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La Unión Europea contempla golpear a los familiares de los oligarcas ya sancionados para evitar que se aprovechen de posibles agujeros o fugas en las sanciones aplicadas hasta ahora, pero se resiste a ir más allá de momento en sus represalias contra Moscú. Cumplidas cinco semanas desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania y tras una cumbre europea copada por asuntos energéticos y sin resultados tangibles en materia de sanciones, la Comisión Europea multiplica estos días sus contactos con los aliados para afinar un quinto paquete de sanciones. O casi mejor –por usar la terminología manejada en el Ejecutivo comunitario– un “paquete intermedio” centrado en reforzar los cuatro golpes ya asestados contra Rusia, para evitar que empresas, oligarcas y sus familiares evadan las medidas y que el Banco Central de Rusia pueda realizar transacciones usando sus reservas de oro. Mientras, entre bambalinas, sigue trabajando en un paquete de mayor envergadura para el caso hipotético de que haya que dar respuesta a un ataque químico o similar ordenado por el presidente ruso, Vladímir Putin.

Hasta la fecha, las sanciones y la guerra han provocado que el comercio de la UE con Rusia se reduzca hasta alcanzar un cuarto de su tamaño prebélico, según cifras internas que se manejan en la Comisión. En 2021, los intercambios comerciales entre Rusia y el bloque comunitario sumaron 257.000 millones de euros. El efecto sobre el vecino euroasiático comienza a hacer mella al otro lado del telón de Putin. “La economía rusa se está contrayendo a un ritmo más rápido que desde 1998, cuando dejó de pagar su deuda”, expuso este martes Adewale Adeyemo, vicesecretario estadounidense del Tesoro, en una comparecencia pública desde Bruselas. A este lado, también se notan los efectos en forma de una inflación galopante impulsada por los precios de la energía, que en España se ha disparado hasta el 9,8%, el máximo desde 1985.

Adeyemo ha estado de visita en la capital comunitaria, donde se ha reunido con la comisaria europea de Finanzas, Mairead McGuinness (el martes) y con el de Economía, Paolo Gentiloni (el miércoles) con el objetivo de afinar y coordinar los siguientes pasos. “La clave es garantizar la aplicación efectiva y completa de las sanciones en todas las jurisdicciones. Esto es una prioridad y es un trabajo en curso”, aseveró McGuinness junto al estadounidense. “Estamos muy centrados en la elusión”, añadió Adeyemo.

Firmas tecnológicas

Tras la cita, Estados Unidos ha dado este jueves un nuevo golpe a Moscú en línea con el objetivo de tapar vías de escape. Esta vez son las empresas tecnológicas las que están en el punto de mira: el Departamento del Tesoro ha señalado 34 organizaciones (21 compañías y 13 individuos) asociadas a las redes alternativas que está empleando Moscú para sortear los efectos de las represalias impuestas en las primeras semanas del conflicto. Las nuevas medidas –desde empresas que adquieren de forma ilícita material para el Ejército ruso al mayor fabricante de chips del país– hablan de los desafíos que supone atacar las operaciones de los bancos y los movimientos de los oligarcas en un mundo interconectado y en el que las vías financieras y de abastecimiento tradicionales han sido sustituidas en parte por otras, más opacas y difíciles de rastrear, informa Iker Seisdedos.

“Hay varios agujeros en los que estamos trabajando”, reconocen fuentes de la Comisión. Entre los planes se encuentra actuar sobre familiares de determinados oligarcas y sobre empresas, para evitar maniobras o transferencias de dinero dirigidas a ocultar su riqueza y evadir las represalias. Hasta la fecha, 877 personas, incluidos el presidente ruso, su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, y más de 30 miembros de las élites económicas próximas al Kremlin, además de 62 empresas, están sujetas a una congelación de bienes bajo el régimen sancionador de la UE. A las personas también se les ha prohibido desplazarse a la UE, salvo a Putin y Lavrov, por si se abre una eventual vía diplomática.

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Otra de las fórmulas que baraja la UE es tratar de detectar componentes imprescindibles para Rusia y establecer prohibiciones teledirigidas a la exportación de esos productos críticos. No descarta tampoco actuar en las criptomonedas, que algunos rusos podrían estar usando para vadear las prohibiciones de la UE, tal y como denunció la semana pasada la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde.

Entre los Veintisiete, algún país ha expresado preocupación por el hecho de que dos vecinos muy próximos y que aspiran a formar parte de la UE algún día, Turquía y Serbia, actúen como posibles grietas en las represalias. Turquía es el único miembro de la OTAN que no participa en las sanciones contra Rusia.

En Bruselas son conscientes de que las medidas barajadas no tienen el atractivo de otras rondas; pero creen en el potencial de sumar una miríada de pequeños ajustes, entre los que también se incluye el mandato del G-7, tras su reunión en Bruselas el pasado jueves, de coordinar las “respuestas relacionadas con la evasión de las medidas, incluidas las relativas a las transacciones de oro del Banco Central de Rusia”, cuyas reservas en la UE han sido congeladas.

Empresas ‘offshore’

Las redes financieras globales opacas son uno de los diversos agujeros por los que se diluyen las sanciones con un manto de legalidad. Una reciente investigación de EL PAÍS constató el vínculo de 40 rusos sancionados por Bruselas con 27 empresas offshore activas que aparecen en registros públicos.

“Debemos asegurarnos de que quienes prestan servicios –financieros, jurídicos y de otro tipo– a los oligarcas para facilitar la evasión de las sanciones son plenamente conscientes de los riesgos que corren. Investigaremos todos y cada uno de los esfuerzos por infringir nuestra legislación en materia de sanciones y las infracciones tendrán consecuencias”, afirmó hace un par de semanas la comisaria McGuiness, al filo de la segunda reunión de trabajo de una división especial de la UE creada para coordinar la aplicación de las sanciones contra oligarcas rusos y bielorrusos.

Bautizado como Freeze and Seize (congela e incauta), este grupo operativo reúne a miembros de la Comisión, los Estados miembros, Eurojust (Agencia de la UE para la Cooperación Judicial Penal) y Europol (cooperación policial) para facilitar el intercambio de información y coordinar a las 27 capitales, para incautar y, en su caso, confiscar los activos de los oligarcas. “Corresponde a los Estados miembros aplicar las sanciones”, aclara un portavoz del Ejecutivo comunitario.

La UE ha multiplicado además sus contactos con los aliados para cerrar posibles grietas y coordina sus trabajos con el G-7 (Alemania, Francia, Italia, Canadá, Estados Unidos, Reino Unido y Japón) y Australia a través de otra división recién creada, llamada REPO (acrónimo en inglés de Élites, apoderados y oligarcas rusos).

El bloque comunitario nunca había hecho hasta la fecha un seguimiento tan quirúrgico de las sanciones ni había desplegado una cooperación tan estrecha con terceros países (incluido el santuario financiero de Suiza) para garantizar su efectividad.

