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El segundo viernes del Gobierno de Gabriel Boric estuvo marcado por la violencia en el centro de Santiago. Decenas de jóvenes encapuchados se enfrentaron con la policía y atacaron los negocios del sector de la Plaza Italia, epicentro de las revueltas de 2019 que dieron origen al proceso constituyente y de donde salieron buena parte de los votantes del actual presidente. La aciaga jornada ocurrió días después de que La Moneda enviase al Congreso un proyecto de ley para indultar a los presos relacionados con el estallido social. Los vecinos y comerciantes de la zona, hastiados tras casi dos años y medio de disturbios, exigen mayor orden público, uno de los grandes desafíos que enfrenta la nueva Administración de izquierda.

La manifestación para exigir la renuncia del director de Carabineros, Ricardo Yáñez, y la liberación de los presos de la revuelta arrancó a las 17.00 horas, un ritual que se cumple cada viernes. En cosa de minutos un grupo de niñas con los rostros cubiertos encendieron un basurero fuera del metro más próximo a la Plaza Italia, que se vio obligado a suspender las operaciones, y varios jóvenes prendieron fuego a cajas, bidones y bolsas en medio de la Alameda, la principal arteria vial capitalina. Unos golpeaban a los coches que se interponían en el camino y otros aporreaban fierros contra los paraderos de buses al son de “¡Liberar, liberar, a los presos por luchar!”.

Valezca Garcés, de 65 años, era una de las que gritaba. “Voy a venir hasta que liberen a los presos, aprueben el quinto retiro [del 10% de sus ahorros para la jubilación] y le den a los mapuches lo que quieren, que ellos llevan más tiempo que nosotros luchando”. Su candidato presidencial era el comunista Daniel Jadue, que perdió en las primarias de la izquierda ante Boric. Rechaza que el nuevo mandatario haya dicho que “las actividades delictuales que se realizan los viernes no se pueden seguir permitiendo”. “No somos delincuentes, somos pobladores”, sostuvo Garcés. Consultada sobre los actos vandálicos, argumentó que “la violencia es parte del ADN de la revolución”.

Otra pareja de manifestantes, ella de 42 y él de 38, también apoyaban a Jadue. “Boric no era nuestro candidato, era para salir del paso”, apuntó la mujer, a quien le gustaría que el nuevo Gobierno fuese a las poblaciones “donde los niños pasan hambre y los abuelitos no tienen una pensión digna para vivir”. El centenar de personas reunidas eran principalmente jóvenes -que no querían hablar con la prensa-, pero también había niños y adultos mayores.

Los ánimos de la protesta ya estaban encendidos por el disparo de un policía contra un joven que quedó herido en una manifestación estudiantil horas antes. Según información preliminar citada por el diario La Tercera, una veintena de personas atacaron al agente, que este sábado quedó en libertad a la espera de que la Fiscalía investigue lo ocurrido. La portavoz del Gobierno, Camila Vallejo, calificó el enfrentamiento “de suma gravedad”. “Como Gobierno debemos resguardar el orden público, pero siempre apegado a la protección de los derechos humanos”. El viernes anterior, en el marco de una detención a un manifestante de 65 años, el alcalde Jadue criticó la “represión policial”. “¡A no decepcionar al pueblo!”, advirtió en Twitter al Ejecutivo.

Sobre las 19.00 horas de este viernes, la fachada del icónico restaurante Antigua Fuente apenas se podía ver. Un grupo de delincuentes intentaba incendiar el local con una fogata fuera de la fachada completamente cubierta de placas metálicas y protegida por una reja gruesa. Agentes de Carabineros apagaron las llamas y sacaron del recinto a cuatro trabajadores, incluido el dueño y presidente de la Asociación Gremial Barrio Plaza Italia, Carlos Siri, de 55 años. “Hoy para mi es un dia negro”, decía a este periódico horas antes al interior su local. “Lo normal sería que trataran de vandalizar el restaurante de nuevo”.

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Siri acabó la noche en el hospital por inhalar los humos tóxicos. “Tuvimos que llamar a Carabineros cuatro o cinco veces porque cada vez que se iban, volvían a atacarnos”, ha explicado este sábado en una conversación telefónica desde su casa.

Carlos Siri, dueño del restaurante Antigua Fuente, antes del ataque de este viernes 25 de marzo, Santiago.
Carlos Siri, dueño del restaurante Antigua Fuente, antes del ataque de este viernes 25 de marzo, Santiago.A.L.

El local reconocido por sus sándwiches desde hace más de medio siglo ha sido un foco recurrente de los ataques de los viernes. Antes del estallido atendían entre 600 y 700 clientes diarios. Ahora, en un día normal, 250. Y los viernes es una sorpresa cada vez que entra alguien. En la manzana en que está ubicado el restaurante y que desemboca en la Plaza Italia había 18 negocios antes de las revueltas. Hoy solo sobreviven dos. “Somos la única ampolleta encendida en medio del campo, entonces todos vienen a atacarnos. Creen que estamos en contra de los cambios, pero esto no es una sede política, es un restaurante”, añadió este viernes Claudio Siri, de 42 años, primo y socio de Carlos.

El Gobierno no ha hecho declaraciones públicas sobre los disturbios en Plaza Italia y Lastarria, otro barrio aledaño. Fuentes de la Presidencia Regional Metropolitana derivaron a este periódico a hablar con Carabineros sobre el tema. Representantes de la institución informaron que la jornada acabó con siete detenidos y ocho agentes lesionados.

La semana había arrancado con buen pie para los emprendedores. El ministro de Economía, Nicolás Grau, había participado de la primera reunión de trabajo con representantes de asociaciones de restauración del centro de la capital y les había pedido perdón en nombre del Estado por los actos de violencia que han sufrido. Además, se había comprometido, junto a la alcaldesa de Santiago, Irací Hassler, a desarrollar un plan para resguardar la seguridad, aunque sin entrar en detalles.

Cuando el ministro abordó los temas del encuentro en una entrevista, dijo que “obviamente” no iría con su familia a cenar al barrio los viernes por la noche, sacando ronchas en el vecindario. Grau se refirió en particular al bohemio sector de Lastarria, donde también se produjeron actos vandálicos que incluyeron el destrozo de vidrios, bombas molotov y fuegos artificiales.

La actitud de los dueños de las pequeñas empresas y de los vecinos del barrio empeoró el mismo lunes de la reunión de Grau, cuando el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Giorgio Jackson, anunció la suma urgencia al proyecto de amnistía de delitos cometidos “con motivo u ocasión de los desórdenes públicos del estallido social” iniciados en octubre del año 2019.

Luz Galarce, profesora de 52 años y miembro de Santiago se Levanta, una organización que reúne 33 agrupaciones vecinales y gremios de pequeñas empresas, rechaza la propuesta. “Antes de eso deberían aplicar medidas para detener la violencia”, plantea por teléfono. “Muchos vecinos se han ido. Yo temo por mi integridad y la de mi hija, de 14 años, que sufre de ataques de pánico”, agrega. “Con los indultos no podemos estar tranquilos. Cuando salgan a la calle ¿adivina a dónde van a ir? A Plaza Italia”, sostiene Siri, quien está buscando un local en el sector oriente de la capital para trasladar su sandwichería.

