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Foto UAO

Juan Guillermo Cadena Moreno es egresado del programa de Administración Ambiental de la Universidad Autónoma de Occidente, y además es técnico en Ciencias Naturales, tecnólogo en Control Ambiental y recientemente fue merecedor de una beca para estudiar un máster en Ecología y Recursos Naturales, en Fortaleza, Brasil.

La carrera profesional de Juan inició cuando tuvo la oportunidad de realizar su práctica profesional en la unidad de Servicio a la Comunidad de la UAO, donde desarrolló la documentación y actualización del Sistema de Gestión Integral de Residuos Sólidos para el Campus de Valle del Lili.

Posteriormente, apoyó el proyecto ‘Propuesta de una hábitat sostenible en el humedal Siracusa, municipio de Sevilla, Valle del Cauca 2020’, en el Centro de Investigación de Educación Ambiental, y después se vinculó a Hidroambiental S.A.S. como asistente de ingeniería, cargo al que renunció recientemente por el inicio de sus estudios de maestría en Brasil.

En septiembre de 2021, Juan entró en proceso de selección para realizar una maestría internacional bajo la modalidad de investigación y a finales de enero de 2022 fue notificado que sería uno de los ocho becados por la Universidad Federal de Ceará, en Fortaleza, Brasil, lo que significa un reto para él.

Hasta el momento, uno de sus logros es el haber sido parte del semillero de Investigación ‘Amauta’ de la UAO, en el que desarrolló un proyecto titulado ‘Una mirada a la salud desde la medicina ancestral Misak. Aportes desde un sabedor tradicional en el municipio de Silva, Cauca’, con el que tuvo la oportunidad de participar como ponente investigador en varios eventos académicos a nivel departamental, nacional e internacional. Asimismo, destaca el haber sido parte del programa Pilos Cecilia Montalvo de Moreno, con el que pudo dar continuidad a sus estudios de pregrado y graduarse.

Una de sus metas a futuro es publicar en una revista científica su proyecto de investigación ‘Dinámica de carbono, nutrientes y contaminantes en manglares replantados Curral Velho (Acarua, Ceará, Brasil)’, con el cual se presentó y clasificó a la beca de maestría y para el que espera conseguir financiación para las gestiones costeras como soluciones basadas en la naturaleza para contrarrestar los efectos del cambio climático. Igualmente, una vez termine sus estudios de maestría, Juan quiere realizar un doctorado en un país europeo, y trabajar para una organización internacional en pro del desarrollo sostenible o la conservación de los ecosistemas.

Fuente: UAO


Un grupo de diputados habla en el Congreso de Brasil, el pasado 17 de febrero.
Un grupo de diputados habla en el Congreso de Brasil, el pasado 17 de febrero.Douglas Gomes Photography (CONGRESO DE BRASIL)

Son días frenéticos para los diputados brasileños que aspiran a ser reelegidos dentro de siete meses. Ahora es el momento de un cálculo político crucial, de decidir si intentarlo desde el partido actual o mudarse, sin perder el escaño, a otro que ofrezca mejores opciones. Porque, en Brasil, existe una ventana de fichajes parlamentarios al estilo de las que permiten comprar y vender futbolistas cada temporada. La llamada ventana partidaria —un mes al final de la legislatura— está abierta. Los 513 diputados federales y los miles de diputados estatales tienen hasta el 1 de abril para fichar por una nueva sigla antes de emprender la campaña para las legislativas (y presidenciales) de octubre.

Dieciséis nuevos diputados aterrizaron en los últimos días en el Partido Liberal siguiendo al presidente Bolsonaro, que se afilió recientemente porque llevaba dos años sin partido y para presentarse a las elecciones necesita uno. Se esperan muchos más fichajes a medida que el plazo se vaya agotando. Los electos llevan meses echando cálculos, pendientes de los movimientos de aliados y adversarios, trazando estrategias. En los últimos años, ha habido nada menos que 275 mudanzas al amparo de esta ventana.

La politóloga Talita Tanscheit, de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, explica que esta ventana partidaria “es un elemento fundamental” de la política brasileña porque “permite arreglos políticos para configurar las candidaturas, las coaliciones, para decidir a qué candidato presidencial apoyar…”. Todo eso implica que, a siete meses de las elecciones, “el retrato del Congreso sí que puede cambiar notablemente, a diferencia de otros países”, advierte la investigadora.

El principal motivo para fichar por un nuevo partido es aumentar las probabilidades de reelección. Poco pesan los factores ideológicos o el programa. “El PSOE y el PP en España son antagónicos, pero aquí en Brasil hay muchos partidos que se parecen mucho. No es que uno se vaya del Partido de los Trabajadores (de Lula da Silva) al partido de Bolsonaro”, puntualiza la politóloga. Esos partidos de derecha sin ideología que tanto se asemejan es donde más intensos son los cambios. Son el elemento más poderoso de un Congreso con 30 formaciones, muchas minúsculas.

Conocido como el centrão (el gran centro), es una constelación de siglas que constantemente cambian de nombre, se amigan o se enemistan. Como explicaba recientemente el columnista Carlos Pereira en el diario Estadão, los partidos brasileños funciona salvo raras excepciones “como agremiaciones que maximizan los intereses políticos y de supervivencia de sus miembros”.

Tanscheit rechaza que la ventana partidaria, creada en 2015, sea la oficialización del transfuguismo porque una vez instalados en un hogar político, “la disciplina de partido es muy alta”. Pero hasta entonces cortejan y se dejan cortejar.

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Las negociaciones entre precandidatos y partidos son un sudoku infernal porque intervienen infinidad de factores entre los que la ideología es secundaria. Brasil es un país inmenso, imposible de gobernar sin alianzas, y donde la política local tiene un peso enorme. Y además elegirá al mismo tiempo presidente, la Cámara de Diputados, parte del Senado, gobernadores y diputados estatales. De modo que la política brasileña es estas semanas un inmenso tablero de ajedrez con todas las piezas en movimiento donde no se puede quitar el ojo al resto de los jugadores y cada paso de cualquiera en una u otra dirección afecta a muchas otras fichas.

El hombre al que Luiz Inácio Lula da Silva quiere como número dos para echar a Bolsonaro del poder es Geraldo Alckmin, un veterano del centroderecha al que hace 16 años derrotó en unas presidenciales. Alckim acaba de dejar su formación de toda la vida, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), y en estos días debe aclarar en qué formación se instala.

El propio Bolsonaro es un ejemplo de lo habitual que es cambiar de formación. En tres décadas de carrera, milita en su noveno partido. Eso sí, con unas u otras siglas, nunca ha descuidado a los soldados y los policías militares cuyos intereses corporativos siempre ha considerado prioridad.

El PL, al que Bolsonaro se afilió en noviembre tras fracasar en su intento de crear uno a su medida, es uno de los partidos del centrão. En 2018, el ultraderechista disputó las elecciones por una de las llamadas siglas de alquiler, controlada por un cacique. Como un año estuvo en aquel hogar político. Muchos de los diputados elegidos en la ola bolsonarista están siguiendo al mandatario en su mudanza a un partido de la vieja política que tanto denostaban.

