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El fin de la guerra de Vladímir Putin contra Ucrania no parece cercano. Pese a las promesas de Moscú de reducir “drásticamente” los ataques en esa zona, las tropas del Kremlin han seguido bombardeando con fuerza Chernihiv, en el noreste del país, prácticamente sitiada por las fuerzas rusas y muy castigada por los bombardeos. Un día después de las conversaciones de paz en Estambul que ofrecieron pequeños avances en la senda del diálogo, Rusia también ha atacado los alrededores de Kiev pese a que, como en Chernihiv, se comprometió a no hacerlo para “aumentar la confianza mutua” en las conversaciones.

Ante la falta de avances en la capital y con sus tropas empantanadas y problemas logísticos, Moscú sigue presionando esas zonas, aunque centra sus esfuerzos en el este de Ucrania. Sobre todo en Donbás, donde han aumentado los esfuerzos para avanzar hacia la ciudad de Sloviansk, en la región de Donetsk, y progresa en la ofensiva sobre Mariupol, la localidad portuaria arrasada por las bombas de la que ya controlan una parte y donde están tratando de forzar una capitulación.

Las tropas rusas se han reorganizado también para desbaratar la contraofensiva ucrania en el sur, donde han hecho sus mayores avances hasta ahora con la captura de Jersón, la única capital regional que controlan. Moscú trata de mantener sus logros en ese flanco donde está usando como lanzadera militar la península de Crimea —que se anexionó ilegalmente en 2014— y avanzar sobre Mikolaiv y hacia el este, con el objetivo de rodear a las tropas ucranias en el Donbás desde el noreste y desde el sur, según el último análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra.

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, advirtió el martes por la noche que el país “no debería dejar de estar vigilante” tras el anuncio de Rusia de que reduciría sus actividades militares cerca de Kiev. El Gobierno ucranio y sus aliados occidentales son escépticos sobre los anuncios e intenciones de Putin. Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha recalcado que no hubo grandes avances en Estambul aunque ha señalado que la entrega de propuestas por escrito de Kiev es un “factor positivo”. “Todavía queda mucho trabajo por hacer”, ha insistido Peskov, que ha explicado que la delegación negociadora rusa se reunirá con Putin. Moscú trata de tener ventaja en la mesa de negociaciones.

Mientras, el ministerio de Defensa de Reino Unido ha señalado que las tropas de Putin se han visto obligadas a regresar a Rusia para reorganizarse y reabastecerse tras sufrir grandes pérdidas. El cambio de enfoque de Moscú hacia el Donbás es “probablemente una admisión tácita de que está luchando para mantener más de un eje de avance”. En su análisis, Londres ha advertido también de que Rusia “probablemente compense su reducida capacidad de maniobra terrestre a través de artillería masiva, ataques y misiles”.

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400 civiles muertos en Chernihiv

En Chernihiv, la situación es dramática, advierten las autoridades locales. En la ciudad han muerto unos 400 civiles desde que Putin lanzó la invasión. Quienes permanecen en la ciudad, con 285.000 ciudadanos censados antes de la guerra, una localidad tranquila y donde apenas nadie creía en la posibilidad de que el conflicto armado llegase a sus puertas, no tienen agua, electricidad ni gas. Esta noche y esta mañana han seguido allí los bombardeos. El gobernador, Viacheslav Chaus, y el alcalde, Vladislav Atroschenko, han acusado al Kremlin de mentir. “La ‘disminución de la actividad’ en la región de Chernihiv fue demostrada por el enemigo que realizó ataques en Nizhyn, incluidos ataques aéreos, y durante toda la noche atacaron Chernihiv”, ha alertado Chaus en un mensaje de Telegram. Chernihiv está a unos 140 kilómetros de Kiev.

Oleksiy Arestovich, asesor presidencial ucranio, ha advertido este miércoles de que Rusia está moviendo tropas del norte, sobre todo de la región de Kiev, al este para cercar a las fuerzas ucranias; pero no ha constatado retirada de la zona de Chernihiv. Mientras, han agudizado la ofensiva en el área del Donbás, la zona minera del sureste del país que da nombre a la operación de Putin para “desnazificar” Ucrania y liberar y “proteger” a la población rusoparlante.

Pavlo Kirilenko, el gobernador de Donetsk, una de sus dos regiones del Donbás, ha remarcado este miércoles que las tropas del Kremlin están bombardeando todas las ciudades a lo largo de la línea del frente que ha separado durante casi ocho años las fuerzas ucranias de las de los separatistas prorrusos a través de los que Moscú controla la autodenominaba “república popular” de Donetsk.

Las fuerzas de Kiev han combatido cuatro avances rusos en las regiones de Lugansk y Donetsk en los últimos días, según el Ejército ucranio. Las autoridades denuncian, además, que Rusia está bombardeando con “artillería pesada” zonas residenciales de la ciudad de Lysychansk, en la región de Lugansk. El Ministerio de Defensa de Rusia ha asegurado este miércoles que ha destruido con sus ataques “equipo militar ucranio” y dos almacenes en el Donbás.

En Mariupol, también en la región del Donbás, siguen produciéndose intensos combates. La ciudad lleva bajo asedio y cercada un mes y está prácticamente devastada. Las autoridades locales estiman en 5.000 los civiles muertos en la ciudad. Mientras, Moscú ha asegurado que no ataca a civiles y culpa a las “fueras nacionalistas” de la destrucción de la ciudad portuaria, símbolo ya del sufrimiento de la ciudadanía ucrania. Más de cuatro millones de personas han abandonado ya Ucrania por la violencia desatada por la invasión de Vladímir Putin, que pese a las grandes pérdidas de vidas humanas — y de sus propias tropas— y la condena internacional, insiste en que todo está saliendo según su plan.

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El día que comenzó la invasión de Ucrania, Putin recibió en Moscú al primer ministro de Pakistán, Imran Khan. El hecho, en apariencia una coincidencia aciaga, no pasó desapercibido en la India. Pakistán, némesis desde la partición de 1947, representa, junto a China, el principal desafío para la seguridad territorial del país. La semana pasada, las autoridades chinas sorprendieron a la India al proponer una inesperada visita del ministro de Exteriores, Wang Yi, para fin de mes.

Se ha especulado bastante sobre las causas que han llevado a Nueva Delhi a abstenerse en las resoluciones de Naciones Unidas contra Rusia. ¿De qué lado se encuentra la India? “Estamos de nuestro lado”, respondió al ser preguntado Pankaj Saran, antiguo embajador de la India en Rusia, según informa The New York Times.

La estrecha relación que mantienen la India y Rusia viene de lejos. Durante la Guerra Fría, Nehru, líder sesgado del movimiento de no alineamiento, y posteriormente su hija Indira, buscaron en Rusia un contrapeso a China, Estados Unidos y Pakistán. Además de ser el principal proveedor de armas, Moscú ha vetado en varias ocasiones las resoluciones sobre Cachemira en el Consejo de Seguridad de la ONU. Y, si bien es cierto que tras el fin de la Guerra Fría, la India comenzó un acercamiento a Estados Unidos que culminó con la incorporación al Quad, lo logró sin debilitar su relación con Rusia. Este multialineamiento flexible, que en el fondo es un no alineamiento de tiempos de bonanza, se explica por la destreza de la diplomacia india, capaz de compartimentar relaciones con países antagonistas sin generar conflictos de lealtad, como es el caso de Israel e Irán, además del mencionado. Sin aspiraciones territoriales expansionistas ni pretensiones de cambiar el orden mundial, la India no es percibida como una amenaza política internacional.

