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La única respuesta de las autoridades rusas ante las decenas de imágenes de civiles asesinados en Bucha es que estas han sido “escenificadas”. “Mijaílo Podoliak (el jefe de los negociadores ucranios) ha mostrado estas tomas escenificadas como excusa para solicitar armas a los países occidentales”, ha asegurado el Ministerio de Defensa en el primero de sus dos comunicados publicados este domingo, donde ha ofrecido al mismo tiempo dos versiones de los mismos hechos: o algunos cuerpos eran actores, o habían muerto por los bombardeos ucranios.

“Ni un solo habitante ha sido herido por cualquier tipo de acción violenta durante el tiempo en que la ciudad estuvo bajo el control de las fuerzas armadas rusas”, ha asegurado Moscú antes de decir que “todas las fotos y vídeos publicados por el régimen de Kiev que supuestamente evidencian “crímenes” cometidos por los militares rusos son otra provocación más”.

“Las publicaciones sobre Bucha aparecieron en varios medios extranjeros a la vez, parece una campaña mediática planificada. Dado que las tropas abandonaron la ciudad el 30 de marzo, ¿dónde estaban estas imágenes hace cuatro días?, su ausencia solo confirma la falsificación”, dice Moscú.

Los primeros periodistas en poder llegar a una zona que todavía sigue minada revelaron la matanza al mundo este sábado, y el resto de medios se hicieron eco un día después. Los reporteros Simon Gardner, Zohra Bensemra y Abdelaziz Boumzar contaron en su crónica cómo algunos cuerpos llevaban “días, sino semanas”, en descomposición en plena calle. “Los vecinos contaban que los habían matado durante aquel mes largo de ocupación”, recogía el artículo, acompañado también por numerosas pruebas de aquella matanza.

El Ministerio de Defensa ruso negó este domingo la versión de los reporteros que han sido testigos in situ. “Es especialmente preocupante que en las imágenes difundidas por el régimen de Kiev todos los cuerpos no se han endurecido después de cuatro días ni tienen las características marcas cadavéricas ni sangre coagulada en las heridas”, decía Moscú. Sin embargo, varias imágenes tomadas por los fotógrafos si constataban cierta descomposición en los cuerpos.

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“No está claro por qué no han sido enterrados”, decía Reuters en su crónica. “El alcalde Anatoli Fedoruk dijo que más de 300 habitantes habían sido asesinados. Además, una fosa común situada junto a una iglesia aún sigue abierta, con manos y pies sobresaliendo a través de la arcilla roja apilada en la parte superior”, continuaba la descripción de aquel horror.

El Ministerio de Defensa ruso ha hecho hincapié en que el alcalde anunció el 31 de marzo que la ciudad había sido liberada, “pero ni siquiera mencionó que hubiera en la calle algún vecino tiroteado con las manos atadas”. No obstante, una concejala del ayuntamiento, Ekaterina Ukraintseva, advirtió de que era peligroso entrar a la ciudad “debido a las minas y trampas puestas por los rusos”.

Por otro lado, el Ministerio de Defensa ruso mostró un fragmento de otro vídeo donde la carretera estaba plagada de cadáveres. La calidad de imagen de la publicación rusa es muy inferior a la del vídeo original que se puede encontrar en las redes sociales, y Moscú aseguraba que uno de los cuerpos movía una mano. Sin embargo, varios medios rusos que han sido bloqueados dentro del país, como Dozhd, Mediazona y Meduza, recalcan que en las imágenes con más definición se puede apreciar que no es una mano haciendo un movimiento extraño, sino solo un efecto óptico del parabrisas.

“Bombardeos de las tropas ucranias”

Además de esta versión, Moscú también acusa a Kiev de haber matado a los civiles. “Las afueras fueron bombardeadas 24 horas al día por las tropas ucranias con artillería de gran calibre, tanques y sistemas de lanzamiento de cohetes múltiples”, afirma el Ministerio de Defensa ruso. Sin embargo, ni las crónicas de Reuters ni de otros medios que han entrevistado a los supervivientes recogen denuncias de que hubieran sido atacados tras la marcha de los rusos.

