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Manifestantes contra el presidente Kais Said, el pasado día 20 en Túnez.
Manifestantes contra el presidente Kais Said, el pasado día 20 en Túnez.ZOUBEIR SOUISSI (REUTERS)

El presidente de Túnez, Kais Said, decretó este miércoles la disolución del Parlamento después de que un grupo de 124 diputados –sobre un total de 217– organizasen una reunión por internet mediante la aplicación Zoom para anular los decretos aprobados por el mandatario desde que implantó el estado de excepción, el pasado 25 de julio.

El presidente, que ha ido acumulando poderes legislativos, judiciales y ejecutivos desde julio, decretó como primera medida el bloqueo de la aplicación en todo el país. Y después anunció mediante la difusión de un vídeo la disolución del Parlamento. “Debemos proteger al Estado de las divisiones. No dejaremos que continúe esta agresión contra el Estado”, declaró en el vídeo, según recoge la agencia Reuters.

Said es un jurista de 64 años, sin experiencia política previa, que arrasó con una candidatura independiente en las presidenciales de 2019, al obtener un rotundo 72,71% de los votos, frente al 27,29% de su rival. El antiguo profesor de Derecho Constitucional era partidario de regenerar el sistema para devolver la democracia al pueblo y combatir la corrupción. Pero los poderes del presidente estaban limitados a la política de defensa, relaciones exteriores y seguridad nacional. El 25 de julio suspendió temporalmente las funciones del Parlamento apoyándose en una interpretación muy discutida de un artículo de la Constitución que alude a situaciones excepcionales. En aquel momento, el 76,8% de los tunecinos respaldaban la medida del presidente, según la compañía de sondeos Sigma, la más solvente del país. Pero, poco a poco, Said fue perdiendo aliados a medida que acaparaba más y más poderes.

Este miércoles las críticas arreciaron en las redes sociales. Said Benarbia, responsable del Magreb para la ONG Comisión Internacional de Juristas (CIJ), tuiteó: “La Constitución es muy clara. El Parlamento no puede ser disuelto durante el estado de excepción, como viene regulado en el artículo 80. (…) El presidente no tiene autoridad constitucional para suspenderlo″. El artículo 80 fue el que esgrimió Said cuando suspendió las funciones del Parlamento en julio. En decenas de tuits se subrayaba este miércoles la frase de ese artículo donde consta que “el presidente de la República no puede disolver la Asamblea de Representantes del Pueblo”.

La ministra de Justicia, Leïla Jaffel, anunció que la fiscalía ha iniciado una investigación judicial contra los diputados que mantuvieron la reunión por internet, en la que se les acusa de conspirar contra el Estado. Un total de 116 de los 124 parlamentarios reunidos telemáticamente votaron a favor de un proyecto de ley para anular todos los decretos presidenciales adoptados durante el Estado de excepción.

El Parlamento de Túnez quedó muy atomizado tras las legislativas de 2019. El partido de origen islamista Ennahda resultó vencedor, pero solo con una cuarta parte de los votos. La imagen de este partido se había venido deteriorando en la última década. Muchos de sus críticos le achacaban ser los grandes responsables de la corrupción que carcome el país y del estancamiento económico. Said se hizo con todos los poderes en medio de un contexto social tenso agravado por la pandemia. A pesar de que el presidente de Túnez contaba con el apoyo de gran parte de la población, los partidarios de Ennahda lo llamaron desde un primer momento “golpista”. Y ahora, son los partidarios de Said quienes acusan a los diputados reunidos por internet, en su mayoría pertenecientes a Ennahda, de haber urdido un golpe de Estado.

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Este martes se asignaron las posiciones en el tarjetón, para los candidatos presidenciales, que intervendrán en las elecciones de presidente, este 29 de mayo.

Durante el sorteo de la posición de los candidatos en la tarjeta electoral para las elecciones presidenciales 2022, realizado en el Centro de Convenciones Ágora Bogotá, el registrador nacional del Estado Civil, Alexander Vega Rocha anunció las modificaciones que se harán en el formulario E-14 para el próximo 29 de mayo, que incluye casillas más grandes y fotografías de los candidatos presidenciales a color.

Por otra parte, el registrador nacional aseguró que se hará auditoría en tiempo real el día de los comicios, esto, con el fin de evitar inconvenientes con los jurados de votación durante la transmisión de datos. “Si hay alguna alarma de que algún candidato viene con votos cero, en tiempo real vamos a hacer auditoría y control para que los jurados no solo incluyan bien los datos, las cifras o los votos, sino para que los transmisores puedan leer bien la información”, dijo.

Así quedó definida la tarjeta electoral de candidatos a la Presidencia 2022. donde aparece la posición de los logos y las fotografías de los candidatos y sus fórmulas.

1. La Liga de Gobernantes Anticorrupción

Presidente: Rodolfo Hernández.

Vicepresidenta: Marelen Castillo.

2. Colombia Justa Libres

Presidente: John Milton Rodríguez.

Vicepresidenta: Sandra de las Lajas Torres.

3. Equipo por Colombia

Presidente: Federico Gutiérrez.

Vicepresidente: Rodrigo Lara.

4. Centro Esperanza

Presidente: Sergio Fajardo.

Vicepresidente: Luis Gilberto Murillo.

5. Partido Movimiento de Salvación Nacional

Presidente: Enrique Gómez Martínez.

Vicepresidente: Carlos Cuartas Quiceno.

6. Pacto Histórico

Presidente: Gustavo Petro.

Vicepresidenta: Francia Márquez Mina.

7. Colombia Piensa en Grande

Presidente: Luis Pérez.

Vicepresidente: Ceferino Mosquera Murillo.

8. Partido Verde Oxígeno

Presidenta: Íngrid Betancourt.

Vicepresidente: José Luis Esparza.

Así quedaron distribuidos los 8 candidatos que esperan obtener el favor de los colombianos, el domingo 29 de mayo, en las urnas.



Las fuertes subidas de los precios de los carburantes para la ciudadanía le han costado la cabeza al máximo directivo de Petrobras, el general Joaquim Silva e Luna. El presidente Jair Bolsonaro lo destituyó este lunes por la noche después de que desoyera las presiones públicas del propio mandatario y otros políticos para no repercutir a los consumidores las alzas del petróleo en los mercados internacionales. Las acciones cayeron un 2,7% al cierre del lunes. Es el segundo presidente de Petrobras, la mayor empresa estatal brasileña, que Bolsonaro destituye en 13 meses.

El relevo fue anunciado poco antes de que el mandatario brasileño ingresara en un hospital con molestias estomacales. Tras ser sometido a diversas pruebas, recibió el alta. El presidente padece diversas secuelas de una puñalada que sufrió en la anterior campaña electoral.

Bolsonaro ha intentado quitar hierro este martes al relevo diciendo que “es un asunto de rutina, sin ningún problema”. El Gobierno es el principal accionista de la compañía con el 50,26%, que cotiza en las Bolsas de São Paulo, Nueva York y Madrid. El jefe del Ejecutivo, que el año pasado eligió al general Silva e Luna para el cargo porque pensó que sería más modelable que su antecesor, un tecnócrata, va a colocar ahora al frente de la petrolera a un economista partidario de contener los precios, Adriano Pires.

