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Unos funcionarios usaban sacos de arena para proteger un monumento, este sábado en Járkov.
Unos funcionarios usaban sacos de arena para proteger un monumento, este sábado en Járkov.ARIS MESSINIS (AFP)

Con un verdugo ceñido que deja solo al descubierto la nariz y los ojos y un fusil al hombro, el oficial Serguéi señala un modesto edificio agujereado por los bombardeos: “¿Vienen a nuestra casa y esperan que les demos las gracias? Se lo hicimos pagar y lo seguiremos haciendo”, dice. “Esta es nuestra tierra”. La primera semana de marzo, tanques y vehículos blindados rusos entraron en Kulbakino, un pequeño pueblo junto a Mikolaiv (sur del país), una ciudad conocida por sus astilleros que se ha convertido en uno de los símbolos de la resistencia ucrania contra las fuerzas del Kremlin. Los soldados de Vladímir Putin, con sus tétricas Z blancas pintadas en los blindados, habían tomado ya Jersón, en el mar Negro, la que ha sido su mayor captura, y avanzaban por el flanco sur, ansiando llegar a Odesa, el principal puerto de Ucrania. En un primer embate, lograron controlar el aeródromo militar de Kulbakino, una fábrica y algunas partes estratégicas de la pequeña localidad. Los combates fueron feroces, pero en una durísima contraofensiva, las tropas ucranias eliminaron a la mayor parte del batallón ruso e hicieron retroceder a las fuerzas del Kremlin.

Incluso en el frente sur, donde estaban haciendo sus mayores avances, las fuerzas de Putin no solo están empantanadas un mes después de iniciar la invasión, sino que chocan con la fuerte resistencia de unas tropas que el presidente Vladímir Putin infravaloró y que les está forzando a retroceder en algunos puntos. En la factoría de Kulbakino donde se hicieron fuertes los soldados rusos todavía quedan restos de la cruenta batalla. El Ejército ucranio aún la está limpiando. El “paisaje”, apunta el oficial Serguéi encogiéndose de hombros, “no es agradable a la vista”. Las tropas de Kiev neutralizaron “al 90%” de los “entre 250 y 300″ uniformados del Kremlin que lanzaron la operación contra Kulbakino y lograron capturar, además, un rosario de cañones y algunos blindados chamuscados. “Ahora son nuestros”, dice Serguéi mientras enseña un vídeo filmado tras el combate que muestra las armas, la tierra quemada y los restos de la batalla.

El viernes, en medio de una falta de avances sustanciales en la conquista, con importantes pérdidas de armamento y de personal y enormes dificultades de manejar a la población en las ciudades conquistadas y mantener sus logros, el Ministerio de Defensa ruso anunció que había cumplido los objetivos de la “primera etapa de la operación” y que se centraría en asegurar el área de Donbás, donde se ha librado durante ocho años la guerra entre las tropas de Kiev y los separatistas prorrusos apoyados y controlados por Moscú y que están sirviendo como pantalla para el conflicto iniciado el 24 de febrero.

El humo provocado por una de las explosiones de este sábado en Lviv.
El humo provocado por una de las explosiones de este sábado en Lviv.Albert Garcia

Esa declaración permite al Kremlin mantener la repetida retórica ante su audiencia de que todo está saliendo según el plan, y podría sugerir que Putin está recalibrando sus intenciones en Ucrania. Sin embargo, en un escenario inundado desde el principio de declaraciones contrarias a la realidad por parte de las autoridades rusas —el anuncio de retirada de tropas a principios de febrero, el de que no tenían intención de invadir Ucrania—, que ya han demostrado su gusto por las maniobras de despiste para sus operaciones tácticas, el anuncio siembra serias dudas. Moscú aseguró, además, que aunque “no excluye” que sus fuerzas asalten las principales ciudades ucranias —como Kiev, Járkov, Chernígov o Mikolaiv—, tomarlas no era el objetivo principal.

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Y en otra contradicción más, el Kremlin ha vuelto este sábado a ondear la amenaza del uso de armas nucleares en Ucrania. El expresidente Dmitri Medvédev, que ahora ostenta la vicepresidencia del Consejo de Seguridad de Rusia, aseguró que el país euroasiático “tiene derecho” a usar armas nucleares contra un Estado que “ponga en peligro la existencia” de Rusia, aunque ese Estado haya usado armas convencionales.

Además, tras el anuncio de que se centrarían en la región de Donbás, en el este, las fuerzas rusas han seguido castigando con fuerza Chernígov, en el noreste del país, muy cerca de la frontera con Bielorrusia y una ciudad ahora prácticamente cercada después de que las tropas de Putin bombardeasen el puente por el que abandonaba la ciudad una ciudadanía atrapada y aterrorizada; sobre todo después de que un ataque contra una cola del pan esta semana mató a diez personas. También Járkov, la segunda ciudad del país, donde han seguido con sus ataques a zonas residenciales. Este sábado, en otro órdago, Moscú ha lanzado misiles contra los alrededores de Lviv, en el oeste del país, una ciudad que sirve de escape hacia Polonia para los refugiados. Un ataque, además, el día en que el presidente estadounidense, Joe Biden, está de visita en Varsovia.

El líder de EE UU comentó este sábado que no se cree el anuncio ruso. También los servicios de espionaje occidentales dudan de las verdaderas intenciones de Putin. Y Kiev ha reaccionado con gran escepticismo. Mijailo Podoliak, asesor del presidente Volodímir Zelenski y uno de los principales negociadores en las conversaciones con Moscú, advierte de que el Kremlin no ha abandonado sus verdaderas intenciones de tomar grandes ciudades, sobre las que está aplicando ataques sangrientos y de desgaste ante la falta de logros. “Aprovecharán el anuncio para reagruparse”, dice Podoliak. Un oficial de inteligencia de un país de Europa Central, que habla bajo anonimato, cree que el anuncio es una maniobra táctica que Moscú aprovechará para rearmarse, analizar sus posiciones e intereses y preparar una segunda fase de la contienda. Mientras tanto, Putin necesita algo para vender como una victoria de aquí al 9 de mayo, cuando se conmemora el día de la Victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi y el día que oficiosamente es la fiesta nacional rusa, con gran desfile militar en la plaza Roja de Moscú.

La creación de un corredor terrestre entre Crimea —que Rusia invadió y se anexionó ilegalmente en 2014— y los territorios de Donbás que controla a través de los separatistas prorrusos, y la conquista de Mariupol, la ciudad portuaria reducida a escombros por los ataques y que se ha convertido en símbolo del sufrimiento civil, podría brindarle esa victoria. Con un ingrediente añadido: la localidad, que está en el área sur de Donbás, es la sede principal del Batallón Azov, fundado en 2014 por voluntarios ultranacionalistas (ahora reciclado y convertido en un brazo más de la Guardia Nacional Ucrania). Esto, frente a la realidad de una ciudad casi borrada hasta los cimientos, con ataques indiscriminados a civiles, escuelas, hospitales, refugios, colas del pan, podría casar con su retórica adulterada sobre su operación de “desnazificación” y liberación.

Un informe a fondo del Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, advierte también de que el anuncio de Rusia está dirigido en realidad a la ciudadanía rusa. Es “probablemente un intento de pasar por alto los fracasos del ejército ruso para una audiencia nacional y centrar la atención en la única parte del escenario en el que las tropas rusas están logrando algún progreso en este punto”, señalan. Por ahora, los principales logros rusos se han dado en algunas zonas del este y en el sur. El Ejército ucranio ha advertido este sábado de que las fuerzas del Kremlin se están reagrupando para lo que podría ser una nueva ofensiva en la región de Lugansk, donde han estado atacando edificios residenciales y almacenes de alimentos.

Con los nuevos movimientos, el Kremlin puede tratar de rodear a las fuerzas ucranias desplegadas en la línea del frente de Donbás —ya muy militarizada por los ocho años de guerra y que Kiev reforzó un par de días antes de la invasión por el temor a que los ataques llegasen por ahí, lo que descubrió otras zonas— desde el norte y desde del sur.

El Kremlin ha logrado hacerse con el control del mar de Azov y, a falta del sometimiento total de Mariupol, donde siguen atrapadas bajo las bombas miles de personas en una situación catastrófica, también ha creado el ansiado corredor terrestre. Sin embargo, pese a la victoria inicial en ese flanco, el avance por la costa del mar Negro se ha complicado para Putin. Tras la batalla de Kulbakino y de otras contiendas estratégicas en ciudades de los alrededores, las tropas ucranias están luchando ya contra los rusos en Jersón, la única capital regional ocupada. Con la contraofensiva ucrania a pleno rendimiento, el Pentágono considera a Jersón como “territorio en disputa”.

