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Un avión australiano se dispone a despegar con ayuda militar para Ucrania.
Un avión australiano se dispone a despegar con ayuda militar para Ucrania.DPA vía Europa Press (Europa Press)

La agresión rusa a Ucrania ha provocado, entre otras reacciones, una clara escalada del apoyo militar occidental al país atacado. Tras el estallido del conflicto en 2014, el respaldo se fue intensificando paulatinamente, pero sobre todo con asesoramiento, entrenamiento, ayuda financiera —especialmente de Estados Unidos y el Reino Unido— y muy limitadas entregas de armamento. El contrato sellado para el suministro de drones armados turcos fue, en ese lapso, el desarrollo más relevante. Esa dinámica ha cambiado por completo con la invasión.

Europa es el ejemplo más evidente de un giro con rasgos históricos. Por primera vez, la Unión Europea —a través de la Comisión— ha decidido coordinar una compra conjunta de material bélico letal, que será entregado a las fuerzas ucranias. Se ha habilitado un fondo de unos 450 millones de euros para esos fines.

Además, países como Alemania, Suecia, Noruega o Finlandia han decidido suministrar armas a Kiev, algo que supone un notable cambio respecto de las políticas restrictivas en esta materia que han marcado la agenda de estos países durante décadas. La gran mayoría de los Gobiernos de la UE ha dado pasos en esa misma dirección. El Gobierno español se ha sumado este miércoles. Por su parte, Polonia es la base logística desde la cual se organiza el transporte del armamento por vía terrestre, dada la peligrosidad del medio aéreo.

Más allá de la UE, Estados Unidos destaca como el principal valedor militar de Ucrania. Su apoyo se cuantifica en unos 2.500 millones de dólares (unos 2.260 millones de euros) desde 2014. El apoyo estadounidense ha tenido distintos flancos, siendo los más relevantes probablemente el aspecto de entrenamiento y asesoría y la entrega de misiles antitanque Javelin. Tras la invasión rusa de la semana pasada, el presidente Joe Biden ha autorizado una nueva partida de 350 millones.

Entre los actores principales en el apoyo a Ucrania destaca Turquía, con el suministro desde 2019 de los mencionados drones armados —modelo Bayraktar TB2, junto con los radares y los misiles pertinentes—, que han demostrado su eficacia en el reciente conflicto del Nagorno Karabaj. El ministro de Defensa de Ucrania ha informado este miércoles 2 de marzo que su país tiene previsto recibir una nueva partida. El Reino Unido tuvo un papel relevante en la formación de las fuerzas ucranias, y también en la entrega de armas.

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Los nuevos anuncios de ayuda incluyen distintos tipos de armas, pero sobre todo misiles antitanque y misiles antiaéreos. También se han ofrecido metralletas, obuses y rifles de asalto. La UE estudia la posibilidad de entregar aviones de combate, aunque el proyecto no parece despegar.

Siemon Wezeman, investigador sénior del programa de suministro de armas del Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, resume así el movimiento: “Se trata por lo general de armas que las fuerzas ucranias pueden usar con facilidad; que los países occidentales tienen almacenadas y pueden entregar con rapidez; las cantidades comprometidas no son enormes, pero se trata de armamento útil. No suponen un cambio de equilibrio mayor en el terreno de combate, pero tienen relevancia y, sobre todo, envían un fuerte mensaje político”, dice el experto.

Un lanzador de misiles antiaéreos Buk , en Armyansk, en el norte de Crimea, Rusia, el 24 de febrero.
Un lanzador de misiles antiaéreos Buk , en Armyansk, en el norte de Crimea, Rusia, el 24 de febrero.Konstantin Mihalchevskiy / Sputnik / ContactoPhoto (Europa Press)

Entre las dificultades que afronta la iniciativa, destaca el problema de hallar el equilibrio entre reforzar Ucrania sin dar pie a Rusia a considerar esta ayuda como una intervención en el conflicto. Los dirigentes ucranios reclaman que este apoyo, esencial para resistir, se aumente y acelere. A continuación, un repaso a los principales tipos de armas que se han comprometido en ayuda, y quiénes los suministran.

Misiles antitanque

Es una de las armas que figura con más frecuencia en los anuncios de ayuda, obviamente muy útil ante el escenario de una agresión terrestre con columnas de tanques y blindados de todo tipo penetrando en el territorio ucranio. El modelo Javelin, fabricado por Raytheon y Lockheed Martin, es referencia. Tiene un alcance de unos 2,5 kilómetros. EE UU empezó a entregarlos ya antes de la invasión, en 2018, aunque bajo condición de que Ucrania los almacenara lejos de las zonas de combate del Donbás. Otros países, como Polonia o Estonia, se han ido sumando ahora en el suministro de ese modelo.

