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Un militar ucranio divisa con prismáticos un puesto del Ejército ruso, este domingo a las afueras de Brovary, un suburbio de Kiev.
Un militar ucranio divisa con prismáticos un puesto del Ejército ruso, este domingo a las afueras de Brovary, un suburbio de Kiev.DIMITAR DILKOFF (AFP)

Transcurrieron seis días desde que el presidente de Estados Unidos dijo que creía que, en efecto, Vladímir Putin ya había tomado la decisión de invadir Ucrania, el 18 de febrero, viernes, hasta que se hizo efectiva la ofensiva rusa, la madrugada del jueves 24 de febrero, jueves. La Administración de Joe Biden llevaba semanas advirtiendo de que el dirigente ruso había realizado todos los preparativos necesarios para el ataque. Los servicios de inteligencia habían hecho y compartido el seguimiento milimétrico y en tiempo real del movimiento de las tropas rusas por la frontera del país hoy agredido. También conocían el plan del Kremlin de fabricar un pretexto en forma de ataque falso para justificar su acometida contra Ucrania.

La inteligencia de EE UU ha eliminado el factor sorpresa de la ecuación de la agresión rusa. Contribuyó a preparar la oleada sincronizada de sanciones al Kremlin y a facilitar la evacuación de ciudadanos estadounidenses en Ucrania. También sirvió para enviar tropas de refuerzo a los países miembros de la OTAN en el Este de Europa y, en definitiva, para conformar la postura de la opinión pública, unánime en su condena de la guerra.

Casi dos décadas después de la polémica invasión de Irak con el argumento jamás probado de la existencia de armas de destrucción masiva en ese país, la inteligencia de Estados Unidos se ha apuntado ahora una victoria, que no cumple ninguna función redentora, ni tampoco ha logrado impedir el ataque en la práctica: Putin se encuentra ya asediando la capital, Kiev, sin temblarle el pulso ante las víctimas civiles. Pero la información de la inteligencia estadounidense sí ha ayudado a unir a los aliados ante la amenaza del Kremlin y ha concedido un margen de maniobra para diseñar un programa de sanciones en varios frentes, coordinado y sin precedentes. Todo ello tampoco ha servido para parar lo que parece ser el mayor riesgo de una guerra mundial en 80 años.

“La calidad de la inteligencia estadounidense es algo que no podemos alcanzar, tienen penetrado hasta el último rincón de lo que ocurre en Moscú, y es evidente que temen sinceramente que algo puede ocurrir”, decía a este periódico un alto funcionario comunitario en Washington a principios de febrero. Sin embargo, en esas fechas las autoridades europeas empleaban aún un tono muy diferente del de Estados Unidos. Mientras los norteamericanos planteaban la retirada de diplomáticos del país, sus socios del Viejo Continente no consideraban que hubiera motivos suficientes. Si Washington exponía el arsenal de sanciones que estaba dispuesto a aplicar, Bruselas escondía las cartas.

En ese momento, en cualquier caso, Estados Unidos no daba por seguro aún que Moscú hubiera tomado la decisión de invadir, pero sí que tenía el plan perfectamente diseñado y que deseaba hacerlo. El 28 de enero el Pentágono advirtió de que Rusia tenía en la frontera con Ucrania plena capacidad militar para invadir todo el país, una acumulación de tropas —entonces cifrada en unos 130.000 militares— inédita “desde los tiempo de la Guerra Fría”. Y alertaba: “Hay múltiples opciones posibles, incluida la toma de ciudades y territorios significativos, pero también actos coercitivos y actos políticos que buscan la provocación como el reconocimiento de la ruptura de territorios”.

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El propio presidente ucranio, Volodímir Zelenski, llegó a prevenir a Occidente contra la difusión de mensajes “alarmistas” sobre un ataque inminente, lo que, unido a los continuos desmentidos de Rusia, contribuyó a generar dudas sobre la solidez de la información que manejaban los aliados. El tiempo ha despejado esas sospechas de un modo atroz.