El pasado 10 de marzo la gasolina subió en Brasil un 18% y el diésel casi un 25% tras dispararse el barril de petróleo por la invasión rusa de Ucrania. El precio de los carburantes es un asunto vital para cualquiera que conduce un vehículo en este país descomunal que tiene una fuerte dependencia del transporte de mercancías por carretera. Y es, junto a la inflación, uno de los grandes quebraderos de cabeza de Bolsonaro, que pretende presentarse a la reelección. Y considera fuera de lugar que los precios castiguen a la clientela mientras la empresa reparte jugosos dividendos para su medio millón de accionistas.

El aumento del precio de los combustibles, relacionado en parte con los efectos que está teniendo la guerra en Ucrania y los de la inflación, incomodó a Bolsonaro que llegó a decir que era un “crimen contra la población”. A mediados de febrero declaró en una entrevista: “No tengo poderes sobre Petrobras. Pero, por mí, es una empresa que podría ser privatizada hoy”, pues “me libraría de ese problema”, dijo a la televisión Ponte Negra sobre esa remota posibilidad.

El problema de Bolsonaro es que la mayoría de la ciudadanía le considera responsable de los altos precios de los combustibles, según las encuestas. En Río de Janeiro y otro par de Estados, la gasolina está casi a ocho reales el litro (1,7 dólares o 1,5 euros), un dineral en un país donde el salario mínimo es poco más de mil reales. El descontento y la angustia entre los millones de conductores de aplicativos, motoristas repartidores y camioneros es enorme.

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El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, principal adversario de Bolsonaro de cara a las elecciones de octubre, también está descontento con la política de precios de Petrobras. Es un crítico declarado de que el precio de que el consumidor pague una cantidad vinculada a los mercados internacionales y al dólar. “Si (en Brasil) todo está en reales, ¿por qué pagamos el precio de la gasolina en dólar?”, proclamó hace unos días. Este mismo martes ha participado en Río de Janeiro en un debate sobre el tema con el sindicato de los trabajadores petroleros.

Con más de 46.000 empleados, Petrobras extrae 2,7 millones de barriles de petróleo diarios. Fundada en los cincuenta por Getulio Vargas, se abrió al capital privado en los noventa.

La destitución del jefe máximo de Petrobras se produjo unas horas después de la salida del ministro de Educación, que dimitió este lunes por sospechas de corrupción. Bolsonaro aceptó finalmente desprenderse de Milton Ribeiro, que es pastor evangélico, después de días de desgaste ante revelaciones periodísticas que apuntan a que el ministro dio preferencia en el reparto de fondos públicos para la educación a alcaldes a cambio de sobornos en los que otros dos pastores ejercían de intermediaros.

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El peronismo está dividido, una vez más. Para suerte de Argentina, las disputas ya no son a los tiros, como en los años setenta, sino con demostraciones de fuerza callejera. Quien moviliza a más gente, mejor representa el legado de Juan Domingo Perón. Lo sabe bien La Cámpora, la agrupación que lidera Máximo Kirchner, el hijo de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Este jueves 24 de marzo, Argentina conmemoró el 46 aniversario del inicio de la dictadura más sangrienta del Cono Sur americano. Y La Cámpora desbordó la Plaza de Mayo, el sitio donde se concentran todos los símbolos del poder político. El presidente Alberto Fernández no fue invitado a la plaza más peronista de Argentina. Prefirió entonces recordar con un pequeño acto protocolar a los científicos asesinados por los militares.

La Cámpora, y con ella Cristina Fernández de Kirchner, forma parte del Gobierno de Fernández. El divorcio, sin embargo, parece inminente. Los senadores y diputados que siguen a Kirchner votaron en contra del acuerdo que Argentina acaba de firmar con el FMI para refinanciar la deuda de 45.500 millones de dólares heredada del Gobierno de Mauricio Macri. Fernández consiguió la aprobación con los votos opositores, mientras Kirchner se ausentaba del Senado en el momento de la votación. Fue una declaración de guerra interna.

En los pasillos de la Casa Rosada corrió entonces el rumor de que la vicepresidenta preparaba una carta incendiaria contra el presidente, el hombre al que ella misma ungió hace dos años como candidato de su espacio político. La derrota en las Legislativas de noviembre del año pasado degradó la relación. Desde el kirchnerismo acusaron a Fernández por la derrota: dijeron que se había alejado de la gente, que la crisis económica era insostenible. El acuerdo con el FMI fue la gota que rebalsó el vaso. El kirchnerismo asocia al Fondo con todos los males argentinos y firmar en Washington era una afrenta a su base electoral. La Cámpora lo dejó bien en claro este jueves.

La agrupación kirchnerista convocó a sus simpatizantes frente al predio de la antigua Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), donde funcionó el mayor centro clandestino de la dictadura, hoy convertido en espacio para la memoria. La respuesta fue multitudinaria: a las diez de la mañana, los manifestantes ocupaban ya más de diez calles de la avenida del Libertador, una de las más anchas de Buenos Aires. Desde allí, las columnas recorrieron 13 kilómetros por el norte de la ciudad hasta la avenida de Mayo.

“A pesar de las bombas, de los fusilamientos, de los compañeros muertos, de los desaparecidos, no nos han vencido”, cantaban los manifestantes. “No se va, no se va, la jefa no se va”, coreaban algunas columnas, en referencia a la vicepresidenta y las amenazas de ruptura que pesan sobre la coalición. Los cánticos y eslóganes peronistas se impusieron durante el recorrido sobre aquellos vinculados al Día de la Memoria. Sólo algunos pañuelos blancos, símbolo de las Madres de Plaza de Mayo, interrumpían la marea de banderas de La Cámpora y fotografías de Perón, Evita y los Kirchner.

Miembros de las Madres de Plaza de Mayo participan con miles de personas en una marcha por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que recuerda el golpe militar de 1976, este jueves en Buenos Aires.
Miembros de las Madres de Plaza de Mayo participan con miles de personas en una marcha por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que recuerda el golpe militar de 1976, este jueves en Buenos Aires.Juan Ignacio Roncoroni (EFE)

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La Cámpora estuvo ausente en la calle cuando el Congreso aprobó el acuerdo entre el FMI. La recuperaron este jueves para mostrar su rechazo. “Independencia económica”, podía leerse en una de las pancartas de la movilización. “Esa deuda que dejaron no la vamos a pagar”. “Con el hambre del pueblo no se jode nunca más”, cantaban. A lo largo de toda la ciudad hay pintadas en las que los camporistas exigen que no se pague al Fondo. “Primero que coman los argentinos”, se lee también en las paredes. Según las estadísticas oficiales, cuatro de cada diez argentinos son pobres.

En la cabecera de la movilización circulaba un autobús descubierto, desde el que la agrupación política retransmitió en streaming toda la manifestación. Desde allí entrevistaban también a los principales referentes del kirchnerismo, reacios a menudo a hablar con los medios. Desde allí disparaban contra el presidente Fernández, sin nombrarlo. “Cuando decíamos a la sociedad argentina que había que bancársela con los fondos buitre para que no ingresaran a la Argentina, era porque no queríamos que pasara lo que estamos pasando hoy”, dijo Máximo Kirchner desde el autobús reconvertido en estudio de televisión. “Cuando la gente está presente en un Gobierno, lo malo es menos malo y lo bueno es bueno. Es con la gente adentro. Siempre, compañero”, destacó el diputado nacional, convertido en la gran estrella de la movilización entre saludos y selfies.