La “hijastra” de Lavrov

Entre los golpes más sonados contra esta élite económica y sus círculos más íntimos se encuentra el nombre de Polina Kovaleva, de 26 años, sancionada por el Reino Unido como “hijastra” de Serguéi Lavrov, a pesar de que no existe un lazo directo entre ellos: es hija de la pareja sentimental del ministro de Exteriores, que sigue casado con otra persona, según medios de la disidencia rusa. Kovaleva vive desde hace años en el Reino Unido; en 2016, a los 21, cuando era un estudiante sin ingresos conocidos en la universidad inglesa de Loughborough, compró a tocateja un piso en el lujoso barrio londinense de Kensington por valor de 4,4 millones de libras (5,2 millones de euros). “Esto envía una fuerte señal de que aquellos que se benefician de la asociación con los responsables de la agresión rusa están en el ámbito de nuestras sanciones”, advirtió el Gobierno británico en un comunicado. Poco antes de ser sancionada, la semana pasada, Maria Pevchikh, una investigadora de la fundación anticorrupción del opositor ruso Alexéi Navalni, denunció a través de redes sociales la “glamurosa” vida de esta joven cuyo “historial de Instagram parecen unas vacaciones interminables”.

La UE también ha probado ya su munición contra la familia de algunos poderosos rusos: el 9 de marzo, le llegó el turno al piloto de fórmula 1 Nikita Mazepin, de 23 años, hijo de Dmitry Mazepin (también sancionado), propietario del grupo Uralchem, un fabricante ruso de productos químicos, como abonos minerales y amoníaco. “Dado que Uralchem patrocina al equipo Haas de Fórmula 1, Dmitry Mazepin es el principal patrocinador de las actividades de su hijo en dicho equipo”, detalla el documento de las sanciones. Unos días antes, Haas rescindió su contrato con la compañía patrocinadora y con el piloto (e hijo del dueño de la empresa).

En la lista negra comunitaria también figuran Galina Pumpyanskaya (56 años) y Alexander Pumpyansky (34 años), esposa e hijo de Dmitry Pumpyansky, director de Pipe Metallurgical Company, uno de los líderes mundiales en la fabricación de gasoductos y oleoductos, al considerarlos “asociados” al empresario sancionado.

Y el círculo de Lavrov también ha sido alcanzado desde Bruselas: la UE ha incluido en su nomenclatura al yerno del ministro de Exteriores, Alexander Vinokurov, de 39 años, empresario con intereses en el comercio minorista de alimentos, productos farmacéuticos, agricultura e infraestructuras; casado con Ekaterina Vinokurova, vástago de Lavrov; e hijo de Semen Vinokurov, que fue director de la empresa pública “Capital Pharmacies” y al que la UE considera “uno de los principales empresarios de la industria farmacéutica rusa”.

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Rusia combate en dos frentes a la vez. En uno es el atacante como invasor de Ucrania, lo que el Kremlin llama “operación militar especial para la liberación de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”; y en otro se presenta como víctima de lo que llama una “guerra económica” de Occidente contra la misma existencia del país. Ambos escenarios están interconectados: los últimos días de la “primera etapa” de la ofensiva de Vladímir Putin en Ucrania han pasado factura a Moscú. La huida del país de decenas de miles de profesionales, la constatación en los supermercados del aumento vertiginoso de los precios tras las sanciones contra Moscú, un primer dato preocupante del desempleo y un creciente rechazo social a la invasión representan algunos de esos costes. Son señales de una crisis que también influye en las pautas de la delegación rusa que negocia con Kiev un final al conflicto, cuyo objetivo principal ha pasado a ser ahora “proteger” la región de Donbás en el este, en parte controlada ya por separatistas prorrusos.

“Unas 59.000 personas han sido declaradas libres, un 10% más que el 1 de marzo”. La viceministra de Trabajo, Elena Mujtiyarova, no se refería así a ninguna población de Ucrania, sino a los rusos que se han quedado en paro en las primeras semanas de conflicto. Un eufemismo que contrasta con la retórica del Kremlin y su entorno al hablar de las sanciones occidentales. “Embargan los bienes de las entidades financieras y del banco central. Se habla de su nacionalización. Esta es una guerra sin reglas y su consecuencia será la destrucción de toda la estructura económica mundial”, ha criticado el expresidente Dmitri Medvédev en una entrevista concedida a varios canales estatales.

“Guerra económica” es un término que ya emplearon antes el propio Putin y su portavoz, Dmitri Peskov. La desconexión de la banca rusa del sistema financiero y la suspensión de los negocios con el país empiezan a hacer mella en su industria, que se ve seriamente amenazada por la falta de suministros, según su banco central. Y esto no es solo responsabilidad de Occidente: las empresas chinas también han disparado los precios de sus productos y el socio asiático ya no exporta piezas para sectores clave como el aeronáutico. Por ejemplo, una de las aerolíneas más populares de Rusia, Pobeda, ha anunciado a través de un comunicado que reducirá su flota de 45 a 21 aviones B737 “para cubrir la necesidad de repuestos en el futuro” y garantizar la seguridad de sus vuelos “hasta que se restablezcan las cadenas de suministro perdidas”.

Suavizar el castigo económico será determinante en las negociaciones que mantienen casi a diario por videoconferencia las delegaciones de Ucrania y Rusia. “Esta locura de las sanciones, que parece una guerra económica en toda regla, a gran escala y sin precedentes contra Rusia, es uno de los temas clave de la negociación”, sostuvo el 16 de marzo el jefe de la comitiva rusa, Vladímir Medinski.

Putin lanzó la ofensiva alegando que pretendía “desmilitarizar y desnazificar” Ucrania, además de sugerir en los primeros días al ejército rival que diese un golpe de Estado para negociar con un Gobierno más afín al Kremlin. Un mes después, la delegación rusa incide en que las demandas básicas son lograr un estatus neutral para Ucrania y que reconozca la anexión rusa de Crimea de 2014 y la independencia de Donbás.

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En paralelo, la creciente parálisis industrial amenaza con despidos y un empobrecimiento general de la población. Según el Ministerio de Trabajo, “la situación es estable” ahora porque hay 660.000 ciudadanos registrados en los servicios de empleo nacionales, mientras que la bolsa de trabajo tiene más de 1,6 millones de vacantes. La agencia de estadísticas Rostat estimaba en febrero una tasa de paro del 4,4% de la población activa.

Sin embargo, la cuestión es qué empleo habrá y si se producirá una fuga de cerebros ante la tensión política rusa y la devaluación de los salarios en rublos. El comité de tecnología de la Duma Estatal mantuvo el martes un encuentro donde el director de la Asociación de Telecomunicaciones de Rusia, Serguéi Plugotarenko, advirtió de que entre 50.000 y 70.000 informáticos habían abandonado el país en el primer mes de la guerra, pero lo peor está por venir. “La segunda ola se ha visto frenada solo por el alto coste de los billetes aéreos, los problemas con las transacciones de dinero y que nadie esperaba a los rusos”, afirmó tras prever que unos 100.000 programadores más se marcharán en abril.

Las imágenes de desabastecimiento en los supermercados no son diferentes a las vistas en España con la huelga de camioneros. Hasta ahora, la ausencia de algunos productos básicos, como el azúcar, ha tenido más relación con el pánico por acaparar que con la carestía real. Asimismo, los bancos tuvieron problemas en los primeros días de desconexión para migrar a sus clientes a las nuevas tarjetas con el sistema Mir, alternativa rusa a Visa y Mastercard, debido a la falta de plástico para cubrir esa demanda masiva. Sin embargo, este problema fue resuelto poco después.

Clientes de un banco hacen cola la semana pasada en Moscú.
Clientes de un banco hacen cola la semana pasada en Moscú.Konstantin Zavrazhin (Getty Images)

Un problema enorme es la revisión de los precios. El salario medio ruso era de 54.687 rublos en septiembre del pasado año, según la agencia de estadísticas Rostat. Unos 490 euros al cambio de ahora y 640 al de entonces, pocos meses antes de comenzar el despliegue ruso a lo largo de la frontera junto a Ucrania previo a la invasión del pasado febrero.

