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El cerco de la comunidad internacional sobre Nicaragua continúa estrechándose. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha anunciado este jueves la creación de un mecanismo que investigará las violaciones a los derechos humanos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo desde 2018. En abril de ese año, el Gobierno desató una brutal represión contra la población civil, que salió a la calle en manifestaciones masivas para protestar contra una polémica reforma del sistema de pensiones. Las fuerzas policiales y paramilitares asesinaron a 355 personas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Desde entonces, más de 120.000 nicaragüenses han pedido refugio en Costa Rica, la persecución política a los disidentes no ha cesado y la acumulación de poderes de la pareja gobernante ha ido en aumento.

La medida implica la creación de un grupo con tres expertos independientes y un presupuesto de tres millones de dólares para fiscalizar los abusos cometidos en el país en los últimos cuatro años. “Establecer los hechos y circunstancias que rodean las presuntas violaciones, reunir, consolidar, preservar y analizar información y pruebas y, cuando sea posible, identificar a los responsables”, señala un comunicado de 15 organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos en Nicaragua. La comisión trabajará durante un año y dará “recomendaciones con miras a mejorar la situación” y “proporcionar orientación sobre el acceso a la justicia”.

La decisión se ha aprobado durante una sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un organismo formado por 47 Estados. En la votación, 20 países se han abstenido y otros siete se han posicionado en contra: Cuba, Venezuela, Bolivia, Honduras, Rusia, China, y Eritrea. El 7 de marzo, la ONU ya hizo público un duro informe en el que transmitían su preocupación por la situación del país centroamericano.

En una larga lista, la organización enumeraba, entre otros abusos, que no haya habido “rendición de cuentas por las violaciones de derechos humanos cometidas desde abril de 2018″; la existencia de al menos 43 presos políticos por las elecciones de 2021; los juicios exprés “sin respetar el debido proceso”; las “detenciones arbitrarias o el “hostigamiento por parte de agentes estatales contra defensores de los derechos humanos, periodistas y abogados”.

“La solución es que se vaya Ortega”

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En lo que va de año, Ortega y Murillo han recrudecido la represión. A mediados de marzo, fue condenada, en un juicio plagado de irregularidades, a ocho años de prisión Cristiana Chamorro, opositora al régimen e hija de Violeta Barrios de Chamorro, quien fuera presidenta de Nicaragua en los 90 —tras ganar a Ortega en unas elecciones— y el periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado durante la dictadura de Anastasio Somoza.

También expulsó al jefe de misión del Comité Internacional de la Cruz Roja. En febrero falleció en prisión Hugo Torres, histórico guerrillero sandinista que combatió junto a Ortega, encarcelado por su posición crítica ante su antiguo compañero. Esa muerte generó críticas incluso del propio hermano del presidente, Humberto Ortega, quien le reprochó que murió por el “cruel encierro” al que fue sometido. Además, las principales universidades del país están bajo control del Gobierno. Eso ha provocado en los últimos días la deserción de dos figuras que hasta ahora representaban al Ejecutivo sandinista: Arturo McFields renunció la semana pasada a su puesto como embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y llamó dictador a Ortega, mientras que el abogado Paul Reichler abandonó su cargo como representante ante la Corte de Justicia de La Haya en una carta en la que condenó que el país está gobernado por una dictadura.

Juan Pappier, investigador en América de Human Rights Watch (HRW), considera que la iniciativa de la ONU “da una luz de esperanza de que alguna vez habrá justicia por las gravísimas y sistemáticas violaciones a derechos humanos cometidas por el régimen de Ortega”. “Confío en que el grupo de expertos va a hacer un buen trabajo, pero para lograr una transición democrática hace falta unir más mecanismos y voces de condena de la comunidad internacional”, ha sostenido.

La presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CNIDH), Vilma Núñez, se muestra más escéptica: “Yo soy contraria a las reacciones triunfalistas, quisiera ver esta resolución como un avance en un camino largo que hay que recorrer. Lo saludo con optimismo moderado, pero con la firmeza de que tenemos que proporcionarle al grupo de expertos todo el apoyo, tomando en cuenta que van a contar con la hostilidad del Gobierno”, ha asegurado. “Esto no es la solución, la solución es que se vaya Ortega, mientras él permanezca en el poder, cualquier esfuerzo se verá enfrentado a obstáculos, a veces insalvables, con un costo de vida muy real”, concluye la activista.

Con ella concuerda también José Miguel Vivanco, abogado defensor de derechos humanos y exdirector de la división americana de HRW: “Es un paso muy importante, muy necesario, pero no es suficiente. Que nadie crea que con ese mecanismo se acaban las violaciones a los derechos humanos de ese régimen desquiciado. Los presos políticos van a pasar en prisión arbitraria todo el tiempo que lo estime necesario Ortega. Para que las condiciones mejoren en Nicaragua, es imprescindible una transición democrática, y para ello es necesaria la presión política, diplomática y financiera frente a aquellos que le dan oxígeno a ese régimen”.

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En Pasto 2547 migrantes venezolanos fueron afiliados al régimen de salud subsidiado

Los migrantes ahora podrán afiliarse al Sistema de Seguridad Social en Salud a la EPS de su elección y solicitar el acompañamiento de la Secretaría de Salud.

Noticias Pasto

Bajo los lineamientos del Ministerio, la Secretaría de Salud afilió a un total de 2.547 migrantes venezolanos al régimen subsidiado de salud.

Explicaron que en 2021, se afiliaron 250 migrantes regulares y en 2022, la afiliación ascendió a 2.297 personas, con corte al 23 de marzo, para un total de 2.547 afiliados.

El incremento entre un año y otro es de 9 veces más afiliados.

Durante la jornada de atención realizada en el Coliseo del barrio Obrero, se ofrecieron diferentes servicios por parte de organizaciones de Pasto.

En la actividad, se logró un alcance de identificación en registro de 116 personas, de las cuales 97 se inscribieron al régimen subsidiado de salud.

El secretario de Salud, Javier Ruano, precisó que, para la afiliación, los migrantes en los territorios deben presentar el Permiso por Protección Temporal entregado por Migración Colombia.

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Explicaron que una vez el migrante cuente con este documento, podrá realizar la afiliación  a la EPS de su elección; para ello, podrá solicitar el acompañamiento de la Secretaría de Salud, en las instalaciones del CAM Anganoy.



