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Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.
Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.Adam Schultz (AP)

La Casa Blanca ha redoblado este lunes el frente diplomático occidental ante la guerra de Ucrania mediante una conferencia telefónica del presidente Joe Biden con su homólogo francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz, y los primeros ministros del Reino Unido, Boris Johnson, e Italia, Mario Draghi. El objetivo de la llamada, que se produce dos días antes de que Biden viaje a Europa para abordar in situ la situación con los aliados, era “discutir respuestas coordinadas al ataque injustificado y no provocado por parte de Rusia contra Ucrania”.

Según el comunicado difundido por la Casa Blanca, “los líderes intercambiaron su profunda preocupación sobre las tácticas brutales de Rusia en Ucrania, incluidos sus ataques contra civiles. [Los cinco] Subrayaron su continuo apoyo a Ucrania, brindando asistencia de seguridad a los valerosos ucranios que defienden su país de la agresión rusa y ayuda humanitaria a los millones de personas que han huido de la violencia. Los líderes también revisaron los esfuerzos diplomáticos recientes en apoyo del esfuerzo de Ucrania por alcanzar un alto el fuego”, explica lacónicamente el texto.

En Bruselas, Biden participará este jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN, en la que coincidirán todos ellos, así como en el Consejo Europeo. El único que no estará presente será Johnson. El mandatario demócrata, que acude en calidad de invitado, también asistirá a una reunión del G-7. El viernes y el sábado viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo, Andrzej Duda.

Desde el inicio de la guerra, hace casi un mes, Biden ha venido manteniendo contactos con dirigentes europeos de forma periódica varias veces por semana. Además de con los mandatarios citados, en algunas ocasiones se han sumado a las videollamadas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

A medida que se prolonga la contienda —este jueves hará un mes de la invasión—, entre las preocupaciones de EE UU y sus aliados figura la imprevisible respuesta de Moscú, que ha hallado mucha más resistencia en Ucrania de la prevista. Por eso, entre las amenazas potenciales que contemplan destaca la posibilidad de una nueva andanada de ciberataques para yugular infraestructuras básicas en Occidente. Antes de conversar con los dirigentes europeos, Biden ha alertado este lunes de que Moscú podría redoblar sus ciberataques contra objetivos estratégicos estadounidenses a causa del “coste económico sin precedentes que hemos impuesto a Rusia”, ha dicho, en alusión a la batería de sanciones adoptadas contra el Kremlin.

La advertencia de Biden se producía al tiempo que la Casa Blanca recomendaba a las empresas que brindan servicios esenciales reforzar su defensa cibernética “por amenazas digitales en curso de Rusia”, explicó Ane Neuberger, responsable de ciberseguridad de la Casa Blanca. El Gobierno de EE UU ha visto una “actividad preparatoria de piratería [de Rusia] contra numerosas empresas estadounidenses”, aunque “no tiene certeza” de que los ataques vayan a concretarse. La potencial amenaza se basa en “datos de inteligencia actualizados”, indicó la funcionaria. La Administración ha impartido recientemente sesiones informativas a cientos de empresas que pueden ser objetivo de los piratas informáticos rusos. Los ataques contra uno de los mayores oleoductos del país, en mayo pasado, y una importante planta procesadora de carnes, un mes después, mostraron la vulnerabilidad de infraestructuras críticas para el aprovisionamiento de energía y alimentos en el país. Ambos fueron atribuidos a ciberpiratas rusos.

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La Administración de Joe Biden ha decidido prohibir la importación a Estados Unidos de petróleo ruso, según fuentes cercanas al Gobierno citadas por la prensa estadounidense. Esta decisión supone un paso adelante trascendental en la estrategia de sanciones que ha adoptado Occidente por la invasión de Ucrania. Washington adopta esta medida en solitario, ya que los aliados europeos han rechazado por el momento un castigo que supone un daño importante también a sus propias economías, mucho más dependientes que la estadounidense de la energía rusa.

La Casa Blanca lleva días sopesando el embargo, un golpe letal para la economía del gigante euroasiático. El Congreso ha presionado al Gobierno en esa dirección, con un proyecto de ley de apoyo bipartito cuya votación estaba prevista esta semana. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, señaló el lunes que no se había tomado aún “ninguna decisión” y admitió que las implicaciones a un lado y otro del Atlántico no resultan iguales.

