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Joe Biden, este martes en la Casa Blanca durante una comparecencia conjunta con el primer ministro de Singapur.
Joe Biden, este martes en la Casa Blanca durante una comparecencia conjunta con el primer ministro de Singapur.Patrick Semansky (AP)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha prometido este miércoles en una llamada telefónica con su homólogo ucranio, Volodímir Zelenski, 500 millones de dólares más, unos 544 millones de euros, de ayuda directa al país atacado como respuesta a la invasión rusa. Ambos han hablado de los esfuerzos de Washington y sus aliados de la OTAN y de la Unión Europea “por brindar asistencia militar, económica y humanitaria a Ucrania y de imponer costos severos a Rusia por su brutal agresión”, según un resumen de la conversación, de unos 55 minutos, difundido por la Casa Blanca.

Biden le trasladó a Zelenski que Washington están “trabajando las 24 horas” para ver la manera de seguir asistiendo a Ucrania. Ambos, siempre según la Casa Blanca, han valorado en la llamada el efecto que la ayuda militar ha tenido sobre el desarrollo del conflicto, que comenzó el 24 de febrero con las perspectivas de Moscú de una victoria rápida y una conquista fugaz de Kiev, que pronto se vieron frustradas por la resistencia del ejército ucranio. “También han repasado”, concluye el comunicado, “las sanciones adicionales y la asistencia humanitaria anunciadas la semana pasada”, durante la visita de Biden a Bruselas y Polonia. Zelenski también ofreció a este un resumen de los progresos en la negociación que Rusia y Ucrania están celebrando en Estambul.

En el encuentro de este martes entre ambas delegaciones se observaron algunas razones para el optimismo. Rusia aseguró que reducirá “drásticamente” las operaciones militares en las áreas de Kiev y Chernihiv para avanzar en la resolución del conflicto. Ucrania, por su parte, ofreció su renuncia a la ambición de entrar OTAN, uno de los casus belli esgrimidos por el Kremlin para iniciar la invasión, a cambio de obtener garantías de seguridad en su territorio. Lejos de aflojar su intensidad militar, Moscú ha golpeado este miércoles, el norte del país vecino, al tiempo que ha endurecido la ofensiva en la región oriental del Donbás, en disputa desde 2014.

Estados Unidos recibió con escepticismo la promesa rusa. Biden dijo: “Veremos. No me creeré nada hasta que compruebe que lo respaldan con acciones”. Y el portavoz del Pentágono, John Kirby, fue después más allá al afirmar que sus servicios de inteligencia habían advertido el movimiento de “un número pequeño” de soldados rusos cerca de Kiev en los “últimos uno o dos días”. Pero descartó que se tratara de “una retirada real”. “Mantienen una abrumadora mayoría de sus tropas [en el terreno]. Creemos que estamos ante un reposicionamiento, no ante un verdadero repliegue. Deberíamos estar todos preparados para una gran ofensiva en otras zonas de Ucrania”, añadió.

El líder estadounidese mantuvo además el martes, a petición propia, una videoconferencia con los mandatarios francés, alemán, británico e italiano, en el que los cinco coincidieron en tomar con cautela las señales rusas.

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La jueza Ketanji Brown Jackson, ante el comité judicial del Senado de Estados Unidos.
La jueza Ketanji Brown Jackson, ante el comité judicial del Senado de Estados Unidos.Jacquelyn Martin (AP)

La declaración de intenciones de la jueza Ketanji Brown Jackson, aspirante al Tribunal Supremo de Estados Unidos, ha llegado al final de un día intenso en el Capitolio. Tras escuchar, pacientemente y en silencio, a 24 personas valorar sus logros y exponer sin temor a la reiteración lo que esperan de su trabajo en el alto tribunal, Jackson ha sentenciado: “He sido jueza durante casi una década y me tomo muy en serio esa responsabilidad y mi deber de independencia. Tomo decisiones sobre mis casos desde la neutralidad. Evalúo los hechos, e interpreto y aplico la ley en función de esos hechos, sin miedo ni predisposición, y siempre consecuentemente con mi juramento”.

Jackson respondía al final de una intervención emocionada, en la que ha recordado que su pasión por el derecho nació al ver a su padre estudiar leyes en la cocina del modesto hogar familiar de Miami, a una pregunta que ha sobrevolado desde el lado republicano la primera de las cuatro jornadas de audiencias para examinar su idoneidad para uno de los nueve puestos vitalicios del Tribunal Supremo. ¿Qué define filosóficamente su desempeño como jueza?