Mientras seguimos con horror la guerra en Ucrania, Asia es protagonista de tenues pero significativos movimientos geopolíticos, como las visitas de Khan y Wang Yi. La declaración conjunta de Xi Jinping y Putin de febrero incluye las líneas maestras de una brújula estratégica sino-rusa: fusionar sus respectivas áreas de influencia, afianzar la presencia en Eurasia y el Indo-Pacífico y prevenir la presencia de EE UU en la región. Una coalición formidable que engloba la dimensión continental y la oceánica, las tesis de Mackinder y Spykman. En este contexto, la India despunta como un actor clave. Lo demuestra el llamamiento a reforzar la cooperación Rusia-India-China de la declaración conjunta. Dada la buena sintonía entre Rusia y la India, China y Pakistán, se trataría de aprovechar las sinergias cruzadas para limar diferencias. La guerra de Ucrania propicia un realineamiento mundial que en Asia resulta patente. Por su talante no alineado, en un contexto de posguerra fría, la India ha podido compartimentar sus ecuaciones de poder. En el nuevo escenario, tendrá que decidir hacia qué lado quiere inclinarse. @evabor3

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Kiev se ha instalado en algo parecido a una tierra de nadie dentro de la guerra que comenzó hace 25 días en Ucrania. Las tropas rusas no han accedido al corazón de la capital ni han llevado a cabo incursiones o bombardeos intensos, aunque sí se producen intensos combates en las localidades de sus alrededores. Pero los cientos de miles de habitantes que todavía siguen viviendo en Kiev no tienen ni un solo día de calma. Este domingo ha vuelto a haber un ataque en un barrio residencial sin que se hayan producido víctimas mortales y al caer la noche, el fuego antiaéreo ha retumbado en toda la ciudad. Se calcula que aproximadamente la mitad de los tres millones de personas que vivían en la principal urbe del país la han abandonado desde que comenzó la invasión de las tropas del Kremlin el pasado 24 de febrero.

Los controles militares, las barricadas y los bloques de hormigón con los que se trata de frenar la posible incursión rusa en la capital forman ya parte de la nueva fisonomía. El tráfico es escaso y las aceras están desiertas casi a cualquier hora del día, pero a veces se forman atascos en los puntos en los que militares o policías requieren a los conductores que se identifiquen o que abran el maletero del coche para comprobar qué es lo que transportan. Hay miles de personas entre civiles y uniformados pendientes de la seguridad de la ciudad, pero los carros de combate rusos no se han acercado al centro.

Sin embargo, a las dos de la tarde del domingo una explosión se escuchó a varios kilómetros de distancia tras sacudir una zona residencial a medio camino entre el centro de Kiev y la localidad de Irpin, escenario desde hace días de intensos combates. Varios coches han ardido junto a un cráter horadado junto a un edificio de viviendas de 10 plantas. Los alrededores han quedado alfombrados de cristales que sonaban al crujir bajo el calzado, conforme los vecinos se iban acercando a contemplar lo ocurrido. No era la primera vez en los últimos días que caía un proyectil en esta zona.

Cientos de ventanas y las fachadas de varios bloques habían quedado dañadas. Las autoridades no han informado de víctimas mortales, pero sí se han registrado cinco heridos. Como ha ocurrido en los ataques que han tenido lugar en los últimos días, hasta la escena se ha desplazado con rapidez el alcalde de la capital, el antiguo campeón de boxeo Vitali Klichko. Junto a las ambulancias, que han trasladado a dos de los heridos al hospital, han llegado también camiones de bomberos para apagar el incendio. Es una ceremonia que se repite desde que, el segundo día de la guerra, Rusia atacó por vez primera en la capital un edificio donde viven civiles en una acción que se ha repetido en varias ocasiones desde entonces.

Eugeni, de 33 años, contempla lo ocurrido este domingo en su edificio a cierta distancia en compañía de una vecina de avanzada edad de la que se está haciendo cargo. Esperan a que la zona deje de estar acordonada por las fuerzas de seguridad para volver a casa pese a los destrozos. De fondo se escucha el trabajo para acabar de retirar los cristales del que fue su colegio, a unas decenas de metros del edificio donde habita. Contempla la escena con nostalgia. “Esta es mi ciudad y pienso regresar a mi casa”, cuenta decidido Eugeni señalando hacia la fachada dañada de su bloque. Con los ojos llorosos, pese a su determinación, explica que su mujer embarazada de seis meses se ha tenido que marchar lejos de Kiev. Ambos esperan un niño que será su primer hijo.

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Decenas de periodistas de todo el mundo han acudido hasta el lugar de la explosión para tomar imágenes o realizar conexiones en directo. Uno de los militares que custodia la zona se queja de lo que él entiende que son mirones. “La gente aquí vive bajo presión porque llevamos recibiendo cohetes de los rusos desde hace un mes. Vivimos bajo un peligro muy grande”, cuenta Anton, de 32 años, otro vecino, que se expresa en español. “La gente que vive aquí son completamente civiles. Aquí no hay ningún objetivo militar, como dice la Federación rusa que está bombardeando, y sí mucha gente que vive aquí, mujeres con niños, personas que no quieren dejar su ciudad natal. Cada noche, muchos han de refugiarse en los sótanos”, añade mientras de fondo se escuchan las detonaciones y suenan las alarmas que alertan ante un posible ataque aéreo.

Fuera del cordón de seguridad se ha instalado una carpa de la Cruz Roja donde son atendidos algunos vecinos. Diana, una voluntaria de 21 años cuenta que muchas son personas mayores a las que han de escuchar y a las que ofrecen un té y un café. “A muchas les cuesta abandonar su casa” incluso en días con ataques como este porque es “donde han vivido toda su vida”, comenta la joven voluntaria.

Mientras, lejos del lugar del ataque del domingo, la plaza que se abre delante de la catedral de Santa Sofía, en el centro, una alfombra de un millón y medio de tulipanes recuerda a los caídos en la guerra. La explanada se ha convertido en lugar de peregrinación para algunos kievitas que acuden a contemplar la escena o a fotografiarla con su móvil.

Un millón y medio de tulipanes forman una alfombra en honor de los caídos en la guerra delante de la catedral de Santa Sofía de Kiev.
Un millón y medio de tulipanes forman una alfombra en honor de los caídos en la guerra delante de la catedral de Santa Sofía de Kiev.Luis de Vega

A unos 700 kilómetros de esa plaza, en el sur del país, se ha registrado el segundo ataque con misiles hipersónicos, de acuerdo a la información rusa. Ha sido en Konstantinovka, una ciudad de 70.000 habitantes, donde el proyectil lanzado desde Crimea y capaz de burlar las defensas antiaéreas, habría destruido “un gran almacén de combustible”, según el Kremlin. “Desde esa base se efectuaban los principales suministros de combustible para vehículos blindados ucranios en áreas de combate en el sur de Ucrania”, ha asegurado el Ministerio de Defensa ruso.

Ucrania ha denunciado este domingo otra matanza de civiles que asegura se produjo el 11 de marzo en Kreminna, una ciudad de 23.000 habitantes de Lugansk. Serhii Haidai, comandante del óblast de Lugansk —zona controlada por las tropas ucranias en esta región contestada por los separatistas prorrusos—, ha denunciado este domingo en su Telegram el Ejército ruso mató a 56 personas en una residencia de ancianos. “Lo hicieron de forma deliberada y cínica”, ha afirmado. Haidai ha añadido que no han podido recuperar los cadáveres, y que 15 supervivientes fueron trasladados a un geriátrico en la zona ya ocupada por Rusia de Svatove.

La Defensora del Pueblo ucrania, Ludmila Denisova, ha calificado el ataque de “genocidio”, y ha pedido que se establezca un Tribunal Militar Especial. “Por cada crimen de este tipo, por cada vida inocente quitada, el liderazgo del Estado agresor debe rendir cuentas con toda la severidad del derecho penal internacional”, ha afirmado en un mensaje de Telegram.

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La magnitud y la violencia de la invasión rusa de Ucrania han llevado a la Unión Europea a aprobar en apenas dos semanas las baterías de sanciones comerciales y políticas que había preparado para responder a un ataque que se preveía mucho más limitado y progresivo. Fuentes comunitarias reconocen que el próximo castigo, el quinto desde que se inició el conflicto, prácticamente agotará el margen de maniobra sancionadora y obligará a plantearse incluso la ruptura energética con Moscú, una opción que se había reservado como arma de último recurso. El debate sobre el corte de las importaciones energéticas rusas alcanzará su punto de ebullición este viernes, durante una reunión de los representantes permanentes de los Veintisiete en Bruselas. Alemania y varios socios se resisten a ese castigo por temor al daño a sus propias economías. Pero fuentes comunitarias indican que la prolongación de la guerra y el continuo aumento del número de víctimas civiles redoblan la presión sobre Berlín para que acepte el sacrificio económico de renunciar a la compra de gas, petróleo y carbón rusos.

El debate sobre el corte de suministro ruso se inició, según fuentes diplomáticas, el pasado lunes en la reunión de los representantes permanentes de los 27 socios en Bruselas. La división sobre una medida impensable antes del ataque de Rusia contra Ucrania complicó incluso la tramitación del cuarto paquete de sanciones. Pero las diferencias quedaron aparcadas y las nuevas sanciones se aprobaron finalmente el martes.

