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Rusia ha sacudido este sábado a Lviv, la capital de la retaguardia de Ucrania. Dos ataques con misiles de precisión Kalibr han destruido uno de los principales depósitos de combustible del Oeste del país y también unas instalaciones militares de reparación de vehículos blindados, según fuentes consultadas por EL PAÍS. Cinco personas han resultado heridas, según las autoridades locales. La acción rusa ha coincidido con la visita del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, en la vecina Polonia.

La agresión rusa se ha producido cuando Lviv empezaba a vivir en una relativa tranquilidad, alejada del frente. La planta de combustible destruida se encuentra dentro de la zona urbana. Las viviendas más próximas se ubican a menos de 200 metros. Varios vecinos de la zona de impacto admitían que se habían confiado por la ausencia de sirenas antiaéreas en los últimos días y el retroceso de las tropas rusas en el frente más próximo, el de Kiev —a 500 kilómetros—. Stanislav y Larissa, matrimonio y ambos de 26 años, contaron que cuando sonaron las alarmas de posible ataque aéreo no abandonaron su apartamento, a unos 200 metros de los depósitos destruidos. “Si las sirenas hubieran sonado hace un mes, al inicio de la invasión, hubiéramos corrido al refugio antiaéreo, pero ahora las cosas parecían tranquilas”, decía Stanislav, todavía temblando después del impacto de los tres misiles a las puertas de su hogar. Ambos corrieron tras las explosiones a un refugio antiaéreo en el que se juntaron un centenar de personas. Algunas mujeres rezaban, otras intentaban calmar a los niños, que eran los que estaban más excitados por la situación. El ambiente era tenso y la presencia de periodistas extranjeros era motivo de constantes suspicacias y avisos a la policía.

El segundo ataque contra Lviv fue dirigido a unas instalaciones de reparación de blindados, en la periferia de la ciudad. Ambas agresiones de produjeron con dos misiles Kalibr, según informaron en rueda de prensa las autoridades militares. Por la noche se produjo una tercera agresión en la provincia de Volyn, al norte de Lviv, región también fronteriza con Polonia. Un misil o un dron procedente de Bielorrusia —las autoridades aún no lo han confirmado— fue abatido en las inmediaciones de Lutsk. La violencia rusa en el Oeste de Ucrania ha coincidido con la visita de dos días de Biden a Polonia. El presidente de Estados Unidos estuvo el viernes en Rzeszow, municipio polaco por el que se suministra a Ucrania una parte importante del armamento procedente de los miembros de la OTAN.

Lviv ha asumido un papel clave de recepción de la ayuda internacional a Ucrania. Por esta urbe han pasado la mayoría de los 3,7 millones de niños y mujeres que han salido del país hacia la Unión Europea. También es el lugar al que se han trasladado viceministerios del Gobierno y donde se han establecido las embajadas de decenas de países que abandonaron Kiev tras el inicio de la invasión rusa a la capital. En Lviv se encuentran cientos de periodistas de medios de comunicación de todo el mundo.

El aeropuerto de Lviv fue atacado el pasado 18 de marzo sin que se produjeran víctimas mortales. El golpe más letal que ha sufrido esta provincia fue el 13 de marzo, cuando Rusia mató a 35 militares e hirió a 134 personas más en Yavoriv, en la provincia de Lviv y a 20 kilómetros de Polonia.

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Los misiles impactaron el sábado en Lviv un día después de que las autoridades militares rusas anunciaran que centrarían sus esfuerzos bélicos en Donbás, al Este de Ucrania, al otro extremo del país. En la principal ciudad de la Ucrania occidental, las calles del centro estaban llenas de familias paseando y disfrutando de las primeras temperaturas de primavera cuando impactaron los misiles rusos. El Oeste de Ucrania se había convertido en un lugar de refugio para millones de familias que huían del frente en el Este y el Norte.

Natalia Tsiplitska, una de las coordinadoras del centro de acogida de desplazados en el estadio de fútbol Arena de Lviv, confirmaba en la mañana del sábado que muchos conciudadanos suyos estaban optando, en vez de salir hacia Polonia y otros países vecinos de la UE, por quedarse en la provincia de Lviv. “Al principio de la guerra la gente creía que no había ningún lugar que estuviera a salvo de Rusia”, comentaba Tsiplitska, “pero ahora sí ven que el Oeste es un sitio seguro”. Pocas horas después, los misiles caían sobre su ciudad.

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Las tropas rusas continúan con sus ataques contra la población civil. Según ha denunciado el Ayuntamiento de Mariupol en un mensaje de Telegram, Moscú bombardeó este sábado la escuela de Arte G12 de la ciudad portuaria del mar de Azov donde se escondían unos 400 civiles, la mayoría, mujeres, niños y ancianos. Aunque se desconoce el número de víctimas, el Consistorio asegura que el edificio ha sido destruido y que hay “gente bajo los escombros”.

“El sitio de Mariupol pasará a la historia por la responsabilidad rusa en crímenes de guerra”, denunció este sábado por la noche el presidente ucranio, Volodímir Zelenski. Unas 400.000 personas han estado atrapadas en Mariúpol durante más de dos semanas en medio de intensos bombardeos que han cortado los suministros centrales de electricidad, calefacción y agua, según las autoridades locales, que calculan que solo han podido escapar unas 20.000 personas.

Los bombardeos, de acuerdo con las autoridades ucranias, han estado dirigidos también contra objetivos civiles. El pasado jueves, el Ayuntamiento de Mariupol denunció el bombardeo contra el Teatro Dramático de la ciudad, que daba refugio a centenares de personas —hasta 1.300, en función de las fuentes—. Hasta el momento, solo han podido ser rescatadas 130 personas, según el Consistorio, ya que los equipos de rescate no pueden seguir retirando escombro como consecuencia del fuego de artillería y de los constantes bombardeos rusos.

