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Instalaciones de la reserva estratégica de petróleo de EE UU en Freeport (Texas), en una imagen de 2016.
Instalaciones de la reserva estratégica de petróleo de EE UU en Freeport (Texas), en una imagen de 2016.Richard Carson (Reuters)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha anunciado este jueves que lanzará al mercado 180 millones de barriles de petróleo —un millón al día durante seis meses— procedentes de las reservas estratégicas del país para intentar rebajar el precio, según adelantó la Casa Blanca. Esta cantidad de crudo es el equivalente aproximado a dos días de demanda global. Tras conocerse la medida, el precio del petróleo cayó un 4,5%.

En una comparecencia en la Casa Blanca, el mandatario apeló a acelerar la consecución de la independencia energética para evitar crisis de suministro como la provocada por la contienda; instó a la industria a producir más “y no conformarse con sus beneficios récord” y pidió al Congreso que apruebe sus planes de transición energética hacia una economía verde. La subida del precio de la gasolina se enraíza en la recuperación pospandémica, al aumentar la demanda, pero se ha visto agravada por el conflicto de Ucrania, recordó el presidente. “Sé cuánto duele esto al bolsillo de los estadounidenses cuando van a la gasolinera”, declaró, por lo que prometió aliviar la presión alcista de los precios con un llamamiento, casi rayano en una orden, a incentivar la producción. A las empresas que han conseguido licencias de explotación pero no están operando, les advirtió, “tendrán que empezar a producir o pagar por su inactividad”.

“El 90% de la producción de yacimientos terrestres se realiza en terrenos que no son propiedad del Gobierno federal. Del 10% restante, terrenos federales, la industria del petróleo y gas tiene arrendadas millones de hectáreas. Actualmente disponen de 9.000 permisos para perforar ya aprobados. Podrían estar extrayendo ahora mismo”, se lamentaba Biden el 8 de marzo, cuando prohibió la importación de petróleo ruso como sanción por la invasión de Ucrania.

“La magnitud [de la medida] no tiene precedentes: nunca en el mundo se han liberado reservas a ese ritmo durante tanto tiempo. Esta salida récord servirá de puente hasta fin de año, cuando se consolide el aumento de la producción nacional”, recordaba en un comunicado la Casa Blanca.

No es la primera decisión de Biden que afecta al fondo de reserva de petróleo —en noviembre pasado anunció la salida al mercado de 50 millones de barriles para aliviar la presión sobre hogares y empresas—, pero sí la primera directamente vinculada a la guerra de Ucrania. El argumento más utilizado por el presidente estadounidense desde que empezó la contienda es que hay que culpar a su homólogo ruso, Vladímir Putin, del alza de los precios, en especial la subida de la factura de la energía. Idéntico argumento ha sido esgrimido en el anuncio de este jueves. “Los estadounidenses se enfrentan al aumento de los precios en las gasolineras debido al aumento de precios de Putin. Desde que aceleró su concentración militar en Ucrania [el despliegue de tropas en la frontera que precedió a la invasión], los precios de la gasolina han aumentado casi un dólar por galón [3,78 litros]. Debido a la guerra declarada por Putin, llega menos petróleo al mercado y la reducción en el suministro está aumentando el precio en los surtidores. El presidente Biden se compromete a hacer todo lo que esté en su mano para ayudar a las familias que, como resultado del conflicto, deben pagar más. Por eso, hoy, el presidente anunciará un plan en dos partes para aliviar la presión de las familias al aumentar de inmediato el suministro de petróleo y lograr una independencia energética duradera, que reduzca la demanda de petróleo y refuerce nuestra economía de energías limpias”, explica el comunicado de la presidencia.

Con la inflación en máximos históricos desde los años ochenta, el comunicado de la Casa Blanca subraya cómo, desde comienzos de año, el precio medio del galón de gasolina se ha incrementado casi un dólar: de 3,30 a 4,20 dólares. La prohibición de importar petróleo ruso, “una medida demandada y apoyada por republicanos y demócratas en el Congreso”, iba a tener un coste, advirtió Biden, que se traduciría en una mayor presión inflacionaria, pese a que el crudo ruso representaba solo en torno al 8% del suministro del país. Para compensar, Washington confía en que se acelere la producción interior de gas y petróleo.

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Esto preocupa a los grupos ecologistas, y representa una cierta contradicción frente a la apuesta por la transición energética de la que Biden ha hecho bandera. Estados Unidos se acerca a niveles récord de producción de petróleo y gas natural. “Se espera que aumente en un millón de barriles por día este año y casi 700.000 barriles por día el próximo año”, según el comunicado.

El Fondo de Reserva Estratégico, creado en 1975 después de que el boicot de países productores árabes desencadenase la primera crisis energética global, almacena 586 millones de barriles en cuatro lugares celosamente custodiados en la costa de Luisiana y Texas. Los presidentes del país pueden recurrir al fondo para calmar a los mercados en caso de guerra o cuando catástrofes naturales golpean infraestructuras energéticas, por ejemplo en el golfo de México.

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El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión de este miércoles en el Bundestag.
El canciller alemán, Olaf Scholz, durante la sesión de este miércoles en el Bundestag.MICHELE TANTUSSI (REUTERS)

La presión de otros socios de la Unión Europea sobre Alemania para acordar mayores sanciones energéticas contra Rusia no está haciendo efecto. Al menos por ahora. El canciller, Olaf Scholz, se mantiene firme en su decisión de no renunciar de forma inmediata al suministro energético de Moscú. Alemania no se lo podría permitir, aseguró este miércoles Scholz en el Bundestag. La economía alemana podría entrar en recesión y eso “no beneficiaría a nadie”, añadió. El canciller recordó, en la primera sesión dedicada a los presupuestos, que las sanciones no deberían “golpear más a los Estados europeos que a los líderes rusos”.

La Unión Europea sopesa incluir el sector energético en las sanciones contra Rusia, pero quiere asegurarse de que ese paso no rompa la férrea unidad que han mantenido los Estados miembros desde que empezó la invasión rusa de Ucrania, el pasado 24 de febrero. Alemania y otros países también muy dependientes de los hidrocarburos rusos argumentan que sus economías quedarían muy tocadas si se prohibiera la importación de gas o de petróleo. El 55% del gas que alimenta la industria y las calefacciones alemanas procede de Rusia. También un tercio del petróleo.

Cambio de modelo energético

El Gobierno alemán está decidido a acelerar un cambio radical en su política energética para acabar con la dependencia de Rusia, pero Scholz recordó que no es tarea que pueda hacerse “de la noche a la mañana”. El canciller anunció que los puertos para desembarcar y regasificar el gas natural licuado con el que se sustituirá el que llega por gasoducto desde Rusia se construirán “mucho más rápido que antes”, en referencia a los múltiples trámites burocráticos y administrativos que suelen comportar este tipo de instalaciones en Alemania. Los procedimientos para homologar aerogeneradores y campos solares se acelerarán para evitar las largas esperas que hasta ahora acumulaban estos proyectos.

