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China, el socio más poderoso de Rusia, ha optado hasta el momento por una cautela amistosa hacia Moscú, que culpabiliza a EE UU y la OTAN, en sus primeras reacciones ante el ataque ordenado por el presidente Vladímir Putin en Rusia. Se ha abstenido de condenar la operación militar y ha llamado a “todas las partes a ejercer la moderación”. Pero también ha declarado entender “las preocupaciones legítimas de Rusia sobre su seguridad”. Y después de reforzar sus lazos con su vecino del norte en la reunión entre Putin y el presidente chino Xi Jinping en la inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín, se perfila como el gran paraguas de Moscú frente a los castigos que pueda imponer Occidente al gigante ruso.

El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, dialogó este jueves por teléfono con su homólogo ruso, Dmitri Lavrov, al que expresó que aunque Pekín respeta la soberanía, independencia e integridad territorial de los Estados, en este caso podía ver las cuestiones históricas “complicadas y específicas” relativas a Ucrania, según los medios estatales chinos. Wang, que a comienzos de esta semana había mantenido una conversación también telefónica con el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, agregó a su interlocutor en Moscú que “China entiende las preocupaciones legítimas de seguridad de Rusia”.

En lo que constituyó la primera reacción oficial al ataque, la portavoz jefe del Ministerio de Asuntos Exteriores en Pekín, Hua Chunying se había abstenido de condenar a Moscú. Sí aseguró que su Gobierno “sigue muy de cerca” la crisis y pidió moderación para “evitar que la situación pueda quedar fuera de control”. También apuntó el dedo contra Estados Unidos, al que acusó de haber enviado armas a Ucrania y haber agitado las llamas para que estallara la guerra. “Quienes han encendido el fuego deben apagarlo con acciones concretas, en vez de condenar a otros”, declaró Hua.

China debe mantener un complicado equilibrio entre su apoyo a Rusia, de un lado, y su tradicional política de respaldo a la soberanía e integridad territorial de los Estados, de otro. Tampoco quiere un deterioro de sus lazos con la Unión Europea, su segundo socio comercial, que podría producirse si se escora demasiado del lado de Moscú, el aliado con el que la relación “no tiene límites”, según declaraban Putin y Xi, y con el que aspira a crear un nuevo orden mundial.

Al mismo tiempo, un enfrentamiento en Ucrania puede aportarle pistas sobre cómo reaccionaría Occidente, y muy especialmente Estados Unidos, en caso de conflicto en Taiwán —su interés geoestratégico primordial—. Y representa una distracción para Washington, que debe concentrar ahora su atención en el este de Europa en lugar de Asia Pacífico, como pretendía la Casa Blanca.

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“Putin no se lanzaría a atacar Ucrania si no estuviera seguro del respaldo chino”, apunta Angela Stent, del Centro de Estudios Eurasiáticos, Rusos y de Europa del Este en la Universidad de Georgetown, en una videoconferencia organizada por el centro de análisis CSIS. “En 2014, tras la anexión rusa de Crimea, Occidente ya intentó aislar a Rusia. Parecía posible lograrlo, pero entonces China intervino (en auxilio de Moscú). Ahora la relación es todavía más fuerte”, añade.

En otros momentos especialmente críticos en los que Moscú se vio entre la espada y la pared ante las duras sanciones de Occidente por sus operaciones militares vecinos China ya acudió en su auxilio económico. Así ocurrió en 2008, cuando Rusia envió tropas en apoyo de los secesionistas abjasios en Georgia, y en 2014, cuando se anexionó Crimea. En este último año, suscribió un descomunal acuerdo para la compra de gas ruso desde Siberia, por valor de unos 350.000 millones de euros al cambio actual.

Esta actitud va a repetirse a todas luces en esta ocasión. En la reunión entre Xi y Putin del 4 de febrero, ambas partes suscribieron, entre otros, nuevos pactos para la compra china de gas y petróleo ruso, por un valor total de 117.500 millones de dólares (unos 105.400 millones de euros) para un contrato de entre 25 y 30 años. Este miércoles Pekín anunciaba que permitirá la importación de trigo ruso, uno de los principales productos de exportación de su vecino del norte.