Los 11 miembros conservadores del Comité Judicial del Senado han exigido una y otra vez que se pronuncie sobre ese asunto, mientras lamentaban que el Supremo se haya politizado en demasía en los últimos tiempos. Con los demócratas, al menos, han estado de acuerdo en dos cosas: en la preparación profesional de la aspirante (que viene de servir nueve años como jueza federal en Washington y es la primera candidata con un pasado como abogada de oficio) y en el empleo del adjetivo “histórico”, tan gastado. Ha sido el más escuchado este lunes en el Senado.

La ocasión lo aconsejaba por una vez: Jackson, de 51 años, será, si prospera la designación del presidente Joe Biden, la primera mujer afroamericana en sentarse en el alto tribunal en 232 años. Contará también como la sexta jueza y como la tercera persona de raza negra entre las 115 elegidas para el cargo en la historia.

El proceso ha comenzado en uno de los comités de mayor relieve mediático de la Cámara; varios senadores de alto perfil, y, por qué no, ciertas aspiraciones presidenciales, están entre sus miembros, y este proceso, que los estadounidenses informados siguen con pasión, es un buen escaparate para mostrar su visión del mundo ante las cámaras. La nominación ha despertado estos días gran interés en Washington, pese a la prioridad informativa de la guerra en Ucrania (Biden había acariciado la idea de asistir al debate, pero una llamada con líderes europeos se lo ha impedido) y pese a que, aunque salga elegida (y todo indica que así será, pues en principio cuenta con el apoyo demócrata en bloque), Jackson no cambiará la dinámica del Supremo. El tribunal está compuesto por seis jueces conservadores y tres progresistas, después de que Donald Trump exprimiera su tiempo en la Casa Blanca logrando colar a tres magistrados de su cuerda en una sola legislatura. Eso ha dejado una supermayoría conservadora inédita en las últimas ocho décadas.

La nueva jueza sustituirá a Stephen G. Breyer, miembro de la terna progresista, que decidió jubilarse a los 81 años en enero pasado para permitir al Partido Demócrata buscarle sustituta antes de que sea demasiado tarde; es muy probable que en las elecciones legislativas pierdan el control de una o de las dos cámaras. De Breyer se ha acordado Jackson especialmente en su discurso. Ha sido en ese momento cuando ha podido contener el llanto. Trabajó en su equipo a finales de los años noventa y ahora está a punto de sucederlo. Jackson también se ha acordado de sus padres, dos profesores de la escuela pública que le dieron “un nombre africano que significa ‘la adorable” y la convencieron de que sería capaz de lograr lo que se propusiera. También, de su hermano, que se enroló en el Ejército tras el 11-S, de su tío policía, de su marido, que peleaba con el decoro para contener las lágrimas, y de sus hijas, a las que ha pedido perdón si a veces no ha sabido “conjugar su carrera” con sus “obligaciones como madre”.

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Cinco horas antes de que tomara la palabra, la expectación se sentía a eso de las 11:00 en los pasillos del Capitolio. Jackson, de 51 años, apareció puntual, con una sonrisa amplia que no la ha abandonado en todo el día y flanqueada por el presidente del comité, el senador demócrata Dick Durbin (Illinois), y por el más veterano de los republicanos, Chuck Grassley (Iowa). El comité está formado por 22 miembros, la mitad de cada partido, que hablaron alternamente, antes de escuchar la laudatio de dos personas escogidas por Jackson.

No una “activista”

Los demócratas, que defendieron que no se trata de una “activista”, ni de “una marioneta de la izquierda radical”, la felicitaron por su expediente y por lo que su nombramiento implica para este país. “No ha habido nunca en el Supremo una mujer afroamericana. Usted podría ser la primera. No es fácil ser la primera. A menudo eso implica tener que ser la mejor y, de alguna forma, la más valiente. Muchos no están preparados para enfrentarse a esa presión, a ese escrutinio a la vista de todos”, ha afirmado Durbin en su intervención introductoria.

Los republicanos, por su parte, han expuesto los argumentos que guiarán su estrategia y sus preguntas de las sesiones del martes y el miércoles, y que han ido adelantando en los últimos días. Buscarán evidencias de que se ha comportado con “suavidad con el crimen”; de que viene avalada por “grupos de extrema izquierda de financiación dudosa”, como ha dicho Grassley en referencia a la organización Demand Justice (Exige jutsticia); de que cuando era abogada de oficio defendió a terroristas en Guantánamo con una “sospechosa” dedicación; y de que ha demostrado benevolencia a la hora de juzgar casos de pornografía infantil. En ese último punto se ha fajado Josh Hawley, republicano de Misuri, que ha prometido un “interrogatorio franco” y ha detallado una serie de expedientes en los que Jackson impuso una pena por esos delitos menor a la propuesta por la fiscalía y a la recomendada por las pautas de actuación del sistema federal. Los ataques de Hawley han sido desacreditados como “demagogia” por la Casa Blanca y hasta por medios conservadores como la revista National Review.

