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La guerra rusa de Ucrania se recrudecerá en las próximas semanas, Vladímir Putin buscará el control total del país y la ocupación puede prolongarse años, según los cálculos que se barajan en varias capitales occidentales 11 días después del inicio de la invasión. La agresión ha chocado con una resistencia ucrania mayor de lo que esperaba Moscú, aunque solo unos pocos dirigentes consideran que puede frenar a Moscú. La mayoría de los aliados están convencidos de que el presidente ruso quiere llegar hasta el final y en las próximas semanas los ataques se recrudecerán. Estos son los escenarios que se manejan en varias capitales occidentales: casi todos ellos prevén una guerra larga y sangrienta.

Estos son los escenarios que se manejan en varias capitales occidentales:

Escenario 1: “El milagro del Dniéper”

Según este escenario, que el laboratorio de ideas Atlantic Council llama “el milagro del [río] Dniéper”, los ucranios, ayudados por el suministro de armas aliadas, frenan el avance ruso. Putin, sometido al aislamiento internacional y a las sanciones occidentales, se repliega.

El secretario de Estado de EE UU, Antony Blinken, indicó el viernes a la BBC que no hay que dar por segura la victoria de Rusia. “Si la intención de Moscú es hacer caer al Gobierno e instalar un régimen títere, 45 millones de ucranios lo rechazarán de una forma u otra”, dijo.

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Una vez asumido que los países occidentales no intervendrán directamente, la idea es que las sanciones y las armas pongan las cosas difíciles a Putin y le fuercen a modificar su comportamiento. En palabras de una fuente del palacio del Elíseo, que pidió anonimato, se trata de “encarecer el precio de la guerra de modo que renuncie a ella”.

Pero el jueves, tras una conversación telefónica entre Putin y el presidente francés, Emmanuel Macron, la misma fuente del Elíseo decía: “La anticipación del presidente, teniendo en cuanta lo que le ha dicho el presidente Putin, es que lo peor está por llegar”. François Heisbourg, consejero del laboratorio de ideas Fondation pour la Recherche Stratégique, apunta: “Vladímir Putin ha mostrado que, cuando afronta dificultades, no reduce sus ambiciones, sino que aumenta sus medios”.

Escenario 2: La guerra se recrudece hasta la ocupación total

La campaña militar en sí durará semanas, no meses, pero la guerra será más larga y la posguerra puede durar años y tener un resultado incierto. Es el diagnóstico que hacen los máximos asesores militares del Gobierno español.

Los aliados calculan que Kiev podría caer en 5 o 10 días, pero no será el fin de la guerra, precisa una fuente diplomática. Empezará entonces una guerra de guerrillas en las que la resistencia ucrania se beneficiará de armamento occidental como los misiles tierra-aire Stinger, los mismos que, en manos de los muyahidines afganos en los años ochenta, hicieron la vida imposible al ocupante soviético.

Este escenario lo han corroborado altos cargos de la Administración Biden (Blinken y la directora Nacional de Inteligencia, Avril Haines, entre otros) esta semana en una sesión a puerta cerrada en el Capitolio. Según algunos legisladores, el Gobierno de EE UU prevé una lucha encarnizada por la capital, Kiev, que puede resolverse en favor de Rusia en cuestión de semanas, y que el conflicto que pueda enquistarse y languidecer durante años.

La estrategia rusa, según las fuentes españolas, consiste en estrangular las grandes ciudades ucranias para forzar su rendición. Si no se rinden, el Ejército ruso entrará a sangre y fuego y causará un gran número de víctimas civiles, de las que culpará al presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

El desenlace, según estos cálculos, llevaría a la ocupación total de Ucrania. “Nuestro análisis de las operaciones militares en curso es que la ambición rusa, en efecto, es tomar el control de toda Ucrania”, dice la fuente francesa. Macron no contempla como escenario probable la partición del país: considera que lo que Putin quiere es controlar todo Ucrania y, en todo caso, la partición seguiría violando la soberanía del país invadido y sería igualmente inaceptable.

Heisbourg, de Fondation pour la Recherche Stratégique, observa: “Este es el escenario de base: la toma de las grandes ciudades ucranias en todo el territorio, porque se quiere evitar que un Gobierno legítimo continúe presente en Ucrania”.