Con el repliegue forzado de las tropas rusas, una relativa calma ha llegado a Mikolaiv, una ciudad que se ha convertido en un escudo para Odesa y que ha pagado un coste humano altísimo por su resistencia. El viernes, el presidente Zelenski la nombró ciudad heroica, un galardón de la época soviética a las ciudades que resistieron al nazismo y que el líder ucranio ha rescatado en esta guerra.

Mientras retrocedían y al ver que perdían el dominio del pueblo, los soldados rusos bombardearon cuatro humildes inmuebles de apartamentos en Kulbakino. Allí, Mijaíl teme que esa calma relativa —en la distancia se escuchan bombardeos— no dure. Ha llenado su ajado coche Lada y se va a la dacha (casa de campo) con su esposa. Dice que ha tenido suerte, uno de los ataques cayó en su edificio, pero en otro portal. Los apartamentos del cuarto y el quinto piso están llenos de cascotes y escombros. No hubo muertos. Sus habitantes estaban en el refugio cuando llegaron las bombas. Un refugio profundo, oscuro y húmedo en el que llevan durmiendo Galina y Ludmila, de 63 años, desde el principio de la invasión: 30 noches en un colchón.

Un miembro de las brigadas de defensa territorial ucranias, el viernes en un apartamento de Kulbakino.
Un miembro de las brigadas de defensa territorial ucranias, el viernes en un apartamento de Kulbakino.María Sahuquillo

Mikolaiv sigue siendo objetivo prioritario del Kremlin y permanece dentro del alcance de la artillería rusa. El lunes, un bombardeo destinado al edificio de la Administración terminó impactando contra un hotel. Otro, en un hospital psiquiátrico que estaba en renovación y contra unas cuantas casas junto al centro sanitario. Era medio día y Valentina esta sentada en la cama pelando patatas para el almuerzo cuando sintió la enorme explosión que reventó los cristales de su bajo de una sola habitación y se llevó un trozo de techo. Todavía tiembla como un flan cuando recuerda el estruendo. Su esposo, Boris, que a sus 69 años todavía trabaja de constructor para completar la raquítica pensión de 180 euros al mes, se lleva las manos a la cabeza. “Y mientras tanto, el fascista de Putin en su búnker”. Valentina le corrige: “Putler [una adaptación del nombre del líder ruso y el de Adolf Hiltler], ahora le llamamos Putler”.

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Una gran columna de humo se alza sobre una zona logística de Chaiky, a las afueras de Kiev. A media mañana del jueves, justo cuando arranca el segundo mes de guerra en la exrepública soviética, se escuchan intensas detonaciones en el lugar. Algunos de los militares ucranios que custodian la zona a unos metros de un retén de bomberos se muestran enervados por la situación. En primera línea de combate, a unos kilómetros de aquí, la estrategia del Ejército local sigue siendo golpear las columnas de suministro logístico de los rusos y tratar de rodear a sus tropas una vez desabastecidas, explica optimista a este periódico un portavoz militar en Kiev. Calcula que el Kremlin tiene desplegados unos 19.000 hombres en el noroeste de la capital ucrania, principal objetivo militar y político del presidente ruso, Vladímir Putin, desde que ordenó la invasión.

Un puñado de vecinos de las casas más próximas al polígono alcanzado por los proyectiles se paran apenas unos segundos mientras el sol queda por momentos eclipsado por la humareda. De inmediato siguen con su vida, como un hombre que no oculta que permanece en su casa junto a su mujer, sus hijos y sus nietos. No es el primer día que los continuos zambombazos son la banda sonora en estas calles de Petropavlivska Borschahivka, la localidad a la que pertenecen. Testigo privilegiado de los combates es la iglesia ortodoxa erigida en honor al nacimiento de la virgen María.

Las fuerzas de tierra que comanda el general Oleksandr Sirskii llevan días no solo impidiendo el avance de los rusos a las afueras de Kiev, sino que su intención es rodear la zona en la que se encuentran estancados en las disputadas localidades de Irpin, Gostomel, Bucha y Makariv con serios problemas logísticos, detalla Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército. La estrategia es cortar la llegada de apoyo a los rusos desde la retaguardia en forma de combustible, municiones o comida a la línea del frente.

Los mencionados son enclaves estratégicos que Rusia quiso tomar desde el principio como punta de lanza para meter a sus hombres en el centro de la capital. Los carros de combate del Kremlin llegaron hasta aquí muy pronto, apenas un par de días después de la invasión ordenada por Putin, pero lo que entonces parecía un progreso rápido y casi imposible de frenar se ha acabado estancando.

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El Ejército ruso “ha perdido el potencial de ataque, su estado moral y psicológico es bajo. Todo lo que pueden hacer ahora es saqueo, robar todo lo que pueden, destrozar todo lo que tocan”, afirma Fitio, que estima que hay unos 16.000 soldados rusos en la región noroeste de Kiev a los que hay que sumar unos 3.000 más dedicados a la defensa aérea y la logística. “Las Fuerzas Armadas ucranias intentan echar al enemigo de estas ciudades y sus alrededores y llevar a cabo una limpieza”, y “en el caso de que el enemigo decida atacar a Kiev, será parado y eliminado”. “Por ahora estamos intentando hacerles retroceder”, añade.

Ucrania está recibiendo ayuda desde el extranjero tanto en efectivos como en armamento, pero las autoridades prefieren que esos detalles se mantengan lejos del foco mediático. “Agradecemos a los países amigos el suministro de ayuda, que es muy necesaria. Pero no hay necesidad de hablar de ello”, ha comentado en Kiev este jueves Oleksandr Motuzianik, portavoz del Ministerio de Defensa, en una comparecencia pública.

Cadáveres abandonados

En Irpin, Bucha o Gostomel sigue habiendo estos días enfrentamientos, reconocen fuentes militares ucranias. No quieren referirse, sin embargo, a las bajas que están sufriendo las tropas locales, pero hablan de miles de rusos desperdigados por el campo de batalla cuyos cuerpos no están siendo recogidos.

“Necesitamos que el mundo vea cuántos cuerpos de los soldados rusos están tirados en los campos y que nadie quiere recogerlos”, comenta el portavoz militar, que incluso se refiere a “una catástrofe ecológica”, especialmente en la región de Sumy, donde no se retira ninguno. “La parte rusa no está interesada en recoger los cuerpos para que no se conozca el número real de los muertos y la parte ucraniana se ve obligada a hacer fosas comunes”, pero “no es siempre posible, porque no se puede hacer en las zonas del combate, ni tampoco es posible hacerlo en los territorios ocupados por las tropas rusas”.

Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.
Volodímir Fitio, uno de los portavoces del Ejército de Ucrania, este jueves en Kiev.Luis de Vega

El pasado lunes el diario Komsomolskaya Pravda, un medio afín al Kremlin, publicó durante unos minutos que hasta el momento habían perdido la vida 9.861 militares rusos en la guerra de Ucrania y 16.153 habían resultado heridos. Las autoridades no han desmentido esas cifras, mientras que la dirección del tabloide asegura que aquel día fue pirateada la interfaz de su sitio web y alguien manipuló la pieza con “información inexacta”. Hasta el momento, Moscú solo ha informado oficialmente el pasado 2 de marzo de 498 muertos y 1.597 heridos en sus filas.

Volodímir Fitio reclama “apoyo internacional y de países miembros de la OTAN con armamento” y también: “Necesitamos que todos los negocios internacionales que todavía no han salido de Rusia, salgan del país y no paguen impuestos que financian las Fuerzas Armadas rusas y esta guerra”. El portavoz militar considera que si cae Ucrania, Putin pondrá en su punto de mira otros países europeos. “Y no será solo Polonia, irá hasta Alemania y aún más lejos”, pronostica.

Mientras, en las calles de Petropavlivska Borschahivka, bajo la columna de humo, los integrantes del cuerpo de defensa civil controlan la circulación y el tránsito de personas en los alrededores de la zona industrial atacada. Uno de ellos, Sasha, va con una mochila a la espalda y busca transporte hasta el centro de Kiev. Como muchos otros, tiene a su mujer y dos hijos en el oeste del país y, tras este mes de guerra con la defensa civil, ha decidido dar el salto al Ejército. Los zumbidos de misiles que rompen el cielo hacen al reportero maldecir mirando hacia arriba entre las risas de los presentes, que están más que habituados. “No pasa nada”, tranquilizan.

