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El 15 de marzo, los primeros ministros de Polonia, República Checa y Eslovenia, Mateusz Morawiecki, Petr Fiala y Janez Jansa, junto con líder del partido ultraconservador polaco Ley y Justicia (PiS), Jaroslaw Kaczynski, viajaron a Kiev en tren en plena escalada bélica para demostrar su solidaridad con Ucrania ante la agresión rusa. Mientras, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, reivindicaba en Budapest, en el acto central de su campaña electoral, que su país debía mantenerse al margen de la guerra para proteger sus intereses y no mencionaba una sola vez al que ha sido su aliado, el presidente ruso, Vladímir Putin.

La imagen refleja la grieta que la invasión rusa de Ucrania ha abierto en el eje polaco-húngaro tras años haciendo piña ante Bruselas en un pulso a cuenta del Estado de derecho y la independencia judicial. Unidos por su deriva autoritaria e iliberal y por un discurso nacionalista de defensa de los valores tradicionales, los dos países tienen expedientes abiertos sobre la base del artículo 7 del Tratado de la UE, que permite suspender el derecho de voto al país que viole los valores fundamentales de la Unión.

“¿Polonia? El mejor país de Europa”, decía el pasado octubre Orbán en la cumbre de la UE sobre la posibilidad de que su socio fuese sancionado por la controvertida decisión de su Tribunal Constitucional, que colocaba al país al borde de la ruptura legal con la UE. Medio año más tarde, mientras Varsovia abandera la línea dura contra Moscú y realza su estatus internacional por su papel en la acogida de refugiados ucranios, Budapest se ha quedado sola en la UE por su tibia posición ante la guerra en Ucrania.

Refugiados ucranios hacen cola en el puesto fronterizo de Medyka, entre Polonia y Ucrania, el pasado día 25.
Refugiados ucranios hacen cola en el puesto fronterizo de Medyka, entre Polonia y Ucrania, el pasado día 25.Albert Garcia (EL PAÍS)

El signo más visible del divorcio (o separación temporal) ha sido la decisión de Polonia y de la República Checa de cancelar su participación en una reunión de ministros de Defensa en Budapest del Grupo de Visegrado, —un foro también llamado V4 en el que estos tres países y Eslovaquia cooperan en el marco de la Unión Europea—. El titular de Defensa polaco, Mariusz Błaszczak, renunció a acudir por “la actitud pro Putin de Orbán”, según una fuente del Gobierno polaco citada por el diario Rzeczpospolita. La primera en anunciar su ausencia, la ministra checa del ramo, Jana Cernochova, fue más dura en Twitter: “Siempre he apoyado el V4 y lamento mucho que el petróleo ruso barato sea más importante para los políticos húngaros que la sangre ucrania”. En la reunión, que hasta su cancelación estaba prevista para este miércoles y jueves, se iba a abordar la postura de Budapest ante la invasión rusa.

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Hungría ha preferido además a la organización ultraconservadora polaca Ordo Iuris para liderar una misión de observadores de las elecciones que celebra este domingo, las más reñidas desde que Orbán llegó por segunda vez al poder en 2010. Zoltan Kovács, secretario de Estado de Comunicación y Relaciones Internacionales, tuiteó el pasado domingo que el motivo es la “creciente preocupación sobre la imparcialidad” de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), que también observará el domingo la limpieza de los comicios. Polonia y su ministro de Exteriores, Zbigniew Rau ocupa la presidencia de este organismo en estos momentos.

El distanciamiento de Polonia, la sexta economía europea, puede debilitar la posición de Budapest en Bruselas, pero Kovács no teme ningún tipo de aislamiento: “La posición nacional húngara nunca podrá quedar aislada, porque no actuamos según las expectativas de otros, sino de acuerdo a las de los ciudadanos húngaros”. La apuesta parece funcionar: a Orbán no le han afectado sus vínculos con Moscú, y llega a los comicios del domingo con una ligera ventaja sobre la lista unida de la oposición, una diferencia similar a la que venían reflejando las encuestas desde hace año y medio.

Línea roja

Orbán ha condenado la agresión rusa y se ha unido a las primeras rondas de sanciones europeas, pero ha puesto como línea roja las importaciones de gas y petróleo ruso por su alta dependencia energética (el 65% del petróleo y el 85% del gas en Hungría proceden de Rusia). El Gobierno ultraconservador de Budapest también aprobó que se reforzase la presencia militar de la OTAN en el oeste del país, pero rechazó enviar armas a Ucrania o que los envíos de otros países cruzasen su territorio. Todo, dice el líder de Fidesz, para preservar la paz y la seguridad, y mantener a raya los precios de la energía.

Frente a la posición de Orbán, Polonia no solo envía armas a Ucrania, sino que sirve de plataforma para el transporte de los equipos que mandan otros Estados. Depende también de la energía rusa, pero está dispuesta a buscar alternativas para cortar esas amarras. Quiere dejar de importar carbón de Rusia ya el próximo mayo y petróleo antes de que acabe el año, según anunció este miércoles el primer ministro, Morawiecki. Y donde el Gobierno húngaro se adelanta y dice, aunque nadie se lo ha pedido, que no enviará soldados, el polaco propone enviar una misión de paz de la OTAN a Ucrania, país del que tanto Hungría como Polonia son vecinos.

“Si me pregunta si estoy contento, le diré que no, pero voy a esperar a las elecciones. Veremos después”, dijo el líder polaco del PiS, Kaczynski, al ser preguntado en la radio pública polaca sobre la posición de Orbán ante la guerra en Ucrania. El presidente del país, Andrzej Duda, afirmó el pasado sábado en televisión que le resultaba “difícil de entender” la postura de Budapest frente a “la muerte de miles de personas”, aunque matizó que el primer ministro húngaro se halla en una “situación difícil” por ser “casi totalmente dependiente de Rusia”. El viceministro de Exteriores, Marcin Przydacz, calificó directamente la postura de Hungría de “errónea” guiada por el “cortoplacismo” electoral.

“Con todo el respeto, aceptamos la opinión de otros, pero en asuntos como la energía, las armas y los soldados, no podemos transigir, porque iría contra el interés nacional de Hungría”, respondió a este periódico el pasado lunes Kovács sobre las declaraciones de Kaczynski y Duda. “Entendemos la posición polaca y ellos deberían entender la húngara”, añadió el además portavoz internacional del Gobierno de Orbán, que incidió en que la postura de los Estados frente a la guerra en Ucrania “no es una cuestión de emociones, sino de intereses nacionales y perspectiva nacional”. “Hay muchas emociones ahí fuera y palabras muy fuertes, pero las decisiones se deben tomar con la cabeza fría”, afirmó, y mostró su confianza en la fortaleza de una relación entre los dos países que tiene siglos de historia común. “Está claro que, incluso antes, no estamos de acuerdo en todo siempre, y no es un problema”, concluyó.

La cuestión es que los desacuerdos y las distintas experiencias históricas que existían en Varsovia y Budapest sobre Rusia han cobrado una dimensión completamente distinta con la guerra en Ucrania. “Siempre ha habido un enfoque distinto, pero no importaba tanto”, apunta por teléfono Aleks Szczerbiak, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Sussex y especialista en política polaca contemporánea. “Ahora, la guerra ha eclipsado todo lo demás. A corto plazo, todo se ve a través de ese prisma. A largo plazo, cuando acaben los combates, veo muy probable que esa alianza resurja, porque las fuentes de desacuerdo con el mainstream liberal en la UE no han desaparecido. Simplemente, han dejado de ser la prioridad”, agrega.

Hace unos meses habría sido impensable que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, eligiese el Castillo Real de Varsovia para lanzar un discurso tan importante como el del pasado sábado. Biden había criticado en el pasado al Gobierno ultranacionalista polaco, que apostaba en 2020 por la reelección de Donald Trump y tardó semanas en reconocer la victoria del candidato demócrata.