Deportaciones a Rusia

La Defensora del Pueblo de Ucrania, Ludmila Denisova, ha denunciado este domingo que en los últimos días varios miles de residentes de la ciudad asediada de Mariupol han sido deportados a Rusia. Se trata, ha dicho, de personas, en su mayoría mujeres y niños, que se escondían de los “constantes bombardeos” en el refugio antiaéreo de un club deportivo de la ciudad, ha dicho en su canal de Telegram. “Sabemos que los residentes de Mariupol capturados fueron llevados a campos de filtración, donde los soldados rusos revisaron sus teléfonos móviles y documentos. Después de la inspección, algunos fueron trasladados a la ciudad rusa de Taganrog [a orillas del mar de Azov] y desde allí enviados por ferrocarril a varias ciudades económicamente deprimidas de Rusia”, ha señalado.

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“A nuestros ciudadanos [ucranios] se les ha hecho entrega de unos documentos que les obligan a residir en una ciudad concreta. No van a tener derecho a abandonar esas localidades durante al menos dos años, con la obligación de trabajar en un lugar determinado que se especifica en ese documento. La suerte de los demás se desconoce”, ha añadido Denisova. La defensora del pueblo ha acusado a Rusia de violar las leyes internacionales, incluyendo la convención de Ginebra, y ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional a incrementar las sanciones.

Aunque los combates continúan en Mariupol, el Ejército ucranio no cree posible enviar refuerzos. Según ha señalado Olexij Arestowystsch, asesor de Zelenski, “actualmente no hay solución militar para Mariupol”, que ya ha perdido el control del puerto. “No es solo mi opinión, es también la opinión de los militares”, ha señalado.

Este mismo domingo, el Kremlin ha asegurado haber utilizado de nuevo misiles hipersónicos, lanzados desde Crimea y que habrían destruido “un gran almacén de combustible” en Konstantinovka, en el sur del país. El sábado fue la primera vez que Rusia usó este armamento capaz de burlar las defensas antiaéreas, tal y como anunció Moscú y más tarde confirmaron fuentes estadounidenses a la televisión CNN.

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Los bombardeos rusos en Ucrania han proseguido este viernes con dos inquietantes novedades. Las fuerzas del Kremlin han extendido sus ataques a las inmediaciones de dos localidades del oeste del país, situadas muy cerca de las fronteras con dos Estados miembros de la UE y la OTAN, Polonia y Rumania. A las puertas de la base de Lutsk —a 87 kilómetros de Polonia—, que fue atacada de madrugada, volvían a sonar las alarmas pasado el mediodía de este viernes. Grupos de militares corrían para ponerse a cubierto ante la posibilidad de una nueva ofensiva. Mientras, familiares de los trabajadores de la base y una docena de periodistas internacionales esperaban fuera, ya que se les impedía el paso. Además, el 16º día de guerra arrojó otra novedad: el Gobierno ruso ha anunciado la disposición de unas 16.000 personas procedentes de Oriente Próximo para batallar junto a las tropas del presidente Vladímir Putin.

Mijailo Podoliak, principal asesor del presidente ucranio, Volodímir Zelenzki, ha confirmado en sus redes sociales la ofensiva contra Lutsk e Ivano-Frankivsk, situada a 153 kilómetros de la frontera con Rumania. En la primera de estas ciudades el objetivo ha sido, según las autoridades ucranias, el aeródromo y una fábrica cercana, donde han muerto dos militares y seis han resultado heridos. El Ministerio de Defensa ruso, citado por la agencia oficial TASS, ha confirmado después lo que ha definido como “ataques de precisión” contra dos “bases aéreas” de esas localidades.

“Se han disparado cuatro misiles contra el aeródromo militar en Lutsk desde un bombardero del Ejército ruso, según nuestros datos. Por desgracia hay pérdidas de vidas humanas. Dos militares han muerto y seis han sufrido heridas de diversa gravedad. Se están retirando los escombros”, precisó el jefe de la Administración Militar Regional de esa zona, Yuriy Pohulyayko, en su cuenta de Telegram. El alcalde de Lutsk, Igor Polischuk, pidió a los habitantes acudir rápidamente a los refugios tras estas primeras explosiones cerca del aeródromo: “¡Todos al refugio!”, dijo en un mensaje difundido por Facebook. El regidor pidió luego a los vecinos que no publicaran fotos ni direcciones ni revelaran coordenadas para no dar pistas a los militares rusos.

El ataque contra Lutsk, en el noroeste del país, fue seguido poco después por el que sacudió otra ciudad no muy lejana y también en el oeste de Ucrania, Ivano-Frankivsk, a unos 250 kilómetros al sur, cerca de la frontera con Rumania, donde se registraron hasta “tres poderosas explosiones”, precisó el asesor del presidente Zelenski.

Cuando se cumplen 16 días del inicio de la invasión rusa de Ucrania, las fuerzas del Kremlin atacaron a su vez otro centro urbano que hasta este viernes no había sufrido bombardeos: Dnipró, en el centro-este del país. Los proyectiles han impactado cerca de un jardín de infancia, un bloque de viviendas y una fábrica de zapatos, donde han causado un incendio, según el Servicio ucraniano de Urgencias. Una persona ha muerto en este ataque, de acuerdo con dicho servicio.

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Mientras, Moscú amenaza con que sus fuerzas podrían emplear en la guerra más de 16.000 combatientes procedentes de Oriente Próximo. El ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, ha asegurado que planea ese refuerzo poco después de que el presidente Putin aprobase el reclutamiento de extranjeros en una reunión de su Consejo de Seguridad.

“El Ministerio de Defensa tiene una red que trabaja directamente con la población de Siria y otros países”, precisó el portavoz del mandatario, Dmitri Peskov, que dejó claro que este reclutamiento no incluye a ciudadanos rusos, pese a que el Kremlin asegura que esta es una operación para la protección del mundo eslavo en Ucrania.