Scholz inició su discurso asegurando a Ucrania que puede contar con la solidaridad de Alemania. Se dirigió directamente al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, que la semana pasada intervino en el Bundestag para afear a Alemania haber priorizado las relaciones económicas con la Rusia de Putin. Entonces Scholz no le respondió. Los diputados aplaudieron puestos en pie al líder ucranio antes y después de su discurso, pero nadie intervino para darle la réplica. Scholz asegura este miércoles en una entrevista en Die Zeit que es lo que marca la tradición cuando un estadista extranjero habla en el hemiciclo, pero reconoce que no fue lo correcto.

Alemania ha estado suministrando armas a Ucrania desde el inicio de la invasión, pero se desconoce cuántas han llegado efectivamente a su destino. El embajador ucranio en Alemania, Andrej Melnik, ha criticado que Berlín no esté enviando los suministros que pidió Kiev, que incluyen carros blindados y aviones de combate. En su alocución en el Bundestag, Scholz evitó precisar qué armas alemanas ha recibido Ucrania.

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El canciller trazó un límite claro en su compromiso con Kiev: “La OTAN no se convertirá en parte de esta guerra”, aseguró, reiterando su rechazo a establecer una zona de exclusión aérea garantizada por la Alianza. La ayuda a los refugiados será “integral”, prometió. “Todavía no está claro cuántas mujeres, hombres y niños de Ucrania buscarán refugio entre nosotros. Lo único que sabemos es que serán muchos y son bienvenidos aquí”, señaló. El Gobierno federal todavía está discutiendo con los Estados federados cómo repartir la carga económica que supondrá el alojamiento, la manutención, la escolarización y la sanidad que va a garantizar a los refugiados ucranios.

Advertencia a Putin

El canciller alemán ha revelado en una entrevista publicada este miércoles por el semanario Die Zeit que ha advertido directamente al presidente ruso contra el uso de armas químicas y biológicas en Ucrania, algo que sería “imperdonable”. Scholz afirma que hay que mantener abiertos los canales diplomáticos y estar al teléfono para hablar con Putin en cualquier momento. Sobre la larga conversación que mantuvo con él antes de que iniciara el ataque, ha contado que le sirvió para tener una impresión directa de él, aunque nunca se hizo ilusiones sobre sus intenciones: “En Moscú, no respondió a una pregunta muy clara: ¿Me puede asegurar que no invadirá Ucrania?”.

A la pregunta de si impondría más sanciones si Putin usara este tipo de armas, Scholz ha contestado: “En una conversación directa le advertí [a Putin] contra su uso. Las afirmaciones rusas de que Ucrania está desarrollando armas biológicas y químicas o de que Estados Unidos tiene la intención de usarlas son falsas y me parece que son una amenaza implícita de que el propio Putin está considerando usarlas. Por eso era importante para mí decirle clara y directamente: eso sería inaceptable e imperdonable. Nadie debería siquiera pensar en eso”.

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La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, durante la rueda de prensa de este lunes.
La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, durante la rueda de prensa de este lunes.DPA vía Europa Press (Europa Press)

La Casa Blanca ha asegurado este lunes a través de su portavoz que Estados Unidos no está manteniendo “por ahora” contactos con Venezuela ni poniendo en marcha ningún plan para importar petróleo de ese país y así lograr equilibrar los precios tras cerrar el grifo al crudo ruso por la invasión de Ucrania. “No es algo sobre lo que estemos conversando de forma activa por ahora”, dijo Jen Psaki, en su rueda de prensa diaria. La semana pasada, una delegación de alto nivel del Gobierno norteamericano viajó a Caracas con la intención de proponer a Nicolás Maduro un acuerdo económico para suplir algunas demandas energéticas en su economía, lo que despertó críticas muy duras de varios legisladores de ambos partidos en el Congreso. El senador demócrata Bob Menéndez, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, dijo que la compra de petróleo venezolano podría perpetuar la crisis humanitaria en ese país. “No deberíamos insuflar nueva vida al reino de tortura y asesinato [de Maduro]”, dijo Menéndez en un comunicado.

El viaje a Caracas también creó tensión con uno de los aliados de Washington en el continente. El presidente de Colombia, Iván Duque, llegaba en visita oficial a la Casa Blanca tras conocerse los contactos con Maduro y sin que hubiera sido avisado de ello. Tras reunirse el pasado jueves con el presidente norteamericano, Duque reveló que había ofrecido a Biden el suministro de más petróleo colombiano para estabilizar los precios de la energía, como alternativa al crudo venezolano.

Psaki confirmó este lunes que Biden habló de ese tema con Duque en el contexto de la “seguridad energética global” tras la invasión rusa de Ucrania, pero aseguró no tener más detalles sobre ninguna decisión al respecto. “Seguimos hablando con una serie de productores sobre la importancia de mantener el suministro global. Esto no se trata solo del suministro en Estados Unidos, sino de asegurar el suministro al mercado global, y apreciamos nuestra relación con Colombia”, afirmó la portavoz.

Un alto funcionario estadounidense, que pidió el anonimato, negó la semana pasada que hubiera conversaciones directas entre la Casa Blanca y el chavismo, a pesar de que la delegación se viera cara a cara con Maduro. “Creo que no hay conversaciones entre nosotros y el régimen. Se viajó allí para asegurar la liberación de los estadounidenses, que es algo que la comunidad internacional e incluso representantes de la oposición nos habían instado a hacer”, declaró la fuente de la Administración en referencia a los 10 estadounidenses presos en Venezuela, de los que dos fueron liberados poco después de la visita. “No hay diálogo, el diálogo tiene que ser entre los venezolanos para decidir el futuro de su país, y hemos dejado claro que estamos dispuestos a levantar la presión [sobre el chavismo] si hay progreso en esas conversaciones”, finalizó ese funcionario.

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Unos coches de la policía saudí, en julio de 2020 cerca de La Meca.
Unos coches de la policía saudí, en julio de 2020 cerca de La Meca.SAUDI MINISTRY OF MEDIA (Reuters)

La guerra de Ucrania ha puesto sordina a la ejecución de 81 hombres en Arabia Saudí durante el fin de semana. Las condenas internacionales al mayor ajusticiamiento colectivo llevado a cabo en tiempos recientes en el reino se han visto refrenadas en medio de presiones diplomáticas para que Riad aumente la producción de petróleo para rebajar los desbocados precios del combustible.

Los reos habían sido sentenciados a la pena capital por terrorismo y asesinato, entre otros delitos, y más de la mitad de ellos eran chiíes, minoría religiosa musulmana en la que se incluye a entre un 10% y el 20% de la población. En consecuencia, Irán ha suspendido la quinta ronda de diálogo bilateral con el Gobierno saudí que tenía previsto desarrollarse esta semana en Irak.

Entre las ocho decenas de reos que fueron presumiblemente decapitados el sábado por la espada del verdugo, método oficial saudí de ejecución, figuraban también siete yemeníes y un sirio, según informa Reuters. El Ministerio del Interior aseguró en un comunicado que algunos de los ajusticiados habían “rendido pleitesía a grupos terroristas extranjeros como el ISIS (por las siglas inglesas del Estado Islámico), Al Qaeda y los (insurgentes de Yemen) hutíes” o mantenían “creencias herejes”. Las autoridades de Riad insisten en que los encausados tuvieron un proceso judicial justo y con asistencia letrada, y que su condena estuvo ratificada por un decreto real.