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Dmitro Kuleba atiende a EL PAÍS a través de una llamada de Skype desde un lugar que no revela por motivos de seguridad. El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, convertido en una de las voces que hablan más alto del sufrimiento de su país en este primer mes de invasión rusa, se muestra en esta entrevista más satisfecho con la reacción a la guerra de la Unión Europea que con la de la OTAN. Kuleba (40 años, Sumi, Ucrania) avanza que los enviados rusos y ucranios no se han puesto aún de acuerdo en ninguno de los puntos claves de la negociación y reclama garantías de seguridad para su país para el futuro. “Putin es un criminal de guerra. Rusia sentirá las consecuencias durante décadas”, asegura.

Pregunta. Tras un mes de guerra, ¿cuál es la situación?

Respuesta. Es difícil acostumbrarse, pero hemos aprendido a vivir en guerra. Nos adaptamos a esta realidad, a sus sonidos, a las historias desgarradoras. No es fácil, pero tenemos que hacer más que todo lo posible para poner fin a esta guerra y ganarla para poner fin al sufrimiento de nuestro pueblo y la destrucción de nuestras ciudades.

P. ¿Cómo son las relaciones ahora con la UE y la OTAN?

R. Al principio de la agresión rusa, la Unión Europea reaccionó rápido y enérgicamente imponiendo varias rondas de sanciones realmente dolorosas. Sin embargo, a medida que avanza la guerra, tenemos que seguir aumentando la presión sobre Rusia, hay que imponer nuevas sanciones y proporcionar a Ucrania asistencia militar y financiera adicional. Y en los últimos 10 días he notado una cierta desaceleración en el proceso de toma de decisiones. En Europa parece que cada vez les cuesta más pactar nuevas sanciones. Es muy molesto, porque los que creen que ya hicieron bastante se equivocan. Agradecemos todo lo que se ha hecho, pero queda por hacer. El cielo es el límite. Rusia está contraatacando en el frente económico, en el frente financiero y está tratando de poner a la UE en una situación difícil, especialmente con su reciente decisión de imponer pagos en rublos por el gas y el petróleo. Si los países europeos aceptan esto, estarán subsidiando la guerra rusa y los crímenes. Tienen que encontrar la manera de evitar esta trampa. La situación con la OTAN es más complicada, porque es más cautelosa. Cooperamos más con los aliados a nivel bilateral que con la OTAN en su conjunto.

Estamos luchando por nuestra existencia. Putin no nos romperá. Sobreviviremos y prevaleceremos

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P. ¿Está decepcionado con la OTAN?

R. Yo no, porque siempre he sido bastante realista. Soy diplomático, lo que me permite de entender cómo funcionan las cosas. Pero la ciudadanía de Ucrania está decepcionada. Antes de la guerra, era frecuente pensar que la OTAN es fuerte y la UE, débil. Las primeras semanas de guerra demostraron lo contrario. Hablo de la percepción del público, no de mi valoración. Ahora, si la UE retrocede a su búsqueda interminable de consenso en lugar de tomar medidas serias para contrarrestar los problemas, la gente también se sentirá decepcionada. Pero por el momento, tiene todas las oportunidades para demostrar que aprende los errores del pasado y está lista no solo para hablar, sino también para actuar. Adoptó una posición muy fuerte y es importante que no pierda esa credibilidad. Si lo hacen, seguiremos luchando, pero la credibilidad de Europa se perderá.

P. Ucrania pide nuevas sanciones.

R. Deben adoptarse algunas sanciones clave. Lo primero es acabar con la dependencia del gas y el petróleo rusos. Si no se puede hacer en un día, debería haber un plan claro de retirada gradual. No entiendo por qué la UE no ha cerrado hasta ahora todos los puertos de la UE a los barcos y mercancías rusos. Todos los bancos rusos deben desconectarse de [la plataforma de pagos internacionales] SWIFT. Ahora ocurre algo a medias: desconectas algunos bancos del SWIFT, la gente va a otro banco, abre una cuenta y se conectan de nuevo. Así no funcionan las sanciones. Si la UE no impone más sanciones, no habrá excusas para explicar por qué no lo hicieron.

La ciudadanía de Ucrania está decepcionada con la OTAN

P. ¿Cómo van las conversaciones con Rusia?

R. Rusia quiere discutir las demandas que el presidente Vladímir Putin mencionó al comienzo de la agresión: neutralidad de Ucrania; reconocer a Crimea como parte de Rusia, y a Donetsk y Lugansk como entidades independientes; desmilitarización; desnazificación y estatus del idioma ruso en Ucrania, ¡Es una locura! A veces ni siquiera pueden explicar a qué se refieren. Cuando preguntas qué quieren decir con desnazificación, les resulta difícil explicarlo. Ucrania está interesada en tres cosas: garantías de seguridad; el reconocimiento de su integridad territorial dentro de las fronteras internacionales reconocidas —lo que incluye a Crimea y al Donbás—; y el alto el fuego y retirada del Ejército ruso. Tras cuatro semanas de conversaciones, estamos más o menos donde empezamos. Hay cierto acuerdo sobre cuestiones secundarias y técnicas. Pero no hay un progreso serio en ningún asunto crucial o de principios; ya sea para Rusia o Ucrania.

Europa debe acabar con la dependencia del gas y el petróleo ruso

P. ¿Qué temas secundarios?

R. Que Ucrania debe recibir garantías de seguridad no solo de Rusia, sino también de otros países. Rusia accedió a esta reclamación. Otro tema secundario sobre el que hay acuerdo es que todo lo que se pacte debe tener valor legal y debería ser ratificado por el Parlamento.

P. ¿A qué se refiere Ucrania cuando habla de garantías de seguridad?

R. La garantía de seguridad de España como miembro de la OTAN es el artículo 5, que dice si alguien la ataca, todos los demás miembros la defenderán. Queremos algo similar que diga que si alguien ataca a Ucrania, aquellos países que brindan sus garantías de seguridad proveerán a Ucrania en 24 horas todas las armas necesarias, adoptarán una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU exigiendo parar la agresión e impondrán sanciones.

P. ¿Y también constarán los nombres de los países que darán estas garantías de seguridad?

R. Sí. Estamos en conversaciones con Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y Turquía sobre su potencial participación en este modelo. Han reaccionado positivamente a esa idea. Aún está bajo discusión, pero estoy satisfecho con sus reacciones iniciales. Este es el único elemento que estamos discutiendo con ellos. Todo lo demás es parte de las conversaciones entre Rusia y Ucrania.

¿Desnazificar Ucrania? ¡Es una locura! Los rusos no pueden explicar ni a qué se refieren

P. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ya habló de neutralidad y abrió la puerta a ello. Incluso dijo hace unos días que la OTAN no está lista para Ucrania. ¿Estaría dispuesta Ucrania a aceptar la neutralidad?

R. Los diplomáticos suelen decir que nada está acordado hasta que todo está acordado. Sería prematuro decir que acordamos cualquier elemento del acuerdo potencial. Para nosotros, el tema más importante no es la neutralidad, sino las garantías de seguridad. Si conseguimos esas garantías, tendremos que dar un paso. El presidente Zelenski simplemente señaló que las últimas cuatro semanas demostraron que estamos más distantes de la OTAN que de la UE, porque en las dos primeras semanas la UE abrió sus puertas a Ucrania. Y la OTAN desafortunadamente no dio ningún paso hacia la membresía de Ucrania. Tenemos que ser realistas sobre la OTAN.

P. Cuando el acuerdo con Rusia esté listo, ¿se consultará con la ciudadanía ucrania?

R. Depende de lo que quede en el texto final. Por supuesto, si este borrador implica algún tema que requiera un referéndum, esa cuestión se someterá a consulta. Pero es demasiado pronto para decir qué puede ser.

P. Estados Unidos ha alertado sobre la posibilidad de que Rusia use armas químicas. Las autoridades ucranias han denunciado el uso de fósforo blanco por parte de Rusia. ¿Tienen evidencia de ello?