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El secretario general de la OEA, Luis Almagro, junto al representante permanente de Nicaragua ante ese organismo, Arturo McFields Yescas, en una imagen de archivo.
El secretario general de la OEA, Luis Almagro, junto al representante permanente de Nicaragua ante ese organismo, Arturo McFields Yescas, en una imagen de archivo.Juan Manuel Herrera (EFE)

El periodista se mueve libremente, micrófono en mano, por la casa súper vigilada de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, para documentar para la televisión cómo celebra la familia presidencial la Navidad. El reportero, sonriente, se acerca a la pareja, que rodeada de familiares se muestra feliz ante las cámaras. El escenario ha sido montado para demostrar beatitud cristiana: enormes piñatas que representan ángeles coronados, manteles con flores de pascua, villancicos de fondo, lucecitas que centellean para adornar nacimientos con níveos y rechonchos Niños Dios e imágenes cristianas mezcladas con otras más místicas, de Buda y Sai Baba, que forman parte del “evangelio” propio de Murillo. El reportero se acerca a la pareja para sacar las primeras declaraciones de la noche:

—¿Qué significa la Navidad para ustedes?— pregunta zalamero a Rosario Murillo.

—Para mí la Navidad siempre ha significado la oportunidad de hacer renacer en el corazón de cada uno el nacimiento de Cristo— responde complacida.

Quien hace las preguntas esa noche es Arturo McFields Yescas, un periodista del Canal 12 de la televisión local, que años más tarde sería premiado con varios cargos dentro de la diplomacia nicaragüense, hasta convertirse en octubre de 2021 en embajador del régimen ante la OEA. Y desde ese cargo, este miércoles, ha lanzado una bomba sobre aquel búnker donde disfrutó hace ya varios años la Navidad: ha denunciado vehementemente lo que ha calificado como una “dictadura” que viola los derechos humanos y ha abogado por la liberación de los presos políticos. “La gente de adentro del Gobierno está cansada de la dictadura”, ha dicho durante una comparecencia ante el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington.

Aquella noche navideña, Rosario Murillo, por lo general de carácter volcánico en sus apariciones públicas, se mostraba abierta y amable. Explicaba a McFields el significado de las esculturas de Buda que resguardan su casa, en una cita que hoy puede sonar profética, dado el aislamiento internacional al que está sometido el régimen y el rechazo de la mayoría de los nicaragüenses, cansados de los desmanes de la pareja presidencial que gobierna con mano de hierro Nicaragua. “El Buda significa el desapego, el desprendimiento, el no apegarse a nada. Porque uno no es eterno, uno es movimiento. La vida es movimiento y uno debe fluir con ese moviendo y debe ser desprendido y saber que un día estás aquí y otro día estás allá, pero lo único que cuenta es que tu espíritu prevalezca”, dijo la primera dama y vicepresidenta. “Muy bonito todo”, le respondió el periodista.

La joya de la noche, sin embargo, es el momento en el que Daniel Ortega, vestido con camisa blanca de paz y no con su vieja vestimenta militar (una transformación que también es obra de Murillo) abre un enorme cordero que es la cena de la Nochebuena. “Esto yo lo he comido allá en Libia, en los países árabes. Esto se come con la mano allá. La gente se sienta en el piso, se pone el cordero en medio y la gente come. Esto lo hemos hecho con el coronel Gadafi”, le comenta Ortega al periodista, mientras deshuesa el animal recién asado. “Haga una prueba de cómo está”, le pide el reportero, mientras Ortega se engulle un trozo del animal. Y McFields, tras invitación del comandante, hace lo propio. Corre 2006 y Ortega, reconvertido en candidato de la reconciliación, aspira a retornar al poder.

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Desde aquella cena libia en pleno trópico, la carrera del reportero despegó. En 2011, fue nombrado como agregado de prensa de la embajada de Nicaragua en Estados Unidos. En sus redes sociales agradeció al Gobierno esa oportunidad y el apoyo para perfeccionar su inglés. Años más tarde ascendería al cargo de ministro consejero de la misión permanente de Nicaragua ante la OEA, hasta convertirse, en 2021, en el embajador del régimen en ese organismo. Durante su permanencia en el cargo y hasta este miércoles había defendido los desmanes de Ortega y rechazado las consecutivas resoluciones que el Consejo Permanente había votado contra el Gobierno de Nicaragua, incluyendo una en la que se desconocen los resultados de las elecciones de noviembre, en las que Ortega se declaró vencedor con el 75% de los votos. Los comicios fueron denunciados como “ilegítimos” por la comunidad internacional, después de que Ortega ordenara el arresto de los siete aspirantes a la Presidencia por la oposición, incluyendo a Cristiana Chamorro, quien, según las encuestas, tenía las mayores probabilidades de vencer al exguerrillero.

El video donde Arturo McFields presenta la residencia de Ortega y Murillo en la navidad del 2006.

Arturo McFields Yescas es hijo del poeta nicaragüense David McFields, quien es amigo de Murillo. Junto a ella fundó en los años setenta el llamado Grupo Gradas, conformado por artistas e intelectuales que organizaban de forma improvisada conciertos y lecturas de poemas en las gradas de las iglesias en Nicaragua para denunciar los tormentos de la dictadura somocista. Debido a ese activismo, Murillo fue detenida en 1977 por el régimen y, tras ser liberada, se exilió en Caracas. El ahora exdiplomático se graduó como periodista por la jesuita Universidad Centroamericana (UCA) —bastión estudiantil rebelde perseguido por el régimen—, y trabajó como reportero en radios evangélicas. Más tarde se integró a la redacción del diario La Prensa —cuyas instalaciones han sido confiscadas por el régimen— y luego pasó a formar parte del equipo del Canal 12, una televisora cuyos informativos evitaban criticar la deriva autoritaria de Ortega.

McFields Yescas se ha convertido inesperadamente en un héroe para los nicaragüenses que se oponen a Ortega. Desde el exilio, se ha aplaudido este viernes la valentía del exreportero, que ha dado al traste con su futuro diplomático. “Admirable Arturo McFields denunciando a la dictadura de Nicaragua en la OEA. La historia recordará su gesto y el pueblo de Nicaragua se lo agradece. Esperamos que muchos otros sigan su ejemplo. ¡Dios te cuidará, Arturo! Gracias por tu gesto en favor de la vida y de la verdad”, ha tuiteado el obispo Silvio Báez, la voz más crítica de la Iglesia y a quien el Vaticano sacó de Nicaragua por las amenazas que recibía.