Los grupos de defensa de los derechos humanos cuestionan el grave retroceso experimentado con el ajusticiamiento masivo, que supera las 67 ejecuciones registradas eme todo 2021 y las 27 de 2020. Amnistía Internacional ya denuncio el incremento constatado el año pasado después de que Arabia Saudí hubiese ejercido la presidencia de turno del G20.

Las ONG humanitarias resaltan además que se haya roto la promesa del príncipe heredero, Mohamed Bin Salmán, de ir reduciendo en Arabia Saudí el recurso a la pena capital para reemplazarla por la condena a perpetuidad. El Gobierno saudí anunció el año pasado la suspensión de la pena capital por delitos relacionados con las drogas. También se comprometió a dejar de ejecutar a las personas que eran menores de edad cuando cometieron los delitos.

Desde Bruselas, el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, ha condenado unas ejecuciones que van contra uno de los principios de la Unión Europea y que ha calificado como “un castigo cruel e inhumano”. La ONG británica Reprieve (Indulto), que batalla por la abolición de la pena de muerte, ha sido una de la más activas en la condena a la última ejecución colectiva. Su codirectora, Maya Roa, encabeza en Twitter la campaña para que el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, suspenda un anunciado viaje a Riad. El mandatario pretende persuadir a las autoridades saudíes de que incrementen la producción de petróleo para contener los precios de la energía.

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La desaparición y muerte en 2018 del periodista saudí Jamal Khashoggi en el consulado de su país en Estambul a manos de agentes de seguridad vinculados con el príncipe heredero y los abusos contra la población civil cometidos por las fuerzas encabezadas por Riad en la guerra de Yemen desde 2014 han roto muchos de los estrechos vínculos que Arabia saudí mantenía con los países occidentales.

La ejecución colectiva del pasado fin de semana supera el listón de los más de 60 ajusticiados en 1980 causa de la toma por un grupo armado de la gran mezquita de La Meca, en la que perdieron la vida más de un centenar de miembros de las fuerzas de seguridad y otros tantos salafistas durante dos semanas de enfrentamientos. En 2019 sufrieron la pena capital en el mismo día 37 reos, en su mayoría saudíes de confesión chií. En 2020 solo Irán, Egipto e Irak superaron a Arabia Saudí en número de ejecuciones. China no facilita datos.

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Nicolás Maduro, durante la ceremonia de inauguración del año judicial venezolano, en Caracas, el pasado 27 de enero.
Nicolás Maduro, durante la ceremonia de inauguración del año judicial venezolano, en Caracas, el pasado 27 de enero.Matias Delacroix (AP)

La guerra desatada por la invasión rusa de Ucrania es el conflicto bélico con mayores repercusiones geoestratégicas en décadas. Las hostilidades se libran en un territorio limitado, pero sus consecuencias son globales y están ya alterando el panorama de las relaciones internacionales, incluso en lugares muy lejos del frente. Entre los síntomas de cambio, destaca la primera reunión en años entre representantes de alto nivel de la Casa Blanca y el régimen venezolano, así como el redoblado interés de las potencias occidentales por coronar la negociación de un nuevo pacto nuclear con Irán.

Estos dos movimientos diplomáticos denotan la voluntad de Occidente de golpear el sector petrolero ruso y el consiguiente interés de apuntalar ese mercado a través de otros productores. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, firmó el martes una orden ejecutiva para impedir las importaciones de petróleo y gas rusos; también Reino Unido anunció que eliminará las importaciones de petróleo ruso para finales de año y estudiará reducir las de gas. La Unión Europea, mucho más dependiente de Rusia en este apartado que EE UU, no se ha sumado a estas últimas acciones. Pero en este contexto, países con grandes reservas como Venezuela e Irán, cuyas exportaciones están actualmente sometidas a regímenes sancionadores, cobran una renovada importancia.

Todo esto forma parte de una reconfiguración mucho más amplia. “La invasión de Ucrania es un acontecimiento sistémico. No transformará el mundo de forma integral como lo hizo la caída de la URSS, pero sí tiene importancia estructural”, comenta Riccardo Alcaro, coordinador de investigaciones y responsable del programa Actores Globales del Instituto de Asuntos Internacionales de Roma.

En este contexto, múltiples fuerzas impulsan cambios. La decisión de Occidente de apuntalar el mercado energético, de la que otros grandes productores podrían intentar sacar ventajas políticas, es la más inmediata, y plantea cuestiones delicadas, como señala Cathryn Klüwer Ashbrook, experta en relaciones internacionales y directora del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores. “En el campo de batalla de Ucrania se libra una lucha entre dos sistemas, entre diferentes valores. ¿Pueden aquellos que defienden valores democráticos y de derechos humanos permitirse, mientras libran esa lucha, ser vistos acercándose a dictadores por la necesidad de petróleo? A mi juicio es una cuestión muy problemática, y el caso venezolano es especialmente sensible”, señala.

Pero hay otros factores que espolean una reconfiguración. Entre ellos, Alcaro destaca “la reconsideración, por parte de los aliados de Moscú, de su dependencia del Kremlin en este momento en que Rusia avanza hacia una catástrofe político-económica”. Esos países pueden tener la tentación de cambiar sus pilares de apoyo, y esto resultaría en un retroceso del protagonismo de Rusia, que quedaría reequilibrado con avances o bien de Occidente o bien de China.

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Venezuela es precisamente uno de los países que, en los últimos años, ha recibido apoyo de Moscú mientras las sanciones de EE UU asfixiaban su economía. La reunión celebrada en Caracas el pasado fin de semana —que el líder venezolano, Nicolás Maduro, calificó de “respetuosa y cordial”— representa un llamativo giro en el guion diplomático tras años de ruptura total de relaciones y confrontación. Las dificultades para que este acercamiento desemboque en progresos tangibles son enormes. Las discrepancias y la desconfianza son tan profundas que cuesta imaginar una aproximación sustancial.

Pero la liberación, el martes, de dos ciudadanos estadounidenses presos en Venezuela evidencia que hay voluntad de emprender un camino sobre la base de intereses convergentes: un alivio económico para Caracas, y más petróleo para Occidente. La capacidad productora venezolana está muy mermada, pero el país cuenta con enormes reservas.

En el caso de Irán, no hay un viraje político tan claro como el que ha supuesto la reunión en Venezuela, pero sí un reforzado sentido de urgencia en la negociación, que se prolonga desde hace casi un año, para reactivar el pacto nuclear reventado por la Administración Trump. “Sin duda, Occidente tiene mayor interés por cerrar el pacto, quizá, incluso, esté dispuesto a hacer alguna concesión más, pero no a cualquier precio”, comenta Alcaro.