“El desafío fundamental en la gestión del dilema chino será cuánto apoyo quiera China dar de verdad a Rusia contra las sanciones. Les va a ser complicado encontrar un equilibrio que les permita su alineamiento con Rusia por un lado, y por el otro, evitar enfrentarse con Estados Unidos y Europa. Si proporcionan una ayuda sustancial contra las sanciones, eso les crearía problemas en su relación económica con EE UU y la Unión Europea”, mucho mayor que la que mantiene con Rusia, declaraba el miércoles Evan Medeiros, antiguo asesor de la Casa Blanca para Asia y actual profesor en la Universidad de Georgetown, en la videoconferencia del CSIS.

Aunque Rusia ha tenido tiempo para prepararse. Desde hace ocho años, desde la invasión de Crimea, ha dado pasos para impermeabilizar su economía al efecto de nuevos castigos occidentales. Ha creado una alternativa al sistema SWIFT para efectuar y recibir pagos bancarios internacionales, se ha reabastecido de reservas, ha eliminado su deuda externa y se ha ido alejando del dólar en favor del euro, o incluso del renminbi chino o su propio rublo, para sus operaciones comerciales y financieras. La divisa europea representa ya el 47,6 de las transacciones entre Rusia y China, según el banco central en Moscú.

“Pero si se le golpea muy seriamente con sanciones, China utilizará parte de su poderío económico para echarle una mano”, apunta Jakub Jakobovski, del Centro polaco para Estudios del Este. El gigante asiático acapara ya el 20% del comercio exterior ruso, frente al 10% de hace 10 años.

La ayuda de Pekín, en opinión de este experto, llegaría probablemente a través de préstamos de los bancos estatales ExImBank o el Banco Chino de Desarrollo, como ya ocurrió en rondas de sanciones previas: en 2008, cuando Rusia envió tropas para apoyar a los secesionistas abjasios en Georgia, y en la anexión de Crimea de 2014. “Podría ser a través de préstamos a cambio de petróleo, en los que China paga por adelantado y proporciona así una inyección de liquidez a Rusia”, cree Jakobovski.

“China es básicamente el habilitador de Rusia”, según este experto polaco. “Da su respaldo diplomático a Rusia, y cuando Putin habla con el presidente francés, Emmanuel Macron, con el estadounidense, Joe Biden, con otros líderes, ese apoyo implícito está ahí. Y esa es una nueva realidad para nosotros”.

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Soldados franceses de Barkhane se retiran de la base militar de Gao, en el norte de Malí, el pasado 9 de junio de 2021.
Soldados franceses de Barkhane se retiran de la base militar de Gao, en el norte de Malí, el pasado 9 de junio de 2021.AP

Níger y, en menor medida, los países del golfo de Guinea serán los dos nuevos puntos fuertes de la presencia militar francesa y europea en el Sahel tras el anuncio de la retirada de las tropas de las operaciones Barkhane y Takuba de Malí, que confirmó este miércoles el presidente francés Emmanuel Macron. Níger, amenazado por la violencia terrorista tanto desde el este como desde el oeste, ya formaba parte de la estrategia internacional de la lucha antiyihadista con la presencia en su territorio de bases de drones de Africom (Estados Unidos) y de Barkhane (Francia), pero la inclusión de países como Costa de Marfil, Ghana o Benín coincide con la expansión de la actividad de los grupos armados hacia los estados del golfo de Guinea. La actividad de estos grupos se limita por ahora a las regiones fronterizas del norte, si bien cada vez es más intensa.

El presidente de Níger, Mohamed Bazoum, dio el primer paso en ese sentido este viernes al aceptar de manera explícita la instalación de fuerzas especiales europeas en su territorio a través de Twitter. “Nuestro objetivo es que nuestra frontera con Malí sea segura. Esperamos que después de la partida de Barkhane y Takuba esta área esté aún más infestada y que los grupos terroristas se fortalezcan. Sin embargo, sabemos que pretenden extender su influencia. Por lo tanto, las nuevas bases no estarán lejos de Ménaka y Gao. Acogerán especialmente a Takuba, porque tiene grandes ventajas para nosotros”, aseguró Bazoum.