Menos diplomático fue Andrés Larroque, ministro de Desarrollo en la provincia de Buenos Aires y hombre fuerte de La Cámpora. Larroque no se olvidó del presidente, la interna que divide a la coalición y la posición que consideran que ocupan en ella. “No nos podemos ir de algo que gestamos”, dijo. “El presidente estaba en un espacio político y fue jefe de campaña de un espacio que sacó el 4% en la elección de la provincia de Buenos Aires”, recordó, en referencia a los tiempos en lo que Fernández estaba enfrentado a Kirchner. El kirchnerismo le recuerda cada vez que puede que debe su cargo en la Casa Rosada a la vicepresidenta.

Las diferencias no se limitan al seno del Gobierno. También son visibles en la calle. La izquierda ocupó la Plaza de Mayo a partir del mediodía y se replegó pasadas las tres para dejar lugar a La Cámpora. “Si hoy estuviesen los 30.000 ­[desaparecidos] en esta plaza, muchas cosas no pasarían. Esos 30.000 no aceptarían al FMI”, dijo desde el escenario la titular de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, Nora Cortiñas. “Todos los que apoyan al Fondo son traidores al pueblo”, agregó.

Alberto Fernández celebró su propio acto por la mañana, lejos de las multitudes. Acompañado por algunos de sus ministros, recordó con tono protocolar en la sede del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) a los científicos asesinados durante la dictadura. Desde allí convocó, una vez más, a la unidad del peronismo y a terminar con el debate interno.

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Este miércoles Sergio Fajardo y Luis Gilberto Murillo se inscribieron como fórmula a la presidencia ante la Registraduría. Al evento los acompañaron sus coequiperos, Carlos Amaya, Juan Fernando Cristo, Jorge Robledo, Juan Manuel Galán y Alejandro Gaviria. También contaron con la presencia y apoyo de Carlos Fernando Galán, Mabel Lar, Berenice Bedoya y otros ex candidatas/os y congresistas electos de todo el país.

El candidato presidencial Sergio Fajardo pronunció un discurso donde resaltó que quienes aseguran que la primera vuelta ya está definida y que sólo hay dos opciones, deberán guardar sus pronósticos ya que ellos darán una sorpresa el 29 de mayo. “Hace cuatros años nos pintaron la misma película de terror entre un extremo y el otro y ya Colombia vio que elegir el que diga Uribe nos llevó a un fiasco. Tenemos 66 días para convencer a los colombianos que esta es la opción que salvará a nuestro país de cuatro años más de peleas, insultos y descalificaciones, que no nos han permitido resolver los problemas de la gente”.

Igualmente, el ex alcalde de Medellín resaltó: “La competencia política está clara: Con el apoyo público de Oscar Iván Zuluaga, Iván Duque y Álvaro Uribe, quedó claro lo que era un secreto a voces para muchos, Fico es el de Uribe y el de Duque. Sin embargo, el deseo de cambio no nos debe llevar a elegir el populismo y el todo vale. A Petro hay que ganarle, pero sin reelegir a Duque y al Uribismo”. Cerró su intervención afirmando: “Con nosotros, Vuelve la Educación, Vuelve la Seguridad, Vuelve el Empleo, Vuelve la Decencia, Vuelve la Confianza, Vuelve la Ilusión. Vuelve la Honradez.”

Así mismo, luego de su inscripción, Luis Gilberto Murillo aseguró “Es honor acompañar a un amigo que respeto y valoro en esta campaña para transformar a Colombia. Fajardo ha dado todo sin comprometer sus principios y valores. Necesitamos sumar y construir y dejar al lado los intereses personales. Por eso me sumé a esta fórmula ganadora. Seremos una voz para las regiones, para proteger el medio ambiente, recuperar la confianza en nuestras instituciones y promover la paz en Colombia”.


El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, saludan tras la apertura de sesiones del Congreso, el 1 de marzo de 2022 en Buenos Aires.
El presidente de Argentina, Alberto Fernández, y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, saludan tras la apertura de sesiones del Congreso, el 1 de marzo de 2022 en Buenos Aires.NATACHA PISARENKO (AFP)

La crisis en la cúpula del poder en Argentina escala día a día. El presidente Alberto Fernández ya no oculta su malestar con su vice, Cristina Fernández de Kirchner. Este martes, advirtió a quien fuera su mentora política que es él quien toma las decisiones de Gobierno. Pero al mismo tiempo pidió por la unidad del Frente de Todos, la coalición peronista que tiene al kirchnerismo como su principal fuerza. La ruptura se consumó el jueves pasado, cuando los 13 senadores que responden a la vicepresidenta votaron en contra del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para refinanciar una deuda de 44.500 millones de dólares. Fernández hace tiempo que soporta fuego amigo, pero el voto negativo de los miembros de su propia coalición fue demasiado.

“Cuando me propusieron estar a cargo sabía que iba a tener que tomar decisiones y esperaba que me acompañaran y no me acompañaron”, lamentó el presidente en una entrevista que concedió a una radio ultrakirchnerista. Intentó así dar un mensaje directo a quien lo puso a cargo de la presidencia, como él mismo dijo. En 2019, fue Cristina Kirchner quien le pidió a Fernández ser candidato a presidente, con ella como vice. El experimento resultó exitoso para bloquear la reelección de Mauricio Macri, pero ha hecho agua para gobernar. Las diferencias respecto al rumbo económico crecieron con el agravamiento de la crisis. Las críticas de Cristina Kirchner y su hijo Máximo, líder de la agrupación La Cámpora, fueron cada vez menos veladas. La rebelión parlamentaria del kirchnerismo fue, finalmente, una declaración de guerra abierta.

Fernández ha dicho este martes que no será él quien de el paso hacia una ruptura de la coalición. “No todos pensamos igual. Lo que creo que no podemos hacer es darnos el lujo, por la causa que sea, narcisismos, egoísmo, política, de desunirnos. De mi parte no esperen un solo gesto que rompa la unidad. Yo no soy títere de nadie. Ha quedado demostrado que tengo diferencias, pero yo actúo con mis convicciones. Yo escucho a todos, pero el presidente soy yo y el que tiene que tomar las decisiones soy yo”, expresó.

Es la primera vez que el presidente argentino se refiere tan abiertamente a la pelea con Cristina Kirchner. Los argentinos sabían que las cosas no estaban bien por las acciones, más que por las palabras. Tras la derrota electoral en las elecciones primarias de septiembre del año pasado, Cristina Kirchner ordenó a los ministros que le responden que presentasen la renuncia. Forzó así a Fernández a realizar un cambio de Gabinete que no quería. La relación se deterioró definitivamente con el acuerdo con el FMI. Mientras la oposición lo apoyó en el Congreso, el texto recibió críticas despiadadas del kirchnerismo.

El lunes, un grupo de intelectuales kirchneristas le puso palabras al descontento del sector. En una carta pública, criticaron la estrategia económica de Fernández para combatir la inflación, que ya supera el 50%, y advirtieron que los llamados a la unidad por si solos no alcanzan para resolver el descalabro económico y político que atraviesa Argentina. “¿Unidad para qué política? ¿Unidad que garantice la transferencia de recursos desde los trabajadores hacia el capital? ¿Unidad que rompa el contrato electoral y en la que los trabajadores resultan perjudicados?”, se preguntaban los autores del documento. “La ‘Unidad’ del Frente de Todos ya se rompió en noviembre de 2021 cuando más de cuatro millones de electores que lo acompañaron en el año 2019 ya no lo hicieron en las elecciones de medio mandato. Reconstruirla es el objetivo”, dice el documento.