El acuerdo con Irán se acerca

Las señales que emiten las partes implicadas en la negociación apuntan a que el acuerdo no está lejos. Las labores técnicas están sustancialmente culminadas, pero todo está a la espera de las últimas decisiones políticas sobre los escollos pendientes. De cerrarse el pacto, esto significaría —en términos sintéticos— que Irán volverá a asumir compromisos estrictos de limitación de su programa atómico, a cambio de que se levanten las sanciones que actualmente golpean, entre otros sectores, al petrolero.

Rusia ha introducido un elemento de complicación en estas conversaciones el pasado fin de semana. El Kremlin reclama garantías de que Occidente no trate de afectar su comercio, inversiones y cooperación técnico-militar con Irán en el marco de la represalia por la invasión de Ucrania. Moscú es parte del marco negociador, y su petición parece dirigida a entorpecer un pacto que ahora cobra nueva utilidad para Occidente. Pero no es lógico pensar que pueda boicotear del todo la negociación. “La presencia de China, Rusia y los europeos es importante; pero, en sustancia, esto depende de EE UU e Irán. Si ellos quieren, hay pacto”, observa Alcaro.

Que fructificaran las iniciativas diplomáticas, tanto con Irán como con Venezuela, no equivaldría a su realineación estratégica. Pero sí supondrían un cambio importante que abriría un nuevo escenario.

Las repercusiones del tsunami de la invasión de Ucrania alcanzan a muchos territorios con efectos llamativos. Entre los más cercanos a la zona del conflicto, cabe destacar la firma el lunes del primer ministro de Hungría, Víctor Orbán, de un decreto que permite el despliegue de tropas de la OTAN en la parte occidental de su país, un gesto que marca un viraje con respecto a sus retóricas y posicionamientos de tan solo días antes. La descolocación de los amigos de Putin en Europa es clamorosa, como bien evidencia el desolador papel de Matteo Salvini, líder de la Liga italiana, en la frontera polaco-ucrania, donde un alcalde local le echó en cara sus simpatías por Putin.

Más adelante, será interesante observar el impacto en otros múltiples puntos. Por un lado, países como Cuba, Nicaragua, Bolivia o Armenia —que apoyaron a Rusia en a votación de la ONU sobre la anexión de Crimea en 2014— han evitado esta vez dar su apoyo explícito en el voto de la semana pasada sobre la invasión, y esto muestra, por tanto, su distanciamiento de Moscú. Por otro lado, varios países africanos se han abstenido o han renunciado a votar, algo que es un claro reflejo de la vigencia de la proyección rusa en esa zona del mundo. Está por ver hasta qué punto esas naciones querrán mantener esa apuesta en el futuro. Y está por ver hasta qué punto Occidente estará interesado en colmar ciertos vacíos.

“Creo que el mundo avanza hacia una estructura bipolar. Por un lado, EE UU, la UE y otras democracias liberales; por el otro, China, una Rusia debilitada que no tendrá más remedio que apegarse a Pekín, y sus socios”, dice Ben Schreer, director ejecutivo de la rama europea del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos y coautor del estudio Las cambiantes estructuras de las alianzas publicado en diciembre. “En ese escenario, se reconfigurarán áreas de influencia, y Occidente afrontará el dilema de hasta qué punto cooperar con gobiernos que no encajan con los valores que abandera. Ya pasó en la Guerra Fría”.

Schreer cree que dentro de ese gran esquema bipolar seguirá prosperando el “minilateralismo”, es decir, pequeñas alianzas de países con objetivos específicos, que han cobrado impulso en los últimos años. Su tamaño reducido garantiza agilidad y cohesión en la persecución de los mismos fines. Destacan entre ellas el AUKUS (Australia, Estados Unidos, Reino Unido) y el QUAD (EE UU, India, Japón, Australia). “Grandes estructuras multilaterales como la OTAN y la UE han cobrado renovada vigencia. Pero ello no excluye que sigan desarrollándose iniciativas complementarias de minilateralismo. En Europa, por ejemplo, no me extrañaría que la cooperación entre los países nórdicos quedase reforzada. Y en el sureste asiático, sin duda, esa misma dinámica seguirá adelante”, dice el experto.

La invasión rusa de Ucrania impacta de lleno en la gran dinámica de fondo marcada por el ascenso de China, reforzando la unión de las democracias liberales, haciendo de la UE un actor geopolítico y sacudiendo viejos equilibrios. El tiempo dirá cómo irán encajando en el tablero las distintas fichas.

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Era un secreto a voces desde hace días, pero la Casa Blanca ha terminado de dar el paso este martes. Semana y media después dejar la energía fuera de su paquete inicial de sanciones a Moscú, Estados Unidos dejará de importar petróleo y gas ruso como represalia por la invasión de Ucrania. Y no será el único: horas después, el Reino Unido se sumaba a la moción —aunque de manera más gradual—, añadiendo un grado adicional de presión sobre la economía rusa, muy dependiente de las exportaciones de combustibles fósiles. Estas son las principales claves y repercusiones de la medida:

¿Cuánto petróleo importan EE UU y el Reino Unido de Rusia?

Su peso en la matriz energética estadounidense es mínima: menos del 8% del crudo que la primera potencia mundial compra en el exterior llega desde el país euroasiático, una cifra muy similar —aunque ligeramente superior— en el caso británico. Aunque a corto plazo puede haber tensiones puntuales, en un mercado tan activo y global como el petrolero, no será difícil reemplazar esa producción con oferta de terceros países. Eso sí, a precios muy altos.

¿Cómo se puede reemplazar la oferta rusa?

Dado el escasísimo peso del crudo ruso sobre el total consumido en EE UU y el Reino Unido, no le será difícil encontrarle reemplazo. Si otros países toman la misma determinación, en cambio, sí sería mucho más complicado encontrar alternativas de suministro.

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Hay, sin embargo, varios factores que aliviarán la situación. El primero y más importante, la potencia de bombeo de la poderosa industria fracking estadounidense, que le ha aupado a la cima petrolera mundial y que el año que viene disparará su producción hasta un nuevo máximo histórico de 13 millones de barriles diarios, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA). El segundo es el regreso de Irán al mercado, que culminará cuando selle su nuevo acuerdo nuclear y que ayudará a paliar las consecuencias con una inyección de un millón de barriles diarios. Es casi la séptima parte de lo que produce Rusia.

El tercero y más imprevisto es Venezuela: consciente de que —aunque venido a menos como productor y con unas infraestructuras obsoletas— el país latinoamericano cuenta con los mayores yacimientos probados de crudo bajo el subsuelo, el Gobierno estadounidense envió el fin de semana pasado a una delegación de alto nivel a Caracas para tratar asuntos de “seguridad energética”. En plata: levantar sanciones para asegurarse una dosis adicional de oferta con la que nadie contaba.

En esa estrategia de sustitución del petróleo ruso se enmarca también el anuncio de la Agencia Internacional de la Energía (AIE, dependiente de la OCDE) de que sus Estados miembros —entre ellos, los propios EE UU— seguirán liberando reservas estratégicas en los próximos días. El objetivo: relajar la presión sobre los precios y disminuir la volatilidad del mercado.

¿Seguirá la UE sus pasos?

