Moscú han denunciado este viernes que el Ejército de Ucrania ha atacado un depósito de combustible en territorio ruso. Según el gobernador de la región de Belgorod, Vyacheslav Gladkov, dos helicópteros de las Fuerzas Armadas ucranias habrían logrado alcanzar el objetivo situado a apenas 80 kilómetros al norte de la ciudad ucrania de Járkov, uno de los frentes más duros de una guerra que se prolonga ya más de un mes. No ha habido víctimas en el ataque. Los dos aparatos habrían cruzado a territorio ruso volando a baja altura en una incursión llevada a cabo en la madrugada de este viernes, según la versión de Gladkov. Un día antes, el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, Ígor Konashenkov, aseguraba que sus fuerzas contaban con “una superioridad aérea absoluta” que les permitía atacar a los ucranios en el oeste y el centro del país. El Gobierno ucranio de Volodímir Zelenski no se ha pronunciado por el momento.
“Los servicios de emergencias están tratando de extinguir el incendio lo antes posible. No hay ninguna amenaza para la población”, agregó el gobernador en su canal de Telegram. Los residentes de tres calles cercanas al depósito fueron alojados temporalmente en un centro deportivo de la ciudad. Por su parte, el servicio de prensa de la petrolera propietaria de las instalaciones, Rosneft, aseguró que todo el personal fue evacuado a tiempo.
Dos trabajadores de la compañía se encontraban en el lugar en el momento del ataque, aunque no resultaron heridos, según ha publicado el alcalde de Belgorod, Antón Ivanov, en su canal de Telegram. La explosión tuvo lugar a las 5.51. Más de 170 miembros trabajadores enviados por el Ministerio de Emergencias han participado en las tareas de extinción de las llamas.
El pasado 29 de marzo ocurrió otro incidente sin aclarar en la misma región, en la aldea de Krasny Oktyabr, a 20 kilómetros de la frontera. Un incendio en un depósito de municiones provocó una serie de potentes explosiones en la zona y cuatro militares rusos resultaron heridos, según relataron varias fuentes a la agencia de noticias TASS. La versión preliminar que maneja el servicio de emergencias es que el fuego se debió a un error humano. Además, unos 180 vecinos fueron evacuados por la noche a la capital de la región.
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha constatado hasta la medianoche del 28 de marzo que durante la guerra emprendida por Rusia contra Ucrania 1.179 civiles han fallecido y otros 1.860 han resultado heridos. Naciones Unidas cree que las cifras podrían ser “considerablemente más altas” por la falta de información de las zonas más peligrosas, y advierte de que la mayoría de las muertes se produjeron por explosiones de bombas y misiles.
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En la región separatista de Donbás, origen de la guerra que comenzó en 2014, la cifra de víctimas mortales se eleva a 326 fallecidos en el territorio controlado por Kiev, y 62 muertos en las autoproclamadas repúblicas populares de Lugansk y Donetsk.
Las fuerzas rusas enviadas por Vladímir Putin han atacado con fuerza este viernes la capital de Ucrania, Kiev. El segundo día de la primera gran guerra en Europa en décadas, el presidente ruso cargó contra infraestructuras civiles para forzar al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, a negociar y a capitular. El Gobierno ucranio informa de decenas de muertos y heridos en ataques por todo el país. Las fuerzas especiales rusas y las tropas aerotransportadas avanzan hacia la capital. Desde el sur y el este, tratan además de envolver al ejército ucranio en la región del Donbás, donde los servicios secretos de Kiev creen que Moscú puede haber infiltrado además a grupos paramilitares para atacar desde dentro y hacerse con el control total de la zona. El plan podría repetirse, dicen, en otros puntos del país, incluso en Kiev, donde el objetivo del jefe del Kremlin podría ser descabezar a la cúpula del Gobierno. Miles de personas han huido desde el este, más cerca de la frontera rusa, y de la capital, hacia el oeste, a ciudades como Lviv, cerca de la frontera con Polonia, donde esta mañana se han oído también las sirenas de alerta por ataques. Decenas de miles de ciudadanos tratan de salir del país hacia Polonia y Hungría.