El 21 de febrero Putin reconoció la soberanía de los territorios prorrusos de Donetsk y Lugansk como dos nuevas repúblicas independientes, y ordenó la entrada de los primeros soldados rusos con el objetivo de “mantener la paz” y proteger a la población, víctimas, según el Kremlin, de un “genocidio” por parte de Kiev. Putin denunciaba ataques terroristas en la zona. Apenas 48 horas después, en plena reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unida en Nueva York (madrugada del 24 de febrero en Ucrania), el presidente ruso declaró la guerra a Ucrania bajo el eufemismo de una “operación militar especial”.

Los primeros avisos de que algo así podía pasar llegaron a la Casa Blanca el pasado mes de octubre a través de reuniones secretas del equipo de Seguridad Nacional. El desaguisado de la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán estaba muy reciente, al igual que el conflicto surgido por el acuerdo militar suscrito con el Reino Unido y Australia a espaldas de los aliados. Biden trató de atajar las suspicacias con Europa. Decidió, en primer lugar, compartir los hallazgos de la inteligencia con los socios al otro lado del Atlántico (Alemania y otros países de la UE muy dependientes del gas ruso asumieron la información y obraron en consecuencia); luego, con la opinión pública. Acto seguido, redobló el envío de ayuda a Ucrania.

Siempre un paso por delante del Kremlin, la inteligencia estadounidense ha debido enfrentarse también a un componente fundamental de la guerra híbrida, la desinformación, sazonado por otro más tradicional, las operaciones de sabotaje. Washington alertó a finales de enero de que Rusia planeaba un ataque falso contra sus fuerzas en el este de Ucrania como pretexto para invadir la antigua república soviética. Un mes después, recurría a presuntos actos terroristas en Donetsk y Lugansk para justificar la “operación militar especial” que hoy ha situado al mundo al borde del abismo. El señuelo del sabotaje sigue siendo utilizado como recurso desinformativo por el Kremlin: el incendio en la central nuclear de Zaporiyia, asaltada este viernes, se debió a un “sabotaje ucranio” para desviar la culpa a Moscú, según el embajador ruso ante la ONU. La información satelital ha desmentido el pretexto.

El éxito se debe a una conjunción de elementos: una red de información reconstruida sobre el terreno en Rusia, los satélites gubernamentales y comerciales —como los de la empresa Maxar Technologies, desde Colorado— que rastrean el movimiento de las tropas, el perfeccionamiento de la capacidad para interceptar comunicaciones e incluso material de código abierto seleccionado de las redes sociales rusas.

Los avances en la criptología y la tecnología de intercepción electrónica durante la última década, junto con una dependencia cada más global de las redes informáticas y las comunicaciones móviles, han reforzado los recursos de inteligencia, según el diario The New York Times. Aunque el propio Vladímir Putin evita el uso de dispositivos electrónicos, sus soldados llevan teléfonos no seguros en sus bolsillos, lo que multiplica los puntos de recolección de datos.

Legisladores demócratas y republicanos han considerado estos días la precisión de las predicciones como un merecido espaldarazo a la comunidad de inteligencia, que arrastraba críticas por fiascos como el de Afganistán o, en 2003, el supuesto arsenal de armas de destrucción masiva de Sadam Husein.

Algunos en EE UU sostienen que Washington y Kiev podrían haber hecho más con esa abundante información recopilada, que la Administración de Biden ha compartido con la de Zelenski pese a una cierta reticencia inicial. La Casa Blanca suministró su inteligencia a Ucrania, incluso antes de que Rusia comenzara a acumular tropas el año pasado, y aceleró el intercambio de información durante la crisis. La Administración Biden rebajó las restricciones habituales en temas de inteligencia para compartir los hallazgos con los ucranios y, a continuación, con los aliados.

Aun así, Estados Unidos y Ucrania a menudo estuvieron en desacuerdo en público y en privado sobre la naturaleza y el alcance de la amenaza rusa y las acciones que debían adoptarse. Zelenski no movilizó a los reservistas hasta el miércoles 23, la víspera de la invasión, cuando decretó el estado de emergencia durante 30 días.



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Patrullero de la Policía asesinado.

Llevaba tres años ejerciendo estas funciones.

Noticias Bolívar.