Es una pregunta imposible de responder en este momento, dada la variedad de sensibilidades entre los principales Estados miembros. Por un lado, Alemania —uno de los países más dependientes de Rusia— se niega en redondo a renunciar a los combustibles rusos aludiendo a la importancia capital para el suministro de su industria y sus hogares. Por otro, Francia y Países Bajos —que no importan tanto del gigante euroasiático— se abren a cualquier posibilidad y no descartan ningún escenario. Italia y España, por su parte, siguen sin expresar un punto de vista nítido.

Que el Reino Unido haya seguido, en tiempo récord, la estela estadounidense, mete más presión al bloque. Lo único claro, eso sí, es que la decisión será común y no individual. En cualquier caso, lo lógico sería pensar que, de dar el paso, la medida se limite al crudo y no alcance al gas, mucho más difícil —y costoso— de sustituir a muy corto plazo.

¿Por qué Europa no lo tiene tan fácil?

De nuevo, por una cuestión de dependencia: Rusia es un proveedor menor para EE UU y el Reino Unido, pero para la UE es mucho más significativo. Más de la cuarta parte de las importaciones petroleras del bloque comunitario procede de ese país. Además, prohibirlas sin tomar una determinación similar con el gas tendría una lectura extraña. Y dar el paso con el gas no es ni mucho menos tan sencillo: las implicaciones económicas de esa medida serían enormes. Con todo, son cada vez más las petroleras europeas que han optado por no comprar ni un barril más de crudo hasta nueva orden. La última en hacerlo ha sido la mayor de la eurozona por activos, la francesa Total.

¿Qué consecuencias tendrá para Rusia?

Si el veto se queda en EE UU y el Reino Unido, serán modestas. Sin embargo, si la UE, que le compra el 60% de su producción de crudo y una cantidad aún mayor de gas, opta por cortar amarras con su vecino del Este, el impacto sí sería enorme. A los precios actuales, la venta de combustibles fósiles a los socios europeos reporta más de 1.000 millones de euros diarios a Rusia, según los datos de Simone Tagliapietra, investigador del centro de estudios Bruegel. Ese dinero es esencial para el mantenimiento de su campaña militar en Ucrania, en un momento en el que alrededor de la mitad de las reservas de su banco central están bloqueadas por Occidente, y su evaporación exacerbaría su débil posición financiera.

Incluso si la UE acabase dando el paso, Moscú cuenta con una baza adicional: China, un coloso económico que necesita ingentes cantidades de crudo en su día a día, no ha dado ninguna indicación de que vaya a renunciar a su crudo. Hoy le compra aproximadamente la quinta parte de lo que vende al extranjero, pero caben pocas dudas de que Pekín vaya a aprovechar la oportunidad para hacerse con una mayor cantidad de energía a precio de ganga. Esa ocasión se extiende, según ha adelantado Bloomberg, a una posible toma de posiciones en el accionariado de grandes energéticas o firmas rusas del sector de materias primas. Una inversión de saldo, pero cargada de riesgo: nadie sabe cómo saldrá Rusia de la saga ucrania.

¿Por qué sube el petróleo?

Fundamentalmente, porque implica un estrechamiento del mercado: menos oferta siempre es sinónimo de precios más altos. Rusia es una de las mayores potencias petroleras del mundo: es el segundo exportador de crudo del planeta, tras Arabia Saudí. Y el mayor si se suman también sus derivados, cubriendo por sí sola cerca del 7% de la demanda global. Este martes, tras el anuncio de la medida, el barril de crudo brent, el de referencia en Europa, subía con fuerza hasta superar los 125 dólares por barril, su nivel más alto en 14 años.

Esa subida no solo tendrá consecuencias sobre el EE UU y el Reino Unido, sino sobre todo el mundo: petróleo más caro significa también gasolina y diésel más caros en las estaciones de servicio españolas y del resto del mundo, y menor renta disponible de los hogares para consumir otros productos y servicios.

¿Hasta dónde pueden llegar los precios?

Depende, en gran medida, de cuánto se prolongue la situación y de cuántos países acaben secundando la medida estadounidense. Si el veto de Washington se extiende hasta finales de año, el banco de inversión JP Morgan cree que el brent puede dispararse hasta los 185 dólares, lo que supondría subir un 40% respecto a los niveles actuales y pulverizar cualquier registro previo. En ese escenario, la entidad suiza UBS pone el listón un poco más abajo: en 150 dólares.

De sumarse la Unión Europea a la medida, la escalada sería exponencial: algo más de la mitad de la producción rusa desaparecería del mercado mundial, y la consultora noruega Rystad Energy anticipa que el crudo podría alcanzar los 200 dólares. Las consecuencias sobre la inflación, ya disparada, serían desastrosas.

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La Administración de Joe Biden ha decidido prohibir la importación a Estados Unidos de petróleo ruso, según fuentes cercanas al Gobierno citadas por la prensa estadounidense. Esta decisión supone un paso adelante trascendental en la estrategia de sanciones que ha adoptado Occidente por la invasión de Ucrania. Washington adopta esta medida en solitario, ya que los aliados europeos han rechazado por el momento un castigo que supone un daño importante también a sus propias economías, mucho más dependientes que la estadounidense de la energía rusa.

La Casa Blanca lleva días sopesando el embargo, un golpe letal para la economía del gigante euroasiático. El Congreso ha presionado al Gobierno en esa dirección, con un proyecto de ley de apoyo bipartito cuya votación estaba prevista esta semana. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, señaló el lunes que no se había tomado aún “ninguna decisión” y admitió que las implicaciones a un lado y otro del Atlántico no resultan iguales.

“Las importaciones rusas suponen alrededor de un tercio de todas las importaciones de petróleo de Europa”, apuntó. “En 2021, antes de la invasión, Estados Unidos compraba unos 700.000 barriles al día y los europeos unos 4,5 millones de barriles al día, así que somos muy conscientes de que las implicaciones serían muy diferentes para unos y para otros”, subrayó.

La Casa Blanca planea anunciar este martes la medida, avanzada en primer lugar por la agencia Bloomberg, con una comparecencia de Biden prevista a las 10.45 de la mañana (hora local). El mercado ya lleva días agitado por esta posibilidad. El domingo, el secretario de Estado, Antony Blinken, explicó en una entrevista televisiva que Estados Unidos estaba debatiendo “intensamente” con los socios europeos sobre este asunto, aunque Alemania aclaró el lunes que no pensaba vetar el crudo. “En este momento no es posible otra manera de suministrar energía a Europa para la generación de calefacción, movilidad y electricidad para la industria”, apuntó en un comunicado el canciller alemán, Olaf Scholz. Aun así, el precio del gas y del oro negro se desbocaron.

Este martes, desde Tallin, Blinken ha emplazado a los países europeos a ganar autonomía energética respecto a Rusia. “Es imperativo que haya finalmente un movimiento para reducir esa dependencia”, ha subrayado el jefe de la diplomacia estadounidense en la capital de Estonia. Acuciada por este nuevo escenario bélico, la Comisión Europea presentó este martes un plan para reducir las importaciones de gas ruso en dos tercios este año. El programa se debatirá en una cumbre en París a finales de esta semana.