Muchas multinacionales han suspendido la venta de sus productos hasta que se estabilice el valor de la moneda rusa, especialmente cadenas de ropa y tecnología. Otros artículos siguen a la venta, pero sus precios se han disparado. Unilever y Nestlé, por ejemplo, han anunciado esta semana que elevarán sus precios entre un 10% y un 45%. Antes, Procter & Gamble encareció sus artículos un 44% de media, aunque llegó a elevar hasta un 99% el coste de varias de sus marcas, como su detergente ruso Mif. Por poner otros ejemplos, los botes de desodorante y gel de baño de marcas comunes ahora valen entre 500 y 850 rublos, hasta 7,5 euros al cambio, o más del 2% del salario mensual.

Sociedad dividida

El pasado 18 de marzo, aniversario de la anexión de Crimea, Vladímir Putin se dio un baño de masas en un estadio, y cinco días después el Centro para el Estudio de la Opinión Pública de toda Rusia (VtsIOM), dependiente del Gobierno, publicó que el 74% de los rusos apoya la “operación especial”, aunque apenas un 17% pensaba que es para “proteger Donbás”.

“Me llama la atención que la gente diga que los rusos apoyan la guerra en las encuestas de opinión. Acabamos de encargar un sondeo de 31.000 llamadas; en 29.400 nos colgaron el teléfono. Es imposible hacer sociología durante una movilización militar, la gente tiene miedo”, escribía en Twitter Maksim Katz, político del partido Yábloko y director del fondo Proyectos de Ciudad.

Hasta el momento no ha habido protestas masivas debido a la represión. Más de 15.100 personas han sido detenidas desde que comenzó el conflicto, según el portal especializado en manifestaciones OVD-Info, y el Gobierno aprobó una ley que castiga con hasta 15 años de cárcel difundir lo que el Kremlin considere desinformación sobre la guerra o “desacreditar a las fuerzas armadas”. Decenas de personas están siendo juzgadas por esos cargos, como Marina Ovsianikova, la periodista que mostró un cartel en directo en televisión para protestar por la guerra; mientras que muchas otras han decidido dejar el país por su oposición a la invasión, como Anatoli Chubáis, alto cargo de Putin y arquitecto de las privatizaciones de los años noventa.

Mientras tanto, el Ejército ruso ofrece con cuentagotas sus cifras de bajas. Este viernes informó por segunda vez de las víctimas que ha sufrido entre sus filas, 1.351 fallecidos y 3.825 heridos, aunque las fuentes ucranias y occidentales multiplican varias veces estas cifras.

“Algunos se sorprenden de que no haya aún un movimiento contra la guerra a gran escala”, añadía Katz en Twitter. El político mostró a continuación un gráfico sobre el apoyo estadounidense a su guerra en Vietnam (1964-1971) y recordó que en aquel entonces no había internet. “Cambiaría los años por meses”, señaló tras recalcar que la oposición estadounidense a la guerra superó al apoyo de sus defensores en el segundo año de conflicto, cuando tras la llamada ofensiva del Tet resultó imposible ocultar las bajas estadounidenses a la opinión pública.

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La invasión rusa de Ucrania, que acaba de cumplir un mes, ha puesto el foco en el creciente poder de China como potencia internacional. El apoyo, con matices, del presidente Xi Jinping a su homólogo ruso, Vladímir Putin, ha despertado el temor occidental a que Pekín acabe apoyando militarmente a Moscú. Wang Huiyao, fundador y presidente del Center for China and Globalization, un think tank que asesora al Gobierno chino, no solo niega que China se esté planteando prestar ayuda a Rusia. Es que además, argumenta, el Kremlin tampoco necesitaría ese apoyo externo dada la superioridad de su Ejército. Wang, de 63 años, defiende desde Pekín en esta entrevista hecha por Skype el papel de mediador de su país y critica el impacto negativo sobre la economía global de las sanciones occidentales sobre Moscú.

Pregunta. ¿Cómo puede contribuir China a reducir el alcance de la guerra en Ucrania?

Respuesta. El Gobierno chino ha dejado claro que quiere respetar la soberanía y la integridad territorial de todos los países y que Ucrania no es una excepción. El presidente Xi Jinping está dispuesto a prestar ayuda a Ucrania y trabajar con la comunidad internacional como intermediador para buscar una solución diplomática y lograr un alto el fuego. También dijo al presidente Joe Biden que, como las dos mayores economías del mundo, China y EE UU tienen la responsabilidad de que esta crisis acabe y buscar una solución pacífica.

P. Mientras hablamos, ciudades como Mariupol o Kiev están siendo bombardeadas. Es difícil negociar bajo las bombas.

R. Por eso China reclama un alto el fuego inmediato. Hay una escalada en las dos partes, también en la ucrania.

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P. Xi y Putin se han mostrado como aliados y dicen que su amistad es sólida como una roca. ¿Eso no impide ver a Pekín como un actor independiente?

R. China emitió un comunicado de amistad con Rusia, pero también es amiga de Ucrania. China firma comunicados con muchos países. No publicamos una alianza militar con Rusia ni nada por el estilo.

P. Pero sí política.

R. También EE UU tiene sus alianzas políticas. EE UU ha colocado a China como su enemigo número uno, como su gran rival. Ese es el gran problema. No se puede esperar que China tenga exactamente los mismos objetivos que EE UU o la OTAN. China luchaba ya antes de la crisis ucrania contra las sanciones de EE UU.

P. Biden ha advertido a Xi de las consecuencias que desencadenaría un apoyo material de Pekín a Moscú, una posibilidad que su Gobierno desmiente categóricamente.

R. Nadie plantea eso. ¡Es una táctica de desinformación en la guerra de información! ¿Por qué querría China prestar ayuda a Rusia? ¿Y por qué Rusia iba a necesitar ayuda militar? Ellos, que activaron la alerta nuclear, tienen 5.000 cabezas nucleares, mientras que China tiene solo 300. EE UU está asustado. Y por eso lanza esos avisos. Pero Rusia no necesita la ayuda de China.

P. Aparte de la militar, ¿qué otra ayuda presta China?

R. Las relaciones comerciales habituales se mantienen. Pero China no está aportando ayuda militar o económica extra.

P. Xi no critica la guerra, pero al mismo tiempo trata de distanciarse de los ataques. Critica las sanciones internacionales impuestas a Moscú, pero sus empresas las respetarán. ¿Hasta qué punto podrá mantener este difícil equilibrio?

R. Esta guerra llega después del golpe de la pandemia, lo que nos coloca a todos en una situación muy frágil. El presidente Xi ha alertado de que debemos preocuparnos por la economía global. Las sanciones solo van a incrementar el riesgo de una recesión. Los precios de la comida y del petróleo van a aumentar. Esta situación no dañará solo a la UE, también a China y a todo el mundo. Las consecuencias se notarán en los bolsillos de todos. ¿Los ciudadanos europeos van a dejar de poner la calefacción porque haya aumentado el precio de la energía? ¿Van a pasar frío por la noche? No lo creo.

P. En Occidente hay un amplio consenso de que Ucrania está sufriendo una agresión injusta, lo que ha despertado una oleada de simpatía hacia el pueblo ucranio. ¿Qué imagen del conflicto tienen en China?