En el kirchnerismo consideran que la crisis terminará por arrastrarlos a una derrota en las presidenciales de 2023. Y que el acuerdo con el FMI solo agravará la debacle. La estrategia ha sido dejar solo al presidente. Por ahora, Cristina Kirchner seguirá en el Ejecutivo, al menos en lo formal. El jueves Argentina conmemora un nuevo aniversario del golpe militar de 1976 contra Isabel Perón. La Cámpora, la agrupación de Máximo, el hijo de Cristina Kirchner, ha organizado una larga marcha desde el ex centro de detención ilegal de la ESMA hacia la Plaza de Mayo. La recorrida supone atravesar toda la ciudad de Buenos Aires de oeste a este. Será una demostración de fuerza a Fernández, un recuerdo de que la calle les pertenece.

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uis Gilberto Murillo, quien fue ministro de Ambiente de 2016 a 2018, durante el Gobierno de Juan Manuel Santos, fue escogido como la fórmula a la Vicepresidencia de Sergio Fajardo, quien aspira por segunda ocasión a llegar a la Casa de Nariño.



¿Es candidato o presidente? No estaba claro, cuando este jueves por la tarde Emmanuel Macron apareció en un antiguo almacén industrial en Aubervilliers, al norte de París, si era una cosa, la otra, o ambas a la vez. En teoría, acudía como candidato para presentar a la prensa y al país el programa electoral para las elecciones presidenciales a dos vueltas, el 10 y el 24 de abril. En realidad, es imposible separar ambos papeles, el de aspirante a la reelección y el de jefe de Estado.

Todo cambió en estas elecciones el 24 de febrero, cuando Rusia invadió Ucrania. Después de décadas de paz, la guerra regresaba a Europa. Macron, al frente de un país armado con la bomba atómica, se disparó en los sondeos y consolidó su condición de favorito a repetir en el cargo.

“El proyecto que les presento está evidentemente anclado en nuestro momento, es decir, el del retorno de lo trágico en la Historia”, dijo Macron al inicio de una intervención de una hora y media, seguida de dos horas y media de preguntas de los periodistas.

El programa de Macron es continuista, si es que puede hablarse de continuidad tras un quinquenio lleno de sobresaltos como la revuelta de los chalecos amarillos, la pandemia y la invasión rusa de Ucrania. Entre las medidas estrella figura la elevación de la edad de jubilación de los 62 años actuales a los 65 y la obligación, para los receptores del ingreso mínimo, de 15 a 20 horas de actividad semanal, formándose o trabajando.

A la pregunta sobre si estas propuestas confirman que, pese a su vocación centrista, tiende a la derecha, contestó aludiendo a Charles de Gaulle, padre de la Francia moderna. “En este tema”, declaró, “asumo ser bastante gaullista. El general decía: ‘Francia es de izquierdas cuando está a favor del movimiento, el cambio. Y necesita decisiones de derechas: el orden, el trabajo, el mérito’. En mi programa hay reformas y ambiciones con una inspiración que podría decirse que es de izquierdas, y otras de inspiración de derechas”.

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La presentación y la rueda de prensa de este jueves son un ejercicio muy francés. De todo candidato mínimamente creíble se exige un programa detallado. Y con una estimación del precio. El de Macron costará 50.000 millones de euros anuales hasta 2027, que deberían financiarse gracias el crecimiento económico y las reformas. También bajará impuestos por valor de 15.000 millones de euros.

Ucrania ha anulado la campaña electoral. Ya no se habla (casi) de otra cosa: la guerra y el impacto en los bolsillos. No hay debates entre los 12 candidatos —Macron se niega a participar— y los mítines son escasos. Las propuestas de la mayoría de candidatos se han vuelto inaudibles entre bombas rusas en Kiev o Mariupol y los millones de refugiados que huyen de Ucrania.

En este contexto insólito, solo la voz de Macron se escucha. Sus iniciativas internacionales. El diálogo fallido —pero al que no está dispuesto a renunciar— con el presidente ruso, Vladímir Putin. Las sanciones masivas de la Unión Europea, el envío de armamento a Ucrania y el regreso de una cierta idea de una Europa como potencia militar.

“No estamos en una lógica de fin de reino”, dice Frédéric Dabi, director general de Opinión del instituto demoscópico Ifop. “Estamos en una lógica de continuidad”. Y este el mensaje del presidente: en tiempos de crisis, nada de experimentos. “Ante lo imprevisible”, dijo, “ustedes tienen una cierta idea de cómo me comporto”.

Macron, si las elecciones se celebrasen hoy, sacaría en la primera vuelta un 30% de votos, según el último sondeo de Ifop. En segunda posición quedaría Marine Le Pen, líder del partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional, con un 17,5% de votos. Ambos se clasificarían para la segunda vuelta, según Ifop y el resto de sondeos. El duelo Macron-Le Pen sería una reedición del de 2017. Los sondeos indican que, como entonces, ganaría Macron.

Mientras que Macron ha salido beneficiado de la guerra en Ucrania y por el efecto de unión nacional, hay un damnificado inmediato: Éric Zemmour, el tertuliano televisivo de extrema derecha que en otoño irrumpió en la campaña como un torbellino y, en algunos momentos, creyó alcanzar la segunda vuelta de las elecciones.

La guerra de Ucrania ha dejado tocado a Zemmour. No había en Francia candidato más entusiasta con Putin que él. Ninguno ha caído tanto en los sondeos.

Ahora Zemmour ronda el 13% de votos, por detrás de Le Pen. Al mismo nivel, con variaciones dependiendo del sondeo, se sitúan la candidata de la derecha tradicional, Valerie Pécresse, y el primero en la izquierda, el veterano populista Jean-Luc Mélenchon. El ecologista Yannick Jadot obtendría, según Ifop, un 5%. La alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo, un 2%, resultado que, si fuese el del 10 de abril, podría suponer la muerte de su partido.

Cuando llevaba más de una hora hablando y vio que entre los periodistas corría un murmullo de impaciencia, Macron interrumpió la lectura y sonrió: “¡Esto es un debate presidencial!”. “Al hacer esto”, añadió en alusión al discurso y la rueda de prensa, “me estoy comprometiendo para que el mandato sea claro”.

La protección es la palabra clave en el discurso macronista, también lo que él llama la emancipación: un liberalismo social, a la francesa. A ratos, más que un programa electoral sonaba ya a un programa de gobierno.

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El general Claudio Graziano (Turín, Italia, 68 años) preside el Comité Militar de la Unión Europea, el máximo órgano castrense de los Veintisiete. “Soy el más veterano y de mayor rango, pero también el más antiguo de los generales en servicio en Europa”, se define en una entrevista con EL PAÍS celebrada este martes en su despacho en Bruselas. Lleva desde el 24 de febrero, cuando Rusia invadió Ucrania, prácticamente reunido en gabinete de crisis con los máximos dirigentes de Bruselas. En su opinión, Moscú ha fracasado en la fase inicial de la guerra. “Putin pensó que iba a ser una campaña rápida, barata y fácil, sin muchas pérdidas, ganando inmediatamente sus objetivos, pero ha resultado todo lo contrario”, dice. “Si no reciben apoyo en unos meses, se quedarán sin recursos”.

Pregunta. ¿Cuánto va a durar la guerra?

Respuesta. En 50 años de carrera nunca he visto la guerra tan cerca y tan amenazante para Europa. Es una contienda de verdad, con tanques, aviones, que ha hecho retroceder el reloj de la historia 70 años. Ya lleva tres semanas y es extremadamente difícil predecir su duración. Es una guerra de agresión contra un país libre llevada a cabo por otro mucho más grande y con un ejército mucho más poderoso. Pero los rusos no han sido capaces de lograr inmediatamente su objetivo; podríamos llamarlo el plan A: sitiar Kiev para derrocar al Gobierno y alcanzar sus objetivos inmediatos en el Donbás. Esta primera fase ha fracasado.