Simpatizantes de la jueza Ketanji Brown Jackson se manifiestan este lunes a las puertas del Tribunal Supremo de Estados Unidos, en Washington.
Simpatizantes de la jueza Ketanji Brown Jackson se manifiestan este lunes a las puertas del Tribunal Supremo de Estados Unidos, en Washington.Samuel Corum (AFP)

Hawley es uno de esos senadores con aspiraciones presidenciales para 2024. Otro es Ted Cruz (Texas), que fue el más expeditivo al exponer uno de los argumentos más repetidos este lunes por los republicanos: no piensan convertir este proceso en un “circo político”. Paradójicamente, gran parte de la audiencia de esta mañana se ha ido en recordar cómo se desarrolló la designación en 2018 de otro juez, el conservador Brett Kavannaugh. Durante el proceso, una psicóloga llamada Christine Blassey Ford lo acusó de una agresión sexual sucedida décadas atrás, cuando ambos eran estudiantes del mismo instituto de las afueras de Washington. “Nosotros no le vamos a preguntar sobre con quién salía en el colegio”, le ha dicho Cruz a Jackson. Lindsey Graham (representante de Carolina del Norte) ha ido más allá al decir, con desafiante campechanía: “Lo quisieron pintar básicamente como a una especie de Bill Cosby”, en referencia al popular actor, caído en desgracia y condenado por delitos sexuales.

El proceso se prolongará hasta el jueves. Los demócratas, que tienen 50 escaños en el Senado, suficientes para una votación que no requiere mayoría cualificada, esperan que el nombramiento quede resuelto en el pleno de la Cámara antes del 8 de abril, día en que comienza el receso primaveral en las sesiones. También confían en que recibirá apoyo bipartidista. Jackson ha pasado ya por este trance en tres ocasiones: cuando fue nombrada vicepresidenta de la Comisión de Sentencias de Estados Unidos (una agencia independiente que vela por unificar los criterios de los tribunales federales) y al ser elegida jueza del Distrito de Columbia (donde se encuentra Washington) y de su corte de apelaciones (fue el año pasado, cuando obtuvo el respaldo de tres republicanos, incluido Graham).

Pero esta vez podría ser distinto. El Supremo es uno de los lugares más controvertidos y disputados del sistema estadounidense, por lo que influyen sus decisiones en asuntos como el aborto, la tenencia de armas o la discriminación positiva en las universidades (tres temas en cuestión ahora mismo), así como por la filosofía que las rige (sea originalista, fidelísima a la letra de la Constitución, o más libre en su interpretación). Quién lo compone afecta aquí a la vida de las personas. Personas como el centenar de ciudadanos (mujeres afroamericanas en su mayoría) que esta mañana se han citado frente al edificio del alto tribunal para manifestarse a favor de KBJ (Jackson ya ha recibido su acrónimo, como Ruth Bader Ginsburg tuvo el suyo: RBG) o, ciertamente menos, en contra. En los carteles podía leerse: “A Justice For All”, una jueza para todos, un deseo que jugaba con el doble sentido de la palabra justice, y con uno de los eslóganes más idealistas de la república estadounidense, que promete justicia para todos.

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El Miura y su hermano
A través de un video desde el centro de rehabilitación ‘el miura’ manifestó su dolor, por el homicidio de su hermano.

A través de un video desde el centro de rehabilitación ‘el miura’ manifestó su dolor, por el homicidio de su hermano.

Noticias Barranquilla.

Stiven de Jesús Mercado, más conocido como ‘el miura’, ya se enteró del asesinato de su hermano Oswaldo, y expresó su dolor por la perdida.

Miura
‘El miura’ y su hermano Oswaldo, quien fue asesinado a bala el viernes en horas de la noche.

Desde el centro de rehabilitación donde recibe para cumplir con el tratamiento de rehabilitación, el popular joven manifestó su dolor.

Lo hizo a través de un video en compañía del uniformado de la Policía, que le ha brindado la mano y lo llevó a la entidad con el fin de ayudarlo.

«Me duele»

“Aquí estoy, me duele mucho la muerte de mi hermano, que en paz descanse, dijo Stiven de Jesús, conocido como ‘el miura’.

Por otra parte, el joven que recibió la ayuda y cariño de Andrea Valdiri, se refirió a su actual situación en la entidad de la capital del Cesar.