R. Aunque suene aterrador, Rusia ha usado en las últimas cuatro semanas todo tipo de armas, excepto armas químicas con gas y armas nucleares. Ha usado los misiles y las minas más avanzadas, artillería, todo… Y también armas prohibidas por la ley internacional, como el fósforo o bombas de racimo. Tenemos información que sugiere que Rusia está realizando movimientos para preparar armas químicas. Nuestros socios occidentales han dicho que si lo hacen, Moscú se enfrentará a graves consecuencias. Sería muy útil saber ahora qué tipo de consecuencias. Y estas deberían ser lo suficientemente duras. Espero y ruego a Dios que Rusia no use armas químicas ni nucleares, pero nada nos derrumbará porque estamos luchando por nuestra existencia, por nuestros derechos de ser ucranios. Y el presidente Putin puede hacer lo que quiera, pero no nos romperá. Sobreviviremos y prevaleceremos.

P. ¿Cuál es la situación de Mariupol, convertida en un símbolo de los ataques contra la población civil, y de otras ciudades bajo bombardeos constantes como Járkov o Chernihiv?

R. Lo más cínico de Rusia es que sus esfuerzos para legitimar su guerra tienen que ver con el genocidio y con la protección del idioma ruso. Dicen que Ucrania está cometiendo un genocidio contra los hablantes de ruso, pero ataca a las ciudades de habla rusa. Esto demuestra que no es antiucranio, es antihumano. Para él, no importa el idioma que hables. Si decide matarte, lo hará. Propondrá cientos de argumentos para legitimar sus locos y despiadados planes, pero llegó aquí bajo el lema de protección a los rusoparlantes y mató a miles de ellos. El Tribunal Internacional de Justicia declaró que no encontró evidencia de genocidio en Ucrania. Mariupol es como Stalingrado para la Unión Soviética o Alepo para Siria. Es el lugar donde el sufrimiento de los civiles es insoportable y el heroísmo de sus defensores es inimaginable. Putin es un criminal de guerra. Primero fallará y después se enfrentará a la responsabilidad por ello. Rusia pagará las consecuencias durante décadas. Pero eso es el futuro, lo importante ahora es dejar de escatimar esfuerzos para detenerlo y detener el sufrimiento de la gente.

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La invasión rusa de Ucrania ha provocado el mayor flujo de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Más de 3 millones de personas han escapado del país desde el pasado 24 de febrero, pero la Unión Europea calcula que el número podría llegar a superar los 6,5 millones. Estos son los planes de los países europeos para gestionar la llegada de refugiados a partir de la aprobación de una directiva comunitaria de acogida ilimitada de los que huyen de las bombas.

Polonia, un permiso de 18 meses

Polonia, el país que más refugiados ucranios ha recibido desde el inicio de la guerra (dos millones de un total de 3,3 millones), ha aprobado una ley por la que podrán permanecer legalmente durante 18 meses, prorrogables a tres años. El Senado, con mayoría opositora, propuso otorgarles el derecho indefinidamente, pero lo rechazó la otra Cámara, el Sejm, dominada por el gobernante partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS).

Los refugiados ucranios están obteniendo un número de identificación nacional conocido como Pesel y podrán trabajar y acceder a los servicios sanitarios y educativos. Decenas de miles de niños ucranios ya están matriculados en las escuelas del país. Cada uno recibirá, además, 300 eslotis (unos 64 euros), y las personas e instituciones que los alojan, 40 eslotis (ocho euros) al día con retroactividad.

Polonia —cuya población, ONG y administraciones locales se han volcado en la ayuda a los refugiados— es en bastantes casos un país de paso hacia otros más ricos de la UE, como Alemania o Italia, pero se calcula que la mitad de huidos, en torno a un millón, sigue en el país, principalmente en las grandes ciudades. La población de Varsovia ha aumentado un 17% por la presencia de 300.000 refugiados, informó su Ayuntamiento la semana pasada. Tiene que ver en parte con la tupida red de acogida que conforma la presencia, previa a la guerra, de otro millón de ucranios, principalmente migrantes económicos atraídos en los últimos años por salarios más altos, facilidades con el visado y una lengua similar. Sus visados y permisos de residencia serán prorrogados hasta final de año si expiraron durante la guerra. Polonia necesita mano de obra en aquellos empleos que sus emigrantes cubren, por ejemplo, en Francia o España.

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Pabellón deportivo de Hrubieszow (Polonia), reconvertido en centro de acogida de refugiados.
Pabellón deportivo de Hrubieszow (Polonia), reconvertido en centro de acogida de refugiados. Massimiliano Minocri

Italia: un presupuesto de 400 millones

En Italia se concentra la comunidad de ucranios expatriados más grande de la Unión Europea, con unos 236.000 inmigrantes. Desde el inicio de la ofensiva rusa y hasta este sábado, han llegado a Italia casi 56.000 personas procedentes de Ucrania, de las cuales cerca de 29.000 son mujeres, 22.000 menores y unos 5.000 hombres, según el Ministerio de Interior.

El Ejecutivo, que se está preparando para recibir a unos 83.000 refugiados ucranios, declaró a inicios de mes el estado de emergencia humanitaria hasta el 31 de diciembre, una fórmula que le permite movilizar recursos con mayor rapidez y facilidad.

El plan para acoger a los refugiados que ha preparado el Gobierno de Mario Draghi prevé destinar en total 400 millones de euros a su acogida. La semana pasada aprobó un decreto para crear 75.000 nuevas plazas en la red nacional de centros de acogida, que se suman a las 8.000 ya disponibles. Las asociaciones, comunidades de acogida de ONG y otras organizaciones voluntarias, así como las familias que alojen a refugiados, recibirán una contribución diaria de unos 35 euros por cada refugiado hasta el 31 de octubre. Los refugiados que soliciten protección internacional y se encarguen de su propio alojamiento recibirán también una asignación, variable en función de su situación familiar, durante 90 días. Además, los titulares de protección internacional y los médicos y personal sanitario ucranios tendrán permiso inmediato de trabajo.

Una mujer ucrania se acerca al punto fronterizo de Dolhobyczowm, el pasado 10 de marzo, para cruzar la frontera hacia Polonia.
Una mujer ucrania se acerca al punto fronterizo de Dolhobyczowm, el pasado 10 de marzo, para cruzar la frontera hacia Polonia.MASSIMILIANO MINOCRI

Francia: subsidios de 426 euros

Aunque Francia tiene una comunidad ucrania menor que países como España —unos 18.000 permisos de residencia concedidos—, el flujo de ucranios que huyen de la ofensiva rusa en su país no para de crecer y más de 30.000 refugiados, sobre todo mujeres y niños, han llegado ya a Francia, que está dispuesta a acoger hasta a 100.000. Los refugiados ucranios podrán acceder a cuidados médicos, recibir el subsidio para demandantes de asilo (alrededor de 426 euros mensuales, aunque la cifra varía según la composición familiar) durante el tiempo que estén bajo la protección oficial y también tendrán derecho a solicitar ayudas personalizadas para el alojamiento como muchos ciudadanos franceses. Las autoridades trabajan, además, para escolarizar rápidamente a los menores y ya 650 acuden a una escuela en sus lugares de acogida, según el Ministerio del Interior. La compañía nacional ferroviaria, la SNCF, les permite viajar gratis en sus trenes regionales y de alta velocidad.

España: papeles en 24 horas

España ha sido uno de los primeros países en adoptar la directiva de protección temporal para los desplazados de Ucrania. También es uno de los pocos que la ha interpretado de forma más generosa y ha incluido, por ejemplo, a los ucranios en situación irregular. España, a diferencia de otros países como Alemania, Italia o Grecia, no tiene “datos fiables” sobre el número de desplazados que ya han llegado al país y mantiene un sistema “flexible” de acogida que permita adaptarse a la afluencia de refugiados.

El plan de recepción en España se sustenta en dos pilares: la obtención de la documentación, en un procedimiento exclusivo de apenas 24 horas, y la ampliación de la red de acogida con más de 21.000 camas, gracias, en buena parte, a la colaboración de las comunidades autónomas. El Ejecutivo ha abierto cuatro centros de recepción y derivación en Madrid, Barcelona, Málaga y Alicante. Las comisarías provinciales de toda España también están tramitando los papeles necesarios.

La primera acogida de los desplazados se ha delegado en tres ONG (ACCEM, CEAR y Cruz Roja) que gestionan los recursos estatales. Se estudia también la creación de un programa nacional de acogimiento familiar. La gran comunidad ucrania, de 112.000 personas, está de momento absorbiendo a la mayor parte de los recién llegados, pero ya son al menos un millar los que han solicitado acogida en diversas partes del país.