P. ¿Qué ha sucedido después?

R. Han cambiado a una segunda fase, con nuevos medios y otras armas —si se quiere, una guerra muy indiscriminada, aunque aún limitada—, pero también ha fracasado. Hemos visto tres líneas de penetración desde el norte hacia el centro de gravedad de Kiev. Desde el sur para tomar el control del mar Negro; en el noreste y el sureste desde el Donbás, con el fin de ganar terreno. Pero han sufrido grandes bajas, pérdidas logísticas, de suministro y humanas. Necesitan recuperarse y reorganizarse, por lo que ahora están realizando una parada operativa.

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P. ¿Cómo valora la respuesta militar de Ucrania?

R. Los ucranios han mostrado una voluntad y capacidad de lucha impredecible, de resistencia, de usar el sistema de defensa aérea. Se puede decir incluso que [los rusos] están tratando de evitar entrar en las ciudades y ahora ejecutan una guerra de desgaste: en lugar de lanzar una ofensiva, tratan de ganar tiempo con el fin de obtener suministros. Probablemente, el ejército ruso no es tan fuerte como para lanzar una ofensiva, ni está tan bien equipado ni tan desarrollado tecnológicamente, y tal vez no tiene la misma voluntad de lucha que creíamos.

P. ¿Qué ha fallado en sus planes?

R. Han subestimado la calidad y la capacidad del ejército ucranio, y también la fuerza de su pueblo. Alguna vez he hecho la comparación con el ejército afgano que se derritió al sol en Kabul: era relativamente fuerte, pero no tenía ninguna esperanza, porque su presidente huyó. En cambio, el Gobierno y el presidente de Ucrania [Volodímir Zelenski] se mantienen en su lugar y motivan al pueblo, y las Fuerzas Armadas han demostrado la esperanza y la voluntad de defender el país. Ha sido el principal error [de los rusos]. Al no haber sido capaces de superar inmediatamente la defensa de Ucrania, no han ganado superioridad, que es muy importante para esta batalla. Y les ha obligado a reajustar, probablemente, incluso la información que se les dio a los soldados y a los comandantes.

P. ¿Ha desbaratado los planes de Rusia?

R. Lo que Putin pensó que iba a ser una campaña rápida, barata y fácil, sin muchas pérdidas, ganando inmediatamente sus objetivos, ha resultado todo lo contrario: ha sido detenida. El tiempo no ha jugado a favor de Rusia. Los ucranios se han fortalecido y el mundo ha reaccionado. La UE ha comenzado a hablar con una sola voz sobre la defensa común y la OTAN ha encontrado una nueva cohesión. Así que también el efecto psicológico ha sido el contrario: ha compactado a la UE y lo mismo ocurre con los ucranios, cohesionados para luchar contra un agresor. Quizá incluso el agresor se ha dado cuenta de que es un agresor, como demuestra el hecho de que están hablando de usar mercenarios venidos del extranjero. Esto, en cierto modo, supone una escalada porque no siguen las normas de la guerra.

P. ¿Cuánto puede durar la situación?

R. Por supuesto, esperamos siempre que sigan las negociaciones y que podamos encontrar una solución diplomática, aunque el camino sea estrecho. Desde el punto de vista puramente militar, el tiempo viene dictado por la disponibilidad de equipamiento, de armas, de soldados y de voluntad. ¿Hasta qué punto se dan la voluntad y las capacidades de los ucranios? Puede ser unas semanas, técnicamente, o un tiempo muy largo. El presidente de Ucrania dijo hace poco que toda la ciudadanía tiene derecho a tomar las armas contra la invasión, algo que es, por definición, un deber sagrado de todos los países. Eso significa que tal vez hay 40 millones de personas listas para encabezar una resistencia. ¿Qué tipo de resistencia? No lo sé. Ahora corremos el riesgo de que se abra permanentemente una trinchera que divida al mundo de nuevo, y de que, aunque la guerra termine físicamente, continúe bajo otras formas. Aún no ha acabado. Ni siquiera es seguro que los rusos concluyan con éxito porque tal vez la situación les lleve a agotar todos los recursos. Pero, aun así, será largo. Los rusos, desde luego, son fuertes.

P. La prensa ha señalado que Rusia ha pedido ayuda a China.

R. No está realmente confirmado. Pero es muy importante saber cuál va a ser la posición de China porque ahora estamos mirando solo a Rusia y Ucrania, a la UE y la OTAN. Pero ya en 2021 estábamos viviendo en un momento muy peligroso. China quiere convertirse en el país más poderoso en 2049, utilizando un sistema completamente distinto al de Rusia; quiere ser una nación poderosa en términos militares. Su posición va a ser extremadamente importante en el equilibrio de poder. Pero, hasta donde yo sé, no tienen previsto proporcionar suministros a los rusos. Más allá de esto, es indiscutible —es mi opinión personal― que probablemente el presidente de Rusia y Xi Jinping [el de China] han hablado antes y durante estos eventos.

P. ¿Rusia necesita recursos?

R. Han dicho que no necesitan nada. Pero ahora vamos a otro punto; Rusia ha dirigido con éxito durante muchos años operaciones híbridas: Georgia en 2008, Crimea en 2014, Siria en 2015 con los Spetsnaz [fuerzas especiales], en Libia con Wagner [empresa de mercenarios], África Central, Malí… Están construyendo un ejército fuerte y tienen un poder nuclear más fuerte, y para este tipo de esfuerzos el balance de defensa del que dispone Rusia es suficiente. Hablamos de unos 60.000 o 70.000 millones de euros, que es menor que el gasto de la UE, de 250.000 millones. Pero la cantidad de dinero que Rusia dedica es seguramente insuficiente para mantener una capacidad nuclear, para desarrollar un sistema de armas avanzado, para apoyar la guerra a largo plazo. Sin duda, necesitan [recursos]. No son tan fuertes como pensamos en términos generales. Son poderosos. Tienen una combinación de poder y tanques, pero no tienen el mismo nivel de desarrollo tecnológico que los países occidentales. Así que si no reciben el apoyo de alguien en un determinado número de meses, se quedarán sin recursos, eso seguro.

P. ¿Hemos de temer un incidente nuclear?

R. Mire, siempre me preocupan todo tipo de amenazas que pueden venir de todas partes. Nunca pensé que después de 50 años de carrera iba a ver tanques rusos invadiendo Ucrania, que está dentro de Europa. Así que cuando alguien menciona, incluso solo como una amenaza, que pone en alerta los recursos nucleares, me preocupa. No creo que vaya a suceder, pero es un mensaje en el que tenemos que pensar porque hay dos palabras que ya no existían en nuestro diccionario como europeos, guerra y enemigo, que siguen existiendo.

P. ¿Qué mensaje lanza Rusia al atacar la base ucrania de Yavoriv, a 20 kilómetros de la UE?

R. Primero, pretende hacer la guerra psicológica, al enviar el mensaje a los ucranios de que no hay refugio seguro ni siquiera en el oeste. Por otro lado, también es un objetivo táctico porque hay una línea principal de comunicación para el abastecimiento de armas y suministros que viene de Occidente. Además, hay que entender que, como los rusos no están ganando, se produce esta guerra de desgaste. No entran en las ciudades porque sería demasiado costoso y tal vez no tienen todavía la capacidad. No podemos excluir que en el futuro hagan un lanzamiento indiscriminado de cohetes sobre ciudades y pueblos, contra cualquier tipo de objetivo, para intentar derrotar la moral y el espíritu del pueblo ucranio y aumentar sus bajas.

