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Familiares de víctimas desaparecidas durante el Gobierno de Alberto Fujimori se manifiestan en contra del fallo del Tribunal Constitucional.
Familiares de víctimas desaparecidas durante el Gobierno de Alberto Fujimori se manifiestan en contra del fallo del Tribunal Constitucional.Paolo Aguilar (EFE)

El tribunal penal que lleva el juicio contra el autócrata Alberto Fujimori por el asesinato de seis campesinos —perpetrado por militares durante su Gobierno— ha prohibido su salida del país durante un año y medio. La medida se ha concedido a petición del fiscal, ante la inminente excarcelación del reo tras la decisión del Tribunal Constitucional el jueves pasado, que aprobó un hábeas corpus. Fujimori tiene pendiente, entre otros casos, comparecer en el juicio oral del caso Pativilca como autor mediato de homicidio calificado, que se considera delito de lesa humanidad, cometido al norte de Lima en enero de 1992 por el Grupo Colina, un escuadrón de la muerte del Ejército peruano que cometió decenas de ejecuciones extrajudiciales a civiles bajo el paraguas de la lucha contra el terrorismo al inicio de la década de los 90.

El fiscal Luis Javier Ramírez pidió además comparecencias con restricciones para asegurar que Fujimori se presente al juicio, en vista de que en otros casos de graves violaciones a los derechos humanos no ha pagado la reparación civil a las víctimas y sus familiares. El reo tiene una deuda de 13,6 millones de dólares con el Estado por reparación civil, según el procurador anticorrupción. La tarde del jueves, la jueza Miluska Cano señaló que cuando Fujimori sea excarcelado debe informar a su despacho de cuál será su domicilio en la ciudad de Lima, y “presentarse ante el tribunal cuando este lo requiera, salvo que su situación de salud —debidamente documentada— se lo impida”.

Entre los fundamentos de su decisión, la jueza comentó que este viernes 25 de marzo el Estado peruano remitirá sus observaciones a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre las medidas provisionales que tomará ante el fallo del Tribunal Constitucional peruano. “Se debe advertir el impacto sobre el derecho a la verdad y el derecho a la reparación, más cuando el procesado no ha pagado la reparación civil en los casos Barrios Altos y La Cantuta”, afirmó Cano. En noviembre de 1991 el Grupo Colina asesinó a 15 personas —entre ellos un niño de ocho años— en un inmueble de Barrios Altos, en el centro de Lima, y, en julio de 1992, secuestró a nueve estudiantes y un profesor de la universidad nacional de educación La Cantuta a quienes luego ejecutó extrajudicialmente. Al año siguiente, algunos de los cuerpos fueron encontrados calcinados al este de la capital.

En 2009, la Sala Penal Especial condenó a Fujimori a 25 años de prisión como autor mediato de los delitos de homicidio calificado y lesiones graves por ambos casos, después de haber sido extraditado desde Chile. La sentencia llegó después de un largo proceso en el sistema de justicia interamericano al que acudieron las víctimas y sobrevivientes ante la imposibilidad de encontrarla en el fuero peruano. La CIDH halló responsabilidad del Estado peruano en ambos casos, y como parte de las reparaciones dispuso la investigación y sanción de los delitos, entre otras medidas. Fujimori ha cumplido 15 años de dicha condena.

Bajo el argumento de que Fujimori, de 82 años, no representa un peligro para la sociedad y tiene la salud resquebrajada, el recurso que el abogado Gregorio Parco presentó al Constitucional pidió anular la resolución del juez supremo Hugo Núñez que en 2018 invalidó el indulto que el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski otorgó a Fujimori en la nochebuena de 2017.

En el debate del jueves pasado, del habeas corpus, los jueces quedaron empatados tres a tres, pero el presidente del Constitucional, Augusto Ferrero, definió con el voto dirimente. Ferrero llegó a la corte en 2017 apadrinado por la bancada fujimorista de Fuerza Popular y la líder de ese grupo político, Keiko, la hija mayor del expresidente.

