El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, resaltó la importancia que tiene la institución educativa Santa Librada para la ciudad y anunció que en el marco de su bicentenario se trabaja en el fortalecimiento de este centro educativo.
“En el 2023 se cumplirán sus 200 años de historia y la Alcaldía de Cali busca que se convierta en una gran ciudadela educativa, con una cuantiosa inversión que pueda superar un poco su fragilidad de infraestructura y tecnología”, dijo Ospina.
El mandatario destacó que Santa Librada “es el único colegio verdaderamente republicano, es un colegio constituido por Santander y en ese sentido es un proyecto que nace desde la propia Independencia”.
Según Ospina, el centro educativo también debe apostar a replantear su relación con la Calle 5, de manera que sea más armónica. “Eso es lo que queremos desarrollar entendiendo que con Ciudad Paraíso y todo lo que viene ocurriendo en el centro es fundamental potencializar sus capacidades académicas”, indicó Ospina.
El peronismo está dividido, una vez más. Para suerte de Argentina, las disputas ya no son a los tiros, como en los años setenta, sino con demostraciones de fuerza callejera. Quien moviliza a más gente, mejor representa el legado de Juan Domingo Perón. Lo sabe bien La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner, el hijo de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Este jueves 24 de marzo, Argentina conmemoró el 46 aniversario del inicio de la dictadura más sangrienta del Cono Sur americano. Y La Cámpora desbordó la Plaza de Mayo, el sitio donde se concentran todos los símbolos del poder político. El presidente Alberto Fernández no fue invitado a la plaza más peronista de Argentina. Prefirió entonces recordar con un pequeño acto protocolar a los científicos asesinados por los militares.
La Cámpora, y con ella Cristina Fernández de Kirchner, forma parte del Gobierno de Fernández. El divorcio, sin embargo, parece inminente. Los senadores y diputados que siguen a Kirchner votaron en contra del acuerdo que Argentina acaba de firmar con el FMI para refinanciar la deuda de 45.500 millones de dólares heredada del Gobierno de Mauricio Macri. Fernández consiguió la aprobación con los votos opositores, mientras Kirchner se ausentaba del Senado en el momento de la votación. Fue una declaración de guerra interna.
En los pasillos de la Casa Rosada corrió entonces el rumor de que la vicepresidenta preparaba una carta incendiaria contra el presidente, el hombre al que ella misma ungió hace dos años como candidato de su espacio político. La derrota en las Legislativas de noviembre del año pasado degradó la relación. Desde el kirchnerismo acusaron a Fernández por la derrota: dijeron que se había alejado de la gente, que la crisis económica era insostenible. El acuerdo con el FMI fue la gota que rebalsó el vaso. El kirchnerismo asocia al Fondo con todos los males argentinos y firmar en Washington era una afrenta a su base electoral. La Cámpora lo dejó bien en claro este jueves.
La agrupación kirchnerista convocó a sus simpatizantes frente al predio de la antigua Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionó el mayor centro clandestino de la dictadura, hoy convertido en espacio para la memoria. La respuesta fue multitudinaria: a las diez de la mañana, los manifestantes ocupaban ya más de diez calles de la avenida del Libertador, una de las más anchas de Buenos Aires. Desde allí, las columnas recorrieron 13 kilómetros por el norte de la ciudad hasta la avenida de Mayo.
“A pesar de las bombas, de los fusilamientos, de los compañeros muertos, de los desaparecidos, no nos han vencido”, cantaban los manifestantes. “No se va, no se va, la jefa no se va”, coreaban algunas columnas, en referencia a la vicepresidenta y las amenazas de ruptura que pesan sobre la coalición. Los cánticos y eslóganes peronistas se impusieron durante el recorrido sobre aquellos vinculados al Día de la Memoria. Sólo algunos pañuelos blancos, símbolo de las Madres de Plaza de Mayo, interrumpían la marea de banderas de La Cámpora y fotografías de Perón, Evita y los Kirchner.
Miembros de las Madres de Plaza de Mayo participan con miles de personas en una marcha por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que recuerda el golpe militar de 1976, este jueves en Buenos Aires.Juan Ignacio Roncoroni (EFE)
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La Cámpora estuvo ausente en la calle cuando el Congreso aprobó el acuerdo entre el FMI. La recuperaron este jueves para mostrar su rechazo. “Independencia económica”, podía leerse en una de las pancartas de la movilización. “Esa deuda que dejaron no la vamos a pagar”. “Con el hambre del pueblo no se jode nunca más”, cantaban. A lo largo de toda la ciudad hay pintadas en las que los camporistas exigen que no se pague al Fondo. “Primero que coman los argentinos”, se lee también en las paredes. Según las estadísticas oficiales, cuatro de cada diez argentinos son pobres.
En la cabecera de la movilización circulaba un autobús descubierto, desde el que la agrupación política retransmitió en streaming toda la manifestación. Desde allí entrevistaban también a los principales referentes del kirchnerismo, reacios a menudo a hablar con los medios. Desde allí disparaban contra el presidente Fernández, sin nombrarlo. “Cuando decíamos a la sociedad argentina que había que bancársela con los fondos buitre para que no ingresaran a la Argentina, era porque no queríamos que pasara lo que estamos pasando hoy”, dijo Máximo Kirchner desde el autobús reconvertido en estudio de televisión. “Cuando la gente está presente en un Gobierno, lo malo es menos malo y lo bueno es bueno. Es con la gente adentro. Siempre, compañero”, destacó el diputado nacional, convertido en la gran estrella de la movilización entre saludos y selfies.
Menos diplomático fue Andrés Larroque, ministro de Desarrollo en la provincia de Buenos Aires y hombre fuerte de La Cámpora. Larroque no se olvidó del presidente, la interna que divide a la coalición y la posición que consideran que ocupan en ella. “No nos podemos ir de algo que gestamos”, dijo. “El presidente estaba en un espacio político y fue jefe de campaña de un espacio que sacó el 4% en la elección de la provincia de Buenos Aires”, recordó, en referencia a los tiempos en lo que Fernández estaba enfrentado a Kirchner. El kirchnerismo le recuerda cada vez que puede que debe su cargo en la Casa Rosada a la vicepresidenta.
Las diferencias no se limitan al seno del Gobierno. También son visibles en la calle. La izquierda ocupó la Plaza de Mayo a partir del mediodía y se replegó pasadas las tres para dejar lugar a La Cámpora. “Si hoy estuviesen los 30.000 [desaparecidos] en esta plaza, muchas cosas no pasarían. Esos 30.000 no aceptarían al FMI”, dijo desde el escenario la titular de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, Nora Cortiñas. “Todos los que apoyan al Fondo son traidores al pueblo”, agregó.
Alberto Fernández celebró su propio acto por la mañana, lejos de las multitudes. Acompañado por algunos de sus ministros, recordó con tono protocolar en la sede del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) a los científicos asesinados durante la dictadura. Desde allí convocó, una vez más, a la unidad del peronismo y a terminar con el debate interno.
