El sismógrafo de la política italiana llevaba muchas semanas sin registrar movimientos. Las constantes crisis del gobierno transalpinas han pasado a un segundo plano en medio del conflicto de Ucrania. Pero, justamente, a cuenta del gasto militar pactado en el seno de la OTAN a raíz de esta guerra, se ha vuelto a abrir una brecha importante en el Consejo de Ministros que amenaza con provocar la primera gran crisis del año. El Movimiento 5 Estrellas (M5S) amenaza ahora con votar este jueves en el Senado en contra del aumento de la partida de Defensa hasta el 2% del PIB, como ya ha anunciado que se hará el primer ministro, Mario Draghi. Se trata de dar cumplimiento a las directrices acordadas en la OTAN, fijadas como máximo para 2024. Pero el líder del M5S ha asegurado que este objetivo no es una prioridad para los italianos y amenaza con fracturar la mayoría de Gobierno. Draghi valoraba por la tarde del miércoles si usar el mecanismo de la moción de confianza en la Cámara de Diputados.
El M5S es el partido con mayor representación parlamentaria en el Ejecutivo de unidad italiano. Giuseppe Conte, su líder, perdido en el día a día de la política desde que se puso al frente del partido populista, intenta ahora recuperar perfil oponiéndose a la aprobación de este decreto. El problema es que su propio relato político no le acompaña. El ex primer ministro gastó más en armamento que el actual jefe del Gobierno —en 2021 hubo un aumento del 17% de la inversión pública en esa partida respecto a la de 2018—, pero las encuestas señalan que los italianos no quieren ahora invertir ese dinero en defensa y prefieren hacer frente a otras prioridades. “Un aumento del gasto militar ahora sería impropio. Nuestra seguridad no depende de 10.000 o 14.000 millones de euros más. Seguiremos debatiendo sobre esto”, dijo Conte tras reunirse el martes en Roma con Draghi.
Los grillinos, necesitados de un empujón en los sondeos, señalan en público que esos recursos deberían destinarse a frenar el alza de los precios energéticos o a inversiones sanitarias. Pero en privado muchos de ellos reconocen de que hay una estrategia política detrás de una negativa que podría provocar una crisis de gobierno. “Es un tema complicado y tampoco hay unanimidad dentro del partido. Pero es evidente que la jugada va más allá del contenido del decreto”, señala un diputado del M5S. Efectivamente, el gasto militar no se encuentra en el Decreto Ucrania que ha aprobado el Ejecutivo, y debería rechazarse a través de otros mecanismos. El partido tiene ahora mismo un 13% en intención de voto en las encuestas, algo más de 20 puntos menos que el resultado obtenido en las elecciones de marzo de 2018. Conte, además, no logra hacerse con el control de la formación y su liderazgo se pone en cuestión en cada movimiento político que hierra.
La amenaza del líder grillino causó enorme malestar en el actual primer ministro, que se marchó inmediatamente después a explicar la situación al presidente de la República, Sergio Mattarella. En el Palacio Chigi, sede del Ejecutivo, aseguran que lo hizo porque el jefe del Estado también lo es de las fuerzas armadas y, además, es el garante de los acuerdos internacionales asumidos por Italia. Las mismas fuentes muestran cierto malestar por una maniobra que consideran falta de sustancia (10 países europeos ya lograron el objetivo en 2021). “Italia tiene un compromiso de llevar gradualmente el gasto militar al 2% del PIB. Un recorrido realizado por todos los presidentes del Consejo. El año pasado ya lo hizo Draghi con el mismo grado de aumento. Por eso Draghi ha dicho que no se pueden cuestionar los compromisos internacionales tomados por Italia. Rediscutirlos pone en riesgo el pacto de la coalición”, señalan fuentes de la presidencia del Consejo de Ministros a este periódico.
El entorno de Draghi valoraba este miércoles si someter la medida a una moción de confianza. Un mecanismo parlamentario que permite medir la solidez del Ejecutivo y de la mayoría que lo conforma. En caso de votos contrarios, se abriría una crisis política en un momento de extrema volatilidad para Italia. Algo que, al menos de puertas hacia afuera, ha sido muy criticado por el líder del Partido Democrático, Enrico Letta. “Italia dejaría atónito al mundo entero si abriese ahora mismo una crisis de gobierno. Sería perjudicial para nosotros, para todos nosotros. Y sería tremendamente negativa para el proceso de paz y para quien sufre la guerra. Trabajamos para evitarla”. El Ejecutivo, en ningún caso, podría caer en estos momentos, justo cuando se diseña la ley de presupuestos e Italia intenta buscar una solución a la crisis energética asumiendo un papel más relevante la crisis ucraniana. Draghi, precisamente el miércoles por la tarde, mantuvo una conversación telefónica con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, que duró alrededor de una hora.
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En otra demostración de que la comunicación entre los aliados es constante desde que comenzó la invasión rusa en Ucrania, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha mantenido este martes una videoconferencia con los líderes de Francia, Emmanuel Macron; Alemania, Olaf Scholz; Italia, Mario Draghi, y el Reino Unido, Boris Johnson. La convocatoria de la conversación a cinco bandas, que llega días después del viaje de Biden a Bruselas y Polonia, partió de la Casa Blanca para analizar los últimos avances de las negociaciones entre Kiev y Moscú, que han ofrecido signos de mejora en la forma y ciertos avances en el fondo este martes en Estambul.
Al término de la llamada entre aliados, que se ha prolongado durante una hora, Biden se ha mostrado cauteloso. “Veremos. No me creeré nada hasta que compruebe que lo respaldan con acciones”, ha dicho, en referencia al anuncio de Rusia de que reducirá “drásticamente” las operaciones militares en las áreas de Kiev y Chernihiv para avanzar en la resolución del conflicto. Ucrania, por su parte, ha ofrecido su renuncia a la OTAN a cambio de obtener garantías de seguridad en su territorio.
Después, el portavoz del Pentágono, John Kirby, ha asegurado que han observado movimientos de “un número pequeño” de soldados rusos cerca de Kiev en los “últimos uno o dos días”, pero ha descartado que se se trate de “una retirada real”. “Mantienen una abrumadora mayoría de sus tropas [en el terreno]. Creemos que estamos ante un reposicionamiento, no ante un verdadero repliegue. Deberíamos estar todos preparados para una gran ofensiva en otras zonas de Ucrania”, ha añadido. En el mismo terreno cauteloso se ha movido también el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, que ha declarado que “hace tiempo” que su Gobierno sabe que “lo que Rusia dice y lo que hace son dos cosas distintas”. “Nosotros, de momento, nos concentraremos en lo que hace”, ha añadido.
Biden ha comparecido ante la prensa tras su reunión con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, que ha viajado a Washington para tratar la situación en la región Indo-Pacífico, además de la guerra en Ucrania, “un conflicto inaceptable para cualquier país del mundo”, según el mandatario estadounidense. Biden ha dicho que está decidido a seguir con “las fuertes sanciones” y a continuar con el suministro de material militar al ejército ucranio para su defensa. También ha aclarado que los cinco líderes han coincidido en la necesidad de trabajar en conseguir mercados energéticos más estables, capaces de soportar crisis como la que ha desatado la agresión rusa, que ha disparado los precios del petróleo en todo el mundo y ha generado inquietud por el abastecimiento de gas natural en Europa, continente extremadamente dependiente del suministro ruso.
El símbolo de Mariupol
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Según un comunicado de la Casa Blanca, los aliados también “coincidieron en sus esfuerzos para brindar asistencia humanitaria a los millones de afectados por la violencia, tanto en Ucrania como en los países que están recibiendo a sus refugiados”. Y han subrayado la urgencia de establecer vías para hacer llegar la ayuda humanitaria a los civiles en Mariupol, ciudad que se ha convertido en el símbolo de la devastación de la guerra y de la resistencia ucrania.
