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Algunas semanas pueden parecer décadas, y esta semana ha sido una de ellas. Con el desnudo acto de agresión de Rusia contra Ucrania, la tragedia de la guerra ha vuelto a estallar en Europa. Las fuerzas rusas han bombardeado viviendas, escuelas, hospitales y otras infraestructuras civiles. La maquinaria propagandística del Kremlin se ha disparado en su esfuerzo por justificar lo injustificable. Más de un millón de personas han huido ya de la violencia, y aún quedan más por llegar.

Los ucranianos, por su parte, están organizando una heroica defensa de su país, impulsados por el liderazgo del presidente, Volodímir Zelenski. Ante la escalada de ataques y las absurdas afirmaciones del Kremlin que niegan su identidad nacional, los ucranianos han demostrado unidad y resistencia. Atascado en el pasado, el presidente ruso, Vladímir Putin, puede haberse convencido de que Ucrania le pertenece bajo su visión de una “gran Rusia”. Pero los ucranianos han demostrado que su país les pertenece a ellos, y que su futuro es europeo.

La Unión Europea ha entrado en acción. Mientras algunos esperaban que titubeáramos, que estuviéramos divididos y que reaccionáramos con lentitud, hemos actuado a una velocidad récord para apoyar a Ucrania, rompiendo tabúes en el camino. Hemos impuesto sanciones sin precedentes a los oligarcas vinculados al Kremlin y a los responsables de la guerra. Medidas que eran impensables hace tan solo unos días —como la prohibición de acceso al sistema Swift a los principales bancos rusos y la congelación de los activos del banco central ruso— ya están siendo implementadas. Y, por primera vez, la UE está apoyando a los Estados miembros en el suministro de equipos militares a la asediada Ucrania, movilizando 500 millones de euros (554 millones de dólares) a través del Fondo Europeo para la Paz.

Hemos hecho todo esto junto con otros países para garantizar que estas medidas tengan el máximo efecto. Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Suiza, Japón, Singapur y muchos otros centros neurálgicos financieros y económicos se han unido a nosotros en la adopción de duras sanciones. La indignación internacional contra Rusia se está extendiendo en cascada, incluso a los deportes y las artes. Una estampida de empresas está abandonando el mercado ruso.

Sin embargo, las noticias que nos llegan desde el terreno en Ucrania son horribles y aleccionadoras, sin que nadie sepa cómo acabará esta guerra. Putin intentará excusar el derramamiento de sangre que ha desencadenado describiéndolo como un subproducto inevitable de algún choque mítico entre Occidente y el Resto; pero no convencerá a casi nadie. La inmensa mayoría de los países y pueblos de todo el mundo se niegan a aceptar un mundo en el que un líder autocrático pueda simplemente apoderarse de lo que quiera mediante una agresión militar.

El 2 de marzo, una abrumadora mayoría de la Asamblea General de las Naciones Unidas —141 países— votó a favor de los derechos soberanos de Ucrania, denunciando las acciones de Rusia como una clara violación de la Carta de la ONU y del derecho internacional. Solo cuatro países votaron con Rusia (los 35 restantes se abstuvieron). Esta histórica muestra de consenso mundial demuestra hasta qué punto los dirigentes rusos han aislado a su país. La UE se esforzó por lograr este resultado en la ONU, y estamos totalmente de acuerdo con el secretario general de la ONU, António Guterres, en que la tarea ahora es poner fin a la violencia y abrir la puerta a la diplomacia.

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En la semana transcurrida desde la invasión rusa, también hemos asistido al tardío nacimiento de una Europa geopolítica. Durante años, los europeos han debatido cómo hacer que la UE sea más sólida y consciente de la seguridad, con unidad de propósito y capacidades para perseguir nuestros objetivos políticos en la escena mundial. Se puede decir que en la última semana hemos avanzado más en ese camino que en la década anterior.

Se trata de un avance positivo, pero aún queda mucho por hacer. En primer lugar, debemos prepararnos para apoyar a Ucrania y a su pueblo a largo plazo, tanto por su bien como por el nuestro. No habrá seguridad para nadie si permitimos que Putin se imponga. Si ya no hay reglas, todos estaremos en peligro. Por eso debemos garantizar la supervivencia de una Ucrania libre. Y para ello, debemos mantener una apertura para que Rusia vuelva a la razón, para que se pueda restablecer la paz.