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Las paredes del modesto apartamento retumbaron con fuerza. El estruendo fue brutal. Y entonces, un trozo de techo se derrumbó y empezó el fuego. Nina Verloka había preparado ese día la cena y su hijo y su hermana estaban sentados en la mesa de la cocina. Listos para empezar. Frente a los atónitos y desesperados ojos de Nina, el furioso bombardeo, uno de los muchos ese día en Járkov, mató a ambos e hirió a la mujer, de 41 años. También a otras cuatro personas de su edificio. En un instante, en un pestañeo, Nina lo perdió todo. Acostada en una cama del hospital número 4 de la segunda ciudad de Ucrania, retuerce las manos y muestra en el móvil una fotografía de la jovencísima familia: un adolescente espigado y sonriente y una chica de 19 años de rostro dulce y cabellos claros y lisos que sonríe a la cámara.
Nina está furiosa. Furiosa con Vladímir Putin, con las tropas rusas, con la capacidad de un solo hombre de llevar la catástrofe y la destrucción a su vida y la de toda Ucrania. “Teníamos un país maravilloso, con gente buena. ¿Y ahora dice que quiere liberarnos, protegernos? ¿De qué, de quién? ¿Por qué nos hacen esto? No lo entiendo”, exclama. Como truenos, un rosario de explosiones, contundentes y seguidas, no demasiado lejos, guía sus palabras. Es la banda sonora que la acompaña. El fuego suena cerca del hospital.
Járkov, en el este de Ucrania, con un millón y medio de almas antes de la invasión y situada a unos 40 kilómetros de la frontera con Rusia, fue uno de los primeros objetivos de la invasión de las tropas enviadas por Putin. Entraron en la ciudad con unos cuantos vehículos de artillería Tigr, pero fueron eliminados o capturados rápidamente. Desde entonces, tratan de asediarla y la urbe está bajo el fuego constante e implacable. Noche y día. La estrategia pasó a ser la de bombardeos y disparos indiscriminados de artillería contra zonas residenciales. Como el edificio de Nina. Una práctica de desgaste, de tierra quemada, que el Kremlin ha pasado a aplicar en otras ciudades ucranias. Hoy, Járkov es la segunda ciudad más castigada por los ataques rusos tras Mariupol, dicen las autoridades locales. Recibe unos 80 impactos de proyectiles al día; desde cohetes a artillería.
Al hospital número 4 de Járkov llegan cada día unas 10 personas heridas por las explosiones; por la metralla, como una mujer mayor que acaba de ingresar, inmóvil y con el rostro cubierto de sangre; o por cohetes de lanzamiento múltiple, conocidos como Grad, que en ruso significa granizo. Una tormenta que arrecia con fuerza contra la ciudad. Desde que Putin lanzó su “operación militar especial” para “desnazificar” y “desmilitarizar” Ucrania. Ha habido muchos muertos adultos, dice Olena Poleshuk, directora médica del centro sanitario, pero también han muerto en el hospital número 4 tres niños desde que empezó la guerra. “El número de personas que traen es abrumador. Es emocionalmente devastador”, dice Polashuk. No paran de llegar al centro alimentos donados, fármacos, ropa.
Dmitri Kravchenko, vigilante herido en un ataque, en un hospital de Járkov. María Sahuquillo
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Mientras, en el instituto forense central no les quedan bolsas para cadáveres. Allí, en el patio, han colocado los cuerpos en tres filas: los enfundados en grandes bolsas negras, aquellos cubiertos con plásticos y una larga columna de cadáveres apilados, envueltos en toallas, sábanas, o al aire. Hay cerca de un millar de cuerpos. Como el último en llegar, un hombre sin rostro y con la camisa desabrochada. Todos los que están a la vista llevan ropas civiles. Al menos 300 personas han muerto en la región de Járkov por ataques desde que el Kremlin lanzó la invasión, según las autoridades locales. Pero la cifra es mucho mayor, reconocen. Y el conflicto armado no ha cambiado los patrones de la vida: la gente se sigue muriendo por cosas de todo tipo, enfermedades, accidentes, comentan dos trabajadores de la morgue, encogiéndose de hombros. No solo la guerra mata y no dan abasto. Y esta es solo una de las tres morgues de la ciudad.
El centro histórico de Járkov, conocida como la capital intelectual de Ucrania, con larga tradición educativa y que alberga joyas del constructivismo, está hoy prácticamente pulverizado. Convertido en escombros y cascotes. El museo de arte, con su colección de pintores rusos como Ilia Repin e Ivan Shishkin, no tuvo tiempo de poner sus tesoros a salvo. También la biblioteca Korolenko, hogar de valiosos manuscritos, ha sido víctima de los bombardeos.
Apenas hay gente en las calles de la almendra central, donde el paisaje de edificios bombardeados y coches calcinados se repite. El sonido de las alarmas que nunca se apagan es constante. El patrón de ataque a infraestructuras civiles se repite en muchas ciudades y es cada vez más feroz, contundente e indiscriminado. En Dnipró, en el centro del país, este martes una explosión ha alcanzado la estación central de tren y ha matado a una persona.
En Járkov, los ataques han alcanzado al menos a 400 edificios altos de apartamentos, según las autoridades. Y muchos de los que todavía están enteros ya no tienen suministros básicos: agua, gas, electricidad. Más de 700.000 personas han salido de la ciudad como han podido. En trenes, dejando a sus mascotas atrás por la imposibilidad de llevarlas con ellos los primeros días. En largas filas de coches.
Destrozos en una calle de Járkov.María Sahuquillo
Todo está cerrado. Solo algunas farmacias y supermercados dan servicio al público, que apura las pocas cosas que ofrecen y hacen colas constantes. Es casi imposible encontrar carne. Algunos viven en el metro, convertido en refugio. O en otros sótanos de la ciudad. Pero cada mañana, muchas de las calles están barridas y limpias, muchas papeleras tienen bolsas nuevas. La vida continúa. Aunque cierre los puños y se muerda la lengua, uno termina por acostumbrarse a todo. También a los bombardeos constantes.
Como el que ha destruido una carísima boutique de relojes del centro. Y una botica antigua. Y una tienda de moda donde los maniquíes decapitados descansan en el suelo, entre los cascotes. Los primeros días, afloraron los saqueadores y los vecinos y grupos de milicianos los ataron a los postes y los apalearon. Ahora, la policía sigue a la busca de los merodeadores y saqueadores. El lunes detuvieron a uno que supuestamente había robado medicinas y que se escondía en el metro. Eso, los saqueos, que la gente se tome una especie de justicia por su mano, también ha pasado en esta guerra.