La discusión sobre ese embargo energético, según fuentes comunitarias, se retomará este viernes con una nueva reunión de los 27 representantes de las capitales europeas. Aunque no se espera una decisión todavía, fuentes comunitarias indican que se tratará de una primera prueba de fuego “para testar la voluntad de romper de manera tajante” con la dependencia de Rusia. Y apuntan que la evolución en el campo de batalla “puede precipitar un castigo” que parecía impensable antes de que Putin iniciase la guerra el pasado 24 de febrero.

La presencia del presidente de EE UU, Joe Biden, en la cumbre europea de la próxima semana parece llamada a acentuar la presión sobre los socios comunitarios reacios a cortar los lazos energéticos con el Kremlin. Las fuentes consultadas señalan que si Biden presiona a favor del embargo energético en Europa, la UE podría reclamarle un trato más favorable en las condiciones de venta del gas natural licuado estadounidense con destino a los mercados comunitarios.

Washington, explican fuentes diplomáticas, ha sido una pieza clave en el endurecimiento de las sanciones europeas, sobre todo en la primera ronda, cuando Bruselas todavía confiaba en una agresión rusa mucho menos mortífera. El cálculo se torció desde el primer día de bombardeos. Y la continuación de la guerra y su recrudecimiento por momentos hacen cada vez más insostenible el mantenimiento de las relaciones energéticas con el Kremlin.

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Todas las fuentes consultadas, incluso las que no son partidarias de la ruptura energética con Moscú, insisten en que no se puede descartar ninguna opción, ni siquiera la de dejar de importar gas, petróleo y carbón. Las mismas fuentes apuntan a países como Hungría, Italia y, sobre todo, Alemania, como los más reacios a incluir la energía en el paquete de sanciones.

Pero países con mayor dependencia energética que Alemania, como Polonia o los bálticos, ya secundan un embargo al petróleo y al gas ruso aun a sabiendas del grave impacto económico y social que les supondrá. Esa disposición a sacrificarse deja en entredicho la reticencia de Alemania, un país que, según cálculos recientes, sufriría un elevado coste económico pero gestionable. La caída del PIB alemán podría llegar al 3%, según un estudio de este mes de las universidades de Bonn y de Colonia, en el que se recuerda que el batacazo de la pandemia alcanzó el 4,5%.

En cambio, la suspensión de las compras energéticas sería casi el golpe de gracia al régimen de Vladímir Putin, que perdería su principal fuente de financiación para mantener los ataques contra Ucrania. Bruselas calcula que Moscú ingresa unos 700 millones de euros al día por sus exportaciones energéticas. Desde el inicio de la guerra, hace 23 días, el presidente ruso habría amasado, según esos cálculos, unas reservas de más de 16.000 millones de euros.

Corte inmediato

Algunos países quieren actuar de inmediato. Y consideran un error esperar hasta que Putin cometa un acto bélico aun más brutal (como un incidente nuclear) que desencadena las represalias más extremas. “Si quieres hacer algo significativo, este es el momento de asestarle un golpe crítico al régimen y acelerar su colapso económico, no de prolongarlo”, plantea una alta fuente diplomática crítica incluso con anteriores paquetes de sanciones, que prevén largos plazos de implementación, de dos o tres meses, para que los Veintisiete puedan ajustarse. “¿Seguirá existiendo Ucrania en dos o tres meses?”, se interroga esta fuente. “Tenemos el privilegio del tiempo, pero los ucranios no”.

En el bando contrario, en cambio, una fuente europea apunta que el debate debe abordarse con muchísima cautela. “¿De verdad nos interesa provocar un colapso total de la Federación Rusa, con lo que eso supondría de desestabilización para toda la zona?”. La misma fuente recuerda que las sanciones han tenido hasta ahora la unanimidad de los 27 países y el respaldo de todas sus opiniones públicas. Y advierte de que apuntar a los hidrocarburos rusos podría poner en peligro esa unidad y provocar el rechazo entre ciertas poblaciones.

Pero el botín ruso de la energía aumenta día a día al mismo tiempo que Putin lanza misiles contra viviendas, hospitales, teatros e infraestructuras neurálgicas en las principales ciudades de Ucrania. Y para colmo, cuanto mayor es la agresión contra Ucrania más ingresa Rusia porque los precios del petróleo, el gas y el carbón se disparan. El precio del gas ha llegado a ser durante el conflicto un 170% más alto que a principios de año, según datos de la OCDE.

“A medio plazo, los ingresos de Rusia serán la primera víctima, ya que las exportaciones de energía representan al menos un tercio de los ingresos públicos. Pero también la UE se verá dañada a corto plazo con una muy probable escasez de suministro”, apunta Cyrille Bret, investigador del Instituto Jacques Delors y profesor de la universidad francesa Science Po. Y en esta última parte, la de la autolesión en diferente grado, es en la que coinciden todas las fuentes consultadas para esta información.

La Comisión Europea ya está analizando las consecuencias de renunciar total o parcialmente al suministro ruso. Y sus conclusiones, todavía confidenciales, apuntan a un gran golpe para algunos socios de la UE, con posibles reverberaciones para todos, señalan fuentes conocedoras de los informes. Esas mismas voces indican que también se están estudiando planes de contingencia para compensar el golpe.

Fuentes comunitarias indican que el Consejo Europeo, que celebra su cumbre los próximos jueves y viernes en Bruselas, también se plantea invocar el artículo 122 del Tratado de la UE, que contempla la posibilidad de poner en marcha medidas de emergencia “si surgiesen dificultades graves en el suministro de determinados productos, especialmente en el ámbito de la energía”.

Los datos del instituto Bruegel, el mayor centro de estudios de la capital europea, indican que la dependencia energética de Alemania respecto de Rusia alcanza el 27% y la de Italia, el 31%. En países como Letonia o Polonia la dependencia en gas casi total, pero sobre el total de la generación esa fuente solo alcanza el 8% y el 13%, respectivamente, por lo que disponen de mayor margen de maniobra.

Entre partidarios y contrarios de cortar se sitúa un tercer grupo de países, según fuentes diplomáticas, en el que figuran, entre otros, Francia, España y Holanda. Pero la posición de ese bando intermedio podría decantarse de un lado u otro en función del otro debate energético que encrespa los ánimos en la UE: el de contener la factura de la electricidad de hogares y empresas y evitar que el gas marque una escalada de las tarifas como consecuencia del sistema europeo de formación de precios.

El canciller alemán, Olaf Scholz, es el líder a convencer en ambos casos, porque se niega a incluir la energía en las sanciones y a admitir un cambio en el sistema de formación de precios para excluir al gas, tal y como pide el Gobierno de Pedro Sánchez entre otros. La presión para que Berlín cambie de posición no deja de aumentar en uno y otro debate.

Casi un centenar de eurodiputados, prácticamente de todo el arco parlamentario (populares, socialistas, liberales, verdes, izquierda, ultraconservadores y hasta euroescépticos) han firmado una carta reclamando un embargo energético total a Rusia. El texto recuerda que en 2020, con los precios energéticos hundidos por la pandemia, Rusia ingresó 62.000 millones de euros por sus exportaciones energéticas a la UE. Y que con los precios actuales, Putin puede financiar con los ingresos de la venta de gas y petróleo de un solo día la compra de 400 tanques modelo T-72, cuando las fuerzas ucranias habían logrado destruir hasta el 6 de marzo 285 tanques.

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Con apenas 2,6 millones de habitantes, un enclave separatista prorruso (Transdniéster) en su territorio y un ejército mal dotado de 7.000 militares, la antigua república soviética de Moldavia observa la ofensiva rusa en Ucrania con temor por sus costuras. Por un lado, y en lo más urgente, porque es el vecino de Ucrania que más refugiados está recibiendo con relación a su población (4 por cada 100 habitantes); por otro, porque no le sobra el fuelle si la crisis se prolonga: es uno de los países más pobres de Europa y depende por completo del gas ruso. Está también el miedo a ser el próximo —y más fácil— país atacado por Moscú —Moldavia, como Ucrania, no está en la OTAN— o a que se deshilachen sus delicados equilibrios internos, con una Constitución que consagra la neutralidad, una considerable población prorrusa y una presidenta prooccidental y execonomista del Banco Mundial que acaba de formalizar la petición de ingreso del país en la UE.