Mudarse a un partido con más parlamentarios significa también un trozo mayor del fondo de dinero público que financia las campañas electorales desde que se prohibieron las donaciones de empresas. De espaldas a un electorado brasileño golpeado por la inflación y el desempleo, el Congreso ha aprobado una partida de casi 5.000 millones de reales (960 millones de euros), lo que supone tres veces más que las últimas elecciones generales.

El Gobierno también va a sufrir en breve una metamorfosis. Para el 2 de abril, los ministros que concurran a los próximos comicios tienen que dejar el cargo. Se calcula que un tercio dejará el despacho para echarse a las carreteras en busca de votos.

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El Brasil de Bolsonaro y la Argentina de Fernández intentan mantenerse en el terreno de la neutralidad desde que Rusia invadió Ucrania el 24 de febrero. Habían pasado solo ocho días después de que el presidente brasileño fuera recibido en Moscú por Vladímir Putin y veinte desde una visita similar del argentino. Ambos presidentes latinoamericanos destacaron entonces las buenas relaciones que mantienen con el Kremlin. Pero la guerra lo ha trastocado todo. La tensión diplomática deja poco espacio para los grises, y tanto Bolsonaro como Fernández, ubicados ellos en las antípodas ideológicas, enfrentan problemas domésticos por su posicionamiento internacional.

Bolsonaro, que se mueve con enorme torpeza en los asuntos internacionales, insistió el domingo con la idea de la neutralidad. “El voto de Brasil no está definido y no está vinculado a ninguna potencia. Nuestro voto es libre. Nuestra posición es de equilibrio”, declaró, tras mofarse de que los ucranios pusieran en las últimas elecciones “en manos de un comediante el destino de una nación”. El mandatario se refirió a la guerra europea durante una comparecencia en medio de sus vacaciones playeras con motivo del Carnaval. El presidente Volodímir Zelenski es un antiguo actor y empresario que ganó las elecciones con un discurso anticorrupción y antipolítica, ejes precisamente de la campaña del brasileño.

Brasil ha criticado la intervención militar rusa y pedido un cese inmediato de las hostilidades pero sin llegar a condenar expresamente la invasión de Ucrania. Este martes en la ONU criticó el suministro de armas a Kiev y las sanciones a Moscú, y reclama una solución negociada. Su pronunciamiento más duro fue votar el viernes en el Consejo de Seguridad a favor de una resolución que desde el principio estaba llamada a fracasar porque Rusia ejerció su derecho de veto. Al día siguiente, Brasil eludió sumarse en la OEA a una declaración de condena, de manera que quedó alineado a Argentina, a Bolivia y a los aliados más estrechos de Putin en la región: Nicaragua y Cuba.

La diplomacia brasileña ha mantenido históricamente una postura de neutralidad en los foros internacionales, incluso durante la Guerra Fría. La decisión de Bolsonaro de mantener a toda costa su visita oficial a Moscú cuando los tambores de guerra eran ya intensos molestó a EE UU, que quiso evitar el viaje y una vez consumado expresó su enfado públicamente. Cada vez que Bolsonaro habla de Ucrania apela al suministro de fertilizantes. Rusia es, con su aliado Bielorrusia, el primer suministrador de este bien crucial para el sector agrícola brasileño, cuya importación ya sufría complicaciones por sanciones impuestas a ambos países antes de que estallara el actual conflicto.

La situación de Argentina es también la de aliado con Rusia, aunque la guerra ha introducido matices. El Gobierno de Alberto Fernández fue el primero en aprobar el uso de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus, un paso clave para la llegada del vial ruso a América Latina. Pero las buenas relaciones vienen de lejos, de tiempos del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando se intensificaron las relaciones comerciales. En su viaje a Moscú, el 4 de febrero pasado, el presidente Alberto Fernández ofreció a Rusia ser “la puerta de entrada” a la región, una gesto que cayó muy mal en EE UU. La Cancillería argentina se amparó en la tradición de neutralidad de su diplomacia, donde no hay amigos ni enemigos. “El único alineamiento que tenemos es con los intereses de los argentinos y argentinas. Acá no hay bandos que elegir”, afirmó el canciller, Santiago Cafiero.

Argentina, como Brasil, no apoyó una condena contra Rusia en la OEA. El presidente Fernández tuvo que resistir las presiones prorrusas que recibía de sectores de su alianza de Gobierno, sobre todo desde el kirchnerismo, donde la invasión rusa a Ucrania es, según su visión, culpa del cerrojo de Estados Unidos y la OTAN al Kremlin. Pero con el paso de los días, y el recrudecimiento de la ofensiva militar, la Casa Rosada adhirió a posiciones más duras. Se sumó al repudio en Naciones Unidas y este martes, durante el inicio del ciclo legislativo en Buenos Aires, Fernández habló de la “invasión” rusa a Ucrania; pidió incluso un minuto de silencio por los muertos. La oposición, en tanto, cargó contra la Casa Rosada, a la que acusó de no alinearse lo suficiente con las posiciones occidentales de repudio. Mientras Fernández hablaba en el Congreso, los legisladores opositores colocaron banderas ucranianas en sus bancas.

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“Argentina lleva a cabo una política exterior basada en el multilateralismo cooperativo”, les respondió Fernández. “Apoya con firmeza la paz, la seguridad internacional, la solución pacífica de controversias, los derechos humanos, la defensa de la democracia y el cuidado del medio ambiente”. Al menos por el momento, su Gobierno no se sumará a las sanciones económicas contra Rusia.

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Intentó arrollarlas pero falló, luego disparó a su exnovia y su exsuegra: el femenicida huyó de Argentina a Brasil

Las víctimas fueron identificadas como Graciela Agüero de 39 años y su hija Débora Elizalde de 24. Autoridades confirmaron que el atacante primero quiso atropellarlas «y después, sin bajarse del vehículo, les disparó a quemarropa».

Noticias Internacional.

Toda una tragedia ha vuelto a enlutar a la Argentina, las víctimas han vuelto a ser dos mujeres, madre e hija que fueron atacadas por la pareja de ésta última.

Las víctimas fueron identificadas como Graciela Agüero de 39 años y su hija Débora Elizalde de 24.

Ambas fueron asesinadas en la madrugada de este lunes 21 de febrero tras recibir varios impactos con arma de fuego, el hecho se presentó en una zona conocida como localidad misionera de San Antonio.

Dicha zona se encuentra ubicada a unos 260 kilómetros al norte de Posadas, en los límites fronterizos con Brasil.

¿Quién las atacó?

Autoridades locales han confirmado que el feminicida de las víctimas fue identificado como Sergio Kozak.

Y según lo publicado recientemente por TN, es «un comerciante de la localidad misionera de San Antonio» el sujeto señalado de matar «a balazos esta madrugada a su novia y a su suegra» y luego escapar.

en Argentina
Sergio Kozak, señalado de acabar con la vida de madre e hija en Argentina.

Precisa el medio local que «la policía desplegó un importante operativo cerrojo en toda la franja fronteriza para dar con el hombre, que se habría fugado con dirección a Brasil«.

En medio de la investigación realizada, han descubierto que las víctimas «descendieron de un auto para volver a su casa. En el mismo vehículo viajaba otro joven, hijo y hermano de las mujeres asesinadas, que se convirtió así en un testigo clave para el avance de la causa«.

El caso de Lucio ha revivido el de ‘Marito’, el niño asesinado en un rito satánico en Argentina

El joven dijo a las autoridades que el agresor primero intentó atropellar a las víctimas, plan que no pudo concretar, por lo que terminó disparando con un arma de fuego a quemarropa.