Una mujer y un niño, sentados en un tren que parte de la Estación Central de Lviv (Ucrania) con destino a Polonia, el pasado 2 de marzo.
Una mujer y un niño, sentados en un tren que parte de la Estación Central de Lviv (Ucrania) con destino a Polonia, el pasado 2 de marzo.Jaime Villanueva Sánchez

Reino Unido: más voluntarismo que realidad

La presión de la opinión pública ha empujado desde el primer momento al Gobierno de Boris Johnson para que tuviera con los refugiados de Ucrania mucha más generosidad que la que mostró en un principio. Mientras la UE abría sus puertas, sin reclamar visado, a los cientos de miles de personas que huían de la guerra, el Reino Unido ofrecía un plan cicatero de acogida al que prácticamente solo podían acogerse los ucranios que tuvieran familiares en territorio británico. Y aun así, debían someterse a los trámites burocráticos de inmigración y a los controles de seguridad pertinentes. La ministra del Interior, Priti Patel, llegó a estimar en 200.000 las personas que se beneficiarían del plan de reagrupación familiar. Hasta la fecha, apenas han sido 6.000.

Las duras críticas de las organizaciones de ayuda a los refugiados de la oposición política forzaron a Johnson a cambiar de estrategia. Puso la gestión de la crisis en manos de su ministro para todo, Michael Gove —hoy al frente del departamento de Reequilibrio Económico Territorial del Reino Unido—, quien enseguida lanzó una campaña con una mezcla de populismo, solidaridad y falta de previsión. El Gobierno ofreció 350 libras mensuales (unos 415 euros) a los ciudadanos que acogieran en su hogar un refugiado ucranio o una familia entera (la cifra no variaba, al margen del número de huéspedes). La estancia mínima debían ser seis meses. La máxima, 12. Pero el proceso de llegada no se simplificó en absoluto. El primer día en que se lanzó la página web de Homes for Ukraine (Hogares para Ucrania), cerca de 90.000 personas registraron su interés en participar. La página se colapsó durante horas. El Gobierno remitía a las ONG para el proceso de selección de las personas, y era incapaz de solucionar las miles de dudas que surgían sobre la marcha. Ya son más de 120.000 las solicitudes de los ciudadanos, pero de momento, el proceso de acogida es más voluntarista que real.

Rumania y Moldavia: alojamiento, permiso de trabajo, sanidad y educación

En Rumania, por donde han huido de la guerra medio millón de ucranios, se calcula que hay alrededor de 100.000 refugiados. El lazo familiar constituye el principal motivo de su marcha hacia otros países, pero quienes permanezcan en Rumania —hasta ahora solo han pedido la acogida poco más de 4.000— se beneficiarán de comida, ropa, alojamiento, permiso de trabajo, acceso a la sanidad pública y a la educación, transporte gratis y ayuda psicológica y jurídica, además de un apoyo financiero de unos 120 euros al mes, según el Gobierno. Las familias que acojan a ucranios también recibirán esa misma suma de dinero por persona, según el Consejo Nacional Rumano para Refugiados. También se les proporcionará traductores para agilizar su proceso de integración en la sociedad.

En la vecina Moldavia hay 99.475 ciudadanos ucranios, casi la mitad de ellos menores, y las autoridades aseguran que dispondrán de todos los derechos de los ciudadanos del país, con la sola excepción de que no podrán participar en la vida política. Más de 700 niños ucranios ya están inscritos en centros educativos moldavos.

Con información de Antonio Pita (Lublin, Polonia), Lorena Pacho (Roma), Silvia Ayuso (París), María Martín (Madrid), Rafa de Miguel (Londres) y Raúl Sánchez Costa (Bucarest).

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Los ciudadanos de Ucrania recibieron el pasado jueves en su teléfono móvil un SMS de la Fiscalía General del Estado (GPU). Este organismo pedía a la población que registre en una página de internet del Gobierno testimonios de los crímenes de guerra que esté cometiendo Rusia durante la ocupación. Estos documentos, indica la fiscalía, servirán en el futuro para reclamar compensaciones ante el Tribunal Penal Internacional (TPI) y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH).

“¡El país agresor lo pagará todo!”, anunciaba el encabezado del mensaje: “Su testimonio, fotos y vídeos se utilizarán como prueba en los tribunales internacionales de La Haya y Estrasburgo, así como en los tribunales ucranios para castigar a los invasores, y tendrá derecho a una compensación adecuada y al restablecimiento de los derechos vulnerados”. El Gobierno del presidente Volodímir Zelenski ha puesto en marcha una página de internet en la que la población puede descargar la documentación que recaben en las zonas de conflicto. El acceso todavía amplio en Ucrania a una conexión a internet está permitiendo la transmisión de episodios de guerra por parte de miles de ciudadanos a través de imágenes tomadas con teléfonos móviles.

La morgue de Mikolaiv, el pasado lunes.
La morgue de Mikolaiv, el pasado lunes.María Sahuquillo

En la página habilitada por el Gobierno y la GPU, warcrimes.gov.ua, se actualiza un recuento de las posibles vulneraciones de los derechos humanos y de los crímenes de guerra perpetrados por las Fuerzas Armadas rusas y sus colaboradores ucranios, según las autoridades. Ludmila Denisova, comisionada para los Derechos Humanos del Parlamento de Ucrania, informó este viernes de que se han abierto 1.833 denuncias por crímenes de guerra, según el Código Penal ucranio, basado en el Estatuto del TPI. Estas denuncias afectarían a unos 70 cargos políticos y militares rusos. Denisova también reportó que 109 menores de edad han muerto en bombardeos y que 130 resultaron heridos.

La Unión Europea y Gobiernos como el de España, además del de Estados Unidos, han pedido al TPI que investigue las posibles vulneraciones de los derechos humanos y los crímenes de guerra cometidos por las fuerzas rusas. El fiscal jefe del TPI, Karim Khan, visitó el pasado viernes Ucrania y se comprometió a investigar y perseguir los crímenes contra el derecho internacional humanitario.

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La Oficina del Alto Representante para la Política Exterior de la UE emitió un comunicado el pasado jueves en el que advertía que penalmente “tendrán que asumir las consecuencias de estas graves violaciones y derechos humanos sus perpetradores, así como los cargos políticos y los líderes militares”. La UE hacía especial mención en el comunicado al asedio que está sufriendo la ciudad de Mariupol. El Ayuntamiento asegura que más de 2.000 personas habrían muerto en los bombardeos, un 80% de los edificios de viviendas se han visto dañados y un 30% han quedado completamente destruidos. También el presidente estadounidense, Joe Biden, ha hablado del presidente ruso, Vladímir Putin, como criminal de guerra.

“El teatro municipal de Mariupol fue duramente bombardeado pese a que era sobradamente conocido, y así estaba señalado, que servía de refugio para civiles, incluidos niños”, subraya la diplomacia europea. La oficina que encabeza Josep Borrell también cita un informe de Human Rights Watch en el que se constata el uso de bombas de racimo en la ciudad de Mikolaiv. “Estos ataques deliberados contra civiles e infraestructuras civiles son vergonzosos, reprobables y totalmente inaceptables. Suponen una grave violación del derecho internacional”.

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La magnitud de la crisis se nota en la velocidad con la que cambian las palabras. Cuando, hace apenas siete días, comenzó la ofensiva rusa sobre Ucrania, se hablaba de decenas de miles de potenciales refugiados. Pocos días después eran ya cientos de miles. Y, este miércoles, la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, ha estimado en cuatro millones “las personas que podrían escapar de Ucrania en las próximas semanas y meses”. Ya lo han hecho 874.026, según los datos difundidos por Acnur este miércoles. Es la mayor crisis de refugiados en Europa desde las guerras de los Balcanes en los años noventa del pasado siglo y, por su espectacular ritmo de incremento, va camino de ser la más grave desde la Segunda Guerra Mundial. “Estamos ante lo que podría convertirse en la mayor crisis de refugiados de Europa en este siglo”, indicó este martes el máximo responsable de la agencia, Filippo Grandi.

“A las puertas de los cruces fronterizos ya esperan decenas de miles de las más de 100.000 personas que se han desplazado en el interior forzadas por la barbarie que está acaeciendo sobre sus cabezas”, explica Gabriela Leu, portavoz de Acnur Rumania, que prevé que en cuestión de horas se supere la dramática cifra del millón de refugiados ucranios en los países limítrofes. “Se escuchan disparos continuamente por doquier, lo que hace que la seguridad de todos ellos sea frágil; incluso estamos recibiendo cientos de llamadas de desesperación porque les resulta imposible llegar a la frontera”, añade.

