Mostrando entradas con la etiqueta planea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta planea. Mostrar todas las entradas


Unos trabajadores destruían armamento químico, en 2017 en Kizner (Rusia).
Unos trabajadores destruían armamento químico, en 2017 en Kizner (Rusia).Ministerio de Industria y Comercio de Rusia

Las advertencias de distintos líderes occidentales sobre un posible uso de armas químicas en la guerra en Ucrania se han sucedido en los últimos días. La retórica del Kremlin, sumada a las enormes dificultades que el Ejército ruso está teniendo para tomar el control de los centros urbanos, inquieta a la OTAN. No hay evidencias de que las Fuerzas Armadas de Rusia hayan utilizado alguna vez sustancias químicas para atacar a una población civil, aunque el régimen sirio, al que protege con una decisiva intervención militar desde 2015, sí ha hecho uso de ellas en múltiples ocasiones en la última década. Oficialmente, Moscú acabó de destruir hace casi cinco años todo el arsenal químico y biológico heredado de la Unión Soviética.

El pasado día 11, Vasili Nebenzia, el embajador ruso ante Naciones Unidas, acusó a Estados Unidos y a Ucrania de haber estado intentando desarrollar armas biológicas en laboratorios ucranios. “El objetivo era estudiar la posibilidad de propagar los patógenos de peste, ántrax y cólera a través de pájaros, murciélagos y personas”, dijo el diplomático. En los días siguientes, el primer ministro británico, Boris Johnson, el canciller alemán, Olaf Scholz, y el presidente polaco, Andrzej Duda, alertaron de que las acusaciones infundadas de Moscú —“majaderías”, según la embajadora estadounidense ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield— podrían servir de base para un ataque químico que intentarían camuflar como una operación de falsa bandera al atribuir la responsabilidad al Ejército enemigo. “Es una señal clara de que [el mandatario ruso, Vladímir Putin] está sopesando el uso de ambas (armas químicas y biológicas)”, sostuvo Joe Biden, el presidente de EE UU.

Hanna Notte, investigadora del Centro de Viena para el Desarme y la No Proliferación, apunta que en caso de se produjera un ataque químico, probablemente sería demostrable la responsabilidad de Rusia, pero “no es algo que parezca preocupar al Kremlin, que presentaría una narrativa radicalmente distinta a su población”.

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, destacó el jueves que un ataque químico ruso en Ucrania “cambiaría enormemente la naturaleza del conflicto”. Biden hizo el mismo día en Bruselas unas declaraciones ambiguas: “Responderemos si él [Putin] las usa, y la naturaleza de esa respuesta dependerá de la naturaleza del uso”. Notte considera que afirmaciones como la de Biden reflejan que los países occidentales “no tienen buenas opciones para disuadir a Rusia de emplear armas químicas. Descartada la intervención militar, solo les queda imponer sanciones aún más duras a Moscú e intensificar su aislamiento internacional”.

En 2012, Barack Obama, entonces presidente de EE UU, trazó la línea roja de una intervención militar en Siria en el uso de armas químicas por parte del régimen de Bachar el Asad. Un año después, centenares de civiles murieron asfixiados tras un ataque del Ejército sirio con gas sarín en Guta, un suburbio de Damasco. La reacción anunciada por Obama nunca llegó. Durante el mandato de su sucesor, Donald Trump, sí hubo dos respuestas militares a dos ataques químicos, en 2017 por el de Jan Sheijún y en 2018 —en coordinación con París y Londres— por el de Duma, que se limitaron al lanzamiento de misiles contra supuestos centros de desarrollo o almacenamiento de armas. Esos proyectiles tampoco alteraron el curso de la guerra en Siria. “Como mínimo, Rusia hizo la vista gorda al uso de armas químicas por parte de El Asad y no le instó a dejar de hacerlo”, señala Notte.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Un hombre sostenía el cuerpo de un niño muerto entre los cadáveres envueltos en sudarios, en 2013 en Guta, en la periferia de Damasco.
Un hombre sostenía el cuerpo de un niño muerto entre los cadáveres envueltos en sudarios, en 2013 en Guta, en la periferia de Damasco.REUTERS