“Saludamos la valentía que ha tenido el embajador McFields. Es esperanzador que funcionarios del Gobierno de Nicaragua empiecen a hablar y a ventilar en estos espacios tan importantes, como la OEA, lo que está pasando dentro de la configuración de la dictadura Ortega-Murillo”, ha dicho a Efe Marlon Caldera, integrante del Consejo Político de la opositora Unidad Nacional Azul y Blanco. También el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se ha pronunciado este viernes a través de Twitter, donde ha afirmado: “Valoramos el coraje del Embajador de Nicaragua y su compromiso con los valores de la OEA”.

En Managua, sin embargo, la acción de McFields Yescas ha caído como una bomba. Fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores afirman que, tras las declaraciones del embajador en la OEA, “se ha apoderado una paranoia en el ministerio”. Están a la espera, aseguran las fuentes, de una investigación “de parte de una furibunda Rosario Murillo para ver quién sabía” de la decisión del diplomático, informa Wilfredo Miranda. “Hay revisión de todo: administrativa, informática y política. Quieren ver si alguien sabía”, reafirman las fuentes. En un escueto comunicado publicado horas después de la intervención del embajador, la Cancillería nicaragüense ha afirmado que McFields no les representa, “por lo cual ninguna declaración suya tiene validez”. Una reacción esperada de un régimen cada vez más aislado por la comunidad internacional. Mientras en Managua comienza una cacería de brujas, en Washington McFields, que en su declaración ha reconocido que su testimonio puede tener repercusiones para él y su familia, sabe que los lejanos días cuando visitaba la casa de Ortega y comía cordero a la Gadafi son ahora una vieja fantasía.

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Las 48 horas más bélicas en la historia reciente de la OTAN y de la UE comienzan este jueves en Bruselas. Por primera vez, las dos organizaciones celebran un Consejo Atlántico y un Consejo Europeo, respectivamente, con una guerra abierta entre dos países en el Viejo Continente. La mayor amenaza de seguridad en Europa desde el final de la II Guerra Mundial llevará a la cumbre de la OTAN a doblar su despliegue militar en los países del Este como respuesta a la amenazadora presencia del Ejército ruso en Ucrania.

El Consejo Europeo, por su parte, contará con la participación del presidente de EE UU, Joe Biden, para estudiar un endurecimiento de las sanciones contra Rusia con el objeto de doblegar al presidente ruso, Vladímir Putin. Los socios de la UE, sin embargo, se resisten al deseo de Washington de acorralar al Kremlin con un embargo a las exportaciones de gas y petróleo que le dejen sin financiación exterior para su guerra.

Las dos cumbres, a las que se añade la del G-7 también este jueves en Bruselas, tienen como telón de fondo un drama humano como no se recordaba en Europa. En las tres citas participará telemáticamente el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, prueba del papel crucial que juega su país en estos momentos en la historia de Europa.

Más de millón y medio de niños ucranios refugiados en Europa, muchos de ellos no acompañados por adultos; una red de 10.000 camas hospitalarias preparadas para atender a los refugiados (3,7 millones hasta ahora) que lleguen enfermos o con enfermedades crónicas; riesgo de hambruna para la población que sigue en el país atacado por Rusia y para la de los países terceros que dependían de sus exportaciones agrícolas; destrucción de ciudades enteras mediante bombardeos y una previsible posguerra que, según algunos cálculos, requerirá un auténtico Plan Marshall europeo de al menos 100.000 millones de euros para rescatar al país invadido del abismo. “Lo que vemos en Ucrania es horroroso, doloroso, un sufrimiento humano y una escala de violencia como no habíamos visto en Europa desde la II Guerra Mundial”, ha señalado el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, la víspera de la cumbre.

Ante ese dramático escenario, fuentes de la OTAN y de la UE no dudan en calificar de “históricas” las cumbres de esta semana y de punto de inflexión para ambas organizaciones. Aunque la urgencia de la crisis de precios de energéticos marca la agenda de los líderes nacionales —y en particular la del español Pedro Sánchez—, en las cumbres del jueves y el viernes no solo se deben pactar medidas para paliar la subida de los precios de la luz y el gas, sino que servirán para replantear también la política de seguridad y defensa del continente.

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“Las decisiones que adoptaremos mañana [por este jueves] tendrán implicaciones de largo alcance”, ha afirmado Stoltenberg. El dirigente de la Alianza prevé un aumento de la inversión en Defensa, que lleva siete años al alza, por “un nuevo sentido de urgencia” y porque “la paz no se puede dar por garantizada”. El propio Stoltenberg afronta un llamamiento para que prolongue su mandato, que expira en septiembre, y evitar así un cambio de mando en plena crisis de seguridad. “Eso le corresponde decidirlo a los 30 aliados, mi tarea ahora es preparar la cumbre”, ha señalado el secretario general.

La cumbre atlántica, por lo pronto, aprobará el despliegue de cuatro batallones en el flanco oriental: en Bulgaria, Rumania, Hungría, Eslovaquia, cuatro de los aliados más próximos geográficamente al campo de batalla. Las nuevas posiciones se suman a las ya desplegadas en Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, por lo que aumentará sensiblemente el número de tropas aliadas dispuestas a hacer frente a los rusos en caso de ataque. Stoltenberg ha recordado que EE UU ya tiene 100.000 soldados en el continente y que otros 40.000 operan bajo mando directo de la OTAN, con cinco formaciones de portaviones aliados navegando por el Báltico y el Mediterráneo.

A este esfuerzo de disuasión de la OTAN se suma el castigo económico sin precedentes que los occidentales han impuesto a Rusia desde que inició la invasión de Ucrania el pasado 24 de febrero. Biden pedirá a los líderes europeos que refuercen el castigo, sobre todo, evitando que Rusia esquive las sanciones con la ayuda de terceros países.

Embargo de las exportaciones energéticas

Algunos socios de la UE, como Polonia o los países bálticos, defienden además que ha llegado el momento de intentar dar la puntilla económica al régimen de Putin, con un embargo total o parcial de sus exportaciones energéticas. Pero los socios potencialmente más afectados por esa ruptura, como Alemania, Holanda o Hungría, se resisten por las repercusiones en sus economías. Y un tercer grupo, en el que España parece encontrarse cómoda, considera necesario reservarse munición para castigar a Putin en caso de una escalada bélica. Temen, además, provocar el colapso de un país de la talla de Rusia, cuyo descenso al caos político y económico podría desestabilizar aún más el Viejo Continente.