“Aquí estoy ayudando mi proceso en este centro de rehabilitación Fe y Esperanza, pero pa’ alante mi gente eso es lo que se quiere si se puede”, agregó.

También, con la voz entrecortada, aprovechó el momento de la grabación para enviarles un saludo a sus seres queridos.

“Este mensaje va dedicado para mi madre Olga, mi padre Andrés, mi hermano Orinson y John Faver Mercado y Teresa”, expresó Stiven.

Stiven de Jesús Mercado, en compañía de un Policía y a través de un video expresó su dolor por la muerte de su hermano Oswaldo

Vale resaltar que desde el centro de rehabilitación han acompañado al joven desde la muerte de su hermano que fue baleado por hombres en moto en Barranquilla.

Dijo que se rehabilitará en memoria de su hermano.



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Joe Biden se ha dirigido a Estados Unidos —y al mundo— el martes por la noche (madrugada en España) para prometer que Vladímir Putin “pagará el precio” de su acción al invadir Ucrania, y ha defendido la unidad de los demócratas ante una crisis que contempla como un pulso entre la “tiranía y la libertad”. El presidente estadounidense ha pronunciado su primer discurso del estado de la Unión, una de las citas cumbre de la política americana, en un momento aciago para Europa y Occidente, mientras el Ejército ruso ataca las principales ciudades del país vecino, los civiles toman las armas y las cifras de muertos van en aumento. Biden ha calificado de “dictador” al dirigente ruso y ha asegurado que este ha cometido un “error de cálculo” al creer que los aliados no cerrarían filas.

“La guerra de Putin fue premeditada y sin provocación. Rechazó los esfuerzos diplomáticos. Creyó que Occidente y la OTAN no responderían. Creyó que nos podría dividir aquí, en casa. Putin se equivocó. Estábamos preparados”, ha resaltado el mandatario estadounidense.

En una intervención feroz, Biden ha advertido de que perseguirá a los oligarcas rusos. ”Vamos a por vosotros, cogeremos vuestros yates, vuestros jets privados, vuestros apartamentos de lujo”, ha señalado, desafiante. También ha anunciado el cierre del espacio aéreo del país a todas las aerolíneas rusas, en sintonía con lo decidido por los aliados, una acción que estrangulará aún más la economía rusa. El presidente de EE UU ha dejado en este punto un recado para Putin: “No tiene ni idea de lo que viene”.

La invasión rusa de Ucrania ha cambiado el guion de un discurso del estado de la Unión que Biden pensaba centrar en la política nacional, en reivindicar los logros económicos, amén de la inflación y reclamar al Congreso un paso adelante con las reformas pendientes. Putin ha cambiado, al fin y al cabo, el paso a medio mundo, ha colocado a Europa en un escenario bélico que no esperaba en 2022, con tanques avanzando por las calles, familias refugiadas en estaciones de metro y tiroteos por tierra, mar y aire. Brotan los recuerdos de la Guerra Fría, las comparaciones con la Segunda Guerra Mundial.

“Un dictador ruso, invadiendo un país extranjero, tiene costes en todo el mundo”, ha dicho Biden, si bien “en la batalla entre democracia y autocracia, las democracias están alcanzando su momento”, ha añadido. Ucrania ha provocado aplausos de todas las bancadas en el Capitolio, una rareza en este tiempo de fricción política en Washington. La embajadora ucrania en Estados Unidos, Oksana Markarova, invitada de honor y sentada junto a la primera dama, Jill Biden, recibió una larga ovación en pie de toda la Cámara, donde abundaban las banderas y los colores, amarillo y azul del país atacado.

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Biden, niño de la posguerra y testigo político del ocaso de la URSS, es además un viejo conocido de Putin —“No creo que usted tenga alma”, le dijo al presidente ruso, la primera vez que lo vio, en 2011—. Fue el vicepresidente estadounidense que vivió la toma de Crimea en 2014. El martes por la noche ha recalcado la necesidad de mano dura contra el jefe del Kremlin. “A lo largo de la historia hemos aprendido la lección: cuando los dictadores no pagan un precio por su agresión, causan más caos. Siguen adelante, y los costes y las amenazas a Estados Unidos y al mundo siguen creciendo”, ha advertido.

“Ese es el motivo por el que la alianza de la OTAN fue creada: para asegurar la paz y la estabilidad en Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos es miembro, junto con otras 29 naciones. Eso importa. La diplomacia estadounidense importa”, ha continuado, marcando las distancias del discurso aislacionista de Donald Trump, que más de un año después de dejar la Casa Blanca sigue con su estrategia de agitación, y que ha llegado a mostrar incluso en la actual situación más simpatías por Putin que por los aliados europeos. Biden ha insistido, no obstante, en que no se desplegarán tropas estadounidenses en territorio ucranio.