Las armas químicas están prohibidas por un tratado ratificado por todos los miembros de la ONU salvo Egipto, Israel, Corea del Norte y Sudán del Sur. Las sustancias vetadas son de distintos tipos: algunas afectan al sistema respiratorio o a la circulación sanguínea, otras como el gas mostaza queman la piel y dejan ciegas a las personas, mientras que las más letales suelen ser las que dañan el sistema nervioso. Dan Kaszeta, investigador asociado del Royal United Services Institute (RUSI), ve poco probable que Rusia use armas químicas en Ucrania. El experto cree que “históricamente no han sido demasiado efectivas para lograr objetivos militares”; sin embargo, no descarta que se puedan usar armas convencionales contra plantas industriales que almacenen sustancias tóxicas.

En la reunión de la OTAN del pasado jueves se acordó el envío a Ucrania de material para contrarrestar un hipotético ataque químico, biológico o nuclear. Paul Walker, vicepresidente de la Asociación para el Control de Armas y director de la organización ambientalista Cruz Verde Internacional, explica que los instrumentos que pueden mandar los aliados para mitigar los efectos de un ataque químico son “máscaras antigás, guantes, agujas hipodérmicas para inyectar atropina (un antídoto) y, en el mejor de los casos, trajes de protección individual”. Stoltenberg anunció que también se había dado la orden de activar “las defensas [contra armamento químico, biológico y nuclear] de las fuerzas desplegadas en los países del este de la Alianza”. Daniel Gerstein, investigador de la Corporación RAND, detalla que los instrumentos a los que se refería el noruego incluyen sensores y vehículos con capacidad de identificar y tomar muestras ambientales. Gerstein añade que las herramientas para detectar ataques biológicos —en los que lo que se propaga es un patógeno, como un virus, una bacteria o un hongo— son más limitadas que las diseñadas para casos de ataques químicos.

La Unión Soviética creó en los años setenta una gigantesca agencia de armamento biológico—llamada Biopreparat— que llegó a tener más de 30.000 trabajadores. En enero de 1993, apenas 12 meses después de la disolución de la URSS, Rusia firmó la Convención sobre las Armas Químicas, que entró en vigor en 1997. Moscú declaró entonces que almacenaba unas 40.000 toneladas de armas con sustancias ilegalizadas tras la ratificación del tratado y se comprometió a su completa eliminación.

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) verificó en octubre de 2017 que Rusia había destruido todo su arsenal químico. Y el Kremlin puso en marcha su maquinaria de propaganda. En una ceremonia televisada, Putin, junto a un representante de la OPAQ, se presentó como un defensor de la paz y de la legalidad y el orden internacional, y criticó a Estados Unidos por no haber destruido aún por completo todo su armamento declarado.

Un mes después, Moscú vetó en el Consejo de Seguridad la extensión del mandato del órgano de expertos encargados de determinar la responsabilidad por los ataques con armas químicas en Siria, un mecanismo conjunto de la ONU y la OPAQ que se había puesto en marcha en 2015 con el respaldo de todas las potencias.

En marzo de 2018, cuando aún no se había cumplido medio año desde la última inspección de la OPAQ en territorio ruso, Serguéi Skripal, un antiguo agente doble al servicio del espionaje británico, y su hija Yulia fueron envenenados en la ciudad inglesa de Salisbury con algún compuesto de la familia novichok, un grupo de agentes nerviosos de fabricación soviética y cuya posesión Rusia jamás ha admitido. Moscú negó tajantemente cualquier relación con el suceso, pero Londres acusó al Kremlin e identificó a dos ciudadanos rusos como los responsables. Skripal y su hija sobrevivieron tras pasar varias semanas inconscientes, pero casi cuatro meses después una mujer y un hombre se contagiaron con la misma sustancia a través de un frasco de perfume que se habían encontrado en un parque a 13 kilómetros de Salisbury; ella murió 10 días después.

Unos policías recogían muestras tras el envenenamiento de los Skripal, en Salisbury en marzo de 2018.
Unos policías recogían muestras tras el envenenamiento de los Skripal, en Salisbury en marzo de 2018.Ben Stansall (AFP)

Alexéi Navalni, el principal opositor de Putin, también fue envenenado con novichok, en agosto de 2020. Tras ser ingresado en un hospital de la ciudad siberiana de Omsk, fue trasladado a Berlín en estado de coma inducido. Navalni regresó a Moscú en enero del año pasado y fue detenido nada más aterrizar por haber incumplido los términos de su libertad condicional, impuesta tras la suspensión de una pena de prisión. El pasado martes fue condenado por un tribunal de Moscú a nueve años de cárcel por “fraude a gran escala”.

