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Foto con licencia CC / Pixabay

La idea del open banking no es nueva, pero ha ganado fuerza durante los últimos cinco años. Desde el 2007 países de todas las latitudes han avanzado en la creación de un marco jurídico para su operación. Con este avance buscan hacer más competitivo el sector financiero empezando por la banca, potencializar los productos bancarios con mayor transparencia en su oferta y ajustarlos a cada tipo de cliente desde sus necesidades.

El objetivo del open banking o de la banca abierta es darle a los consumidores mayor control sobre sus datos y agregarles valor. De esta manera, los empodera y les brinda autonomía en el manejo de sus datos y la decisión sobre sus productos financieros. La tecnología les permitirá consultar la información personalizada de distintos servicios financieros en una sola plataforma, para así elegir a los mejores proveedores por las condiciones de su oferta.

Por otra parte, el open banking facilita y agiliza el intercambio de información entre todos los tipos de instituciones financieras, a través de interfaces de programación de aplicaciones (APIs, por sus siglas en inglés) con altos estándares de seguridad y respetando la privacidad de los clientes, dinamizando el sector con productos más personalizados competitivos basados en la data de los perfiles de los clientes.

En términos más prácticos, el open banking parte del principio de que los datos pertenecen a las personas titulares de un producto, y genera un espacio común donde habita esta data creciente, que, con previa autorización de sus titulares, pueden acceder todas las instituciones financieras o bancarias que así lo deseen, esto, para conocer mucho mejor a cada cliente y ofrecerle productos ajustados a sus necesidades y capacidades reales de pago, generando una sana y transparente competencia con mejores tasas y términos.

En cuanto a los usuarios, esta práctica beneficia sus bolsillos ya que los productos  bancarios a los que van a tener acceso van a ser creados con mayor información sobre su comportamiento financiero y realidad económica, y de esta manera no van a sobrepasar sus capacidades ni estar fuera de sus necesidades. Ganan los bancos con un mercado más transparente y los clientes con mejores productos.

José Luis López Amador, CEO de Finerio, una compañía mexicana que desarrolla soluciones de open banking en México, Colombia y Chile, asegura que “los mercados donde opera impulsan la competencia entre entidades, y de esta manera suben el nivel en la innovación de los productos, apoya a la inclusión financiera y permite a los usuarios estar más pendientes del uso de sus datos”.

Ante la preocupación por la seguridad de los datos, se toma como referencia el caso del Reino Unido, donde se ha dado una parte importante del debate al respecto y por eso incluyó la implementación de un fuerte protocolo de seguridad para este sistema abierto. Además, en 2017, los nueve bancos más grandes del país iniciaron la estandarización de los datos de las cuentas corrientes y de los productos de banca personal para permitir el acceso a información legible y confiable que dinamice el mercado.

En Colombia el open banking aún no ha sido regulado, pero un proyecto que reposa en las oficinas del Ministerio de Hacienda avanza en ese sentido. En caso de lograr la regulación, Colombia se uniría a México y Chile como los países de vanguardia de la región en banca abierta, además de Brasil donde es el Banco Central quien está al frente de la iniciativa. “Con el open banking, los países con economías altamente informales como las latinoamericanas, lograrán un sistema financiero más sostenible e incluyente, es parte del objetivo”, afirma López Amador.

Fuente: Finerio


Bogdana Daviduk y Vitali Appex son ucranios pero podrían pasar por jóvenes contraculturales del barrio de Gràcia o de Lavapiés. Ambos de figura grácil, con ropa algo raída y llena de manchas, Daviduk y Appex —su nombre artístico— dedican su tiempo a crear carteles de guerra. Cada día imprimen en el Centro Municipal de Arte de Lviv decenas de copias de carteles dibujados por ellos con lemas e ilustraciones que llaman a la movilización contra el invasor ruso. Después, esas copias se cuelgan en las calles de esta ciudad, capital de la Ucrania occidental, o en otros municipios donde se trasladan en los convoyes con ayuda humanitaria.

En una situación de paz, los carteles no necesitarían ser impresos en Lviv y trasladarse luego en vehículos: se enviaría el documento por internet y se imprimiría donde fuera necesario. “El problema es que la situación no es normal”, explica Appex, “y en las zonas del frente, por ejemplo, es difícil encontrar imprentas funcionando”. Una de las composiciones de este artista de 31 años es la más fácil de encontrar por las calles de Lviv. Es una obra en blanco y negro, algo tenebrosa, un homenaje a una conocida creación del artista gráfico ucranio Nil Khasevych (1905-1952) concebida como crítica al imperialismo de Alemania y la Rusia zarista durante la Primera Guerra Mundial. En la obra de Khasevych aparecen cuatro soldados ucranios en un bosque, símbolo a su vez de las raíces nacionales. Appex lo ha adaptado a los tiempos contemporáneos con soldados del Ejército de Tierra ucranio pero con la misma frase que utilizó Khasevych: “Estamos en pie para proteger la libertad”.

