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Jorge Oñate, fallecido cantante vallenato.

Uno de los hijos de ‘El Jilguero de América’ contó que la herencia ha traído problemas familiares.

Noticias Colombia.

El 28 de febrero del 2021 se apagó la voz del cantante vallenato Jorge Oñate por consecuencias asociadas al Covid-19.

Desde aquel entonces, la relación familiar de los ochos hijos del ‘Ruiseñor del Cesar’, al parecer, se fue deteriorando al punto de cortar comunicaciones. Todo por cuenta de la millonaria herencia que dejó el artista, la cual de acuerdo a Omar Oñate, uno de los hijos del cantante, rondaría los 20 mil millones de pesos.

Este dinero está representado en bienes inmuebles y en cría de semovientes, una de las pasiones del fallecido artista intérprete de innumerables éxitos como «No comprendí tu amor», «Mujer Marchita», «Amaneceres del Valle», entre otros.

De esta cifra el 50% le corresponde a su esposa Nancy Zuleta y el dinero restante a los hijos que dejó el vallenatero.

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Es decir, diez mil millones de pesos tendrían que repartirse entre ocho personas, pero al parecer, algunos no están de acuerdo con esa distribución.

Jorge Oñate
Los ocho hijos de Jorge Oñate.

Así lo dio a conocer Omar Oñate en diálogo con la emisora Tropicana Stereo.

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El hijo mayor de ‘El Jilguero’ asegura que tres hijos del matrimonio de su padre con Nancy Zuleta, no le quieren dar participación de la herencia los «hijos extramatrimoniales».

«No hubo conciliación referente a la repartición», dijo el primogénito del artista.

Según su relato, él habla en representación de sus hermanos José Jorge Oñate Canales, Jorge Luis Oñate García, Gina Oñate Araujo, Jorge Antonio Oñate Dangond y Juan Pablo Oñate Palencia

El otro grupo son los hijos del matrimonio: Jorge Luis Oñate Zuleta, Delfina Inés Oñate Zuleta y Jorge Daniel Oñate Zuleta.

Uno de los hijos del matrimonio apodado «El Huracán», les dijo a sus hermanos «no se hace conciliación y no se entrega el dinero…palabras más, palabras menos».

Foto de portada: @sayco

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menor de 13 años -niñas embarazadas en México y Panamá
En México la menor de 13 años permanece bajo custodia estatal junto a sus hijos, en Panamá hay conmoción por la niña de 8 años con siete meses de embarazo producto de una violación. Fotos: de referencia.

La menor de 13 años fue a dar a luz a su segundo hijo y ahí descubrieron lo que ocurría, este caso sumado al de una niña a quien le negaron un aborto en Panamá, ha generado conmoción.

Noticias internacionales.

En Tlaxcala, México, una menor de 13 años de edad llegó a un centro médico para trabajo de parto, además de su edad, la historia se tornó terrible cuando descubrieron que era su segundo hijo, y que su pareja era un hombre de 40 años de edad.

Fue la misma gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, quien reveló el caso.

Este hecho se registró en 2021, y hoy día la menor está bajo custodia del Estado junto a sus dos pequeños, mientras el sujeto, sigue en un proceso judicial.

Cuellar indicó que el hombre, fue acusado de abuso infantil, pero también investigan a la familia de la niña.

Además, se está investigan el proceso prenatal que la menor pudo llevar desde su primer embarazo, si fue en centros médicos y qué doctores pudieron atenderla que no dieron aviso a las autoridades en ese momento. O si se informó, porque no se actuó.

Ya la menor de 13 años de edad, había tenido otro hijo con el mismo sujeto.

Este caso ha generado conmoción, debate y reclamos, no solo al gobierno sino a las mismas familias.

Desde este estado mexicano, muchos reclaman que las menores de edad -muchas niñas todavía- terminan convertidas en «parejas» de hombres mayores de edad.

Denuncian que no hay una política clara que ayude a protegerlas.

La menor de 13 años de edad, sigue en proceso de recuperación y no regresaría con su familia por ahora.

Niña de 8 años embarazada tras una violación

Mientras esto ocurre en México, un caso que se hizo público de cientos que no han sido denunciados ni atendidos, en Panamá hay conmoción por una violación a una niña de 8 años de edad.

Tiene 8 años, y la justicia le negó la posibilidad de un aborto.

«Fue un familiar que le vio cambios físicos y la llevó al centro médico», indican medios de ese país.

Esta semana, el Ministerio de Salud de ese país informó que a la menor, no se le hará el aborto, se permitirá que siga el embarazo bajo monitoreo estatal y que «se le practicará la cesárea».

“La cesárea está programada según se determinó en el “plan de parto” por el Hospital Santo Tomás y el Hospital del Niño, siendo igualmente discutida de manera amplia con las autoridades y equipo de técnicos del Ministerio de Salud”, indicó la fuente por medio de un comunicado.

La niña ha estado hospitalizada, con 7 meses de gestación.

