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El líder norcoreano, Kim Jong-un, junto a unos militares durante lo que, según los medios oficiales, fue el lanzamiento del misil intercontinental Hwasong-17 el pasado jueves.
El líder norcoreano, Kim Jong-un, junto a unos militares durante lo que, según los medios oficiales, fue el lanzamiento del misil intercontinental Hwasong-17 el pasado jueves.KCNA (via REUTERS)

¿Fue o no fue el proyectil que los analistas apodan como “el monstruo”? Corea del Norte asegura que el misil que disparó el pasado jueves, que llegó más alto y más lejos que cualquier otro en su historia, es un “nuevo tipo” de cohete, el Hwasong-17 que mostró en un desfile militar en octubre de 2020 pero que nunca había probado hasta ahora. Las fuerzas armadas de Corea del Sur y Estados Unidos, por contra, han puesto esa afirmación en duda, según la agencia de noticias surcoreana Yonhap, y apuntan que podría tratarse más bien de otro misil intercontinental más antiguo, el Hwasong-15, que Pyongyang ya disparó en 2017. Otros analistas también se han sumado a la tesis del escepticismo.

El misil balístico intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés) alcanzó una altura máxima de 6.248,5 kilómetros y cayó en aguas de la zona económica exclusiva de Japón, a 1.090 kilómetros de distancia del punto desde el que fue lanzado, el aeropuerto de Sunan, en las afueras de la capital norcoreana. Permaneció en el aire 67,5 minutos, según Pyongyang. Y Corea del Norte festejó su lanzamiento con un gran despliegue informativo en la televisión estatal: no solo lo presentó la locutora Ri Chun-hee, encargada de anunciar las grandes noticias del régimen. Además, la cadena emitió un montaje de once minutos en el que se ve al líder supremo, Kim Jong-un, ataviado estilo Top Gun o Gangnam Style supervisar el lanzamiento y sus preparativos, y festejar el aparente éxito con gritos de alegría y puños al aire.

Pero los analistas han puesto de manifiesto detalles en el vídeo que parecen contradecir la narrativa oficial. Por ejemplo, las imágenes muestran el lanzamiento en un día despejado, mientras que el jueves estuvo nublado en Pyongyang y sus alrededores. La agencia de noticias surcoreana Yonhap cita fuentes de las fuerzas armadas estadounidenses y surcoreanas para indicar que el cohete al que se ve elevarse a los cielos solo cuenta con dos boquillas de motor, mientras que el Hwasong-17 que se vio en el desfile de 2020 tenía cuatro.

Yonhap apunta que, según sus fuentes militares, el tiempo de combustión del motor de la primera fase del cohete fue similar al de la prueba del Hwasong-15 hace cinco años. “El análisis se basó en datos recabados por los activos de espionaje de los aliados, incluido un satélite equipado con sensores infrarrojos termales”, explica.

Este tipo de detalles ha hecho pensar a los analistas que las imágenes pueden corresponder al lanzamiento fallido de un misil la semana anterior, también desde Sunan. El cohete disparado el jueves sería, en ese caso, un Hwasong-15. Su altura y alcance, mucho mayor que los registrados en 2017 (4.475 y 960 kilómetros, respectivamente), se explicaría por llevar una ojiva mucho más ligera que entonces.

“Múltiples elementos de pruebas visuales sugieren que la versión norcoreana de los acontecimientos es equívoca en el mejor de los casos y, en el peor, posiblemente una completa invención de una prueba de un misil Hwasong-17″, indica la página especializada en información sobre Corea del Norte NK News, que cita algunas sombras y localizaciones entre las inconsistencias que se observan en el vídeo de la televisión norcoreana. La web matiza que las contradicciones no implican necesariamente que el misil que se probó el jueves fuese un Hwasong-15. “Sigue siendo posible que Corea del Norte lanzara de veras un Hwasong-17 el 24 de marzo pero utilizara imágenes antiguas, quizá del intento fallido del 16 de marzo, en su cobertura de la prueba del 24 de marzo. Eso podría haber sido necesario si las cámaras no hubieran podido capturar algunos aspectos del lanzamiento de esta semana que los propagandistas del régimen querían incluir en la cobertura oficial”, explica.

