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“Tengo 52 años; 47 de ausencia de mi madre, quien perdió la vida durante un aborto séptico”, contó este martes la constituyente chilena Loreto Vidal ante sus colegas. “Para ella y demasiadas más no existieron las garantías y la seguridad y la protección”, agregó antes de solicitar que la interrupción voluntaria del embarazo forme parte del proyecto de nueva Constitución con la que el país espera derogar la Carta Magna vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

“Buscan separarnos entre aquellos que están a favor de la vida y aquellos que aparentemente estuviésemos a favor de la muerte. Por la vida de mi madre y a través de su memoria, por las miles de mujeres que hoy no están aquí, les invito desde lo más profundo de mi alma a aprobar este derecho”, pidió Loreto ante la Convención Constituyente durante su emotivo discurso. En su banca podía verse el pañuelo verde que simboliza la lucha por el aborto legal en América Latina.

En Chile, la interrupción voluntaria del embarazo estuvo prohibida en todos los supuestos hasta 2017, cuando se legalizó para casos de violación, riesgo para la salud de la madre e inviabilidad fetal. Este martes, la Convención Constituyente aprobó por 108 votos a favor, 39 en contra y 6 abstenciones incluir la despenalización del aborto en el proyecto de ley. Según el texto, el Estado debe garantizar “las condiciones para un embarazo, parto y maternidad voluntarios y protegidos”. Este texto quedó incluido en el apartado de derechos sexuales y reproductivos.

Los constituyentes deben entregar el proyecto de nueva Carta Magna antes del próximo 4 de julio. Después, el documento será sometido a un plebiscito en el que los chilenos deberán decidir si aprueban la nueva Constitución o mantienen la heredada de Pinochet.

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El presidente electo de Chile, el izquierdista Gabriel Boric, de 36 años, asumirá el Gobierno el viernes próximo. Una de las particularidades de la primera etapa de su mandato (2022-2026) será la convivencia con una convención constituyente que trabaja a contrarreloj para presentar una propuesta de Constitución que, hasta ahora, cambia profundamente el entramado constitucional vigente y, por lo tanto, las instituciones.

El tiempo corre deprisa para el órgano que se disolverá, de acuerdo a la ley, el 4 de julio de este año. Está compuesto por siete comisiones temáticas que presentan sus informes al conjunto de la convención, donde cada una de las normas deben aprobarse por dos tercios de los constituyentes, es decir, 103 miembros. Pero solo cuatro comisiones han presentado parte de sus propuestas al pleno a menos de dos meses de que, el 28 de abril, deban entregar el texto a la comisión de armonización, que se encargará de formular un cuerpo coherente.

“Calculo que están listas menos del 25% de las normas del texto final”, asegura Natalia González, directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos de Libertad y Desarrollo (LyD), un centro de pensamiento de la derecha. Actualmente, los convencionales trabajan incluso los fines de semana para llegar a puerto y, aunque no parece imposible, se ve difícil que el Congreso amplíe su plazo de funcionamiento.

Es una convención dominada por el eje de la izquierda del sistema político chileno –donde los grupos moderados han contenido en el pleno algunas normas polémicas–, paritaria entre hombres y mujeres y con 17 escaños reservados para los pueblos indígenas.

“Existe una línea bastante recta entre estallido social de octubre de 2019, elección de convencionales en mayo de 2021 y las propuestas constitucionales”, explica el constitucionalista Tomás Jordán, al que le llama la atención que este punto no se considere en el análisis y que, desde que a mediados de febrero el pleno de la convención comenzó a votar las normas que serán parte de la propuesta final, haya parte de la sociedad sorprendida por los artículos, profundamente distintos con respecto a la actual Constitución. No las llamaría “refundacionales”, como lo hace González, que considera que se está dando una “vuelta en 180 grados”. Para Jordán, se tratan de propuestas “muy diferentes en sus paradigmas a la Constitución actual”, por lo que prefiere hablar de “innovaciones profundas”, porque en el pleno se han moderado. “Es una transformación estructural y no una reforma”, explica el abogado, que coordinó los esfuerzos constituyentes del segundo Gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018).