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Katherina Husak pudo quedarse en Praga, pero decidió volver a Ucrania. Husak, de 23 años, llevaba este domingo más de 10 horas en Przemysl, Polonia, esperando a subir a un tren que la llevara a Lviv, la puerta ucrania a Europa, flor de la Galitzia austrohúngara y testimonio de las peores atrocidades del siglo XX, de Stalin a Hitler. No lejos de Lviv está el hogar de Husak; quería regresar “para ayudar en lo posible” a hacer frente a la invasión rusa. Con unos auriculares pasaba el tiempo escuchando música. Su padre, movilizado por el Gobierno para combatir al enemigo, la esperaba en casa.

Husak salió el pasado jueves de su país para acompañar a su hermano de 12 años a la República Checa, donde vive su madre. Ella no se quedó, prefería auxiliar a su país, “si es necesario, con las armas”. El tren que debía trasladarla a ella y a unas 300 personas más hacia Ucrania demoró su salida sin previsión de cuándo arrancaría. Muchos ucranios como Husak pasarían la noche en la estación, cubriéndose del frío y de la nieve intermitente con las mantas que decenas de voluntarios repartían entre ellos. Entre el Ejército polaco y múltiples ONG distribuían, además, alimentos y bebidas calientes.

Los trenes procedentes de Ucrania y que llegan a Przemysl desbordados de mujeres y niños son vaciados a cuentagotas por la policía de fronteras polaca. Las autoridades quieren evitar que este pequeño municipio y los otros puntos fronterizos se conviertan en un campo de refugiados. 368.000 personas han abandonado Ucrania desde el pasado jueves, según la ONU.

Una mujer en la estación de Przemysl, Polonia, este domingo.
Una mujer en la estación de Przemysl, Polonia, este domingo.Jaime Villanueva

En la cola de acceso al tren, los primos Yevhen y Nikolai Hrytsenko confraternizaban con Husak. Los dos hombres, de 43 años, trabajan en Alemania y pidieron una excedencia para combatir. Tienen a sus mujeres e hijos en Zaporiyia, ciudad ucrania junto al río Dniéper. “Es nuestra primera guerra”, explica Yevhen, que admite tener miedo. Y revela, con un punto de emoción, que su hijo de 22 años ya se ha alistado: “No podía dejarlo solo”.

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La policía polaca comunicó a última hora de la tarde que el tren de Przemysl con destino a Lviv no saldría hasta el día siguiente, y que muchos de los vagones irían cargados con material humanitario. La alternativa para el ingreso en Ucrania era tomar los autobuses que las autoridades fletaban en la estación de ferrocarriles para acercar a los que optaran por cruzar la frontera a pie, a 15 kilómetros de Przemysl. Al otro lado, tras una caminata de más de cinco kilómetros, esperaban conductores que de forma gratuita o por dinero transportaban a la gente a Lviv.

La heroicidad de los que se disponen a combatir por su país corre en paralelo a la de las madres que salen de Ucrania para garantizar la seguridad de sus hijos. El éxodo ucranio lo conforman mujeres y niños que tienen a allegados en Europa dispuestos a darles cobijo, o activistas de toda Europa que ofrecen un techo, no solo en Polonia, también en la República Checa, Lituania, Alemania o Estonia.

La familia de Leyla Prosvietova pudo partir de Przemysl a Gdansk, al norte de Polonia, gracias a que el propietario de la empresa de peluquería en la que trabaja propuso acompañarla en su furgoneta para recogerlos. Tomasz Jachnicki y Prosvietova se reunieron con su hermana y su hija frente a una montaña de botellas de agua y bandejas de comida caliente preparadas por asociaciones polacas.

Una niña habla con su abuela tras la verja de la estacion de Przemysl, Polonia.
Una niña habla con su abuela tras la verja de la estacion de Przemysl, Polonia.Jaime Villanueva

Un voluntario obsequió a la sobrina de Prosvietova, cinco años, con un cuaderno de dibujo y rotuladores. Mientras ella lo estrenaba para colorear figuras de animales y flores, ella y Jachnicki querían subrayar, en voz baja, que no estaban de acuerdo con que hubiera jóvenes africanos en los trenes que salían de Ucrania. “Quitan sitios a mujeres y niños ucranios”, criticaba Prosvietova. Estos ciudadanos africanos también huían de una guerra de la que el azar les hizo ser víctimas. Jóvenes como la marfilense Samira, que estudiaba Ciencias Empresariales en Kiev, o el nigeriano Oluwa Femi, que estaba realizando desde hacía dos meses un curso de idiomas eslavos en la capital ucrania: “Quedarse en la ciudad es muy peligroso, oía las bombas y los disparos en todo momento”.