Reino Unido, por su parte, también empezó la entrega del modelo NLAW, de fabricación anglosueca (Saab-Thales) y con un alcance de entre 400 y 800 metros según modelos y objetivos, antes de la invasión. En enero había ya facilitado unos 2.000 a Ucrania, según declaró su ministro de Defensa. “Pudieron entregarlos y también entrenar para su uso antes de la invasión. Con una semana de formación es suficiente”, explica Wezeman. Suecia ha comprometido 5.000 NLAW y Luxemburgo 100. Alemania también ha anunciado el envío de 1.000 armas antitanque. Noruega aportará 2.000 M72, lanzagranadas también de fabricación estadounidense. Los Países Bajos, 50 Panzerfaust-3 con 400 cohetes.

Soldados ucranios cargan un camión con FGM-148 Javelin enviados por EE UU.
Soldados ucranios cargan un camión con FGM-148 Javelin enviados por EE UU. SERGEI SUPINSKY (AFP)

Misiles antiaéreos

Es otra de las armas más recurrentes en los anuncios de ayuda, y especialmente el modelo Stinger. Se trata de un misil tierra-aire, también fabricado por Raytheon, en dotación de muchas fuerzas armadas desde hace décadas. Alemania ha comprometido 500, los Países Bajos 200.

El control del espacio aéreo es un aspecto crucial de cualquier contienda bélica. Las fuerzas rusas han intentado degradar los sistemas de defensa antiaérea más sofisticados de Ucrania, como los S-300. A medida en que se inutilicen esos sistemas, adquirirá creciente importancia disponer al menos de modelos como los Stinger, que son portables y no demasiado difíciles de usar, según apunta Wezeman.

Aviones de combate

Durante una comparecencia del pasado domingo, el Alto Representante de Exteriores de la UE, Josep Borrell, declaró que los socios consideraban la entrega de aviones de combate a Ucrania. La idea de fondo era recurrir a modelos MiG o Sukhoi en dotación a algunos de los países miembros —Polonia, Bulgaria y Eslovaquia—, ya que los pilotos ucranios están familiarizados con ese tipo de aparatos. Sin embargo, en los días sucesivos declaraciones de responsables políticos de esos países han proyectado dudas sobre la viabilidad de la operación.

Un avión Sukhoi Su-27 en la región de Myrhorod el pasado 11 de febrero.
Un avión Sukhoi Su-27 en la región de Myrhorod el pasado 11 de febrero.STR (AFP)

“Se acumulan problemas de diferente tipo para esta operación”, razona Wezeman. “Por un lado, el hecho de que esta sí sería una entrega con un gran potencial ofensivo, y, por tanto, supone una mayor confrontación con Rusia”. Esto obviamente es un factor de peso. “Por otra parte, Bulgaria por ejemplo señala que si entregara esos aparatos se quedaría descubierta, y sería necesario que otros aliados la metieran bajo su paraguas”.

Drones armados

El suministro de los drones turcos es un aspecto de gran relevancia. El Bayraktar TB2 ha demostrado gran eficacia en combate en el conflicto entre Azerbaiyán y Armenia y las propias fuerzas ucranias los han utilizado en el pasado en los enfrentamientos en el Donbás. Se trata de un vehículo aéreo no tripulado con una envergadura de alas de 12 metros, capacidad de vuelo de hasta 27 horas y cargable con cuatro misiles a guía láser.

“Hasta donde sabemos, Turquía ha entregado una docena de estos aparatos”, explica Wezeman. “Se trata de un arma que sin duda reviste mucha utilidad en un entorno de gran dificultad para moverse en el espacio aéreo y con unas tácticas de las fuerzas terrestres rusas por las que asistimos a la conformación de grandes convoyes. Unos drones armados pueden hacer mucho daño en situaciones como esas. Pero Ucrania no tiene muchos, y también hay limitaciones en la munición”.

Sobre las nuevas entregas turcas pesan los cálculos geopolíticos, con una Ankara que en los últimos tiempos ha estado intentando reconstruir una relación con Moscú lastrada por múltiples motivos. “Kiev dice que recibirá más, pero estamos pendiente de una confirmación turca. Ankara afronta un difícil juego de equilibrios”.

Un tablero muy complejo, en el que cada movimiento tiene mucha relevancia, especialmente a la vista de la gran superioridad del armamento del que disponen las fuerzas armadas rusas.