Vitali Appex pega una de sus carteles en una calle de la ciudad. FOTO: Jaime Villanueva
Vitali Appex pega una de sus carteles en una calle de la ciudad. FOTO: Jaime Villanueva

La principal fuente de inspiración de Appex es una antología de diseño gráfico clásico de Ucrania. “Quiero utilizar una tipografía identitaria que transmita fuerza”, explica. Su pulsión nacionalista empezó en 2014, tras la guerra entre las fuerzas separatistas prorrusas del Donbás y el Estado ucranio. Pasó dos días creando arte en el frente: su pintura más preciada fue un mural en un búnker en el que retrató al Cosaco Mamai, importante personaje del folclore ucranio, “símbolo de un guerrero tranquilo”, sentado sobre la hierba, tocando un kobza, con una espada y una pistola a su vera. Sus carteles sobre todo son trazos de patrullas del Ejército en posición de alerta pero transmitiendo serenidad al mismo tiempo.

Daviduk era muralista e ilustradora de libros en su vida anterior a la guerra. Hoy, en cambio, consume las noches elaborando dibujos bélicos: “Lo hago por mi salud mental. A las diez de la noche hay toque de queda y es entonces cuando dibujo compulsivamente. Tengo la necesidad de hacer algo. Tengo un pequeño poder, pero tengo un poder”. Los objetivos de sus obras son tres: pedir apoyo militar de la comunidad internacional, elevar “el espíritu de resistencia de la ciudadanía ante el enemigo” y exigir “la cancelación de la cultura rusa en Ucrania”. “No debe haber nada en ruso ni procedente de Rusia en nuestro país, por lo menos durante un tiempo”, subraya esta artista de 33 años. El concepto de “cancelación de la cultura rusa” es defendido por otros creadores consultados por este diario. El ruso es una lengua muy extendida en el país, sobre todo en el Este. Un 17% de la población ucrania es reconocida como minoría nacional rusa, según el censo del Gobierno previo al conflicto de 2014.

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Una de las consecuencias de las hostilidades con Rusia es que entre los muchos artistas que pegan sus obras bélicas en los muros y las farolas de Lviv, ninguno dice beber de la rica tradición de la propaganda visual soviética, con excepción de la primera década de vida de la URSS, que consideran menos vinculada a las posteriores décadas de represión. Daviduk, por ejemplo, se inspira en las figuras y collages poéticos de Henrik Tomaszewski y la Escuela Polaca de Cartelismo, desarrollada durante los años del Telón de Acero pero fuera de la Unión Soviética. Uno de los pósters de Daviduk muestra una bomba con el águila bicéfala del escudo ruso sobrevolando unas sombras humanas que con llamas en sus ojos. “Nuestro fuego es más fuerte que vuestras bombas”, exclaman mientras ondea una fantasmagórica bandera ucrania.

A medida que pasan las semanas hay más carteles de diferentes colectivos de artistas ocupando el escenario callejero de Lviv, la principal ciudad del Oeste de Ucrania (750.000 habitantes) y capital de la retaguardia. Los hay que imprimen cientos de hojas de tamaño folio con composiciones tan sencillas como un logo de las empresas de cómics DC y Marvel y un escudo de las Fuerzas de Defensa Territorial de Ucrania, la unidad creada en 2014 que moviliza a voluntarios y reservistas del país. Bajo los tres emblemas, una frase: “Ahora ya sabes cuáles son los mejores superhéroes”. En otro cartel, el artista urbano Itmshchk pide a la población con un juego de grafitis que alerten de posibles señales de infiltrados rusos. En otro póster fácil de encontrar en el casco antiguo de Lviv aparece la caricatura de un perro atado a una cadena y acompañado de la frase: “Gracias al Ejército puedo pasear a mi perro”.

Las Fuerzas de Defensa Territorial difunden periódicamente en las redes sociales obras de dibujantes que ofrecen voluntariamente su trabajo. En uno de sus últimos memes aparece una caricatura del padre de la literatura moderna ucrania Taras Shevchenko (1837-1887) con un lanzador de mísiles antitanque javelin. La batalla de la propaganda se libra en plataformas como Twitter, TikTok o aplicaciones de mensajería como Telegram, pero Appex está convencido de que no hay nada como el cartel físico: “La calle es más efectiva que las redes, tiene un sentido de realidad más potente entre la ciudadanía”.

Cartel “¡No soy tu guapa!” de Andriy Yermolenko. FOTO: Jaime Villanueva
Cartel “¡No soy tu guapa!” de Andriy Yermolenko. FOTO: Jaime Villanueva

Quizá el ejemplo más claro del impacto que causa observar presencialmente estos mensajes patrióticos son las obras de Andriy Yermolenko. El Ayuntamiento de Lviv ha colocado en marquesinas de paradas de autobús varias de sus obras. La más radical hace referencia a unas declaraciones que el presidente ruso, Vladímir Putin, realizó hace unos meses sobre su enfrentamiento con Ucrania por el Donbás. Para dejar claro que se acabaría imponiendo, Putin utilizó un dicho popular ruso que reza: “Te guste o no te guste, guapa, lo tendrás que hacer”. La ilustración de Yermolenko muestra a una joven, con un tocado de flores con los colores de Ucrania, introduciendo una pistola en la boca de Putin mientras grita: “¡No soy tu guapa!”. Yermolenko, que se caracteriza por subrayar una estética combativa y proletaria, no respondió a la solicitud de entrevista de EL PAÍS. La directora del Centro Municipal de Arte de Lviv, Lyana Mitsyko, dijo el pasado miércoles no tener noticias de él desde hacía días. No descartaba que se hubiera desplazado al frente.

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