Otro de los primeros medios en llegar fue la agencia AFP, cuyo reportero afirmó haber visto al menos dos decenas de cadáveres tirados en una calle, algunos de ellos maniatados. Según Moscú, “la fosa común con los cuerpos fue hecha por las fuerzas armadas ucranias porque hace más de un mes bloquearon la ciudad al volar el puente cercano a Irpin”.

“Cuánto duelen los comentarios de los negacionistas desde aquí… y después de visitar Irpin y hablar con los evacuados de Bucha”, escribía este domingo en su perfil de Twitter Almudena Ariza, reportera de RTVE que ha sido testigo de los hechos.

Según el Pentágono, “menos de un 20%” del ejército ruso se ha retirado de las inmediaciones de Kiev de forma desordenada. El presidente ruso, Vladímir Putin, justificó la orden de atacar Ucrania con que el país sería “desarmado y desnazificado” y protegería así a las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk de un “genocidio”.

Según los datos que ha podido recopilar Naciones Unidas, al menos 1.417 civiles han muerto y 2.038 más han resultado heridos en toda Ucrania hasta el 2 de abril, aunque la cifra podría ser mucho mayor por no poder acceder a muchas zonas que han sido ocupadas o asediadas. Del recuento total, 67 civiles han muerto en las zonas separatistas de Donbás.

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La invasión rusa de Ucrania ya tiene una atrocidad con nombre propio para la historia de los presuntos crímenes de guerra: Bucha. La Unión Europea y gran parte de la comunidad internacional han reaccionado este domingo con estupor ante el descubrimiento de las matanzas cometidas en esa localidad al norte de Kiev. Se trata de la primera prueba tangible y visible de la muerte y devastación en las zonas ocupadas por las tropas del presidente ruso, Vladímir Putin, que asediaban la capital ucrania. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha asegurado que la UE colaborará con Ucrania y con las ONG para recabar las pruebas necesarias para juzgar las atrocidades del ejército ruso ante los tribunales internacionales.


 

A la condena de Bruselas se han unido Estados Unidos, en boca de su secretario de Estado, Antony Blinken, que ha manifestado que las imágenes de Bucha son un “puñetazo en el estómago” y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que ha calificado de “brutalidad” el asesinato de civiles en esta localidad a las afueras de la capital ucrania. Esta condena internacional coincide con la publicación de un informe de la organización Human Right Watch sobre posibles crímenes de guerra en varios puntos del frente norte de la guerra.

 


Las imágenes de Bucha han revelado, tal vez por primera vez desde el inicio de la guerra el pasado 24 de febrero, la magnitud de la violencia provocada por la guerra de Putin contra un país vecino. Tras la retirada del ejército ruso, las fuerzas ucranias han encontrado decenas de civiles muertos y abandonados en plena calle y fosas comunes con cadáveres a medio enterrar.

“Consternada por las informaciones sobre crímenes indescriptibles en las zonas donde se han retirado las tropas rusas”, se ha pronunciado la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La dirigente comunitaria ha reclamado “una investigación internacional independiente” y ha asegurado que “los perpetradores tendrán que rendir cuentas”.


 

El presidente del Consejo Europeo no tiene dudas sobre quiénes son los responsables. Charles Michel se ha declarado “conmocionado por las impresionantes imágenes de las atrocidades cometidas por el ejército ruso en la región liberada de Kiev”. Michel ha prometido a Ucrania que se redoblarán las sanciones contra Rusia y que continuará la ayuda de todo tipo, incluida la militar, para que el país resista el ataque de Putin.