Fuentes comunitarias señalan que la prioridad en estos momentos debe ser aplicar “las sanciones aprobadas hasta ahora”. Un castigo que, según esas mismas fuentes, “ya ha puesto de rodillas a la economía rusa”. La Bolsa de Moscú se vio forzada a cerrar el 28 de febrero, con las primeras sanciones, y solo ha abierto parcialmente este miércoles, con 33 valores cotizando. El Banco de Rusia tuvo que doblar los tipos de interés, hasta el 20%. Y la cotización del rublo se desplomó, aunque se ha recuperado ligeramente en las últimas jornadas gracias, en parte, a que Moscú ha seguido facturando unos 700 millones de euros al día con las ventas de gas y petróleo a la UE.

Pero la creciente agresividad de Rusia, con ataques de misiles hipersónicos contra objetivos civiles en Ucrania y continuas amenazas de recurrir al armamento nuclear, hace cada vez más insostenible políticamente mantener una relación comercial normal con Moscú.

La Comisión Europea ha aprobado este miércoles un proyecto de reglamento con el que se podrá obligar al gigante ruso Gazprom a vender sus centros de almacenamiento de gas en la UE —controla la mitad de las reservas europeas— si los mantiene casi vacíos, como empezó a hacer antes de la guerra.

La presión aumenta también para que la UE ponga fin a las compras de petróleo ruso, con las que cubre un tercio de sus importaciones. Y la renuncia al gas, mucho más difícil por la elevada dependencia de varios países europeos, no se contempla a medio plazo, aunque tampoco se descarta.

La UE también se va a pertrechar en el flanco alimentario, toda vez que la guerra de Putin no solo hace peligrar la gran gasolinera que es Rusia, sino también la gigantesca panadería que es Ucrania. Kiev suministra el 10% del mercado mundial del trigo. Varios países del norte de África y Oriente Próximo importan el 50% de sus cereales de Ucrania y Rusia. Y Ucrania es el cuarto suministrador agroalimentario de la UE y cubre el 52% de sus importaciones de maíz, el 19% de trigo blando y el 23% de aceites vegetales.

El vicepresidente económico de la UE, Valdis Dombrovskis, ha acusado a Rusia de estar “atacando deliberadamente las reservas de alimentos de Ucrania y sus puntos de almacenamiento”. Y el comisario europeo de Agricultura, Janusz Wojciechowski ha comparado la agresión de Putin “con los métodos utilizados por los soviéticos en los años treinta del siglo XX contra Ucrania”, cuando el régimen de Stalin provocó hambrunas que acabaron con las vidas de más de un millón de personas.

Dombrovskis asegura que, a pesar de la grave situación, “la UE no afronta un problema de disponibilidad de alimentos, porque es ampliamente autosuficiente en productos agrícolas”. Pero ha reconocido que el incremento de precios energéticos y agrícolas puede dificultar el acceso de los europeos más vulnerables. En todo caso, la UE deberá socorrer a los países vecinos más afectados.

La Comisión ha aprobado un programa de 500 millones de euros (64,4 millones para España) para ayudar a los agricultores más golpeados por la crisis. También ha derogado temporalmente las normas que obligan a mantener en barbecho por motivos ecológicos ciertas partes de las tierras de cultivo para poder aumentar las cosechas de este año.

La propia UE afronta el reto de alimentar a los más de 3,7 millones de personas huidas de Ucrania en poco más de un mes, con un ritmo que, según la Comisión, ha bajado de 200.000 entradas diarias a 50.000, pero que podría aumentar en cualquier momento si el ataque ruso se recrudece.

Casi dos millones han abandonado el primer país de entrada (Polonia, Rumania o Hungría, sobre todo) y han seguido camino hacia otras partes del territorio comunitario, por lo que casi todos los socios de la UE están absorbiendo parte del éxodo.

La Comisión ha aprobado este miércoles varias orientaciones para que los Estados cumplan las obligaciones de proporcionar servicios sanitarios, educación, alojamiento y derecho al trabajo a los refugiados ucranios, tal y como prevé la directiva sobre protección internacional activada por primera vez en la historia para responder a la mayor oleada de refugiados desde el final de la II Guerra Mundial.

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Cristiana Chamorro, exdirectora de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, en junio de 2021.
Cristiana Chamorro, exdirectora de la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, en junio de 2021.AFP

La opositora Cristiana Chamorro Barrios, a quien el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, evitó enfrentarse en las controvertidas elecciones presidenciales recientes al ser encarcelada, fue condenada este lunes a ocho años de prisión por los delitos de lavado de dinero, bienes y activos, apropiación y retención indebida, gestión abusiva y falsedad ideológica. Chamorro, periodista de 68 años, se encontraba bajo arresto domiciliario desde el 2 de junio de 2021, y fue condenada por un juzgado penal de Managua, ha informado el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) en una declaración.

Hija del héroe nicaragüense y periodista antisomocista asesinado Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y de la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997), Cristiana Chamorro era la figura de la oposición con mayor probabilidad de ganar las presidenciales del 7 noviembre pasado, en las que Ortega fue reelegido para su quinto mandato, cuarto consecutivo y segundo junto con esposa, Rosario Murillo, como vicepresidenta, con sus principales contendientes en prisión.

Chamorro es la séptima opositora que aspiró a ser candidata a la presidencia de Nicaragua en los comicios pasados en ser declarada culpable y condenada por los delitos de lavado de dinero o traición a la patria. Los otros seis son el académico Arturo Cruz, que fue embajador en Estados Unidos del Gobierno de Ortega entre (2007-2009), de quien se distanció; el activista, académico y líder de la Unidad Nacional Azul y Blanco, Félix Maradiaga; y el economista y sobrino político de la expresidenta Barrios de Chamorro, Juan Sebastián Chamorro. También el periodista Miguel Mora, fundador, propietario y exdirector del canal de televisión 100% Noticias, clausurado por las autoridades y que ahora se transmite en plataforma de internet; el líder campesino Medardo Mairena y el abogado y político conservador Noel Vidaurre.