«El joven sostuvo que forcejeó con Kozak, quien desde hace poco tiempo mantenía una relación con su hermana, y logró desarmarlo tras el ataque pero mientras intentaba auxiliar a las mujeres el sujeto aprovechó para escaparse», detalla el medio.

Habría escapado a Brasil

TN resalta que conoció que luego de cinco horas de investigación las autoridades encontraron la camioneta de Sergio «a 5 kilómetros del centro de la localidad».

Encontraron abandonada la camioneta del presunto femicida. (Foto: gentileza Primera Edición).
Tomada de TN Argentina.

«El vehículo tenía las puertas trabadas en una propiedad que el sospechoso habría adquirido recientemente pero no había rastros de Kozak, que permanece prófugo. El juzgado de Instrucción 1 de Eldorado interviene en la causa, que en este momento está siendo subrogado por el juez de Instrucción 3 de Puerto Iguazú, Martín Brites», puntualizaron.

 

 

 

 



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Un criminal y la mujer con la que regresaba de un baile funk en Río de Janeiro fueron asesinados en una emboscada con un centenar de disparos y cinco coches este sábado a primera hora, según informa este lunes un diario carioca. El caso es llamativo por lo espectacular y porque la prensa informa de ello, pero la inmensa mayoría de los 41.069 asesinados en 2021 no fueron noticia entonces. Lo son ahora porque es la cifra más baja de muertes violentas desde hace 15 años, cuando el Forum Brasileiro da Segurança Pública empezó a recopilar los datos. Este balance, publicado por G1, un medio digital del grupo Globo, no incluye las muertes en operaciones policiales.

Los poco más de 41.000 muertos suponen un 7% menos que los sumados el año anterior. Es decir, más de 3.000 fallecidos menos. Los especialistas atribuyen la reducción a una combinación de factores entre los que no está la pandemia, sino “la profesionalización del mercado de drogas”, que los gobiernos tienen mayor control sobre los criminales, un apaciguamiento de la guerra entre bandas, políticas públicas de seguridad y sociales como las desarrolladas en Pernambuco, Espirito Santo o Ceará y una juventud menguante por un cambio demográfico.

La organización criminal más poderosa de Brasil, el Primer Comando de la Capital, está exportando al resto del territorio el modelo que implantó en São Paulo hace más de dos décadas, según explica a G1 Bruno Paes Manso, de la Universidad de São Paulo. El PCC funciona como una hermandad de delincuentes con normas rígidas, un sistema propio con el que impone su justicia y además regula los precios. Sus líderes dirigen desde la cárcel a 30.000 miembros que pagan cuota.

El PCC y la segunda banda más poderosa, el Comando Vermelho, de Río de Janeiro, y sus respectivos aliados territoriales libraron una brutal guerra que regó de sangre el norte y el nordeste. La disputa por las rutas de la droga desde los países productores a través de la Amazonia y hasta la costa Atlántica dejaron más de 55.000 muertos anuales en el periodo 2014-2017. En el momento en que uno de los grupos se hace fuerte en un territorio, la violencia disminuye.

La seguridad pública es uno de los asuntos prioritarios para los brasileños, que en octubre elegirán presidente. El antiguo juez y precandidato Sergio Moro, que lleva semanas en campaña, no suele perder la ocasión de recordar que en su año como ministro de Justicia los asesinatos cayeron un 19%, que los expertos vinculan con una tregua entre el PCC y el CV. Y este lunes algunos bolsonaristas se han apresurado a destacar la caída de asesinatos pese a que las licencias de armas se han duplicado en los tres años que Jair Bolsonaro lleva en el poder, un factor que, según los críticos, iba a disparar la violencia.

Este balance anual excluye las muertes en operaciones policiales, que en Brasil en 2020 fueron más de 6.400 personas. Es uno de los países del mundo con una tasa más alta. Algunos Estados están logrando reducir esa letalidad policial mediante la instalación de cámaras en los uniformes de los agentes.

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Regresando a la espectacular emboscada del fin de semana, la Policía de Río de Janeiro está convencida de que es parte del pulso entre grupos paramilitares locales, que van entrando en el negocio de la droga, pero se dedican sobre todo a la extorsión y a ofrecer servicios como Internet o transporte ilegal.

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Putin y Bolsonaro, durante su reunión este miércoles en la misma mesa en la que el ruso recibió, aunque con mayor distancia, a sus homólogos de Francia y Alemania.
Putin y Bolsonaro, durante su reunión este miércoles en la misma mesa en la que el ruso recibió, aunque con mayor distancia, a sus homólogos de Francia y Alemania.Mikhail Klimentyev (AP)

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, ha realizado una minigira por Europa esta semana, una de las más tensas que el continente ha vivido en las últimas décadas por la crisis ucrania, para reunirse con dos líderes muy cuestionados por Occidente ahora mismo, el ruso Vladímir Putin y el húngaro Viktor Orbán. El latinoamericano vuelve a casa con la foto que buscaba y sin grandes logros en materia bilateral, objetivo declarado de un viaje ajeno en principio a la crisis en torno a Ucrania. Sí ha cosechado una dura crítica de Estados Unidos por desoír sus presiones para que cancelara el viaje y, por si fuera poco, declarar públicamente en Moscú su “solidaridad” con Putin. Al trío les unen sus valores y la pertenencia al club informal de dirigentes nacionalpopulistas.

Para Bolsonaro, esta gira obedece más a su interés en impulsar en casa su imagen internacional como parte de una alianza ultraconservadora que a revertir el aislamiento diplomático en el que ha sumido a Brasil. En sus comparecencias con Putin y Orbán destacó sus afinidades y los valores que comparte con ellos: Dios, patria y familia (familia tradicional, quiere decir). En Hungría, el brasileño añadió libertad.

Y pronunció ante Putin una frase que ha causado gran enfado en Washington mientras suenan ecos de una nueva guerra en Europa. “Somos solidarios con los países que quieren y se empeñan en la paz”, dijo Bolsonaro el miércoles durante una comparecencia que, por lo demás, obvió totalmente la crisis ucrania para destacar la cooperación en agricultura o energía nuclear. Para el Departamento de Estado estadounidense, la actitud de Bolsonaro “socava la diplomacia internacional centrada en evitar un desastre estratégico y humanitario, así como los llamamientos del propio Brasil para pedir una solución pacífica a la crisis”, informó la agencia Reuters. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, ha añadido este viernes que “Brasil quizá está en el lado contrario al de la mayoría de la comunidad global”. Un tono poco habitual en la diplomacia entre los dos mayores países americanos.

El mandatario brasileño viajó a Moscú tras hacer oídos sordos a las peticiones de EE UU de que cancelara la visita a Putin. Y aterrizó justo horas después de que el anuncio ruso de un inicio de repliegue militar aliviara la tensión (temporalmente y entre dudas sobre las manifestaciones de Moscú), circunstancia que el brasileño aprovechó para sugerir en mensajes dirigidos a sus fieles que la distensión era cosa suya. Nada menos. “Mantuvimos nuestra agenda. Por coincidencia o no, parte de las tropas dejaron la frontera [con Ucrania]”, declaró tras ver a Putin. El brasileño está en campaña para la reelección.