Se trata del primer discurso del estado de la Unión en 80 años centrado en el presente y el futuro del Viejo Continente. Y ha sido, por otra parte, el primer repaso de Biden a la situación del país, ya que su mensaje a las dos Cámaras del Congreso del año pasado no se considera como tal, puesto que apenas acababa de llegar a la Casa Blanca.

Esta es una de las ceremonias más pomposas de la política estadounidense, una de esas en las que a la burbuja de Washington le gusta recrearse. El líder habla en presencia de los legisladores, de los jueces del Supremo, del jefe del Estado de Mayor, de todos los miembros del Gobierno, salvo uno, el llamado “superviviente designado”, que se convierte en el jefe del Estado por si hubiera una masacre en el Capitolio, medida de prudencia que se remonta a la Segunda Guerra Mundial.

En el mismo acto cobran especial relevancia los acompañantes de la primera dama, que encarnan causas y se convierten en mensajes destacados. En esta ocasión estaban invitadas la embajadora ucrania, Oksana Markarova, y Frances Haugen, la exempleada de Facebook que ha denunciado las malas prácticas del gigante tecnológico.

Apenas se han visto mascarillas dentro de la Cámara, a la que todos los invitados han acudido previo test de coronavirus, y donde se han repartido abrazos en una impactante imagen de vuelta a la normalidad después de dos años. Los problemas internos del país, con todo, siguen muy presentes. Biden ha acudido al Congreso con la popularidad de capa caída. Si en su discurso de abril de 2021 el porcentaje de aprobación se situaba en el 53%, según el promedio de sondeos elaborado por FiveThirtyEight, una plataforma de referencia, ahora ha descendido al 41%.

Cuesta explicarlo en un país que el año pasado creció un 5,7%, la tasa más elevada desde 1984, y con el desempleo situado en el 4%. Pero la escalada de los precios ha hecho mella en el bolsillo de los estadounidenses. La inflación escaló hasta el 7,5% el pasado enero, el máximo en 40 años y, aunque es una tendencia global, los republicanos lo achacan en buena medida al plan de estímulos de Biden, que tachan de excesivo y causante de la falta de mano de obra que denuncian algunas empresas.

El presidente ha sacado pecho por las mejoras y se ha defendido con el siguiente razonamiento: “Una forma de luchar contra la inflación es recortar los sueldos y empobrecer a los estadounidenses, pero yo tengo un plan mejor: bajar vuestros costes, no vuestros sueldos. Fabricar más coches y más semiconductores en Estados Unidos”, ha señalado. Así, retomó también su discurso de apoyo a la industria local y llamó a reducir la dependencia de “las cadenas de suministro extranjeras”. “Hagámoslo en América”, ha resaltado.

Biden ha incidido también en las batallas que tienen al Congreso abierto en canal, como la ley de acceso al voto o el ambicioso programa social, ambos proyectos demócratas que han quedado empantanados por el rechazo republicano y también por la oposición de dos senadores de su partido, Joen Manchin y Kyrsten Sinema. En una noche de símbolos, Manchin, senador por Virginia Occidental, se sentó para escuchar al presidente con los republicanos, en lugar de ocupar un lugar al lado de los suyos, de los demócratas.

Fuera del Congreso, unidades militares de la Guardia Nacional custodiaban la zona. Su presencia hacía inevitable recordar el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, que marcó un antes y un después en el templo de la democracia estadounidense. La alarma en esta ocasión tenía que ver sobre todo con una caravana de camioneros que se dirigía a la capital en protesta contra las medidas sanitarias obligatorias por la pandemia, inspirados por la de Canadá, deseosos también de sus propios símbolos.

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Sin aclarar si concurrirá a las elecciones de 2024, el expresidente de EE UU Donald Trump prosigue su campaña informal por el país. En su último mitin, este sábado en Conroe (Texas), el republicano volvió a agitar el fantasma del supuesto fraude electoral que le robó la presidencia en noviembre de 2020 y anunció que si regresa a la Casa Blanca, amnistiará a todos los procesados por el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. El exmandatario también instó a sus simpatizantes a organizar protestas masivas si los fiscales de Atlanta y Nueva York emprenden medidas contra él, en el primer caso por el intento de anular los resultados electorales en Georgia y en el segundo, por fraude fiscal en sus negocios.

