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Luego de un accidente de tránsito del lunes 11 de abril de 2022 en la ciudad de Cali, se dio el hecho que tiene de luto al fútbol en nuestro país. Hace pocos minutos se conoció el fallecimiento en Cali de Freddy Eusebio Rincón Valencia , a los 55 años, uno de los futbolistas legendarios de Colombia y de una amplia y rica carrera deportiva en clubes de nuestro país, Italia, España y Brasil, entre otros.

"La Clínica Imbanaco, en presencia de sus familiares y con su plena autorización, se permite informar que pese a todos los esfuerzos; Freddy Eusebio Valencia ha fallecido", dijo en la noche de este miércoles Laureano Quintero, director médico del complejo hospitalario.

La muerte del hombre nacido el 14 de agosto de 1966 en la ciudad de Buenaventura, en el Valle del Cauca, se dio después de un accidente de tránsito entre una camioneta en la que se transportaba y un bus del sistema de transporte público MIO, que se presentó el lunes 11 de abril.

Desde entonces, Rincón Valencia fue trasladado de urgencia a la Clínica Imbanaco con un trauma craneoencefálico, le practicaron de urgencia una intervención quirúrgica por el trauma craneoencefálico, pero ante la gravedad del impacto no valieron de nada los esfuerzos médicos que se hicieron en dicha institución.

En el último tiempo, el vallecaucano hizo apariciones como comentarista de televisión y también acompañó recientemente en el cuerpo técnico de Millonarios al profesor Jorge Luis Pinto, con quien lo unió siempre una gran relación profesional y de amistad.

Freddy Rincón escribió su historia en el balompié desde sus tiempos de juvenil cuando hizo parte del equipo Atlético Buenaventura, de su tierra natal, en donde comenzó a mostrar sus dotes futbolísticas y físicas.

De ahí se vino su debut en el fútbol profesional colombiano con Santa Fe, en el año 1986 y hasta 1989. Después fue transferido a América de Cali, entre 1990 y 1993. En ese instante, ya con su calidad comprobada dio el salto al exterior. Así su carrera internacional la construyó en clubes como Palmeiras, de Brasil; Nápoles, de Italia; Real Madrid, de España; Corinthians, Santos y Cruzeiro, también brasileños.

Episodio aparte fue el trasegar del 'Coloso de Buenaventura' por la Selección Colombia, de la que se convirtió en referente, figura e ídolo de la afición con participaciones en el Mundial de Italia 90, del que quedó su recordado gol en el histórico empate 1-1 con Alemania; USA 1994 y Francia 1998.


Conmoción y tristeza generó entre sus conocidos la lamentable noticia.

Noticias Pasto.

Una dolorosa perdida sufrieron este domingo 23 de enero los medios de comunicación de la ciudad de Pasto.

Lo anterior por la confirmación del fallecimiento del diseñador gráfico Andrés Legarda.

El joven perdió la vida luego de tener un accidente de tránsito sobre la Carrera 41 No 19D-147 en la Avenida Panamericana y frente a la Clínica Hispanoamericana.

Andrés se movilizaba en una bicicleta.

Hasta el momento desde la oficina de Tránsito de Pasto no han detallado un informe oficial sobre la situación.

Sin embargo se pudo conocer que los hechos se registraron sobre el medio día, Legarda se movilizaba en una bicicleta y colisionó con un vehículo tipo camión.

En la actualidad el joven diseñador se encontraba laborando en el Diario del Sur, medio que envió un sentido mensaje de condolencia a su familia y demás allegados.

