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El presidente del Senado chileno, el socialista Álvaro Elizalde, fotografiado tras la entrevista con EL PAÍS en los pasiillos de la exsede del Congreso en Santiago, el 14 de marzo de 2022.
El presidente del Senado chileno, el socialista Álvaro Elizalde, fotografiado tras la entrevista con EL PAÍS en los pasiillos de la exsede del Congreso en Santiago, el 14 de marzo de 2022.Cristian Soto Quiroz

“El presidente Gabriel Boric, el día que asumió, dijo en los balcones de La Moneda que ‘vamos lento, porque vamos lejos’. Yo agregaría algo más: ‘Vamos lejos, porque vamos juntos’. Esa es la gran lección para la izquierda: la unidad en torno a proyectos de cambios profundos”, asegura el presidente del Senado, Álvaro Elizalde (Talca, 1969), que en varios pasajes de esta entrevista apela a la necesidad de una “alianza amplia de la izquierda que no renuncie a su vocación transformadora”. Elizalde lideró hasta hace unos días el Partido Socialista (PS), que hoy forma parte de esta Administración, con importantes ministerios, como el de Hacienda, pese a que no conforma el bloque de origen del actual mandatario y en la primera vuelta presidencial tuvo su propia candidatura.

Como la segunda autoridad de mayor importancia del país, le correspondió colocar la banda al nuevo presidente hace una semana. Desde su flamante despacho en el Senado, relata su mirada acerca del camino que ha tomado el PS, un partido que es parte de la Internacional Socialista y con estrechos vínculos con el PSOE español.

Pregunta. En España, Podemos entró al Gobierno liderado por el socialista Pedro Sánchez. En Chile, en cambio, es el histórico PS el que acompaña a un líder emergente de la izquierda. ¿Cómo lo explica?

Respuesta. Aquí, como en España, también fue necesario un entendimiento entre actores de izquierda para enfrentar unidos a la derecha y, en el caso de Chile, para asegurar el éxito del Gobierno. Aquí también, al igual que Podemos, el Frente Amplio tenía la idea del reemplazo. Pero la última elección parlamentaria en Chile, de noviembre del año pasado, demostró que somos una fuerza viva.

P. De lo que fue la Concertación de centroizquierda (1990-2010) solo ha quedado en una situación privilegiada el PS, hoy en el epicentro del poder.

R. Ha habido un cuestionamiento a los partidos tradicionales, particularmente de la centroizquierda, que se ha traducido en una merma de su representación electoral. Pero el PS es un partido que forma parte de la cultura chilena, que ha tenido un papel histórico en episodios muy relevantes, con presencia nacional. Existe una importante identificación en particular con la figura de Salvador Allende. Eso no significa que hayamos hecho todo bien, que no seamos autocríticos y que la crisis de los partidos tradicionales no nos afecte, al contrario. Pero hemos tenido mejores bases para enfrentar estos tiempos.

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P. ¿Qué ha hecho mal el PS? Hace al menos una década sufre una fuga de militantes hacia la izquierda y se conforman nuevos movimientos y partidos, como el Frente Amplio de Boric.

R. Durante mucho tiempo estuvo congelado el padrón electoral: se estableció un sistema de inscripción voluntaria con voto obligatorio. Por lo tanto, las nuevas generaciones no se inscribían y no participaban de los eventos electorales. El padrón empezó a envejecer y el sistema político le hablaba solo a quienes participaban en las elecciones y dejó de hablarles a las nuevas generaciones, perdieron el vínculo. Nosotros fuimos parte de ese error, sumado a que tuvimos un papel relevante en los distintos Gobiernos democráticos. Hoy día, a propósito del fenómeno del Frente Amplio, hay una irrupción de una nueva generación que se siente identificada con nuestra historia y principios, con coincidencias sustantivas, pero que se ha planteado con la lógica del reemplazo –algunos de ellos– respecto de los liderazgos tradicionales.

Hay una irrupción de una nueva generación que se siente identificada con nuestra historia y principios

Álvaro Elizalde

P. ¿Cómo lee los gestos de Boric a Allende?

R. El liderazgo de Allende es de carácter universal y es muy valorado especialmente por las nuevas generaciones. Hay una nueva generación que se siente heredera de Salvador Allende. Es la muestra de un socialista que planteó con mucha fuerza, sobre todo en su conducta política, que democracia y socialismo son dos conceptos indisolubles.