En segundo lugar, debemos reconocer lo que esta guerra supone para la seguridad y la resiliencia europea en general. Consideremos la dimensión energética. Está claro que reducir nuestra dependencia de las importaciones energéticas de potencias autoritarias y agresivas es un imperativo estratégico urgente. Es absurdo que hayamos financiado literalmente la capacidad de nuestro oponente para hacer la guerra. La invasión de Ucrania debería dar un nuevo impulso a nuestra transición energética y ecológica. Cada euro que invirtamos en el desarrollo de energías renovables en casa reducirá nuestras vulnerabilidades estratégicas y ayudará a evitar un cambio climático catastrófico. Reforzar nuestra base también significa hacer frente a las agresivas redes de desinformación de Rusia y perseguir el ecosistema de financiación y tráfico de influencias del Kremlin.

En tercer lugar, en un mundo basado en la política del poder, necesitamos la capacidad de coaccionar y defendernos. Sí, esto incluye medios militares y la necesidad de favorecer su desarrollo. Pero la esencia de lo que la UE ha hecho esta semana es utilizar todas las políticas y palancas —que siguen siendo principalmente de naturaleza económica y regulatoria— como instrumentos de poder. Deberíamos partir desde esta base en las próximas semanas, en Ucrania, pero también en otros lugares, según sea necesario.

La tarea principal de la “Europa geopolítica” es sencilla. Debemos utilizar nuestro nuevo sentido de propósito primero para garantizar una Ucrania libre, y luego para restablecer la paz y la seguridad en todo nuestro continente.

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La primera ronda de sanciones aprobadas por la Unión Europea contra Rusia por el reconocimiento de la independencia de parte del este de Ucrania “ha golpeado en lo más alto” del régimen de Vladímir Putin, señala Josep Borrell (La Pobla de Segur, Lleida, 74 años), alto representante de Política Exterior de la UE, en una entrevista con EL PAÍS realizada antes de que Putin ordenara atacar Ucrania. “Tememos que el siguiente paso de Putin sea anexionarse las dos provincias ucranias en las que hasta ahora los separatistas prorrusos solo ocupan el 30% del territorio”, suspira Borrell en su despacho en el piso 12º del Berlaymont, sede de la Comisión Europea en Bruselas. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, convocó el miércoles una cumbre europea extraordinaria para este jueves.

Pregunta. Las primeras sanciones aprobadas el miércoles, ¿son realmente un golpe a Rusia o un mero aviso?

Respuesta. Es el primer golpe. Y ojalá pudiera ser el último. Pero me temo que no. Es la primera respuesta, tomada en un tiempo récord de 24 horas y coordinada con EE UU, Reino Unido y Canadá. Afecta fundamentalmente a los responsables personales de lo que está ocurriendo y a las posibilidades de financiación del Gobierno ruso.

P. ¿Qué teme que pueda ocurrir a corto o medio plazo?

R. Las tropas rusas han ocupado abiertamente la parte del Donbás que estaba en manos de los secesionistas. Pero las repúblicas fantasmas reconocidas por Moscú solo ocupan el 30% del territorio de las dos partes. Y tememos que los siguientes pasos sean la anexión de esa parte y luego la reivindicación manu militari del 70% restante que todavía está bajo el control de Kiev.

Tener las tropas rusas frente a las ucranias aumenta el riesgo de una chispa que provoque un incendio

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P. ¿Qué nueva línea roja tendría que pasar Moscú para desencadenar otra ráfaga de sanciones?

R. Ahora tenemos a las tropas rusas frente a las ucranias. Y eso aumenta el riesgo de una chispa que provoque un incendio. Esa chispa podría ser la anexión de parte del Donbás o la decisión militar de tomar para esas repúblicas el territorio que todavía controla Ucrania.

P. Las sanciones impuestas a Rusia en 2014 no han cambiado nada sobre el terreno y Crimea sigue en manos de Moscú. ¿Pueden ser más efectivas en esta ocasión?

R. Las sanciones no tienen el poder de un semáforo, no paran las acciones que pretenden combatir. Hacen daño, pero no han tenido la capacidad de dañar tanto la economía como para que Rusia piense en devolver Crimea a Ucrania. La UE no es una alianza militar. Nuestra capacidad de acción es civil, basada en instrumentos civiles, comerciales o financieros que les hacen la vida más difícil a los perpetradores de las acciones. Rusia sabía que esto iba a venir y desde hace tiempo está acumulando grandes reservas de divisas. Ha anticipado mucho más que nosotros la dimensión financiera de lo que podía ocurrir. Así que tiene más resiliencia contra nuestras acciones mientras nosotros seguimos teniendo una gran dependencia del gas ruso.

