sido el Ministerio de Defensa ruso el que ha afirmado que no han llevado a cabo esa acción, que califican de “engaño” de las autoridades de Kiev, según el portavoz Igor Konashenkov. “Ningún soldado ruso está o ha estado en Chernígov. Todas las unidades se hallan fuera de los límites de la ciudad” y no están participando en ninguna “acción ofensiva”, agregó, al tiempo que calificaba de “falsedad” el comunicado de Washington.
El debate sobre la violencia con el cine de Quentin Tarantino y su película Death Proof como pretexto terminó en un pequeño teatro de barrio de Kiev un rato antes de que Rusia invadiera Ucrania. Era la madrugada del 24 de febrero. Hoy, algunos de los participantes en aquella velada se hallan bajo tierra en una especie de mazmorra cultural. Siguen, pese al encierro, todo lo activos que las circunstancias les permiten. El teatro, ubicado en un sótano, ha acabado convertido en refugio. Desde allí, varios artistas y vecinos hacen llegar su grito al exterior a través de un canal de Youtube. “Esta es la guerra del pasado contra el futuro. Es la guerra de las mentiras contra la verdad. Es la guerra de la esclavitud total contra la libertad. (…) Esta es la guerra de Rusia contra la civilización occidental”. Con una sencilla, pero cuidada puesta en escena, la actriz Alina Zevakova, de 26 años, aparece sola leyendo un comunicado. En silencio van sumándose varias personas de diversas edades, incluidos niños, que habitan el lugar.
Las actividades de proEnglish Theatre, la única sala de Kiev que programa sus espectáculos en inglés, se mantuvieron hasta la noche de la invasión en que, por sorpresa, los ucranios acabaron protagonizando una película bélica real y aterradora. Aquel mismo día, la primera jornada de la guerra, Alex Borovenskiy, de 42 años y director del espacio, decidió que el centro abriría sus puertas a los colegas actores y, ya después, se han ido sumando vecinos. Hay varios gatos, que no faltan en casi ninguno de los refugios de la capital de Ucrania. Una de estas noches han llegado a acoger a 40 personas.
Para Anabel Sotelo la cultura tiene la capacidad de ayudar a “resistir también mentalmente, no solo físicamente”. Sotelo, de 27 años, es actriz, editora de libros y pareja de Borovenskiy. En el día a día están los libros, la poesía o la música, aunque la banda sonora que más se escucha al realizar este reportaje es la de las sirenas antiaéreas acompañada de la percusión de algún que otro zambombazo lejano que llega de los combates. Es por la mañana y algunos aún permanecen arropados por las mantas en el suelo de la sala de actuaciones. Raisa, de 82 años, lee un libro mientras mordisquea una manzana sobre un sofá. En la estancia que se emplea como sala de ensayos, algunos preparan el desayuno y conversan en torno a la mesa. Los cristales están cruzados con cinta adhesiva para que no salten en caso de rotura. Sobre las dos ventanas han colocado también los sobres de dos mesas para tratar de aislar más esta habitación, que es la más expuesta al exterior de la sede de un proyecto teatral inaugurado hace ocho años en el barrio de Shuliavska.
Anabel Sotelo, actriz y editora de libros, en la puerta de la salaLuis de Vega
Zevakova, la actriz, reconoce que, aunque hayan grabado el vídeo de denuncia, estos días invierten la mayor parte del tiempo en “supervivencia”. Eso significa conseguir comida, agua, medicinas y lo esencial para poder estar a salvo en el refugio. “Carpe diem”, resume. “Yo era de las que pensaba que esto no iba a pasar. No cogí nada de mi apartamento, porque pensé que sería cosa de dos o tres días”, añade Sotelo. “Si cae Kiev valdrá la pena irse porque nadie quiere estar bajo el poder ruso, pero espero que eso nunca pase. Yo pienso quedarme”, resuelve pese a todo.
Aunque toda actividad pública está congelada, en el proEnglish Theatre no dejan de dar vueltas a nuevas representaciones en estos días de encierro. Eso forma parte también de su terapia para afrontar, de la manera más optimista posible, el mazazo de la guerra. Borovenskiy piensa ya en adaptar Tierra de hombres, de Saint-Exupéry. Cree que es la mejor manera de reivindicar que los ucranios ahora mismo, aunque el Gobierno del presidente Volodímir Zelenski siga al frente, no son dueños de su país. Mientras, Sotelo se sigue acordando del estreno que se les ha quedado en el tintero por la guerra, Hedda Gabler, del noruego Henrik Ibsen. La joven sigue también la evolución de su editorial, Compás, encargada de publicar en Ucrania la exitosa novela El olvido que seremos, del colombiano Héctor Abad Faciolince. “Fue uno de los primeros que me escribió y nos apoya a todos”, explica Sotelo, hija de padre nicaragüense y madre ucrania.
Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Tatiana y Denis, ambos de 28 años, han acabado en el teatro junto a su hijo Nikita, de cuatro, tras pasar por otros refugios en los que el polvo impedía estar al niño. Los tres ocupan una habitación que la que hay una litera. Cuentan que aquí pueden jugar con él y entretenerlo. “Es muy importante que estemos todos juntos porque el niño siempre pregunta por mamá o papá y es importante desde el punto de vista psicológico para él y para nosotros estar en un lugar seguro para sobrevivir”. Tatiana explica que el pequeño pregunta por su amigo, si se puede bañar o por las bombas que a cada rato se escuchan. Pero durante la entrevista se le ve tranquilo y, como afirma su madre, entretenido. Mientras sus padres hablan, Nikita está sentado en la alfombra hojeando el libro Cuentos divertidos.
Nikita, de cuatro años, en la estancia de la sala de teatro en la que se refugia junto a sus padresLuis de Vega