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Manifestantes contra el presidente Kais Said, el pasado día 20 en Túnez.
Manifestantes contra el presidente Kais Said, el pasado día 20 en Túnez.ZOUBEIR SOUISSI (REUTERS)

El presidente de Túnez, Kais Said, decretó este miércoles la disolución del Parlamento después de que un grupo de 124 diputados –sobre un total de 217– organizasen una reunión por internet mediante la aplicación Zoom para anular los decretos aprobados por el mandatario desde que implantó el estado de excepción, el pasado 25 de julio.

El presidente, que ha ido acumulando poderes legislativos, judiciales y ejecutivos desde julio, decretó como primera medida el bloqueo de la aplicación en todo el país. Y después anunció mediante la difusión de un vídeo la disolución del Parlamento. “Debemos proteger al Estado de las divisiones. No dejaremos que continúe esta agresión contra el Estado”, declaró en el vídeo, según recoge la agencia Reuters.

Said es un jurista de 64 años, sin experiencia política previa, que arrasó con una candidatura independiente en las presidenciales de 2019, al obtener un rotundo 72,71% de los votos, frente al 27,29% de su rival. El antiguo profesor de Derecho Constitucional era partidario de regenerar el sistema para devolver la democracia al pueblo y combatir la corrupción. Pero los poderes del presidente estaban limitados a la política de defensa, relaciones exteriores y seguridad nacional. El 25 de julio suspendió temporalmente las funciones del Parlamento apoyándose en una interpretación muy discutida de un artículo de la Constitución que alude a situaciones excepcionales. En aquel momento, el 76,8% de los tunecinos respaldaban la medida del presidente, según la compañía de sondeos Sigma, la más solvente del país. Pero, poco a poco, Said fue perdiendo aliados a medida que acaparaba más y más poderes.

Este miércoles las críticas arreciaron en las redes sociales. Said Benarbia, responsable del Magreb para la ONG Comisión Internacional de Juristas (CIJ), tuiteó: “La Constitución es muy clara. El Parlamento no puede ser disuelto durante el estado de excepción, como viene regulado en el artículo 80. (…) El presidente no tiene autoridad constitucional para suspenderlo″. El artículo 80 fue el que esgrimió Said cuando suspendió las funciones del Parlamento en julio. En decenas de tuits se subrayaba este miércoles la frase de ese artículo donde consta que “el presidente de la República no puede disolver la Asamblea de Representantes del Pueblo”.

La ministra de Justicia, Leïla Jaffel, anunció que la fiscalía ha iniciado una investigación judicial contra los diputados que mantuvieron la reunión por internet, en la que se les acusa de conspirar contra el Estado. Un total de 116 de los 124 parlamentarios reunidos telemáticamente votaron a favor de un proyecto de ley para anular todos los decretos presidenciales adoptados durante el Estado de excepción.

El Parlamento de Túnez quedó muy atomizado tras las legislativas de 2019. El partido de origen islamista Ennahda resultó vencedor, pero solo con una cuarta parte de los votos. La imagen de este partido se había venido deteriorando en la última década. Muchos de sus críticos le achacaban ser los grandes responsables de la corrupción que carcome el país y del estancamiento económico. Said se hizo con todos los poderes en medio de un contexto social tenso agravado por la pandemia. A pesar de que el presidente de Túnez contaba con el apoyo de gran parte de la población, los partidarios de Ennahda lo llamaron desde un primer momento “golpista”. Y ahora, son los partidarios de Said quienes acusan a los diputados reunidos por internet, en su mayoría pertenecientes a Ennahda, de haber urdido un golpe de Estado.

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El Gobierno francés ha decidido este miércoles la disolución de un grupúsculo de ultraderecha señalado como el responsable de las agresiones contra un grupo de activistas antirracistas durante un mitin del candidato presidencial de extrema derecha Éric Zemmour. Según ha anunciado el ministro del Interior, Gérald Darmanin, los motivos de la decisión, fundamentada en un decreto aprobado en un Consejo de Ministros, son los llamamientos al “odio y la violencia” que hacían la veintena de miembros de la formación Zouaves Paris.

El grupúsculo “ultranacionalista”, creado en 2017, está en el “origen de numerosos y recurrentes actos violentos”, con un modus operandi estructurado en torno a acciones violentas como “combates callejeros contra individuos que no comparten su ideología” y acciones “dirigidas” contra fuerzas del orden en ocasiones como las manifestaciones antigubernamentales de los chalecos amarillos en 2018, argumenta la decisión el Gobierno.

Los Zouaves son además responsables de “propagar un discurso abiertamente racista” en el que se defiende “el concepto de superioridad de los ‘blancos” y hace constantes referencias a “las tesis defendidas por el Ku Klux Klan” y la difusión “de manera regular imágenes que retoman símbolos de la ideología neonazi” y de “naturaleza antisemita”.

La Fiscalía abrió en diciembre una investigación tras un incidente registrado durante el primer gran mitin político de Zemmour en las afueras de París en el que estuvieron involucrados varios miembros de la banda neonazi. Tal como recoge también el decreto de disolución, “el 5 de diciembre, miembros de los Zouaves Paris participaron en los actos violentos cometidos contra militantes de la asociación SOS-Racismo presentes en el mitin de Éric Zemmour en Villepinte. Su dirigente fue filmado mientras daba puñetazos a uno de los miembros de esa asociación y utilizando una silla como arma contra un segundo activista”. Otro de sus miembros fue grabado “estrangulando a un militante de SOS-Racismo”, mientras que otro “atacó a varios activistas con golpes ayudándose de un cinturón y lanzándoles otra silla”. Los Zouaves Paris “reivindicaron esos hechos en su cuenta de Telegram, añadiendo amenazas indisimuladas contra los antifascistas”, añade el escrito.

La acción violenta contra los activistas antirracistas, que comenzó cuando, en pleno mitin de Zemmour, varios jóvenes se subieron a sendas sillas y desvelaron sus camisetas con el mensaje “no al racismo”, llevó a la Fiscalía a anunciar la apertura de una investigación judicial por los hechos. Por su parte, Zemmour, que tiene un duro discurso antinmigrantes, dijo tras los acontecimientos que condenaba “todas las violencias”, pero eludió cualquier responsabilidad y acusó a los activistas antirracistas de “provocar”. Esos “perros rastreadores de subvenciones”, como los llamó, “no pintaban nada ahí”, sostuvo en una entrevista.

SOS-Racismo celebró en las redes sociales la “buena noticia” de la disolución de un grupo “muy violento de ultraderecha en el que gravitan militantes neonazis” y contra el que varios de sus miembros habían presentado una denuncia tras las agresiones en el mitin de Zemmour.

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