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El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, pronunció este martes un discurso ante el Parlamento canadiense. La cita, llevada a cabo por videoconferencia, convocó en sesión especial a diputados y senadores del país norteamericano. “¿Cómo se puede explicar esta agresión masiva y sin precedentes?”, formuló Zelenski ante los legisladores respecto a la ofensiva orquestada por Moscú. “Queremos vivir. Queremos la victoria”, expresó el mandatario.

La participación de Zelenski fue una invitación directa de Justin Trudeau, primer ministro canadiense. El presidente de Ucrania se había dirigido el 1 de marzo ante los diputados europeos; una semana después lo hizo ante el Parlamento británico. Trudeau dijo que ve “un amigo” en Zelenski. “Volodímír, te conozco desde hace años y siempre te he considerado un defensor de la democracia. Y ahora las democracias de todo el mundo tienen la suerte de tenerte como defensor”, manifestó. “Tu valor, y el de tu pueblo, nos inspira a todos. Defiendes el derecho de los ucranios a elegir su propio futuro. Y, al hacerlo, estás defendiendo los valores que son los pilares de todos los países libres y democráticos”, agregó.

Trudeau hizo hincapié en la contribución de la comunidad ucranio-canadiense en distintas esferas. Canadá cuenta con la segunda diáspora más numerosa de aquel país (solo detrás de Rusia). En el último censo, cerca de 1,4 millones de personas declararon tener raíces ucranias. Volodímir Zelenski expresó: “Quisiera que comprendan ustedes, en la medida de lo posible, nuestros sentimientos y emociones en los últimos 20 días. Imaginen escuchar los disparos, las explosiones”. Zelenski prosiguió: “Imaginen el aeropuerto de Ottawa bombardeado como están siendo bombardeados los nuestros. Imaginen la ciudad de Vancouver sitiada como lo está Mariupol. ¿Cómo explicarles todo esto a sus niños?”.

El presidente ucranio agradeció la ayuda brindada hasta el momento por el Gobierno canadiense y por los miembros de la diáspora ucrania. Sin embargo, dijo que su país requiere de más apoyos. Zelenski subrayó que es necesario un mayor esfuerzo para que Rusia no pueda seguir financiando sus operaciones bélicas; también reiteró su petición de hacer todo lo posible para “cerrar el espacio aéreo a los misiles y los aviones rusos”.

Candice Bergen, jefa interina del Partido Conservador, criticó con vehemencia al presidente ruso, Vladímir Putin, señalando que sus planes no tenían consideración alguna por el sufrimiento humano. También expresó que Canadá tiene la obligación moral de seguir apoyando a Ucrania y pidió que el Gobierno de Trudeau trabaje con sus aliados para asegurar “al menos el espacio aéreo sobre los corredores humanitarios”.

Los legisladores aplaudieron durante varios minutos a Volodímir Zelenski y gritaron al unísono “Slava Ukrani” (“gloria a Ucrania”). Zelenski pronunciará un discurso este miércoles ante los miembros del Congreso estadounidense. Este martes, Moscú publicó una lista con los nombres de 313 canadienses que tendrán vetada la entrada a Rusia. El documento incluye a Justin Trudeau, a los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa, así como a la mayoría de los parlamentarios de Ottawa.

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Volodímir Yermolenko admite que no sabe usar armas y, por tanto, de poca ayuda puede ser cuando el avance de las tropas rusas alcance la capital, Kiev, si así ocurre finalmente. Este filósofo, periodista y escritor ucranio de 41 años se queda de momento en la ciudad, la que le vio nacer. Llevó a su familia, su mujer, tres hijos y sus padres, hacia el oeste del país, en alerta por la ofensiva, pero menos golpeada que la franja oriental. Luego, él regresó a casa. Yermolenko permanece en Kiev como voluntario en lo que llama la “defensa” de la ciudad, sea en temas de logística, reparto de comida, cuidado de mayores o el traslado de conocidos lejos de ahí. Reconoce, en conversación telefónica con EL PAÍS que no sabe lo que hará a medio plazo. “No soy capaz de disparar, no tengo formación militar”, dice, “y hay que ser racional y saber cómo uno puede ser útil; mi misión es contarle al mundo lo que está pasando, si eres civil y no puedes resistir mediante las armas, eres inútil”. Así que quizá mejor marchar.