“Las importaciones rusas suponen alrededor de un tercio de todas las importaciones de petróleo de Europa”, apuntó. “En 2021, antes de la invasión, Estados Unidos compraba unos 700.000 barriles al día y los europeos unos 4,5 millones de barriles al día, así que somos muy conscientes de que las implicaciones serían muy diferentes para unos y para otros”, subrayó.

La Casa Blanca planea anunciar este martes la medida, avanzada en primer lugar por la agencia Bloomberg, con una comparecencia de Biden prevista a las 10.45 de la mañana (hora local). El mercado ya lleva días agitado por esta posibilidad. El domingo, el secretario de Estado, Antony Blinken, explicó en una entrevista televisiva que Estados Unidos estaba debatiendo “intensamente” con los socios europeos sobre este asunto, aunque Alemania aclaró el lunes que no pensaba vetar el crudo. “En este momento no es posible otra manera de suministrar energía a Europa para la generación de calefacción, movilidad y electricidad para la industria”, apuntó en un comunicado el canciller alemán, Olaf Scholz. Aun así, el precio del gas y del oro negro se desbocaron.

Este martes, desde Tallin, Blinken ha emplazado a los países europeos a ganar autonomía energética respecto a Rusia. “Es imperativo que haya finalmente un movimiento para reducir esa dependencia”, ha subrayado el jefe de la diplomacia estadounidense en la capital de Estonia. Acuciada por este nuevo escenario bélico, la Comisión Europea presentó este martes un plan para reducir las importaciones de gas ruso en dos tercios este año. El programa se debatirá en una cumbre en París a finales de esta semana.

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Para Estados Unidos, que vive la peor escalada de inflación en 40 años, la medida tampoco resulta inocua, pues ese crudo ruso representa el 8% de las importaciones y las repercusiones globales también pasan factura a las perspectivas de las empresas. El índice selectivo S&P de la Bolsa de Nueva York bajó el lunes un 3%, la peor caída desde octubre de 2020, lastrado por las perspectivas de un embargo. El barril de petróleo Texas (WTI), de referencia en Estados Unidos, escalaba un 4% al inicio de la sesión este martes, hasta los 124,35 dólares, lo que repercute de forma automática en las estaciones de servicio: el precio medio de la gasolina ha tocado este año los cuatro dólares por galón (3,7 litros), una cota no vista desde 2008.

Aun así, Biden llevaba semanas sintiendo la presión de legisladores republicanos y demócratas para que adoptara una medida que golpea el corazón de la economía de Rusia, que ha puesto a Europa ante una crisis inédita desde la Segunda Guerra Mundial. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha confirmado este martes que planea seguir adelante con la votación del embargo al petróleo. Un senador, el demócrata Chris Coons, resumía con esta palabras en la cadena CNN el sentir de los políticos de Washington: “Vamos a ver aumentos de precios de la gasolina en Estados Unidos y en Europa contemplarán subidas drásticas, pero ese es el precio que tiene ponerse del lado de la libertad y al lado del pueblo ucranio”.

Para contrarrestar el golpe en el bolsillo de sus propios ciudadanos, la Administración de Biden ha dado el paso incluso a un acercamiento a Venezuela. La portavoz de la Casa Blanca confirmó el lunes que una delegación estadounidense se había reunido este fin de semana con el régimen de Nicolás Maduro para abordar diferentes asuntos, entre ellos, “la seguridad energética”. Biden también ha dado luz verde a la liberación de 30 millones de barriles de las reservas estadounidenses del petróleo con el fin de contener la escalada global de precios.

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La tercera ronda de sanciones contra Rusia, anunciada este fin de semana por Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá y la UE, supone una escalada considerable en la guerra financiera diseñada para parar los pies a Vladímir Putin en Ucrania. Occidente ha puesto al Banco Central de Moscú en el punto de mira, con un plan para dificultar que pueda echar mano de sus gigantescas reservas para financiar la guerra y sostener al rublo, y ha expulsado a una lista de bancos del sistema de pagos internacional SWIFT, clave para gestionar sus transacciones. Expertos estadounidenses y europeos coinciden en que se trata de una ofensiva económica sin precedentes para empujar Rusia hacia una salida negociada, pero dudan que logre detener la maquinaria militar invasora en Ucrania, al menos en el corto plazo. También apuntan a que habría una manera efectiva de intentarlo, pero de consecuencias impredecibles: atacar a sus exportaciones de energía.