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Un tanque ruso destruido por las fuerzas de Ucrania en la región de Lugansk, el sábado.
Un tanque ruso destruido por las fuerzas de Ucrania en la región de Lugansk, el sábado.ANATOLII STEPANOV (AFP)

Ucrania amaneció el pasado jueves bombardeada e invadida por una de las Fuerzas Armadas más poderosas del mundo. Rusia dispone de unos 900.000 efectivos militares, el mayor arsenal nuclear del mundo junto al de Estados Unidos, el quinto mayor gasto en Defensa a escala global en 2021 y una considerable experiencia de combate acumulada en múltiples operaciones a lo largo de las últimas dos décadas. Las fuerzas ucranias que se oponen a ese Goliat cuentan con un presupuesto anual que no llega a la décima parte del ruso, sufren una situación de inferioridad en todos los dominios —terrestre, aéreo, naval y ciber— y una experiencia de combate limitada a escenarios diferentes del actual.

Vladímir Putin ha impulsado con determinación la modernización de las fuerzas armadas rusas durante sus dos décadas de liderazgo. Tras el colapso de los noventa, con una falta de fondos que perjudicó a todo el espectro militar con la relativa excepción del arsenal nuclear, en lo que va de siglo el progreso ha sido considerable, especialmente desde 2008. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que se ha cumplido el objetivo del plan 2011-2020 de tener un 70% del armamento y equipamiento con tecnología moderna. También se ha avanzado en la profesionalización de los efectivos, con una mayor cuota de contratados y menor de conscriptos (un 30%).

“Después de la guerra de Georgia, Rusia entendió que era necesaria una compleja modernización”, comenta Pavel Luzin, experto en Defensa de Rusia. “Ganó esa guerra, pero el coste fue relativamente alto; hubo pérdidas, problemas con el sistema de comando y control sistemas de reconocimiento y navegación. Las campañas en Ucrania en 2014 y en Siria pusieron a prueba esa modernización y dieron nuevas pistas. Ahora las fuerzas armadas rusas están mucho mejor que antes, resolvieron los principales problemas en armas convencionales, aunque siguen teniendo problemas con sistemas de control y mando avanzados, armas de alta precisión, y de motivación y pensamiento independiente entre los oficiales”.

Ucrania, por su parte, también ha procedido a una consistente modernización de sus fuerzas desde la agresión sufrida en 2014. Ha recibido entrenamiento y apoyo de países occidentales, incluido armamento, aunque no de gran calado, como misiles antitanque Javelin. También ha adquirido drones armados turcos que se demostraron muy eficaces en el último conflicto en el Nagorno Karabaj. Kiev cuenta con una fuerte voluntad de luchar de sus soldados y con lo que parece ser un sentimiento de disposición a la resistencia en buena parte de la población, lo que podría revelarse en el futuro un factor muy importante.

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Se trata, sin duda, de una lucha profundamente desigual, pero ello no significa que la ofensiva militar rusa vaya a ser una operación fácil, como están demostrando las primeras jornadas. A continuación, algunos de los elementos clave de la contienda bélica.

La ofensiva misilística

Como era previsible, las fuerzas rusas han empezado su ataque con una salva de misiles lanzados contra infraestructura militar ucrania para degradar su capacidad operativa. El Pentágono calcula que en el primer día de ofensiva Moscú disparó un centenar de misiles balísticos de alcance corto e intermedio y de crucero desde plataformas terrestres, navales y aéreas. El segundo día el patrón se repitió, según el recuento publicado por Washington, elevando a 200 el total, y el balance superó este sábado los 250, siendo la mayoría balísticos de corto alcance.

La mejora tecnológica del arsenal misilístico ha sido una de los grandes ejes del proyecto de modernización de las fuerzas armadas que Putin ha perseguido a lo largo de su mandato con ingentes inversiones. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que en los últimos seis años el porcentaje de misiles estratégicos, de largo alcance, con nueva tecnología ha crecido del 40% al 83%. También ha habido mejora en el corto alcance con la progresiva sustitución del modelo Tochka-U con los Iskander-M. Aun así, algunos expertos creen que en corto y medio alcance el porcentaje del arsenal con alta precisión es limitado, y eso explicaría en parte que la intensidad de la salva inicial haya sido inferior a la que muchos esperaban. “Parece que ya en los primeros compases de la guerra, Rusia ha usado gran parte de sus misiles de alta precisión”, comenta Luzin.

Es de temer que, si no avanza adecuadamente en sus objetivos, Rusia pueda decidir abandonar su relativa contención e incrementar la potencia de fuego misilística o de artillería disparando con menores cautelas.