“Serguéi Kuzhuguetóvich [Shoigú] habló principalmente de voluntarios de Oriente Próximo, Siria y otros. No se habló de nuestros ciudadanos”, recalcó Peskov. “Esto no se ha comentado y no sé nada de esto”, agregó después de que le preguntaran si los voluntarios rusos combatirían en Ucrania.

En la guerra del Donbás de 2014 y 2015 participaron militares rusos que, según el Kremlin, habían roto sus contratos para acudir al frente como voluntarios. Por otra parte, en el conflicto actual combaten unidades con experiencia en la guerra de Siria, como las brigadas chechenas de Razmán Kadírov, cuya labor se centró en la contrainsurgencia y la vigilancia de la oposición. Asimismo, las guerras de la pasada década en Oriente Próximo también han fogueado a los mercenarios de la contratista rusa Wagner, vinculada al empresario Yevgeny Prigozhin, conocido también como el chef de Putin.

Mientras los ataques se extienden progresivamente hacia el oeste y el sur del país, localidades bajo asedio desde hace días, como Járkov, la segunda ciudad de Ucrania, siguen bajo “bombardeos incesantes”, según ha denunciado el alcalde de esta ciudad del este. En una entrevista televisada, el alcalde Ihor Terekhov denunció que la destrucción provocada por las bombas rusas ha acabado, entre otras instalaciones, con 48 colegios de la ciudad. Ucrania ha acusado también este viernes a Moscú de haber atacado un hospital psiquiátrico en Izium, situada en la misma región de la exrepública soviética. El gobernador de Járkov, Oleh Synegubov, precisó que el centro albergaba a 330 personas cuando fue atacado y definió el bombardeo como “un crimen de guerra contra la población civil; un genocidio contra la nación ucraniana”, escribió en su canal de Telegram. Este funcionario elevó también a 89 los bombardeos contra barrios residenciales de la ciudad durante el último día.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), desde el principio de la invasión rusa, el 24 de febrero, las fuerzas del Kremlin han atacado no menos de 20 hospitales y centros sanitarios. El bombardeo del hospital psiquiátrico ha tenido lugar solo dos días después de que Rusia atacara un hospital materno-infantil en la ciudad sureña de Mariupol, en la costa del mar de Azov, en el que murió una niña y resultaron heridas al menos 17 personas. Estados Unidos ha calificado este ataque de crimen de guerra. La IV Convención de Ginebra prohíbe atacar a civiles durante las guerras, otorgando una especial protección a los centros sanitarios, sobre todo si se trata de hospitales pediátricos y de maternidad, como es el caso de esa ciudad ucrania que pronto cumplirá diez días de un asedio que la Cruz Roja ha calificado de “apocalíptico”.

El bombardeo contra el hospital de Mariupol tuvo lugar además cuando Ucrania y Rusia se habían comprometido a respetar un corredor humanitario que permitiera abandonar la ciudad a la población civil, una iniciativa que se ha visto frustrada en sucesivas ocasiones en esa localidad desde el sábado pasado.

Por séptimo día consecutivo, Rusia ha anunciado este viernes un nuevo alto el fuego en Mariupol, donde, de acuerdo con los escasos testimonios disponibles de sus habitantes, se está produciendo la peor crisis humana de Ucrania, con 200.000 de su alrededor de medio millón de habitantes atrapados sin comida, agua, calefacción ni electricidad, y bajo constantes bombardeos rusos, desde hace más de una semana. Zelenski informó el lunes de la muerte por deshidratación de una niña de seis años, mientras que los residentes y las organizaciones de derechos humanos han descrito escenas de personas bebiendo agua de los charcos del suelo. Imágenes difundidas por la alcaldía de la ciudad muestran la inhumación de cadáveres en fosas comunes ante la imposibilidad de dar sepultura de otra forma a los muertos.

Las autoridades ucranias han dicho este viernes que intentarán de nuevo organizar una evacuación de la ciudad: “Esperamos que funcione hoy”, ha asegurado la vice primera ministra, Iryna Vereshchuk. En los 16 días que dura la ofensiva, al menos 2,5 millones de ucranios se han refugiado de la guerra en países vecinos, según la última cifra actualizada por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

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Ante la resistencia ucrania, el presidente ruso, Vladímir Putin, ahonda en su estrategia de atacar el corazón de las ciudades clave de Ucrania y con armas cada vez más poderosas. Arrecian los bombardeos y el asedio sobre Kiev, la capital, y sobre Járkov, la segunda ciudad en población y una estratégica localidad del Este de mayoría de habla rusa, donde esta madrugada Putin ha lanzado grupos de paracaidistas que han atacado un hospital militar. Aunque no hay una cifra oficial del total de personas que han perdido la vida desde el inicio de la ofensiva, Naciones Unidas contabiliza 136. Solo en las últimas 24 horas, los ataques en Járkov han dejado 21 muertos, mientras el flujo de desplazados internos y refugiados que huye de la violencia de Putin no cesa.

Sobre todo desde Kiev, después de que ayer el Ejército ruso advirtiese a la población que abandonase la capital porque iba a lanzar una serie de ataques. Mientras, las fuerzas invasoras del Kremlin avanzan por el flanco sur y han logrado ya progresos relevantes. El séptimo día de invasión, el Ejército ruso, que ya se había hecho con el control de la ciudad de Berdiansk, en el mar de Azov, ha entrado con fuerza en Jersón, una importante ciudad en el mar Negro, y continúa el duro asedio a la gran localidad de Mariúpol.

Esta madrugada Putin ha lanzado tropas de paracaidistas sobre Járkov, donde han atacado un hospital militar, el Centro Clínico Médico Militar de la Región Norte, según ha señalado el centro operativo de las Fuerzas Armadas de Ucrania en su canal de Telegram, que también han alertado del estallido de una batalla entre los invasores y los defensores ucranianos, ha publicado la BBC.