Las normas ya aprobadas por la convención plena darán origen a un texto que se plebiscitará el 4 de septiembre o el 11 de septiembre próximo (dos fechas muy simbólicas para la política chilena, porque el 4 de septiembre era la fecha en que se celebraban las presidenciales hasta antes del golpe de 1973 y el 11 de septiembre ocurrió el quiebre democrático). “Chile es un Estado regional, plurinacional e intercultural conformado por entidades territoriales autónomas, en un marco de equidad y solidaridad entre todas ellas, preservando la unidad e integridad del Estado”, sostiene uno de los artículos. Es uno de los asuntos de mayor envergadura aprobados hasta el momento. Porque la plurinacionalidad tiene fuertes defensores –la norma fue aprobada por 112 votos contra 32–, pero a la vez importantes detractores. La historiadora Sofía Correa Sutil, académica de la Universidad de Chile, ha dicho que con la plurinacionalidad “se destruye la nación chilena, entendida como una unidad que acoge la más variada diversidad”.

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La convención aprobó, a su vez, la siguiente norma: “El Estado se organiza territorialmente en regiones autónomas, comunas autónomas, autonomías territoriales indígenas y territorios especiales”, reconfigurando totalmente lo que existe en la actualidad, donde impera el Estado unitario con una tradición de unos 200 años y donde el presidente era el jefe político y administrativo de todas las unidades del Estado (Chile está organizado en 16 regiones sin autonomía).

En otro artículo se indica que “las regiones autónomas, comunas autónomas y autonomías territoriales indígenas están dotadas de autonomía política, administrativa y financiera para la realización de sus fines e intereses”, aunque no podrán “atentar en contra del carácter único e indivisible del Estado de Chile”. Debutarán así los Gobiernos regionales elegidos por la ciudadanía, que tendrán sus respectivas asambleas legislativas electas que, aunque sin potestad legislativa, tendrá atribuciones normativas, resolutivas y fiscalizadoras. Cada región podrá, a su vez, crear sus propias empresas públicas. Para González, “no está resuelta para nada la forma en que se relaciona el nivel central con el regional, lo que es muy complejo sobre todo desde el punto de vista fiscal”, asegura.

Pluralismo jurídico

Si la propuesta de Constitución se aprueba por la ciudadanía –en un plebiscito que tendrá carácter obligatorio–, Chile tendrá pluralismo jurídico, algo que existe en alguno de los países que reconocen constitucionalmente a los pueblos originarios. Será uno por pueblo –10 en total– más uno para los no indígenas. “El Estado reconoce los sistemas jurídicos de los pueblos indígenas, los que en virtud de su derecho a la libre determinación coexisten coordinados en un plano de igualdad con el Sistema Nacional de Justicia”, asegura la norma aprobada por 113 votos contra 39 que, nuevamente, ha desatado un profundo debate. Todavía falta por definir mediante la ley si la Corte Suprema será el tribunal superior de todos los sistemas de justicia regionales y determinar las competencias y materias que se regirán por la justicia indígena.

“En Chile, la población indígena no vive en reservas, sino que a lo largo y ancho del territorio, justamente por el proceso de mestizaje”, asegura González, que se declara preocupada por la “incerteza jurídica” de la plurinacionalidad. “Habría autonomías indígenas –con capacidades presupuestarias, normativas, financieras– y a su vez se generan sistemas de justicias indígenas. Generas tantas naciones dentro de una nación que se corre el riesgo de un ambiente separatista”, asegura la directora de Asuntos Jurídicos y Legislativos de LyD.

