Vladímir Putin amenazaba con que la Unión Europea pagaría su gas en rublos tras las sanciones por la invasión de Ucrania, y el bloque comunitario advertía de que Moscú no vería un kopek si cambiaba sus contratos. Al final, el Kremlin ha ideado una vía para que los europeos paguen en euros, pero Rusia reciba rublos por su gas. El presidente ruso ha firmado este jueves el decreto por el que se establece el nuevo mecanismo que permitirá a los Veintisiete abonar sus facturas en euros mientras el monopolio estatal del gas, Gazprom, recibirá rublos.
La norma, que entra en vigor el viernes, faculta al brazo financiero de Gazprom para ejercer de mediador con sus clientes. En concreto, los llamados “países hostiles”, entre los que están todos los de la UE por las sanciones impuestas, tendrán que abrir unas cuentas especiales en Gazprombank, única entidad autorizada por el Gobierno, donde pagarán el gas con sus monedas. Acto seguido, la entidad cambiará los euros o dólares por rublos en el mercado de divisas de Moscú, y ese dinero será transferido de inmediato al suministrador del gas, que solo puede ser Gazprom porque ostenta el monopolio estatal para su exportación fuera de las fronteras rusas.
Gazprombank es uno de los pocos bancos rusos que no había sido sancionado por Occidente. Rusia, que también vio congelado su fondo de 640.000 millones de dólares (unos 576 millones de euros) en divisas extranjeras para contingencias, mantiene así abierta la entrada de monedas extranjeras, fundamentales para pagar en plena guerra sus importaciones.
Además, la ley incluye otras trampas. La comisión del Gobierno para el control de inversiones extranjeras podrá expedir permisos a los compradores extranjeros para que paguen el suministro de gas “sin cumplir con el procedimiento”, y el banco central tendrá permiso “para determinar otros procedimientos para la venta de divisas”. Es decir, el Kremlin tendrá margen para sortear su propia ley según avance el conflicto.
Sin embargo, el Kremlin insiste en que esta es una respuesta firme a las sanciones occidentales. “Si los países hostiles no pagan en rublos, los contratos vigentes serán suspendidos”, dijo este jueves Putin, que una semana antes anunció la medida a bombo y platillo tras denunciar que las monedas occidentales no son de confianza, y, “como se sospechaba, las obligaciones en dólares y euros pueden ser incumplidas”. “Suministrar nuestros productos a la Unión Europea y a Estados Unidos y recibir el pago en dólares, euros u otras monedas no tiene ningún sentido para nosotros”, añadió entonces el mandatario. No obstante, el presidente ruso ya adelantó al Gobierno alemán que los países europeos podrían pagar el gas en euros, y también se lo garantizó al primer ministro italiano, Mario Draghi, en una conversación el miércoles por la noche, informa Daniel Verdú.
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Por otra parte, Putin ha insistido este jueves en su tesis de que las autoridades europeas actúan contra los intereses de sus ciudadanos. “Si simplificamos, el gas ruso es la energía más barata, el calor y la luz en los hogares de los europeos, el coste asequible de los fertilizantes para sus agricultores y, por tanto, de los alimentos. Al final, es la competitividad de las empresas europeas y, por tanto, de los salarios de los ciudadanos europeos”, afirmó.
Francine V. y Jiri K. aguardan en el andén de la Estación Central de Viena la llegada del tren nocturno que les llevará a Roma. Están jubilados y no tienen prisa. A ella, viajar de noche le parece algo “bellamente nostálgico”, le gusta dormirse “con el traqueteo del tren”. “Es más tranquilo. En el avión me siento apretujada”, afirma esta mujer de 64 años. Su compañero de viaje, de 75 años, se incluye en “una generación que ama los trenes”. En cambio, a Kathi K., farmacéutica de 31 años, lo que la sedujo fue una oferta de billete a buen precio para una escapada a Ámsterdam: “Voy a probar por primera vez viajar en tren de noche en vez del avión”.
Por romanticismo, gusto por el viaje tranquilo o por conciencia ecológica, los trenes nocturnos vuelven a ganar adeptos. Tras la desaparición de líneas en las últimas décadas ante la escasa rentabilidad frente a los vuelos de bajo coste y el aumento de la alta velocidad, estos servicios viven en los últimos años un resurgimiento saludado por Bruselas dentro de un amplio plan para impulsar el ferrocarril como medio de transporte mucho menos contaminante que la carretera o el avión. Según datos de la Comisión Europea, los transportes aportan el 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero en el territorio comunitario. Los viajes por carretera sumaron en 2018 el 71,8% de emisiones del sector; la aviación civil, el 13,2%; y el transporte marítimo, el 14,1%. Por contra, el tráfico ferroviario tan solo generó el 0,4%. El objetivo para lograr la neutralidad climática es reducir un 90% las emisiones de los transportes en 2050.
Los planes de lucha contra el cambio climático favorecen la recuperación de los trenes nocturnos para los viajes de larga distancia, un nicho de negocio en el que se sitúan a la cabeza los Ferrocarriles Federales Austriacos (ÖBB, en sus siglas en alemán). “En 2016 creamos la marca Nightjet y desde entonces estamos en expansión para ampliar la red. Hemos añadido destinos como Ámsterdam, Bruselas y París. Y en los próximos años vamos a recibir nuevas unidades de trenes nocturnos. La ÖBB invertirá 790 millones de euros (en los próximos años) en nuevos trenes nocturnos”, explica en la Estación Central de Viena Kurt Bauer, responsable de líneas de larga distancia y nuevos negocios de la ÖBB, en un viaje de este periódico a mediados de marzo financiado por el Parlamento Europeo. La empresa asumió en 2016 los servicios que abandonaron los ferrocarriles alemanes y desde entonces amplía la red tanto hacia capitales occidentales como hacia los socios comunitarios del Este, en este caso con la marca Euronight.
Otras empresas ferroviarias siguen su estela. Con ocasión del arranque del año del ferrocarril, celebrado en la UE con diversas iniciativas el año pasado, las compañías estatales de Austria, Alemania, Francia y Suiza acordaron cooperar para unir antes de 2025 a 13 ciudades europeas con trenes nocturnos. Uno de los trayectos prevé enlazar la ciudad suiza de Zúrich con Barcelona en 2024.
La veintena de líneas nocturnas de la ÖBB movió en 2019 cerca de 1,5 millones de viajeros, una cifra que espera “doblar a medio plazo” tras la caída por la pandemia. Aunque sin entrar en detalles, Bauer sostiene que su estrategia les permitirá alcanzar beneficios con este servicio pese a la competencia de los viajes por carretera y el avión.
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Luca Ferraro, de 42 años, viaja de Viena a Milán junto a su esposa y su hijo pequeño, para visitar a la familia y se ha decidido en el último momento por un compartimento para tres en el tren nocturno (entre 200 y 270 euros). “En realidad teníamos billetes de avión reservados, pero los cambiamos en el último minuto. Decidimos tomarlo con calma. O sea que pagamos un poco más”, afirma.
Para lograr precios competitivos, Bauer subraya que hace falta “intervención política”. “Un vuelo de Viena a Madrid está libre de IVA, mientras que sí lo paga el tren. Lo mismo vale para la energía. El queroseno (de los aviones) está libre de impuestos. Ahí la política de transportes claramente tiene que cumplir aún sus promesas. Entonces, la red ferroviaria en general será más competitiva y en especial el tren nocturno”, señala. El tren también paga por cada kilómetro de vía utilizado, frente a la escasa imposición de peajes en las carreteras, apunta la eurodiputada de Los Verdes alemanes Anna Deparnay-Grunenberg. “Decimos que queremos promover el ferrocarril porque es el medio de transporte más atractivo en términos del clima, pero le ponemos los mayores obstáculos y luego nos sorprendemos de que los billetes sean demasiado caros y que los otros medios de transporte se aprovechen mejor”, critica la parlamentaria.
Los Verdes alemanes incluyeron en su programa electoral medidas para desincentivar la oferta de billetes de avión muy baratos, y países como Francia o Bélgica impulsan normas para gravar, reducir o incluso prohibir vuelos de corta duración para favorecer el uso del tren. En esa línea, Christian Gratzer, portavoz de VCÖ, una ONG con sede en Viena dedicada al fomento de la movilidad sostenible, destaca que una apuesta decidida por el ferrocarril también exige acabar con “las subvenciones a los aeropuertos regionales”. En un estudio reciente, la organización Greenpeace concluye que para un 30% de los vuelos de corta distancia en Europa “hay conexiones de tren de menos de seis horas, y hay conexiones directas de trenes nocturnos para otro 15%”.
Bruselas declaró 2021 el año del ferrocarril, con una campaña para impulsar el tren y un plan de acción que dé un empujón definitivo a una red de transporte que a menudo tropieza con las fronteras internas de la UE. “La Unión debe trabajar para que se reactiven los llamados eslabones perdidos, los tramos de vía que cruzan fronteras que fueron destruidos o ya no se utilizan. Eso hace que toda la red sea muy débil”, afirma Deparnay-Grunenberg. Esa debilidad se traduce, por ejemplo, en que los viajes transnacionales apenas suponen el 7% de los kilómetros recorridos en tren, según la Comisión, que pretende doblar el tráfico de alta velocidad en el horizonte de 2030 y triplicarlo hacia 2050, además de aumentar el trasvase de mercancías de la carretera al ferrocarril y mejorar la red.