Pocos días después de que Putin ordenase el inicio de la ofensiva, un convoy ruso trató de cruzar la localidad de Bucha de camino a la capital, pero cayó en una emboscada. A esta derrota temporal le sucedieron numerosas embestidas de fuerzas enviadas por el Kremlin hasta la toma completa de la localidad. Tras el anuncio de Moscú el pasado 29 de marzo de una reducción de operaciones en el norte de Kiev, Ucrania relanzó la batalla para recuperar, dos días después, el control de Bucha. La huella de la batalla ha dejado tirados en las calles una veintena de cadáveres, algunos con las manos atadas.


 

El alcalde Bucha, Anatoli Fedoruk, ha manifestado que hay cerca de 300 cuerpos enterrados en una fosa común. “Algunos estaban tirados en la acera, otros al lado de un coche o de una bicicleta,” afirmó en un vídeo difundido por Facebook.

Dura reacción desde Berlín

La condena también ha sido generalizada en otras capitales europeas. El Gobierno alemán, uno de los más reacios a la ruptura total con Moscú, ha indicado que impulsará una nueva batería de sanciones, aunque no ha concretado si afectarán a las exportaciones energéticas rusas a la UE, que reportan cada día unos 700 millones de euros a las arcas de Putin. La presión para apoyar medidas más duras aumenta en Berlín. La ministra de Defensa alemana, Christine Lambrecht, ha afirmado en una entrevista en la televisión pública que es el momento de estudiar la prohibición del gas ruso.

Las atrocidades cometidas “por Putin y quienes le apoyan” van a tener “consecuencias”, ha dicho el canciller alemán, Olaf Scholz: “Vamos a decidir nuevas medidas con nuestros aliados en los próximos días”, ha afirmado, en una frase que no figuraba en el comunicado que había hecho público unas horas antes. “Continuaremos poniendo armas a disposición de Ucrania para que el país pueda defenderse de la invasión rusa”, ha añadido durante una comparecencia en la Cancillería este domingo. El canciller ha calificado las muertes de civiles como “crímenes de guerra”, y ha pedido que la Cruz Roja haga una evaluación independiente sobre el terreno, informa Elena G. Sevillano.

El vicecanciller alemán, Robert Habeck, ha señalado que “este terrible crimen de guerra no puede quedar sin respuesta”. Y se ha mostrado partidario de “endurecer las sanciones”. “Estamos trabajando en ello con nuestros socios de la UE”, ha apuntado Habeck. Berlín, sin embargo, alude a la quinta ronda de sanciones, que ya estaba en preparación antes del golpe de Bucha y que aspiraba, sobre todo, a mejorar la efectividad de las cuatro primeras rondas.

Polonia y los países bálticos, entre otros socios comunitarios, piden desde hace semanas que se aseste un golpe definitivo a las finanzas de Putin poniendo fin a la compra de gas, petróleo y carbón rusos. El temido impacto de esa decisión en las economías europeas y muy en particular en la alemana ha impedido hasta ahora dar ese paso. El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha advertido además que no apoya ese tipo de sanción, lo que resquebrajaría la unidad europea mantenida desde el inicio de la guerra.

Las imágenes de Bucha refuerzan a los partidarios de la mano dura. Y probablemente lograrán, como mínimo, un endurecimiento de las sanciones que se estaban ultimando. “Lo ocurrido en Bucha debe tener un impacto en un quinto paquete de sanciones”, ha defendido la ministra alemana de Exteriores, Annalena Baerbock.

Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.
Un cuerpo abandonado en una calle de Bucha, este domingo.Luis de Vega

Las sanciones impuestas hasta ahora han golpeado duramente a la economía rusa. Obligaron a mantener cerrada la Bolsa de Moscú durante un mes para evitar una estampida de los inversores, a doblar los tipos de interés para frenar la inflación y la retirada de ahorros, y a imponer un corralito parcial para impedir la salida de capital al exterior.

Pero no hay constancia de que hayan dañado la capacidad de Putin para financiar su agresión armada contra Ucrania. La retirada de tropas rusas se atribuye más bien a la fuerte resistencia de Ucrania y a los errores tácticos y estratégicos cometidos por el Kremlin. El ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, se ha mostrado partidario de reforzar la presión económica para “obligar a las autoridades rusas a poner fin a la guerra”.