El grupo que trabaja sistemas de conocimiento, a su vez, logró que el pleno aprobara la norma que garantiza que “los pueblos y naciones preexistentes tienen derecho” a “la restitución y repatriación de objetos de culto y restos humanos que fueron confiscados sin consentimiento de los pueblos”, con un alcance que hasta ahora los expertos no se atreven a aventurar con respecto a los conquistadores españoles. Para Jordán, “lo que mayor impacto ha tenido en el conjunto del texto aprobado hasta ahora ha sido la perspectiva indígena, lo que resulta nuevo y ajeno a la cultura jurídica de las últimas tres constituciones chilenas”, que incluso no reconocen a los pueblos.

Lo mismo con la paridad. En la elección a cargos de las entidades territoriales nuevas se debe respetar la paridad, al igual que en la función jurisdiccional.

Especialmente relevante en esta materia será la nueva propuesta de la comisión de medioambiente y modelo económico. El viernes se rechazaron en el pleno buena parte de las propuestas de la comisión encargada de estas temáticas –constituida sobre todo por activistas medioambientales–, en las que imperaba un paradigma ecocéntrico y biocéntrico que entiende la naturaleza como sujeto de derecho. Uno de los artículos que no alcanzó el quórum fue el que reconocía la “sintiencia” de los animales y establecía que el Estado debía protegerlos, reconocer su individualidad y derecho a vivir una vida libre de maltrato. Logró, eso sí, 100 votos a favor, 29 en contra y 25 abstenciones, ante la preocupación de la industria ganadera, avícola o salmonera.

La comisión tendrá que reformular sus primeros planteamientos –en un informe de reemplazo o segundo informe–, pero impera el convencimiento de incorporar la perspectiva de los pueblos originarios en materia de medioambiente, que tienen una cosmovisión muy distinta a los no indígenas. Podría pedírseles el consentimiento previo para cualquier actividad productiva en el territorio, con una participación vinculante. Lo que resulte en esta área será fundamental, porque podría cambiar profundamente el paradigma del modelo de desarrollo del Estado chileno que, hasta ahora, es subsidiario, preminentemente económico, con énfasis en la libertad de empresa y productividad.

Igualmente relevantes serán las propuestas de la comisión de derechos fundamentales, que todavía el pleno no revisa. Se discutirán asuntos clave como el derecho de propiedad y la propiedad indígena.

A fines de esta semana, en tanto, se comenzará a sellar el destino del Senado. La convención empuja el empoderamiento de la cámara política –la de los diputados– y un Senado que pasaría a llamarse Consejo Territorial, posiblemente sin las actuales facultades y sin la misma capacidad de incidir en proceso legislativo. El Poder Judicial también cambiaría de nombre y pasaría a llamarse Sistema Nacional de Justicia.

De acuerdo a la última encuesta Criteria, un 31% aprueba el trabajo de la convención (dos puntos menos respecto del mes anterior) y un 48% los desaprueba, cuatro puntos más que el mes pasado. Sigue siendo, sin embargo, la institución política con mayor respaldo.

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La nueva presidenta de la Constituyente chilena, María Elisa Quinteros (izquierda) celebra su elección con la presidenta saliente Elisa Loncon y Jaime Bassa en enero pasado.
La nueva presidenta de la Constituyente chilena, María Elisa Quinteros (izquierda) celebra su elección con la presidenta saliente Elisa Loncon y Jaime Bassa en enero pasado.JAVIER TORRES (AFP)

Ocho de cada 10 chilenos que votó en octubre de 2020 en el plebiscito constitucional lo hizo para apoyar un proceso constituyente por una nueva Carta Magna. Fue la apuesta de la izquierda y buena parte de la derecha para un nuevo acuerdo social que busca sacar a Chile de la conflictividad multidimensional que explotó en las calles en las revueltas de 2019. Un proceso que empuja y respalda el que será presidente a partir del 11 de marzo, el izquierdista Gabriel Boric, para quien el buen término de la convención está estrechamente ligado a su propio éxito.