Sor Judie, religiosa polaca de la Congregación de las Franciscanas Hijas de la Misericordia, corría por la estación preparando la llegada de un grupo de estudiantes ecuatorianos de Medicina. Un convento en Polonia los albergaría mientras durara la guerra. Judie no parecía sentir el frío pese a calzar solo un hábito, un jersey debajo y sandalias sin calcetines. En castellano, idioma que domina porque su madre vive en Madrid desde hace 30 años, pregunta a este periodista qué opinan los españoles de la guerra. Lo mismo preguntó Valery, marino de 58 años que renunció la semana pasada a su empleo en Egipto para volver al lado de su mujer en Odesa. En este puerto del mar Negro, asediado por los rusos, aseguraba Valery que si debía morir, lo haría satisfecho, lamentando solo que su hijo no le hubiera dado todavía un nieto, “un futuro ucranio que viviera en armonía con los otros pueblos del mundo”.

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Todo comenzó con el aviso de los traileros. Mensajes de radio donde alertaban, desde el martes por la tarde, que se venía la tragedia a los pueblos. Hombres armados para destruir una ciudad, decenas de camionetas con blindaje artesanal, perforadas para encajar los rifles de asalto de un calibre capaz de tumbar helicópteros, marcadas con una X, como en una guerra, para no confundir con el enemigo. Se movían rápido hacia el norte, según avisaban los conductores de camión que trataron de alertar con horas de antelación de lo que estaba a punto de suceder. Sin nadie pisándoles los talones, conscientes del poder de sus pistolas, estos hombres vestidos de militar y equipo táctico, se tomaron el tiempo de echar gasolina a sus carros, de grabarse en vídeo presumiendo de artillería y cilindradas: “Ya llegó la Chapiza: venimos con todo”.

La noche del martes nadie miraba a Caborca, la última ciudad del desierto de Sonora que comunica con Estados Unidos, de unos 89.000 habitantes. Y los hijos despiadados del que fuera el mayor narcotraficante del mundo, Joaquín El Chapo Guzmán, estaban a punto de sitiar de nuevo una localidad completa. Mientras eso sucedía, toda la información nacional estaba rebasada por la división entre los partidarios de Andrés Manuel López Obrador y sus adversarios por una investigación periodística contra el hijo mayor del mandatario; los habitantes de las zonas acomodadas de la Roma y la Condesa, en la capital, protestaban en redes por la “invasión yanqui” que ha disparado los alquileres; los periodistas se unían por primera vez porque los están matando en las provincias; el país hervía desde el centro y mientras eso sucedía, una guerra se acababa de desatar en el norte, pero también en Michoacán, en Colima, en Guerrero o en Zacatecas, y miles de habitantes rezaban en sus casas para que las balas no atravesaran la pared. Todo esto pasa en México todos los días al mismo tiempo.

Alrededor de las siete de la tarde del martes, un convoy con más de 20 camionetas desfiló desde Altar (Sonora) hacia Caborca, unos 35 kilómetros al norte. Este puñado de millas desérticas divide el poder de dos principales cárteles de la droga, históricamente unidos. En Altar se han hecho fuertes los hijos de El Chapo, conocidos como Los Chapitos, más sanguinarios e impredecibles de lo que fuera su padre, según los expertos consultados. En este pueblo recóndito a pocos kilómetros de Estados Unidos, el narcotráfico ha encontrado en los últimos años otro negocio muy rentable: los migrantes. Hasta este punto llegan todos los dramas que riegan el resto del país, los miles de hacinados en Tapachula, los otros miles que logran salir de centros de detención, los que consiguen avanzar hacia el norte. Un embudo de cientos de ellos cada día que buscan cruzar del otro lado por precios que van desde los 4.500 dólares a los 7.500 por persona.

Y en Caborca mantienen el poder los herederos del histórico capo de los noventa, Rafael Caro Quintero, agrupados bajo su lugarteniente, apodado El Cara de Cochi. Todos de Sinaloa y todos antiguos socios que han controlado las rutas del desierto desde hace décadas para el tráfico de droga hacia Estados Unidos. La desgracia de los cabecillas, la de El Chapo, cumpliendo cadena perpetua en Estados Unidos, y la de Caro, tras 28 años en prisión y ahora prófugo, ha fragmentado al poderoso cartel de Sinaloa, que se pelea esta codiciada plaza. Los Chapitos quieren todo el negocio: las rutas de la droga, las armas y los migrantes, cuentan veteranos reporteros de la zona. Por este motivo, amenazan y sitian, cuando se les antoja, la ciudad del enemigo.

Los balazos se escuchaban cada vez más cerca. Una vecina de Caborca, de 45 años, cuenta desde el otro lado del teléfono cómo desde las siete de la tarde del martes sabían, a través de grupos de Whatsapp, lo que habían avisado los traileros. También lo supo desde ese momento la policía, la Guardia Nacional y hasta el Ejército. Se metieron en sus casas y esperaron a que comenzara el asedio de su pueblo sin que una autoridad lo impidiera. Desde sus salones y habitaciones escucharon balazos sin tregua durante horas, el rafagueo de metralletas cada vez con más claridad. Y la taquicardia, la psicosis colectiva: “¿Nos vamos de aquí?, ¿a dónde?, ¿a un hotel?, ¿vendrán a por mí?”. “Empieza como si estuvieras en una zona de guerra, como si se fueran contra la ciudad. Los primeros balazos los escuchamos a las 12 de la noche y los últimos a las seis de la madrugada del miércoles. Nadie durmió”, cuenta la mujer, que prefiere no dar su nombre por miedo a represalias del narco.