El juicio a Cristiana Chamorro forma parte de una serie de procesos judiciales a una cuarentena de líderes opositores y críticos con el régimen sandinista, que fueron encarcelados antes de esos comicios y acusados en su mayoría de “traición a la patria” o lavado de dinero. Ortega ha tildado a los opositores encarcelados y juzgados de “traidores a la patria”, “criminales” e “hijos de perra de los imperialistas yanquis”.

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Hugo Torres, en una imagen los días previos a su detención en junio de 2021.
Hugo Torres, en una imagen los días previos a su detención en junio de 2021.RR.SS UNAMOS

El preso político y exguerrillero histórico del sandinismo, el general en retiro Hugo Torres, falleció este sábado en la cárcel, preso como estaba por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Fuentes allegadas a la familia confirmaron el deceso, aunque se desconocen más detalles, ya que el comandante crítico del actual Gobierno estaba recluido en la cárcel de El Chipote, que organismos defensores de derechos humanos consideran un centro de tortura.

Torres, de 73 años, es el primer preso político que muere en manos de la Policía Nacional, de los 47 que fueron arrestados el año pasado previo a las elecciones. Murió sin que se le haya procesado en un juicio. El general en retiro era uno de los más de 20 presos políticos de la tercera edad, varios de ellos valetudinarios, que se encuentran en El Chipote sometidos a torturas. Desde hace un par de meses, organismos defensores de derechos humanos iniciaron una campaña para conocer el paradero del general en retiro quien tuvo problemas de salud en prisión. Era figura clave del sandinismo. En 1974, el exguerrillero, conocido como Comandante Uno, arriesgó su vida en un operativo para liberar a un grupo de presos políticos de la dictadura somocista, entre ellos el mismo Daniel Ortega. También dirigió junto a Dora María Téllez, actual presa política y condenada por el supuesto delito de “conspiración”, el asalto al palacio, hazaña registrada en una crónica clásica del escritor Gabriel García Márquez.

Tras conocerse su muerte, comenzó a recircular el vídeo que Torres grabó antes de ser detenido por la policía de Ortega hace ocho meses en el que dice: “Hace 46 años arriesgué la vida para sacar de la cárcel a Daniel Ortega y a otros compañeros presos políticos (…) pero así son las vueltas de la vida, y los que algún día acogieron principios hoy los han traicionado”.

Desde inicios de este año el movimiento Unión Democrática Renovadora (Unamos) inició una campaña para conocer sobre la salud de Torres, quien era el vicepresidente de esta organización. La exguerrillera Mónica Baltodano escribió en un artículo de opinión en Confidencial que Torres fue sacado de su celda desde 17 de diciembre de 2021 porque había enfermado rápidamente y sus compañeros lo habían auxiliado varia veces “por el grado de inflamación de sus piernas, casi no podía moverse por sí mismo. Fue atendido por médicos del penal, pero no lograron aliviar su situación. Ese día, Hugo sufrió un largo desmayo. De su celda fue sacado con rumbo desconocido”, escribió Baltodano.

Aunque luego se conoció que fue trasladado a un hospital de Managua para ser atendido, el paradero de Torres fue tratado con total hermetismo, hasta la noticia de su fallecimiento. “Él padecía cáncer, pero todo es muy raro porque él entró súper sano a El Chipote y las noticias iniciales tras su arresto era que estaba saludable, pero de repente se descompensó. Así que ahora queda la duda de si fue una negligencia en la cárcel”, dijo una fuente allegada a la familia de Torres.

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Los hijos del comandante guerrillero han tratado el caso de su papá con cautela, pero la tarde de este sábado se espera que emitan un comunicado al respecto. Las alarmas sobre la salud de Torres saltaron después de la cuarta visita que el régimen permitió a familiares de presos políticos, entre el 30 de diciembre y el 2 de enero pasado, cuando los familiares no pudieron verlo porque no estaba en su celda, según relataron otros presos políticos.

Torres nació en 1948, en El Espino, Madriz, al norte de Nicaragua. A los cinco años su familia se trasladó a León, donde vivió y estudió. Vivió en el barrio El Calvario, cerca de donde vivía Rigoberto López Pérez, a quien conoció antes de que este ejecutara a Somoza García en 1956, según Mónica Baltodano. Su madre fue Isabel Jiménez y su padre, Cipriano Torres, subteniente de la Guardia Nacional (G.N.).

Con el triunfo de los sandinistas, Torres llegó a convertirse en General del Ejército, del cual se retiró hasta 1998. Sin embargo, en el comunicado de la Policía Nacional sobre su captura se le tildó como “ciudadano”, negando su cargo militar. “A los seguidores más sensatos del Frente Sandinista mi mensaje es que abran los ojos que los están llevando al despeñadero”, dijo Torres previo a su captura. El estupor ha cundido este sábado en Nicaragua, en especial en los familiares de los presos políticos. “Es un gran golpe para nosotros”, dijo uno de ellos.

La dictadura Ortega-Murillo guarda total silencio sobre la muerte de Hugo Torres. “Están obligados a informar sobre la causa del deceso para efectos legales mueres en manos de la policía porque nunca quisieron informar sobre su paradero”, dijo a EL PAÍS Vilma Núñez, defensora de derechos humanos.

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En cualquier conflicto, la información se convierte en un arma. La escalada de tensión entre Rusia y Ucrania —y sus reverberaciones en la OTAN, EE UU y la UE— ha ido acompañada de una guerra de noticias en las que se mezclan mentiras, medias verdades e interpretaciones interesadas. En un ecosistema en el que abunda la desinformación y la propaganda, EL PAIS trata de aclarar algunas de estas cuestiones.

La OTAN se comprometió con Moscú a no expandirse al este. Falso. En contra de lo repetido por el Gobierno ruso, la OTAN nunca llegó a ningún compromiso conocido con Moscú sobre los límites territoriales de la Alianza y desde el final de la Guerra Fría se reservó el derecho de aceptar a cualquier país que cumpliese las condiciones. Sin embargo, los aliados occidentales siempre reconocieron el caso especial de Ucrania.

En ninguno de los textos que configuraron la seguridad europea de la postguerra fría se recoge la idea de limitar el crecimiento de la OTAN o la de restringir la posibilidad de ingreso de ciertos países. Todo lo contrario. El Acta final de Helsinki (1975), firmado todavía por la URSS, reconoce a todos los países “el derecho de pertenecer o no pertenecer a organizaciones internacionales, de ser o no ser parte en tratados bilaterales o multilaterales, incluyendo el derecho de ser o no ser parte en tratados de alianza”.