El martes, las fuerzas rusas reforzaron el asedio a Jersón, de unos 280.000 habitantes y una ciudad con una estratégica industria naval. El Ejército de Putin, que había lanzado ataques a la localidad desde hace varios días, ha entrado ya en Jersón y se ha hecho con el control del puerto y de la estación de tren, según el alcalde, Igor Kolykhayev. Durante todo el martes, las fuerzas del Kremlin habían rodeado la ciudad sureña y plantado puestos de control en todas sus salidas. La toma de Jersón facilitaría el asalto a Odesa, la otra gran ciudad del mar Negro y, por tanto, el control de la salida al mar de Ucrania. A unas aguas, además, donde tres países de la otra tienen costas: Turquía, Rumania y Bulgaria.

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La gran ciudad sureña de Mariúpol está casi rodeada por completo por las fuerzas de Putin. Allí, la mayoría de los vecindarios llevan días sin calefacción, gas o electricidad; algunos también sin agua. Rusia ha bombardeado las subestaciones eléctricas de la ciudad y cortado así los suministros para facilitar el asedio. Además, las fuerzas rusas bombardearon el martes varios rascacielos en zonas residenciales de la ciudad, según el alcalde, Vadym Boychenko. “Las fuerzas enemigas están llegando a Mariúpol desde todas las direcciones, destruyendo nuestra infraestructura, matando a nuestras mujeres, niños y ancianos, y llamándolo una guerra para liberarnos”, clamó Boychenko en un vídeo difundido este martes.

Los analistas miliares temen que Putin endurezca aún sus ataques para desmoralizar a la resistencia. Mientras, el avance de la gran columna —unos 60 kilómetros— de vehículos militares rusos que avanza desde hace un par de días hacia Kiev ha ralentizado su avance por la escasez de combustible y alimentos, según fuentes de la inteligencia de Reino Unido y Estados Unidos.

Uno de los objetivos prioritarios del Kremlin, además de lograr el control del estratégico sur del país y el Donbás, es Kiev, el corazón de Ucrania. El martes, un ataque aéreo sobre la torre de la televisión de la ciudad mató a cinco personas que estaban en la zona e hirió a otras cinco. La torre de televisión se encuentra en el área de Babi Yar, donde entre 100.000 y 150.000 personas fueron ejecutadas durante la ocupación nazi de Kiev, durante la Segunda Guerra Mundial.

El ataque, durante la guerra con la que Putin dice tener como objetivo “desnazificar” Ucrania, un país gobernado por un presidente judío, Volodímir Zelenski, causó la repulsa inmediata del Centro Conmemorativo del Holocausto de Babi Yar. “Putin que busca distorsionar y manipular el Holocausto para justificar una invasión ilegal de un país democrático soberano es absolutamente abominable”, dijo en un comunicado Nathan Sharanski, presidente del centro ex viceprimer ministro israelí. “Es simbólico que comience a atacar Kiev bombardeando el sitio de Babin Yar, la mayor de las masacres nazis”, señaló Sharanski, que nació en Donetsk.

Y a medida que las víctimas civiles aumentan, el presidente Zelenski eleva el tono hacia la comunidad internacional. Este martes, el líder ucranio reclamó a la OTAN que imponga una zona de exclusión aérea sobre el país para frenar los brutales bombardeos. “Un misil dirigido a la plaza central de una ciudad es terrorismo abierto y no disimulado”, dijo el presidente ucranio ayer, tras el bombardeo contra el edificio de la Administración regional de Járkov, en la icónica plaza de la independencia. “Es el terrorismo que pretende quebrarnos, quebrar nuestra resistencia”, aseguró Zelenski que en la noche del martes al miércoles mantuvo una conversación de 30 minutos con el presidente estadounidense, Joe Biden.

Y a medida que incrementa los ataques contra Ucrania se endurece el aislamiento de la Rusia de Putin. La marea de sanciones han afectado a la línea de flotación de su economía. El mercado de valores ruso, con el rublo desplomado, permanecerá cerrado también este miércoles mientras empiezan a verse los primeros síntomas de corralito en el país euroasiático, el más grande del mundo, con 144 millones de habitantes. Putin ha prohibido a las personas sacar más de 10.000 dólares en moneda extranjera a partir de este miércoles, según la agencia oficial de noticias Tass, mientras el país lucha por contener el impacto financiero generalizado de las sanciones por la invasión de Ucrania.

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El presidente ruso, Vladímir Putin, ha cruzado un punto de no retorno. Pocos minutos antes de las seis de la mañana de este jueves, hora de Moscú, una hora antes en Ucrania, el líder ruso ha anunciado una “operación militar especial” en el Donbás. Solo unos minutos después del discurso del jefe del Kremlin, emitido en todos los canales estatales rusos, se registraron grandes explosiones en varios puntos del este de Ucrania, desde Sloviansk y Kramatorsk a Járkov, a 30 kilómetros de la frontera rusa; incluso en Kiev, la capital. El Ministerio del Interior ucranio ha informado de que tropas rusas han aterrizado en la ciudad portuaria de Odessa y están cruzando la frontera en varios punto del país. También, según fuentes de Interior, desde la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó ilegalmente en 2014. La “operación militar” de Putin que, según el líder ruso, busca desmilitarizar pero “no ocupar” el país, toma color de una invasión a gran escala. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, se ha apresurado a declarar la ley marcial. “El ejército está trabajando. Sin pánico. Somos fuertes. Estamos listos para todo. Derrotaremos a todos”, dijo.