“Al final se trata de construir un espacio ferroviario único que en este momento no tenemos. Y, o bien asumimos que tenemos que darle una coherencia entre los planes nacionales para encajarlos en los europeos y conseguir esa interconexión, esa movilidad sostenible entre todos, o vamos a ir a la zaga” en los objetivos climáticos y de eficiencia de la red, incide la europarlamentaria del PNV Izaskun Bilbao, que destaca el “cuello de botella de Irún” para las mercancías o ejes inacabados en España como “el mediterráneo y el atlántico”.
El tren afronta también una necesaria armonización de las medidas de seguridad y de control del tráfico para no verse frenado en las fronteras por las diferentes exigencias legales de un lado y otro, una digitalización y automatización que permita ganar velocidad y capacidad al sector, “y un lenguaje de trabajo común” como lo tienen el tráfico por carretera y el aéreo. “En un tren que viaje de Italia al Mar del Norte, vía Ámsterdam, necesitas un maquinista que pueda hablar varios idiomas”, critica la eurodiputada alemana. Para atraer pasajeros transfronterizos, también será necesario evitar una ensalada de tarifas que obliga a pagar tramos de viajes a varias empresas ferroviarias. “Tiene que ser tan sencillo como sacar un billete de avión”, abunda Gratzer.
Todos estos obstáculos para lograr una red ferroviaria competitiva que reduzca los tiempos de viaje, se abordan en el plan de acción de la Comisión presentado al Parlamento Europeo el pasado diciembre, y este “no debe convertirse en un tigre de papel y debe ir acompañado de medidas e inversiones concretas para aprovechar el potencial sin explotar del ferrocarril en la UE”, pide Deparnay-Grunenberg.
“El mapa ferroviario europeo debe ser como el del metro de cualquier ciudad: coger un billete aquí y situarnos en un país del norte de Europa sin problema. Eso tenemos que construir. Una buena oferta genera su propia demanda, eso es lo que va a permitir que sea atractivo”, concluye Bilbao. Eso lo tiene claro Stephan Haunold, anestesista cercano a los 60 años, que aprovecha las ventajas de tener un abono anual de transporte público en Austria, el llamado Klimaticket, que cuesta 1.095 euros (o tres euros diarios) para moverse por todo el país. Y si las vacaciones son en Italia, su opción es un viaje en el tren nocturno a Milán con su esposa: “Casi no viajamos ya en coche”.
La apuesta por la alta velocidad deja España sin trenes nocturnos
España ya no tiene líneas de tren nocturnas. Las últimas que subsistían de una tupida red de servicios hasta inicios de los años noventa, que unían Barcelona por el norte hasta Galicia, y dos servicios a Portugal, se suprimieron con la pandemia y no se van a recuperar. La razón principal de la desaparición de estos trenes “ha sido el desarrollo e implementación de la alta velocidad, que ha hecho que recorridos que antes se hacían en muchas horas ahora se hagan en un espacio corto de tiempo”, explica Valentín Alegría, director de Innovación y Estrategia de Renfe. Las líneas nocturnas, además, implican mayores costes de explotación y “el poco aprovechamiento del material específico que requieren, dado que solo podían utilizarse de noche”. Con el desarrollo de la alta velocidad, la demanda se desplazó a servicios rápidos y diurnos. En el caso de la oferta internacional -existían entre Madrid y París, y Barcelona a Zúrich o Milán-, cuando irrumpió “el low cost en los aviones, la demanda bajó enormemente”. La conexión con la capital francesa ahora se cubre en alta velocidad, lo que no hace rentable plantear un servicio nocturno. Para el caso de Portugal, Renfe espera que obras en marcha mejoren la conexión entre las capitales. Alegría destaca, además, que el 80% de los trenes de Renfe son de tracción eléctrica de fuentes renovables, “o sea que las emisiones son cero”.
Bruselas, la capital de las instituciones europeas, se ha convertido este jueves en el gran teatro de Occidente, el buque insignia de una forma de concebir el mundo frente a la agresión de Rusia contra Ucrania. Es “el centro del mundo libre”, ha definido la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, poco antes de adentrarse en la sede del Consejo Europeo, donde ha arrancado la cumbre de los líderes de los Veintisiete, con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, como invitado extraordinario. El estadounidense acude a la cita con la petición para sus aliados europeos de seguir torciendo el brazo a Moscú mediante un nuevo paquete de sanciones que acaben por asfixiar al régimen de Vladímir Putin: esta vez las importaciones de energía rusa se encuentran en el punto de mira. Biden llega también a Bruselas con una oferta jugosa que hacer a los europeos en forma de gas natural licuado (GNL). De algún modo, dos de los debates más calientes de la UE —las sanciones y la energía— parecen condenados a juntarse.
Los líderes se han movido por distintos escenarios de una ciudad atascada, surcada por caravanas de coches blindados y bajo el zumbido de los helicópteros. Los aliados internacionales que han plantado cara a Putin han cerrado filas con tres cumbres (OTAN, G-7 y Unión Europea) para coordinar los siguientes pasos de las represalias por la invasión rusa de Ucrania. Las citas han marcado el inicio de una cuenta atrás hacia el fin de las importaciones energéticas rusas, con el presidente de EE UU dispuesto a cubrir buena parte del gas consumido en Europa. Pero su presencia marca también la exigencia de un endurecimiento de las sanciones que podrían llevar a una ruptura casi total con Rusia.
“La idea de la unidad de Europa en su conjunto, no solo la OTAN, el G-7 y esta organización, realmente es lo más importante que podemos hacer para parar a este hombre que en nuestro país creemos que ya ha cometido crímenes de guerra”, ha asegurado Biden a su llegada al encuentro con los líderes de los Veintisiete.
El líder norteamericano lleva tiempo tratando de que los aliados europeos se le unan en los siguientes pasos de represalias frente a Moscú. Pero la UE parece reticente a seguir ese camino. Hasta la fecha se han aprobado cuatro paquetes de sanciones, algo que muchos países ya consideran un paso histórico y, algunos, incluso suficiente: de momento, se ha atacado a empresas estatales y vinculadas a lo militar; se ha golpeado la industria y el sector bancario; se ha cercado a las élites rusas vinculadas al Kremlin y hasta prohibido los productos de lujo. Ya no queda mucho más margen para golpear en la mesa con contundencia: el siguiente gran paso implicaría cerrar el grifo de las importaciones energéticas de Rusia, que le aportan unos 700 millones de euros diarios a las arcas rusas. La UE importa el 90% del gas que consume, del que Rusia proporciona más del 40%. Además, el 27% de las importaciones de petróleo y el 46% de las importaciones de carbón también proceden del vecino euroasiático.
Cerrar de un plumazo este comercio supondría un batacazo durísimo para Moscú. Y hay varios países, sobre todo los del Este, que sienten muy de cerca el aliento de la amenaza rusa en sus fronteras, dispuestos a darlo. El problema es que el zarpazo podría volverse un bumerán de consecuencias fatales para la UE. Y un buen puñado de países, con Alemania al frente, consideran que equivaldría a dispararse un tiro en el pie. Se corre el riesgo de provocar cierres de industrias y agravar aún más un escenario ya de por sí complicado. De momento, la unidad de los Veintisiete se encuentra cómoda en un escenario más tímido: profundizar en las sanciones ya existentes y cerrar posibles agujeros que haya encontrado Rusia para evitarlas.
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Tras la cumbre de la OTAN y del G-7, el canciller alemán, Olaf Scholz, ha reiterado que el embargo de gas, petróleo y carbón no entra en sus planes de momento. Y prefiere moverse en un campo en el que las sanciones ya impuestas sigan haciendo efecto: “Las mantendremos el tiempo que sea necesario y revisaremos su efectividad una y otra vez”, ha dicho Scholz.
Aunque desde Bruselas se niega que ambos debates —sanciones y energía— estén conectados, sí parecen funcionar como vasos comunicantes. La Comisión Europea tiene previsto emitir dos comunicados conjuntos con la Casa Blanca. El primero mencionará cómo profundizar en las represalias contra Rusia; el segundo contendrá una oferta en forma de miles de millones de metros cúbicos de flujo de GNL estadounidenses hacia el bloque comunitario.
Los detalles de esta oferta que Biden trae bajo el brazo aún no han sido desvelados. Pero podría moverse en el entorno de las cifras que se han visto en enero y febrero: si tradicionalmente Estados Unidos aportaba en estos meses en torno a 2.200 millones de metros cúbicos de GNL, este año, mientras los soldados rusos cercaban Ucrania con sus botas, los envíos se han duplicado: se mueven en el entorno de los 4.400 millones de metros cúbicos mensuales. “La idea es seguir con esta tendencia”, reconoce un alto funcionario del Ejecutivo comunitario.
Von der Leyen ha asegurado que se ha abierto “un nuevo capítulo” en los lazos energéticos con el otro lado del Atlántico con el que se prevé sustituir el GNL de Rusia con el estadounidense. Las cifras, en cualquier caso, son bajas: el grueso de este combustible aún viaja de Rusia a la UE por tuberías.
EE UU ya es el principal suministrador GNL en Europa con un 44% de las importaciones europeas en enero de 2022, según datos de la Comisión Europea. La aportación se ha disparado un 2.418% desde el acuerdo de julio de 2018, suscrito por los entonces presidente de EE UU, Donald Trump, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. El volumen de exportaciones estadounidenses pasó rápidamente de 3.000 millones de metros cúbicos al año a más del doble. Y en 2021 se situaron en 22.100 millones de metros cúbicos, según la Comisión.