Yermolenko encaja en eso que llamamos intelectual. Formado en ciencias políticas en Francia, en filosofía en su tierra, colabora como analista con prensa extranjera, ha publicado varios ensayos y está al frente de proyectos periodísticos como Ukraine World. Pero cuando toca a rebato por la invasión militar del país vecino es uno más. “He visto a amigos míos como voluntarios en la defensa del territorio, pero tengo que pensar fríamente y saber cómo puedo ser más útil”. Mientras conversa, el servicio de inteligencia británico comunica que hay tropas rusas a unos 25 kilómetros, una información que coincide en gran medida con las imágenes de satélite estadounidenses mostradas en las últimas 48 horas. Con un matiz: acercan un poco más a los batallones rusos a la capital ucrania. Este sábado, además, el ejército enviado por el Kremlin golpeó al sur de la ciudad, en Vasilkiv, a unos 35 kilómetros.

“Kiev se ha convertido en una fortaleza”, mantiene Yermolenko. No ve tan claro que vaya a caer su ciudad ante el avance de los rusos. “Quizá logren rodearla y bombardearla fuertemente, provocando un nuevo desastre humanitario”. Pero no capturarla. Preguntado por cómo se entera alguien que reside en Kiev de lo que el mundo lee en la prensa, este filósofo responde que viaja de un lado a otro, tiene amigos en Bucha, por la salida norte de la ciudad, atacada recientemente en plena evacuación de civiles; también ha llegado hace poco hasta Brovary, en la ribera oriental del río Dnieper, en donde ayudó a unos conocidos a abandonar la zona ―un convoy ruso fue emboscado esta semana en esa misma localidad―.

Y hablando de la posible victoria de Moscú en la capital ucrania surge una pregunta casi en el terreno de la filosofía: ¿qué es victoria? Y todo a colación de las manifestaciones de rechazo en las calles de localidades en el sureste del país como Melitopol o Jersón, bajo dominio ya de los uniformados rusos. Ganan, pero… “Esta victoria no tiene significado alguno como ves en las protestas”, señala Yermolenko, “es el fin de Rusia como gran poder, es algo irracional, pero esta irracionalidad es muy cruel, es un gesto de desesperación, pero que provoca crímenes enormes”.

Leyendo los textos de este gran comunicador ucranio, hay algo común que sirve de columna vertebral en su parlamento: la identidad ucrania. Y esta, como defiende durante la charla, cambia necesariamente por efecto de la violencia. “Primero”, enumera Yermolenko, “porque los rusos ya no serán queridos en Ucrania y el número de ellos en el país bajará tremendamente; además, si lo que quería Rusia era atraer a Ucrania a su área de influencia como en el pasado, están haciendo justo todo lo contrario. Ahora tienen a un país enorme que les odia y que les odiará durante muchos años”. Eso sí, puntualiza, Ucrania y Rusia son “enemigos” ahora, pero ya lo eran desde la toma de parte del Donbás, en el sureste ucranio, en 2014.

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Yermolenko ha tratado en las últimas semanas de deshacer el argumentario del hombre al frente de las hostilidades contra su tierra, el presidente ruso, Vladímir Putin. Eso de que ucranios y rusos son lo mismo y juntos tienen que estar como en época del imperio ―que califica de “cuentos de hadas” y “fantasías”―. Ha recordado que Ucrania es una y Rusia otra, que tienen una tradición democrática y horizontal de siglos, con el recuerdo puesto incluso en los cosacos de la estepa, mientras el gigante del Este optó por cumplir la palabra del zar. Pero hay más: Putin ordenó el asalto sobre Ucrania el 24 de febrero pasado con el objetivo declarado de “desnazificar” el territorio. Este filósofo da la vuelta a la tortilla del Kremlin y defiende que su país se enfrenta ahora a un “nuevo fascismo, un nuevo nazismo”, descrito como cruel, atizador del pánico, a través de “tácticas inhumanas”.