Lo que ningún vecino de Caborca comprende es cómo un convoy de ese tamaño pudo pasar por delante del destacamento de la Guardia Nacional, con más de 150 hombres, y después, de otro de la Secretaría de la Defensa, sin que nadie, ni un solo soldado, se asomara a defender el pueblo. Mucho menos la policía municipal. “No hubo una sola autoridad que saliera a enfrentarlo, se escondieron todas las corporaciones. Nos dejaron solos, nos abandonaron”, señala la vecina. Y no es la primera vez que sucede algo así, esos mismos hombres, que en aquel momento sumaban más de 100, tomaron la ciudad en marzo del año pasado.

No se trató de un enfrentamiento entre carteles, sino de una declaración de intenciones. De una exhibición de fuerza que comenzó con la toma de la ciudad, desolada a esas horas, con balaceras a casas, agujereadas sus fachadas, el asesinato de dos hombres que quedaron tendidos en la calle y la búsqueda de posibles enemigos en casas. “Una vecina me contó cómo los sicarios se asomaban por las ventanas, por las azoteas, con sus armas, como buscando a gente, posiblemente narcomenudistas de los contrarios, con toda la impunidad del mundo”, agrega la mujer.

Con una de las camionetas tumbaron el portón eléctrico de la casa de los Uribe a las tres de la madrugada. Cuando la madre de Eduardo Uribe se despertó, un grupo de 10 sicarios había rodeado su cama. Buscaban a su hijo. Estaba durmiendo en otro cuarto con su amigo, Sebastián Manríquez, hijo de un veterano periodista de Caborca. Se los llevaron a los dos a la fuerza, pese a los gritos y súplicas de la madre desesperada. Los subieron a dos camionetas distintas. A las ocho de la noche del día siguiente, miércoles, apareció Manríquez. Su amigo ha aparecido con vida este jueves. Otros tres más fueron secuestrados esa noche, todavía hay dos desaparecidos.

Este jueves, Caborca sigue herida. Las escuelas han cerrado, el presidente municipal, Abraham David Mier Nogales, ha recomendado a los comercios un toque de queda no oficial para las 10 de la noche. “Reconozco que los hechos vividos esta madrugada rebasaron el nivel de respuesta de las corporaciones policiacas, ya que no fuimos capaces de prevenir estos lamentables hechos”, reconoció el alcalde. El Ejército, la policía y la Guardia Nacional se desplegaron el miércoles en las entradas del municipio, cuando los balazos hacía horas que no se escuchaban. “Ya sabemos cómo es esto. Los operativos duran dos o tres días y luego se relajan las corporaciones. Y vuelve la misma situación. Como si les estuvieran dando chance a los sicarios, vacaciones, mientras ellos simulan que tienen el control”, señala una vecina indignada.

Hace solo seis días, López Obrador emprendía una gira por Sonora, gobernada por el que fuera su jefe de Seguridad, Alfonso Durazo, gobernador desde septiembre. El recorrido incluía la revisión de las obras en estadios de béisbol y reuniones con autoridades de los pueblos yécora, seri y yaqui. La estrategia del Gobierno federal, como ha sucedido en otro de los puntos más calientes del país, Michoacán, es aumentar la presencia de soldados y agentes de la Guardia Nacional. Pero la cantidad de uniformados no ha evitado los balazos, ni en Sonora ni tampoco en Michoacán o Zacatecas, otro de los Estados con más presencia del crimen organizado en el último año.

El Estado, de casi tres millones de habitantes, tiene una tasa de homicidios que ronda los cinco al día. En 2021 murieron asesinadas 1.968 personas, una cifra que no ha dejado de crecer y que batió un récord letal de 23% más muertes que el año anterior. Durazo convirtió el tema de la inseguridad en su eje principal de campaña en las elecciones de junio del año pasado, y llegó a sacar pecho de los siete cuarteles de la Guardia Nacional construidos en el Estado, así como del despliegue de casi 3.000 efectivos del polémico cuerpo de espíritu castrense nacido ex profeso para controlar la violencia en el país. Formada por exmilitares y expolicías, el mando civil de la Guarda Nacional estuvo a cargo de Durazo como responsable de Seguridad. Pero la violencia, después de sus cinco meses de Gobierno en la entidad, sigue siendo la principal deuda pendiente.

Los criminales abandonaron Caborca después de 24 horas de sitio. Al menos un centenar de hombres con la capacidad de pasear con armas largas y grabarse en vídeos que publicaron en redes sociales mientras tomaban las calles sin que una autoridad les pusiera un freno. Escondida en sus casas, una ciudadanía acorralada por el poder real que gobierna su pueblo. Y así, hasta la próxima intervención. Las promesas de campaña, la pomposidad de los soldados y los cuarteles, se han silenciado a fuerza de balazos.