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El lanzamiento del jueves era el primero de un misil ICBM norcoreano desde noviembre de 2017, en plenas tensiones con el Gobierno de Estados Unidos por el programa de armamento nuclear y de misiles de Pyongyang. El lanzamiento ha acabado con la moratoria sobre disparos de proyectiles de largo alcance que el régimen de Kim Jong Un se impuso al año siguiente, cuando abrió un proceso de negociación con Washington para la desnuclearización de la península.

Pero esas conversaciones entraron en punto muerto tras el estrepitoso fracaso de la segunda cumbre entre Kim y el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Hanói (Vietnam) en marzo de 2019. En 2021, el líder norcoreano dio órdenes de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se incluyó en el nuevo plan quinquenal (2021-2025).

Desde el comienzo de este año, Corea del Norte ha llevado a cabo una docena de pruebas de misiles —de los que asegura que al menos cuatro eran misiles hipersónicos—, en un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017. En enero, el régimen había insinuado que se planteaba una nueva prueba de un ICBM.

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Corea del Norte ha confirmado que el proyectil que disparó este jueves es el mayor misil de su historia, un Hwasong-17 intercontinental nunca probado hasta ahora y que alcanzó una altura y una distancia muy superiores a la de cualquier otro cohete lanzado por Pyongyang. Esta iniciativa ha hecho saltar las alarmas en la región. El líder supremo norcoreano, Kim Jong-un, aprobó y supervisó personalmente el lanzamiento, con el que el régimen busca “mostrar su poderío” y su preparación para “una larga confrontación con los imperialistas estadounidenses”, según la agencia de noticias norcoreana KCNA.

El cohete intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés), apodado “el monstruo” por los analistas internacionales, alcanzó en su trayecto una altura máxima de 6.248,5 kilómetros y recorrió una distancia de 1.090 kilómetros, para mantenerse en el aire 4.052 segundos (67,5 minutos), según KCNA. Cayó en el mar a unos 150 kilómetros de las costas japonesas, la mayor cercanía a territorio nipón en una prueba de misiles norcoreana hasta ahora.

La prueba, la última de una docena de misiles de cada vez mayor potencia en lo que va de año, ha desatado una ola de contactos entre los gobiernos regionales y Estados Unidos. El presidente estadounidense, Joe Biden, ha conversado en las últimas horas con el jefe de Gobierno japonés, Fumio Kishida. El secretario de Estado, Antony Blinken, lo ha hecho con su homólogo surcoreano, Chung Eui-yong. El Consejo de Seguridad de la ONU ha convocado una reunión extraordinaria este viernes para abordar el lanzamiento. Washington ha anunciado nuevas sanciones contra individuos y entidades norcoreanas por una prueba que ha denunciado que viola varias resoluciones de Naciones Unidas.

El lanzamiento se ha producido en un momento delicado en el tablero geopolítico. Estados Unidos y Europa concentran su atención en la guerra en Ucrania. Corea del Sur se encuentra en pleno proceso de transición presidencial, a la espera de que el conservador Yoon Suk-yeol tome posesión de la jefatura de Estado tras su triunfo en las elecciones del pasado día 9. Yoon podría adoptar una política de mano dura hacia Pyongyang, tras un mandato de cinco años de su predecesor, el progresista Moon Jae-in, que hizo del acercamiento a su vecino del norte uno de los santos y señas de su política.

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Inmediatamente después del lanzamiento, las Fuerzas Armadas surcoreanas lanzaron maniobras militares con fuego real en las que utilizaron misiles de aire, tierra y mar.

El nuevo cohete —que se había mostrado en un desfile militar nocturno en 2020, pero que no se había llegado a disparar hasta ahora— busca disuadir a Estados Unidos de tomar cualquier iniciativa militar contra Pyongyang cuando el proceso negociador que ambos gobiernos iniciaron en 2018 para la desnuclearización de la península coreana lleva tres años en punto muerto. “Desempeñará su misión como potente disuasión ante una guerra nuclear”, ha asegurado KCNA al informar sobre el lanzamiento. “Hará que el mundo sea claramente consciente del poderío de nuestras fuerzas armadas estratégicas”, añade la agencia.

Fin a la moratoria

Corea del Norte se había impuesto una moratoria a las pruebas de misiles de largo alcance —ahora volatilizada con este nuevo lanzamiento— en 2018, en vísperas de que comenzara el proceso negociador con una cumbre en Singapur entre Kim Jong-un y el entonces presidente estadounidense, Donald Trump. La última vez que el régimen probó un misil intercontinental, con capacidad para alcanzar cualquier punto de territorio estadounidense, fue en noviembre de 2017, cuando las tensiones entre los dos gobiernos amenazaron con desembocar en un conflicto violento. Entonces, el Hwasong-15 había recorrido 906 kilómetros y había alcanzado una altura máxima de 4.475 kilómetros.