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Para Estados Unidos, que vive la peor escalada de inflación en 40 años, la medida tampoco resulta inocua, pues ese crudo ruso representa el 8% de las importaciones y las repercusiones globales también pasan factura a las perspectivas de las empresas. El índice selectivo S&P de la Bolsa de Nueva York bajó el lunes un 3%, la peor caída desde octubre de 2020, lastrado por las perspectivas de un embargo. El barril de petróleo Texas (WTI), de referencia en Estados Unidos, escalaba un 4% al inicio de la sesión este martes, hasta los 124,35 dólares, lo que repercute de forma automática en las estaciones de servicio: el precio medio de la gasolina ha tocado este año los cuatro dólares por galón (3,7 litros), una cota no vista desde 2008.

Aun así, Biden llevaba semanas sintiendo la presión de legisladores republicanos y demócratas para que adoptara una medida que golpea el corazón de la economía de Rusia, que ha puesto a Europa ante una crisis inédita desde la Segunda Guerra Mundial. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha confirmado este martes que planea seguir adelante con la votación del embargo al petróleo. Un senador, el demócrata Chris Coons, resumía con esta palabras en la cadena CNN el sentir de los políticos de Washington: “Vamos a ver aumentos de precios de la gasolina en Estados Unidos y en Europa contemplarán subidas drásticas, pero ese es el precio que tiene ponerse del lado de la libertad y al lado del pueblo ucranio”.

Para contrarrestar el golpe en el bolsillo de sus propios ciudadanos, la Administración de Biden ha dado el paso incluso a un acercamiento a Venezuela. La portavoz de la Casa Blanca confirmó el lunes que una delegación estadounidense se había reunido este fin de semana con el régimen de Nicolás Maduro para abordar diferentes asuntos, entre ellos, “la seguridad energética”. Biden también ha dado luz verde a la liberación de 30 millones de barriles de las reservas estadounidenses del petróleo con el fin de contener la escalada global de precios.

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Los aliados han decidido mantener la presión contra Vladímir Putin a través de las sanciones. Y lo han hecho pese a las turbulencias que esas sanciones generan en sus propias economías y las diferencias que suscita un asunto crucial como el veto a las importaciones rusas de petróleo. Un tema especialmente lesivo para los europeos, mucho más dependientes de esas importaciones, que para los estadounidenses. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, mantuvo el lunes una videollamada con los líderes de Francia, Emmanuel Macron; Alemania, Olaf Scholz; y el Reino Unido, Boris Johnson, en la que compartieron su “determinación en continuar elevando los costes” contra Rusia por la invasión de Ucrania, según el resumen hecho público por la Casa Blanca, que señaló que se trata de una invasión “injustificada y no provocada”.

En el duodécimo día de agresión, en el que las fotografías de civiles muertos tratando de huir de las bombas rusas han causado estupor en medio mundo, los dirigentes también subrayaron su compromiso de continuar proporcionando ayuda económica, humanitaria y en materia de seguridad a Ucrania. La cuestión es cómo se materializará todo este respaldo.

El Congreso de Estados Unidos impulsará una votación de carácter bipartito para prohibir las importaciones de crudo de Rusia y el secretario de Estado, Antony Blinken, aseguró el domingo que los países occidentales están negociando intensamente esta medida con el fin de endurecer la respuesta a Vladímir Putin. Pero Alemania recalcó este lunes que no planea suspender las compras del petróleo ruso. Dicha medida dispararía aún más los costes de la energía, ya en máximos históricos antes de desatarse esta guerra.

La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, respondió este lunes en su rueda de prensa diaria que “no se ha tomado aún ninguna decisión” sobre el embargo del petróleo ruso y añadió que las implicaciones a un lado y otro del Atlántico no resultan iguales. “Las importaciones rusas suponen alrededor de un tercio de todas las importaciones de petróleo de Europa”, señaló. “En 2021, antes de la invasión, Estados Unidos importaba unos 700.000 barriles al día y los europeos unos 4,5 millones de barriles al día, así que somos muy conscientes de que las implicaciones serían muy diferentes para unos y otros”, subrayó.

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cabello petróleo Perú
Grupos de ciudadanos han propuesto armar absorbentes con cabello para sacar el petroleo derramado en el mar de Perú.

Cuatro directivos de Repsol tienen prohibido salir de ese país, donde además declararon la emergencia ambiental. Grupos de ciudadanos han propuesto armar absorbente con cabello para sacar el pétroleo.

Noticias Internacionales.

El pasado 15 de enero el mar de Perú se empezó a teñir de negro, para ese momento se presumía que eran unos 6000 barriles de pétroleo, sin embargo, este viernes las autoridades han informado que podrían ser más de 12000 y por tanto, el daño mucho más grave, ante ello y la necesidad de limpiar, ha surgido una polémica iniciativa: donar cabello.

Peluqueros se unieron para atender el llamado de donar cabello para formar unas especies de esponjas que permitan absorber el petróleo.

cabello pétroleo Perú
“Tenemos una cifra ya hasta el momento de 11.900 barriles” vertidos al mar el 15 de enero, informaron autoridades peruanas.

Si bien hay grupos ya trabajando intensamente para atender la emergencia ambiental, es insuficiente en comparación con la rápidez del daño y el recorrido del líquido.

Donar cabello, cuestionable iniciativa

Para ello, algunos han propuesto que con grupos de voluntarios se ayude a recoger el petróleo con cabello.

Estudios señalan que por cada kilo de cabello, se absorben hasta 8 litros de este hidrocarburo.

Ante esta iniciativa, el gobierno de Lima, decidió disponer equipos para ayudar a organizar lo donado y enviarlo a quienes lideran la limpieza.

Sin embargo, el Ministerio de Ambiente peruano informó que con cabello es insuficiente para una emergencia de tal magnitud.

«Incluso su mal uso, podría generar mas contaminación», adviertieron y que no estaban haciendo campañas de recolección de cabellos en el país.

Explicaron que se requieren acciones a gran escala como barreras entre otras tareas.

A Ventanilla sin embargo, ya ha llegado gran cantidad de donaciones de todo tipo de cabello.

Peces, aves marinas y otros animales han muerto en medio del recorrido del petróleo, que ha sido arrastrado más de 140 kilómetros desde Ventanilla.

La refinería La Pampilla que generó la emergencia sirve a Repsol, por ello la justicia en Perú prohibíó la salida de directivos de la compañía del país.





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El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado retiró este miércoles unos 2.000 galones de petróleo de una playa de la Zona Reservada de Ancón, en Perú.
El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado retiró este miércoles unos 2.000 galones de petróleo de una playa de la Zona Reservada de Ancón, en Perú.Gobierno de Perú

El derrame de petróleo en la terminal de una refinería operada por Repsol en el mar peruano ha avanzado desde el distrito de Ventanilla -en la región Callao- hacia el norte hasta la provincia de Huaral, en la región Lima, afectando unos 50 kilómetros de litoral y al menos 1.739 kilómetros cuadrados de mar, una cifra que las autoridades ambientales actualizarán la noche del miércoles tras recorrer la zona. “Es uno de los desastres ecológicos más importantes en los últimos años y está generando un impacto gravísimo”, calificó la presidenta del consejo de ministros, Mirtha Vásquez, en una conferencia de prensa.