El derribo de un avión ruso sobre Kiev, que ha impactado sobre un edificio residencial de la capital, ha causado un gran incendio. Se trata de un inmueble de 10 plantas, a unos 10 kilómetros del centro de la capital, informa Luis de Vega desde Kiev. Hay al menos cinco heridos, uno muy grave. En un discurso a la ciudadanía ucrania, el presidente Zelenski ha confirmado múltiples ataques con misiles rusos en varios puntos del país y ha asegurado que las agresiones militares tienen como objetivo infraestructuras civiles y militares. “Están matando gente y convirtiendo ciudades pacíficas en objetivos militares”, dijo.
Por María R. Sahuquillo
Foto: Cientos de ciudadanos se refugian en las estaciones del metro de Kiev, este jueves. (Emilio Morenatti/AP)
Los líderes occidentales reunidos en la Conferencia de Seguridad de Múnich han tratado de enviar este sábado un fuerte mensaje disuasorio al Kremlin en medio del creciente deterioro de la situación sobre el terreno en el este de Ucrania y del inicio de ejercicio militares rusos que involucran armamento con capacidad nuclear. Uno detrás de otro, los dirigentes señalaron que están preparados y unidos para imponer fuertes medidas de represalia financieras y comerciales si Moscú opta por una nueva agresión contra Kiev. Pero la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, fue más allá al advertir de que habrá más consecuencias. “No nos pararemos ahí. También reforzaremos aún más a nuestros aliados de la OTAN en el flanco oriental”.
EE UU ya ha desplegado recientemente 6.000 efectivos adicionales en Rumania, Polonia y Alemania y puesto en prealerta a otros 8.500. Harris dejó clara la disposición de Washington a seguir en esa senda si la crisis se precipita. “Si el objetivo de Moscú es tener menos fuerzas de la Alianza cerca de su frontera, [con una agresión a Ucrania] tendrá más”, zanjó el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció en el foro de Múnich que la UE está preparada para afrontar un eventual corte abrupto del suministro de gas ruso. Incluso en caso de disrupción total, dijo Von der Leyen, el suministro está garantizado para este invierno gracias a los acuerdos sellados con proveedores de gas natural licuado. Tanto la líder de la Comisión como Harris incidieron en que las sanciones preparadas impedirán exportaciones de valor tecnológico que afectarán al desarrollo de la economía rusa y limitarán el acceso de instituciones financieras rusas a los mercados de capitales. La vicepresidenta de EEUU dijo que se trata de un conjunto de medidas que infligirá “costes económicos sin precedentes” a Rusia. Von der Leyen avisó al Kremlin que está en juego la prosperidad de su país.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, recibe el sábado 19 de febrero el premio Ewald von Kleist de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la Conferencia de Seguridad de Múnich. ANDREAS GEBERT (REUTERS)
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Scholz: la acusación de genocidio en el Donbás es “ridícula”
Pero junto con las advertencias de represalia en caso de una nueva agresión rusa a Ucrania y a las denuncias contra las manipulaciones, los líderes occidentales han insistido en su disposición a buscar salidas diplomáticas. Stoltenberg informó de que el jueves envió una carta al ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, invitándole a reanudar el diálogo en el formato del Consejo OTAN-Rusia. El canciller Scholz, por su parte, señaló que si bien los hechos sobre el terreno son sumamente preocupantes, también hay “importantes indicaciones” de un interés negociador ruso.