El GNL, sin embargo, es todavía una parte pequeña del mercado y solo representa el 18% del consumo total de gas, según cifras del centro de estudios Bruegel. De hecho, la Comisión calcula que las exportaciones de EE UU solo cubren el 6,6% del consumo energético en la UE, muy lejos del 45,6% que cubre Rusia.
La reunión del G-7 en Bruselas ha apostado por reducir esa dependencia de Rusia. Y las siete potencias industriales del bloque occidental se han comprometido “a apoyar activamente a los países que deseen eliminar progresivamente su dependencia del gas, el petróleo y el carbón rusos”.
Bruselas se ha propuesto prescindir de 155.000 millones de metros cúbicos de gas ruso antes de 2030, para lo que necesitaría, entre otras cosas, aumentar en 50.000 millones los metros cúbicos de GNL. La Comisión Europea considera que las importaciones de EE UU se pueden aumentar significativamente si se hacen a un precio competitivo y si Washington suprime procedimientos de licencia de exportación que complican y retrasan las compras.
Bruselas recuerda, además, que la UE ha aumentado sus infraestructuras de regasificación que este año (en enero de 2022) operaban al 74% de su capacidad. En 2021,según datos de la Comisión, 13 países de la UE importaron 80.000 millones de metros cúbicos, con España a la cabeza (21.300 millones), seguida de Francia e Italia.
El Kremlin apunta al punto débil de Occidente: las importaciones energéticas. El presidente ruso, Vladímir Putin, obligará a los países que sancionaron a sus bancos a que compren rublos para poder pagar el suministro de gas y petróleo. El mandatario ha ordenado que la medida afecte a todos los “países hostiles” a su Gobierno, entre los que está incluida España como miembro de la Unión Europea. “Algunas naciones occidentales han adoptado en los últimos días varias decisiones ilegítimas sobre la congelación de activos rusos. En realidad, el colectivo occidental ha marcado una línea en la fiabilidad de sus divisas, ha acabado con la confianza en ellas”, ha afirmado Putin este miércoles durante una reunión con varios miembros de su Gobierno.
Más allá del golpe político de obligar a los países que han aislado al sistema financiero ruso a volver a tratar con él para poder adquirir los hidrocarburos, la iniciativa del Kremlin busca reabrir el grifo de divisas extranjeras que las sanciones occidentales ha cortado de raíz tras la invasión rusa de Ucrania. Con esta medida, los clientes de Gazprom se verán obligados a pasar por caja y cambiar euros y dólares por rublos, con un cambio más favorable para el Kremlin. La maniobra se interpreta como un órdago que pretende debilitar el efecto de las sanciones impuestas por Occidente.
El anuncio de Putin fue recibido con una notable revalorización del rublo, aunque los mercados cerraron finalmente con un tipo de cambio de 112 rublos por euro, apenas un fortalecimiento del 1,7% respecto al día anterior. El anuncio de Moscú también disparó la cotización de gas y petróleo en los mercados internacionales.
La primera respuesta procedente del bloque comunitario, que adquiere entre el 40% y el 50% de su gas del país eslavo, ha llegado de Alemania. Berlín, uno de los principales clientes del gas ruso, calificó de “violación de contrato” la decisión de Vladímir Putin de exigir el pago de las importaciones de hidrocarburos rusos en rublos. La dependencia energética de Alemania de los hidrocarburos rusos es una de las más elevadas del bloque. Más de la mitad del gas que consume su potente industria y con la que se calientan las calefacciones de sus 83 millones de habitantes se importa de Rusia; y ocurre lo mismo con más de un tercio del petróleo.
El ministro de Economía, Robert Habeck, de Los Verdes, aseguró en una rueda de prensa este miércoles que el anuncio demuestra, una vez más, que Rusia “no es un socio fiable” y adelantó que Berlín va a tratar con sus socios europeos una respuesta común al anuncio de Moscú. Los líderes de la Unión celebran este jueves y viernes un Consejo Europeo en Bruselas en el que se debatirá el próximo paquete de sanciones para seguir aislando a Moscú. Los mandatarios europeos tendrán que decidir también si cumplen con las nuevas exigencias de Putin o se arriesgan a seguir pagando como hasta ahora.
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Mientras tanto, la vía diplomática con el Kremlin sigue abierta. El canciller alemán, Olaf Scholz, volvió a hablar por teléfono con Putin este miércoles por la tarde. Su portavoz resumió la llamada con una frase: “El canciller ha instado al presidente ruso a un alto el fuego y una mejora de la situación humanitaria lo antes posible”. Scholz habló también con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.
Entre otras medidas de castigo por la guerra, las naciones occidentales, incluida Suiza, congelaron los cientos de miles de millones de dólares del fondo en divisas extranjeras que tenía el Kremlin para situaciones de emergencia, y a esto se han unido diversas sanciones más, como la confiscación de bienes de oligarcas en sus territorios y la retirada de Visa y Mastercard de la banca rusa. Como respuesta, una de las primeras medidas de Moscú fue obligar a las empresas exportadoras a convertir en rublos el 80% de sus ingresos en otras monedas.
El presidente ruso ha dado ahora una semana de plazo al Gobierno de Mijaíl Mishustin y al Banco Central del país para idear la forma en que los “países hostiles” podrán cambiar sus divisas por rublos. “Rusia continuará suministrando gas natural de acuerdo con los volúmenes y precios fijados”, dijo Putin, “aunque los cambios solo afectarán a la moneda de pago, que se cambiará a rublos rusos”. “A diferencia de algunos socios, valoramos nuestra reputación comercial como proveedor fiable”, añadió el mandatario. “Suministrar nuestros productos a la Unión Europea y a Estados Unidos y recibir el pago en dólares, euros u otras monedas no tiene ningún sentido para nosotros”, afirmó.
Alemania es uno de los países que hasta ahora se ha opuesto a imponer un embargo al gas ruso, al contrario de lo que han decidido Estados Unidos y el Reino Unido, mucho menos dependientes de las importaciones energéticas de Moscú. Berlín trata de reducir lo más rápido posible su dependencia buscando proveedores alternativos y acelerando la construcción de regasificadoras en su territorio para poder importar directamente gas natural licuado (GNL). Este miércoles el canciller, Olaf Scholz, reiteró en un discurso en el Parlamento alemán que Alemania no puede permitirse cortar el grifo del gas y el petróleo rusos de un día para otro porque su economía entraría en recesión. Un día antes de la crucial reunión en Bruselas, la poderosa Federación de la Industria Alemana (BDI) emitió un comunicado reiterando el mensaje del canciller. “La industria alemana advierte a los países europeos en contra de reacciones precipitadas de consecuencias incalculables”, aseguró su presidente, Siegfried Russwurm.
“Lo primero que va a hacer todo el mundo es mirar la letra pequeña, porque por ahora solo tenemos el anuncio de Putin”, asegura Carsten Brzeski, economista jefe de ING en Alemania. El término empleado por Habeck “insinúa el hecho de que no hay contrato oficial entre Gobiernos sino entre empresas y que las condiciones de ese contrato no se pueden cambiar sin más”, añade. Si Putin lleva a cabo lo anunciado y compañías como Gazprom bloquean el pago en euros o en dólares, “en Alemania se considerará una provocación y una maniobra ofensiva”. “La pregunta ahora es si Alemania dejaría entonces de importar gas ruso o si cumplirá las nuevas condiciones impuestas por Putin”, afirma el experto en un correo electrónico.
El director de la sociedad de inversión rusa LokoInvest, Dmitri Polevoi, publicó un análisis en su canal de Telegram en el que asegura que la modificación de los contratos a rublos “supondrá cargas adiciones que recaerán sobre los compradores de gas”. “Además, el resto de dificultades podrían afectar temporalmente al volumen de exportaciones”, agregó el analista. Es decir, Europa podría recibir menos suministros de los esperados a corto plazo.
El golpe de efecto pierde fuerza si se tiene en cuenta que tanto Estados Unidos como la Unión Europa ya habían hecho público que se preparan para no depender de los recursos energéticos del Kremlin. La Casa Blanca prohibió la importación de gas y petróleo rusos el pasado 8 de marzo. El presidente Joe Biden reconoció entonces que esto encarecería su consumo, pero aseguró que “defender la libertad tendrá un coste”. Por su parte, la presidenta de la Unión Europea, Ursula Von der Leyen, instruyó a los países miembros a no importar energía rusa a partir del año 2027.
Precisamente uno de los grandes proyectos de Berlín y Moscú de la última década, el gasoducto ruso-germano Nord Stream 2, ha sido uno de los principales motivos de discordia dentro de la Unión Europea. El proyecto enfrentó incluso a Alemania con Estados Unidos hasta que el reconocimiento por parte de Putin de las repúblicas separatistas ucranias de Donetsk y Lugansk el pasado 21 de febrero provocó un giro de 180 grados en Berlín. La capital que hasta ahora había sido la gran valedora de las relaciones comerciales con el Kremlin paralizó el proyecto. Un par de semanas después, la constructora de la canalización, por la que nunca pasó una molécula de gas, se declaraba en quiebra.
