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Ana del Castillo y su abrazo con Iván Villazón.

La cantante vallanata se cruzó en un concierto con Villazón y se perdonaron.

Noticias Colombia.

Ana del Castillo compartió un mismo concierto de Carnaval con el maestro Iván Villazón, uno de los artistas más consagrados del folclore vallenato.

La artista nacida en San Juan del Cesar, La Guajira, fue mandada a llamar por el vallenatero hasta el camerino donde él se encontraba.

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Un poco apenada por el pasado episodio de «las catapilas», en 2019 cuando la cantante se enojó porque supuestamente el vallenatero la inhabilitó para cantar en una discoteca, llegó hasta donde estaba el maestro para pedirle disculpas por ese impase.

«Han pasado casi tres años y yo tengo una pena con usted…ahora le doy unas catapilas de amor», el dijo Del Castillo al verlo de frente.

Él la abrazó con un gesto caballeroso.

«Perdóneme yo sé que a veces soy impulsiva y a veces inmadura..», se disculpó del Castillo.

«No habeles de eso, eso no importa ahora», le contestó el intérprete de temas como: ‘El payaso de la esquina’.

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«Yo quería verte y me encanta lo que estás haciendo. Eso no importa eso no está en mi corazón…te amo por eso te mandé a buscar…», agregó Villazón.

Luego se abrazaron nuevamente y se tomaron una foto.

En el siguiente video se aprecia el momento:

Foto de portada: @alvarotriplea

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Filtran video del berrinche de Ana del Castillo a Villazón en pleno concierto





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Ana María Castro, joven asesinada.

«Se hizo justicia», madre de la joven asesinada.

Noticias Colombia.

A 41 años de cárcel fueron condenados Paul Naranjo y Julián Ortegón por la muerte de Ana María Castro, joven que murió en extrañas circunstancias en Bogotá luego de salir de una discoteca a bordo de una camioneta.

Ana María Castro, joven asesinada.

De acuerdo a la sentencia del juez, la pena que pagarán estos dos sujetos corresponde a «500 meses de prisión, en su condición de coautores, finalmente responsables, de la conducta punible de feminicidio agravado», señaló el togado.

Boletín de la Fiscalía Genral de la Nación.

Tanto Naranjo como Ortegón no serán cobijados con medida de casa por cárcel: «tampoco es viable la concesión de la prisión domiciliaria», es decir, tendrán que cumplir la pena «de manera física e intramural en el lugar de reclusión que disponga el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec)».

Julián Ortegón, Ana María Castro y Paul Naranjo.

En el siguiente audio se escucha la sentencia:

La defensa de los acusados manifestó que apelarán la decisión del juez.

Los hechos

Según la investigación de la Fiscalía el día 4 de marzo del 2020, Ana María Castro se encontraba disfrutando en un bar del norte de la ciudad de Bogotá junto con Paul Naranjo y Julián Ortegón. Un tercer hombre también compartió con ella esa noche.

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En la madrugada del 5 de marzo, la víctima salió del sitio y «se ubicó en la parte de atrás de la camioneta, mientras que Naranjo y Ortegón iban en la parte de adelante del vehículo», indica el boletín del ente acusador.

«Se logró demostrar que, el día de los hechos, Paula Naranjo bajó del automotor al acompañante de la mujer, y unos metros adelante, fue lanzada de la camioneta en pleno movimiento, en la calle 80 con carrera 69», dice el comuniciado.

«Un testigo que pasaba por el lugar informó lo ocurrido a la línea de emergencia 123 y señaló que vio cómo Ana María Castro fue arrojada violentamente del vehículo y cayó con fuerza al suelo», agrega el comunicado.

Este finaliza indicando que Ana María Castro murió en el Hospital Simón Bolívar, a donde llegó remitida del Hospital de Engativá por la gravedad de sus heridas.

Nidia Romero, madre de Ana María Castro, se mostró muy animada porque se hizo justicia en el caso de su hija.

Agradeció la labor de los abogados que estuvieron al frente del caso:

Precisamente, Abelardo De La Espriella, fue quien estuvo a cargo de la defensa de Ana María Castro y calificó el veredicto del juez como un triunfo para que este tipo de casos no queden más en la impunidad.