Una vez caído el muro, la Carta de París (1990), también suscrita por Moscú, consagra “la libertad de los Estados de elegir sus propios arreglos en materia de seguridad”. Y en 1997, el acta fundacional de la relación entre la OTAN y la Rusia postcomunista señala expresamente que ambas partes “buscarán la más amplia cooperación entre los Estados miembros de la OSCE con el objetivo de crear en Europa un espacio común de seguridad y estabilidad, sin líneas divisorias o esferas de influencia que limiten la soberanía de algún Estado”.

Ucrania es un caso especial en el bloque soviético. Cierto. Los aliados occidentales siempre reconocieron el caso especial de Ucrania, tanto por su tamaño, por sus estrechos lazos económicos e históricos con Rusia como por ser un polvorín nuclear de inquietante magnitud. Tras la desintegración de la URSS, Ucrania se convirtió en el tercer país con mayor arsenal nuclear del mundo gracias al armamento heredado de Moscú. Kiev aceptó en 1994 renunciar a todas las armas nucleares a cambio del compromiso de Rusia, EE UU y Reino Unido de “respetar la independencia y la soberanía y las fronteras existentes de Ucrania”, según un memorándum firmado por los cuatro países.

Además, tras la desintegración de la URSS, Occidente abrió con Kiev una relación diferenciada respecto a otros países del bloque soviético llamados a integrarse rápidamente en la Alianza Atlántica. Ya en 1995, en el primer estudio público de la OTAN sobre su ampliación hacia el este, solo se cita a Ucrania y a Rusia como los dos países con los que habrá que estrechar relaciones, pero de un modo especial.

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Fuentes europeas recuerdan que en la cumbre de la OTAN en Madrid en 1997 se cursaron las primeras invitaciones al ingreso a Polonia, Hungría y República Checa y se dejó en espera a un grupo de países (Eslovaquia, Eslovenia, Rumania o Bulgaria) entre los que no figuraba Ucrania. Con Kiev se firmó la llamada Carta de Asociación que establecía una relación similar a la de Rusia. Solo unos meses antes se había establecido el Consejo OTAN-Rusia, que también fijaba un marco de relación especial con Moscú.

Occidente ha provocado a Moscú en los últimos años. Cierto, con matices. El frágil equilibrio de la postguerra fría se rompió a primeros de este siglo cuando Ucrania y otros países de la órbita rusa empezaron a distanciarse de Moscú para acercarse a Bruselas en búsqueda no tanto de la seguridad ofrecida por la OTAN como de la prosperidad que propicia la UE. Las fuentes consultadas reconocen que los occidentales hicieron dos movimientos que alentaron esa tendencia y provocaron la reacción del presidente ruso, Vladímir Putin: la cumbre de la OTAN de abril de 2008 en Bucarest, donde el presidente de EE UU, George W. Bush, se empeñó, contra el criterio europeo, en dar una perspectiva de ingreso a Ucrania y a Georgia, que ya deseaban la adhesión antes de ese aliento. Y el lanzamiento del llamado partenariado oriental de la UE en 2009, para estrechar lazos comerciales con Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania.

La respuesta de Putin tardó poco en llegar. El 8 de agosto de 2008, el mismo día que los líderes del planeta asistían en Pekín a la inauguración de los Juegos Olímpicos, Rusia invadía parte de Georgia y 13 años después las tropas rusas siguen en un país que se enfrenta a un conflicto larvado en las regiones de Abjasia y Osetia del sur que puede estallar en cualquier momento.

El Kremlin ha repetido una táctica similar en casi todos los países que se sumaron al partenariado oriental de la UE. “En 2021, cinco de los seis países del partenariado seguían afrontando conflictos prolongados en sus territorios, en todos los cuales está implicada Rusia en diferentes grados”, señalan los profesores Tracey German y Andriy Tyushka en un estudio sobre la seguridad en el flanco oriental de la UE encargado por el Parlamento Europeo.

La presión de Putin ha provocado una militarización de toda la zona, hasta el punto de que cuatro de los seis países con tentación europeísta se han convertido entre los que tienen un mayor gasto en defensa del mundo en términos proporcionales, según el citado estudio. En Armenia y Azerbaiyán el gasto militar en 2019 supera el 4% del PIB anual y en Ucrania rozaba el 3,5% y ha seguido creciendo. Los conflictos eternos han lastrado además el desarrollo económico de una zona que es pasto del crimen organizado y el lavado de dinero, según Europol. Además, tras la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia y el inicio de la guerra del Donbás, el porcentaje de ucranios que quiere a su país dentro de la OTAN ha ido aumentando.

Ucrania es un régimen nazi. Falso. Esta retórica tiene el origen en el papel que grupos de extrema derecha y personas de ideología abiertamente nazi tuvieron en los batallones y brigadas civiles que lucharon en los primeros tiempos de la guerra del Donbás (donde combatieron, por ejemplo, junto a batallones de musulmanes chechenos) y en los disturbios de las movilizaciones del Maidán, en 2013. Como el Batallón Azov (declarado “grupo de odio nacionalista” por el departamento de Estado, pero hoy reformado e integrado como una unidad parte del Ejército regular), que entre sus fundadores tuvo a figuras nazis como Andriy Biletskiy, que después se desenganchó y fundó el llamado Cuerpo Nacional. Biletskiy llegó a tener un escaño de diputado. Sin embargo, a diferencia de otros países europeos, la extrema derecha carece hoy de representación parlamentaria y de influencia en la agenda política en Ucrania.

Esa retórica del Kremlin ignora que algunos altos cargos y figuras muy influyentes en el país son judíos, incluido el presidente, Volodímir Zelenski, que además es rusoparlante, y arrasó en las elecciones de 2019. El argumento se apoya también en cómo algunos ucranios han encumbrado como héroes a figuras colaboracionistas de la Alemania nazi, como Stepan Bandera. Algunos ucranios lo alaban por su ideología, pero otros obvian ese factor y ensalzan su combate al estalinismo.

Pintar Ucrania como un país escorado a la ultraderecha es una de las narrativas de desinformación y propaganda favoritas del Kremlin, indica María Avdeeva, de la Asociación Europea de Expertos, que cree que el objetivo es sembrar un “pretexto” para usarlo como argumento en defensa de los ciudadanos rusos de Ucrania —las autoridades rusas han entregado decenas de miles de pasaportes rusos en las regiones separatistas— o los rusopalantes.