Los casos de Skripal y Navalni, sin embargo, fueron meros intentos de asesinato, no acciones de guerra indiscriminadas. Sí hubo una ocasión en la que el Gobierno de Putin autorizó un ataque químico a mayor escala, pero fue en una situación crítica que guarda poca relación con el escenario en Ucrania. En octubre de 2002, durante la segunda guerra de Chechenia, un comando de terroristas caucásicos se encerró en un teatro moscovita con 850 rehenes. Tres días después, minutos antes de que las fuerzas especiales asaltaran el recinto, se bombeó una sustancia química (nunca se esclareció cuál) por el sistema de ventilación con la finalidad de anestesiar a los secuestradores. Al menos 130 civiles murieron por la inhalación del gas.

En la guerra en Ucrania, en la que la población de las ciudades sitiadas por las tropas invasoras como Mariupol o Chernígov resiste los continuos bombardeos sin gas ni electricidad y sin apenas agua ni alimentos, Walker opina que las armas químicas podrían ser efectivas como “un arma de terror contra los civiles”. El experto incide en que los ciudadanos que resistan en refugios subterráneos, agotados física y psicológicamente, podrán sentirse relativamente protegidos de las explosiones y la artillería enemiga, pero no de los gases que provocan muertes agónicas.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link


Manifestantes y camiones frente al Parlamento en Ottawa.
Manifestantes y camiones frente al Parlamento en Ottawa.BLAIR GABLE (REUTERS)

El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, se dispone a invocar poderes de emergencia no empleados desde 1970 para poder hacer frente a las protestas que ya duran 18 días y que han tenido cerrados algunos importantes pasos fronterizos con Estados Unidos. Las manifestaciones de camioneros contra la vacunación obligatoria para los trayectos transfronterizos, impuesta por el Gobierno liberal el pasado 15 de enero, ha paralizado además partes de la capital canadiense.

Según Reuters, que cita a la radiotelevisión pública canadiense CBC, Trudeau planea poner en marcha la Ley de Emergencias, una disposición poco utilizada que permite al Gobierno federal anular el poder de las provincias y autorizar medidas temporales especiales para garantizar la seguridad en cualquier zona del país debido a ciertos acontecimientos. En tiempos de paz, la única vez que se ha recurrido a esos poderes fue durante el mandato del ex primer ministro Pierre Trudeau —padre del actual mandatario— durante la llamada Crisis de Octubre en 1970, cuando se produjeron los secuestros de un político canadiense y un diplomático británico por un grupo terrorista conocido como Frente de Liberación de Quebec. Durante las dos guerras mundiales, estos poderes fueron activados también.

El pasado fin de semana, el ministro de Preparación de Emergencias, Bill Blair, reconoció la incapacidad de las autoridades para controlar la situación y dijo que el Gobierno de Trudeau estaba considerando invocar poderes de emergencia, lo que podría poner a las Fuerzas Armadas en las calles del país, según la agencia Efe. La cadena CBC ha informado, sin embargo, de que Ottawa no tiene planes de enviar militares.

El pasado domingo se puso fin a un bloqueo de casi una semana del corredor comercial más transitado de América del Norte cuando la policía canadiense desalojó por completo el puente Ambassador —que conecta la ciudad de Windsor, en la provincia de Ontario, con la estadounidense Detroit (Míchigan)— bloqueado por la protesta de los camioneros contrarios a la vacunación obligatoria. Washington pidió al Gobierno canadiense la semana pasada emplear “poderes federales” para terminar con un bloqueo con “serias consecuencias” para la economía estadounidense, debido a la importancia del comercio que transita por ese puente. Las protestas han entrado ya en su tercera semana.