Las medidas contra el Banco Central son una muestra de que Occidente quiere que Putin pague un alto coste por la guerra. “En los últimos días ha habido un claro cambio de paradigma en Europa en cómo se está percibiendo y procediendo ante el conflicto”, afirma Mujtaba Rahman, director para Europa de Eurasia Group. “La escalada de la violencia y la actitud claramente agresiva de Moscú han llevado a tomar a tomar medidas más duras para aislar a Putin; en especial ha habido un cambio de actitud en Alemania, que finalmente ha accedido a una expulsión de una lista de bancos del sistema SWIFT, no todos, pero es un comienzo”, añade.

Hace una semana, desconectar a los bancos de este sistema de pagos parecía impensable. Ahora, aunque parcialmente, se ha hecho. La desconexión total sigue lejos, porque los Estados europeos recurren a este sistema para pagar las facturas del gas y el petróleo. “Esa es una posibilidad, hoy por hoy, inviable”, advierte Ignacio de la Torre, socio y economista jefe de Arcano Partners. “La dependencia del gas y del petróleo es muy elevada”, añade. Cortar ese suministro “sería activar un botón nuclear”, según De la Torre, que Europa ahora no se puede permitir el lujo de soportar. Aun así, la combinación de congelar los activos del Banco Central en el extranjero y de otras instituciones está destinada a asfixiar el sistema, restringir su liquidez y, a su vez, también el de las empresas rusas. “No tener acceso a liquidez te puede provocar un infarto”, añade el economista.

El paquete de castigos impuesto en la última semana, en varias tandas, incluye la expulsión de los mercados financieros globales del Gobierno de Moscú, de sus principales bancos y de 13 de sus grandes compañías, así como el corte del suministro de tecnología, medida que afectará a varias industrias clave, de la defensa a la aeronáutica. Además, se congelaron los activos en el extranjero de oligarcas rusos, incluyendo a Putin y a su ministro de Exteriores, Seguéi Lavrov, a los que desde el viernes se les impide viajar a esos países, mientras el Reino Unido amenaza con hacer la vida imposible a los plutócratas cercanos al Kremlin que han hecho de Londres su patio de recreo. Otra medida consiste en prohibir a los ciudadanos rusos abrir depósitos en bancos europeos de más de 100.000 euros y restringir la emisión de los llamados pasaportes dorados, que permiten obtener la ciudadanía a cambio de invertir determinadas cantidades de dinero en el país.

Pero más allá de que la suspensión la semana pasada del gasoducto Nord Stream 2, proyectado para abastecer a Alemania de gas sin pasar deliberadamente por Ucrania, las sanciones siguen sin atacar directamente a la principal fuente de riqueza de Moscú: la energía. La tercera parte del presupuesto de Rusia, la undécima economía del mundo, que también destaca por sus exportaciones de níquel, paladio y trigo, proviene del gas y del petróleo. El problema es que Europa tendría serias dificultades para llegar siquiera al final de este invierno si se hiciera efectiva una medida tan drástica: es altamente dependiente de Rusia, a quien le compra el 40% de los combustibles fósiles que consume. No solo eso: la economía mundial sufriría un estrés inmanejable y el presidente Joe Biden ya dejó claro el jueves en su última comparecencia que su prioridad era “limitar el daño” para sus compatriotas “al pagar en la gasolinera”.

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El problema económico más acuciante de Estados Unidos es la inflación, que registra niveles nunca vistos en cuatro décadas, niveles que esta guerra agravará con toda seguridad. También la ola inflacionista azota a la UE, cuyas relaciones comerciales con Rusia son además más estrechas. “La cuestión es hasta dónde llegar para plantar cara a Moscú y, a la vez, hasta dónde estamos dispuestos que impacte el conflicto en la economía europea y estadounidense, porque todo indica que habrá más inflación y ya se está deteriorando el poder adquisitivo”, explica Raham.