Varios informes, además, detallan los vínculos de grupos de extrema derecha ucranios con grupos rusos y con el aparato de seguridad de Rusia, indica el analista militar Aleksandr Kovalenko. Y análisis como el que hacen Taras Tarasiuk y Andreas Umland traza los lazos entre algunas de estas organizaciones y otras dentro de países de la UE, que cuentan con sus propios vínculos con entidades rusas o magnates rusos ultraconservadores y de extrema derecha.

En el Donbás no hay un conflicto con Rusia, sino una guerra interna ucrania. Falso. Moscú defiende el argumento de que la de Donetsk y Lugansk es una “guerra civil”, para ocultar su papel y para que Kiev negocie directamente con los líderes separatistas, algo que el Gobierno ucranio rechaza, porque les considera marionetas del Kremlin.

Los protagonistas de la insurrección separatista en el este de Ucrania de 2014 alimentada por el Kremlin han insinuado, además, el papel entre bastidores de Moscú en libros y entrevistas concedidas estos años. Tras la huida del expresidente ucranio Víktor Yanukóvich y la anexión ilegal de Crimea en marzo de 2014, hubo una serie de manifestaciones en la región que pronto se apagaron con la detención del primer gobernador popular, Pável Gubárev. Este ha reconocido abiertamente que solo dieron un paso adelante y ocuparon edificios gubernamentales tras haber hablado con Serguéi Glázyev, entonces asesor de Putin. Distintos informes analizan y documentan también los envíos de armas rusas a las regiones ucranias separatistas de Donetsk y Lugansk.

Los rusohablantes están discriminados en Ucrania. Discutible. En la propia capital de Ucrania mucha gente habla en ruso en cualquier ámbito. En los mercadillos, los carteles están escritos en esa misma lengua y la música son clásicos de los noventa del otro lado de la frontera. La Constitución señala que la lengua del Estado es el ucranio, que durante la época de la Unión Soviética fue un idioma discriminado (como otros en las repúblicas que formaron la URSS) por la política de difusión del ruso.

Con el paso de los años y con la agresión militar rusa para muchos ciudadanos el idioma ha ganado peso en la construcción de la identidad ucrania. También para el Estado, que gradualmente ha ido legislando para tratar de impulsar el ucranio. Las leyes de Ucrania indican ahora que el idioma oficial para todo es el ucranio, todas las publicaciones deben hacerse en ucranio (y luego, si se desea en otros idiomas, incluido el ruso). Aunque sigue habiendo escuelas bilingües, la enseñanza de ruso ha dejado de ser obligatoria y ahora ha pasado a conformar una optativa.

El Kremlin alimenta con estas medidas la idea de que los rusófonos están discriminados en Ucrania. Y a la Comisión de Venecia le preocupa que las medidas de impulso de la lengua ucrania pongan en peligro la libertad de las minorías (húngaras, por ejemplo).

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Un antiguo coronel de los servicios de inteligencia sirios ha sido condenado por la justicia alemana a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad en el marco del primer juicio en el mundo vinculado a los abusos cometidos por el régimen de Bachar el Asad. Anwar Raslan, de 58 años, era el principal acusado en un proceso histórico que ha dado esperanza a muchos de los 800.000 sirios que residen en Alemania de que se haga justicia después de que fracasaran los intentos de establecer un tribunal internacional para Siria.

El Tribunal Superior de Coblenza que ha condenado a Raslan se ha basado en el principio de jurisdicción universal, que permite juzgar delitos graves en tribunales de terceros países. El proceso empezó en abril de 2020 y causó gran revuelo a nivel internacional. Desde 2002, Alemania es uno de los países europeos con una interpretación más amplia de lo que se considera justicia universal, lo que le permite, por ejemplo, juzgar a acusados de crímenes de lesa humanidad sin necesidad de que entre las víctimas haya ciudadanos alemanes, como exigen otros Estados de la Unión Europea. Más de 80 testigos y varias víctimas de tortura han comparecido en Coblenza para relatar las barbaridades cometidas durante la guerra civil siria.

El tribunal considera probado que Raslan cometió 27 asesinatos y que fue responsable de la tortura de al menos 4.000 personas en una prisión gestionada por el servicio de inteligencia en la capital siria, Damasco, donde era jefe de interrogatorios. El veredicto incluye también condenas por otros delitos como las lesiones graves, agresiones sexuales y privación de libertad. La Fiscalía acusaba a Raslan del asesinato de 58 personas. La defensa había pedido la absolución.

Los jueces consideran que el excoronel era quien supervisaba y tomaba las decisiones como jefe de la unidad de investigaciones del departamento de inteligencia 251, que dirigió entre 2011 y 2012. De ese departamento dependía la cárcel de Al Jatib, donde se cometieron los crímenes.

Raslan fue detenido en febrero de 2019, cinco años después de su deserción de las filas del régimen sirio y de que consiguiera entrar en Alemania como refugiado. Mientras permaneció en el país haciéndose pasar por otra de las muchas víctimas de la guerra y la represión llegó a participar en las conversaciones de paz de Ginebra II como parte de la delegación de la oposición siria en 2014. Durante el juicio ha defendido que simpatizaba en secreto con la oposición y que nunca torturó ni dio órdenes para que nadie lo hiciera.

La justicia ha podido actuar contra Raslan gracias a que otro refugiado le reconoció en Berlín. La ONG alemana Centro Europeo para los Derechos Humanos y Constitucionales (ECCHR, por sus siglas en inglés), que se dedica a dar asistencia jurídica, le ayudó a presentar una denuncia y empezó así un proceso que ha ido sumando decenas de testimonios recogidos por la Fiscalía General y la policía. Los miles de fotografías de víctimas de la represión que un informante, conocido con el seudónimo César, pudo sacar del país y que documentan el horror de las cárceles sirias, también han contribuido a construir el caso.

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La justicia alemana dictó el primer veredicto en este proceso el año pasado. El tribunal de Coblenza condenó a un antiguo miembro de los servicios secretos sirios, Eyal Alghareib, de 44 años, a cuatro años y medio de cárcel como cómplice de un crimen de lesa humanidad por haber ayudado a otros a privar de libertad y a torturar a 30 personas mientras estaban bajo su custodia. Fue la primera vez que un tribunal de justicia calificó lo sucedido en Siria como crímenes de lesa humanidad.