La cuestión ahora es si Varsovia volverá a las andadas cuando callen las armas u optará por aprovechar el capital político que ha ganado en esta crisis para soltar lastre con Hungría y mejorar sus relaciones con el resto de la UE. En palabras de Szczerbiak, está por ver si el conflicto bélico va a “reformatear [las alianzas] o solo las está reordenando temporalmente”.

Joe Biden, durante su discurso en el Castillo Real de Varsovia, el pasado sábado.
Joe Biden, durante su discurso en el Castillo Real de Varsovia, el pasado sábado. Slawomir Kaminski (REUTERS)

István Kiss, director del Instituto Danubio, un centro de estudios financiado por el Gobierno húngaro, descarta que la relación histórica entre Polonia y Hungría pueda estar en un punto de ruptura y considera que los comentarios de los dirigentes en Varsovia “están dirigidos sobre todo a la población polaca”.

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se ha reunido este sábado en Varsovia con los ministros de Exteriores y de Defensa de Ucrania, Dmitro Kuleba y Oleksii Réznikov, respectivamente, en un encuentro que no figuraba en el programa difundido por la Casa Blanca. Más que una reunión al uso, se ha sumado a los últimos 40 minutos (según la Casa Blanca) de la hora y media que ha durado el encuentro que los dos ministros ucranios mantenían con los secretarios de Estado y Defensa de EE UU, Antony Blinken y Lloyd Austin, que le acompañan.

Tras la reunión, la Casa Blanca ha emitido un comunicado en el que asegura que Biden habló con los dos ministros ucranios sobre “los futuros esfuerzos para ayudar a Ucrania a defender su territorio”, sin especificar medidas concretas. En otra nota, el Departamento de Estado señala que Blinken y Austin “prometieron continuar su apoyo para el cumplimiento de las necesidades humanitarias, de seguridad y económicas” de Ucrania.

A un lado de la mesa estaba la representación estadounidense y al otro, la ucrania. Los periodistas han podido escuchar cómo Kuleba le contaba al presidente de EE UU que había podido descansar en el tren de Kiev a Varsovia porque ha aprendido a “dormir en cualquier circunstancia” desde que empezó la guerra. Biden le respondió que él también podía dormirse en los trenes, porque cuando era senador los usaba a diario para trasladarse entre Washington y el Estado en el que residía, Delaware.

Biden se ha entrevistado posteriormente con el presidente polaco, Andrzej Duda, al que ha reafirmado el “compromiso sagrado” de Washington con el Artículo Quinto de la OTAN, el que obliga a socorrer a un Estado miembro si es atacado. Ambos países pertenecen a la Alianza Atlántica.

Biden también tiene previsto reunirse con refugiados ucranios en el estadio de fútbol PGE Narodowy, que ha sido reconvertido en centro de ayuda a quienes abandonan el país. Polonia ha recibido 2,2 millones de los 3,7 millones de refugiados ucranios, según los últimos datos de la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, actualizados este viernes. También conocerá a organizaciones que participan en la respuesta humanitaria.

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A las 18.00, dará en el patio del Palacio Real de Varsovia un discurso que su asesor de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, ha definido como “importante”. Tratará de “los esfuerzos unidos del mundo libre para apoyar al pueblo de Ucrania, hacer responsable a Rusia de su brutal guerra y defender un futuro enraizado en principios democráticos”, según el programa de la Casa Blanca. Réznikov ha anunciado en su cuenta de Twitter que tanto él como Kuleba estarán allí presentes.

El viernes, tras aterrizar en la ciudad polaca de Rzeszów, a unos 80 kilómetros de Ucrania, se reunió con los soldados de la 82 División Militar Aerotransportada de las Fuerzas Armadas estadounidenses, desplazada para reforzar el flanco oriental de la OTAN, y les dedicó unas breves palabras que anticipan las bases de su discurso de este sábado. “Estáis en medio de una lucha entre democracias y oligarcas”, dijo. “Lo que está en juego ―y no solo en lo que estamos haciendo aquí para tratar de ayudar el pueblo ucranio y evitar que continúe la masacre―, sino más allá, lo que está en juego es: ¿a qué se va a parecer la libertad de vuestros hijos y nietos? Estáis involucrados en mucho más que simplemente si podéis aliviar el dolor y sufrimiento del pueblo de Ucrania”. En su anterior escala, en Bruselas, participó en tres cumbres, de la OTAN, el G-7 y la UE.

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Que un presidente de Estados Unidos viaje a Polonia no es extraordinario. George W. Bush y Barack Obama, por ejemplo, lo hicieron tres veces durante sus mandatos. Pero la visita que Joe Biden ha comenzado este viernes, al aterrizar al mediodía en la ciudad de Rzeszów, cerca de la frontera con Ucrania, se vive en el país como particularmente histórica por el momento en el que se produce. El asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan, ya ha adelantado a los medios en el avión presidencial que el discurso que Biden dará el sábado en el Palacio Real de Varsovia será “importante”. Y el diario polaco Rzeczpospolita lo compara ya al que pronunció John Fitzgerald Kennedy en Berlín Occidental en 1963 ―dos años después de la apresurada construcción del Muro de Berlín― y en el que pronunció la emblemática frase “Ich bin ein Berliner” (soy berlinés).

Polonia, principal vía de entrada de los refugiados ucranios (2,2 millones de los 3,7 millones) y pieza clave del despliegue de la OTAN en su frontera oriental, es el único país que ha elegido visitar Biden en esta gira europea. A su anterior etapa, Bruselas, fue por una triple cumbre de la OTAN, el G-7 y la UE, lo que muestra cómo el mes de guerra en la vecina Ucrania ha reubicado a Varsovia en el tablero global tras años de polémicas en torno al Estado de derecho y a que el partido en el poder, el ultraconservador Ley y Justicia (PiS), no ocultaba su sintonía con Donald Trump.

Biden no ha sido recibido en Rzeszów por el presidente de Polonia, Andrzej Duda, como estaba previsto, porque el avión que lo transportaba se ha visto forzado a aterrizar de emergencia por un problema técnico. Le ha dado la bienvenida en su lugar el ministro de Defensa, Mariusz Blaszczak. Duda se dispone a unirse a ellos en otro aparato.

El presidente de Estados Unidos ha sido informado sobre la acogida de los refugiados y ha visitado (y compartido pizza) con miembros de la 82 División Militar Aerotransportada de las Fuerzas Armadas de su país. Han sido desplazados para reforzar el flanco oriental, al que la OTAN aprobó este jueves enviar cuatro nuevos batallones multinacionales. En Polonia están alrededor de 10.000 de los 100.000 militares que Washington mantiene desplegados en Europa con motivo de la crisis. Rzeszów se ha convertido estas semanas en centro logístico tanto para los refugiados como para el material militar y humanitario.

Biden tiene previsto llegar a las 18.40 a Varsovia, por cuyas calles se ven pasar de vez en cuando coches de policía en grupo. La policía ha pedido a la población que evite acercarse al centro en coche.

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El sábado, también en la capital, se reunirá con Duda, visitará un centro de refugiados y ―antes de regresar a Washington― dará el citado discurso. “Hablará de lo que está en juego en este momento, la urgencia del desafío que tenemos por delante […] y por qué es importante que el mundo libre se mantenga unido ante la agresión rusa”, señaló Sullivan. En otro acto simbólico, el presidente Duda ha recibido antes a Svetlana Tijanóvskaya, la principal líder de la oposición bielorrusa, refugiada en Lituania desde justo después de las elecciones fraudulentas de 2020 en su país.

Mano dura

Polonia aprovechará la visita para pedir más mano dura con Moscú. El pasado miércoles anunció la expulsión de 45 diplomáticos rusos (la mitad de la Embajada) por sospechas de espionaje y abandera a los partidarios de dejar ya de comprar hidrocarburos a Rusia. Biden se comprometió este jueves en Bruselas a aumentar un 68% sus envíos a la UE de gas natural licuado, para acelerar el cierre del grifo ruso, si bien el total apenas cubre un 10% de las importaciones de gas natural desde Rusia.