Fuentes comunitarias apuntaban hasta ahora que era necesario reservarse munición para castigar a Putin en función de lo que ocurriese en el campo de batalla. Y aunque ya se había empezado a estudiar el impacto de un corte del suministro de gas y los planes de contingencia para capearlo, se consideraba que esa posibilidad era la sanción de último recurso.

La amenaza de un ataque químico o nuclear en territorio ucranio, un riesgo apuntado por la OTAN, parecía el gatillo necesario para descargar todo el arsenal de sanciones contra Rusia. Pero las imágenes de Bucha pueden acelerar el paso si la reacción de la opinión pública europea demanda una respuesta contundente como ocurrió tras el estallido de la guerra. La primera ronda de sanciones se endureció rápidamente a la vista de la resistencia planteada por el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, y la reacción a su favor de gran parte de la población europea.

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Nueve hombres forman fila en sillas de ruedas ante el coronel general Alexánder Fomin, viceministro de Defensa de Rusia. La imagen, divulgada el pasado sábado 26 de marzo —un mes y dos días después del comienzo de la ofensiva contra Ucrania—, mostraba a un grupo de mutilados de guerra, miembros de una generación de rusos a la que el conflicto que asola Ucrania dejará secuelas de por vida, como ya les pasó a sus mayores en Afganistán en los años ochenta y en Chechenia en los noventa. Aquellos conflictos eran dramas que los soldados condecorados solo conocían gracias a viejas imágenes de televisión. Ahora, su realidad se hace hueco poco a poco en las pantallas de los hogares rusos. Este fin de semana, aún convalecientes por la amputación de sus piernas y brazos, los nueve militares fueron distinguidos con medallas al valor y el coraje en un acto donde nadie esbozó ninguna sonrisa.

El homenaje fue difundido por la televisión pública en una insólita exhibición de las consecuencias del conflicto. Las amputaciones y heridas que se intuían en las mangas vacías de los pijamas de hospital llamaban poderosamente la atención, ya que este tipo de imágenes son una rara excepción en los medios rusos, y más aún en Pervy Kanal, la principal televisión estatal de la nación. Muchos otros medios, incluido Nóvaya Gazeta —el último diario totalmente independiente que no había sido bloqueado y que este lunes ha anunciado que suspende su actividad hasta el final de la guerra— también se hicieron eco de la ceremonia.

“Camaradas combatientes, ustedes, verdaderos hombres, verdaderos militares, verdaderos continuadores de la gloriosa tradición de nuestros padres y abuelos, no han defraudado en ningún momento al Estado, cumplieron sus misiones al 100%”, dijo Fomin al comienzo de su discurso en el hospital clínico-militar Vishnev.

En las imágenes retransmitidas del acto se puede observar el gesto adusto y la mirada perdida de un hombre al que el general condecora y da la mano tras perder una pierna. Sus compañeros aplauden al mismo tiempo con gestos taciturnos. Poco después, otro combatiente, el único que se sostenía en pie, también es galardonado por sus acciones en Ucrania. El hombre, al que le falta un brazo, se mantiene ausente, con el ceño fruncido y la mirada en otro lado, mientras le colocan la medalla y es abrazado.