P. ¿Ha derribado la guerra tabúes militares de la UE?

R. Aún queda mucho por hacer. Pero el verdadero cambio histórico ocurrió el pasado 27 de febrero, cuando se decidió en 72 horas aplicar fuertes sanciones contra Rusia, que realmente ponen bajo asedio el país. Y, además, en cuatro horas se decidió aportar 500 millones de euros para apoyar a Ucrania; 450 millones de euros en armas letales. Una decisión que no habría sido posible en la UE en décadas, se tomó en cuatro horas. La UE y la OTAN siempre han reaccionado bien en emergencias. Somos un poco lentos durante la planificación normal. Tal vez estábamos sufriendo de lo que podríamos denominar la fatiga afgana tras muchos años allí. Pero este punto ha sido realmente como pasar de la Belle Époque a las trincheras de la Primera Guerra Mundial. La historia ha cambiado, esta guerra ha sido un impulso para la defensa común europea. No hay duda de ello. Hemos entendido que con una defensa europea fuerte las cosas serán diferentes.

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El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, pronunció este martes un discurso ante el Parlamento canadiense. La cita, llevada a cabo por videoconferencia, convocó en sesión especial a diputados y senadores del país norteamericano. “¿Cómo se puede explicar esta agresión masiva y sin precedentes?”, formuló Zelenski ante los legisladores respecto a la ofensiva orquestada por Moscú. “Queremos vivir. Queremos la victoria”, expresó el mandatario.

La participación de Zelenski fue una invitación directa de Justin Trudeau, primer ministro canadiense. El presidente de Ucrania se había dirigido el 1 de marzo ante los diputados europeos; una semana después lo hizo ante el Parlamento británico. Trudeau dijo que ve “un amigo” en Zelenski. “Volodímír, te conozco desde hace años y siempre te he considerado un defensor de la democracia. Y ahora las democracias de todo el mundo tienen la suerte de tenerte como defensor”, manifestó. “Tu valor, y el de tu pueblo, nos inspira a todos. Defiendes el derecho de los ucranios a elegir su propio futuro. Y, al hacerlo, estás defendiendo los valores que son los pilares de todos los países libres y democráticos”, agregó.

Trudeau hizo hincapié en la contribución de la comunidad ucranio-canadiense en distintas esferas. Canadá cuenta con la segunda diáspora más numerosa de aquel país (solo detrás de Rusia). En el último censo, cerca de 1,4 millones de personas declararon tener raíces ucranias. Volodímir Zelenski expresó: “Quisiera que comprendan ustedes, en la medida de lo posible, nuestros sentimientos y emociones en los últimos 20 días. Imaginen escuchar los disparos, las explosiones”. Zelenski prosiguió: “Imaginen el aeropuerto de Ottawa bombardeado como están siendo bombardeados los nuestros. Imaginen la ciudad de Vancouver sitiada como lo está Mariupol. ¿Cómo explicarles todo esto a sus niños?”.

El presidente ucranio agradeció la ayuda brindada hasta el momento por el Gobierno canadiense y por los miembros de la diáspora ucrania. Sin embargo, dijo que su país requiere de más apoyos. Zelenski subrayó que es necesario un mayor esfuerzo para que Rusia no pueda seguir financiando sus operaciones bélicas; también reiteró su petición de hacer todo lo posible para “cerrar el espacio aéreo a los misiles y los aviones rusos”.

Candice Bergen, jefa interina del Partido Conservador, criticó con vehemencia al presidente ruso, Vladímir Putin, señalando que sus planes no tenían consideración alguna por el sufrimiento humano. También expresó que Canadá tiene la obligación moral de seguir apoyando a Ucrania y pidió que el Gobierno de Trudeau trabaje con sus aliados para asegurar “al menos el espacio aéreo sobre los corredores humanitarios”.

Los legisladores aplaudieron durante varios minutos a Volodímir Zelenski y gritaron al unísono “Slava Ukrani” (“gloria a Ucrania”). Zelenski pronunciará un discurso este miércoles ante los miembros del Congreso estadounidense. Este martes, Moscú publicó una lista con los nombres de 313 canadienses que tendrán vetada la entrada a Rusia. El documento incluye a Justin Trudeau, a los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa, así como a la mayoría de los parlamentarios de Ottawa.

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Luego de una jornada electoral donde el panorama político cambio en el país, los partidos empezaron a realizar sus análisis y movimientos de cara a las elecciones presidenciales. Óscar Iván Zuluaga es el primer precandidato que desiste de la aspiración a la presidencia del país y anuncia el respaldo a Federico Gutiérrez, quien ganó la consulta de la coalición Equipo por Colombia.

Zuluaga, quien hasta hoy era el candidato del partido Centro democrático, afirmó que la decisión fue personal y que deja en manos del partido liderado por Álvaro Uribe, la decisión institucional que pueda tomar el partido tras la renuncia.

Diferentes analistas políticos ven como oportuna la decisión, pues uno de los grandes perdedores de esta jornada electoral fue el partido Centro democrático, donde su peso político tuvo una importante reducción en el país.

Sé esperar que en los próximos días continúen las alianzas entre partidos, de cara a las elecciones presidenciales que se llevaran a cabo el 29 de mayo y que ya perfila a Gustavo Petro y Federico Gutiérrez, como los más opcionados a la presidencia de Colombia.



La necesidad de la Unión Europea y Estados Unidos de asegurarse suministros energéticos alternativos a los de Rusia está teniendo consecuencias en todos los continentes y acelerando negociaciones que solo hace unos meses parecían estancadas. Al margen del Foro Diplomático, que se celebra en la localidad turca de Antalya, el alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y el ministro venezolano de Relaciones Exteriores, Félix Plasencia, mantuvieron este sábado una reunión en la que, entre otras cuestiones, abordaron las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania, el comercio de petróleo y la posibilidad de un levantamiento de sanciones si Caracas da ciertos pasos hacia un diálogo democrático. Tanto Borrell como Plasencia dijeron a EL PAÍS que el encuentro fue “bien”.

Esas sanciones tienen que ser eliminadas, según la parte venezolana para que se normalicen las relaciones y el comercio de hidrocarburos. “Son inaceptables y violatorias del derechos internacional y de la dinámica entre naciones civilizadas”, afirmó Plasencia. Preguntado por los recientes contactos entre Estados Unidos y el Gobierno de Maduro para explorar la posibilidad de un alivio de sanciones a cambio de retomar la compra de petróleo venezolano, el jefe de la diplomacia venezolana respondió: “Tenemos una relación de negocio petrolero con los Estados Unidos de 100 años. Nosotros no los hemos sacado a ellos del negocio, se fueron ellos para poner medidas coercitivas. Ahora quieren regresar. Bueno, si aceptan que el único y legítimo Gobierno de Venezuela es el que lidera el presidente Nicolás Maduro, bienvenidas las empresas petroleras estadounidenses y europeas”.