A menos de cinco meses de que el órgano termine su trabajo y se disuelva, el 4 de julio próximo, la convención no solo trabaja contra el tiempo para discutir 1.275 propuestas de norma, algunas de las que han encendido las alarmas de cierta parte de la sociedad, como la temporalidad de los jueces y, a su vez, la revisión de todos los tratados de libre comercio, junto con la denuncia y retiro del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi). Sobre todo, porque distintas voces desde el interior de la convención comienzan a alertar sobre los riesgos que enfrenta el proceso.

No ayudan determinadas normas, como la que fue presentada por un grupo de ocho convencionales que busca eliminar los tres poderes del Estado y reemplazarlos con una “asamblea plurinacional de las y los trabajadores y los pueblos”, porque los poderes del Estado son “totalmente funcionales a la dominación burguesa”. Una convencional muy cercana a Boric, Constanza Schonhaut, adelantó su voto en contra porque estaría fuera de “todo marco democrático”, aunque llamó a “que no se siembre el pánico”. El mismo presidente electo, a través de Twitter, arropó a su compañera de partido en este llamado a la calma ante las propuestas exóticas. Finalmente, la norma sobre la disolución de los tres poderes del Estado fue rechazada el jueves por unanimidad en la comisión donde fue presentada.

Ha sido un febrero tórrido para la Constituyente. Desde el comienzo del proceso se multiplicaron las sospechas de una campaña de desprestigio de parte de los distintos poderes, incluida la prensa. Pero ha sido desde el interior del órgano donde se evidencian las fisuras. La semana pasada, a tres meses de haber asumido, la directora de la Secretaría de Comunicaciones de la convención, la periodista Lorena Penjean, renunció a su cargo a través de una dura carta. “He llegado a la conclusión de que no existe la cohesión interna ni la voluntad que se requiere para desplegar una estrategia comunicacional profesional y acorde a la magnitud del desafío”, aseguró Penjean en el escrito. Hizo mención a la experiencia internacional: “El proceso es tan importante como el resultado, sino basta con recordar la experiencia colombiana y el Brexit”, junto con resaltar la importancia de la comunicación del proceso a la ciudadanía y apuntar sus críticas directamente a la directiva y, específicamente, a la actual presidenta del órgano, Elisa Quinteros.

Las críticas de esta renuncia no son puntuales, sino que reflejan, en parte, la preocupación de sectores diversos que buscan el éxito del proceso, pero que observan con preocupación el momento actual. En pleno segundo tiempo de la convención –donde las propuestas de normas constitucionales se debaten y votan– no se advierten grandes liderazgos políticos que desde el interior logren la conducción. El académico Agustín Squella, independiente, que siempre ha hablado de la necesidad de mantener el optimismo, en los últimos días ha criticado la “autocomplacencia” del órgano. El abogado y Premio Nacional de Ciencias Sociales ha dicho que a los colectivos más numerosos de la Constituyente chilena se les ve “confundidos, sin conducción, divididos y no sin complejos hacia posiciones extremas que sus integrantes apoyan en público y critican en privado”. Ha alertado sobre el riesgo: “Que cunda en la opinión pública que la tarea nos ha quedado grande”, escribió este miércoles.

“Abunda el cansancio y la dispersión”

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El convencional Patricio Fernández, escritor, en sus crónicas semanales ha dado cuenta del ambiente. “El desorden es grande, abunda el cansancio y la dispersión, no hemos conseguido estructurar una coordinación política y hay, en efecto, buenas razones para la desazón, pero la importancia del reto es tal, que no hay esfuerzos por escatimar”, escribió el pasado 30 de enero. Desde la otra acera, la derecha, convencionales como Bernardo Fontaine han asegurado en los últimos días que “la discusión constitucional hoy parece un barco a la deriva y con riesgo de naufragio”. El economista manifestaba el fin de semana especial preocupación por algunas de las normas aprobadas en general por alguna de las comisiones que trabajan de acuerdo a diferentes asuntos, como la de estatizar la minería y caducar los derechos de agua.