Scholz reiteró la advertencia a Moscú de que cualquier violación de las fronteras ucranias acarreará un “alto precio” para Rusia. Un ataque militar sería “un grave error” que tendría “altos costes políticos, económicos y geoestratégicos”. El canciller añadió que no hay ninguna justificación para la acumulación de más de 100.000 soldados rusos en las fronteras de Ucrania —el último cálculo de EE UU eleva esa cifra a un máximo de 190.000— y aseguró que se necesita “cuanta más diplomacia mejor, pero sin ser ingenuos”. Scholz se refirió también al hecho de que la entrada de Ucrania en la OTAN no está sobre la mesa y apuntó a “la paradoja” de que Moscú esté haciendo de ello un “casus belli”. “No hay ninguna decisión al respecto en la agenda”, subrayó.
Ambivalencia china
Ante la ausencia de Rusia, el único aliado de Moscú que ha participado hasta ahora en la Conferencia de Seguridad de Múnich ha sido China. Su ministro de Exteriores, Wang Yi, dejó un mensaje ambivalente. Por un lado, defendió la integridad territorial de Ucrania. Por otro, subrayó que las “preocupaciones razonables” de Rusia en el conflicto deben ser escuchadas. Wang afirmó que “la soberanía, la independencia y la integridad territorial de todos los países debe ser respetada y protegida” y que ese es el principio rector de la política exterior de Pekín y las “normas básicas de las relaciones internacionales”. Tras lo cual añadió: “Ucrania no es una excepción”.
Wang respondía así a una pregunta sobre la aparente contradicción entre ese discurso y el comunicado conjunto que emitieron Pekín y Moscú el pasado día 4 en el que China se sumaba a las demandas rusas al suscribir por primera vez su rechazo explícito a una ampliación de la OTAN. Wang aseguró que la postura de Pekín es firme y que interpretar de otra forma ese compromiso es “un pirateo malintencionado, una distorsión de la postura china y puro sensacionalismo”. Pero también manifestó su apoyo a las reivindicaciones de Moscú al decir que la comunidad internacional debe escuchar las preocupaciones de Rusia respecto a Ucrania del mismo modo que se tienen en cuenta las de otros actores del conflicto. “Todas las partes tienen derecho a expresar sus preocupaciones, y las preocupaciones razonables de Rusia también deben ser respetadas y tenidas en cuenta”, aseguró.
El ministro de Exteriores chino animó a Occidente a repensar la necesidad de la Alianza Atlántica. “Hace tiempo que acabó la Guerra Fría y la OTAN es un producto de esa era. Ahora necesitamos analizar el momento actual y tiene que haber una adaptación de la OTAN. Si sigue la expansión hacia el este, ¿garantizará eso realmente la paz y la estabilidad en Europa? Creo que nuestros amigos europeos tienen que reflexionar sobre ello”.
El primer ministro británico, Boris Johnson, advirtió de que en la crisis no solo está en juego la soberanía y la independencia de Ucrania, sino el futuro de las relaciones internacionales. “El shock tendría repercusiones en todo el mundo”, aseguró, “incluso en Asia y Taiwán”. “Hay un riesgo de que se llegue a la conclusión de que la agresión vale la pena y que es correcto usar la fuerza”. Por eso, dijo, Occidente tiene que estar unido y prepararse para imponer las sanciones “más duras”. “Si Rusia invade, sancionaremos a las personas y a las empresas de interés estratégico para Rusia de forma que les sea imposible obtener capital en los mercados financieros de Londres”, aseguró, y amenazó también con abrir “las muñecas rusas” de las empresas radicadas en el Reino Unido tras las que se esconden beneficiarios rusos.
Los ministros de Exteriores de los países del G7 aprovecharon su presencia en Múnich para tratar la crisis en Ucrania e instar a Rusia “a elegir el camino de la diplomacia, reducir las tensiones, retirar sustancialmente las fuerzas militares de la proximidad de las fronteras de Ucrania y cumplir plenamente los compromisos internacionales”. Un primer paso sería “implementar la reducción anunciada de sus actividades militares” porque, tal y como destacaron en un comunicado conjunto, no han “visto evidencia de esa reducción”. “Juzgaremos a Rusia por sus hechos”, aseguran.