“Somos de lejos el vecino más frágil de Ucrania”, admitió el sábado su ministro de Exteriores, Nicu Popescu, al advertir de que Moldavia “se está acercando al punto de quiebra”. Embutido entre las mucho mayores Ucrania y Rumania, y sin acceso al mar, el país está sufriendo un duro golpe económico por la guerra, con la pérdida de importaciones desde Ucrania (sobre a todo a través del puerto de Odesa), de las actividades transfronterizas y con la caída de la confianza de los inversores, agregó.

Moldavia es principalmente un país de paso para los refugiados que huyen de Ucrania. De los 250.236 que han entrado, poco más de 100.000 permanecen aún en los centros de tránsito habilitados por el Gobierno y entidades locales. Las autoridades están proporcionando transporte gratuito por tren y carretera con destino a Rumania, desde donde se mueven libremente a otras partes de la UE. Su espacio aéreo está cerrado desde el inicio de la guerra, el 24 de febrero, pero el Gobierno moldavo ha iniciado el proceso para fletar vuelos para refugiados.

Moldavia ha solicitado al Fondo Monetario Internacional “reorganizar y aumentar” su programa de 564 millones de dólares (unos 517 millones de euros), ante el riesgo de colapso si Rusia intensifica los ataques en la cercana Odesa y en Kiev y se dispara aún más la llegada de refugiados, que la ONU ya prevé en cuatro millones a todos los países vecinos. La presidenta, Maia Sandu, ha pedido además ayuda internacional. “Estamos recibiendo ayuda, pero Moldavia no está preparada para una situación así”, admite Segeu Bejerani, empleado del Ayuntamiento de Chisináu que estos días trabaja en el centro de acogida en el palacio de deportes de la capital moldava, en el que medio millar de refugiados descansa en camas portátiles instaladas en hilera, sin ducha ni comida caliente.

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Angela Croitor, responsable de Cruz Roja en la ciudad de Drochia, en el norte de Moldavia, subraya que aún no se ha producido una llegada masiva a las ciudades cercanas a la frontera septentrional y hay cierta capacidad de respuesta local con las contribuciones ciudadanas. “Tenemos que prepararnos, porque ahora la gente está ayudando, pero la situación puede empeorar. Sospechamos que los problemas que ya hay en la región, como el desempleo, serán los que padezcan también los refugiados que se queden”, añade. Un preludio de tensiones a las que pide anticiparse, porque la crisis puede prolongarse.

Importancia estratégica

La estratégica importancia estos días de Moldavia, pese a su escaso peso poblacional y económico, no ha pasado desapercibida en las cancillerías. La semana pasada recibió dos visitantes de peso: el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, y el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, el domingo. En Chisináu, Blinken dejó claro a las autoridades moldavas que, en caso de ataque ruso, Washington actuará como lo está haciendo con Ucrania. “Actuaremos de la misma forma dondequiera y cuandoquiera que se produzca otra agresión como esa”, señaló en rueda de prensa con la presidenta moldava. También apoyó el ingreso de Chisináu en la UE, aunque dejó claro que esa decisión compete a los Estados miembros.

La presidenta de Moldavia, Maia Sandu, durante una rueda de prensa el domingo.
La presidenta de Moldavia, Maia Sandu, durante una rueda de prensa el domingo. DUMITRU DORU (EFE)

Moldavia mira con un ojo el avance de las tropas rusas en Ucrania y, con el otro, los posibles movimientos en el Transdniéster, el enclave separatista prorruso en su franja oriental, que limita con Ucrania y se proclamó independiente a principios de los años noventa, con el desmembramiento de la URSS. Nadie, ni siquiera Moscú, su gran valedor, ha reconocido esta declaración de independencia. Tiraspol, la capital de facto del Transdniéster, está a unos 100 kilómetros de Odesa, sobre la que se teme una gran ofensiva por su importancia estratégica y el avance de las tropas rusas en el mar Negro desde el este. Si el asalto a Odesa (casi un millón de habitantes) se lanzase desde el Transdniéster, donde hay desplegados alrededor de 2.000 soldados rusos, Moldavia resultaría desestabilizada, advierte Armand Gosu, profesor de geopolítica del antiguo espacio soviético en la Universidad de Bucarest.

El Ejército del Transdniéster cuenta además con 10.000 militares, controlados por el servicio ruso de seguridad, como en el caso de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, en el Donbás ucranio. En cambio, las fuerzas armadas moldavas, con 7.000 efectivos a los que falta entrenamiento y armamento, difícilmente podrían resistir una invasión extranjera, ni siquiera solo de los militares rusos estacionados en la región separatista.

“Las tropas rusas pueden ocupar la capital de Moldavia en unas pocas horas. La situación es muy frágil en esta pequeña república. Se trata de un país neutral, que depende energéticamente por completo de Rusia y que cuenta con partidos que simpatizan con Moscú y son muy activos”, señala Gosu, también doctor en Historia de Rusia por la Universidad de Moscú. “Se encuentra bajo la amenaza de Rusia, puesto que el Kremlin quiere mantenerla en su zona de influencia”, apunta antes de recordar que en Moldavia “no está prohibida la emisión de canales de propaganda rusa” ni ha habido protestas significativas contra la guerra, a diferencia de en la mayoría de países occidentales, donde decenas de miles de personas han reclamado en las calles el fin de la ofensiva rusa.

La presidenta del país se ha visto obligada a salir a la palestra. “No hay señales de que la República de Moldavia esté expuesta a unos riesgos relacionados con la guerra en Ucrania y no hay ninguna premisa para que Moldavia se implique militarmente en este conflicto; no se ha emitido ninguna orden de movilización del ejército”, indicó el pasado sábado, después de que un diputado ucranio manifestara que Chisináu pretendía declarar el estado de asedio porque había recibido información de que Rusia iba a atacar Moldavia. “Conforme a la Constitución, Moldavia es un país neutral; no nos involucraremos de ninguna manera en el conflicto del país vecino”, insistió. En la misma línea se expresó el presidente de la vecina Rumania, Klaus Iohannis, en una visita el sábado al puesto fronterizo con Ucrania de Siret. Descartó que Moldavia —donde más de un millón de habitantes tienen pasaporte rumano— corra un peligro inminente.

Gosu sí ve, en cambio, factible que el presidente ruso, Vladímir Putin, ataque otro territorio de la que considera su esfera de influencia si logra en Ucrania los avances militares que se le han resistido y gana la guerra en poco tiempo. “Se siente humillado por Occidente, por lo que puede estar pensando en atacar Polonia, Rumania o los países bálticos”, asevera.

El Transdniéster se ha limitado a solicitar de nuevo a la comunidad internacional que reconozca su independencia en el marco de un proceso de diálogo. Lo hizo un día después de que Chisináu presentase la solicitud de adhesión a la UE, que los Veintisiete acogieron favorablemente el lunes, en tiempo récord. “En el contexto de las nuevas circunstancias, incluidas las creadas por las acciones de los líderes moldavos, pedimos a la parte moldava que inicie un diálogo con la región de Transnistria, con miras a una solución civilizada final de relaciones basada en la existencia pacífica de dos Estados independientes mediante la firma de un acuerdo interestatal”, subrayó la diplomacia del Transdniéster en un comunicado.

“Tiraspol siempre ha jugado un papel importante en la estrategia de Rusia de tensar la situación en Moldavia, independientemente de los acontecimientos”, explica Mihai Isac, analista de geopolítica en el medio Karadeniz Press, quien agrega que “Kiev se ve forzada a mantener importantes fuerzas militares en la frontera con Moldavia debido a la presencia en el Transdniéster del grupo del Ejército ruso y las fuerzas paramilitares del régimen separatista”.

Unos 500 soldados rusos en la parte este del río Dniéster están encuadrados en fuerzas pacificadoras, mientras que los otros 1.500 pertenecen al Grupo Operativo de Tropas Rusas, sin fundamento legal para custodiar un depósito de municiones de la antigua Unión Soviética en la localidad de Cobasna. Esta unidad está directamente subordinada al Distrito Militar Occidental del Ejército Ruso en San Petersburgo. En este almacén, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) estima que todavía quedan unas 20.000 toneladas de armamento.