De izquierda a derecha, Serguéi Rudskoi, representante del Alto Estado Mayor del Ejército ruso; el portavoz del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov; y Mijail Mizintsev, jefe del centro de control de Defensa Nacional, en una rueda de prensa el 25 de marzo.
De izquierda a derecha, Serguéi Rudskoi, representante del Alto Estado Mayor del Ejército ruso; el portavoz del ministerio de Defensa, Igor Konashenkov; y Mijail Mizintsev, jefe del centro de control de Defensa Nacional, en una rueda de prensa el 25 de marzo. NATALIA KOLESNIKOVA (AFP)

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El número de militares rusos muertos y heridos en la guerra es uno de los datos más sensibles para el Kremlin. El Ministerio de Defensa ruso actualizó la semana pasada la cifra de bajas en el segundo recuento hecho público desde que comenzó la guerra. Según las informaciones oficiales de Moscú, sus Fuerzas Armadas han contabilizado 1.351 fallecidos y 3.825 heridos hasta el 25 de marzo. El Kremlin atribuyó a Ucrania hasta 30.000 bajas —“14.000 muertos y 16.000 irrecuperables”, en la jerga que emplea el Gobierno ruso—. Sin embargo, Ucrania asegura que las pérdidas rusas rondan las 17.000 víctimas, entre muertos y heridos.

“No esperaba recibir esta condecoración… por la lucha contra el nazismo”, decía en el reportaje uno de los soldados, Yégor Vereschagin, tomando aire antes de hacer alusión al pretexto que ha esgrimido Rusia para desatar la guerra. Además de los condecorados, el canal ruso también entrevistó a otros dos militares galardonados que yacían en sus camas sin apenas poder mover más que la cabeza. El comandante de artillería Maksim Okolota, herido en un combate contra tanques ucranios, aseguraba que los civiles les habían recibido bien. “La población no era agresiva, nos daban cigarrillos y comida”, afirmaba.

Pasada la primera semana de la guerra, cuando el ejército ucranio frenó el avance ruso, Putin anunció una nueva paga para las familias de los muertos y heridos en combate. Al pago único de 7,4 millones de rublos (68.000 euros), previsto como seguro de vida, se han sumado otros 5 millones (46.000 euros) a repartir mensualmente por la pérdida del combatiente. En el caso de resultar herido grave, la compensación extra es de 3 millones de rublos (27.500 euros).

La prolongación del conflicto, que ya va por su segundo mes, conlleva cada vez más actos de homenaje públicos a heridos y caídos. El ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú, visitó otro hospital el 11 de marzo para entregar otras condecoraciones. Uno de los militares recibió el título de Héroe de la Federación de Rusia por la toma de la presa que ocho años después ha vuelto a abrir sus compuertas para enviar agua a la península de Crimea, anexionada por Rusia en 2014. Antón Starostin resultó herido por un misil antitanque Javelin durante la defensa de un puente.

Las reacciones a la muerte de los soldados por parte de sus familias se adecúan al relato oficial. La versión rusa del canal alemán Deutsche Welle publicó este fin de semana una entrevista a la madre de un soldado fallecido en Ucrania. “Esto es así, con palabras simples: si no hubiéramos bombardeado nosotros, los ucranios nos hubieran bombardeado a nosotros. Un bombardeo hubiera sido necesario, aquí no había alternativa. Por supuesto, nadie esperaba esto”, decía dolida por la pérdida de su hijo a principios de marzo.

Además de los actos oficiales, las redes sociales rusas también se han volcado en homenajear a los soldados caídos, lo que unido a las noticias de los diarios locales supone un goteo constante de noticias dramáticas sobre la invasión de Ucrania. En VKontakte, la alternativa nacional a Facebook propiedad del monopolio estatal Gazprom, algunas comunidades, como Operación especial en Ucrania, libro de la memoria, publican a diario imágenes de jóvenes que han perdido la vida en el frente. Las fotografías van acompañadas de una breve biografía y palabras de aliento a sus familiares. “Murió en el transcurso de la operación emprendida en Ucrania para la defensa de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, la patria y el cielo sobre Rusia”, es el epitafio de muchos de ellos. La mayoría, nacidos entre los años 1996 y 2000, eran bebés durante la segunda guerra de Chechenia, la primera que ordenó Vladímir Putin tras ser elegido por Boris Yeltsin como su sucesor al frente del país.