Para el abogado constitucionalista Claudio Alvarado, director ejecutivo del Instituto de Estudios de la Sociedad, IES, resulta evidente que en la última semana se ha producido “un antes y un después” en la convención, sobre todo por el arranque de la votación en general de las normas en cada una de las siete comisiones. “En una serie de materias hay riesgos, porque no se alcanzan los dos tercios requeridos o porque se aprueban normativas muy perjudiciales para el país”, dice. Se refiere a algunos de los contenidos, “como una eventual comisión de evaluación política de los ministros de corte, parecida a una normativa que se aprobó en su minuto en la asamblea constituyente venezolana” o a “una eventual eliminación del Senado por un Congreso unicameral y plurinacional”, aseguró el autor del libro Tensión constituyente. Pero junto al contenido, a Alvarado le preocupa sobre todo “el desorden político” y “falta de liderazgos claros”, incapaces de conducir la discusión hacia la generación de mayorías.

El pasado 1 de febrero se cerró el plazo para que los convencionales y la ciudadanía presentaran propuestas de normas constitucionales a la convención. Los mismos constituyentes presentaron 947, mientras que la ciudadanía 78, para lo que se necesitó reunir al menos 15.000 firmas (participaron unas 980.000 personas en total). Se les suman las 250 propuestas que formularon los escaños reservados de los pueblos indígenas. En total, entonces, se trata de 1.275 normas constitucionales que ya comenzaron a votarse en general en alguna de las siete comisiones y que, posteriormente, en esas mismas instancias deberán tramitarse en particular, por lo que podrían tener nuevas indicaciones.

De acuerdo al calendario, será el 15 de febrero próximo cuando se celebre el primer plenario en que se votarán las primeras propuestas de norma constitucional, para lo que se necesitan los dos tercios de los 154 convencionales (103 votos).

El vicepresidente de la convención, el independiente Gaspar Domínguez, ha llamado a no sobre reaccionar y a esperar el desarrollo de la discusión. “Falta que se vaya ordenando el mono en las votaciones en específico, hasta llegar al pleno”, ha asegurado el médico sobre la instancia del martes próximo en que la convención reunida deberá comenzar a votar las normas que quedarán dentro del texto.

El desafío parece inmenso y la responsabilidad parece recaer sobre todo en los convencionales con vocación de diálogo y espíritu de transversalidad. En un órgano donde la derecha está muy disminuida, es el mundo progresista el que está fraccionado y donde el Colectivo Socialista y el Frente Amplio son mayoría (justamente, dos de las fuerzas importantes del próximo Gobierno de Boric). El futuro Ejecutivo sabe que “sin un cambio constitucional, la reforma de la salud y la reforma de los derechos sexuales y reproductivos corren el riesgo de ser consideradas inconstitucionales bajo la actual carta magna y lo mismo sucede con algunas normas laborales”, como aseguró Giorgio Jackson, próximo ministro de Boric, en una entrevista al diario La diaria, de Uruguay.

Las amenazas están a la vista. La principal catástrofe sería que el 4 de julio no se alcanzara a llegar a una propuesta de texto constitucional, porque al menos hasta ahora parece no haber consenso en aumentar el plazo de trabajo del órgano. Pero igualmente preocupante sería que se llegue a una propuesta que sea rechazada en el plebiscito de salida, que se celebraría en el mes de septiembre, o que el texto se apruebe por un margen estrecho, con lo que seguiría abierta en Chile la eterna discusión constitucional. Mientras, de acuerdo a la última encuesta de Criteria, la convención tiene un apoyo de 33% y un rechazo de 44%.