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El presidente ruso, Vladímir Putin, intensifica su ofensiva contra Ucrania. A medida que las tropas de Moscú enfrentan resistencia del Ejército y de las milicias civiles, el Kremlin ha pasado a lanzar ataques más agresivos y contra infraestructuras civiles. En un intento por aislar la región del Donbás y hacerse con el control de todo el este de Ucrania, Putin ha iniciado esta mañana otro intenso ataque contra la ciudad de Járkov, la segunda más grande en población del país (1,4 millones de habitantes) y de mayoría de habla rusa. La enorme explosión ha golpeado el centro de la localidad —sitiada desde hace tres días y con las fuerzas ucranias reprimiendo la ofensiva—, alcanzando el edificio de la Administración Regional, según ha informado el Ministerio de Situaciones de Emergencia de Ucrania.

La zona afectada por la explosión en Járkov (Ucrania) contra el Edificio de la Administración Regional, el 1 de marzo de 2022.Foto: REUTERS/ Vyacheslav Madiyevskyy | Vídeo: EPV

El vídeo de una cámara de seguridad frente al inmueble muestra las consecuencias del ataque, que ha tenido lugar alrededor de las ocho de la mañana, poco después de que se levantase el toque de queda en la ciudad. Tras el impacto del misil, una gran bola de fuego ha engullido los coches aparcados frente al edificio, junto a la simbólica plaza de la Libertad. El asesor del Ministerio del Interior Anton Geraschenko asegura que la intención del bombardeo era acabar con la vida del gobernador y de la cúpula política de la ciudad.

Aún no hay información sobre muertos o heridos de este nuevo bombardeo sobre Járkov, pero este lunes, en otro ataque contra infraestructuras civiles, diez personas murieron durante un bombardeo a un barrio residencial de la ciudad, según el alcalde, Igor Terejov. La explosión acabó con la vida de una familia entera —los dos padres y sus tres hijos— que viajaba en un coche por la zona atacada. Además, el castigo aéreo provocó decenas de heridos, con lo que las víctimas mortales podrían aumentar en las próximas horas.

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“Un exterminio consciente”

El ataque del lunes contra Járkov, el más destructivo hasta el momento en la guerra de Putin contra Ucrania, visibiliza el cambio de estrategia de Rusia en este conflicto, el mayor en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. “Hoy se ha demostrado que esto no es solo una guerra, es un asesinato de nuestro pueblo, el pueblo ucranio”, dijo el lunes Terejov en un vídeo mensaje publicado en las redes sociales.

Casi 90 edificios de apartamentos de Járkov, capital de Ucrania en las décadas de 1920 y 1930 y un importante centro educativo, han sufrido daños por los sucesivos bombardeos. Muchas partes de la ciudad están sin electricidad, agua o calefacción en pleno invierno y un buen número de personas pasan las noches acurrucadas en los refugios antiaéreos.

”Esto no es un ataque equivocado al azar, sino un exterminio consciente de personas. Los rusos sabían a lo que estaban disparando”, denunció el presidente ucranio, Volodímir Zelenski el lunes por la noche. “Esto es, sin duda alguna, un crimen militar. Una ciudad pacífica. Barrios residenciales tranquilos. Ni un solo objeto militar a la vista”, remarcó el líder ucranio, que ha llevado a Rusia ante la Corte Penal Internacional de La Haya por crímenes de guerra. En concreto, Kiev denuncia que 16 niños han muerto en el país como consecuencia de distintos ataques y que hospitales y otras estructuras civiles han sido bombardeadas o han sufrido daños por ataques en zonas residenciales en los cinco días de ofensiva rusa.

Zelenski ha exigido la paralización “de inmediato” de los ataques, la expulsión de Rusia de la ONU y que ningún país adquiera recursos al régimen de Vladímir Putin. Por su parte, Moscú ha justificado la invasión del Estado vecino por un supuesto peligro de que obtenga armamento nuclear. Mientras se intensifica la ofensiva, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, ha afirmado en una intervención por videoconferencia ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra: “Ucrania tiene aún tecnología nuclear soviética. No podemos no actuar ante ese peligro”.

En Járkov, Maria Avdeeva, una analista ucrania que vive en esa ciudad, cuenta que los bombardeos están siendo muy intensos. Avdeeva estaba en la calle este lunes, con un grupo de medios, cuando uno de los bombardeos alcanzó un área residencial de la ciudad. “Fue terrible”, explica por teléfono. “Estábamos en espacio abierto sin ningún sitio para esconderse. Los ataques han seguido durante 15 minutos. Esa área residencial, con apartamentos y tiendas, sin objetos millares que pudieran ser objetivo de esos ataques”, comenta Avdeeva, por teléfono. La experta cree que el ataque contra Járkov, a 30 kilómetros de la frontera rusa, es la demostración de Putin de que puede atacar a civiles y no le temblará el pulso en hacerlo, como en las guerras de Chechenia, donde aplicó una política de tierra quemada.

El bombardeo de este lunes en Járkov se produjo, además, al tiempo que una delegación ucrania y una rusa se sentaban por primera vez a negociar en Bielorrusia, junto a la frontera de Ucrania, para tratar de alcanzar un alto el fuego. La mesa de diálogo no tuvo logros concretos, aunque los equipos de ambos países se han emplazado a volver a conversar “en los próximos días”. La reunión podría ser esta vez en la frontera entre Ucrania y Polonia, según fuentes del Gobierno de Zelenski.

Un militar ucranio se acerca a un vehículo en Járkov.
Un militar ucranio se acerca a un vehículo en Járkov.VYACHESLAV MADIYEVSKYY (REUTERS)

Mientras, muy cerca de Kiev, una inmensa caravana de vehículos militares rusos que se extiende a lo largo de 60 kilómetros al noroeste de la ciudad, según informa AFP, amenaza con incrementar las hostilidades en la capital de Ucrania, según las imágenes satelitales captadas por la empresa estadounidense Maxar. El ministro de Defensa de Reino Unido ha advertido de que Rusia tiene preparadas “largas columnas de blindados y vehículos con logística” a pocos kilómetros de la frontera y listas para sumarse a la ofensiva y apoyar a sus tropas sobre el terreno. Putin tiene la mayor parte de sus fuerzas terrestres a más de 30 kilómetros al norte de Kiev, que sigue estando en la mira del presidente ruso, que quiere extremar la ofensiva contra la capital, de 2,8 millones de habitantes, para forzar a Zelenski a capitular.

Con los intensos ataques a la sitiada Járkov y el avance de las tropas rusas por el sur, donde han logrado hacerse con el control de Berdiansk, en el mar de Azov, y la dura ofensiva contra la ciudad portuaria de Mariupol, donde la resistencia está plantando cara a las fuerzas de Putin, el Kremlin trata de hacer una pinza para envolver el Donbás. En Mariupol, la mayoría de los vecindarios están sin electricidad ni calefacción, después de que varios ataques alcanzaran puntos de suministro y subestaciones eléctricas, denunciaron las autoridades locales.

Con esos mimbres, también avanza la perspectiva de construir un corredor desde la península ucrania de Crimea, que Moscú se anexionó en 2014 con un referéndum ilegal, hasta las regiones de Donetsk y Lugansk. Ese corredor permitiría una conexión con la estratégica península, que ha estado teniendo problemas de suministro de agua desde la anexión. Además, Putin intensifica su ataque contra la ciudad de Jersón, en el flanco izquierdo de Crimea, un punto clave que permitiría lanzar una dura ofensiva contra Odesa y hacerse con el control de todo el acceso al mar Negro, donde tienen salida tres países de la OTAN: Turquía, Rumania y Bulgaria. Las fuerzas rusas rodearon durante la pasada noche Jersón y desplegaron puestos de control a su alrededor, según las autoridades locales.

La ofensiva de Vladímir Putin para “desnazificar” Ucrania y “proteger” a la ciudadanía ha causado ya cientos de muertos y medio millón de refugiados. El Ejército ucranio está logrando contener por ahora el ataque en las ciudades más importantes del país. Pero los bombardeos han continuado este martes y las fuerzas rusas avanzan.

“Para el enemigo, Kiev es el objetivo clave. Quieren destruir nuestro Estado, y por eso la capital está bajo constante amenaza”, ha advertido el presidente Zelenski, que ha asegurado que Putin está intentando volar la principal central eléctrica de la ciudad para dejar a la capital, donde ya hay problemas de suministro, sin electricidad. Las fuerzas de seguridad ucranias han elevado además sus advertencias sobre infiltrados paramilitares a sueldo de Rusia. El Ejército asegura que tratan de penetrar en Kiev y que visten uniformes de policía o de las fuerzas armadas ucranias.