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Aunque el Constitucional no ha difundido la sentencia —con los argumentos a favor y en contra— el jueves comunicó que la decisión con los tres votos a favor del hábeas corpus “restituye los efectos de la resolución del 24 de diciembre de 2017, que concedió el indulto humanitario al demandante, y dispone su libertad”. El juez Núñez anuló en octubre de 2018 el perdón presidencial debido a que fue producto de una negociación política de Kuczynski con Kenji —el hijo menor de Fujimori, congresista en ese momento— para evitar su destitución.

El magistrado demostró que el trámite del indulto ocurrió en un lapso extraordinariamente breve y que hubo irregularidades en los informes médicos sobre el reo. A petición de los familiares de las víctimas de los casos La Cantuta y Barrios Altos, el juez evaluó si el indulto infringía las obligaciones del Estado peruano ante el sistema interamericano de justicia y concluyó que era incompatible con ellas. Para el juez Núñez, los vicios procesales del indulto de 2017 evidenciaron la falta de debido proceso, independencia y transparencia que el caso exigía. “No procede otorgar beneficios en forma indebida que puedan conducir de algún modo a la impunidad”, dijo en su resolución.

De aquel episodio, Kenji Fujimori enfrenta desde enero un juicio por cohecho y tráfico de influencias debido al canje del indulto de su padre a favor de votos para salvar la presidencia de Kuczynski. El fiscal ha pedido once años de prisión para el hijo menor de Fujimori.

Tras el fallo de los tres magistrados del Constitucional, la semana pasada, la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos expresaron su preocupación por el incumplimiento de las sentencias de los casos Barrios Altos y La Cantuta, y la oficina de derechos humanos de Naciones Unidas recordó que las normas internacionales restringen los indultos en casos de graves violaciones a los derechos humanos. El martes, los expertos en derechos humanos de la ONU también rechazaron el fallo del Constitucional, en un comunicado. “Las víctimas de violaciones a los derechos humanos esperaron justicia por un largo tiempo, y esta decisión representa un doloroso retroceso para ellas”, plantearon Fabián Salvioli, relator especial sobre la promoción de la verdad, la justicia y la reparación; Morris Tidball Binz, relator especial sobre ejecuciones judiciales; y cinco miembros del Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias.

“La decisión del Tribunal Constitucional de liberar al señor Fujimori y de restablecer un indulto presidencial que le había sido concedido en 2017 parece ser inconsistente con los estándares internacionales de derechos humanos que restringen el uso del indulto en casos que involucran crímenes de lesa humanidad”, añaden los especialistas de procedimientos especiales de Naciones Unidas.

Este viernes, un procurador debe informar a la Corte Interamericana de la posición del Estado peruano acerca de lo decidido por el Constitucional, mientras a las puertas del recinto donde Fujimori cumple su condena la prensa espera la excarcelación que podría ser efectiva alrededor del día 28, fecha límite que tienen los magistrados para entregar la argumentación de sus votos en la cuestionada sentencia.

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En lo alto del Palacio de Montecitorio, sede de la Cámara de Diputados de Italia, hay una campana que solo suena una vez cada siete años. El jueves por la tarde, a las 15.15, el badajo le sacó el polvo al artefacto y comenzó la música que anuncia el comienzo de la más alta ceremonia institucional de Italia. En ese momento, el presidente de la República, Sergio Mattarella, salió de su despacho en el Palacio del Quirinal y recorrió los 900 metros que lo separaban del Parlamento. Justo cuando entró, acompañado de los presidentes de ambas cámaras, la campana dejó de sonar y solo volvió a hacerlo cuando el mismo hombre juró sobre la Constitución como nuevo jefe del Estado, reelegido el pasado sábado tras el caótico intentó por buscarle un sucesor.

El presidente de la República realizó un discurso de 37 minutos, profundo y lleno de referencias progresistas —inmigrantes, mujeres, trabajadores…— en el que tuvo tiempo hasta de acordarse de la actriz Monica Vitti, fallecida 24 horas antes. Un canto a la “dignidad” de un país, señaló, que pasa por el respeto y los principios sagrados de la democracia, de la justicia social y de la centralidad de su Parlamento.