El vertido de unos 6.000 barriles de crudo se produjo el sábado en una infraestructura mar adentro de la refinería La Pampilla, horas después de la erupción de un volcán submarino en Tonga. La primera ministra afirmó que el Gobierno “está muy preocupado” porque la empresa lanzó una primera comunicación que “minimizaba el hecho”. “Hablaban de un derrame bastante pequeño, y se ha verificado que no lanzaron las alertas públicas correspondientes para que la población y las autoridades pudieran tomar acciones respecto de lo que se venía”, indicó.

Citando información que recibió del Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), Vásquez dijo que Repsol emitió información inexacta pero además, según su versión, no estableció la magnitud de este derrame, y por lo mismo, no ha tenido capacidad de reacción. “Por eso recién están hablando de contratar a una empresa que pueda hacer la limpieza. Han pasado cuatro días y el desastre se sigue extendiendo debido a la falta de un plan de contingencia”, lamentó la premier.

Tine van den Wall Bake, gerente de comunicaciones de la subsidiaria peruana de Repsol, indicó que la descarga de crudo de un buque italiano a las mangueras de la refinería comenzó el viernes 14 y que al día siguiente consultaron con la Marina si había algún alerta para el litoral y, como no fue así, continuaron la operación.

Según la vocera de la empresa, la carga total era de 985.696 barriles de crudo y habían descargado 628.000 cuando llega el “oleaje anormal” el sábado y “se rompen los cabos de estribor”, describió a la emisora Radioprogramas este miércoles. La empresa informó el domingo mediante un comunicado que el “derrame limitado fue rápidamente superado”.

Consultada por la radio si Repsol es responsable del ecocidio, Van den Wall Bake respondió: “Nosotros no ocasionamos el desastre ecológico, estábamos haciendo una descarga desde el día anterior”. “Lo que se ve en ese momento (el sábado) es iridiscencia, por eso no se puede poner en marcha un plan de contingencia. El producto viajó por el fondo del mar y apareció al día siguiente”, señaló la ejecutiva de Repsol.

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La jefa de la OEFA, Miriam Alegría, comentó a este diario que dicha entidad investiga si realmente la empresa activó un plan de contingencia y colocó barreras de control como señaló en un reporte de emergencia a la autoridad ambiental.

“Sucedido el esparcimiento del derrame en las zonas contiguas (a la descarga del buque) se trataba de un derrame muchísimo mayor y eso implicaba que realicen la contención del hidrocarburo en el mar. Si el derrame se ha dispersado es porque el plan de contingencia no ha sido el adecuado: eso está en investigación”, detalló. “No tendríamos el derrame con este nivel de gravedad si hubiera barreras de contención adecuadas. Si no se hace de manera oportuna (el crudo) sigue ocupando playas contiguas”, precisó Alegría.

La tarde del miércoles, luego de una reunión entre dirigentes de siete asociaciones de pescadores de Ventanilla, los ministros de Ambiente, Energía y Minas, y Producción, y representantes de Repsol, el ministro Rubén Ramírez reportó que la empresa se ha comprometido a contratar a los pescadores en los trabajos de limpieza del petróleo y a darles “canastas de subsistencia (de alimentos)”. Son cerca de 1.000 los hombres de mar del distrito donde se ubica la refinería y no podrán trabajar por tiempo indeterminado, mientras continúan las tareas de limpieza y descontaminación del litoral y el mar.

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Las autoridades ambientales peruanas y cientos de pescadores alertaron este martes sobre la contaminación del mar y la fauna en dos áreas naturales protegidas a causa de un derrame de petróleo que se extiende por cuarto día consecutivo en la región Callao, costa central. Según el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), el crudo afecta a unos 18.000 kilómetros cuadrados en el mar. El ministro de Ambiente, Rubén Ramírez, aseguró la noche del martes que el derrame sería de 6.000 barriles de petróleo, y que la multa que podría recibir la subsidiaria de Repsol ascendería a 138 millones de soles, unos 35 millones de dólares. El vertido se produjo el sábado en una terminal de la refinería La Pampilla, operada por Repsol, horas después de la erupción de un volcán submarino en Tonga.

La empresa informó el domingo de que “la violencia del oleaje” ocurrió en plena faena de descarga del crudo del buque italiano Mare Dorium y que el “derrame limitado” fue “rápidamente superado” con brigadas que “lograron controlar el incidente”. Sin embargo, residentes del distrito de Ventanilla documentan en vídeos desde el fin de semana las playas cubiertas de petróleo y las aves marinas moribundas que intentaban rescatar en rocas y orillas.

La Marina no emitió en Perú una alerta de tsunami como lo hicieron oportunamente el sábado las autoridades en Ecuador y Chile, y solo por la noche comunicó la posibilidad de “oleajes anómalos”, después de conocida la muerte de dos mujeres que paseaban por la orilla de una playa en una camioneta que fue arrastrada por las olas en la costa norte, en la desembocadura de un río.

El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) reportó el martes que el derrame de crudo ha “comprometido” la Zona Reservada de Ancón y parte de la reserva nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras, zona de refugio de aves marinas que producen guano, un abono natural cuya demanda creció en 2021 ante el incremento del precio de los fertilizantes importados.

Según el Sernanp, perteneciente al Ministerio de Ambiente, dicho sistema está compuesto por 22 islas y once puntas entre la costa y el océano, que conforman un área de conservación de las poblaciones de aves y de mantenimiento de la diversidad biológica de la Corriente de Humboldt que se genera en torno a las islas. En dicha reserva natural, las aves, mamíferos marinos y peces se alimentan de anchoveta. El organismo refirió en un comunicado que llevó un equipo de limpieza para apoyar las labores de remoción del crudo. Desde el lunes, veterinarios y especialistas del Servicio Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), adscrito al Ministerio de Agricultura, rescataron cormoranes y otras aves cubiertas de petróleo y las llevaron al Parque de la Leyendas, uno de los zoológicos de la capital.

“En mayor cantidad hemos encontrado las aves guanay, piquero, pingüino, zarcillo y el mamífero nutria”, informó por teléfono Pilar Ayala Rojas, especialista de la Administración Forestal y de Fauna Silvestre de Lima que trabajó en el rescate en el litoral. “Ayer estuvimos en las playas de Ventanilla -Bahía Blanca, Costa Azul, y Cavero, esta última es la más afectada- y hoy martes en Pocitas, Las Conchitas y el muelle de Ancón. En Las Pocitas se evidencia un alto porcentaje de petróleo en el agua y en la zona rocosa”, agregó la especialista en fauna.