R. También compartimos la simpatía hacía Ucrania. La sociedad china resalta la importancia de respetar la soberanía territorial. Nuestro Gobierno ha dejado claro que China jamás va a atacar Ucrania. Pero también hay posturas nacionalistas o populistas, o voces en las redes sociales, que apoyan una actitud más fuerte contra EE UU. Porque China ha sido sancionada y maltratada por EE UU durante años. El presidente Donald Trump pretendía tener buenas relaciones con Rusia para contener a China.

P. La diferencia es si China considera también a Rusia como el agresor, como el responsable de esta guerra.

R. China muestra solidaridad con Ucrania, pero no comparte la misma posición que EE UU y la UE. Reconocemos que Rusia ha sido arrinconada en los últimos años, con una OTAN que se ha expandido hasta rodearla. Ucrania era el último país que quedaba. Y Rusia no habría empezado la agresión si no hubiera habido estas complicaciones históricas, si la OTAN no le hubiera presionado demasiado. China entiende la situación en Rusia, porque tenemos una situación parecida con EE UU y sus alianzas militares en nuestro vecindario. China se enfrenta a los mismos problemas que Rusia en su vecindario. Eso explica por qué Rusia ha actuado con tanta agresividad. Hacen falta dos para bailar tango. No es solo culpa de una parte. Cuando la URSS se desmoronó, habría sido lógico que la OTAN también se disolviera, ¿no? Pero en cambio se fortaleció. Muchos líderes advirtieron de que su expansión tendría consecuencias. Y ahora las estamos viendo. No todo se explica al 100% por la agresión rusa.

P. Pero Putin está consiguiendo el objetivo contrario. La agresión a Ucrania está reforzando a la OTAN.

R. Putin no se puede permitir perder a Ucrania para la OTAN. Ahora Zelenski dice que no va a entrar en la Alianza. Creo que han logrado ya ciertos objetivos.

P. ¿En qué caso podría virar el apoyo de Pekín a Putin? ¿Qué pasaría si usa armas químicas?

R. China no está apoyando a Putin en esta ocasión. Condena la guerra y la violación de la soberanía nacional. Aporta ayuda humanitaria. Si alguien usa armas nucleares o químicas, China estará en contra. Fue EE UU quien dijo que con la covid-19 China había empezado una guerra biológica. Podemos especular, pero si hay una guerra nuclear o química, China lo condenará. Da igual quién protagonice estos ataques.

P. La crisis ucrania muestra también una batalla en el orden geopolítico del siglo XXI. ¿Se está dirimiendo el reparto de poder entre EE UU y China en las próximas décadas?

R. Esta crisis marca un punto de inflexión. Tras la II Guerra Mundial, los acuerdos de Bretton Woods proporcionaron ocho décadas de paz y prosperidad. Ahora hemos pasado la pandemia y el conflicto ucranio. Esta vez el mundo puede ir en dos direcciones. Uno está liderado por EE UU, con alianzas militares y de seguridad como la OTAN, Five Eyes, Aukus, Quad… China va en otra dirección, con la apuesta por alianzas económicas y comerciales que aporten prosperidad al mundo.

P. Pero China también ha disparado su gasto militar.

R. El presupuesto en Ejército de EE UU es igual al de los 10 siguientes países. En China, la inversión en trenes de alta velocidad iguala la de los 10 países que más invierten en el mundo.

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Washington ha anunciado este jueves nuevas sanciones financieras contra Rusia por la invasión de Ucrania, dirigidas contra políticos, oligarcas y la industria de defensa, según un comunicado hecho público por el Departamento de Estado. “La guerra del presidente [Vladímir] Putin continúa infligiendo horror y sufrimiento generalizado al pueblo de Ucrania”, dice la nota de prensa de la diplomacia estadounidense. “Al mismo tiempo, en Rusia, la Duma [Parlamento ruso] continúa utilizando su poder legislativo para atacar a los disidentes y opositores políticos nacionales, interrumpir el libre flujo de información y restringir los derechos humanos y las libertades fundamentales de los ciudadanos de Rusia”, destaca.

El secretario de Estado, Antony Blinken, ha informado de que las sanciones, que no han sido aún concretadas, apuntan ahora a “328 miembros de la Duma estatal rusa, además de los 12 miembros designados el pasado 11 de marzo”. La Administración de Joe Biden considera que estos cargos han apoyado las violaciones de la soberanía y la integridad territorial de Ucrania por parte del Kremlin. Una de las personas contra las que se dirige el castigo es Herman Gref, el jefe de Sberbank, el mayor prestamista de Rusia, y aliado cercano de Putin.

“Estas acciones complementan los esfuerzos en curso de nuestros aliados y socios para hacer que rindan cuentas aquellos que, por libre elección, han desatado esta inconcebible guerra contra Ucrania y su pueblo”, asegura el Departamento de Estado. La Casa Blanca está intensificando la coordinación con sus aliados occidentales. Precisamente, este jueves, el presidente Biden se encuentra en Bruselas para participar en una cumbre extraordinaria de la OTAN y un encuentro en el Consejo Europeo. El mandatario demócrata también asiste a una reunión del G-7. Luego viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo Andrzej Duda.

Desde Bruselas, Washington se comprometía este jueves a acoger a un máximo de 100.000 refugiados ucranios y de otras nacionalidades que hayan huido del país. Además, prevé una ayuda humanitaria a Ucrania de 1.000 millones de dólares (unos 909 millones de euros). La prioridad será acoger a aquellos ucranios “que tengan familiares en Estados Unidos”, explicó una fuente oficial estadounidense, que pidió el anonimato, en una rueda de prensa telefónica. Hasta ahora, el Gobierno de Biden había insistido en que la mayoría de los ucranios huidos tenían el deseo de quedarse lo más cerca posible de su país y que era improbable que quisieran asentarse en Estados Unidos.

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Estados Unidos es el mayor donante individual de asistencia humanitaria a la antigua república soviética. “Apoyamos al valiente pueblo de Ucrania, que está demostrando un coraje increíble y una determinación feroz al defender a su país contra la agresión del Kremlin”, dijo el Departamento de Estado. Para hablar de la “la guerra librada por el Gobierno ruso en Ucrania”, pero también de “las actividades desestabilizadoras de Irán” y las relaciones entre israelíes y palestinos, Blinken realizará una gira entre el 26 y 30 de marzo a Israel, Marruecos y Argelia. Entre otros, se entrevistará con el primer ministro israelí, Naftali Bennett; el presidente palestino, Mahmud Abbas, en Ramala, y con el jeque Mohamed Bin Zayed, gobernante de facto de Emiratos Árabes Unidos.

Por otro lado, el departamento del Tesoro estadounidense también ha anunciado medidas contra la Corporación de Misiles Tácticos JSC (KTRV), un conglomerado de defensa ruso perteneciente al Estado. “KTRV produce equipos de defensa rusos, incluidas armas aerotransportadas y sistemas de armas para la Armada rusa”, afirma.

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Hay políticos con carreras largas y variadas, pero que siempre quedarán definidos por un momento. Es el caso de Dominique de Villepin. El 14 de febrero de 2003, cuando era ministro de Exteriores de Francia con el presidente Jacques Chirac, pronunció un encendido discurso contra la inminente invasión estadounidense de Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU. El discurso quedó en los anales de la oratoria y la diplomacia francesa.