Moscú tiene más resiliencia contra nuestras acciones, mientras en la UE tenemos aún una gran dependencia del gas ruso

P. Entre los altos cargos rusos sancionados no figuran ni Putin ni su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. ¿Es porque quieren dejar una puerta abierta a la negociación?

R. Siempre se hace así. En todos los procesos de sanción, los máximos responsables no son los primeros en ser sancionados. Ha sido así en el caso de Bielorrusia, Venezuela… siempre se empieza por abajo.

P. Pero, en esta ocasión, han llegado bastante arriba: hasta el gabinete de Putin y las jefaturas de los ejércitos.

R. Hemos llegado muy arriba y afecta a la clase dirigente rusa, los llamados oligarcas, y también a todos los que participan en procesos de acoso político y desinformación contra Ucrania. Porque Putin no solo quiere conquistar territorios, también quiere conquistar los espíritus. Lo que realmente le preocupa a Putin no es la situación de las minorías rusófonas ni la OTAN, sino la extensión de la democracia y la libertad junto a sus fronteras. Un régimen con una deriva autoritaria como la de Rusia no puede permitir que una parte de lo que él considera su propio pueblo se embarque en un modelo alternativo de desarrollo que puede representar lo mismo que representaban durante la Guerra Fría los dos lados del muro de Berlín.

Putin no solo quiere conquistar territorios, también quiere conquistar los espíritus

P. ¿Ve posible recuperar una buena relación con el régimen de Putin después de todo lo ocurrido en los últimos años?

R. Creo que con el actual régimen es ya muy difícil. Nos estamos instalando en un antagonismo existencial. Soy de los que siempre he dicho y hecho lo posible para mantener abiertos cauces de comunicación con Rusia, algunas veces asumiendo riesgos. Pero ahora lo veo cada vez más difícil.

P. Algunos analistas apuntan que la agresión de Putin no va dirigida contra la OTAN, sino contra la UE.

R. Para el régimen de Putin, la UE es la antítesis. Por eso, primero nos desprecia, porque dice que no tenemos nada que decir aparte de lo que diga EE UU. Y luego manda una carta a cada uno de los 27 países para ver si encuentra respuestas diferentes, por si hay alguno que discrepe. Y se encuentra con que no recibe 27 respuestas sino una sola firmada por mí en nombre de todos. Y eso lo enfurece. Ha llegado a decir a uno de los ministros [de Exteriores de la UE]: ‘Yo quiero hablar con vosotros porque tenéis fuerza política, y me contesta un burócrata de Bruselas’. La UE representa unos valores antitéticos a los suyos. Y eso se enmarca en una dinámica que va más allá de Rusia y Europa. Es la dinámica del conflicto entre regímenes autoritarios y democráticos. Por eso hay que leer con atención el reciente manifiesto ruso-chino. Es un verdadero desafío intelectual contra un modelo basado en reglas multilaterales, la universalidad de los derechos humanos y el sistema democrático. Es un texto fundador del conflicto que viene.

A medio plazo no vamos a seguir comprando el gas a Rusia

P. ¿Las sanciones de Occidente no pueden hacer que Rusia estreche aún más su alianza con China?

R. Rusia se está acercando a China, pero es una relación extraordinariamente desequilibrada. Al lado de China, Rusia es diminuta y su gestión económica es catastrófica. Rusia sobrevive gracias a las exportaciones de gas y petróleo. Pero necesita apoyarse en alguien, entre otras cosas porque a medio plazo, y vamos a intentar que ese plazo sea lo más corto posible, no vamos a seguir comprándole el gas. Hoy, el 40% de nuestro consumo de gas depende de Rusia. Estamos movilizando estratégicamente todas nuestras políticas para disminuir esa dependencia. Y la noticia de que no se va a poner en marcha el gasoducto Nord Stream 2 marca ese camino.

P. ¿Le sorprendió el anuncio de paralizar la autorización del gasoducto?

R. No.

P. ¿Tenía señales previas de Berlín?

R. Sobre todo, de Washington, que había ya dejado clara su inquietud con el proyecto.

P. Da la impresión de que en todas las crisis con Rusia desde 2008, Europa, y sobre todo Alemania, titubea en la respuesta. ¿Es por temor a las consecuencias económicas de un choque frontal o porque piensan que Putin tiene parte de razón?