Población rusoparlante
Dmitri Kravchenko estaba sentado en su puesto de vigilante en una fábrica cuando le alcanzó la metralla de un ataque. Fue hace tres días y aún no sabe si perderá el ojo. Lo lleva cubierto por un parche. Tiene cicatrices en el rostro y en el cuello. “[Putin] dice que somos nazis, ¿sabe? También los niños asesinados por las bombas…”, ironiza enfundado en un jersey ocre en el que se lee Fun creation. En Járkov, como en muchos otros puntos de Ucrania, sobre todo en el este, la gran mayoría de la población es rusoparlante, como aquella que el jefe del Kremlin dice proteger. En 2014, tras las protestas que derrocaron al presidente prorruso Viktor Yanukovich y la invasión rusa de la península de Crimea —que el Kremlin se terminó anexionando con un referéndum no reconocido por la comunidad internacional—, en Járkov también estallaron disturbios, como en las regiones de Donetsk y Lugansk. Manifestantes apoyados por Moscú e incluso personas llegadas desde Rusia proclamaron allí la “República popular de Járkov” y tomaron la sede del Gobierno regional. Las fuerzas del Ejecutivo lo recuperaron pronto.
Járkov, que una vez se vio como una ciudad con simpatías prorrusas, cambió con aquello. La recepción de más de 100.000 desplazados internos de las zonas de Donetsk y Lugansk bajo control del Kremlin por medio de los separatistas prorrusos, modificó asimismo el paisaje; y la ciudad también consagró su giro hacia Occidente, como el resto de Ucrania. Al invadir la segunda ciudad del país, Putin quizá pensó que sería un paseo, que la ciudadanía abriría las puertas a las tropas rusas, con sus inquietantes zetas blancas pintadas en los tanques.
Se equivocó. Tampoco en Járkov la lengua está unida a la identidad. Y la ciudadanía que se ha quedado resiste bajo el granizo, dice Kravchenko. “No pasarán”, exclama en español y con el puño en alto. El grito antifascista de la Guerra Civil española, que se convirtió en el lema de los 35.000 voluntarios de las Brigadas Internacionales que viajaron a España desde más de 80 países para defender a su Gobierno legal, se repite constantemente en Ucrania contra Putin y sus tropas.
En el hospital número 4, en la habitación de Nina Verloka, otras cinco mujeres heridas por bombardeos la escuchan atentamente, a veces con frases entrecortadas, incoherentes, hablar de su hijo, de su hermana, de su casa. Poleshuk, la directora médica del centro, la observa: “La guerra no es un país, es la historia de cada persona. Es cada uno de nosotros”.
El opositor ruso Alexéi Navalni pasará más años en la cárcel. Un tribunal de Moscú le ha declarado este martes culpable de fraude a gran escala y de falta de respeto a la justicia. La Fiscalía ha solicitado hasta 13 años de prisión para el activista. La sentencia se conocerá más adelante. “Navalni cometió un fraude al robar bienes ajenos mediante engaño y abuso de confianza”, ha asegurado la jueza Margarita Kotova en el veredicto al que ha tenido acceso la agencia de noticias Interfax.
El opositor cumplía actualmente otra condena de dos años y ocho meses de prisión en una cárcel de máxima seguridad por el caso Yves Rocher, cuyo juicio fue considerado “parcial y arbitrario” por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ahora, cuatro denunciantes le habían acusado de enriquecerse con los fondos de su Plataforma contra la Corrupción, a lo que se sumó otro cargo por calumnias contra una jueza durante un proceso anterior.
En un primer momento, la Fiscalía acusó al opositor, a su exjefe de campaña, Leonid Volkov, y al exdirector de la Plataforma contra la Corrupción, Román Rubánov, de haber desviado unos 356 millones de rublos (3,1 millones de euros al devaluado cambio actual) “a fines personales” provenientes de la recaudación de su campaña electoral de 2018 y otras acciones.
Sin embargo, el juicio se limitó finalmente a 2,7 millones de rublos (23.000 euros) entregados por cuatro de sus más de 300.000 donantes. En su defensa, Navalni señaló que podría haber sido una trampa por las grandes sumas de dinero aportadas por un mecánico y dos empresarios sometidos a procesos penales.
A estas acusaciones de fraude se sumaron otras dos más por ofensas a una juez, a una fiscal y a un testigo durante una de sus audiencias judiciales de 2021. Navalni fue arrestado el 17 de enero de aquel año por no haberse presentado a las revisiones judiciales de su libertad condicional por el caso Yves Rocher debido a que había estado en coma en una clínica en Berlín, a donde fue trasladado tras haber sido envenenado con Novichok en agosto del año anterior.
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El uso de esta sustancia contra el activista fue confirmado por la investigación de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas de la ONU. Para su desarrollo se necesitan laboratorios muy avanzados, y un análisis de Bellingcat, The Insider y varios medios más denunció que Navalni había sido seguido en varias ocasiones por el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), incluido el viaje en el que cayó en coma. El presidente ruso, Vladímir Putin, justificó su seguimiento meses después aduciendo que trabajaba para intereses extranjeros.
Este nuevo juicio contra Navalni ha tenido lugar en la cárcel de Pokrov, situada en la región de Vladímir y a unos 100 kilómetros al este de Moscú. Los jueces se trasladaron hasta este recinto, donde el activista permanece encarcelado desde que fue detenido, algo que resaltó Navalni durante su defensa. “Nunca en la historia de todos los juzgados de la Federación de Rusia, y creo que incluso en toda la historia de los juicios de la Unión Soviética, se reunió el tribunal en otro territorio, y mucho menos en una cárcel”, dijo Navalni.
Kiev se ha instalado en algo parecido a una tierra de nadie dentro de la guerra que comenzó hace 25 días en Ucrania. Las tropas rusas no han accedido al corazón de la capital ni han llevado a cabo incursiones o bombardeos intensos, aunque sí se producen intensos combates en las localidades de sus alrededores. Pero los cientos de miles de habitantes que todavía siguen viviendo en Kiev no tienen ni un solo día de calma. Este domingo ha vuelto a haber un ataque en un barrio residencial sin que se hayan producido víctimas mortales y al caer la noche, el fuego antiaéreo ha retumbado en toda la ciudad. Se calcula que aproximadamente la mitad de los tres millones de personas que vivían en la principal urbe del país la han abandonado desde que comenzó la invasión de las tropas del Kremlin el pasado 24 de febrero.
Los controles militares, las barricadas y los bloques de hormigón con los que se trata de frenar la posible incursión rusa en la capital forman ya parte de la nueva fisonomía. El tráfico es escaso y las aceras están desiertas casi a cualquier hora del día, pero a veces se forman atascos en los puntos en los que militares o policías requieren a los conductores que se identifiquen o que abran el maletero del coche para comprobar qué es lo que transportan. Hay miles de personas entre civiles y uniformados pendientes de la seguridad de la ciudad, pero los carros de combate rusos no se han acercado al centro.
Sin embargo, a las dos de la tarde del domingo una explosión se escuchó a varios kilómetros de distancia tras sacudir una zona residencial a medio camino entre el centro de Kiev y la localidad de Irpin, escenario desde hace días de intensos combates. Varios coches han ardido junto a un cráter horadado junto a un edificio de viviendas de 10 plantas. Los alrededores han quedado alfombrados de cristales que sonaban al crujir bajo el calzado, conforme los vecinos se iban acercando a contemplar lo ocurrido. No era la primera vez en los últimos días que caía un proyectil en esta zona.