Al Kremlin no ha parecido importarle la marea de sanciones internacionales a sus empresas, personas y bancos rusos. Este lunes, Moscú ha respondido a las represalias que han cerrado el espacio aéreo europeo a las aerolíneas rusas y a los aviones privados que suelen utilizar los empresarios de la órbita del Kremlin, con el cierre de su propio espacio aéreo a 36 aerolíneas, incluidas las de los 27 países miembros de la UE. Rusia además, ha amenazado a la UE con más represalias. “Habrá una dura respuesta a las acciones de la UE. Rusia continuará asegurando el logro de los intereses nacionales vitales, independientemente de las sanciones o su amenaza”, ha dicho el ministerio de Exteriores ruso en un comunicado en el que ha amenazado también con duras represalias a los ciudadanos de la UE y a las entidades involucradas en la entrega de armas, combustible y suministros de defensa a Ucrania.

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A medida que la ofensiva de Vladímir Putin se intensifica y el jefe del Kremlin eleva sus amenazas, Ucrania se prepara para sentarse a conversar “sin condiciones previas” con una delegación enviada desde Moscú a un punto sin identificar en Bielorrusia, cerca del río Pripyat (en la región de Gomel), junto a la frontera con Ucrania. Las perspectivas de que las negociaciones lleguen a algún punto de resolución del conflicto, sin embargo, son bajas. El jefe de la delegación de negociación rusa, el exministro de Cultura Vladimir Medinski, ha asegurado que Moscú busca un acuerdo que beneficie a ambas partes. Se espera que la reunión empiece a las 12 horas local (las 10 en España). La delegación ucrania, que ya ha llegado al punto de encuentro, ha exigido un “alto el fuego inmediato” y la retirada de las tropas rusas de su territorio.

La delegación ucrania está encabezada por el ministro de Defensa, OleksiyReznikov, que ha acudido acompañado por el asesor del jefe de la oficina del Presidente, Myjailo Podoliak, entre otros altos representantes del Gobierno. ”Cada hora que el conflicto se prolonga, ciudadanos y soldados ucranianos mueren. Nos hemos propuesto llegar a un acuerdo, pero tiene ser en el interés de las dos partes”, ha lanzado Vladimir Medinski, un importante asesor del Kremlin.

Ayer, el presidente Putin ordenó poner en alerta sus fuerzas nucleares y tiene preparado un convoy de cientos de vehículos militares para lanzar otra ofensiva sobre Kiev, que hasta este lunes ha resistido el duro asedio. También sobre Járkov, la segunda ciudad del país, estratégica para hacer una pinza y tomar el Donbás.

Las fuerzas rusas han hecho un importante avance en el sur y controlan ya la ciudad portuaria de Berdiansk, según ha confirmado un portavoz del Ministerio el Interior. La toma de Berdiansk, de 100.000 habitantes, puede ser decisiva para que las fuerzas de Putin se hagan con el control de Mariúpol, la portuaria ciudad del Mar de Azov, que está sitiada. La maniobra permitiría a Rusia avanzar con la idea construir el deseado corredor desde la península ucrania de Crimea, anexionada por Moscú en 2014 con un referéndum ilegal, y el Donbás.

La invasión por tierra, mar y aire de las tropas enviadas por Putin ha causado ya más de 350 civiles muertos, según las autoridades ucranias. Los bombardeos se han incrementado durante la noche del domingo en Kiev, Zhytomyr (noroeste de la capital), Zaporiya (centro-sur del país), Chernihiv (en la frontera con Bielorrusia), según la oficina del Presidente ucranio. Además, Rusia trata de aislar a las fuerzas ucranias en el centro del país para tratar de evitar que avancen a la capital, proporcionen suministros a las tropas en el Este, en Járkov y en la línea de contacto con las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk y también cortar el paso a los suministros enviados por Occidente a través de Polonia.

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El ejército ucranio, ayudado por brigadas formadas por civiles, ha logrado repeler la ofensiva rusa ahora, pero Putin no ha cargado con todo su potencial y las fuerzas ucranias empiezan a tener falta de suministros, municiones y van quedando aislados por franjas en distintos puntos del país. Además, el Estado mayor de las fuerzas armadas ucranias ha acusado a Moscú de atacar aeródromos civiles e infraestructuras críticas —como oleoductos o plantas de energía y suministro— en violación del derecho humanitario.

Pese a la ofensiva y al temor de que el jefe del Kremlin cargue con todo, Kiev ve como una pequeña victoria la celebración de conversaciones con Moscú sin condiciones. Hasta ayer, Putin se negó a hablar con una delegación ucrania sin que antes Kiev aceptara bajar las armas. “El enemigo esperaba un camino fácil, pero se encontró con un verdadero infierno”, aseguró ayer el primer ministro, Denys Shmygal. “[Putin] no entiende que está en guerra no solo con las fuerzas armadas de Ucrania, sino con todo el pueblo ucraniano”.

(Imagen publicada en la cuenta de Twitter del Ministerio de Asuntos exteriores de Bielorrusia en la que se ve la sala donde se celebrará la reunión entre la delegación ucrania y la rusa en una ciudad sin especificar en la región de Gomel, en Bielorrusia).

Zelenski, que, según los servicios de espionaje ucranios y de EEUU, es uno de los objetivos prioritarios del Kremlin, que busca descabezar el Gobierno, no asistirá personalmente a la mesa de diálogo este lunes. Ha enviado una delegación. “Realmente no creo en el resultado de esta reunión, pero haré lo que esté en mi mano. Que ningún ciudadano de Ucrania tenga ninguna duda de que yo, como presidente, no he tratado de detener la guerra”, ha dicho el líder ucranio.

Mientras tanto, Rusia ya nota los efectos de la condena internacional por la invasión. Las sanciones han derivado en el cierre del espacio aéreo de la Unión Europea a las aerolíneas rusas y a los aviones privados fletados por Rusia y que usan muchos de los oligarcas y personas de la órbita del Kremlin. Las duras penalizaciones han hundido además la moneda rusa, el rublo, se ha desplomado.

Los rusos observan con estupefacción cómo la guerra de Putin volatiliza sus ahorros. La moneda nacional, ya devaluada en los últimos años, se hundía en la preapertura de los mercados más de un 28%. Para hacerse una idea, antes de comenzar las sanciones con la anexión de Crimea de 2014 se cambiaba el euro a algo más de 40 rublos. Tras los castigos de estos años por la guerra de Ucrania, la injerencia externa o el envenenamiento de los Skripal, la moneda cotizaba a unos 85 rublos antes de comenzar la invasión la pasada semana, y este lunes por la mañana se hundía a 127 rublos por euro.

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El estruendo de los proyectiles del Ejército ruso y el ulular de las sirenas son la nueva terrible banda sonora que amenaza la vida de los habitantes de Kiev, la capital de Ucrania, en el segundo día de la ofensiva lanzada contra todo el país por el presidente de Rusia, Vladímir Putin. “Es un milagro”, señala con la voz entrecortada Anatoli, de 50 años, delante de un edificio de diez plantas bombardeado en la madrugada de este viernes a una docena de kilómetros del centro de la ciudad. La fachada destrozada con un enorme cráter del impacto delante explica el porqué de ese milagro. Fuentes policiales sobre el terreno confirman a EL PAÍS que solo ha habido cinco heridos. Eran en torno a las cuatro de la mañana cuando “todo tembló y las ventanas de las casas saltaron todas hacia dentro”, relata este vecino. Olga, de 47 años, regresaba a su casa entre lágrimas y todavía incrédula ante la situación que está viviendo. Junto a ella, varios policías y militares rodean la zona mientras los bomberos acaban de recoger. Al menos 137 personas han perdido la vida en la primera jornada de la guerra abierta por Moscú en el país vecino. Mientras, los 27 países miembros de la Unión Europea y Estados Unidos han aprobado una nueva fase de sanciones contra el entramado político y económico de Putin.