El servicio de emergencia estatal de Ucrania asegura que se lanzaron ataques contra diez puntos ucranios, principalmente en el este y sur del país. “Llega constantemente información sobre los ataques”, dice en una nota la agencia gubernamental. El Ministerio de Defensa ruso afirma, por su parte, que está utilizando “armas de alta precisión” para inutilizar la infraestructura militar, las instalaciones de defensa aérea, los aeródromos militares y los aviones del ejército ucraniano, según la agencia estatal rusa RIA.

Putin, que ha agitado durante meses el argumento de que el de Kiev es un régimen nazi que discrimina a los rusoparlantes y que los ciudadanos de las regiones de Donetsk y Lugansk están sufriendo un “genocidio” ha afirmado en su anuncio que la agresión militar es para “defender y proteger” a la ciudadanía. “Nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Y también por llevar ante la justicia a aquellos que cometieron numerosos crímenes sangrientos contra civiles, incluidos ciudadanos de Rusia”, ha dicho Putin, con gesto serio en un mensaje de vídeo flanqueado por dos banderas rusas.

La agencia rusa Interfax también reportó explosiones en las zonas de Donetsk y Lugansk bajo control de los separatistas prorrusos, que, alimentados por el Kremlin, llevan ocho años luchando contra el Ejército ucranio en una guerra que ha segado ya 14.000 vidas. Una nueva guerra caliente en la zona sería devastadora. Una intervención a gran escala en todo el país, catastrófica.

El lunes, después de un feroz discurso en el que cuestionó la soberanía de Ucrania, que considera un país ficticio, fruto de costurones históricos y diplomáticos, Putin firmó el reconocimiento de las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk. Acto seguido, como recogía el decreto, ordenó el envió de tropas a los dos territorios secesionistas, que controlan solo un tercio del territorio del Donbás que reclaman con el aval de Putin.

El líder ruso aseguró este jueves que tomó la decisión tras recibir una petición de ayuda de los líderes de los territorios separatistas respaldados por Rusia en el este de Ucrania. Y al anunciar la operación militar advirtió: “Cualquiera que intente interferir con nosotros, o más aún, crear amenazas para nuestro país y nuestro pueblo, debe saber que la respuesta de Rusia será inmediata y lo llevará a consecuencias como nunca antes ha experimentado en su historia”. “Estamos listos para cualquier giro de los acontecimientos”, añadió.

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Horas antes, en un emotivo discurso a la nación, con gesto contenido pero dramático, Zelenski parecía presagiar que esta noche se iba a producir otra agresión miliar de Rusia. Kiev está dispuesto a negociar con Moscú en cualquier canal y en cualquier momento, ha dicho en un discurso en ucranio y en ruso divulgado en su canal de Telegram.

“Hoy inicié una llamada telefónica con el presidente ruso. El resultado fue el silencio, aunque el silencio debería estar en el Donbas”, aseguró Zelenski, antes de dirigirse de manera directa a los rusos: “Estamos separados por más de 2.000 kilómetros de fronteras mutuas, a lo largo de las cuales se encuentran 200.000 de sus soldados y 1.000 vehículos blindados. Su liderazgo ha aprobado su paso hacia el territorio de otro país. Este paso podría convertirse en el comienzo de una gran guerra”, ha recalcado. “No necesitamos la guerra, ni caliente, ni fría, ni híbrida. Pero si las tropas nos atacan y alguien trata de arrebatarnos nuestro país, nuestra libertad, nuestras vidas, las vidas de nuestros hijos, entonces nos defenderemos. Y cuando nos ataquen verán nuestras caras, no nuestras espaldas”. El golpe a la economía de Rusia de la invasión ha sido inmediato. La bolsa de valores de Moscú ha detenido el comercio y el rublo ha caído a niveles récord frente a las principales monedas.

La noche ha sido inquietante y tensa en el Donbás y en toda Ucrania. El Gobierno, que pese a las alarmas de Estados Unidos y de la OTAN, ha sido escéptico durante semanas sobre una posible invasión, cambió el paso este miércoles. Cerró los aeropuertos de Jarkov, Zaporiya y Dnipro, en el este de Ucrania. Antes, declaró el estado de emergencia y decretó la convocatoria de hasta 36.000 reservistas.

En su discurso emitido en los canales de televisión estatales mientras se desarrollaba el Consejo de Seguridad de la ONU con motivo de la amenaza rusa, el jefe del Kremlin, que desde finales de noviembre ha concentrado decenas de miles de soldados en torno a las fronteras de Ucrania —hasta 190.000, según las últimas informaciones de Estados Unidos—, ha asegurado que los enfrentamientos entre las fuerzas ucranianas y rusas son “inevitables” y “solo una cuestión de tiempo”. Putin ha afirmado que una mayor expansión de la OTAN y su uso del territorio de Ucrania son “inaceptables”.

Además, el presidente ruso llamó a los militares ucranios a deponer las armas y amenazó con una respuesta contundente a aquellos países que decidan intervenir en la situación desde el exterior. “Les insto a que deponga las armas de inmediato y se vayan a casa. Todos los militares del ejército ucranio que cumplan con este requisito podrán abandonar libremente la zona de combate y regresar con sus familias”, afirmó.

“La política del Imperio de las Mentiras, de la que hablé al comienzo de mi discurso, se basa, en primer lugar, en la fuerza bruta directa. En tales casos, decimos: hay poder, no se necesita mente. Y nosotros todos sabemos que el verdadero poder está en la justicia y la verdad, que están de nuestro lado”, dijo Putin. “Y si esto es así, entonces es difícil no estar de acuerdo en que la fuerza y la disposición para luchar son la base de la independencia y la soberanía, son la base necesaria sobre la que solo uno puede construir su futuro”, aseveró.