P. ¿Es socialista Boric, aunque no milite en partido?

R. En un sentido amplio, sí. Y por eso creemos necesario generar un espacio de convergencia con los movimientos y partidos emergentes que nos permita construir una mayoría. Boric es una persona de izquierda, con concepciones profundamente democráticas, con un compromiso por los derechos humanos que no admiten un doble estándar y comprometido por transformaciones profundas. Y desde el punto de vista cultural, muy identificado con lo que representa la historia de nuestro partido.

­P. ¿Cómo se encara este Gobierno un proyecto de transformaciones profundas con una Cámara de Diputados atomizada y el Senado empatado con la oposición?

R. Tendremos que apelar al diálogo y al entendimiento con otros actores que permitan construir mayorías en torno a las reformas que ha planteado el Gobierno. Aunque no es fácil, hay sectores de la derecha que eventualmente podrían estar en disposición de esos entendimientos, porque están concientes de que en Chile hay un cuestionamiento al sistema político por su incapacidad de respuesta a las demandas de la ciudadanía.

P. En mayo de 2021, hace menos de un año, parte el Frente Amplio y el Partido Comunista le dio un portazo a su partido, que buscaba una definición conjunto en la primaria presidencial. Y usted dijo: “No se humilla al partido de Salvador Allende”.

R. El entonces candidato presidencial del Partido Comunista, Daniel Jadue, y la presidenta del partido de Boric se negaron a que nuestros aliados participaran de una primaria unitaria. Pero quiero distinguir: Boric tuvo una postura distinta. Por eso una vez que gana la presidencial, convoca al PS a ser parte de su Gobierno.

P. El Partido Socialista, entonces, gobierna con parte de un bloque político que hace menos de un año los humilló…

R. Pero no lo hizo Boric. Y, en segundo lugar, hay un interés superior. No se trata de pasarnos facturas unos con otros. Esa lógica fue la que generó la atomización de la izquierda y la centroizquierda en Chile. Siempre vamos a anteponer a Chile y a su pueblo ante otras consideraciones.

P. ¿Cómo se puede construir un futuro conjunto con una mirada tan diferente acerca del pasado? Líderes socialistas, como el propio expresidente Ricardo Lagos, ha sido especialmente criticado por la izquierda que hoy está en La Moneda.

R. Yo tengo una mirada muy crítica de la transición pero, siendo riguroso, bajo ninguna circunstancia se puede pensar que todo lo que se hizo antes fue malo. Pero al mismo tiempo, considero que si esta es la disputa entre las fuerzas de izquierda, la única beneficiada será la derecha.

Tengo una mirada muy crítica de la transición, pero no se puede pensar que todo lo que se hizo antes fue malo

Álvaro Elizalde

P. ¿Por qué Boric convoca a los socialistas a su Gobierno, si parte del discurso fundacional del Frente Amplio es la crítica a las Administraciones que el PS lideró?

R. Cuando Boric nos convoca, lo hace desde la lógica del respeto al partido. Y por varias razones. Lo apoyamos en segunda vuelta a cambio de nada, porque teníamos al fente la candidatura de José Antonio Kast, de extrema derecha, que representaba una amenaza a los avances civilizatorios. Era un deber patriótico. Pero, en segundo lugar, porque si no ampliaba la base de apoyo, especialmente parlamentario, se hacía mucho más difícil llevar adelante los compromisos programáticos. Boric tomó una decisión valiente, de ampliar su base de apoyo en torno a dos coaliciones: Apruebo Dignidad (el Frente Amplio y el Partido Comunista) y Convergencia Progresista (que integran los partidos, como el socialista, que conformaron la extinta Concertación y que forman la Internacional Socialista).

P. ¿Se unirán formalmente en un solo bloque?

R. Esto puede ser el primer paso para construir una alianza nueva con vocación de mayoría, pero hay que hacerlo sin apresuramiento.