Y todo esto crea un dolor que, continúa Yermolenko, durará generaciones. “Recuerdo que mis abuelos odiaban a los alemanes hace medio siglo”, rememora, “pero incluso cuando les decías que no eran los mismos ahora que los de la Segunda Guerra Mundial, que eran civilizados y normales, aún así los odiaban, y pasará lo mismo con nosotros. No creo que la reconciliación llegué pronto, es muy difícil cuando están bombardeando hospitales, colegios, a los niños”.

Volvemos de la trinchera de las ideas a la de la calle. ¿Qué es lo siguiente que hará ahora? “La verdad es que no puedo dar respuesta, no lo sé, hay mucho trabajo que hacer aquí, no sé, ya veremos”. Quedarse o partir.

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El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, instó este sábado a la calma y a no contribuir a crear pánico. Ante las alertas cada vez más elevadas de Estados Unidos sobre la posibilidad de otra agresión militar rusa y en un escenario de evacuaciones masivas de ciudadanos diplomáticos occidentales, Zelenski restó importancia a las alarmas y criticó la “sobreinformación” en relación a la escalada rusa y aseguró que Ucrania no tiene información que respalde esa alarma. “Si cualquier persona tiene información adicional sobre una invasión 100% segura por parte de Rusia a Ucrania, por favor, bríndenosla”, remarcó en una comparecencia en la región de Jersón, donde asistió a maniobras militares del Ejército ucranio.

En otra muestra más de frustración con respecto a los constantes mensajes de Estados Unidos sobre una inminente invasión rusa; Zelenski ha puesto de manifiesto que el lema tan mencionado por el secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, y los líderes europeos ―“Nada sobre Ucrania sin Ucrania” no se está siguiendo del todo. Kiev insiste en que, según sus datos y pese a la concentración cada vez mayor de tropas rusa a lo largo de sus fronteras y la exhibición de músculo militar con maniobras en Bielorrusia y en el Mar Negro, nada ha cambiado en los últimos días.

Zelenski, que también habló con el presidente francés, Emanuel Macron este sábado, cree que las alertas pueden alimentar el que define como uno de los objetivos del Kremlin, la desestabilización de país y provocar, además, un daño económico importante. “El mejor amigo de nuestros enemigos es el pánico en nuestro país. Y toda esta información solo está provocando pánico. No puede ayudarnos”, dijo el presidente ucranio. “No puedo estar de acuerdo o en desacuerdo con lo que aún no ha sucedido. Hasta ahora, no hay una guerra a gran escala en Ucrania”, añadió desde Jarón, cerca de la línea de contacto con la península ucrania de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014 con un referéndum considerado ilegal por la comunidad internacional. “Como nación, debemos confiar en nuestras propias fuerzas. Actuamos según un plan. No le tenemos miedo a nadie”.

En Kiev, mientras el personal de la Embajada de Estados Unidos recogía enseres de la legación diplomática para la evacuación y el traslado de un punto de emergencia a la ciudad de Lviv, al oeste, el paisaje en las calles era el de un sábado cotidiano de invierno. Ucrania lleva ocho años en guerra contra los separatistas prorrusos, apoyados por Moscú, en el este del país, en la región del Donbás. Y aunque esta escalada rusa preocupa, no produce pánico. A mediodía, cientos de personas han salido a la calle en el centro de la capital en una “marcha por la unidad”. “No hay pánico”, comentaba Tatiana Bikova, de 53 años, que acudió a la concentración con sus dos nietas pequeñas. “Este es nuestro país y es nuestra vida, llevamos años en guerra. No podemos dejar que nos conviertan en un agente de juego diplomático. Hay que seguir y levantarse cada día”, decía encogiéndose de hombros.

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