Las fuentes consultadas en Madrid detallan que el resultado más probable de la guerra será la aparición de un nuevo país, Nueva Rusia o Novorróssiya. Este proyecto de confederación lo pusieron en pie en 2014 las provincias separatistas de Lugansk y Donetsk y luego renunciaron.

En su versión más modesta, según estas fuentes, el nuevo Estado abarcaría desde el Donbás hasta Crimea, incorporando Mariúpol y convirtiendo al mar de Azov en un mar interior ruso. En su versión más ambiciosa, conectaría con el Transdniéster, la región separatista moldava, y se anexionaría Odesa, privando a Ucrania de salida al mar. Lo lógico, según este escenario, sería que Putin se anexionase Nueva Rusia, como hizo con Crimea, pero podría mantenerla como república satélite.

La estrategia de Putin, estiman los estrategas españoles, pasa por colocar en Kiev a un Gobierno títere, que se comprometería a no incorporar a Ucrania a la OTAN ni a la UE. Para asegurarse su control, Putin mantendría tropas rusas acuarteladas en Ucrania, pero evitando que patrullasen para no ser blanco del hostigamiento de una resistencia reconvertida en guerrilla. Esto, reconocen las fuentes españolas, se parecería mucho a la Francia ocupada por Hitler con el régimen colaboracionista de Vichy.

La incógnita es cuánto tiempo podrá mantener este esquema un Putin convertido en paria internacional, y con una Ucrania ocupada cuya población es abrumadoramente hostil.

El congresista estadounidense Ruben Gallego, veterano de la guerra de Irak, compara este escenario con la larga lucha de EE UU contra los insurgentes tras haber derrotado al Ejército iraquí y haber ocupado el país. Una diferencia importante, declaró Gallego en la cadena PBS, es que entonces era una tercera parte del pueblo la que apoyaba la lucha contra el ocupante, mientras que el porcentaje de ucranios que se opone a Rusia es mucho mayor. Otra distinción, añadió, es la factura humana: “En todos aquellos años aquella guerra hubo unas 4.500 bajas, pero Rusia puede sufrir lo mismo en días”.

Antes del inicio de la guerra, fuentes de la Administración estadounidense citadas por la prensa local plantearon que en una invasión podrían morir entre 25.000 y 50.000 civiles, entre 5.000 y 25.000 militares ucranios, y de 3.000 a 10.000 soldados rusos. El número de bajas rusas puede elevarse ya unos 2.500, cinco veces más de lo que Moscú reconoce, según la citada fuente diplomática. Otra fuente del Congreso de EE UU citada por la CBS cree que el conflicto puede prolongarse hasta 20 años con Rusia como tardío perdedor.

Escenario 3: Rusia avanza más allá de Ucrania y desafía directamente a la OTAN

“Un escenario bastante probable es que, después de Ucrania, [Putin] tome el poder en Moldavia”, dice Heisbourg. Pero este escenario, sostiene el consejero de la Fondation pour la Recherche Stratégique, conduce a un tercer escenario, en el que Putin intentaría recrear en Europa la situación previa a la ampliación de la OTAN. “Imagine que el señor Putin acaba de ganar la guerra de Ucrania. Ha tomado el poder en Moldavia. Por primera vez, tiene una frontera político-militar continua desde el cabo Norte hasta el mar Negro. De un lado, están las tropas rusas, y del otro las tropas de los países miembros de la OTAN, con riesgos de accidentes y de acciones violentas involuntarias. Entonces, Putin puede decirse: ‘Voy a intentar dividir a los Occidentales”.

Los Balcanes podrían ser un campo propicio para la agitación. Apunta el Elíseo: “Estamos muy atentos a lo que Rusia pueda hacer en su entorno próximo”.

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La directora de EL PAÍS, Pepa Bueno, toma el pulso de la situación en Ucrania con la enviada especial al Donbás, María Sahuquillo; el corresponsal de asuntos globales de EL PAÍS, Andrea Rizzi, y la redactora jefa de Internacional del diario, Lucía Abellán, tras el ataque de Rusia a Ucrania. En el vídeo que acompaña esta noticia, podrá ver un análisis en el que se repasan los planes inmediatos del presidente ruso, Vladímir Putin, sus pretensiones finales en Ucrania y el debate abierto en torno a la eficacia de las sanciones aprobadas en contra de Moscú.