Además, el primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, y su vice primer ministro y líder del PiS, Jaroslaw Kaczynski, fueron dos de los cuatro dirigentes de países de la UE que viajaron en tren a Kiev para trasladar un mensaje de solidaridad al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, en una iniciativa de la que se distanció Bruselas. En ese viaje, Kaczynski planteó establecer una fuerza de paz de la OTAN en Ucrania, una idea que Moscú considera “muy peligrosa”.

La sensación de punto de inflexión recuerda a otro viaje a Polonia de un presidente de Estados Unidos, simbólico aunque menos icónico que el de Kennedy a Berlín Occidental. Fue el que hizo George Bush a Varsovia y Gdansk en julio de 1989, un mes después de las primeras elecciones libres tras décadas de dictadura comunista en la órbita soviética.

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Cuando la madrugada del 24 de febrero impactaron los primeros misiles rusos sobre territorio ucranio, María R. Sahuquillo, corresponsal de EL PAÍS en la zona, llevaba un mes en Ucrania siendo testigo de la escalada política y militar de un conflicto que se remonta a 2014. De inmediato, este periódico envió a un equipo de reporteros a la región, que ha ido relatando momento a momento la realidad de una tragedia que tiene al mundo en vilo. Los periodistas de EL PAÍS desplazados a la zona cuentan el drama humano en las ciudades bombardeadas y en las fronteras que cruzan estos días oleadas de refugiados.

Vlod sostiene a Emma mientras su madre, Julia, intenta localizar a su marido en la huida en Irpin (Ucrania).

Su primera guerra. Su primer bebé. Todo a la vez. La evacuación de civiles de Irpin, una localidad del extrarradio de Kiev, unió durante unos minutos a la recién nacida y al joven soldado.

Una anciana cruza el río con ayuda, mientras los civiles huyen de Irpin, el 8 de marzo.

Me encontré a Natalia Skivina entre los cascotes, el polvo denso y la destrucción de los edificios de la plaza central de Járkov. Un humo pegajoso lo envolvía todo y ella caminaba rápido con dos compañeros por una zona objetivo de los ataques rusos.

Eugene Bereznitsky, galerista que ha tenido que huir de Kiev, donde trabajaba, retratado en Lviv.

Hay muchas señales que indican que un país se halla en guerra: una de ellas son los cajeros automáticos. Cuando dos de cada tres oficinas bancarias no tienen billetes para expedir, quiere decir que la población tiene urgencia por llevar consigo dinero en metálico. La incertidumbre se paga en efectivo.

Ilona Moskaliuk, de 45 años, y a su hija Bianca Chorba, de 17 en Tudora, en la frontera sur de Moldavia con Ucrania.

Es imposible no pensar que tú podrías ser una de ellas. ¿Qué harías? ¿Cómo te sentirías? He conocido en estos días un trocito de las historias de las ucranias que han dejado su hogar huyendo de la barbarie de la guerra.

Refugiados ucranios cruzan las vías del tren en Zahony, Hungría.

Los periodistas solemos hablar sobre las personas: sus palabras, sus gestos, sus silencios. A veces, sin embargo, los objetos cuentan muchas cosas. Lo hacen los peluches a los que se aferran los niños para un viaje que ni entienden demasiado ni saben cuánto durará.

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Polonia ha dado este miércoles un paso más en la línea dura contra Moscú que abandera, al anunciar la expulsión de 45 diplomáticos rusos ―en torno a la mitad del personal de la Embajada en Varsovia― por sospechas de espionaje. Los 45 tienen “distintos estatus diplomáticos” y un máximo de cinco días para abandonar el país, salvo uno, que solo goza de 48 horas, ha señalado el portavoz de Exteriores, Lukasz Jasin, en una rueda de prensa en el Ministerio. El anuncio se produce la víspera de que se cumpla un mes de guerra en Ucrania y horas antes de que aterrice en Europa el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, que visitará Polonia tras participar en tres cumbres internacionales en Bruselas. Pawel Jablonski, vicesecretario de Estado de Exteriores polaco, ha precisado a este periódico que la expulsión es “una decisión preparada antes y coordinada con otros países”.

Jasin ha señalado dos motivos para la fulminante expulsión: que “cometieron actividades contrarias a la ley polaca” y que “vulneraron las normas de la Convención de Viena”, el texto de 1961 que regula las relaciones e inmunidad diplomáticas. Poco antes de que se hiciera pública la orden, el portavoz de los servicios especiales, Stanislaw Zaryn, había anunciado que la agencia de seguridad interior había identificado a 45 personas que trabajaban como espías para Moscú o estaban relacionadas con esos miembros de los servicios secretos.

“Rusia es nuestro vecino, no va a desaparecer del mapa de Europa, pero la agresión a Ucrania prueba que es un Estado inamistoso, e incluso hostil, con Polonia”, ha agregado el portavoz. Jasin ha señalado que en cualquier caso la representación diplomática rusa no era “acorde” con el estado actual de las relaciones bilaterales entre Polonia y Rusia, históricamente complejas y marcadas por una desconfianza que se ha acrecentado tras la invasión de la vecina Ucrania.

También ha señalado Jasin en su comparecencia que las “actividades ilegales de estos diplomáticos pueden representar una amenaza” para los refugiados ucranios. Desde el inicio de la guerra han llegado a Polonia 2,1 millones de personas procedentes de Ucrania —de los 3,6 millones que han huido a los países vecinos en el éxodo de refugiados más rápido en Europa desde el fin de la II Guerra Mundial—, según los últimos datos de la agencia de refugiados de la ONU, Acnur, del pasado martes. Se calcula que unos 1,8 millones de esos refugiados permanecen en territorio polaco.

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El embajador ruso en Varsovia, Sergey Andreev, fue convocado por el Ministerio de Asuntos Exteriores polaco y aseguró a las puertas de la sede que las acusaciones contra los 45 diplomáticos carecen de base. Aclaró que se marcharán en el plazo establecido porque es una “decisión soberana” a la que “tiene derecho” Polonia, pero advirtió de que su país también tiene derecho a tomar decisiones, sin especificar cuáles adoptará.

Los países bálticos y Bulgaria han tomado medidas similares desde que comenzó la guerra, pero Polonia es el país más importante de la zona y uno de los que más aprietan para que la OTAN y la UE endurezcan su postura hacia Moscú.

Por una parte, cara a la reunión de los Vientisiete de este viernes, Varsovia propone dejar ya de comprar hidrocarburos a Rusia, un paso sobre el que no existe consenso en la UE. Además, en la reunión de la OTAN va a proponer formalmente enviar una misión de paz a Ucrania. Esta idea cuenta con muy pocos amigos por el rechazo de la Alianza a desplegar militares en un Estado que no pertenece a la organización a fin de defenderlo de una potencia nuclear.

Varsovia lanzó esta propuesta a la OTAN por primera vez el pasado día 15 de forma un poco sui generis: no de boca del primer ministro, Mateusz Morawiecki, sino del vice primer ministro y líder del partido ultraconservador Ley y Justicia (PiS), Jaroslaw Kaczynski. Fue durante el viaje sorpresa en tren a Kiev que hicieron los dos con los jefes de Gobierno de República Checa, Petr Fiala; y Eslovenia, Janez Jansa; en una iniciativa de la que se distanció Bruselas. “Creo que es necesario tener una misión de paz. De la OTAN, posiblemente una estructura internacional más amplia, pero una misión que sea capaz de defenderse y que opere en territorio ucranio”, dijo Kaczynski en la rueda de prensa posterior a su reunión con el presidente ucranio, Volodímir Zelenski.

Este miércoles, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, fue preguntado al respecto y respondió que sería “una decisión muy temeraria y extremadamente peligrosa”. Todo contacto entre fuerzas rusas y de la OTAN “podría tener claras consecuencias que serían difíciles de reparar”, agregó. La Alianza mantendrá este jueves una reunión de emergencia en Bruselas en la que estará Biden. También asistirá allí a las del G7 y la UE, de las que saldrá una nueva ronda de sanciones contra Rusia. El presidente de Estados Unidos volará un día más tarde a Polonia, en un claro gesto de apoyo a un país que teme ser la próxima víctima de Rusia, pese a pertenecer la OTAN. El artículo quinto de la Alianza obliga a los países que forman parte de la organización a acudir en defensa de cualquiera de sus miembros si es agredido. El sábado, Biden se reunirá en Varsovia con el presidente de Polonia, Andrzej Duda.