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Donald Trump está obligado a someterse a un interrogatorio y a responder bajo juramento en la investigación civil sobre los presuntos delitos fiscales de su emporio Organización Trump, liderada por la Fiscalía de Nueva York, según ha dictaminado este jueves el juez del Tribunal Supremo neoyorquino, Arthur Engoron. Los hijos del expresidente Ivanka Trump y Donald Trump Jr. también tendrán que atender las citaciones de la fiscal general del Estado, Letitia James, en un plazo máximo de 21 días.

Uno de los abogados de Trump ya adelantó que apelará el fallo. Si finalmente se enfrentan a las preguntas de la fiscalía, pueden responderlas o acogerse a la quinta enmienda de la Constitución para no testificar. Engoron negó la solicitud de la familia del expresidente de anular las citaciones de James en el caso civil o posponerlas hasta la conclusión de la investigación penal que lleva a cabo en paralelo la fiscalía del distrito de Manhattan.

Cuando otro hijo de Trump, Eric Trump, y el exjefe de finanzas de la Organización Trump, Allen Weisselberg, acudieron en 2020 a una citación de la fiscalía, invocaron esa enmienda cientos de veces. La defensa del expresidente acusó que James, demócrata, intenta sacar información en la causa civil que pueda servir de material para la causa penal. Trump “tendrá derecho a negarse a responder a cualquier pregunta que, según ellos, podría incriminarlos, y esa negativa no podrá ser comentada ni utilizada en su contra en un proceso penal”, escribió el juez del Supremo neoyorquino.

Engoron ha dado a conocer el fallo después de una comparecencia de dos horas de los abogados de Trump y James. “En última instancia, una fiscal general del Estado comienza a investigar una entidad comercial, descubre abundante evidencia de posible fraude financiero y quiere interrogar, bajo juramento, a varios de los directores de las entidades, incluido su homónimo. Ella tiene todo el derecho de hacerlo”, rezaba el documento judicial de ocho páginas firmado por el juez.

La fiscalía de Nueva York lleva años investigando posibles delitos del conglomerado empresarial del magnate para determinar si la firma incurrió presentó declaraciones “fraudulentas o engañosas” de valor de varios inmuebles y propiedades, que sobrepreciaron para conseguir préstamos bancarios. Trump dijo el pasado martes que el trabajo de James es una “investigación falsa sobre una gran compañía que ha hecho un trabajo espectacular para Nueva York” y una “continuación de una caza de brujas por motivos raciales como nunca se ha visto” en Estados Unidos.

El pasado diciembre Trump presentó una demanda en un tribunal federal contra James por una supuesta violación de sus derechos constitucionales. La acusó de que su pesquisa está “guiada únicamente por la animadversión política y el deseo de acosar, intimidar y tomar represalias contra un ciudadano particular al que considera un oponente político”.

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La causa civil de James avanza en paralelo con la investigación penal que lidera la fiscalía de Manhattan para determinar si Trump o su organización falsificaron el valor de propiedades para tener acceso a potenciales prestamistas y así garantizar la financiación. El verano pasado, la Fiscalía de Manhattan acusó a la compañía de Trump de mantener durante 15 años una trama “aplastante y audaz” para defraudar al fisco, y al entonces jefe financiero Weisselberg de ocultar ingresos por valor de 1,7 millones de dólares, lo que le permitió evadir unos 900.000 dólares en impuestos.

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Fotos vídeo captura: Noticias Caracol

La víctima aseguró que fue poca la solidaridad que tuvo de varias persona en el bus: «Otras mujeres lo detuvieron pero se escapó, hubo cero empatía de muchos», dijo.

Noticias Bogotá.

En los buses, colectivos, taxis o metro, las denuncias de mujeres víctimas de agresiones sexuales en el transporte público o cualquier lugar de las ciudades de Colombia siguen en aumento. En Barranquilla hace un par de días una joven modelo compartió en redes sociales su caso y ahora, desde Bogotá lo hace una madre de familia.

Según las denuncias, que fueron realizadas a través del Ojo de la Noche de Noticias Caracol, el hecho se presentó en las últimas horas al interior de una ruta alimentadora de Transmilenio.

La madre y víctima, contó cómo fue cada detalle de la indignante situación: «Sentí mi espalda caliente, volteé a mirar al sujeto y él se estaba metiendo las manos en los genitales».

Jullieth manifestó que le reclamó al hombre por lo que estaba haciendo pero se hizo el ‘loco’, «se fue para la puerta de la mitad e hizo como si no hubiese pasado nada».

Jullieth iba con sus hijos

Denuncia que al tipo no le importó absolutamente nada.

El bus estaba lleno de pasajeros, estaba el conductor y además ella iba con sus dos hijos menores de edad: «Mis dos hijos tuvieron que sufrir ese infortunio. Un acto de violencia contra la mujer».