Sin señales de recuperación de las negociaciones, y después de que las tres cumbres entre Kim y Trump en un año no arrojaran apenas resultados, el líder norcoreano dio órdenes el año pasado de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se incluyó en el nuevo plan quinquenal (2021-2025). En septiembre del año pasado, Pyongyang completó la primera prueba de lo que aseguró que era un misil hipersónico.

Desde el comienzo de este año, Corea del Norte ha llevado a cabo una docena de pruebas de misiles, un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017. En enero, el régimen había insinuado que se planteaba una nueva prueba de un ICBM: en una reunión de su politburó, indicó que estudiaba “el reinicio de todas las actividades suspendidas temporalmente”.

El lanzamiento de este jueves se suma a otra serie de señales que apuntan a la vuelta de Corea del Norte al camino seguido antes de 2018, y el posible retorno de las tensiones de entonces. Kim Jong-un ha ordenado la modernización del centro Sohae de lanzamientos espaciales. E imágenes vía satélite también parecen mostrar el inicio de trabajos de construcción en el centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, según han denunciado expertos del James Martin Center for Non Proliferation Studies. Pyongyang había clausurado esas instalaciones durante el deshielo de 2018, cuando invitó a periodistas extranjeros a presenciar la voladura de algunos de los túneles y el sellado de los accesos.

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Mientras el mundo mira a Ucrania, Corea del Norte ha disparado este jueves lo que según Seúl y Tokio es un misil intercontinental (ICBM, por sus siglas en inglés). El lanzamiento hace saltar por los aires la moratoria a las pruebas de proyectiles de largo alcance que Pyongyang había declarado hace cuatro años y vuelve a disparar las tensiones en la península, donde las conversaciones sobre desnuclearización se encuentran estancadas desde 2019. El último lanzamiento por parte del régimen de Kim Jong-un de un ICBM, el proyectil más potente de su arsenal y capaz de alcanzar cualquier punto del territorio estadounidense, había tenido lugar en 2017.

El misil, según el Estado Mayor de Corea del Sur, fue lanzado desde Sunan, el aeropuerto de Pyongyang. Alcanzó una altura máxima de 6.200 kilómetros y recorrió una distancia de 1.080 metros antes de caer al mar en aguas de la zona económica exclusiva (ZEE) de Japón, cerca de la isla de Hokkaido, a las 15.44 horas locales (07.44, hora peninsular española). Tanto Seúl como Tokio han considerado que el lanzado este jueves es “un nuevo tipo de ICBM”. De confirmarse, podría tratarse del Hwasong-17, que Pyongyang presentó en un desfile militar nocturno en octubre de 2020, pero que no había probado hasta ahora. El Hwasong-15 que Pyongyang lanzó en noviembre de 2017 alcanzó una altura de 4.475 kilómetros y recorrió una distancia de 906 kilómetros.

Inmediatamente después de la prueba del Norte, las Fuerzas Armadas del Sur respondieron con unas maniobras conjuntas con fuego real en las que movilizaron algunos de sus principales misiles, “en una demostración de poder militar contra Corea del Norte”, ha indicado la agencia de noticias del Sur Yonhap.

Entre los equipos movilizados se encontraban un Hyunmoo-2 tierra-tierra, un sistema misil táctico del Ejército (ATACMS); un Haesung-II mar-tierra y dos misiles JDAM aire-tierra, según ha indicado el Estado Mayor del Sur, citado por Yonhap. Las maniobras, según las fuerzas surcoreanas, han “confirmado que, si es necesario, el Ejército es capaz de un ataque de precisión contra la localización de cualquier lanzamiento de misiles y su sistema de mando”. Tanto el Gobierno en Seúl como el japonés han convocado una reunión de urgencia de sus respectivos consejos de seguridad. Tokio ha calificado el lanzamiento como una “provocación”, “inaceptable” en plena crisis por la guerra en Ucrania. Tanto Estados Unidos como Corea del Sur habían advertido en los últimos días que Pyongyang podría probar su nuevo Hwasong-17 disfrazando el disparo de un lanzamiento de satélite espacial.