Desde la ciudad de Sloviansk, Sahuquillo ha relatado las horas de tensión vividas por la población durante la madrugada del jueves, cuando comenzaron a escucharse los primeros bombardeos. Sloviansk es, precisamente, uno de los objetivos militares de Putin, que ha realizado una operación contra varias ciudades del este ucranio, desde Sloviansk y Kramatorsk a Járkov, a 30 kilómetros de la frontera rusa, todas ellas alcanzadas en una ofensiva que deja un balance de varias decenas de muertos.

Pepa Bueno ha querido conocer la situación de la población civil, que se ha lanzado desde primera hora a llenar el depósito de sus vehículos, a sacar dinero de los cajeros automáticos y a abastecerse de víveres en los supermercados. La experiencia no es nueva para muchos de los ucranios en esta parte del país, que en 2014 ya hubo de organizarse tras sufrir una ofensiva militar. “La única salida del país es ahora por carretera”, ha contado Sahuquillo, tras el cierre de los tres aeropuertos del este de Ucrania.

“Putin está muy decidido a conseguir su objetivo de impedir que Ucrania avance hacia Occidente” y está “dispuesto a asumir sanciones, incluso muy contundentes”, ha resumido Andrea Rizzi, que cree que el objetivo último del presidente ruso es restablecer su poder en la zona, para lo que necesita la construcción de un corredor de influencia que una el Donbás con Crimea. Se trata, según Rizzi, de “quebrar el camino democrático e intentar un cambio de régimen en Kiev, pese al deseo mayoritario de la población”. A pesar de contar con una economía “limitada y frágil”, centrada en el monocultivo energético, Rusia dispone de importantes fondos de reserva y cuenta con la complicidad de China para compensar la previsible respuesta de Occidente.

La redactora jefa de Internacional, Lucía Abellán, ha vaticinado que en los próximos días se producirá un amplio despliegue militar, propio de una guerra en Europa, y ha advertido del riesgo de la distribución de información con fines propagandísticos, sobre la que también ha alertado Pepa Bueno, que ha anunciado un amplio dispositivo de EL PAÍS que, además de la corresponsalía en Moscú, incluye un segundo enviado especial a Kiev, la cobertura del éxodo de ciudadanos que intentan salir de Ucrania por las fronteras terrestres y el análisis global de las reacciones de la comunidad internacional, además de las consecuencias económicas, que se están dejando notar en la caída de las Bolsas



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A medida que el presidente ruso, Vladímir Putin, eleva sus amenazas sobre la soberanía de Ucrania, Kiev se prepara para afrontar los peores escenarios. El Gobierno ucranio ha comenzado a reforzar las tropas destacadas en la zona del Donbás, después de que Rusia, inmediatamente tras reconocer como Estados a las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, dictase el envío allí de fuerzas militares. El nuevo despliegue ucranio busca cubrir más terreno de una línea del frente de 400 kilómetros de largo en la que luchan desde hace ocho años contra los secesionistas prorrusos apoyados por el Kremlin. Mientras, los bombardeos siguen en el este de Ucrania. Zelenski ha convocado a algunos grupos de reservistas por un periodo especial, pero descartado una movilización general.

Este martes, Putin subió su apuesta en el desafío a la legislación internacional al recalcar que Rusia reconoce las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk dentro de sus “fronteras constitucionales”. Los secesionistas prorrusos reclaman con esa delimitación el total de las dos regiones —incluidas las principales ciudades controladas por el Gobierno, como la portuaria Mariúpol—; ahora manejan un tercio de ese territorio. Así, el jefe del Kremlin, que instó a Kiev a negociar directamente las “fronteras” con los jefes separatistas, fuerza otra palanca de presión contra Ucrania y contra Occidente.

Tras una jornada de frenesí diplomático para tratar de arañar sanciones más duras contra Moscú, el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha alertado de que la decisión de Putin y el despliegue ruso en la zona sientan las bases para una mayor agresión armada rusa —entre otras cosas para capturar el territorio reclamado por los separatistas prorrusos— y ha advertido que no cederá ni un palmo de territorio.