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La nueva presidenta de la Constituyente María Elisa Quinteros (izquierda) celebra su elección con la presidenta saliente Elisa Loncon y Jaime Bassa este miércoles en Santiago.
La nueva presidenta de la Constituyente María Elisa Quinteros (izquierda) celebra su elección con la presidenta saliente Elisa Loncon y Jaime Bassa este miércoles en Santiago.JAVIER TORRES (AFP)

A seis meses del plazo final para presentar al país un proyecto de nueva Constitución, la Convención Constituyente chilena se ha tomado dos jornadas y 20 horas de álgido debate para intentar llegar a un consenso sobre la presidencia y la mesa directiva que liderará el órgano en la segunda mitad de su funcionamiento. Luego de una discusión que se prolongó por todo el martes hasta la madrugada de este miércoles, los 154 constituyentes han elegido como reemplazante de Elisa Loncon a la doctora en salud pública y ambientalista de 40 años María Elisa Quinteros, representante de los movimientos sociales que se encuentran en la punta izquierda de la convención y que no son mayoría. Ha sido una dinámica que ha dejado al descubierto lo impredecible y fragmentado de la convención, pero, sobre todo, la incapacidad de los colectivos grandes –como el Frente Amplio de Gabriel Boric y el socialista– de llegar a acuerdos amplios para una etapa crucial, donde arrancará el debate de las normas constitucionales.

“Los colectivos grandes no articularon nada y están quebrados con el Partido Comunista. El triunfo de los movimientos sociales responde a la incapacidad política de los liderazgos del Frente Amplio, los socialistas o No Neutrales [independientes de centroizquierda] que deberían haber gestionado una mayoría”, asegura el constitucionalista Tomás Jordán. El abogado explica que “los movimientos sociales representan la izquierda-izquierda de la convención y generar acuerdos desde ahí, será muy difícil”, comenta el académico de la Universidad Alberto Hurtado, que considera que lo que ha pasado en la convención no es una buena noticia, entre otras razones, porque la nueva presidenta no es una persona “fogueada” en la gestión política. “El papel del presidente debe articular acuerdos y, por lo tanto, las demandas de los movimientos sociales serán preeminentes en esta segunda etapa”, dice Jordán, que lidera en paralelo el Observatorio Nueva Constitución.

El papel del presidente de la convención está marcado por la búsqueda de acuerdos, lo que resulta fundamental en el segundo tiempo del órgano, donde en febrero se comenzarán a votar las normas constitucionales en el pleno de la convención. “Esperamos que este proceso se pueda conducir con sabiduría, entendimiento, fortaleza, donde podamos unirnos todos los sectores en pro de lo que necesitamos para el país, para todos los pueblos de Chile”, indicó Quinteros tras ser electa presidenta. La odontóloga llegó a la convención en un cupo de la Asamblea Popular por la Dignidad, que integran movimientos ligados a la izquierda.

La presidencia era un cargo que buscaba el Frente Amplio, del presidente electo Boric, a través de la que fue candidata presidencial en 2017 de la formación, la periodista Beatriz Sánchez. Su postulación a liderar el órgano, que se conoció la semana pasada, fue interpretada como un evidente interés del próximo mandatario en tener cerca a la convención en sus seis meses finales de funcionamiento y una señal de que no quiere correr el riesgo de que el órgano gire en una órbita separada y hasta en contra del Ejecutivo que debuta en marzo de 2022. La fórmula con que el Frente Amplio y los socialistas llegaron a la sesión de este martes, sin embargo, fue empujar la candidatura de la socialista Ramona Reyes a la presidencia, con Sánchez a la vicepresidencia.

Pero lo ocurrido este martes dejó en evidencia la inexperiencia política de buena parte de los miembros de la convención, la influencia que ejercen las redes sociales en su actuación y que se trata de un órgano fuertemente fragmentado, donde los partidos políticos se encuentran en un papel menos protagónico que en otras instituciones representativas, como el Congreso. Aunque la votación por la presidencia debía aprobarse por mayoría simple (78 votos), la discusión se prolongó ayer por 18 horas, hasta las cuatro de la madrugada. Fueron ocho votaciones consecutivas donde las alianzas y opciones de los 154 convencionales fueron cambiando en medio de vaivenes y fuertes tensiones internas, sobre todo entre el Frente Amplio y el Partido Comunista ­–las fuerzas que darán sustento al Gobierno de Boric– que no lograron ponerse de acuerdo para impulsar una candidatura conjunta. Lo de este martes y hoy, en cualquier caso, muestra lo que ha sucedido desde julio: en la convención, el Frente Amplio y el colectivo socialista han sido los principales articuladores, en una fórmula donde no están participando los comunistas.