Naciones Unidas ha hecho un llamamiento urgente de ayuda humanitaria de 1.700 millones de dólares (unos 1.530 millones de euros), de los que 550 millones de dólares se destinarían a socorrer (desde un lugar donde dormir hasta ayuda psicológica) a los ucranios ―en su gran mayoría mujeres y niños― que escapan de la guerra. Más de la mitad (casi 454.000) han cruzado a Polonia por una frontera de más de 500 kilómetros. Es un país con un idioma parecido y en el que ya residen un millón de ucranios, principalmente migrantes económicos. También allí se dirigieron la mayoría de ucranios en 2014, tras la anexión rusa de Crimea y el inicio de la guerra del Donbás.

Una niña ucrania, en una tienda de campaña para refugiados en el paso de Siret, en Rumania.
Una niña ucrania, en una tienda de campaña para refugiados en el paso de Siret, en Rumania.Alex Onciu

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El resto cruza, por este orden, a Hungría, Moldavia, Eslovaquia, Rumania y Rusia, principalmente sin más perspectiva que salir de Ucrania y esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. “El perfil va cambiando. Antes, se dirigían a casa de un familiar o conocido, ahora no tienen ningún plan”, indica Sorin Ionita, director del think tank Expert Forum, desde Isaccea, un diminuto puerto rumano del Danubio.

Proyecto europeo para proteger a los refugiados

La Comisión Europea ha dado luz verde este miércoles con rapidez a un proyecto para aplicar la protección internacional a todas las personas que lleguen desde Ucrania. Está previsto que el Consejo de Ministros de la UE lo apruebe este jueves. Es un mecanismo establecido en 2001, a raíz de las guerras de los Balcanes, que nunca se ha utilizado. “Desafortunadamente, tenemos que prepararnos para la llegada de millones de personas”, dijo este martes la comisaria europea de Asuntos Internos, Ylva Johansson.

En el lado ucranio del principal paso fronterizo con la localidad rumana de Siret, la cola de coches se extiende hasta 20 kilómetros, por lo que la travesía desde Kiev, que normalmente duraría ocho horas, puede ser ahora de dos días. Algunos recorren a pie por el arcén los últimos kilómetros, en paralelo al atasco, pese a que nieva y la sensación térmica a mediodía es de seis grados bajo cero.

Reparto de comida gratuita, este miércoles en el paso de Siret.
Reparto de comida gratuita, este miércoles en el paso de Siret.Alex Onciu

Iryna Draganova y Elizaveta son dos pianistas de mediana edad de Mariupol, en el este de Ucrania, a las que, según se mire, el azar les puede haber salvado la vida o jugado una mala pasada. Ya en Rumania, Draganova cuenta que horas antes del comienzo de la invasión se encontraban en el aeropuerto de Kiev, preparadas para volar a la ciudad alemana de Dortmund. Para visitar a unos amigos, nada que ver con los tambores bélicos que ya resonaban. “Fuimos, seguro, de las primeras personas en enterarse de que había comenzado la guerra”, recuerda.

El cierre del espacio aéreo frustró el viaje y tuvieron que elegir entre quedarse en casa de unos amigos en la hoy bombardeada capital, intentar regresar a su ciudad ―casi rodeada por las fuerzas rusas y sin electricidad ni gas en la mayoría de barrios― o salir del país. “Nos quedamos en Kiev, pero muchas bombas nos hicieron cambiar de opinión”, asegura Draganova, que se refugia constantemente en el humor para lidiar con la nueva situación. Ha perdido el contacto con su familia, que vive a escasos kilómetros de una zona de Mariupol frecuentemente atacada, pero tiene la “corazonada” de que está viva. “Regresaremos lo antes posible, en cuanto Ucrania vuelva a ser un país independiente y soberano”, sentencia. “Mariupol no es seguro ahora. Creo que hicimos bien en quedarnos en Kiev”, apunta a su lado Elizaveta.

Elizaveta e Iryna Draganova, este miércoles en el paso de Siret.
Elizaveta e Iryna Draganova, este miércoles en el paso de Siret.Alex Onciu

Jacob Bencharsi, de 38 años, lleva dos días en Rumania. Fue evacuado en grupo de la ciudad de Hmelnitkii, en el sur de Ucrania, por su iglesia baptista. Es uno de los pocos hombres de su edad que ha podido cruzar, gracias a una exención de la ley marcial por tener tres hijos, uno de los cuales juguetea a su lado con la nieve. “La situación se ha ido deteriorando muy rápidamente. En el camino íbamos oyendo las sirenas antiaéreas y nos dábamos cuenta de la buena decisión que era salir”, explica junto a un amplio grupo de familiares.

Jacob Bencharsi (segundo por la izquierda) con un grupo de ucranios que acaba de cruzar la frontera por Siret, este miércoles.
Jacob Bencharsi (segundo por la izquierda) con un grupo de ucranios que acaba de cruzar la frontera por Siret, este miércoles. Alex Onciu

El negro cariz que toma la crisis de refugiados se aprecia en Siret. En apenas 24 horas se han levantado 16 tiendas de campaña de emergencia a muy pocos metros de la aduana y otra para refugiarse del frío justo a la salida de la aldea homónima. Se ven más puestos con comida, té, botellas de agua y pañales gratis para los recién llegados. “Ofrecemos sobre todo platos calientes, como sopas o pollo. Sabemos que están entrando diariamente hasta 10.000 personas y calculamos las cantidades en función de eso”, explica Morgan Rains, de World Central Kitchen, la ONG del chef José Andrés, desplegada en varios pasos fronterizos con Ucrania.

Instalación de una carpa a la salida del poblado rumano de Siret, este miércoles.
Instalación de una carpa a la salida del poblado rumano de Siret, este miércoles.Alex Onciu

“Todavía no se ha llegado a la cifra de personas que huyeron de la guerra de los Balcanes, pero podría eclipsarla si dura la guerra”, señala Ionita. El número global es aún menor, pero el ritmo del éxodo es más rápido que en 2015 ―cuando más de un millón de personas, sobre todo sirios, afganos e iraquíes, entró en la UE― y que en el precedente más cercano en suelo europeo: 1999. Ese año, cerca de 800.000 albanokosovares huyeron, sobre todo a Albania y a Macedonia del Norte, al comenzar los bombardeos de la OTAN contra Serbia. Esa misma década, la guerra de Bosnia dejó 1,2 millones de refugiados. Ya en ese momento, el ritmo de huidas se consideró inédito desde la Segunda Guerra Mundial. “Si continúa la guerra en Ucrania, las consecuencias demográficas pueden ser colosales en comparación con las causadas por el desmembramiento de la antigua Yugoslavia”, apunta Dumitru Sandu, experto en migraciones y catedrático de Sociología de la Universidad de Bucarest.

Rumania solo ha vivido una crisis similar: cuando decenas de miles de polacos ―entre ellos miembros del Gobierno― fueron acogidos por las autoridades rumanas justo después de que la URSS invadiera Polonia tras declararse la Segunda Guerra Mundial.

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El Ejército ucranio no escuchó la petición del presidente ruso de deponer las armas, y ahora Vladímir Putin les pide que den un golpe de Estado. “Tomen el poder en sus manos. Para nosotros será más fácil llegar a un acuerdo con ustedes que con esta pandilla de drogadictos y neonazis que ocuparon Kiev y tomaron como rehén a todo el pueblo ucraniano”, dijo el mandatario con la vista fija en la cámara durante una reunión de su Consejo de Seguridad, donde escuchó las últimas novedades del frente. En el segundo día de la invasión de Ucrania, las tropas rusas ya han llegado a Kiev, pero el Ejército ucranio se resiste a rendirse.

“Hago una vez más un llamamiento al personal de las Fuerzas Armadas de Ucrania. No permitan que los neonazis y los Banderivtsi usen a sus hijos, esposas y mayores como escudos humanos”, afirmó Putin en referencia a Stepan Bandera, uno de los líderes de los nacionalistas ucranios que colaboraron con el Eje en la Segunda Guerra Mundial. Según el discurso del Kremlin, los extremistas ucranios controlan el poder del país, aunque la realidad es que en las elecciones de 2019 el partido de ultraderecha Svoboda, uno de los grandes protagonistas de las protestas del Maidan, apenas superó el 2,1% de los votos.

El Gobierno ucranio propuso al ruso negociar su estatus de neutralidad a cambio de la paz. El portavoz de Putin, Dmitri Peskov, confirmó que el mandatario está dispuesto a hablar con las autoridades ucranias en Minsk, la capital de Bielorrusia, pero ello no significa una tregua. Según la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajarova, “las acciones que fueron ordenadas por el presidente al inicio de las operaciones especiales no han sido anuladas, son relevantes”.