Las fuerzas rusas atacan con especial intensidad este viernes la capital de Ucrania, Kiev. El Ejército ruso carga contra infraestructuras civiles para forzar a su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, a negociar y a capitular. El Gobierno de Kiev ha informado de decenas de muertos y heridos en ataques por todo el país. El último balance cifra en al menos 137 las víctimas mortales. Desde el sur y el este del país, las fuerzas especiales rusas y las tropas aerotransportadas tratan además de envolver al ejército ucranio en la región de Donbás, donde los servicios secretos ucranios creen que Moscú puede haber infiltrado además a grupos paramilitares para atacar desde dentro y hacerse con el control total de la zona. El plan podría repetirse, dicen, en otros puntos del país. El objetivo del jefe del Kremlin en Kiev podría ser descabezar a la cúpula del Gobierno. Miles de personas han huido desde el Este, más cerca de la frontera rusa, y de la capital, hacia el Oeste, a ciudades como Lviv, cerca de la frontera con Polonia, donde esta mañana se han oído también las sirenas de alerta por ataques. Decenas de miles de ciudadanos tratan de salir del país hacia Polonia y Hungría.

La vida de los habitantes de Kiev pende de un hilo desde que comenzó el asedio del Ejército ruso sobre la exrepública soviética. Nadie sabe dónde puede producirse el siguiente ataque aéreo, lo que multiplica la ansiedad y el caos. Al mismo tiempo, todos tratan de dar con información fiable para confirmar a cuántos kilómetros se hallan las tropas del Kremlin, que se acercan cada vez más a Kiev.

El gran socavón provocado por el bombardeo del inmueble de diez plantas de Kiev se ha convertido en un lugar de peregrinaje al que se acercan los ciudadanos para comprobar de primera mano la magnitud de los daños. Muchos fotografían la escena con sus teléfonos o graban vídeos para subir a redes sociales. Los cascotes han sembrado el parque infantil que hay justo delante del bloque. Los columpios y el tobogán son testigos mudos de una noche de carreras y alertas que todavía siguen a primera hora del día. Pocos minutos después de las siete de la mañana, las alarmas empiezan a sonar de nuevo. Los vecinos, a la carrera, se dirigen a los refugios más próximos, muchos de ellos al suburbano. En uno de los edificios cercanos al atacado, una treintena de personas se resguarda en silencio en el cuarto de las calderas. Algunos son niños todavía dormidos en el suelo ajenos a todo lo ocurrido.

En un nuevo discurso esta madrugada a la ciudadanía ucrania, el presidente Zelenski ha confirmado múltiples ataques con misiles rusos en varios puntos del país y ha asegurado que las agresiones del Kremlin tienen como objetivo infraestructuras civiles y militares. “Están matando gente y convirtiendo ciudades pacíficas en objetivos militares”, dijo. “Esto es el mal y nunca lo perdonaremos”, recalcó el presidente ucranio, que ha pedido a la OTAN y a sus aliados de Europa del Este asistencia para defensa.

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Mientras, el ministro de Defensa, Dmytro Kuleba, ha asegurado que la última vez que la ciudad de 2,8 millones de habitantes sufrió algo similar fue durante la Segunda Guerra Mundial. “La última vez que nuestra capital experimentó algo así fue en 1941, cuando fue atacada por la Alemania nazi”, ha dicho en las redes sociales. Hay ya unos 100.000 desplazados, según estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Y los países de la UE creen que se puede producir una gran oleada de refugiados.

Los bomberos trabajan en un edificio de viviendas dañado tras el ataque de Rusia.
Los bomberos trabajan en un edificio de viviendas dañado tras el ataque de Rusia. UKRAINIAN MINISTRY OF EMERGENCIE (via REUTERS)

Este viernes se puede convertir en el día más duro de la guerra, ha advertido Anton Gerashchenko, asesor del Ministerio del Interior de Ucrania, que ha asegurado que las fuerzas de Kiev están listas para defender la capital con misiles antitanque suministrados por aliados extranjeros. El ejército ucranio tiene, sin embargo, escasas capacidades en sus sistemas de defensa antiaérea. Con la ofensiva desde cuatro frentes, las fuerzas rusas podrían llegar hoy a las afueras de Kiev.

Ofensiva en el Donbás

El miércoles, poco antes del amanecer en Moscú, el presidente Putin anunció una “operación militar en el Donbás” que justificó como necesaria para defender a la población. “Las circunstancias requieren que tomemos medidas decisivas e inmediatas”, dijo el jefe del Kremlin, que acusó a las autoridades ucranias de “cometer numerosos crímenes sangrientos” y prometió represalias. Putin asegura que que el Gobierno ucranio, cuyo presidente es de origen judío y su abuelo luchó contra la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, es un “régimen nazi”.

Tras recordar que Rusia es “una de las potencias nucleares más poderosas del mundo”, Putin advirtió de que cualquier intento de detener el movimiento de Rusia hacia Ucrania. Lo que anunció como una operación en el Donbás se ha convertido en una gran ofensiva contra todo el país desde tres flancos.

Zelenski, que aprobó el jueves la ley marcial, decretó durante la noche la movilización general de todos los reservistas y reclutas y prohibió abandonar el país a los hombres de entre 18 y 60 años. El presidente ucranio, que había reforzado el Ejército en el este ante la amenaza del Kremlin, que ha concentrado a 190.000 soldados en sus fronteras oriental y norte, está ahora llevando armas adicionales a Kiev, hacia donde avanzan las tropas de Putin que han entrado desde el norte, por zona rusa y Bielorrusa, un área donde se han hecho con el control de la estratégica zona de exclusión de Chernóbil, donde está el sarcófago accidentado de la central que explotó en 1986 en la mayor catástrofe de la historia.

El mandatario ucranio, que ha reiterado que está abierto a hablar con Putin de paz en cualquier lugar y en cualquier momento, cargó contra Occidente y advirtió a la ciudadanía ucrania de que no esperasen ayuda del exterior. “Estamos abandonados a nuestra suerte en defensa de nuestro estado. ¿Quién está listo para luchar junto con nosotros? Honestamente, no veo a nadie”, dijo en un discurso en ucranio, durante un mensaje a la nación en el que apareció con una camiseta militar verde y sin afeitar.

Zelenski afirmó que él es el objetivo número uno de Putin, que, según los servicios secretos ucranios y estadounidenses, puede tratar de capturar o eliminar a la cúpula del país para poner a un Gobierno títere de Moscú. “El enemigo me marcó como el objetivo número uno y mi familia como el objetivo número dos″, dijo. “Quieren destruir Ucrania políticamente destruyendo al jefe de Estado”, remarcó el líder ucranio que aseguró que está en la capital y que se quedaría allí. Zelenski dijo que su familia también está en Kiev, aunque en un lugar secreto. “También hay información sobre los grupos de sabotaje del enemigo que ingresan a Kiev”, advirtió.

En todo el país, las fuerzas de seguridad han instado a los ciudadanos a evitar vestir ropa militar y a reportar a personas con marcas rojas en la ropa. El servicio de espionaje ucranio cree que grupos paramilitares vinculados a la oscura compañía Wagner, gestionada por un aliado de Putin, y que ya estuvo involucrada en operaciones en la guerra de Ucrania de 2014, en Siria y en Libia, pueden estar ya dentro del país.

Varios vídeos y fotografías publicados por las autoridades ucranianas muestran feroces combates en todo el país, con aviones derribados y tanques dañados y vehículos blindados de personal de ambos lados. En Odesa, una ciudad portuaria y estratégica en el Mar Negro a 48 kilómetro de la costa, también se registraron ataques. Allí, en el mar, las fuerzas enviadas por Putin han logrado capturar la llamada Isla de las serpientes, donde el Ejército ucranio tenía un puesto avanzado. Todos los soldados que la custodiaban, 13, han muerto.

En Moscú, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró que Rusia está preparada para negociar con Ucrania si acepta convertirse en lo que llamó “un país neutral” y dejar de desplegar armas. “Nadie está hablando de ocupación”, aseguró. “Idealmente, Ucrania debería ser liberada y limpiada de nazis”, declaró ahondando en la retórica de Putin. Ucrania era un país neutral y con estatus de no alineado cuando Rusia se apoderó de la península ucrania de Crimea tras una rápida intervención y con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional y cuando alimentó el conflicto del Donbás, que va a cumplir ocho años. Tras esto, en 2014, durante la guerra, Kiev votó para abandonar esa posición y establecer una agenda para su membresía de la OTAN.