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El Tribunal Supremo de Cuba (TSC) dio a conocer el miércoles los fallos de seis juicios celebrados contra 129 cubanos participantes en dos grandes manifestaciones de protesta contra el Gobierno realizadas el 11 y 12 de julio pasados en La Habana, que derivaron en hechos violentos y enfrentamientos con la policía. Las acusaciones fueron por hurto y sedición, y las penas impuestas por los tribunales muy elevadas: 31 personas fueron condenadas a privación de libertad de entre 20 y 30 años, 25 a condenas de entre 15 y 19 años de cárcel y 48 personas más a penas de entre 10 y 14 años de prisión. Solo uno de los acusados fue absuelto, y otro recibió una pena de cuatro años “de trabajo correccional sin internamiento”. Varias ONG y numerosos académicos en las redes sociales han criticado el fallo de los tribunales por considerar las “sanciones desmedidas” y con un “evidente objetivo ejemplarizante”, para desestimular posibles futuras protestas.

Aunque diversas fuentes y familiares de los encausados habían informado antes de que numerosas personas ya habían sido condenadas en diversas localidades del país a elevadas sanciones por las inéditas protestas que sacudieron el país el 11 y 12 de julio, es la primera vez que las autoridades ofrecen datos oficiales de las sentencias de estos macroprocesos. Según la Fiscalía General de Cuba, en el país han sido procesadas por las protestas de julio a 790 personas, de las que 55 tienen 16 y 17 años de edad.

Los juicios contra las 129 personas se realizaron entre el 14 de diciembre y el 3 de febrero, e involucraron a los participantes en las manifestaciones ocurridas en dos barriadas de La Habana, la esquina de Toyo, en el municipio de Diez de Octubre, y en el reparto obrero de La Güinera, donde se produjo un muerto por disparos de la policía. Lo sucedido en Toyo y La Güinera tuvo amplia repercusión y conmovió al país, pues a diferencia de lo ocurrido en otras ciudades y pueblos, donde las manifestaciones fueron mayoritariamente pacíficas, aquí derivaron en una verdadera batalla campal, con patrullas de la policía volcadas y duros enfrentamientos entre agentes del orden y efectivos antidisturbios contra los manifestantes, algo que nunca antes había ocurrido en Cuba.

EL TSC considera “probado y demostrado” que los condenados —de los que no se dice edad, pero que al parecer son mayoritariamente jóvenes— “intentaron subvertir el orden constitucional de forma violenta” obedeciendo “instrucciones impartidas por personas tanto desde Cuba como desde el exterior”. En el caso de los sucesos de la esquina de Toyo, se afirma que los manifestantes “lanzaron piedras y botellas contra varios funcionarios” e “instalaciones de la Policía Nacional Revolucionaria, autos patrulleros; voltearon una moto y carros pertenecientes a la Asamblea Municipal del Poder Popular y provocaron lesiones a otras personas y graves daños materiales”. En La Güinera, el TSC dice que “lanzaron piedras, palos, botellas y cócteles molotov contra agentes” y “otros trabajadores de instituciones estatales (…) a quienes causaron lesiones”, además de asediar “por varias horas” una “unidad de la Policía Nacional Revolucionaria”.

El alto tribunal destaca que en los juicios se tuvo en cuenta “la gravedad, lesividad y violencia de los actos cometidos”, así como que los “sucesos fueron deliberadamente organizados en medio de la situación compleja que atravesaba el país, como consecuencia de la pandemia de la covid-19, en particular en la provincia de La Habana, razones por las que se habían tomado medidas excepcionales para contrarrestar sus efectos, que incluían, entre otras, la limitación de movimiento y el aislamiento social”.

La información del Supremo no hace referencia a las edades de los condenados, pero según la ONG Prisoners Defenders, entre ellos hay siete jóvenes de 16 y 17 años, que han recibido penas de entre 7 y 19 años de prisión, y otro más, que recibió la pena de trabajo correccional. En Cuba, la mayoría de edad es a los 18 años, pero la responsabilidad penal es a los 16 años —el Código Penal contempla la posibilidad de reducir a la mitad las penas a los menores—.

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Muy criticada ha sido la utilización de la figura delictiva de “sedición” para encausar a los participantes en las protestas de julio, las mayores ocurridas en 62 años de revolución. El artículo 100 del Código Penal vigente en Cuba plantea que incurren en este delito, penado con sanciones de 10 a 20 años de cárcel, o pena de muerte, a quienes “tumultuariamente y mediante concierto expreso o tácito, empleando violencia, perturben el orden socialista o la celebración de elecciones o referendos, o impidan el cumplimiento de alguna sentencia, disposición legal o medida dictada por el Gobierno, o por una autoridad civil o militar en el ejercicio de sus respectivas funciones, o rehúsen obedecerlas, o realicen exigencias, o se resistan a cumplir sus deberes”.

En 1994, tras producirse los incidentes del ‘Maleconazo’, las mayores protestas contra el gobierno hasta ese momento, que fueron de mucha menor proporción y focalizadas solo en La Habana, los tribunales cubanos condenaron a cientos de personas por desorden público, pero a sanciones de un año de cárcel en la mayoría de los casos. Por eso, las elevadas condenas de ahora y el uso del delito de sedición han levantado gran polvareda.

El Gobierno cubano niega que las protestas del 11 y 12 de julio fueran un estallido espontáneo y responsabilizan a Washington de alentar la “desestabilización” del país y generar una “situación de ingobernabilidad”. Académicos, sociólogos, historiadores y artistas cubanos han expresado públicamente su rechazo a las condenas desmedidas y ejemplarizantes, solicitando a las autoridades magnanimidad y juzgar sólo a los que participaron en hechos violentos, e incluso hay quienes han pedido una amnistía. EL TSC aseguró que los condenados fueron sometidos a juicio respetando todas las garantías procesales y que tiene derecho a interponer recurso de casación ante el Supremo.

Ayer se conoció también que un tribunal de la provincia cubana de Matanzas comenzó a enjuiciar a 17 detenidos durante las inéditas protestas del 11 de julio en la ciudad de Cárdenas, con peticiones fiscales de hasta nueve años de prisión por los delitos de desórdenes públicos, desacato y atentado.

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«Justicia por un hombre que quería lo mejor para nosotros los sanandresanos», piden por Hety, además se sienten agobiados por la violencia.

«Justicia por un hombre que quería lo mejor para nosotros los sanandresanos» por el caso de Hety, que además se sienten vulnerables, «no nos explicamos por qué hay tantas armas en la isla», ollas de microtráfico y otras bandas delincuenciales, «en una isla tan pequeña».

Noticias Caribe.

«Hety lo mataron desde el 13 y hoy es 16», la molestia en San Andrés porque el mismo gobernador dijo que quienes están tras el crimen del cantante, deportista y líder, «ya tienen nombre y apellido» y hasta este miércoles no hay capturas, «no podemos revelar todo lo que tenemos en este momeno», respondió la policía.

A los sanandresanos «nos angustia el tiempo», a Hety lo habrían matado por error, esa es la hipótesis

El General Luis Gómez Heredia, habló con la comunidad que protestaba en la Avenida Newball, les dijo que el tema de la recompensa no se ha tocado, porque «nosotros tenemos la información». Hasta ahora no hay capturas, «porque debemos hacer las cosas bien y no queremos que los capturemos y al rato los dejen en libertad».

Desde la noche del martes hay protestas en la isla. 

«Saquen esa gente que viene a hacer crimen», denuncian. «Hay muchas armas en las calles», dicen otros.

Una isla de 27 kilómetros cuadrados, «no entendemos cómo hay tantas armas en las calles», denunció el pastor Augusto.

El crimen 

La misma noche del domingo, cuando ocurrió el ataque con arma de fuego, dieron inicio «a todo un despliegue operativo».

Fabián ‘Hety’ Pérez Hooker, se había convertido en un referente de la música sanandresana y también, en una voz para pedir atención a la isla.

‘Hety’, hacía parte del dúo sanandresano Hety and Zambo, y era embajador raizal.