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La guerra en Ucrania ha provocado que, al menos, tres millones y medio de personas hayan salido del país desde que Rusia inició su invasión el pasado 24 de febrero, según cifras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Más de la mitad de los que huyen se dirigen a Polonia, uno de los múltiples países fronterizos a los que están intentando llegar. Según la ONU, cientos de miles han cruzado a Moldavia, Rumanía, Hungría y Eslovaquia. En concreto, Polonia ha acogido a más de dos millones de asilados y ha establecido ocho centros de recogida habilitados a lo largo de la frontera con Ucrania. En segundo lugar está Rumanía, que también ha habilitado varios centros de acogida en centros públicos desde el inicio de la guerra y ha acogido a más de medio millón de refugiados. Hungría ha hecho lo propio con poco más de 317.000. Moldavia y Eslovaquia han acogido a 368.000 y 253.000 personas, respectivamente. Además, casi un cuarto de millón de las mujeres y niños que han conseguido alejarse de la guerra lo han hecho emigrando a Rusia.

Sin embargo, los desplazados internos —que han escapado de sus hogares, pero continúan dentro del país— superan los seis millones y medio. El máximo responsable del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados, Filippo Grandi, ha manifestado su preocupación por la rapidez con la que la población civil están huyendo de su país. “Entre las responsabilidades de los que conducen la guerra, en cualquier parte del mundo, está el sufrimiento que se causa a los civiles a los que se obliga a escapar”, afirmó Grandi este domingo al comunicar que la cifra de refugiados había alcanzado los diez millones. El Alto Comisionado también aseguró que no se había producido una ola tan rápida de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, cuando entre 11 y 20 millones de personas tuvieron que marcharse de sus hogares por el conflicto.



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El Ejército ruso ha lanzado varios misiles sobre el aeropuerto de la ciudad de Lviv sin causar víctimas mortales, han denunciado este viernes por la mañana las autoridades locales. Es el primer bombardeo que tiene lugar en la principal urbe del oeste de Ucrania desde que comenzó la guerra hace 23 días y el primer objetivo no militar. La región de Lviv sí había sido objeto de los misiles rusos en los últimos días. El pasado domingo al menos 35 personas murieron en el ataque a una base militar en Yavoriv, a unos 40 kilómetros de Lviv, y el viernes de la semana pasada otras seis personas perdieron la vida en el bombardeo de una base aérea de Lutsk, a 87 kilómetros de Polonia.

Por el momento, no se han registrado víctimas mortales, pero sí una persona herida, ha informado el responsable de la administración regional militar de Lviv, Maksym Kozytsky. Según él, los rusos han lanzado varios misiles desde el mar Negro y el Ejército ucranio ha conseguido interceptar varios, pero no los cuatro que han logrado dar en su objetivo, las instalaciones en las que se reparan los aviones. Parte de esa planta, cuya actividad se había interrumpido previamente, ha quedado “destruida”, ha comentado el alcalde de la ciudad, Andriy Sadovy.

Esta localidad es el principal lugar de paso por el que unos tres millones de personas han escapado de la guerra como refugiados hacia otros países. “Este ataque confirma que [los rusos] no están en guerra con el Ejército ucranio, están en guerra con el pueblo, las mujeres, los niños, los refugiados. No hay nada sagrado para ellos”, ha añadido Maksym Kozytsky, que lo ha considerado “un golpe” a un “refugio humanitario”.

Apenas había amanecido cuando varias explosiones retumbaron en Lviv, con 700.000 habitantes y situada a unos 70 kilómetros de la frontera con Polonia. Mientras, sonaban las alarmas que advierten a la población del peligro ante la posibilidad de un ataque aéreo y les pide que se pongan a cubierto o se trasladen a los refugios. Pronto una columna de humo negro se alzó sobre la zona del aeropuerto, una zona especialmente sensible para las comunicaciones y sobre la que las autoridades habían mostrado ya su preocupación. Varios vecinos que residen en la zona atacada confirmaron que escucharon tres detonaciones en torno a las seis de la mañana.

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“Ha habido explosiones en la zona del aeropuerto, cerca de la fábrica de reparación de aviones y nos hemos asustado mucho”, comenta Irina en la puerta de su casa, cerca del lugar del ataque, en presencia de su hijo. “No estaba dormida. Me asusté mucho porque fue una explosión muy fuerte. A los vecinos les han salido volando las ventanas y nosotros estábamos todos tumbados en el suelo”.

Algunos curiosos se agolpaban en el apeadero y la terminal de carga de trenes que hay próxima al aeropuerto, en una zona tomada por militares que impedían acercarse más y por la que circulaban ambulancias y camiones de bomberos. Los cristales de las ventanas de la estación se han roto por la onda expansiva. Desde un puente, se observaba la pista del aeródromo, que aparentemente no sufrió daños. Varios vehículos de emergencias se hallaban dentro de las instalaciones, mientras vehículos policiales y militares custodiaban el exterior.

Nuevos ataques en Járkov

Los servicios de emergencia de Járkov, la segunda localidad ucrania por población con 1,5 millones de habitantes, han confirmado este viernes la muerte de una persona y que otras 11 han resultado heridas en el bombardeo de un edificio de la ciudad, de mayoría de habla rusa. Las tropas de Vladímir Putin acechan desde hace semanas Járkov, objetivo prioritario en la diana de Moscú, que busca capturar la urbe para hacerse con el control del este de Ucrania y facilitar una tenaza a la región del Donbás, donde están las repúblicas prorrusas de Donetsk y Lugansk.

En la capital de Ucrania, Kiev, un misil ruso ha impactado contra un bloque de viviendas en el norte de la ciudad y ha provocado una víctima mortal y cuatro personas heridas. El Servicio de Emergencia de Ucrania ha informado de que 12 personas han sido rescatadas y otras 98 han sido evacuadas de este edificio de cinco plantas.

En los nuevos bombardeos nocturnos llevados a cabo por el Ejército ruso en las localidades de Severodonetsk y Rubizhne, en la región de Lugansk, en la parte oriental de Ucrania, al menos dos personas han muerto y seis han resultado heridas. Los ataques han afectado a más de una veintena de edificaciones en esas poblaciones y han destruido importantes infraestructuras, según la jefatura de la administración regional de Lugansk, ha informado la agencia Interfax-Ukraine.

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Japón aprueba nuevas sanciones a altos cargos de Defensa y empresas de Rusia

El Gobierno japonés ha anunciado este viernes sanciones adicionales sobre Rusia por la invasión a Ucrania, que conllevan el bloqueo de activos de 15 ciudadanos rusos más, principalmente altos cargos de Defensa, y de nueve corporaciones de la industria militar, naval y aeroespacial. «Seguiremos tomando las medidas adecuadas en colaboración con los países del G7 y la comunidad internacional según evolucione la situación», ha afirmado el portavoz gubernamental, Hirokazu Matsuno, en rueda de prensa al término de una reunión del Ejecutivo donde se aprobaron las nuevas sanciones.

Entre los 15 ciudadanos rusos sancionados figuran altos cargos del Ministerio de Defensa de Rusia, como Aleksey Krivoruchko, Timur Ivanov, Yunus-Bek Evkurov, Dmitry Bulgakov, Yuri Sadovenko y Nikolay Pankov, entre otros; así como la directora del Departamento de Prensa e Información del Ministerio de Asuntos Exteriores, Maria Zakharova. También han sido sancionados el director del Servicio Federal ruso para la Cooperación Técnica Militar, Dmitry Shugaev; el director general de la agencia Rosoboronexport, Alexander Mikheev; y Andre Skoch, miembro de la Duma (la cámara baja del Parlamento de Rusia). Además, se aprobaron sanciones a nueve organizaciones y corporaciones rusas vinculadas a la industria militar, aeroespacial o naval, como Russian Helicopters JSC, PJSC United Aircraft Corporation, SC United Shipbuilding Corporation y la agencia estatal Rosoboronexport (encargada de la importación y exportación de material de defensa), entre otras.