Cientos de ventanas y las fachadas de varios bloques habían quedado dañadas. Las autoridades no han informado de víctimas mortales, pero sí se han registrado cinco heridos. Como ha ocurrido en los ataques que han tenido lugar en los últimos días, hasta la escena se ha desplazado con rapidez el alcalde de la capital, el antiguo campeón de boxeo Vitali Klichko. Junto a las ambulancias, que han trasladado a dos de los heridos al hospital, han llegado también camiones de bomberos para apagar el incendio. Es una ceremonia que se repite desde que, el segundo día de la guerra, Rusia atacó por vez primera en la capital un edificio donde viven civiles en una acción que se ha repetido en varias ocasiones desde entonces.
Eugeni, de 33 años, contempla lo ocurrido este domingo en su edificio a cierta distancia en compañía de una vecina de avanzada edad de la que se está haciendo cargo. Esperan a que la zona deje de estar acordonada por las fuerzas de seguridad para volver a casa pese a los destrozos. De fondo se escucha el trabajo para acabar de retirar los cristales del que fue su colegio, a unas decenas de metros del edificio donde habita. Contempla la escena con nostalgia. “Esta es mi ciudad y pienso regresar a mi casa”, cuenta decidido Eugeni señalando hacia la fachada dañada de su bloque. Con los ojos llorosos, pese a su determinación, explica que su mujer embarazada de seis meses se ha tenido que marchar lejos de Kiev. Ambos esperan un niño que será su primer hijo.
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Decenas de periodistas de todo el mundo han acudido hasta el lugar de la explosión para tomar imágenes o realizar conexiones en directo. Uno de los militares que custodia la zona se queja de lo que él entiende que son mirones. “La gente aquí vive bajo presión porque llevamos recibiendo cohetes de los rusos desde hace un mes. Vivimos bajo un peligro muy grande”, cuenta Anton, de 32 años, otro vecino, que se expresa en español. “La gente que vive aquí son completamente civiles. Aquí no hay ningún objetivo militar, como dice la Federación rusa que está bombardeando, y sí mucha gente que vive aquí, mujeres con niños, personas que no quieren dejar su ciudad natal. Cada noche, muchos han de refugiarse en los sótanos”, añade mientras de fondo se escuchan las detonaciones y suenan las alarmas que alertan ante un posible ataque aéreo.
Fuera del cordón de seguridad se ha instalado una carpa de la Cruz Roja donde son atendidos algunos vecinos. Diana, una voluntaria de 21 años cuenta que muchas son personas mayores a las que han de escuchar y a las que ofrecen un té y un café. “A muchas les cuesta abandonar su casa” incluso en días con ataques como este porque es “donde han vivido toda su vida”, comenta la joven voluntaria.
Mientras, lejos del lugar del ataque del domingo, la plaza que se abre delante de la catedral de Santa Sofía, en el centro, una alfombra de un millón y medio de tulipanes recuerda a los caídos en la guerra. La explanada se ha convertido en lugar de peregrinación para algunos kievitas que acuden a contemplar la escena o a fotografiarla con su móvil.
Un millón y medio de tulipanes forman una alfombra en honor de los caídos en la guerra delante de la catedral de Santa Sofía de Kiev.Luis de Vega
A unos 700 kilómetros de esa plaza, en el sur del país, se ha registrado el segundo ataque con misiles hipersónicos, de acuerdo a la información rusa. Ha sido en Konstantinovka, una ciudad de 70.000 habitantes, donde el proyectil lanzado desde Crimea y capaz de burlar las defensas antiaéreas, habría destruido “un gran almacén de combustible”, según el Kremlin. “Desde esa base se efectuaban los principales suministros de combustible para vehículos blindados ucranios en áreas de combate en el sur de Ucrania”, ha asegurado el Ministerio de Defensa ruso.
Ucrania ha denunciado este domingo otra matanza de civiles que asegura se produjo el 11 de marzo en Kreminna, una ciudad de 23.000 habitantes de Lugansk. Serhii Haidai, comandante del óblast de Lugansk —zona controlada por las tropas ucranias en esta región contestada por los separatistas prorrusos—, ha denunciado este domingo en su Telegram el Ejército ruso mató a 56 personas en una residencia de ancianos. “Lo hicieron de forma deliberada y cínica”, ha afirmado. Haidai ha añadido que no han podido recuperar los cadáveres, y que 15 supervivientes fueron trasladados a un geriátrico en la zona ya ocupada por Rusia de Svatove.
La Defensora del Pueblo ucrania, Ludmila Denisova, ha calificado el ataque de “genocidio”, y ha pedido que se establezca un Tribunal Militar Especial. “Por cada crimen de este tipo, por cada vida inocente quitada, el liderazgo del Estado agresor debe rendir cuentas con toda la severidad del derecho penal internacional”, ha afirmado en un mensaje de Telegram.
El mundo emite crecientes señales de la conformación de una gran ola de inversiones militares. La agresión rusa en Ucrania está espoleando una firme reacción de los aliados atlánticos, con explícitos anuncios de incremento de gasto en Defensa de muchos países europeos y un clima político muy propenso a ello en el Capitolio de Washington. En paralelo, el constante auge económico-militar de China y su actitud provocan significativos movimientos de rearme de democracias de la región indopacífica. Las dos áreas más pujantes del planeta prestan una creciente atención a la defensa.
El gasto militar global ya se hallaba en una dinámica ascendente antes de la invasión rusa. Tras un periodo de contracción en el primer quinquenio de la década pasada, en el segundo registró un paulatino avance de la inversión en defensa. “2020 marcó el nivel más alto desde que tenemos registros comparables, en 1988″, dice Diego Lopes da Silva, investigador del programa de gasto militar y producción de armas del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo (SIPRI). El total de 2020 rozó los dos billones de dólares (alrededor de 1,8 billones de euros), más que el PIB de España y un 2,4% del PIB mundial. El respetado instituto tiene previsto publicar los datos de 2021 a finales del próximo mes de abril.
Sea cual sea el resultado de 2021 —año presupuestario afectado por el estallido de la pandemia en 2020—, recientes anuncios y medidas concretas de gran calado se acumulan y refuerzan la expectativa de un intenso rearme global en el futuro próximo. En Europa, el canciller alemán, Olaf Scholz, ha impulsado un histórico giro en la política exterior y de defensa, anunciando un paquete de gasto militar especial de 100.000 millones de euros (equivalente al PIB anual de Ecuador) y su determinación a alcanzar una inversión en el sector equivalente al 2% del PIB, de acuerdo con el compromiso adquirido por los miembros de la OTAN en 2014 pero no perseguido con auténtica voluntad por muchos países hasta ahora. Otros gobiernos europeos han dado pasos en esa dirección, entre ellos España.