El lanzamiento llega dos semanas después de la victoria en las elecciones presidenciales del Sur del conservador Yoon Suk-yeol, que asumirá el poder en mayo y que ha prometido una política de dureza contra el Norte tras un mandato de su predecesor, el progresista Moon Jae-in, en el que Seúl trató de tender puentes hacia su vecino. En una primera reacción, el comité de transición del presidente electo surcoreano ha declarado que la prueba del ICBM “representa una grave provocación que amenaza nuestra seguridad” y que se encuentra “en violación directa de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”.

Moon, el presidente saliente surcoreano, ha condenado también el lanzamiento, que recuerda que viola la promesa de Kim Jong-un “a la comunidad internacional” poco antes de la primera cumbre entre el líder supremo norcoreano y el entonces presidente estadounidense, Donald Trump, en Singapur en junio de 2018.

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Aquella declaración puso fin formal a una racha de pruebas casi semanales de misiles —y una nuclear— a lo largo de 2017 que llevó a Corea del Norte y a Estados Unidos al borde de un conflicto militar.

El proceso de deshielo iniciado en 2018 con Seúl y la cumbre con Trump dieron paso a una etapa de negociaciones diplomáticas sobre la desnuclearización de la península. Pero el estrepitoso fracaso de la cumbre de Hanoi en febrero de 2019 dejó el proceso en suspenso.

Sin señales de recuperación de las negociaciones pese a una última cumbre entre Kim y Trump en junio de 2019, y sin que la Administración de Joe Biden las haya reactivado, el líder norcoreano dio órdenes el año pasado de desarrollar nuevo armamento de tecnología punta, una prioridad que se incluyó en el nuevo plan quinquenal (2021-2025). En septiembre del año pasado, Pyongyang completó la primera prueba de lo que aseguró que era un misil hipersónico. Hasta entonces, solo Estados Unidos, Rusia y China contaban con esa tecnología, que permite que los cohetes alcancen velocidades cinco veces superiores a la del sonido y puedan maniobrar en su trayectoria tras el disparo.

Desde el comienzo de este año, Corea del Norte ha llevado a cabo una docena de pruebas de misiles, un ritmo que no se veía desde los peores tiempos de 2017. En enero, el régimen había insinuado que se planteaba una nueva prueba de un ICBM: en una reunión de su Politburó, indicó que estudiaba “el reinicio de todas las actividades suspendidas temporalmente”.

El recurso al lanzamiento de un ICBM, tras un disparo fallido también desde Sunan la semana pasada, podría representar el preludio de un regreso a las tensiones de hace cinco años, que pusieron a Pyongyang y a Washington en pie de guerra. También podría asestar el golpe definitivo a la política de acercamiento por parte de Seúl, cuando está a punto de producirse el cambio de Gobierno.

Corea del Norte, que prepara un nuevo desfile militar para el 15 de abril —el 110 aniversario del nacimiento del fundador del régimen y abuelo del actual líder, Kim Il Sung—, ha ordenado la modernización del centro Sohae de lanzamientos espaciales. Imágenes vía satélite también parecen mostrar el inicio de trabajos de construcción en el centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, según han denunciado expertos del James Martin Center for Non Proliferation Studies. Pyongyang había clausurado esas instalaciones durante el deshielo de 2018, cuando invitó a periodistas extranjeros a presenciar la voladura de algunos de los túneles y el sellado de los accesos.

En un comunicado, la Casa Blanca ha condenado el lanzamiento de este jueves, “una descarada violación de múltiples resoluciones de la ONU, que eleva las tensiones innecesariamente y que corre el riesgo de desestabilizar la situación de la seguridad en la región”.

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En vísperas de la llegada del nuevo año lunar, Corea del Norte ha retrocedido un lustro. Este domingo ha disparado lo que parece un misil de rango intermedio, el mayor desde 2017, el año en que una avalancha de pruebas de armamento balístico -y un ensayo nuclear- pusieron al mundo al borde de un conflicto militar entre ella y Estados Unidos.

El lanzamiento de hoy es el séptimo en lo que va de 2022, una racha de una intensidad que no se veía desde 2018, cuando un acercamiento hacia Corea del Sur y la apertura de negociaciones con Estados Unidos -que incluyeron tres cumbres entre el líder supremo norcoreano, Kim Jong Un, y el entonces inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump- llevaron a Pyongyang a proclamar una moratoria en sus pruebas.