Se creía que por como se cometió el crimen, se habría tratado de un sicariato y el objetivo sería el artista que estaba en la puerta de su casa, en Loma Naranja pasadas las 10 p.m.,

Sin embargo, la policía reveló este lunes, que lo investigado hasta ahora permite establecer que el atentado no sería para el también deportista.

Presumen, que pudo ser confundido con otro hombre y por eso le dispararon.

«Un gran ser humano», un joven «con un gran corazón» son algunos de los mensajes de condolencias para su familia y amigos en la isla del caribe colombiano.



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Las protestas en Rusia por la ofensiva contra Ucrania suman ya cerca de 15.000 arrestos desde que Vladímir Putin ordenase el ataque el 24 de febrero. Una anciana que sobrevivió al asedio a Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial, activistas que pintaron el lema “No a la guerra”, un par de familias que dejaron flores ante la Embajada ucrania y una manifestante que mostró una cartulina en blanco, sin nada escrito en ella, son varios de los detenidos que ponen cara a miles de personas anónimas que también han expresado su rechazo a la invasión. Algunos ya han sido sancionados con la nueva ley del Kremlin, que incluso contempla varios años de cárcel “por difundir desinformación” y por “desacreditar a las fuerzas armadas rusas”. Las detenciones muestran un creciente malestar de la sociedad rusa por la agresión a Ucrania, aunque sea difícil de cuantificar por las trabas a las protestas y el control de los medios de comunicación.

“Me gustaría hacerte una pregunta: ¿me van a detener si enseño este cartel?”, decía una mujer a su interlocutor frente al Kremlin en un vídeo que se ha hecho viral en Telegram este fin de semana. Un solo segundo después, el instante en el que sacaba un papel donde había escrito literalmente “dos palabras” (que son también las que se necesitan en ruso para decir “no a la guerra”), era arrestada por cinco policías antidisturbios mientras el hombre de la cámara se quedaba con la palabra en la boca.

Debido a la escasa información proporcionada por las autoridades, la cifra de arrestos que se manejan en estos momentos son las que recoge el portal periodístico OVD-Info, un grupo independiente que cubre desde hace años las manifestaciones antigubernamentales y que es citado estos días por importantes medios rusos como Kommersant. Sin embargo, su trabajo es cada vez más difícil. El portal fue declarado “agente extranjero” en septiembre de 2021, con los problemas que ello implica para recibir donaciones y hablar con testigos debido al temor a verse afectados; y a finales del pasado año, su página web fue bloqueada por el Gobierno ruso.

El supervisor de las telecomunicaciones, Roskomnadzor, decidió impedir el acceso al portal porque, según su criterio, “justifica el terrorismo y el extremismo”, mientras que sus cuentas en redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter fueron bloqueadas por el Kremlin “por difundir desinformación” sobre lo que el Gobierno denomina “operación militar especial para la protección de las repúblicas de Donetsk y Lugansk”.

Las imágenes de los detenidos se repiten una y otra vez en las redes sociales cuando estos logran conservar sus teléfonos móviles. La policía los aparta de las manifestaciones hasta sus furgones y, posteriormente, son llevados a comisaría, donde pasan unas horas o, en algunos casos, la noche entera. En los protocolos administrativos abiertos contra ellos suelen figurar cargos como la participación en manifestación no autorizada, del artículo 20.2 del Código de Infracciones Administrativas ruso, que prevé multas de cientos de euros o hasta dos semanas de privación de libertad.

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No obstante, algunos de los últimos arrestados están siendo juzgados también bajo la reforma del 3 de marzo de 2022, que incluye el artículo 20.3. Este contempla no solo multas, sino también penas de 3 a 15 años de cárcel, por lo que el Kremlin considera desinformar sobre el conflicto y desacreditar al ejército ruso. Según el grupo defensor de derechos humanos Ágora, entre el 6 y el 14 de marzo se abrieron procedimientos contra al menos 166 manifestantes bajo esta nueva ley, aunque de momento solamente se habían aplicado sanciones de unos cientos de euros.

Un proceso clave para medir la dureza de las autoridades es el de la periodista Marina Ovsyannikova, que irrumpió en directo en televisión con un cartel contra la guerra. La editora de Pervyi Kanal fue juzgada y multada este martes por el artículo 20.2 por publicar antes de su entrada en el plató un vídeo en el que llamaba a la protesta, pero también podría verse afectada por la última reforma legal. Horas antes, el portavoz de Vladímir Putin, Dmitri Peskov, afirmó que protestar en directo en televisión contra la guerra “tiene una dimensión especial”.

Las sanciones difieren de un tribunal a otro. En la zona donde se unen la Rusia europea y la asiática, un tribunal de la República de Baskortostán (en el oeste) condenó a 30.000 rublos (unos 250 euros) de multa a una mujer que salió a la calle vestida con el traje tradicional ucranio, envuelta por un alambre de espino y con una obra cumbre de la literatura rusa, Guerra y paz, en las manos, según el periódico local Idel Realii. En su caso, la justicia aplicó la nueva ley que condena “la desacreditación de las fuerzas armadas rusas”.

En esa misma región también se aplicó la reforma que endurece las penas a un político del Partido Libertario de Rusia, Oleg Mamedov, por distribuir folletos contra la guerra. Según Kommersant, fue detenido el 10 de marzo y pasó la noche previa a su juicio en el calabozo. Después fue multado con 45.000 rublos, más otros 10.000 por participar en una manifestación no autorizada.

En la ciudad de Ivánovo (oeste del país), el exjefe de la oficina local del opositor Alexéi Navalni fue multado por 75.000 rublos por realizar una protesta personal contra la guerra. Según informa OVD-Info, Nikolái Diachkov fue condenado por violar repetidas veces las normas para celebrar un mitin el pasado 1 de marzo. Sin embargo, a otro activista le impusieron 10 días de arresto, luego rebajados a ocho, por una protesta individual en Kazán. El tribunal local dictaminó que incumplió repetidamente la legislación sobre protestas y ordenó la privación de libertad, a lo que se sumó otro juicio paralelo por desacreditar a las fuerzas armadas rusas con una multa adicional de 30.000 rublos.

El castigo es mayor si el detenido es acusado de promover las protestas. Cerca del lago Baikal, en la ciudad siberiana de Ulán-Udé, el ciudadano Dmitri Bairov fue condenado a 15 días de arresto por retransmitir las manifestaciones del primer día de la guerra desde su coche. Le fueron aplicados los artículos sobre la organización de acciones no autorizadas (20.2 del Código de Infracciones Administrativas) y de resistencia a la autoridad (el 19.3). Según contó un amigo cercano a OVD-Info, Bairov cubría los hechos para el diario Comunistas de Buriatia y había presentado su acreditación a los agentes de policía.

Otros muchos casos están pendientes de juicio. En la ciudad norteña de Arjánguelsk, las autoridades abrieron un protocolo contra el pensionista Alexánder Riakov por gritar en una protesta “Slava Ukraini!” (¡Gloria a Ucrania!), lema prohibido por las autoridades rusas porque atribuyen su uso exclusivamente a los ultranacionalistas ucranios.

Asedio legal al derecho de manifestación

Organizar manifestaciones en Rusia es difícil. Necesitan una autorización previa de las autoridades, lo que antes de la pandemia daba pie a que recibiesen la aprobación tarde o fueran acotadas a zonas poco cómodas de las ciudades, y que con el coronavirus han sido directamente vetadas por las restricciones sanitarias.