Por su parte, España podría notar el encarecimiento de la energía por el impacto de esta medida en los mercados aunque no dependa directamente de Rusia. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Energéticos (CORES), un 8,9% del gas importado por España en 2021 procedía del país eslavo.
Las 48 horas más bélicas en la historia reciente de la OTAN y de la UE comienzan este jueves en Bruselas. Por primera vez, las dos organizaciones celebran un Consejo Atlántico y un Consejo Europeo, respectivamente, con una guerra abierta entre dos países en el Viejo Continente. La mayor amenaza de seguridad en Europa desde el final de la II Guerra Mundial llevará a la cumbre de la OTAN a doblar su despliegue militar en los países del Este como respuesta a la amenazadora presencia del Ejército ruso en Ucrania.
El Consejo Europeo, por su parte, contará con la participación del presidente de EE UU, Joe Biden, para estudiar un endurecimiento de las sanciones contra Rusia con el objeto de doblegar al presidente ruso, Vladímir Putin. Los socios de la UE, sin embargo, se resisten al deseo de Washington de acorralar al Kremlin con un embargo a las exportaciones de gas y petróleo que le dejen sin financiación exterior para su guerra.
Más de millón y medio de niños ucranios refugiados en Europa, muchos de ellos no acompañados por adultos; una red de 10.000 camas hospitalarias preparadas para atender a los refugiados (3,7 millones hasta ahora) que lleguen enfermos o con enfermedades crónicas; riesgo de hambruna para la población que sigue en el país atacado por Rusia y para la de los países terceros que dependían de sus exportaciones agrícolas; destrucción de ciudades enteras mediante bombardeos y una previsible posguerra que, según algunos cálculos, requerirá un auténtico Plan Marshall europeo de al menos 100.000 millones de euros para rescatar al país invadido del abismo. “Lo que vemos en Ucrania es horroroso, doloroso, un sufrimiento humano y una escala de violencia como no habíamos visto en Europa desde la II Guerra Mundial”, ha señalado el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, la víspera de la cumbre.
Ante ese dramático escenario, fuentes de la OTAN y de la UE no dudan en calificar de “históricas” las cumbres de esta semana y de punto de inflexión para ambas organizaciones. Aunque la urgencia de la crisis de precios de energéticos marca la agenda de los líderes nacionales —y en particular la del español Pedro Sánchez—, en las cumbres del jueves y el viernes no solo se deben pactar medidas para paliar la subida de los precios de la luz y el gas, sino que servirán para replantear también la política de seguridad y defensa del continente.
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“Las decisiones que adoptaremos mañana [por este jueves] tendrán implicaciones de largo alcance”, ha afirmado Stoltenberg. El dirigente de la Alianza prevé un aumento de la inversión en Defensa, que lleva siete años al alza, por “un nuevo sentido de urgencia” y porque “la paz no se puede dar por garantizada”. El propio Stoltenberg afronta un llamamiento para que prolongue su mandato, que expira en septiembre, y evitar así un cambio de mando en plena crisis de seguridad. “Eso le corresponde decidirlo a los 30 aliados, mi tarea ahora es preparar la cumbre”, ha señalado el secretario general.
La cumbre atlántica, por lo pronto, aprobará el despliegue de cuatro batallones en el flanco oriental: en Bulgaria, Rumania, Hungría, Eslovaquia, cuatro de los aliados más próximos geográficamente al campo de batalla. Las nuevas posiciones se suman a las ya desplegadas en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, por lo que aumentará sensiblemente el número de tropas aliadas dispuestas a hacer frente a los rusos en caso de ataque. Stoltenberg ha recordado que EE UU ya tiene 100.000 soldados en el continente y que otros 40.000 operan bajo mando directo de la OTAN, con cinco formaciones de portaviones aliados navegando por el Báltico y el Mediterráneo.
A este esfuerzo de disuasión de la OTAN se suma el castigo económico sin precedentes que los occidentales han impuesto a Rusia desde que inició la invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero. Biden pedirá a los líderes europeos que refuercen el castigo, sobre todo, evitando que Rusia esquive las sanciones con la ayuda de terceros países.
Embargo de las exportaciones energéticas
Algunos socios de la UE, como Polonia o los países bálticos, defienden además que ha llegado el momento de intentar dar la puntilla económica al régimen de Putin, con un embargo total o parcial de sus exportaciones energéticas. Pero los socios potencialmente más afectados por esa ruptura, como Alemania, Holanda o Hungría, se resisten por las repercusiones en sus economías. Y un tercer grupo, en el que España parece encontrarse cómoda, considera necesario reservarse munición para castigar a Putin en caso de una escalada bélica. Temen, además, provocar el colapso de un país de la talla de Rusia, cuyo descenso al caos político y económico podría desestabilizar aún más el Viejo Continente.
Fuentes comunitarias señalan que la prioridad en estos momentos debe ser aplicar “las sanciones aprobadas hasta ahora”. Un castigo que, según esas mismas fuentes, “ya ha puesto de rodillas a la economía rusa”. La Bolsa de Moscú se vio forzada a cerrar el 28 de febrero, con las primeras sanciones, y solo ha abierto parcialmente este miércoles, con 33 valores cotizando. El Banco de Rusia tuvo que doblar los tipos de interés, hasta el 20%. Y la cotización del rublo se desplomó, aunque se ha recuperado ligeramente en las últimas jornadas gracias, en parte, a que Moscú ha seguido facturando unos 700 millones de euros al día con las ventas de gas y petróleo a la UE.
Pero la creciente agresividad de Rusia, con ataques de misiles hipersónicos contra objetivos civiles en Ucrania y continuas amenazas de recurrir al armamento nuclear, hace cada vez más insostenible políticamente mantener una relación comercial normal con Moscú.
La Comisión Europea ha aprobado este miércoles un proyecto de reglamento con el que se podrá obligar al gigante ruso Gazprom a vender sus centros de almacenamiento de gas en la UE —controla la mitad de las reservas europeas— si los mantiene casi vacíos, como empezó a hacer antes de la guerra.
La presión aumenta también para que la UE ponga fin a las compras de petróleo ruso, con las que cubre un tercio de sus importaciones. Y la renuncia al gas, mucho más difícil por la elevada dependencia de varios países europeos, no se contempla a medio plazo, aunque tampoco se descarta.
La UE también se va a pertrechar en el flanco alimentario, toda vez que la guerra de Putin no solo hace peligrar la gran gasolinera que es Rusia, sino también la gigantesca panadería que es Ucrania. Kiev suministra el 10% del mercado mundial del trigo. Varios países del norte de África y Oriente Próximo importan el 50% de sus cereales de Ucrania y Rusia. Y Ucrania es el cuarto suministrador agroalimentario de la UE y cubre el 52% de sus importaciones de maíz, el 19% de trigo blando y el 23% de aceites vegetales.
El vicepresidente económico de la UE, Valdis Dombrovskis, ha acusado a Rusia de estar “atacando deliberadamente las reservas de alimentos de Ucrania y sus puntos de almacenamiento”. Y el comisario europeo de Agricultura, Janusz Wojciechowski ha comparado la agresión de Putin “con los métodos utilizados por los soviéticos en los años treinta del siglo XX contra Ucrania”, cuando el régimen de Stalin provocó hambrunas que acabaron con las vidas de más de un millón de personas.
Dombrovskis asegura que, a pesar de la grave situación, “la UE no afronta un problema de disponibilidad de alimentos, porque es ampliamente autosuficiente en productos agrícolas”. Pero ha reconocido que el incremento de precios energéticos y agrícolas puede dificultar el acceso de los europeos más vulnerables. En todo caso, la UE deberá socorrer a los países vecinos más afectados.
La Comisión ha aprobado un programa de 500 millones de euros (64,4 millones para España) para ayudar a los agricultores más golpeados por la crisis. También ha derogado temporalmente las normas que obligan a mantener en barbecho por motivos ecológicos ciertas partes de las tierras de cultivo para poder aumentar las cosechas de este año.
La propia UE afronta el reto de alimentar a los más de 3,7 millones de personas huidas de Ucrania en poco más de un mes, con un ritmo que, según la Comisión, ha bajado de 200.000 entradas diarias a 50.000, pero que podría aumentar en cualquier momento si el ataque ruso se recrudece.
Casi dos millones han abandonado el primer país de entrada (Polonia, Rumania o Hungría, sobre todo) y han seguido camino hacia otras partes del territorio comunitario, por lo que casi todos los socios de la UE están absorbiendo parte del éxodo.
La Comisión ha aprobado este miércoles varias orientaciones para que los Estados cumplan las obligaciones de proporcionar servicios sanitarios, educación, alojamiento y derecho al trabajo a los refugiados ucranios, tal y como prevé la directiva sobre protección internacional activada por primera vez en la historia para responder a la mayor oleada de refugiados desde el final de la II Guerra Mundial.
La invasión rusa de Ucrania ha provocado el mayor flujo de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Más de 3 millones de personas han escapado del país desde el pasado 24 de febrero, pero la Unión Europea calcula que el número podría llegar a superar los 6,5 millones. Estos son los planes de los países europeos para gestionar la llegada de refugiados a partir de la aprobación de una directiva comunitaria de acogida ilimitada de los que huyen de las bombas.
Polonia, un permiso de 18 meses
Polonia, el país que más refugiados ucranios ha recibido desde el inicio de la guerra (dos millones de un total de 3,3 millones), ha aprobado una ley por la que podrán permanecer legalmente durante 18 meses, prorrogables a tres años. El Senado, con mayoría opositora, propuso otorgarles el derecho indefinidamente, pero lo rechazó la otra Cámara, el Sejm, dominada por el gobernante partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS).