Foto de portada: @rcnradio

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Era como si se la hubiera tragado la tierra. Nadie sabía qué había pasado con Ana Agudelo, la joven ascensorista del edificio Fabricato, en pleno centro de Medellín, que un día desapareció sin dejar rastros.

Mientras unos decían que se había escapado con un novio, otros comentaban que estaba secuestrada. Pero no faltó quien pensó que detrás de esa extraña desaparición, el domingo 13 de octubre de 1968, había algo macabro.

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Todo era un misterio. No tenían pistas sobre el paradero de Anita, de 23 años, y cada rastro que se encontraba resultaba ser falso.

Pero unos días después un olor insoportable permitió conocer qué pasó con la joven. El edificio, el más importante de la Medellín de la época -luego sería opacado por el Coltejer-, comenzó a oler a muerto.

Y tras una intensa búsqueda del hedor -se llegó a pensar que era por una rata-, liderada un arquitecto que conocía el edificio, encontraron el origen. Se trataba de la cabeza de una mujer al interior de una bolsa plástica. Era la cabeza de Ana Agudelo.

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El último día de Ana Agudelo en Fabricato

La última vez que vieron con vida a la joven ascensorista fue la mañana del domingo 13 de octubre. Ese día salió de su casa, en el barrio Manrique, a las 8 a. m. junto a su hermana Norela rumbo al centro de la ciudad.

Ana debía recoger el uniforme del trabajo, pues el viernes lo había dejado allí porque salió con Omar, quien, según cuentan, era su novio.

Con su hermana, quien debía enviar una carta de su madre, llegaron al Centro y se dividieron. Norela fue a mandar el documento y Ana fue al edificio donde funcionaban las oficinas de una de las empresas de textiles más importantes de Antioquia y el país. Allí también trabajaban abogados, por ejemplo.

Abel Antonio Saldarriaga Posada

Abel Antonio Saldarriaga Posada, Posadita, durante una entrevista en 2010 a Centrópolis

Foto:

Captura de video del canal de YouTube de Vivir en El Poblado

Quedaron de encontrarse unos minutos después en la entrada de iglesia de La Candelaria, al frente del parque Berrío y a pocos metros de Fabricato. La idea era ir a verse con un amigo de ambas a tomarse unas fotografías.

Pero Ana nunca llegó. La hermana, desesperada, llamó a su madre desde una cabina telefónica, pues tal vez se había devuelto para la casa.

“La intuición de mamá la hizo pensar lo peor: “Vaya al edificio”, me dijo muy sobresaltada. “Mire a ver qué pasó” ”, dijo la mujer al periódico Vivir en El Poblado en una entrevista publicada en 2011.

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Entonces se dirigió al edificio, ubicado en la esquina de la carrera Junín con calle Boyacá. Estuvo tocando por unos minutos hasta que apareció Abel Antonio Saldarriaga Posada, conocido como Posadita, a quien le preguntó por su hermana.

Él, quien estaba sin camisa y arañado -explicó que se encontraba limpiando los ventiladores-, le dijo que Ana se había ido en un taxi, pero luego cambió su versión y aseguró que se había ido en un carro particular con un hombre.

“En ese momento no pensé en los rasguños. Yo qué me iba a imaginar que iba a pasar una cosa de esas. Además, a él no se le notaba nada porque siempre había sido una persona inexpresiva”, agregó Norela en su declaración al medio.

La relación de Posadita y Ana

Posadita era el todero del edificio de Fabricato. Era el vigilante, hacía aseo, arreglaba las cosas que se dañaban y hasta reemplazaba a la joven como ascensorista. Para aquél entonces tenía 36 años, estaba casado, era padre de tres hijos y esperaba uno más.

Cuenta la periodista Luz Ofelia Jaramillo en su libro El caso ‘Posadita’: un crimen contado dos veces, que Ana y Abel Antonio se conocieron en 1965, cuando ambos llegaron a trabajar a Fabricato y gracias a la cercanía de sus roles estaban gran parte del día en contacto y se hicieron “compañeros cercanos”.

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El hombre recién había llegado a Medellín tras abandonar su pueblo natal, Abejorral, en búsqueda de un mejor futuro en esa ciudad que comenzaba a expandirse gracias a la industrialización.