La alternativa es la protesta individual, la única forma de manifestarse que no requiere un permiso previo, según una ley de 2004 sobre reuniones, concentraciones, manifestaciones y mítines. Sin embargo, la indefinición jurídica en torno a estos actos y las limitaciones introducidas con varias enmiendas en los últimos años han llevado a la detención de muchas personas.

Al regularse estas protestas individuales por la ley de asambleas públicas, las restricciones por el coronavirus también se aplican automáticamente a estas acciones. Así, Human Rights Watch ha denunciado cientos de arrestos desde 2020 debido a que las alcaldías de Moscú y San Petersburgo aplicaron a estas situaciones el veto a las reuniones multitudinarias por la covid-19.

Además, varias reformas legales del último lustro han prohibido las manifestaciones o actos personales de rechazo cerca de las llamadas “zonas de riesgo”, como tribunales de justicia, edificios penitenciarios, comisarías y residencias presidenciales. Algunas regiones las prohíben también cerca de parques y paradas de transporte público.

Asimismo, tampoco pueden participar en estas acciones los extranjeros o rusos con sanciones administrativas previas; y desde 2020 tienen prohibido convocar manifestaciones las instituciones o personas declaradas agentes extranjeros, que es el caso de muchas ONG y activistas opositores. “Existe una plétora de restricciones legales sobre cuándo, dónde, cómo, con qué propósito y quién puede ejercer el derecho a salir a la calle”, denuncia Human Rights Watch.

Además, la legislación no aclara si las personas que se manifiestan solas actúan como protagonistas u organizadores de eventos públicos, lo que las deja en una posición vulnerable: podrían ser arrestados bajo la acusación de incitar a una protesta no autorizada. La distancia mínima entre un individuo que protesta acto y otro no debe ser inferior a 50 metros en ciudades como Moscú, por lo que las autoridades pueden llegar a considerarlos parte de manifestaciones grupales si hay cerca curiosos o periodistas.

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Un camión es remolcado frente al Parlamento, en Ottawa, el pasado 19 de febrero.
Un camión es remolcado frente al Parlamento, en Ottawa, el pasado 19 de febrero.PATRICK DOYLE (REUTERS)

Tras 23 días de ocupación por camioneros opuestos a la vacunación obligatoria y grupos en contra de diversas medidas sanitarias, la capital de Canadá recupera la calma. Las fuerzas del orden detuvieron entre el viernes y el domingo a 196 personas y remolcaron 115 vehículos. El operativo está dando los resultados esperados, pero la factura para Ottawa en gastos policiales no es liviana. El alcalde, Jim Watson, propone una forma de reducirla: hacer caja con los camiones y coches confiscados.

“Los contribuyentes de Ottawa no deberían pagar esta factura millonaria por la irresponsabilidad y las actividades ilegales de camioneros y otros grupos que mostraron poca consideración por nuestra comunidad y su gente”, declaró Watson este domingo a CTV News. Las manifestaciones provocaron pérdidas cuantiosas a los comercios de la capital canadiense. El Gobierno de Justin Trudeau anunció un programa de apoyos para el sector. El plan contempla 20 millones de dólares canadienses (unos 15,7 millones estadounidenses); cada comerciante podrá solicitar un máximo de 10.000 dólares. El dinero que la urbe ha tenido que destinar a su cuerpo policial en estas tres semanas de ocupación dista de ser tema ligero.

El Gobierno de la ciudad informó que durante los primeros 18 días de la crisis, los costos del servicio policial superaron los 14 millones de dólares (en promedio, unos 785.000 dólares diarios). Sin embargo, la inyección de recursos prosiguió. Otras fuerzas del orden, como la Real Policía Montada de Canadá y los cuerpos policiales de Ontario y Quebec, prestaron apoyo en el operativo para terminar con la ocupación. Steve Bell, jefe interino de la policía de Ottawa, afirmó este sábado que los planes van por buen camino, pero que aún falta trecho por recorrer. Por ejemplo, es necesario levantar todos los objetos dejados por los bloqueos y vigilar para que los manifestantes no vuelvan.

El alcalde Watson dijo que la Ley de Emergencias “da el poder de confiscar los vehículos remolcados y ponerlos a la venta”. La pieza legislativa, aprobada en 1988, estipula en una de sus partes que es posible “requisar, controlar, confiscar, utilizar y disponer de bienes o servicios”. El Gobierno federal no se ha pronunciado aún respecto a la propuesta de Watson. Actualmente, los dueños de estas unidades de transporte pueden recuperarlas en un plazo posterior a siete días, siempre y cuando cubran los gastos del remolque y las multas que hayan recibido.

La Ley de Emergencias, puesta en marcha por el Gobierno de Trudeau para enfrentar esta crisis, también permite bloquear dinero perteneciente a la denominada “caravana de la libertad”. Marco Mendicino, ministro federal de Seguridad Pública, informó este domingo que 76 cuentas bancarias han sido congeladas; más de 3,2 millones de dólares en total. Los manifestantes no solo perjudicaron a los habitantes de la capital canadiense y afectaron sus arcas públicas. Los cruces fronterizos de Coutts (Alberta) y Emerson (Manitoba) sufrieron perturbaciones por las protestas. También el puente Ambassador, que conecta a Windsor (Ontario) con Detroit (Míchigan), fue bloqueado durante varios días. El 25% del comercio entre Canadá y Estados Unidos transita por ahí. En un día corriente, entre 8.000 y 10.000 camiones cruzan este puente fronterizo.

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El centro de Ottawa recuperó al menos en parte su estampa habitual este lunes tras permanecer desde el 28 de enero ocupado por cientos de camiones cuyos conductores protestaban así por las medidas de contención de la covid-19, especialmente contra la obligatoriedad de contar con el pasaporte covid para atravesar las fronteras del país. Tras concluir la operación de desalojo de los últimos manifestantes que comenzó el viernes, el corazón de la capital canadiense amaneció sin camiones ni otros vehículos aparcados en medio de sus calles, pero rodeado de un perímetro vallado, con una presencia policial reforzada y en pleno trabajo de los equipos de limpieza que trataban de borrar el rastro de desperdicios que dejaron atrás los transportistas y los miles de antivacunas que después se les unieron.

La policía canadiense ya había anunciado el domingo que trabajaba para garantizar que “nadie vuelva a ocupar las calles” de la ciudad, recalcó el jefe de la Policía de Ottawa, Steve Bell, en una rueda de prensa. Desde el viernes, cuando comenzó la operación policial de gran envergadura que logró desalojar a los últimos manifestantes, 76 vehículos han sido remolcados y 191 personas detenidas, de acuerdo con datos de ese cuerpo de seguridad canadiense. Los agentes han desmantelado también el almacén que surtía de alimentos y otros bienes básicos a una parte de los miles de personas que llegó a haber acampadas en el centro de la ciudad y que pusieron al Gobierno de Justin Trudeau contra las cuerdas, hasta el punto de obligar a su Ejecutivo a declarar el estado de emergencia en la capital el 6 de febrero.

En una actuación inusual para unas fuerzas de seguridad que hasta hace pocos días habían afrontado el bloqueo con una actitud de diálogo con los manifestantes, este sábado, la policía utilizó gas lacrimógeno y otro material antidisturbios contra quienes habían hecho caso omiso de las advertencias policiales y de los pasquines distribuidos por los agentes durante los días anteriores en los que los conminaban a abandonar la zona. La intervención policial logró así despejar la mayor parte de la zona frente al Parlamento, cuya Cámara de los Comunes (baja) se había visto obligada el viernes a suspender su sesión ordinaria para evitar incidentes mientras se desarrollaba la operación de desalojo. Las temperaturas gélidas —la sensación térmica era de 20 grados bajo cero— y los copos de nieve que empezaron a caer contribuyeron a que los manifestantes más reacios a despejar el centro de Ottawa abandonaran el lugar durante la noche.