El autodenominado convoy de la libertad ha provocado pérdidas millonarias a los dos países vecinos y ha afectado especialmente a la industria automotriz. Las protestas comenzaron el 29 de enero cuando centenares de transportistas condujeron a Ottawa para mostrar su rechazo a la vacunación obligatoria. Otras capitales provinciales (como Quebec, Toronto o Winnipeg) se sumaron después con manifestaciones locales. La capital, cuyo centro ha quedado paralizado por cientos de camiones, declaró el estado de emergencia el 6 de febrero.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Suscríbase aquí a la newsletter de EL PAÍS América y reciba todas las claves informativas de la actualidad de la región.





Source link



Estados Unidos y el Reino Unido coinciden en que Rusia prepara un complot para instalar un Gobierno afín en Ucrania. Sin embargo, los recientes informes algo farragosos y sin evidencias de Londres y el goteo que llega de Washington sobre las maniobras del Kremlin para buscar agentes de influencia en Ucrania han levantado algunas suspicacias. Observadores políticos y expertos en los corredores de la política de Kiev dan credibilidad a la idea de que Moscú busque implantar un Gobierno títere, pero creen que la diana de Londres puede ir desencaminada.

El secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, dijo este domingo que su país lleva semanas “preocupado” por los intentos de Rusia de maniobrar para derrocar al Gobierno de Kiev. El Ejecutivo de Boris Johnson advirtió el sábado de los supuestos vínculos con los servicios de inteligencia de varios políticos ucranios. Además, señaló como “posible candidato” a encabezar ese Gobierno títere de Moscú a un exdiputado y empresario de bajo perfil.

Ese supuesto candidato del Kremlin, Yevhen Murayev, ironizó sobre las acusaciones del Reino Unido, para las que no aportan evidencias. “El Ministerio de Asuntos Exteriores británico parece estar confundido”, declaró en un mensaje de Telegram. Murayev, de 45 años, es un político prorruso propietario de un canal de televisión bajo las sanciones de Rusia. Represalias, asegura, impuestas por su falta de sintonía con el político y empresario Viktor Medvedchuk, muy cercano al presidente ruso, Vladímir Putin, y considerado su hombre en Kiev y ahora procesado judicialmente en Ucrania.

Antiguo miembro del Partido de las Regiones, la formación prorrusa del expresidente ucranio Víktor Yanukóvich, derrocado por las movilizaciones paneuropeístas de 2013 y que huyó a Rusia; Murayev fundó su propio partido, Nashi, después de escindirse del principal partido prorruso de Ucrania. En los últimos meses, comenzó a preparar planes para un regreso político después de que Kiev pusiera a Medvedchuk bajo arresto domiciliario y cerrara otros tres canales cercanos al político y empresario en 2021.

“Todo lo que está sucediendo ahora y que se dice sin pruebas tiene cierta ironía. No solo tengo prohibido entrar en Rusia, donde estoy sancionado desde 2018 y donde me han descrito como una amenaza para su defensa, sino que también han confiscado los bienes y el dinero de la empresa de mi padre”, aseguró Murayev. “Todo esto suena divertido, pero creo que alguien les tendió una trampa”, añadió.

Un asesor de la presidencia ucrania, Myjailo Podolyak, reconoció este domingo que había dudas sobre la figura de Murayev como supuesto líder de un Gobierno títere, pero advirtió de que en otras ocasiones Moscú ha apoyado a figuras menores y que la información británica debe tomarse en serio. Yegor Chernev, diputado de Servidor del Pueblo (el partido del Gobierno) y presidente de la delegación permanente de Ucrania ante la OTAN, avisa de la existencia de una “quinta columna” en Ucrania. “Quizá es nuevo para nosotros que Rusia vea a Murayev como un líder, porque no está en las filas del partido prorruso más relevante, pero entendemos que Moscú busca desestabilizar al Gobierno dentro de Ucrania con todas las herramientas a su alcance”, dice Chernev.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Washington y los servicios de espionaje ucranios han advertido de que Rusia, que ha concentrado a decena de miles de soldados en torno a las fronteras ucranias, puede estar preparándose para lanzar otra invasión a la antigua república soviética, pero creen también que dentro de los escenarios que baraja el presidente ruso está el de orquestar un complot para desestabilizar el país y derrocar al presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Rusia acusó al Reino Unido de desinformar y rechazó que pretenda instalar un líder prorruso en Kiev. Bajo el título Desinformación que circula, el Ministerio de Exteriores ruso publicó un mensaje en Twitter para acusar a “las naciones anglosajonas” de “intensificar las tensiones”.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link