“De su vida en el campo conservaba algunas marcas. Sus manos eran gruesas y callosas, como las de los agricultores. Una calma sin altibajos le ponía el ritmo a sus gestos. Conservaba la pausa permanente de los campesinos y, a pesar de haber dejado el azadón y el machete, conservaba su cuchillo”, narró la periodista.

Imagen EL TIEMPO

Edición de EL TIEMPO del 26 de octubre de 1968, cuando se informó del crimen de Ana Agudelo. Este diario lo calificó como “Macabro”.

Ana era una muchacha formal, alegre y extrovertida. Ella, cuentan, lo trataba bien, pues era su compañero de trabajo. Pero Posadita, según la historia, poco a poco se fue enamorando.

La prensa, que cubrió el asesinato de Ana durante semanas -en Medellín no había un caso de esa magnitud desde el llamado crimen de la Aguacatala-, siempre sostuvo que Abel Antonio se enamoró de la joven.

Y eso fue confirmado por la familia Agudelo, aunque siempre dijeron que Ana lo trataba como un compañero más de trabajo.

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El hombre le hacía regalos ocasionales a la joven, de vez en cuando la llamaba y hasta tenía una foto suya escondida.

“Él tenía una fijación malsana por ella. Se obsesionó con ella”, aseguró el antropólogo Víctor E. Ortiz, experto en la historia de Medellín, durante un recorrido de ciudad.

Pero hubo un punto de quiebre en esa relación. Norela, en la misma entrevista con Vivir en El Poblado, señaló: “Posadita fue un domingo a la casa a limpiar las ventanas. De pronto Ana dijo: “¡Ay, cómo les parece que me caso!”. Lo dijo así, con el modo de ser de ella, hablantinosa, conversadora, alborotada. No era de muchas amigas o amigos, pero en la casa era muy alegre”.

Y agregó: “Pues con eso tuvo Posadita para ponerse furioso y no volver a hablar. De inmediato se le notó el cambio y salió y se fue. Eso se quedó así, no volvió a la casa a limpiar vidrios y la vida siguió normalmente”.

El hombre había ido a la vivienda, en la zona nororiental de Medellín, a petición de la madre de Ana, quien en una oportunidad lo conoció en el edificio.

Edificio Fabricato

Edificio Fabricato, en el centro de Medellín, donde ocurrió uno de los crímenes más macabros de la ciudad: el caso Posadita.

Foto:

Jaiver Nieto. EL TIEMPO

Y según Jaramillo en su libro, el comentario de la joven fue para hacerle dar rabia a Posada, a quien efectivamente se le notó el disgustó y solo atinó a decir: “Quien sabe qué ‘pateperro’ le piensan hacer”.

La búsqueda y la angustia de la familia Agudelo

Con avisos en la prensa, misas, insistentes interrogatorios a Posadita y hasta visitas a un brujo -quien dijo que la joven estaba en Bogotá- buscaron durante varios días a Anita. Sin embargo, no había rastros.

En varias oportunidades en la casa recibieron las llamadas de un supuesto secuestrador, quien incluso le puso citas a la madre, pero resultó ser una farsa.

A medida que crecía la angustia de la familia -la madre nunca creyó la versión del escape con un hombre- se fue haciendo más intenso el olor desagradable en distintos pisos del edificio de Fabricato.

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Pero fue solo hasta el 23 de octubre, 10 días después de la desaparición de Ana, cuando no se aguantaron más el hedor y decidieron erradicarlo.

Removieron los cielorrasos, buscaron por las cañerías e inspeccionaron cada rincón de las instalaciones, pero todo seguía igual.

Él tenía una fijación malsana por ella. Se obsesionó con ella

Así que al otro día, Jorge Posada Greiffestein, presidente de la compañía, quien estaba “molesto por el olor” porque el olor lo tenía “borracho” -escribió Jaramillo-, pidió intensificar la búsqueda.

Jaramillo narró en su libro que en ese momento en las oficinas corría el rumor de que no se trataba de una rata muerta ni algo relacionado con las cañerías. Ya decían que era el cuerpo sin vida de Ana.