Corea del Norte “ha estado a punto de destruir su moratoria”, ha indicado el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, en un comunicado emitido tras una reunión de urgencia de su Consejo de Seguridad Nacional. Según la Casa Azul, la presidencia en Seúl, Pyongyang parece haber adoptado un patrón de comportamiento “similar” al de 2017, cuando sus disparos de misiles alcanzaron frecuencias casi semanales. El próximo paso en esta escalada, considera el gobierno surcoreano, puede ser el abandono completo de esa moratoria y la reanudación del programa nuclear y de misiles de largo alcance.

Según el Estado Mayor surcoreano, el misil balístico de alcance intermedio lanzado este domingo alcanzó una altura máxima de 2.000 kilómetros y recorrió unos 800 kilómetros durante un vuelo de una media hora, antes de caer al mar de Japón, también conocido como mar del Este. El Gobierno japonés coincide en esos cálculos.

La última vez que Pyongyang disparó un cohete similar había ocurrido en 2017. Entonces, el ejército norcoreano lanzó un misil Hwasong-12 que alcanzó una altura de 2.111 kilómetros y recorrió una distancia de 787 kilómetros. Los expertos calcularon que, de haber utilizado un ángulo de lanzamiento que maximizara su trayectoria, ese proyectil podría haber recorrido hasta 4.500 kilómetros, lo que le hubiera permitido llegar a la isla estadounidense de Guam, en el Pacífico.

En lo que va de año, Corea del Norte ha completado dos pruebas de misiles hipersónicos y cuatro de misiles de crucero y balísticos de corto alcance. El súbito frenesí ha llegado cuando Pyongyang ha apuntado este mes que podría dar por zanjada su moratoria y reactivar sus pruebas, al no encontrar indicios de que el gobierno estadounidense vaya a cambiar sus “políticas hostiles”. Washington había impuesto una nueva ronda de sanciones contra funcionarios norcoreanos, la primera de la presidencia de Joe Biden, tras las pruebas de proyectiles hipersónicos este mes.

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El año pasado, dos después del estrepitoso fracaso de la cumbre de Hanoi con Trump que enterró el proceso negociador con Estados Unidos, Kim Jong Un reclamó a sus fuerzas armadas el desarrollo de nuevas armas estratégicas, incluidos misiles hipersónicos. En septiembre llevó a cabo la primera prueba con éxito de ese tipo de proyectil.

Desde entonces, el líder supremo norcoreano ha ido señalando un endurecimiento de sus posturas, tras haber llegado aparentemente a la conclusión de que el proceso negociador con Estados Unidos se encuentra en punto muerto y ninguno de sus conductores quiere meter una marcha.

A principios de enero Kim presenció una de las pruebas de misiles hipersónicos. Era la primera vez en meses que acudía a este tipo de actos, en un signo de su respaldo personal. La semana pasada inspeccionó una fábrica de munición que, según la agencia de noticias estatal norcoreana KCNA, desarrolla un “gran sistema de armamento” nuevo.

En un comunicado tras el lanzamiento de este domingo, el mando de EE. UU. en el Indo-Pacífico ha indicado que “condena esos actos y pide a Corea del Norte que se abstenga de nuevos actos desestabilizadores”. En Washington, el departamento de Estado subrayó que “como otras series de pruebas de misiles balísticos recientes por parte de Pyongyang, este lanzamiento representa una clara violación de múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y demuestra la amenaza que los programas ilegales de misiles balísticos y armas de destrucción masiva norcoreanos representan para sus vecinos y toda la región”.

Las pruebas norcoreanas llegan en momentos complicados para la región, dos días antes del Año Nuevo lunar que paraliza gran parte de Asia y cinco antes de que China, el principal aliado de Corea del Norte, inaugure los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín. El 16 de febrero, Pyongyang conmemorará el 80 aniversario del nacimiento de Kim Jong Il, predecesor y padre del actual líder: en el pasado, Pyongyang ha efectuado pruebas de misiles en torno a esa fecha. Y en marzo, Corea del Sur celebra elecciones presidenciales para decidir el sucesor de Moon, que por ley no puede presentarse a la reelección y que durante su mandato ha sido el gran defensor de una política de acercamiento hacia el vecino del norte.

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Corea del Norte ha lanzado este martes su segundo misil en apenas seis días hacia el mar de Japón, según las autoridades militares surcoreanas y japonesas. Los servicios de espionaje surcoreanos estiman que se trata de un proyectil “más avanzado” que el del pasado miércoles.