Bolsonaro abraza a Orbán este jueves durante su visita oficial a Budapest.
Bolsonaro abraza a Orbán este jueves durante su visita oficial a Budapest. Anna Szilagyi (AP)

El presidente ruso recibió al brasileño durante casi dos horas el miércoles, precisamente el que según el espionaje de EE UU era el día D de la posible invasión rusa. Ambos charlaron en la misma larga mesa en la que fueron recibidos los líderes de Francia y Alemania —Emmanuel Macron y Olaf Scholz, respectivamente—, pero sentados a una distancia menor, la reservada a los amigos y a quienes, como Bolsonaro, aceptan hacerse una PCR en Moscú. Y aunque no hay constancia de que el brasileño esté vacunado, ambos se dieron un apretón de manos.

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La derrota electoral del estadounidense Donald Trump en 2020 y la salida del poder del israelí Benjamín Netanyahu han dejado a Bolsonaro sin los aliados preferenciales del inicio de su mandato. Su gestión de la Amazonia y el desmantelamiento sistemático de la política medioambiental han amargado la relación con la Unión Europea, especialmente con la Francia de Macron. La deforestación, la peor en 15 años en el mayor bosque tropical del mundo, mantiene empantanado el proceso de ratificación del acuerdo comercial entre la UE y Mercosur.

Los encuentros con los mandatarios de Rusia y Hungría incluyeron muchas menciones al comercio bilateral, cooperación en defensa, energía nuclear o medio ambiente, pero pocos acuerdos. Para el editorialista del diario Estadão, de centroderecha, la visita “a dos populistas autoritarios es inoportuna y contraproducente para los intereses nacionales”. Añade que “solo se explica por su lógica electoral”.

Con Bolsonaro y el fin de la bonanza económica de comienzos del XXI, quedan atrás los tiempos en los que Brasil se codeaba con las grandes potencias y encandilaba al mundo. Brasilia tiene una relación económica limitada con Moscú, pero “tener relaciones políticas estrechas con otras grandes potencias como Rusia ayuda a Brasil a gestionar su relación altamente asimétrica con Washington”, tuiteó estos días Oliver Stuenkel, analista de la Fundación Getulio Vargas. Este recordó que cuando Putin se anexionó Crimea en 2014, la entonces presidenta, Dilma Rousseff, no lo criticó porque los BRIC, el club de los países emergentes que ambos forman con China, India y Sudáfrica, eran la prioridad diplomática del momento.

Con Trump fuera de la Casa Blanca, Bolsonaro se ha visto obligado a intensificar la relación con mandatarios afines como Putin, que, además, mantiene un pulso con Estados Unidos. A su lado, repitió dos veces que Brasil es una potencia y se esforzó por aparentar que están en pie de igualdad en la esfera internacional, un mensaje para consumo interno. Muestra de que esa era la prioridad es el hecho de que la comitiva presidencial incluyera a uno de sus hijos, Carlos, que dirige su campaña en redes sociales y es concejal en Río de Janeiro, pero no al ministro de Economía, Paulo Guedes.

La invitación rusa fue cursada a finales del año pasado y el principal tema en la agenda de los brasileños era el suministro de fertilizantes rusos, cruciales para el gigantesco sector agrícola de la primera economía de América Latina. Al día siguiente, en Budapest, Bolsonaro tuvo un encuentro más breve con Orbán, al que presentó como un “hermano”. El húngaro está, con Polonia, en el punto de mira de las instituciones europeas por su deriva autoritaria y en vísperas de unas elecciones que se le presentan complicadas; fue uno de los pocos jefes de Gobierno que asistieron a su toma de posesión en Brasilia.

De regreso a Brasil este viernes, Bolsonaro ha ido directo a Petrópolis (Río de Janeiro) a visitar a los damnificados por las fuertes lluvias. Los muertos en esta ciudad montañosa que fue la capital imperial de verano suman ya 120 y los bomberos buscan a un centenar largo de desaparecidos.

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Los equipos de rescate desplegados en la ciudad brasileña de Petrópolis buscan todavía al menos 140 víctimas después de haber localizado hasta este jueves los cadáveres de más de un centenar de fallecidos por el temporal que el martes por la noche llevó terror, desolación y devastación a este municipio de montaña cercano a Río de Janeiro. “Tenemos registrados por el momento 104 muertos. Y también hay 24 rescatados con vida”, ha explicado la Defensa Civil. Medio centenar de bomberos han retomado al amanecer las tareas de rescate en busca de víctimas entre el barro, mientras las autoridades alertan de que existe un riesgo muy alto de nuevos deslizamientos de tierras por las fuertes lluvias que se esperan para este jueves y viernes.

Petrópolis es una localidad muy turística, ubicada a 70 kilómetros de Río de Janeiro, que con su clima fresco atrajo al emperador Pedro II, que se instalaba allí cuando hacía demasiado calor en la entonces capital. El antiguo palacio de verano acoge ahora el Museo Imperial.

El Ejército se ha sumado a la operación con soldados y equipamientos para liberar calles. Algunos vecinos también colaboran en la búsqueda de víctimas. “Fui criado aquí, conozco a todo el mundo. Vine a ayudar al personal (de rescate). Es surrealista. Desgraciadamente, va a ser difícil encontrar a alguien con vida”, explicó Luciano Gonçalves, de 26 años, a la agencia France Presse mientras rebuscaba, con una azada en la mano, entre el barro que ha tomado buena parte de la ciudad.

Los equipos de rescate trabajan en lo que el gobernador de Río de Janeiro, Claudio Castro, calificó en el primer momento como un escenario de guerra. Los bomberos buscan en el barro con excavadoras, perros, botes e incluso aeronaves. La policía también ha desplegado a unos 200 agentes en esta ciudad de 300.000 vecinos para recoger y cruzar informaciones sobre personas en paradero desconocido para elaborar un listado oficial. Antes de la actualización de este jueves por la mañana, había 35 personas sin localizar.

Los especialistas coinciden en que las catástrofes de esta envergadura obedecen a una conjunción de factores. En este caso, apuntan a unas lluvias fortísimas, la topografía de la región y, como ocurre en otras tragedias similares que periódicamente conmocionan a Brasil, a la fragilidad de las infraviviendas construidas ilegalmente en zonas escarpadas por familias que no pueden permitirse vivir en otro lugar. Las autoridades contabilizaron en Petrópolis más de 300 deslizamientos de tierras además de inundaciones y caídas de árboles.

El martes por la noche las nubes descargaron sobre la ciudad tanto volumen de agua como el previsto para todo el mes de febrero. Fue una tormenta histórica. El gobernador Castro ha asegurado que fue “la peor lluvia desde 1932″. De todos modos, esta ciudad y otras vecinas sufrieron una tragedia aún mayor hace poco más de una década. Un temporal en 2011 por estas mismas fechas, en plena temporada de lluvias, mató a más de 900 personas en la región.

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Desde el mes de diciembre, Brasil ha sufrido otras tragedias de menor envergadura por lluvias extremas en los Estados de Bahía, São Paulo y Minas Gerais.