Estas sanciones sobre Rusia se suman a las aprobadas recientemente por el Gobierno japonés, que hasta la fecha eleva a 76 el número de ciudadanos rusos cuyos activos se han bloqueado, entre altos cargos gubernamentales y empresarios, junto a un total de 12 organizaciones y corporaciones rusas. Desde el inicio del conflicto por la invasión rusa a Ucrania, Japón ha impuesto sanciones a ciudadanos rusos, entre ellos el presidente Vladímir Putin, así como a 12 bielorrusos, entre los que está su homólogo Alexandr Lukashenko.

Las autoridades financieras de Japón también han ordenado a las casas de cambio de criptomonedas afincadas en su territorio el bloqueo de las transacciones con estos activos que impliquen a individuos o entidades sujetos a las sanciones contra Rusia y Bielorrusia.

Japón, al igual que otros países del G7 y la Unión Europea, ha aplicado sucesivas rondas de sanciones a Rusia desde que comenzó el conflicto, entre las que también se incluye la exclusión de bancos rusos del sistema SWIFT o el veto a la exportación de semiconductores, de maquinaria para la industria petrolera y otra tecnología con potencial bélico. (Efe)



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La ucrania Inna sale de la única oficina de cambio de divisas de la estación central de autobuses de la ciudad polaca de Lublin con las mismas grivnas (la moneda de su país) con las que entró. Ha escapado de la guerra a Polonia ―como cerca de dos millones de personas desde que comenzó el pasado 24 de febrero― y trata de obtener eslotis, la moneda de uno de los ocho países de la UE que no ha adoptado el euro. “El tipo de cambio era tan malo que he preferido cambiar unos dólares que tenía. Trajimos de Ucrania todo el dinero que nos quedaba”, cuenta junto a su amiga Natalia, que asegura que, visto lo visto, solo cambiarán grivnas a eslotis si necesitan dinero y es lo único que les queda. “Lo que vamos a hacer es intentar conseguir un empleo en Polonia”, tercia Inna.

El problema afecta a tanta gente en algo tan básico que ha llevado a intervenir al banco central y al ombudsman (el defensor del pueblo) de Polonia, Marcin Wiacek. Por un lado, porque se trata del país que ha recibido el 60% de los 3,2 millones de personas (sobre todo mujeres y niños) que han abandonado Ucrania por los países vecinos en apenas tres semanas, en el éxodo más rápido en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Por otro, porque ya contaba con más de un millón de ucranios (principalmente migrantes económicos) entre sus 38 millones de habitantes, así que no son pocos los refugiados que estos días escogen quedarse aquí, alojados por familiares, amigos o conocidos, en vez de continuar hacia países más ricos de la UE.

Inna muestra eslotis que acaba de obtener y grivnas que no ha llegado a cambiar, este miércoles en la estación de autobuses de la ciudad polaca de Lublin.
Inna muestra eslotis que acaba de obtener y grivnas que no ha llegado a cambiar, este miércoles en la estación de autobuses de la ciudad polaca de Lublin.Massimiliano Minocri

El asunto inquieta más allá de las fronteras de Polonia, porque cientos de miles de ucranios han llegado ya a países de la zona euro. El vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, señaló el pasado martes que está trabajando con el Banco Central Europeo en “una especie de ayuda a la convertibilidad, de forma que las personas puedan convertir en euros al menos alguna cantidad de sus ahorros en grivnas”.

A Inna y Natalia el tipo de cambio (10 eslotis por 100 grivnas) les pareció abusivo, pero podría haber sido mucho peor. Es similar al que aparece en la página web del Banco Nacional Polaco con un asterisco que precisa que sigue así desde el 24 de febrero. Ese día, el del inicio de la invasión rusa, el Banco Nacional Ucranio congeló la tasa de cambio y suspendió los pagos transfronterizos y todos los intercambios y retiradas de divisas. “Hace solo tres días dábamos cuatro eslotis. Y hace una semana, dos. Este es el mejor [cambio] que tenemos desde que empezaron a llegar [refugiados ucranios]”, explica Slawek Sobiesiak, propietario de la citada casa de cambio en esta, para muchos, ciudad escala hacia Varsovia por tren o autobús. A 100 kilómetros de Lublin, otras dos casas de cambio en las inmediaciones del puesto fronterizo entre ambos países de Dorohusk ofrecían un importe similar: 9 y 9,5 eslotis. Sobiesiak calcula que un 90% de los cambios de grivnas que gestiona son a eslotis, un 5% a euros y otro 5% a dólares.

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La situación ha llevado al ombudsman polaco a involucrarse. El pasado día 4 emitió un comunicado en el que mostraba su preocupación por las “importantes dificultades” que encontraban los refugiados ucranios para vender grivnas y el “impacto directo” que tienen “en su situación económica y dignidad”. Además, aseguraba que el tipo de cambio que ofrecen algunos comercios “puede verse como una especie de usura” y que había pedido soluciones al primer ministro, Mateusz Morawiecki, y al presidente del Banco Nacional de Polonia, Adam Glapinski.

Dos dinámicas contradictorias

Piotr Arak, director del think-tank Polski Instytut Ekonomiczny (Instituto Económico Polaco), con sede en Varsovia, explica por teléfono que la notable presencia de trabajadores ucranios hacía que en los últimos años los eslotis se cambiasen con frecuencia a grivnas en Polonia, principalmente como remesas. Con el aluvión de refugiados, el flujo cambió por completo y tocó conciliar dos dinámicas contradictorias. Una, la necesidad humanitaria y el gesto político de ayudar a los refugiados ucranios. Otra, que a pie de calle ni bancos ni cambistas privados se pirrasen por acumular una divisa con un presente complicado y un futuro incierto. “Ya antes de la guerra, Ucrania no era una economía fuerte, especialmente después de 2014 [cuando Rusia se anexionó Crimea y estalló el conflicto bélico en el Donbás], ni la grivna funcionaba muy bien […] Es difícil que alguien la quiera mantener, porque nadie sabe cuánto va a durar la guerra ni qué va a pasar con ella”, explica. Los medios polacos han informado de que en Varsovia y Cracovia, las dos principales ciudades del país, varios cambistas tienen tantas grivnas que directamente no compran más. En las redes sociales circulan además fotografías de colas de hasta decenas de metros a la entrada de oficinas de cambio.

El Banco Nacional Polaco ha intervenido para resolver parcialmente el problema, al erigirse como garante y fijar un tipo de cambio ―más beneficioso que el de mercado― por el que los ucranios pueden pasar las grivnas desde bancos de su país a cuentas que abren en bancos privados polacos y donde entran ya como eslotis. Arak admite que la garantía supone “un riesgo sistémico” para el país, porque “tener una divisa que no es intercambiable es como tener un activo tóxico”, pero matiza que la economía ucrania es pequeña, sus habitantes no tienen grandes cantidades de dinero y Polonia cuenta con “uno de los sistemas bancarios más sanos”. También está ayudando a los refugiados la depreciación de su moneda y que algunos cambistas polacos estén renunciando al beneficio con tal de vender grivnas, lo que equilibra la oferta y la demanda.

El diario económico Puls Biznesu apunta este jueves a que antes de que acabe el mes los ucranios podrán cambiar grivnas por eslotis a un tipo digno que se está pactando con la parte ucrania y hasta una cantidad determinada. Una semana antes, Iwona Duda, presidenta del mayor banco del país, PKO Bank Polski, había señalado al periódico Dziennik Gazeta Prawna que un equipo especial estaba articulando una solución al problema. Será para quienes tienen pasaporte ucranio y acorde con la legislación contra el blanqueo de dinero, que obliga a conocer datos personales y el origen del dinero, lo que casa mal con una salida apresurada, en ocasiones sin pasaporte ni documentos importantes.