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Ante el grave deterioro de la situación sobre el terreno en Ucrania —con intercambios de fuego de artillería de una intensidad sin precedentes en los últimos años y el anuncio de nuevos ejercicios rusos con misiles con capacidad nuclear—, el Gobierno alemán ha enviado este viernes al Kremlin un firme mensaje disuasorio en la sesión inaugural de la Conferencia de Seguridad de Múnich, un foro que reúne cada año en la capital bávara a decenas de líderes y ministros de Exteriores y Defensa. De forma inusual, este año Moscú ha decidido no enviar una delegación, lo que muchos observadores han interpretado como una señal extremadamente negativa.

“El escenario de un corte total de intercambios económicos entre Rusia y Alemania y la UE no es poca cosa”, ha dicho la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, refiriéndose a las sanciones por una eventual agresión rusa contra Ucrania con una terminología más dura de la habitual mención occidental a las “graves consecuencias económicas”. “Alemania está lista para pagar un alto precio económico”, advirtió la responsable de la diplomacia alemana, quien calificó de “exigencias de la Guerra Fría” los requerimientos de Moscú en un documento publicado antes de la conferencia. “La amenaza rusa es inaceptable”, zanjó.

La ministra compareció en el foro en una sesión en la que también intervino el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, quien quiso subrayar la determinación de la Administración de Biden en reavivar los vínculos con aliados y socios después del turbulento periodo de Trump. Blinken advirtió de que Rusia “no parece estar en el camino de la diplomacia”, que pese a sus anuncios de repliegue “lo que se ve sobre el terreno es lo contrario, nuevas tropas acumulándose, incluidas brigadas de élite que formarían parte de cualquier escenario de agresión”. El representante de EE UU ante la OSCE ha elevado este viernes a entre 169.000 y 190.000 el número de soldados rusos desplegados.

Alemania llega a la cita tras haber encontrado una línea más clara en el conflicto con Rusia después de varias semanas de indefinición que le costaron las críticas y la desconfianza de los aliados occidentales. El perfil bajo inicial del nuevo canciller, Olaf Scholz, ha dejado paso en los últimos días a una actitud mucho más proactiva con visitas a Estados Unidos, Ucrania y Rusia en un intento de volver a situar a Berlín en primera línea de los esfuerzos diplomáticos para evitar el conflicto. Esta semana, en su encuentro con Vladímir Putin en el Kremlin, el canciller se mostró firme y mencionó el polémico gasoducto Nord Stream 2, algo que se había negado a hacer en visitas previas como la que mantuvo con Joe Biden.

La evolución de la posición alemana —marcada por ciertas divergencias en política exterior entre los socios de la coalición gubernamental— no llega sin embargo a tocar la negativa a suministrar armas a Ucrania. Durante la sesión en Múnich, el alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, reclamó explícitamente el suministro de armamento para defenderse de una eventual agresión rusa. Baerbock argumentó que por razones históricas, por la legislación nacional vigente y por las circunstancias negociadoras, Berlín considera oportuno no alterar su negativa en ese apartado. La ministra señaló que es parte del juego de la Alianza que los socios desempeñen distintos papeles, y reivindicó el de Alemania como principal soporte financiero para Ucrania. “También es importante evitar el riesgo de una desestabilización interna por la vía económica”, señaló.

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En la primera jornada de la conferencia, también intervino el secretario general de la ONU, António Guterres, quien advirtió de que una guerra en Ucrania sería “catastrófica” pero se mostró todavía confiado en que la diplomacia pueda resolver el conflicto. “Sigo pensando que no ocurrirá”, señaló, y lanzó una petición a Rusia: “Ha llegado el momento de desescalar seriamente”. El mandatario aseguró estar “profundamente preocupado” por la situación en las fronteras de Ucrania y por la inestabilidad en la escena internacional. “Suelen preguntarme si estamos en una nueva Guerra Fría”, dijo. “Mi respuesta es que la amenaza a la seguridad global es ahora mayor y más compleja”. Los “canales secundarios” de comunicación que existían hace décadas “ya no existen y la mayoría de personas que sabían usarlos ya no están con nosotros”, añadió.

Por otra parte, la vicepresidenta de EE UU, Kamala Harris, que intervendrá este sábado en el foro, se reunió con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg y con los líderes de los países bálticos. “Seguimos abiertos a la diplomacia. Le toca a Rusia demostrar la seriedad de sus intenciones negociadoras”, dijo Harris, informa la agencia Reuters.

La ausencia de una delegación rusa en Múnich es interpretada como una pésima señal no solo porque su presencia ha sido constante en las últimas décadas, sino porque repetidamente Moscú ha aprovechado a fondo el escenario bávaro para defender sus puntos de vista. Es célebre la intervención del propio Vladímir Putin en la edición de 2007, con un discurso que puso sobre la mesa la mirada geopolítica que orientaría muchas de las decisiones llevadas a cabo en los últimos años.

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La madre de un soldado ucranio recordaba a su hijo, este viernes en un memorial del conflicto en Kiev.
La madre de un soldado ucranio recordaba a su hijo, este viernes en un memorial del conflicto en Kiev.SERGEI SUPINSKY (AFP)

La Unión Europea ha negociado en secreto una batería de sanciones sin precedentes con las que golpear a Rusia si su presidente, Vladímir Putin, decide invadir Ucrania. Las represalias, tejidas con absoluto hermetismo, se adoptarían de manera casi inmediata y en plena concertación con Washington y Londres en caso de producirse el ataque. El castigo, según fuentes comunitarias, abarcaría desde la suspensión de cualquier tipo de cooperación económica con Moscú a un drástico recorte de las relaciones comerciales, incluida la importación de gas y petróleo ruso. El golpe previsto es de tal magnitud que, según las mismas fuentes, Bruselas también ha preparado los planes de contingencia para paliar los daños que, inevitablemente, también sufriría la economía europea.