Los refugiados ucranios están obteniendo un número de identificación nacional conocido como Pesel y podrán trabajar y acceder a los servicios sanitarios y educativos. Decenas de miles de niños ucranios ya están matriculados en las escuelas del país. Cada uno recibirá, además, 300 eslotis (unos 64 euros), y las personas e instituciones que los alojan, 40 eslotis (ocho euros) al día con retroactividad.
Polonia —cuya población, ONG y administraciones locales se han volcado en la ayuda a los refugiados— es en bastantes casos un país de paso hacia otros más ricos de la UE, como Alemania o Italia, pero se calcula que la mitad de huidos, en torno a un millón, sigue en el país, principalmente en las grandes ciudades. La población de Varsovia ha aumentado un 17% por la presencia de 300.000 refugiados, informó su Ayuntamiento la semana pasada. Tiene que ver en parte con la tupida red de acogida que conforma la presencia, previa a la guerra, de otro millón de ucranios, principalmente migrantes económicos atraídos en los últimos años por salarios más altos, facilidades con el visado y una lengua similar. Sus visados y permisos de residencia serán prorrogados hasta final de año si expiraron durante la guerra. Polonia necesita mano de obra en aquellos empleos que sus emigrantes cubren, por ejemplo, en Francia o España.
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Pabellón deportivo de Hrubieszow (Polonia), reconvertido en centro de acogida de refugiados. Massimiliano Minocri
Italia: un presupuesto de 400 millones
En Italia se concentra la comunidad de ucranios expatriados más grande de la Unión Europea, con unos 236.000 inmigrantes. Desde el inicio de la ofensiva rusa y hasta este sábado, han llegado a Italia casi 56.000 personas procedentes de Ucrania, de las cuales cerca de 29.000 son mujeres, 22.000 menores y unos 5.000 hombres, según el Ministerio de Interior.
El Ejecutivo, que se está preparando para recibir a unos 83.000 refugiados ucranios, declaró a inicios de mes el estado de emergencia humanitaria hasta el 31 de diciembre, una fórmula que le permite movilizar recursos con mayor rapidez y facilidad.
El plan para acoger a los refugiados que ha preparado el Gobierno de Mario Draghi prevé destinar en total 400 millones de euros a su acogida. La semana pasada aprobó un decreto para crear 75.000 nuevas plazas en la red nacional de centros de acogida, que se suman a las 8.000 ya disponibles. Las asociaciones, comunidades de acogida de ONG y otras organizaciones voluntarias, así como las familias que alojen a refugiados, recibirán una contribución diaria de unos 35 euros por cada refugiado hasta el 31 de octubre. Los refugiados que soliciten protección internacional y se encarguen de su propio alojamiento recibirán también una asignación, variable en función de su situación familiar, durante 90 días. Además, los titulares de protección internacional y los médicos y personal sanitario ucranios tendrán permiso inmediato de trabajo.
Una mujer ucrania se acerca al punto fronterizo de Dolhobyczowm, el pasado 10 de marzo, para cruzar la frontera hacia Polonia.MASSIMILIANO MINOCRI
Francia: subsidios de 426 euros
Aunque Francia tiene una comunidad ucrania menor que países como España —unos 18.000 permisos de residencia concedidos—, el flujo de ucranios que huyen de la ofensiva rusa en su país no para de crecer y más de 30.000 refugiados, sobre todo mujeres y niños, han llegado ya a Francia, que está dispuesta a acoger hasta a 100.000. Los refugiados ucranios podrán acceder a cuidados médicos, recibir el subsidio para demandantes de asilo (alrededor de 426 euros mensuales, aunque la cifra varía según la composición familiar) durante el tiempo que estén bajo la protección oficial y también tendrán derecho a solicitar ayudas personalizadas para el alojamiento como muchos ciudadanos franceses. Las autoridades trabajan, además, para escolarizar rápidamente a los menores y ya 650 acuden a una escuela en sus lugares de acogida, según el Ministerio del Interior. La compañía nacional ferroviaria, la SNCF, les permite viajar gratis en sus trenes regionales y de alta velocidad.
España: papeles en 24 horas
España ha sido uno de los primeros países en adoptar la directiva de protección temporal para los desplazados de Ucrania. También es uno de los pocos que la ha interpretado de forma más generosa y ha incluido, por ejemplo, a los ucranios en situación irregular. España, a diferencia de otros países como Alemania, Italia o Grecia, no tiene “datos fiables” sobre el número de desplazados que ya han llegado al país y mantiene un sistema “flexible” de acogida que permita adaptarse a la afluencia de refugiados.
El plan de recepción en España se sustenta en dos pilares: la obtención de la documentación, en un procedimiento exclusivo de apenas 24 horas, y la ampliación de la red de acogida con más de 21.000 camas, gracias, en buena parte, a la colaboración de las comunidades autónomas. El Ejecutivo ha abierto cuatro centros de recepción y derivación en Madrid, Barcelona, Málaga y Alicante. Las comisarías provinciales de toda España también están tramitando los papeles necesarios.
La primera acogida de los desplazados se ha delegado en tres ONG (ACCEM, CEAR y Cruz Roja) que gestionan los recursos estatales. Se estudia también la creación de un programa nacional de acogimiento familiar. La gran comunidad ucrania, de 112.000 personas, está de momento absorbiendo a la mayor parte de los recién llegados, pero ya son al menos un millar los que han solicitado acogida en diversas partes del país.
Una mujer y un niño, sentados en un tren que parte de la Estación Central de Lviv (Ucrania) con destino a Polonia, el pasado 2 de marzo.Jaime Villanueva Sánchez
Reino Unido: más voluntarismo que realidad
La presión de la opinión pública ha empujado desde el primer momento al Gobierno de Boris Johnson para que tuviera con los refugiados de Ucrania mucha más generosidad que la que mostró en un principio. Mientras la UE abría sus puertas, sin reclamar visado, a los cientos de miles de personas que huían de la guerra, el Reino Unido ofrecía un plan cicatero de acogida al que prácticamente solo podían acogerse los ucranios que tuvieran familiares en territorio británico. Y aun así, debían someterse a los trámites burocráticos de inmigración y a los controles de seguridad pertinentes. La ministra del Interior, Priti Patel, llegó a estimar en 200.000 las personas que se beneficiarían del plan de reagrupación familiar. Hasta la fecha, apenas han sido 6.000.
Las duras críticas de las organizaciones de ayuda a los refugiados de la oposición política forzaron a Johnson a cambiar de estrategia. Puso la gestión de la crisis en manos de su ministro para todo, Michael Gove —hoy al frente del departamento de Reequilibrio Económico Territorial del Reino Unido—, quien enseguida lanzó una campaña con una mezcla de populismo, solidaridad y falta de previsión. El Gobierno ofreció 350 libras mensuales (unos 415 euros) a los ciudadanos que acogieran en su hogar un refugiado ucranio o una familia entera (la cifra no variaba, al margen del número de huéspedes). La estancia mínima debían ser seis meses. La máxima, 12. Pero el proceso de llegada no se simplificó en absoluto. El primer día en que se lanzó la página web de Homes for Ukraine (Hogares para Ucrania), cerca de 90.000 personas registraron su interés en participar. La página se colapsó durante horas. El Gobierno remitía a las ONG para el proceso de selección de las personas, y era incapaz de solucionar las miles de dudas que surgían sobre la marcha. Ya son más de 120.000 las solicitudes de los ciudadanos, pero de momento, el proceso de acogida es más voluntarista que real.
Rumania y Moldavia: alojamiento, permiso de trabajo, sanidad y educación
En Rumania, por donde han huido de la guerra medio millón de ucranios, se calcula que hay alrededor de 100.000 refugiados. El lazo familiar constituye el principal motivo de su marcha hacia otros países, pero quienes permanezcan en Rumania —hasta ahora solo han pedido la acogida poco más de 4.000— se beneficiarán de comida, ropa, alojamiento, permiso de trabajo, acceso a la sanidad pública y a la educación, transporte gratis y ayuda psicológica y jurídica, además de un apoyo financiero de unos 120 euros al mes, según el Gobierno. Las familias que acojan a ucranios también recibirán esa misma suma de dinero por persona, según el Consejo Nacional Rumano para Refugiados. También se les proporcionará traductores para agilizar su proceso de integración en la sociedad.
En la vecina Moldavia hay 99.475 ciudadanos ucranios, casi la mitad de ellos menores, y las autoridades aseguran que dispondrán de todos los derechos de los ciudadanos del país, con la sola excepción de que no podrán participar en la vida política. Más de 700 niños ucranios ya están inscritos en centros educativos moldavos.
Con información de Antonio Pita (Lublin, Polonia), Lorena Pacho (Roma), Silvia Ayuso (París), María Martín (Madrid), Rafa de Miguel (Londres) y Raúl Sánchez Costa (Bucarest).
Joe Biden, durante una videollamada con Emmanuel Macron, Boris Johnson y Olaf Scholz el pasado 7 de marzo.Adam Schultz (AP)
La Casa Blanca ha redoblado este lunes el frente diplomático occidental ante la guerra de Ucrania mediante una conferencia telefónica del presidente Joe Biden con su homólogo francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Olaf Scholz, y los primeros ministros del Reino Unido, Boris Johnson, e Italia, Mario Draghi. El objetivo de la llamada, que se produce dos días antes de que Biden viaje a Europa para abordar in situ la situación con los aliados, era “discutir respuestas coordinadas al ataque injustificado y no provocado por parte de Rusia contra Ucrania”.