De no haber aceptado un segundo mandato, Mattarella cree que las expectativas de los italianos podrían haberse visto “fuertemente comprometidas” por “la prolongación de un estado de profunda incertidumbre política y tensiones, cuyas consecuencias podrían haber puesto en peligro recursos decisivos y las perspectivas de relanzar el país”. “He intentado atender siempre la Constitución en los últimos siete años. A la garantía de derechos, al apoyo y respuestas al malestar de los que más sufren. Y esas esperanzas habrían sido comprometidas si se alargaba la decisión. Habrían puesto en dificultades las siguientes decisiones”, añadió. Y aquí volvieron los aplausos, que se repitieron decenas de veces, con casi toda la cámara en pie, durante su discurso. Incluso cuando sacudió a la justicia y pidió una importante reforma.

Mattarella (80 años) es el segundo presidente de la República que repite en el cargo (el anterior fue su predecesor, Giorgio Napolitano). Es también el segundo más votado de la historia —tras Sandro Pertini— y el hombre llamado a mantener la senda de estabilidad iniciada hace apenas un año con la elección de Mario Draghi como presidente del Consejo de Ministros. Mattarella, precisamente, lanzó un discurso de unidad y optimismo, pero alertó del reto que afronta el país que más se ha beneficiado de los fondos europeos para salir de la crisis pospandémica. “Es una fase extraordinaria. Italia es el mayor beneficiario del programa Next Generation, debemos relanzar la economía. Hay que construir en estos años la Italia de después de la emergencia. Una Italia más justa y moderna. Que crezca en la unidad y que reduzca las desigualdades”.

Aviones militares forman la bandera italiana sobre el monumento al soldado desconocido este jueves en la plaza Venecia de Roma.
Aviones militares forman la bandera italiana sobre el monumento al soldado desconocido este jueves en la plaza Venecia de Roma. REMO CASILLI (REUTERS)

El aprecio ciudadano por Mattarella pudo verse también con la acogida que tuvo en las calles el desfile que le llevó desde el Quirinal hasta Montecitorio escoltado por un ejército de motocicletas de los carabinieri. Sonaron 21 salvas del cañón del monte del Gianicolo y sobrevolaron Roma los tradicionales aviones caza estampando en el cielo la bandera tricolor. Pero también pudo apreciarse el respeto político del que goza el jefe del Estado, impuesto en una operación parlamentaria sin apenas precedentes surgida desde las bases, con el larguísimo y sentido aplauso que recibió a su llegada al interior de la cámara. Italia, un país siempre fragmentado política y socialmente, ha encontrado en este siciliano surgido del ala progresista de la vieja democracia cristiana una de las pocas piezas que lo mantienen unido.

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El segundo mandato de Mattarella está pensado para durar otros siete años. Pero su edad y el escaso interés que tenía en repetir en el cargo hacen pensar que podría renunciar antes de terminarlo, cuando considere que se dan las circunstancias en el Parlamento para elegir de forma ordenada a su sucesor. Eso fue exactamente lo que hizo Napolitano en 2015. Mattarella, experto constitucionalista, no se lo plantea con ningún plazo. No hubo la más mínima referencia a un posible mandato mutilado, que afronta con cierto sacrificio (había hecho ya la mudanza a su nueva casa).

Mattarella se acordó de los jóvenes, de los inmigrantes y de los estudiantes que buscan un futuro. También de quienes han tenido que emigrar de Italia para encontrarlo. “Las desigualdades no son el precio a pagar por el crecimiento, sino el freno a ese crecimiento. Nuestra obligación es quitar los obstáculos. La dignidad tiene un significado ético y cultural. La dignidad incluye erradicar, por ejemplo, las muertes en el trabajo, que hieren a nuestra sociedad y la conciencia de cada uno de nosotros”. La dignidad, dijo, “también es oponerse al racismo y al antisemitismo, agresiones intolerantes. La dignidad es impedir la violencia sobre las mujeres. Pero también un país libre de la Mafia”, señaló Mattarella, cuyo hermano fue asesinado por la Cosa Nostra.