La congresista Taylor Greene durante una conferencia de prensa en Washington, el 8 de diciembre de 2021.J. Scott Applewhite (AP)
Marjorie Taylor Greene, representante por Georgia, aterrizada en el Capitolio tras las últimas elecciones, ha acusado este miércoles a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de tener una fuerza de “policía gazpacho” espiando a los miembros del Congreso. La congresista, llegada al poder por la ola populista en la que sigue subido Donald Trump, intentó referirse sin éxito a la despiadada Gestapo.
A lo que la señora MTG (como le gusta ser referida, por sus iniciales) quería aludir era a la pavorosa fuerza policial secreta creada por Hermann Goering y dirigida por Heinrich Himmler durante el Holocausto para investigar y combatir todas aquellas tendencias que pudieran ser peligrosas para el régimen. Esa Gestapo a la que tan frívola y equivocadamente se refiere Greene tuvo un papel central en el asesinato masivo de judíos europeos por parte del Partido Nazi. El gazpacho es una sopa fría con raíces en Andalucía (España) que consta de tomate, pepino, algo de pan, aceite de oliva, vinagre y ajo, esto último, al gusto. No confundir con el salmorejo, la pipirrana o la porra antequerana, por poner tres ejemplos.
“Tenemos a la policía del gazpacho de Nancy Pelosi espiando a los miembros del Congreso, espiando el trabajo legislativo que hacemos, espiando a nuestro personal y espiando a los ciudadanos estadounidenses que quieren venir a hablar con sus representantes”, dijo Greene durante una entrevista con Dan Ball en Real America, programa producido por el canal de televisión de extrema derecha al servicio de Trump One America News Network. “Este Gobierno se ha convertido en algo que nunca tuvo la intención de ser, y es hora de que termine”, dijo la congresista henchida de orgullo ante tan fundado pensamiento.
No es esta la primera vez que Greene utiliza, en este caso “cree que” utiliza, el Holocausto como referente. Respecto a las medidas adoptadas por la Administración de Joe Biden frente a la covid, la congresista definió a los encuestadores que realizan actividades de divulgación sobre las vacunas como “camisas marrones” (el uniforme nazi era de ese color) y comparó los logotipos de vacunación en las placas de identificación de los empleados de supermercados vacunados con las humillantes estrellas amarillas que los judíos se vieron obligados a usar en la Europa ocupada por los nazis.
Quizá, solo quizá, sabiendo de qué fuentes bebe la congresista de 47 años pueda entenderse semejante despropósito. Greene es una firme creyente de la teoría conspiratoria apoteósica que vive en las cloacas de internet bajo el nombre de QAnon. Cuando hacía campaña para ganar el escaño que ahora posee, el entonces presidente Trump la declaró “la futura estrella republicana”. Entre algunas de las afirmaciones más delirantes de QAnon está el que Barack Obama es un traidor y un terrorista que ha pedido asilo en Mónaco o que el senador republicano John McCain, aspirante a la presidencia en 2008, no murió de un cáncer cerebral sino que fue ejecutado.
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Dear @RepMTG the Gazpacho police was created by me in 1993 to make sure that no one will add Tabasco or jalalpeño or strange things to my beloved soup! Please don’t blame anybody else but me…stop by for a glass anytime. Don’t forget your mask and vaccination card!😜 https://t.co/srhSZXWv6L
Por supuesto, este martes por la noche, según pasaban los minutos y la noticia de la GestapoGazpacho iba creciendo cual bola de nieve, la sopa fría andaluza era tendencia en Twitter junto a la palabra nazi. A resaltar el tuit que el archiconocido chef español-americano le dedicaba a la congresista, al informarle que sí, que en efecto, que la “policía del gazpacho” existe pero que la había creado él en 1993 para evitar crímenes gastronómicos tales como añadir “tabasco, jalapeños o cosas extrañas” a tan delicioso primer plato veraniego. Vamos, para evitar que un restaurante acabe ofreciendo paella con chorizo como recomendaba el chef británico Jamie Oliver. Y solo es miércoles.