R. Rusia puede plantear sus preocupaciones legítimas sobre seguridad. Y ciertamente se puede argumentar que el despliegue de la OTAN en todas sus fronteras occidentales podría ser una fuente de preocupación. Pero, ¿decir que la OTAN rodea a Rusia? Es evidente que no es así. Y le hemos ofrecido debatir esas preocupaciones. Pero en el siglo XXI esos debates se resuelven dialogando, no acumulando 150.000 soldados en la frontera del vecino y diciendo que ese país no debería existir ni ser independiente.

P. Pero Putin lleva desde 2007 advirtiendo de su preocupación. Y la respuesta de la OTAN fue invitar a Ucrania y Georgia a ingresar en la organización y la Alianza ha seguido creciendo hacia el este.

R. No digo que los occidentales no hayamos perdido ocasiones para intentar encontrar un mejor acomodo con Rusia, esta no es una historia de buenos y malos. Las distintas Administraciones estadounidenses han tenido una actitud de balanceo. Y probablemente la peor de las decisiones es [decidir] hacer algo y luego no hacerlo, que fue la promesa a Ucrania y Georgia de pertenecer a la OTAN, y luego encontrarte que hay aliados que no están dispuestos a poner en marcha ese proceso.

Fue un error pensar que se podía invitar [a Ucrania y a Georgia a entrar en la OTAN] sin cumplirlo”

P. ¿El error fue invitarlos o invitarlos y no cumplirlo?

R. Creo que fue un error pensar que se los podía invitar sin cumplirlo.

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Antony Blinken (derecha) se dirige a Josep Borrell durante una conferencia de prensa conjunta en el Departamento de Estado en Washington, este lunes.
Antony Blinken (derecha) se dirige a Josep Borrell durante una conferencia de prensa conjunta en el Departamento de Estado en Washington, este lunes.ANDREW HARNIK (AFP)

El alto representante de la Unión Europea para Política Exterior, Josep Borrell, ha dado este martes un espaldarazo al presidente francés, Emmanuel Macron, tras el fiasco que supuso su encuentro con Vladímir Putin en Moscú del día anterior. “La visita del presidente Macron a Moscú ha sido importante, pero no ha producido un milagro. La prueba de que la situación aún es tensa es que Rusia ha decidido mandar [media docena] de buques de guerra al Mar Negro [para ejercicios militares]. Con todo, el viaje ha tenido efectos positivos por su apuesta por la vía de la negociación para salir de la crisis”, ha señalado Borrell en un encuentro con periodistas en Washington en la sede de la Delegación de la Unión Europea. Borrell ha comparecido junto con la comisaria europea para la Energía, Kadri Simson, en el marco de la visita de ambos a la ciudad y en mitad de la creciente tensión por la amenaza de invasión rusa en Ucrania, para asistir al noveno Consejo de la Energía Estados Unidos-Unión Europea.

Macron se reunió con Putin durante cinco horas el lunes. Por la noche, fuentes del Elíseo explicaron que el líder francés había arrancado al ruso la promesa de que Rusia “no emprenderá nuevas iniciativas militares”. El Kremlin lo desmintió este martes con una desautorización como guinda, argumentando que París no sería el interlocutor correcto para ello porque ni siquiera lidera la OTAN.

“Las negociaciones siguen siendo posibles siempre que haya personas dispuestas a sentarse a la mesa y hablar. Veo que aún hay una esperanza de no entrar en una confrontación militar. Y esto le da mucha importancia a la visita de del presidente [Emmanuel] Macron a Rusia. Tranquiliza saber que la Presidencia del Consejo asume un papel importante en una situación como esta. Recuerde 2008, cuando Rusia atacó Georgia y fue [el entonces presidente francés Nicolas] Sarkozy quien desempeñó un papel similar al acercarse a Rusia de inmediato y comenzar a hablar”, ha añadido Borrell.

Durante una charla organizada horas antes en la Embajada de Francia en Washington, donde ha pasado dos días de reuniones, señaló: “Se necesitaba que un líder europeo fuera, y Francia ocupa la presidencia del Consejo”. El propio Borrell probó en primera persona las sorpresas que Moscú puede tener preparadas a las visitas europeas. El año pasado, el Kremlin lo recibió con la expulsión de tres diplomáticos acusados de participar en las protestas en apoyo a Alexéi Navalni y, en rueda de prensa, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, aprovechó para acusar a la UE de “arrogancia”.