Fuentes del equipo de Borrell explicaron que el terremoto geopolítico que ha supuesto la crisis en Ucrania ha abierto “una oportunidad” y que han visto “receptividad” por parte de Venezuela a tratar las demandas europeas. En la reciente votación en Naciones Unidas en la que se condenó la agresión de Rusia a Ucrania, el Gobierno de Nicolás Maduro se abstuvo en lugar de votar en contra, lo que sí hicieron otros aliados de Rusia como Siria o Bielorrusia. Las fuentes europeas consultadas creen que hay en Caracas una actitud “más pragmática” y en caso de que se avance en el diálogo de México con la oposición venezolana y hacia un proceso de “elecciones abiertas y limpias”, se podrían levantar o aliviar las sanciones aplicadas a Venezuela tras la represión de las protestas antigubernamentales de los últimos años.

La Casa Blanca, sin embargo, ya advirtió el jueves que su Gobierno no reconoce a Maduro “como líder de Venezuela” y mantiene el reconocimiento en su lugar a Juan Guaidó, oficializado en enero de 2019. Pese a este enfrentamiento, la intención de reducir la principal fuente de financiación de Rusia —la venta de gas y petróleo— exige la búsqueda de nuevos suministros, y ello ha espoleado a las cancillerías occidentales a buscar alternativas, acelerando los movimientos diplomáticos en varias direcciones.

Venezuela intenta aprovechar la ocasión y se deja cortejar. En Turquía, tanto el ministro de Exteriores como la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, que estuvo en Antalya de jueves a viernes, se reunieron con los ministros de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y turco, Mevlüt Çavusoglu; con el alto representante de Naciones Unidas para la Alianza de Civilizaciones, Miguel Ángel Moratinos, y con el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, que ya ha mediado anteriormente con el Gobierno de Maduro.

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Gabriel Boric atravesó en la tarde del viernes la plaza de la Constitución, frente a La Moneda, ya ungido como presidente. Lucía aún la banda que había recibido por la mañana en el Congreso, evidencia de su nuevo cargo, y debía ahora hablar a la multitud desde uno de los balcones de la sede del Gobierno. Pero antes de llegar a la puerta de acceso rompió el protocolo, abandonó la alfombra roja y se dirigió hacia su izquierda. Se detuvo entonces frente a la estatua del expresidente Salvador Allende, muerto en su despacho de La Moneda durante el golpe perpetrado por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973. Fue un homenaje simple pero estudiado, que anticipó el espíritu de lo que vendría después. Boric impregnó su discurso de la épica del líder socialista, mientras sus seguidores coreaban el nombre de Allende. Hubo incluso algunas lágrimas.

“Estas paredes han sido testigos del horror de un pasado de violencia y opresión que no hemos olvidado y no olvidaremos. Por donde hablamos hoy, ayer entraban cohetes y eso nunca más se puede volver a repetir en nuestra historia”, dijo casi en el arranque de su discurso, en referencia al bombardeo sobre La Moneda durante el golpe militar. Volvió a Allende más tarde, para cerrar: “Como pronosticara hace casi 50 años Salvador Allende, estamos de nuevo, compatriotas, abriendo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, el hombre y la mujer libre, para construir una sociedad mejor”. “Se siente, se siente, Allende está presente”, le respondieron.

El clima en la plaza era el de la satisfacción del sueño cumplido. Patricia Requena, actriz, nació en 1957 y recuerda que era una adolescente durante el gobierno socialista. “Yo viví el tiempo de Allende, era muy chiquita, y nunca más tuvimos un proyecto colectivo como ese. La decepción estaba en nuestros corazones, sobre todo en la generación nuestra. Y ahora celebro la alegría colectiva de sentir que todo es posible. Boric proyecta algo distinto, transparente”, cuenta.

Aquellos que no vivieron el Chile previo a la dictadura también celebraban las referencias de Boric al líder socialista. Como Rodrigo Martínez, un contador de 42 años que se acercó a la plaza acompañado por su esposa. “Venimos luchando por esto muchos, muchos años. Esto es un sueño, porque es el momento en que se harán los cambios que se necesitan para ser, por fin, un país desarrollado. Desde Allende pasaron muchos años, y ahora hay un cambio generacional donde ya tenemos la capacidad para crear un país más justo”, dice. O Ignacio Salinas, un estudiante de publicidad de 24 años que dice que conoce “todo de Allende” gracias a su abuelo: “Él fue capaz de pasarme el conocimiento sobre Allende, y cómo no lo dejaron gobernar. La gran diferencia entre Allende y Boric es que ahora el pueblo lo apoya, el Congreso lo apoya y tiene todas las armas para triunfar”.

Boric regresó desde el balcón de La Moneda a las raíces de la izquierda chilena y apenas nombró como referente a Michelle Bachelet, la última presidenta socialista. Obvió al otro mandatario de ese partido, Ricardo Lagos. El resto de su discurso lo dedicó a enumerar los que serán los ejes de su Gobierno. No esquivó los temas más espinosos, como la violencia por el control de tierras indígenas en el sur del país y la presión migratoria en el norte. “En el sur tenemos un problema”, admitió el presidente chileno. “Algunos decían el conflicto mapuche, no señores, no es el conflicto mapuche, es el conflicto entre el Estado chileno y un pueblo que tiene derecho a existir. Y allí la solución no es ni será la violencia”, dijo, ratificando así que retirará al Ejército de las zonas en conflicto. Sobre la cuestión migratoria, prometió trabajar en conjunto con los países limítrofes para recuperar el control de las fronteras, pero antes pidió no olvidar que los migrantes “son seres humanos”.

Boric trazó también un duro panorama económico, pero insistió con las reformas que fueron eje de su campaña, sobre todo las referidas al régimen previsional y la educación. Y ocupó buena parte de su discurso para apostar sin matices por el proceso constituyente que acompañará los primeros meses de su Gobierno. De allí deberá salir en julio una nueva Constitución que reemplace a la heredada de la dictadura de Pinochet. Boric dijo que la Constitución vigente “fue impuesta a sangre, fuego y fraudes por la dictadura”, y pidió defender una que “nazca en democracia, de manera paritaria, con participación de los pueblos indígenas”. “Necesitamos”, dijo “una Constitución que sea para el presente y para el futuro, una Constitución que sea para todos y no para unos pocos”.

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Hubo también guiños hacia la región, con un pedido de Boric a los chilenos para que dejen “de mirar con distancia” a los países vecinos. “Somos profundamente latinoamericanos”, repitió dos veces, lo que puede anticipar un giro de la política exterior chilena desde el eje del Pacífico hacia el del Atlántico y el Mercosur, el bloque que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, además de Bolivia como asociado. “Desde aquí, desde este continente”, dijo Boric, “haremos esfuerzos para que la voz del sur se vuelva a escuchar firme en un mundo cambiante”.

En ese sur que imagina Boric hay, sin embargo, países a los que no está dispuesto a apoyar, como Venezuela. Sin nombrar directamente al Gobierno de Nicolás Maduro (ausente en la investidura en Santiago), Boric advirtió que su Administración “promoverá siempre el respeto de los Derechos Humanos, en todo lugar y sin importar el color del Gobierno que los vulnere”.

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Gabriel Boric ha asumido este viernes como nuevo presidente de Chile. Ha sido una ceremonia atravesada por la épica y llena de simbolismo: hace solo diez años, Boric era un dirigente estudiantil que se manifestaba en las calles por la educación gratuita. Hoy, con 36 años, lidera la irrupción en La Moneda de una nueva izquierda en Chile, con dirigentes nacidos en democracia y dispuestos a pasar página de la herencia de la dictadura de Augusto Pinochet. El país sudamericano entra así en una etapa política sin precedentes en América Latina, cargada de desafíos por la magnitud de los cambios estructurales prometidos. Los chilenos esperan que Boric entierre el legado neoliberal de los años setenta y avance hacia un país más equitativo, con mayor presencia del Estado en cuestiones básicas como la salud, y promueva la defensa del medio ambiente y una agenda feminista.