Han pasado casi 20 años; Villepin (Rabat, 68 años) fue más tarde primer ministro, y después abandonó la política. Ahora, cuando entra en un café cerca de la Asamblea Nacional, en París, todavía mantiene el perfil de poeta aristócrata del siglo XIX. Y no ha abandonado las convicciones de entonces: el recelo ante un mundo de bloques entre democracias y regímenes autoritarios, la fe en la diplomacia para superar estas barreras, un fondo de desconfianza hacia Estados Unidos, y el rechazo a la idea de que Occidente puede impulsar cambios de régimen en el resto del mundo. También, claro, a la idea de que la invasión rusa de Ucrania y la guerra, que empezaron hace casi un mes, solo puedan terminar con la caída del presidente ruso, Vladímir Putin.

“No cometamos el error de hacer de la marcha de Vladímir Putin una condición previa a la negociación. Desde hace 20 años, hemos visto que la lógica del cambio de régimen no ha dado los resultados esperados”, dice Villepin en una entrevista concedida este lunes a EL PAÍS y los diarios de la alianza de medios europeos LENA. Y cita, para ilustrar el argumento, las fallidas guerras occidentales en Irak, Afganistán y Libia. “Ya en el siglo XIII”, continúa, “santo Tomás de Aquino decía que se podía cambiar al tirano de Siracusa, pero que el riesgo era que lo que viniese después fuese peor. Porque no es solo Putin. Hay un sistema, un pensamiento, un software, una cultura. Aquí radica todo el problema”.

No es que ahora Villepin muestre complacencia con Putin, aunque fue de los –muchos– que, antes de la invasión, la consideraba muy improbable porque, sostenía entonces, no respondía a los intereses rusos. Villepin cree que la Unión Europea, EE UU y la OTAN deben desplegar todos los esfuerzos posibles siempre que no franqueen “la línea roja” autoimpuesta de la “cobeligerancia”, es decir, de una entrada directa en guerra.

El objetivo, según el ex primer ministro, debe ser evitar una guerra larga. “Conocemos todas las consecuencias trágicas que esta tendría”, explica. Y enumera: “Un número creciente de víctimas, una amenaza de extensión territorial del conflicto o de intensificación de los ataques, un riesgo en el terreno químico, bacteriológico o nuclear”. Para evitar este escenario, aboga por sanciones más fuertes que fuercen a Putin a negociar.

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“Las reuniones de la OTAN, del G-7 y de la Unión Europea esta semana serán determinantes: son ocasiones para enviar mensajes claros a Vladímir Putin y mostrarle que no puede ganar militarmente ni dividir a europeos y americanos”, exhorta Villepin. El embargo energético a Rusia “podría obligar al Kremlin a reflexionar más rápidamente sobre una salida de la guerra”, argumenta. Y añade: “[Putin] puede sentir la tentación de redoblar la apuesta por miedo a que un fracaso signifique su caída. En la historia rusa, las derrotas militares siempre han conducido a consecuencias políticas mayores: después de la guerra de Crimea en el siglo XIX, después de la guerra ruso-japonesa, durante la Primera Guerra Mundial y después de la guerra de Afganistán en 1989. Hay que hacerle entender que redoblar la apuesta es una vía sin salida. E incluso desde su prisma belicista hay espacio para un mínimo de realismo. Esto podría conducirle a aprovechar las oportunidades salvando la cara y sin dar al pueblo ruso la sensación de haber perdido la guerra. Hay que presionar mucho para ayudar a esta evolución, a la vez con sanciones máximas y con una mano tendida para la negociación. Solo un acuerdo negociado restaurará los derechos de Ucrania y preservará la seguridad regional”.

Villepin, como tantos gobernantes y diplomáticos franceses, se reclama de la visión del general Charles de Gaulle: una Francia como potencia de equilibrio entre bloques antagónicos. De Gaulle no siempre fue gaullista en este sentido: en las crisis de los misiles y Berlín, durante la Guerra Fría, se alineó sin dudar con Occidente y contra la URSS. Pero esta visión la han reivindicado casi todos los sucesores de De Gaulle, hasta el actual, Emmanuel Macron.

Cuando Dominique de Villepin mira más allá de la guerra en Ucrania, y mira con el prisma gaullista, ve un riesgo: el enfrentamiento entre bloques antagónicos. “La clave en el periodo que se inicia es evitar el choque frontal e impedir que los términos del enfrentamiento se definan desfavorablemente para nosotros. No se trata de un conflicto entre Occidente y Oriente, y aún menos entre el Oeste y el resto, ni tampoco de un choque binario entre democracias y regímenes autoritarios, sino de dos concepciones del orden internacional: una fundada en el derecho y otra en la fuerza. Estoy convencido de que podemos unir a nosotros a muchas naciones en torno a un modelo de orden por medio del derecho”.

Para superar la lógica de los bloques ante la guerra de Ucrania, Villepin cree que los europeos, y Occidente, deben hablar con China, India, Israel o Argelia, países que, recuerda, mantienen buenas relaciones con Rusia. “No tenemos que hablar solo con nosotros mismos, convencer a nuestras opiniones públicas. ¡Hay que convencer al mundo!”, dice. “Era uno de los grandes objetivos de Francia con Jacques Chirac: evitar la confrontación, el choque entre mundos distintos, culturas o civilizaciones. Hay que deconstruir, ante estos países-pivote, el discurso de revancha de Vladímir Putin, porque algunos países del Sur podrían sentir la tentación de asumirlo como propio”.

Lo que está en juego, según el veterano político y diplomático, es lo que él llama “la reforma en profundidad del orden internacional”, y la amenaza de “un nuevo muro en el planeta”. Villepin regresa a su momento estelar, a 2003 y los prolegómenos de la ocupación de Irak por EE UU. “Entonces”, dice, “la diplomacia francesa se desplegó en todos los frentes para convencer de que el voto en el Consejo de Seguridad de la ONU no era solo a favor o en contra de Estados Unidos, sino que había otras cosas importantes, como la legitimidad de la ONU o la necesidad de evitar un frente entre Oriente y Occidente que ya se dibujaba. La crisis actual es el laboratorio del mundo en el que entramos”.

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El asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, durante la rueda de prensa de este martes en la Casa Blanca.
El asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, durante la rueda de prensa de este martes en la Casa Blanca.Patrick Semansky (AP)

En vísperas de que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, viaje a Europa este jueves para abordar en Bruselas las respuestas al ataque injustificado de Rusia contra Ucrania, la Casa Blanca ha adelantado este martes que anunciará, junto a sus aliados, nuevas sanciones contra el Kremlin. Aunque no quiso entrar en detalles ni precisar la nueva naturaleza de los castigos, el asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, ha asegurado que se tratará de “un paquete adicional” que se concretará en “un esfuerzo conjunto para acabar con la evasión de sanciones” por parte de cualquier país que ayude a Rusia “a socavar, debilitar o esquivar” esas penas.

Horas más tarde, la prensa estadounidense precisó, citando al diario The Wall Street Journal, que las nuevas represalias afectarán a “más de 300 miembros de la Duma”, la cámara baja rusa. Estados Unidos ya incluyó a 12 de ellos en una ronda anterior de sanciones, pero en esta ocasión el castigo irá más lejos, según fuentes citadas por The New York Times.

En Bruselas, Biden participará el jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN, en la que estarán, entre otros, el presidente francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz, y el primer ministro de Italia, Mario Draghi. También se unirá a la primera sesión del Consejo Europeo que reunirá a los gobernantes de los 27 Estados comunitarios el jueves y el viernes en Bruselas. El premier británico, Boris Johnson, será el único de los aliados que no estará presente. El presidente demócrata, que acude en calidad de invitado, también asistirá a una reunión del G-7. El viernes y el sábado viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo, Andrzej Duda.