En Estados Unidos, la agresión rusa ha modificado claramente la posición de congresistas demócratas hasta hace poco partidarios de una contención del gasto militar. La relación con China, su gran rival, tampoco atraviesa momentos serenos, como ha evidenciado la conversación telefónica entre los presidentes Joe Biden y Xi Jinping del viernes. “EE UU ya tiene el mayor presupuesto militar del mundo. Entiendo que se seguirá reforzando”, apunta Rose Gottemoeller, que fue secretaria general adjunta de la OTAN, líder del equipo de EE UU que negoció el tratado nuclear START con Rusia y colabora en la actualidad con la Universidad de Stanford. “La cuestión ahora es interpretar cuáles son las nuevas capacidades que es necesario adquirir a la luz de esta guerra. Por ejemplo, es evidente que para los aliados de la OTAN va a ser muy importante la cuestión de la defensa antimisiles. Creo que EE UU ponderará con mucha atención si hay defensas antimisiles adecuadas en Europa y también para proteger a sus aliados asiáticos”, prosigue Gottemoeller.
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En el flanco indopacífico, China anunció a principios de marzo un incremento del gasto militar para el próximo presupuesto anual del 7,1%, algo mayor que el aumento del año anterior (6,8%) y bastante superior a la previsión de crecimiento del PIB (5,5%). Australia ha puesto en marcha un programa para comprar a Estados Unidos submarinos de propulsión nuclear por un valor que podría alcanzar, según un estudio de un instituto del país oceánico, los 170.000 millones de dólares. Los gobiernos de Japón y Corea del Sur anunciaron en diciembre presupuestos militares con claros incrementos, y el de la India también, en febrero.
En cuanto a Rusia, poca duda cabe del deseo de sus líderes de incrementar en el futuro su capacidad militar, que está mostrando serios límites en la guerra de Ucrania, pero está por ver si tendrá la capacidad económica para sostener ese anhelo.
Ante esta aparente disposición a una mayor inversión en defensa de gran parte de los principales actores militares del mundo, lo fundamental será ver en qué direcciones se dirigirá el gasto, qué nivel de transparencia tendrán los desarrollos y, en definitiva, cómo este movimiento alterará los equilibrios estratégicos y si será posible embridarlo en nuevos acuerdos de control de armamento tras una fase de desmorone de varios pactos entre EE UU y Rusia. A continuación, algunas claves para interpretar las perspectivas en los vectores de mayor importancia en un mundo especialmente convulso.
Europa
La invasión de Ucrania ha sido una brutal sacudida en el tablero europeo. Muchos países, no solo miembros de la OTAN, han anunciado fuertes incrementos en el gasto militar. Dos grandes retos destacan en todo el proceso en marcha. Por un lado, acertar en una reorientación estratégica y de capacidades imprescindible tras el ataque ruso; por el otro, comprobar hasta dónde este nuevo esfuerzo podrá impulsar una mayor integración de la defensa en la UE.
“En los últimos 30 o 40 años, el paradigma de política de defensa en Europa ha sido el de las operaciones fuera de área, de baja y media intensidad militar. No contra grandes potencias sino contra competidores, por así decirlo, de segunda división. Ese es el marco referencial”, comenta Luis Simón, director de la Oficina del Real Instituto Elcano en Bruselas, con respecto al reto estratégico. “Si ahora el énfasis está en la disuasión y defensa frente a rivales pares, el tipo de estructuras militares, de capacidades, de procesos que se necesitan es radicalmente distinto de lo que hace falta para actuar en África o en los Balcanes. Hará falta un proceso de transformación institucional y mental”, dice el experto.
Soldados franceses en maniobras militares para el refuerzo de la presencia de la OTAN en la base de Tapa, en Estonia, este sábado. BENOIT TESSIER (REUTERS)
Tanto Gottemoeller como Simón coinciden en que en la reconfiguración de la defensa europea tras la agresión rusa en Ucrania tiene una importancia central la cuestión de las defensas misilísticas, con el despliegue de modelos de alcance intermedio —de 500 a 5.500 kilómetros, anteriormente limitados por un pacto entre Rusia y EE UU que se ha desmoronado— como pieza clave. “Son imprescindibles en un contexto de disuasión”, apunta Simón. Se trata de un debate de interés para España, cuya base de Rota es la referencia de los buques de EE UU que son el epicentro del modelo de defensa actual. El cambio a un modelo de mayor implantación terrestre podría modificar su papel.
Otra cuestión de peso es la posible integración en la OTAN de Suecia y Finlandia, que han sido explícitamente amenazados por el Kremlin caso de que decidieran emprender ese camino. El reto, en su caso, sería implementar una adhesión que no deje un tiempo de desprotección entre la decisión y la integración formal, que es el momento en el que entraría en vigor la cláusula de defensa mutua.
En cuanto al reto de la integración de la defensa comunitaria, las dificultades son considerables. Simón apunta a dos tipos de problemas. En primer lugar, “la divergencia que hay entre Francia y Alemania en cultura estratégica. Francia hace uso proactivo de la fuerza, mientras que para los alemanes es de último recurso. Es un choque no solo filosófico; se proyecta sobre toda esta materia, en el desarrollo de capacidades, los despliegues”. En segundo lugar, porque “hay países, especialmente en el este, que tienen un especial apego a la centralidad del OTAN”. Las actuales circunstancias han reforzado ese sentimiento.
El encaje de los esfuerzos comunitarios con la OTAN no es simple, pero tampoco imposible. Gottemoeller se pronuncia favorablemente. “Creo realmente que si la UE decide invertir más recursos en la defensa, eso es algo positivo. La cuestión principal es que no debería de ninguna manera competir con la OTAN, por ejemplo fijando estándares o requerimientos diferentes”.
Tras años de proyectos comunitarios de pequeño cabotaje en esta materia, la ambición ha ido creciendo, por ejemplo con la constitución de un fondo de defensa europeo. Hay un evidente interés en reforzar la capacidad industrial europea, incrementar la interoperabilidad de las capacidades, reducir redundancias.
El proyecto FCAS (Futuro Sistema Aéreo de Combate) impulsado por Alemania, Francia y España y que involucra a empresas como Dassault, Airbus e Indra, ilustra a la vez las renovadas ambiciones y dificultades de este esfuerzo. Se trata de un programa de envergadura, significativo, que busca ser el epicentro de las capacidades aéreas del futuro. Hay un compromiso político importante detrás de ello, pero persisten las tensiones sobre el liderazgo y la dirección del mismo. El reciente anuncio por parte de Berlín de la intención de comprar 35 aviones de combate F-35 estadounidenses ha despertado algunas suspicacias. Aunque responda a necesidades específicas y urgentes que el FCAS no puede todavía satisfacer, la incógnita es si la compra representa un primer paso en una más decidida apuesta por el modelo de la estadounidense Lockheed Martin que puede reducir parcialmente el proyecto europeo diluyendo su interés.
Estados Unidos
Es la primera potencia militar mundial con diferencia. Su gasto en el sector representó en 2020 un 39% del total global. Junto con los aliados OTAN, el conjunto alcanza un 56%. Su posición de primacía es indiscutida, y por eso todos sus movimientos repercuten con fuerza en el tablero internacional. Si Washington decidiera pisar el acelerador, sin duda Pekín tomaría nota.