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El primer ministro de Polonia, Mateusz Morawiecki, aseguró este lunes que el ataque de la víspera contra una base militar en el oeste de Ucrania ―situada a apenas 25 kilómetros de su país― tenía como objetivo “generar pánico” entre la población. Una de las personas a las que bien podría referirse es Beata Wozoszyn, que llenaba el depósito de su coche en la localidad polaca de Lubaczow, a 13 kilómetros de la frontera con Ucrania. Lo hace a diario desde que empezó la guerra para escapar lo más lejos posible sin repostar en caso de que Vladímir Putin también ataque su país.

“Queremos vivir normal, pero la situación es anormal. La gente compra menos estos días porque está ahorrando. Los precios han subido y nadie sabe lo que pasará mañana”, asegura Wozoszyn en la panadería en la que trabaja en Lubaczow, donde la edad media de sus alrededor de 12.000 vecinos y las imágenes de Juan Pablo II recuerdan que se trata del sudeste polaco: tradicional, religioso, avejentado y feudo de Ley y Justicia (PiS), el partido ultraconservador en el poder.

Wozoszyn cuenta que tiene “mucho miedo” desde el principio del conflicto y que solo una vez antes en sus 49 años de vida ―cuando el fin del periodo comunista disparó el desempleo en los años noventa― había pensado en dejar su país. El bombardeo del domingo, que causó al menos 35 muertos, le ha hecho replantearse por qué se queda, más aún con sus tres hijos emancipados ya en otras partes de Polonia.

Beata Wozoszyn, en la panadería en la que trabaja en Lubaczow, este lunes.
Beata Wozoszyn, en la panadería en la que trabaja en Lubaczow, este lunes. MASSIMILIANO MINOCRI

El miedo de Wozoszyn es ―a juicio del primer ministro polaco― justo lo que Moscú quería cuando decidió bombardear tan cerca de un país miembro de la UE y de la OTAN. “Un ataque con misiles a solo 20 kilómetros de nuestra frontera muestra cómo opera Rusia. Quiere generar pánico entre la población civil”, dijo este lunes Morawiecki en una conferencia de prensa conjunta con sus homólogos de Lituania, Ingrida Simonyte, y Ucrania, Denys Shmyhal. Era una reunión del conocido como Triángulo de Lublin, una alianza regional inspirada en la Mancomunidad polaco-lituana creada en el siglo XVI. La conferencia de prensa se convirtió en escaparate de la línea dura contra Moscú que abandera Polonia.

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Morawiecki acusó a Rusia de efectuar una “masacre” en Ucrania y de emplear los recursos naturales “para chantajear” al resto de Europa. Y prometió hacer “todo lo posible” para que Ucrania entre en la UE. Hace una semana, el Consejo de la UE dio el visto bueno a la solicitud de Kiev, en una decisión exprés que se extiende a Moldavia y Georgia, también fronterizas con Rusia. El primer ministro ucranio insistió por videoconferencia en que una zona de exclusión aérea ―que la OTAN rechaza imponer por temor a que agrande y globalice el conflicto― “salvaría miles de vidas”.

Mercado al aire libre en Lubaczow, este lunes.
Mercado al aire libre en Lubaczow, este lunes.MASSIMILIANO MINOCRI

En un país tan políticamente dividido como Polonia, la guerra en Ucrania ha dado una tregua a la brecha. El miedo a ser la siguiente pieza de Putin (pese a la cláusula de defensa mutua de la OTAN) y el aluvión de refugiados (es el país que más ha recibido: 1,7 millones de los 2,8 millones) han dejado las divergencias en segundo plano. Tomasz Siemoniak, ministro de Defensa entre 2011 y 2016 y vicepresidente de la principal fuerza opositora, la Plataforma Cívica de Donald Tusk, ha asegurado este lunes que “la situación es muy grave cuando se produce un ataque masivo con misiles” tan cerca de la frontera polaca. “Es también una señal muy fuerte para nosotros”, ha agregado en una entrevista con Radio Plus.

Una señal que los padres de Daniel Argasinski, Waldemar y Monika, no habían esperado a recibir. El 25 de febrero, en el segundo día de ofensiva rusa, dejaron Lubaczow para instalarse en los Países Bajos, donde Waldemar había trabajado en el pasado. “Mi madre me llama todos los días para decirme que me vaya con ellos”, afirma. Argasinski tiene 25 años y estudia programación en Rzeszow, la principal ciudad del sudeste de Polonia. Al marcharse sus padres, pidió y obtuvo permiso de la Universidad para continuar las clases de manera virtual. “Mi hermano y yo nos hemos quedado a proteger la casa, por si algún ucranio entra a robar”, explica.

Daniel Argasinki, este lunes en Lubaczow.
Daniel Argasinki, este lunes en Lubaczow.MASSIMILIANO MINOCRI

En este pueblo grande de casas bajas, la vida transcurre estos días despacio, pero no apacible. De vez en cuando atraviesa el cielo un helicóptero militar. Los vecinos hablan de falta de productos en los supermercados, en lo que parece una mezcla de desabastecimiento por miedo a un ataque ruso y de ruptura de stock porque los refugiados ucranios (hay un puesto fronterizo a apenas 12 kilómetros) también compran aquí ahora, de paso a otras partes de Europa. “Los primeros tres días de la guerra era imposible repostar en todas las gasolineras. Ahora está cara, pero hay”, asegura Stanislav mientras introduce el surtidor en su moto, justo a la salida de la localidad.

Polonia es uno de los pocos países de la UE que no ha cambiado su moneda, el esloti, por el euro. El empleado de una casa de cambios, que no se quiere identificar, asegura que la demanda de euros y dólares por los lugareños ha aumentado entre dos y tres veces desde que empezó la guerra. “No es un problema, porque a los pocos minutos suelen llegar ucranios a cambiar su moneda por eslotis y entonces se compensa lo que tengo”, señala.

Calma

En las conversaciones, varias personas usan la expresión “cuando Putin ataque Polonia”, en vez de “si Putin ataca Polonia”, pero el alcalde, Krzysztof Szpyt, llama a la calma y se muestra más preocupado por el “riesgo de imprecisión” que conlleva todo bombardeo en el país vecino que por un “ataque directo”. “En la guerra moderna, la verdad, no cambia tanto un bombardeo a 10 kilómetros o a 50 […] La OTAN nos da sensación de seguridad y no queremos extender el pánico”, añade Szpyt, del PiS, en su despacho del Ayuntamiento.

Krzysztof Szpyt, alcalde de Lubaczow, en el Ayuntamiento, este lunes.
Krzysztof Szpyt, alcalde de Lubaczow, en el Ayuntamiento, este lunes.MASSIMILIANO MINOCRI

A Jan, en cambio, el paraguas de la Alianza Atlántica no le da mucha confianza. “Nuestro país tiene la experiencia de dos guerras mundiales en las que Europa dijo que nos ayudaría y en el momento de la verdad se quedó de brazos cruzados”, afirma este policía de 53 años tras ojear las esquelas en el tablón de la iglesia. Tampoco a Stanislav, que no quiere dejar de nuevo su país tras 14 de sus 55 años como trabajador de la construcción en Noruega. Menos ahora, que le gusta “mucho” el Gobierno ultranacionalista. Considera que el principal problema de Polonia en esta crisis es que carece de armamento nuclear y que “Putin ve débil a Europa por culpa de la izquierda”, que “ha hecho creer que dos o tres hombres, o dos o tres mujeres, son una familia, y no solo amigos”.

Como buen lugar de frontera, las conexiones del pasado con Ucrania llegan al presente. Czestawa Polinska tiene 86 años y hace la señal de la cruz mientras recuerda cómo bajaba de niña a los búnkeres y se ocultaba en los bosques con sus padres durante la II Guerra Mundial. “La gente de Rusia trató de matarnos, a mí y a mi familia”, dice sobre la invasión soviética de esa zona, acordada con los nazis en el pacto Ribbentrop-Molotov. Desde que empezó la guerra en Ucrania reza cada día en las anexas concatedral de San Estanislao e Iglesia del Mártir “para que Dios proteja a Polonia”.