Ese equilibrio casi imposible en un mundo globalizado (infligir el mayor daño posible al adversario causando el menor destrozo en casa) ha determinado inevitablemente el alcance y la efectividad de los castigos. “Las sanciones no restringen los flujos existentes de comercio de energía, pero [la paralización de Nord Stream 2] corta las compras adicionales de gas por parte de los consumidores europeos. Y las restricciones a las exportaciones de alta tecnología a Rusia afectarán con el tiempo la capacidad de explotar las reservas de combustibles fósiles en aguas profundas y en el Ártico”, aclara Jeffrey Schott, del Instituto Peterson de Economía Internacional.

Schott escribió a principios de mes un artículo titulado ¿Lograrán unas sanciones estadounidenses duras parar la agresión rusa en Ucrania? (y la respuesta corta a esa pregunta es que no). En ese texto, el experto acertaba con la mayor parte de las medidas que los aliados estaban preparando, y añadía otra que llegó este fin de semana, al menos en parte: la exclusión de Rusia del sistema mundial de magos SWIFT, que ordena y dota de seguridad a una buena porción del tráfico global de transacciones de dinero (realizado por 11.000 bancos en 200 países).

Cola para sacar dinero en un cajero de Alfa Bank en Moscú, este domingo.
Cola para sacar dinero en un cajero de Alfa Bank en Moscú, este domingo.Victor Berzkin (AP)

Cuando Rusia se anexionó Crimea en 2014, el castigo de expulsar al país del sistema SWIFT ya estuvo encima de la mesa, por lo que su Gobierno empezó a trabajar en su propio sistema de pagos (además, llegado el caso, podría recurrir a la alternativa china), aunque su operativa es hoy por hoy muy limitada. Por otra parte, el Kremlin lleva ocho años blindándose para hacer frente a posibles sanciones y ha acumulado reservas récord de divisas (más de 630.000 millones de dólares), las cuartas mayores del mundo, un tesoro estratégico para financiarse en caso de necesidad y apuntalar el rublo durante un tiempo considerable si fuera necesario. Las medidas contra los bancos anunciadas el fin de semana llevaron a miles de rusos a ir a sacar dinero a los cajeros ante el temor de falta de liquidez.

Moscú ha reducido en general su dependencia de Occidente: solo un 16% de las divisas de Rusia están en dólares, frente al 40% de hace cinco días, mientras el porcentaje en yuanes ha crecido al 13%. Aun así, contando dólares y euros, el 48% de sus reservas está vinculadas a Occidente (el 30% es oro y el resto moneda china) y su exposición a las nuevas sanciones sigue ahí. “La congelación de las reservas del Banco Central de Rusia es un punto de inflexión y creo que tendrá consecuencias bastante negativas para el sistema financiero ruso”, opina el economista Guntram Wolff, director del centro de análisis Bruegel, con sede en Bruselas. Sobre un posible corte del gas por parte de Rusia como represalia, el experto opina: “Putin podría cortar el grifo en respuesta a las sanciones y la UE podría lidiar con esta situación, pero tendría un elevado coste”.

Rusia también podría recurrir a las criptomonedas para evitar algunos de los efectos más gravosos de las sanciones, según los expertos, al poder ser utilizadas para realizar transacciones sin dejar rastro.

Robert Person, profesor de Relaciones Internacionales y experto en Rusia y en política exterior, discrepa sobre la imagen de Rusia como un país autárquico listo para ser confortablemente un “paria” en el orden internacional, adjetivo algo gastado que endosó Biden a Moscú en uno de sus dos discursos de esta semana. “Es cierto que Rusia ha tomado medidas desde 2014 para reducir su dependencia de las redes financieras occidentales y del dólar estadounidense, pero no puede separarse por completo de la economía global”, considera Person. “Además, las nuevas sanciones son más duras que las de 2014. Dañarán mucho más seriamente al Gobierno ruso, a los bancos y empresas estatales y a las élites rusas”.