“Tenemos claras indicaciones de que el gasto militar se incrementará en varios países en Europa y América del Norte, especialmente en EE UU, donde algunas resistencias que había en el Congreso se están disolviendo a causa del cambio de la situación”, comenta Lopes da Silva, del SIPRI.
El experto señala entre las principales líneas de acción estadounidense el esfuerzo en marcha para modernizar su arsenal nuclear —que supondrá un gasto de 634.000 millones de dólares entre 2021 y 2030 (equivalente al PIB anual de Polonia), según estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso— y en general para impulsar la investigación y desarrollo.
Avión XB-1 en una base aérea de Denver, Colorado. NATHAN LEACH-PROFFER/BOOM SUPERS (Reuters)
Muy importantes son los avances en materia de defensa antimisiles, que constituyen el detonante del desarrollo por parte de China y Rusia de armamento de vanguardia diseñado para superar esa capacidad de neutralización. Es en esa óptica que debe leerse el trabajo alrededor de misiles hipersónicos que ambos países desarrollan, en el caso chino con características mostradas en pruebas realizadas el año pasado que han sorprendido a los estadounidenses.
Washington persigue desde hace tiempo una reorientación estratégica hacia China, que considera su auténtico rival sistémico, pero esta se ha visto frenada por prolongadas exigencias de las guerras de Afganistán e Irak, primero, y ahora por el desafío ruso en Europa. En ese marco conceptual, EEUU trata de ir más allá de sus tradicionales relaciones bilaterales en la región y conformar lazos de pequeñas alianzas ad hoc claramente orientadas a hacer frente a los riesgos asociados al auge de Pekín. El Aukus (con Australia y el Reino Unido, y en cuyo marco se inscribe el gran contrato para el suministro de submarinos con propulsión nuclear) es un ejemplo evidente; el QUAAD (con India, Japón y también Australia) es otro.
China
China avanza con paso firme hacia el objetivo fijado por sus líderes de asentarse como superpotencia en 2049, centenario de la proclamación de la República Popular de China. “Ese objetivo requiere naturalmente tener unas fuerzas armadas acordes al estatus perseguido”, comenta Helena Legarda, analista del Instituto Mercator para Estudios sobre China especializada en su política Exterior y de Defensa. Esto, sustancialmente, significa la ambición de estar en condiciones de competir con y vencer a EE UU. Pekín trabaja a 360 grados para recortar la distancia de Washington con un esfuerzo constante. El incremento del 7,1% del gasto militar es el último de una larga serie.
Aunque el desarrollo militar chino esté envuelto en la opacidad, hay elementos muy evidentes. “Sus ambiciones y sus percepciones de amenaza señalan hacia donde van a ir las cosas”, dice Legarda. Un área de gran desarrollo es la Armada. Pekín impulsa un programa de desarrollo de medios y capacidades que debe sostener su voluntad de proyectar influencia en la región, unos de sus principales objetivos. El Pentágono calcula que en 2021 las fuerzas navales chinas disponían de 355 buques y submarinos, y su plan es alcanzar los 420 en 2025 y 460 en 2030.
Los mencionados misiles hipersónicos son otra área de importante desarrollo. “Pekín tiene claro que en las fuerzas convencionales es difícil competir con EE UU, y busca dar el salto en algunos sectores clave, con capacidades más avanzadas, para adquirir ventajas asimétricas en caso de conflicto”, comenta Legarda.
Misíles balísticos intercontinentales DF-41 chinos en el desfile por el 70º aniversario de la creación de la República Popular, en Pekín.WU HONG
Otra área relevante es el arsenal nuclear. En noviembre, el Pentágono elevó sus proyecciones anteriores y apuntó que China podría disponer de 1.000 cabezas atómicas en 2030, frente a las alrededor de 200/300 que se estiman en la actualidad.
“Espero que, viendo las amenazas actuales, el ruido de sables nuclear en Rusia, China decida en cambio desempeñar un papel responsable en la prevención del desarrollo de amenazas nucleares y en la mayor transparencia acerca de su programa de modernización del arsenal atómico”, comenta Gottemoeller. “Querría señalar que, si bien coincido con el Pentágono en que la modernización de ese arsenal es preocupante, no obstante este es mucho más reducido que el de EE UU y Rusia. Incluso si lo quintuplicaran para 2030, como apunta el Pentágono, seguirían por debajo de EE UU y Rusia. Tenemos que estar pendientes, pero no hay motivos para el pánico. El punto clave es que necesitamos abrir negociaciones también con ellos en la dimensión nuclear”.
China es parte de diferentes acuerdos de control armamentísticos multilaterales, pero no se ha vinculado en ninguno bilateral como hicieron en su momento EE UU y URSS/Rusia. Su argumento es que sus arsenales son inferiores al de las dos superpotencias tradicionales. Pero esto está cambiando a un paso muy rápido.
“No veo a China aceptando pactos que limiten capacidades que considera esenciales para perseguir sus ambiciones o atenuar sus temores. Pero sí son posibles algunos pasos intermedios, algunas medidas de construcción de confianza”, apunta Legarda. Gottemoeller apunta como área interesante de negociación los misiles de rango intermedio. “China tiene desplegados un número significativo de ellos, y hay cierto nivel de igualdad con EE UU en términos de capacidades misilísticas. Es muy importante tener negociaciones en áreas donde hay cierta igualdad”.
Por otra parte, sin duda China está observando con detenimiento la reacción occidental a la invasión rusa en Ucrania. La unidad de los Gobiernos de Occidente, la rapidez y la envergadura de las sanciones, el suministro de armas a Kiev. Todo ello está entrando ahora en el cálculo estratégico de Pekín, en sus consideraciones acerca de Taiwán. Está por ver cómo se reflejará en materia militar. Pero lo que es evidente es que todas las principales democracias de la región se han embarcado en una ruta de incremento del gasto ante el auge de un vecino del que no se fían.
Rusia
El futuro de Rusia es especialmente imprevisible. Poca duda cabe de que el Kremlin tendrá una enorme motivación para invertir dinero en Defensa a la vista de las pérdidas que está sufriendo en Ucrania y de las deficiencias demostradas en la operación pese a varios lustros de ingentes gastos para modernizar sus fuerzas armadas. Pero el colapso de su economía por las sanciones y el veto a exportaciones tecnológicas clave para su industria militar proyectan espesas sombras sobre su capacidad de mantener el ritmo de las potencias más pujantes.
Aviones con misiles supersónicos Kinzhal sobre la plaza Roja de Moscú en 2018. – (AFP)
“Rusia depende para la manufactura militar de tecnologías, componentes y elementos industriales importados. Las sanciones y la devaluación del rublo harán imposible o difícil la producción en ciertas áreas, por ejemplo aviones y satélites”, considera Pavel Luzin, experto ruso en materia de Defensa que colaboró con la campaña presidencial de Navalni en 2017-2018.