La habitual rueda de prensa de la Casa Blanca en la que compareció Sullivan se produjo este martes por parte del subsecretario de prensa, Chris Meagher, quien reemplazó a Jen Psaki, ya que esta ha dado positivo por coronavirus en la prueba que se le realizó de cara al viaje a Europa. Biden dio negativo, tanto el lunes como este martes. El asesor de Seguridad Nacional hizo saber a los periodistas que, en su opinión, la contienda que se libra en Ucrania no acabará de forma fácil ni rápida. “Quedan días duros” para la población ucrania, advirtió Sullivan.

Este jueves se cumple un mes desde que se iniciara la invasión rusa de Ucrania y el temor al uso de armas químicas y biológicas por parte de Rusia ha estado presente desde que la Casa Blanca hiciera sonar todas las alarmas el pasado 9 de marzo al advertir que Vladímir Putin podría hacer uso de ellas. Biden insistió de nuevo el lunes por la noche la existencia de tal amenaza. El demócrata consideraba que era algo “obvio” y que, de producirse, la respuesta de Occidente sería muy dura. “Está acorralado”, dijo Biden en referencia a Putin.

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Fue Moscú quien de forma propagandística difundió informaciones, calificadas de “falsas” por el Gobierno de Estados Unidos, sobre la existencia de supuestos laboratorios estadounidenses de este tipo de armamento en Ucrania. “También está sugiriendo que Ucrania tiene armas químicas y biológicas en el país. Esa es una señal clara de que él [Putin] está considerando usar ambos tipos de armas”, recalcó Biden. El presidente de EE UU enfatizó una vez más que las consecuencias serían “muy graves por parte del frente unido de la OTAN” si eso llegara a suceder, aunque no especificó qué acciones llevaría a cabo la Alianza Atlántica.

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La Unión Europea sopesa incluir el sector energético en las sanciones contra Rusia por la invasión de Ucrania, pero quiere garantizar que ese paso no quiebre la férrea unidad mantenida desde el inicio de la guerra. La reunión de este viernes de los 27 socios de la Unión, representados por sus embajadores ante la UE, ha constatado que el embargo del petróleo y del gas ruso no cuenta por ahora con el respaldo de todas las capitales. Varios países, con Polonia al frente, reclaman ya la activación de esa medida, considerada como el arma de último recurso. Pero Bruselas teme que resquebraje la posición común de la UE si se intenta adoptar de forma prematura o sin un desencadenante en el campo de batalla que haga inevitable una decisión de tantísimo calado político y económico.

“Estamos abiertos a todas opciones, pero hay que mantener la unidad. Es importante”, señalaba este viernes una fuente diplomática europea cuyo país suele ser escuchado con mucha atención en todos los debates de la UE. “En las últimas tres semanas hemos demostrado que podemos reaccionar con unidad, rapidez y contundencia y en el futuro seguirá siendo así”, subrayaba otra fuente comunitaria. La misma voz reconoce el enorme trabajo y esfuerzo que requiere lograr el apoyo unánime de los 27 gobiernos de la Unión a cada ronda de sanciones. Pero subraya: “Todas las decisiones han sido por unanimidad o por consenso”.

Además de las sanciones para castigar al invasor, Bruselas también da pasos para ayudar al agredido. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha hablado por teléfono este viernes con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, con el que ha acordado estudiar vías para crear un fondo que permita a este país financiar su esfuerzo bélico y las necesidades básicas de la población y de la Administración. También serviría para preparar la reconstrucción tras la guerra “anclando” a Kiev a Occidente, según ha explicado un portavoz de Michel. Este instrumento se financiaría con una conferencia de donantes.

La atención en Bruselas, pese a todo, se focaliza en el castigo a Moscú, un asunto más espinoso que la ayuda a Ucrania. La UE adoptó un primer castigo el 23 de febrero, solo 48 horas después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, decidiese reconocer la independencia de las autoproclamadas repúblicas prorrusas en el territorio ucranio del Donbás. Al día siguiente estalló la guerra y el Consejo Europeo anunció nuevas sanciones, pero solo concretó la inclusión de Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, en la lista negra de altos cargos sujetos a la congelación de sus bienes en territorio comunitario.

El umbral del castigo se elevó drásticamente a partir del tercer día de combates, cuando las imágenes de destrucción y muerte en Ucrania provocaron estupor en gran parte de la opinión pública europea. En cuestión de días se congelaron las reservas del banco central ruso situadas en Europa; se excluyó de la plataforma de pagos financieros SWIFT al 25% del sector bancario; se prohibieron las emisiones de canales rusos de televisión; y se amplió la lista negra que impide la entrada en la UE y congela los bienes en territorio comunitario para incluir a 877 personas y 62 empresas o entidades rusas. El cuarto paquete —o, como subrayaba un diplomático europeo esta semana, “un complemento al tercero”— se impulsó en la cumbre de Versalles.

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Alemania reclama calma

Pero la aprobación formal de esta última tanda ya ha evidenciado ciertas discrepancias, al menos en el ritmo de aprobación. Alemania, apuntan varias fuentes, pidió calma y tiempo para estudiar los castigos que, en principio, iban a ver la luz el pasado domingo y al final salieron adelante el lunes. Ahora empieza a prepararse ya otro paquete. “Llegará, pero no el próximo lunes [en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores]”, apuntaban este viernes en una embajada. Lo más probable es que se abra paso tras la cumbre de jefes de Estados y Gobierno de la semana que viene, a la que también acudirá el presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Su contenido está ultimándose. Es muy probable que se amplíe la lista de oligarcas. Y mucho menos probable que se den pasos para dejar de comprar hidrocarburos a Rusia, un camino que podría empezar a recorrerse por el petróleo, ya que es más fácil de sustituir con otros suministradores. Los partidarios de cerrar ya los grifos de las tuberías de gas y crudo que llegan del Este saben, admitían este viernes en una de sus delegaciones, que todavía no cuentan con el respaldo necesario en el Consejo, si bien lo siguen reclamando.

En el resto de capitales, sin embargo, parecen optar por una respuesta gradual, ganando tiempo para dejar atrás la época de más frío —cuando más necesario es el gas— y dejándose balas en la recámara por si Putin aumenta la crueldad de su campaña bélica. Aunque este grupo no es un bloque homogéneo, los hay “abiertos a todas las opciones”, esperando la evolución de la guerra y cuidando la unidad de acción (Holanda, Francia, España…), y a los que son más reacios a dar el paso, entre ellos Alemania e Italia, por las duras consecuencias sobre su economía.

Fuentes comunitarias reconocen que el daño causado por las medidas adoptadas hasta ahora tardarán meses o años en debilitar a Rusia, mientras que las bombas de Putin caen día a día en Ucrania. Pero añaden que el impacto “ya se está dejando notar tanto en la economía como en la sociedad rusa”. Y enfatizan: “Se pueden adoptar nuevas medidas cuando lo consideremos oportuno”.

“Mi impresión es que vamos a continuar nuestra respuesta a la vista de lo que está ocurriendo sobre el terreno”, pronostica una diplomática europea. Otra diplomática prefiere no especular sobre el alcance del quinto paquete sancionador, pero resalta: “Estamos listos para cuando haga falta adoptarlo y con eso basta”.