Encima de la mesa estaba la iniciativa de Macron de organizar una operación humanitaria en el enclave del sudeste del país, que ha chocado este martes con la negativa de Vladímir Putin. “No se reúnen [las condiciones] en este momento”, declaró una fuente del palacio del Elíseo, sede presidencial francesa, tras una conversación de una hora entre Macron y el presidente ruso. El plan de aquel contemplaba una operación conjunta de Francia, Turquía y Grecia. La condición era una tregua en Mariupol que permitiese a la población civil salir de la ciudad de forma segura. La respuesta de Putin, según el Elíseo, ha incidido en la línea del Kremlin: que es Ucrania la que obstaculiza las operaciones humanitarias y que son las fuerzas armadas de este país las que impiden moverse a la población civil. Sin embargo, el presidente “escuchó las demandas” de Macron, y “dijo que iba a reflexionar en ellas”, añadió la citada fuente.
Un portavoz del Gobierno británico ha abundado tras la llamada con Washington en la idea de que al régimen de Putin hay que juzgarlo “por sus acciones, no por sus palabras”. “Putin está ensañándose en Ucrania en un intento de obligar al país y a sus aliados a capitular”, ha añadido. “Debemos ser implacables en nuestra respuesta”. Londres ha asegurado que los líderes convocados a la llamada han discutido sobre “la necesidad de trabajar juntos en remodelar la arquitectura energética internacional y en reducir la dependencia de los hidrocarburos rusos”. También, que se han mostrado de acuerdo en que no puede aflojar “la resolución occidental hasta que el horror infligido a Ucrania haya terminado”.
Alemania, por su parte, apuesta por mantener la presión de sanciones sobre Rusia, según el portavoz de la cancillería, y en trabajar por “permitir finalmente la entrega de la ayuda humanitaria que se necesita con urgencia para las personas en Ucrania y construir corredores humanitarios efectivos… especialmente en la ciudad de Mariupol”, ha indicado el Gobierno alemán en un comunicado hecho público tras la llamada.
La reunión de Biden con el primer ministro de Singapur ha servido también, según el primero, para tratar la posición de Corea del Norte, que la semana pasada informó del lanzamiento del misil “más potente” de su historia (extremo que Estados Unidos y Corea del Sur ponen en duda). El segundo ha aprovechado además para expresar su “preocupación” por la situación en Myanmar, donde las tropas del ejército tomaron el poder por la fuerza el 1 de febrero de 2021, provocando una crisis (y la resistencia de los birmanos) que aún permanece abierta.
Unos funcionarios usaban sacos de arena para proteger un monumento, este sábado en Járkov.ARIS MESSINIS (AFP)
Con un verdugo ceñido que deja solo al descubierto la nariz y los ojos y un fusil al hombro, el oficial Serguéi señala un modesto edificio agujereado por los bombardeos: “¿Vienen a nuestra casa y esperan que les demos las gracias? Se lo hicimos pagar y lo seguiremos haciendo”, dice. “Esta es nuestra tierra”. La primera semana de marzo, tanques y vehículos blindados rusos entraron en Kulbakino, un pequeño pueblo junto a Mikolaiv (sur del país), una ciudad conocida por sus astilleros que se ha convertido en uno de los símbolos de la resistencia ucrania contra las fuerzas del Kremlin. Los soldados de Vladímir Putin, con sus tétricas Z blancas pintadas en los blindados, habían tomado ya Jersón, en el mar Negro, la que ha sido su mayor captura, y avanzaban por el flanco sur, ansiando llegar a Odesa, el principal puerto de Ucrania. En un primer embate, lograron controlar el aeródromo militar de Kulbakino, una fábrica y algunas partes estratégicas de la pequeña localidad. Los combates fueron feroces, pero en una durísima contraofensiva, las tropas ucranias eliminaron a la mayor parte del batallón ruso e hicieron retroceder a las fuerzas del Kremlin.
Incluso en el frente sur, donde estaban haciendo sus mayores avances, las fuerzas de Putin no solo están empantanadas un mes después de iniciar la invasión, sino que chocan con la fuerte resistencia de unas tropas que el presidente Vladímir Putin infravaloró y que les está forzando a retroceder en algunos puntos. En la factoría de Kulbakino donde se hicieron fuertes los soldados rusos todavía quedan restos de la cruenta batalla. El Ejército ucranio aún la está limpiando. El “paisaje”, apunta el oficial Serguéi encogiéndose de hombros, “no es agradable a la vista”. Las tropas de Kiev neutralizaron “al 90%” de los “entre 250 y 300″ uniformados del Kremlin que lanzaron la operación contra Kulbakino y lograron capturar, además, un rosario de cañones y algunos blindados chamuscados. “Ahora son nuestros”, dice Serguéi mientras enseña un vídeo filmado tras el combate que muestra las armas, la tierra quemada y los restos de la batalla.
El viernes, en medio de una falta de avances sustanciales en la conquista, con importantes pérdidas de armamento y de personal y enormes dificultades de manejar a la población en las ciudades conquistadas y mantener sus logros, el Ministerio de Defensa ruso anunció que había cumplido los objetivos de la “primera etapa de la operación” y que se centraría en asegurar el área de Donbás, donde se ha librado durante ocho años la guerra entre las tropas de Kiev y los separatistas prorrusos apoyados y controlados por Moscú y que están sirviendo como pantalla para el conflicto iniciado el 24 de febrero.
El humo provocado por una de las explosiones de este sábado en Lviv.Albert Garcia
Esa declaración permite al Kremlin mantener la repetida retórica ante su audiencia de que todo está saliendo según el plan, y podría sugerir que Putin está recalibrando sus intenciones en Ucrania. Sin embargo, en un escenario inundado desde el principio de declaraciones contrarias a la realidad por parte de las autoridades rusas —el anuncio de retirada de tropas a principios de febrero, el de que no tenían intención de invadir Ucrania—, que ya han demostrado su gusto por las maniobras de despiste para sus operaciones tácticas, el anuncio siembra serias dudas. Moscú aseguró, además, que aunque “no excluye” que sus fuerzas asalten las principales ciudades ucranias —como Kiev, Járkov, Chernígov o Mikolaiv—, tomarlas no era el objetivo principal.
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Y en otra contradicción más, el Kremlin ha vuelto este sábado a ondear la amenaza del uso de armas nucleares en Ucrania. El expresidente Dmitri Medvédev, que ahora ostenta la vicepresidencia del Consejo de Seguridad de Rusia, aseguró que el país euroasiático “tiene derecho” a usar armas nucleares contra un Estado que “ponga en peligro la existencia” de Rusia, aunque ese Estado haya usado armas convencionales.
Además, tras el anuncio de que se centrarían en la región de Donbás, en el este, las fuerzas rusas han seguido castigando con fuerza Chernígov, en el noreste del país, muy cerca de la frontera con Bielorrusia y una ciudad ahora prácticamente cercada después de que las tropas de Putin bombardeasen el puente por el que abandonaba la ciudad una ciudadanía atrapada y aterrorizada; sobre todo después de que un ataque contra una cola del pan esta semana mató a diez personas. También Járkov, la segunda ciudad del país, donde han seguido con sus ataques a zonas residenciales. Este sábado, en otro órdago, Moscú ha lanzado misiles contra los alrededores de Lviv, en el oeste del país, una ciudad que sirve de escape hacia Polonia para los refugiados. Un ataque, además, el día en que el presidente estadounidense, Joe Biden, está de visita en Varsovia.