Horas antes, el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, había subrayado durante una rueda de prensa que Zelenski “ya perdió su oportunidad” y que las negociaciones solo se retomarían “después de la restauración del orden democrático”.

El portavoz del presidente ruso insinuó además que la idea de negociar en Bielorrusia bajo la mediación del régimen de Aleksandr Lukashenko podría acabar en agua de borrajas. “Después de una pausa, los ucranios reconsideraron ir a Varsovia, y después desconectaron de nuevo por completo”, afirmó Peskov, que acusó al Gobierno de Zelenski de utilizar la negociación para defenderse: “Esta pausa ha ido acompañada de que los elementos nacionalistas están desplegando lanzacohetes múltiples en áreas residenciales, incluso en Kiev”.

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El propio Putin ahondó en esta idea durante el Consejo de Seguridad para asegurar que si hay más víctimas civiles en las ciudades, será culpa de los ucranios. “Planean devolver el fuego de los sistemas de ataque rusos desde áreas residenciales. Actúan igual que los terroristas en el resto del mundo, se esconden detrás de la gente con la esperanza de culpar luego a Rusia de las víctimas civiles”, dijo el mandatario, y acusó de estar detrás de ello a los consultores extranjeros, “especialmente estadounidenses”.

Las afirmaciones de las autoridades rusas provocan algunas dudas sobre las acciones militares. La prensa recoge por fuentes del Ministerio de Defensa que “ningún cohete cayó sobre Kiev”, aunque horas antes el alcalde de la capital, Vitali Klichkó, mostró una foto de un edificio residencial destruido; y aún no se ha informado de ninguna baja militar rusa, pese a las imágenes de cadáveres en algunos combates. Asimismo, el único avión perdido se debió, según Moscú, a “un error humano”.

El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, afirmó este viernes que, según los datos que maneja Londres, Rusia habría perdido unos 450 militares en dos días de ofensiva. El portavoz del Ministerio de Defensa ruso ironizó con que los juicios del alto cargo británico sobre la eficacia de la operación rusa “no son más profundos que su conocimiento histórico de la batalla de Balaclava (Crimea, 1854)”, donde participó el Reino Unido, y aseguró que solo era una justificación por “los millones de libras gastados ineptamente en entrenar a las tropas ucranias”. Sin embargo, dos días después, la guerra continúa.

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Zelenski ordena al Ejército infligir las «máximas pérdidas» posibles a las tropas rusas

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ha ordenado este jueves a las Fuerzas Armadas del país infligir las «máximas pérdidas» posibles entre las filas de los «invasores», una clara referencia a las tropas rusas que han comenzado a realizar una operación militar en suelo ucraniano. El también comandante supremo de las Fuerzas Armadas de Ucrania ha señalado en un comunicado que se han registrado bombardeos intensivos contra varias «unidades del este» del país y ha indicado que se han registrado explosiones en los aeródromos de Borispol, Ozerny, Kulbakin, Chuguev, Kramatorsk y Chernobaevka, así como en otras instalaciones militares.

El dirigente ha señalado que las fuerzas del Estado, «ejerciendo el derecho a la legítima defensa de conformidad con el artículo 51 de la Carta de la ONU proporcionan un rechazo digno a los intentos del enemigo de atravesar la frontera». En este sentido, ha aclarado que las tropas rusas están sufriendo «pérdidas».

El mandatario ha mantenido este jueves una reunión de emergencia con la dirección de su Gobierno y representantes del sector de Defensa y del bloque económico ante la operación militar por parte de Rusia en la región del Donbás. «Se escuchó información actualizada sobre la situación actual de seguridad en Ucrania y en sus fronteras, así como sobre las medidas tomadas por las fuerzas de seguridad y defensa para repeler a las fuerzas armadas rusas», ha dicho la presidencia ucraniana en un comunicado.

El presidente también ha hablado sobre las conversaciones que ha mantenido a primera hora de la mañana con los líderes mundiales para «formar una coalición internacional y poner fin a la agresión rusa». «Ya he pedido a los líderes mundiales que utilicen todas las sanciones posibles contra Putin, inicien un apoyo de defensa a gran escala, cierren el espacio aéreo sobre Ucrania al agresor», ha dicho Zelenski, según recoge la agencia ucraniana de noticias Ukrinform. El presidente ha informado a través de su cuenta oficial de Twitter de una larga ronda de contactos con el canciller alemán, Olaf Scholz, con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el presidente del Consejo europeo, Charles Michel, o con el primer ministro británico, Boris Johnson, entre otros.

Zelenski ha acusado al presidente ruso, Vladimir Putin, de «querer destruir Ucrania», si bien ha destacado que el Ejército se encuentra «contraatacando», según informaciones de la agencia de noticias Unian. (Agencias)



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La ministra de Exteriores británica viajará a Ucrania para «liderar la oposición internacional a la agresión rusa»

La ministra de Exteriores del Reino Unido, Liz Truss, viajará esta semana Ucrania, Polonia y Alemania, en una gira diplomática con la que Londres aspira a intensificar sus esfuerzos por «liderar la oposición internacional a la agresión rusa» en el este de Europa. Truss prevé reunirse con sus homólogos ucraniano -Dmitro Kuleba- y polaco -Zbigniew Rau- para «demostrar el apoyo unánime a la soberanía de Ucrania» entre los países europeos, según ha avanzado en un comunicado el Foreign Office, que no ofreció detalles sobre esos encuentros. La ministra pronunciará un discurso en Kiev en el que «llamará a las naciones a respetar la soberanía de las demás y cumplir con sus compromisos», ha indicado el Ministerio de Exteriores.

El sábado, la ministra asistirá a la Conferencia de Seguridad de Múnich, en la que estrechará lazos con los aliados estratégicos del Reino Unido. «Queremos vivir en un mundo en el que las personas estén a cargo de su propio futuro, libres de agresiones y coacciones», esgrimirá Truss en Kiev, según un fragmento adelantado de su intervención. «Eso significa trabajar juntos con nuestros amigos de Ucrania, y con otros más allá, para enfrentarse a las amenazas donde quiera que sea del mundo», agregará la jefa de la diplomacia británica. Truss urgirá asimismo al Kremlin a «tomar la senda de la diplomacia» y «hablar». «Pero, para ser muy claros, si deciden continuar por la vía de la agresión habrá enormes consecuencias y severos costes económicos» para Rusia, advertirá. 

Informa la agencia EFE. 



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En cualquier conflicto, la información se convierte en un arma. La escalada de tensión entre Rusia y Ucrania —y sus reverberaciones en la OTAN, EE UU y la UE— ha ido acompañada de una guerra de noticias en las que se mezclan mentiras, medias verdades e interpretaciones interesadas. En un ecosistema en el que abunda la desinformación y la propaganda, EL PAIS trata de aclarar algunas de estas cuestiones.

La OTAN se comprometió con Moscú a no expandirse al este. Falso. En contra de lo repetido por el Gobierno ruso, la OTAN nunca llegó a ningún compromiso conocido con Moscú sobre los límites territoriales de la Alianza y desde el final de la Guerra Fría se reservó el derecho de aceptar a cualquier país que cumpliese las condiciones. Sin embargo, los aliados occidentales siempre reconocieron el caso especial de Ucrania.

En ninguno de los textos que configuraron la seguridad europea de la postguerra fría se recoge la idea de limitar el crecimiento de la OTAN o la de restringir la posibilidad de ingreso de ciertos países. Todo lo contrario. El Acta final de Helsinki (1975), firmado todavía por la URSS, reconoce a todos los países “el derecho de pertenecer o no pertenecer a organizaciones internacionales, de ser o no ser parte en tratados bilaterales o multilaterales, incluyendo el derecho de ser o no ser parte en tratados de alianza”.

Una vez caído el muro, la Carta de París (1990), también suscrita por Moscú, consagra “la libertad de los Estados de elegir sus propios arreglos en materia de seguridad”. Y en 1997, el acta fundacional de la relación entre la OTAN y la Rusia postcomunista señala expresamente que ambas partes “buscarán la más amplia cooperación entre los Estados miembros de la OSCE con el objetivo de crear en Europa un espacio común de seguridad y estabilidad, sin líneas divisorias o esferas de influencia que limiten la soberanía de algún Estado”.