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Los presidentes Putin y Bolsonaro, durante su reunión este miércoles en la misma mesa en la que el primero recibió, aunque en una disposición diferente, a Macron y a Scholz.
Los presidentes Putin y Bolsonaro, durante su reunión este miércoles en la misma mesa en la que el primero recibió, aunque en una disposición diferente, a Macron y a Scholz.Mikhail Klimentyev (AP)

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha recibido en Moscú a su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro, veinticuatro horas después de su anuncio de que empieza a retirar tropas de la frontera con Ucrania, pero en su comparecencia conjunta este miércoles han obviado la crisis que ha colocado al mundo al borde de una guerra en Europa. “Somos solidarios con los países que quieren y se empeñan en la paz”, ha dicho Bolsonaro en la única referencia al asunto durante intervención que han terminado con un apretón de manos. Ambos han coincidido en ensalzar sus relaciones comerciales -con los fertilizantes como protagonistas— y se han comprometido a estrechar su colaboración en ámbitos como agricultura, energía nuclear, defensa o medio ambiente.

Bolsonaro ha desoído las presiones de la Administración estadounidense para que cancelara el viaje oficial, que responde a una invitación cursada por Putin a finales de 2021. Con este viaje, el brasileño logra la foto que buscaba con un líder mundial para impulsar en casa su desastrosa imagen internacional. Y Putin, ampliar la lista de mandatarios extranjeros que le visitan en las últimas semanas. Unos, en busca de una salida negociada en Ucrania, otros para darle apoyo político o los terceros, para tratar asuntos bilaterales, como Bolsonaro o el argentino Alberto Fernández.

Los líderes de Rusia y Brasil, a los que les une una agenda conservadora y nacionalista además de su pertenencia al club de los BRICS, se han reunido durante casi dos horas. Primero en torno a una mesita y después en la larguísima mesa en la que Putin recibió a los presidentes Emmanuel Macron y Olaf Scholz, pero este miércoles ha sentado a su invitado en un lugar distinto, lo que ha reducido notablemente la distancia entre ellos. El mensaje era evidente. El latinoamericano aceptó hacerse una prueba PCR en Moscú, a diferencia de los mandatarios de Francia y Alemania. Todo apunta a que Bolsonaro no está vacunado.

El presidente ruso ha destacado que Brasil es su primer socio comercial en América Latina. El Servicio de Aduanas ruso cifra el comercio bilateral en torno a 4.500 millones de dólares antes de la pandemia, nivel prácticamente recuperado en 2021. Supone menos de un 2% de las exportaciones e importaciones rusas. Con las sanciones y la inflación que sufren los alimentos, el granero brasileño supone un apoyo en los supermercados rusos.

Los fertilizantes son parte esencial de la relación económica. Para Brasil y su colosal sector agrícola es crucial garantizar un suministro a precios razonables ahora que la pandemia ha trastocado las cadenas de suministro mundiales.

Brasil es, a ojos rusos, una pieza en su defensa de un mundo multipolar. “Estamos interesados en el papel independiente de América Latina y el Caribe en la arena internacional y vemos un papel central de Brasil en el desarrollo de esa importante región del mundo”, ha declarado el canciller ruso, Serguéi Lavrov, tras la reunión que él y el titular de Defensa han mantenido con sus homólogos brasileños.

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Putin ha anunciado la disposición de la agencia nuclear rusa para construir nuevas centrales en el gigante latinoamericano. Con el gancho de un coste menor, la estatal Rosatom querría exportar a los países en desarrollo la primera estación nuclear del mundo, Akadémik Lomonósov, que estrenó en 2019. También pretende construir en Brasil dos nuevas estaciones rusas de seguimiento de basura espacial.

Antes de reunirse con Putin, el mandatario brasileño, que llegó a la Presidencia con la promesa de combatir el comunismo, empezó su jornada con un homenaje al soldado desconocido de la época soviética. Después, en su parlamento ante su homólogo ruso recordó los valores compartidos: “La defensa de la familia (tradicional) y creer en Dios”. Después ha mencionado dos veces que Brasil es una potencia y la ha colocado en pie de igualdad con Rusia, ha agradecido a su homólogo que defienda la soberanía brasileña de la Amazonia y ha instado a los rusos a invertir en la mayor economía de América Latina.

El agravamiento de la crisis ucrania ha convertido la visita en asunto sensible para Brasil. Pero el cuestionado anuncio de Putin del martes de que iniciaba un repliegue ha aliviado la tensión que rodeaba el encuentro, que coincide con los días en que, según EEUU, Rusia iba a invadir la vecina Ucrania.

Bolsonaro está diplomáticamente muy aislado en Occidente desde que su mejor aliado, Donald Trump, perdió las elecciones. Eso le ha obligado a mirar con mejores ojos a Rusia y a la alianza forjada en el seno de los BRICS, que completan China, India y Sudáfrica.

Este martes circularon por las redes sociales de Brasil vídeos que atribuían, falsamente, al dirigente ultraderechista brasileño el mérito del repliegue anunciado por Rusia. Para el brasileño, impopular dentro y fuera de su patria, es la ocasión de mostrar que Brasil tiene protagonismo internacional y amigos poderosos. Ese es un flanco en el que le aventaja con mucha holgura Luiz Inácio Lula da Silva, con el que se disputará seguramente la presidencia dentro de ocho meses.

La diplomacia brasileña tiene una larga tradición de neutralidad, trastocada por la alianza que Bolsonaro forjó con Trump. El brasileño tardó mucho en reconocer la victoria de Joe Biden y su administración le ve con desconfianza. Y la relación con la Unión Europea es tirante porque su gestión de la Amazonia acelera la destrucción del mayor bosque tropical del mundo.

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Las fortísimas lluvias caídas durante la tarde y noche del martes han causado la muerte de al menos 44 personas, según los bomberos, en la ciudad de Petrópolis, en una región montañosa cercana a la ciudad de Río de Janeiro. Los equipos de rescate buscan una cantidad indeterminada aún de desaparecidos. Hubo más de un centenar de corrimientos de tierras que engulleron viviendas y varios barrios de la ciudad siguen inundados de barro después de que en seis horas hubiera más precipitaciones que las previstas para todo el mes de febrero. Las autoridades se han movilizado para atender a los afectados del episodio trágico más reciente de una temporada de lluvias que ha causado desde diciembre en Brasil inundaciones mortales en Bahía y en São Paulo, además de retrasar la cosecha y paralizar temporalmente la actividad de las empresas mineras.

People react as they look for victims at a mudslide at Morro da Oficina after pouring rains in Petropolis, Brazil February 16, 2022.

Esta no es la primera ni la más grave de las tragedias causadas en esta zona por las lluvias. Hace poco más de 11 años, más de 900 personas murieron en un solo día en varios municipios, incluido Petrópolis, por las brutales precipitaciones.

Petrópolis queda a unos 70 kilómetros de Río, en la región montañosa del interior del Estado. Gracias a su clima fresco, fue la ciudad en la que el emperador Pedro II se refugiaba para huir del calor de Río, entonces capital. Es un lugar muy visitado por turistas, sobre todo locales.

Vídeos grabados por los vecinos que circulan en redes sociales muestran el desprendimiento de una colina que se lleva varias construcciones por delante. Los efectos de la tromba de agua son visibles en casi todos los rincones de la ciudad, según las imágenes difundidas por televisión, que muestran coches amontonados y en posiciones inimaginables si no fuera por la brutal fuerza del agua.