El líder de EE UU comentó este sábado que no se cree el anuncio ruso. También los servicios de espionaje occidentales dudan de las verdaderas intenciones de Putin. Y Kiev ha reaccionado con gran escepticismo. Mijailo Podoliak, asesor del presidente Volodímir Zelenski y uno de los principales negociadores en las conversaciones con Moscú, advierte de que el Kremlin no ha abandonado sus verdaderas intenciones de tomar grandes ciudades, sobre las que está aplicando ataques sangrientos y de desgaste ante la falta de logros. “Aprovecharán el anuncio para reagruparse”, dice Podoliak. Un oficial de inteligencia de un país de Europa Central, que habla bajo anonimato, cree que el anuncio es una maniobra táctica que Moscú aprovechará para rearmarse, analizar sus posiciones e intereses y preparar una segunda fase de la contienda. Mientras tanto, Putin necesita algo para vender como una victoria de aquí al 9 de mayo, cuando se conmemora el día de la Victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi y el día que oficiosamente es la fiesta nacional rusa, con gran desfile militar en la plaza Roja de Moscú.
La creación de un corredor terrestre entre Crimea —que Rusia invadió y se anexionó ilegalmente en 2014— y los territorios de Donbás que controla a través de los separatistas prorrusos, y la conquista de Mariupol, la ciudad portuaria reducida a escombros por los ataques y que se ha convertido en símbolo del sufrimiento civil, podría brindarle esa victoria. Con un ingrediente añadido: la localidad, que está en el área sur de Donbás, es la sede principal del Batallón Azov, fundado en 2014 por voluntarios ultranacionalistas (ahora reciclado y convertido en un brazo más de la Guardia Nacional Ucrania). Esto, frente a la realidad de una ciudad casi borrada hasta los cimientos, con ataques indiscriminados a civiles, escuelas, hospitales, refugios, colas del pan, podría casar con su retórica adulterada sobre su operación de “desnazificación” y liberación.
Un informe a fondo del Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, advierte también de que el anuncio de Rusia está dirigido en realidad a la ciudadanía rusa. Es “probablemente un intento de pasar por alto los fracasos del ejército ruso para una audiencia nacional y centrar la atención en la única parte del escenario en el que las tropas rusas están logrando algún progreso en este punto”, señalan. Por ahora, los principales logros rusos se han dado en algunas zonas del este y en el sur. El Ejército ucranio ha advertido este sábado de que las fuerzas del Kremlin se están reagrupando para lo que podría ser una nueva ofensiva en la región de Lugansk, donde han estado atacando edificios residenciales y almacenes de alimentos.
Con los nuevos movimientos, el Kremlin puede tratar de rodear a las fuerzas ucranias desplegadas en la línea del frente de Donbás —ya muy militarizada por los ocho años de guerra y que Kiev reforzó un par de días antes de la invasión por el temor a que los ataques llegasen por ahí, lo que descubrió otras zonas— desde el norte y desde del sur.
El Kremlin ha logrado hacerse con el control del mar de Azov y, a falta del sometimiento total de Mariupol, donde siguen atrapadas bajo las bombas miles de personas en una situación catastrófica, también ha creado el ansiado corredor terrestre. Sin embargo, pese a la victoria inicial en ese flanco, el avance por la costa del mar Negro se ha complicado para Putin. Tras la batalla de Kulbakino y de otras contiendas estratégicas en ciudades de los alrededores, las tropas ucranias están luchando ya contra los rusos en Jersón, la única capital regional ocupada. Con la contraofensiva ucrania a pleno rendimiento, el Pentágono considera a Jersón como “territorio en disputa”.
Con el repliegue forzado de las tropas rusas, una relativa calma ha llegado a Mikolaiv, una ciudad que se ha convertido en un escudo para Odesa y que ha pagado un coste humano altísimo por su resistencia. El viernes, el presidente Zelenski la nombró ciudad heroica, un galardón de la época soviética a las ciudades que resistieron al nazismo y que el líder ucranio ha rescatado en esta guerra.
Mientras retrocedían y al ver que perdían el dominio del pueblo, los soldados rusos bombardearon cuatro humildes inmuebles de apartamentos en Kulbakino. Allí, Mijaíl teme que esa calma relativa —en la distancia se escuchan bombardeos— no dure. Ha llenado su ajado coche Lada y se va a la dacha (casa de campo) con su esposa. Dice que ha tenido suerte, uno de los ataques cayó en su edificio, pero en otro portal. Los apartamentos del cuarto y el quinto piso están llenos de cascotes y escombros. No hubo muertos. Sus habitantes estaban en el refugio cuando llegaron las bombas. Un refugio profundo, oscuro y húmedo en el que llevan durmiendo Galina y Ludmila, de 63 años, desde el principio de la invasión: 30 noches en un colchón.
Un miembro de las brigadas de defensa territorial ucranias, el viernes en un apartamento de Kulbakino.María Sahuquillo
Mikolaiv sigue siendo objetivo prioritario del Kremlin y permanece dentro del alcance de la artillería rusa. El lunes, un bombardeo destinado al edificio de la Administración terminó impactando contra un hotel. Otro, en un hospital psiquiátrico que estaba en renovación y contra unas cuantas casas junto al centro sanitario. Era medio día y Valentina esta sentada en la cama pelando patatas para el almuerzo cuando sintió la enorme explosión que reventó los cristales de su bajo de una sola habitación y se llevó un trozo de techo. Todavía tiembla como un flan cuando recuerda el estruendo. Su esposo, Boris, que a sus 69 años todavía trabaja de constructor para completar la raquítica pensión de 180 euros al mes, se lleva las manos a la cabeza. “Y mientras tanto, el fascista de Putin en su búnker”. Valentina le corrige: “Putler [una adaptación del nombre del líder ruso y el de Adolf Hiltler], ahora le llamamos Putler”.
El peronismo está dividido, una vez más. Para suerte de Argentina, las disputas ya no son a los tiros, como en los años setenta, sino con demostraciones de fuerza callejera. Quien moviliza a más gente, mejor representa el legado de Juan Domingo Perón. Lo sabe bien La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner, el hijo de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Este jueves 24 de marzo, Argentina conmemoró el 46 aniversario del inicio de la dictadura más sangrienta del Cono Sur americano. Y La Cámpora desbordó la Plaza de Mayo, el sitio donde se concentran todos los símbolos del poder político. El presidente Alberto Fernández no fue invitado a la plaza más peronista de Argentina. Prefirió entonces recordar con un pequeño acto protocolar a los científicos asesinados por los militares.
La Cámpora, y con ella Cristina Fernández de Kirchner, forma parte del Gobierno de Fernández. El divorcio, sin embargo, parece inminente. Los senadores y diputados que siguen a Kirchner votaron en contra del acuerdo que Argentina acaba de firmar con el FMI para refinanciar la deuda de 45.500 millones de dólares heredada del Gobierno de Mauricio Macri. Fernández consiguió la aprobación con los votos opositores, mientras Kirchner se ausentaba del Senado en el momento de la votación. Fue una declaración de guerra interna.
En los pasillos de la Casa Rosada corrió entonces el rumor de que la vicepresidenta preparaba una carta incendiaria contra el presidente, el hombre al que ella misma ungió hace dos años como candidato de su espacio político. La derrota en las Legislativas de noviembre del año pasado degradó la relación. Desde el kirchnerismo acusaron a Fernández por la derrota: dijeron que se había alejado de la gente, que la crisis económica era insostenible. El acuerdo con el FMI fue la gota que rebalsó el vaso. El kirchnerismo asocia al Fondo con todos los males argentinos y firmar en Washington era una afrenta a su base electoral. La Cámpora lo dejó bien en claro este jueves.