Ucrania es un caso especial en el bloque soviético. Cierto. Los aliados occidentales siempre reconocieron el caso especial de Ucrania, tanto por su tamaño, por sus estrechos lazos económicos e históricos con Rusia como por ser un polvorín nuclear de inquietante magnitud. Tras la desintegración de la URSS, Ucrania se convirtió en el tercer país con mayor arsenal nuclear del mundo gracias al armamento heredado de Moscú. Kiev aceptó en 1994 renunciar a todas las armas nucleares a cambio del compromiso de Rusia, EE UU y Reino Unido de “respetar la independencia y la soberanía y las fronteras existentes de Ucrania”, según un memorándum firmado por los cuatro países.

Además, tras la desintegración de la URSS, Occidente abrió con Kiev una relación diferenciada respecto a otros países del bloque soviético llamados a integrarse rápidamente en la Alianza Atlántica. Ya en 1995, en el primer estudio público de la OTAN sobre su ampliación hacia el este, solo se cita a Ucrania y a Rusia como los dos países con los que habrá que estrechar relaciones, pero de un modo especial.

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Fuentes europeas recuerdan que en la cumbre de la OTAN en Madrid en 1997 se cursaron las primeras invitaciones al ingreso a Polonia, Hungría y República Checa y se dejó en espera a un grupo de países (Eslovaquia, Eslovenia, Rumania o Bulgaria) entre los que no figuraba Ucrania. Con Kiev se firmó la llamada Carta de Asociación que establecía una relación similar a la de Rusia. Solo unos meses antes se había establecido el Consejo OTAN-Rusia, que también fijaba un marco de relación especial con Moscú.

Occidente ha provocado a Moscú en los últimos años. Cierto, con matices. El frágil equilibrio de la postguerra fría se rompió a primeros de este siglo cuando Ucrania y otros países de la órbita rusa empezaron a distanciarse de Moscú para acercarse a Bruselas en búsqueda no tanto de la seguridad ofrecida por la OTAN como de la prosperidad que propicia la UE. Las fuentes consultadas reconocen que los occidentales hicieron dos movimientos que alentaron esa tendencia y provocaron la reacción del presidente ruso, Vladímir Putin: la cumbre de la OTAN de abril de 2008 en Bucarest, donde el presidente de EE UU, George W. Bush, se empeñó, contra el criterio europeo, en dar una perspectiva de ingreso a Ucrania y a Georgia, que ya deseaban la adhesión antes de ese aliento. Y el lanzamiento del llamado partenariado oriental de la UE en 2009, para estrechar lazos comerciales con Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania.

La respuesta de Putin tardó poco en llegar. El 8 de agosto de 2008, el mismo día que los líderes del planeta asistían en Pekín a la inauguración de los Juegos Olímpicos, Rusia invadía parte de Georgia y 13 años después las tropas rusas siguen en un país que se enfrenta a un conflicto larvado en las regiones de Abjasia y Osetia del sur que puede estallar en cualquier momento.

El Kremlin ha repetido una táctica similar en casi todos los países que se sumaron al partenariado oriental de la UE. “En 2021, cinco de los seis países del partenariado seguían afrontando conflictos prolongados en sus territorios, en todos los cuales está implicada Rusia en diferentes grados”, señalan los profesores Tracey German y Andriy Tyushka en un estudio sobre la seguridad en el flanco oriental de la UE encargado por el Parlamento Europeo.

La presión de Putin ha provocado una militarización de toda la zona, hasta el punto de que cuatro de los seis países con tentación europeísta se han convertido entre los que tienen un mayor gasto en defensa del mundo en términos proporcionales, según el citado estudio. En Armenia y Azerbaiyán el gasto militar en 2019 supera el 4% del PIB anual y en Ucrania rozaba el 3,5% y ha seguido creciendo. Los conflictos eternos han lastrado además el desarrollo económico de una zona que es pasto del crimen organizado y el lavado de dinero, según Europol. Además, tras la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia y el inicio de la guerra del Donbás, el porcentaje de ucranios que quiere a su país dentro de la OTAN ha ido aumentando.

Ucrania es un régimen nazi. Falso. Esta retórica tiene el origen en el papel que grupos de extrema derecha y personas de ideología abiertamente nazi tuvieron en los batallones y brigadas civiles que lucharon en los primeros tiempos de la guerra del Donbás (donde combatieron, por ejemplo, junto a batallones de musulmanes chechenos) y en los disturbios de las movilizaciones del Maidán, en 2013. Como el Batallón Azov (declarado “grupo de odio nacionalista” por el departamento de Estado, pero hoy reformado e integrado como una unidad parte del Ejército regular), que entre sus fundadores tuvo a figuras nazis como Andriy Biletskiy, que después se desenganchó y fundó el llamado Cuerpo Nacional. Biletskiy llegó a tener un escaño de diputado. Sin embargo, a diferencia de otros países europeos, la extrema derecha carece hoy de representación parlamentaria y de influencia en la agenda política en Ucrania.

Esa retórica del Kremlin ignora que algunos altos cargos y figuras muy influyentes en el país son judíos, incluido el presidente, Volodímir Zelenski, que además es rusoparlante, y arrasó en las elecciones de 2019. El argumento se apoya también en cómo algunos ucranios han encumbrado como héroes a figuras colaboracionistas de la Alemania nazi, como Stepan Bandera. Algunos ucranios lo alaban por su ideología, pero otros obvian ese factor y ensalzan su combate al estalinismo.

Pintar Ucrania como un país escorado a la ultraderecha es una de las narrativas de desinformación y propaganda favoritas del Kremlin, indica María Avdeeva, de la Asociación Europea de Expertos, que cree que el objetivo es sembrar un “pretexto” para usarlo como argumento en defensa de los ciudadanos rusos de Ucrania —las autoridades rusas han entregado decenas de miles de pasaportes rusos en las regiones separatistas— o los rusopalantes.

Varios informes, además, detallan los vínculos de grupos de extrema derecha ucranios con grupos rusos y con el aparato de seguridad de Rusia, indica el analista militar Aleksandr Kovalenko. Y análisis como el que hacen Taras Tarasiuk y Andreas Umland traza los lazos entre algunas de estas organizaciones y otras dentro de países de la UE, que cuentan con sus propios vínculos con entidades rusas o magnates rusos ultraconservadores y de extrema derecha.

En el Donbás no hay un conflicto con Rusia, sino una guerra interna ucrania. Falso. Moscú defiende el argumento de que la de Donetsk y Lugansk es una “guerra civil”, para ocultar su papel y para que Kiev negocie directamente con los líderes separatistas, algo que el Gobierno ucranio rechaza, porque les considera marionetas del Kremlin.

Los protagonistas de la insurrección separatista en el este de Ucrania de 2014 alimentada por el Kremlin han insinuado, además, el papel entre bastidores de Moscú en libros y entrevistas concedidas estos años. Tras la huida del expresidente ucranio Víktor Yanukóvich y la anexión ilegal de Crimea en marzo de 2014, hubo una serie de manifestaciones en la región que pronto se apagaron con la detención del primer gobernador popular, Pável Gubárev. Este ha reconocido abiertamente que solo dieron un paso adelante y ocuparon edificios gubernamentales tras haber hablado con Serguéi Glázyev, entonces asesor de Putin. Distintos informes analizan y documentan también los envíos de armas rusas a las regiones ucranias separatistas de Donetsk y Lugansk.

Los rusohablantes están discriminados en Ucrania. Discutible. En la propia capital de Ucrania mucha gente habla en ruso en cualquier ámbito. En los mercadillos, los carteles están escritos en esa misma lengua y la música son clásicos de los noventa del otro lado de la frontera. La Constitución señala que la lengua del Estado es el ucranio, que durante la época de la Unión Soviética fue un idioma discriminado (como otros en las repúblicas que formaron la URSS) por la política de difusión del ruso.

Con el paso de los años y con la agresión militar rusa para muchos ciudadanos el idioma ha ganado peso en la construcción de la identidad ucrania. También para el Estado, que gradualmente ha ido legislando para tratar de impulsar el ucranio. Las leyes de Ucrania indican ahora que el idioma oficial para todo es el ucranio, todas las publicaciones deben hacerse en ucranio (y luego, si se desea en otros idiomas, incluido el ruso). Aunque sigue habiendo escuelas bilingües, la enseñanza de ruso ha dejado de ser obligatoria y ahora ha pasado a conformar una optativa.

El Kremlin alimenta con estas medidas la idea de que los rusófonos están discriminados en Ucrania. Y a la Comisión de Venecia le preocupa que las medidas de impulso de la lengua ucrania pongan en peligro la libertad de las minorías (húngaras, por ejemplo).

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