El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur cree que el proyectil lanzado este martes es un misil balístico y que fue disparado desde la provincia septentrional de Jagang en torno a las 7.27 de la mañana (23.27 del lunes en la España peninsular) en dirección al mar del Este (como se conoce el mar de Japón en las dos Coreas). Calcula el rango de vuelo del misil en más de 700 kilómetros, con una altura máxima de unos 60 kilómetros, y una velocidad máxima hasta 10 veces más rápida que la del sonido (Mach 10).

Este nuevo alarde de poderío militar de Pyongyang reafirma el mensaje enviado en Año Nuevo por el líder norcoreano, Kim Jong-un, en el que prometió “impulsar las capacidades de defensa del país” para “contrarrestar la inestable situación internacional”.

Seúl y Tokio no han tardado en condenar el lanzamiento como una clara violación de las resoluciones aprobadas desde 2006 por el Consejo de Seguridad de la ONU, que prohíben a Pyongyang desarrollar y utilizar misiles balísticos, además de adquirir la tecnología necesaria para ello.

El presidente surcoreano, Moon Jae-in, ha mostrado su preocupación por que Corea del Norte efectúe estos ensayos en un momento en el que la región necesita “estabilidad”. A Seúl le preocupa la frecuencia de las mismas y que se produzcan a tres semanas del inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín y a menos de dos meses de las elecciones generales surcoreanas. También ha solicitado al Gobierno elaborar una serie de medidas para prevenir futuras tensiones en las relaciones con el vecino del Norte.

El lanzamiento de este martes se produce un día después de que el Consejo de Seguridad de la ONU celebrase una reunión a puerta cerrada para debatir la prueba balística norcoreana de la semana pasada. El encuentro vino precedido de un comunicado de Estados Unidos, secundado por Francia, el Reino Unido, Irlanda, Albania y Japón, en el que se tachó el ensayo de “amenaza significativa a la estabilidad regional” y se instó a Pyongyang a dialogar. La embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Linda Thomas-Greenfield, hizo hincapié en que el lanzamiento “muestra la determinación de Corea del Norte para expandir sus capacidades militares ilegalmente”.

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El pasado jueves, Corea del Norte comunicó a través de la agencia estatal de noticias KCNA que había disparado en la víspera un nuevo misil hipersónico que recorrió unos 700 kilómetros e hizo una maniobra de viraje de 120 kilómetros. El Ministerio de Defensa surcoreano, sin embargo, calificó de “exageradas” esas afirmaciones y aseguró que, aunque el proyectil mostró algunas características de un misil hipersónico, no puede calificarse técnicamente como tal. Seúl dudó, además, de que el régimen norcoreano haya adquirido la tecnología necesaria para trasportar armas hipersónicas.

Además, el pasado septiembre, Pyongyang lanzó su primer misil hipersónico, el Hwsong-8. Según precisó entonces la KCNA, era “uno de los cinco nuevos sistemas de armamento más importantes” incluidos en el plan quinquenal, que dirigirá la economía del país hasta 2025. Además del lanzamiento del Hwsong-8, Corea del Norte realizó en 2021 otros siete ensayos militares que generaron atención en Occidente, entre los que se incluyeron maniobras con misiles de crucero de largo alcance, con un proyectil disparado desde un tren y desde un submarino.

A pesar de que el régimen norcoreano está desarrollando proyectiles capaces de trazar trayectorias irregulares, que dificultan la labor de los radares y suponen un reto para los escudos antimisiles, el Estado Mayor Conjunto ha comunicado que el Ejército surcoreano puede “detectarlos e interceptarlos”.

Los esfuerzos de Moon Jae-in por firmar una declaración que ponga fin a la Guerra de Corea (1950-1953) ―que concluyó con la firma de un armisticio en lugar de un tratado de paz― parecen no resonar al otro lado del Paralelo 38, al tiempo que Kim Jong-un ha rechazado las invitaciones de la Administración estadounidense de Joe Biden para tratar de reactivar las negociaciones sobre desnuclearización, estancadas desde la fracasada cumbre de Hanói de 2019.