Para ella una de las cosas más dolorosas fue la poca solidaridad del motorista y los hombres que estaban en el vehículo, dice.

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«Yo le dije al señor conductor del Transmilenio que por favor me acercara hacia un CAI o que hiciéramos todo lo referente a la Policía pero el señor hizo caso omiso».

Ella asegura que se bajó a buscar a miembros de la fuerza pública y dos señoras se quedaron sujetando al sujeto, pero «él no le importó y arrancó el bus» y el hombre se escapó.

“Los hombres son cero empáticos con este tema”, expresó.

 

Fotos vídeo captura: Noticias Caracol





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Iván Torres y su novia fallecida, la modelo Cristina ‘Vita’ Aranda.

El futbolista del Olimpia de Paraguay le hizo una dedicatoria a la modelo fallecida en medio de un concierto del ‘Binomio de Oor’.

Noticias Internacionales.

El lateral izquierdo del Olimpia de Paraguay, Iván Torres, le dedicó unas emotivas palabras a su fallecida novia Cristina Aranda, modelo que murió cuando el ‘Binomio de Oro’ realizaba un show en un recinto de la ciudad de San Bernardino, Paraguay.

‘Vita’, como la conocían sus más de 600 mil seguidores en Instagram, falleció luego de que una bala impactara su cabeza en medio de un tiroteo que presuntamente era para provocarle la muerte a un narcotraficante que estaba dentro del público asistente.

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Iván Torres y su novia fallecida.

Aranda y otra persona más perdieron la vida en los hechos que son investigados y que además, han causado consternación en Paraguay.

Su novio, uno de los más afectados con la pérdida de ‘Vita’, le dedicó unas sentidas palabras a quien fuera su pareja ymadre de sus tres hijos.

A través de Instagram, el jugador de fútbol le dedicó un mensaje y con un emotivo video recordó los momentos más especiales a su lado:

«Así te voy a recordar mi amor, con esa hermosa sonrisa y ese gran corazón. Te prometo que te voy a extrañar muchísimo, nada va a ser igual sin vos, solo darte gracias por estos 11 años a mi lado, por enseñarme a reconocer mis errores, a perdonar, a creer, a ser mejor, a amar incondicionalmente, que a pesar de las dificultades teníamos que estar preparado para la siguiente oportunidad, me decías que querías llegar al corazón de cada mujer e impactar en ellas», escribió Torres en su red social.

«Sé que Dios te lo concedió y lo seguirá haciendo, y gracias por esos tres niños que me regalaste, voy a honrar tu nombre dando lo mejor de mi para que ellos se parezcan a vos. Te amo», añadió en su post.

A continuación las emotivas imágenes de Iván Torres y sus recuerdos con su fallecida pareja sentimental:

Foto de portada: @epa.com

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Foto de portada: Captura de video.

La historia terminó con un final feliz.

Noticias Internacionales.

«Es que llevo un año o más que mis hijos no me contestan. El móvil no funciona, porque, ¿cómo no me van a hablar mis hijos?», esto le dijo Aurora Hernández a un reparador de celulares en un local comercial ubicado en Ciudad de México.

Hasta allí llegó la mujer de avanzada edad para que un técnico encontrara la falla que supuestamente tenía el aparato puesto que ella tenía más de dos años sin hablar con sus hijos.

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En un primer local donde preguntó por el servicio le quisieron cobrar mucho dinero aprovechándose de la falta de conocimiento de Aurora. Luego se trasladó hasta otro local y consiguió por menos dinero que un reparador chequeara su dispositivo electrónico.

Local donde primero preguntó Aurora.

«Yo se lo arreglo. No se preocupe, déjemelo aquí. Por el precio ni se preocupe», le manifestó el auxiliar de turno.

Sin embargo, luego de una minuciosa revisión, el sujeto se percató de que todo en el celular estaba en orden y que el problema realmente era que los hijos de la señora «no la habían vuelto a llamar».

Por esto, el técnico decidió buscar entre los contactos a los familiares de Aurora y llamarlos para contarles lo que estaba ocurriendo con su pariente.

«Aurora Hernández es tu mamá? Me trajo un móvil a arreglar porque no funciona, pero sí funciona. Lo único que quiere es poder hablar con ustedes. No sé si se puede hacer ese milagro. Le doy mis datos y todo por si quiere venir a verla», le dijo el dueño del local al familiar de la mexicana de unos 70 años.

Tras la llamada, uno de los hijos de Aurora llegó hasta el local el mismo día en que la mujer pasó a recoger el teléfono.

«A su hijo no le entraban las llamadas», le mintió el reparador a la mujer de avanzada edad para resarcir el error de suhijo, aunque no era la forma correcta.

Finalmente, el técnico del local comercial se negó a que le pagaran el servicio una vez la adulta mayor se contactó con sus familiares.

Esta historia (basada en hechos reales) fue recreada por un par de actores.