Entre las personas detenidas, figuran varios líderes de la protesta. Por ejemplo, Pat King, una de las figuras más reconocidas de los manifestantes. Otros dos organizadores de la denominada caravana de la libertad de los transportistas, Chris Barber y Tamara Lich, ya habían sido detenidos el jueves. Los tres líderes se enfrentan a cargos por incitación a cometer daños, obstrucción a la justicia y desobediencia a una orden judicial.

En su comparecencia, Steve Bell precisó que la operación policial aún no ha acabado y que “durará meses” pues los agentes seguirán “tratando de identificar e inculpar con cargos penales y sanciones financieras” a los organizadores de la protesta.

A principios de la semana pasada, la situación se había hecho insostenible en Ottawa. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, invocó poderes de emergencia no empleados desde 1970 para hacer frente a las protestas, mientras que el viernes Chrystia Freeland, ministra de Finanzas y viceprimera ministra, defendió el uso de la Ley de Emergencia para desalojar el centro de Ottawa, subrayando que la economía y la democracia del país estaban bajo amenaza.

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La policía canadiense ya había desalojado por completo el 13 de febrero el paso fronterizo del puente Ambassador, que une la provincia canadiense de Ontario con el estado de Michigan, en Estados Unidos, que llevaba bloqueado varios días después de que la protesta de los camioneros de Ottawa se extendiera al cruce que concentra el 25% del comercio bilateral de mercancías entre ambos países. Este bloqueo fronterizo añadió presión al Gobierno de Justin Trudeau, pues las autoridades del país vecino cuestionaron la estrategia canadiense de no recurrir inicialmente al uso de la fuerza contra los manifestantes.

Los bloqueos de la protesta de la llamada caravana de la libertad han provocado también importantes pérdidas económicas. El Gobierno de Canadá ya ha anunciado ayudas por valor de 138 millones de euros (200 millones de dólares canadienses) para las empresas de Ottawa afectadas por las protestas. El Ejecutivo canadiense trabaja ahora para evitar nuevas manifestaciones, no solo blindando el centro de su capital, sino especialmente en el cruce fronterizo de Pacific Highway en Columbia Británica y en Prescott, Ontario. “El objetivo es poner fin de manera segura a estos bloqueos y ocupaciones ilegales y restaurar el orden lo antes posible para garantizar la seguridad de los canadienses y el fin de las perturbaciones económicas”, ha precisado el Gobierno canadiense en un comunicado.

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La policía detiene este viernes a un manifestante en Ottawa, Canadá.
La policía detiene este viernes a un manifestante en Ottawa, Canadá.SCOTT OLSON (AFP)

Una importante operación policial se ha puesto en marcha este viernes para desbloquear las calles de Ottawa, ciudad que durante tres semanas ha estado tomada por camiones y ocupada por manifestantes contrarios a las medidas sanitarias contra la pandemia impuestas por el Gobierno canadiense. Según informó la policía a última hora del viernes, había 70 detenidos y 21 vehículos habían sido retirados en una ciudad que registraba temperaturas gélidas, con una sensación térmica de 20 grados bajo cero.

Uno de los arrestados es Pat King, una de las figuras más reconocidas de los manifestantes. Chris Barber y Tamara Lich, dos organizadores de la denominada caravana de la libertad, ya habían sido detenidos el jueves. Los tres líderes se enfrentan a cargos por incitación a cometer daños, obstrucción a la justicia y desobediencia a una orden judicial.

La policía canadiense ya desalojó por completo el pasado fin de semana uno de los pasos fronterizos más transitados que unen Canadá con EE UU, que estaba bloqueado por la protesta de camioneros contra la vacunación obligatoria. Pese a las medidas policiales, Ottawa seguía el viernes siendo un territorio tomado por las protestas. Después de que decenas de autobuses abandonaron la ciudad el miércoles y el jueves, los manifestantes expresaban a través de las redes sociales que no pensaban abandonar la capital. La policía les recordó que, de acuerdo con la legislación federal y provincial, quienes no abandonaran inmediatamente el lugar y retiraran sus vehículos de las calles se enfrentarían a “duras sanciones”.

A principios de esta semana, la situación se hacía insostenible. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, invocaba poderes de emergencia no empleados desde 1970 para hacer frente a las protestas. “Los bloqueos están dañando nuestra economía y poniendo en peligro la seguridad pública”, dijo el primer ministro. “No podemos permitir que estas actividades, peligrosas e ilegales, continúen”.

Chrystia Freeland, ministra de Finanzas y viceprimera ministra, defendió este viernes la Ley de Emergencia para desalojar el centro de Ottawa, subrayando que la economía y la democracia del país están bajo amenaza. “Una democracia liberal debe estar preparada para defenderse”, manifestó.

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Este jueves, Trudeau, sobre el que están cayendo multitud de críticas por invocar los poderes extraordinarios, aseguraba en una sesión parlamentaria que “los bloqueos y ocupaciones ilegales no son protestas pacíficas”. “Son una amenaza para los puestos de trabajo y las comunidades, y no pueden continuar”, enfatizó el líder del Partido Liberal de Canadá. Este viernes, la Cámara de los Comunes (que junto al Senado conforma el Parlamento canadiense) suspendía su sesión precisamente para evitar posibles incidentes mientras se desarrollaba la operación policial.

Las fuerzas del orden habían dado muchos avisos antes de su intervención del viernes. El miércoles, la policía avisó de que el bloqueo con camiones de los manifestantes antivacunas en el centro de la capital era “ilegal” y advirtió de que procedería a arrestar a quienes protestaban si no cejaban en su empeño. En un mensaje a través de su cuenta de Twitter, la policía de Ottawa denunciaba que los manifestantes habían situado a niños entre las operaciones policiales y el lugar de la manifestación ilegal. “Los niños serán llevados a un lugar seguro”, aseguraban y recordaban que era “ilegal” utilizar de esa manera a los menores.

El autodenominado convoy de la libertad ha provocado pérdidas millonarias tanto en Canadá como en Estados Unidos, afectando especialmente a la industria automotriz. Las protestas comenzaron el 29 de enero, cuando centenares de transportistas condujeron a Ottawa para mostrar su rechazo a la vacunación obligatoria. Otras capitales provinciales (como Quebec, Toronto o Winnipeg) se sumaron después con manifestaciones locales. La capital declaró el estado de emergencia el 6 de febrero.

A mediados de semana, el jefe de la policía de Ottawa, Peter Sloly, anunciaba su renuncia al cargo tras varios días de críticas por la incapacidad del cuerpo para controlar el bloqueo de más de 400 camiones y centenares de personas contrarias a las medidas sanitarias contra la pandemia de covid-19.

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Manifestantes y camiones frente al Parlamento en Ottawa.
Manifestantes y camiones frente al Parlamento en Ottawa.BLAIR GABLE (REUTERS)

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se dispone a invocar poderes de emergencia no empleados desde 1970 para poder hacer frente a las protestas que ya duran 18 días y que han tenido cerrados algunos importantes pasos fronterizos con Estados Unidos. Las manifestaciones de camioneros contra la vacunación obligatoria para los trayectos transfronterizos, impuesta por el Gobierno liberal el pasado 15 de enero, ha paralizado además partes de la capital canadiense.