El jefe del Estado, reconocido puente con los Estados Unidos y el espíritu de la OTAN, también se refirió al conflicto en Ucrania, para el que pidió el cese de las pruebas de fuerza y pidió una apuesta decidida por el diálogo como estrategia para la paz. Además, aseguró que no puede faltar la aportación de Italia para contribuir a la paz. “No podemos aceptar que en Europa se levante de nuevo el viento del enfrentamiento”, dijo.

Mattarella se trasladó luego hasta el monumento por los caídos, el Altar de la Patria de plaza Venecia, recorriendo en coche presidencial la via del Corso. Ahí, rindiendo homenaje al soldado desconocido muerto en la Primera Guerra Mundial, estuvo acompañado por el presidente del Consejo de Ministros, Mario Draghi. Ambos tienen una sintonía evidente y la reelección del jefe de Estado ha sido para el expresidente del BCE la mejor de las opciones. “Agradezco a Draghi su compromiso”, dijo Mattarella tras acordarse también del presidente del Parlamento Europeo David Sassoli, fallecido recientemente. Una vez terminado el homenaje, Mattarella subió a bordo del histórico Lancia Flaminia presidencial y, tras haber fantaseado solo por unos días con poder jubilarse, regresó a trabajar a su oficina.

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El expresidente ucranio Petro Poroshenko ha regresado este lunes a Kiev para afrontar los cargos judiciales de traición contra él, que pueden derivar en su arresto. El regreso y el caso contra el magnate de los dulces, exmandatario y principal opositor al presidente, Volodímir Zelenski, supone un nuevo ingrediente de tensión –esta vez interna— en Ucrania, que se enfrenta a la creciente amenaza de otra invasión de Rusia, que ha concentrado a decenas de miles de tropas junto a sus fronteras. Poroshenko está acusado de utilizar las finanzas estatales para comprar carbón de minas controladas por los separatistas del Donbás en 2014 y 2015, lo que habría contribuido a su financiación.

Los fiscales piden prisión preventiva para Porosheko, uno de los hombres más ricos del país –con una fortuna de unos 860 millones de dólares (unos 753 millones de euros), según Bloomberg—, o una fianza de unos mil millones de grivnas (unos 35,7 millones de dólares). Sostienen que además de que compró minerales a los separatistas, apoyados política y económicamente por Rusia y que luchan contra el ejército ucranio en una guerra que va a cumplir ya ocho años, esas acciones impidieron la diversificación de las fuentes de energía del país y provocó una mayor dependencia de los combustibles rusos, dice la Fiscalía. Los cargos que enfrenta pueden suponer hasta 15 años de prisión.

El expresidente Poroshenko, que gobernó de 2014 a 2019, asegura que el proceso judicial está “motivado políticamente”, niega las acusaciones y ha acusado a Zelenski de cruzar una “línea roja” con sus acusaciones. Con pancartas con lemas como “basta de represión” o “necesitamos democracia”, miles de simpatizantes le recibieron en el aeropuerto de Kiev este lunes, a donde llegó desde Varsovia, donde había pasado unas semanas de reuniones, dijo. Las autoridades han apuntado que salió del país para evitar el proceso. Poroshenko asegura que el Gobierno de Zelenski trata de desacreditarle para “distraer” de los problemas del país.

El político se ha enfrentado a una serie de acusaciones desde su derrota a manos de Zelenski, un cómico sin experiencia política que arrasó en las elecciones de 2019 con un discurso anticorrupción y con la promesa de poner fin a la guerra del Este. El caso contra Poroshenko, sin embargo, preocupa a algunos de los aliados occidentales de Ucrania, que temen que sea un ajuste de cuentas político y que alertan de que puede ser otro elemento desestabilizador en un momento muy delicado, cuando la inteligencia de Estados Unidos ha elevado la voz de alarma sobre otra posible invasión rusa.

La embajadora de Reino Unido en Ucrania se ha mostrado preocupada por el caso este lunes. “Todos los líderes políticos de Ucrania deben unirse contra la agresión rusa ahora mismo. Es tan importante en este momento no perder esto de vista o distraerse con la polarización de la política interna”, tuiteó.

El partido de Zelenski, Servidor del Pueblo, ha acusado a Poroshenko de tratar de crear un “escándalo artificial y provocar una confrontación civil”.

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