Foto de portada: Captura de video

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La Segunda Guerra Mundial terminó en Países Bajos el 5 de mayo de 1945, y desde su exilio en Londres, la entonces reina Guillermina y el Gobierno holandés tenían preparado un tribunal especial para procesar a los que colaboraron con el invasor nazi. Cerca de 150.000 sospechosos fueron internados a la espera de juicio en varios centenares de campos, según los historiadores. Son los llamados foute mensen, que podría traducirse como “la gente que estuvo del lado equivocado”, y cuyos hijos cargan todavía con ese apelativo. De hecho, sienten que pagaron las culpas de los adultos que apoyaron a los ocupantes alemanes y buscan un reconocimiento del Ejecutivo, al que se han dirigido varias veces por la marginación y el estigma sufridos tras la contienda. Ello implicaría incluirles entre las víctimas oficiales de la guerra, un asunto difícil de abordar en un país cuya comunidad judía sufrió el mayor exterminio de Europa occidental.

El pasado noviembre, la exreina Beatriz acudió al 40 aniversario de la fundación de voluntarios que agrupa desde 1981 a los descendientes de los colaboracionistas (Stichting Werkgroup Herkenning). Con unos 200 miembros, han atendido en los últimos años a unas 10.000 personas que básicamente buscaban información de su pasado, y para ellos la visita revistió gran simbolismo aunque Beatriz sea ahora una princesa sin peso institucional. Sin embargo, el nuevo Gobierno, que toma posesión este mes, ha hecho saber que no hay consenso político para debatir este capítulo del pasado.

La fundación recibe alrededor de 60.000 visitas digitales al año. Según sus datos, unos 100.000 holandeses se afiliaron al Movimiento Nacional Socialista en Países Bajos (NSB, en sus siglas neerlandesas), y cerca de 25.000 lucharon con el Ejército alemán en el frente oriental. “Como hasta 1965 las familias holandesas solían tener tres niños, podría haber unos 300.000 descendientes. Es una estimación a la baja, sin sumar a los nietos. Tampoco tenemos el número de hijos de holandesas y soldados germanos”, indica la organización.

Una vez liberados, los colaboracionistas, diversos en su compromiso con los nazis, tuvieron dificultades para encontrar empleo. Algunos perdieron el derecho al sufragio durante diez años. El NSB era el único partido permitido por los nazis, que lo utilizaron como herramienta de control. Tenía su propio grupo paramilitar para cooperar en la persecución de los judíos y contra la resistencia, y apoyó la explotación económica nacional en favor del Tercer Reich.

Para los hijos de los que colaboraron, aquella etapa se envolvió en sus familias en un silencio que duró décadas. Es el caso de la madre de Rosanne Buis, que era hija de miembros del NSB. El abuelo de Buis era médico y tenía cuatro hijos. “Mi madre formaba parte de las juventudes del partido, y la familia se marchó a Alemania en 1944, cuando se pensaba ya que los ingleses y los canadienses ganarían la guerra. Contaba 17 años y la llevaron como enfermera a Austria. Acabada la contienda huyó para regresar a Países Bajos a finales de junio de 1945″, explica Buis en conversación telefónica. A su madre la internaron en un campo en septiembre de ese año “y allí abusaron de ella; estaban en muy malas condiciones”. La casa familiar fue confiscada y sus abuelos empezaron de nuevo sin mencionar lo ocurrido. “Cuando yo llegué a la veintena me lo contó todo. Después dijo que no volvería a hablar. Yo sí se lo he explicado a mi hija”, admite Buis. Y subraya: “Hay un trauma intergeneracional que no se percibe, y por eso queremos que se reconozcan estas historias”.

El malestar que produce aún este oscuro pasado se refleja en las cifras mismas de la guerra. En Países Bajos murieron unas 280.000 personas, según el Museo de la Resistencia de Ámsterdam. Apenas unas decenas de miles de los cerca de 140.000 miembros de la comunidad judía nacional sobrevivieron al Holocausto ―de los 107.000 deportados a campos de concentración solo regresaron 5.000—. En el Archivo Nacional, por otra parte, hay datos de unas 500.000 personas señaladas —con y sin fundamento— por colaboracionismo, traición o crímenes de guerra. Tras la liberación, se dictaron 154 penas de muerte y hubo 39 ejecuciones. La mayoría de los detenidos por hechos considerados leves estaban en la calle a partir de finales de 1945.

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“Unas 20.000 casas propiedad de familias judías fueron confiscadas por los alemanes, y cerca de 8.000 se vendieron a miembros del NSB y otros. También les fueron arrebatadas unas 60.000 viviendas de alquiler”, señala Ronny Naftaniel, presidente del Consejo Central Judío, que representa a la comunidad holandesa. Explica, asimismo, que “la Iglesia católica, muy valiente durante la ocupación, contribuyó a la reducción o conmutación de las penas”. Y añade: “Los descendientes eran niños y la infancia debe protegerse siempre. Pero es un tema social, no un asunto del Estado. Es la sociedad la que les marginó o señaló. Hay una parte emocional que rechaza el dolor de un niño, y otra racional. Los hijos de los judíos asesinados en el Holocausto lo perdieron todo. La mayoría de los otros tenían a sus familiares”.