La agrupación kirchnerista convocó a sus simpatizantes frente al predio de la antigua Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionó el mayor centro clandestino de la dictadura, hoy convertido en espacio para la memoria. La respuesta fue multitudinaria: a las diez de la mañana, los manifestantes ocupaban ya más de diez calles de la avenida del Libertador, una de las más anchas de Buenos Aires. Desde allí, las columnas recorrieron 13 kilómetros por el norte de la ciudad hasta la avenida de Mayo.
“A pesar de las bombas, de los fusilamientos, de los compañeros muertos, de los desaparecidos, no nos han vencido”, cantaban los manifestantes. “No se va, no se va, la jefa no se va”, coreaban algunas columnas, en referencia a la vicepresidenta y las amenazas de ruptura que pesan sobre la coalición. Los cánticos y eslóganes peronistas se impusieron durante el recorrido sobre aquellos vinculados al Día de la Memoria. Sólo algunos pañuelos blancos, símbolo de las Madres de Plaza de Mayo, interrumpían la marea de banderas de La Cámpora y fotografías de Perón, Evita y los Kirchner.
Miembros de las Madres de Plaza de Mayo participan con miles de personas en una marcha por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que recuerda el golpe militar de 1976, este jueves en Buenos Aires.Juan Ignacio Roncoroni (EFE)
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La Cámpora estuvo ausente en la calle cuando el Congreso aprobó el acuerdo entre el FMI. La recuperaron este jueves para mostrar su rechazo. “Independencia económica”, podía leerse en una de las pancartas de la movilización. “Esa deuda que dejaron no la vamos a pagar”. “Con el hambre del pueblo no se jode nunca más”, cantaban. A lo largo de toda la ciudad hay pintadas en las que los camporistas exigen que no se pague al Fondo. “Primero que coman los argentinos”, se lee también en las paredes. Según las estadísticas oficiales, cuatro de cada diez argentinos son pobres.
En la cabecera de la movilización circulaba un autobús descubierto, desde el que la agrupación política retransmitió en streaming toda la manifestación. Desde allí entrevistaban también a los principales referentes del kirchnerismo, reacios a menudo a hablar con los medios. Desde allí disparaban contra el presidente Fernández, sin nombrarlo. “Cuando decíamos a la sociedad argentina que había que bancársela con los fondos buitre para que no ingresaran a la Argentina, era porque no queríamos que pasara lo que estamos pasando hoy”, dijo Máximo Kirchner desde el autobús reconvertido en estudio de televisión. “Cuando la gente está presente en un Gobierno, lo malo es menos malo y lo bueno es bueno. Es con la gente adentro. Siempre, compañero”, destacó el diputado nacional, convertido en la gran estrella de la movilización entre saludos y selfies.
Menos diplomático fue Andrés Larroque, ministro de Desarrollo en la provincia de Buenos Aires y hombre fuerte de La Cámpora. Larroque no se olvidó del presidente, la interna que divide a la coalición y la posición que consideran que ocupan en ella. “No nos podemos ir de algo que gestamos”, dijo. “El presidente estaba en un espacio político y fue jefe de campaña de un espacio que sacó el 4% en la elección de la provincia de Buenos Aires”, recordó, en referencia a los tiempos en lo que Fernández estaba enfrentado a Kirchner. El kirchnerismo le recuerda cada vez que puede que debe su cargo en la Casa Rosada a la vicepresidenta.
Las diferencias no se limitan al seno del Gobierno. También son visibles en la calle. La izquierda ocupó la Plaza de Mayo a partir del mediodía y se replegó pasadas las tres para dejar lugar a La Cámpora. “Si hoy estuviesen los 30.000 [desaparecidos] en esta plaza, muchas cosas no pasarían. Esos 30.000 no aceptarían al FMI”, dijo desde el escenario la titular de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, Nora Cortiñas. “Todos los que apoyan al Fondo son traidores al pueblo”, agregó.
Alberto Fernández celebró su propio acto por la mañana, lejos de las multitudes. Acompañado por algunos de sus ministros, recordó con tono protocolar en la sede del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) a los científicos asesinados durante la dictadura. Desde allí convocó, una vez más, a la unidad del peronismo y a terminar con el debate interno.
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El general Claudio Graziano (Turín, Italia, 68 años) preside el Comité Militar de la Unión Europea, el máximo órgano castrense de los Veintisiete. “Soy el más veterano y de mayor rango, pero también el más antiguo de los generales en servicio en Europa”, se define en una entrevista con EL PAÍS celebrada este martes en su despacho en Bruselas. Lleva desde el 24 de febrero, cuando Rusia invadió Ucrania, prácticamente reunido en gabinete de crisis con los máximos dirigentes de Bruselas. En su opinión, Moscú ha fracasado en la fase inicial de la guerra. “Putin pensó que iba a ser una campaña rápida, barata y fácil, sin muchas pérdidas, ganando inmediatamente sus objetivos, pero ha resultado todo lo contrario”, dice. “Si no reciben apoyo en unos meses, se quedarán sin recursos”.
Pregunta. ¿Cuánto va a durar la guerra?
Respuesta. En 50 años de carrera nunca he visto la guerra tan cerca y tan amenazante para Europa. Es una contienda de verdad, con tanques, aviones, que ha hecho retroceder el reloj de la historia 70 años. Ya lleva tres semanas y es extremadamente difícil predecir su duración. Es una guerra de agresión contra un país libre llevada a cabo por otro mucho más grande y con un ejército mucho más poderoso. Pero los rusos no han sido capaces de lograr inmediatamente su objetivo; podríamos llamarlo el plan A: sitiar Kiev para derrocar al Gobierno y alcanzar sus objetivos inmediatos en el Donbás. Esta primera fase ha fracasado.
P. ¿Qué ha sucedido después?
R. Han cambiado a una segunda fase, con nuevos medios y otras armas —si se quiere, una guerra muy indiscriminada, aunque aún limitada—, pero también ha fracasado. Hemos visto tres líneas de penetración desde el norte hacia el centro de gravedad de Kiev. Desde el sur para tomar el control del mar Negro; en el noreste y el sureste desde el Donbás, con el fin de ganar terreno. Pero han sufrido grandes bajas, pérdidas logísticas, de suministro y humanas. Necesitan recuperarse y reorganizarse, por lo que ahora están realizando una parada operativa.
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R.Los ucranios han mostrado una voluntad y capacidad de lucha impredecible, de resistencia, de usar el sistema de defensa aérea. Se puede decir incluso que [los rusos] están tratando de evitar entrar en las ciudades y ahora ejecutan una guerra de desgaste: en lugar de lanzar una ofensiva, tratan de ganar tiempo con el fin de obtener suministros. Probablemente, el ejército ruso no es tan fuerte como para lanzar una ofensiva, ni está tan bien equipado ni tan desarrollado tecnológicamente, y tal vez no tiene la misma voluntad de lucha que creíamos.
P. ¿Qué ha fallado en sus planes?
R. Han subestimado la calidad y la capacidad del ejército ucranio, y también la fuerza de su pueblo. Alguna vez he hecho la comparación con el ejército afgano que se derritió al sol en Kabul: era relativamente fuerte, pero no tenía ninguna esperanza, porque su presidente huyó. En cambio, el Gobierno y el presidente de Ucrania [Volodímir Zelenski] se mantienen en su lugar y motivan al pueblo, y las Fuerzas Armadas han demostrado la esperanza y la voluntad de defender el país. Ha sido el principal error [de los rusos]. Al no haber sido capaces de superar inmediatamente la defensa de Ucrania, no han ganado superioridad, que es muy importante para esta batalla. Y les ha obligado a reajustar, probablemente, incluso la información que se les dio a los soldados y a los comandantes.