El Gobierno de Boris Johnson, cuyos propios problemas internos por el escándalo de las fiestas en Downing Street durante el confinamiento han mantenido alejado de la escena internacional durante las últimas semanas, ha irrumpido este sábado en la crisis de Ucrania con una acusación grave, pero ambigua y confusa. “Disponemos de información que indica que el Gobierno ruso busca instalar a un líder prorruso en Kiev, mientras se plantea una invasión para ocupar Ucrania”, ha asegurado el Ministerio de Exteriores británico en un comunicado que ha querido mantener embargado hasta las 23:30, hora peninsular de España.

“El exdiputado ucranio, Yevhen Murayev, está siendo considerado como potencial candidato”, asegura el texto. No solo señala directamente a Murayev, sino que presenta además un listado de políticos de ese país que, siempre según el MInisterio de Exteriores del Reino Unido, “mantendrían vínculos con los servicios de inteligencia rusos”. Se trataría de Serhiy Arbuzov, viceprimer ministro de Ucrania entre 2010 y 2012, y primer ministro interino en 2014; Vladimir Sivkovich, ex vicedirector de la Seguridad Nacional Ucraniana, y del Consejo de Defensa (RNBO, en sus siglas originales); Andriy Kluyev, vice primer ministro entre 2010 y 2012 y jefe de Gabinete del presidente Yanukovich; y Mykola Azarov, primer ministro de Ucrania entre 2010 y 2014. “Algunas de estas personas están en contacto actualmente con los oficiales de la inteligencia rusa implicados en los planes para atacar Ucrania”, asegura el comunicado del Gobierno británico.

Aquí acaba una información que no aporta más detalles, y cuya importancia ―que no su veracidad― ha sido puesta en cuestión por analistas de política internacional. El mismo texto aporta declaraciones de la ministra de Exteriores británica, Liz Truss: “La información que hemos hecho pública arroja luz sobre la extensión de la actividad rusa diseñada para subvertir el Gobierno de Ucrania, y supone una visión interior del modo de pensar del Kremlin”. “Rusia debe desescalar [su ofensiva], poner fin a sus campañas de agresión y desinformación, y emprender la vía diplomática. Tanto el Reino Unido como sus aliados han dicho reiteradamente que cualquier incursión militar rusa en Ucrania será un enorme error estratégico con serios costes”, ha advertido la ministra británica.

El Gobierno de Johnson entra en escena con una acusación contundente que, sin embargo, genera escepticismo. “El Ministerio de Asuntos Exteriores británico parece estar confundido”, ha dicho Murayev, el hombre al que el comunicado señala como candidato títere de Moscú para gobernar Ucrania. “No tiene mucha lógica. Me han prohibido entrar en Rusia. No solo eso, sino que han confiscado los bienes y el dinero de la empresa de mi padre”, ha asegurado. “Me ha costado digerir tanta tontería. Quizá alguien persigue cerrar otro canal independiente de televisión”, ha dicho el exdiputado y empresario al diario The Daily Telegraph. Murayev, de 45 años, es propietario de una emisora y fundó su propio partido, Nashi, después de escindirse del principal partido prorruso de Ucrania.

Los cuatro políticos señalados por el Gobierno británico residen en Rusia, pero se han apartado del primer plano de la escena pública. Solo Azarov aparece de modo habitual en programas de televisión rusos, en los que ataca a las autoridades de Ucrania y las califica de “simpatizantes nazis”.

Londres ha sostenido en el tiempo, ya desde el anterior Gobierno conservador de Theresa May, una línea especialmente dura contra Moscú. El intento de asesinato del agente doble Sergei Skripal y de su hija Yulia en territorio británico (en la localidad de Salisbury) por dos agentes rusos, con el agente nervioso Novichok, provocó una seria crisis diplomática que acabó con la expulsión del Reino Unido de muchos funcionarios de la embajada rusa. El Gobierno de Johnson ha señalado con especial énfasis la amenaza que supone el Gobierno de Vladimir Putin en su último documento de Estrategia Nacional de Seguridad.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.

Suscríbete

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.





Source link

top