P. ¿Qué opinión tiene del Partido Comunista chileno, que integra también el bloque de Boric?

R. Tenemos diferencias sustativas con el PC sobre todo en el ámbito internacional, pero también un profundo respeto. Hemos trabajado muchas veces juntos.

P. ¿El PS chileno es de izquierda o de centroizquierda?

R. Es un partido de izquierda, es su tradición, sobre la base del legado de Allende. Por lo tanto, comprometidos con cambios profundos. Es verdad que fuimos parte de coaliciones con sectores más moderados para construir mayorías. Y en el pasado cometimos el error de muchas veces no defender nuestras banderas con claridad, para explicarle a la ciudadanía que no se avanzaba más producto de la correlación de fuerzas en el sistema político y de la propia sociedad chilena. Eso puede haber desfigurado nuestra identidad.

P. Entonces, ¿esta alianza actual resulta más cómoda para ustedes que la que tuvieron con la Democracia Cristiana, desde 1990?

P. Sin lugar a dudas existe una identificación cultural mucho más fuerte. Pero como existe el error reiterado de juzgar al pasado con ojos del presente –porque las transformaciones que hoy se pueden impulsar son el resultado de esfuerzos que hiceron otros en otros tiempos–, sucede algo más grave: pretender construir el futuro con los ojos del pasado. Hay sectores conservadores de la centroizquierda que quieren reconstituir lo que era la lógica política de la transición. Pero es un error, porque Chile cambió, afortunadamente. Hoy hay generaciones completas que nacieron en la democracia, que se atreven más.

P. Para usted, entonces, que dice que culturalmente el Partido Socialista chileno está culturalmente más cercano al Frente Amplio que a la Democracia Cristiana…

R. Con la DC quiero ser bien cuidadoso, porque ha sido un actor fundamental para construir mayorías. En Chile es el centro el que inclina la balanza. Entonces, tenemos que tener una alguna alternativa para entendernos con el centro progresistas. No creo que haya que desmerecer el papel que cumple el centro progresista en la construcción de mayorías.

“Con la Democracia Cristiana quiero ser bien cuidadoso, porque ha sido un actor fundamental para construir mayorías

Álvaro Elizalde

P. ¿Por dónde debería empezar Chile sus reformas?

R. Tenemos un problema estructural con una pésima distribución de la riqueza y las políticas redistributivas han sido insuficientes. Y no ha sido posible avanzar con más fuerza por un marco constitucional impuesto en dictadura que declara fuera de la Constitución nuestras ideas, es decir, las reformas que tienden a construir un Estado de bienestar. Por lo tanto, una nueva Constitución permitirá liberarnos de la camisa de fuerza que representa la actual Carta Fundamental.

P. ¿Le preocupa que la Convención discuta sobre menores atribuciones al Senado? Este viernes, se votará la norma que plantea un bicameralismo asimétrico.

R. Es parte del debate. Y todos los sectores deben ser escuchados. Comparto con el presidente Boric que la nueva Constitución debe ser un factor de unidad y no de división, como ocurre con la actual. Si no, habrá una tendencia a querer reformar permanentemente la nueva Carta Fundamental. Con respecto al Senado, creo que garantiza que la voz de las regiones sea escuchada. Además, representa un sistema de contrapesos muy relevante en el sistema presidencialista.

P. La socialista Maya Fernández, nieta de Allende, asumió como ministra de Defensa. ¿Qué representa para el partido?

R. Para nosotros es un gesto reparador e importante.

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Por una vez, oficialismo y oposición aparcaron sus diferencias y votaron de forma conjunta en la Cámara de Diputados de Argentina. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para refinanciar el rescate de 45.000 millones concedido al Gobierno de Mauricio Macri en 2018 se aprobó esta madrugada con 202 votos positivos, 37 negativos y 13 abstenciones. Sólo los extremos se opusieron al acuerdo: 28 kirchneristas, que forman parte de la coalición de Gobierno, otros partidos de izquierda y la ultraderecha.

La maratónica sesión se extendió por casi 13 horas, hasta las 03.45 de la madrugada. Al inicio del debate, fuera del Congreso, miles de simpatizantes de partidos de izquierda protestaron contra el acuerdo, mientras un pequeño grupo de manifestantes quemó neumáticos y lanzó pedradas contra el edificio hasta que la policía lo desalojó de la plaza. Pero dentro del recinto reinó una calma inédita, sólo quebrada por la incertidumbre sobre el sentido del voto de Máximo Kirchner, hijo de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que al final fue negativo, al igual que el de otros integrantes de la agrupación La Cámpora.