 



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Downing Street, como se conoce habitualmente al edificio donde trabaja y reside el primer ministro del Reino Unido, ha enviado este viernes una disculpa formal a la reina Isabel II por las dos fiestas con alcohol y música que celebraron hasta treinta de sus empleados en las horas previas al funeral del príncipe consorte, Felipe de Edimurgo. El pasado 17 de abril, la reina se sentó sola en un banco lateral de la capilla del Castillo de Windsor, bajo una mascarilla negra que cubría parte de su rostro. Era parte de las duras restricciones sociales que todavía regían en todo el Reino Unido. El Gobierno de Boris Johnson llegó a pedir a los ciudadanos que no llevaran flores a la verja del Palacio de Buckingham o a Windsor, para evitar aglomeraciones en medio de la pandemia. Por todo eso, la revelación del diario The Daily Telegraph —muy conservador, muy defensor del Brexit. Muy partidario de Johnson. Hasta ahora— de que en las horas previas al funeral hubo otras dos fiestas prohibidas en Downing Street ha elevado varios grados la indignación popular contra el Gobierno.

“Es profundamente lamentable que esto ocurriera durante un tiempo de duelo nacional, y el número 10 de Downing Street ha pedido disculpas al Palacio [de Buckingham]”, ha asegurado un portavoz de Johnson. Ha habido llamada telefónica y comunicación oficial por escrito al personal de Isabel II, pero Downing Street no ha querido matizar si el propio Johnson ha sido el que ha transmitido las disculpas, o si piensa hacerlo el próximo martes, en su habitual despacho semanal con la monarca.

“Todo esto demuestra el modo tan grave en que Boris Johnson ha degradado la Oficina del Primer Ministro”, ha dicho en un comunicado público Keir Starmer, el líder de la oposición laborista. Después de ir tan lejos esta semana como para pedir públicamente la dimisión de su rival, durante su enfrentamiento del pasado miércoles en la Cámara de los Comunes, Starmer quiere mantener a toda costa la presión sobre Johnson. “Los conservadores han defraudado al Reino Unido. Una disculpa no es únicamente lo que el primer ministro debería ofrecer al Palacio de Buckingham. Johnson debe hacer lo único decente que puede hacer: dimitir”, ha reiterado el político laborista.

En esta ocasión, según ha revelado el diario The Daily Telegraph, Johnson no estuvo presente en ninguna de las dos fiestas. Se encontraba en esos momentos en Chequers, la residencia de descanso oficial del primer ministro británico. Pero fue una vez más bajo su jurisdicción y mandato que el personal de Downing Street se saltó las normas que se imponían con rigor al resto del país. Las reuniones en interior de personas de distintos domicilios seguían entonces prohibidas.

Ambos eventos se convocaron para despedir a dos trabajadores. Uno de los que se marchaba era James Slack, hasta entonces director de Comunicación del primer ministro. Una herencia de la era de su predecesora, Theresa May. El otro era uno de los fotógrafos oficiales de Johnson. Corrió el alcohol en abundancia, según han narrado al Telegraph algunos testigos. Hubo risas y bailes. La juerga se prolongó hasta la madrugada. Unos comenzaron en las oficinas y acabaron en el jardín. Otros, en el sótano de Downing Street, donde incluso un portátil a todo volumen proporcionó la música. Alguien fue incluso al supermercado cercano con un maletín vacío que llenó de botellas de vino. Al final, las cerca de 30 personas que sumaban las dos fiestas acabaron juntas en el jardín.

Slack ha publicado este mismo viernes sus propias disculpas por todo lo sucedido: “Quiero pedir perdón sin reservas por toda la rabia y dolor causados. Este evento no debería haber tenido lugar en el momento en que ocurrió. Estoy profundamente arrepentido y asumo completamente la responsabilidad”, ha asegurado el exasesor de comunicación.

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La vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete de Johnson, Sue Gray, debe concluir en pocos días su investigación interna sobre las fiestas prohibidas celebradas en dependencias gubernamentales, incluida aquella en la que Johnson ha admitido su presencia. Se suman ahora a sus pesquisas dos fiestas más. Y puede que la pesadilla del primer ministro no acabe aquí. En un país acostumbrado a regar en alcohol el final de cada jornada laboral, el amplio jardín de Downing Street era la excusa perfecta para convertir en fiesta las largas reuniones de trabajo, con la conciencia tranquila. Así lo vieron muchos de los participantes en ese momento, sin comprender que alteraban profundamente las normas que se exigían severamente al resto del país. Una regla para ellos, otra para el resto. Cada nueva información sobre los desmanes de Downing Street durante el confinamiento hunde más por los suelos la popularidad de Johnson y acerca la posibilidad de una rebelión entre los diputados conservadores que ponga fin a su liderazgo y a su carrera como primer ministro.