Según Reuters, que cita a la radiotelevisión pública canadiense CBC, Trudeau planea poner en marcha la Ley de Emergencias, una disposición poco utilizada que permite al Gobierno federal anular el poder de las provincias y autorizar medidas temporales especiales para garantizar la seguridad en cualquier zona del país debido a ciertos acontecimientos. En tiempos de paz, la única vez que se ha recurrido a esos poderes fue durante el mandato del ex primer ministro Pierre Trudeau —padre del actual mandatario— durante la llamada Crisis de Octubre en 1970, cuando se produjeron los secuestros de un político canadiense y un diplomático británico por un grupo terrorista conocido como Frente de Liberación de Quebec. Durante las dos guerras mundiales, estos poderes fueron activados también.

El pasado fin de semana, el ministro de Preparación de Emergencias, Bill Blair, reconoció la incapacidad de las autoridades para controlar la situación y dijo que el Gobierno de Trudeau estaba considerando invocar poderes de emergencia, lo que podría poner a las Fuerzas Armadas en las calles del país, según la agencia Efe. La cadena CBC ha informado, sin embargo, de que Ottawa no tiene planes de enviar militares.

El pasado domingo se puso fin a un bloqueo de casi una semana del corredor comercial más transitado de América del Norte cuando la policía canadiense desalojó por completo el puente Ambassador —que conecta la ciudad de Windsor, en la provincia de Ontario, con la estadounidense Detroit (Míchigan)— bloqueado por la protesta de los camioneros contrarios a la vacunación obligatoria. Washington pidió al Gobierno canadiense la semana pasada emplear “poderes federales” para terminar con un bloqueo con “serias consecuencias” para la economía estadounidense, debido a la importancia del comercio que transita por ese puente. Las protestas han entrado ya en su tercera semana.

El autodenominado convoy de la libertad ha provocado pérdidas millonarias a los dos países vecinos y ha afectado especialmente a la industria automotriz. Las protestas comenzaron el 29 de enero cuando centenares de transportistas condujeron a Ottawa para mostrar su rechazo a la vacunación obligatoria. Otras capitales provinciales (como Quebec, Toronto o Winnipeg) se sumaron después con manifestaciones locales. La capital, cuyo centro ha quedado paralizado por cientos de camiones, declaró el estado de emergencia el 6 de febrero.

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La policía canadiense desalojó por completo durante esta madrugada el puente Ambassador, en la ciudad de Windsor, en la provincia de Ontario, bloqueado durante la última semana por la protesta de camioneros contrarios a la vacunación obligatoria para los trayectos transfronterizos, impuesta por el Gobierno de Justin Trudeau el 15 de enero. El Abassador es el principal paso comercial entre Canadá y la vecina Estados Unidos. “La Compañía del Puente Internacional de Detroit se complace en anunciar que el puente Ambassador está ahora totalmente abierto permitiendo el libre flujo de comercio entre las economías de Canadá y EEUU una vez más”, ha declarado la portavoz de la empresa Detroit International Bridge Company, Esther Jentzen, tal y como recoge el periódico The Detroit News, citado por Europa Press.

Las autoridades canadienses se han visto obligadas a cambiar de estrategia para desbloquear el puente internacional que este domingo seguía cerrado al tráfico. Pese a que la víspera los agentes habían logrado desalojar sin emplear la fuerza a los camiones que desde el lunes bloqueaban ese paso fronterizo —a primera hora de este domingo se fue el último—, un grupo de manifestantes continuaba impidiendo el tránsito de vehículos por el puente.

Si el sábado llegaron a ser cientos los manifestantes que gritaban “libertad” con música festiva de fondo, en la madrugada de este domingo su número apenas superaba la veintena y ante la frontera reinaban el silencio y el frío. “Muévanse o los vamos a arrestar”, advirtieron reiteradamente los agentes por megáfono. En torno a las nueve de la mañana, los agentes de la policía local, apoyados por la Real Policía Montada de Canadá (RCMP, por sus siglas en inglés), se desplegaron a lo ancho de la avenida Hurton Church y avanzaron hacia el sur, con el puente Ambassador a sus espaldas, para que los manifestantes no pudieran acercarse a la otrora zona cero de las protestas. “¡No sé cómo duermen tranquilos por las noches!”, gritaba Andrew, constructor de 50 años, a los agentes, que habían conseguido alejar a los manifestantes a un kilómetro y medio del acceso al puente.

Las fuerzas de seguridad detuvieron a 12 personas y remolcaron siete vehículos cuando llegaron a la zona cero de la protesta en la madrugada, aunque el sargento de la policía de Windsor, Steve Betteridge, encargado del despliegue policial, precisó que los manifestantes “respondieron sin violencia y los agentes no tuvieron que usar la fuerza”. Durante la tarde los detenidos aumentaron a casi una treintena, a medida que la policía continuaba empujando el cordón para alejarlos varias calles del puente. Los que no se respondieron a la orden de moverse, fueron arrestados.

La policía canadiense se comporta de un modo muy diferente al de sus homólogos del otro lado de la frontera. En las provincias existe una unidad policial dedicada, principalmente, a prevenir la violencia en las protestas. En Ontario son los OPP (Policía Provincial de Ontario): agentes vestidos de civiles, aunque llevan chaleco antibalas bajo sus chaquetas con la inscripción “policía”. Estos paseaban el fin de semana entre los manifestantes contando chistes, palmeando espaldas y pidiéndoles que cumplieran la ley. “Por favor” y “gracias” eran sus muletillas .

Esta crisis ha puesto en evidencia esta excepcionalidad policial canadiense, cuya comedida actuación también ha sido objeto de críticas por no disolver más rápido la autodenominada caravana de la libertad de los camioneros. Al primer ministro, Justin Trudeau, esta estrategia de diálogo y espera también le ha supuesto un problema. La Casa Blanca, desconcertada por la falta de acción, le presionó para que pusiera fin al bloqueo en el puente Ambassador, por el que transita el 25% del comercio bilateral entre Canadá y EE UU.

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La protesta ha provocado, además, pérdidas millonarias, especialmente en la industria automovilística, que ya enfrenta una crisis en la cadena de producción por la escasez de chips informáticos. Drew Dilkens, alcalde de Windsor (Ontario), ha dado este domingo por finalizada la “crisis económica” provocada por el bloqueo y adelantó que la reapertura del puente ocurrirá “cuando sea seguro hacerlo”. “Es una determinación que tomará la policía y las agencias fronterizas”, agregó en un comunicado. En un día corriente, entre 8.000 y 10.000 camiones transportan bienes por valor de 300 millones de dólares (unos 264 millones de euros) a través del puente Ambassador.

Los progresos para desbloquear esa frontera no han ido a la par con una mejora de la situación en la capital, Ottawa, donde las protestas contra las medidas sanitarias van a cumplir tres semanas. Los vecinos del centro se quejan porque los manifestantes siguen acampados y prácticamente celebran una fiesta al aire libre cada día. La del pasado sábado reunió a cerca de 4.000 personas, según la policía. “La ciudad entera está furiosa porque la gente que supuestamente debe protegerla la ha abandonado. Han abandonado totalmente la aplicación de las leyes. La policía de Ottawa ha perdido credibilidad”, tuiteó el sábado Artur Wilczynski, un funcionario de seguridad nacional.

Mientras protestas similares se multiplican en otras ciudades del país, Trudeau ha rechazado hasta ahora los llamamientos a desplegar al Ejército aunque ha enfatizado que “todas las opciones están sobre la mesa”.