Escasa munición restante

Las primeras cuatro rondas han sido de tal magnitud que han dejado a la UE con escasa munición para redoblar el castigo sin incluir al sector energético. Ya se ha decretado un embargo a las exportaciones de numerosos sectores rusos y se ha prohibido la inversión en casi todos ellos, así como la transferencia de tecnología. El veto también afecta a numerosas exportaciones europeas imprescindibles para Rusia. En el sector financiero se han librado de la exclusión de SWIFT los bancos Sberbank y Gazprombank, pues su desconexión afectaría a las importaciones de gas y petróleo porque Europa paga su factura energética a través de esas entidades.

Pero la presión para endurecer el castigo aumenta. Rusia ha ingresado casi 15.000 millones de euros desde el inicio de la invasión de Ucrania gracias a las exportaciones de gas, petróleo y carbón a la Unión Europea, según el centro de estudios CREA (Centre for Research on Energy and Clean Air). La elevada factura da fuerza a los países de la UE partidarios de renunciar a las importaciones energéticas para doblegar al régimen de Putin. Moscú financia más de un tercio de los presupuestos nacionales gracias a los ingresos por la venta de hidrocarburos y Europa es su principal cliente, con una cuota del 50%.

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La ayuda humanitaria a Ucrania se ha convertido en un nuevo motivo de roce entre China y Taiwán, la isla autogobernada que Pekín considera parte de su territorio y que Pekín no renuncia a unificar por la fuerza. El Gobierno chino ha acusado a Taipéi de “aprovecharse de las dificultades de otros”, después de que el Ejecutivo de la presidenta Tsai Ing-wen anunciara un nuevo envío de donaciones para los refugiados de la antigua república soviética.

Ambos lados del estrecho han reaccionado de maneras opuestas ante la invasión rusa de Ucrania. China mantiene una postura de neutralidad escorada hacia Moscú, evita condenar la guerra, atribuye la responsabilidad del conflicto a Estados Unidos y la OTAN y reclama el levantamiento de las sanciones occidentales contra Rusia.

Taipéi, por su parte, sí se ha sumado a las medidas de castigo internacionales y alega que tiene la obligación de alinearse con otras democracias. Ha impuesto restricciones a la exportación hacia Rusia de unos 20 millones de dólares en semiconductores (18 millones de euros), y ha bloqueado el acceso de los bancos de ese país al sistema Swift de pagos internacionales.

La población de la isla sigue con atención —y simpatía hacia Ucrania—, un conflicto en el que percibe algunas similitudes a sus propias circunstancias. Entre ellas ―y aunque la situación de Ucrania es muy diferente a la de Taiwán, diplomática y militarmente―, el temor a verse en algún momento invadida por un vecino mucho mayor, más poderoso y sin ningún interés en el modelo de democracia liberal occidental. “Ucrania hoy, Taiwán mañana” es un lema que corrió por las redes sociales taiwanesas en los primeros días tras la invasión; las manifestaciones de apoyo al país de la antigua órbita soviética se han convertido en algo frecuente en las principales ciudades.

Tanto China como Taiwán han enviado ayuda a los refugiados ucranios, aunque por montos diferentes. La segunda economía del mundo, de 1.400 millones de habitantes, ha expedido alimentos y productos de primera necesidad a través de su Cruz Roja por valor de cinco millones de yuanes, o 717.000 euros, para asistir a quienes llegan a la frontera rumana o moldava. Taiwán, con una población de 24 millones de personas, anunció a comienzos de este mes una donación de 3,5 millones de dólares (3,2 millones de euros), a los que esta semana ha declarado que añadirá otros 11,5 millones de dólares (10,4 millones de euros), que se emplearán en la frontera polaca. La presidenta Tsai ha cedido un mes de su salario.

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En la rueda de prensa periódica de la Oficina de Asuntos de Taiwán, el organismo del Gobierno en Pekín encargado de las relaciones con la isla, su portavoz Zhu Fenglian acusó este miércoles al Gobierno de Tsai de aprovecharse de los problemas en Ucrania para apuntarse tantos políticos. “Las autoridades del Partido Democrático Progresista (PDP, el partido de Tsai) utilizan la cuestión ucrania para validar su existencia y beneficiarse de un asunto candente, aprovechándose de las dificultades de otros”, ha apuntado Zhu. “Sus intentos de incitar a la confrontación y crear hostilidad mediante la manipulación política no tendrán éxito”. ha añadido.

Desde el comienzo de la invasión de Ucrania, el Gobierno taiwanés ―que durante el mandato de Tsai ha hecho de la modernización de sus Fuerzas Armadas una de sus prioridades, ante la creciente presión de China en forma de maniobras militares y vuelos casi diarios sobre la zona de defensa aérea taiwanesa― ha dado un nuevo impulso al adiestramiento de sus reservistas y a la producción nacional de armamento, incluidos misiles y drones. Estados Unidos, su gran aliado en defensa, envió una delegación de mandos militares retirados en señal de apoyo a Taipéi.

“La reciente situación de Ucrania prueba de nuevo que la protección del país, además de la solidaridad y ayuda internacionales, depende de la unidad de todo el pueblo”, declaraba este fin de semana Tsai, en una visita a un centro de entrenamiento de reservistas.

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China ha advertido contra la posibilidad de que le afecten “todavía más” las sanciones que Occidente ha impuesto contra Rusia como castigo por la invasión de Ucrania. En una conversación el lunes con su homólogo español, José Manuel Albares, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, ha avisado de que su país “tiene el derecho a proteger sus intereses y derechos legítimos” frente a esas medidas, según el comunicado oficial distribuido por su Ministerio de Exteriores este martes.

Pekín, que rechaza referirse al ataque ruso como “invasión o “guerra” y mantiene una postura de neutralidad escorada hacia Moscú —su socio estratégico—, ha expresado de manera sistemática su rechazo a las sanciones, que considera “ilegales” e impuestas de manera “unilateral”. Tanto Wang como el propio presidente chino, Xi Jinping, han denunciado en diversas ocasiones que esas medidas de castigo perjudicarán la recuperación mundial tras la pandemia de covid, y tendrán un efecto negativo en las cadenas de suministro globales, el suministro de energía y los transportes, entre otros sectores.

“China siempre se opone al uso de sanciones para resolver los problemas, y se opone todavía más a las sanciones unilaterales que no tienen ninguna base en el Derecho internacional y causarán daños a los medios de vida de la gente en todos los países”, ha declarado Wang en la reunión con Albares, según el comunicado oficial de su ministerio.

El alto funcionario del gigante asiático subraya que “China no es parte en esta crisis, y no quiere que le afecten las sanciones todavía más. China tiene derecho a proteger sus intereses y derechos legítimos”.

Las sanciones contra Rusia, que han bloqueado parte de las reservas en divisas de ese país y el acceso de sus principales bancos al sistema internacional de transferencias SWIFT, entre otras medidas, han disparado el precio del petróleo y de otras materias primas. La subida de los costes de la energía puede afectar, entre otras cosas, a las cadenas de suministro globales en momentos en los que China —importante consumidor del gas, petróleo y grano ruso— afronta una disminución de su crecimiento económico y depende de las exportaciones, el gran pilar de su recuperación tras la covid, para apuntalarlo. Pekín celebra su gran cita política quinquenal —el 20º Congreso del Partido Comunista— que ungirá a Xi para un tercer mandato de cinco años al frente del país, y no quiere ningún sobresalto económico o social que pueda ensombrecer ese acontecimiento.