El asalto terrestre

Las fuerzas rusas han penetrado el territorio ucranio en varios ejes desde el norte, el este y el sur, con la conquista de Kiev como objetivo principal y otra ofensiva de relieve contra la segunda ciudad del país, Járkov. Se trata de un intento de guerra relámpago que va directo al corazón de los adversarios, como las fuerzas estadounidenses en la invasión de Irak, en vez de consolidar la paulatina conquista de territorio. En el intento, han logrado avanzar con cierta rapidez pero no han afirmado control sobre grandes urbes. Un informe de inteligencia publicado por el Reino Unido ayer apuntaba a que la avanzada se ha ralentizado, debido a “intensa resistencia ucrania y problemas logísticos”. Estados Unidos estima que habían entrado ayer en territorio de Ucrania algo más de la mitad de los 150.000/190.000 soldados amasados en la frontera, según cálculos occidentales. El viernes la estimación era de un 30%.

En la dimensión terrestre, por su parte, las autoridades ucranias han empezado a alentar a la resistencia civil que es componente importante en tantos escenarios de invasión. Han invitado a la ciudadanía a preparar cócteles molotov, han entregado metralletas y el presidente Zelenski anunció ayer que entregarán armas a quienes quieran ir a luchar por Ucrania, abriendo la perspectiva a la conformación de brigadas internacionales. La guerra urbana es notoriamente muy compleja, especialmente difícil para el atacante, máxime si no está dispuesto a una masacre indiscriminada, que además del monstruoso coste en vidas de civiles acarrea el oprobio internacional del perpetrador.

De momento, Ucrania sostiene haber matado a unos 3.500 soldados rusos, hecho prisioneros a otros 200, destruido a unos 100 tanques y unos 500 vehículos blindados. Rusia niega cualquier baja y afirma haber golpeado unos 800 objetivos ucranios en el conjunto de la ofensiva.

El control aéreo

El Pentágono señaló el viernes que, si bien degradada, Ucrania seguía manteniendo capacidad aérea, tanto en términos de defensas antiaéreas como de confrontación en los cielos. Reino Unido también apuntó ayer que Rusia todavía no tiene el control del espacio aéreo, que es obviamente un aspecto crucial. Rusia sostiene haber golpeado e inutilizado siete aviones militares, siete helicópteros, 14 drones, 14 aeropuertos militares, 24 sistemas de defensa aérea S-3000 y Osa y 48 estaciones radar. Ucrania alega haber destruido 14 aviones, incluido un Ilyushin-76 de transporte cargado de soldados y ocho helicópteros.

En este sector, Rusia dispone de una ventaja cuantitativa y cualitativa sin duda considerable. Un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres apunta que en este sector no se han cumplido muchos de los objetivos de modernización, pero que la paulatina sustitución de los Su-27 con los Su-35 ha mejorado las capacidades.

El dominio naval

El desajuste de fuerzas en este sector es enorme. Las fuerzas navales rusas están muy detrás del poderío estadounidense y pronto se quedarán muy rezagadas ante el enorme esfuerzo de China, pero la superioridad ante Ucrania es absoluta. Kiev denunció ayer que Moscú ha cerrado de facto la navegación en el Mar Negro noroccidental, y también que disparó a dos buques comerciales. La OTAN no dispone de buques en esa zona, y Rusia por tanto aprovecha su superioridad tanto para respaldar la ofensiva militar como para acometer una asfixia económico-comercial a Ucrania.

La ciberguerra

Muchos expertos consideraban que en las fases iniciales de la invasión se habría producido un gran ciberataque para dificultar la defensa, provocar el pánico. Esto no ha ocurrido, aunque sí se detecta una caída en el índice de conexión a Internet, que se sitúa en el 87% del nivel habitual, por disrupciones en el servicio aunque también por alteraciones de las costumbres debidas al conflicto, según datos del observatorio NetBlocks citados por la agencia Reuters.

Rusia es una potencia especialmente agresiva en el dominio ciber, ha golpeado repetidamente objetivos ucranios en el pasado, y no puede descartar que en cualquier momento decida activar con intensidad esta palanca.

Armas nucleares

Rusia dispone, junto a Estados Unidos, del mayor arsenal nuclear del mundo, herencia del desarrollo armamentístico de la URSS. Parte de ese arsenal estaba precisamente situado en Ucrania, que renunció a ello después de su independencia, devolviéndolo a Rusia a cambio de compromisos sobre su seguridad e integridad territorial fragantemente violados por Moscú.

Ayuda occidental

Los países occidentales están incrementando su ayuda a Ucrania. Washington ha anunciado otros 350 millones de ayuda, que incluirán más misiles antitaque Javelin. Los Países Bajos enviarán unos 200 misiles tierra-aire Stinger; Bélgica, 2.000 ametralladoras; y Alemania, en un notable cambio con respecto a su posición anterior, ha autorizado la entrega de Países Bajos a Ucrania de 400 lanzagranadas de fabricación alemana por ver si este armamento llegará a tiempo para la defensa de las fuerzas regulares. Lo que sí parece cada vez más probable es que, incluso si venciera rápidamente la contienda principal, Rusia afronta la oscura perspectiva de una prolongada e irreductible guerra de guerrillas.