“Otra cosa que haremos, y sobre la que mucha gente me ha estado preguntando, en el caso de que me postule y gane [en 2024], es tratar a esas personas del 6 de enero de manera justa”, dijo Trump entre los aplausos de decenas de miles de partidarios. “Los trataremos de manera justa ―recalcó―. Y si eso implica perdones: los perdonaremos, porque están siendo tratados injustamente”. La promesa de indultos es un paso cualitativo en el discurso del magnate, que hasta ahora había opuesto resistencia a la investigación, pero no desafiado directamente la acción de la justicia.

Más de 700 personas han sido encausadas hasta ahora por participar en el intento de asalto al Capitolio, para impedir la confirmación de la victoria electoral del demócrata Joe Biden en las elecciones de noviembre de 2020. Once de los imputados están acusados de sedición mientras que 165 se han declarado culpables. Muchos han alegado que, al entrar por la fuerza en el edificio del Congreso, no hacían más que seguir órdenes de Trump. El aún presidente en funciones se había dirigido públicamente a sus partidarios poco antes animándoles a impedir que Biden fuese confirmado como presidente.

Durante su mandato, el republicano indultó a numerosos patrocinadores y excolaboradores, como Michael T. Flynn, su primer consejero de Seguridad Nacional, que se declaró dos veces culpable de mentir al FBI, o el gurú populista Steve Bannon, estratega jefe de su campaña, acusado de fraude. En vísperas de su relevo, apenas horas antes de la toma de posesión de Biden, el 20 de enero de 2021, Trump anunció su última lista de perdonados, compuesta por 70 indultos (el más notorio, el de Bannon) y 73 conmutaciones de pena. La gracia benefició a donantes de su campaña, delincuentes financieros y conocidos raperos.

Durante su primer gran mitin en Texas desde 2019, en medio de un ambiente enfervorizado en el que Trump se arrancó a bailar sobre el escenario, el republicano volvió a arremeter contra el papel de los medios, una de sus habituales bestias negras junto con los fiscales independientes y los demócratas. “La prensa es la enemiga del pueblo. Los medios corruptos destruirán nuestro país”, clamó entre aplausos. Sobre las actuaciones judiciales en su contra en los Estados de Georgia y Nueva York, el mensaje del republicano sonó como una amenaza: “Si estos fiscales radicales, despiadados y racistas hacen algo malo o corrupto, vamos a tener en este país las mayores protestas que se hayan visto”, advirtió.

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El Gobierno de Boris Johnson se ha encontrado de bruces, en el mismo periodo en que prometió que el Brexit ayudaría a recuperar el control de sus fronteras, con la tragedia inesperada de la inmigración masiva en aguas del canal de la Mancha. Las cifras empequeñecen frente al aluvión de personas que llegan cada año a las costas del continente europeo, pero con más de 29.000 migrantes que intentaron alcanzar el Reino Unido en 2021, según cálculos de diversos medios como la BBC, el Ministerio del Interior británico se enfrenta, sin experiencia ni mano izquierda, ante un inusitado problema para el que solo ofrece leyes más duras. “Los ciudadanos llevan dos décadas exigiendo una reforma, y eso pretende nuestro nuevo plan para la inmigración”, ha dicho el secretario de Estado de Justicia y Control de la Inmigración Ilegal, Tom Pursglove. La definición de su cargo ya da una idea clara de la estrategia de Downing Street frente a la inmigración irregular. “La Ley de Nacionalidad y Fronteras definirá como delito el intento deliberado de entrar ilegalmente en el Reino Unido, e impondrá penas de prisión permanente a aquellos que faciliten este acceso”, ha asegurado Pursglove.

El texto legal se encuentra actualmente en el estadio final de su tramitación, en la Cámara de los Lores, donde muy probablemente se verá sometido a enmiendas que la mayoría conservadora de los Comunes deberá rechazar, cuando regrese para su consideración definitiva. La propuesta, desarrollada por el ministerio de Priti Patel, juega con un doble discurso que apenas logra ocultar su intención de construir una respuesta de “ley y orden” ―más centrada en la seguridad que en el lado humanitario del asunto―; un lenguaje duro para contentar a las bases electorales que respaldaron el Brexit.