“Claramente, en este tiempo han aprendido a vivir con las sanciones, y a sortearlas”, opina Paul Stronski, investigador especializado en las relaciones internacionales del Kremlin de la oficina de Washington del Carnegie Endowment for International Peace. “Desgraciadamente, esas medidas se ceban más en la gente corriente que en los oligarcas, plutócratas cercanos a Putin que acabarán sacando ventaja de la nueva situación, en la que sin duda crecerán los intercambios ilícitos con China. Rusia tendrá por fuerza que aumentar su dependencia de Pekín, que no parece muy feliz con la idea de que Putin haya violado la integridad territorial de otro país. China habría preferido una solución diplomática, y aunque quiere claramente dejar atrás un mundo dominado por Occidente, en su pragmatismo no estoy seguro de que desee una vuelta a la guerra fría”.

Cuánto tardarán en hacer efecto esas sanciones (y, por lo tanto, cuánto hará falta mantenerse unidos en su aplicación) y también cuánto le durará a Putin el dinero necesario para financiar una guerra. Ante el primer interrogante, Person responde que, pese a que las medidas han tenido efectos inmediatos para, por ejemplo, el rublo, “costará varias semanas o meses que el paquete se active por completo y las instituciones financieras occidentales relevantes cumplan con su parte”. Rahman añade: “¿Serán suficientes las sanciones? A corto plazo, no creo. El presidente ruso ha dejado claro que tiene una misión y nada le detendrá”.

Sobre la paciencia de Putin, Schott opina que los pasos que ha dado “para intentar mejorar sus defensas ante las sanciones occidentales, solo servirán para darle algo de tiempo”. “Tiene la la esperanza de que Estados Unidos y Europa desistirán para entonces en su apoyo político a esas medidas. Pero sospecho que en ese análisis se confunde”, añade. De la Torre advierte, por su parte, que “[el autócrata ruso] ha acumulado un superávit de cuenta corriente de 600.000 millones de dólares. Eso se guarda para cuando las cosas vienen mal dadas, pero también puede esfumarse muy rápidamente en un conflicto como este en el que se ha embarcado”.

La respuesta a cuánto le durara ese dinero está seguramente, como casi todo en esta historia, solo en la cabeza del propio Putin. Un espacio aparentemente insensible a las sanciones que se ha demostrado un enigma aún más indescifrable en estos meses.

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Los esfuerzos diplomáticos para evitar un nuevo conflicto en Ucrania se multiplican. Disuadir a Rusia de una invasión se ha convertido en el principal objetivo de las potencias occidentales, que tratan de reducir la tensión con continuos viajes a los dos países enfrentados, llamadas entre altos cargos y la convocatoria de distintos formatos de conversaciones entre las partes afectadas.

“El riesgo de un conflicto es real”, subrayó este martes en Berlín el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. Tras reunirse con el canciller alemán, Olaf Scholz, el jefe de la Alianza lanzó varios mensajes a Moscú, todos en la línea de pedirle que reconsidere su postura y de recordarle las consecuencias que tendría un nuevo ataque contra Ucrania. Stoltenberg anunció que ha vuelto a convocar a los miembros del consejo OTAN-Rusia (NRC, en sus siglas en inglés) a nuevas conversaciones. “La tensión es muy alta y por eso el diálogo es especialmente importante. Debemos hacer todo lo posible por alcanzar una solución política”, añadió.

Stoltenberg y Scholz en una conferencia de prensa conjunta, este martes en Berlín.
Stoltenberg y Scholz en una conferencia de prensa conjunta, este martes en Berlín.HANNIBAL HANSCHKE (REUTERS)

Dentro de la ofensiva diplomática, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, comenzó este martes un viaje con escala en Kiev, Berlín y Ginebra. En la ciudad suiza tiene previsto reunirse el viernes con su homólogo ruso, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. El mensaje que le transmitirá, según avanzan fuentes del Gobierno norteamericano, no dista mucho de lo que Washington ha advertido desde hace semanas: que es necesario asegurar “una respuesta diplomática”. Lo que ha cambiado es el contexto: el temor a que Rusia invada Ucrania es cada vez mayor.