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Un código ruso con una bandera de Rusia.
Un código ruso con una bandera de Rusia.Kacper Pempel (REUTERS)

“Tened miedo, y preparaos para lo peor”. A mediados de enero, mientras las tropas rusas se iban acumulando en la frontera con Ucrania y se sucedían frenéticos intentos diplomáticos para evitar una conflagración bélica, un ciberataque que llevaba ese mensaje por bandera empezó a infiltrarse en sistemas informáticos ucranios. Varias páginas webs gubernamentales colapsaron debido a la ofensiva.

Las autoridades de Kiev ―y la lógica― apuntaron enseguida hacia Moscú como responsable del ataque. Según un análisis de Microsoft publicado dos días después, su alcance es probablemente más extendido del impacto evidente a primera vista y representa “un riesgo elevado” para agencias gubernamentales. Es prácticamente unánime entre los expertos la opinión según la que, si Rusia decide proseguir en su escalada frente a Ucrania ―y a Occidente―, el ciberespacio será uno de los terrenos que aprovechará para ello. En el pasado, Rusia llegó a sabotear la red eléctrica del país vecino. Y el oleaje podría llegar más lejos: el viernes, los servicios británicos exhortaron a las grandes empresas a reforzar la seguridad antes posible ataques rusos.

“Las ciberoperaciones de Rusia contra Ucrania representan la campaña ofensiva más agresiva de una potencia contra otro país”, dice Greg Austin, director del programa Ciber, Espacio y Conflictos del Futuro del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés). “La intensidad se agudiza. Lo que hemos visto en los últimos tiempos es una ronda de ataques, por lo general con naturaleza de espionaje, contra un amplio abanico de objetivos de importancia estratégica. Esto es importante porque, claro está, todo ciberespionaje puede utilizarse para preparar ataques de sabotaje”.

El episodio es un inquietante recordatorio de la importancia central que el ciberpoder tiene en la competición entre potencias en el siglo XXI. Nuestro tiempo asiste al mayor desafío del statu quo visto en décadas, discutido por una China en poderoso ascenso y una Rusia decidida a afianzar sus intereses. Con el ciberespacio, este periódico empieza una serie de informaciones que pretenden aclarar la relación de fuerzas de los principales Estados y alianzas en algunas áreas decisivas para plasmar el futuro.

La dimensión digital es fundamental en la vida de las sociedades modernas. La prosperidad y seguridad de una nación dependen de ella, y su adecuada defensa es por tanto una cuestión existencial para un Estado. Hay varios vectores de interés para un Gobierno en este dominio, bien por el lado defensivo u ofensivo. Pueden destacarse las actividades de espionaje exterior (político, militar, industrial), de sabotaje (infraestructuras, servicios esenciales, etc.), de interferencias en la vida colectiva de una sociedad adversaria (fomentar la discordia, influenciar elecciones, etc.) o de vigilancia interior (terrorismo, criminalidad, disidencia en el caso de regímenes).

En paralelo, discurren otros aspectos de gran importancia, como el esfuerzo para plasmar normas y estándares internacionales de forma acorde a los intereses nacionales o, por ejemplo, reforzar la seguridad ante amenazas procedentes de grupos criminales, como los ciberchantajes.

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Todas estas cuestiones tienen una relevancia trascendental en este tiempo turbulento: ¿Cómo se sitúan las principales potencias el mundo en este terreno? ¿Quién tiene las mejores capacidades? ¿Quién tiene más ambición?

Los intentos de análisis se enfrentan a la dificultad de juicio en un dominio extremadamente opaco. Sin embargo, hay elementos suficientes como para señalar rasgos relevantes, tendencias y emitir algunas consideraciones. Varios estudios ofrecen sólidas radiografías de capacidades, como los del Belfer Center de Harvard, del IISS (del que Austin fue autor principal) o del Instituto Potomac.

En un juicio sintético, hay convergencia de los expertos en considerar que Estados Unidos es la potencia dominante, que retiene una considerable ventaja sobre los demás; que China hace un enorme esfuerzo para recuperar terreno, y es el único actor con capacidad de situarse en niveles de excelencia en todos los sectores ciber junto a EEUU; que Rusia es un protagonista extremadamente agresivo, con altas capacidades ofensivas pero también claras limitaciones; que varios países europeos son actores relevantes, pero su tamaño limitado y las dificultades para construir sinergias en el seno de la UE ponen la sordina a sus perspectivas.