“Se trataba de un secreto a gritos pues con la expansión del olor, el edificio se había convertido en un nido de conjeturas y especulaciones y se rumoreaba que en algún lugar había un cadáver”, narró la periodista.

Fue en el sótano, después de perforar el muro, donde encontraron la cabeza de Ana Agudelo metida en una bolsa plástica y amarrada con cabuya.

Si la desaparición de la ascensorista fue todo un acontecimiento, haberla encontrado muerta marcó la historia de la ciudad y más por cómo sucedió. Ese día las inmediaciones del edificio se llenaron de curiosos y era imposible transitar por el Centro.

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Ana no solo fue decapitada, el asesino la descuartizó en más de 100 pedazos e, incluso, algunas partes terminaron en el techo de la iglesia de La Candelaria, donde unos días atrás se había celebrado una misa pidiendo que la joven apareciera pronto.

Nunca encontraron los órganos genitales, por lo cual no se pudo establecer si hubo violación. Tampoco apareció el uniforme, que fue el motivo por el cual entró al edificio del que nunca salió.

El caso Posadita, una leyenda urbana

Este crimen marcó la historia de la ciudad y quienes habitaban la Medellín de la época aún recuerdan el ambiente que se vivió por aquellos días.

La multitud en el Fabricato cuando se conoció que había sido encontrado el cuerpo, las semanas enteras que las primeras páginas de los diarios locales dedicaron a contar los aterradores detalles del homicidio y las especulaciones que se escuchaban en cada esquina de la ciudad.

El caso, que también fue conocido como el crimen del sótano, se convirtió en una leyenda urbana, por así decirlo, y hoy, 53 años después, los medios de comunicación siguen -seguimos- dedicándole un espacio a esta historia.

En palabras de Ricardo Zuluaga Gil, miembro de número de la Academia Antioqueña de Historia, este tipo de crímenes podían ocurrir en las zonas de tolerancia y en el área rural, pero este en específico tiene unos ingredientes que no se habían visto antes: dónde fue y quién es la víctima.

Edificio Fabricato

Edificio Fabricato, en el centro de Medellín, donde ocurrió uno de los crímenes más macabros de la ciudad: el caso Posadita.

Foto:

Jaiver Nieto. EL TIEMPO

“Este ocurrió en un ícono de la antioqueñidad que fue el edificio Fabricato. El hecho de haber sido en ese edificio emblemático -el Coltejer no existía-, con un ambiente impoluto, un ambiente empresarial, a 20 metros de la iglesia de La Candelaria, lo hace relevante”, explicó Zuluaga.

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A eso se suma que Ana era una muchacha de familia, trabajadora. Esto hizo que fuera “algo mucho más reprochable por la sociedad de la época”.

Para Zuluaga, 50 años después seguimos hablando de estos hitos porque quedan en la memoria colectiva de la sociedad.

Además, “los antioqueños hemos sido muy aficionados a registrar mojones en la memoria colectiva que necesitamos mantener presentes”, anotó.

Posadita, condenado por el homicidio de Ana Agudelo

Todas las pruebas apuntaban a que Abel Antonio Saldarriaga Posada era el asesino. Él fue capturado el mismo día del hallazgo, el jueves 24 de octubre, por hombres del F2 y enviado a la cárcel La Ladera.

EL TIEMPO, en su edición del sábado 26 de octubre, publicó la noticia y tituló “Macabro crimen en Medellín”. Los corresponsales de este diario escribieron que la joven, quien “velaba” por el bienestar del hogar, fue “descuartizada” y “emparedada”, por lo que se atrevieron a usar el calificativo de macabro.

“Casi a las 4 de la madrugada un bombero golpeo ocasionalmente un muro del sótano y notó que el material de revoque estaba fresco. Los golpes, además, causaban un ruido sordo, como si dentro existiera un espacio vacío. El bombero asestó un golpe más recio, apelando a un martillo, e inmediatamente se abrió en el muro un gran boquete que dejó a la vista el cuerpo horriblemente descuartizado de la muchacha”, se lee en la nota publicada en la página 9 del diario y firmada por Marín, corresponsal.

Pasaron dos años y medio para que el caso concluyera, judicialmente hablando. Fueron dos años de investigaciones que terminaron con la condena de 20 años de prisión.