Borrell ha rebajado este martes el riesgo de una grave crisis de refugiados como consecuencia de la crisis de Ucrania. Y ha recordado que los ucranios se benefician de un régimen especial de exención de visado en los países miembros y, sobre todo, ha subrayado que no teme una “una guerra total”, es decir, que Rusia vaya a “invadir toda Ucrania, al estilo de la Segunda Guerra Mundial”.

El jefe de la diplomacia europea advirtió el día anterior, como ya había hecho previamente, que la presión militar rusa en la frontera de Ucrania, donde ha desplegado más de 100.000 soldados, ha creado “el momento más peligroso para la seguridad europea desde el final de la Guerra Fría”. Aun así, Borrell descartó un conflicto armado de tanta gravedad y señaló que el propio Gobierno ucranio ha pedido que los aliados occidentales rebajen el tono sobre la crisis porque puede acabar dañando la imagen del país.

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Borrell y Simson han tratado en Washington con el secretario de Estado, Antony Blinken, y la de Energía, Jennifer Granholm, la amenaza que una posible invasión rusa de Ucrania puede suponer para el abastecimiento de gas a la UE. Simson quiso lanzar un mensaje de tranquilidad. “Estamos mejor preparados para algo así que hace una década. En este tiempo hemos invertido mucho y hemos diversificado nuestras fuentes de suministro de gas natural licuado. También hemos gastado en mejorar el sistema de interconectores, para que el gas que llega a un estado miembro, sea fácilmente transportable hacia otros”, ha dicho, antes de subrayar que se ha incrementado el flujo procedente de distribuidores como “Noruega, Azerbaiyán, el Norte de África y Catar”. También ha destacado que las importaciones de la UE de gas natural licuado desde Estados Unidos han crecido sustancialmente desde el primer envío en 2016. En 2021, alcanzaron los 22.000 millones de metros cúbicos. Solo en el pasado mes de enero la UE ha recibido por esa vía 4.4000 millones de metros cúbicos.

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“No hay seguridad en Europa si no hay seguridad en Ucrania”. Con esta frase, el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, ha mostrado claramente este miércoles el apoyo de la Unión Europea al país del este europeo al hablar sobre el conflicto abierto entre Rusia y Ucrania desde hace casi ocho años y que se ha calentado mucho en los últimos meses con la presencia en el lado ruso de la frontera de unos 100.000 soldados enviados por el Kremlin. Además, estas palabras del alto representante para la Política Exterior de la UE encierran un mensaje para el Kremlin: no puede aspirar a resolver las cuestiones estratégicas que afectan al resto de Europa “sin contar con los europeos”.

La Unión Europea está tratando de evitar una vuelta a un escenario de política internacional en el que las grandes potencias se reparten sus esferas de influencia sin contar con los demás países. “No estamos en la época de Yalta”, ha proclamado Borrell en referencia a la famosa conferencia de 1945, cuando en los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial el entonces presidente estadounidense, Franklin D. Roosevelt, el primer ministro británico, Winston Churchill, y el dictador soviético, Josef Stalin, se repartieron sus respectivas áreas de control en Europa. “La delimitación de las esferas de influencia no es una cuestión de 2021 o 2022. La seguridad de Europa y la seguridad de Ucrania, porque Ucrania es parte de Europa, es lo que preocupa a los ucranios y los europeos”, ha recalcado el alto representante de la UE tras una visita a la línea que separa a las fuerzas ucranias de los combatientes prorrusos en la región de Donbás.

En las últimas semanas, Bruselas ha recalcado que pretende aumentar su influencia en la resolución de este conflicto. En diciembre, los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete, en el último Consejo Europeo del año, avisaron a Rusia de que impondrían “sanciones enormes” si invade Ucrania. La misma advertencia ha sido recordada este miércoles por Borrell, pero esta vez ante el ministro de Asuntos Exteriores ucranio, Dmytro Kuleba, quien ha destacado la importancia del apoyo europeo. Para el Ejecutivo de Kiev, la visita del alto funcionario la UE a la región de Donbás es “muy importante, justo ahora”. Y coincidió con Borrell en que las políticas de esferas de influencia “son el pasado”.

“Es la primera vez que un alto representante del bloque visita Donbás desde que Rusia lanzó la guerra. Es un signo de la unidad de Ucrania y la Unión Europea frente a las grandes amenazadas de Rusia”, dijo Kuleba, quien viajó con Borrell a la zona de conflicto en el este del país. “Han incluido a Ucrania hace poco en el Fondo Europeo de Paz, que destinará 31 millones de euros a mejorar las capacidades de nuestras Fuerzas Armadas para defenderse”, recalcó el ministro sobre el apoyo de Bruselas.