La actividad ofensiva

Austin y sus colegas publicarán en las próximas semanas un nuevo estudio específico acerca de la actividad ofensiva de Estados Unidos, Rusia y China. Su conclusión, adelanta, es que en términos de sabotaje e influencia Rusia es el actor más agresivo, ante Estados Unidos, y después China. Pekín, en cambio, es notoriamente muy activo en el sector del espionaje, especialmente para robar secretos industriales. Julia Voo, una de las autoras del estudio del Belfer Center de Harvard y especialista en China, subraya en ese sentido el reciente activismo de Pekín para recolectar inteligencia acerca de investigaciones sobre el coronavirus. En cuanto a potencial ofensivo, es razonable pensar que Rusia y China son las fuerzas más capacitadas después de EE UU ―por experiencia acumulada, tipo de liderazgo, medios―. En el sector ofensivo, cabe destacar otros dos actores por su activismo: Irán y Corea del Norte, que figuran junto a las tres grandes potencias entre los cinco países que más ataques acumulan según el recuento que lleva a cabo el Consejo de Relaciones Exteriores de EE UU.

La fenomenología conocida de actividades da una idea de la enorme trascendencia de las cibercapacidades. Desde el virus que en 2010 averió parte de la infraestructura del programa nuclear iraní ―Stuxnet, elaborado por EEUU e Israel según los expertos―, hasta la vigilancia masiva de EE UU revelada por Edward Snowden en 2013, las interferencias rusas en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 o el sabotaje del importante oleoducto Colonial en 2021, lo evidente ya inquieta. Pero hay muchísimo más que no se ve, no solo en términos de espionaje, sino también de actividades de reconocimiento y toma de posiciones previas para posibles acciones futuras. Ante este panorama, todos los Estados buscan afianzar sus posiciones.

“El impulso se nota en múltiples aspectos”, comenta Voo. “Por un lado, los Estados publican ciberestrategias de alcance cada vez mayor; por el otro, introducen elementos regulatorios para reforzar la ciberresiliencia en el conjunto de la sociedad. Uno es tan fuerte como lo es el eslabón más débil de la cadena”, añade.

El sector privado

La situación del sector privado es un componente esencial para medir el ciberpoder de un país. “EE UU tiene las capacidades más avanzadas. Puede ir a cualquier parte y hacer cualquier cosa en el ciberespacio”, dice Austin. “Esto se debe a que ha trabajado a fondo en ello desde hace al menos 25 años, si no 30. A que tiene un complejo militar industrial más avanzado. Pero también a que tiene las compañías más poderosas en el sector, y a la capacidad de movilizar el potencial privado para objetivos militares y encubiertos”.

Ningún otro país del mundo tiene tantas compañías tan avanzadas, ni la capacidad de articular una eficaz interacción entre Gobierno, empresas y departamentos de investigación universitaria. “El Ejecutivo de EE UU puede trabajar con estos referentes para producir capacidades que nadie más puede alcanzar”, añade Austin.

En este apartado, China cuenta con un creciente panorama de empresas y laboratorios fuertes. La perspectiva es alentadora para Pekín. En inteligencia artificial, por ejemplo, el empuje chino es realmente notable. Pero, en conjunto, el gigante asiático todavía se halla a una distancia considerable de EE UU en cuanto a tecnologías punteras y también en nivel general de ciberseguridad. A su favor, en cambio, destaca la pujanza manufacturera, que le ofrece una ventaja en términos de control de elementos estructurales que también importan en el pulso cibernético, como ha quedado evidente en la gran pugna por la instalación de las redes 5G.

Un panorama vivaz del sector privado ofrece, con distintos matices, ventajas comparativas a países de la UE y a otras ciberpotencias respetables como el Reino Unido, Canadá o Israel, con respecto a economías mucho menos vibrantes, como Rusia, Irán, o, por supuesto, Corea del Norte.

Las alianzas

Otro elemento fundamental para dibujar el mapa de relación de fuerzas es el de las alianzas. Este es otro factor que apuntala la posición dominante de EE UU, ya que entre sus aliados figuran algunos de los Estados más capaces, mientras China y Rusia no cuentan con ningún socio de primer orden.

En el sector hay un entramado de alianzas de distintas características que se sobreponen. Destacan el grupo de los Cinco Ojos (EE UU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), obviamente la OTAN y la UE, pero también convergencias de otro tipo, políticas (G7) o de Defensa (QUAD, AUKUS, ambas con proyección indo-pacífica) y muchas relaciones bilaterales fructuosas. Cada cual tiene un ámbito de desarrollo. “Las alianzas son un factor interesante y complejo. Se nota aquí la perspectiva del minilateralismo que parece ser una apuesta de la Administración Biden, con una pléyade de geometrías que sirven propósitos ligeramente diferentes”, comenta Voo.