Según el comunicado difundido por la Casa Blanca, “los líderes intercambiaron su profunda preocupación sobre las tácticas brutales de Rusia en Ucrania, incluidos sus ataques contra civiles. [Los cinco] Subrayaron su continuo apoyo a Ucrania, brindando asistencia de seguridad a los valerosos ucranios que defienden su país de la agresión rusa y ayuda humanitaria a los millones de personas que han huido de la violencia. Los líderes también revisaron los esfuerzos diplomáticos recientes en apoyo del esfuerzo de Ucrania por alcanzar un alto el fuego”, explica lacónicamente el texto.
En Bruselas, Biden participará este jueves en una cumbre extraordinaria de la OTAN, en la que coincidirán todos ellos, así como en el Consejo Europeo. El único que no estará presente será Johnson. El mandatario demócrata, que acude en calidad de invitado, también asistirá a una reunión del G-7. El viernes y el sábado viajará a Polonia, donde mantendrá un breve encuentro con su homólogo, Andrzej Duda.
Desde el inicio de la guerra, hace casi un mes, Biden ha venido manteniendo contactos con dirigentes europeos de forma periódica varias veces por semana. Además de con los mandatarios citados, en algunas ocasiones se han sumado a las videollamadas la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.
A medida que se prolonga la contienda —este jueves hará un mes de la invasión—, entre las preocupaciones de EE UU y sus aliados figura la imprevisible respuesta de Moscú, que ha hallado mucha más resistencia en Ucrania de la prevista. Por eso, entre las amenazas potenciales que contemplan destaca la posibilidad de una nueva andanada de ciberataques para yugular infraestructuras básicas en Occidente. Antes de conversar con los dirigentes europeos, Biden ha alertado este lunes de que Moscú podría redoblar sus ciberataques contra objetivos estratégicos estadounidenses a causa del “coste económico sin precedentes que hemos impuesto a Rusia”, ha dicho, en alusión a la batería de sanciones adoptadas contra el Kremlin.
La advertencia de Biden se producía al tiempo que la Casa Blanca recomendaba a las empresas que brindan servicios esenciales reforzar su defensa cibernética “por amenazas digitales en curso de Rusia”, explicó Ane Neuberger, responsable de ciberseguridad de la Casa Blanca. El Gobierno de EE UU ha visto una “actividad preparatoria de piratería [de Rusia] contra numerosas empresas estadounidenses”, aunque “no tiene certeza” de que los ataques vayan a concretarse. La potencial amenaza se basa en “datos de inteligencia actualizados”, indicó la funcionaria. La Administración ha impartido recientemente sesiones informativas a cientos de empresas que pueden ser objetivo de los piratas informáticos rusos. Los ataques contra uno de los mayores oleoductos del país, en mayo pasado, y una importante planta procesadora de carnes, un mes después, mostraron la vulnerabilidad de infraestructuras críticas para el aprovisionamiento de energía y alimentos en el país. Ambos fueron atribuidos a ciberpiratas rusos.
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Joe Biden y Vladímir Putin se vieron cara a cara por primera vez en marzo de 2011, en Moscú. El primero era entonces vicepresidente de Estados Unidos y tenía la misión de convencer al ruso —primer ministro, por aquel entonces— de que no debía temer el nuevo despliegue de lanzamisiles en Europa, que estaban destinados a interceptar posibles ataques desde Irán. Biden recordaba que cuando George W. Bush conoció a Putin, dijo que había mirado en sus ojos y había captado “una idea de su alma”. Biden no encontró nada durante esa infructuosa cita. Al terminar, sonrió a su anfitrión y le dijo: “Señor primer ministro, le estoy mirando a los ojos. No creo que usted tenga alma”. El otro respondió: “Veo que nos entendemos”.
La guerra de Crimea estallaría tres años después. Biden había visto de primera mano las protestas contra el Gobierno prorruso durante un viaje a Kiev y contemplado con impotencia la posterior anexión ilegal de dicha península. Luego, los incumplimientos del tratado de Minsk. Pasó colgado del teléfono por la crisis ucrania el último Acción de Gracias que pasó con su hijo Beau, sentenciado por el cáncer. El demócrata cuenta todos estos episodios en Promise Me, Dad, una memoria del año de lucha contra el tumor de Beau, que coincidía con la deliberación sobre postularse a las elecciones presidenciales de 2016. En ellas, Putin es un personaje omnipresente. Beau murió en 2015. Biden no se presentó a los comicios. Luego, llegó Donald Trump.
Los putinólogos han establecido que Ucrania es algo casi personal para Putin. Putin y Ucrania son también una cuenta personal para Biden. Siete años después, la historia ha puesto al veterano político, casi octogenario, cara a cara de nuevo contra una de sus bestias negras, en medio de una monumental crisis europea. Frente a los pronósticos menos halagüeños, la tormenta ha fortalecido los maltrechos lazos trasatlánticos tras la tormentosa era de Trump, algo que solo se entiende a partir de un doble movimiento de Washington.
Biden, que viaja esta semana a Bruselas y Polonia, lanzó primero una arriesgada apuesta diplomática, la de compartir arsenales de información de inteligencia con los aliados europeos y de la OTAN sobre los planes del Kremlin, multiplicar los viajes de altos cargos a Europa durante los meses previos a la invasión para discutir las sanciones. Disparó las alarmas públicamente sobre la inminencia del ataque. Aireó los posibles castigos que aplicaría. Luego, una vez comenzada la guerra, dio un paso atrás y cedió el protagonismo a los socios europeos.
“Algo que Putin no quería hacer es unir el frente Occidental, pero ha fracasado. Biden es profundamente atlantista y ha hecho un trabajo fabuloso en coordinación, información y diálogo con los aliados. Ha hecho un esfuerzo especial en hablar no solo con los aliados de la OTAN; sino también con los líderes europeos y creo que los europeos han agradecido esto. Que la próxima semana acuda no solo a la cumbre de la OTAN, sino también al Consejo Europeo, es una señal de eso”, coincide Daniel Hamilton, profesor de la universidad Johns Hopkins y exdirector del Centro de Relaciones Trasatlánticas.
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Desde Bruselas, Rosa Balfour, directora del centro de análisis Carnegie Europe, califica de “obra maestra de la diplomacia pública y privada” la estrategia estadounidense con la información de inteligencia. “Los gobiernos europeos habían empezado las preparaciones, pero permanecían incrédulos porque consideraban que Putin no lanzaría esa apuesta y, en privado, se preguntaban por qué Biden no paraba de hablar de invasión”, afirma. “Cuando esto ocurrió, el 24 de febrero, todo cambió y todos estaban preparados para las sanciones. Desde entonces, la cooperación entre Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá no tiene precedentes en intensidad y efectividad, según personas implicadas”, continúa.
Es entonces cuando Washington dejó el megáfono durante dos semanas cruciales. Acababa de demostrar un acierto trascendental de sus servicios de inteligencia, lo que consolidó la unidad del bloque, pero Estados Unidos anunció sanciones personales contra Putin solo después de que lo hiciera la Unión Europea; lo mismo ocurrió con el bloqueo al sistema internacional de pagos SWIFT, el cierre del espacio aéreo a las aerolíneas rusas o la cancelación del Nord Stream 2.
Que el presidente de Estados Unidos no fuera el rostro impulsor de las represalias a Moscú ayudó a la unidad europea, entre gobiernos, y dentro de los propios países, donde el recuerdo de aventuras belicistas con la guerra de Irak siguen esgrimiendo como argumentos casi 20 años después. Y que líderes como el francés Emmanuel Macron o el alemán Olaf Scholz hayan copado el protagonismo en estas dos semanas, sobre todo en las conversaciones directas con Putin, ha complicado que el dirigente ruso explique esta crisis a sus ciudadanos como un duelo con Washington, un viejo villano muy socorrido para la estrategia de comunicación del Kremlin.
“Es importante que se vea a los europeos como los responsables de la respuesta a Rusia, no solo porque el conflicto está pasando en Europa, sino porque la credibilidad de Estados Unidos no es la que era. En la opinión pública europea permanece el escepticismo sobre las motivaciones de Washington y, en una parte, también sentimientos antiamericanos y anti-OTAN. La Administración de Biden es consciente del problema de imagen que tiene desde que Estados Unidos intervino en Irak con argumentos falsos. Además de eso, las consecuencias económicas y humanitarias de las sanciones se van a sentir desproporcionadamente en Europa en precios de la energía y en flujo de refugiados”, explica Balfour.
Biden llegó a la Casa Blanca en enero de 2021 con la promesa de restablecer los vínculos con Europa y de enterrar los años de conflicto de su predecesor, Donald Trump, que trató a los viejos aliados como adversarios y mostró una complicidad desconcertante con el propio Putin. Tras aquella gira de la reconciliación de junio, las buenas palabras y gestos, Biden cometió dos tropiezos catedralicios: el desaguisado con la retirada de Afganistán en agosto y, acto seguido, el acuerdo para proveer de submarinos nucleares a Australia, que incluía al Reino Unido, y se hizo de espaldas a los socios europeos.