El plan se abordará el lunes durante un almuerzo a puerta cerrada de los ministros de Exteriores de la UE, reunidos en Bruselas bajo la presidencia de Josep Borrell, alto representante de Política Exterior de la UE. La cita contará previamente con la presencia por videoconferencia de Antony Blinken, secretario de Estado de EE UU. “La participación de Blinken muestra la unidad de la comunidad internacional frente a la actitud de Rusia y la estrecha coordinación entre los aliados”, apunta una fuente diplomática europea.

El objetivo de la reunión del lunes “no es adoptar ninguna sanción concreta, sino establecer los escenarios y las reacciones que provocaría cada uno de ellos”, señala otro diplomático europeo. Fuentes comunitarias descartan hacer públicas las posibles represalias. Pero aseguran que un nuevo ataque contra Ucrania “provocaría una respuesta a la altura del mayor desafío de seguridad que afronta Europa desde el final de la Guerra Fría”.

Entre las medidas que se barajan figuran el cierre completo de los mercados europeos de capital para las empresas y entidades financieras rusas y las restricciones a la exportación de materiales o servicios imprescindibles para sectores clave de la economía rusa, como el energético, el minero o la industria pesada.

Y en última instancia, la ruptura de lazos financieros con la economía rusa, lo que dejaría a Moscú peligrosamente aislado del mercado financiero mundial. EE UU incluso parecía dispuesto a cortar el acceso de Rusia al sistema de transacciones financieras SWIFT (el sistema electrónico de mensajería por el que se tramitan la inmensa mayoría de las transferencias bancarias), pero no se aprecia de momento el consenso necesario para una medida tan drástica, solo aplicada hasta ahora a Irán.

Clara Portela, profesora de Ciencia Política de la Universidad de Valencia y especializada en sanciones internacionales, considera que “el daño masivo lo causaría la inclusión de bancos rusos en una lista estadounidense que prohibiera cualquier transacción en dólares con ellos”. Portela cree que “la contribución de la UE podría consistir en hacer lo mismo con el euro, es decir, prohibir a esos mismos bancos las transacciones denominadas en la divisa europea”. El veto europeo “eliminaría la opción de que las entidades rusas esquivasen las sanciones estadounidenses”

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Ni siquiera se descarta poner coto a la compra de petróleo y gas ruso, que ahora cubre el 26% y el 40% respectivamente de las importaciones europeas de esos hidrocarburos. La dependencia energética de la UE hacía impensable hasta hace poco una renuncia a las importaciones desde Rusia. Pero el desarrollo de las fuentes renovables y la posibilidad de importar gas licuado desde otros países ha cambiado recientemente el escenario.

Aun así, en Bruselas se reconoce que la ruptura comercial con Moscú obligaría a adoptar medidas de contingencia. Pero las fuentes consultadas aseguran que la UE tiene capacidad para resistir el envite, incluso en el terreno energético.

La crisis en Ucrania ya ha provocado un drástico cambio. La importación de gas ruso ha caído de 3.250 millones de metros cúbicos a principios de 2021 a 1.700 millones en la primera semana de este año, según los datos recopilados por el centro de estudios Bruegel. De los cuatro gasoductos procedentes de Rusia, solo el Nord Stream, que conecta directamente con Alemania a través del Báltico, opera al mismo nivel que el año pasado. Los que pasan por Ucrania y Polonia han reducido drásticamente el flujo. El que llega a través de Turquía ha sufrido numerosos altibajos. Y el segundo gasoducto del Báltico, Nord Stream 2, aún no ha comenzado a bombear gas (por falta de autorización europea) y la crisis ucrania podría inutilizarlo definitivamente.

La importación de gas licuado desde otros países por barco ha pasado, en cambio, de 1.400 millones de metros cúbicos en la primera semana de enero del año pasado a 3.380 millones cada siete días de este mes, según los datos de Bruegel. Las importaciones de gas desde Noruega han rozado varias veces en las últimas semanas sus máximos históricos. Y las de Argelia se han resentido, por la crisis con Marruecos, pero están muy por encima de sus mínimos históricos.

El choque energético, si llegara a consumarse, deterioraría gravemente la relación comercial entre la UE y Rusia. El daño, aunque recíproco, tendría consecuencias más devastadoras para la economía rusa. La UE es el mayor socio comercial de Rusia y es el destino del 38% de sus exportaciones. El mercado ruso, en cambio, solo absorbe el 4,1% de las exportaciones europeas, según datos de la Comisión Europea. La UE, sin embargo, también se juega su presencia en Rusia, donde es el mayor inversor internacional y acumula una inversión de más de 300.000 millones de euros.

“Esta relación comercial es importante para nosotros, pero es mucho más importante para Rusia”, advirtió el jueves la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, en el foro de Davos, celebrado de manera virtual. “Esperamos que no se produzca un ataque, pero si se produce, estamos preparados”, añadió la dirigente europea.

Fuentes de la Comisión Europea, del Consejo y de las principales capitales europeas coinciden en que la batería de sanciones está lista para activarse en cuanto sea necesario, lo cual no es óbice para mantener abierta la vía de negociación con Moscú. “Nuestro plan está preparado, pero lo ideal sería no aplicarlo”, afirma una fuente diplomática. “Crucemos los dedos”, añade otra.

La UE ya adoptó sanciones comerciales en 2014, en respuesta a la primera agresión rusa contra Ucrania, que se saldó con la desestabilización de las provincias ucranias del Donbás y la anexión rusa de Crimea. El castigo europeo, todavía en vigor, limitó el acceso de un puñado de bancos rusos a los mercados europeos de capital, prohibió la compra en Europa de bonos emitidos por tres compañías energéticas rusas y frenó la exportación armas y de cierto material de prospección energética.

La economía rusa ha resistido esas sanciones durante siete años. Y los analistas reconocen que Putin tiene bazas a su favor para resistir una nueva acometida. Rusia apenas tiene deuda pública (20%), apunta el European Policy Centre. Y dispone de un potente fondo soberano, alimentado por las exportaciones de hidrocarburos, que en diciembre de 2021 amasaba 185.000 millones de dólares (163.000 millones de euros).