Los Cinco Ojos, con un largo historial y una alta confianza entre los socios, tiene un considerable nivel operativo. La OTAN, por supuesto, tiene relevancia defensiva, pero es un grupo amplio —30 países— y con niveles de confianza variables entre socios. Para Washington, una cosa es compartir con Londres, otra con Budapest. Para París, un asunto es cooperar con la otra gran potencia de la UE, Alemania, otra con un Reino Unido en fase de relación turbulenta.

En cuanto a la UE, el grupo avanza hacia una mayor coordinación. Cuenta con un agencia de ciberseguridad (ENISA), un andamiaje para adoptar sanciones en represalia por ataques. Hay planes para constituir una ciberunidad conjunta con cierta ambición y, según anunció la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el discurso del estado de la Unión del pasado septiembre, activar una política de ciberdefensa. Esto último, como todo lo que atañe a la defensa, es especialmente complicado. Más espacio hay para avanzar hacia objetivos que fija la ciberestrategia de 2020: soberanía tecnológica, capacidad de disuadir o repeler ataques, proyección global normativa y regulatoria.

“La primera estrategia en esta materia es de 2013. En menos de 10 años el nivel de progreso no tiene parangón en otras áreas de seguridad. Naturalmente hay que mirar los detalles, y hay áreas mejores que otras. Pero en conjunto creo que el progreso logrado es sustancial”, afirma Patryk Pawlak, experto que lidera el área de ciber del Instituto de Estudios de Seguridad de la UE (IES). “Si se mira desde el punto de vista de la Defensa, por supuesto hay mucho que hacer. Es lógico que se desee estar a la altura de EE UU y China, pero no hay que olvidar que esto es otra cosa”. Pawlak ha coordinado un estudio publicado el año pasado por el IES sobre las perspectivas de cooperación internacional en la materia.

En ese contexto, España es un socio con “capacidades técnicas son muy buenas, tanto nivel de recopilación de inteligencia, como defensivas”, considera Raquel Jorge Ricart, investigadora del Real Instituto Elcano que trabaja en la agenda tecnológica y digital. La experta señala que estrategia nacional de ciberseguridad se considera “uno de los grandes ejemplos de potencia media” y destaca entre las áreas que necesitan mejorar la protección de las infraestructuras públicas y ampliar la proyección del área ciber en un abanico más amplio de políticas.

Normas y estándares

Las alianzas son naturalmente fundamentales también en la vertiente normativa relacionada con el ciberespacio. Desde hace tiempo se libra un pulso importante en esta materia “entre Estados Unidos y sus aliados, por un lado, y China, Rusia y otros 40 o 50 países, por el otro”, dice Austin. Si en el ámbito operativo los occidentales no afrontan nada parecido a una alianza, en el debate normativo sí hay un cierto grado de convergencia entre un bloque de países que abanderan una alternativa, nutrido por destacados regímenes autoritarios.

Aunque es poco realista la perspectiva de pactar significativas normas vinculantes a escala global ―sí existe un cuerpo de normas voluntarias definidas en 2015 por un grupo de expertos gubernamentales bajo la égida de la ONU― la ciberdiplomacia sigue siendo un factor importante en un ámbito en constante evolución y con mil facetas.

Un segundo nivel de este terreno es el de la fijación de estándares. “Aquí se ha construido la narrativa de que China ha logrado dominar la imposición de estándares, pero es un mito al 100%”, dice Austin. “Por supuesto Pekín lo intenta, pero los cuerpos que se dedican a ello son muy democráticos y Occidente mantiene mucha influencia gracias a que todavía tienen un enorme peso con sus empresas. La UE, por ejemplo, en este apartado es importante”, agrega.

Otras potencias

Japón, tercera economía del mundo, cuenta con el activo de una sociedad muy tecnológica y digitalizada, pero el liderazgo político no ha afrontado con determinación esta materia, dejando al país en una situación de retraso con respecto a su potencial. El país asiático lanzó el pasado mes de septiembre una Agencia Digital, brazo ciber del Ejecutivo, con el que pretende reorganizar el sector.

La India dispone de una economía digital de tamaño considerable y de especialistas que brillan. Pero su capacidad pública está muy rezagada con respecto a las grandes potencias, y su radio de acción está muy concentrado a escala regional.