Sin duda Rusia intentará recibir ayuda de China, pero es un camino repleto de incógnitas. “En el pasado, Rusia era quien suministraba armas o tecnología a China. Pekín no ha entregado nada significativo. Puede que pronto decidirá dar algo a cambio de petróleo y gas, pero no estoy seguro de que esta cooperación permitirá a Rusia mantener sus capacidades militares”, argumenta Luzin.
Un elemento importante de esta situación es su impacto en las exportaciones armamentísticas de Rusia. Moscú ha sido tradicionalmente un gran exportador, con países como India, China, Venezuela o Argelia como grandes clientes. Sus ventas ya estaban en marcado declive desde hace años –un 26% menos en el quinquenio 2017-21 con respecto al anterior, según datos del SIPRI- pese a fuertes esfuerzos del Kremlin, que ha llegado a ofrecer condiciones muy propicia a los compradores. Las nuevas dificultades sin duda afectarán esta dimensión militar, y los lazos políticos internacionales que de ella dependen.
Otros factores
Al margen de las principales potencias, hay otros focos de tensión que pueden consolidar la tendencia al rearme. Uno de ellos es obviamente Oriente Próximo, donde se concentran tres países con importante proyección militar —Arabia Saudí, Israel e Irán, los tres entre los primeros 20 del mundo por gasto según el SIPRI—. Aunque se lograse reactivar el pacto nuclear con Irán, es dudoso que sus adversarios cambiaran por ello su cálculo estratégico a corto y medio plazo.
Por otra parte, a medida en la que el mundo va superando la pandemia, la reactivación de las economías y la liberación de recursos públicos destinados en los últimos dos años a paliar los estragos de la misma constituyen un entorno más propicio para inversiones en Defensa. El tiempo dirá, pero las convulsiones geopolíticas que sacuden el mundo apuntan a una creciente atención a dotarse de elementos de fuerza militar.
Perú hoy vive una grave emergencia, el derrumbe del cerro Retamas sepultó más de 50 casas y buscan heridos, fallecidos y sobrevivientes.
La Libertad en Perú hoy vive una grave emergencia, el derrumbe del cerro Retamas sepultó más de 50 casas y buscan heridos, fallecidos y sobrevivientes.
Noticias Internacionales.
Este martes Perú vive una emergencia tras el gran derrumbe del cerro Retamas en la Provincia Pataz, que cayó sobre varias viviendas.
Cuando empezó el derrumbe.
La emergencia se reportó a las 8:30 de la mañana, pero en el transcurso del día es que se ha ido conociendo la magnitud de lo ocurrido.
Hasta el distrito de Parcoy, en la región La Libertad, han llegado socorrista, fuerza pública y voluntarios para ayudar en las labores de búsqueda y rescate.
Socorristas, fuerza pública, funcionarios y voluntarios han acudido a ayudar.
Al haber ocurrido tan temprano, presumen que todavía mucha gente estaba en sus casas antes de salir a trabajar.
varias casas quedaron sepultadas.
Informó el Ministerio de Defensa peruano, que el mismo ministro José Luis Gavidia llegó a La Libertad «para liderar las acciones de rescate de las personas atrapadas y atender a los heridos».
Fueron entre 60 y 80 casas sepultadas.
Lady Leiva es una de las sobrevivientes, ha contado a la prensa de ese país, que su esposo escuchó ruidos en el cerro La Esperanza y dio aviso a sus vecinos, y decidió sacar a su familia. Este martes, su casa quedó sepultada.
Se advirtió en octubre, noviembre, diciembre del año pasado y en enero de este 2022 del riesgo inminente de derrumbe del cerro Retamas, por la temporada de lluvias.
En los últimos meses varios países de la región han vivido trágicas emergencias por cuenta de la ola invernal.
La Agrupación de Grupos Folclórikos del Atlántico informaron este martes, que La Gran Parada Carlos Franco y la Batalla de Flores Sonia Osorio vuelve a la 44.
Este viernes se llevará a cabo el popular desfile de la Guacherna, el cual se efectuará por la carrera 44 hasta la casa del Carnaval de Barranquilla.
Noticias Barranquilla.
En conteo regresivo está el Carnaval de Barranquilla de este 2022, en 14 días por fin comenzará la fiesta más esperada por muchos en la costa Caribe, y hay anuncios de últimos hora.
Este viernes se llevará a cabo el popular desfile de la Guacherna, el cual se efectuará por la carrera 44 hasta la casa del Carnaval.
La Agrupación de Grupos Folclórikos del Atlántico informaron este martes, que La Gran Parada Carlos Franco y la Batalla de Flores Sonia Osorio vuelve a la 44.
Estos eventos regresan a la carrera 44 y 21 en las localidades norte, centro histórico y sur occidente de la ciudad de Barranquilla.
La fiesta carnavalera si va en la 44.
Agradecieron el apoyo de las autoridades barranquilleras para que estas actividades pudieran realizarse en sus puntos tradicionales este 2022.
Han pedido a la ciudadanía, mantener «las medidas indispensables que acogemos en todo su contenido, exhortando tanto a los artistas como a los ciudadanos a no desmayar en su observancia por la vida y la salud de todos».
¡Prográmate para vivir y gozar por dos el #Carnaval2022!💛🤩. Estamos a 18 días del primer evento de nuestra Programación Oficial. ¡Nos preparamos para que ‘Joselito’ viva la Fiesta desde el 1º de marzo!🥳
El montaje de los palcos en la vía 40 empezó el viernes, y Valeria Charris habló de la expectativa del Carnaval de Barranquilla.
“Me dio mucha emoción y como ansiedad ver esas imágenes ya armando los palcos, eso quiere decir que lo hicimos bien”, indicó.
Este 2022 la expectativa por la fiesta local «es inmensa».
“Por el 2021 que no hubo ninguno, este 2022 va a valer por dos, estoy segura que la emoción va a ser gigante va a estar altísima por el éxito de este Carnaval», expresó la reinal del Carnaval, Valeria Charris.
Es preciso recordar que las fiestas fueron aplazadas un mes por los altos contagios de coronavirus que se presentaron de manera previa a finales y principios de año.
Sin embargo, las cifras mejoraron y a raíz de ello los carnavales del año 2022 son un hecho.
Trabajadores preparan las mesas de votación en Bogotá, este viernes.Carlos Ortega (EFE)
El Congreso de la República necesita renovación, y en eso coincide casi todo el país. Ese desempeño ha estado lleno de escándalos, malas decisiones, y muy pocos resultados. Para no mencionar a esa gran mayoría arrodillada ante un Ejecutivo marcado por su bien ganada impopularidad y desprestigio. Una encuesta reciente de Invamer destaca que el Congreso de la República ha venido perdiendo credibilidad desde el Gobierno de Juan Manuel Santos hasta tener hoy un 85% de imagen negativa.