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El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, ha alertado este miércoles de que Rusia “tiene planes” de aumentar aún más sus tropas junto a las fronteras ucranias y que podría iniciar “en breve” una nueva agresión militar contra el estratégico país de Europa del Este. En el inicio de una gira diplomática destinada a disuadir a Moscú de cruzar las líneas rojas, Blinken viajó a Kiev para mostrar su apoyo al Gobierno de Volodímir Zelenski y renovó su promesa de duras sanciones en caso de otra invasión rusa. Mientras el Kremlin volvió a exigir a la OTAN y a EE UU garantías de que la Alianza Atlántica nunca admitirá a Ucrania ni a Georgia, Blinken, que se reunirá con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, el viernes, advirtió a los ucranios de que deben prepararse para días difíciles.
Ucrania lleva ya ocho años en guerra en la región del Donbás contra los separatistas prorrusos, que reciben el apoyo de Moscú, que ya en 2014 se anexionó con un referéndum no reconocido por la comunidad internacional la península ucrania de Crimea. Ahora, la concentración de unos 100.000 soldados rusos junto a las fronteras con Ucrania, a la que se siguen sumando militares y armamento pesado, unido a las elevadas amenazas dialécticas del Kremlin, ha desatado una enorme crisis de seguridad en Europa del Este. “Sabemos que existen planes [de Rusia] para aumentar esa fuerza [militar] aún más en muy poco tiempo”, dijo Blinken en Kiev. “Y eso le da al presidente [ruso, Vladímir] Putin la capacidad, también en muy poco tiempo, de tomar más medidas agresivas contra Ucrania”.
Este país, que junto a Georgia recibió la invitación para adherirse a la OTAN en 2008 —aunque a falta de reformas y consenso esa membresía está realmente muy lejana—, ha pedido a sus aliados occidentales más apoyo en materia de defensa, duras sanciones contra Rusia y también apoyo sobre el terreno. Blinken, que se reunió con el presidente Zelenski y con el ministro de Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, renovó la promesa de represalias contra Moscú, aunque sin concretar, y también garantizó que Washington continuará brindando a Ucrania apoyo en materia de defensa con un nuevo paquete de capital de 200 millones de dólares (unos 176 millones de euros). Sin embargo, EE UU no proporcionará armas ofensivas a Kiev y tampoco le ofrecerá fuerza militar directa. “Para dar pasos muy rápidos, para modernizar el Ejército, necesitamos ayuda aquí, especialmente ayuda en estos tiempos, tiempos difíciles”, pidió Zelenski.
Blindados rusos llegaban a Bielorrusia el martes para unas maniobras conjuntas previstas para principios de febrero.HANDOUT (AFP)
El ambiente es cada vez más sombrío y tenso, pero Washington y Kiev insistieron en que aún queda un trecho de vía diplomática por explorar. “Todos los países de la Unión Europea deben entender que, aunque el precio de disuadir a Rusia es alto, el costo de detener una nueva guerra será más alto”, recalcó el ministro de Exteriores Kuleba, que conversó por teléfono con el jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell, sobre las sanciones económicas que podría imponer Bruselas a Moscú y el apoyo adicional a Ucrania. Rusia, que vive el peor momento en sus relaciones con la Unión Europea, ha apartado deliberadamente a los Veintisiete de las conversaciones diplomáticas y ha tratado de aguar su papel en los debates sobre la arquitectura de seguridad en el Viejo Continente, alegando que prefiere tratar principalmente con Washington.