Los dos políticos viajaron en helicóptero desde Jarkov durante casi dos horas hasta uno de los puntos calientes de la línea de contacto, Stanitsia Luganksa, a un kilómetro escaso de la autoproclamada república separatista de Lugansk. Allí los militares ucranios mostraron a Borrell las posiciones de los combatientes prorrusos y sus francotiradores. Posteriormente, la comitiva tuvo que regresar por carretera al impedir el mal tiempo un vuelo.

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Durante su intervención ante la prensa, Borrell ha lamentado el despliegue de más de 110.000 soldados rusos en torno a Ucrania en noviembre, que ha calificado en reiteradas ocasiones de “irregular”. “Después del encuentro de Ginebra [entre los presidentes Joe Biden y Vladímir Putin en junio de 2021] parecía que iba a haber una línea de comunicación entre Estados Unidos y Rusia. Europa observaba, pero ahora todo es diferente”, ha añadido el alto representante al recordar la cita para abordar precisamente el aumento de la tensión en la frontera ucrania a principios del año pasado. Borrell ha destacado que Moscú no solo ha realizado una acumulación inusual de tropas a lo largo de la frontera con Ucrania, sino que ha ido aumentando sus exigencias para reducir la tensión.

El Kremlin presentó en diciembre dos propuestas de seguridad para la zona, semanas después de otra videoconferencia entre Putin y Biden. En el borrador figura, explícitamente, que la OTAN debe renunciar a incorporar a Ucrania. Además, estas propuestas no han sido siquiera enviadas a Bruselas, algo que molesta mucho en la UE.

El conflicto en la frontera está a punto de hacerse más profundo y las tensiones han crecido para la seguridad europea”, agregó durante su intervención el alto representante, que prometió ante Kuleba “el apoyo total del bloque” para Kiev. Además, Borrell recordó que la guerra con los insurgentes prorrusos, que ha costado hasta ahora más de 13.000 vidas, “todavía separa a muchas familias a ambos lados del frente”.

Con este viaje Bruselas intenta cobrar importancia de cara a las importantes negociaciones que comenzarán el próximo 10 de enero por varias vías. Ese día se reunirán en un encuentro bilateral las delegaciones de Estados Unidos y Rusia para abordar sus diferencias. El Kremlin exige que Estados Unidos y la OTAN abandonen a Ucrania. Al mismo tiempo, tendrán lugar otras reuniones en el Consejo Rusia-OTAN y en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que ha sido mediador estos años de las conversaciones de paz para Donbás y ha informado de las continuas violaciones del alto el fuego en el frente.

Todos los miembros de la OTAN, incluido Estados Unidos, han repetido estos días el mensaje de que toda negociación se guiará por el principio de “ninguna decisión sobre Ucrania sin Ucrania”. Sin embargo, el Kremlin quiere apartar a Europa y a Kiev de las conversaciones. Hace unas semanas, el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Ryabkov, criticó una invitación a más países a las negociaciones bilaterales: “Ahogaremos todo esto con el debate y la palabrería”.

En opinión de Gwendolyn Sasse, investigadora senior del think tank Carnegie Europa y directora del Centro para Europa del Este y los Estudios Internacionales de Berlín, “Europa seguirá siendo un actor relevante para Ucrania en términos políticos y económicos” gracias, entre otros puntos, a su apoyo clave en reformas como las acometidas contra la corrupción y para la descentralización de su Administración. Sin embargo, “en términos de seguridad poco tiene que ofrecer a Ucrania aparte de un apoyo retórico en vista de la presión militar rusa”.

“La visita de Borrell demuestra el compromiso europeo, pero sobre todo resalta que la Unión Europea es marginada en las negociaciones con Rusia”, agrega Sasse. La experta resalta cómo se han desarrollado en paralelo dos procesos: la incorporación a la OTAN, prometida a Kiev en 2008, y la entrada en la Unión Europea, ilusión que han alentado varios acuerdos estos años, uno de los cuales fue roto por el Gobierno de Víktor Yanukóvich en 2013, lo que llevó a las llamadas protestas del Maidán. “Ambos procesos se han cruzado en la perspectiva del Kremlin, aunque Putin solo demanda explícitamente frenar la expansión de la OTAN”, afirma Sasse, que opina que, “en principio, la entrada en la Unión Europea es algo más realista a medio plazo”.

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