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Los satélites fotografiaron el pasado lunes, 28 de febrero, un lugar llamado Jilchika. Está situado en el sureste de Bielorrusia. Si se traza una línea recta hasta el punto más cercano de la frontera con Ucrania, la distancia es de tan solo 12 kilómetros. Hasta hace unos meses, lo que había en Jilchika era nada, más allá de un pequeño embalse de agua junto a decenas de kilómetros cuadrados de arboleda. El lunes, trabajadores de la empresa privada estadounidense Maxar Technologies, desde sus oficinas en Westminster, en el Estado de Colorado, eligieron las fotos que sus satélites captaron de este sitio y se las enseñaron al mundo. Jilchika se ha convertido, según habían comprobado, en un campamento militar ruso, el más cercano hasta lo visto de la linde hacia la guerra emprendida por el Kremlin contra el vecino ucranio. En la foto se puede identificar incluso cómo varios camiones emprenden la ruta. Un nuevo renglón en la crónica visual, construida gracias a cientos de satélites y sin parangón en la historia de los conflictos.

Jilchika no es, en cualquier caso, el mayor de los emplazamientos militares rusos establecidos en los últimos meses como cerco a Ucrania. Pero si los empleados de Maxar se fijaron en esas coordenadas era por algo: desde este acuartelamiento hacia el sur, primero por la bielorrusa P37 y luego, ya en suelo ucranio, por la P02, se conduce directo a Kiev, objetivo fundamental del presidente ruso, Vladímir Putin. Y es por esas rutas por donde esta empresa especializada en la comercialización de imágenes satelitales emprendió el 27 de febrero el monitoreo de un larguísimo convoy de fuerzas rusas enfiladas hacia la capital ucrania.

Emplazamiento militar de Khilchikha, en Bielorrusia, el pasado 28 de febrero.
Emplazamiento militar de Khilchikha, en Bielorrusia, el pasado 28 de febrero.AP

El viaje de esta hilera de decenas de kilómetros de vehículos militares tiene en vilo a la cobertura de la invasión. Por primera vez en la historia de la guerra, herramientas hasta ahora reservadas a los servicios de información y espionaje están a disposición de casi todos, primero de los reporteros y luego de la audiencia. Según los expertos en seguridad contratados por Maxar para el análisis de las fotos de sus satélites, el convoy con destino Kiev está formado por camiones con combustible, logística, tanques, vehículos de infantería y lanzaderas móviles de misiles. Se trata de cientos de unidades de un operativo de combate que de principio a fin mide unos 60 kilómetros, y que ha sido fotografiado en la ruta desde Ivankiv al aeropuerto de Antonov, dos puntos bombardeados en la primera semana de ofensiva.

El estudio de las imágenes, según ha manifestado a este periódico Maxar, apunta a que el convoy, al menos parte de él, proviene sin duda del norte, de Bielorrusia. El Kremlin trasladó a ese país a principios del pasado mes a 30.000 soldados, junto a vehículos militares y armamento pesado, para participar en maniobras conjuntas.

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El seguimiento de este convoy vía satélite y accesible a todos los públicos es el ejemplo más claro de un nuevo escenario que evoluciona bajo el nombre Open Source Intelligence (Inteligencia con fuentes abiertas) y que tan solo se podía intuir a través de las herramientas de geolocalización del gigante Google. Hasta ahora, las grandes empresas de imágenes satelitales, que trabajan a demanda y mediante pago por uso, estaban enfocadas en prestar servicio a empresas privadas suscriptoras o a Estados en temas de seguridad y, recientemente, también para asuntos relacionados con el medio ambiente.