En Oriente Próximo, destaca Israel, país con grandes capacidades, tanto por una economía vibrante que desarrolla conocimiento y tecnología, así como por las determinación de los poderes públicos en esta materia. Pegasus, un software de espionaje desarrollado por una de sus compañías y vendido a muchos países, es objeto de un escándalo internacional por el terrible uso que se ha hecho de él contra disidentes o periodistas. En la región, otros actores son muy activos en la materia, especialmente Irán, aunque con capacidades limitadas.

En Europa, los expertos tienden a destacar al Reino Unido y Francia como los mejor situados.

La batalla por el control del ciberpoder está lanzada en múltiples planos. La hegemonía en el mundo moderno depende en gran medida del desarrollo de esta competición invisible.

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24Horas.cl Tvn

12.05.2021

La Brigada Investigadora de Delitos Sexuales (BRISEX) de la PDI dio a conocer un informe que revela el comportamiento del delito sexual en el país entre el 1 de enero y 31 de marzo de este año. Según el reporte se realizaron 1.686 denuncias a nivel nacional por este tipo de delitos en las unidades dependientes de la Policía de Investigaciones de Chile, 88 más que las recibidas en el mismo periodo del año pasado.

En entrevista con 24Data el subprefecto y jefe de BRISEX metropolitana, Manuel Fuentes señaló que “si hay un aumento de casos es porque se denunció más, pero la cifra negra quizás podría ser más alta, dado que en los casos de abuso y violencia sexual hay una alta cifra negra de gente que no denuncia a su entorno directo”.

El experto añade además que las razones por las cuales una víctima no denuncia son variadas, “algunos pueden ser por la edad, por miedo o por factores de dependencia que pueda tener la víctima con el victimario como podría ser en el caso de los menores de edad. No hay una única razón”.

Niñas y niños son los más afectados

Con el eslogan “quédate en casa” las autoridades llaman a protegerse del coronavirus. Sin embargo, para algunos la seguridad no está precisamente en este lugar.

“Tal como lo demuestran las estadísticas y tomando en cuenta que -en su mayoría- los casos se cometen dentro del entorno familiar o en relación con conocidos, debido al confinamiento se entiende que víctima y victimarios conviven por mayor lapso de tiempo en el mismo espacio físico, lo que podría traducirse en mayores posibilidades de la comisión de dichos delitos”, señala el subprefecto y jefe de BRISEX metropolitana, Manuel Fuentes.

Los niños y niñas con menos de 14 años son quienes concentran la mayor cantidad de denuncias por agresiones sexuales. De hecho, los tres delitos que predominan respecto a la cantidad de denuncias reportadas son respecto a este grupo etario: abuso sexual de menor de 14 años, violación de menor de 14 años y violación de mayor de 14 años.

*Si tienes sospechas de que se está comentiendo un abuso infantil contactaté al Fono Niños 147 de forma gratuita para orientación y, de corresponder, acudir en su auxilio.

*Para realizar una denuncia puedes llamar al 134 de la PDI, o dirigirte a las unidades de la policía.

 

Respecto al género de las víctimas, si bien el informe señala la existencia de denuncias hechas tanto por hombres como mujeres, la evidencia señala que son muchas más las mujeres quienes han sido víctimas de este tipo de delitos, lo que corresponde a un 85% del total de denuncias registradas este trimestre. Sin embargo, ambos géneros han aumentado sus casos con respecto al año anterior.

 

El rol de la sociedad

Según las cifras trimestrales, el 72% de las víctimas y denunciantes son mayores de 14 años mientras que el 28% son menores de 14 años. El subprefecto Manuel Fuentes asegura que gran parte de las víctimas tienen acceso a internet por lo que “visualizar los hechos delictivos que atentan contra la integridad, libertad e integridad sexual de las víctimas, a través de cualquier canal incluyendo las redes sociales, generan información que motiva a quienes antes no se atrevían a denunciar ahora sí lo hagan. De ahí que el rol que juega la sociedad se vuelve fundamental”.

Según el subprefecto “muchas personas nos han dicho que a raíz de la comunicación que se le ha dado a la violencia contra la mujer y con el tema de Las Tesis y este tipo de organizaciones, se han sentido empoderadas y conscientes de que lo que les ocurrió es una vulneración a su identidad, libertad e integridad física y sexual, y se han atrevido a denunciar”.

Además, agrega que un factor importante es la desinformación en la población y para eso el conocer testimonios y la visibilización de estas problemáticas se torna clave.

“Es una realidad que muchas de estas víctimas tienen normalizadas conductas que son delitos, pero se han desarrollado bajo un entorno delictivo que normaliza. A raíz de la información que entrega la sociedad civil se dan cuenta que están siendo víctimas y se atreven a denunciar”, afirma.



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