En el colaboracionismo hubo grados de compromiso político y moral, así como oportunismo por la crisis arrastrada desde los años treinta. “Mientras que unos estaban convencidos del ideal racista de la Gran Alemania, otros simpatizaban sin más. Durante la guerra vivían a menudo mejor que el resto de la población y eso generaba recelos”, cuenta, al teléfono, la historiadora Ismee Tames, del Instituto para el Estudio de la Guerra, el Holocausto y el Genocidio (NIOD). En su opinión, la reinserción social de este grupo era un reto considerado urgente por el Gobierno. “En los casos leves, se puso en libertad a los acusados ya en 1945. La mayoría de los menores no fueron separados de ambos padres, ya que muchas mujeres tampoco fueron internadas. En el verano de 1945, el Parlamento y el Gobierno querían que los colaboracionistas sin penas graves volvieran al trabajo, la sociedad, y al seno de sus iglesias. En los expedientes hay a veces cosas que no se sostendrían hoy ante un tribunal, en parte porque el imperio de la ley tardó algún tiempo en reafirmarse. Y esa es una de las razones por las cuales las élites políticas y religiosas prefirieron que regresaran a la vida normal”, asevera.

La antropóloga Cuny Holthuis, presidenta de la fundación de descendientes, es la menor de un matrimonio colaboracionista con siete hijos. Ella tenía apenas un año cuando sus padres —él era funcionario— se marcharon a Alemania en 1944 ante el avance aliado. Los instalaron en una especie de gimnasio y permanecieron allí unos seis meses. “Los niños podían salir, pero otros niños alemanes les llamaban traidores a la patria. Traidores a Países Bajos”, afirma. Se lo han contado sus hermanos. Volvió con cinco de ellos y con su madre. El padre siguió hasta Berlín con los dos mayores, de 9 y 11 años. Ambos chicos retornaron por su cuenta a Países Bajos. Su casa holandesa era grande, pero advierte de que estaban solos en un ambiente hostil y con la progenitora retenida. “Un día llegaron los canadienses, necesitados de un cuartel general. Cuando vieron a cinco niños llamaron al Ayuntamiento, que no sabía nada”. A partir de entonces, empezó un peregrinaje entre hogares de acogida y de conocidos. La familia se reagrupó en 1951. “Pero ya no recuperas la unidad y tampoco había ayuda psicológica”. “No se hablaba por temor al señalamiento. Progresamos por el tesón de mi madre. Con mi padre, un oportunista, perdimos el contacto”, expone.

Algunos de los hijos mayores fueron reeducados. “Era para aprender a ser un buen holandés: el que nunca lucharía contra su país o apoyaría un régimen totalitario. Visto hoy, las políticas aplicadas por el Estado y las diferentes iglesias pueden parecer duras y frías”, señala la historiadora Tames. Apunta, a su vez, que la mirada hacia la ocupación fue cambiando en los años sesenta. “El horror del Holocausto empezó a calar en general en la sociedad. El debate político sobre las víctimas de la guerra es de los setenta. Entonces, y también en los ochenta, comienza a prestarse atención a la gente con un trauma de la guerra”, concluye.

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Los estafaron y hoy viven en local abandonado con sus siete hijos: Minvu les entregará casa propia

El padre de los menores cuenta que obtiene agua potable desde la calle, al tiempo que también están colgados de la energía eléctrica.

24Horas.cl Tvn

12.05.2021

Una familia fue estafada por un supuesto comité de viviendas, luego de esperar la construcción de unos departamentos en Peñalolén.

De acuerdo al relato de Ángela Gómez, el suceso ocurrió hace cinco años atrás y, al quedar sin un hogar, tomó la decisión de vivir en un local abandonado junto a su pareja y sus siete hijos.

«Nos estafó con más de dos millones de pesos y se fue con toda la plata a Cancún. Nunca nos devolvieron nada», sostiene Ángela.

Cabe señalar que antes de llegar al local vivían en un terreno, lugar donde por años esperaron la construcción de dichos apartamentos.

Según lo señalado por la familia, actualmente cuentan con el permiso del dueño para permanecer en el lugar abandonado, el cual no cuenta con agua potable ni electricidad.

En vista de lo anterior, el padre de los menores cuenta que obtiene agua potable desde la calle, al tiempo que también están colgados de la energía eléctrica.

«A veces es medio complicado, porque vienen los de la municipalidad y ven que estoy sacando agua, entonces me sacan la manguera», relata Gerardo Matamala.

Tanto Ángela como Gerardo están desempleados y solo sobreviven con el Ingreso Familiar de Emergencia, por lo que desde el Ministerio de Vivienda y Urbanismo tomaron cartas en el asunto y les entregarán una casa propia.



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