P. ¿Ha desbaratado los planes de Rusia?
R. Lo que Putin pensó que iba a ser una campaña rápida, barata y fácil, sin muchas pérdidas, ganando inmediatamente sus objetivos, ha resultado todo lo contrario: ha sido detenida. El tiempo no ha jugado a favor de Rusia. Los ucranios se han fortalecido y el mundo ha reaccionado. La UE ha comenzado a hablar con una sola voz sobre la defensa común y la OTAN ha encontrado una nueva cohesión. Así que también el efecto psicológico ha sido el contrario: ha compactado a la UE y lo mismo ocurre con los ucranios, cohesionados para luchar contra un agresor. Quizá incluso el agresor se ha dado cuenta de que es un agresor, como demuestra el hecho de que están hablando de usar mercenarios venidos del extranjero. Esto, en cierto modo, supone una escalada porque no siguen las normas de la guerra.
P. ¿Cuánto puede durar la situación?
R. Por supuesto, esperamos siempre que sigan las negociaciones y que podamos encontrar una solución diplomática, aunque el camino sea estrecho. Desde el punto de vista puramente militar, el tiempo viene dictado por la disponibilidad de equipamiento, de armas, de soldados y de voluntad. ¿Hasta qué punto se dan la voluntad y las capacidades de los ucranios? Puede ser unas semanas, técnicamente, o un tiempo muy largo. El presidente de Ucrania dijo hace poco que toda la ciudadanía tiene derecho a tomar las armas contra la invasión, algo que es, por definición, un deber sagrado de todos los países. Eso significa que tal vez hay 40 millones de personas listas para encabezar una resistencia. ¿Qué tipo de resistencia? No lo sé. Ahora corremos el riesgo de que se abra permanentemente una trinchera que divida al mundo de nuevo, y de que, aunque la guerra termine físicamente, continúe bajo otras formas. Aún no ha acabado. Ni siquiera es seguro que los rusos concluyan con éxito porque tal vez la situación les lleve a agotar todos los recursos. Pero, aun así, será largo. Los rusos, desde luego, son fuertes.
P. La prensa ha señalado que Rusia ha pedido ayuda a China.
R. No está realmente confirmado. Pero es muy importante saber cuál va a ser la posición de China porque ahora estamos mirando solo a Rusia y Ucrania, a la UE y la OTAN. Pero ya en 2021 estábamos viviendo en un momento muy peligroso. China quiere convertirse en el país más poderoso en 2049, utilizando un sistema completamente distinto al de Rusia; quiere ser una nación poderosa en términos militares. Su posición va a ser extremadamente importante en el equilibrio de poder. Pero, hasta donde yo sé, no tienen previsto proporcionar suministros a los rusos. Más allá de esto, es indiscutible —es mi opinión personal― que probablemente el presidente de Rusia y Xi Jinping [el de China] han hablado antes y durante estos eventos.
P. ¿Rusia necesita recursos?
R. Han dicho que no necesitan nada. Pero ahora vamos a otro punto; Rusia ha dirigido con éxito durante muchos años operaciones híbridas: Georgia en 2008, Crimea en 2014, Siria en 2015 con los Spetsnaz [fuerzas especiales], en Libia con Wagner [empresa de mercenarios], África Central, Malí… Están construyendo un ejército fuerte y tienen un poder nuclear más fuerte, y para este tipo de esfuerzos el balance de defensa del que dispone Rusia es suficiente. Hablamos de unos 60.000 o 70.000 millones de euros, que es menor que el gasto de la UE, de 250.000 millones. Pero la cantidad de dinero que Rusia dedica es seguramente insuficiente para mantener una capacidad nuclear, para desarrollar un sistema de armas avanzado, para apoyar la guerra a largo plazo. Sin duda, necesitan [recursos]. No son tan fuertes como pensamos en términos generales. Son poderosos. Tienen una combinación de poder y tanques, pero no tienen el mismo nivel de desarrollo tecnológico que los países occidentales. Así que si no reciben el apoyo de alguien en un determinado número de meses, se quedarán sin recursos, eso seguro.
R. Mire, siempre me preocupan todo tipo de amenazas que pueden venir de todas partes. Nunca pensé que después de 50 años de carrera iba a ver tanques rusos invadiendo Ucrania, que está dentro de Europa. Así que cuando alguien menciona, incluso solo como una amenaza, que pone en alerta los recursos nucleares, me preocupa. No creo que vaya a suceder, pero es un mensaje en el que tenemos que pensar porque hay dos palabras que ya no existían en nuestro diccionario como europeos, guerra y enemigo, que siguen existiendo.
R. Primero, pretende hacer la guerra psicológica, al enviar el mensaje a los ucranios de que no hay refugio seguro ni siquiera en el oeste. Por otro lado, también es un objetivo táctico porque hay una línea principal de comunicación para el abastecimiento de armas y suministros que viene de Occidente. Además, hay que entender que, como los rusos no están ganando, se produce esta guerra de desgaste. No entran en las ciudades porque sería demasiado costoso y tal vez no tienen todavía la capacidad. No podemos excluir que en el futuro hagan un lanzamiento indiscriminado de cohetes sobre ciudades y pueblos, contra cualquier tipo de objetivo, para intentar derrotar la moral y el espíritu del pueblo ucranio y aumentar sus bajas.
P. ¿Ha derribado la guerra tabúes militares de la UE?
R. Aún queda mucho por hacer. Pero el verdadero cambio histórico ocurrió el pasado 27 de febrero, cuando se decidió en 72 horas aplicar fuertes sanciones contra Rusia, que realmente ponen bajo asedio el país. Y, además, en cuatro horas se decidió aportar 500 millones de euros para apoyar a Ucrania; 450 millones de euros en armas letales. Una decisión que no habría sido posible en la UE en décadas, se tomó en cuatro horas. La UE y la OTAN siempre han reaccionado bien en emergencias. Somos un poco lentos durante la planificación normal. Tal vez estábamos sufriendo de lo que podríamos denominar la fatiga afgana tras muchos años allí. Pero este punto ha sido realmente como pasar de la Belle Époque a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. La historia ha cambiado, esta guerra ha sido un impulso para la defensa común europea. No hay duda de ello. Hemos entendido que con una defensa europea fuerte las cosas serán diferentes.
Desde hace seis meses en el Valle del Cauca se encontraba desaparecido el soldado Sebastián Quiñones Echavarría, el cual fue encontrado en una fosa común. Su familia con la tristeza, se encuentra en la zozobra de quien es el responsable de la muerte de su hijo; acusan al ejercito de lo sucedido, mientras la Institución señala que Sebastián Quiñones se había evadido desde agosto de 2021.
“El Ejército lo único que hizo fue matarme a mi hijo. El Ejército hasta ahora no se ha pronunciado. Yo los hago responsables de la muerte de mi hijo”, dijo la mamá del soldado, Lady Johana Echavarría.
Sebastián fue hallado muerto el pasado jueves 10 de marzo cerca a Bajo Anchicayá, zona rural de Buenaventura. El soldado se encontraba desaparecido desde el pasado 23 de agosto.
Por su parte, el Ejército, mediante dos comunicados emitidos sobre este caso, señaló que el uniformado desertó del servicio.