Esta crisis ha brindado a Biden la oportunidad de resarcirse, pero también ha mostrado, en opinión de Daniel Hamilton, un giro más profundo en la Casa Blanca: la vuelta de Estados Unidos “como poder europeo”, frente al “poder en Europa”, que había sido en la última década. Hamilton lo explica así: “Estados Unidos fue, durante 60 o 70 años un poder europeo, lo que significa que estaba completamente involucrado en cualquier cosa que los europeos hicieran entre ellos, siempre era una parte más de cualquier acuerdo, coalición o compromiso porque daba las garantías de que podría funcionar. Creo que, sin Estados Unidos, las viejas rivalidades europeas habrían resurgido”. “Esto —continúa—, cambió en los últimos 10 años o más, antes de la llegada de Trump. Se convirtió en un poder en Europa, que significa que solo te involucras en las cosas selectivamente, en función de un interés u otro. Biden entiende muy bien esto y quiere mostrar que Estados Unidos sigue siendo un poder europeo, que seguimos completamente implicados en lo que pasa. Eso es un cambio respecto a las dos últimas Administraciones. Lo que dure o no es otra cosa”.
Biden se encontró de nuevo con Putin el pasado junio, en una cumbre bilateral en Ginebra que sirvió de muy poco. En la rueda de prensa posterior a aquella cita, ante un paisaje verde deslumbrante propio del verano suizo, el estadounidense se negó a hacer balance de la cita o aventurar resultados. Mucho menos, responder si el exagente le inspiraba ahora más confianza. “Esto no va de confianza, va de interés mutuo”, dijo, “el verdadero test será dentro de seis meses”. Llegó, finalmente, a los ocho. También para las potencias occidentales.
Una de las principales armas que está utilizando la Unión Europea para golpear la economía rusa es una lista de casi mil nombres. La integran periodistas, militares, políticos, empresarios y ministros, pero también un puñado de oligarcas, personas enriquecidas al calor del Kremlin que tienen acceso directo al núcleo duro del poder en Rusia.
EL PAÍS ha identificado 40 de estos magnates en la lista europea de sanciones y ha analizado sus propiedades, inversiones y vínculos societarios en Europa: aparecen 45 inmuebles, 16 yates, 13 inversiones en empresas y 10 aviones privados, además de 27 vinculaciones a sociedades offshore en jurisdicciones opacas que permiten hacer negocios y mover dinero en secreto.
De entre los 40 nombres, hay 14 personas que forman parte del círculo de confianza más estrecho del presidente de Rusia, Vladímir Putin.
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejec. de Rostec
(empresa de
armas de la
Fed. Rusa)
Dueño de
S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de
Dacha Ozero
(principal grupo de
influencia del
entorno de Putin)
Accionista de
Alfa Bank
(mayor banco
privado
de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de
petróleo y gas
controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como
uno de los
principales
financieros
de Rusia
Fundador de
Volga Group
(grupo inversor
en sectores clave
de la economía
rusa).
Confidente
de Putin
Magnate, dueño
de empresas
de metalurgia y
telefonía.
Testaferro
de Putin
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Director general
de EuroChem
Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Presidente del
grupo de presión
Unión Rusa de
Industriales y
Empresarios
y de una gran
empresa minera
Presidente y
mayor accionista
del Rossiya Bank,
conocido como
el banquero
de Putin
Violonchelista
y financiero.
Según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejec. de Rostec
(empresa de
armas de la
Fed. Rusa)
Dueño de
S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de
Dacha Ozero
(principal grupo de
influencia del
entorno de Putin)
Accionista de
Alfa Bank
(mayor banco
privado
de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de
petróleo y gas
controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como
uno de los
principales
financieros
de Rusia
Fundador de
Volga Group
(grupo inversor
en sectores clave
de la economía
rusa).
Confidente
de Putin
Magnate, dueño
de empresas
de metalurgia y
telefonía.
Testaferro
de Putin
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Director general
de EuroChem
Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Presidente del
grupo de presión
Unión Rusa de
Industriales y
Empresarios
y de una gran
empresa minera
Presidente y
mayor accionista
del Rossiya Bank,
conocido como
el banquero
de Putin
Violonchelista
y financiero.
Según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejec. de Rostec
(empresa de armas
de la Fed. Rusa)
Dueño de S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de Dacha
Ozero (principal
grupo de influencia
del entorno de Putin)
Accionista de Alfa
Bank (mayor banco
privado de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Fundador de Volga
Group, (grupo
inversor en sectores
clave de la
economía rusa).
Confidente
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de petróleo
y gas controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como uno
de los principales
financieros de Rusia
Director general de
EuroChem Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Magnate, dueño
de empresas de
metalurgia y
telefonía. Habría
sido testaferro
de Putin
Presidente del grupo
de presión «Unión
Rusa de Industriales
y Empresarios y de
una gran empresa
minera
Violonchelista y
financiero, según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
Presidente y mayor
accionista del Banco
Rossiya, conocido
como «el banquero
de Putin»
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas
sancionados por la UE
14
en el círculo de confianza de Putin
Presidente ejecutivo
de Rostec
(empresa de
armas de la
Fed. Rusa)
Director ejecutivo
de Rosneft, uno
de los mayores
productores
mundiales
de crudo.
Amigo de Putin
Dueño de
S.G.M. Group
(mayor empresa
de infraestructuras
para el transporte
de petróleo y gas)
2º mayor accionista
del Rossiya Bank,
fundador de
Dacha Ozero
(principal grupo de
influencia del
entorno de Putin)
Accionista de
Alfa Bank
(mayor banco
privado
de Rusia)
y amigo personal
de Putin
Presidente ejecutivo
de Transneft
(empresa de petróleo
y gas controlada
por el Gobierno).
Sirvió con Putin
en el KGB
Principal accionista
de Alfa Group y
Alfa Bank,
conocido como uno
de los principales
financieros de Rusia
Fundador de
Volga Group
(grupo inversor
en sectores clave
de la economía
rusa).
Confidente
de Putin
Magnate, dueño
de empresas
de metalurgia y
telefonía.
Testaferro
de Putin
Presidente del
grupo de presión
Unión Rusa de
Industriales y
Empresarios
y de una gran
empresa minera
Director general
de EuroChem
Group AG,
uno de los mayores
productores
mundiales
de fertilizantes
Violonchelista
y financiero.
Según una
investigación del
ICIJ «redistribuyó»
millones de dólares
de la red financiera
oculta de Putin
Presidente del
grupo financiero
Nafta Moscow.
Ha recibido
grandes sumas
de dinero de
Serguéi Rodulguin
Presidente y
mayor accionista
del Rossiya Bank,
conocido como
el banquero
de Putin
18
políticos y empresarios
cercanos a Putin o al Gobierno
1
periodista controlado
por el Kremlin
2
altos cargos
políticos
3
miembros del
Parlamento Estatal
Además de estos 40 oligarcas, también han sido sancionados por la UE otros 853 hombres de poder ruso
Los oligarcas son empresarios que usan su poder económico para conseguir mejores leyes y contratos para sus empresas. La mayoría están entre las 10.000 personas (el 0,01% de la población) que concentran el 12% del patrimonio de Rusia, según el World Inequality Database. Todo esto en el país más desigual del continente europeo: el 10% más rico posee el 74% del patrimonio (la media continental no llega al 60%). El origen de su fortuna suele encontrarse en los rápidos procesos de privatización tras la caída de la Unión Soviética.
¿Qué buscan entonces en Europa? “Rusia es un país europeo, y los oligarcas quieren vivir en Europa al estilo de Europa. Quieren que sus familias estén en Europa y estudiar en escuelas europeas”, señala Serguéi Guriev, economista ruso y docente en el Instituto de Estudios Políticos de París. “Por eso las sanciones europeas son particularmente dolorosas para ellos”. Pero también para Putin: “Si los oligarcas acaban desconectados de las oportunidades de negocio occidentales, les irá mal en Rusia. Y Putin tendrá menos dinero para su guerra”, añade Guriev.
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No es fácil identificar las propiedades de un oligarca, tal y como ha reconocido el Gobierno español esta semana. Tienen empresas, barcos y viviendas que no están legalmente registrados a su nombre. Cuando se sospecha de que algún sancionado los posee o simplemente los controla, estos bienes se retienen hasta aclararlo. La Abogacía del Estado española lo ha permitido con un informe que avala operar contra estos bienes sin una investigación judicial: con que los disfruten de manera consistente o influyan sobre ellos es suficiente.
A continuación se muestran los más de 80 bienes que se pueden vincular a los 40 oligarcas a través de fuentes públicas hasta la entrada en vigor de las sanciones. Todo apunta a que es solo la punta del iceberg de sus intereses en el Viejo Continente.
Las vinculaciones en Europa
de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Acciones de DIA e inversión en BNext
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes
Británicas y Caimán
Las vinculaciones en Europa
de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Acciones de DIA e inversión en BNext
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes
Británicas y Caimán
Las vinculaciones en Europa de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Propiedades en Luxemburgo
Propiedades en la Costa Azul
Usmánov invirtió 25 millones de dólares en la financiera BNext.
Fridman y Aven controlaban DIA a través de LetterOne
Chemezov está vinculado a una villa en Estepona y a otra en Castell-Platja d’Aro (Girona)
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes Británicas y Caimán
Las vinculaciones en Europa de los oligarcas rusos
13 inversiones o participaciones en empresas
Cuatro son de Roman Abramóvich
Propiedades en Luxemburgo
Usmánov invirtió 25 millones de dólares en la financiera BNext.