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Por su parte, el Ministerio español de Asuntos Exteriores se ha limitado a dar cuenta de lo que Albares le dijo a Wnag Yi, subrayando que el jefe de la diplomacia española recordó a su homólogo chino que la humanidad está viviendo “un momento histórico que requiere de todos los líderes mundiales sentido de la responsabilidad y visión de futuro”, en alusión al papel de China como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

El ministro español, según su departamento, reiteró la condena de la invasión rusa y el compromiso español con la soberanía e integridad territorial de Ucrania y añadió: “Las sanciones no son fáciles para nadie, pero estamos plenamente comprometidos y dispuestos a asumir las consecuencias”.

La conversación entre los dos ministros se produjo un día después de la reunión que mantuvieron en Roma el consejero de Seguridad Nacional estadounidense, Jake Sullivan, con el consejero de Estado chino Yang Jiechi, durante siete horas. Washington ha denunciado que Moscú ha pedido ayuda económica y militar a Pekín para la guerra en Ucrania, algo que China ha tachado de “desinformación”.

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Eva-Maria Liimets (Tallin, 47 años) luce un vistoso lazo con los colores de la bandera de Ucrania. Ministra de Exteriores de Estonia desde hace poco más de un año y férrea europeísta, la guerra la sorprendió en Kiev, donde fue testigo del “fuerte deseo de los ucranios por defenderse del ataque ruso”. Ella logró escapar del país en coche, aunque tardó un día en alcanzar la frontera polaca. Recibe a EL PAÍS poco antes de reunirse en Madrid con su homólogo español, José Manuel Albares, a quien agradece la presencia de tropas españolas en un país vecino, Letonia, dentro de una misión de la OTAN para reforzar el flanco este de Europa. Estonia, uno de los cinco países de la Unión Europea fronterizos con Rusia, mira con “preocupación la evolución de la guerra en Ucrania”, una amenaza que afecta a la seguridad europea y ante la que la Alianza Atlántica, según analiza Liimets, “debe reforzar su capacidad de disuasión”.

Pregunta. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha reclamado una mayor implicación de la Unión Europea y de la OTAN en la defensa de Ucrania. ¿Cree que han hecho lo suficiente para obligar a Rusia a terminar con la agresión?

Respuesta. En la UE nos empezamos a preparar ante la amenaza rusa en una etapa muy temprana, tan pronto como nos dimos cuenta de que Moscú estaba concentrando soldados junto a las fronteras de Ucrania. Las fuertes sanciones que aprobó contra Rusia, en coordinación con Estados Unidos y Reino Unido, fueron implementadas en el segundo día de la agresión [el pasado 25 de febrero]. Actuamos muy rápido y hemos endurecido las sanciones, porque creemos en la fuerza de estas medidas civiles para lograr que Rusia pare la guerra.

P. ¿Considera que la Unión Europea y la OTAN deben ser más activas en el plano militar?

R. Hemos proporcionado armamento a Ucrania. Más de 20 países han apoyado el envío de ayuda militar, pero, al mismo tiempo, ni la UE ni la OTAN están dispuestas a expandir la guerra o a entrar en la guerra contra Rusia.

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P. Estonia es uno de los ocho países que han pedido que se acelere la adhesión de Ucrania al bloque europeo. ¿Por qué es importante?

R. Hemos apoyado siempre la política de puertas abiertas de la Unión Europea y de la OTAN porque nosotros mismos somos un ejemplo de éxito de esta política. Además, aquellos países que están implementando reformas democráticas deberían ser invitados a unirse a la UE. Y Ucrania está avanzando en reformas democráticas y en la defensa de las libertades. Aunque ya en 2013 el pueblo ucranio dejó claro que quería vivir en una sociedad democrática durante las protestas contra la decisión del entonces presidente, Víctor Yanukóvich, de suspender la firma del Acuerdo de Asociación con la UE. Por supuesto que hay un largo proceso por delante, pero debemos ofrecerles este apoyo moral, especialmente porque luchan en estos momentos por defender a su país y a los valores europeos.

Eva-Maria Liimets, este viernes en Madrid.
Eva-Maria Liimets, este viernes en Madrid.SANTI BURGOS

P. Uno de los posibles escenarios tras la guerra es que Rusia se anexione la región del Donbás, e incluso, que logre abrir un corredor hasta Crimea. ¿Cómo afectaría este desenlace a la seguridad de Estonia, país fronterizo con Rusia?

R. No sentimos una amenaza militar directa, aunque esta crisis de seguridad, provocada por la invasión rusa de Ucrania, nos preocupa, porque este tipo de escenario sería una violación de las leyes internacionales y de la Carta de Naciones Unidas. Hay un gran consenso en la necesidad de continuar apoyando la integridad territorial de Ucrania, pero, al mismo tiempo, la OTAN debe seguir fortaleciendo la defensa de sus territorios.

P. Estonia, Letonia y Lituania han activado, precisamente, el artículo 4 de la OTAN, que puede ser invocado cuando un Estado miembro se siente amenazado. ¿Cómo ha reforzado la OTAN su defensa de Estonia?

R. La OTAN ha tomado decisiones muy rápidas y ya en el segundo día de la guerra en Ucrania los líderes de la Alianza decidieron fortalecer los sistemas de defensa. En Estonia, hemos recibido tropas adicionales de Reino Unido, Francia y Holanda y llegará más equipo militar de defensa. Aunque la OTAN ya decidió fortalecer su flanco este tras las protestas en Ucrania de 2013 y 2014, y también el año pasado, cuando vimos la acumulación de tropas de Rusia frente a las fronteras de Ucrania.

P. ¿Se sienten así más seguros?

R. Sí, como miembros de la OTAN, especialmente porque la Alianza ha reafirmado su principio de “uno para todos y todos para uno”.

P. Los ataques de Rusia se aproximan cada vez más a la OTAN. ¿Putin está dispuesto a un enfrentamiento contra la Alianza?

R. Es muy difícil evaluar lo que planea exactamente Putin, pero la evolución de la guerra nos preocupa. Han justificado su ataque con campañas de desinformación, pero está claro que Rusia quiere intervenir en todos los asuntos internos de Ucrania.

P. ¿Rusia podría llegar a usar armas nucleares?

R. También es difícil de evaluar, pero nos inquieta ver cómo está violando los acuerdos internacionales.

P. ¿Tienen planes para fortalecer su seguridad energética y reducir así la dependencia del gas ruso?

R. Nosotros empezamos a diversificar nuestros recursos energéticos hace tiempo. Pero es cierto que la mayoría del gas que importamos de Rusia está destinado al consumo privado, por lo que un corte sería problemático. Estamos buscando alternativas rápidas para abandonar esta dependencia.

P. Putin ha dejado clara su idea imperialista de recuperar la Gran Rusia. ¿Qué opina la población rusoparlante de Estonia sobre esta ambición?

R. La comunidad ruso parlante de Estonia supone el 27% de la población e incluye rusos, ucranios, bielorrusos y personas de otras nacionalidades. La mayoría está bien integrada, e incluso tenemos rusos en el Parlamento estonio. Y todos ellos han elegido vivir en Estonia, donde el nivel de vida es mucho más alto que en Rusia, como también lo es la pensión que cobrarán cuando se jubilen. Según nuestros cálculos, el 80% de los ciudadanos que viven en nuestro país quieren pertenecer a la Unión Europea.

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