“El pasado lunes 23 de agosto de 2021, el soldado Sebastián Quiñones Echavarría, que se encontraba prestando su servicio militar en el Batallón de Alta Montaña N° 3, fue reportado como evadido del servicio, situación que desde el primer momento fue comunicada a sus familiares”
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos tuvo conocimiento de la desaparición y muerte del soldado, y les pidió una explicación del caso a las fuerzas armadas.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, se dirigió este miércoles al Congreso de Estados Unidos con un discurso dramático, mientras las bombas seguían golpeando a su población, para implorar más ayuda militar que frene la sangrienta invasión rusa. Vestido con camiseta color caqui militar y con el rostro cansado, Zelenski invocó grandes traumas históricos estadounidenses como la matanza de Pearl Harbor y los atentados del 11-S para convencer al más poderoso de sus aliados de dar un paso más y, entre otras medidas, activar una zona de exclusión aérea para impedir los ataques de aviones rusos sobre Ucrania. “Os necesitamos ahora. Os pido que hagáis más”, clamó. “Hoy ser el líder del mundo significa ser el líder de la paz”, recalcó, apelando a Joe Biden.
El líder norteamericano compareció horas después en la Casa Blanca y firmó la entrega de 800 millones de dólares (unos 727 millones de euros) adicionales de ayuda militar a Ucrania, que forma parte del gran programa aprobado de 13.600 millones (12.370, en euros) la semana pasada por el Congreso. Además de munición y sistemas de misiles, incluirá drones. Biden saludó el “excepcional” discurso del ucranio y aseguró, en respuesta directa al mandatario: “Vamos a hacer más en los próximos días y semanas”.
Zelenski, que intervino por videoconferencia, no es el primer líder extranjero que habla al Capitolio —antes lo han hecho un puñado de franceses y británicos, la alemana Angela Merkel, el papa Francisco o Nelson Mandela—, pero pocas intervenciones alcanzan el calado histórico de la intervención de la mañana de este miércoles, llevada a cabo en el vigésimo primer día de guerra. Ochenta años atrás, el 26 de diciembre de 1941, fue Winston Churchill quien tocó a rebato ante los legisladores de Washington. Estados Unidos acababa de entrar en la II Guerra Mundial, a raíz del bombardeo de la base naval estadounidense de Pearl Harbor (Hawái) por parte de Japón.
El líder ucranio agitó ese recuerdo desde la pantalla ante los congresistas y senadores de Estados Unidos, que le escuchaban reunidos en sesión conjunta en el vestíbulo de visitantes del Capitolio, pues el vídeo en gran formato no se podía reproducir en la sala de plenos. “Ahora os necesitamos, os pido que recordéis Pearl Harbor, cuando fuisteis atacados. Recordad el 11-S”, subrayó. Zelenski ha solicitado a las potencias occidentales más sanciones, más armamento (especialmente aviones) y, lo más controvertido, su involucración en la defensa aérea del país, lo que pasa por la tan traída y llevada activación de una zona de exclusión aérea, que Occidente, por el momento, rechaza para tratar de evitar una escalada.
“Pedimos ayuda para poner fin a este terror. ¿Es demasiado pedir que cierren el cielo para salvar la vida de las personas?”, exclamó el presidente. Grosso modo, una zona de exclusión aérea consiste en prohibir todos los vuelos militares en una determinada área, lo que implica que cualquier aparato que entre en la zona de exclusión puede ser derribado. Rusia ha advertido de que consideraría esa medida una declaración de guerra por parte de la OTAN.
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El dirigente advirtió de que no es solo Ucrania lo que el líder ruso Vladímir Putin ha atacado desde que lanzó la invasión, el 24 de febrero, sino Europa y los valores democráticos en todo el mundo. “Ahora mismo se decide el destino” de Ucrania, dijo, pero también “valores humanos” universales. ”En el momento más oscuro para nuestro país, para toda Europa, os pido que hagáis más. Se necesitan nuevos paquetes de sanciones, constantemente, todas las semanas, hasta que se detenga la máquina militar rusa”, subrayó.
Pronunció la mayor parte de su discurso en ucranio, pero terminó en inglés para apelar directamente a Biden: “Usted es el líder de su gran nación. Quiero que sea el líder del mundo y ser el líder del mundo hoy significa ser el líder de la paz”.
El nombre de Zelenski, un excómico de profesión de 44 años que llegó al poder tras arrasar en las elecciones de 2019, ya había sonado muchas veces en ese Capitolio antes de esta guerra. Las presiones que el líder ucranio recibió del presidente Donald Trump —incluyendo la congelación de las ayudas militares— para tratar de perjudicar la carrera electoral de Biden en 2020 motivó el primer juicio de impeachment contra el republicano. La historia ha querido colocarlo este miércoles, de nuevo y en una situación más amarga, en el centro del templo de la democracia estadounidense. Esta vez, sin embargo, republicanos y demócratas han encontrado en la crisis de Ucrania uno de los escasos puntos de consenso, y el presidente ucranio ha logrado una ovación unánime.
El Congreso ha presionado a Biden desde el principio de la crisis para que aprobase sanciones contra Putin y redoblase las ayudas a la antigua república soviética. La semana pasada salió adelante, por amplia mayoría, un programa de gasto gubernamental que incluye alrededor de 12.370 millones de euros adicionales para el país, en materia de apoyo humanitario y militar. Varios legisladores también se han pronunciado a favor del envío de cazas para que Ucrania pueda utilizarlos, algo con lo que no están de acuerdo los aliados, pero la zona de exclusión aérea apenas concita consenso.
“Haremos que Putin pague el precio”, ha prometido Biden desde la Casa Blanca, tras el discurso de Zelenski. La partida de 727 millones de euros en material de guerra se suma a los 318 millones aprobados tras la invasión, que a su vez se habían añadido a los 590 millones de euros que Estados Unidos ya había destinado a la seguridad de Ucrania el año pasado.
Ucrania no es un país miembro de la OTAN y por eso los países de la Alianza (Estados Unidos, la Unión Europea, Reino Unido, Canadá, entre otros) rechazan enviar a sus tropas a luchar del lado ucranio, pero sí han respondido a Rusia con un arsenal de sanciones económicas sin precedentes y han entregado a Kiev recursos para su defensa.
El cadáver de Ernesto Che Guevera, expuesto al público en el pueblo de Vallegrande, en Bolivia, al día siguiente de ser asesinado, el 10 de octubre de 1967.MARC HUTTEN (AFP)
Su vida entera se resume en un instante. Mario Terán Salazar, militar boliviano, tuvo una vez delante a un tipo barbudo muy alto, enorme lo recodaría él, con unos ojos que brillaban intensamente. Terán enfundaba un arma que por momentos temió que ese gigante pudiera arrebatársela. Sintió un vértigo que habría de recordar el resto de sus días. “Póngase sereno —me dijo— y apunte bien. ¡Va a matar a un hombre! Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé”, contaría después. Era 1967 y Terán acababa de ejecutar a Ernesto Che Guevera.
El militar, que tuvo una existencia anónima, murió este jueves en Santa Cruz de la Sierra a los 80 años de edad, enfermo de cáncer de próstata, según confirmó su hijo a AFP. Terán no se explayó mucho más sobre lo ocurrido aquella mañana, en medio de la Guerra Fría, salvo esa explicación un tanto dramática que dio sobre la forma en la que acabó con el mítico revolucionario. Es más, después de 30 años de servicio se retiró y llegó a decir que no fue él el verdugo, sino alguien con su mismo nombre y apellidos. Nadie le creyó.
Para que Terán y el Che Guevara se encontraran frente a frente en la Higuera, un pueblo diminuto junto a los Andes, se tuvo que dar una serie de casualidades cósmicas. Uno estaba herido, andrajoso, indefenso, según se ve en la última foto tomada antes del disparo. El otro, vestido de militar y armado. La CIA lo quería vivo para interrogarlo, pero el presidente boliviano de entonces, René Barrientos, ordenó acabar con él de inmediato, sin juicio de por medio. Barrientos era un anticomunista furibundo. El encargado de cumplir sus órdenes fue Terán, que entonces tenía 25 años y un pequeño bigote cuadrado sobre la comisura de los labios.