El testimonio de Norela, los rasguños, ser el único que estaba en el edificio ese día y su obsesión por la joven fueron claves en la decisión.

“Haced un esfuerzo, id allá a ese lugar del crimen y haced de cuenta cómo se desarrollan los hechos: una mujer que físicamente es inferior al hombre, y eso lo sabe todo el mundo, que no lleva armas, porque ella cuenta con que Posada es su enamorado y de pronto se encuentra con un hombre violento, con una persona llena de odios por sus amores frustrados, un hombre armado de que un momento a otro se va enardeciendo por cualquier pasión”, argumentó el fiscal del caso.

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Pero Posadita no aceptó ser el autor e, incluso, la prensa comenzó a especular que había “peces gordos” detrás del crimen, pero nunca se comprobó nada.

Una calma sin altibajos le ponía el ritmo a sus gestos. Conservaba la pausa permanente de los campesinos y, a pesar de haber dejado el azadón y el machete, conservada su cuchillo

El hombre estuvo preso hasta 1979, cuando obtuvo la libertad condicional y regresó a su casa, en el nororiente de la capital de Antioquia. Pasó cuatro años en La Ladera y siete en la antigua prisión de la isla Gorgona.

De Posadita es poco lo que se sabe actualmente. De hecho, solo hay registros de entrevistas que concedió tras recobrar la libertad. Una a la periodista Luz Ofelia Jaramillo, en 1988, y otra al periódico Centrópolis, en noviembre del 2010.

Cuando habló con este último medio, a sus 78 años, insistió en su inocencia y dijo que en “Colombia no hay justicia”.

“Conmigo se cometió una injusticia: no hay un testigo, ni una huella, no hay nada. ¿Cómo es que mandan a mi casa a unos sin vergüenzas a echarle sangre a la ropa mía estando los niños solos? Eso no tiene perdón de Dios”, aseveró.

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Ese día les dijo a los periodistas que no quería que nadie lo encontrara. Y hoy, 11 años después de esa entrevista, cuando debería tener 88 años, lo único cierto es que se volvió una leyenda urbana de Medellín.

MATEO GARCÍA 
Redactor de Nación 
En Twitter: @teomagar
matgar@eltiempo.com

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Ana Karina Soto y su esposo.

La pareja fue víctima de inescrupulosos.

Noticias Colombia.

La presentadora Ana Karina Soto y el actor Alejandro Aguilar dieron a conocer que fueron víctimas de ciberacoso en su propia casa.

A través de un video, la pareja contó que en su casa se encunetran instaladas cámaras de vigilancia para la seguridad de cada rincón de su hogar. No obstante, estos dispositivos fueron vulnerados por hackers que tomaron los videos y los publicaron en redes sociales, exponiendo su vida íntima.

Se enteraron de esta situación, una mañana que recibieron un extraño correo que contenía imágenes de las cámaras de seguridad de su hogar. El remitente colocó en el asunto del mensaje: «Te observamos».

Esta situación fue manejada en primera instancia con hermetismo por al pareja pero al ver que los videos rodaban por plataformas como Telegram, quisieron hacer la denuncia pública.

La pareja ya instauró al denuncia ante al Policía y la Fiscalía para hallar a los responsables de la divulgación de las imágenes.

Apoyo en redes

Soto y Aguilar lamentan esta situación desafortunada que están viviendo como familia. Ante este momento de adversidad, ellos han recibido el apoyo de otros famoso y personas del común que reprochan y se muestran indignados con esta situación.

Un proyecto de ley

Es preciso indicar que ante el Congreso de la República se radicó un proyecto de ley para sancionar y condenar a aquellas personas que compartan videos íntimos sin permiso.

Vea: Videos íntimos publicados en redes terminarían con multa y cárcel

Este proyecto fue radicado en el órgano legislador por el senador Richard Aguilar, de Cambio Radical.

Lo que proponen es que aquella persona que comparta videos íntimos sin permiso pague entre 5 y 8 años de cárcel.