La convencional Bárbara Sepúlveda, que en la última semana había sido la carta del Partido Comunista para presidir la convención, bajó su postulación con un análisis que da cuenta de las tensiones internas del bloque que será Gobierno a partir de marzo. “Nos parece que va en línea con generar un contrapeso al centrismo que se ha instalado en la convención. Hay un riesgo alto de que se instalen sectores que hoy quieren una Constitución gatopardista”, describió la abogada.

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La incapacidad de la convención para llegar a acuerdos fue criticada incluso desde dentro del órgano por voces importantes, como el académico y Premio Nacional de Humanidades 2009, Agustín Squella. “Pareciera aquí que estamos cada cual preocupados de nosotros mismos o del colectivo al que pertenecemos, y no estamos preocupados de respondernos las preguntas dónde estamos y para qué estamos”, aseguró Squella, que considera que “prevalecieron los egos y el narcisismo” y que la convención “dio una mala imagen”. En la misma línea, el escritor Patricio Fernández, que fue impulsado en algún momento para la presidencia por el colectivo socialista, aseguró: “Lo que vamos a necesitar poner ahí es una güagüa [bebé] recién nacida”. Se trata de una crítica a una constante: el interés de buena parte de la convención por figuras que se consideran inmaculadas.

Una de las principales incógnitas de este proceso de elección de la presidencia apunta a la forma en que este episodio impactará en el respaldo a la convención. De acuerdo a la encuestadora Cadem, un 58% tiene mucha o bastante confianza en el órgano y un 41% poco o nada de confianza, en cifras que han mejorado desde la elección de Boric el 19 de diciembre pasado. Un segundo asunto tiene relación a los problemas que se observan por delante: de existir este nivel de dificultad para buscar presidente, que solo necesitaba 78 votos, se vislumbra compleja la aprobación de normas, que deben ser respaldadas por sobre 100 votos (dos tercios). En este escenario, existe el serio riesgo de que el texto que se le presente a la ciudadanía y que se someterá a plebiscito en el segundo semestre de 2022 termine siendo una suma de intereses distintos y no un texto único donde se han llegado a consensos previos.

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24Horas.cl Tvn

04.06.2021

Durante la noche de este jueves, el excandidato presidencial y líder del Partido Progresista (PRO), Marco Enríquez-Ominami, conversó de la actual carrera para llegar a La Moneda, junto con criticar el sistema de AFP y las ayudas del Gobierno durante la crisis sanitaria.

Respecto al sistema de pensiones, Enríquez-Ominami indicó que este constituye «la destrucción de la vida en común» y que «las promesas no se cumplieron».

Agregó que «en solo ocho países tienen un sistema de ahorro obligatorio como este, todos los demás tienen un sistema mixto, que te permite optar alternativamente a un sistema de capitalización individual», indicando además que «buena parte de las pensiones para muchos chilenos están pagadas por impuestos tuyos y míos. La mitad de los chilenos obtiene menos de 200 lucas, esas pensiones de miseria se complementan con nuestros impuestos».

Del mismo modo sostuvo que cuando «40 ministros de Estado terminan vinculados a las AFP hay un problema. Cuando las AFP auspiciaban los noticiarios, yo me acuerdo haberlo denunciado alguna vez, era una locura, era otro Chile. Había un conflicto de interés», recalcando sobre esto último que estas eran «grandes controladores del discurso, que instalaron cosas que no son ciertas respecto a su rentabilidad en materia de pensiones, que no fueron sinceras”.

Al ser consultado por el motivo en el que no fue cierta la rentabilidad de las aseguradoras, Enríquez-Ominami indicó que “la tasa de reemplazo, la tasa que tu obtienes. Si tu ganas 100, al final cuando te jubilas, la promesa era por sobre el 70%. Si yo saco lo que aporta el Estado, esto baja a 20%, o sea es brutal. El sistema de pensiones tiene que ver con los impuestos, hay que recordarlo, por eso las denomino ‘administradoras de falsas promesas’”.