Fridman y Aven controlaban DIA a través de LetterOne
Chemezov está vinculado a una villa en Estepona y a otra en Castell-Platja d’Aro (Girona)
Propiedades en la Costa Azul
* Incluyendo las registradas en Islas Vírgenes Británicas y Caimán
Joyas inmobiliarias por Europa
Entre sus 45 residencias europeas destacan pisos en el centro de Londres, mansiones en la costa Azul y villas en la isla italiana de Cerdeña, pero también algunas de las más lujosas viviendas de Alemania, Suiza, Croacia o Mónaco.
A Serguéi Chemezov, que compartió con Putin sus tiempos en el KGB y hoy es el número uno de la mayor empresa pública rusa de armamento, se le conocen al menos dos propiedades en España.
En el selecto asentamiento de S’Agaró (Girona) se levanta una villa con hechuras de castillo que, de acuerdo con una investigación del Proyecto de Denuncia de la Corrupción y el Crimen Organizado (OCCRP, según sus siglas en inglés) y como ha comprobado EL PAÍS en el registro de la propiedad, está a nombre de su hijastra. La compró por 2,9 millones de euros, un quinto de su valor real, a una offshore registrada en Liechtenstein con muchos clientes rusos. La hijastra del empresario también adquirió en 2014 una sociedad irlandesa entre cuyos activos se encuentra una finca de 800 metros cuadrados en Estepona, según revelaron los Papeles de Pandora que publicó este periódico junto al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés).
En Italia, las autoridades locales ya se han incautado de al menos tres inmuebles sardos vinculados a los empresarios Alisher Usmánov y Petr O. Aven y al presentador de televisión Vladímir Soloviev. En Croacia, la villa Carolina, construida por el emperador austriaco Francisco José I en el siglo XIX, ha sido bloqueada en virtud de sus vínculos con la familia del empresario Nikolái Tokarev, que también coincidió con el presidente ruso en la policía secreta soviética. En el Reino Unido aún no se han comunicado medidas contra las numerosas residencias que los sancionados concentran en Londres (11 mansiones) y otras zonas del país. El diputado inglés Chris Bryant ha acusado a Roman Abramóvich de estar apresurándose a vender sus propiedades en el país.
Inversiones millonarias
Los 40 oligarcas identificados participan o invierten en al menos 13 empresas con intereses en Europa. Destacan dos casos: el primero es el Chelsea de Abramóvich, que busca comprador y puede quedarse sin vender entradas para el partido de abril contra el Real Madrid por las sanciones del Reino Unido. El segundo involucra a cuatro multimillonarios del círculo de confianza de Putin: Mijaíl Fridman, Petr O. Aven, German Khan y Alexéi Kuzmichev. Son socios de LetterOne, grupo inversor con sede en Luxemburgo que controla el 77% de la cadena de supermercados DIA y participa en otras empresas con sede en Europa como la telefónica Veon (Países Bajos). Los cuatro han dejado sus cargos en la sociedad tras la ofensiva rusa. Las compañías en las que participa el grupo inversor se esfuerzan en dejar claro que ninguno de ellos, especialmente Fridman o Aven, ostentan el control.
A España han llegado también las inversiones del fondo de capital de riesgo USM Holdings de Alisher Usmánov, “uno de los oligarcas preferidos de Vladímir Putin” según la UE. En 2019 aportó 22 millones de euros al neobanco Bnext, con sede en Madrid.
Europa importa incluso como mercado para los que necesitan vender su gas, petróleo y metales. La prohibición a las importaciones afecta directamente a oligarcas como el multimillonario Alexéi Mordashov, accionista de Severstal, el cuarto mayor productor de acero de Rusia, que exporta unos tres millones de toneladas anuales a países de la UE.
Aviones en tierra
Entre las propiedades de los todopoderosos rusos sancionados figuran al menos 10 aviones privados, tres de ellos de Usmánov y otros tres de Abramóvich, operados por una compañía luxemburguesa.
Las restricciones del espacio aéreo europeo han dejado a estas aeronaves pocas alternativas. La isla de Man, territorio dependiente del Reino Unido y refugio habitual de las élites que buscan minimizar sus impuestos sobre sus aviones privados, ha eliminado esta semana de sus registros al menos 18 aparatos relacionados con Rusia. Entre ellos figura un Gulfstream G650 valorado en unos 60 millones de euros y atribuido al magnate Dimitri Mazepin. Dichas aeronaves pierden así la posibilidad de sobrevolar con libertad el Reino Unido y la Unión Europea.
El intento de sortear las sanciones también ha provocado una suerte de éxodo entre estos vehículos: Seychelles y Dubái (Emiratos Árabes Unidos) se han convertido esta semana en un destino habitual para los aviones de los sancionados.
Dos aviones Gulfstream GVI G650 GLF6 en Zúrich.ARND WIEGMANN (Reuters)
Yates: de la atracción local a la huida
Igor Sechin es íntimo amigo de Putin y máximo responsable de Rosneft, la petrolera estatal rusa. Esta semana las autoridades europeas le han inmovilizado provisionalmente dos yates, uno en Tarragona y otro en la costa azul francesa. España ha retenido otras dos embarcaciones de lujo, en Barcelona y Mallorca, al sospechar que pertenecen a Chemezov y Alexander Mijeev, director general de la exportadora de material de defensa Rosoboronexport. Italia retuvo otras dos naves; Lady M, atribuida a Mordashov, y Lena, a Gennady Timchenko.
Los puertos europeos son destino habitual de las embarcaciones de recreo de varios de los oligarcas sancionados. Cada verano eran un atractivo más de los puertos del Mediterráneo, con apariciones en la prensa local que avisaban de que “el yate más grande del mundo” estaba amarrado cerca.
El ‘Eclipse’, de Roman Abramóvich.Mark Thomas (Cordon Press)
Inmovilizar todos estos yates se complica también por la prisa que se han dado algunos en soltar amarras. Así ha ocurrido con el Eclipse, atribuido a Abramóvich, que ha cruzado el Atlántico desde las Antillas Neerlandesas y que ahora navega por el Mediterráneo, cerca del otro superyate atribuido al popular magnate, el MY Solaris, en dirección al este. Parecen seguir la estela de otro buque, el Sea Rhapsody del banquero Andrei Kostin, atracado en Barcelona hasta que a mediados de febrero zarpó rumbo a Seychelles.
Sociedades ‘offshore’, el agujero legal para evitar sanciones
Los 40 oligarcas identificados por este periódico están vinculados a 27 sociedades offshore activas que aparecen en fuentes públicas. El uso de estos instrumentos, sin ser fenómeno exclusivo de Rusia, sí es extremadamente llamativo en este país. Un estudio de 2018 calculaba que el patrimonio offshore de los rusos representa el 85% de lo que todos los residentes de Rusia ganan en un año: “La riqueza rusa en el extranjero ―en Reino Unido, Suiza, Chipre u otras jurisdicciones que les dan ventajas― es tanta como la que los ciudadanos tienen dentro de sus fronteras”.
EL PAÍS ha identificado al menos cinco en Chipre, cuyos bancos han sido un refugio seguro para los rusos más ricos durante décadas. En cuanto se hicieron públicas las sanciones y gracias a una sociedad en esta isla, Alexéi Mordashov vendió su tercio del gigante del turismo alemán TUI a una sociedad en Islas Vírgenes Británicas de la que no se sabe nada. Islas Vírgenes Británicas es uno de los territorios con mayor secretismo societario que existe.
Por medio de estos entramados resulta muy fácil sortear las sanciones de forma legal (usar sociedades offshore no es ilegal per se). Para que fueran efectivas y auditadas, como sugerían esta semana el Observatorio Fiscal Europeo y los economistas Thomas Piketty y Gabriel Zucman, sería necesario un registro europeo de bienes que reuniese la información disponible y actualizada en bases de datos nacionales e internacionales. Un registro de este tipo dejaría menos agujeros por los que escaparse a los oligarcas rusos y a los de cualquier otro país.
Oligarcas contra las sanciones (e incluso contra el conflicto)
Muchos de los oligarcas rusos (que hemos clasificado como tales según las definiciones de la UE y de Open Sanctions) han expresado su disconformidad con las sanciones. Algunos incluso se han mostrado contrarios a la guerra en Ucrania.
Mordashov, el magnate que vendió las acciones de TUI, ha sido uno de los que más contundentes se han posicionado en contra de la ofensiva. “No comprendo cómo estas sanciones en mi contra pueden contribuir a un acuerdo que acabe con el conflicto”, expone Mordashov. “Lo que ocurre es una tragedia para dos naciones hermanas. Es terrible que ucranios y rusos estén muriendo, que la gente sufra y que la economía se esté derrumbando. Espero que se pueda resolver el conflicto cuanto antes y detener este derramamiento de sangre”, ha asegurado en declaraciones recogidas por la agencia rusa de noticias Tass.
“Necesitamos la paz de manera urgente”, ha indicado el magnate de los fertilizantes Andrei Melnichenko. Mijaíl Fridman, de origen ucranio, expuso tras conocer que era sancionado por la UE: “Me siento muy unido al pueblo ucranio y al ruso, y veo el conflicto como una tragedia para ambos. La guerra no puede ser nunca la solución”.