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Rusia ha atacado esta madrugada Ucrania y ha ido avanzando posiciones a lo largo del día por tierra, mar y aire, en el mayor ataque en suelo europeo desde la II Guerra Mundial. En el vídeo que acompaña esta noticia puede ver las imágenes que resumen la primera jornada de ataques rusos en Ucrania. La ONU calcula que hay más de 100.000 personas desplazadas de sus hogares. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha amenazado con nuevas sanciones en la tarde de este jueves. “Putin tiene ambiciones mucho mayores que Ucrania. Quiere restablecer la antigua Unión Soviética”, ha dicho Biden. El presidente ruso, Vladímir Putin, ha anunciado la invasión, y varias ciudades del este ucranio, desde Sloviansk y Kramatorsk a Járkov, a 30 kilómetros de la frontera, han sido agredidas. El Ejército ruso se ha hecho con el control de la zona de exclusión de la central nuclear de Chernóbil, según ha asegurado el presidente ucranio Volodímir Zelenski. Y también con el aeropuerto ucranio de la ciudad de Gostomel, a 25 kilómetros del centro de Kiev.

El Pentágono considera que el ataque ruso, por distintos flancos y distintos puntos de la frontera, busca “descabezar” al Gobierno de Kiev. El balance de bajas arroja al menos 40 soldados ucranios muertos tras los ataques, según Kiev, que asegura haber matado a 50 militares rusos. Una treintena de civiles han perdido la vida, según datos de la agencia Efe: cuatro han muerto en un ataque en la región de Donetsk y al menos 22 en un ataque aéreo ruso perpetrado en la región de Odessa, a orillas del mar Negro. Según Moscú, sus fuerzas armadas habrían destruido 74 instalaciones militares ucranias y 11 aeródromos.



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El partido de ultraderecha de Rumania ha entrado de lleno en campaña electoral espoleado por los buenos augurios que muestran los últimos sondeos, que le colocan en segundo lugar, solo por detrás de los socialdemócratas. Pese a que las elecciones presidenciales no se celebrarán presumiblemente antes de otoño de 2024, el cabecilla de la ultranacionalista Alianza para la Unión de los Rumanos (AUR), George Simion, parece haber rescatado la estrategia vandálica de las facciones legionarias del periodo de entreguerras que aunaban el nacionalismo y el fundamentalismo antisemita para radicalizar a sus simpatizantes.

Tras varios episodios violentos anteriores, Simion agredió a principios de febrero al ministro de Energía, Virgil Popescu, cuando este señaló a Rusia como responsable del aumento del precio de la energía durante una tensa sesión parlamentaria. “Váyase al señor (Vladímir) Putin para que abarate el gas”, dijo Popescu irritado a Simion, que no cesaba de interrumpir su intervención. Molesto, el ultranacionalista saltó a la tribuna, lo agarró con fuerza por la espalda y le golpeó varias veces en la nuca mientras le gritaba en su cara: “Eres un ladrón”. “Hablo en nombre de millones de ciudadanos”, se justificó. Es la primera vez en la historia democrática rumana que se produce una agresión física.

Sin mascarilla y sin pasaporte covid, una veintena de ultras, con el colíder del partido de extrema derecha al frente, asaltaron el Ayuntamiento de Timisoara el 14 de enero para forzar una reunión con su alcalde, Dominic Fritz, un ciudadano alemán que se convirtió hace más de un año en el primer regidor extranjero en Rumania. “Sal fuera, perro sarnoso” o “Herr [señor] Fritz no olvides, Timisoara no es tuya”, vociferaron los ultras contra el edil extranjero antes de irrumpir por la fuerza en el edificio bajo la aquiescencia de una impasible policía local, acusada de comulgar con las mismas ideas nacionalistas.

“El pueblo debe controlar las instituciones que son dirigidas de manera abusiva por extranjeros’; esa es una retórica nacionalista en la que se ataca a todos los enemigos ajenos de la nación”, explica a EL PAÍS Cristian Pîrvulescu, decano de la Facultad de Ciencias Políticas de la Escuela Nacional de Estudios Políticos y Administrativos de Bucarest. “Los políticos que no sean rumanos serán acusados de traidores”, avisa el politólogo.

Cuatro días antes de ese episodio, Simion se desplazó al centro del país, a la localidad de Sibiu, con casi 150.000 habitantes, para protestar ante una de las casas del presidente rumano, el conservador Klaus Iohannis, de etnia germana, descendiente de los sajones que poblaron Transilvania hace cinco siglos. Arropado por decenas de simpatizantes, el ultranacionalista pidió al jefe de Estado que ordenara a la Fiscalía que retirara el expediente penal contra él por asegurar a principios de año que el Holocausto se trata de una cuestión menor y lo amenazó con iniciar un proceso de destitución.

Alineado con los postulados de los líderes ultraderechistas europeos como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, o la candidata presidencial francesa Marine Le Pen en favor de la soberanía nacional frente a la UE y la OTAN, AUR exhibe con este tipo de comportamiento belicoso su euforia tras subir en las encuestas. El partido pasó de un 1% en septiembre de 2020 a superar este mes el 20% en intención de voto en los sondeos, impulsado por una larga crisis política marcada por la pandemia y que se cerró con un pacto de Gobierno entre el Partido Social Demócrata (PSD) y el Partido Nacional Liberal (PNL). Y se propone escalar hasta convertirse en la primera fuerza en el Parlamento. “Crecemos en las encuestas y vamos a conducir a Rumania, lo percibimos en la calle”, aseguró Simion.

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El líder radical, cuyos mensajes se hacen virales en su cuenta de Facebook, se ve a sí mismo como el abanderado en la lucha contra la vacunación tras frenar en diciembre el pasaporte covid en algunos centros de trabajo. Primero, mediante el bloqueo parlamentario; y, después, a través de otro asalto con violencia, esta vez al Parlamento. La formación ultranacionalista concitó a unas 2.000 personas frente a la sede de las cámaras legislativas para expresar su rechazo al pase covid. La manifestación se descontroló después de que más de 200 personas invadieran el perímetro del recinto sin que interviniera la gendarmería, lo que derivó en actos vandálicos. Los manifestantes dibujaron una esvástica en una bandera de la Unión Europea.

“AUR se ha apoderado de la mayoría de las teorías conspirativas, a lo que se añade el fundamentalismo religioso”, señala Pîrvulescu, a quien no le extraña la actitud laxa de las fuerzas del orden, porque considera que el nacionalismo exacerbado se halla en gran medida en las entrañas de los servicios de inteligencia, la policía y la gendarmería. “Personas con visiones antioccidentales están tanto en el servicio secreto como en las fuerzas de seguridad; son presentados como patriotas aquellos que anteponen los llamados valores nacionales a los internacionales, que consideran que las adhesiones al bloque comunitario y a la Alianza Atlántica están en contra del interés nacional”, subraya Pîrvulescu.

El Ejecutivo pretendía presionar para aumentar la tasa de vacunación —algo más del 40% de la población dispone de la pauta completa—, pero la protesta asustó a los parlamentarios, que decidieron dar marcha atrás para evitar posibles manifestaciones callejeras que pudieran dar un vuelco a la situación política.

Entre los objetivos de los ataques de la extrema derecha también figura la libertad de prensa. La facción ultranacionalista instó a sus partidarios a confeccionar en una red social una “lista negra” de medios de comunicación etiquetados como “los más tóxicos y falsos órganos de prensa”. “Les ha desquiciado que les hayamos nombrado por su nombre: partido de extrema derecha; ahora quieren intimidarnos”, explica a EL PAÍS Cristian Pantazi, redactor jefe de G4Media.ro, medio que encabezó la clasificación de AUR. “Es la primera vez en la historia reciente que un partido político lanza un ataque de este tipo contra una redacción”, lamenta Pantazi.

Los partidos políticos nunca han trazado una línea roja. La Unión Salvar Rumania (USR) y el PNL han hecho varios llamamientos para aislar a AUR en el Parlamento. Incluso propusieron firmar un pacto, pero la iniciativa nunca se llegó a concretar. Por su parte, los socialdemócratas mantienen relaciones cordiales al considerar al partido de extrema derecha como una opción de reserva en el caso de ruptura de la actual coalición. Hasta el momento, el representante gubernamental contra la xenofobia y el antisemitismo, el diputado del PNL Alexandru Muraru, ha sido el único del Gobierno que ha insinuado la ilegalización de la formación de extrema derecha a la que considera “una amenaza contra el orden constitucional”. “Tengo dudas de que las acciones judiciales contra AUR prosperen, ya que una buena parte de los jueces también promueve teorías conspirativas”, remarca Pîrvulescu.

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