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Varios camiones bloqueaban este viernes el puente Ambassador, que une la provincia canadiense de Ontario con el Estado de Míchigan (EE UU).
Varios camiones bloqueaban este viernes el puente Ambassador, que une la provincia canadiense de Ontario con el Estado de Míchigan (EE UU).Cole Burston (AFP)

Las protestas de centenares de camioneros canadienses contra la vacunación obligatoria que mantienen bloqueados la capital del país y que han cortado el principal paso fronterizo a EE UU se han convertido en una patata caliente para el Gobierno de Justin Trudeau. La presión también llega desde Estados Unidos, donde la Administración de Joe Biden insta a Ottawa a adoptar medidas urgentes para poner fin a una crisis en la que también participan grupos diversos que se oponen a las restricciones derivadas de la pandemia. El autodenominado convoy de la libertad está provocando pérdidas millonarias para los dos países vecinos y está afectando especialmente a la industria automotriz.

Canadá impuso el 15 de enero la vacunación obligatoria para los camioneros que cruzan frecuentemente a Estados Unidos; Washington puso en marcha la misma medida una semana después. Centenares de transportistas condujeron hasta la capital para mostrar su rechazo, mientras distintas agrupaciones apoyaban sus reclamaciones. Las protestas también tuvieron lugar en algunas capitales provinciales (como Quebec, Toronto o Winnipeg), pero solo Ottawa —donde se declaró el estado de emergencia el pasado domingo— ha quedado paralizada.

La revuelta ciudadana en Canadá ha inspirado la convocatoria de protestas similares en Francia, Bélgica o Australia, donde las autoridades tratan de evitar a toda costa esas marchas.

La mayoría de expertos coincide en que las autoridades de Ottawa cometieron un grave error al autorizar el acceso a zonas céntricas de centenares de camiones. Más de 400 vehículos de gran tonelaje permanecen en la ciudad, bloqueando distintas vías, y los comerciantes afectados exigen ser indemnizados. La policía de la capital ha detenido al menos a 25 personas e impuesto cientos de multas de hasta 1.000 dólares canadienses (690 euros). Los agentes de seguridad tratan de encontrar un modo de evitar que los camioneros reciban los suministros necesarios para poder permanecer instalados en la ciudad. El jefe de la policía municipal, Peter Sloly, ha afirmado que necesita en torno a 1.800 agentes más para poder controlar la situación. La Policía Montada de Canadá ha enviado a 250 de sus miembros a Ottawa, que se suman a los 120 que ha desplegado la Policía Provincial de Ontario. El alcalde, Jim Watson, ha explicado que ninguna compañía de remolques ha querido ayudar a retirar los camiones por miedo a sufrir represalias.

El jueves, Trudeau convocó al gabinete de crisis (Grupo de Respuesta de Incidentes) para acabar con “los bloqueos ilegales”. El primer ministro liberal ya advirtió el miércoles de que haría “todo lo posible para poner fin” a las protestas. El viernes, aseguró a Biden que su Gobierno “va a poner punto y final” al bloqueo del principal paso terrestre entre los dos países.

En Washington, los secretarios de Estado de Seguridad Nacional y Transporte, Alejandro Mayorkas y Pete Buttigieg, respectivamente, han reclamado a sus homólogos canadienses que empleen “todos los recursos federales necesarios” para desbloquear los pasos fronterizos afectados por la protesta. La Casa Blanca también ha ofrecido que funcionarios estadounidenses ayuden a Ottawa a poner fin al bloqueo, que está teniendo “graves efectos en la economía estadounidense” y causando “una creciente preocupación” en Estados Unidos.

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Los manifestantes han mantenido bloqueados tres pasos fronterizos con EE UU, entre ellos, el puente Ambassador, que une Windsor (Ontario) con Detroit (Míchigan) y que es la principal vía comercial entre los dos países norteamericanos. En la tarde del viernes, un Tribunal de Ontario ordenó el levantamiento del bloqueo de ese cruce, según anunció el alcalde de Windsor, Drew Dikens. “Se concede el requerimiento judicial. El juez dictaminó que los manifestantes deben marcharse antes de las 19.00 (hora local)”, escribió en su cuenta de Twitter. Más del 25% del comercio bilateral pasa por este puente (entre 8.000 y 10.000 camiones al día); una infraestructura neurálgica sobre todo para la industria automotriz. Toyota suspendió la producción en sus instalaciones de Ontario, mientras que Ford la ha ralentizado en su fábrica de Míchigan. La gobernadora de Míchigan, Gretchen Whitmer, ha reclamado que el Ejecutivo de Trudeau “haga todo lo necesario para resolver la situación de manera rápida y segura”. Este viernes, Ontario también declaró el estado de emergencia.

Una calle del centro de Ottawa bloqueada por camiones, este viernes.
Una calle del centro de Ottawa bloqueada por camiones, este viernes.PATRICK DOYLE (REUTERS)

La Alianza Canadiense de Camiones, opuesta al convoy de la libertad, calcula que más del 85% de los transportistas que cruzan regularmente a territorio estadounidense están vacunados. Sin embargo, los camioneros reacios a la inmunización no bajan la guardia. Además, el movimiento de protesta está integrado por grupos heterogéneos. Frédérick Nadeau, investigador del Centro sobre Fundamentalismos Religiosos, Ideologías Políticas y Radicalización, comenta la notable presencia de grupos de extrema derecha entre los autores de los bloqueos: “Hay varias corrientes. Por ejemplo, movimientos de corte identitario, cristianos fundamentalistas, militantes a favor de la independencia de la provincia petrolera de Alberta, adeptos a teorías de la conspiración”. Nadeau añade que estos colectivos llevan años difundiendo sus ideas, pero que “la pandemia y las medidas sanitarias han sido terreno fértil para ellos”. Edwin Hodge, profesor de Sociología en la Universidad de Victoria, declaró a la radiotelevisión pública (CBC): “Grupos extremistas están capitalizando la frustración de las personas que se oponen a la vacunación de los camioneros”.

La policía de Ottawa ha señalado que algunas tácticas empleadas por los manifestantes reflejan “un grado de organización inquietante”. La cadena CTV News mostró que algunas personas que han actuado en las redes sociales como portavoces del movimiento son exmilitares. Los organizadores del convoy de la libertad no han respondido a las preguntas formuladas por este diario.

Otro asunto que plantea muchas preguntas es la financiación de las protestas. GoFundMe —una plataforma digital para recaudar fondos— retiró una campaña que había superado los 6,9 millones de euros, con el pretexto de evitar mayores molestias para los residentes de Ottawa. Sin embargo, se han abierto otras vías de financiación online. Un comité parlamentario que investiga la recaudación de fondos para el convoy de la libertad ha señalado que existen indicios de que gran parte del dinero proviene del exterior, sobre todo de donantes estadounidenses. “Es una cuestión que tiene que ver con interferencia extranjera y la seguridad nacional”, afirmó Marco Mendocino, ministro de Seguridad Pública.

Este jueves, Candice Bergen, líder interina del Partido Conservador de Canadá, pidió por primera vez que terminen los bloqueos. La crisis también ha sacudido estas semanas a la formación tory, principal partido de la oposición. Erin O’Toole fue destituido como líder del partido el pasado día 2, en parte por las críticas a su tibieza con las demandas de los camioneros. Varias formaciones, como el Nuevo Partido Democrático y el Bloque Quebequés, han criticado a Trudeau por haber tardado en enviar refuerzos.

La policía de Ottawa ha señalado que contempla la posibilidad de que intervenga el Ejército. Sin embargo, Trudeau ha descartado esa opción por el momento. Los manifestantes sostienen que no recularán hasta que se levanten todas las restricciones. Nadeau comenta que “las autoridades tienen la opción de la represión o de la negociación. Reprimir puede incrementar la radicalización. A su vez, negociar puede rebajar las tensiones, pero podría dar el mensaje de que los manifestantes están en posición de fuerza”. El reloj avanza y la paciencia se agota.