Pero la economía rusa también tiene puntos vulnerables. Algunos coyunturales, como la inflación actual (8%), que dobla el objetivo del Banco de Rusia y mantiene los tipos de interés en el 8,5%. Pero otros flancos de riesgo son más estructurales, como la dependencia de las ventas de gas y petróleo, que cubren casi un tercio de los ingresos del presupuesto nacional.

La UE está convencida de que se podría hacer mucho daño a la frágil economía de un país sacudido por tensiones internas que han forzado al Kremlin a endurecer la represión y la persecución de la oposición en los últimos meses. Pero Bruselas, al igual que Moscú, mantiene sus cartas escondidas para que sea el adversario quien haga sus propios cálculos sobre las consecuencias de sus actos. El único mensaje público que repiten todas las fuentes occidentales es que un ataque armado contra Ucrania provocaría una respuesta occidental devastadora para la economía rusa. “Consecuencias enormes y costes muy elevados”, amenazan una y otra vez las capitales europeas.

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La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha lanzado este jueves un mensaje contundente a Rusia: Europa no aceptará una vuelta atrás a la lógica de las esferas de influencia desplegada durante la Guerra Fría y, pese al compromiso europeo con el diálogo para resolver las actuales tensiones, la Unión Europea impondrá sanciones “enormes” contra Moscú si ataca a Ucrania. “Que quede claro, apostamos por el diálogo, queremos que los conflictos se resuelvan en los grupos que se han formado con este fin. Pero si la situación se deteriora, si hay nuevos ataques a la integridad territorial de Ucrania, responderemos con sanciones económicas y financieras a gran escala. La comunidad transatlántica tiene un compromiso firme en este punto”, subrayó.

La mandataria europea recordó que la UE es el mayor socio comercial de Rusia y de largo su mayor inversor extranjero y, aunque “es cierto que esta relación comercial también es importante” para la UE, “lo es mucho más para Rusia”, advirtió.

Fuentes diplomáticas en Bruselas aseguran que la UE mantiene abierta la oferta de diálogo con Rusia y que en los próximos días y semanas se redoblarán los contactos para intentar evitar un desenlace militar del conflicto. Pero añaden que tanto el club europeo como EE UU y el Reino Unido adoptarán represalias sin precedentes si el presidente ruso, Vladímir Putin, lanza un ataque contra territorio ucranio.

Desde que Rusia procedió a la anexión de Crimea, en marzo de 2014, tanto la UE como Estados Unidos han aprobado varias rondas de sanciones comerciales y financieras que, sin embargo, apenas han tenido impacto en la política rusa, ya que Moscú, como principal proveedor de energía de Europa, confía en que las medidas nunca serán lo suficientemente serias como para interferir en las exportaciones de gas. En las últimas semanas, no obstante, tanto funcionarios europeos como estadounidenses han insistido en la posibilidad de aprobar nuevas sanciones de una magnitud desconocida hasta ahora. Alemania, por su parte, ha advertido de que en caso de ataque a Ucrania podría poner en cuestión la puesta en marcha del gaseoducto Nord Stream 2 que transportaría directamente gas ruso desde Siberia a Alemania a través del mar Báltico.

Durante su intervención por videoconferencia ante el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), que este año celebra su reunión anual de forma virtual y reducida por la pandemia, Von der Leyen rechazó lo que considera “los intentos de Rusia de dividir a Europa en esferas de influencia” porque, además, “Ucrania es libre de decidir como Estado soberano”.

Las negociaciones para una respuesta occidental a cualquier agresión rusa se han acelerado en las últimas semanas, tanto dentro de la UE como en la relación transatlántica. El secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, se encuentra en gira europea para intentar afianzar un frente común. Blinken ha visitado Kiev y Berlín, antes de trasladarse este viernes a Ginebra para un encuentro con el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov. Y el estadounidense tiene previsto intervenir el lunes por videoconferencia en el consejo de ministros de Asuntos Exteriores de la UE que se celebra en Bruselas.

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Los ministros, bajo presidencia del alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, analizarán el lunes el estado de preparación de las potenciales sanciones contra Moscú. La preparación de ese castigo se lleva a cabo rodeada de un enorme hermetismo para no desvelar a Putin las represalias a que podría verse sometido.

Von der Leyen ha subrayado en Davos: “Nuestras dificultades no son ni con Rusia ni con el pueblo ruso; nuestras dificultades son con las peligrosas políticas del Kremlin, en una reedición de modelos de comportamiento autocrático que esconden una vieja verdad: donde falta confianza, la fuerza no puede reemplazarla”.

La presidenta de la Comisión aprovechó su comparecencia virtual para reivindicar la fortaleza de las democracias que, según la política alemana, se han visto reforzadas durante la covid-19. “La pandemia ha demostrado la capacidad de actuación de nuestras democracias y que las democracias son la forma de gobierno más poderosa, resistente y sostenible”, ha señalado la dirigente alemana. “Lo que temen los autócratas es el atractivo de nuestras democracias liberales, nuestro éxito económico, nuestras libertades civiles y la libertad de expresión y de ideas”, ha descrito Von der Leyen un panorama que contrasta claramente con la situación de una Rusia muy golpeada por el virus, con una economía alicaída y con un sistema político basado en la represión y persecución de las fuerzas opositoras.

No fue el único mensaje institucional que lanzó Von der Leyen en el Foro de Davos. La dirigente europea anunció que para principios de febrero presentará una propuesta para una ley europea de semiconductores, con la que pretende reducir la dependencia de la UE de esta tecnología mediante la producción propia de chips. Para ello, Bruselas autorizará que se destinen ayudas públicas a la fabricación de microchips con el objetivo de lograr fabricar el 20% de la producción mundial para 2030.

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