La Cámpora justificó su voto negativo a través de un extenso comunicado. A su juicio, el equipo económico liderado por el ministro Martín Guzmán “desarrolló una estrategia de ‘amabilidad’, secretismo, hermetismo, confusión y desinformación en las negociaciones”. Los legisladores afines a Máximo Kirchner criticaron el “grado de injerencia en la administración de la cosa pública que tendrá efectivamente el FMI” y el hecho de que en las negociaciones no se haya asegurado “la sostenibilidad del endeudamiento luego de 2025, momento en el que, una vez cumplido el período de gracia, se inicia la etapa de repago”.

Fernández de Kirchner rompió esta mañana el silencio para alinearse con su hijo en el rechazo al acuerdo y mostrar las tensiones internas en el seno de la coalición gobernante, el Frente de Todos. “Hoy como nunca recordé las palabras de Néstor respecto del FMI, cuando decía: ‘Siempre actuó como promotor y vehículo de políticas que provocaron pobreza y dolor en el pueblo argentino’. Otra vez. Inmensa pena”, dijo la vicepresidenta argentina en un vídeo publicado en sus redes sociales donde muestra los daños ocasionados por las piedras arrojadas contra su despacho.

Después de obtener la media sanción, desde el oficialismo se mostraron satisfechos por el resultado, que allana el camino a la aprobación definitiva en el Senado la próxima semana o, a más tardar, la siguiente. El tiempo apremia: faltan sólo 12 días para el primer gran vencimiento del año, cuando el Estado argentino debería pagar 2.800 millones de dólares al FMI, y necesita el primer desembolso del organismo para poder hacerle frente. Pese al rechazo de Fernández de Kirchner, titular de la Cámara Alta, el Ejecutivo peronista confía en contar con los votos suficientes y ha abierto ya el diálogo con los senadores opositores.

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En la Cámara de Diputados, los votos positivos de la alianza de Juntos por el Cambio (con algunas excepciones, como la del exministro de Economía Ricardo López Murphy) fueron posibles gracias a la negociación previa para consensuar el proyecto de ley, del que se eliminaron todos los detalles del programa económico pactado con el FMI pese a la resistencia de Guzmán, el principal negociador con el organismo. Los legisladores se limitaron a votar su apoyo a la reestructuración de la deuda contraída bajo el gobierno de Macri que Argentina no está hoy en condiciones de pagar. Argentina debía devolver 19.000 millones de dólares este año y cerca de 20.000 el año que viene, cantidades imposibles dadas sus escasas reservas.

Las dos grandes alianzas políticas de Argentina quedaron casi en igualdad de condiciones en la Cámara de Diputados tras las elecciones legislativas del pasado noviembre —118 bancas para el oficialismo frente a 116 para Juntos por el Cambio— lo que obliga al Gobierno a pactar cualquier ley que quiera sacar adelante. En esta ocasión, la oposición hizo valer su fuerza para no tener que apoyar el programa económico peronista. “Si no estábamos acá esta noche la Argentina entraba en default”, dijeron desde la coalición opositora tras la votación.

El presidente, Alberto Fernández, sostiene que la aprobación parlamentaria del acuerdo lo distingue del Gobierno anterior, que asumió la deuda actual por decreto. El visto bueno de ambas cámaras es además uno de los requisitos para que la reestructuración pactada entre en vigencia. El otro es que lo apruebe también el directorio del organismo internacional dirigido por Kristalina Georgieva.

El acuerdo firmado en Washington obliga al Gobierno de Fernández a someterse a revisiones trimestrales de las cuentas públicas. El desembolso de fondos pactado con el FMI está condicionado a que el país cumpla con las metas de déficit público acordadas (2,5% del PIB en 2022, al 1,9% en 2023 y 0,9% en 2024), limite la emisión monetaria y reduzca los subsidios a la energía, entre otras exigencias.

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Frente Amplio presentará proyecto para establecer paridad de género en empresas estatales

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