Puntual al mediodía de Chile, Boric subió la escalinata del Congreso Nacional, ubicado desde 1990 en Valparaíso, a unos 110 kilómetros de la capital Santiago. Allí se siguió la tradición chilena de cambios de mando y sus históricos ritos republicanos, como el traspaso de la estrella de cinco puntas –una reliquia que lleva el nombre del libertador Bernardo O’Higgins–, considerada como el verdadero símbolo del poder en Chile y que cuelga de la banda presidencial. Boric prometió entonces “ante el pueblo y los pueblos de Chile” desempeñar fielmente el cargo de presidente. Se le vio contento y emocionado y, como se le suele observar desde que resultó electo, con traje, pero sin corbata.

En el público estaba su familia y su pareja, la que será a partir de hoy la nueva primera dama en Chile, Irina Karamanos, militante feminista del partido de Boric, Convergencia Social. En la testera se encontraba, como indica la tradición, el presidente saliente, Sebastián Piñera, y ambos intercambiaron unas breves palabras. Al salir del edificio, a la primera persona que saludó Boric fue a la recién asumida senadora Fabiola Campillai, la mujer que quedó ciega por la actuación policial en el marco del estallido social de 2019. Le siguieron los expresidentes Ricardo Lagos y Eduardo Frei, que ingresaron juntos al Congreso, y la que fue mandataria de Brasil, Dilma Rousseff, invitada especialmente a la ceremonia por Boric. También estuvo el precandidato presidencial Gustavo Petro, quien llegó junto con la comitiva argentina. El presidente Alberto Fernández fue el único que habló con la prensa. Fuera de protocolo, el argentino dijo que pensaba llevarse muy bien con Boric. “Pensamos igual”, explicó. Faltaron a la cita los presidente de Colombia, Iván Duque, y de Venezuela, Nicolás Maduro. El rey Felipe VI, representante de España, fue uno de los últimos en la larga fila de autos oficiales que se formó frente al Congreso.

“Sepan que vamos a dar lo mejor de nosotros para estar a la altura del desafío que tenemos como país. Es difícil encontrar las palabras”, fueron las primeras declaraciones de Boric como presidente, en un encuentro improvisado con la prensa. Esta tarde dará su primer discurso desde La Moneda.

Las bandas militares recibieron a cada uno de los invitados. Pero fuera del Congreso, el ambiente era desangelado, sin público ni “vivas” para el nuevo presidente. Solo se escuchaba el canto de las gaviotas. La gente que intentó acercarse al edificio, como ha ocurrido en cada uno de los traspasos de mando en Chile, se encontraron con un vallado policial colocado a unos 300 metros del lugar. Cuatro mujeres fueron el único público presente frente a las escalinatas. Habían llegado muy temprano, cuando todavía la seguridad era mínima y allí se instalaron. “Nos quisieron sacar, pero somos mujeres y nadie nos va a echar. Nos pusieron excusas: que el covid, que la seguridad, pero aquí estamos”, repetían apresuradas cuando les consultaban cómo habían logrado burlar el cordón de seguridad.

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Lejos de la policía, lo seguidores de Boric acusaban al presidente saliente, Sebastián Piñera, de aislar el Congreso para neutralizar las protestas en su contra. “Aquí, en Valparaíso, muchos querían despedir a Piñera no de buena gente”, dice Andrea Cortés, una empleada del Congreso. “Antes, uno podía llegar hasta un lado del Congreso, para manifestarse, pero hoy en día es tal el descontento que hay en contra de Piñera que muchos quieren pedirle cuentas por los derechos humanos y su mal manejo. Pero la policía lo sigue protegiendo”, agrega Silvio Cúneo, un profesor de 46 años. A su lado, Luigi Antonucci, un chef vecino de Valparaíso, seguía la ceremonia desde su teléfono celular. “Ahora tenemos un presidente de verdad”, dijo cuando Boric se colocó la banda presidencial. Y Boric finalmente se acercó a la gente. Al salir del Congreso, recorrió 100 metros en el auto descapotable oficial, ordenó que se detuviese, caminó hacia las rejas de seguridad y saludó a su seguidores.

Así fue el cierre de la ceremonia, antes de regresar a Santiago. La jornada había arrancado temprano en Cerro Castillo, la residencia presidencial de descanso en Viña del Mar, al lado de Valparaíso, donde Boric y su pareja se alojaron la noche del jueves y el viernes desayunaron con un grupo de dirigentes sociales. Fue un símbolo de la apertura del palacio a la cuidadanía, en la línea de las señales que Boric ha dado desde que resultó electo el pasado 22 de diciembre. En los jardines de esta residencia, el presidente y sus 24 ministros –14 de ellas mujeres– se sacaron la foto oficial.

La llegada de Boric a La Moneda marca varios hitos. Por primera vez, una mujer, Izkia Siches, será ministra de Interior, una cartera de primera línea que tiene a su cargo la conducción política y la seguridad pública. La nieta de Salvador Allende, Maya Fernández, ocupará el ministerio de Defensa, en un gesto simbólico y político considerando el trágico golpe militar de 1973. Con el nuevo Gobierno, a su vez, regresa el Partido Comunista a la primera línea del poder político, un espacio que no ocupaba desde la Unidad Popular de Allende. Lo hará con Camila Vallejo en la vocería, uno de los cargos de mayor relevancia de La Moneda, y con la integración de dos militantes comunistas al frente de las carteras de Ciencias y Trabajo. El Ejecutivo de Boric debuta a su vez con la incorporación del mundo socialista, que no pertenece al bloque de origen que lo llevó a la presidencia, pero que ha sido incluido en esta nueva coalición que debuta este viernes, todavía sin nombre.

El nuevo Gobierno tendrá que lidiar con las grandes expectativas que ha generado –fue electo con el 55% de los votos–, y con enormes desafíos inmediatos, como una economía en declive, la crisis migratoria en el norte y episodios de violencia en la Araucanía, en el sur. Para reducir el temor de la derecha a una Administración que tendrá entre sus socios al Partido Comunista, Boric puso la economía en manos de Mario Marcel, un moderado socialista respetado por todo el espectro político. Boric convivirá además en el arranque de su mandato con una convención constituyente que deberá tener listo en julio el texto de una nueva Constitución. De ser finalmente aprobada en un referendo, representará un cambio profundo al entramado constitucional actual –que data de 1980, del régimen de Augusto Pinochet, aunque con múltiples reformas– y, por lo tanto, de todas las instituciones vigentes.

Una de las primeras decisiones del actual Gobierno, anticipada en la noche del jueves, fue retirar las 139 querellas por Ley de Seguridad del Estado (LSE) presentadas en el marco del estallido social contra personas detenidas por violencia, algunas acusadas o condenadas por delitos graves. La decisión, en línea con las promesas de campaña, provocó la crítica de la actual oposición: “Es una mala señal hacia justificar la violencia”, lamentó Jaime Bellolio, que hasta hoy era el portavoz de Piñera.

La ceremonia en el Congreso ha sido el primer paso de una jornada que terminará esta noche, frente al Palacio de La Moneda. Boric tendrá allí el baño de masas que no tuvo en Valparaíso: cuando el sol esté ocultándose, saldrá al balcón de la sede del Gobierno y hablará a la multitud. Será su primer acto público como presidente de Chile.

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