Varias caravanas se dirigen hacia París

Unos 2.600 vehículos de todo tipo se dirigían este viernes hacia París en diferentes caravanas partidas desde varias regiones de Francia. Las autoridades han prohibido ya una movilización en la que los organizadores tratarán de protestar en la capital contra las medidas para hacer frente a la covid, así como expresar su oposición al Gobierno del presidente Emmanuel Macron.

Los convoyes los forman grupos heterogéneos de ciudadanos que se han organizado en las redes sociales para mostrar su descontento, siguiendo la estela de las caravanas surgidas hace dos semanas en Canadá. Protestan para que se retire la obligatoriedad del pasaporte covid o por el encarecimiento de la vida y del precio de la energía.

La movilización, que está convocada a dos meses de que el país acuda a las urnas en los comicios presidenciales, cuya primera vuelta tendrá lugar el 10 de abril, recuerda a la protagonizada por decenas de miles de personas entre 2018 y 2019 bajo el movimiento de los chalecos amarillos.

El primer ministro, Jean Castex, ha advertido de que van a tratar por todos los medios de impedir que los manifestantes bloqueen París. “La vacunación es una forma de respetar a los otros”, dijo en una entrevista en la cadena France 2.

Los manifestantes tienen la intención de seguir hacia el norte y alcanzar Bruselas el lunes, algo que las autoridades belgas ya han anunciado que no autorizarán.

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París no quiere ser Ottawa. Y el Gobierno francés no quiere vivir, a dos meses de las elecciones presidenciales, una versión pandémica de las protestas de los chalecos amarillos que pusieron en jaque al Elíseo al inicio del mandato que Emmanuel Macron busca renovar en abril. Aunque el Ejecutivo trata de minimizar el alcance de esta nueva revuelta ciudadana, de manera preventiva, la Prefectura de Policía de la capital francesa ha anunciado este jueves la prohibición de los “convoyes de la libertad”, el movimiento motorizado que, inspirado en la protesta camionera contra la vacuna obligatoria que tiene desde hace días semiparalizada la capital canadiense, avanza ya desde todo el país rumbo a París.

El objetivo de este movimiento ciudadano organizado en redes sociales y servicios de mensajería como Telegram, donde sus cuentas tienen varios miles de seguidores, es protestar este fin de semana en París por las restricciones sanitarias y, muy especialmente, contra el pasaporte de vacunación. Luego continuarán rumbo a Bruselas para celebrar una “convergencia europea” de manifestantes procedentes de otros países el lunes 14. Desde la capital belga, sede de las instituciones europeas, también han reaccionado de forma preventiva frente al convoy. Las autoridades locales, regionales y federales han asegurado este jueves que ninguna manifestación ha sido autorizada, puesto que aún no han recibido ninguna solicitud formal. Pero que, en cualquier caso, se ha tomado la decisión de prohibir la caravana y se han tomado medidas para evitar el bloqueo de la capital comunitaria.

La Prefectura de París les ha puesto, sin embargo, el primer obstáculo. Desde este viernes, día previsto para la llegada de los primeros convoyes motorizados que empezaron a partir el miércoles desde varios puntos de Francia, se instalará un dispositivo específico para “impedir los bloqueos de las carreteras, sancionando y arrestando a los que contravengan esta prohibición de manifestación”, señala el decreto oficial.

La justificación de la medida, que prevalecerá desde el viernes 11 al lunes 14 de febrero, son los “riesgos de perturbación del orden público que podría causar esa manifestación”. Según la nota de la prefectura, su “objetivo declarado es bloquear la capital entorpeciendo la circulación carretera en las calles de París para promover sus reivindicaciones, antes de continuar su periplo en dirección a Bruselas el lunes 14 de febrero”.

Aunque más allá del rechazo a las restricciones sanitarias por el coronavirus —que no necesariamente a la vacuna en sí— es difícil hallar muchas coincidencias políticas en los participantes en los “convoyes de la libertad”, en Francia resuena fuertemente estos días el eco de las protestas de los chalecos amarillos (también de filiaciones políticas diversas, al menos en sus inicios), que protagonizaron fuertes manifestaciones desde finales de 2018 y a lo largo de buena parte de 2019, lastrando y marcando la agenda del Gobierno de Macron. Al igual que estas, las nuevas protestas tienen también como trasfondo el alza de los precios de la energía, un motivo de preocupación generalizada pese a las medidas gubernamentales tomadas, un cheque inflación y la fuerte limitación del incremento de la factura eléctrica, entre otros.

Según la emisora Franceinfo, que dice haber podido consultar una nota de los servicios secretos internos emitida el lunes, las antenas territoriales de este organismo siguen “con atención” un movimiento de fuerte “éxito virtual” que, a pesar de encontrarse aún “lejos de estar estructuralmente consolidado”, es capaz de dar un “nuevo impulso” a los “chalecos amarillos”, pero también a los seguidores de teorías de la conspiración y al movimiento de protesta contra el certificado covid, hoy transformado en pasaporte de vacunación.

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“Hastío” ante las restricciones

El portavoz del Gobierno, Gabriel Attal, aseguró el miércoles que el Ejecutivo es consciente de que hay “un hastío y fatiga de los franceses ante el virus y las medidas que hemos tenido que tomar desde el principio de la pandemia para proteger” a los ciudadanos. Pero advirtió en contra de aquellos “movimientos políticos a menudo radicales que han buscado capitalizar ese hastío y fatiga para intentar crear un movimiento” protestatario que va más allá de las fronteras galas y que, según Le Parisien, el propio Macron ha pedido “seguir de cerca”. De hecho, el objetivo declarado de la mayor parte de los participantes en los “convoyes de la libertad” es Bruselas.

La cabalgata, que podría amargar el San Valentín de la capital comunitaria, adonde tiene previsto llegar el 14 de febrero, se anuncia como una “acción pacífica”, pero en Bruselas ya cuentan con antecedentes de concentraciones promovidas por grupos contrarios a las medidas anticovid que acabaron yéndose de las manos. Hace algo más de tres semanas, unas 50.000 personas recorrieron las calles y las instituciones europeas para reclamar, entre otras cosas, el fin del pasaporte covid y reflejar su temor ante la vacunación obligatoria.

Los convocantes eran otros, pero de nombre muy parecido: la organización Europeans United for Freedom, también paneuroepa, logró atraer manifestantes de varios países y elevó la asistencia a cotas sin apenas precedentes. En aquella marea humana se mezclaba de todo, desde hippies a conspiranoicos, pasando por gente corriente fatigada tras dos años de pandemia; acabó con disturbios, choques con la policía y varios edificios públicos atacados, como la sede del Servicio Europeo de Acción Exterior, que lidera el español Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea. El presidente del grupo Europeans United for Freedom, Tom Meert, ha dado también su visto bueno a la convocatoria del convoy. “Es realmente popular dentro de nuestro movimiento”, ha dicho, según ha recogido Politico.

Los convocantes del convoy con destino Bruselas aún no se han puesto en contacto con las autoridades belgas para solicitar oficialmente la manifestación, según ha informado Philippe Close, alcalde de Bruselas, pero estas ya han reaccionado anunciando su prohibición. La policía tiene previsto desplegar un anillo de seguridad en torno a la capital comunitaria para desviar “los vehículos de motor que lleguen a la capital a pesar de la prohibición”, según ha anunciado Close en redes sociales. El alcalde ha añadido en una entrevista en RTBF que es “inadmisible” que se paralice la ciudad, con camiones y otros vehículos, pero se ha mostrado abierto a una manifestación al uso, de las que se autorizan más de 1.000 al año.

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