Rescatistas retiran el cuerpo de una víctima del deslizamiento de lodo en Petrópolis, Brasil.
Rescatistas retiran el cuerpo de una víctima del deslizamiento de lodo en Petrópolis, Brasil.Silvia Izquierdo (AP)

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El coronel Leandro Monteiro, jefe de la defensa civil estatal, se ha referido a la difícil situación en declaraciones al diario O Globo: “Los hombres que venían del cuartel de la ciudad de Río solo lograron llegar (a Petrópolis) al final de la noche porque la carretera estaba cortada. Esperamos que más de 200 hombres lleguen a la ciudad en las próximas horas. La mayor dificultad de acceso está en la región de Morro da Oficina. Hay muchos sin techo, desplazados y necesitaremos ayuda”, afirmó.

El alcalde ha decretado el estado de catástrofe, el gobernador se desplazó allí y el presidente Jair Bolsonaro, que está en Rusia de visita oficial, ha movilizado a varios ministros. “Escenas de guerra. ¡Autos colgados de postes! Lo que se vio en la parte alta de la ciudad fue algo impresionante, un volumen de agua nunca visto ”, declaró el gobernador Claudio Castro tras visitar la zona devastada.

Terminada la tormenta y cuando el agua bajó, empezaron a aparecer cadáveres arrastrados desde las zonas más altas hasta el centro de la ciudad.

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Lula da Silva, el pasado enero durante un discurso en el sindicato de los metalúrgicos, en São Bernardo do Campo.
Lula da Silva, el pasado enero durante un discurso en el sindicato de los metalúrgicos, en São Bernardo do Campo.CARLA CARNIEL (REUTERS)

El Partido de los Trabajadores (PT), que al comienzo de siglo fue la máquina electoral mejor aceitada de América Latina, cumple 42 años este jueves con la mirada puesta en desalojar del poder al ultraderechista Jair Bolsonaro. El único líder que ha tenido el PT, el expresidente Lula da Silva, ha aprovechado el aniversario para animar a los militantes de base a echar el resto y movilizarse durante los ocho meses que restan hasta las elecciones presidenciales. Con la resurrección política de Lula y la ventaja con la que lidera desde hace meses las encuestas electorales, el PT pretende recobrar el vigor tras la crisis más profunda de su historia en la que vio a su líder encarcelado y su poder regional cayó a mínimos.

“Es como si yo y el PT estuviéramos resucitando”, ha dicho antes de recalcar que “nada es capaz de destruirnos”. En un discurso que, cosa rara, ha leído, ha recordado los estragos causados por Bolsonaro, las conquistas sociales de los cuatro gobiernos petistas y sus 580 días en prisión. La misión de Lula es, en palabras del PT, reconstruir Brasil para que sea de nuevo un país más justo y más democrático. Con el lema “Brasil tiene solución”, el expresidente ha instado a los militantes mantener la esperanza. El partido espera crear en los próximos meses 5.000 comités populares que reactiven la fuerza callejera desplegada por el PT durante los mandatos de Lula y Dilma Rousseff, de 2004 a 2016.

Lula todavía no ha oficializado su candidatura pero lo que lastra ahora mismo su campaña no es eso, sino la pandemia. Ante la aparición de la ómicron y para cumplir los protocolos de la pandemia, el PT aparcó los planes originales de celebrar el 42 aniversario con una gran fiesta. Tuvo que contentarse con un acto virtual con saludos grabados por dirigentes y militantes pero sin el calor del público. Mientras sus principales adversarios, Bolsonaro y el antiguo juez Sérgio Moro, recorren el país protagonizando actos públicos, Lula participa en incontables entrevistas con emisoras de radio y medios digitales y reuniones con otros políticos, pero no en actos multitudinarios por el momento. El PT considera que la pandemia en Brasil “se ha visto agravada por la gestión criminal de un presidente y un Gobierno negacionistas”, como ha dicho la presidenta de la formación, Gleisi Hoffmann.

El acto virtual del PT, difundido vía YouTube, ha coincidido con el directo semanal que el presidente Bolsonaro hace cada jueves en esa misma red. El mandatario ha presumido de haber finalizado una emblemática obra que inició Lula en el Nordeste, el gran granero de votos de la izquierda. Bolsonaro ha exhibido de nuevo su poderío en el mundo digital al reunir a 17.000 personas en su canal, mientras 1.200 esperaban el discurso de Lula en el del PT. Para el ultraderechista, esta disparidad de audiencia “prueba que los sondeos son una farsa”. “Todo el mundo lo sabe”, ha insistido.

Lula sigue completamente inmerso en las negociaciones para que un antiguo adversario, el centroderechista Geraldo Alckmin, sea su compañero de candidatura como vicepresidente para suavizar las reticencias que suscita en sectores alejados de la izquierda y allane una victoria.

El exmandatario ha reivindicado la figura de Rousseff, convertida en objetivo preferencial de los críticos. El PT no ha podido librarse de la polémica sobre el papel que ocupará la expresidenta en la campaña de Lula en vista de que es acusada de haber agravado la crisis económica en los meses finales de su mandato, antes de ser destituida por el Congreso.

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El PT es casi una anomalía en el panorama político brasileño, donde pertenecer a una u otra sigla es a menudo irrelevante porque las formaciones nacen y mueren a una velocidad asombrosa, suelen tener poca sustancia ideológica y los políticos se mudan con facilidad de unas a otras.

El PT fue creado el 10 de febrero de 1980 en plena dictadura para defender los derechos del pueblo trabajador. Fue presentado en el colegio Sión, una escuela judía de São Paulo, gracias al impulso de una combinación de sindicalistas, movimientos católicos e intelectuales de clase media alta incluidos los padres de Chico Buarque, Sérgio y Amelia Buarque de Hollanda.

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Si no se produce ningún giro inesperado, Luiz Inácio Lula da Silva será el próximo presidente de Brasil. Sin embargo, el paisaje de las elecciones brasileñas de octubre carece del entusiasmo, la energía y la esperanza que movieron, por ejemplo, las recientes elecciones en Chile. Gabriel Boric, un joven líder que representa a las fuerzas emergentes del país, encarna los anhelos de un Chile más inclusivo y conectado con los desafíos de la crisis climática. Ya en Brasil, el objetivo principal es menos poner un nuevo proyecto en el poder y más derrotar el proyecto que ahora está devorando el país desde dentro. Para una parte de la sociedad brasileña, votar a Lula no es tanto una apuesta por un Brasil creador y creativo sino una reducción (significativa) de daños para un pueblo desesperado.

Es una elección fácil para cualquiera que tenga el más mínimo aprecio por la democracia. Por un lado, está Bolsonaro, un hombre perverso que ha contribuido deliberadamente a que murieran más de 600.000 brasileños por covid-19, ha puesto a la Amazonia muy cerca del punto sin retorno y ha destruido parte del marco de derechos. Por el otro, está Lula, que dejó el poder con casi el 90% de aprobación, el ascenso social de 29 millones de personas y políticas públicas decisivas para la inclusión de los negros como ciudadanos. La obviedad de la elección, sin embargo, no elimina el carácter melancólico de unos comicios cuyo objetivo principal es sacar a alguien del poder.