Gira de Blinken en Kiev, Berlín y Ginebra

“Estamos en un momento en el que Rusia podría lanzar un ataque sobre Ucrania en cualquier momento”, señalan fuentes de la Administración estadounidense. “Estados Unidos no quiere conflicto, quiere paz”, añaden, si bien insisten en que la pelota está en el tejado del Kremlin. “Hemos sido muy claros, un progreso significativo en la vía diplomática solo puede ocurrir en un entorno de desescalada, pero hemos visto lo contrario por parte de Rusia”, concluyen las fuentes consultadas.

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La desescalada, para Estados Unidos y los aliados, consiste en que Putin rebaje la presión militar en la frontera con Ucrania, donde se calcula que ha situado alrededor de 100.000 soldados. Pero no solo ha ocurrido eso. EE UU acusa al Kremlin de operaciones de ciberataque y un complot para fingir una agresión en sus tropas que les sirva de pretexto para intervenir en la antigua república soviética.

Blinken habló con Lavrov el martes, conversación en la que el estadounidense recalcó el compromiso “inquebrantable” de Estados Unidos con la soberanía de Ucrania. El encuentro que ambas delegaciones mantuvieron la semana pasada en Ginebra también arrojó escasos resultados. En Kiev, Blinken se verá el miércoles con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y con su ministro de Asuntos Exteriores, Dmytro Kuleba. Al día siguiente se citará en Berlín con su homóloga alemana, Annalena Baerbock, para coordinar cualquier respuesta “si Rusia decide elevar la tensión”. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, recalcó este martes en Washington “el compromiso español y de los aliados” con la soberanía y la integridad de Ucrania “incluida Crimea”, península que Rusia invadió en 2014.

“Momento definitorio”

La reunión de los miembros de la OTAN con representantes del Gobierno ruso en Bruselas acabó la semana pasada con las posturas muy enfrentadas. La Alianza considera que las demandas de Putin son inasumibles. Entonces, como este martes en Berlín, Stoltenberg recordó lo que se juega Europa ante la exigencia rusa de impedir que nuevos Estados pasen a formar parte de la OTAN: “Estamos en un momento definitorio para la seguridad europea”.

Las nuevas charlas que plantea Stoltenberg permitirán “abordar las preocupaciones [de los países de la OTAN], pero también escuchar las de Rusia y tratar de buscar una salida a la crisis”, señaló en una breve rueda de prensa con Scholz. La Alianza tiende la mano al Kremlin para negociar una salida, pero la postura occidental sigue estando muy clara: “Cualquier nueva escalada en Ucrania tendrá un alto precio para Rusia”, advirtió el jefe de la OTAN. Stoltenberg defendió el derecho de la antigua república soviética a defenderse y recordó que los aliados de la OTAN están “unidos” y actuarán de forma concertada en caso de agresión. “Habrá costes muy elevados, tanto políticos como económicos”, subrayó el canciller.

Bautismo de la ministra alemana

Alemania no ha escatimado esfuerzos para mediar en la crisis. Al mismo tiempo que Scholz recibía a Stoltenberg en Berlín, la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock se reunía en Moscú con su homólogo ruso en un encuentro que la prensa alemana ha calificado de auténtico bautismo diplomático para la política verde. El veterano Lavrov, que el año pasado mantuvo una tensísima rueda de prensa en Moscú con el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, tras la que Rusia expulsó además a varios diplomáticos occidentales, mantuvo un tono tranquilo y no demasiado ácido con Baerbock.

La ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, este martes en Moscú.
La ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, y su homólogo ruso, Sergei Lavrov, este martes en Moscú.RUSSIAN FOREIGN AFFAIRS MINISTRY (EFE)

Baerbock plantea una línea más dura respecto a Rusia que la defendida por los socialdemócratas con los que gobierna. El polémico gasoducto Nord Stream 2 es buen ejemplo de ello. La ministra fue mucho más contundente que Scholz a la hora de recordar a Rusia que su puesta en funcionamiento estará supeditada al respeto a las fronteras de Ucrania. El mes pasado, el canciller aún se refería a esta infraestructura —que transportará gas ruso directamente a Alemania bajo el Mar Báltico y sin pasar por Ucrania y cuya certificación está paralizada por no cumplir los trámites regulatorios europeos— como “un proyecto económico privado”, minimizando su importancia geopolítica.