El día de la ejecución era nueve de octubre, lunes. La mañana de la jornada anterior, Guevara había sido capturado en un monte cercano. Un destacamento liderado por el capitán Gary Prado había recibido horas antes la información de que los guerrilleros que comandaba el Che estaban escondidos en una zona conocida como la Quebrada del Yuro. Los soldados aniquilaron a la mayoría de insurgentes durante el ataque sorpresa e hirieron en la pierna izquierda al Che. Cuando fueron a capturarlo, según la versión de los uniformados, les gritó: “No tiren que yo soy el Che. Yo les valgo más vivo que muerto”.
Mario Terán Salazar, un suboficial del ejército boliviano, conocido por ejecutar a Ernesto Guevara el 9 de octubre de 1967.RR. SS.
Así, vivo, lo trasladaron a una escuela abandonada de la Higuera. Lo encerraron en una de las estancias que tiempo atrás había sido un salón de clases. Se trataba del momento de mayor indefensión del hombre que había tratado de encender la llama de un foco guerrillero en la selva boliviana, contra toda lógica. Comandaba una tropa mal armada, hambrienta y sin mucha experiencia en combate, frente a un ejército profesional respaldado por Estados Unidos y sus agencias de inteligencia. Su buena estrella estaba a punto de apagarse.
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Guevara había conocido años atrás en México a Raúl y Fidel Castro y con ellos acabó derrocando por la vía de las armas a Fulgencio Batista en Cuba, en 1959. Ese deseo revolucionario se extendió por todo el mundo. El Che desempeñó varios cargos en el nuevo Gobierno cubano, pero lo dejó y volvió a empuñar un fusil. Primero fracasó en el intento de llevar a cabo una insurgencia en el Congo y, más tarde, le ocurrió lo mismo en Bolivia. Ahí encontró la muerte a los 39 años de edad.
Su cuerpo rígido, con los ojos abiertos, el pecho desnudo, fue expuesto al público al día siguiente en un municipio cercano, Vallegrande. Los lugareños lo observaron asombrados. Cuando Marc Hutten, reportero de AFP, lo fotografió en ese momento seguramente tenía en la cabeza la Lamentación sobre Cristo muerto, de Mantegna. Acababa de nacer el mito.
La última fotografía del Che Guevara en Bolivia antes de su ejecución. A su derecha, el agente cubano de la CIA Félix Rodríguez, uno de sus captores.CORTESÍA FÉLIX RODRÍGUEZ
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La decisión dispuso la captura inmediata del sentenciado para que cumpla la pena en centro carcelario.
La obra está prevista en un contrato que ascendió a 1.400 millones de pesos, pero no se ha cumplido con el mismo.
Noticias Nariño
Por no culminar las obras previstas en un contrato en Tumaco que ascendió a 1.400 millones de pesos, un juez penal envió a prisión a Helmer S. B.
Señalan que el condenado, en su condición de contratista, se apropió de recursos públicos y no construyó una guarnición militar que estaría al servicio de la Armada Nacional.
Por tal razón, el contratista fue condenó a cinco años y cuatro meses de prisión, y lo declaró responsable del delito de abuso de confianza calificado.
Lo enviaron a prisión
La decisión dispuso la captura inmediata del sentenciado para que cumpla la pena en centro carcelario.
Los hechos investigados por la Fiscalía están relacionados con un contrato por valor de $1.446.360.076; suscrito entre la Agencia Nacional Logística de las Fuerzas Militares y el Helmer, para construir un puesto de la Infantería de Marina en Tumaco.
#ATENCIÓN | La Fiscalía, a través de la Dirección Especializada contra la Corrupción, demostró en juicio que Helmer Sinisterra Bonilla, en su condición de contratista, se apropió de recursos públicos y no construyó una guarnición militar para la Armada Nacional. pic.twitter.com/jpPC2bDR69
Este punto serviría de centro de concentración militar para garantizar la seguridad a la infraestructura petrolera en el departamento.
En marzo de 2012, con la firma del acta de inicio, le fueron girados al contratista $720’296.643 por concepto de anticipo.
Luego de cinco meses, que fue el tiempo de ejecución pactado, se verificó que las obras tenían un avance de 9.83% y el contrato fue liquidado ante el evidente incumplimiento.
Esto representó un detrimento patrimonial por $581.466.378 porque Helmer nunca reintegró los dineros del anticipo que no invirtió.
Diez días después de la invasión de las fuerzas rusas ordenada por Vladímir Putin, Ucrania se ve asolada por intensos combates en múltiples frentes que están provocando una enorme ola de refugiados. El plan —quizá el delirante sueño— ruso de una guerra relámpago con rápido desmorone de la resistencia militar y del Gobierno ucranios ha fracasado. El conflicto ha ido evolucionando, con los rusos redoblando la ofensiva de la artillería y maniobrando para atenazar, posiblemente asediar, las principales ciudades.
El ataque ruso tiene cuatro ejes principales. Dos en el sector norte, para conquistar Kiev —el impulso de mayor importancia— y Járkov. En el sector sur, otros dos, para conectar Crimea con el Donbás, hacia el este, y con Odesa, hacia el oeste. Informaciones procedentes del terreno y de servicios de inteligencia militar occidentales coinciden en apuntar que Rusia está logrando avances en el sur mientras se halla sustancialmente parada en el norte.
A continuación, algunas claves para seguir el desarrollo militar de una contienda con potencial de producir consecuencias devastadoras para la población ucrania y las relaciones internacionales.
1. El plan relámpago fallido
“Observando cómo las fuerzas rusas han invadido, los movimientos de sus primeros días, los efectivos utilizados, parece que tenían la expectativa de ganar rápido, de no enfrentarse a una gran resistencia”, comenta Ruth Deyermond, académica del Departamento de los Estudios de Guerra del King’s College especializada en seguridad del espacio pos-soviético. “Optaron por cierta contención, una decisión militar que es acorde al discurso político según el que esto no era una guerra, sino una operación para desnazificar a Ucrania, y el pueblo ucranio es hermano”. Con esas premisas políticas, era difícil plantear un ataque masivo de entrada, según la táctica conocida por shock and awe (literalmente, conmoción y temor), por la que se intenta pasmar al adversario con una enorme potencia de fuego.
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En los primeros dos días, según recuentos del Pentágono, Rusia disparó unos 200 misiles. Una cifra relevante, pero no enorme. Enseguida lanzó tropas hacia las principales ciudades, pero no en cantidades masivas. El Pentágono calcula que al principio solo entró un 30% de la fuerza acumulada, unos 150.000 soldados, repartidos en unos 120 batallones tácticos. Eso se incrementó posteriormente hasta llegar al 90% actual.
“En vez de hacer lo que sus manuales militares, y los de cualquier otro país, establecen —es decir empezar con salvas de fuego artillero y misiles para ablandar los objetivos, desmoralizar a la población y destruir puestos de mando y defensa antiaérea—, dirigieron rápidamente sus tropas para lograr fundamentalmente dos cosas: derribar a Vladímir Zelenski (el presidente de Ucrania) tomando Kiev y conectar Crimea con el Donbás”, apunta Jesús A. Nuñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria. “Pero los rusos sobrevaloraron la capacidad de sus fuerzas e infravaloraron la capacidad de resistencia ucrania. Y ahora nos encontramos con situaciones chocantes. La más significativa es que ni siquiera han logrado conseguir la superioridad aérea”.