Borrell mantuvo este miércoles una conversación telefónica con Blinken, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y la presidencia polaca de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en la que dialogaron acerca de la situación en Ucrania y sobre los esfuerzos diplomáticos para garantizar la seguridad en Europa. En la reunión, los participantes acordaron tratar de “identificar formas de resolver la situación a través del compromiso diplomático bilateral y multilateral, y presentando un frente transatlántico fuerte, claro y unido”, según un comunicado difundido por Borrell en su cuenta de Twitter.
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Este miércoles, el presidente francés, Emmanuel Macron, que junto a la excanciller alemana Angela Merkel unificaba el tono más pragmático con Moscú, pidió al club comunitario que elabore un plan de “seguridad y estabilidad” para aliviar las tensiones con Rusia. “Deberíamos construirlo entre los europeos, luego compartirlo con nuestros aliados en el marco de la OTAN y después proponerlo para la negociación con Rusia”, dijo Macron en Estrasburgo en un discurso ante el Parlamento Europeo.
Estados Unidos, mientras tanto, busca contra reloj no solo desescalar la crisis, sino unificar un plan de contingencia y también acordar un paquete de posibles sanciones financieras que se impondrían a Rusia en el caso de una nueva agresión a Ucrania. Un enfoque unificado que Blinken se esforzó por resaltar en Kiev y que puede haber hallado un verso suelto con la propuesta de Macron. “La fuerza de nuestra diplomacia, nuestra disuasión y cualquier respuesta a la agresión de Moscú exige unidad entre aliados y socios, así como dentro de Ucrania”, dijo el secretario de Estado de EE UU antes de viajar a Berlín, donde se reunirá el jueves con el canciller Olaf Scholz y con los ministros de Exteriores de Alemania, Francia y el Reino Unido.
Soldados ucranianos realizaban maniobras con misiles Javelin estadounidenses, el 12 de enero en la región de Donetsk.AP
Washington y Bruselas acusan a Rusia también de agudizar la crisis sin motivo y de exigir demandas imposibles. En diciembre, Putin planteó a la OTAN y a EE UU un proyecto de tratado que incluye no solo el compromiso de que la Alianza (de la que España es miembro) renuncie a nuevos socios entre los países de la antigua URSS (como Georgia y Ucrania) sino que también exige que la OTAN y Washington paralicen toda actividad militar en Europa central (donde no tiene bases, pero sí despliega batallones plurinacionales en rotaciones en Polonia y los países bálticos), Asia central y el Cáucaso. Moscú ondea ahora la amenaza de “desplegar” material militar si no recibe respuesta por escrito a esas demandas. Un documento que Blinken, que prometió diplomacia “implacable” con Moscú, confirmó que no entregará el viernes a Lavrov en su reunión en Ginebra.
Putin, que aspira y maniobra para mantener su esfera de influencia en el espacio postsoviético, y que ha repetido que Ucrania y Rusia son un solo pueblo, unido por lazos étnicos e históricos sustanciales, acusa a la OTAN de amenazar la seguridad de su país y expandirse hacia sus fronteras. Este miércoles, el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, que encabezó la semana pasada las conversaciones diplomáticas con sus socios occidentales, que terminaron en un callejón sin salida, aseguró que la situación es “crítica”.
En un foro de discusión en Moscú, Riabkov acusó a la Alianza Atlántica de usar Ucrania como “palanca de presión” contra Rusia y de “potenciar” el conflicto. “Estoy seguro de que no hay riesgo de que estalle una guerra a gran escala en Europa u otro lugar. No tenemos intención de atacar, organizar una ofensiva o invadir Ucrania”, dijo el viceministro. Los servicios de espionaje estadounidenses y ucranianos creen que la amenaza puede llegar de manera subrepticia, y sostienen que Moscú puede estar preparando una operación de falsa bandera en forma de provocación en Donbás —donde se producen violaciones del acuerdo de alto el fuego constantes y el conflicto es cada vez más volátil—, para poder entrar de manera abierta en las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk a “defender” a los alrededor de un millón de personas que han recibido pasaportes rusos en los últimos años.