Stoltenberg también se refirió al gasoducto y a la política energética europea este martes en Berlín. “No hay una posición común entre los miembros de la OTAN”, aseguró, pero a la vez animó a Europa “a diversificar sus fuentes de energía”, en clara referencia a la dependencia del gas ruso. Las razones para hacerlo son de índole climática, pero también “de seguridad”. La líder de Los Verdes alemanes advirtió también a Lavrov de que si Rusia utiliza la energía como arma habrá “consecuencias” que pueden incluir el controvertido gasoducto Nord Stream 2.

Scholz reafirmó este martes la negativa alemana a suministrar armas a Ucrania. El canciller recordó que Alemania “hace años” tomó la decisión de no exportar armas a zonas en conflicto y que tampoco su antecesora, Angela Merkel, consideró cambiar esa norma. Stoltenberg recordó que otros miembros de la OTAN tienen distintos puntos de vista sobre la cuestión, pero evitó pronunciarse. Ambos políticos reiteraron que Ucrania cuenta con su apoyo. Político en el caso de Alemania y de defensa en el de la OTAN. “Les apoyamos con el entrenamiento y la mejora de las capacidades de su marina”, dijo Stoltenberg.

La ministra de Exteriores alemana advirtió a Lavrov en Moscú de que el tiempo de las conversaciones diplomáticas se está agotando y que tanto Alemania como la Unión Europea se verán obligadas a tomar medidas contra Rusia ante cualquier amenaza a las normas de la UE, incluidas las de derechos humanos. Aunque eso tenga un coste económico, dijo Baerbock tras una reunión observada atentamente para analizar la futura relación del nuevo Gobierno alemán y el Kremlin tras la era Merkel.

“En las últimas semanas, más de 100.000 soldados rusos con tanques y armas se han reunido cerca de Ucrania sin una razón comprensible, y es difícil no entender eso como una amenaza”, dijo Baerbock con gesto serio junto a Lavrov en una rueda de prensa en la que también mencionó al opositor encarcelado Alexéi Navalni y los ataques a la sociedad civil rusa con la liquidación de la organización Memorial.

“No podemos aceptar demandas sobre nuestras fuerzas armadas en nuestro propio territorio”, subrayó Lavrov, que apuntó a que las maniobras y entrenamientos militares son algo común en todos los países. “No estamos amenazando a nadie, pero sí estamos escuchando amenazas hacia nosotros”, concluyó.

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Xu Zheng, un crítico del Gobierno de China, llamó a sus padres el año pasado desde los Países Bajos, donde residía. La videoconferencia apenas duró 14 segundos. Su madre aparecía pálida y nerviosa, agitando la cabeza como si quisiera advertirle. Su padre empezó a gritarle: “¡Maldito traidor, has traicionado a tu patria! ¡O vuelves a entregarte o márchate al infierno!” Tras el abrupto fin de la comunicación, su madre le mandó un mensaje de texto: la Policía china había estado escuchando la conversación.

Intimidación sobre los familiares que se han quedado en China. Presiones de agentes llegados expresamente desde ese país. En el peor de los casos, secuestro. Son los tres métodos principales con los que Pekín ha capturado y repatriado desde el comienzo de la pandemia a unos 2.500 “fugitivos”, bien disidentes o bien sospechosos de corrupción u otros delitos, según denuncia la organización de derechos humanos Safeguard Defenders en su informe INvoluntary Returns (Regresos INvoluntarios), publicado este martes. La cifra de los retornados forzosos se eleva a cerca de 10.000 desde 2014, cuando el Gobierno del presidente Xi Jinping lanzó las operaciones “Caza del Zorro” y “Red Celeste” para capturar a funcionarios corruptos en el extranjero. Pekín asegura que los retornos siempre se producen por voluntad propia.

Casos como el de Wang Jingyu, un joven de 20 años residente permanente en Estados Unidos que en febrero del año pasado colgó en su cuenta de Weibo, el Twitter chino, un comentario en el que ponía en duda el número de víctimas en un enfrentamiento fronterizo entre China e India. De inmediato, la Policía de Chongqing, su ciudad de residencia en el centro de China, declaró que el muchacho había “calumniado a mártires y causado impactos negativos” en la sociedad. Esa misma noche, la Policía fue a su casa, se incautó de los ordenadores familiares y se llevó a los padres de Wang a comisaría.