Foto de portada: @karilamas

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Varias personas, sobre un camión volcado por una riada de agua provocada por la tormenta tropical Ana, el martes en Chikwawa, Malawi.
Varias personas, sobre un camión volcado por una riada de agua provocada por la tormenta tropical Ana, el martes en Chikwawa, Malawi.AP

La tormenta tropical Ana se ha saldado con la muerte de al menos 88 personas en la última semana en Madagascar, Malawi y Mozambique, según las autoridades de los tres países. Las operaciones de recuperación tras las fuertes lluvias siguen en curso, mientras la región se prepara ante la amenaza de otro fenómeno meteorológico de magnitud similar en los próximos días. La tormenta Ana alcanzó Madagascar el pasado sábado con días de intensas precipitaciones, y el lunes llegó a Mozambique y Malawi. Madagascar declaró el estado de emergencia el jueves por la noche, con un balance que ya ascendía a los 48 muertos.

Las víctimas fallecieron, entre otras causas, en deslizamientos de tierra y en edificios que Ana derrumbó a su paso. Según los datos que se conocían el jueves, los muertos en Mozambique y Malawi se cifraban en 20 en cada país. En Mozambique la tormenta destruyó cerca de 10.000 hogares, según la ONU, y en Malawi, que fue el último país en recibir el impacto, ha ocasionado cortes masivos de electricidad.

En las tres naciones, Ana ha provocado inundaciones que han afectado a cientos de miles de personas, según Naciones Unidas. “Esta última tormenta es un recordatorio contundente de que la crisis climática es una realidad”, dijo María Luisa Fornara, representante de UNICEF en Mozambique. A través de su cuenta de Twitter, la organización aseguró que desde el domingo ya estaba entregando suministros esenciales ante el paso inminente de Ana, que incluían materiales de purificación de agua, botiquines médicos y alimentos para ayudar a los niños y a sus familias en la catástrofe.

La región ha sido golpeada repetidamente por tormentas tropicales y ciclones en los últimos años, destruyendo a su paso hogares, infraestructuras y campos de cultivo, y provocando el desplazamiento de miles de personas. En algunos casos, las comunidades que aún se están recuperando son golpeadas nuevamente. Expertos citados por la agencia de noticias Reuters aseguran que las tormentas se están volviendo más fuertes y más frecuentes como consecuencia del cambio climático.

Entretanto, otra tormenta, llamada Batsirai, se dirige ahora hacia la costa este de África. El servicio meteorológico francés, Météo France, describió este viernes a Batsirai como un sistema pequeño de precipitaciones que no presenta una amenaza inmediata en las islas del este de Madagascar. Sin embargo, afirmó que la evolución de la intensidad y la trayectoria de la tormenta sigue siendo incierta. Por su parte, el Instituto Nacional de Meteorología de Mozambique advirtió de que Batsirai aún tiene el potencial de convertirse en una tormenta tropical fuerte.

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Ana Sofía Villavicencio
El atacante ya había sido condenado por un homicidio de 2008 y estaba con una medida de casa por cárcel, atacó a Ana Sofía en la cocina y aunque su abuelo intentó defenderla, ya había sufrido varias heridas con arma blanca. 

El atacante ya había sido condenado por un homicidio de 2008 y estaba con una medida de casa por cárcel, atacó a Ana Sofía en la cocina y aunque su abuelo intentó defenderla, ya había sufrido varias heridas con arma blanca.

Noticias Colombia.

En Villavicencio en el barrio Vainilla, la comunidad se estremeció al conocer un aberrante caso que podría ser feminicidio, la víctima una niña de 13 años; la pequeña Ana Sofía, asesinada con arma blanca en su casa y por un familiar, que estaba con detención domiciliaria.

La menor, oriunda de Puerto Gaitán, sufrió varias heridas con un cuchillo, cuando estaba lavando platos en la cocina de su vivienda.

A la consternación por el crimen, se suma que el atacante es un familiar, era tío, y que además, estaba en calidad de casa por cárcel.

El altercado ocurrió en horas de la madrugada de este jueves.

A la menor, la remitieron a la clínica Meta, y presentaba al menos 10 heridas con arma blanca en diferentes partes del cuerpo. Allí falleció.

Preso, en casa por cárcel

El sujeto señalado del crimen, estaba en la vivienda donde le habían asignado casa por cárcel, desde hacia dos semanas que había salido del centro carcelario.