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Los empleados del complejo gubernamental de Downing Street celebraron otras dos fiestas más, regadas en alcohol, el pasado 16 de abril, cuando el Reino Unido vivía aún inmerso en severas restricciones sociales por la pandemia, y el país estaba de luto oficial por la muerte por el esposo de Isabel II, el príncipe Felipe de Edimburgo, seis días antes. La noticia la ha contado en exclusiva The Daily Telegraph, un periódico que puede considerarse la Biblia de los conservadores, sobre todo del ala dura. Defensor del Brexit, e impulsor de la carrera política de Boris Johnson —fue su tarea como corresponsal de ese diario en Bruselas la que le catapultó a la fama—, el tono de extrema dureza que utiliza para revelar la existencia de estas dos nuevas fiestas prohibidas da una idea del acorralamiento al primer ministro.

En esta ocasión, cuenta el diario, Johnson no estuvo en el jardín con el resto de invitados. Se había ido a la residencia oficial de descanso, en Chequers. Pero fue una vez más bajo su jurisdicción y mandato que el personal de Downing Street se saltó las normas que se imponían con rigor al resto del país. Las reuniones en interior de personas de distintos domicilios seguían entonces prohibidas. Se pidió a los británicos que no acudieran a depositar flores a Buckingham o a Windsor para evitar aglomeraciones que infringieran las normas de distanciamiento social.

El modo en que el diario relata lo sucedido da una idea de la intensidad de la rabia desatada, en la prensa y entre los diputados conservadores, contra Johnson: “En una capilla privada del Castillo de Windsor, yació en soledad el ataúd del Príncipe durante la noche. Al día siguiente la reina, con su rostro cubierto por una mascarilla negra, dijo adiós a quien fue su esposo durante 73 años. Por imposición de las normas de distanciamiento social, se sentó sola. La atmósfera en Downing Street, aquella tarde, era muy diferente. Asesores y funcionarios se reunían, en dos eventos separados, para celebrar la despedida de dos colegas”, relata el corresponsal político del periódico, Tony Diver.

Uno de los que se marchaba era James Slack, hasta entonces director de Comunicación del primer ministro. Una herencia de la era de su predecesora, Theresa May. El otro era uno de los fotógrafos oficiales de Johnson. Corrió el alcohol en abundancia, según han narrado al Telegraph algunos testigos. Hubo risas y bailes. La juerga se prolongó hasta la madrugada. Unos comenzaron en las oficinas y acabaron en el jardín. Otros, en el sótano de Downing Street, donde incluso un portátil a todo volumen proporcionó la música. Alguien fue incluso al supermercado cercano con un maletín vacío que llenó de botellas de vino. Al final, las cerca de 30 personas que sumaban las dos fiestas acabaron juntas en el jardín.

La vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete de Johnson, Sue Gray, debe concluir en pocos días su investigación interna sobre las fiestas prohibidas celebradas en dependencias gubernamentales, incluida aquella en la que Johnson ha admitido su presencia. Se suman ahora a sus pesquisas dos fiestas más. Y puede que la pesadilla del primer ministro no acabe aquí. En un país acostumbrado a regar en alcohol el final de cada jornada laboral, el amplio jardín de Downing Street era la excusa perfecta para convertir en fiesta las largas reuniones de trabajo, con la conciencia tranquila. Así lo vieron muchos de los participantes en ese momento, sin comprender que alteraban profundamente las normas que se exigían severamente al resto del país. Una regla para ellos, otra para el resto. Cada nueva información sobre los desmanes de Downing Street durante el confinamiento hunde más en los suelos la popularidad de Johnson y acerca más la posibilidad de una rebelión entre los diputados conservadores que ponga fin a su liderazgo y a su carrera como primer ministro.

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