En 2002, cuando fue elegido por primera vez, Lula era la mejor oportunidad que tenía Brasil para dejar de ser el eterno país del futuro y convertirse en el país del presente. Lula era lo nuevo. Hoy, a los 76 años, dos mandatos presidenciales después (y un paso por la cárcel por corrupción tras un proceso judicial en entredicho), Lula ya no puede encarnar lo que encarnó en el pasado. Los numerosos aciertos de Lula en el poder lo convierten en favorito, pero esto no significa olvidar la corrupción de su partido en el Gobierno y los horrores producidos contra la Amazonia y sus pueblos en la construcción de grandes presas hidroeléctricas.

Lula ya no representa una utopía, sino lo que es posible. En un país que hoy gobierna un canalla, lo posible es algo a lo que aspirar. Sin embargo, para recrear un país en ruinas se necesita mucho más. Lula tiene ocho meses para convencer a la parte de la sociedad brasileña que anhela un cambio real de que ha aprendido de sus errores, ha hecho al menos un curso intensivo sobre la crisis climática y será capaz de crear un ministerio con más mujeres, negros y personas LGBTQIA+ que los anteriores. Un buen comienzo para este diálogo sería garantizar, por ejemplo, que no se construirán más hidroeléctricas en la Amazonia. Lula tiene la experiencia suficiente para saber que es posible ser elegido para derrotar un proyecto. Para gobernar, sin embargo, es necesario hacer soñar al pueblo.

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Ciudadanos ayudan este lunes a los bomberos a retirar barro en busca de desaparecidos por las fuertes lluvias en Franco da Rocha, en el Estado de São Paulo.
Ciudadanos ayudan este lunes a los bomberos a retirar barro en busca de desaparecidos por las fuertes lluvias en Franco da Rocha, en el Estado de São Paulo.FILIPE ARAUJO (AFP)

Las abundantes lluvias caídas desde el viernes en el Estado de São Paulo han causado hasta este lunes al menos 24 fallecidos, incluidos ocho niños, y graves estragos en casi una treintena de municipios, según el balance más reciente del Gobierno estatal. Parte de los fallecidos fueron víctimas de deslizamientos de tierras, que en la temporada de lluvias suelen ser letales en zonas peligrosas habitadas de manera irregular a falta de mejores opciones. Las fuertes precipitaciones también han provocado inundaciones, corte de carreteras, desbordamiento de ríos y derivado en el desalojo de más de 1.500 personas en el estado más poblado y rico de Brasil. Ocho personas están desaparecidas, según Defensa Civil.

El gobernador de São Paulo, João Doria, sobrevoló este domingo la zona afectada y anunció una ayuda de emergencia de 15 millones de reales (2,2 millones de dólares).

La temporada anual de lluvias en Brasil comenzó el octubre y desde entonces han causado diversos estragos. A finales de diciembre hubo inundaciones en el Estado de Bahía, en las que murieron 24 personas, y hace un par semanas en Minas Gerais, donde hubo 19 fallecidos, las precipitaciones obligaron a paralizar las actividades de la industria minera y causaron un accidente mortal espectacular al desplomarse una pared de piedra sobre unos turistas en un lago muy frecuentado por sus cañones.

La ciudad de São Paulo, su zona metropolitana (ambas concentran una población que supera los 20 millones de personas) y el interior del Estado permanecen este lunes en alerta con riesgo alto de inundaciones y deslizamientos, según el Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres, citado por Efe.

El temporal también ha afectado a la campaña de vacunación en plena explosión de casos por la variante ómicron. La inmunización para los niños de entre 5 y 11 años comenzó este mes contrarreloj ante la inminencia del inicio del curso.

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El gobernador se quejó de la falta de ayudas del Ejecutivo de Jair Bolsonaro: “El Gobierno federal también es responsable y debe ser solidario, tiene la obligación de brindar apoyo, no solo con declaraciones, sino con recursos y personal”, declaró Doria durante una conferencia de prensa en Franco da Rocha, una de las ciudades más afectadas, informa Folha de S. Paulo. Doria está enfrentado al presidente Bolsonaro desde el inicio de la pandemia, que el primero afronta guiado por la ciencia y centrado en conseguir vacunas primero y después en inmunizar a toda la población para retomar la normalidad.

El Ministerio de Desarrollo Regional le replicó en redes sociales acusando de electoralista al también precandidato a las presidenciales de octubre. “Causan extrañeza las declaraciones del gobernador João Dória, que parece desconocer el carácter técnico del trabajo de este ministerio, que no se guía por la política electoral”.

Los meteorólogos pronostican una primera semana de febrero con lluvias por encima de lo habitual en São Paulo y en dos estados situados al sur, Paraná y Mato Grosso do Sul.

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Anoche, todos los que viven en casa de María Elena da Silva, de 44 años, se acostaron hambrientos, sin cenar nada. Los once. Los nietos, las hijas, el hijo, la nuera, el yerno y la matriarca, una mujer menuda, delgada. Aunque sospecha que está enferma, ha tenido que bajar al río por la mañana a hacer la colada. Tres horas frotando con sus manos huesudas de dedos fuertes. Las ropas multicolores secándose contrastan con la vegetación de este rincón de Pernambuco, en el Brasil más pobre. “Las cosas están muy apretadas, mucho. Lo más difícil es la alimentación”, se lamenta en la sala-cocina de una precaria casita de ladrillo con suelo de tierra en Garanhuns.

Les faltan agua y electricidad mientras sobran las moscas y las penurias. “Solo me queda la ayuda de Dios”, dice resignada esta mujer que vive en un quilombo, las comunidades fundadas por esclavos huidos de los ingenios azucareros. No todos los días su familia se acuesta con el estómago vacío, pero cada vez es más frecuente que se queden sin desayuno, almuerzo o cena.

Ivone Maria Araujo, en la cocina de su casa, en el interior del Estado de Pernambuco. Como sus vecinas cada vez tiene más dificultades para hacer tres comidas al día.
Ivone Maria Araujo, en la cocina de su casa, en el interior del Estado de Pernambuco. Como sus vecinas cada vez tiene más dificultades para hacer tres comidas al día.Brenda Alcântara

El hambre ha vuelto con fuerza al debate político en Brasil. Medir su incidencia es asunto complicado, pero poco le importa a esta mujer. Las privaciones se le multiplican. En el país más desigual del continente más desigual, la pobreza tiene color y género. La mayoría de los que comen menos de lo que deberían son familias encabezadas por negras o mestizas, mujeres solas como las que viven en esta comunidad cuatro horas en coche tierra adentro de la costa pernambucana. En esta región nació Lula da Silva, que hizo de la lucha contra el hambre bandera y prioridad al llegar al poder en 2003.

La señora Silva y los suyos viven en la incertidumbre cotidiana, sin saber qué y cuándo van a comer. A su nuera no le ha subido la leche, así que alimenta a su bebé con leche de vaca. Al primero, que tuvo con 16 años, pudo amamantarlo. Sus vidas penden de un equilibrio frágil. Basta que falle una pieza para que todo se desmorone.