Sin duda, esta realidad debe enmarcarse en un contexto más amplio: el del deterioro de la institucionalidad del país cuando esta era una de sus fortalezas. No se salva ninguno, desde los órganos legislativos hasta los entes de control; y entre ellos, la Registraduría Nacional del Estado Civil vital para las elecciones y gran responsable de su manejo en el país. No solo pocos creen hoy en su transparencia, sino que la mayoría está convencida de que el fraude electoral es inminente.
Ante el cambio de Gobierno en agosto, la paradoja está en que mientras se demanda un nuevo Congreso que sí cumpla el papel crucial que se requiere, la realidad parece indicar que estas elecciones legislativas tienen más sombras que luces. La Registraduría Nacional informa que son 2.835 candidatos al Congreso, 934 para ocupar 108 puestos en el Senado y 1.901 para 172 curules en la Cámara de Representantes. Entre los senadores 100 serán elegidos por circunscripción nacional, dos por circunscripciones indígenas, cinco del partido Comunes (ex FARC) y el candidato derrotado en la segunda vuelta de la elección presidencial. En la Cámara 161 serán de circunscripción territorial —Bogotá y 32 departamentos—, dos afrocolombianos, un indígena, un colombiano en el exterior, un raizal, cinco del partido Comunes y la formula vicepresidencial del candidato derrotado.
Para ser objetivos empecemos por lo positivo que puede tener el Congreso que se elegirá el 13 de marzo. Sin duda, se caracterizará por su pluralidad étnica que refleja la realidad de Colombia. En esta contienda tanto para Senado como Cámara debe destacarse un número muy significativo de mujeres, 39.6% del total de aspirantes; un aumento del 6% frente a las elecciones de 2018. Pero tal vez lo más novedoso es que como resultado del Acuerdo de Paz de 2016, se crearon 16 Circunscripciones Especiales para la Paz que implican la participación de 16 representantes de las víctimas del conflicto armado provenientes de los territorios más afectados por esta guerra interna.
Pero detrás de lo anterior hay un lado muy negativo. Es innegable el gran número de candidatos cuestionados: o con investigaciones penales y disciplinarias, o herederos de caudales electorales de personas condenadas, o asociados a escándalos de parapolítica, o involucrados con carteles, o parte de episodios de corrupción como Odebrecht, o por nexos con grupos armados. Según la Fundación Pares, son 108 en ese grupo, es decir, el 3.8%. El otro lío es que ante la evidencia de compra masiva de votos, inclusive de grupos políticos con un candidato a la presidencia, Alex Char, la indiferencia de muchos electores crece. Se sabe que hay por lo menos 33 clanes con empresas de compra de votos que apoyan al 53% de los candidatos cuestionados.
Más doloroso aún son los graves problemas que enfrenta la elección de las curules de paz. Frente a candidaturas no precisamente de víctimas, como la de un hijo de un reconocido paramilitar y victimario, el Gobierno ha sido indiferente, y con ello, ha frenado que las verdaderas víctimas tengan voz en el Congreso. “Un fracaso de la democracia colombiana” es como el diario El Espectador califica que el presidente Duque no les haya dado la financiación estatal a la cual tienen derecho por ley y que su Gobierno no haya garantizado su seguridad para que hagan campaña. ¿Cómo pueden entonces competir con el hijo de ‘Jorge 40‘, que sí tiene la financiación asegurada para hacerse elegir? Todo esto ha llevado a la renuncia por falta de garantías de al menos 10 de estos candidatos.
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Pero aún hay más. Si bien sí hay candidatos que representan la renovación y que sí pueden luchar por los colombianos, estos se han enfrentado a la invisibilidad de sus nombres y propuestas por la coincidencia de su elección con las consultas presidenciales que definirán quien representará a los partidos en la gran contienda. Los debates han estado centrados en las llamadas coaliciones —Centro Esperanza, Equipo por Colombia y el Pacto Histórico— llenas de precandidatos y en los otros cinco ya candidatos que han copado la atención pública. Lo anterior puede fácilmente traducirse en lo indeseable: que se reelija ese viejo, ya conocido, y mal Congreso de la República porque muy pocos candidatos de buen perfil han tenido el espacio para que el país los conozca y vote por ellos.
Esta paradoja a la que se enfrenta este país el 13 de marzo es uno de los mayores retos de la sociedad colombiana. La elección de un nuevo Jefe de Estado que responda al clamor de un país que quiere paz, crecimiento, equidad, transparencia, y democracia puede frenarse en seco porque no hay Gobierno que pueda cambiar una nación si no tiene el apoyo de la mayoría del Congreso. El futuro de Colombia es preocupante, pero como este es el país de las mil paradojas, la esperanza está en nuestros jóvenes.
La economista, exsenadora y exministra colombiana Cecilia López Montaño es actualmente la presidenta de la Fundación CiSoe
Sobre un mural que el artista caleño Pipe Yanguas, financió e hizo en el Bulevar del Río como regalo para la ciudad, pintaron grafitis y mensajes mientras transcurría la marcha de mujeres.
Noticias Cali.
Las críticas por el daño en el mural que era un regalo para Cali, van tanto al movimiento feminista que señalan fue el que pintó por el tipo de mensajes dejados y porque aparecieron apenas terminó la marcha de este martes 8 de Marzo, sino también para la Alcaldía, «que permitió» este tipo de ‘expresiones culturales en varias zonas, especialmente en el marco del paro.
Diferentes frases sobre el movimiento feminista como ‘Alison vive’, ‘muerte al macho’, opresores, ‘Nos queremos vivas’ y más, fueron pintadas sobre el mural.
Se trata, de una obra que el artista caleño Pipe Yanguas, decidió hacer como un regalo para la ciudad, sacó de sus propios recursos y destinó semanas a diseñarlo y pintarlo. Lo había entregado este martes en la mañana.
‘Cali florece’, se llama el mural.
El artista Pipe Yanguas entregó el mural a Cali, el martes en la mañana.
En la tarde, ya el mural que es de gran formato y mucho detalle, estaba destruido en gran parte.
En la tarde, la obra quedó así.
Diferentes mensajes feministas fueron pintados sobre la obra de Yanguas.
Ronald Mayorga, secretario de Cultura en Cali, lamentó el daño causado al mural en el Bulevar del Río.
«Nos toca seguir trabajando en la posibilidad de que en esta ciudad coexistamos, que todas las miradas son válidas», fue la respuesta diplomática del funcionario.
Hasta ahora no se conoce el monto perdido con los grafitis y mensajes pintados encima.
«Esperamos que Pipe pueda intervenir otras paredes de la ciudad», llamó Mayorga.
Las paredes en Cali hablan
Sobre otras zonas como la Calle 5, donde hubo una especie de conflicto en medio del paro nacional por los mensajes que diferentes bandos ponían allí, ahora buscan que se convierta en un corredor de arte urbano.
Dijo Mayorga que en ese punto, si habrá una convocatoria por parte de su despacho de la Alcaldía, a artistas de Cali.
No es posible restaurar el mural vandalizado en el Bulevar del Río, dijo Ronald Mayorga, secretario de Cultura de Cali. La intervención había sido entregada apenas este martes, Día de la Mujer, por el artista Pipe Yanguas.