Como Jorge Andres Bernal Rojas fue identificado un patrullero de la Policía asesinado anoche en el municipio de San Pablo, sur de Bolívar.

El unifoemado al parecer salía de la sede de la Fiscalía de ese población cuando de pronto, fue interceptado por sujetos que se movilizban en una motocicleta.

Patrullero asesinado.

Los sicarios abrieron fuego de manera indiscriminada y lo dejaron tendido en el suelo sin vida.

Según información de las autoridades, Bernal Rojas se dedicaba a labores de inteligencia en contra de bandas criminales.

«En un ataque sicarial fue asesinado vilmente nuestro compañero quien se desempeñaba en labores de inteligencia desde hace tres años contra el terrorismo y manifestaciones criminales de los grupos armados en esta región del país, contra la subestructura Luis Alfonso Echavarría del Clan de Golfo que delinque en el municipio de San Pablo en el sur de Bolívar», expresó el coronel Alexander Sánchez, comandante de la Policía del Magdalena Medio.

El uniformado estaba inscrito a la SIPOL DEMAM en San Pablo (Bolívar).

Este hecho se le atribuye preliminarmente a integrantes del Clan del Golfo.

Se conoció que Bernal Rojas llevaba cerca de tres meses en dicha comisión, adelantado proceso operacional contra Clan del Golfo y ELN.

Por este vil asesinato las autoridades ofrecen una recomepnsa de hasta 50 millones de pesos para quien suministre información que permita dar con al captura de los responsables.

La Policía a través de un video le rindió un homenaje:

Foto de portada: @policianacional

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Los servicios de inteligencia de Estados Unidos recabaron la semana pasada la información de que el Kremlin ya había ordenado proceder a la invasión de Ucrania, según fuentes de la Administración de Joe Biden citadas este domingo por The New York Times y The Washington Post. Este dato es lo que llevó al presidente a señalar el viernes, por primera vez, que consideraba que Vladímir Putin ya había “tomado la decisión” de atacar la antigua república soviética.

Washington ha optado en esta crisis por difundir todos los planes que, según sus servicios de inteligencia, Moscú ha estado urdiendo en torno a Ucrania, con el fin de cortarle el paso y la capacidad de sorpresa. Para Biden, los últimos movimientos del Kremlin, como el refuerzo de tropas, las maniobras militares y la tensión en la región separatista de Donbás reafirman la solidez de la información obtenida hasta ahora, incluida la referente a un falso ataque que Rusia usaría como pretexto para invadir Ucrania.

Las noticias sobre la supuesta orden de Putin la semana pasada se publicaron tras otra jornada de tensión. Biden reunió al Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca para abordar la crisis y decidió cancelar en el último momento el viaje previsto a Wilmington (Delaware), su ciudad, con motivo de la festividad del Día de los Presidentes, que se celebra este lunes.

El líder norteamericano habló alrededor de 20 minutos con el francés Emmanuel Macron tras la conversación de este último con Vladímir Putin. Según el Elíseo, Macron logró arrancar de Putin un compromiso para intentar pactar un alto el fuego en la línea de contacto del este de Ucrania. Además, este lunes se reunirán representantes de Rusia, Ucrania y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Los aliados apuran la vía diplomática para tratar de evitar una guerra que, a su juicio, Putin está más dispuesto a empezar. Por la mañana, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, subrayó que todas las acciones emprendidas por Moscú sugieren una agresión inminente a Ucrania. “Todo lo que estamos viendo apunta a que esto va muy en serio, que estamos al borde de una invasión”, señaló en una entrevista en la cadena CNN.

El jefe de la diplomacia estadounidense mencionó las tensiones en Donbás y ha recordado el plan atribuido al Kremlin de fabricar un “falso ataque” contra Rusia con el fin de justificar una nueva intervención militar sobre la antigua república soviética. También citó las maniobras militares que Moscú ha puesto en marcha en Bielorrusia, que han movilizado, dice, hasta 30.000 soldados y que se suponía que debían regresar a Rusia este fin de semana, pero permanecerán en el país aliado. “Todo esto junto nos dice que el guión que presentamos sigue avanzando”, añadió Blinken.