Czeslawa Polinksa, frente a la concatedral de Lubaczow, este lunes.
Czeslawa Polinksa, frente a la concatedral de Lubaczow, este lunes.MASSIMILIANO MINOCRI

Si un lugar tan pequeño tiene una concatedral, cuya cruz se observa sobre el resto de edificios en el centro histórico, es porque allí fue trasladada en 1946 la sede del arzobispado después de que Lviv, que era parte de Polonia, quedase encuadrada en la URSS. Es justo la ciudad ucrania más cercana al bombardeo del domingo. El papa Karol Wojtyla visitó cinco veces la iglesia de Lubaczow, la última en 1991, ya como Juan Pablo II. En su interior están expuestos el solideo, anillo y rosario que regaló al templo. Cuesta ver iglesias en los alrededores sin imágenes o esculturas del fallecido papa polaco.

Aunque los polacos se han volcado con los refugiados ucranios, algunos habitantes de la zona no los ayudan porque el Ejército Insurgente Ucranio asesinó en esta zona y en la Galicia oriental durante la II Guerra Mundial a decenas de miles de sus antepasados. Un anuncio de Tax Free en un supermercado Lidl recuerda que, hace apenas tres semanas, bastantes ucranios cruzaban a comprar porque, tras la devolución de una parte del IVA, les salía a cuenta. Tal es la conexión que, a Argasinski, sus amigos en Rzeszow le dicen en burla que vive en Ucrania.

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Los ataques lanzados por Rusia desde el viernes en la parte occidental de Ucrania, el último a solo 25 kilómetros del territorio de la OTAN, han elevado el riesgo de un “incidente” que desencadene una peligroso agravamiento del conflicto. Fuentes aliadas señalan que el principal temor es que la proximidad del frente derive en la caída en territorio de la OTAN de algún misil ruso. El percance, intencionado o no, colocaría a EE UU y sus aliados ante el dilema de responder militarmente, a riesgo de provocar una escalada bélica de proporciones catastróficas.

Fuentes aliadas reconocen que respiraban con cierta tranquilidad ante el hecho de que la ofensiva rusa se concentrase en la parte oriental de Ucrania en los primeros compases de la guerra. Esas posiciones, alejadas de las fronteras de la UE y de la OTAN, evitaban un choque fortuito entre fuerzas aliadas y rusas o un ataque inesperado a alguno de los aliados occidentales. Pero el desplazamiento de la violencia al oeste del río Dniéper aumenta el riesgo de escalada, según reconocen fuentes aliadas.

“Cuanto más cerca de la frontera occidental, mayor riesgo de que un simple error de cálculo provoque un incidente”, apuntan esas fuentes. También indican que, a medida que se prolonga la guerra, Rusia se ve forzada a utilizar armamento menos preciso porque el de máxima tecnología es mucho más caro. “El riesgo de un error de cálculo es así mayor”, añaden.

Estados Unidos ha enfatizado este domingo que la Alianza Atlántica responderá “con toda su fuerza” si la ofensiva alcanza territorio aliado. La advertencia la ha lanzado el asesor de seguridad nacional estadounidense, Jake Sullivan, que ha explicado que cualquier ataque activaría el artículo 5 de la OTAN, según el cual una agresión a un aliado se considera una agresión a todos. “Si hay un ataque militar en el territorio de la OTAN, provocaría la invocación de este artículo, y utilizaríamos toda la fuerza de la alianza para responder”, ha señalado en una entrevista a la cadena CBS.

El viernes ya se produjo “un incidente”, como lo ha definido la OTAN, todavía no aclarado, con la caída de un dron de fabricación rusa en plena capital de Croacia. El aparato, de seis toneladas y habitual en las fuerzas armadas ucranias, impactó en un parque público de Zagreb. El dron atravesó el espacio aéreo de tres países de la OTAN (Rumania, Hungría y Croacia) sin que fuera detectado ni interceptado.

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La aparente negligencia ha disparado las alarmas entre los países vecinos y el Gobierno croata, indignado, ha exigido explicaciones a la OTAN por la falta de información. Stoltenberg habló el sábado por teléfono con el primer ministro croata, Andrej Plencovik, y se acordó investigar el incidente para aclarar lo sucedido.

El presidente de EE UU, Joe Biden, advirtió el mismo viernes que un ataque ruso contra algún aliado de la OTAN supondría el inicio de la III Guerra Mundial. Y el secretario general de la organización militar, Jens Stoltenberg, subrayaba ese día que la Alianza ya ha doblado su presencia en los aliados del este, con miles de tropas y cientos de aviones y buques de guerra desplegados en el flanco oriental.

Las advertencias aliadas pretenden disuadir al presidente ruso, Vladímir Putin, de cualquier tentación de comprobar la reacción occidental con alguna incursión en Polonia, Letonia o Rumania. Pero el riesgo de un contacto entre las fuerzas aliadas y el Ejército de Moscú ha aumentado tras los ataques rusos del viernes contra la base aérea ucrania de Lutsk, a 80 kilómetros de la frontera polaca, y el de este domingo contra una base militar en la región de Lviv, a solo 25 kilómetros de la misma frontera.

El riesgo de un peligroso roce se eleva, además, por la amenaza rusa de atacar cualquier convoy europeo que suministre armamento a las fuerzas ucranias. Los bombardeos junto a la frontera polaca, así como el de un aeropuerto (Ivano-Frankivsk) a 150 kilómetros aliados, parecen destinados, precisamente, a frenar la llegada de ayuda militar y humanitaria procedente de los aliados europeos.

Polonia y Rumania son los dos miembros de la OTAN con más territorio fronterizo con Ucrania, más de 500 kilómetros. Rusia es consciente de que las armas y los suministros occidentales entrarán con toda probabilidad en Ucrania por esos dos países. De los otros dos aliados limítrofes con Ucrania, Hungría ha prohibido el paso de armamento y la frontera con Eslovaquia no llega a 100 kilómetros y puede ser vigilada con más facilidad por Moscú.

La OTAN ha negado una y otra vez cualquier intención intervenir en el conflicto y ha descartado la presencia sobre el terreno de tropas o fuerzas occidentales. La Alianza también ha rechazado la petición de establecer una zona de exclusión aérea como reclama el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para librarse de los ataques con misiles rusos.

La OTAN considera que esa zona de exclusión requeriría la destrucción de las fuerzas antiaéreas de Putin, tanto en Ucrania como en Rusia, y el derribo de los aviones rusos que no respetasen la exclusión. Ese choque supondría, según la OTAN, una guerra total en Europa con la participación de cuatro potencias nucleares como son Rusia, EE UU, Reino Unido y Francia. La OTAN también hizo caso omiso de la decisión de Putin de poner en alerta sus sistemas de armamento nuclear, una bravuconada ignorada en Bruselas para no alentar la escalada.

“Tenemos la responsabilidad de asegurar que este conflicto no tiene una escalada más allá de Ucrania”, señalaba Stoltenberg el viernes en un mensaje dirigido a Polonia para celebrar el 23º aniversario del ingreso de ese país en la Alianza. El secretario general avisaba de que esa escalada sería “aun más peligrosa, destructiva y mortal” que la actual guerra de Putin contra Ucrania.

La OTAN reconoce, no obstante, que la violencia de Putin apunta más allá de Ucrania, como demuestran sus amenazas a Suecia y Finlandia si optan por ingresar en la Alianza. “Se trata de negar a cualquier nación en Europa el derecho a elegir su propio camino y convertirse en miembro de la OTAN”, ha señalado el secretario general de la organización.