“Los retuvieron durante horas y solo les dejaron marcharse a medianoche. Al día siguiente los volvieron a detener. Y así durante días. Les decían que me llamaran para pedirme que volviera y me entregara. Pero ellos nunca lo hicieron”, explicó el joven a la ONG. Dos días más tarde de haber publicado el texto en Weibo, un agente le envió un mensaje de texto en el que le amenazaba con un “mal final” para sus padres si Wang no regresaba a China. Él perdió el contacto con sus padres: sus números de teléfono habían quedado desconectados. Pero los mensajes de amenaza continuaron durante meses.

En abril de 2021, cuando se encontraba en tránsito en Dubái para volar a Estados Unidos, fue retenido y amenazado con la deportación a China. Solo logró evitarlo porque los medios internacionales se hicieron eco de su caso. Hoy día vive en Europa, donde continúa el acoso. Otros miembros de la familia también han sufrido presiones tras su breve detención en Emiratos, asegura. Agentes de policía “fueron a la escuela donde estudia mi primo pequeño, le dijeron que soy un traidor y que usara el teléfono de su madre, mi tía, para decirme que volviera a China”.

El informe de Safeguard Defenders, que examina los casos de 62 individuos localizados en 18 países y de los que 36 acabaron de regreso en China, encuentra que los “retornos involuntarios” de los fugitivos han ido en aumento desde 2012, con la llegada de Xi al poder y el lanzamiento de una amplia operación contra la corrupción, utilizada en ocasiones como herramienta contra adversarios políticos.

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El lanzamiento de las operaciones Caza del Zorro y Red Celestial ha coincidido con un aumento del 700% en las solicitudes de asilo de ciudadanos chinos en el extranjero entre 2014 y 2021. Más de 175.000 han recibido el estatus de refugiados. Esa cifra no incluye los cerca de 88.000 hongkoneses que han solicitado residencia en el Reino Unido en 2021 dentro de un nuevo programa de acogida lanzado después de las protestas contra Pekín que sacudieron el territorio autónomo durante 2019.

La mayor parte de los casos de retornos involuntarios, o de presiones para el retorno, se han localizado en Estados Unidos, el Reino Unido y Australia, donde se concentran las mayores poblaciones de ciudadanos chinos expatriados. Pero pueden darse en cualquier parte del mundo.

Además de las presiones a los familiares en China o a los propios sospechosos en el exterior, otros métodos para forzar el regreso incluyen el rechazo a renovar el pasaporte del “fugitivo”, y el uso del sistema de alertas rojas de interpol para que se emitan órdenes internacionales de detención, como parece que fue el caso del joven Wang.

En el caso más extremo se encuentran lo que Pekín llama “métodos irregulares”, pero la ONG califica de secuestros con la autorización del Estado. Han ocurrido, sobre todo, en Asia o en otros países autoritarios. Pueden implicar el engaño a la persona buscada para que se traslade a un tercer país donde sí exista acuerdo de extradición, o bien operaciones de detención conjuntas con las fuerzas del país de residencia del sospechoso. El informe cita, entre otros casos, el del librero y editor Gui Minhai, desaparecido en Tailandia en 2015 y que reapareció detenido en China, sin que exista constancia de cómo cruzó la frontera.

El mensaje que envía China con estas acciones a sus personas buscadas, considera Safeguard Defenders, es que “no hay ningún lugar seguro: escapar al extranjero no te salvará, no hay escapatoria”. “No sorprende que un partido como el Partido Comunista de China, que siempre ha visto la oposición como una amenaza existencial, invierta recursos considerables en expandir su alcance en el exterior, donde se encuentra con una diáspora china cada vez mayor y a menudo crítica”, opina.

Pekín niega, por su parte, que perpetre secuestros en el exterior y asegura que respeta las leyes internacionales y las nacionales de cada país. “En el desarrollo de sus operaciones internacionales contra la corrupción, China siempre ha respetado escrupulosamente las leyes internas de los países implicados, las leyes internacionales y la práctica judicial y policial internacional”, subrayaba la Comisión Central para la Inspección de la Disciplina (CCID, el brazo policial del Partido Comunista) en noviembre de 2020.

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