Aunque el discurso de Patel, responsable de Interior, carga las tintas contra las bandas criminales que promueven y organizan las travesías del canal, la idea de fondo es que, gran parte de las personas que intentan llegar al Reino Unido son “inmigrantes económicos” ―no huyen por causas políticas―, que no necesitan realmente ningún tipo de protección internacional y que, con sus acciones, lo único que hacen es “saltarse la fila” de los que aspiran legítimamente a lograr un estatuto de refugiado. “[Un 70% de las personas que han llegado en los últimos 12 meses] son hombres solteros (…). No son verdaderos solicitantes de asilo. Son capaces de pagar a las mafias y contactar con ellos, ya sea en el norte de Francia o en Alemania. Son ellos los que expulsan a codazos a mujeres y niños que sí están en riesgo y huyen de la persecución”, afirmaba Patel el pasado 27 de octubre en su comparecencia ante la Comisión de Justicia e Interior de la Cámara de los Lores.

La ministra con mayor fama de dureza del Gobierno de Johnson pasa por horas muy bajas de popularidad en el Partido Conservador. Sus promesas redobladas de atajar las entradas irregulares se han visto desmentidas una y otra vez con las cifras que llegaban del canal de la Mancha, que en 2020, en pleno parón de la movilidad internacional, rondaron las 8.500 personas, según la organización británica Refugee Council (Consejo para los Refugiados). Su falta de tacto con las autoridades francesas, de donde provienen en la última travesía la mayoría de los inmigrantes, ha provocado un deterioro casi irreparable de las relaciones diplomáticas y de colaboración con el Gobierno de Emmanuel Macron. La muerte de una treintena de inmigrantes a finales de noviembre, al hundirse la embarcación que los transportaba, se convirtió en un amargo cruce de críticas entre Londres y París. El Gobierno de Johnson reprochó al francés que no hacía lo suficiente para impedir la salida de personas de sus costas, y amenazó incluso con retirar la ayuda financiera comprometida para reforzar la vigilancia policial.

Todo se agravó aún más al publicar el propio Johnson en Twitter la carta que había enviado a Macron, en la que pedía que el Reino Unido pudiera devolver a Francia sin problemas los inmigrantes que llegaran desde ese país, y sugería incluso que la policía británica patrullara conjuntamente con la francesa la costa al otro lado del canal. El ministro francés del Interior, Gérald Darmanin, retiró de inmediato la invitación que había cursado a Patel para participar esa semana en una reunión de ministros europeos que debía abordar la crisis migratoria en el canal. Y Macron llegó a acusar a Johnson de poco serio. “Me sorprenden los métodos, cuando no son serios”, dijo el presidente de Francia. “Entre líderes no nos comunicamos a través de tuits, ni hacemos públicas las cartas que nos enviamos”.

Las verdaderas cifras de asilo

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Frente al argumento reiterado por el Gobierno británico de que las actuales leyes permiten un abuso en los trámites de solicitud de asilo y refugio, organizaciones como Refugee Council (Consejo para los Refugiados) han realizado una profusa tarea estadística para desmentir los prejuicios. El 70% del número total de personas que llegaron a las costas británicas, o fueron interceptadas en su intento de cruzar el canal, durante el año pasado, procedían de cinco países: Irán, Irak, Sudán, Siria y Vietnam. Uno de cada cuatro era iraní. Entre los diez países de los que proceden la mayoría de los inmigrantes se encuentran también Afganistán o Yemen. El Consejo para los Refugiados señala que prácticamente el 98% de las personas que llegan a las costas británicas a través del canal acaban solicitando asilo. Y entre los refugiados que proceden de los diez principales países, hasta un 61% logra esa protección oficial, frente a una media del 52% del resto de nacionalidades que llegan por otras vías.

Los cálculos desmienten de ese modo que los inmigrantes que se lanzan al canal sean en su mayoría “inmigrantes económicos”. “El Gobierno aspira a dar rango legal a una política brutal y peligrosa, como la que representa su ley antirrefugiados, que solo logrará que más gente muera ahogada en el canal”, ha dicho Tim Naor Hilton, el director ejecutivo del Consejo para los Refugiados. Simplemente, el mayor control policial en otras vías habituales de acceso, como el transporte ilegal de inmigrantes a través de camiones y contenedores por el Eurotúnel, ha reducido drásticamente las cifras, y ha desviado el flujo de personas hacia el paso del canal de la Mancha, que hasta hace pocos años era una vía minoritaria. El Gobierno de Johnson se ha topado con una tragedia que la UE ya conoce desde hace tiempo, y su primera respuesta ha sido la de endurecer el discurso inmigratorio que alimentó el Brexit.