Asimismo indicó que «nos dijeron ‘yo soy un banco y voy a hacer dos cosas, te voy a garantizar una gran rentabilidad y una tasa de reemplazo muy amplia, y voy a mantener el mercado de capitales’, y ellos cumplieron con lo segundo, no con lo primero. Sinceremos entonces que uno con su 10%, contribuye a otro tipo de economía».

Críticas al mundo político

En este sentido, el excandidato presidencial criticó los últimos 30 años de gobernanza del mundo político, señalando que estos son «son pecadores, porque por conflicto de interés, por pereza, no fueron capaces de entender que había que tener un debate de fondo. No es posible que una sociedad acepte que sus adultos mayores se jubilen con 150 lucas, eso no es tolerable”.

En ese sentido, el excandidato presidencial se refirió a Pamela Jiles, indicando que “ella se conectó” en un momento con la ciudadanía, pero que “ella misma se encargó en autodestruirse”.

No obstante a ello descartó que se acabara su carrera política tras las elecciones, pero que considera que “no fue elegante”.

Asimismo indicó que “ella echó a perder una dinámica en la que ella estaba, con el pueblo conectada, en empujar muy lejos el tema del insulto. Para ser honesto, como soy provocador, lo disfruté un poco. En mi lado medio vértigo dije ‘que agradable que de repente, por tan versallesca que es la política, está bien ir de frente. Pero, el problema de eso es que la réplica puede ser igual y eso no lo para nadie (…) te puede llevar incluso a la violencia física”.

Convención Constituyente

Al ser consultado por los resultados de la Convención Constituyente, Enríquez-Ominami indicó que «aquí hubo un ganador claro que fue el cambio».

Esto según explicó, va a cambiar la «tesis de la Concertación y de la derecha fue endeudar al pueblo para que tenga salud, educación, previsión y transporte, y que el Estado tenga financias limpias, eso se acabó. Vamos a tener que aumentar la deuda pública. Nos va a servir para arreglar todos los temas, hacer un esfuerzo fiscal distinto. El Estado va a tener que compartir el riesgo con los hogares para ser justos, en términos proporcionales”.

Sin embargo, el lider del PRO también tuvo reparos en esta elección señalando que «votó menos gente por la constituyente que para elegir a Piñera, esto está lleno de matices”.

Asimismo también indicó que «el próximo Congreso debe ser igual a la constituyente, paritario con pueblos originarios y con listas de independientes”.

Críticas para los anuncios en la cuenta pública

Enríquez-Ominami también tuvo palabras para la cuenta pública del Presidente Sebastián Piñera el pasado 1 de junio, señalando que hubo “cero compromiso de empleo a corto plazo, y plata hay para crear empleo”.

En ese sentido, indicó que el consejo de infraestructura «le propuso algo al Gobierno que no ha hecho, que es construir 43 mil viviendas dando 160 mil empleos. Meterle 600 millones de dólares a Codelco, para las obras que hacen falta, 10 mil empleos. Toda la obra hídrica, perímetros, caminos, nada de eso se está haciendo».

«Entonces, teoría económica más antigua que andar a pie, hasta valdría la pena hacer un hoyo y volver a taparlo por dar dos empleos”, recalcó.

¿Volverá a postularse?

Al ser consultado por una eventual nueva candidatura a la Presidencia, Marco Enríquez-Ominami indicó que «no me restaré de ningún desafío para la unidad».

No obstante a ello, reveló que «por octava vez, un juicio por un llamado avión, que la misma Fiscalía reconoció que no era delito, lo postergó. Por enésima vez la Fiscalía se corrió del juicio, por enésima vez no me podré defender después de siete años de insultos y agravios».

«Sepan los chilenos que tenemos una Fiscalía que participa y se deja instrumentalizar por agendas políticas«, denunció.



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