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Una cadena de televisión surcoreana emite las imágenes del lanzamiento de un misil norcoreano, el 28 de septiembre en Seúl.
Una cadena de televisión surcoreana emite las imágenes del lanzamiento de un misil norcoreano, el 28 de septiembre en Seúl.Ahn Young-joon (AP)

Pyongyang ha enviado este miércoles una presentación de cartas credenciales en el año nuevo. Corea del Norte lanzó esta mañana a modo de prueba un proyectil hacia el mar de Japón que el Ejército surcoreano ha identificado como un misil balístico. El ensayo, el primero desde octubre, se produce días después de que Kim Jong-un prometiese reforzar las fuerzas armadas de su país “para contrarrestar la inestable situación internacional” y horas antes de que el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, colocara la primera piedra de una línea de ferrocarril que, se espera, conecte la península coreana en un futuro. El proyecto fue uno de los puntos clave que los líderes de las dos Coreas trataron durante las negociaciones de 2018, que quedaron estancadas un año después.

El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur informó esta mañana de que Pyongyang había disparado alrededor de las 8.10 (0.10 de Madrid) hacia el mar del Este (como se conoce al mar de Japón en las dos Coreas) lo que en un primer momento se calificó de “proyectil no identificado”. Minutos después, las autoridades militares surcoreanas indicaron que parecía tratarse de un misil balístico lanzado desde el interior de Corea del Norte y que estaban haciendo un seguimiento estrecho de la situación, en cooperación con las fuerzas estadounidenses.

El Ejecutivo japonés también ha reaccionado rápidamente ante este alarde de poderío: “Es realmente lamentable que Corea del Norte haya lanzado reiteradamente misiles desde el año pasado”, criticó el primer ministro de Japón, Fumio Kishida. “El Gobierno reforzará más que nunca la alerta y la vigilancia”, agregó. Según el ministro nipón de Defensa, Nobuo Kishi, el misil voló casi 500 kilómetros antes de precipitarse en las aguas entre Corea del Norte y Japón.

Los medios estatales norcoreanos no han informado sobre el lanzamiento de este miércoles, así como tampoco se han pronunciado sobre si Kim Jong-un hizo mención a Estados Unidos o Corea del Sur durante la reunión de cinco días del Partido de los Trabajadores, que finalizó el 31 de diciembre en Pyongyang. Sí que recogen que el líder supremo de Corea del Norte puso el énfasis en que su país debía centrarse en aliviar la escasez crónica de alimentos, uno de los mayores problemas con los que ha tenido que lidiar durante su década en el poder, e instó a “impulsar las capacidades de defensa del país sin demora”.

La última vez que el régimen de Kim Jong-un realizó este tipo de maniobras militares fue el 19 de octubre, cuando probó un misil balístico lanzado desde un submarino. El desarrollo y uso de tecnología de misiles balísticos u otros dispositivos nucleares por parte de Corea del Norte constituye una violación a las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobadas desde 2006.

En un comunicado emitido por el Gobierno surcoreano y que recoge la agencia de noticias Yonhap, el Consejo de Seguridad Nacional expresó su preocupación por este ensayo nuclear “en un momento en el que la estabilidad es extremadamente necesaria tanto dentro como fuera del país”. China albergará a partir del 4 de febrero los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno, mientras que Corea del Sur celebrará elecciones presidenciales el 9 de marzo. Los miembros del Consejo también enfatizaron la importancia de reanudar las negociaciones con Pyongyang cuanto antes.

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“Existe la preocupación de que las tensiones puedan aumentar y el estancamiento de las relaciones intercoreanas pueda agravarse”, advirtió ante los medios Moon Jae-in, quien ha hecho de la aproximación al Norte uno de los pilares de su legislatura. “Corea del Norte debería esforzarse con más seriedad”, añadió el mandatario.

Moon se encuentra en la ciudad costera surcoreana de Goseong, cerca de la frontera con el Norte, donde asistió este miércoles por la mañana a la ceremonia de inicio de la construcción de una línea de ferrocarril para reconectar las dos Coreas. Corea del Sur aspira a exportar sus productos por tren a China, Rusia y Europa atravesando su vecino en el Norte. En 2018, los líderes de ambas naciones acordaron unir las vías ferroviarias de los dos países, pero el proyecto quedó aparcado después de que las negociaciones de desnuclearización entre Pyongyang y Washington se truncaran en la cumbre de Hanoi de 2019.

El actual inquilino de la Casa Azul, firme en su empeño por lograr un avance diplomático antes de que termine su mandato de cinco años, ha calificado el arranque de las obras como “un peldaño para la paz y el equilibrio regional en la península coreana”.

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