El pasado 3 de diciembre, el Departamento de Defensa estadounidense difundió a través de la prensa una serie de fotografías satelitales en las que se mostraba el despliegue ruso en varias localizaciones desde el verano. Firmaba las imágenes la empresa Digital Globe, propiedad de Maxar. Desde entonces, esta compañía, con decenas de satélites orbitando alrededor de la tierra, ha ilustrado las alertas lanzadas por Occidente sobre el peligro de la invasión inminente por parte de Rusia de Ucrania. Sus análisis han detallado lo que estaba pasando en el terreno más allá de los dimes y diretes de las cancillerías. Según la selección de información hecha desde las oficinas de Colorado, se distinguen tres frentes fundamentales de cobertura para entender el despliegue: Bielorrusia, el oeste de Rusia y Crimea. Y se aprecia una evolución concreta en el movimiento de estos destacamentos: en las primeras semanas con la llegada de los batallones desde varios puntos de Rusia; luego, con el montaje de barracones que indicaba que llegaban los soldados; y, por último, con el traslado a puntos más cercanos de la frontera con Ucrania.La ofensiva estaba lista y lo habían contado los satélites, a pesar de que desde Moscú se informase del repliegue en algunos puntos de la franja occidental rusa e incluso la península de Crimea.

Ahora la visibilidad de Maxar ha crecido exponencialmente tras el ataque ruso a Ucrania. No obstante, la empresa, como reconoce en su web, tiene una intensa relación con el Gobierno estadounidense, al que proporciona el 90% de la “inteligencia geoespacial” empleada en temas de seguridad nacional. También proporciona información a las tropas norteamericanas sobre cualquier terreno.

A la zaga de Maxar se han situado las californianas Capella Space o Planet Labs, ambas empresas con sede en San Francisco. Esta última ha abierto también un canal especial para la prensa con la información del frente que van recogiendo sus satélites. En una de sus últimas actualizaciones, el martes 1 de marzo, Planet Labs difundía la imagen satelital de la base aérea de Luninets, a 60 kilómetros de la frontera ucrania. Donde a principios de febrero había un manto de nieve, ahora, junto a la pista de despegue, aguardan más de 30 aparatos, la mayoría aviones de combate Sukhoi SU-25, símbolo del potencial aéreo de la Unión Soviética. Sobra decir que la herramienta de mapeo que ofrece Yandex, buscador privado de origen ruso, pero bajo la lupa del Kremlin, no muestra ninguno de los emplazamientos militares levantados por Moscú en los últimos meses.

Base aérea de Luninet, en Bielorrusia, el pasado 1 de marzo. / Planet Labs PBC
Base aérea de Luninet, en Bielorrusia, el pasado 1 de marzo. / Planet Labs PBC

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El ataque contra el área de Tel Aviv – a 60 kilómetros de Gaza – se produce después de que Hamás ya lanzara ayer siete cohetes contra Jerusalén, a raíz de las protestas y disturbios entre palestinos y fuerzas israelíes que fueron el detonante de esta escalada, la más agresiva de los últimos años. Hasta ahora se ha saldado con la muerte de 28 palestinos del enclave y dos mujeres en Israel.

Según el Ejército israelí, Hamás y el grupo islamista Yihad Islámica lanzaron en poco más de 24 horas al menos 630 cohetes hacia territorio israelí. De estos, dos centenares fueron interceptados por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, mientras que 150 fueron disparos fallidos que cayeron dentro de la misma Gaza.

La agencia de noticias Reuters captó el momento en que los cohetes de Hamas son lanzados hacia territorio israelí:

Desde ayer, las alarmas no han dejado de sonar en las comunidades israelíes colindantes con la franja, en máxima alerta. A su vez, el primer ministro israelí en funciones, Benjamín Netanyahu, advirtió hoy de que el Ejército aumentará «la intensidad y cantidad» de bombardeos de represalia contra Gaza.

El Ejército también ha movilizado a miles de reservistas y se prepara para una escalada que podría tener larga duración.

Según medios, hasta ahora, ninguno de los mediadores que suelen comunicarse entre Hamás e Israel ha podido mitigar la situación, y no se ve una salida inminente a este fuerte pico de violencia.

La agencia de noticias EFE captó el momento en que el ataque de misiles aéreos de Israel golpea el edificio Hanadi en Gaza, ocurrido durante esta jornada:


 



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