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Como apuntó el presidente, Joe Biden, el pasado viernes, Blinken señaló también este domingo que cree que Putin “ya ha tomado la decisión” de invadir Ucrania, pero insistió en que Biden está dispuesto a hablar con el líder ruso para evitarlo hasta el último momento.

La agresión parece cada vez más probable para desesperación del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, que ha reclamado abiertamente a sus aliados occidentales que no esperen más y adopten ya un paquete de sanciones contra Rusia, responsable, según los aliados, de varios ciberataques e intentos de desestabilizar el Gobierno de Kiev. Preguntado sobre esto en la cadena CBS, Blinken respondió este domingo que las sanciones previstas —y muy publicitadas por Washington— buscan “disuadir” a Rusia de una posible agresión y que “una vez se activan, se pierde ese poder de disuasión”.

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La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen, en una conferencia en Washington.
La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen, en una conferencia en Washington.NICHOLAS KAMM (AFP)

En plena escalada de tensión entre Washington y Moscú, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha impuesto este jueves nuevas sanciones contra cuatro autoridades ucranias, incluidos dos miembros de su Parlamento, por participar en actividades ”diseñadas por el Gobierno ruso para desestabilizar Ucrania”. Se les acusa de participar en tareas de desinformación dirigidas por el Servicio Federal de Seguridad ruso (FSB), así como de apoyar los planes del Kremlin contra EE UU y sus aliados.

“La acción de hoy tiene como objetivo atacar, socavar y exponer el esfuerzo de desestabilización de Rusia en Ucrania”, sostuvo el Departamento del Tesoro en un comunicado. Los sancionados son los miembros del Parlamento Taras Kozak y Oleh Voloshyn y dos exempleados del Gobierno. Kozak, que controla varios canales de noticias, está acusado de “denigrar” a varios perfiles de alto nivel del círculo del presidente ucranio Volodymyr Zelensky. También, de propagar información falsa sobre las elecciones estadounidenses de 2020. A Voloshyn, por su parte, se le atribuye haber trabajado con el FSB para socavar a los empleados del Gobierno de Kiev, así como de defender los intereses de Rusia. Ambos pertenecen al partido liderado por el prorruso Víktor Medvedchuk, previamente sancionado por las autoridades estadounidenses por “socavar” la soberanía ucrania.

El Tesoro también sancionó al exsecretario del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional de Ucrania, Vladimir Sivkovich, acusado de facilitar la anexión de Crimea, y al exfuncionario ucranio Volodymyr Oliynyk, quien, siempre según Washington, recopiló información sobre infraestructuras críticas de su país para compartirla con el FSB.

El anuncio llega un día después de que el presidente estadounidense Joe Biden advirtiera sobre la posibilidad de que su homólogo ruso, Vladímir Putin, invada Ucrania, para añadir que pagaría por ello. Las alertas saltaron cuando el demócrata apuntó que una “incursión menor” de Rusia en Ucrania podría significar que EE UU acabara “discutiendo” con los aliados europeos sobre la respuesta apropiada.

Las declaraciones generaron confusión y desencadenaron una ola de críticas entre las filas republicanas. En un intento por despejar las dudas suscitadas, el mandatario afirmó este jueves que fue “absolutamente claro con el presidente Putin”. “No hay malentendido posible. Cualquier unidad rusa operativa que cruce la frontera con Ucrania: eso es una invasión”. Biden adelantó que su Administración está analizando posibles sanciones contra el Kremlin que apuntarían a su sistema bancario, restringiendo su capacidad “para negociar en dólares”.

Washington advirtió la semana pasada que Moscú está planeando una operación de sabotaje falsa contra sus fuerzas en el este de Ucrania con el fin de construir un pretexto para invadir la antigua república soviética. “Estados Unidos está tomando medidas para exponer y contrarrestar la peligrosa y amenazante campaña de influencia y desinformación de Rusia en Ucrania”, sostuvo el subsecretario del Tesoro, Wally Adeyemo, en un comunicado. “Estamos comprometidos en tomar medidas para responsabilizar a Rusia por esas acciones desestabilizadoras”.

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