Sin embargo, el Gobierno de Níger tendrá que actuar con prudencia debido a la pujanza de movimientos ciudadanos que rechazan la presencia militar francesa. Es el caso de la asociación Pasemos la Página, que ha logrado movilizar a miles de personas en actos de protesta como los que lograron bloquear un convoy militar francés que iba camino de Malí en noviembre de 2021 después de que sufriera el mismo problema en Burkina Faso. Este sentimiento antifrancés alimentó los golpes de Estado tanto en Malí como en Burkina Faso y los expertos coinciden en que Níger no está exento de ese riesgo.

Lucha antiterrorista

La otra región a la que irán los soldados franceses y europeos que salgan de Malí es la de los países del golfo de Guinea. El pasado 8 de febrero, dos patrullas de guardias forestales encargadas de la vigilancia del parque nacional W, en el norte de Benín, pisaban sendas minas artesanales que provocaron ocho muertos y 12 heridos. Este atentado yihadista, el más grave en la historia de este país, es la muestra más reciente del avance de los grupos islamistas radicales desde Malí y Burkina Faso hacia el sur. Precisamente el contagio del terrorismo en el golfo de Guinea fue el centro de las preocupaciones del último Foro sobre Paz y Seguridad celebrado en Dakar (Senegal) en diciembre, donde el jefe de Estado senegalés Macky Sall, hoy presidente de la Unión Africana, habló de “metástasis”.

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En noviembre pasado, Togo sufrió el primer ataque terrorista de su historia y en el norte de Costa de Marfil las escaramuzas son frecuentes desde principios de 2021. Hace tan solo 10 días, el jefe de Estado Mayor de la Defensa francés, Thierry Burkhard, se trasladó hasta este país africano para reunirse con su homólogo marfileño y visitar la recién inaugurada Academia Internacional de Lucha Contra el Terrorismo, creada bajo los auspicios de París y Abiyán, que mantienen un elevado grado de cooperación militar. La base francesa más grande de todo el continente está en la capital económica marfileña y alberga a casi un millar de soldados, desde donde realizan labores sobre todo logísticas de apoyo a Barkhane.

La salida de Malí de la operación militar francesa y de la fuerza europea Takuba, lo que implica a unos 2.400 efectivos franceses y unos 900 del Viejo Continente, en un plazo de entre cuatro y seis meses deja en el aire el futuro de la misión de formación del Ejército maliense (EUTM) que desarrolla la Unión Europea desde 2013 con una notable presencia española de más de medio millar de soldados. “He enviado una misión a Malí para comprobar con las autoridades malienses en qué condiciones y con qué garantías podríamos considerar la posibilidad de mantener o no nuestras misiones de formación” que operan allí, dijo este jueves a los medios Josep Borrell, alto representante europeo de Asuntos Exteriores, quien añadió que “la respuesta llegará en los próximos días”.

El ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, ha defendido en los últimos días la continuidad de la EUTM y, en cualquier caso, abogó por una adopción de decisiones desde el ámbito europeo. Alemania es, tras España, el segundo país que más tropas aporta a esta misión. Este jueves, Christine Lambrecht, ministra de Defensa germana, se mostró más escéptica que su homólogo español. “La pregunta es si logramos nuestros objetivos políticos, es decir a quién apoyamos y a quién capacitamos”, manifestó la ministra.

La Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Malí (Minusma) también se ve seriamente afectada por la desaparición de Barkhane del teatro de operaciones, sobre todo por el importante peso francés en el apoyo aéreo en materia de seguridad. Con unos 15.000 uniformados se trata de uno de los operativos de la ONU que ha sufrido más víctimas mortales (268) desde que comenzó su despliegue en 2013. Alemania es, junto a Francia, el país europeo que más soldados aporta a la misión de la ONU y Lambrecht aseguró este jueves que su participación tanto en EUTM como en Minusma será debatida en el Parlamento germano en mayo próximo.

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