En un emotivo mensaje, el ministro de Defensa ucranio, Oleksi Reznikov, instó al ejército a estar preparado. “El Kremlin ha dado un paso más hacia la resurrección de la Unión Soviética, con un nuevo Pacto de Varsovia y el Muro de Berlín. Lo único que se interpone es Ucrania y su ejército”, dijo. “A continuación habrá un juicio difícil. Habrá pérdidas. Habrá que atravesar el dolor y superar el miedo y el desánimo”, añadió Reznikov.

Los intensos disparos de artillería y morteros que desde hace cinco días sacuden el Donbás han continuado este martes a lo largo de toda la línea del frente. En la ciudad de Schastia, que significa “felicidad” en ucranio y en ruso, los bombardeos continuos forzaban una y otra vez las alarmas de los coches aparcados, que se sumaban a un ruido atronador. Los ataques, que el ejército ucranio atribuyó a los separatistas prorrusos, que tienen sus posiciones a solo unos kilómetros de la ciudad, alcanzaron una planta de energía y causaron un incendio que empeoró el precario suministro que sufre toda la zona en los últimos días. Un humo negro pegajoso y denso se extendió por la ciudad de 10.000 habitantes, que ha estado bajo fuego desde el jueves.

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“Llevo días histérica”, se lamentaba Veronika Melnik, de 53 años, cuando trataba de salir del portal de su casa, lleno de desconchones. En su calle, los disparos de artillería han alcanzado varios edificios. Uno de los apartamentos recibió el disparo de un francotirador, que atravesó el cristal limpiamente e hirió a una mujer. “Mi gato se escapó el sábado y no ha vuelto por casa. Esto es insoportable”, comentaba una vecina. Las autoridades locales se preparan para evacuar la ciudad, de unos 10.000 habitantes, si los ataques siguen a este ritmo, señala el jefe de la administración regional, Serguéi Gaidai.

Imagen de la ciudad de Schastia, donde han caído fuertes bombardeos, este martes. / MARÍA R. SAHUQUILLO
Imagen de la ciudad de Schastia, donde han caído fuertes bombardeos, este martes. / MARÍA R. SAHUQUILLO

En la línea del frente más cercana a Schastia, una zona de senderos culebreantes y carreteras convertidas en un enorme socavón, los soldados apenas se han podido mover de sus posiciones. “Ahora estamos bajo el fuego día y noche”, comenta Bogdan. Las nuevas reglas de protección del ejército dictan que los soldados, como el joven de 23 años, no den su apellido. En un puesto avanzado de las Fuerzas Armadas ucranias, en medio del barro, Bogdan ahonda en su teoría de que Rusia y sus “marionetas” —los separatistas— no lanzarán una invasión a gran escala, pero sí “pequeñas operaciones” para ganar terreno en las regiones de Donetsk y Lugansk. Unos 2,5 millones de personas viven en las zonas controladas por el Gobierno.

Fuentes del ejército creen que el incremento de los ataques de los últimos días es una forma de “disfrazar” el movimiento de tropas al otro lado de la línea de contacto, donde algunos observadores han visto ya numerosos vehículos armados entrando desde Rusia.

En la carretera que une Severodonetsk y Schastia, una larga comitiva de vehículos militares aguarda en un punto de control. Varios soldados apuran un cigarrillo tras otro, fuera de los camiones. El ejército ucranio ya estaba en alerta máxima. “Ucrania está reforzando su defensa y lo seguirá haciendo”, remarca Anton Gerashchenko, exviceministro del Interior y ahora asesor del Gobierno, que habla sobre el refuerzo de las tropas en una zona que ya estaba altamente militarizada. Cuántos son y cuántos llegan es información confidencial, afirma. “No cederemos. Si Putin mueve sus tropas hacia una ofensiva los confrontaremos”, añade.

En una estación de servicio de Severodonetsk, a una hora de la línea del frente de Lugansk, Galina Bondarchuk carga el tanque de su coche apresuradamente para salir hacia Jarkiv. Primera parada. Y de allí a Kiev. “Llevamos así casi una década. Yo ya no puedo más”, lamenta. Hace una semana llevó a sus dos hijas con su madre a Kiev. “Los políticos insisten en que no hay que tener miedo, que el pánico daña el país, pero yo lo tengo. Tengo miedo”.

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