Una columna de humo tras un bombardeo ruso en Mariupol, este viernes. Evgeniy Maloletka (AP)
Una anécdota reveladora del fracaso de la guerra relámpago y del paso a otra fase es la batalla del aeropuerto Antonov en Hostomel, a las afueras de Kiev. El primer día de la invasión un grupo de helicópteros rusos aterrizó en la instalación, de gran interés como base para lanzar el asalto a la capital. Se encontraron con una feroz resistencia de las fuerzas ucranias, que lograron recuperar el control durante un tiempo limitado. Lo volvieron a perder pero la zona sigue siendo objeto de combates. La perspectiva de aerotransportar tropas cómodamente a pocos kilómetros de la capital y entrar en ella sin encontrar resistencia significativa fracasó. Ahora el aeropuerto es un elemento estratégico en el despliegue del enorme convoy militar ruso que busca asfixiar Kiev en una masiva maniobra terrestre.
2. Artillería y asedios
“Las fuerzas rusas están intentando ahora subyugar las principales ciudades con artillería pesada, en lo que parece ser el inicio de asedios, bastante en línea con tácticas utilizadas en Chechenia y Siria”, señala Deyermond. Los asedios de Grozni (en dos guerras en los noventa) y Alepo más recientemente han sido brutales. Hay crecientes evidencias de que, después de cierta contención inicial, las fuerzas rusas están ampliando el abanico de objetivos, golpeando estructuras civiles, provocando enorme sufrimiento en la población. El fuego artillero se ha ido intensificando con el paso de los días, aunque un informe del ministerio de Defensa británico señaló ayer una ralentización en las 24 horas anteriores.
Esta nueva fase complica aún más la posición del Kremlin en un elemento no estrictamente militar pero muy importante en cualquier contienda: la narrativa. Esto no es una división que pueda luchar sobre el terreno, pero tiene una influencia enorme en múltiples sentidos: la moral de los combatientes, el espíritu de resistencia de la población civil, el sentimiento de opiniones públicas internacionales que pueden acompañar más o menos duras decisiones de sus Gobiernos. En ese frente, Putin se está desangrando, y las imágenes de las ciudades golpeadas empeoran su posición.
Al menos 15.000 georgianos se reunieron este viernes en Tiflis para escuchar un discurso en directo a los habitantes de varias ciudades europeas del presidente ucranio, Volodímir Zelenski. Mijail Vignanski (EFE)
Es en ese contexto que las fuerzas rusas luchan sobre el terreno para conseguir sus objetivos. En el plano marítimo, la supremacía es total dada la inconsistencia ucrania en el sector, aunque la decisión de Turquía de cerrar el paso entre el Mediterráneo y mar Negro a buques de guerra reduce el margen de maniobra de Moscú. En términos aéreos, las fuentes occidentales insisten en señalar que Rusia no ha logrado la supremacía, que Ucrania mantiene activos tanto medios aéreos como defensas antiaéreas. Kiev sostiene haber derribado 39 aviones y 40 helicópteros rusos, algunos ayer mismo. Moscú alega haber destruido 82 aviones ucranios. En esta situación, se constata un uso limitado de las fuerzas aéreas, lo que ha inducido algunos expertos a cuestionar el alcance real de la modernización militar rusa en este dominio.
En el apartado terrestre, el desarrollo más relevante es el enorme convoy, de decenas de kilómetros de largo, que apunta hacia Kiev pero lleva varios días sustancialmente estancado con muchas dificultades. “Varios elementos señalan problemas logísticos, ineficiente manutención de los vehículos, escasez de suministros, incluso falta de alimentos”, comenta Deyermond.
Algunos expertos consideran que el despliegue tan masivo de tropas ha diluido la capacidad de las fuerzas rusas de dotar a cada batallón con elementos clave que aportan valor añadido, como unidades de inteligencias para reforzar la capacidad de detección de ataques. Otros observan con cierto desconcierto tácticas de ataque graduales en vez de concentrar más las fuerzas. Además, las tropas ucranias siguen oponiendo una eficaz resistencia, con voladura de puentes y ataques puntuales para frenar los avances.
En el apartado ciber, en contra de lo que muchos expertos esperaban, no se han detectado ofensivas relevantes. “Puede haber habido alguna cosa pequeña que no hayamos visto, pero nada significativo”, dice James Sullivan, director del departamento ciber del Instituto Real de Servicios Unidos, un centro de pensamiento británico especializado en cuestiones militares. “Está siendo una campaña muy tradicional y, según apuntan varios elementos, no muy bien planificada. Hay varias posibles explicaciones por las que no hemos asistido a grandes ciberataques. Entre ellas, que hay que prepararlos bien, que las defensas pueden ser buenas, y que puede resultar más fácil lanzar una bomba a una torre de TV que aniquilar las emisiones por internet. En cualquier caso, estamos en los primeros compases y no sabemos qué ocurrirá. Rusia ha sido muy agresiva en este sector en Ucrania desde 2014″.
3. ¿Ocupación y guerrilla?
Nadie sabe qué pasará, en el dominio ciber, y en los otros. Sobre la base de los elementos disponibles, es razonable pensar que pese a las dificultades y los fallos, Rusia logrará avanzar hacia sus objetivos gracias a la superioridad de los medios a su disposición y el estómago para llevar a cabo acciones que afectan a civiles. “La que parecía todopoderosa maquinaria militar rusa no está rindiendo de manera efectiva. Pero no podemos llevarnos a engaño. La proporción de fuerzas es tan desigual que no podemos pensar que Ucrania pueda ganar”, dice Nuñez Villaverde.
Pero que no sea realista pensar que Ucrania pueda expulsar de su territorio a las fuerzas rusas no es sinónimo de que Putin tenga asegurada una victoria clara. Uno de los factores claves es, por supuesto, el suministro de armas por parte de Occidente. Según la cantidad y calidad de las entregas, puede dar más o menos aliento a la resistencia. No podrán revertir el equilibrio de fuerzas, pero sí contribuir a la defensa, y a infligir a las fuerzas rusas un daño grave como para incidir en el cálculo de futuros pasos.
“Me cuesta ver cómo Rusia podría conseguir una victoria duradera. Porque incluso si logra conquistar Kiev, Jarkóv, Mariupol, no podrá mantenerlas si no quiere desplegar una gran fuerza ocupadora permanente. Entonces tendrá que decir qué hacer. Comprometer una parte importante de sus fuerzas para ocupar ucrania. O alcanzar un acuerdo negociado”, dice Deyermond.
El espíritu que se detecta en la gran mayoría de la población ucrania y el apoyo armamentístico occidental hace muy creíble la perspectiva de que, en caso de derrota en el plano militar mayor, el enfrentamiento podría seguir en forma de guerrilla. “El Gobierno de Zelenski ya ha empezado a dar armas a los civiles, está liberando a presos con experiencia de combate, y trata de organizar la conformación de brigadas internacionales”, señala Nuñez Villaverde. La UE ha dado el paso histórico de decidir suministrar armas de forma comunitaria. Una victoria militar con instauración de un Gobierno títere y posterior retirada, por tanto, no es un escenario plausible.
“Los manuales militares apuntan a que una fuerza de ocupación necesita un efectivo por cada 20 habitantes”. Ucrania tiene 44 millones y una extensión territorial mayor a España o Francia. Una ocupación total representaría pues un desafío enorme. Rusia podría optar por una ocupación limitada, que se ciñera a expandir el área controlada del Donbás, establecer el corredor de ahí hasta Crimea y quizá de Crimea hasta Odesa y la Transnistria, en Moldavia, donde también tiene desplegadas fuerzas.