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El Ejército ruso lanzó en la madrugada del domingo 30 misiles contra una base militar de Ucrania situada en la región de Lviv, en el oeste del país, a tan solo unos 25 kilómetros de la frontera con Polonia, un país miembro tanto de la Unión Europea como de la OTAN, según confirmaron las autoridades militares de la región. Se trata del Centro para el Mantenimiento de la Paz y la Seguridad Internacionales, una instalación de entrenamiento militar situada en la localidad de Yavoriv que ha recibido visitas de diferentes delegaciones de la Alianza Atlántica. El gobernador de la región de Lviv ha señalado que el ataque ha causado al menos 35 muertos y 134 heridos, mientras el ministro de Defensa de Ucrania, Oleksii Reznikov, ha informado de que en la instalación había “instructores extranjeros”. Con este bombardeo, el presidente ruso, Vladímir Putin, no solo redobla su amenaza a Ucrania, sino que endurece su pulso con la Unión Europea y la OTAN un día después de que la UE expresara su intención de enviar al país todas las armas que sean necesarias. Moscú ha designado el suministro de armamento a Kiev como “objetivo legítimo”.

Un portavoz de las Fuerzas Armadas de Ucrania ha apuntado que el ataque golpeó una de las unidades militares de la base de Yavoriv, tal y como ha trasladado la Administración Militar de Lviv. Es una de las instalaciones de adiestramiento militar más grande del país, con 360 kilómetros cuadrados. Se ha dedicado fundamentalmente al entrenamiento de tropas ucranias y es donde se han realizado la mayoría de los programas de formación con países de la OTAN. Se puso en marcha en 2007 para entrenar a los militares ucranios, sobre todo aquellos destinados a misiones de paz de la ONU en todo el mundo, según fuentes de Defensa. Hace cinco días, el presidente, Volodímir Zelenski, anunció que retiraba a los soldados de su país desplegados en este tipo de misiones para poder hacer frente a la invasión rusa.

La instalación militar atacada también ha recibido visitas de las delegaciones de la Alianza Atlántica, según información del organismo de cooperación militar, y suele acoger a tropas internacionales, que aprenden allí habilidades como la retirada de minas para misiones de paz. Ucrania no es miembro de la OTAN —a la que aspira a entrar desde que recibió la invitación en 2008—. Su membresía es una de las líneas rojas esgrimidas por el Kremlin para justificar la invasión.

Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.
Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.Luis de Vega

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El ministro Reznikov ha asegurado en un mensaje en las redes sociales que en la base trabajan instructores extranjeros. “Se está aclarando la información sobre las víctimas. Este es un nuevo ataque terrorista contra la paz y la seguridad cerca de la frontera entre la Unión Europea y la OTAN. Se deben tomar medidas para detener esto”, ha señalado.

Un periodista de EL PAÍS ha logrado llegar este domingo a la entrada del recinto. En la puerta de acceso podía verse un gran trasiego de ambulancias entrando y saliendo de la instalación militar. En la puerta, un grupo de militares ucranios comentaban entre ellos que el ataque se produjo entre las cuatro y las cinco de la madrugada, pero se negaban a facilitar más información a los medios de comunicación.

Sobre las 10.45 de la mañana, horas después del ataque, sonaron las sirenas de alarma en los núcleos urbanos que rodean a la inmensa base militar. Tras oírlas, los habitantes de la zona se dirigieron rápidamente a los refugios antiaéreos ante el aviso de posibles nuevos bombardeos. La mayoría de los ciudadanos corrían nerviosos para buscar resguardo lo antes posible, mientras la megafonía de las calles también advertía de un posible nuevo ataque. Mientras, en la cercana localidad de Novoiavorivsk, familiares de los militares esperaban junto al hospital local para saber si sus seres queridos se encuentran entre las víctimas, entre el movimiento de soldados heridos entrando y saliendo del centro sanitario.

“Fue como si nos hubiera llegado el fin del mundo”, ha afirmado al recordar lo sucedido Volodymyr Matseliukh, el alcalde de Novoyavorivsk. Sin querer interferir en asuntos militares, el edil ha reconocido desde la sede municipal que primero empezaron a sonar las alarmas y, después, tuvo lugar el ataque con “enormes explosiones”. “Ni una sola persona en todo Ucrania está segura frente a los misiles de Putin”, ha añadido Matseliukh, quien ha instado a la OTAN que cierre el espacio aéreo ucranio.

Una militar herida en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.
Una militar herida en el ataque de la base militar de Lviv, este domingo.Luis De Vega Hernández

El Kremlin ha lanzado este domingo otros ataques en diferentes zonas del país, entre ellas Mikolaiv, una importante ciudad portuaria del mar Negro de la que las tropas rusas tratan de apoderarse desde hace casi dos semanas. En uno de los ataques más mortíferos contra una zona residencial, nueve personas han fallecido este domingo en un bombardeo al norte de esa localidad, según el gobernador de la región, Vitali Kim. Mikolaiv, de unos 500.000 habitantes, bajo ataques intensos que han dañado sus infraestructuras y también dos hospitales los últimos días, tiene uno de los puertos más grandes del país. Es un enclave estratégico en el avance ruso en su ofensiva al flanco sur y fundamental en su camino para conquistar Odesa, el principal puerto del país y sede del las fuerzas navales ucranias.

Los ataques de este domingo ahondan en la estrategia de Moscú, con la que busca quebrar la cadena de suministros de armas y de ayuda humanitaria desde los países aliados a Ucrania, y también dificultar su transporte. Además, los ataques tan cerca de la ciudad de Lviv, al oeste de Ucrania y que se ha convertido en un gran centro logístico y de salida para cientos de miles de refugiados, aumenta las alarmas.

El viernes, otros dos ataques de las tropas de Putin alcanzaron objetivos lejos del frente más caliente y se dirigieron a dos ciudades del oeste, Ivano-Frankivsk y Lutsk. El patrón se ha repetido este domingo en otro intento por impedir que Ucrania se reabastezca: esta vez el objetivo ha sido de nuevo aeropuerto de Ivano-Frankivsk, una localidad de 230.000 habitantes situada a 153 kilómetros de la frontera con Rumania, según ha confirmado su alcalde, Ruslan Martsinkiv.

Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv.
Un militar herido en el ataque de la base militar de Lviv. Luis de Vega

Ataques cada vez más cerca de la UE

El bombardeo de esta madrugada ha sido el que más se ha acercado hasta el momento a la frontera con la Unión Europea. Los ataques se han ido aproximando desde el viernes, cuando las fuerzas de Putin atacaron la base aérea de Lutsk, a unos 80 kilómetros de Polonia, causando la muerte a cuatro soldados y dejando heridos a seis. Fueron las primeras víctimas mortales de la guerra en un punto tan cercano a la UE y al territorio de la OTAN.

El sábado, el viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, aseguró que cualquier envío de armas a Ucrania sería considerado “objetivo militar legítimo”. Pese a las amenazas, los aliados del país del este han asegurado que seguirán suministrando material de defensa. De hecho, Estados Unidos anunció el sábado que agilizaría el aporte de 200 millones de dólares, algo más de 183 millones de euros, en fondos adicionales para armas pequeñas, armas antitanque y antiaéreas. Hasta ahora, Rusia ha tenido un éxito limitado en interrumpir los convoyes de suministro u otro tráfico militar en Ucrania.

Los envíos siguen llegando a Ucrania, aunque de una manera menos pública que hace semanas. El sábado, al menos siete aviones militares de carga de los aliados de la OTAN aterrizaron en Rzeszow, en un pequeño aeródromo en el sur de Polonia que se está usando como punto receptor para los suministros que después van a Ucrania.

Ejercicios militares en la base de Yavoriv, el 28 de enero, en una foto facilitada por el Ejército ucranio.
Ejercicios militares en la base de Yavoriv, el 28 de enero, en una foto facilitada por el Ejército ucranio.UKRAINIAN DEFENCE MINISTRY (via REUTERS)

Además, las autoridades ucranias han denunciado este domingo que las localidades del este Sievierodonetsk y Rubiyne han sufrido continuos bombardeos en las últimas horas, que se han extendido a las cercanas zonas de Popasna y Lisichansk. Por su parte, la ciudad costera de Mariupol (sudeste, en el mar de Azov) continúa bajo asedio constante, y se espera que un convoy humanitario llegue a lo largo de la jornada a la localidad, que padece una situación de catástrofe humana, según las autoridades locales.

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