Su condena, era por homicidio perpetrado en el año 2008.

El victimario sería Johan S. V. Méndez, alias «pinocho» y tendría 31 años, según han revelado medios locales.

La comunidad ha manifestado inconformidad por el hecho ocurrido, que ha dejado tristeza en todos los allegados a la víctima.

Piden que se haga justicia. Además, que se evalúe cuáles fueron los criterios tenidos en cuenta para darle la medida.

También, algunos ciudadanos han pedido que se investigue si hubo garantías para la seguridad de Ana Sofía mientras estaba con un condenado en su vivienda.

En el Meta, varias mujeres han sido asesinadas a manos de sus parejas, exparejas y familiares.

En redes sociales con el hashtag, piden #JusticiaParaSofía.

La familia de la menor asesinada, también en medio de la tristeza, la han despedido.





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Ana Frank, la niña alemana asesinada por los nazis cuando la Segunda Guerra Mundial estaba cerca de su final, se ha convertido en un símbolo de las víctimas del Holocausto. Escondida durante dos años en Ámsterdam, fue detenida en agosto de 1944 y enviada a los campos de la muerte, donde falleció en febrero de 1945. De las siete personas que se refugiaron con ella, solo regresó su padre, Otto, que recuperó el diario que la niña empezó a escribir cuando tenía 13 años. Este libro encarna el sufrimiento de las víctimas de los nazis; pero la historia de Ana Frank también resume lo que ocurrió en Holanda durante la ocupación alemana.

Aunque la mayoría de las víctimas del Holocausto fueron asesinadas en Europa Oriental y la antigua URSS, en ningún país de Europa occidental fue exterminado un número tan elevado de judíos con respecto a la población anterior a la guerra –en torno a 110.000 de los 140.000 hebreos que vivían en Holanda no sobrevivieron a la guerra–. “Si hubo un país en Europa del oeste donde los judíos no tenían ni una posibilidad sobre dos de sobrevivir, ese fue Holanda”, escribe el historiador Raul Hilberg en su clásico La destrucción de los judíos europeos (Akal), uno de los estudios más minuciosos realizados sobre el Holocausto.

En el capítulo que Hilberg dedica a Holanda explica que la eficaz burocracia y la cercanía con Alemania sellaron la suerte de muchas víctimas; pero también describe la tragedia nunca cerrada del todo que dividió a este país –y a casi todos los Estados ocupados por los nazis–: muchos holandeses ayudaron a salvar judíos y participaron en actos de resistencia; pero muchos otros colaboraron con el invasor y tuvieron un papel importante en el proceso de exterminio.

“Hubo pocos supervivientes entre los judíos holandeses”, escribe Hilberg, “pero ese puñado fue salvado gracias a los esfuerzos constantes de una parte de la población para sabotear el proceso de destrucción al esconder masivamente a miles de judíos”. La historia de Ana Frank resume esa profunda fractura: dos personas, Miep Gies y Bep Voskuijl, ayudaron a esconderse a ocho personas en la llamada casa de atrás del número 263 de la calle Prinsengracht. Sin embargo, la mayoría de los historiadores cree que la detención se produjo como consecuencia de una denuncia, que eran muy habituales.

Todo ese pasado dejó profundas cicatrices en la sociedad holandesa y europea. En la inmediata posguerra vino un tiempo de rendición de cuentas para algunos perpetradores, pero también de venganza, como los linchamientos de mujeres que fueron rapadas y sometidas a escarnio público, algo que ocurrió en todo el continente. Una de las fotos que simbolizan la posguerra en Europa, La rapada de Chartres, fue tomada por Robert Capa en Francia y mostraba el tormento de una de aquellas mujeres acusadas de “colaboración horizontal”. En Holanda se produjeron escenas similares.

En algunos aspectos, la posguerra no se acabó nunca. El historiador y periodista Ian Buruma explica en su ensayo Año cero. Historia de 1945 (Pasado y presente) que creció en Holanda “con la idea de que no se podía ir a comprar a una determinada carnicería porque su dueño había sido colaborador ni comprar caramelos en un quiosco porque la propietaria había tenido un novio alemán durante la guerra”. Aquel pasado todavía sigue condicionando el presente.

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