Maria Helena da Silva, que encabeza una familia de once personas que en ocasiones no tienen qué comer, muestra unos peces que acaban de pescar.
Maria Helena da Silva, que encabeza una familia de once personas que en ocasiones no tienen qué comer, muestra unos peces que acaban de pescar. Brenda Alcântara

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Dos encuestas nacionales detectaron en 2021 niveles de inseguridad alimentaria que para sus autores indican el regreso del hambre a Brasil. Para la rede Penssan que investiga la soberanía alimentaria, los hambrientos son el 9%; para el equipo Alimento para la Justicia rondan el 15%. La FAO discrepa. El brazo de la ONU para la alimentación considera que “con los datos disponibles a día de hoy” no se puede afirmar tal cosa y remite a lo que indiquen los que difundirá en julio. Sí constata un empeoramiento a cuenta de la pandemia. El 3,5% de los brasileños sufría en 2018-2020 inseguridad alimentaria grave y un 23,5%, moderada: 57 millones, uno de cada cuatro brasileños.

La señora Silva con uno de sus nietos en la sala cocina de su casa de ladrillo y suelo de tierra, en Garanhuns (Pernambuco).
La señora Silva con uno de sus nietos en la sala cocina de su casa de ladrillo y suelo de tierra, en Garanhuns (Pernambuco).Brenda Alcântara

En estas pequeñas comunidades de descendientes de esclavos sienten que la mejoría que experimentaron desde el inicio de siglo se frenó y viven un retroceso. Y eso les aterra. Atrás quedó la época en que cuatro de cada diez bebés morían o cuando niñas de siete años emigraban a la ciudad para ser niñeras. Niñas cuidando bebés. Nadie da ya a los críos pienso de animal como si fueran galletas, pero muchos siguen como sus antepasados, sin tierras propias para cultivar. Y aún hay familias inmensas, lo que dificulta la subsistencia porque no hay trabajo o la paga es misérrima. El jornal por cultivar para otros es de 50 reales (8 euros, 9 dólares) ; con café y almuerzo incluido, baja a 40.

Una comunidad fundada por esclavos que huían de los ingenios en el municipio de Capoeiras, en el interior de Pernambuco.
Una comunidad fundada por esclavos que huían de los ingenios en el municipio de Capoeiras, en el interior de Pernambuco.Brenda Alcântara

“La pandemia ha agravado un aumento del hambre que ya existía”, sostiene al teléfono el investigador brasileño Marco Teixeira, del equipo Alimento para la Justicia de la Universidad Libre de Berlín y coautor de una de las encuestas mencionadas. “El punto de inflexión fue 2016″, añade.

Es decir, la llegada al poder del centro derecha con el impeachment, que cerró abruptamente la etapa del Partido de los Trabajadores (PT). La pandemia y la larga crisis económica han vaciado los bolsillos de millones de brasileños y llenado las aceras de las ciudades de indigentes. A todo ello, explica, se suma un cambio estructural. La austeridad y el techo de gasto sustituyeron una política que priorizó los programas sociales.

2022.01.27 - HAMBRE  -  Familia 01 - Maria Helena da Silva, 44 anos e seus filhos e netos - El hambre vuelve a estar presente en la vida de los brasileños. Inseguridad alimentaria en comunidades quilombolas, Garanhuns - PE

Todo eso, que se decide muy lejos de estas comunidades rurales, se ha traducido en carencias concretas, como explica Adriana do Nascimento Silva, de la Federación de Sindicatos de los Trabajadores Rurales y Agricultores Familiares de Pernambuco. Enumera programas que fueron eliminados o jibarizados en a partir de 2016: el que construyó cisternas para almacenar agua de lluvia; el que compraba productos agrícolas para repartir entre agricultores necesitados, los desayunos y meriendas escolares, el que repartía carne de carnero cada tres meses… La llegada de Jair Bolsonaro al poder ha agravado el desmantelamiento iniciado por Michel Temer. Los lugareños veneran a Lula, que a los siete años emigró de Pernambuco con su madre y siete hermanos, como antes y después hicieron infinidad de sus paisanos.

Maria Helena da Silva, ante la fresquera de su casa, donde viven 11 personas sin electricidad ni agua.
Maria Helena da Silva, ante la fresquera de su casa, donde viven 11 personas sin electricidad ni agua. Brenda Alcântara

Las escuelas y la atención médica básica han sobrevivido a la escabechina. Cuentan las hermanas Araujo que la carne de vaca es, en estos tiempos de inflación y pobreza desbocada, algo excepcional. Si compran carne, cosa rara, suele ser pollo. Si no, huevos o sardinas como las que van a comer con pasta este mediodía. Por lo demás, dieta escasa y monótona: arroz, feijão (frijoles), mandioca… alimentos típicos en este país donde el monocultivo histórico abocó a la población a una alimentación deficiente. En Garanhuns, los fazendeiros compran las pequeñas parcelas de quien emigra para extender el monocultivo.

Como muchas mujeres por aquí, Yvone Araujo, de 32, estará eternamente agradecida por haber recibido una casa de verdad con dos cuartos, cocina, retrete y suelo de baldosa. La tiene decorada con colores vivos, plantas y mucho mimo. Con el marido y un hijo enfermos, vive en la preocupación perenne.

En el grupo de WhatsApp de la asociación de vecinos del quilombo Caluete, en Garanhuns, las peticiones de ayuda se multiplican. Quien puede dona, insiste la presidenta, doña Flor, de 62 años. Es común que los hambrientos sientan vergüenza de contar sus miserias a sus vecinos, a una periodista o a un encuestador. Pero un detalle ayuda a entender las carencias de la familia de once que encabeza la señora Silva. Cuando se le pregunta cómo celebran las ocasiones importantes, esta madre de ocho hijos abre bien los ojos y replica: “¿Los cumpleaños? Ah, compramos Guaraná”, un refresco.

Doña Flor, la presidenta de la asociación de vecinos del quilombo de Caluete, en Garanhuns.
Doña Flor, la presidenta de la asociación de vecinos del quilombo de Caluete, en Garanhuns.Brenda Alcântara

Su situación familiar sufrió un golpe cuando el único hijo con trabajo enfermó de tuberculosis. Gracias a la solidaridad vecinal consiguió la alimentación especial que requería. Pero, luego, el chaval se rompió la pierna. No hay jornal para alguien con muletas. Los 452 reales mensuales de ayuda gubernamental contra la pobreza no bastan para todos. La familia comerá este mediodía unos despojos de pollo, pero será gracias a la pensión que cobra la madre de la señora Silva. En su alacena, una bolsa de sal y dos de pasta para cuzcuz, desayuno típico en estas tierras. El aumento de los hambrientos es un drama. Y una paradoja lacerante en un país cuya primera exportación es soja para alimentar pollos y vacas.

Los tiempos más oscuros han dejado rastro. “Tengo 13 hijos, 13 hijos vivos”, aclara José Fernández da Silva, de 58 años, cuando sus vecinos de un remoto quilombo en Capoeira le apuntan como el que tiene la mayor familia entre los presentes. Con ademán tímido, cuenta que es analfabeto, que trabajar desde crío le impidió ir a la escuela. El señor da Silva, que tiene 23 nietos, enviudó cuando a su esposa le picó una cobra. Tras relatar esas calamidades, asoma un brillo en sus ojos, un punto de orgullo, y dice: “Los 13 saben leer”. Estas gentes sencillas quieren eso y mucho más para sus hijos y sus nietos.

Un detalle de una cocina de las comunidades rurales del interior de Pernambuco, donde la inseguridad alimentaria causa estragos.
Un detalle de una cocina de las comunidades rurales del interior de Pernambuco, donde la inseguridad alimentaria causa estragos.Brenda Alcântara

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