La acusación contra Alghareib, agente de menor rango que Raslan, se disgregó de la principal, lo que permitió acelerar el procedimiento. Alghareib llegó a Alemania en abril de 2018, también como solicitante de asilo. En otoño de 2011, después de que el régimen disolviera violentamente una manifestación en Duma (al sudeste del país), participó en el arresto de 30 personas y en su traslado a la cárcel del departamento 251 en Damasco. Según el tribunal, les custodió en uno de los autobuses y “vio que ya habían sido golpeados de camino a la prisión y al llegar a ella”. El acusado “sabía de la tortura regular y sistemática” en ese centro y “la aceptó”, afirmaron los jueces.

“Este veredicto es importante para todos los sirios que han sufrido y siguen sufriendo los crímenes del régimen de El Asad. Demuestra que la justicia no debería seguir siendo un sueño para nosotros. Es solo un comienzo y tenemos un largo camino por recorrer, pero para nosotros, las personas afectadas, este juicio y el fallo de hoy son un primer paso hacia la libertad, la dignidad y la justicia”, declaró Ruham Hawash, superviviente sirio de la cárcel de Al Jatib y uno de los demandantes en el caso, en palabras recogidas en un comunicado de ECCHR.

“Es solo un primer paso para abordar los crímenes en Siria, pero ese primer paso suele ser el más difícil”, aseguró Patrick Kroker, abogado del ECCHR. “El objetivo sigue siendo llevar a altos cargos de El Asad, como el exjefe de inteligencia de la Fuerza Aérea Jamil Hassan, ante la justicia por sus crímenes”. Esta ONG presentó en 2017 una querella contra Hassan y al año siguiente la justicia alemana emitió una orden de arresto internacional contra él.

Los abogados que han participado en el juicio creen que las pruebas presentadas podrán ser utilizadas por otros fiscales de países europeos en los que también se aplica la justicia universal. La justicia internacional está de momento paralizada después de que China y Rusia vetaran en el Consejo de Seguridad de la ONU la investigación de los crímenes de guerra en Siria en la Corte Penal Internacional.

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Héctor Luis Valdés Cocho y Esteban Rodriquez , miembros del Movimiento San Isidro y periodistas independientes de ADN Cuba .
Héctor Luis Valdés Cocho y Esteban Rodriquez , miembros del Movimiento San Isidro y periodistas independientes de ADN Cuba .Héctor Luis Valdés

Dos periodistas cubanos que permanecieron por más de 30 horas varados en el Aeropuerto Internacional de San Salvador han sido admitidos al país centroamericano por el Gobierno del presidente Nayib Bukele, después de que el régimen de Daniel Ortega, aliado de La Habana, rechazara su ingreso a Nicaragua.

Los reporteros independientes Esteban Rodríguez y Héctor Luis Valdés dejaron Cuba “presionados” por el régimen debido a su trabajo crítico en la isla caribeña. Relataron a medios locales que abandonaron el país gracias al apoyo de organizaciones de derechos humanos y tenían como destino final Managua, pero mientras hacían escala en El Salvador se les comunicó que no se les permitiría la entrada al vecino país. “No sabemos qué estatus legal tenemos, pero hemos solicitado ayuda y la hemos recibido”, ha afirmado Valdés a los periodistas reunidos en el aeropuerto salvadoreño.

Las autoridades salvadoreñas han afirmado que trasladaron a los reporteros a un hotel de la capital, mientras les entregan ayuda humanitaria y resuelven su situación migratoria. Rodríguez y Valdés fueron recibidos en la estación aeroportuaria por Ricardo Cucalón, director del Departamento de Migración y Extranjería, y Apolonio Tobar, procurador de derechos humanos salvadoreño. Ambos han relatado a las autoridades que fueron obligados a dejar Cuba debido a su trabajo. Rodríguez ha afirmado que estuvo encarcelado en una prisión de la isla durante ocho meses, donde ha sido torturado y estuvo bajo amenazas de muerte. “Me han obligado a abandonar el país por pensar diferente, por querer ejercer el periodismo independiente”, ha dicho el reportero.

El régimen cubano mantiene una fuerte represión contra las voces críticas, incluyendo activistas, intelectuales, artistas y reporteros. “En las últimas semanas hemos recibido reportes constantes de activistas y periodistas que, al igual que Héctor y Esteban, han sido obligados a salir de Cuba debido a las amenazas del régimen. [Miguel] Díaz-Canel parece decidido a construir un país con cero disenso. Es fundamental que los países democráticos de la región presionen a Cuba para frenar estos abusos y acojan a quienes se ven forzados al exilio”, ha dicho Juan Pappier, investigador de Human Rights Watch. Sobre la negativa de Managua de admitir a los periodistas, Pappier ha agregado: “Tratándose de una dictadura brutal como la de Daniel Ortega, no sorprende que el Gobierno de Nicaragua use de forma arbitraria los permisos de ingreso para admitir a periodistas y activistas independientes cubanos”.

Pedro Vaca, relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también ha criticado la decisión del régimen cubano de expulsar a los reporteros. “Estamos hablando de denuncias de tortura. Esto reviste el más alto nivel de preocupación, porque son personas que estaban bajo custodia estatal. Esas denuncias deben ser investigadas rigurosamente y ojalá que con el acompañamiento de la comunidad internacional”, ha dicho Vaca en entrevista por teléfono. El relator ha calificado la situación de ambos periodistas como “ostracismo” y ha afirmado que su “expulsión es una sin salida muy difícil, que apunta a la vulneración de sus derechos”.

Esta nueva embestida del Gobierno cubano se da seis meses después de que estallarán una serie de protestas en el país caribeño desatadas por el descontento causado por el manejo de la pandemia y la escasez de alimentos y medicinas. Las manifestaciones fueron reprimidas por el régimen y los principales rostros de las protestas han sido perseguidos, encarcelados o asediados. “Estamos hablando que este hecho muestra que los efectos de represión y silenciamiento se han sostenido en el tiempo y que claramente no ha habido un acompañamiento de la misma intensidad de parte de la comunidad internacional. La sociedad cubana genera un alto nivel de autocensura frente a sus reclamos legítimos”, ha criticado Vaca.

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