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El presidente de EE UU, Joe Biden (derecha), y su homólogo ucranio, Volodimir Zelenski, en septiembre en la Casa Blanca.
El presidente de EE UU, Joe Biden (derecha), y su homólogo ucranio, Volodimir Zelenski, en septiembre en la Casa Blanca.Pool/ABACA (GTRES)

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se ha comprometido con el líder ucranio, Volodímir Zelenski, a que Washington y sus socios defenderán a Kiev en el caso de que el conflicto con Rusia se recrudezca. Ambos mandatarios sostuvieron a última hora del domingo una conversación telefónica apenas tres días después de que el presidente estadounidense y Vladímir Putin marcaran las líneas rojas para las negociaciones clave que tendrán lugar en enero sobre Ucrania y la estabilidad internacional en general.

“El presidente Biden dejó claro que Estados Unidos, sus aliados y sus socios responderán de forma decisiva si Rusia invade aún más Ucrania”, explicó la Casa Blanca en un comunicado donde quiso resaltar con ese “aún más” que no se trataría de un ataque nuevo, sino de la escalada de una invasión que comenzó en 2014 con su despliegue bélico en Donbás y Crimea. Asimismo, Washington también se mostró firme en su respaldo a Kiev al señalar que lo defenderá diplomáticamente a ptravés de las conversaciones que comenzará con Moscú en enero por tres vías: en su diálogo bilateral para la estabilidad estratégica; ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que actualmente ejerce de mediadora en la guerra de Donbás; y en las negociaciones que mantendrán ambas potencias a través del Consejo Rusia-OTAN, pese a que Putin ha insistido en los últimos meses que Kiev forma parte de su esfera de influencia y no de la Alianza Atlántica.

En su charla con Putin del pasado 30 de diciembre, Biden le advirtió de que Occidente impondrá sanciones sin precedentes a Rusia si hay una escalada con Ucrania. “La primera conversación del año con el presidente de Estados Unidos demuestra la naturaleza especial de nuestra relación”, afirmó Zelenski por Twitter. “Se discutieron las acciones conjuntas de ambos países y sus socios para mantener la paz en Europa, prevenir una escalada futura, hacer reformas y desoligarquizar Ucrania”, agregó el mandatario.

La crisis resurgió en noviembre con el despliegue de más de 100.000 militares rusos en torno a las fronteras de Ucrania. Antes, a principios del año pasado hubo otra escalada similar en la línea de contacto de Donbás, que fue templada por el encuentro de junio entre Biden y Putin en Ginebra. Sin embargo, la inteligencia estadounidense informó en otoño de una nueva presencia masiva de tropas y artillería a lo largo de toda la frontera Ucrania cuyo plan podría ser una invasión por tres frentes: Crimea, el este del país y la zona limítrofe con Bielorrusia, cuyo régimen provocó en paralelo otra crisis con Polonia al enviar a la frontera de miles de inmigrantes traídos de Oriente Medio.

Putin y Biden volvieron a hablar por videoconferencia el pasado 7 de diciembre. En aquellas conversaciones, el mandatario ruso reiteró los puntos innegociables, entre ellos que la OTAN no se expanda más al Este, y propuso negociar unas garantías de seguridad para Rusia. Y el 21 de diciembre, en una reunión con el Ministerio de Defensa, Putin subrayó al alto mando su gran preocupación: según sus informes, Estados Unidos está a punto de desarrollar armas hipersónicas como las rusas y, bajo esta cobertura, “podría armar a los extremistas del país vecino y empujarlos contra Rusia, contra algunas regiones rusas en particular… diremos Crimea”.

Precisamente Zelenski se pronunció en su discurso de año nuevo sobre la península anexionada por Rusia en marzo de 2014 tras el despliegue de soldados sin identificación, los conocidos como “hombres amables”, y sobre Donbás, en guerra contra Kiev desde abril de aquel año con el apoyo militar y financiero de Moscú. “Aquí están nuestros soldados. Creo que se tomarán fotos (en 2022) en unas Donetsk, Lugansk y Crimea pacíficas”, proclamó el mandatario a su población, según recoge el discurso publicado por la presidencia ucrania en su web.

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Unos días antes, en un encuentro con las misiones diplomáticas extranjeras, Zelenski subrayó que espera obtener este año un marco de tiempo específico para la integración de Ucrania en la OTAN. Tanto ese país como Georgia recibieron esa promesa en el encuentro de Bucarest de la Alianza Atlántica de 2008. Sin embargo, las garantías de estabilidad que exige el Kremlin a la Casa Blanca especifican que la organización debe renunciar a su ampliación al Este de Europa, el Cáucaso y Asia Central, territorios que Moscú considera bajo su esfera de influencia, pero que Washington defiende a su vez como Estados soberanos con capacidad de decisión propia. “El presidente Biden remarcó el compromiso estadounidense con la soberanía de Ucrania y su integridad territorial”, subrayó el comunicado de la Casa Blanca sobre su conversación con Zelenski.

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