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Según la funcionaria de Serfor Lima, los animales que rescataron estaban “totalmente embarrados en petróleo en el pico, el plumaje y las patas: por lo que no podían moverse. En ese caso, se hizo un baño de emergencia con un detergente antigrasa y luego los secamos en un ambiente cerrado y con temperatura para que no sufran de hipotermia”, explicó. Ayala detalló que las especies que lamentablemente hallaron muertas tenían “restos de petróleo en la zona de las cloacas o los picos, posiblemente hayan ingerido material contaminado y han muerto por ello”.

El lunes, la Fiscalía Especializada en Materia Ambiental (FEMA) de Lima Noroeste abrió una investigación por el presunto delito de contaminación ambiental a los representantes legales y funcionarios de la refinería de La Pampilla. Este martes, el fiscal Ariel Tapia recorrió la zona afectada en una lancha y sostuvo que “la alta cantidad de petróleo en el mar, que se viene obteniendo por succión en mangas de polietileno, difiere con la información preliminar alcanzada por la refinería La Pampilla, la cual señalaba que se derramaron siete galones de petróleo”, indicó la FEMA en Facebook.

El alcalde de Ventanilla, Pedro Spadaro, aseguró que son cuatro kilómetros de playa contaminada y cuestionó el trabajo de control del daño por parte de la empresa. “Vinieron 15 personas con escobas y recogedores para tratar de limpiar la playa. Se han ido a almorzar y nuevamente el mar se ha encargado de ensuciar esa parte que habían limpiado. Hay cuatro kilómetros de mar absolutamente negro, animales muertos que vuelven a las orillas. Este es un atentado contra la ecología”, reclamó en la emisora Radioprogramas. Cientos de pescadores iniciaron un plantón por la mañana en el exterior de la subsidiaria de Repsol en Ventanilla y hacia las siete de la noche eran cerca de 1.000 quienes protestaban por los perjuicios a su trabajo, según el canal estatal TVPerú.

Al final de la tarde, la refinería de La Pampilla informó de que ha instalado en el mar “1.500 metros de barreras de contención que cubren todas las zonas afectadas” y que personal en seis lanchas ha estado recuperando el crudo.

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Un grupo de niños juega en la P de un cartel de PDVSA en las calles de Caracas el 2 de enero.
Un grupo de niños juega en la P de un cartel de PDVSA en las calles de Caracas el 2 de enero.Matias Delacroix (AP)

Venezuela alcanza de nuevo una producción de un millón de barriles diarios de petróleo y el Gobierno saca pecho tras una drástica caída en los últimos años. El ministro de Petróleo de Venezuela, Tarek El Aissami, ha declarado que se ha revertido la tendencia a la baja, “a pesar de las amenazas del bloqueo criminal”, impuesto por Estados Unidos al Gobierno de Nicolás Maduro. El propio mandatario celebró el aumento en una entrevista concedida al periodista español Ignacio Ramonet, difundida por la televisión estatal el pasado sábado. De esta forma, el Gobierno considera que está cumpliendo con la meta que se había fijado para el año pasado tras el histórico desplome de estos años de crisis económica y política, que llegaron a colocar la producción local en apenas 350.000 barriles diarios en 2020. Venezuela, tradicionalmente una de las potencias energéticas del mundo, tenía una producción histórica de un promedio de tres millones de barriles diarios.

La información oficial ha sido recibida con cautela por analistas y observadores independientes, y en algunos casos directamente desmentida, aunque ninguna fuente niega que la recuperación de la producción es un hecho, y que el país probablemente se aproxime a la zona del millón de barriles diarios hacia el mes de febrero.

Los altos precios, y una política no declarada de flexibilización de sanciones por parte de Estados Unidos, han permitido a Caracas comercializar con un poco más de comodidad su petróleo, y fundamentan, en parte, el pequeño alivio de la dramática situación económica del país tras el desplome de la etapa de Maduro.

Rafael Quiroz, economista especializado en la materia y profesor de posgrado de la Universidad Central de Venezuela, asegura que el país se acercó a los 800.000 barriles diarios en diciembre, y que la recuperación se debe, en parte, a la alianza con el Gobierno de Irán, que ha proporcionado a Venezuela nafta y diluyentes para reactivar los pozos de crudo extrapesado de la zona de producción de la Faja del Orinoco. “Esto a pesar de que no deja de haber muchos inconvenientes por la calidad del crudo que se está diluyendo. La situación de la industria petrolera venezolana sigue siendo dramática. No hemos llegado al millón de barriles. El ministro El Aissami miente deliberadamente en este momento”, asegura.

“El aumento es real, pero es el resultado de abrir lo que se denomina la producción cerrada, con una inversión limitada. La producción había caído por causa de las sanciones internacionales, pero no la capacidad de producción local”, explica el especialista Francisco Monaldi, consultor internacional y profesor titular del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). “No se ha perforado un nuevo pozo desde hace año y medio. Básicamente estamos volviendo a los niveles de producción de comienzos de 2020”.

Monaldi sostiene que el ministro El Aissami, y el actual presidente de PDVSA (petrolera estatal), Asdrúbal Chávez, han construido un sofisticado sistema para evadir las sanciones internacionales, comercializar crudo, y recibir, sobre todo, ayuda de Teherán, cuyo Gobierno es uno de los aliados geopolíticos de Caracas. El incremento actual de la producción de crudo se ha materializado, también, gracias a la reactivación de algunos proyectos con China y la estadounidense Chevron, que cuenta con un permiso especial de Washington para seguir operando en el país.

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“Algunos reportes informan de que en ciertos días se ha llegado al millón de barriles, pero eso es consecuencia de la incorporación de estos condensados que se han comprado a Irán”, añade el experto.

Maduro ha dicho que la meta de 2022 es llegar a los dos millones de barriles diarios, un horizonte que los expertos consideran muy remoto si no son levantadas las sanciones internacionales. “Venezuela está llegando al techo de su producción, que ciertamente viene subiendo, pero con una capacidad que tiene un límite”, afirma Monaldi. “Aumentarla requiere inversiones fuertes, perforar nuevos pozos y luego mantenerlos. Eso está por verse. Es cierto que los altos precios actuales le otorgan al Gobierno un margen y le ayudan. La producción está subiendo y puede subir más, sin duda, pero estimo que no va a ser demasiado. Sería necesario, además, que los chinos se animen a hacer nuevas inversiones con PDVSA”, añade.

Antes de las sanciones internacionales, la producción petrolera venezolana promediaba el millón y medio de barriles diarios. El otrora poderoso motor petrolero nacional fue usado por Hugo Chávez (fallecido en 2013) para fundamentar una agresiva diplomacia que perseguía ampliar el espectro político de la revolución bolivariana en América Latina, en el contexto de la estrategia “multipolar” que pretendía colocar contrapesos a los intereses de Washington en la región.

La politización de sus objetivos, la marcha de personal cualificado, y la corrupción durante las administraciones de Rafael Ramírez, Alí Rodríguez Araque y Eulogio del Pino al frente de Petróleos de Venezuela (PDVSA), produjo el declive progresivo de la que fue considerada la sociedad mercantil más poderosa de América Latina, según la revista América Economía, y, a la larga, sentó las bases del derrumbe económico nacional de los últimos seis años.

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